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10/12/2020

Batalla de Valdejunquera


El reinado de Sancho I Garcés en Pamplona tuvo lugar entre los años 905 y 925, siendo el primer rey de la dinastía Jimena. Su política exterior se basó en recuperar los territorios arrebatados por los Banu Qasi del valle del Ebro. Estos eran una poderosa dinastía de musulmanes que controlaban grandes territorios del valle medio del Ebro, descendientes lejanos del conde Casius, un aristócrata godo que se convirtió al Islam en el 714 para mantenerse en el poder.

El proyecto de Reconquista que emprendió Sancho I hacia el 910, la llevó a la práctica en el cuadrante suroccidental de la actual Navarra, entonces País de Deio, que comprendía las tierras entre el Arga y Álava. El resultado final fue la toma de la fortaleza de San Esteban sobre el monte Monjardín.

La batalla de Valdejunquera enfrentó a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho I Garcés, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abderramán III, emir de Al-Ándalus. El escenario fueron los valles de Guesalaz y Yerri el 26 de julio del 920.

Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

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ORDOÑO II Y SANCHO I

El emir Abderramán, de claros orígenes navarros, viendo que sus generales eran derrotados una y otra vez por los reyes cristianos del norte peninsular, decidió ponerse al frente de un poderoso ejército. Partió de Córdoba el 4 de junio del 920.

El joven rey pamplonés Sancho Garcés I mantuvo un férreo cerco a la ciudad mora de Tudela, que gobernaba un Banu Qasi. El emir pasó por Toledo y enfiló el camino de Atienza hasta alcanzar Medinaceli (Soria). Allí, en vez de internarse por el desfiladero del Jalón, ruta habitual del valle del Ebro, se dirigió a tierras del Duero, donde emprendió una dura represión, arrebatándole al rey de León las plazas que tres años antes se había anexionado. Desde San Esteban de Gormaz, en apurada marcha de cinco días, cruzó el Ebro y se presentó al fin en la sitiada Tudela, el 19 de julio, un mes y medio después.

El rey Sancho, incapaz de hacer frente a tamaña fuerza, retrocede a Calahorra y Arnedo, momento que debió de aprovechar para pedir ayuda a su amigo Ordoño, que según el historiador José María Lacarra, se hallaba por tierras de Nájera. Liberada la ciudad, el emir envía por delante a la caballería al mando del gobernador Banu Qasi, que por las inmediaciones de Sartaguda pasa el Ebro y toma al asalto la fortaleza de Cárcar. Pero no se detiene ahí, sino que se dirige hacia el corazón del País de Deio, arrasando todo lo que encuentra.

El objetivo primordial tan al norte no podía ser otro que recuperar el castillo de San Esteban sobre el Monjardín, que el rey Sancho había conquistado hacia el 910.

La empresa prometía ser ardua, por lo que la caballería debió de esperar al emir, que se hallaba en Calahorra. Desde Arnedo, también Sancho se puso en marcha hacia Deio, con el propósito de defender el enclave, pero viendo que el ejército del gobernador acampaba en Dachero o Dixarra, un paraje a orillas del Ega que mencionan las crónicas árabes, se lanzó al asalto por el glacis del Montejurra. Fracasó en la contienda y se vio obligado a huir hacia los montes de la sierra de Andía, únicos que podían acogerlo en aquellas circunstancias. Al cabo de la jornada llegó por fin Abderramán.

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MAPA DEL VALLE DEL EBRO

Por otra parte, Ordoño había conseguido unir sus fuerzas a las de Sancho en el transcurso de las últimas horas. El leonés habría cabalgado por Álava hacia el valle de la Barranca, y por el de Zumbel, entre Urbasa y Andía, habría ido al encuentro de Sancho. El más que previsible asalto moro al castillo del Monjardín quedaría descartado ante lo más apremiante: perseguir a los cristianos, a los que encuentran finalmente en los valles de Guesalaz y Yerri, bien porque buscaron un lugar propicio para el combate o bien porque acabaron atrapados tras la férrea persecución.

El día de la lucha llegó el 26 de julio del 920. El emir logró vencerlos, causándoles gran mortandad. Los reyes huyeron, salvándose por los montes. Los musulmanes emplearon tres días en destruir pueblos y cosechas de los valles y, retornando al Ebro por la ruta de Atienza, se presentaron en unas semanas en Córdoba, portando cientos de cabezas cristianas que exhibían orgullosos.

La batalla de Valdejunquera de 920 es celebrada en Anzuola (Guipúzcoa) el 15 de agosto de cada año, conocida como Fiesta del Moro, o Alarde de Antzuiola. Indudablemente, participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del Reino de Pamplona.

La realidad histórica es que Abd al Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho I Garcés y a los leoneses coaligados. Una tradición popular pretende que los mozos de Anzuola acudieron en socorro de los vascones llegando a ponerse en contacto con el enemigo musulmán al día siguiente de la batalla, que fue una derrota cristiana. Los de Anzuola, según la leyenda, se habrían apoderado de una bandera mahometana con otras presas.

17/06/2020

Sancho I Garcés


Primer rey de Pamplona de la dinastía Jimeno, entre los años 905 y 925, y vencedor en la batalla de San Esteban de Gormaz, en 917, junto al rey de León Ordoño II

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SANCHO I GARCÉS

Sancho I Garcés nació en Sangüesa (actual Rocaforte) en el año 865. Fue hijo de García Jiménez, descendiente de la dinastía Jimeno. A la muerte de García I Íñiguez en 870, fue gobernante de la Valdonsella y pronto comenzó a intervenir en todos los territorios circundantes.

Ocupó Pamplona cuando todavía reinaba Fortún Garcés, ayudado por Alfonso III de Asturias, junto con el conde de Pallars. Eliminados los derechos patrimoniales de los hijos de Fortún Garcés, estos recayeron en su nieta Toda, casada con Sancho I Garcés, que los hizo valer y se proclamó rey de Pamplona, en 905.

Al morir el conde de Aragón, Galindo II Aznárez, Sancho I ocupó las tierras de Aragón ignorando los derechos sucesorios de todos. Esta fue la causa que justificó las luchas del gobernador musulmán de Huesca, al-Tawil, que tenía derechos sucesorios sobre el territorio por estar casado con Sancha, hermana del conde. El conflicto de intereses se solucionó al prometer en matrimonio a Andregoto Galíndez, hija de Galindo II Aznárez, con el hijo de Sancho I Garcés, el futuro rey García I Sánchez, que era todavía un niño.

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SANCHO I GARCÉS Y EL MONASTERIO DE NÁJERA

Sancho I Garcés amplió considerablemente las fronteras meridionales del reino hasta llegar a tierras riojanas mediante una serie de campañas militares contra los musulmanes. Conquistó Nájera y estableció allí su Corte, dotando de una organización definitiva al Reino de Pamplona.

Aliado con Ordoño II de León, venció a un ejército cordobés en la batalla de San Esteban de Gormaz, en 917, pero fue derrotado por Abd al-Rahman III en la batalla de Valdejunquera, en 920.

Durante su reinado, se comenzó a acuñar moneda, siendo el primer reino cristiano que usó tal regalía. Así mismo, apareció el sistema de tenencias, que se perpetuaría en Navarra y Aragón hasta principios del siglo XIII.

En 925, murió en las cercanías de Resa, a orillas del río Ebro, siendo enterrado en San Esteban de Deio en Monjardín.

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REINO DE PAMPLONA, AÑO 925

El centro político del mundo cristiano estaba en la Corte de Nájera, que dio como resultado varios matrimonios reales de las hijas de Sancho I Garcés y Toda Aznar:

Urraca Sánchez casó con el rey Ramiro II de León.

Oneca Sánchez casó con Alfonso IV el Monje, también rey de León, siendo reina leonesa entre 926 y 931.

Sancha Sánchez casó en primeras nupcias con el rey leonés Ordoño II, en segundas con el conde alavés Álvaro Herrameliz y en terceras con el conde castellano Fernán González.

García I Sánchez fue el legitimo heredero al trono pamplonés, casó en primeras nupcias con Andregoto Galíndez, y en segundas con Teresa de León.

Velasquita Sánchez casó en primeras nupcias con el conde alavés Munio Velaz, en segundas con Galindo de Ribagorza y en terceras con Fortún Galíndez.

Munia Sánchez casó con Ordoño I de Asturias.

Orbita Sánchez caso probablemente con al-Tawil, gobernador de Huesca.

22/06/2016

Expansión territorial de Navarra con Sancho I Garcés


Tras la muerte de Fortún, en el 905, el último de los reyes pamploneses de la dinastía Íñiga, fue proclamado Sancho I Garcés, primer rey de la dinastía Jimena hasta el 925. Este fue artífice de una expansión territorial más allá de las iniciales fronteras anexas a Pamplona, gracias a sus fuertes vínculos con los demás reinos cristianos. Siendo aliado de Ordoño II de Asturias reconquistó Estella, Nájera y Calahorra.

Pampona y León se afirmaban como monarquías hispánicas cristianas en lucha reconquistadora frente al islam y sus uniones matrimoniales se hicieron más necesarias que nunca ante la amenaza islámica. Por eso, Sancho I de Pamplona y García I de León establecieron una política colaboracionista y una alianza militar frente al poder de Córdoba. La alianza pamplonesa-leonesa, aparte de rechazar el peligro que era común a toda la Hispania cristiana, favoreció la expansión reconquistadora de ambas monarquías.

SANCHO I GARCÉS ENTERRADO EN EL CASTILLO DE MONJARDÍN

En el valle del Ebro se produjo un vacío de poder cuando en el año 907, Sancho I tendió una emboscada al líder de la dinastía Banu Qasi de Tudela, muladíes conversos descendientes de los hispano-godos Casio, que ejercían el poder islámico desde varias generaciones.

Sancho I inauguraba su reinado con un importante avance por tierras de Estella, ocupando las fortalezas musulmanas hasta el Ebro e instalándose definitivamente en San Esteban de Deyo (Monjardín). En el 914, tomó Calahorra y cuatro años más tarde Alanje y Nájera. Además mantuvo la influencia sobre el pequeño Condado de Aragón.

Simultáneamente, García I de León, apoyando la acción del rey pamplonés, obtuvo una importante victoria en Arnedo. Su hermano Ordoño II le sucedía en el trono, dando muestras de agresividad frente al islam, mediante las expediciones reconquistadoras de Évora y Mérida.

La debilidad que en esos momentos atravesaba Al-Ándalus permitió fortalecer las tierras navarras por la ribera del Ebro y del Arga así como de la alta Rioja. Los monasterios de San Millán de la Cogolla y Albelda protagonizaron la actividad cultural y repobladora del momento.


BATALLA DE VALDEJUNQUERA

El emir de al-Ándalus, Abderrahman III, proclamaba la guerra santa contra el infiel cristiano. Deseoso de gestar un mortal golpe a los enemigos del norte peninsular, se puso al frente de un impresionante ejército compuesto por levas cuajadas de entusiastas soldados de Alhá y comenzaba un calendario de azote y guerra para las huestes cristianas.

En el verano de 920, los pueblos y ciudades a ambos lados de la frontera se preparan para las aceifas, pero esta vez el ataque musulmán estuvo encabezado por el emir. Los servicios de espionaje de ambos bandos trabajan para establecer estrategias.

Lo que en principio parecía una aceifa sobre Zamora se desveló como un ataque generalizado contra Navarra. El rey Ordoño II, quien esperaba una acometida sobre Simancas, acudió a toda prisa en ayuda del rey pamplonés Sancho I. Todo fue inútil y las tropas de ambos monarcas coaligados fueron abatidas en la batalla de Valdejunquera. De ese llano navarro entre los valles estelleses de Guesalaz y Yerri, llamado por los cronistas árabes Muez, fueron pocos los caballeros y guerreros cristianos que lograron escapar junto a sus reyes por los montes de Andía. De cualquier forma, navarros y leoneses mantuvieron las fronteras establecidas.

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 920

El inicial auge militar de los reinos cristianos hispánico a comienzos del siglo X fue frenado por esta contundente derrota, a pesar de lo cual las fronteras no experimentaron modificación, ni rompieron la alianza política y militar de colaboración reconquistadora navarro-leonesa. Por eso, tres años después, los ejércitos de Sancho I y Ordoño II emprendieron la reconquista de La Rioja, recuperando Nájera y Viguera para el Reino de Pamplona. La alianza se reforzó mediante el matrimonio entre Ordoño II con Sancha, hija de Sancho I.

En la primavera del 924, Abd Al Rahman III proclamaba el Califato de Córdoba de su dinastía Omeya, con total independencia política y religiosa del Califato de Damasco de los Abbasies. Su primera acción militar como califa fue una expedición de saqueo a Pamplona y control sobre el territorio de los Banu-Qasi. Puso en marcha un contundente ejército de castigo que, tras remontar el valle del Ebro desde Tortosa a Zaragoza, se unieron los tuyibíes. Juntos entraron, en julio, en Navarra, procediendo a la destrucción sistemática de todo cuando encontraron, incluida Pamplona, que fue abandonada por sus habitantes, refugiados en las montañas. Regresaron por el sur, arrebatando Tudela a los Bau Qasi, cuya dinastía fue enviada a Córdoba para su integración en el ejército. Su poder en la zona había terminado.

Además, impuso un régimen de pago de tributos a los reinos cristianos del norte. Esta presión suponía un peligro, tanto para la frontera oriental de Pamplona como para la frontera oriental de León, que se agravaría con la muerte de Ordoño II en el 924 y la de Sancho I dos años después.

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 924

La muerte de Sancho I Garcés, en el 926, llegó cuando su heredero García I Sánchez era un niño. Su madre, doña Toda, consiguió gobernar el reino con diplomacia y fortalecerlo mediante uniones matrimoniales de sus hijas con los principales mandatarios de los reinos hispanos cristianos.

En el 939, el califa Omeya realizó una dura aceifa contra el Reino leonés, con el propósito de quebrantar por la vía de las armas la alianza navarro-leonesa. La batalla de Simancas dio como resultado la derrota del ejército cordobés y el avance leonés al sur del Duero. La derrota de Abd Al Rahman III fue la primera gran victoria cristiana.

García I Sánchez reinó hasta el 970. A su muerte Navarra ya era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla.

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus.

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 934

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 937

13/02/2015

Fiesta del Moro: el Alarde de Antzuola por la batalla de Valdejunquera


La Fiesta del Moro es celebrada cada 15 de agosto de cada año en la villa Antzuola, perteneciente a Guipúzcoa, en recuerdo de la batalla de Valdejunquera de 920, una de las primeras batallas de la Reconquista española.

La batalla de Valdejunquera enfrentó en los valles de Guesalaz y Yerri un 26 de julio del 920 a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho I Garcés, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abd al Rahman III, emir de Al-Ándalus. Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

Indudablemente participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del Reino de Pamplona. La realidad histórica es que Abd al-Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho I Garcés y a los leoneses coaligados. La tradición popular pretende elogiar la valentía de los mozos de Antzuola, que acudieron en socorro de los pamploneses y leoneses. Llegaron a tomar contacto con el enemigo musulmán al día siguiente tras la derrota cristiana, y según la leyenda, la compañía militar antzuolatarra recuperó la bandera y derrotó al emir Abd al-Rahmán III en las tierras navarras de Valdejunquera.

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ALARDE DE VALDEJUNQUERA EN ANTZUOLA

En la Fiesta del Moro se relata una supuesta victoria cristiana y un juramento de fidelidad del emir de Córdoba a la villa de Antzuola, que no es más una leyenda épica muy lejos de la realidad histórica. También se leen bertsos del poeta José María Iparraguirre, compuestos expresamente para este acontecimiento.

La música que acompaña la marcha militar rememora una partitura que data de 1761 conocida como Marcha de Fusileros para Pífanos y Tambores de Espinosa. Música de Ordenanza de Carlos III.

La otra protagonista de esta celebración es la bandera, que recorre las calles de Antzuola. La particularidad de esta última insignia está formada por la traza de los distintos dibujos que en ella se plasman, similares a algunos de los cuarteles del escudo de la villa, diseñados en la Certificación de Armas de 1745.

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ALARDE DE VALDEJUNQUERA EN ANTZUOLA

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ALARDE DE VALDEJUNQUERA EN ANTZUOLA