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02/10/2026

Casa Consistorial de Vergara


La Casa Consistorial de Vergara fue construida por Lucas de Longa en estilo barroco, a finales del siglo XVII. Pero el actual edificio de esta villa guipuzcoana tuvo un largo y complejo proceso de construcción. De hecho, es una obra realizada entre 1677 y 1693, y continuó en una nueva campaña de obras en 1730.

El anterior edificio que reconstruyó el arquitecto Andrés de Larrinaga había quedado obsoleto para las necesidades administrativas del concejo del siglo XVII.

FACHADA PRINCIPAL

La idea de construir un nuevo consistorio más grande y funcional, a la vez que ampliar la plaza de San Martín de Aguirre, partió del alcalde Nicolás Antonio de Madariaga, en una reunión del concejo el 21 de enero de 1673. A petición del 11 de agosto de 1674, Carlos II otorgaba una facultad real para que el concejo impusiera una sisa durante seis años hasta alcanza la cantidad de 28.000 ducados con los que financiar la obras.

Entre 1676 y 1679, el concejo emprendió un proceso de adquisición de solares que permitieran dar la debida extensión a la plaza y consistorio. La obra se realizó en el mismo lugar donde estaba la primitiva Casa Concejil, entre la Iglesia de San Pedro y el Colegio de la Compañía de Jesús.

En 28 de febrero de 1677, el arquitecto Lucas de Longa comenzó la puesta en práctica de sus trazas. Se previó un plazo de dos años para la ejecución de la obra de cantería que encabezó el maestro Juan de Echave, ayudado por los también canteros Felipe de Ezcurra y Antonio de Valzola. Los trabajos de demoliciones del concejo y de solares, y el establecimiento de andamiajes recayó en Andrés de Yruin.

Según los maestros peritos, en la planta baja el edificio estaba dividido en dos ámbitos, uno de ellos cobijaría la alhóndiga y el peso real, de forma separada estaban el zaguán y el calabozo. La planta noble estaría ocupada por la sala consistorial donde celebraban los ayuntamientos, las elecciones a los cargos del concejo y las Juntas Provinciales, hacia la plaza, mientras en el lado opuesto se encontraban la vivienda del alcaide y celdas para los presos por deudas y casos leves. El último sobrante se utilizaría como desván y armero.

CASA ADYACENTE

Desde 1680, las obras quedaron paralizadas por falta de presupuesto, que se reanudaron cuatro años más tarde. Esta vez Lucas de Longa tuvo como principales colaboradores a los maestros carpinteros Andrés de Yruin y los hermanos Juan y Andrés de Garitano Aldaeta, y al maestro arquitecto y entallador azpeitiarra Joan de Apaeztegui.

Un año después, en 1685, los problemas volverían. Los problemas de falta de presupuesto paraban la marcha. Lucas de Longa consiguió un contrato en Orduña que le apartaba definitivamente de Vergara. Por otra parte, el arquitecto jefe reclamaba al ayuntamiento el pago de su salario: 14.652 reales y algo más de 32 maravedíes. Finalmente, tras un proceso de pleitos, Longa renunciaba a continuar con el proyecto liberando al concejo del pago de la deuda.

La primera fase de las obras de carpintería fue terminada en abril de 1688, por Andrés de Garitano Aldaeta. Pero no en su totalidad, tras un parón y una nueva prórroga de la sisa por doce años. Las obras de carpintería quedaron consumadas en 1693, gracias al contrato que la villa hizo al maestro arquitecto Felipe del Castillo, vecino de Orduña.

FACHADA PRINCIPAL

La moderna Casa Consistorial se adapta a parte del solar resultante de las distintas comprar efectuadas por el ayuntamiento y adquiere una planta en forma de trapecio, pues los planteamientos urbanísticos inherentes al proyecto obligaban a que la fachada principal se orientara hacia la plaza de San Andrés de Aguirre y fuera paralela a la de la iglesia y colegio de la Compañía de Jesús, a la que debía dar réplica. Corresponde a un modelo aglomerado y se cubría por tejado a cuatro vertientes.

La fachada principal, de piedra de sillar, presenta seis arcos de medio punto soportados por pilares de sección cuadrada sobre una pequeña basa en lo que la línea de impostas se remarca por una sencilla plantabanda.

En correspondencia con los seis arcos, en el piso noble se abren seis puertas ventanas de dintel monolítico recreadas por sencillas fajas de placa lisa. Sobre un alto parámetro ciego se remata la obra con una cornisa volada pétrea soportada por canes decorativos de forma rítmica.

BALCONADA Y ARQUERÍA DE LA FACHADA PRINCIPAL

En dos de los pilares de la arquería están grabadas medidas patrón utilizadas en el mercado de la plaza. En uno de ellos se aprecia la medida de la doble vara o braza y lo que parece ser la representación de una balanza. En el otro, se encuentran la de la vara, la de la baldosa, así como la representación de los moldes de la teja y del ladrillo. Ente tipo de medidas patrón grabadas es poco habitual en edificios vascos.

En ambos extremos del edificio, y junto a los dinteles de los vanos, aparecen unas inscripciones tomadas de la Biblia (Eccl. 23 ver. 30).

En el lado norte: "En la casa del que jura no faltara desventura." En el lado sur: "O que mucho lo de allá o que poco lo de acá."

Este tipo de citas bíblicas o máxima morales fue tradición en la arquitectura civil vasca de la época, especialmente doméstica y palaciega.

Entre vanos están colocados los elementos ornamentales más importantes de la fachada, tres escudos y dos columnas, que, además de su función artística, actúan como elementos de articulación entre el piso principal y el parámetro ciego superior.

ESCUDOS Y COLUMNAS DE LA FACHADA PRINCIPAL

En el centro aparece el Escudo Real de la Casa de los Austrias sobre una tarja de cueros recortados con múltiples volutas y rodeado por el Toisón de Oro. El conjunto se encuentra sobre un fondo decorativo a base de vegetales muy estilizados y remata en la parte superior por la Corona Imperial que flanquean dos niños desnudos de imitación miguelangelesca.

En los espacios inmediatos se sitúan dos columnas de orden compuesto sobre complicadas ménsulas, muy relacionadas con las que soportan las repisas de los balcones y la cornisa superior. Cada una de ellas presenta una filacteria en torno a su fuste con las inscripciones "Plus" y "Ultra" y soporta una corona.

ESCUDO REAL DE LA CASA DE LOS AUSTRIAS

A la izquierda se encuentra el Escudo de la Provincia de Guipúzcoa, flanqueado por dos maceros cubiertos sólo por paños. El escudo se coloca sobre una tarja muy barroca en la que destaca su parte superior, con una cabeza de león que se integra en un fantástico conjunto de cueros recortados que se tornan vegetales en sus extremos. En la parte inferior una cabeza grotesca, tan del gusto barroco, completa este enmarque. Todo ello se encuentra surmontado por una corona. Destaca la concepción decorativa del conjunto, aunque la realización de las dos figuras de varón resulta un tanto envarada en su concepción.

ESCUDO PROVINCIAL DE GUIPUZCOA

A la derecha completa la serie el Escudo Municipal de Vergara. Al igual que el de la provincia, aparece coronado y enmarcado por profusos elementos decorativos entre los que destacan las dos cabezas grotescas situadas en los extremos inferior y superior ye el remolino vegetal de esta última parte. El conjunto se enrique por las dos figuras de niños casi desnudos y portando cuernos que aparecen a ambos lados del escudo.

ESCUDO MUNICIPAL DE VERGARA

Esta serie de elementos se labró entre 1680 y 1682. En la sobriedad que impera en la fachada destaca el barroquismo de estos escudos, que adquieren relevancia sobre la superficie predominantemente lisa.

El edifico responde a una tipología muy extendida en la época. Edificios de marcados carácter horizontal con un soportal en el primer cuerpo y ventanales precedidos de balaustrada, o más habitual entre las casas consistoriales vascas, de magníficos balcones de hierro forjado, en el segundo.

En el interior del soportal aparecen dos puertas adinteladas, sin moldura. Cada una coincide con los segundos arcos a partir de cada extremo, la de la izquierda da paso al zaguán y la de la derecha a la alhóndiga. Ambas presentan puertas de clavos de estrella típicos del siglo XVIII. El resto de arcos se corresponde con ventanas.

La fachada opuesta está realizada en mampostería y presenta sillares en los ángulos y recerco de vanos. Al estar situada a un nivel superior no puede presentar la misma organización que la fachada principal. En alzado muestra un primer nivel de semisótano se separa del resto del inmueble por la sencilla planta banda que lo recorre a poca altura. El él se sitúan cuatro pequeños vanos enrejados que daban aire y luz a la cárcel. Y en el centro una puerta dintelada enmarcada por una sencilla moldura de placa lisa que da acceso al vestíbulo zaguero del ayuntamiento. La planta noble presenta cuatro ventanas sobre las ya referidas y una más pequeña cuya función es la de iluminar la escalera posterior. El último piso presenta cinco ventanas menores siguiendo la misma organización que los vanos anteriores. El conjunto se remata por la cornisa que recorre el edificio.

FACHADA LATERAL

El muro lateral es también ora de mampostería y la piedra sillar queda reservada al recerco de los vanos y en los sectores cercanos a las esquinas. El desnivel de esta fachada obliga a que parte de ella se sitúe al nivel de la plaza y parte junto a una escalera. Destaca su arco de medio punto que da paso al pórtico, con tres vanos y uno de ellos da luz al zaguán. En la primera planta aparecen cuatro venos, dos de ellos hacia la plaza, que son dos puertas ventanas que dan luz a la sala capitular. El piso superior solo presenta dos ventanas más estrechas e iguales a las de la fachada posterior.

En su interior, solo queda de su original disposición la caja de escaleras, situadas a la izquierda del edificio, y la sede de sesiones, que ocupa todo el piso noble hacia la plaza, aunque ambas dependencias han sufrido modificaciones. El resto del edificio ha sido plenamente transformado en su interior a lo largo del tiempo.

El Salón Principal es su sala más ornamentada. Su pintura contiene una galería de personajes ilustres de Vergara, que data de los últimos años del siglo XIX.

CASA ADYACENTE

La casa adyacente surgió de la voluntad de Lucas de Longa de levantar una casa de su propiedad en uno de los espacios vacíos de la plaza, adquiriéndolo en 1687. Tras comenzar las obras con brevedad para terminar la plaza, quedó paralizada en 1699 y pasó a propiedad municipal.

Las obras de esta casa terminaron en 1709, tras pasar por las manos de varios maestros canteros como Andrés de Larrañaga, Jacobo de Jauregui Ayesta, Miguel de Bascaran y Domingo de Iturbe, y carpinteros como Juan Sáez de Garitano y José de Muguerza.

El edificio se corresponde de forma arquitectónica y ornamental con la Casa del Concejo. Se mantuvo el piso bajo con cuatro arcos continuando el pórtico adyacente de seis, pero son más estrechos. En el piso noble se dispusieron cuatro puertas ventanas, y en el nivel superior se abrieron otros cuatro vanos más estrechos y sencillos, pero en consonancia con el resto del conjunto. La cornisa superior y las ménsulas de los balcones son una reproducción de la del ayuntamiento.

El muro lateral presenta una organización pareja a la de la fachada norte del ayuntamiento, basada en arco de acceso al soportal, dos amplios vanos en el primer miso y dos menores en el superior.

LATERAL DE LA CASA ADYACENTE

El 14 de febrero de 1729 una campaña de reformas comenzaba sobre la original diseñada por Lucas de Longa. El derecho a la sisa sobre el vino, concedido por Felipe V el 14 de octubre del mismo año, permitió financiar el proyecto que habilitaba balcones con verjas de hierro y caños para recoger aguas pluviales, en el exterior. En el interior, pasaba por una remodelación de la sala principal, la caja de escaleras sobre la que se habilitó un aposento para presos y otras obras menores. En 1731, también se colocaron vidrieras en los balcones de la salida principal, por el maestro pintor Juan Ángel Barón de Guerendian. Los herrajes de los balcones fueron realizados por Antonio de Elorza, maestro de Elgoibar procedente de una destacada familia de ferrones.

Con la colocación de la balconería se completaba el exterior del edificio y tendía a unificar la Casa Consistorial con la casa adyacente.

ESCALERA INTERIOR CON MURAL DE SAN MARTÍN DE AGUIRRE EN JAPÓN

12/03/2026

Casa concejil moderna de las villas de Guipúzcoa


Desde que la administración de las villas de Guipúzcoa evolucionara durante la Alta Edad Media del modelo de Concejo abierto hasta el Concejo cerrado, no se precisaba ya de grandes espacios al aire libre o de toda una iglesia. La reunión restringida de unos privilegiados, es decir hidalgos con pureza de sangre, bastaba una habitación, un zaguán o una buhardilla: cualquier estancia a cubierto donde deliberar y decidir sin la intromisión de los vecinos exentos.

Por orden aprobada en las Cortes de Toledo de 1480, era obligatorio acondicionar en el plazo de dos años "casa de ayuntamiento e cabildo en que se ayunten", a fin de que la vida municipal se desarrollara conforme a la dignidad que los Reyes Católicos deseaban para sus poblaciones. El texto dice así:
"Porque paresce cosa desaguisada e de mala governación que las ciudades e villas de nuestra corona real no tengan cada una su casa pública de ayuntamiento e cabildo en que se ayuntar, las justicias e regidores a entender en las cosas complideras a la república que han de governar. Mandamos a la justicia e regidores de las ciudades e villa e lugares de nuestra corona real que no tienen casa pública de cabildo e ayuntamiento para se ayuntar, que dentro de dos años primeros siguientes, contados desde el día en que estas nuestras leyes fueren pregonadas e publicadas, fagan cada una ciudad e villa su casa de ayuntamiento e cabildo en que se ayunten, sopena de que en la ciudad e villa donde no se fiziere dentro del dicho término, que dende en adelante los tales oficiales hayan perdido e pierdan los oficios de justicias o regimientos que tienen."

Ya para entonces, Elgoibar contaba con casa concejil propia, ubicada sobre la muralla en la plaza de Arriba, y muy pronto Villafranca dispuso de una pequeña vivienda para el mismo menester. Azkoitia hizo de una torre la sede de su consistorio, al igual que Tolosa en la torre de Andía. No obstante, este última al igual que Azpeitia y otras villas importantes, todavía a comienzos del siglo XVI, carecieron de un concejo fijo.

CASA CONSISTORIAL DE AZKOTIA

Algunos autores han señalado que precisamente a partir del siglo XVI, los pueblos y ciudades donde se reunían las Juntas Generales de la provincia fueron los primeros en acometer la construcción de casas concejiles dignas en amplitud y calidad. Las dieciocho localidades que acogían por turno a las Juntas Provinciales eran: Hondarribia, Hernani, Rentería, San Sebastián, Tolosa, Villafranca, Segura, Zarautz, Getaria, Zumaia, Deba, Mutriku, Azkoitia, Azpeitia, Zestoa, Elgoibar, Mondragón y Bergara.

Ocurre que en ocasiones fueron otras poblaciones no pertenecientes a este selecto grupo las que fueron pioneras en edificar su casa concejil. Así, el ayuntamiento renacentista de la regia Salinas, de estilo sobrio y poco funcional, fue un incipiente de la moderna organización municipal "cerrada" en la Guipúzcoa del siglo XVI. Otro notable primerizo que no formaba parte de las Juntas itinerantes en el Ayuntamiento de Lezo, como así refiere el mejor ensayo publicado sobre arquitectura consistorial guipuzcoana escrito por Blanca Sañudo-Lasagabaster llamado Estudio histórico y arquitectónico de las Casas Consistoriales guipuzcoanas de los siglos XVII y XVIII (1985).

Por el contrario, los más importantes palacios consistoriales de las villas junteras datan en su mayoría del siglo XVIII, con algunas excepciones del XVII, siendo el primero el espléndido Ayuntamiento de Zestoa. Pero seguro que existieron antes que esta otros, sin duda, pero de modesta entidad.

Durante los siglos XV y XVI, las poblaciones guipuzcoanas se dotaron de pequeñas e inadecuadas casas, a menudo prestadas por los vecinos, para las reuniones de sus justicias y regimientos en concejo cerrado. Mientras que la asamblea general, convocada "a campana tañida" cada vez que algún asunto así lo aconsejara, se celebraba en las iglesias o alrededores, en soportales o al aire libre si el tiempo acompañaba. Por tanto, las dieciocho poblaciones que servían de sede a las Juntas Generales disponían de locales más acondicionados y espaciosos, pero raramente notables.

CASA CONSISTORIAL DE ARRASATE MONDRAGÓN

Habría que esperar hasta el siglo XVII y, especialmente, XVIII para que las villas afrontasen la construcción de esos grandes ayuntamientos que por su personalidad arquitectónica forman parte sustancial del patrimonio actual. Estas casas consistoriales ilustran sobre el enorme crecimiento económico de aquel período, condición sin la que no hubieran podido estos municipios dotarse de tan magníficas arquitecturas. Su estilo era sobrio, algo altanero y sólido, cualidades del Barroco civil de su época que simbolizan la vitalidad de las comunidades del territorio.

Según al antiguo cronista Carmelo Echegaray:
"Quien contemple las Casas Concejiles de que se ufanan en Guipúzcoa pueblos de tan reducido vecindario como Anzuola, Legazpia y Asteasu, no podrá menos de ver en ellas un signo de la grande importancia que en esta tierra tuvo la vida municipal.

Según Chueca Goitia en Breve historia del urbanismo (1968), era tiempo de "plazas reclusas" presididas por un ayuntamiento soberano, patriarcal y vigilante. Las villas eran plazas amuralladas y cerradas en un tiempo donde la vida municipal decaía en beneficio del poder central cada vez más absoluto.

Pero, según la opinión de Sañudo-Lasagabaster, las plazas vascas a diferencia de las castellanas:
"no tenían la función de formar un espacio cerrado, aislado, ostentoso y representativo del ceremonial barroco, sino que eran lugares públicos que pretendían ser el escenario de sus ancestrales juegos y tradiciones, que poseían muchas veces un eminente carácter rural y familiar, contrario al aparato que estaba de moda en la época."

Por eso la plaza vasca es "abierta", renuente a los desafíos perspectivos, pero no menos racional y demostrativa, en suma, de una cultura municipal muy arraigada. A pesar de que Guipúzcoa era una de las zonas del Reino de España más afectos al gusto por el estilo Barroco que arquitectónicamente interpretó con exquisita personalidad, apenas lo desarrolló en sus trazas urbanísticas, donde sólo en ocasiones se aprecia esa radical ruptura entre las formas y sus moradores, entre la realidad y el sujeto que la identifica específica del barroco.

En cambio, si existe una geometría simbólica en el eje formado por el ayuntamiento, la iglesia y el frontón. Ya también plazas-calle más en funciones de desahogo urbano que de amplio escenario, como los casos de Bergara o Antzuola, e incluso ayuntamientos medianeros incorporados a la calle misma, como los casos de Handarribia o el primitivo Aretxabaleta.

CASA CONSISTORIAL BERGARA

El siglo XVII, comenzó con la edificación del Ayuntamiento de Zestoa (1601), y se alzaron los de Rentería (1605), Ataun (1658), Usurbil (1666), Tolosa (1672), Beizama (1674), Oiartzun (1676) y Bergara (1693).

Durante esta primera fase constructiva se evidencia aún con nitidez el vasallaje estilístico respecto a los palacios clasicistas y a los caseríos de la época.

La arquitectura rural vasca dejo su huella en las mansiones urbanas, en los palacios y a través de éstos en las casas capitulares, que adoptan del caseríos la planta rectangular aglomerada, exenta de patio central. También es característico el portalón, recreando el soportal con arcos de sillería (arkupe) y hasta frontoncillo interior. Por último, los enormes aleros tallados sobre cornisa que, tanto en palacios como en concejos, adornan el remate de la fachada.

Así, el palacio vasco constituye una versión "hidalga" del caserío rural, y asimismo, la casa consistorial forma una variante del palacio. Durante el siglo XVII, este fenómeno es notorio. La arquitectura municipal fue enriqueciéndose con las aportaciones del barroco y ofreciendo una lectura singular que reúne las influencias tradicionales con las necesidades de los edificios concejiles. Su culminación llegó, ya en el siglo XVIII, de la mano de una generación de magníficos arquitectos que innovaron y reinterpretaron con habilidad los cánones del pasado produciendo el estilo elegante, funcional y expresivo propio de los consistorios barrocos.

La casa consistorial de Bergara, obra de Lucas de Longa en el último cuarto del XVII, resume todas las virtudes de los palacios municipales renacentistas y supo anticipar los rasgos definieron el barroco capitular. Por primer vez se levantó un edifico sobre seis arcos en eje vertical con otros tantos vanos ricamente abalconados. Gruesas ménsulas sostienen las cornisas con amplia voladura, y una soberbia ornamentación de tres escudos y fustes con filacterias fueron añadidas como escudos de armas en su fachada.

Supone un hito entre dos periodos: el del Barroco (siglo XVII), que trajo construcciones ya importantes (Zestoa, Tolosa, Oiartzun) pero de excesiva severidad, algo rígidas y átonas; y de los ayuntamientos de la Ilustración (siglo XVIII), donde los Carrera, Ibero o Lizardi desarrollaron un estilo más enfático y vivaz.

La dotación interior de dependencias para todos los servicios municipales de una villa muy próspera consiguieron que el Ayuntamiento de Bergara se convirtiera en uno de los más señeros ejemplares de la arquitectura vasca.

27/08/2025

Industria armera de Elgueta


Elgueta - Elgeta se ubica en un promontorio poco resguardado, en la Comarca del Alto Deva, estratégicamente situado en la frontera de Guipúzcoa con Vizcaya. Fue fundada por el rey Alfonso XI en 1335, en cuya carta puebla que concedió:
"...por facer bien y merced a todos los que quisieren venir, poblar e morar en la puebla nueva que se face en los campos de Maya, a la cual puebla ponemos el nombre de Elgueta, que es frontera de vizcaya."

Desde la Baja Edad Media, su economía había sido eminentemente rural, con una comunidad campesina dedicada a la ganadería. En los siglos XIII y XIV, se produjeron los auges de las ferrerías y el comercio de hierro y lana castellana. Pero, en el siglo XVI, Elgueta se había convertido en una de las principales poblaciones vascas en la elaboración de lanzas y picas, especialmente en la plantación de astas de madera de fresno. En esto tuvo mucho que ver su proximidad con la vecina Elorrio, núcleo central en la fabricación de estas armas blancas.

El negocio de la plantación de fresnos y nogales en viveros estuvo vinculado a muchos vecinos, cuya madera fue suministro de materia prima a la comunidad de lanceros más poderosa, la de Elorrio. El hecho de estar rodeada de poblaciones dedicadas a la industrial artesanal del hierro en general, y del armamento en particular, como Éibar, Vergara y Elorrio, influyó en este movimiento.

PICAS DE ELGUETA EN LOS TERCIOS DE FLANDES

Elgueta producía una amplia gama de instrumentos de hierro. Se dedicaban a la fabricación de herraje, clavazón, hachas y herramientas agrícolas, piezas de madera para picas y lanzas, incluso armas de fuego como arcabuces, mosquetes y toda la asteria. Dichos productos artesanales eran colocados en el mercado a través de sus propios mercaderes, incluso formando compañías comerciales. El principal cliente de su producción fue el Ejército español con destino a los Reales Tercios de Infantería desplegados en Flandes.

Campesinos y armeros profesionales de Elgueta y Elorrio coordinaban la producción de los viveros con la de los talleres dedicados a fabricar las cuchillas aplicadas a las puntas de lanzas, elementos metálicos sujetos a la madera mediante anillas o clavos. Desde el siglo XVI, la pica se había convertido en un arma fundamental para repeler el ataque de una infantería o caballería enemiga por parte de los Reales Tercios de Infantería españoles. Consistía en una punta afilada de acero montada en un asta que podía medir de cuatro a seis metros de longitud. La eficacia de esta arma perduró hasta el siglo XVIII, cuando fue sustituida por la bayoneta.

Los fresnos destinados a lanzas que se plantaban en viveros de Elgueta y otras villas próximas se cuidaban por campesinos para que creciesen en las condiciones necesarias para su posterior conversión en picas. Según los contratos firmados con la Corona, las astas debían medir entre 24 y 25 palmos, unos 5 metros, "ser muy bien proporcionadas y no delgadas ni barrigudas y que no tengan ningún nudo". También se indicaba que las piezas estuviesen "muy cepilladas y lijadas, bien labradas y untadas", y sólo tras cumplir estas condiciones los oficiales reales pagarían a los armeros. En 1570, el precio de una docena picas estaba en 28 reales, mientras que, en 1579, había subido a 35 reales.

Además de la actividad dedicada a las asta en el vivero y el caserío, la fabricación de picas en Elgueta implicaba a los ferrones, encargados de elaborar las cuchillas, así como los anillos y clavos destinados a encajar dicho elemento metálico sobre el extremo de la asta de madera. Después de la fábrica y supervisión, se realizaba el transporte a través de mulos y carros en dirección a los puertos marítimos vascos o el interior peninsular.

TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO DE PICAS

Otro tipo de oficio relacionado con la asteria en Elgueta fue el de asesor. Existieron colaboradores desplazados por los principales mercados de la España peninsular, que incluía también a Portugal en tiempos de la Alta Edad Moderna: Sevilla, Madrid, Cádiz, Lisboa, Évora, etc. Servía como consejeros en aspectos técnicos y logísticos para mercaderes en sus tiendas. Un caso representativo es el de Domingo de Ansoategui, natural de Elgueta, quien fue contratado en Sevilla por Martín García de Irigoyen durante cinco años como "mozo aprendiz".

Una de las sagas más prósperas en el negocio asterio de Elgueta fue la de Marquiegui, encabezados por Martín Pérez de Marquiegui, que tenían fresnedas junto a la casa-solar. A inicios del siglo XVI, Martín se asoció con otros dos asteros de Elgueta, Martín de Mendizábal y Juan Ochoa de Arriola para formar una compañía mercante con un capital social de 17.000 ducados y basada en el "trato de fierro y asteria" en Sevilla.

Otros astero-mercaderes de Elgueta en aquel tiempo de máxima expansión del negocio de la piquería fueron Pedro Pérez de Berraondo, Juan Sáez de Alday o Juan de Jauregui.

PICAS VASCAS EN LOS TERCIOS DE FLANDES

Sobre la fabricación de armas de fuego existen noticias como el contrato firmado en 1569 por el cual un grupo de vecinos armeros, encabezados por Francisco de Urizar, se comprometían a elaborar 300 cajas o cureñas en madera de nogal para arcabuces. El mismo año, Martín de Olayeta también tuvo que fabricar otras 200 cureñas "de la munición de su Magestad", todas ellas para el maestro Juan de Loyola. En 1581, Pero Ochoa de Arriola, vecino de Elgueta, se asoció con otros dos armeros de la villa para limar importantes cantidades de cañones de arcabuces para el veedor real Lope de Elío.

Pero la asteria constituía la principal actividad económica para sus vecinos, mezcla de forestal y artesanal, dirigida al campo mercantil.

La implicación del conjunto de esta comunidad en el negocio de los fresnos para picas alcanzó también a las mujeres. Se conservan una variedad de contratos que así lo expresan. Por ejemplo, en 1587, María Joanes de Ojanguren vendió 220 fresnos por 100 ducados. En 1613, Domenja de Sagastiguchia vendió un terreno lleno de fresnos por 171 ducados. María Ochoa de Olazeta se involucró en el negocio de su fresneda, pues su marido había marchado a Indias por una larga temporada. En 1570, la viuda Marina de Izaguirre vendió "todos los fresnos que están plantados en las heredades de la mi mi casa y casería de Içaguirre e fuera de ellas, en que todos son dozientos y noventa fresnos con demora y espacio de diez años los ciento ochenta de ellos, e los demás con demora de doce años" a favor de Pablo de Angiozar. Las astas eran dejadas en herencia por padres armeros a sus hijos en concepto de dote. Juan de Sustaiza dejó en herencia a sus dos hijas una dote de 80 pies de fresno.

CARROS ARRIEROS DE PICAS VASCAS

03/02/2025

Industria armera de Mondragón


Han sido varios los autores que a lo largo de la historia de la villa guipuzcoana de Arrasate-Mondragón han dejado por escrito esta actividad, desde el cronista Esteban de Garibay en su Compendio historial en el siglo XVI, hasta Baltasar Melchor de Jovellanos y Santiago Palomares en la Ilustración. En época reciente, y realizando una historiografía más científica y moderna, destacan Julio Caro Baroja, Genaro Rosado Rosado y José Ángel Barrutiabengoa. Son destacables las publicaciones de José Antonio Azpiazu en El acero de Mondragón en la época de Garibay, y Ramiro Larrañaga en Espaderos vascos en Toledo.

Desde la Edad Media, la economía de Mondragón ha girado en torno a la metalurgia, generando una época de esplendor en el siglo XVI. Según el cronista real dejó escrito en su Compendio historial: "…, como por ser pueblo de mucha contratación, donde se labrava grande abundancia de acero y hierro, y otras mercadurías…"

La primera causa de esta revolución metalúrgica fue la cercanía de la peña de Udalaitz, al norte de la villa, con 1.092 metros en su cima, límite de Vizcaya y Guipúzcoa, y en cuyo subsuelo se formaron las venas de mineral de hierro.

Además, el rey castellano Alfonso X el Sabio, al poco tiempo de fundar la villa aforada en 1260, ordenó que las "venas de la ferrería de Mondragón se labren en la villa". Es decir, "que las aizeolas bajen al núcleo urbano para transformarse en agorrolas que emplean la fuerza hidráulica". Así es como aquellas primeras ferrerías de montaña se ubicaron en las calles de Olarte y de Ferrerías, junto al río Deva.

En las primeras ordenanzas de la Cofradía de San Valerio quedó patente que la mayor parte de los casi 1.900 mondragoneses vivían entonces a la extracción y laboreo del mineral de hierro para la obtención del acero y su transformación artesanal en la "cal de las ferrerías".

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

La actividad metalúrgica tenía tres fases: de extracción, de base y de transformación final.

La extracción del mineral se realizaba por los venaqueros en el monte Udalaitz, del que se tienen indicios de que había acero natural.

La segunda fase del proceso se realizaba en las ferrerías masuqueras. En ellas se fundía el hierro, consiguiendo que las impurezas fluyeran formándose una capa líquida que impide que el Dióxido de Carbono fuese expulsado al exterior. Ese CO2 y, por lo tanto, parte del carbono quedaba diluido en la masa, el hierro se enriquecía y obtenían la raya.

La última fase correspondía a las ferrerías tiraderas, que introducían la raya en el horno con el carbón y mineral o trozos de hierro, y así obtener el acero. Después llegaba la prueba de la fractura para comprobar la calidad de acero. Se hacía necesaria la cercanía del cauce de un río, en este caso el Aramayona. Mediante unas tenazas, el tirador introducía la barra caliente en el agua para templar la punta, la enfriaba y rompía, y observaba si tenía suficiente calidad. El ensayo decidía si el grano era fino, y se consideraba apto; pero si el grano era basto, tenía que seguir afinándolo.

Según José Antonio Azpiazu, en el siglo XVI "eran cuatro las ferrerías masuqueras que funcionaban en la villa: Zalgibar, Zubiate, Legarra e Ibarreta". Las ferrerías tiraderas se contaban entre 60 y 70, y la mayoría se localizaban en la calle Olarte.

MONTE UDALAITZ

Este proceso metalúrgico de dos fases de transformación era característico y exclusivo de Mondragón, así como el método de forja que empleaban sus espaderos. Así lo dejó escrito uno de los principales políticos de la Ilustración española, Baltasar Melchor de Jovellanos. Según este, los espaderos mondragoneses alternaban barras cuadrados de acero y hierro de manera que se conjugaban las características de la tenacidad del hierro y la dureza del acero.

Según Genaro Rosado, una buena espada mondragonesa debía:
"tener dureza, tenacidad (resistencia a los golpes), flexibilidad, actitud para pinchar y cortar, y sobre todo, aptitud para adquirir temple otra vez después de reparar y amolar. Si era una espada de acero de Mondragón se podía volver a templar, pero las que se fabricaban por ejemplo en Solingen (Alemania), no. Una vez que habían pasado por la piedra esmeril se había acabado el acero. Porque solamente estaban carburadas, es decir, aceradas, en la superficie."
Este experto ha comprobado que los métodos de forja eran distintos en Mondragón y en Toledo. En la capital del Tajo consistía en un "alma de hierro puro y dos tejas de acero de Mondragón".
"La operación más delicada era la puntada, que consistía en unir el alma y las dos tejas un punto, y a partir de ahí desarrolla la forja en distintas fases que correspondían a 3 caldas sucesivas. Era un sandwich. Es lo que veríamos si seccionamos una espada."
A continuación venía el templado. El acero forjado, "que es dúctil y maleable, lo metemos en el horno, lo calentamos y lo enfriamos rápidamente para obtener un acero templado, que es duro y frágil. Por lo tanto hay que ablandarlo de alguna manera y se le da un revenido a baja temperatura (unos 300 grados). Y así obtenemos un material duro, tenaz, flexible y templable."

Era una técnica refinada de soldadura de barras de acero, a "la calda", a martillo sobre yunque, difícil de realizar correctamente y dominada por aquellos maestros espaderos.

FORJA DE ESPADAS EN FRAGUA DE MONDRAGÓN

En 1775, el rey Carlos III comisionó al técnico Santiago Palomares para la organización de la Real Fábrica de Espadas de Toledo. Entonces, elaboró una detallada relación de todos los espaderos que habían labrado espadas hasta el siglo XVIII. En la llamada Nómina de Palomares, Santiago dejó escrito que:
"El acero que gastaban en la fabricación de espadas en Toledo, desde sus principios era el de la fábrica antigua de Mondragón, única en España por aquellos tiempos, celebrada casi por todo el mundo por rica y abundante y cuya espadas después de algunos siglos subsisten hoy de calidad tan sobresaliente que son apreciadas por las mayor parte de las naciones del mundo por su fortaleza, hermosura y finísimo temple."
Estas alabanzas al acero de Mondragón eran coincidentes con las descripciones tan favorables que, dos siglos antes, hizo sobre la industria de su villa natal Esteban de Garibay. Según su Compendio historial de la Historia de España:
"También se labra hazerro, pero en sola la villa de Mondragon, siendo el mas fuerte, que se sabe hacer en parte alguna, en tanto grado, que aunque de espada, o otra cualquiera arma, labrada d'este metal, se tornen a hacer cinco y seis cosas, en cada una tornando al fuego, nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian; porque tornando segunda vez en el fuego, se convierten en hierro, perdiendo la fortaleza que como hazero devrian tener. A esta causa los herreros de Castilla quieren mas el hazero de Milan, porque con ser tan blando, que casi es hierro, gastan menos carbon, tiempo y trabajo, y como después lo hecho es hecho, no tiene cuenta con mas, de que una vez se venda la cosa y allá se avengan el dueño, y lo que lleva. D'este hazero se gasta en Navarra, y mucho mas en Francia, y poco en Castilla. Abunda esta tierra de diversos géneros de armas, assi offensivas, como defensivas, que en ella se labran, especialmente arcabuzes, moxquetes versos, y otros instrumentos de fuego, que mas que en otra parte se labran en Mondragon y Vergara, y mucho mas en Plazencia. Armas de bastas, con sus hierros, picas, lanças, medias lanças, dardos y dardes, azcones, y en Portugal chuças, y otras armas y herramientas sotiles de cuchillos y cosas a ello adherentes en Tolosa y Vergara…"

Como dejó constancia Garibay, los arcabuces, mosquetes y otras armas de fuego llegaron a ser de tal extraordinaria calidad y fama que se comercializaron por gran parte de Europa y a los Virreinatos del Imperio español.

ARCABUCEROS DE LOS REALES TERCIOS

Análisis metalográficos e investigaciones documentales ratifican la excelencia del acero de Mondragón y mineral de Udalaitz y lo complejo de la elaboración, demostrando una absoluta coincidencia entre los procesos descritos por los archivos y los datos obtenidos por análisis científicos modernos.

Cuando Garibay escribió que "nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian" no se trata de un invento del cronista vasco. Existieron pleitos de la época que trataban de defender la calidad del acero mondragonés de la de otros mercados extranjeros. Los fabricantes de Solingen en Alemania y de Milán en Italia frecuentemente marcaban sus productos, de inferior calidad, con la marca de conocidos maestros espaderos vascos, para hacerlos pasar como productos fabricados por ellos.

La dimensión del fraude debía ser importante, pues se adoptaron medidas para evitar confusiones o mezclas con otros aceros menos competitivos. Así, en 1553, las Juntas Generales de la Provincia de Guipúzcoa trataron el asunto y prohibieron su importación por el daño que se causaba a sus forjadores.

Según el historiador José Antonio de Azpiazu en su obra El acero de Mondragón en la época de Garibay, la calidad de este acero era muy considerado en los Reales Tercios de Infantería españoles, y los administradores y veedores reales imponían una serie de condiciones a los fabricantes. Entre las condiciones para la construcción de los arcabuces y mosquetes, había una especialmente clara: las llaves de las armas de fuego habían de ser construidas con acero de Mondragón.

ARCO DEL PORTAL DE ABAJO EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Toda una población de más de dos mil habitantes "nada labradoriegos", en palabras de Garibay, vivía en torno a una industria metalúrgica con gran presencia en los mercados más importantes de la época, incluido Toledo. Y, desde Sevilla, se embarcaban las espadas y otras armas con destino a los virreinatos del Imperio español.

Según otro historiador vasco, Ramiro Larrañaga, para la fabricación de armas blancas en Toledo, se empleaba el acero de Mondragón. La villa guipuzcoana era la única que por aquellos tiempos disponía de materia prima de tan excelentes cualidades y de la misma "procedían los hermosos aceros donde tuvieron origen las inimitables espadas toledanas".

Quienes apreciaron este acero fueron los franceses. Compañías mercantiles mondragonesas comerciaban con las principales ciudades portuarias del Atlántico francés. A su vez, comerciantes franceses compraban directamente en Arrasate a través de sus factores establecidos en San Sebastián y Bilbao.

Pero las venas del mineral férrico del monte Udalaitz comenzaron a escasear, coincidiendo en el tiempo con el declive de la industria militar espadera que marcó la derrota de los Reales Tercios de Flandes en la batalla de Rocroi en 1643. Ahí comenzaba la decadencia que pondría fin a uno de los capítulos más gloriosos de la historia de Mondragón.

MONUMENTO A LA INDUSTRIA EN ARRASATE - MONDRAGÓN

03/06/2024

Vergara ilustrada y liberal


En el siglo XVII, Vergara era un punto comercial de primera magnitud en la provincia, ya que abastecía de trigo a todo el valle del río Deba, poseía el mayor número de molinos harineros, y un buen número de ermitas e iglesias. Era el domicilio del mayor abolengo, de comunidades religiosas, teniendo un colegio jesuita con más de trescientos alumnos. El señorío, el comercio y la intelectualidad que reunía Vergara hicieron que se convirtiera en el siglo XVIII en uno de los principales centros culturales del norte de España, factores que influyeron en la construcción de su magnífica Casa Consistorial.

CASA CONSISTORIAL DE VERGARA

Ya en el siglo XVIII, con la llegada al trono español de la dinastía de los Borbones, se ejecutó un plan de reformas políticas, económicas y sociales, y con ello una serie de revueltas campesinas. En Vergara estas medidas no sentaron nada bien entre sus vecinos, por eso, en 1709, estuvo a punto de ser asesinado el alcalde y varios concejales durante la celebración de una asamblea vecinal. Y lo mismo pasó en 1718, durante la revuelta contra el traslado de las aduanas a la costa, en la cual Juan Antonio de Recalde y varios de los junteros de la villa perdieron parte de su patrimonio. Pero en esta asonada, los vergareses franquearon las puertas a los revolucionarios de Elgeta, Azpeitia, Salinas, etc.

En 1755, se practicaron detenciones preventivas ante la posibilidad de una nueva revuelta. Pero la asonada más grave tuvo lugar en 1766, concretamente conocida como "Matxinada", desencadenada por la especulación cerealística de grandes propietarios, comerciantes y diezmeros en plena crisis de subsistencia. Vergara se opuso a los insurrectos de Elgoibar, Mendaro y Placencia cuando intentaron ocuparla. El mismo rey Carlos III, su Corte y su gobierno premiaron esta actuación, cuyas causas en los intereses particulares de Vergara para aliarse en esta ocasión con el bando oficial.

En 1767, Carlos III expulsó a los miembros de la Compañía de Jesús de cualquier territorio español, ante el jubilo de los ilustrados vascongados. Desde el mes de abril, el colegio jesuita de la villa quedó vacante, lo que motivó una petición de parte del Consistorio para que el Estado lo transformase en un centro de estudios en consonancia con las modernas cátedras europeas.

PALACIO IZAGUIRRE-MOYA EN PLAZA DE SAN MARTÍN DE AGUIRRE

En este ambiente de la Ilustración carlotercista, irrumpió la figura de Francisco Javier Munibe Idiáquez, conde de Peñaflorida, un aristócrata con formación en Francia y varias veces diputado general de la provincia. Mediante la ejecución de un programa educativo ambicioso basado en las nuevas ideas enciclopeditas pretendía transformas las provincias vascas:
"Cultivar la inclinación y el gusto de la Nación Bascongada por las Ciencias, Bellas Letras y Artes; corregir y pulir sus costumbres; desterrar el ocio, la ignorancia, de funestas consecuencias, y estrechar más la unión de las tres provincias."
El primer paso lo dio constituyendo la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País, un acontecimiento histórico al que Vergara sirvió de escenario el 24 de diciembre de 1764. Fue la primera de las Reales Sociedades Económicas en España, y sobre este modelo se fundaron otras 83 sociedades análogas. Con el apadrinamiento regio, se otorgó a la Sociedad el antiguo colegio jesuita, sito en la céntrica plaza de Aguirre, para la sede. El Real Seminario de Vergara fue inaugurado en noviembre de 1776.

Los laboratorios de Vergara eran, según el sueco Thunborg, incomparablemente superiores a los más importantes de Europa, y fuente de hallazgos sensacionales para la ciencia de la época. Entre sus logros estuvieron el descubrimiento del tungsteno (wolframio), la maleabilidad del platino y diferentes procedimientos de fundición de aceros.

Un extracto de la publicación Bergara. Semblanza histórica, publicada por Antonio Urcelay en 1990:
"De este Seminario de Bergara toman parte científicos de toda Europa, preocupados por los descubrimientos que logran en nuestros laboratorios de investigación; relaciones de buena amistad con los sabios de la Universidad de Edimburgo y con los profesores más distinguidos de Suecia y Francia. Se empleaban los mejores procedimientos de fundición, se ocupaban de plantar el lino de Riga, al tiempo que se ocupaban de obtener los mejores instrumentos de arar, experimentaban abonos, se preocupaban de la reforestación, presentaron un proyecto que fue sometido a Floridablanca de poner en comunicación el Cantábrico con el Mediterráneo por la unión del Deba y el Zadorra con el Ebro. En una palabra, todo un auténtico estudio de Universidad Vasca, con una decidida proyección hacia Europa."

REAL SEMINARIO DE VERGARA

Para muchos ilustrados la Revolución francesa de 1789 representaba la materialización política de sus ideales enciclopédicos, por eso al comenzar la Guerra de la Convención francesa a finales de siglo la interpretaron como una cruzada por la libertad contra el Absolutismo. Cuando se produjo la invasión en 1794, al Ejército francés no le importó lo más mínimo el afrancesamiento cultural de los estudiantes y maestros del Seminario de Vergara, como la tampoco la diplomática y conciliadora actitud de la Diputación de Getaria, dispuesta a negociar un acuerdo de independencia de la provincia. En Vergara, los destrozos y saqueos fueron gravísimos, como relata Imanol Sorondo en su publicación La Guerra de la Convención desde un municipio guipuzcoano, de 1988.

La Guerra de la Convención consumó la derrota del ideario ilustrado y, con ella, el fin del sueño vergarés de Xabier Munibe. El centro académico de la plaza de San Martín de Aguirre continuó en funciones, pero en decadencia hasta su final en las Guerras Carlistas.

En 1813, Vergara sufrió los terribles efectos de un Ejército napoleónico en retirada, durante la Guerra de la Independencia española. Esta contienda generó una división de la nación española entre absolutistas y liberales, con fueristas vascos por medio. Vergara, con un tradicional espíritu abierto a las corrientes renovadoras, se declaró partidaria del bando liberal.

Durante el Trienio Liberal de 1820-23, también se declaró en contra de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en la primavera de 1823 para restablecer a Fernando VII en la Corte madrileña. En esta villa se encontraba Gaspar Jáuregui, afamado héroe guerrillero en la resistencia anti-napoleónica, elevado al cargo de coronel al frente de casi un millar de hombres de toda la provincia agrupados en Vergara para combatir contra las huestes del duque de Angulema.

ABRAZO DE VERGARA ENTRE LOS GENERALES MAROTO Y ESPARTERO

Vergara participó en las guerras, pero también en las paces. El llamado "Abrazo de Vergara" puso final a la primera de las tres Guerras Carlistas. Al estallar la guerra en 1934, se unió al bando cristino, defendiendo el Estado liberal y su Constitución. Entonces, tuvo que hacer frente al furioso ataque de 2.000 carlistas que sitiaron la villa sin éxito. En consideración a la defensa, Isabel II de Borbón repartió distintos privilegios en la población. Nueve meses después, el general carlista Tomás de Zumalacárregui forzó su rendición. Entonces, la milicia liberal vergaresa se trasladó a San Sebastián para seguir resistiendo.

La reconciliación llegó en verano de 1839. Ambos bandos, agotados por seis años de combate, entablaron conversaciones en Oñate, sede del pretendiente Carlos. El acuerdo resultó que Espartero, líder de los liberales, aseguraba la permanencia de los fueros vascos, y Maroto, jefe de los carlistas, rendía sus veintiún batallones en la propia Vergara para acatar la Constitución.

El 31 de agosto, los bandos acudieron al acto de rendición, pero sólo ocho batallones carlistas estuvieron presentes, ya que no todos creyeron en una paz sin garantías. Rafael Maroto y Baldomero Espartero confirmaron mediante forma el acuerdo de Oñate sobre una mesa que se conserva en la Casa Consistorial vergaresa. El abrazo entre ambos fue un gesto simbólico. Según arenga de Espartero:
"Abrazaros, hijos míos, como yo abrazo al general de los que fueron contrarios nuestros."

TORRE OLASO Y MAGNOLIO

17/05/2023

Oñate villa renacentista


UNIVERSIDAD DE OÑATE

La villa guipuzcoana de Oñate - Oñati se encuentra en la comarca del Alto Deva, en un amplio valle rodeado de montañas, como la sierra de Aloña-Aitzkorri, y en la confluencia de los ríos Ubao y Olabarrieta. Fue formándose entre los siglos XIII y XV casi con los mismos barrios y arrabales que contiene en la actualidad.

La primera noticia documentada de la villa data de 1149. Fue señorío durante varios siglos y posteriormente condado, pero en ambos casos la autoridad dependía de su señor o conde, no del rey de Castilla como ocurría en el resto de villas guipuzcoanas.

La familia de los Vela fue la primera en disfrutar de los derechos señoriales sobre el pueblo, seguida por los señores de Guevara, que fueron más tarde nombrados señores de Oñate.

En 1389, tuvo una revuelta popular contra el poder condal, a efectos de conseguir más libertades. Se consiguió que el alcalde fuera elegido por el pueblo, no obstante, el conde tenía que ratificar al alcalde electo. A partir del siglo XVI, esta lucha se hizo más evidente, hasta que, en 1845, con el establecimiento del Estado liberal y la Constitución, se suprimieron por decreto los derechos señoriales, uniéndose Oñate a la provincia de Guipúzcoa.

A través de sus calles se alterna la arquitectura civil y la religiosa. Por su patrimonio arquitectónico y artístico, esta población monumental fue llamada por el pintor Ignacio Zuloaga como la "Toledo vasca".
"Oñati es tierra vasca milenaria, plena de huellas de su historia, es la villa más monumental de Gipuzkoa."

FACHADA DE LA UNIVERSIDAD DE OÑATE

Su obra arquitectónica más valiosa es la antigua Universidad de Oñate. Fue fundada en 1548, por el obispo y humanista Rodrigo Mercado de Zuazola, natural de Oñate, con el nombre Universidad "Sancti Spiritus". Su construcción comenzó en 1543, con el patrocinio del emperador Carlos V, con la bula del papa Pablo III, y can la participando del maestro cantero Domingo de la Carrera y el escultor Pierre Picart. Impartían teología, leyes, cánones, artes y medicina.

Es uno de los edificios más relevantes del Renacimiento vasco, de estilo plateresco en transición al manierismo puro.

La universidad fue estrictamente católica hasta que en 1869, tras la Revolución liberal de 1868, albergó la Universidad libre. Más tarde pasó a manos de los carlistas, quienes fundaron la Real y Pontificia Universidad Vasco-Navarra. A finales de siglo se convirtió en la Universidad libre católica, pero cerró sus puertas en 1901.

En la actualidad, desde 1989, el edificio acoge el Instituto Internacional de Sociología Jurídica. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y es Bien de Interés Cultural.

ESCUDO DE ARMAS DE LA UNIVERSIDAD DE OÑATE

El edificio tiene planta cuadrada articulada en torno a un sobrio claustro central, distribuido en dos pisos de arquerías de medio punto y decorado con medallones que representan a diversos personajes.

Sobresalen las gárgolas de estilo gótico en los aleros y las enjutas con escudos y medallones que portan efigies de figuras históricas y mitológicas, incluyendo al emperador Carlos V de España y su esposa Isabel de Portugal. La caja de la escalera que comunica las dos plantas se cubre con un artesonado de inspiración mudéjar.

En la fachada principal, el retablo plateresco tiene gran parecido a la del Convento de las Dueñas de Salamanca. A ambos lados se añadieron posteriormente dos pilastrones esculpidos con figuras de bulto, relieves y columnillas, y prolongadas con torrecillas que fueron inspiradas en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid. En las esquinas de las torres laterales se sitúan otros dos pilastrones algo más altas que las de la portada.

La iconografía del retablo representan valores y virtudes que resultan de la síntesis pagana y cristiana. Sobre la puerta de entrada aparece el fundador, el obispo Zuazola, arrodillado porque está rezando, por encima de él se sitúa el escudo de armas del Imperio español, que en tiempos de su fundación era Carlos V.

UNIVERSIDAD DE OÑATE

La Universidad de Oñati tuvo a Barrio Mier, hombre de confianza de Carlos VII, de decano de Derecho y al dramaturgo Álvarez Cienfuegos de alumno, o el teólogo Lope Ochoa de Oro Iturralde.

Pero sin dudas su hombre insigne fue su fundador, Rodrigo Sáenz Mercado de Zuazola. Fue el gran promotor del arte y de la cultura en su villa natal en pleno Renacimiento. Fue doctor en leyes y cánones. Ocupó varios cargos de responsabilidad de las jerarquías de la Monarquía española: miembro del Consejo del Rey, inquisidor en Zaragoza, gobernador del Reino de Navarra, presidente de la Real Chancillería de Granada, y obispo de Mallorca y Ávila.

PLAZA DE LOS FUEROS

El proyecto de la plaza de los Fueros se debe a Mariano José de Lascurain, participando también de la obra Antonio Cortázar. La Casa Consistorial es obra de Martín de Carrera, de estilo rococó un tanto afrancesado y muy decorado.

CASA CONSISTORIAL DE OÑATE

Una de las personalidades más importante de la historia de Oñate fue Juan López de Lazarraga, que nació en esta villa en el siglo XV. Pertenecía a una de las principales familias de Oñate y de la llanada alavesa, los López de Lazarraga. Estuvo al servicio de los Reyes Católicos, fue su secretario real y contador mayor del Consejo Real, contador mayor de la Orden de Santiago, y testamentario de la reina Isabel. Como militar, fue alférez en la conquista de Nápoles, y capitán en la toma de Navarra de 1512.

Su casa solariega es la Torre-Palacio de Lazarraga, contigua al Consistorio municipal, al otro lado de la calle Atzeko. Es un edificio inicialmente gótico reformado y ampliado posteriormente con la construcción del palacio. En la parte superior de la fachada principal se encuentra el escudo de armas del linaje Lazarraga.

La torre cuenta con unos esgrafiados muy castellanos en la fachada y garitones de rollo en sus cuatro esquinas.

TORRE-PALACIO DE LAZARRAGA
TORRE-PALACIO DE LAZARRAGA

El Monasterio de Bidaurreta partió de la voluntad de Juan López de Lazarraga, y de su mujer Juana de Gamboa, de alta linaje nobiliario, para construirse una sepultura digna de su alcurnia en su villa natal. Fundaron así este Monasterio de Clarisas franciscanas de Bidaurreta en 1510. Sus estilos son gótico, renacentista y mudéjar.

Son interesantes los dos retablos de la iglesia, el principal en barroco y el otro plateresco. Es el primer retablo tallado en estilo renacentista de Guipúzcoa.

MONASTERIO DE BIDAURRETA

Oñate fue un claro ejemplo de las luchas banderizas entre los linajes nobiliarios más poderosos, que construyeron elementos de control como eran las casas-torre. Estas estaban ubicadas tanto en laderas, como la de Zumelzegi, como junto a vados, puentes o caminos, como la de Olakua.

La Casa-torre Zumeltzegi se encuentra en una ladera a las afueras de la villa, en el arrabal Larraña. Es un edificio de origen medieval en estilo gótico, construido entre los siglos XIII y XIV. No fue desmochada por la real orden dada por Enrique IV de Castilla a mediados del siglo XV para erradicar las luchas de bandos. Pero tal vez, esta torre sea una remodelación de la original, cuya primera referencia documental es de 1489.

Es la casa solar y torre fuerte del poderoso linaje nobiliario de los López de Guevara, conde de Oñate, familia que sirvió tanto a los reyes de Navarra como de Castilla. Aún conserva el escudo familiar.

Construido en técnicas de mampostería, y de sillería en las esquinas y vanos. Posee planta cuadrada baja y tres pisos, cubierto por un tejado a cuatro aguas que sustituye al almenado original. La existencia de saeteras, el espesor de muros de hasta 1,8 metros en la planta baja, y la altura de casi 15 metros proporcionan a la torre un carácter más defensivo de la Baja Edad Media, que residencial palaciega como tantas del siglo XVI.

Actualmente, la Casa-torre Zumeltzegi albergan un hotel.

CASA-TORRE ZUMELTZEGI

La Torre de Urain, también llamada Torre de Zubiaur, es del siglo XV. Se encuentra al comienzo del casco histórico de Oñate, por lo que posiblemente tuvo una función defensiva o del cobro de peajes para acceder al interior de la villa.

Se trata de un edificio de planta rectangular con muros de mampostería, excepto la parte superior que es de ladrillo. En la fachada principal destaca el arco de acceso apuntado y adovelado, dos estrechos vanos que lo flanquean y otras dos ventanas con doble arco tribulado. El edificio actual fue restaurado en el siglo XX.

TORRE DE ZUBIAUR

A ambos lados de la calle San Antón y pegadas a la plaza del Primero de Mayo, se encuentran dos casas señoriales: la Casa Berganzo, también llamada Zaratekua, y la Casa Egaña.

CASA BERGANZO Y CASA EGAÑA OÑATI

La plaza de Santa Marina de Oñate ya existía en el siglo XII, siendo remodelada entre los siglos XVIII y XIX. A su alrededor destacan tres casas señoriales en cuyas portadas se ubican sus escudos nobiliarios.

El Palacio de Antia es un edificio construido en el siglo XVIII en estilo barroco. En la actualidad alberga el Instituto Internacional del Derecho Sociológico.

La Casa de Madinabeitia es de estilo barroco y el Palacio de Baruena es de neoclásico.

CASA MADINABEITIA

El Palacio de Don Pedruena es un edificio situado en la calle Ramón Irizar Zubibarri, entre las principales calles de Barria y Azteko. Fue reconstruido en el siglo XIX en estilo barroco tardío. Con tiene un elegante escudo de armas en una esquina.

PALACIO DON PEDRUENA CON ESCUDO NOBILIARIO

La Casa Otadui Jausoro fue construida entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Contiene un significativo balcón esquinero en el que se aloja un escudo de armas formado por azulejos.

CASA CON ESCUDO NOBILIARIO EN CALLE BARRIA

El Molino de San Miguel de Oñate, construido en el siglo XV, perteneció al poderoso linaje de los Guevara. Fue incorporando elementos de otros lugares, completando el conjunto con otras nuevas siguiendo modelos de diferentes procedencias. Alberga la oficina de turismo.

RÍO UBAO SOBRE OÑATE

La Casa Hernani es un edificio del siglo XVI, donde estuvo provisionalmente la Universidad, antes de la conclusión de las obras de ésta.

CASA HERNANI

La Iglesia de los Canónigos Regulares Lateranenses es un templo neogótico del siglo XIX.

IGLESIA DE LOS CANÓNIGOS REGULARES

La Parroquia de San Miguel Arcángel es el resultado de las aportaciones y yuxtaposiciones seculares. El edificio en su origen es un templo gótico de una sola nave.

En la cripta se encuentra un sarcófago de alabastro de uno de los últimos señores de Oñate. En la capilla de la piedad se encuentra el sarcófago de Zuazola. El claustro fue también un encargo de Zuazola que resolvía la falta de espacio sobrevolando el río, apoyándose en dos puentes. Es la única iglesia de estas características en España.

FACHADA PRINCIPAL Y PÓRTICO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MIGUEL

La villa de Oñate ha aportado un valioso grupo de personajes históricos que ocuparon cargos de relevancia en las instituciones del Imperio español, algunos de sus más ilustres fueron:

Cristóbal de Oñate nació en Vitoria, Álava, en 1504, aunque algunas fuentes le asignan su procedencia a la villa guipuzcoana de Oñate. Su padre era Juan Pérez de Narriondo, que al cambiar de asentamiento fue llamado Juan de Oñate.

Pasó a la historia por encabezar la expedición de conquista y colonización del noroeste del Virreinato de Nueva España, en el actual estado México. Conquistó la ciudad de conquistó la ciudad de Zapotlanejo a los tecuexes, e intervino en la fundación de varias ciudades como Compostela y Tepic, en 1530, en el actual estado de Nayarit, así como las ciudades de Zacatecas y Guadalajara, en 1530, con el nombre de Espíritu Santo.

En 1541, fue designado de nuevo gobernador interino de Nueva Galicia. Junto a sus socios vascongados Miguel de Ibarra y Juan de Tolosa, comenzó la explotación argentífera de las minas de Zacatecas.

Lope de Aguirre fue el otro gran colonizador y expedicionario oñatiarra, pero en su caso en el Virreinato del Perú. Tomó parte de la expedición que comandaba el navarro Pedro de Ursúa en 1560 desde el territorio de los omaguas y a través del río Marañón con el propósito de alcanzar el mítico lugar de El Dorado. Se reveló contra el liderazgo de Ursúa al que asesinó y la autoridad del rey Felipe II al que desafió mediante una misiva.

Su expedición resultó un fracaso, llegó hasta Barquisamiento y fue asesinado en 1561 por algunos de sus hombres rebeldes a los que llamó "marañones".

CASA SEÑORIAL OÑATE

Gregorio López Mendizábal fue colegial mayor del de Oñate y después catedrático de prima de cánones en la Universidad de Santa Cruz de Valladolid. Dentro de la administración del estado fue fiscal de la Chancillería de Granada, oidor en la misma, alcalde de casa y corte. Murió siendo miembro del Consejo Supremo de Castilla, en 1647.

Antonio Ignacio Cortaberria fue fiscal del Consejo de Castilla durante el reinado de Carlos IV y ministro del propio tribunal, nombrado por Fernando VII en 1814.

Miguel Barrena y Umerez fue abogado de los Reales Consejos, secretario honorario del Consejo Real, y secretario efectivo de la Junta Suprema de Sanidad del Reino. Además, desempeñó otros importantes destinos en la Corte de Fernando VII, mereciendo altas distinciones de este monarca.

Luis Manuel de Zañartu e Iriarte nació en 1723. Se dedicó al comercio desde la Capitanía General de Chile, donde hizo una gran fortuna. En 1762, fue nombrado corregidor, justicia mayor y teniente general de Santiago. Pasó a la historia de esta ciudad por usar ampliamente estos poderes tanto administrativo, como militar y judicial, con mano firme, para contener el pillaje y la comisión de delitos. Desarrolló un plan urbanístico de obras públicas para la ciudad, como la construcción de un mejor sistema de abastecimiento de agua potable, puentes y refugios andinos.

Francisco Antonio de Elorza y Aguirre fue ingeniero militar que llegó a alcanzar el cargo de mariscal de campo a mediados del siglo XIX.

Francisco Aguirre fue general de la Orden de Calatrava. Heredó de su tío Juan Bautista de Orendain el Marquesado de la Paz, y fue por tanto el segundo que llevó este título.

Miguel de Aozaraza fue sacerdote dominico que misionó en Japón. En 1987, fue considerado santo de la Iglesia católica.

TORRE Y CLAUSTRO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MIGUEL