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12/06/2024

Vascos en la conquista de las islas Canarias


En el siglo XIV se produjo el redescubrimiento del archipiélago de Canarias por marinos europeos, debido al interés en acceder al oro de África central. Desde entonces, un movimiento de expediciones al mando de mallorquines, portugueses y genoveses comenzaron a pasar por estas islas en su afán de expandirse por el océano Atlántico. Esta primera oleada de descubridores fue secundada por embarcaciones del Reino de Castilla procedentes de los puertos de Andalucía, en la que también participaron navegantes vascos.

El primer navegante vasco en tomar contacto con las islas Canarias fue el vizcaíno Martín Ruiz de Avendaño, en 1377, cuando fue empujado hacia alguna de las costas por una borrasca.

En 1393, en la ciudad de Sevilla se asociaron algunos emprendedores andaluces y otros marinos de la Provincia de Guipúzcoa y del Señorío de Vizcaya con el objetivo de examinar las Islas Canarias y encontrar recursos naturales de gran valor en los mercados europeos. Tras conseguir licencia expedida por Enrique III de Castilla, los socios formaron una flota de cinco naves, cuyo comandante fue Gonzalo Peraza Martel, señor de Almonaster. La armada bordeó las costas africanas hasta llegar a Fuerteventura, y desde esta recorrió Gran Canaria, Hierro, Gomera y Tenerife. El mayor botín fue obtenido en la isla de Lanzarote.

En 1402, comenzó la primera fase de conquista por el francés Jean de Bethercourt, que se hizo vasallo del rey de Castilla. Fue una colonización por iniciativa privada, más que real, que alcanzó las islas más despobladas: Lanzarote, Fuerteventura, Hierro y Gomera, esta última de forma parcial.

VASCOS EN LA CONQUISTA DE LAS ISLAS CANARIAS

Los Reyes Católicos emprendieron la última y definitiva fase de conquista de las islas que quedaban: Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Se trataba de la etapa más dura del proceso de colonización, pues eran los territorios más poblados y mejor organizados, y poseían una difícil orografía. En este fenómeno geográfico también tomarían parte los vascos, junto a andaluces y castellano, especialmente a partir del descubrimiento de América en 1492.

En 1477, se organizó la expedición marítima para la conquista de la Gran Canaria al mando del general Pedro de Vera, nuevo gobernador y capitán mayor de las islas. La armada estaba formaba por más de 1.500 hombres de armas, entre infantería y caballería. En esta expedición alcanzó cierta relevancia Miguel de Mújica y Echeverría, natural de Villafranca de Ordizia, que viajaba junto a su primo Juan Civerio de Mújica. Tenía el cargo de preceptor de los quintos reales, cuya función era la de controlar que los repartimientos se hicieran a favor de soldados que hubieran participado personalmente en la ocupación, control y dominio de la isla.

En julio de 1480, la expedición llegaba a las islas Canarias. Durante dos años, realizaron varios ataques contra los aborígenes canarios: la batalla de Araucas, en agosto de 1480, donde murió el caudillo Doramas; la batalla de Tirajana, en octubre de 1480; alguna batalla en algún punto montañoso, en noviembre de 1481; y la batalla de Ajodar, en febrero de 1482.

En 1481, las fuerzas militares de Alonso Fernández de Lugo hicieron prisionero al rey de Gáldar, Tenesor Semidán, en Agaeta, y controlaron el territorio. Mújica tomó la quinta parte del botín de guerra para el real erario, que sería llevado a la Corte de Castilla junto al guanarteme canario y cuatro guaires, entre ellos el famoso Maninidra. La recepción real se hizo en Calatayud ante los Reyes Católicos, y el rey Semidán fue cristianizado, adoptando en nombre de Fernando Guanarteme.

ISLAS CANARIAS

En octubre de 1482, Mújica partió del Puerto de Santa María con destino a Gran Canaria en una expedición que llevaba refuerzos entre los que estaban 300 ballesteros vizcaínos. Estos soldados vascos tenían como principal objetivo atacar las enriscadas fortalezas en las que se encontraban los canarios. Los ballesteros vizcaínos estaban considerados como las tropas adecuadas para desalojarlas, ya que en esa zona ni la caballería ni la artillería resultaban eficaces, dada la naturaleza abrupta del terreno montañoso y lleno de vegetación de la Caldera de Tejada.

Gran Canaria fue la primera isla rendida y controlada, después fueron La Palma y Tenerife, completando así la última etapa de la conquista del archipiélago de Canarias, que finalizó en abril de 1483.

Además de los Mújica, en estas expediciones formaron parte Juan Pérez de Munguía y Aguirre, capitán de la Infantería vizcaína, Juan de Gordejuela, varios Arcocha, Azoca, Recalde, Urtusaustegui, Alzola, Andía de Irarrázabal, varios miembros del linaje Anchieta de Vizcaya y Guipúzcoa, Juan de Lázaro, Juan Silverio de Mújica y Lazcano y otros que constituyeron linajes insulares tales como Perucho de Bilbao, Hernando y Diego de Espinal, los hermanos Hemerando, etc. Fueron también conquistadores Alonso de Navarrete, García de Vergara, Juan Pérez de Aguirre, Juan Martín Arteaga, Panucio de Bilbao, Alonso de San Juan, los Lezcanos, los Bachicaos, etc., todos vascongados. La noticia de la conquista de la Gran Canaria la tuvieron los Reyes Católicos en Vitoria, en 1483.

La mayoría de los 300 ballesteros vascos murieron luchando en enfrentamientos contra los aborígenes canarios. El propio Miguel de Mújica también murió luchando contra la población indígena en Ajodar. Hasta su muerte, había sido uno de los baluartes de las fuerzas militares castellanas comandadas por el gobernador Pedro de Vera. Juan Siverio sobrevivió y fue uno de los regidores de que se compuso el primitivo Ayuntamiento de la Gran Canaria.

CONQUISTA DE CANARIAS POR ALONSO FERNANDÉZ DE LUGO

En 1496, se firmaba la Paz de los Realejos, que ponía fin a la resistencia indígena canaria y a la conquista de forma oficial. Y, en 1526, el emperador Carlos V aprobó la organización de un Tribunal de justicia con sede en Gran Canaria.

Durante su reinado, Carlos V estaba enfrentando a Francisco I de Francia en las Guerras de Italia franco-españolas. Por eso, Bernardino Lazcano de Mújica, hijo de Juan Civerio de Mújica, organizó a su costa tres naves de guerra que actuaron contra los corsarios franceses que bordeaban las costas del archipiélago en busca de capturas como botín. Estos fueron derrotados por Lazcano de Mújica, quien liberó a algunas familias que habían sido apresadas. Más tarde, el buque de mayor porte fue enviado a la Flota de Galeones mercantes de la Carrera de Indias con el rango de almiranta.

21/12/2023

Juan de Alzolarás


Teólogo, religioso de la Orden de los Jerónimos, predicador del emperador Carlos V, y patriarca y obispo de Canarias en 1568

JUAN DE ALZOLARÁS

Juan López de Alzolarás nació en Cestona, Guipúzcoa, a inicios del siglo XVI. Pertenecía a una familia hidalga con solar en el Palacio de Alzolarás, en Aizarna, situada en el valle de Alzolarás y perteneciente a la Noble y Leal Villa de Santa Cruz de Cestona. Era uno de los linajes más importantes de su época en Guipúzcoa, propietaria de ferrerías, molinos, caseríos y torres y se emparentaron con otros poderosos linajes del territorio como los Loyola, Iraeta, Lilí o Guevara, entra otras.

Cursó estudios en una prestigiosa Universidad de Salamanca. Al graduarse, ingresó en la Orden de los Jerónimos, y fue destinado al Monasterio de Nuestra Señora del Prado, en las cercanías de Valladolid. En esta institución también trabajó primero como monje, después como prior, dedicándose a la docencia.

En aquella época, en Valladolid se ubicaba la Corte del emperador Carlos V. Pudo conocer a la princesa Juana de Austria, durante una de sus visitas al monasterio para asistir a una de las misas de Alzolarás. Poseía una gran habilidad en retórica cristiana y dotes de orador.

Durante su estancia pucelana, eliminó el apellido López, haciéndose llamar sólo por el de su linaje: Juan de Alzolarás, algo muy habitual entre los frailes de la orden jerónima.

Fue uno de los calificadores de las proposiciones del arzobispo de Toledo, el navarro Bartolomé Carranza. Juana de Austria aconsejó al general de los jerónimo, el padre José de Sigüenza, para que Alzolarás fuese enviado el Monasterio de San Jerónimo de Yuste, durante el retiro del emperador Carlos V, en 1556. Allí le sirvió como predicar ordinario y pudo conocer a reyes de otras Cortes europeas, aristócratas y secretarios reales, especialmente al vasco Francisco de Eraso, miembro del Consejo Real.

En 1558, había alcanzado el grado de general de su orden religiosa, cuando poco después fallecía el emperador. El catálogo de los generales de la orden explica su nombramiento así:
"1558. Capítulo número -18. Genera/núm. 38. Juan de Azóloras, del Prado ... Salio reprendido."

JUAN DE ALZOLARÁS Y CATEDRAL DE SANTA ANA DE LAS PALMAS

En febrero de 1566, fue nombrado arzobispo de Santo Domingo en la isla caribeña La Española (Santo Domingo). Recibió el palio de arzobispo en junio, pero no llegó a partir.

En septiembre de 1568, fue nombrado obispo de las islas Canarias en sustitución del prelado Bartolomé de Torre, tras su fallecimiento. Al año siguiente, tomó posesión del cargo, el obispo número 24 en orden cronológico. En 1570, autorizó la solemne dedicación de la catedral de Santa Ana.

Durante su estancia, estableció su sede en la catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canarias, y visitó y predicó el Evangelio por todas los rincones del archipiélago. Mantuvo una correspondencia epistolar con el rey Felipe II, abordando la situación de la Iglesia en Canarias, los problemas con el Cabildo catedralicio y la necesidad de corregir los excesos que se producían en Canarias, tanto por parte del clero como por parte de las autoridades civiles y militares. Le recomendaba que eligiera a los mejores, ya que la lejanía favorecía la arbitrariedad. También solicitó al rey, la toma de medidas frente al incumplimiento de los deberes de los regidores con bienes que correspondían a la Corona y al Obispado.

Alzolaras murió en 1574, siendo enterrado en la catedral de Santa Ana.

EL CAPELLÁN MENOR DEL REY

En la actualidad, se conserva un palacio en Aizarna perteneciente a su linaje nobiliario.

El Museo Catedralicio de Las Palmas guarda el portapaz o relicario que perteneció a Alzolarás, una pequeña pieza de orfebrería de plata en forma de retablo compuesto renacentista de gran riqueza decorativa. También se conservan las cartas que envió a Felipe II en archivos históricos de Simancas, Valladolid, Cestona, Oñate, Tenerife, Gran Canaria y el Vaticano.

El presidente del Consejo Consultivo de Canarias y magistrado de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Carlos Millán Hernández, escribió el libro biográfico El capellán menor del rey, Episodios de fray Juan de Alzolarás, Obispo de Canarias, a través de un portapaz.

15/03/2016

Francisco González de Andía Irarrazabal y Zárate


Veedor general y consejero real de los Estados de Flandes en 1615, gobernador y capitán general de Canarias en 1625, virrey de Navarra en 1634, y gobernador y capitán general de Galicia en 1638

FRANCISCO GONZÁLEZ DE ANDÍA IRARRAZÁBAL Y ZÁRATE

Francisco González de Andía Irarrazabal y Zárate nació en Santiago de Chile, en el Virreinato del Perú, en 1576, aunque el historiador Pablo Gorosabel ubica su nacimiento en Tolosa. Provenía de familia guipuzcoana e hidalga, pues su padre, Francisco González de Andía Irarrazabal y Martínez de Aguirre, había nacido en Deva y era señor de las casas solariegas de Andía y de Irarrazabal, y su madre fue Lorenza de Zárate y Recalde. Su padre fue protagonista en la conquista del Virreinato del Perú, gobernador de la Capitanía general de Chile y caballero de la Orden de Santiago.

Comenzó a servir desde su juventud en los Estados de Flandes y en otras partes corriendo por los grados de aventajado, entretenido, capitán de Infantería, picas, arcabuceros de a caballo, de corazas, de lanzas. Fue comisionado para la expulsión de los moriscos del Reino nazarí de Granada, en 1609, y nombrado para acompañar hasta Francia al duque de Mayne en nombre del rey, cuando vino a efectuar los casamientos de las personas reales a España.

En 1614, sirvió de maestre de campo en el socorro de la plaza de Mármora con gente a su costa propia. Había tenido especial comisión de Felipe III para ejecutar la prisión de Rodrigo Calderón, su desgraciado valido.

Entre 1615 y 1617, fue veedor general de los Reales Tercios de Infantería desplegados en Flandes, cargo de gran responsabilidad ante el inminente comienzo de la Guerra de los Treinta Años, en 1618. Al frente de esta Veeduría General, trató de establecer una Junta de Hacienda por petición del Real Consejo de Estado, pero resultó infructuoso al negarse el capitán general Ambrosio de Spínola y el archiduque Alberto, con quienes tuvo enfrentamientos. Según el criterio de González de Andía, el general se hacía cargo de las cuentas de tesorería que no le correspondían, incrementando partidas indebidas y generando mayor coste a la Real Hacienda española. A su vez, Spínola le acusó de falsificar la contabilidad de su Veeduría y encarceló en el castillo de Amberes. Otro de los generales en Flandes, Íñigo de Brizuela y Urbina, interfirió en la Corte de Madrid a favor de González de Andía, quien fue liberado pero perdiendo su cargo y funciones en la Veeduría General flamenca.

Una vez en la Corte, denunció el deficitario estado en el que se encontraban los soldados y las armas de los Tercios de Flandes, así como una decadente jurisdicción militar frente a la civil. Pero todas sus propuestas no se tomaron en cuenta para no incomodar al archiduque Alberto.

AMBROSIO DE SPINOLA EN LA RENDICIÓN DE BREDA

No obstante, el Consejo de Guerra reconoció sus aportaciones y le reasignó a un nuevo cargo, el de capitán de la infantería de Andalucía.

Entre 1625 y 1626, fue veedor y reformador de las islas Canarias por orden del Real Consejo del Despacho de Felipe IV. Extraordinaria gestión tuvo que realizar para que fuese designado gobernador de las Canarias y capitán general, cargo este último que se había suprimido en 1590.

Estando en la sede de la gobernación de Tenerife y en ejecución de las instrucciones mandadas por la Corte, González de Andía reformó dos maestres de campo, tres coroneles, tres tenientes de maestres de campo, seis capitanes en jefe, y diversos cargos militares. No quiso gravar los vecindarios con alojamientos ni útiles, pudiendo y teniendo para ello reales órdenes.

En su regreso a la España peninsular, el barco en el que viajaba fue atacado por piratas berberiscos que lo capturaron durante seis meses. Una vez rescatado y, siendo miembro del Real Consejo de Estado, propuso a la Corte para que se enviase a las Canarias un jefe militar de continua residencia, como fue el caso de amigo y aliado Íñigo de Brizuela.

Entre 1628 y 1632, fue gobernador de las plazas de Orán y Mazalquivir, posesiones de la Monarquía hispánica en el norte de África.

ÍÑIGO DE BRIZUELA Y ANTONIO DE OQUENDO

Sus últimos altos cargos en las administraciones políticas y militares fueron desempeñadas en la España peninsular. Entre 1634 y 1637, fue virrey de Navarra. Encabezó la invasión de Francia desde el sur, mientras el ejército de Flandes debía hacerlo por el norte, en el marco de la Guerra franco-española de 1635-1659. Tras avanzar por Bayona y San Juan de Luz hasta Socoa, recibió la orden de regresar.

Entre 1638 y 1642, fue gobernador y capitán general de Galicia, hasta que fue sustituido por el navarro Martín de Redín y Cruzat. En la rebelión de los portugueses independentistas, a inicios del 1638, tomó parte de la represión del motín de Évora, especialmente en el territorio del Algarve. Como fue considerado un experto en fábricas navales, intervino en algunas juntas en estos años. En una de aquellas comisiones, González de Andía participó en la organización de la Real Armada que lideró el general Antonio de Oquendo y Zandategui y que fue destruida por la flota holandesa en el frustrado combate de Las Dunas, en 1639.

Al final de su dilatada carrera en servicio de la Monarquía hispánica, Francisco de Andía Irarrazabal había sido proclamado caballero de la Orden de Santiago y beneficiado con repartimientos indígenas en el Perú. Además, obtuvo los títulos nobiliarios de vizconde de Santa Clara de Avedillo en 1628 y fundado el del marqués de Valparaíso en 1632.

Murió en la Corte de Madrid, en 1659.