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27/05/2026

Revisión de la Mitología vasco-tubalista por historiadores contemporáneos


El mito de Túbal está basado en la supuesta descendencia del pueblo vasco por parte de un patriarca bíblico, nieto de Noé, que fue el primer habitante en las tierras vascas y, por tanto, antepasado de todos los habitantes de la península Ibérica. Esta idea fue iniciada en el siglo XVI por los llamados apologistas: Esteban de Garibay, Juan Martínez de Zaldibia y Andrés de Poza.

La creencia sobre el origen del pueblo vasco en el patriarca Túbal y sus compañías asentadas desde tiempos inmemoriales en los territorios de la Euskal Herria lingüística y cultural fue desarrollada durante los siglos siguientes por eruditos e intelectuales como Baltasar de Echave, Lope Martínez de Isasti, Miguel de Zabaleta, Manuel de Larramendi, Pedro de Fontecha y Salazar, etc.

De forma resumida, esta doctrina estaba basado en cuatro pilares:

1. La independencia originaria de un pueblo jamás sometido por otra etnia o estado extranjero, que ha derivado en teorías como el Cantabrismo de los vascos (Vascocantabrismo) por su resistencia al Imperio romano.

2. La elección divina del pueblo, directamente por Dios, y su lengua, el eusquera, que fue traída desde el Paraíso celestial por su patriarca sin haber sufrido mezclas o derivaciones como en otros idiomas.

3. La hidalguía universal basada en la nobleza colectiva de todos los vascos por condición de nacimiento, al no haber sido mezclada su estirpe con otras razas extranjeras y mantener su limpieza de sangre.

4. La foralidad territorial como un conjunto de leyes que gobierna la vida política, económica y social de los vascos desde su origen.

LAUBURU Y TÚBAL

A mediados del siglo XIX, el mito de Túbal como primer poblador de España fue transformado en un nuevo patriarca ario llamado Aitor, por el vascofrancés Joseph-Augustin Chaho. Este nuevo concepto de patriarca vasco de raza diferente al resto de los españoles fue abordado por Francisco Navarro Villoslada en su obra Amaya o los vascos del siglo VIII.

La Mitología tubalista de la Edad Moderna y el Nacionalismo vasco de la Edad Contemporánea son los artífices de la creencia en un origen primigenio y ancestral del régimen foral vasco. Idearon un armazón de mitos y manipulaciones de la historia con el objetivo de aportar legitimidad a sus fueros y arrebatar competencias a la administración central Estado español.

Algunas de estas falsedades históricas son el patriarca Túbal, la batalla de Arrigorriaga, la independencia de la Cofradía de Arriaga para Álava, los fueros de Sobrarbe y Ribagorza para Zaragoza y Tudela, o el primer rey del estado vasco Sancho III el Mayor.

En el caso navarro, entre los siglos XIII y XIV, el fuero de Tudela sirvió de base para la elaboración del Fuero General de Navarra. Con la territorialización del Derecho, la mitificación de sus fuentes avanzó hasta el punto de ocultar el origen de la voluntad soberana de ese Derecho, es decir, de la voluntad de los reyes navarros.

En las primeras décadas del siglo XX, varios autores vascos y navarros siguieron defendiendo estas tesis con las que asentar las bases del Nacionalismo vasco más independentista y excluyente, entre los que destacaron Sabino Arana, Bernardino de Estella o Evangelista de Ibero.

ARRANO BELTZA Y TÚBAL

Pero, en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XIX, ha surgido un movimiento de historiadores e investigadores que trataron de desmontar todo ese compendio de manipulación tubalista y nacionalista de la historia, desde el rigor académico y científico.

Un pionero en este sentido fue el antropólogo Julio Caro Baroja, cuyas obras más destacadas son El laberinto vasco y Falsificaciones de la historia. En este tiempo, Antonio Tovar Llorente publicó su Mitología e ideología sobre la lengua vasca.

También María Rosa Lida abordó este tema en el artículo Túbal, primer poblador de España, publicado en el número 3 de la revista Ábaco, en 1970.

Tras el legado de Tovar Llorente y de Caro Baroja, llegaron los historiadores más contemporáneos: Jon Juaristi, Mikel Azurmendi e Iñaki Bazán.

El profesor donostiarra Mikel Azurmendi, en su ensayo Y se limpie aquella tierra, analiza cómo la limpieza étnica se constituyó ya en el imaginario vasco entre los siglos XVI y XVIII como un mecanismo para asegurar el concepto de comunidad privilegiada frente al resto de los pobladores de España. Reconstruye la fabricación de los orígenes de la nacionalidad vasca a través de lo que contaron los tratadistas de la Modernidad, como Larramendi, Garibay y Poza. Estos apologistas inventaron todo un concepto acerca de lo que significa ser vasco, su origen tubalista y su superioridad étnica respecto al resto de los españoles.

Aunque no son todas las publicadas, este es un conjunto de estudios abordados por historiadores contemporáneos que examinan el origen y desarrollo de la mitología vasco-tubalista:

Mitología e ideología sobre la lengua vasca
Antonio Tovar Llorente, Editorial Alianza, Madrid (1980)

El laberinto vasco
Julio Caro Baroja, Editorial Sarpe, Madrid (1986)

Falsificaciones de la historia en relación con la de España
Julio Caro Baroja, Barcelona (1992)

Vestigios de Babel. Para una arqueología de los nacionalismos españoles
Jon Juaristi, Editorial Espasa, Madrid (1992)

El bucle melancólico. Historias de Nacionalistas Vascos
Jon Juaristi, Editorial Espasa, Madrid (1997)

El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca
Jon Juaristi, Editorial Taurus, Madrid (1998)

La herida patriótica
Mikel Azurmendi, Editorial Taurus, Madrid (1998)

Y se limpie aquella tierra. Limpieza étnica y de sangre en el País Vasco (siglos XVI-XVIII)
Mikel Azurmendi, Editorial Taurus, Madrid (2000)

El bosque originario
Jon Juaristi, Editorial Taurus, Madrid (2000)

De Túbal a Aitor. Historia de Vasconia
Iñaki Bazán, Editorial La Esfera de los Libros, Madrid (2002)

Los Hijos de Túbal. Mitología hispánica, Dioses y Héroes de la España Antigua
Antonio Ruiz Vega, La Esfera de los libros, (2002)

El peso de la identidad. Mitos y ritos de la historia vasca
José Antonio Pérez y Fernando Molina, Editorial Marcial Pons, Madrid (2015)

Demasiados apellidos vascos. El mito vasco ario desde sus orígenes hasta la actualidad
Aitor Hernández Franco, Editorial Create Space Independent Publishing Platform, (2016)


11/01/2023

La herida patriótica, por Mikel Azurmendi


LA HERIDA PATRIÓTICA

La herida patriótica
Mikel Azurmendi, Editorial Taurus, Madrid (1998), 208 páginas

El nacionalismo vasco ha dejado de ser una ideología nacionalista más para constituir un vasto sistema cultural compartido por casi la mitad del País Vasco. Una tupida maraña de símbolos que compactan una identidad densa y una visión dualista de las cosas humanas, hasta de las más ordinarias, posibilitando un campo experiencial, desde lo estético y ético hasta el sentido común, determinado por un sentimiento de pérdida-recuperación y por una inefable ansia de Estado propio. Una cultura generadora de deseos e intenciones siempre dolientes, a modo de herida siempre abierta, porque nos han robado lo que debimos ser y hemos perdido lo que debimos conseguir.

Como remedio, Mikel Azurmendi propone una terapia cultural donde predominen símbolos no sólo ideológicos. Principalmente, una identidad individual frente al englobante concepto de pueblo. Después, una visión plural, contingente e histórica de las cosas humanas frente al esencialismo étnico. Por último, la apertura a un campo de nuevas experiencias, fundamentadas en la dignidad del hombre.
"Pero, aparte de la violencia de ETA, de suelo vasco ha salido abundantísima militancia que, engrosando el modelo socialista antisistema (GRAPO, FRAP, maoístas, trotskistas, etcétera) asumió con abierta simpatía la violencia etarra, cuando no la imitó con el robo, asesinato y extorsión de las gentes. Tampoco la violencia de Estado se ha ejercido siempre con legitimidad legal, respeto a los derechos humanos, ni ha estado siempre controlada por las instituciones democráticas. Hoy sigue siendo razonable, en determinadas circunstancias, seguir dudando de ciertas "versiones oficiales" que atañen a algún maltrato del ciudadano, en general, y del etarra, en particular’. Esta múltiple violencia ha sido interiorizada culturalmente por las gentes abertzales polarizando dualmente su universo étnico. Esta característica de represión no siempre legítima le confiere a su imaginario radical todos los visos de realidad sumamente "real". Es así como la oposición entre vascos y españoles se ha convertido para ese imaginario en la "naturaleza misma de las cosas" de aquí. La violencia etarra ha generado etnicidad, creencia irrefutable de que los vascos estamos oprimidos por otros distintos a nosotros. Cada acción violenta lo confirmaría: de ahí que a cada acción siga como sombra su comunicado en Egin."

22/11/2021

Y se limpie aquella tierra, por Mikel Azurmendi


Y SE LIMPIE AQUELLA TIERRA, POR MIKEL AZURMENDI

Y se limpie aquella tierra. Limpieza étnica y de sangre en el País Vasco (siglos XVI-XVIII)
Mikel Azurmendi, Editorial Taurus (2000), Madrid, 448 páginas

El objeto de este libro es el análisis de la dialéctica entre el "otro" y el "nosotros". Más que recomendable para cualquier interesado en la historia y la cultura política vasca. Los argumentos son en general sólidos y las fuentes se trabajan con detalle.

El antropólogo e historiador Mikel Azurmendi profundiza en el concepto de identidad partiendo de los "padres fundadores" del XVI, los apologistas Esteban de Garibay, Juan Martínez de Zaldibia, y Andrés de Poza, que inventaron la identidad vizcaína o cántabra.
"La ilusión de la identidad consiste, en definitiva, en crear valores que se aprecian y se persiguen."
Además, incorpora el ethos de la tradición vasca forjada en el XVI, que se intentó conservar de manera obsesiva en el XVIII, ignorando procesos de cambio y necesidades de transformación, y produciendo así un lastre cultural durante la Modernidad vasca.

En el siglo XVI, una élite vascongada inventó un relato mítico que se convirtió en un discurso integrador de la comunidad. Esta cosmovisión se adaptó a las aspiraciones de unas extensas capas de la población vasca recién liberadas del dominio de los Parientes mayores, necesitadas de nuevos privilegios en la Monarquía española y enraizadas en la ética católica. En el siglo XVII, estas ideas y mitos ya eran un vehículo tradicional de identidad.

Aunque también en tierras vascas comenzaba a percibirse a la Monarquía como un obstáculo a las libertades, en ningún momento el discurso de las élites intentó modificar aquella tradición heredada sino al revés, intentó demostrar su validez en los nuevos tiempos. Por ello, Azurmendi afirma que en el País Vasco fracasó la Ilustración, entendiendo este fracaso como el mantenimiento de un ethos inadmisible en el paradigma cultural de la Modernidad. Un ethos que frente a valores e ideas como los de tolerancia religiosa, contrato social, ciudadanía, o separación de poderes, mantuvo otros más propios de una sociedad fuertemente imbuida de valores ultraterrenales, en la que ni la libertad ni la sociedad son fruto de las convenciones humanas sino derivación de la voluntad divina, en la que no hay ciudadanos sino súbditos, y en la que tampoco hay individuos sino familias.
"… y se limpie aquella tierra. Que la sospecha de los estrangeros (franceses) y navarros, y castigando a algunos se escarmentará otros y cesarán los daños."

Los seis capítulos en los que queda estructurado este libro profundiza en el argumento de esta identidad mitológica. Desde el momento fundacional, donde quedan analizadas las propuestas de Zaldibia, Garibay, Poza e Isasti, pasando por las implicaciones de la invención de la frontera franco-española y las implicaciones que ello tuvo especialmente en la persecución de las gentes ágrafas y en la liquidación sin contemplación de sus imaginarios, hasta llegar a los capítulos en los que se analiza la vida y pensamiento del padre Manuel de Larramendi y las propuestas políticas de la élite intelectual reunida en torno a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

Pese a la imaginación de la época ilustrada, la élite instruida vascongada se reafirmó en una visión naturalista de su propia sociedad, una especie de comunidad basada en propiedades substanciales divinas, entre las que la religión y la lengua eran la marca de calidad. Con ello se enraizaron la lengua y los vínculos entre personas, generando una permanente intención ética: el Otro siempre nos depara algo nocivo a los vascos impidiendo indefectiblemente nuestro desarrollo. Así es como más de dos siglos de ideología de limpieza y exclusión xenófoba generaron un engendro de etnicidad, algo que eclosionaría bien pronto como Nacionalismo vasco. Desde el estudio de los textos de la élite instruida vasca, este libro muestra ese proceso de etnización.

ÍNDICE:

1. Prólogo

2. La invención de identidad

3. Inventar la frontera, limpiar el territorio

4. Artificios, trampas y espejismos de la imaginación etnográfica

5. Una decisiva historia de vida

6. La invención del País Vascongado

7. ¿Los Amigos del País o el País de unos Amigos?

8. Notas

9. Bibliografía

01/04/2021

Las Brujas de Zugarramurdi, por Mikel Azurmendi


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LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, POR MIKEL AZURMENDI

Las Brujas de Zugarramurdi. La Historia del Aquelarre y la Inquisición
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, (2013), 224 páginas

Entre 1609 y 1612, docenas de aldeanos de las regiones que hoy pertenecerían a Navarra y País Vasco murieron a causa de la brujería. Pero, al contrario de lo que la leyenda y el desconocimiento podrían afirmar, no fueron las artes oscuras de hechiceros o brujas lo que acabó con sus vidas: todas ellas fueron víctimas de la justicia, que condujo al ahorcamiento y quema pública de ochenta personas en el Labourd y ocho en Logroño, donde se encontraba el Tribunal de la Inquisición y previamente habían fallecido trece personas en las mazmorras.

¿Qué ocurrió para que en las cuencas del Bidasoa y el Baztán tuviese lugar un proceso de criminalización vecinal y persecución que llegó a marginar sectores enteros de la sociedad? Por una parte, la intervención del monarca francés Henri IV, que acabó con la útil y frecuente solución parroquial de las acusaciones de brujería, que solía concluir de manera pacífica, e impuso la intervención externa de una Comisión contraria a las directrices de la Inquisición, que no creía en brujas, pactos diabólicos y la utilización de castigos.

La nueva situación condujo a "la incomprensión de las nuevas acusaciones del tribunal por parte de los acusados; encierro nocturno de los niños y adolescentes en las iglesias para que no les raptase el diablo; aprovechamiento de ciertos vecinos para dar listas de acusados a niños a trueque de incentivos económicos; amenazas, castigos y torturas de vecinos por otros vecinos para que se autoacusasen", explica el profesor y antropólogo Mikel Azurmendi a El Confidencial. "En fin, un querer salvarse cada cual como fuere, aun recurriendo a la delación falsa".

Azurmendi ha expuesto en dos libros, el ensayo Las brujas de Zugarramurdi (Almuzara) y la novela Las maléficas (Hiria) lo acaecido en la aldea navarra y la comarca de Bidasoa durante aquellos años, siguiendo la obra del historiador Julio Caro Baroja y desmintiendo las visiones tópicas que sobre el proceso ha dado la cultura popular, como es el caso de la reciente película de Álex de la Iglesia.

Se pregunta el escritor: 
"¿Cree alguien que sea meramente sensato hacer aparecer en su film a una víctima de Zugarramurdi, Graciana de Barrenechea (septuagenaria muerta entre sufrimientos horribles en las mazmorras de Logroño) solazándose en rituales libertarios demoníaco-lúbricos?"
"¿Cree alguien que se premiaría hoy en Europa una película donde a una víctima de Auschwitz se la propusiera como personaje báquico proclamando la excelencia de ser cocinada en el horno junto a millones de compañeros judíos?"
La fecha de inicio de los luctuosos acontecimientos es 1608, cuando los señores de Urtubi-Alzate y Sant Per solicitan ayuda urgente al monarca francés "para limpiar de brujas el país de Labourd" tras un conflicto de facciones en San Juan de Luz. Ese mismo año es creada una comisión con plenos poderes de represión que haría huir a la población labortana hacia España y una mujer de Zugarramurdi acusa a varias vecinas de brujería, lo que provoca que el abad de Urdax solicite ayuda a la Inquisición. Explica Azurmendi:
"La aldea quedó partida en dos pues un tercio de ella quedó acusada y lista para pasar a ser llevada ante el tribunal de Logroño."
Los inquisidores Becerra y Valle Alvarado dieron pábulo a la teoría de la brujería y acuñaron el término de aquelarre para nombrar las supuestas reuniones de hechiceros y brujas en el bosque. Un proceso en el que el funcionamiento del tribunal favorecía la delación del vecino: "La manipulación de los niños/adolescentes por los párrocos de Vera de Bidasoa y de Lesaca fue infame; el que esos chavales contasen a sus padres como si fuesen historias verdaderas sus sueños y ensueños nocturnos ponía a los progenitores en el disparadero más terrorífico", explica Azurmendi. "Si hacían confesar a su chaval que era brujo pero que había sido captado por X, el chaval era perdonado y la familia no tenía nada que temer."

En el Auto de Fe de Logroño, celebrado entre el 7 el 8 de noviembre de 1610, 18 personas salvaron la vida al confesar sus culpas, pero otras seis fueron pasto de las llamas. En los meses siguientes, la situación degeneraría de tal modo que en abril de 1611, el obispo de Pamplona escribiría una carta al inquisidor general en la que hablaba del "deterioro" de la situación social provocada por los predicadores enviados por Felipe III en la que se producía la tortura y asesinato de vecinos. 


Mucha ideología, menos religión

Hay que entender lo ocurrido como la consecuencia de un proceso de cambio en la historia europea, que Azurmendi considera como el momento en el que nace la ideología, es decir, "el abandono de tener que legitimar el estado de cosas político-social de la monarquía mediante la pura religión y su reemplazo por formas simbólicas y culturales de legitimación mucho más complejas, como por ejemplo, el pacto con el diablo considerado como crimen político de lesa majestad divina punible con la pena de muerte".

La acumulación de poder (judicial, legislativo y coercitivo) en manos de los monarcas absolutistas los empujó a buscar nuevas coartadas para emplear mano dura con el pueblo con el objetivo de pugnar en fronteras, como la del Bidasoa, la más antigua de Europa:
"Para levantar esa frontera hubo que construirla antes en la imaginación de los fronterizos: a base de amedrentar a la población fronteriza que ni hablaba francés ni español y que la traspasaba sin saber que pasaba una frontera. La persecución de una supuesta brujería echó el cemento para sedimentarla en la mente de la población."
Azurmendi compara repetidamente la situación vivida en las aldeas con aquella que tuvieron que afrontar los internos de los campos de concentración. Por una parte, "la situación de absoluta alienación de la personalidad en la que quedaba el campesino acusado, arrancado de su familia, llevado preso a cien kilómetros de su aldea, encerrado en una mazmorra, incomunicado bestialmente durante meses o años y sometido a incomprensibles interrogatorios hasta que se declarase culpable, si no quería ser sometido al tormento o tortura". Aquellos que lograron sobrevivir a las acusaciones, "quedaron como despojos humanos".


La persecución que se repite a lo largo de los siglos

Un círculo vicioso del terror que favorecía la denuncia del vecino, y que el antropólogo considera parte del "lote humano de nuestras sociedades". "Entre nosotros, los vascos, hasta ayer mismo un vecino siempre podía decir ‘algo habrá hecho’ ante un asesinado de ETA para quedar bien ante otros vecinos o hasta podía denunciar a alguien para congraciarse con ellos", añade Azurmendi con conocimiento de causa, ya que ha sido víctima de dos intentos de atentado por parte de ETA, lo que le hizo abandonar en 2002 su plaza en la Universidad del País Vasco y marcharse a Estados Unidos.

La invención de enemigos ha sido, pues, un proceso recurrente a lo largo de los siglos. "Si tú quieres volver independiente el País Vasco, inventas que existe un conflicto político ancestral entre España y el País Vasco, te inventas batallas inexistentes de los vascos contra los españoles, borras de la memoria los hechos incontrovertibles de vinculación económico-social entre la tierra vasca y la española", explica el profesor. "A ese conflicto lo calificas de genocida y decides hacer una lucha terrorista contra España –que llamas ‘frente militar’– para que parezca que hay un conflicto armado entre España y País Vasco."

"Mutatis mutandis, con la brujería pasó algo similar. Los teólogos forjaron para sí una imaginación demoníaca completamente nueva y, persiguiendo a la gente y obligándola a confesar lo que ellos querían, creyeron que era real aquello que habían imaginado", añade Azurmendi, que asegura que ha escrito los dos volúmenes "pensando en las víctimas, en los únicos perdedores de la historia".


Un héroe para la eternidad

La razón por la que lo ocurrido en Navarra es uno de los procesos contra la brujería más conocidos de Europa es la localización en el año 1968 por Gustav Henningsen de toda la documentación inquisitorial, como explica Azurmendi, "pormenorizada hasta un extremo insólito gracias a un inquisidor de aquel tribunal que, tras desconfiar del procedimiento ilegal de sus dos colegas de tribunal, habló con más de mil acusados y levantó miles de folios de testimonios de víctimas y testigos directos".

El justiciero se trataba de Alonso de Salazar y Frías, que se opuso a las teorías sobre la brujería fomentadas por puro interés y que consiguió, finalmente, que en 1614, que la Suprema de la Inquisición "se excusase de su mala información y de graves errores en toda aquella persecución, y adquiriera el compromiso de nunca más ajusticiar a nadie por brujería tras haber concedido amnistía completa a los penados en el Auto de Logroño de 1610".

En 1617, el justiciero inquisidor informó al Alto Tribunal que la paz había retornado a la zona, lo que puso punto y final a uno de los episodios más oscuros de la historia de Europa, pero también de aquellos que mejor pueden ayudarnos a entender nuestro presente. Concluye Azurmendi:
"Para mí las víctimas del terrorismo etarra, del yihadismo musulmán, de las monarquías antiguas o modernas, de los nacionalismos nazifascistas o comunistas así como las de los inquisidores son igual de inocentes y la injusticia cometida contra ellas requiere nuestra mirada no sólo compasiva sino la que hagamos buscando la verdad."