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25/06/2025

Juramento de fueros vascos por los Reyes Católicos


A la muerte de Enrique IV, rey de Castilla, en 1474, Isabel de Trastámara accedió a la sucesión al trono, siendo coronada reina en Segovia ante nobles. Para asentarse en el poder y contrarrestar las aspiraciones de su rival Juana la Beltraneja y sus aliados portugués y francés, movió con rapidez a sus apoyos. Uno de sus principales valedores fue el guipuzcoano Bartolomé de Zuloaga, natural de Rentería.

Zuloaga fue enviado por Isabel la Católica en representación suya, junto con Antón de Baena, para asistir a la Junta Particular de la Hermandad de Guipúzcoa, reunida en Basarte, situado en Azcotia, el 2 de enero de 1475, con el objetivo de pedir a la Provincia el juramento de fidelidad a la nueva reina, como así se hizo. A su vez, juró los Fueros de Guipúzcoa en nombre de Isabel la Católica.

Los historiadores Gamón y Gorosabel relataron extensamente su intervención:
"Zuloaga vino a Guipúzcoa, junto con Antón de Baena, como embajadores de la Reina Isabel, con cartas de la soberana que presentaron en las Juntas de Basarte el 2 de enero de 1475."

JUNTA PARTICULAR DE LA HERMANDAD DE GUIPÚZCOA

Una de las cartas, dirigida a la provincia, comunicaba la noticia del fallecimiento de Enrique IV de Castilla, hermano de la reina, y de la proclamación de ésta como soberana por los "Grandes del Reino" en Segovia. Por la otra carta se solicitaba la fidelidad y obediencia de Guipúzcoa. Zuloaga y Baena recibirían en nombre de la reina el homenaje, y también en su nombre prometieron la guarda y confirmación de los privilegios, usos y costumbres de Guipúzcoa:
"Podades prometer e prometades en mi nombre que yo guardaré e manda réguardar e confirmaré sus privilegios, buenos usos e costumbres, según que los tuvieron e tienen de los Señores Reyes de gloriosa memoria, mis progenitores."

En efecto, poco antes, en 1470, Enrique IV había reconocido solemnemente los Fueros guipuzcoanos, elogiando agradecido los grandes servicios de Guipúzcoa:
"Su voluntad siempre había sido y era, acatando la gran lealtad y servicios tan señalados de la misma, el honrar la y guardar sus privilegios y libertades más principalmente que a otra alguna tierra de sus reinos, y así lo entendía hacer y guardar en adelante."

Las cartas reales fueron leídas en las Juntas ante Domenjón González de Andía. Los junteros suplicaron a la reina y a sus comisionados que:
"los mantuviese e amparase en toda paz e justicia, e les mandase confirmar e aprobar sus privilegios e franquicias, libertades, exenciones, buenos usos e costumbres, su Hermandad, e el Cuaderno, ordenanzas, cartas e provisiones de ella."

En virtud de los poderes recibidos, Zuloaga y Baena asintieron a la petición y lo prometieron en nombre de la reina. Al día siguiente del pleito homenaje rendido por Guipúzcoa a doña Isabel, dieron en Azcoitia palabra de guardar los Fueros:
"Nos los dichos Antón de Baena y Bartolomé de Zuloaga, por virtud de los poderes de la Reina nuestra señora a nosotros dados, decimos que loamos y aprobamos los dichos capítulos, e prometemos en nombre de Su Alteza, que guardará, cumplirá y confirmará lo susodicho, e en firmeza de ello firmamos aquí nuestros nombres.
Fecho en Azcoitia a 15 de enero del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1475 años.
Antón de Baena, Bartolomé de Zuloaga."

El escribano Domenjón González de Andía formalizó el acta.

isabel católica domejón gonzález andía retratos
ISABEL LA CATÓLICA Y DOMEJÓN GONZÁLEZ DE ANDÍA

Pero no conforme la Junta provincial con la fiel palabra de la reina Isabel de Castilla, exigió además el juramento de su rey consorte Fernando de Aragón. Este aprobó los fueros guipuzcoanos en cédula firmada el 3 de junio de 1476, en Valladolid. Unos días más tarde firmaba otra cédula, grandemente elogiosa para Guipúzcoa:
"Mi intención no es de agravaros en cosa alguna, salvo guardaros en vuestra hidalguía y libertad como a mis buenos y leales fidalgos vasallos, e vos entiendo gratificar en gracias, mercedes e libertades sobre las que tenedes, porque de esa Provincia tengo más cargo que de las otras nin lugares de mi reinos según los servicios que me habéis fecho e los trabajos que habéis pasado por mis servicios."

Ese mismo año de 1476, con motivo de la visita al Señorío de Vizcaya, Fernando el Católico juró los fueros de este territorio en Guernica, confirmando además los privilegios de Portugalete. El interés mostrado por la marina vasca apareció en la Pragmática del 20 de marzo de 1476, por la cual concedía ventajas a los armadores y astilleros vascos que construyesen naos de más de 600 toneladas.

En 1483, la reina Isabel realizó una visita al Señorío de Vizcaya. El 5 de septiembre llegaba a Bilbao, efectuando su juramento a los Fueros provinciales en el portal de la Tendería.

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JURA DE LOS FUEROS EN BILBAO POR ISABEL LA CATÓLICA

Años más tarde, el cronista real Prudencio de Sandoval escribió su visita por diversos pueblos de Vizcaya, como Portugalete, Durango y otros, en el que la reina Isabel:
"... se vestía y tocaba al uso de aquel pueblo, llamando a las personas de más merecimiento y tomando de la una el tocado, de la otra la saya y de la otra el cinto y las joyas, para tener a todos de su mano y mostrarles el amor que les tenía, y volvía estas preseas a sus dueños muy mejoradas, cuando llegaba a otro pueblo, y a sus maridos hacía muchas mercedes y honraba y gratificaba con dones a los que le habían servido en guerra y de esto hay grandes privilegios entre los nobles vizcaínos y guipuzcoanos."

Todavía, en 1484, Isabel y Fernando declararon que aprobaban y confirmaban los privilegios de Guipúzcoa de los reyes predecesores. Carlos V repetiría el gesto en 1521.


11/03/2024

Títulos legítimos e ilegítimos de Francisco de Vitoria


El teólogo alavés Francisco de Vitoria se ocupó de la denominada cuestión de los naturales (polémica De Indis) y de cuáles son los derechos de los españoles para ocupar las tierras americanas en las primeras décadas del siglo XVI. En esta línea de pensamiento se inspiraron sus relecciones De indis prior y De indis posterior, en las que Vitoria partió del derecho irrenunciable de los indios a poseer sus tierras, de la legitimidad de sus príncipes naturales y del derecho a gobernarse por sí mismos. Se basaba en el derecho natural, en el derecho de todos los hombres por su propia naturaleza. Ese derecho por origen debe regir el mundo, y una ley del ius gentium debía regir la guerra.

Aceptado este punto de partida, Vitoria procedió primero de forma negativa, eliminando los títulos ilegítimos que consideraba, con los que renegó de los derechos de conquista concedidos a los Reyes Católicos. Después, procedió a la exposición de una doctrina positiva con la enumeración de una serie de títulos legítimos, cuya finalidad era la de justificar la conquista de la Monarquía española en América, y que fueron recogidos en las leyes de conquista durante el reinado de Felipe II.

Francisco Vitoria Salamanca escultura
ESCULTURA DE FRANCISCO DE VITORIA EN SALAMANCA

Al ocuparse de los títulos ilegítimos, Vitoria rechazaba aquellos que eran comúnmente aceptados por los juristas y teólogos de la época:

1. El emperador no es dueño del Mundo, ni por Derecho divino ni humano, por lo que carece de autoridad universal para la concesión de tierras.

2. El papa tampoco es dueño del Mundo: Papa non est dominus mundo; pues carece de autoridad temporal. En todo caso, poseerá cierto poder espiritual en cuanto sea necesario para la recta administración del orden espiritual, pero ello no le da poder temporal ninguno sobre bárbaros e infieles, ya que sobre éstos el poder espiritual es nulo. Así destruyó el motivo fundamental que se había basado para la intervención de España en las Indias.

3. El derecho de invención o descubrimiento, cuya alegación podría ser válida en caso de tierras deshabitadas, no lo es al hallarse los países de América habitados por sus propios dueños.

4. El derecho de compulsión de los indios infieles que se resisten a recibir la fe cristiana. Su negativa a recibir la fe sólo es pecado cuando han tenido oportunidad de conocer ésta; pero si se les enseña y no la aceptan, tampoco esto es motivo para hacerles la guerra, aunque ellos caigan en pecado.

5. Los pecados contra naturaleza de los indios se dice que daban autoridad a los príncipes cristianos para reprimirlos, pero también niega Vitoria este título, pues los pecados no autorizan a intervenir en sociedades infieles donde los cristianos no son reconocidos y donde ya existen gobernantes propios.

6. La elección voluntaria o aceptación de la soberanía española cuando son "requeridos" a ellos. En este punto Vitoria hizo un duro ataque a la práctica del "Requerimiento", señalando que no hay tal voluntariedad en ella, sino coacción provocada por el miedo y la ignorancia.

7. Por último, Vitoria señaló un falso título que hace referencia a aquellos que aseguraban que Dios había realizado una concesión o donación especial a los españoles de aquellos bárbaros entregados a sus abominaciones, como antiguamente hizo y por las mismas razones con los caneos, al entregarlos en manos de los judíos. Se trata de una profecía que atenta contra la ley común y contra las Escrituras y que, además, no está probada por milagro alguno.

EVANGELIZACIÓN DE INDIOS POR ECLESIÁSTICOS ESPAÑOLES

A continuación, Vitoria examinó detenidamente los títulos legítimos por los cuales pudieras los bárbaros venir a sujetarse a los españoles.

1. El derecho de sociedad natural y libre comunicación, al que se ha llamado también derecho de libre paso, instalación y comercio. Según este derecho, los españoles pueden reconocer aquellas provincias y permanecer allí sin que les hagan daño alguno los bárbaros, ni pueden prohibírselo de ningún modo, siempre que los españoles vayan en son de paz. No se les puede impedir el derecho de viajar y a permanecer allí como huéspedes y peregrinos pacíficos, como tampoco puede negárseles el derecho a comerciar importando mercancías de que los indios carecían y exportando otras de que carecíamos (oro, plata, etc.). Ni los caciques indios a sus súbditos ni los soberanos españoles a los suyos pueden prohibirles comerciar entre sí, como tampoco puede nadie privar a los españoles de apoderarse de las cosas sin dueño (res nullius) de la tierra o del mar. La negativa persistente en los indios a que los españoles ejerciten estos derechos les concede licencia para hacerlo por la fuerza, si fuese necesario, ocupando sus tierras y acometiéndolos cuando la propia seguridad lo requiriese.

2. El derecho de evangelizar y la obligación derivada del mismo de proteger y tutelar a los indios para la defensa de la fe, de acuerdo con la condición de los españoles.

3. El derecho a la intervención en defensa de los convertidos, sobre todo su hay peligro de que sus príncipes intenten volverlos a la idolatría, y la única forma de evitarlo es declararles la guerra. Es un título nacido de la amistad y sociedad humanas.

4. El derecho del poder indirecto del papa para deponer a los caciques indios y sustituirlos en el gobierno por príncipes cristianos, al objeto de preservar la fe de aquellas tribus que se habían convertido al Cristianismo. Los españoles operarían así en cuanto mandatarios del papa; ello sería una secuela temporal de su poder espiritual.

5. El derecho a la intervención humanitaria en defensa de los inocentes y evitar sacrificios humanos. En este caso, Vitoria admitió que los bárbaros pueden ser castigados por sus pecados naturales, e incluso puede hacérseles la guerra, pero siempre como defensa de la vida de su integridad.

6. El derecho a regir y gobernar a los indios por elección voluntaria de ellos debidamente garantizada, en bien de una mejor administración.

7. El derecho a intervenir en su gobierno por amistad y alianza con un príncipe bárbaro que lucha legítimamente contra otro, como ocurrió en la lucha entre los tlascaltecas y mexicanos, donde aquellos pidieron ayuda a los españoles. Si por derecho de guerra les corresponde algo a los aliados en tal pugna, entre ellos debe ser decidido por acuerdo mutuo.

8. Existe un derecho probable, que Vitoria no consideró como absolutamente seguro, de tutela o mandato colonizador sobre los pueblos "amentes", o retrasados, en virtud de su incapacidad de administración y gobierno.

EVANGELIZACIÓN DE INDIOS POR ECLESIÁSTICOS ESPAÑOLES

Los historiadores no han dado la misma importancia a todos estos títulos; muchos de ellos no hacen sino introducir de forma subrepticia algunos de los que habían sido desechados anteriormente como ilegítimos. Sin embargo, sólo por el primero de estos títulos, el de sociedad natural y libre comunicación, merece Vitoria el renombre internacional adquirido por su genial aportación, al introducir criterios de racionalidad natural por primera vez en los asuntos de la convivencia internacional, poniendo así las bases de un futuro Derecho internacional.

18/10/2023

Declaraciones y proclamas vascas en la Guerra de la Independencia española


Tras la llegada del Ejército francés al territorio español en 1808, las autoridades nacionales se mantendrían fieles al nuevo rey José I Bonaparte, sin decisión de actuar en su contra. Pero se encontró con todo un pueblo en armas que luchó por defender la soberanía nacional y sus tierras, y devolver a su legítimo rey a la corona.

El pueblo madrileño se sublevó contra esta imposición y contra la salida hacia Francia de los últimos miembros de la familia real, un 2 de mayo de 1808. Daba comienzo la Guerra de la Independencia Española, también conocida como Guerra al Francés o Guerra Peninsular.

El detonante fue el pueblo bajo madrileño, pero junto a ellos algunos militares desobedecieron las órdenes de no actuar contra los invasores. Las autoridades francesas tomaron represalia con multitud de fusilamientos a los implicados, mientras que la Junta Suprema de Gobierno nombró presidente a Joachim Murat, y el Ejército y la Iglesia se sometieron a su disciplina. El 3 de mayo, la España oficial se había entregado a Napoleón.

El mismo día, el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, hizo una proclama de independencia, llamando a las armas a todo aquel español dispuesto a combatir. La reacción tuvo pronta repercusión en otras ciudades españolas que secundaron el alzamiento patriótico.

LA CARGA DE LOS MAMELUCOS, POR FRANCISCO DE GOYA

Ante la subordinación de las autoridades españolas al Ejército francés y a José I "el rey usurpador", diversas ciudades organizaron sus Juntas Locales, y a su vez en Juntas Provinciales y Juntas Supremas Regionales. Estas juntas surgieron como el resultado del espíritu de soberanía popular ante un poder usurpador e invasor. Es el llamado Federalismo Instintivo.

Las proclamas de las juntas patrióticas resultaron un ejemplo de elocuencia. El 12 de mayo, la Junta de Asturias fue la primera en proclamar su independencia e insubordinación ante el ejército de Napoleón. El 27 de mayo, la Junta de León llamó a la lucha, lo mismo que la Junta soberana de Galicia.

El 19 de julio de 1808, la Junta Suprema de Cataluña afirmaba en su proclama a los gerundenses sobre la independencia al poder usurpador napoleónico:
"Ninguna clase, ningún estado puede eximir de tomar las armas y organizarse debidamente para repeler la agresión que sufren los derechos del Altar y del Trono, los intereses de la Nación española, su dignidad e independencia."

La Junta de Cataluña acordó formar un ejército de 40.000 hombres, llamando a quinta a todo aquel que tenga entre 16 y 40 años de edad, y que se mantuvo hasta 1814, derrochando patriotismo en sucesos como la Batalla del Bruch o el Sitio de Gerona. Baste recordar, por ejemplo, que en la bandera de Igualada aparecía una flamante "Viva España". No en vano, en la lucha contra los franceses destacaron catalanes como Josep Manso, Joan Clarés, Francesc Milans del Bosch o Manuel Llauder, quien después de participar en la defensa de Gerona, llegó a ser capitán general de Cataluña y ministro de la Guerra.

Entre el conjunto de esas proclamas, los vascos se mostraron especialmente patriotas, haciendo desaparecer localismos en pro del único calificativo de españoles. Las Juntas Provinciales Vascongadas reunidas al estallido de la Guerra de la Independencia mantuvieron el apoyo y fidelidad a la nación española y llamaron a la lucha contra el invasor francés en nombre de la libertad y de la unidad de España. Así, en agosto de 1808, la Proclama de la Junta de Vizcaya decía:
"Los vascongados a los demás españoles:
Españoles somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos, arden nuestros corazones como los vuestros en deseo de venganza, y con dificultad contienen nuestra prudencia y patriotismo hasta mejor ocasión nuestros indómitos brazos, ya que quisieran derramar sobre el enemigo la muerte que nuestros generosos pechos saben arrostrar intrépidamente. Aragoneses, Valencianos, Andaluces, Gallegos, Leoneses, Castellanos, etc., todos nombres preciosos y de dulce recuerdo para España, olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna memoria, y no os llaméis sino españoles...
Recibid, como prueba incontrastable del espíritu que nos anima, los holocaustos que ofrecen a la libertad española los Eguías, los Mendizábales, los Echeverrías, y otros infinitos vascongados..."

LEVANTAMIENTO DE LAS PROVINCIAS DE ESPAÑA

Parte de guerra que el general Gabriel de Mendizábal dio a la Regencia y felicitación a los oficiales de la División Navarra por su bravo comportamiento durante la Guerra de la Independencia:
"La División navarra se ha cubierto de gloria en la batalla de esta tarde... El orgulloso enemigo se presentó en la orilla derecha del río Aragón, y los batallones de voluntarios en columnas de ataque, mandados por el brigadier Espoz y el coronel Cruchaga, lo arrollaron y envolvieron en las dos alas, mientras con la caballería de Húsares de Iberia su comandante Longa atacaba el centro... De los tres jóvenes guerreros, Espoz, Cruchaga y Longa debe esperar la Patria días tan gloriosos como dieron a la nación en el siglo XV Antonio Leiva y el conde Pedro Navarro."

Juan Antonio de Zaratiegui Celigüeta, secretario de Tomás de Zumalacárregui durante la Guerra de la Independencia:
"Los anales de la Historia refieren pocos ejemplos que puedan compararse con la guerra que el limitadísimo estado de la Navarra sostuvo contra las huestes de Napoleón."

Napoleón Bonaparte, durante su cautivo en Santa Elena:
"Esa desgraciada guerra española fue una auténtica tragedia. El origen de todas las desgracias de Francia."

JUAN ANTONIO ZARATIEGUI Y GABRIEL DE MENDIZÁBAL

Barón de Thiebault en sus Memoires du general Barón de Thiebault:
"… desde 25 leguas de distancia venían a ver nuestras tropas… Si nuestra marcha les parecía una fiesta a los españoles, para nosotros fue un triunfo. Qué contraste entre tales manifestaciones y el odio, el encarnizamiento, la rabia con que esas mismas poblaciones estarían animadas contra nosotros antes de que pasara un año."

Antonio Capmany y de Montpalau, en su obra Centinela contra los franceses:
"No es éste tiempo de estarse con los brazos cruzados el que puede empuñar la lanza, ni con la lengua pegada al paladar el que puede usar el don de la palabra para instruir y alentar a sus compatriotas. Nuestra preciosísima libertad está amenazada, la patria corre peligro y pide defensores: desde hoy todos somos soldados, los unos con la espada y los otros con la pluma."

David Gates en su libro La úlcera española
"El emperador no tuvo en cuenta un hecho que se ha repetido a lo largo de los siglos: una simple conquista militar no basta para conseguir objetivos políticos."

Jaime Balmes en su periódico El Pensamiento de la Nación:
"Ni en Cataluña, ni en Aragón, ni en Valencia, ni en Navarra, ni en las provincias Vascongadas se alzó el grito a favor de los antiguos fueros. Independencia, Patria, Religión, Rey, hé aquí los nombres que se vieron escritos en todos los manifiestos, en todas las proclamas, en todo linage de alocuciones; hé aquí los nombres que se invocaron en todas partes con admirable uniformidad.

Cuando la monarquía había desaparecido, natural era que se presentasen las antiguas divisiones, si es que en realidad existían; pero nada de eso; jamás se mostró más vivo el sentimiento de nacionalidad, jamás se manifestó más clara la fraternal unidad de todas las provincias. Ni los catalanes vacilaban en acudir al socorro de Aragón, ni los aragoneses en ayudar a Cataluña, y unos y otros se tenían por felices si podían favorecer en algo a sus hermanos de Castilla (...) españoles, y nada más que españoles eran ..."

CENTINELA CONTRAFRANCESES, POR ANTONIO CAPMANY Y
LA ÚLCERA ESPAÑOLA, POR DAVID GATES

11/02/2023

Legado de Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca


UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

El Aula Francisco de Vitoria, ubicada en el edificio de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, está destinada a la memoria del dominico alavés Francisco de Vitoria, catedrático de Teología desde 1526 hasta su muerte en 1546. En ella se imparte la enseñanza de la Medicina, con complementos de Astronomía. Los contenidos de estas enseñanzas fueron herederos del Galenismo tradicional (medicina de Galeno), llegado a través de las fuentes árabes. Se estudian, sobre todo, los tratados de Galeno, como también los de Hipócrates, Avicena y Averroes.

Francisco de Vitoria fue el principal exponente de la Escuela de Salamanca y sus Relecciones pusieron las bases del Derecho Internacional moderno. Por eso, el protagonismo del teólogo alavés en este espacio decisivo para el diálogo y el acuerdo internacional resulta revelador de la universalidad de la Escuela de Salamanca y de la rica tradición del Estudio salmantino en la defensa de los Derechos Humanos.

Desde 1927, en homenaje a su labor se instauró la cátedra Francisco de Vitoria, en la Universidad. En 1946, esta institución organizó una exposición de libros con ocasión del IV Centenario de la muerte del maestro Vitoria.

AULA FRANCISCO DE VITORIA

Esta sala incorpora una recreación de la decoración pictórica realizada por José María Sert Badía en los años treinta del siglo XX para la gran Sala de los Consejos del edificio de la Sociedad de Naciones en Ginebra, también dedicada a Vitoria, y en la actualidad es una de las sedes de la ONU. Sert es autor de los murales que decoran la iglesia del monasterio de San Telmo, que es sede el museo de San Telmo de San Sebastián.

MURALES DE SERT EN EL AULA FRANCISCO DE VITORIA

Aunque la Universidad de Salamanca ha acogido a grandes personalidades a lo largo de sus ocho siglos de historia, el del XVI fue seguramente su periodo de mayor esplendor intelectual. A partir de la figura central de Francisco de Vitoria y de otros autores de la denominada Escuela de Salamanca, los juristas, teólogos y filósofos de la universidad y de su área de influencia intelectual realizaron aportaciones que en la actualidad se reconocen decisivas en la historia del pensamiento y la cultura universal.

En el plano de la filosofía, la Escuela de salamanca formuló una síntesis original de elementos de la tradición escolástica medieval y de valores propios del Humanismo renacentista, clave para comprender el desarrollo posterior de la filosofía occidental, y la figura es clave en los estudios de Derecho.

El análisis económico "preclásico" también fue inaugurado por autores de esta escuela como Tomás de Mercado o el navarro Martín de Azpilicueta, que avanzaron nociones fundamentales de la teoría general de los precios al responder a los problemas morales que presentaban en su tiempo la inflación, la usura y las acuñaciones desmesuradas de moneda tras la llegada masiva de metal precioso americano. Incluso la naciente ciencia físico-matemática aportó algunas de sus primeros pasos en las aulas salmantinas, como han mostrado estudiosos de la figura de Domingo de Soto.



Pero es en el ámbito del derecho en el que existe un reconocimiento más generalizado de la relevancia de las aportaciones salmantinas al pensamiento moderno: Vitoria y sus discípulos realizaron una profunda reelaboración del derecho natural romano, de la que surgió una teoría moderna del Derecho de gentes, base del actual Derecho internacional, que prescribe la necesidad de normas superiores a las de los Estados, regidas por la justicia y no por la fuerza y la dominación.

El pensamiento fundado en la Universidad de Salamanca de los siglos XVI y XVII tuvo desde el principio una proyección verdaderamente universal. Y no solo por la hegemonía geopolítica de España y Portugal en la época, que facilitó la exportación de las propuestas salmantinas hacia la Europa bajo influencia hispana y hacia Hispano-américa, sino también por la excelencia de una reflexión capaz de abrirse paso en otros ámbitos culturales y políticos.

La vigencia actual de la "lección de Salamanca" resultó particularmente visible en la repetida presencia iconográfica de la figura de Francisco de Vitoria en las sedes de las más importantes organizaciones internacionales dedicadas a regular las relaciones entre los Estados.

PROVISIÓN DE LA CÁTEDRA DE TEOLOGÍA A FRANCISCO DE VITORIA

Provisión de la cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca a Francisco de Vitoria, 7 de septiembre de 1526, Archivo de la Universidad de Salamanca

Transcripción:
En Salamanca, a siete de septiembre del dicho año, ora sesta después de mediodía, el señor retor e consiliarios proueyeron de la cátedra de prima de Theología al reuerendo padre fray Fransico de Bitoria, de la qual le hizieron colaçión e provisión e carta e mandaron al bedel del dicho Estudio que le meta en la posesión de la dicha cátedra, la qual posesión to(mó) en un banco del general (tachado: la dicha cátedra) Theología. Testigos Gerónimo de Almaraz e el señor don Rodrigo Mengas é otros muchos e yo el dicho Francisco de Ouiedo, notario.

RELECTIONES THEOLOGICAE, POR FRANCISCO DE VITORIA

Relectiones theologicae, de Francisco de Vitoria, Salamanca, 1565

RELECTIONES THEOLOGICAE, POR FRANCISCO DE VITORIA

Relectiones theologicae, de Francisco de Vitoria, Lyon, 1557

CONFESSIONARIO VTIL Y PROUECHOSO, POR FRANCISCO DE VITORIA

Confessionario vtil y prouechoso, de Francisco de Vitoria, Santiago, 1562

COMMENTARIUS IN PRIMAM SECUNDEA S. THOMAE, POR FRANCISCO DE VITORIA

Commentarius in primam secundae S. Thomae, de Francisco de Vitoria (Juan Gil de Nava), Siglo XVI

RELECTIO DE LAMIIS ET DE ARTE MAGICA, POR FRANCISCO DE VITORIA

Relectio de lamiis et de arte magica, de Francisco de Vitoria, Siglo XVI

LIBROS DEL IV CENTENARIO FRANCISCO DE VITORIA

Fuera de la Universidad, pero dentro del casco histórico de Salamanca se encuentra el convento de San Esteban, junto a la iglesia parroquial homónima, frente a la plaza de San Esteban. Se trata del convento de su orden, la de los dominicos, en el que vivió y está enterrado Francisco de Vitoria.

Según la tradición, Cristóbal Colón se alojó en el anterior convento que sustituyó al moderno cuando fue a Salamanca para defender ante los geógrafos de la Universidad la posibilidad de llegar a las Indias navegando hacia Occidente.

El convento moderno sustituyó al medieval desde 1524, año en que comenzaron las obras de remodelación por el arquitecto alavés Juan de Álava, también llamado Juan de Ybarra, natural de Larrínoa, promotor de la planta y diseño del tempo.

Durante la Contrarreforma fue un importante centro donde se forjaron los padres dominicos que fundaron la Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, y se prestó ayuda a Santa Teresa de Jesús y a San Ignacio de Loyola.

Contigua a la plaza de San Esteban está la plaza del Concilio de Trento, donde se encuentra el monumento a Francisco de Vitoria, posicionada justo en frente del convento. Está compuesta de la figura representativa del teólogo esculpida en cobre fundido, y de una base tallada en granito procedente de Guadarrama, cuya altura en su conjunto suma los 2,95 metros. En la base aparece el lema:
P. FRANCISCO DE VITORIA
LA CIUDAD DE SALAMANCA

La escultura fue realizada por Francisco de Toledo, que se basó en el retrato de Vitoria existente en el convento. Fue promovida por la Fundación Eduardo Capa e inaugurada el 6 de septiembre de 1975.


ESCULTURA DE FRANCISCO DE VITORIA Y CONVENTO DE SAN ESTEBAN

Vitoria también tiene un colegio público homónimo en Salamanca, así como la biblioteca de la facultad de Derecho. Además, tiene calle y medallón en la Plaza Mayor, obra de Jacinto Bustos, inaugurada en 1974.

MEDALLÓN DE FRANCISCO DE VITORIA

11/09/2021

Batalla de Velate de 1512 y los doce cañones del escudo de Guipúzcoa


Tras la toma de Navarra por parte del duque de Alba en 1512, Luis XII de Francia intentó arrebatar el reino del poder de Castilla restituyendo al monarca navarro, que se había refugiado en Bearn. Apoyado por un ejército francés al mando del general La Palice, y por los navarros del bando de los agramonteses. El rey Juan III de Albret consiguió retomar el terreno perdido hasta llegar a Pamplona, sin llegar a conquistarla. Incapaces de tomar la ciudad, las fuerzas franco-agramontesas, unos 12.000, comenzaron a replegarse perseguidas por las tropas castellanas.

El ejército franco-agramontés, tras el fallido sitio y asalto de la ciudad de Pamplona y ante la llegada del invierno, procedió a replegarse hacia Baztán, hostigado por las fuerzas castellanas al mando del capitán Charles de Góngora, navarro del bando beaumontés. Góngora capturó a unos centenares de los rezagados y volvió a Pamplona, donde arrastró las banderas de los vencidos.

Fue entonces cuando el duque de Alba extendió órdenes a las tropas guipuzcoanas de Diego López de Ayala para que cortaran el camino en huida hacia Francia a los expedicionarios. Eran en su mayoría guipuzcoanos a las órdenes de los señores de Lizaur con trescientos lacayos y otros al mando de Garci Martínez de Berástegui, señor del linaje de Berástegui. Pero las fuerzas forales de Gipuzkoa, que en total eran 3.500 efectivos, estaban al mando supremo del oñacino Diego López de Ayala y al servicio del Reino de Castilla.

PUERTO DE BELATE

A la salida del valle de Baztán, en tierras de Navarra, los invasores estaban apostados ocupando todas las barrancadas, caminos y desfiladeros. Se trataba de un grupo de lansquenetes alemanes, medio muertos de frío y de hambre, que querían a todo trance ganar la frontera francesa. Otras fuentes confirman que en realidad fueron parte de las fuerzas expedicionarias franco-agramontesas. Cuando los guipuzcoanos entraron en combate en el puerto de Belate, estas fuerzas huyeron en desbandada abandonando su artillería: unos 12 cañones; que fueron capturados. La batalla de Velate tuvo lugar un 7 de diciembre de 1512.

En una de las versiones se cuestiona la existencia de una verdadera batalla, tratándose simplemente de una emboscada sin lucha y una posterior toma de los cañones.

Como premio por esta victoria, la reina Juana de Castilla otorgó el privilegio de incorporar la representación de los 12 cañones capturados en la batalla al escudo de Guipúzcoa al año siguiente, en 1513. Los cañones permanecieron en el escudo de Guipuzcoa durante más de 400 años, testigos de la participación de los guipuzcoanos en la conquista de Navarra, del lado de Castilla y a las órdenes del duque de Alba.

En 1516, a la villa de Fuenterrabía se le otorgaron 112.000 maravedís en las alcabalas por los servicios prestados por dicha batalla.

Dichas armas se incorporan de igual modo a diversas familias guipuzcoanas y actualmente se conservan en los escudos de las poblaciones de Antzuola y Zizurkil.

ESCUDOS HISTÓRICOS DE GUIPUZCOA

Todos los cronistas de la época recogen la participación de los guipuzcoanos en este enfrentamiento entre castellanos, vascos y navarros beaumonteses por un bando, y franceses, gascones y navarros agramonteses por el otro. Estos son algunos documentos existentes.

El cronista del duque de Alba, Correa, publicó en 1515:
"El Señor de Lizarza (Lizarza_buru), uno de los nobles guipuzcoanos que trataba de hostigar la retirada del ejército navarro-gascón con unos trescientos ballesteros, sorprendió en las estribaciones de Velate a un grupo de alemanes con parte de la artillería empleada días atrás para batir los muros de Pamplona. Los lansquenetes alemanes, creyéndose atacados, se dieron a la fuga, no sin dejar dos artilleros que cubrieron su retirada abriendo fuego contra los guipuzcoanos, quienes cuerpo a tierra evitaron los proyectiles. Al rato, se acercaron, y Lizarzaburu al ver las piezas abandonadas, gritó ¡España, España!

Poco después llegó otro noble guipuzcoano, el señor de Berástegui, a quien Lizarzaburu encomendó la artillería para perseguir a los que huían. Alcanzó a muchos, hambrientos y helados, matando a más de un millar de ellos.

Posteriormente llegó Diego López de Ayala, líder oñacino y alcaide de la fortaleza de Fuenterrabía, que mandó un mensaje al Duque de Alba para el envío de dos centenares de mulas para bajar las piezas artilleras a Pamplona."

Mártir de Anguería, secretario de Fernando el Católico, relató de la participación de 3.000 guipuzcoanos y alaveses, reclutados por el gobernador y capitán general Juan Silva, que avanzaban con intención de cerrar el paso al ejército que huía. Medio centenar se adelantaron a los desfiladeros, cuando el grueso del Ejército navarro-gascón lo había atravesado. Aun así, sorprendieron a un grupo de alemanes que, agotados por el frío, el hambre y el cansancio, se dispersaron sin ofrecer ninguna resistencia, abandonando diez cañones y arrojando una de las piezas más pesadas a un barranco.

Pablo Gorosabel, historiador guipuzcoano del siglo XIX, narraba lo siguiente:
"En tanto el Rey Católico escribió a la provincia (de Guipúzcoa) desde Logroño en fecha 1º de Diciembre del mismo año 1512 una carta en la que encargaba a estos naturales cortasen la retirada al enemigo o a lo menos le hiciesen todo el daño posible. No era posible reunir y arreglar tan repentinamente, como el caso lo exigía, todas las fuerzas de guipuzcoanos que se deseaban; muchos de estos se hallaban por otra parte sirviendo en las escuadras de su Majestad e inglesa. Acudieron no obstante al lance de que se trata 3500 hombres, entre los que se hallaba la compañía de Tolosa, cuyo contingente llegaba a unas 1500 plazas; y pasando por las villas de Lesaca y Vera, llegaron el 7 a las montañas de Belate y Elizondo, donde el día 13 derrotaron al ejército francés, apoderándose de 12 cañones que llevaba, matando e hiriendo a muchos. En tan gloriosa jornada la compañía de Tolosa estaba mandada por Alberto Pérez de Rexil, vecino de la misma villa..."

En 1518, los Parientes mayores de Guipúzcoa se atribuyeron todo el mérito de la batalla:
"... mismo en las guerras de Navarra en el campo de Velate contra don Juan de Labrit —que Dios aya— e su gente, cuando se le quitó la artillería, notoria cosa es quién tubo el esfuerzo de la delantera, porque toda la gente común quiso huir y dejar yr a los franceses con su artillería, pero algunos Parientes Mayores con sus aliados tuvieron esfuerzo de tomar la delantera y pasar adelante y tomar a afrenta e riesgo de muerte donde después se esforzó la gente común, e se les quitó la artillería a los dichos franceses, e se dio las armas (por) Sus Altezas primero a los Parientes Mayores que se conteçieron y después a la Provincia, como quiera que los dichos Parientes Mayores estan en suplicaçion por merecer las dichas armas primero que la Provincia."

batalla belate cañones navarra
BATALLA DE BETALE, POR JERÓNIMO LARREA

La crónica Le Loyal Serviteur, en su capítulo IV, páginas 100-101, dice así:
"... dejaron con el artillería dos hombres ligeros que le pegasen fuego contra el señor de Lizaur y su gente; porque en tanto ellos se pudiesen salvar, faciendo pago con el artillería. Hobo efecto el engaño de los alemanes; porque el artillería jugó y los guipuscuanos se tendieron en el suelo: así el artillería no los pudo cojer; y como el estrepido y humo fuese grande, y muy espeso, a gran paso los alemanes se pudieron poner en lugar seguro. El señor de Lizaur cuando vido que el artillería no jugaba, primero creyó que algún engaño fuese; mas como viese que tardaban en tirar, y nengún temor de gente oyese, él solo abajó, secreto entre las matas, viendo el artillería sola arremetió a ella con gran alegría diciendo España, España: los suyos a las voces abajaron a él y cabalgaron en el artillería. En esto llegó el señor de Velástegui, al cual Lizaur encomendó el artillería; y él con sus hombres siguió a los alemanes; y aunque todos estaban en salvo, algunos con la gran hambre, no pudieron caminar, fueron alcanzados e muertos; otros muchos fallaron abrazados con los troncones de los árboles, en ellos los dientes fincados y muertos de hambre: otros mordiendo en la tierra ya espirando: fasta mil alemanes se supo ser muertos de hambre y de hierro, en solo aquel día, y de frío; que como los cuerpos tomaba vacíos el yelo fácilmente los penetraba. Diego López de Ayala, que en las angosturas de los montes estaba esperando los franceses, supo como por cima de sierra caminaban, y no pudiendo más facer se volvía, y en el camino supo ser el artillería perdida de socorrella porque los franceses no volviesen por ella: dio con su llegada gran esfuerzo al señor de Lizaur y al señor de Velástegui; y luego Diego López proveyó luego como él lo escribió y embiole docientas acémilas cargadas de pan y vino y carne, y con ellas seiscientos infantes de Alava para que con el artillería viniesen, y Diego López se fuese a poner recaudo en Fuenterrabía. Pues como las acémilas llegaron, a gran priesa, fueron cargados los tiros y vinieron a Pamplona lunes que fueron trece de diciembre de quinientos y doce años; la cual entró en esta orden. Venían en la delantera quinientos lacayos guipuscoanos que tomaron el artillería: luego venían doce piezas ocho sacres y dos cañones y dos culebrinas, que eran las doce piezas. Estas cuatro piezas mayores estaban llenas de cruces de Jerusalén que el rey Carlos (VIII de Francia) había fecho cuando, so color de conquistar a Jerusalén, tomó a Roma y a Nápoles y toda Italia; algunos creían que estas cuatro piezas eran del Duque de Loreina que se llama rey de Jerusalén: tras el artillería venían quinientos vizcaínos, que Diego López de Ayala embió con ella para mayor seguridad: la retaguardia traían los albaneses que el Duque embió. El Duque como supo que el artillería venía, cabalgó con los caballos que con él estaban aunque eran pocos, que los más se habían ido ya: unos que siendo gentiles hombres, se eran idos por se hallar en el alarde de Logroño: otros que se habían ido con Fonseca y con el comendador mayor de Castilla. Y así recibida el artillería, en su corazón daba gracias a Dios porque, al tiempo que más que más sin pensallo estaba, le había traído a sus manos la mejor parte del ejército francés. Quejábase porque al tiempo que él quería dar en los enemigos, donde esperaba con ayuda de Dios fácilmente desbaratallos, le había faltado el poder; más no podiendo remediar a lo ya pasado habló amorosamente al señor de Lizaur y al señor de Velástegui, porque como valientes hombres habían quitado el artillería a los franceses, prometiéndoles mercedes, las cuales el rey confirmaría. El artillería fue metida en palacio del Rey con muy grande alegría de la gente.

Por esta acción de Belate la reina doña Juana hizo añadir al escudo guipuzcoano el cuartel de los doce cañones."

ESCUDO HISTÓRICO DE GUIPÚZCOA

28/05/2021

Reconocimientos de Felipe V a Blas de Lezo


El teniente general Blas de Lezo murió en 1741 sin honores en Cartagena de Indias, poco después de su victoria frente a la Armada inglesa. Todavía hoy se ignora dónde fue enterrado. Su primogénito Blas Fernando de Lezo y Pacheco insistió sin rendirse para que su padre recuperase todo el mérito a una brillante carrera militar al servicio de la Monarquía española.

Estas aspiraciones fueron consumadas veinte años después, cuando recibió el título nobiliario de marqués de Ovieco, el 27 de agosto de 1760, por real orden de Carlos III. La Carta de concesión del título expresa:
"Para recompensar los distinguidos servicios que hizo à la Corona, por espacio de quarenta años, el Theniente General de Marina Dn. Blas de Lezo, y con especialidad el de aver contribuido su valor y admirable conducta à salvarla la Plaza de Cartagena de Yndias en el famoso sitio, que la pusieron los Yngleses en el año de mil setecientos y quarenta, de que fueron rechazados, si con mucha gloria de las armas de tierra, nada menos de las de mar, que estubieron à su mando; y para asegurar en su ilustre Familia la buena memoria de sus meritos: hè tenido à bien hacer merced de titulo de Castilla à su hijo Dn. Blas de Lezo y Pacheco, que me sirve con aplauso en el empleo de conductor de embajadores, para si, y sus succesores perpetuamente, nacidos de legitimo matrimonio, libre de lanzas y medi-anata en lo que toca à su persona. 
Tendrasse entendido en la Camara, para darle los Despachos correspondientes. 
En Sn. Ildefonso à 27 de Agosto de 1760 
Al Obispo Governador del Consejo"
estatua escultura blas lezo museo naval
ESTATUA DE BLAS DE LEZO

En sus últimos días de vida y arrepentido por despreciar la valiosa contribución a la defensa de Cartagena de Indias en el asedio inglés de 1741, el ya exvirrey Sebastián de Eslava pidió al rey que restituyese el honor del marino vascongado:
"En 1762 Sebastián de Eslava le ruega al rey que anule las reales órdenes condenatorias contra Lezo, que se le reponga en sus derechos y categorías, como felizmente se hizo, y SM. Le concede el título de marqués de Ovieco, antigua aspiración reiteradamente manifestada por Blas de Lezo." 
A Sebastián Eslava se le concedió el marquesado de la Real Defensa.

Blas de Lezo era señor de Ovieco en el momento de su fallecimiento, título que adquirió al casarse con Josefa Pacheco. Fue este el único reconocimiento posmorten: el transformar un señorío en un marquesado. Fue, por tanto, el primer marqués de Ovieco, título que heredó su primogénito y que siguieron varios descendientes hasta la actualidad:

- Blas Fernando de Lezo Pacheco y Solís (desde 1760)
- Blas Alejandro de Lezo y Castro
- Blas de Lezo y Garro
- José María de Lezo y Vasco
- José María Narváez y del Aguila
- José María Narváez y Pérez de Guzmán el Bueno (hasta 1941)
- Antonio Marabini y Bérriz
- Antonio Marabini Martínez de Lejarza (desde 2011)

Otro de los reconocimientos fue una lauda sepulcral tallada de madera de 1774, en la que aparecen talladas las armas del apellido Lezo y, entre otros familiares ilustres, se lee el nombre del propio Blas de Lezo. También se aprecia el escudo de armas de la casa con dos lobos negros en campo de oro y dos estrellas en campo colorado. El lobo representa "la fiereza y valentía y vencimientos con presa y despojo", y las estrellas representan la "verdad, claridad, paz y ayuda a la patria".

Esta lauda se conservó en la parroquia de San Pedro de Pasajes, hasta su posterior traslado al Museo de San Telmo, en San Sebastián.

lauda sepulcral blas lezo
LAUDA SEPULCRAL DEL ESCUDO DE ARMAS DE LEZO

Gracias a este reconocimiento, los descendientes de Lezo empezaron a obtener privilegios y nombramientos y a emparentarse con la aristocracia del país. Su hijo Blas Fernando de Lezo y Pacheco fue investido en diciembre de 1771 por el rey como maestro de la Orden Cruces de Carlos III.

Otro de sus hijos, Tomás de Lezo y Pacheco, murió en 1782, siendo gobernador de Santa Cruz de Bolivia.

Un sobrino de los anteriores, hijo de una hermana, llamado Alvarado Lezo, llegó también a ser almirante de la Real Armada.

Blas Alejandro de Lezo y Castro, hijo de Blas Fernando y segundo marqués de Ovieco, fue nombrado académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1815. 

Otro Lezo, José Lezo y Vasco, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, fue senador vitalicio, además de llevar el título del marquesado.

blas lezo marqués ovieco descendientes
TITULARES DEL MARQUESADO DE OVIECO

05/02/2021

Carta de Blas de Lezo a Edward Vernon


Durante la Guerra de la Oreja de Jenkins, el general almirante de la flota inglesa Edward Vernon sitiaba la ciudad de Cartagena de Indias, en 1741. El teniente general Blas de Lezo se encontraba entre los sitiados, le envió un mensaje desafiante recordándole la toma de Portobelo y haciéndole saber que sus días de gloria tocaban a su fin.

Este es el texto de la carta que escribió Blas de Lezo en respuesta a la petición del almirante inglés:
"Muy señor Mío: He recibido la de V.S. de 27 de Noviembre que me entregó Dña. Francisca de Abarroa. Y en inteligencia del contenido diré, que bien introducido V.E. por los factores de Portobelo (como no lo ignoro) del estado en que se hallaba aquella plaza, tomó la resolución de irla a atacar con sus escuadras aprobechándose de la oportuna ocasión de su imposibilidad para conseguir sus fines, los que si obiera podido penetrar, y creer que las represalias y hostilidades que V.E. intentava practicar en estos mares en satisfacción de las que dicen habían egecutado los españoles, ubieran llegado hasta insultar las plazas del Rey mi amo, puedo asegurar a V.E. me ubiera hallado en Portobelo para impedírselo, y si las cosas ubieran ido a mi satisfacción, aun para buscarle en otra cualquier parte; persuadiéndome que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía."
"Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía."

RETRATO DE BLAS DE LEZO

Tras casi dos meses de cerco y ataque continuo a la ciudad y a la fortaleza de San Felipe, la flota inglesa abandonaba el puerto marítimo y regresaba a su base de Jamaica. Vernon responde a Lezo con el mismo tono desafiante con el que llegó:
"Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica."

Y esta fue la respuesta final de Lezo a Vernon:
"Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres."

Concluyó Blas de Lezo, tras la humillante victoria sobre la flota inglesa en Cartagena de Indias en 1741.
"Llegaron con la misma arrogancia de siempre, y fueron derrotados con los métodos de siempre."

ESCULTURA DE BLAS DE LEZO

23/08/2020

Cartas reales y mercedes otorgadas por Carlos V a Elcano: "Primus circumdedisti me"


ESCUDO DE ELCANO CON EL LEMA PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME

Juan Sebastián Elcano culminó la primera circunnavegación de la tierra en 1522, con el que quedaba empíricamente demostrada la redondez de la tierra y sentaba las bases para el futuro dominio por el Imperio Español de las rutas marítimas extendidas a lo largo de todos los océanos del mundo.

Esta grandiosa proeza causó mayor revuelo en Sevilla, alcanzando a la Corte española en Valladolid y a otras ciudades de Europa. Elcano informó al emperador Carlos V, el mismo día de su arribo en el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Se conoce la carta del 6 de septiembre de 1522 por una copia publicada por el chileno Toribio Medina en texto italiano y traducida por Arteche al español:
Muy alta e ilustrísima Majestad

Sabrá vuestra alta Majestad cómo hemos llegado diez y ocho hombres solamente con una de las cinco naves que V.M. envió a descubrir Especiería con el Capitán Fernando de Magallanes, que haya gloria; y porque V.M. tenga noticia de las principales cosas que hemos pasado, con brevedad escribo ésta y digo...

Elcano se refería a la proeza con la frialdad de un cosmógrafo de esta manera:
...bajaron 54 grados de la línea equinocial, pasaron por un estrecho de cien leguas hacia el Mar de la India, empleando más de tres meses en ello y sin topar más que dos islas deshabitadas, llegaron al archipiélago filipino.

Faltonos por su muerte el dicho capitán Fernando de Magallanes con muchos otros.

Al quedar muy pocos, deshicieron una de las naves, y con las otras dos llegaron a las islas del Maluco, donde cargaron las dos naos. Una de ellas tuvo una vía de agua y entretanto pasó la oportunidad de zarpar.
Resolvimos, o morir, o con toda honra servir a Vuestra Majestad, para hacerle sabido del dicho descubrimiento, partir con una sola nave, estando en tal estado por causa de la broma que sólo Dios lo sabe.

Fueron visitando nuevas islas y tomando muestras de sándalo, gengibre, nuez moscada. El retorno a España fue penoso; lo cuenta sobriamente:
Habiendo partido de la última de aquellas islas, en cinco meses, sin comer más que trigo y arroz y bebiendo sólo agua, no tocamos en tierra alguna por temor al Rey de Portugal que tiene ordenado en todos sus dominios de tomar esta Armada, a fin de que V.M. no tenga noticia de ella, y así se nos murieron de hambre veinte y dos hombres; por lo cual y la falta de vituallas, arribamos a la isla de Cabo Verde, donde el Gobernador de ella me apresó el batel con trece hombres y quería llevarme junto con todos mis hombres en una nave que volvía a Galicut de Portugal cargada de especiería, diciendo que sólo el Rey de Portugal podía descubrir la Especiería; pero resolvimos de común acuerdo, morir antes que caer en manos de los portugueses, y así con grandísimo trabajo de la bomba, que de día y de noche no hacíamos otra cosa que echar fuera el agua, estando tan extenuados como hombre alguno lo ha estado, con la ayuda de Dios y de Nuestra Señora, después de pasados tres años dimos fondo.

Por tanto, suplico a vuestra alta Majestad que provea con el Rey de Portugal la libertad de aquellos hombres que tanto tiempo le han servido, y más sabrá V.M. que aquello que más debemos estimar y tener es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo, que yendo para el Occidente hayamos regresado por el Oriente. Suplico a V.M. por los muchos trabajos, sudores, hambre y sed, frío y calor que esta gente ha padecido en servicio de V.M., les haga mercee de la cuarta y de la veintena de sus efectos y de lo que consigo traen. Y con esto ceso, besando los pies y manos de vuestra alta Majestad.

Escrita a bordo de la nave Victoria, en Sanlúcar, a seis días de septiembre del 1522.

Elcano no hizo de aquel viaje una empresa a nivel particular, sino un trabajo en equipo del cual fallecieron tantos compañeros. También pide al emperador ocuparse por los prisioneros que fueron detenidos en el puerto portugués de Cavo Verde, así como honores para el resto de supervivientes en la Victoria.

CARTA DE CARLOS V CONCEDIENDO MERCED A ELCANO

Entusiasmado por la grata noticia, el emperador no tardó en responderle de esta manera el 13 de septiembre de 1522:
El Rey

Capitán Juan Sebastián del Cano:

Vi vuestra letra que me escribistes de San Lucar, en que me haceis saber vuestra llegada en salvamento con la nao nombrada Victoria, una de las cinco naos que fueron al descubrimiento de la especería, de que he holgado mucho por vos haber traido nuestro Señor en salvamento y le doy por ello infinitas gracias. Y porque yo me quiero informar de vos muy particularmente del viaje que habeis hecho y de lo en él sucedido, vos mando que luego que esta veais, tomeis dos personas de las que han venido con vos, las más cuerdas y de mejor razón, y partais y vengais con ellos donde yo estuviere; que con este correo escribo a los oficiales de la Casa de Contratación de las Indias que os vistan y provean de todo lo necesario a vos y a las dichas dos personas. Y cuando viniéredes, traeréis con vos todas las escrituras, relaciones de autos que en el dicho viaje habeis fecho.

Yo he por bien, acatando vuestros servicios y trabajos de vos facer merced, e por la presente vos la hago, de la dicha cuarta parte de la dicha veintena si a nos pertenece de las dichas vuestras cajas aquintaladas, e mandamos a nuestros oficiales de la Casa de Contratación de la especería que vos no impidan ni lleven cosa alguna de la dicha cuarta parte et veintena, si a nos pertenece la dicha veintena de la dicha nao nombrada Victoria. En los trece hombres que vos fueron tomados en las islas de Cabo Verde, yo he mandado proveer para su deliberación lo que conviene.

De Valladolid 13 de septiembre de 1522 años

Yo el Rey

Por mandato... Francisco de los Cabos.

CARTA DE CARLOS V A ELCANO, SEPTIEMBRE DE 1522

No queda constancia en la documentación sobre la entrevista que sostuvieron Carlos V, Elcano y sus dos acompañantes en la recepción cortesana de Valladolid en aquel otoño de 1522. Un testimonio un tanto desconcertante del cronista Pigafetta ante el propio Carlos V indujo a la elaboración de un informe oficial sobre algunos aspectos del fenecido viaje. Elalcalde Leguizamón instruyó una sesión de doce preguntas sobre momentos claves, en este orden a Elcano, Albo y Bustamante.

Elcano pudo hacer merecer el hecho de haber conseguido descubrir para la Monarquía hispánica una ruta de vuelta desde las Molucas a través de océanos Índico de cinco meses. Así quedó expresada en una carta del 5 de noviembre, solicitando diversas mercedes con motivo de su descubrimiento de las islas de las Especias.

CARTA DE ELCANO A CARLOS V, NOVIEMBRE DE 1522

El emperador hacía constar a la Casa de Contratación de Sevilla del pago al almirante Elcano de 500 ducados de oro en recompensa, mediante una carta el 23 de enero de 1523:
"Nos el Rey Emperador semper augusto, Rey de Romanos; la Reina su madre y el mismo Rey su hijo. Hacemos saber á vos los nuestros oficiales de la nuestra casa de la contratación de la especería, que acatando lo que Juan Sebastian del Cano capitan de la nao Victoria, una de las cinco naos de la armada que enviamos al descubrimiento de la especería, de que fué por Capitan General Fernando de Magallanes ya difunto, nos ha servido en el dicho descubrimiento de la dicha especería, y á los muchos y grandes trabajos que en él ha pasado y en traer la dicha nao Victoria con su buena industria y trabajo cargada de especería, y con ser el primero que descubrió el trato de la dicha especería de estos nuestros reinos, y enmienda y gratificacion dello, nuestra merced y voluntad es que haya y tenga de Nos por merced asentados en esa casa para en toda su vida quinientos ducados de oro en cada un año.

Por ende Nos vos mandamos que lo pongades y asentades así en los nuestros libros y nóminas de las mercedes y asiento desa casa que vosotros teneis, é libreis é pagueis al dicho capitan Juan Sebastian del Cano este presente año desde el dia de la fecha desde nuestro alvalá hasta el fin dél é dende en adelante en cada un año para en toda su vida los dichos quinientos ducados de oro á los tiempos et segun et de la manera que se librare é pagare a las otras personas que de Nos tuvieron semejantes mercedes é asientos en esa é asentad el traslado de este nuestro alvalá en los dichos libros, é sobrescrito é librado de vosotros, este original volved al dicho Juan Sebastian para que lo él lenga y lo en él contenido haya efecto. Y no fagades ende al.

Fecha en Valladolid a 23 dias del mes de enero del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de 1523 años.
 
Yo el Rey

Yo Francisco de los Cobos secretario de sus cesáreas y católicas Majestades lo fice escribir por su mandado."

MONUMENTO A ELCANO EN GUETARIA

Lo cierto es que Elcano jamás recibió aquella pensión. Al menos, fue suprimido el delito de haber vendido anteriormente su pequeña nao a unos extranjeros.

El emperador concedió a Elcano un escudo de armas que contenía en la parte inferior palos de canela, nueces moscadas, clavos de especias, en referencia a las especias traídas; en el centro un castillo; en la parte superior un globo del mundo con un yelmo dorado con el lema: Primus circumdedisti me. Su traducción sería: Fuiste el primero que la vuelta me diste.

CÉDULA DEL CONSEJO APROBANDO EL PLAN DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO

Una Orden de Carlos V, fechada en Madrid el 15 de abril de 1525, reitera la petición a los oficiales de la Casa de Contratación para el pago de la merced otorgada a Elcano:
Nuestros oficiales de la Casa de Contratación de la especería.

Juan Sebastian del Cano, a quien Nos habemos proveido de nuestro capitan de una de las naos de esta Armada que agora mandamos ir a la continuación y contratación de la especería, me ha fecho relación que bien sabíamos como Nos le habiamos fecho merced de quinientos ducados en cada un año por los días de su vida librados en esa Caja, para le ser pagados del provecho nuestro que nos viniese de la dicha especería, de lo qual hasta agora diz que no le ha sido pagado cosa alguna no embargante que hasta agora se le deben desde que le hicimos la dicha merced, y me suplicó y pidió merced le mandase pagar lo que de ello se le debe o lo que la nuestra merced fuese. Por ende yo vos mando...

MAQUETA DE LA NAO VICTORIA