30/01/2016

Humanismo cristiano y legitimidad jurídica por vascos y navarros en la Colonización de América


La expansión del Cristianismo por el Nuevo Mundo que descubrió la Monarquía española a finales del siglo XV fue un objetivo esencial de la Iglesia, marcando la trayectoria durante siglos, y constituyó un esfuerzo incluso mayor que el colonial.

El descubrimiento, la conquista y la colonización de América engendraron un numeroso grupo de pensadores políticos y eclesiásticos, teólogos y juristas, que especularon sobre los derechos de España en el Nuevo Mundo y sobre la manera de gobernar a los hombres recién descubiertos, y de cronistas e historiadores que registraron el pasado de los pueblos indígenas y los grandes acontecimientos que en ese tiempo y como consecuencia del contacto hispano-americano estaban verificándose.

En pleno Renacimiento, el Humanismo cristiano español se cuestionó las causas de la conquista del Nuevo Mundo y sus métodos de civilización de indios.

Entre los primeros eclesiásticos misioneros y humanistas destacaron las figuras de Las Casas, Montesinos, Vitoria o Zumárraga, entre otros, denunciaron los abusos y excesos de los conquistadores ante la Corte de Carlos V en Valladolid y solicitaron leyes protectoras de Indias.

El planteamiento evangelizador del Nuevo Mundo y la cuestión de la legitimidad moral de la colonización incluyó e implicó, desde el principio, también a numerosos laicos responsables: reyes y virreyes, gobernadores y encomenderos, visitadores y protectores, soldados y caciques, etc.

MISIÓN DE JESUITAS EN EL NUEVO MUNDO

Hasta el descubrimiento de América, el derecho de conquista se basaba en tres razones:

1. el derecho romano: el descubrimiento y ocupación de un territorio y ocupación era título suficiente para ejercer un pleno dominio con total legitimidad.

2. el derecho medieval: la ausencia de personalidad jurídica de los no cristianos, era razón suficiente para convertirlos en sujetos de derechos.

3. el derecho pontificio: la suprema jurisdicción cristiana internacional, el Papa, permitía que la Santa Sede otorgara derecho de conquista a un rey o príncipe cristiano.

Cuando España llegó a América, lo hizo con todos esos títulos; por tanto, la conquista era legal.

El Papa había prescrito que los españoles quedaban obligados a la evangelización de los infieles, convirtiéndose al Cristianismo y adquiriendo derechos. Los Reyes Católicos dispusieron leyes para el buen trato y respeto a los indios, basándose en el tradicional modelo de conquista y repoblación desarrollado en tierras hispanas durante la Reconquista.

Surgía así una contradicción, entre la teoría de la conquista, que se rige por el imperativo evangelizador, y la práctica, que se aplica según los viejos principios de ocupación y dominio. Aparecieron los abusos y explotaciones de los colonizadores, y las primeras denuncias de los eclesiásticos que allí misionaban. Era una cuestión política, jurídica y moral.

Las denuncias por fray Antonio Montesinos hicieron redactar las Leyes de Burgos por Fernando el Católico en 1512, que acentúa la protección de indios.

RECOPILACIÓN DE LEYES DE LOS REINOS DE INDIAS Y MAPA DE LA AMÉRICA

El debate continúa en el modo de aplicación de las leyes proteccionistas: El dominico Bartolomé de las Casas defiende a los indios ante Carlos I. Otro gran humanista, también dominico, Juan Ginés de Sepúlveda, defiende que España tiene el derecho y el deber de evangelizar y civilizar a los indios, y elevarlos al mismo nivel de desarrollo humano.

Por último, Juan de Zumárraga, franciscano natural de Durango, llega a cuestionarse la licitud de la conversión de los indios y de la presencia española en América. Fue nombrado primer arzobispo de México y protector de indios, en 1527. Se dedicó a la defensa de los derecho humanos de los indios frente a los abusos de algunos encomenderos y realizó bautismos colectivos de indios.

A él de debe la fundación de la catedral de México, del hospital del Amor de Dios, y de la primera imprenta que hubo en esta ciudad y en toda América, con la edición de la Breve y más compendiosa doctrina cristiana en lengua mexicana y castellana. También inició gestiones para la creación de la universidad y de colegios para la formación y enseñanza de los naturales en lengua castellana. Redactó uno de los primeros documentos clave en la historia de la defensa de los derechos humanos, y tuvo un papel capital en el inicio de la castellanización de los indios.

francisco vitoria escultura estatua monumento
MONUMENTOS A JUAN DE ZUMÁRRAGA

Junto al pensamiento de Zumárraga, se encontraba Francisco de Vitoria, dominico natural de Vitoria, fue uno de los grandes pensadores de la historia de España y uno de los más influyentes de su tiempo, muy respetado por su valía intelectual, y perteneciente a la Escuela de Salamanca junto al navarro Martín de Azpilcueta.

Su obra De indis se recogen las relecciones en las que expresó su postura ante el conocimiento de diversos excesos cometidos en las tierras conquistadas en América. Para Vitoria el orden natural se basa en la circulación libre de personas, luego es justo que los españoles crucen el mar para llegar al mundo descubierto. Pero los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que los demás seres humanos y son dueños de sus vidas y de sus tierras y bienes. Este fue el inicio del Derecho de Gentes.

Vitoria fue el fundador del Derecho Internacional moderno, al concebir el mundo como una comunidad de pueblos organizada políticamente y basada en el Derecho Natural de Gentes. Estas bases del derecho de gentes, es el precedente del ideal moderno de los Derechos Humanos, que arrancan en la cuestión del derecho moral de conquista del Nuevo Mundo por los españoles.

Según Vitoria, convertir a los indios a la fe es un deber de los españoles, pero sobre todo un derecho de los indios, a los que se ha de garantizar el conocimiento del evangelio. Hasta entonces, eso se hacía mediante el requerimiento: el conquistador ofrece a los indios la conversión, y si se niegan comienza la guerra. Vitoria piensa que no es el modo adecuado y plantea el Derecho de Comunicación: los indios tienen que entender lo que se les está pidiendo, y sólo si ese derecho de comunicación se garantiza tiene sentido la propagación del evangelio.

Estos son los principios en los cuales Vitoria le propuso al emperador Carlos V cuando fue consultado en las Cortes de Castilla, acerca del modo por el cual se debería realizar la colonización. Fueron desarrollados por Vitoria en ocho Justos Títulos legítimos para justificar la conquista y reinado de los españoles en América, recogidos en las leyes de conquista en el reinado de Felipe II:

1. Los mares son libres y los recursos naturales, si no tienen propietario, son comunes, de manera que es justo viajar a América, buscar metales, abrir minas, etc.; si los indios vetaran este derecho, sería justo hacerles la guerra, pero sólo si de verdad es para defender el propio derecho.

2. Los cristianos tienen el derecho de propagar la religión cristiana de la forma que disponga el Papa.

3. La protección de los naturales convertidos al cristianismo cuando sean perseguidos por sus jefes u obligados a volver a la idolatría y paganismo. En este caso, está justificado usar la violencia contra los idólatras y defender a los indios cristianos.

4. Los indios cristianos que tengan como jefes a idólatras, pueden adoptar como señor a un rey cristiano, bajo competencia del Papa.

5. Los españoles pueden intervenir en la defensa de las víctimas de gobiernos crueles y tiránicos.

6. Los españoles están obligados a intervenir cuando hay delitos contranatura.

7. Los indios tienen que ser libres para aceptar la soberanía de España, y al rey como su señor; de esta forma el dominio español es legítimo.
8. Los españoles pueden socorrer y ayudar a sus aliados indios en sus guerras contra indios enemigos.

Pero si la presencia española en América era planteada como una guerra de ocupación o como una guerra de religión, entonces sería injusta. No podía ser afirmado con certeza, pero sí traerse a discusión. La consideración de los indios con su atraso, rústicos, discapacitados... deben ser protegidos.

En este marco moral y filosófico se va a situar la conquista y en 1542, se promulgaron las Leyes Nuevas de Barcelona, que ponían a los indios bajo la protección directa de la Corona. Pero su aplicación fue difícil y las denuncias continuaron, por lo que Carlos V reunió a un comité de sabios el 13 de julio de 1549, en Valladolid. En esta asamblea en la que estuvieron presentes los mejores espíritus del Imperio, entre juristas y teólogos, se encontraba el navarro Bartolomé de Carranza. Las ideas de Vitoria fueron defendidas por De las Casas, rival de Sepúlveda en la llamada Controversia de Valladolid y en la que se debate de manera más profunda la legitimidad y moral de la colonización.

En De iure belli, Vitoria analizaba los límites del uso de la fuerza para dirimir las disputas entre pueblos. Proponía que era lícito hacer la guerra pero bajo la única causa justa de responder proporcionadamente a una injuria. Por tanto, no era lícita la guerra simplemente por diferencias de religión o para aumentar el territorio.

Estableció, en De potestate civili, las bases teóricas del derecho internacional moderno, del cual es considerado el fundador junto con Hugo Grocio. Fue uno de los primeros en proponer la idea de una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural, y no basar las relaciones internacionales simplemente en el uso de la fuerza. Mientras que Nicolás Maquiavelo consideraba al Estado como un conjunto moralmente autónomo (y que, por tanto, no podía ser juzgado según normas externas), en Vitoria surgía la idea de que las actuaciones de los países en el mundo tienen límites morales. Vitoria es calificado con razón como precursor de la idea de las Naciones Unidas.

MATRIMONIO ENTRE INDIA Y ESPAÑOL AUSPICIADO POR JESUITAS

Por primera vez en la historia, reyes y teólogos se plantearon la cuestión de los derechos fundamentales de los hombres por el hecho de ser hombres, derechos anteriores a cualquier ley positiva. Nunca antes el poder se había sometido de tal manera a la filosofía moral, preguntándose dónde acaban los derechos del conquistador y empiezan los derechos del vencido. Se establecieron instrucciones muy específicas para evitar el daño a los indios, y se cambió el modo de conquista por la pacificación.

La política religiosa misionera y evangelizadora que se realizaba en los territorios que se conquistaba consistía en establecer centros católicos en los núcleos poblacionales que los españoles iban fundando u ocupando.

El Consejo de Indias ordenaba un amejoramiento del modo de evangelización de las tierras descubiertas y la recepción de cristianos llegados de España. Se establecieron diócesis bien dotadas y ricas en los centros de poder con mayor presencia de colonizadores, mientras que en las tierras por evangelizar se crearon las llamadas diócesis de misión. Además, recordaba en 1568, que los religiosos deben guardar el debido orden y pobreza. Esto, junto con la preferencia a favor del clero regular sobre el secular, fue materia del relato de Jerónimo de Mendieta en su carta al rey Felipe II, donde planteaba los problemas religiosos y políticos que observaba en el Virreinato de la Nueva España.

Mendieta, también natural de Vitoria, era el cronista por antonomasia de las grandes construcciones de la Nueva España. Su obra Historia Eclesiástica Indiana, terminada en 1596, es una crónica de la evangelización en la Nueva España, en ella también describe la situación cultural de los pueblos que allí encontraron los españoles en su llegada al Caribe.

Aunque tardó tres siglos en salir a la luz, su contenido transcendió, ya que Mendieta había confiado el manuscrito a fray Juan de Torquemada, quien hizo una edición parcial bajo el título Monarquía indiana, en la que había suprimido los pasajes conflictivos. Su contenido es claro, tanto que la Casa Real impidió su publicación. Siglos después, en 1870, se imprimió en México por el editor Joaquín García Icazbalceta.

JERÓNIMO DE MENDIETA Y LA HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIANA

Por un lado, Mendieta describía la evangelización como la entrega de unos hombres empeñados en abrir las puertas del Cielo a las almas de los "salvajes". Defendió la labor humanitaria de los misioneros que recorrían, sin recursos y solitarios, vastos y abstrusos territorios, llenos de peligros desconocidos, siempre en busca de convertir a los indios. Describía así una época dorada donde la fe cristiana se expandía sin la imposición de la espada. Por otro, denunciaba con valentía los excesos y abusos de los colonizadores, así como el cambio de los valores principales de la conquista, en especial la ambición de los colonizadores de hacerse rico a cualquier precio. Por eso, plantó los problemas religiosos y políticos en una carta dirigida a Felipe II.

Según explica Mendieta, la intención primera de la conquista fue la de cristianizar aquellas tierras, pero que el afán de riqueza de los nuevos colonos que llegaban consiguió una perturbación y un estorbo para lo que él consideraba la labor fundamental, el salvar las almas de los indios que no conocían la luz de Cristo. El rumbo que estaba adquiriendo la conquista y el establecimiento del régimen virreinal donde se pasaba muchas veces de enseñar al indio a explotarlo, y donde las encomiendas se convertían en sistemas de producción basados prácticamente en una forma de esclavitud, y no en focos de educación cristiana, habría que cambiarlo.

Mendieta propone la limitación de las encomiendas, y un mayor poder para los frailes en contra del poder civil que representaban los alcaldes mayores y los funcionarios de la Real Hacienda, a la vez que apostaba por un cambio en el sistema tributario hacia un régimen más austero y difícil de cumplir.

La visión que tiene Jerónimo de Mendieta de los indígenas es totalmente patriarcal. Ve al indio como un ser indefenso, lleno de valores cristianos naturales, que necesita ser protegido. La defensa del indio le trajo a Mendieta muchos problemas y enemigos. Sus cartas al rey y al Consejo de Indias, denunciando abusos y atropellos, fueron en parte la base para cambios importantes en la legislación.

Mendieta, siguiendo las doctrinas de San Francisco, hizo de la pobreza la máxima expresión el cristianismo, y enfrenta esta filosofía a la que, en ese tiempo, imperaba en la iglesia, la de la Contrarreforma, que esgrimía una capacidad material suficiente a favor de la jerarquía eclesiástica para hacer frente y contrarrestar la separación protestante. Pero a la vez, para defender ese objetivo de la defensa del pobre, del humilde, se alinea con la directriz contrarreformista que pide poder político para la Iglesia, una Iglesia que debe controlarlo todo.

JUAN DE PALAFOX Y SUS OBRAS LITERARIAS

Ya entrado el siglo XVII, destacó un teólogo y estudioso de problemas sociales y asuntos sobre los indios de Nueva España y obras de carácter polémico. Se trata del navarro natural de Fitero, Juan de Palafox y Mendoza.

Siendo nombrado fiscal del Consejo de Indias, en 1642 recibió el nombramiento de virrey de Nueva España. Su actividad en aquellas tierras fue muy importante y perdurable. Donó su gran biblioteca Palafoxiana al Seminario Archidiocesano de Puebla y emprendió una profunda reforma de las órdenes religiosas afincadas en los territorios de su jurisdicción.

Entre su obra destacan De la naturaleza y virtudes del indio (1650) e Historia real sagrada, luz de príncipes y súbditos; esta última obra discurre en torno a la formación política y cristiana de los príncipes y se opone a la obra de Maquiavelo y a la de Bodin.

28/01/2016

Castillo de Carlos V de Fuenterrabía


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CASTILLO DE CARLOS V

El Castillo de Carlos V en Fuenterrabía es una fortaleza de planta rectangular construida en su forma originaria por el rey navarro Sancho II Abarca de Navarra, a finales del siglo X, y ampliada por Sancho VI el Sabio, en 1194, en la parte más alta del promontorio. Se constata la existencia del castillo desde el año 1200, con motivo de la toma de Guipúzcoa por Alfonso VIII.

Durante la mayor parte de su historia estuvo destinado a la función de cuartel y de residencia del gobernador de la plaza militar. Situado en lo alto de la colina sobre la que se extiende la trama urbana de la ciudad vieja, presenta un recio núcleo antiguo organizado en torno a un patio cuadrado, conservando algunos restos de los torreones circulares medievales.

Más tarde, los Reyes Católicos construyeron un castillo que Carlos V mandó ampliar y restaurar, de aspecto palaciego. El emperador hizo construir una gran plataforma artillera rectangular a la que se debe su sobria fachada principal a la plaza de Armas.

castillo carlos v habsburgo estructura defensiva plaza armas
CASTILLO DE CARLOS V

En 1660, sirvió de residencia de la familia real española durante los esponsales de la infanta española con el futuro rey francés Luis XIV en la cercana isla de los Faisanes.

En el siglo XVIII, las cinco plantas de este edificio fueron utilizadas como cuartel para 850 soldados, formándose en la azotea una batería artillera comunicada por medio de una escalera con la cubierta del sector más antiguo del edificio. El denominado Parque de Artillería era un anejo de una sola planta en forma de L que incorporaba almacén de pólvora a prueba de bomba, patio y una estancia subterránea. 

En 1794, quedó severamente dañado por las tropas francesas. Y a principios del siglo XX fue subastado en estado ruinoso, permaneciendo en manos privadas hasta el año 1928.

En 1968, fue rehabilitado y transformado en Parador Nacional, función que sigue cumpliendo en la actualidad, siendo el único de esta red de hoteles nacionales en la provincia de Guipúzcoa. 

Desde el 17 de enero de 1964, fue oficializado como Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico de España. 

CASTILLO DE CARLOS V

24/01/2016

Bartolomé de Zuloaga


Tesorero de los Reyes Católicos y representante la reina Isabel en la Junta de Guipúzcoa de 1475 para recibir el juramento de fidelidad de la provincia

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BARTOLOMÉ DE ZULOAGA

Bartolomé de Zuloaga era natural de Rentería, Guipúzcoa. Fue una personalidad relevante de esta provincia a finales del siglo XV. Llegó a ser notario del Sacro Palacio nombrado por el Papa Pío II en 1462.

Sirvió al rey Enrique IV de Castilla, quien le otorgó diversas mercedes, como una renta anual de 3.000 maravedies por juro de heredad, situadas sobre el producto de alcabalas de Rentería. Este privilegio fue confirmado por los Reyes Católicos, en 1483, y por Juana de Castilla, en 1509.

En 1470, Enrique IV había reconocido solemnemente los Fueros guipuzcoanos, elogiando agradecido los grandes servicios de Guipúzcoa:
"su voluntad siempre había sido y era, acatando la gran lealtad y servicios tan señalados de la misma, el honrar la y guardar sus privilegios y libertades más principalmente que a otra alguna tierra de sus reinos, y así lo entendía hacer y guardar en adelante."

A la muerte del rey Enrique, fue enviado por Isabel la Católica en representación suya, junto con Antón de Baena, para asistir a la Junta Particular de la Hermandad de Guipúzcoa, reunida en Basarte el 2 de enero de 1475, con el objetivo de pedir a la Provincia juramento de fidelidad a la nueva reina, como así se hizo. En virtud de los poderes recibidos, Zuloaga y Baena asintieron a la petición y lo prometieron en nombre de la reina. Las cartas reales fueron leídas en las Juntas ante Domejón González de Andía:
"Podades prometer e prometades en mi nombre que yo guardaré e manda réguardar e confirmaré sus privilegios, buenos usos e costumbres, según que los tuvieron e tienen de los Señores Reyes de gloriosa memoria, mis progenitores."

A su vez, los junteros suplicaron a la reina y a sus comisionados que "los mantuviese e amparase en toda paz e justicia, e les mandase confirmar e aprobar sus privilegios e franquicias, libertades, exenciones, buenos usos e costumbres, su Hermandad, e el Cuaderno, ordenanzas, cartas e provisiones de ella".

Al día siguiente del pleito homenaje rendido por Guipúzcoa a Isabel, dieron en Azcoitia palabra de guardar los Fueros. Bartolomé de Zuloaga juró la guarda y confirmación de los privilegios, usos y costumbres de Guipúzcoa en nombre de la reina Isabel.

El escribano Domenjón González de Andía formalizó el acta:
"Nos los dichos Antón de Baena y Bartolomé de Zuloaga, por virtud de los poderes de la Reina nuestra señora a nosotros dados, decimos que loamos y aprobamos los dichos capítulos, e prometemos en nombre de Su Alteza, que guardará, cumplirá y confirmará lo susodicho, e en firmeza de ello firmamos aquí nuestros nombres.
Fecho en Azcoitia a 15 de enero del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1475 años. Antón de Baena, Bartolomé de Zuloaga"

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JUNTA PARTICULAR DE GUIPÚZCOA

Pero no conforme con la fiel palabra de la reina Isabel de Castilla, la Junta provincial exigió además el juramento de su rey consorte Fernando de Aragón. Este aprobó los fueros guipuzcoanos en cédula firmada en Valladolid el 3 de junio de 1476. Unos días más tarde firmaba otra cédula, grandemente elogiosa para Guipúzcoa:
"Mi intención no es de agravaros en cosa alguna, salvo guardaros en vuestra hidalguía y libertad como a mis buenos y leales fidalgos vasallos, e vos entiendo gratificar en gracias, mercedes e libertades sobre las que tenedes, porque de esa Provincia tengo más cargo que de las otras nin lugares de mi reinos según los servicios que me habéis fecho e los trabajos que habéis pasado por mis servicios."

Durante la Guerra de Sucesión al trono de Castilla entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, se mantuvo partidario de la última. Por ello, el ejército francés, favorable a Juana, destruyó su casa y arruinó los manzanales de Rentería. En el marco político de este enfrentamiento, consiguió que la provincial de Guipúzcoa apoyase a Isabel I contra la pretendiente Juana y sus aliados portugués y francés.

En 1483, los Reyes Católicos nombraron tesorero real de descargos y embajador a Bartolomé de Zuloaga, continuo de la Real Casa. Gracias a ello recibió rentas de 3.000 maravedís sobre las ferrerías de Arratzubia, en Orio, y sobre las rentas del hierro de las ferrerías navarras de Anizlarrea, mineral que entraba y se cargaba en los puertos de San Sebastián, Fuenterrabía y Villanueva de Oiarso. Este privilegio fue confirmado por la reina Juana, hija de los Católicos, en 1509, desde Valladolid. Estas mercedes obedecían a servicios efectuados en favor de la Corte castellana.

Otras de sus actividades fue la investigación de todas aquellas mercedes y privilegios concedidos por Enrique IV a Guipúzcoa desde septiembre de 1464 hasta la celebración de las Cortes de Toledo en 1480, varios años después de la llegada al trono de los Reyes Católicos.

isabel católica trastamara castilla coronación
CORONACIÓN DE ISABEL I DE CASTILLA

Todavía, en 1484, Isabel y Fernando declararon que aprobaban y confirmaban los privilegios de Guipúzcoa de los reyes predecesores. Carlos V repetiría el gesto en 1521.

En esta evocación de lealtades correspondidas, se agiganta la figura del renteriano Zuloaga, único guipuzcoano que tuvo el honor de confirmar, en nombre y con poderes de Isabel de Castilla, los fueros de su tierra nativa.

En 1505, la reina Juana de Castilla concedió a Bartolomé de Zuloaga un privilegio de 16.000 maravedís de renta cada año, sobre los derechos del hierro que se labraba en ferrerías que traían sus productos a los puertos de esta provincial de Guipúzcoa.

20/01/2016

Condado de Pamplona contra francos y musulmanes


En 711, un ejército islámico de 7.000 soldados, la mayoría bereberes, a las órdenes de Tariq ibn Ziyad, cruzaban el estrecho de Gibraltar poniendo el pie en Tarifa destrozaron los ejércitos del rey Rodrigo en Guadalete, tomaron la capital, Toledo, y controlaron las llanuras y ciudades del sur. Más tarde, con la fuerza de 18.000 hombres, sometían la antigua Tarraconense, el valle del Ebro y llegaban al pie de la cordillera Cantábrica y de los montes Pirineos.

Ya en el año 713, Muza ibn Nasayr atravesó la zona meridional y Pamplona cayó en su poder antes del 718. El ejército musulmán partió de Zaragoza, siguiendo la calzada que enlazaba con la vía romana a Astorga y avanzó hacia Pamplona. Esta ciudad fue obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado.

Una vez desaparecido el Reino hispano-visigodo y las tropas musulmanas preparaban su asedio al norte de los Pirineos, la resistencia cristiana se refugió en las montañas pirenaicas y cantábricas, dibujando una doble frontera política y cultural. Surgieron diversos núcleos políticos que, taponando a los ejércitos musulmanes, iniciarían una restauración conocida como Reconquista.

El primero de ellos fue el Reino de Asturias, cuyo origen está unido a la figura del noble de origen godo Pelayo y a la batalla de Covadonga el 722. Pelayo hizo retroceder a las huestes de Munuza hacia León. La primera victoria frente al islam consiguió que miles de voluntarios de toda condición llegados de Asturias, Galicia, Cantabria, Vizcaya, etc. se sumasen a sus ejércitos.

MAPA PENINSULAR DE LA INVASIÓN ÁRABE

Mientras tanto, el actual territorio de Navarra se había convertido en la base estratégica de las incursiones islámicas hacia el Reino franco. Desde aquí partió la expedición del valí Abd al-Raman al-Gafiqui del año 732. Tras unosbexitosos comienzos con la victoria en el río Dordoña y el subsiguiente saqueo de Burdeos, fracasaron ante el ejército de Carlos Martel en Poitiers parando en seco la embestida islámica hacia la vertiente norte de los Pirineos. En esos años, el valí Yusuf ibn Abd al-Rahman al-Fihri envió a dos de sus generales, Suleiman ben Siban y Al-Husani ben al-Dayan, contra los vascones. La campaña se saldó con una completa derrota de los musulmanes, y murieron ambos generales durante el enfrentamiento.

En 739, reinaba en Asturias Alfonso I, quien estableció su capital en Oviedo, ocupó los valles gallegos y la cordillera Cantábrica llegando hasta los territorios occidentales de Álava y Vizcaya, repoblando Las Encartaciones de Vizcaya y comunicando grupos aislados de vascones. Los primeros pasos del Reino asturiano pasaron por asentar su dominio en la cornisa cantábrica frente al inicial auge conquistador musulmán. En esta etapa ya existía la presencia de vascones en las huestes cristianas.

Aprovechando la derrota islámica en Poitiers y la fundación del Reino de Asturias, los vascones de Pirineo recobraban su independencia, quizá con apoyo merovingio. Los árabes reaccionaron y, tras una larga campaña, Pamplona fue conquistada de nuevo en 739. Pero por poco tiempo, ya que la rebelión de los bereberes en 740 y las guerras civiles que siguieron en Al-Ándalus a la matanza de los Omeyas en 750 permitieron que los vascones volvieran a sacudirse el yugo islámico y a hacerse fuertes en la cuenca del río Arga. En 755, dos generales enviados contra ellos por el valí Yusuf al-Fihrí fueron derrotados y murieron en la lucha.

INVASORES ÁRABES

En 759, los francos ya controlaban Aquitania, Borgoña y Narbona, quedando los musulmanes definitivamente al sur de los Pirineos. Carlomagno estableció numerosas zonas militares en los límites del reino carolingio, denominadas "marcas" que suponían colchones defensivos ante cualquier invasión. La Marca Hispánica englobaba a un conjunto de territorios de este a oeste de los Pirineos, que incluía al Condado de Pamplona en un límite occidental.

En 777, Carlomagno intervino en la zona pirenaica por primera vez en apoyo de la petición de ayuda que le había hecho Suleiman ibn al-Arabi. Eskte valí de Zaragoza, descontento con Abd al-Rahman I, se desplazó hasta Padeborn para establecer un pacto: Suleiman prometía a Carlomagno la entrega de Zaragoza y toda la provincia que controlaba a cambio de quedar como representante suyo. Carlomagno puso en marcha su ejército hacia el sur, cruzando la cordillera pirenaica en 778. Pero una vez que llegó hasta las inmediaciones de Zaragoza, la situación era bien distinta a lo previsto. Al-Husain ibn Yahya, lugarteniente de Ibn al-Arabi, no aceptó el trato y ante la ausencia de su superior se negó a entregar la ciudad.

PLACA EN CONMEMORACIÓN DE LA BATALLA DE RONCESVALLES

El Ejército carolingio inició un largo asedio a la ciudad, pero su heroica resistencia y la llegada de noticias de una sublevación en Sajonia ocasionaron la retirada de la península y esperar mejor ocasión. Llevaron como rehén a Ibn al-Arabi, capturado como botín de guerra, pero sus hijos consiguieron rescatarle y debieron de producirse algunos ataques.

En este clima de violencia, se procedió a destruir las murallas de Pamplona a su paso por la ciudad, como represalia o como aviso para que los magnates locales se mantuviesen neutrales. Pero lo sucedido fue muy distinto y la retaguardia del Ejército franco sufrió una dura emboscada en Roncesvalles quedando destruido. Fue una derrota sin paliativos, en la que cayeron un buen número de magnates importantes, como el senescal Eginardo, el conde platino Anselmo y el gobernador de Bretaña Rolando.

El Ejército franco, muy numeroso, se desplazaba estirado por montañas cubiertas de bosques y esto ocasionó una falta de comunicación durante el ataque. Además, en territorio montañoso la caballería pasada quedaba inutilizada, mientras que los infantes con sus armaduras metálicas se mostraron pesados ante unos asaltantes armados más ligeramente y que conocedores del terreno se movían mejor por la zona.

Las crónicas francas Anales regni francorum y la Vita Karoli Magni hicieron responsables a los vascones, mientras que el historiador musulmán Ibn al-Athir se pronunció por una coalición de vascones y musulmanes. Algunos estudios identifican a los asaltantes como los gascones, vascones ultrapirenaicos, que estaban disconformes con la política de fortalecimiento del poder franco en Aquitania.

GUERRERO VASCÓN

En el año 781, el Emirato cordobés decidió terminar con la situación de rebeldía generalizada la zona media del valle del Ebro. Hixam I se puso a la cabeza de su ejército, y marchando primero hacia Zaragoza derrocó al valí sublevado Husain ibn Yahya. Desde aquí subió por el río imponiendo su autoridad y, tras tomar la comarca de Calahorra se presentó en Pamplona. La ciudad, con las murallas destruidas, no podía oponerse al poderío andalusí y sus magnates mostraron obediencia.

El 797, se produjo la victoria de las tropas asturianas sobre las musulmanas en la batalla de Lutos. Ese mismo año, el emir Al-Hakam I encomendó al general Amrus ibn Yusuf la recuperación de Zaragoza tras la sublevación de su valí Bahlul ibn Masruq. Además de tomar esta ciudad en el 800, también ocupó Tudela.

16/01/2016

Cirugía en Blas de Lezo

A lo largo de su carrera militar, Blas de Lezo tuvo que soportar estoicamente la curación de sus heridas de guerra por parte de los médicos cirujanos enrolados en la tripulación de los buques.


BALA DE CAÑÓN BRITÁNICO DE HIERRO FUNDIDO INCRUSTADA
EN UN SILLAR DURANTE EL SITIO DE TOLÓN EN 1709


Fue durante el transcurso del combate de Vélez-Málaga de la Guerra de Sucesión, en verano de 1704, cuando el guardiamarina Blas de Lezo fue alcanzado por una bala de cañón en su pierna izquierda. Se encontraba en su puesto asegurando que el fuego de la artillería fuese constante y gracias al control de su sufrimiento pudo continuar en su puesto de combate. La bala le produjo tan graves destrozos que, según relató el propio Lezo, "de un tiro de cañón perdió del todo una pierna que se la hubieron de cortar, recuperándose de herida tan considerable a costa de crecidos gastos".

La capacidad destructiva de este tipo de proyectiles de hierro fundido sobre un edificio, y en mayor media sobre una persona, podía ser demoledora. Tras la amputación, a pesar de que tuvo que acostumbrarse a su pérdida además de aprender a andar con una prótesis, se reintegró al servicio naval al año siguiente.

Además de la pierna, perdió la visión del ojo izquierdo durante el sitio del castillo de Santa Catalina de Tolón producido por el impacto de una esquirla que le reventó dicho ojo. Finalmente, un balazo de mosquete le hizo perder la movilidad del brazo derecho en el segundo sitio de Barcelona. Como él mismo llegó a escribir "ostilizando a los enemigos... recibo diferentes eridas".

A los 25 años ya se había quedado cojo, tuerto y manco; "Mediohombre" le llamaron. Pero dando pruebas de su capacidad de superación ante la discapacidad física llegó a ser uno de los grandes marinos de la historia de la Armada española.


SIERRA DE AMPUTAR DE MADERA DE NOGAL DE 1748, POR FRANCISCO MAURO


La sierra de amputar fue un instrumento muy utilizado por los cirujanos destinados a los navíos de guerra. Era difícil de manejar y producía cortes poco definidos y graves destrozos en las intervenciones. Seguramente, un utensilio de parecidas características sirvió para amputar la pierna de Blas de Lezo, cercenada por una bala de cañón en el combate de Vélez-Málaga.

A lo largo del siglo XVIII, los médicos y cirujanos del ejército lograron un mayor reconocimiento. En 1721, Felipe V promulgó el Reglamento sobre servicios sanitarios del ejército y, en 1728, fundó el Cuerpo de Cirujanos de la Armada, preludio de una sanidad naval diferenciada. Aunque fue a mediados de siglo cuando se inauguraron los primeros Reales Colegios de Cirugía y la profesión se especializó definitivamente.


EXTRACTOR DE BALAS DE ACERO, SIGLO XVIII


El extractor de balas fue, junto a la sierra de amputar, uno de los instrumentos más utilizados por los cirujanos militares en el siglo XVIII. Durante el procedimiento, el paciente debía de soportar un gran dolor y la recuperación no estaba exenta de posteriores infecciones. Sin embargo, la fabricación de estos útiles resultó de gran ayuda a los médicos cirujanos.

Los extractores de balas debían ser ligeros y delgados, pero con la solidez suficiente para soportar la aplicación de la fuerza necesaria para la extracción. El giro del tornillo situado en un extremo permitía que los brazos se abrieran en función del tamaño de la bala.


LÁMINAS DEL TRATADO DE VENDAGES Y APOSITOS PARA EL USO
DE LOS REALES COLEGIOS DE CIRUGÍA, POR FRANCISCO CANIVELL


Blas de Lezo demostró una gran fortaleza psicológica y anímica ante la adversidad a lo largo de toda su vida. Evidentemente, estaba hecho de una pasta especial. Tuvo una naturaleza privilegiada y una enorme resistencia a la fatiga para aguantar, cuando se encontraba al mando de la Escuadra del Mar del Sur, ya que el clima insano, el hambre, la falta de agua y las enfermedades y epidemias causaron numerosas bajas en las dotaciones de tripulación y guarnición.

Años más tarde, estando al mando de la Escuadra del Mediterráneo, se desencadenó una epidemia de tifus exantemático que ocasionó más de 500 muertos. Lezo, a pesar de encontrase entre los muchos enfermos, logró recuperarse.

12/01/2016

Toribio Alonso de Salazar


Capitán general de Armada en la Expedición a las islas Molucas de Jofre de Loaisa, posiblemente el primer europeo en descubrir las islas Carolinas

TORIBIO ALONSO DE SALAZAR

Toribio Alonso de Salazar era natural de las Encartaciones, Vizcaya, donde nació a finales del siglo XVI. Salazar es considerado uno de los vascos universales, aunque su fama fue efímera. La vocación de marino le hizo enlistarse en la cúspide de su carrera en la Expedición marítima a la Especiería, en 1525, al mando de Jofre García de Loaisa en la nao San Lesmes, donde fue nombrado tesorero.

Durante el viaje, murieron de escorbuto Jofre García de Loaysa y Juan Sebastián de Elcano. Salazar pasó al mando de la nave Santa María de la Victoria, como capitán general de la expedición, el 6 de agosto de 1526. Su barco era la única nao superviviente de la expedición de Loaisa que intentó ampliar la circunnavegación del globo que había realizado la de Magallanes y Elcano pocos años antes.

Salazar pasó a la historia de la geografía universal por ser el primer europeo en descubrir las islas Carolinas (islas Marshall), el 21 de agosto de 1526, aunque no se tiene constancia de que atracara y la explorase. Además, es bastante probable que avistase también el atolón Bokak.

El 5 de septiembre de 1526, la expedición de Salazar llegó a las islas Marianas, pero diez días después falleció por escorbuto tras apenas 40 días de jefatura.

Tras su muerte, le sucedió en la jefatura Martín Íñiguez de Carquizano, quien había sido nombrado como tesorero general de la expedición por el propio Salazar.

ISLAS MARIANAS, PALAOS Y CAROLINAS

08/01/2016

Intentos de adecuación de la geografía eclesiástica y política navarra


El control sobre los nombramientos episcopales que ejercían o procuraban ejercer los reyes navarros se combinaba con la protección y exaltación tanto de la sede episcopal como de la catedral de Pamplona. Uno de los terrenos donde se evidenció la acción protectora de la monarquía fue en la geografía eclesiástica. El proyecto de fortalecimiento de la monarquía llevaba implícito el rechazo de cualquier autoridad extranjera que proyectara su jurisdicción sobre el reino. Los monarcas no estaban de acuerdo con los desajustes de los límites diocesanos, que ocasionaban la adscripción de muchos navarros a obispos situados fuera del reino y cuya autoridad espiritual podía ejercerse contra los intereses navarros por presiones de los reyes de Castilla, Aragón y Francia. La complicada situación provocó intentos de reforma de límites y de creación de una provincia eclesiástica navarra, buscando adecuar fronteras eclesiásticas a las civiles. La Santa Sede se mostró cautelosa y, aunque inició algunos proyectos, siempre los detuvo, al comprobar los enfrentamientos o protestas de los reinos afectados, dejando traslucir con esta prudencia que las modificaciones de la organización eclesiástica tenían que intentar disminuir las tensiones políticas, pero no crearlas ni aumentarlas.

Hasta 1318, Pamplona dependió de la sede arzobispal de Tarragona, pero entonces fue adscrita a la nueva provincia eclesiástica de Zaragoza. En 1330 Felipe III de Evreux quiso convertir a Tudela en sede episcopal, asignándole el territorio navarro dependiente de Tarazona, pero la oposición del rey aragonés hizo fracasar el proyecto.

Temporalmente Pamplona fue diócesis exenta (1385-1418), pero Carlos III no logró convertirla en sede arzobispal (1406), de la que dependerían tres obispados: Irache, Tudela y Roncesvalles, que incorporaban los territorios navarros de Calahorra, Tarragona y Bayona. A cambio Calahorra recibiría Guipúzcoa y Tarazona, y Zaragoza se repartiría la Valdonsella. La oposición de los reyes y los obispos afectados hizo fracasar el proyecto. El intento se repitió en torno a 1500, con algunas variantes. Las diócesis sufraganeas se establecerían en Tudela, Roncesvalles y Sangüesa y se intentarían también en la nueva provincia eclesiástica de Pamplona las diócesis de Lescae y Olorón, que abarcaban territorios franceses de la casa de Foix. Se pretendía juntar en una sola provincia eclesiástica los dominios que los monarcas navarros tenían a ambos lados del Pirineo. Este objetivo político despertó aún más oposición que el anterior plan y condujo de nuevo a su fracaso.

IGLESIA DE SANTA MARÍA MAGDALENA DE TUDELA

02/01/2016

Poesía de la batalla de Beotibar

Hasta el siglo XIX hubo cuadros representando la batalla de Beotibar en la iglesia de Santa María en Tolosa. Varios cantares en euskara y algunos poemas castellanos tienen este suceso por tema.

En el Poema de Alfonso XI, de Rodrigo Yáñez, se describe la batalla con todo lujo de fantasías y exageraciones. Una de sus estrofas habla de la entrada de los navarros:
"En aquesto acordaron
Navarros e su companna,
con muy gran poder entraron
por tierras de la montanna".

Y el desenlace con la victoria:
"Aquesta los dexemo
que lepuscanos vençieron,
e los fechos declaremos
que después contesçieron".

El poeta Yáñez vivió en la primera mitad del siglo XIV y algunos le identifican con Rodrigo Yáyez de Logroño.

En el siglo XVI, el cronista Esteban de Garibay daba noticia de la batalla en su Compendio historial de las Crónicas, escrito en 1571, y la ilustra con dos baladas épicas, que, en teoría, habrían sido compuestas en fechas inmediatamente posteriores a los hechos narrados. El primero comienza en castellano:

De Amasa sale Gil López
de Oñaz y de Larrea
al encuentro de franceses
para lidiar en pelea.

El otro consiste en el inicio de una balada eusquérica:

"Mila urte ygarota
ura vere videan.
guipuzkoarroc sartu dira
Gaztelu-co echean,
nafarroquin batu dira
Beotibarre pelean..."

(Pasados mil años
el agua sigue su curso,
los guipuzcoanos han entrado
en la casa del castillo;
se han unido con los navarros
en la batalla de Beotibar...)

Para Michelena este canto habría sido compuesto en fecha mucho más reciente que la batalla. Una de las razones sería el vocablo gipuzkoar, inaceptable por razones de principio y en cambio muy usual en tiempos de Zaldibia, Garibay e Isasti.

A propósito de este segundo fragmento de Garibay, el erudito Gonzalo Argote de Molina en su Discurso sobre la poesía castellana, escrito en 1575, observó que se trataba de un romance de características similares a los castellanos. Su traducción literal sería:

Pasados mil años,
las aguas en su camino.
Los guipuzcoanos han entrado
en la casa del castillo.
Se han juntado con los navarros
en Beotibar en la pelea.

Los dos primeros versos constituyen la versión vasca de un refrán castellano muy conocido: "Al cabo de mil años, vuelven las aguas por su cubil". Pero lo interesante es la interpretación que ofreció Garibay de los versos tercero y cuarto. El cronista sostiene que estos significan que los guipuzcoanos han vuelto a ser castellano. Los navarros representaban al enemigo ancestral frente al que los antepasados de Garibay habían defendido su condición castellana. De fraternidad vascona no había ni el menor rastro.

LITOGRAFÍA DE LA BORDON DANTZA EN EL ALARDE DE BEOTIBAR


Claudio de Otaegui, guipuzcoano de Cegama del siglo XIX, fue organista y maestro de escuela en Fuenterrabía, además fue poeta. Escribió una sentida composición acerca de esta gesta medieval de sus paisanos llamada Beotibarco celhayac, cuyos primeros versos son:

¡Beoticarco celhayac, atzo ilun ta gaur alaiac!
¡Beotibarco arcaitzetan, etsaiac oñetan!
(Campos de Beotibar, ayer oscuros y hoy alegres!
¡En las peñas de Beotibar, los enemigos a nuestros pies!)

En todo el resto del poema se menciona dos veces más a los enemigos:

 ¿Nora zoaz, Oñaz jauna, etsaiarengana?
Elur maluta asco dira, ugariago etsaiac.
(¿Dónde vas, señor Oñaz, hacia el enemigo?
Los copos de nieve son muchos, más abundantes los enemigos.)


En pleno auge del Fuerismo del siglo XIX, Claudio de Otaegui decidió cambiar el nombre dado a los enemigos de los guipuzcoanos, ya que los navarros eran hermanos vascos, opuestos, como ellos, al centralismo del Estado liberal. Y recurrió al término genérico etsaiac, "los enemigos", que lo mismo podía referirse a los navarros que a cualquier otra población: un enemigo indeterminado.

El nacionalismo vasco ha tratado de manipular este hecho de armas entre guipuzcoanos y navarros. Un ejemplo muy significativo es el de Benito Lertxundi, uno de los impulsores del movimiento de la canción protesta en eusquera de los años 60 del siglo XX. El cantante guipuzcoano introdujo una modificación importante, allí donde Otaegui puso etsaiac, Lertxundi puso frantses jendea "la gente francesa", para que ahora el público sepa contra quiénes lucharon los guipuzcoanos en Beotibar: contra los franceses. La versión de Lertxundi es una verdad a medias porque el público nacionalista infiere que los franceses de los que habla la canción son el Estado francés que oprime a los vascos del norte del Pirineo, es decir, a los navarro-franceses. Es una interpretación incorrecta ya que, en la época de Garibay, franceses era una forma habitual de designar a los navarros en Guipúzcoa y en toda Castilla desde la entronización de la dinastía de Champaña en el Reino de Navarra, en 1234.