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17/07/2023

Asedio a Fuenterrabia-Hondarribia de 1521-1524


El asedio a la fortaleza de Fuenterrabía u Hondarribia tuvo lugar entre octubre de 1521 y abril de 1524 cuando el ejército franco-navarro la había tomado en una nueva incursión, tras el fracaso del tercer intento de reconquistar el Reino de Navarra, que había sido invadido en 1512 por tropas de las unificadas coronas de Castilla y Aragón, también con apoyo navarro. Hubo navarros en ambos bandos.

La Fuenterrabía del siglo XVI abarcaba la mayor parte del término municipal de la actual ciudad de Irún, partes de Hendaya y Behovia. La villa y fortaleza estaban situadas en un alto rodeadas de murallas, monte y mar en la desembocadura del río Bidasoa.

Su situación fronteriza y sus características orográficas hicieron que tanto el emperador Carlos V como el monarca francés Francisco I ambicionasen su posesión. Por ello, ambas coronas designaron comisarios para dilucidar los problemas de límites de las aguas en los conflictos de las villas de Fuenterrabía y Hendaya, algo que hasta entonces se había solucionado por concertación, convenio o facería.

FUENTERRABIA, SIGLO XVI

En 1512, se realizó la primera contraofensiva para recuperar el Reino de Navarra tras su invasión por las Coronas de Castilla y Aragón, en la que el mariscal Pedro de Navarra con 2.000 hombres dentro del contingente de Lautrec y Borbón fueron frenados por Luis de la Cueva. Para impedir otra invasión, se procedió a la fortificación, ordenándose en noviembre de ese año la construcción de un castillo en Behovia, que reforzaba la eficacia del fuerte de Fuenterrabía.

A partir de 1517 se definieron por ley los derechos territoriales de la zona por parte de los dos reinos, el de España y el de Francia, quedando los naturales divididos.

MURALLAS DE FUENTERRABIA, SIGLO XVI Y XVII

A comienzos de octubre de 1521, el castillo de Behovia fue tomado por las tropas al mando del almirante francés Guillermo Goufier, señor de Bonnivet, sin que apenas se produjeran bajas, ya que se opuso poca resistencia. Cercando seguidamente la fortaleza de Fuenterrabía el 6 de octubre, tomándola doce días después, tras tres asaltos por voluntarios navarros y gascones, entre los que se produjeron cerca de mil bajas. Diego de Vera, alcaide de la plaza, se rindió el 18 de octubre.

El señor de Bonnivent estableció una guarnición con 3.000 hombres, que eran 2.000 gascones y 1.000 navarros a las órdenes de Jacques D'Aillon, señor de Luda, que quedó como alcalde de la plaza "en nombre del rey de Navarra". Por ello la bandera de Navarra estuvo ondeando durante todo el asedio, a pesar de la intención de los franceses de izar su bandera.

Carlos I solicitó el arbitraje del rey Enrique VIII de Inglaterra para que interviniera ante Francisco I y le requiriese esta plaza. El conocimiento de estas conversaciones por parte de los navarros fue decisivo para el reemplazo de la guarnición meses más tarde.

Beltrán de la Cueva y Toledo, III duque de Alburquerque, fue designado, el 23 de mayo de 1522, nuevo capitán general de Guipúzcoa, aunque ya ejercía el cargo con anterioridad, que con un aumento de tropas significativo procedentes de distintos lugares, entre 3.000 y 4.000 lansquenetes alemanes, y soldados reclutados en Castilla, Navarra, Aragón, Vizcaya, La Rioja y Álava.

Ante las dificultades para defender el castillo de Behovia, el ejército navarro decidió abandonarlo. Se realizó la retirada de forma correcta llevándose los cañones, armas y vituallas. Posteriormente se dispusieron distintas cargas explosivas para destruir sus murallas, pero sus mechas fueron apagadas por las tropas castellanas al mando del capitán Ochoa Sanz de Asua, que tomaron el castillo.

MONTE DE SAN MARCIAL EN IRÚN

Dos días después se produjo la batalla del monte Aldabe o de San Marcial.

En julio de 1522, se decidió rendir la fortaleza por hambre. Al cabo de diez meses sin ser abastecida, comenzaron a producirse muertes por el hambre. Acudieron tropas francesas y navarras que, tras cruzar el Bidasoa, hicieron huir a los soldados españoles, pudiendo abastecer la plaza y renovar la guarnición. Por esta razón fue destituido Beltrán de la Cueva, que fue sustituido por Íñigo de Velasco, condestable de Castilla.

FUENTERRABIA, SIGLO XVI

El control naval de la fortaleza permitió que el abastecimiento se pudiera mantener. Durante todo el asedio, en la fortaleza ondeó la bandera roja de Navarra, a pesar de que los franceses intentaron imponer la suya.

En el invierno de 1523-1524, se organizó una gran ofensiva por parte del emperador Carlos V contra Francisco I, con la intención de ocupar Toulouse, la Baja Navarra, Bayona y Fuenterrabía. Esta campaña fracasó tras 24 días con la pérdida de una cuarta parte del ejército por causa de deserciones y enfermedades. Estas tropas se reagruparon y pasaron a engrosar el grueso del ejército que cercaba Fuenterrabía.

El 2 de febrero, se inició el bombardeo de la fortaleza y comenzaron las negociaciones para la rendición. El 27 de febrero los franceses abandonaron la fortaleza, quedando en ella únicamente los navarros, siendo el más señalado Pedro de Navarra, hijo del mariscal Pedro de Navarra que había resultado muerto en extrañas circunstancias, presumiblemente asesinado, en la prisión de Simancas en 1522.

El 29 de febrero de 1524, se otorgó el perdón a los navarros encerrados, con la condición de que en el plazo de dos meses se entregaran y otorgaran juramento y fidelidad a Carlos I. La plaza se rindió el 29 de abril.

RUINAS DE GAZTELUZAR, CASTILLO DE BEHOBIA

13/06/2020

1638 El gran asedio de Hondarribia, por varios autores


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1638 HONDARRIBIKO SETIO HANDIA.
1638 EL GRAN ASEDIO DE HONDARRIBIA

1638 Hondarribiko setio handia. 1638 El gran asedio de Hondarribia
Álvaro Aragón, César Fernández Antuña, Juan Ramón Guevara, Carlos Rilova e Ignacio Garrido; Editorial Gustav-Eko Koadernoak K.E., (2011), 133 páginas, escrito en eusquera


10/09/2019

Alarde de Fuenterrabia - Hondarribia de 1638 y su desfile militar


El 1 de julio de 1638, la villa de Fuenterrabia - Hondarribia sufrió su asedio más famoso en el marco de la Guerra de Fracia de 1635-1659. Las tropas francesas del rey Luis XIII cercaron la villa al mando del príncipe de Condé. En los primeros días del asedio, los hondarribiarras, reunidos en la parroquia, juraron a la Virgen de Guadalupe que si por su intercesión lograban librarse, se lo agradecerían anualmente yendo en procesión a su Santuario situado en el promontorio de Olearso. La ciudad resistió durante 69 días, levantándose triunfal el sitio el 7 de septiembre de 1638.

Por la exitosa resistencia, el rey Felipe IV concedió a la ciudad el título de "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel".

El Alarde de Fuenterrabia es la renovación anual del voto que los hondarribiarras hicieron a la Virgen de Guadalupe en agradecimiento por la liberación del asedio sufrido en 1638. Desde el año 1693, esta fiesta totalmente de carácter histórico, religioso y militar se celebra cada 8 de septiembre.

Está precedida de una procesión cívico-religiosa. Posteriormente, los barrios forman compañías de infantería que realizan el desfile militar, además hay gastadores, un escuadrón de caballería y hasta una batería de artillería. Actualmente las uniformidades y la música de pífano y tambor se remontan a la época de la Guerras Carlistas.

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ALARDE DE FUENTERRABÍA - HONDARRIBIA

22/04/2018

Hondarribia: El gran asedio de 1638




El 1 de julio de 1638, Hondarribia fue atacada por el Ejército francés que cruzaba el río Bidasoa con 18.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería al mando del príncipe de Condé.

17/11/2016

Fuenterrabía, "muy Noble, muy Leal, muy Valerosa y muy Siempre Fiel"



En 1638, el rey Felipe IV otorgó a la ciudad de Fuenterrabía (Hondarribia) el título de "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel", por la heroica resistencia ofrecida al Ejército francés durante el asedio de mismo año, en el ámbito de la Guerra de los Treinta Años.

25/07/2016

Sitio de Fuenterrabía de 1638



El Sitio, que duró sesenta y nueve días, fue horroroso. Se abrieron dos brechas en las murallas, volaron siete minas, hubo nueve asaltos. De los setecientos hombres con armas, al mes sólo quedaban trescientos. Un informe oficial habla de que la población fue azotada por dieciséis mil balas de cañón y cuatrocientas sesenta y tres bombas de mortero. En Europa se utilizaron por primera vez los morteros durante el asedio a Hondarribia en 1638. Estas armas de tiro curvo, lanzaban bombas que explotaban una vez llegadas a su objetivo y causaron grandes estragos. Hasta entonces, los cañones únicamente lanzaban proyectiles que no estallaban, tan sólo destruían por la fuerza de su impacto.

08/07/2016

Sitio de Fuenterrabía de 1638


El Sitio de Fuenterrabía es la denominación del asedio que las tropas francesas efectuaron entre junio y septiembre de 1638 a la plaza fortificada de Fuenterrabía, puerto cantábrico guipuzcoano en la desembocadura del río Bidasoa, fronteriza entre España y Francia. Este enfrentamiento está englobado la Guerra franco-española de 1635-1659, al mismo tiempo que en otros territorios del centro de Europa se libraba la Guerra de los Treinta Años entre ambos contendientes y sus aliados.

El cardenal Richelieu envió Ejército francés formado por una caballería de 2.000 jinetes y una infantería de 18.000 soldados, de los cuales 7 u 8.000 serían buenos soldados, el resto milicias inexpertas, entre ellas los 1.000 del contingente de Labourd. Estaba dirigido por el comandante en jefe Enrique II de Borbón-Condé, el príncipe de Condé, un gran político, sin experiencia en asuntos militares.

Este contingente estuvo apoyado por una armada de entre 20 y 30 barcos de guerra que llevaban a 7.000 marineros, al mando del arzobispo de Burdeos, Henri d´Escoubleau de Sourdis. Otros mandos fueron De la Force, Conde de Gramont, Bernard de Nogaret de la Valette d´Epernon, Saint-Simon, y Espenan.

Ambas fuerzas sumaban unos 27.000 sitiadores, de los cuales 11.000 murieron, que asediaron el puerto y ciudad de Fuenterrabía durante más de dos meses, disparando 16.000 proyectiles dentro de la ciudad amurallada. Otros cálculos aseguran que las bajas francesas, entre muertos y heridos, fueron de 4.000, más unos 2.000 prisioneros. Pero no hay datos para las bajas españolas. Además, sitiaron de Irún, Oiarzun, Lezo, Rentería y Pasajes.

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638

Las fuerzas defensivas dentro de Fuenterrabía se calculan en unos 1.300 hombres capaces de empuñar las armas entre presidiarios de la guarnición, paisanos de la villa, y vecinos de municipios guipuzcoanos que habían llegado en su apoyo. Al mando estaba su alcalde y jefe de la plaza fortificada Diego de Butrón y Eguía, mientras que el encargado de las fortificaciones era el jesuita y matemático Diego Isasi.

Las tropas del ejército de auxilio español se estiman en 15.000 soldados de infantería y 500 de caballería al mando del almirante de Castilla, el comandante en jefe Juan Alfonso Enríquez de Cabrera. Otros mandos fueron Domingo de Egia, Miguel Pérez de Egea que murió el 10 de agosto, el marqués de Mortara; Carlo Andrea Caracciolo marqués de Torrecusa, y el ingeniero maestre de campo Antonio Gandolfo. Además, como refuerzos entraron 160 provinciales el 6 de julio y 150 irlandeses el día 13 del mismo mes.

El sitio duró 69 días desde el 1 de julio hasta el 7 de septiembre. Las penalidades sufridas por los sitiados, mujeres, muchachos y soldados, fueron incontables. Se abrieron 2 brechas en las murallas, volaron 7 minas, hubo 9 asaltos. De los 700 hombres con armas, al mes sólo quedaban 300. Un informe oficial habla de que la población fue azotada por 16.000 balas de cañón y 473 bombas de mortero.

En Europa se utilizaron por primera vez los morteros durante este asedio. Estas armas de tiro curvo, lanzaban bombas que explotaban una vez llegadas a su objetivo y causaron grandes estragos. Hasta entonces, los cañones únicamente lanzaban proyectiles que no estallaban, tan sólo destruían por la fuerza de su impacto.

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638


Fueron grandes las proezas efectuadas por las tropas y vecinos, que se defendieron con lanzas, cubriendo las brechas abiertas en las murallas por los proyectiles enemigos, anulando el efecto destructor de las minas y contrarrestando los asaltos. Las bombas incendiaron multitud de casas, los víveres escaseaban y las municiones empezaban a agotarse.

A finales de julio, a punto de cumplirse el primer mes de asedio, se leyó a los sitiados una carta del almirante de Castilla, informando de que estaba reuniendo un ejército numeroso que acudiría en su defensa. Los de la villa contestaron que se dieran prisa, pues andaban escasos de pólvora, munición y víveres, y no sabían el tiempo que podrían resistir. También se consiguió hacerles llegar una carta del rey Felipe IV, asegurando que estaba orgulloso de su valor, y prometiéndoles perpetuar su memoria y resarcirles de todos los daños.

El 31 de agosto los franceses intentaron el asalto, utilizando escalas que los defensores repelieron lanzando pez ardiendo. En septiembre, la situación se hizo insostenible. Los muros habían caído, y el enemigo superaba el foso, los defensores eran pocos y se hallaban indefensos por falta de plomo.

Los franceses realizaron una oferta de rendición. El alcalde Diego de Butrón ofreció su plata para hacer balas y amenazó con la muerte al que hablase de entregar la plaza: "el primero que averigüe que anda hablando de entregarnos, yo mismo lo he de coser a puñaladas". Pero la respuesta oficial la dio el gobernador de la plaza diciéndoles que intentasen el asalto, que ellos no necesitaban de ayudas forasteras y que Fuenterrabía en sí misma tenía bastante para su defensa. Siguiendo su ejemplo, todos rivalizaron en valor y sacrificios. Dentro de ella sólo quedaron como supervivientes trescientas personas, la mayor parte mujeres y niños. La ciudad estaba virtualmente destruida, pero no se rindió.

Nuevamente se repitieron los asaltos. Como no había brazos suficientes para cerrar las brechas, una cuadrilla de muchachos, con escopetas y mosquetes, defendieron una de las paredes de la fortaleza, subidos sobre piedras, cuando no sobre cadáveres.

Llegó el día 7 de septiembre, día 69 del asedio, víspera de la virgen de Guadalupe, y apareció sobre el monte Jaizkibel el Ejército español de auxilio, comandado por el almirante de Castilla, que, embistiendo con ímpetu a las tropas de Condé, asentadas en lo alto y al lado este del monte, las arrolló y puso en precipitada fuga, desbaratándolas completamente. Al oscurecer entraron en Fuenterrabía y se encaminaron a la parroquia, donde se cantó el Te Deum en acción de gracias.

El almirante de Castilla, en carta a su mujer, describía la batalla empleando estos sencillos términos, que se han hecho célebres:
"Amiga: como no sabes de guerra, te diré que el campo enemigo se dividió en cuatro partes: una huyó, otra matamos, otra prendimos, y la otra se ahogó. Quédate con Dios, que yo me voy a cenar a Fuenterrabía."
Al día siguiente el almirante avistó la ciudad en ruinas, donde ninguna casa quedaba intacta, y muchas estaban hundidas. Los enfermos y heridos se hallaban tendidos en rincones y zaguanes. Sus rostros demacrados componían la estampa de la verdadera magnitud de la tragedia. La falta de munición se hizo acuciante al final del asedio: se había consumido todo el hierro y el plomo de la villa, por lo que se echó mano del peltre que había en las casas, y se llegó a disparar con plata.

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638

La derrota, considerada desastrosa por los franceses, fue atribuida por Henri d'Escoubleau de Sourdis a uno de sus generales, Bernard de La Valette, duque d'Épernon, que se había negado a dirigir un ataque ordenado por él mismo, en la creencia de que no podía tener éxito.

Fue una gesta de armas que bien honra a los guipuzcoanos, y en concreto a los naturales de Fuenterrabía. La Corte madrileña de Felipe IV y el pueblo español en general acogieron con alegría esta grata noticia, que fue celebrada con grandes fiestas en todo el reino. La ciudad recibió el título de la "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel".

Se escribieron obras de teatro, romances y versos sobre el suceso, así se manifestó, en la gran difusión que encontraron las Relaciones relativas a este sitio. Una de ellas, compuesta por el mismísimo Calderón de la Barca, hablaba irónicamente de la paliza que habían dado al francés. La defensa de Fuenterrabía era comparada con las de Sagunto y Numancia, para construir un nuevo mito del que la decadente monarquía sentía urgente necesidad.

Incluso el escritor Francisco de Quevedo contó una chanza al respecto:
"Huyeron los hugonotes,
y se dexaron las bragas,
y no las dexaron limpias,
pues descubrieron la caca."
El hecho se celebra todavía todos los días 8 de septiembre con un desfile denominado El Alarde.

Algunos defensores vascongados conocidos por su actuación en el Sitio de Fuenterrabía de 1638 fueron:

Diego de Butrón y Leguía, natural de Fuenterrabía, era alcalde de su ciudad durante el asedio. Ofreció toda su plata para la fabricación de balas, además de animar a los vecinos defensores a la lucha y prohibirles hablar de rendición. Alcanzó una gran fama en toda España, y al año siguiente el rey Felipe IV le nombró gobernador militar de Fuenterrabía, y miembro de la prestigiosa Orden de Santiago.

Domingo de Osoro y Landaberde, natural de Deba, era sargento mayor durante el sitio, pero llegó a ser maestre de campo en 1651 y gobernador de la plaza de San Sebastián en 1660.

Miguel de Itúrbide, natural de Garzáin, era descendiente de familia noble del Baztán que había tomado parte del ejército de Flandes. Participó en el socorro de 1638 y en la guerra de Cataluña, donde fue herido. Terminó siendo diputado por la ciudad de Pamplona en las Cortes de 1644 y caballero de la Orden de Santiago.

Juan de Beaumont y Navarra, natural de Fuenterrabía, era nieto del Condestable de Navarra, conde de Lerín. Fue uno de los oficiales que tomaron parte activa en la defensa de su ciudad. Casó con Magdalena de Justiz, de esta ciudad, y del matrimonio nació Luis de Beaumont y Navarra, sargento mayor en 1655 y maestre de campo en 1692.

Cristóbal de Gazteluondo, natural de Oñate, tomó parte de una expedición al mando de Álvaro Enriquez del Castillo, encargado en jefe del descubrimiento y conquista de las provincias de los mutilones, javalosos y otras, en el Virreinato del Perú. De vuelta a España, se distinguió en el sitio de Fuenterrabía, donde estuvo de maestre de campo del Tercio de esta ciudad fortificada.

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638

11/04/2016

Fuentes historiográficas del sitio de Fuenterrabía de 1638


La principal fuente utilizada para el conocimiento de las operaciones del sitio de Fuenterrabía de 1638 ha sido la obra De obsidione Fontirabiae libri tres, del jesuita pamplonés José Moret, escrito en tres libros y publicada en latín hacia 1655. Fue traducida como Empeños del valor y bizarros desempeños o sitio de Fuenterrabía por el también jesuita pamplonés Manuel Silvestre de Arlegui y publicada en Pamplona en 1763 con algunas notas adicionales.

Moret dio muestras en su obra de conocer la ciudad de Fuenterrabía; de haber hablado con testigos del sitio que relata; de conocer un tanto al menos en qué consiste el ataque y defensa de una plaza y de los elementos de la milicia y la fortificación involucrados y de haber consultado algunos documentos de su archivo (como la investigación a Diego de Vera por el sitio de 1521).

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638

En relación a su manejo de las fuentes documentales municipales, es curioso que desconozca o silencie la documentación del concejo de los años posteriores al sitio en que se da cuenta de las gestiones realizadas para reivindicar el buen nombre de todos los vecinos de la villa en general y sus esfuerzos y sacrificios durante la guerra, oscurecidos por el protagonismo que alcanzaron el alcalde Diego Butrón y su cuñado Urbina, a quienes se acusa de acercarse al almirante de Castilla para ganar su favor y aparecer en sus cartas al rey como los principales nervios de la defensa. Este aspecto tuvo gran trascendencia no sólo en lo relativo a las mercedes que cada uno pudiese recibir del rey en función de los méritos adquiridos sino también en la fama que pudiese alcanzar. La obsesión por la gloria militar atravesó todos los ámbitos del siglo, por eso son destacables las contínuas referencias del Conde-Duque, recogidas por Moret, a la fama de la monarquía; las de los cercados, que prefirieron morir con honra a rendirse, y las de la propia ciudad que en 1640 pretendió que la posteridad conociese la verdad de lo sucedido y no las falsedades que cuentan algunos libros que circularon tras el sitio.

La obra de Juan de Palafox y MendozaSitio y socorro de Fuenterrabía y sucesos del año 1638, publicada en Madrid en 1639, dedicada a las operaciones militares de la monarquía durante ese año en los diferentes escenarios europeos y americanos en que están en juego sus intereses, es menos minuciosa en la descripción de las operaciones del sitio.

La general coincidencia con Moret en relación con los sucesos relatados y su adscripción a días del mes concretos, así como un par de referencias a un "diario" al que parece seguir, insinúan que tanto Palafox como Moret obtuvieron información de una fuente común que relataría los sucesos de cada día del sitio. Con toda probabilidad, esta fuente común es la Relación diaria del memorable cerco y feliz vitoria de la muy noble y muy leal ciudad de Fuenterrabía, publicada en Burgos en 1639, una relación compuesta por la ciudad y enviada al conde-duque de Olivares.

SITIO DE FUENTERRABÍA, POR JOSÉ MORET

En estos sucesos dados a la exaltación militar y patria, resulta conveniente acudir a la versión de la otra parte. En este caso es muy esclarecedor el trabajo del archivero bayonés Edouard Ducéré,
Recherches historiques sur le siege de Fontarabie en 1638, publicado en 1880, en el que pretendió demostrar, frente a la que calificaba de "novela" de Moret, que no fue el valor de los guipuzcoanos el que permitió la liberación de Fuenterrabía sino los errores cometidos por los sitiadores, que dieron ocasión a la llegada del ejército de auxilio.

Para Ducéré, estos errores: la indecisión de Condé en la dirección; los celos y rencillas entre los nobles y generales franceses; la flojedad en los trabajos y asaltos; el escaso eco a las propuestas de M. de Sourdis, arzobispo de Burdeos y, sobre todo, la seguridad de que el duque de la Valette era un traidor al servicio del rey de España cuya huida a Inglaterra después del sitio evitó su juicio y ejecución. También Moret se ocupa al final de su obra de argumentar contra los que aseguran que España había negociado la victoria con oro como especie levantada por algunos nobles franceses deseosos de señalar un culpable por disculparse a sí mismos.

Algunos años después publicó un nuevo trabajo: Invasión du Labourd et siége de Fontarabie (1636-1638). Lettres et documents. Bayonne, en 1886, en el que recoge un grupo de documentos aparecidos después de publicada su obra anterior que van en la línea de la tesis que había enunciado anteriormente: la derrota francesa se debía a las rencillas entre sus mandos, a la incapacidad de Condé para imponerse a sus generales y a las maquinaciones de la Valette contra su propio ejército. Aunque en este caso, la fortuna de contar con testimonios directos de los protagonistas (en su mayoría cartas de la Valette y Sourdis a Richelieu) reclaman una precaución especial en su valoración por tratarse de la versión de personas interesadas en justificar su actuación en lo sucedido y apartar hacia otro lado una responsabilidad en el fracaso que todos sabían que el rey trataría de averiguar.

Otro tipo de fuentes historiográficas sobre el sitio pueden considerarse los memoriales sobre las fortificaciones elevados por sucesivos ingenieros en los años siguientes al sitio señalando las principales deficiencias observadas en 1638 y proponiendo las mejoras necesarias.

ESCUDOS DE ARMAS DE FUENTERRABÍA