27/12/2018

Misión evangelizadora a las Indias Orientales por San Francisco de Javier


El navarro Francisco de Jaso y Azpilicueta, patrón de Navarra, fue uno de los fundadores de la Compañía de Jesús junto a San Ignacio de Loyola, natural de Javier, donde nació en 1506.

SAN FRANCISCO JAVIER

Su vida religiosa comenzó en París, a donde llegó en 1525, para estudiar filosofía en la Universidad de la Sorbona a la edad de 19 años. En el colegio de Santa Bárbara de esta ciudad estudió bajo la protección de la corona portuguesas. En 1528, obtuvo el grado de licenciado. Según las fuentes de la época, le retrataron como un tipo bien plantado, muy activo e inteligente. Durante su estancia en el colegio conoció a dos personalidades importantes del siglo XVI: uno es un estudiante suizo con fama de arrogante, Juan Calvino; el otro es un guipuzcoano algo mayor y un poco extravagante, vestido con harapos, medio cojo, que vivía de las limosnas, sumergido en el fervor religioso, San Ignacio de Loyola, autor de los Ejercicios Espirituales.

El encuentro fue determinante en la vida de Javier. Ignacio había sido militar y había combatido bajo las banderas de Castilla en el bando de los beaumonteses contra la familia de Javier, del bando de los agramonteses satélites de Francia. En el sitio de Pamplona, Ignacio quedó herido de una pierna y casi le costó la vida.

Después de un camino de discernimiento mutuo, Ignacio se fue ganando la amistad del navarro, Francisco fue tocado muy profundamente por una frase que determinaría el rumbo de su vida: "¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Francisco prefirió ganar su alma y la de muchos.

En torno al guipuzcoano se fue creando una pequeña comunidad: el saboyano Pedro Fabro, el portugués Simón Rodríguez, los castellanos Diego Laínez, Nicolás Bobadilla y Alonso Salmerón y el propio navarro Francisco Javier.

Una idea les obsesionaba, viajar a Tierra Santa y conquistar las almas, en una nueva cruzada, pero esta vez de carácter apostólica. El 15 de agosto de 1534, esta pequeña comunidad se recogió en la cripta de Montmartre. Bajo la dirección de Ignacio, pronunciaron votos de pobreza y castidad, y se comprometieron a peregrinar a Jerusalén. Y decidieron que, caso de no haber podido viajar antes de un año, se pondrían a disposición del Papa, y de esta manera se fundó la Compañía de Jesús.

CASTILLO DE JAVIER

El viaje a Tierra Santa fue extremadamente peligroso, porque entre piratas berberiscos y galeotas otomanas, el Mediterráneo había dejado de ser europeo. El único puerto relativamente seguro era Venecia, pero para llegar había que atravesar Francia e Italia, que estaban en guerra. La comunidad lo intentaba a través de Alemania y Suiza, y en penosas condiciones, viviendo de limosnas y cuidando enfermos para sufragar gastos.

En 1537, llegaron a Venecia, donde navarro y guipuzcoano se ordenaron sacerdotes. Al año siguiente viajaron a Roma para recibir la bendición del papa, Pablo III.

El proyecto de viaje a Tierra Santa resultaba muy difícil ya que el pirata Barbarroja causaba el temor en los mares Adriático y Mediterráneo debido a la guerra entre venecianos y otomanos. La Compañía se dedicó a realizar obras de caridad en varias ciudades italianas, mientras que Francisco Javier se quedaba en Roma junto a Ignacio trabajando como secretario y ayudándole en la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús.

En 1540, se les presentó el embajador de Portugal, Mascareñas, que pedía a Ignacio misioneros para evangelizar las Indias Orientales a raíz de una petición de Juan de Portugal. El Imperio luso había establecido numerosas factorías desde África hasta la India y el mar de China. Esa fue el destino de Javier: la gran expedición misionera en el Imperio marítimo portugués.

SAN FRANCISCO JAVIER Y SAN IGNACIO DE LOYOLA

Zarpó desde Lisboa el 7 de abril de 1541, cuando tenía 35 años. El itinerario hacia las Indias Orientales fue el portugués, es decir, doblando África por el sur en dirección Este y atravesando el océano Índico, en lugar de la ruta española, doblando el estrecho de Magallanes y atravesando en Pacífico. Con él, partieron el italiano fray Pablo de Camerino y el portugués Francisco Mansilhas. Otros cuatro navíos completaban la flota. En el barco viaja el gobernador de la India, Martín Alfonso Sousa y, además de la tripulación, hay pasajeros, soldados, esclavos y convictos; gente de toda clase entre los que Javier tuvo que mediar en reyertas, combatir la blasfemia, el juego y otros desórdenes, y catequizarlos a todos.

Durante el viaje sufrió las grandes marejadas del Atlántico, después el intenso calor de la zona ecuatorial pudre el agua y los alimentos, y por último las grandes calmas del océano que provocan un parón en el golfo de Guinea. Con el barco inmóvil, se declara la peste y el escorbuto a bordo. Javier convierte su camarote en enfermería, dedicándose a cuidar a los enfermos y arrojar los cadáveres al mar.

Tras doblar el cabo de Buena Esperanza, realiza su primera parada en Mozambique. Durante su estancia de un año, ayuda en el hospital y percibe la realidad del trato que se da a los negros, lo cual le lleva a tener los primeros enfrentamientos. Después sigue por la costa este del África oriental y efectúa escalas en Melinde y Socotora, pequeños puertos entregados a su propia suerte, donde marinos árabes comparten soledad con mercaderes portugueses, misioneros de vida precaria y nativos africanos.

TRAYECTO DE LA EXPEDICIÓN MISIONERA

Por fin, la expedición llegó a Goa, en la costa occidental de la India, el 7 de mayo de 1542. Era una brillante ciudad hindú capturada por los árabes y, después conquistada por Alfonso de Alburquerque para la corona portuguesa. Capital del Imperio portugués de oriente, contaba con más de 225.000 habitantes y más de un centenar de iglesias y conventos de dominicos y franciscanos. Desde Goa organizó sus expediciones evangelizadoras y misionales.

Javier residió en Goa y alrededores durante cinco años como delegado del Papa, reorganizó la catequesis y el sistema de evangelización basándose en el catecismo de Juan Barros, tradujo los textos sagrados a las lenguas vernáculas, asistía a moribundos y cura enfermos, visitaba a presos y socorría a pobres, abrió escuelas, colegios y dispensarios, bautizaba y catequizaba a miles, y descubrió a todos el amor de Dios.

Goa se convirtió en la base de operaciones de todas las misiones en Asia. Allí se instaló el Seminario de San Pablo y desde allí partió la misión jesuita al Tíbet con el sacerdote portugués Andrade: el primer europeo que entró en la ciudad de los lamas.

Hacia octubre de 1542, viajó por los pueblos de los pescadores de la costa del sur de la península, con intención de revitalizar el cristianismo, casi perdido por falta de sacerdotes. Para lograr un acercamiento más intenso, se dedicó a aprender la lengua del país. Evangelizó a los indios Paravas y recorrió las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture. Encontró la oposición de los brahmanes, que habitaban las pagodas de la región. Aprendió tamil y tradujo a esa lengua parte de los textos cristianos y una plática sobre el cielo y el infierno.

SAN FRANCISCO DE JAVIER EN LA INDIA

Pasó casi tres años desempeñando la labor misionera en el oeste de la India. En sus andanzas llegó hasta Sri Lanka. En noviembre de 1543, se encontró con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevistó con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros. El obispo destinó a 6 sacerdotes para esa labor.

Con los nuevos colaboradores marchó de nuevo a la Pesquería, donde estableció un sistema de asignación de territorios a un responsable, el cual debía de mantenerle informado del devenir de la misión. Una vez organizado ese territorio, partió hacia Manapar y el distrito sur, donde permaneció un mes con los makuas, bautizando a más de 10.000.

Durante 1544, estuvo realizando más de veinte viajes de evangelización. El rey de los hindúes de Ceilán del norte, Jaffna, ordenó la ejecución de seiscientos cristianos en Manar. Ante estas noticias, Francisco volvió a Goa y habló con el gobernador, Martín de Sousa, para acompañar a la expedición punitiva para castigar las acciones contra los cristianos. Por diferentes causas dicha acción nunca se llevó a cabo.

Durante tres meses Francisco Javier estuvo aprendiendo una base del idioma y se familiarizó con la cultura local; también tradujo, con ayuda de gentes entendidas, la parte básica de los textos de la doctrina católica. Ese mismo año escribió al rey de Portugal Sobre las injusticias y vejaciones que les imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad.

SAN FRANCISCO JAVIER

En 1545, continuó su misión de predicación en las islas Molucas en compañía de Juan Eiro, llegando a Malaca poco después y terminando en la isla de Mindanao, siendo San Francisco Javier el primer apóstol de Filipinas.

Desde 1546 hasta 1548, no paró de viajar. Salió hacia las islas de Amborio y Ternate, después de escribir las Instrucciones para los catequistas de la Compañía de Jesús. Recorrió diferentes islas de la región y en Baranula (Ceran), continuando por Ternate, rico centro comercial de especias y última posesión portuguesa, las islas del Moro, y terminando de vuelta en Cochín.

Después de seis años en Asia, realizando labores de reordenación y supervisión de las misiones establecidas en India y Molucas, donde se sintió decepcionado con el deterioro sufrido, recibió la noticia de que un rey de Japón desea convertirse. Japón estaba muy lejos; hasta allá el mar estaba lleno de piratas; no había tropas portuguesas para cubrir el camino, pero Javier resolvió acudir a la llamada. Terminó siendo otro viaje portentoso y terrible, como de antigua leyenda. Para empezar, no había barcos disponibles, pero el viaje urgía, porque la estación de los vientos favorables se acercaba. El capitán de Malaca, Pedro de Silva, hijo del gran marino Vasco de Gama, no pudo ofrecer a Javier otra cosa que el junco del pirata chino Aván. Como Silva no se fía del chino, apresó a su mujer, confiscó sus bienes y le hizo jurar que irá directamente al Japón en cuanto soplase el viento.

Fue el 24 de Junio de 1549 cuando en el junco de bambú se apelotonaron doscientos hombres y trescientos sacos de pimienta, tan valiosa como el oro. Viajaban con Javier el valenciano Cosme de Torres y el cordobés Juan Fernández. Después de mil peripecias, donde no faltaron los piratas, los tifones, las triquiñuelas de Aván y hasta un encuentro con la escuadra imperial china, con el último viento del sur lograban arribar un 15 de agosto a Kagoshima, entonces capital del reino Sur del Japón.

SAN FRANCISCO JAVIER EN KAGOSHIMA

En esta ciudad permaneció durante un año, aprendió el idioma japonés, e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valió de un intérprete. Se ganó la confianza del señor feudal de la provincia, Shimazu Takahisha, pero también sufrió las hostilidades de los bonzos.

Creyó en la posibilidad de que si el rey se convirtiera al catolicismo, el pueblo también los haría, por ello, en 1550 se dirigió a Miyako, principal ciudad de Japón, situada en la parte central. Fundó una pequeña colectividad cristiana en Hirado. Llegó a Yamaguchi, luego a Sakai y finalmente a Miyako. Aquella ciudad sufría las penalidades de una guerra, por eso se instaló en Yamaguchi, obteniendo del príncipe la garantía de respeto a los conversos al cristianismo. Ante esa perspectiva estuvo realizando, junto con sus dos compañeros, una intensa labor de predicación y la creación de una pequeña comunidad católica. Muchos de los convertidos eran samurais. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.

Tras dos años de misión, Javier logró difundir el Evangelio en algunas ciudades del sur suscitando interés y fundando comunidades cristianas que más tarde crecerían muy rápidamente. Llegó a la conclusión de que la cultura japonesa dependía de la cultura china, y que si lograba sembrar el evangelio en China, entonces el Japón lo abrazaría. Ideó un plan para misionar en China.

Utilizando su título de embajador de Portugal, fue recibido en septiembre de 1551 por el príncipe de Bungo. Aquel gobernador quedó tan encantado con el sacerdote que otorgó su permiso para predicar, su protección oficial y le cedió un antiguo templo budista para que se alojase mientras estuviese ahí.

Un mes después y dejando algunos conversos, Francisco Javier regresó a la India aprovechando la llegada de un navío portugués a Funai. Quedó alertado por las noticias que le llegaron sobre las crecientes dificultades y abusos que se cometían en la India tanto entre los misioneros como entre las autoridades portuguesas.

El viaje de vuelta fue a bordo de la nao Santa Cruz, que capitaneaba Diego de Pereira, quien le ofreció la idea de organizar una embajada a China en nombre del rey de Portugal para entablar negociaciones de paz. Cuando llegó a Malaca se enteró de que la India había sido nombrada provincia jesuítica independiente de Portugal y que él es su provincial.

En 1552 llegó a Cochín y a Goa. Después de solucionar algunos problemas de las misiones, comenzó a preparar la expedición a China. Él mismo lo explicaba así:
"La China es una tierra grandísima, pacífica y gobernada con grandes leyes, hay un sólo rey, y es en gran manera obedecido. Es un riquísimo reino y abundantísimo. Estos chinos son muy ingeniosos y dados al estudio, principalmente a las leyes humanas sobre la gobernación de la república; son muy deseosos de saber. Si acá en la India no hubiere algunos impedimentos que me estorben la partida, este año espero ir a la China por el gran servicio de Dios nuestro Señor que se puede seguir, así en la China como en Japón; porque sabiendo los japoneses que la ley de Dios la reciben los chinos, han de perder más presto la fe que tienen a sus sectas. Grande esperanza tengo que así los chinos como los japoneses, por la Compañía del nombre de Jesús, han de salir de sus idolatrías y adorar a Dios y a Jesucristo, salvador de todas las gentes."

En abril de 1552, partió hacia China, acompañado de otros evangelizadores. El viaje se retrasó, llegando a la isla de Sanshoan a finales de agosto. Esta isla era el lugar de encuentro entre los mercaderes chinos y portugueses y punto de embarque hasta el continente, dista unos veinte kilómetros de la costa y está situada a cien kilómetros al sur de Hong Kong. Nunca llegaría a China. El 3 de diciembre de ese año moría Francisco de Javier cuando contaba 46 años de edad, víctima de unas fiebres. Su cuerpo fue conducido a Goa, donde llegó en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa ciudad.

MONUMENTO EN KAGOSHIMA

Aquí terminó la expedición evangelizadora y misionera de Francisco de Javier que fue el precedente de futuras misiones cristianas en Asia.

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, con el nombre de San Francisco Javier, al mismo tiempo que Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, Felipe Neri e Isidro el Labrador.

Por su inestimable empresa en las Indias, Benedicto XIV le concedió el título de Patrono Universal de las Misiones de Oriente en 1749. Se conservaron algunas de las cartas que San Francisco escribió a San Ignacio. También hay pequeños escritos catequísticos conocidos, como el pequeño catecismo (1542), y el gran catecismo (1546). Con motivo del V Centenario de su nacimiento se multiplicaron los estudios y ediciones en la red y en papel.

En 1949, en el monte del castillo de Kagoshima, aquella ciudad japonesa, se elevó una piedra con la siguiente inscripción:
"Este es el lugar donde el príncipe Shimazu Takahisa se encontró con el misionero Zabiel."

MONUMENTO A FRANCISCO DE JAVIER EN KAGOSHIMA

23/12/2018

Manuel de Aizpurua


Ingeniero naval en los Reales Astilleros de Zorroza en 1739, capitán de Maestranza de Guipúzcoa, y maestro constructor y capitán de Maestranza de las fábricas navales de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas en los astilleros de Pasajes, entre los años 1739 y 1779

MANUEL DE AIZPURUA

Manuel de Aizpurua, natural de Pasajes, fue uno de los grandes constructores del XVIII, y miembro de la élite de estos artesanos en las Provincias Vascongadas. A diferencia de Antonio de Gaztañeta, Juan Bautista de Donesteve, Gerónimo de Echeveste, Gerónimo de Aizpurua o Joseph Nicolás de Aizpurua, este constructor naval adquirió todos sus conocimientos y experiencia en los astilleros autóctonos; y no basó su promoción profesional en el servicio y trabajo en los Reales Arsenales de la Marina española.

En 1739, estuvo construyendo en los Reales Astilleros de Zorroza el navío mercante San Judas Tadeo y la Virgen, también conocido por Virgen Estrella de Vizcaya. Mientras trabajaba en este taller bilbaíno, tenía su residencia en la anteiglesia de San Pedro de Deusto.

En 1749, construyó la embarcación San Martín, también llamado Félix, en alguno de los Astilleros de Pasajes, en colaboración de Juan de Aizpurua.

Pero en la década de 1750, ya se había convertido en un reputado constructor naval, siendo el único fabricante, al menos de su provincia, que redactó un detallado plan de construcción de bajeles que sirviera de modelo para ulteriores fábricas. Este sistema de construcción se puso en práctica en 1756 cuando los oriotarras Joseph de Beldarrain y Juan de Arizmendi construyeron la fragata San Ignacio de Loyola, de 630 toneladas, para el secretario real en Corte Francisco de Mendinueta. Estos habían seguido este plan a semejanza del San Francisco Xavier, fabricado también en 1756 por Manuel de Aizpurua y Juan de Arizmendi.

Además de estos, por estas mismas fechas, Aizpurua fue el encargado de la manufactura de dos de los lanchones que se hicieron en la Provincia para los navíos que estaban en grada en el astillero de El Ferrol.

Aizpurua encontró su el apogeo de su carrera en la década de 1760 cuando fue nombrado capitán de Maestranza Interino de Guipúzcoa y contratado por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas con los cargos de maestro constructor y capitán de Maestranza de sus Fábricas Navales.

MAQUETA DE UN NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII

Desde 1761 y hasta 1779, Aizpurua trabajó en exclusiva para la sociedad caraqueño-guipuzcoana, tal y como era la práctica en la maestranza contratada por la Corte de Carlos III para sus Reales Fábricas. La Compañía trataba de implantar en sus astilleros de Pasajes una organización laboral semejante a la de los grandes centros navales de la Corona, a modo de garantía de una eficiente y disciplinada dirección de las obras navales.

La compañía mercantil no poseía una mínima maestranza permanente en las gradas de Pasajes, por lo que se veía obligaba tomar medidas extraordinarias cuando tenían que construir unidades adicionales, contratando a constructores guipuzcoanos o solicitando a las autoridades de Marina que le cedieran alguno de sus maestros.

El trabajo de Aizpurua en la Compañía de Caracas tuvo tres vertientes fundamentales.

1. la construcción de unidades mercantes para la sociedad

2. la labor de peritaje en los arqueos de los navíos de la sociedad, contando con la colaboración de un maestro calafate, siendo el primero el ayudante de su predecesor: Thomás de Allo; más tarde siguieron Joseph de Garay, Juan Bautista de Aguirre y Rafael de Aguirre.

3. la compra del maderamen necesario para la construcción de los barcos de la Compañía a precios ventajosos, aunque con ciertas complicaciones por los problemas de deforestación que tenían los montes próximos a las factorías navales.

MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII

Las primeras dos unidades fueron la fragata fue Nuestra Señora del Rosario, de 534 toneladas, y el Santa Ana, de 650, ambos botados en 1763. Tres años después, fabricó los navíos San Ignacio y San Vicente Mártir, de 199 y 764 toneladas y botados en Sableo y Pasajes, respectivamente. Al final de esta década, hizo botar el navío San Miguel y Santiago, de 669 toneladas, en 1769, y otros dos navíos más de entre 500 y 600 el mismo año.

Ya entrada la siguiente década, Aizpurua fabricó el navío San Julián, de 520 toneladas, en Pasajes, en 1772, y la urca Santa Teresa de Jesús, de 426 toneladas, en 1766, también desde astilleros de Pasajes.

Los últimos años de vida de la Compañía Guipuzcoana coincidieron con el final de la carrera profesional de Aizpurua, siendo el último trabajo para esta sociedad el navío Nuestra Señora de la Asumpción, también conocido como La Guipúzcoa, de 1.100 toneladas y artillado con 64 cañones, labrado en 1778 conforme al plano del San Genaro.

Su trayectoria como constructor terminó con la manufactura del navío La Asumpción, que fue apresada por la escuadra inglesa del Almirante Rodney al poco tiempo de haber sido botada en aguas del Puerto de Pasajes. Posteriormente, los ingleses la armaron con otros seis cañones más y pasó a integrar las flotas inglesas con el nombre de Príncipe Guillermo.

19/12/2018

Guipúzcoa, cuna de patriotas



SAN SEBASTIÁN (DONOSTIA): Miguel de Oquendo, Antonio de Oquendo, Joaquín de Aguirre y Oquendo. Marcos Aranburu. Hernando Aramburu. Alonso Aliri. Juan Amezqueta. Joaquín Ariseta. Martín Argarate. Martín Arriola. Cirilo Barcaiztegui. Valentín Barcaiztegui. Valentin Barcaiztegui, Ventura Barcaiztegui. Ramón Blanco, Miguel Santos Camino. Juan Cruzat, Miguel Cruzat. Alfonso Díaz Ramírez de Guzmán. Agustin de Diustegui. Duque de Estrada y Atorrasagasti, Manuel Barreda y Astigarraga. Pablo Agustín Aguirre, Rafael Echagüe. Juan Echaide. Luis Echazarreta. Miguel Echazarreta. Sebastián Elhazarreta. Mari Juan, Domingo Echeverri. Domingo Echeverri. Jacinto Echeberri. José Echeberri. Juan Echeberri. Juan Domingo Echeberri. Pedro Echeberri. Pío Elizalde. Tomás Endaya. Catalina Erauso.Juan Erauso. Juan Pérez Ercilla. Pedro Agustín Girón. José Manuel Goicoa. Juan Lasun. Sancho Leiva. Benito Lersundi. Juan Martínez de Lazón. Jose María Mathe. Ignacio Mendizábal. Juan Luis Michelena, Hernando Muñoz de Aramburu. Fernando Nórzagaray. Juan Sánchez de Casanova. Sebastián Tapia. Juan Tello y Aguirre. Lorenzo Ugalde y Orella. Mateo Ulajain. Bartolomé Urdinso. Lorenzo Urbieta. Juan Zabala y Guzmán. Manuel Zabaleta. Santiago Agustín Zuloaga.

IRÚN: Jacobo Arbelaiz, Juan Bautista Arizmendi. Pedro de Aranzate. Lucas Berroa. Francisco Berrotarán. Gregorio Leguia Arbelaiz y Mendibil. Miguel Mendibil. Juan Antonio de Olazabal y Emparan, Juan Antonio de Olazabal y Recalde. Juan José de Olazabal y Veroiz. Ramón de Olazabal y Arteaga. José María de Orbe y Elio. Juan Pérez Portu. Sancho de Urdanibia. Bartolomé de Urdinso. Pelegrin de Uranzu

FUENTERRABÍA (HONDARRIBIA): Francisco de Aguirre. Francisco de Alberro. Juan de Alcega; Pedro de Alcega, Diego de Alcega, Sancho de Alquila, Juan Carlos Joaquín Pedro de Areizaga, Machín de Arsu, Juan Pérez de Azcue, Juan de Beaumont y Navarra. Diego Butrón y Leguía. Juan Calatayud. Baltasar Antonio Calatayud, Manuel Casadevante, Juan de Casadevante. Miguel Antonio Casadevante, Martín Eckaus. Rafael Echeberria, Juan Benito Erasun. Bernardo Tomás Goenaga. Juan de Justiz, Manuel José de Justiz, Miguel de Justiz. Francisco Ladrón de Guevara, Pedro Ignacio Ladrón de Guevara, Nicolás Ladrón de Guevara, Francisco Ladrón de Guevara, Juanot de Lesaca, Agustín de Lesaca, Pearo de Lesaca, Agustín de Lesaca, Gonzalo de Luna y Mora, Mendinueta. Gabriel de Mendinueta, José Antonio de Gaztañeta e Iturribalzaga, Diego Mirafuentes, Juan Núñez de Palencia, Martín Sanz de Olaverría, Miguel Olaberria, Luís Oyanguren, Tomás Ramery, Melitón Ramery, Ramery, Domingo Sorondo. Antonio Ubilla. Juan Urbina. Juan Sánchez Venesa, Miguel Sánchez Venesa, Pero Sánchez Venesa, Miguel Sánchez Venesa. Gabriel José Zuloaga.

RENTERÍA (ERRENTERIA): Juan López de Errezuma y Eraso, Martín de Irigoyen, Martín Pérez de Irizar, Joanes de Isasti, Martín de Rentería y Uranzu, Martín de Zamalvide, Bartolomé de Zuloaga, José de Imaz.

HERNANI: Martín Pérez de Alcega, Juan Arana, Luis de Echezarreta, Juan de Urbieta, José Agustin Zuaznabar

OYARZUN (OIARTZUN): Miguel Ambulodi, Francisco Amolaz, Sebastián Echeverria, Francisco Antonio Feloaga, Sebastián Lartaun, Juan López Olaiz, Francisco de Urdinola

PASAJES (PASAIA): Miguel de Arizabalo, Adrián de Arizabalo, Juan de Arizabalo, Juan Bautista de Arizabalo, Sebastián de Echeverría, Manuel de Echeverría, Juan de Echeverría, Manuel de Iturain, Mateo de Laya y Aramburu, Blas de Lezo y Olavarrieta, Miguel Villaviciosa, Martín Juan Villaviciosa, Juanes Villaviciosa.

15/12/2018

Defensa foral navarra por José Yanguas y Miranda


José Yanguas y Miranda fue político, escritor e historiador navarro nacido en Tudela, en 1782. Dejó una impronta imborrable en la historiografía navarra del siglo XIX. Su larga carrera administrativa comenzó en Tudela, en cuyo ayuntamiento tomó plaza de amanuense a muy temprana edad. En 1806, se le nombró escribano y en 1817 asistió como síndico en las Cortes de Navarra celebradas ese año. Estuvo dos veces en prisión, acusado de formar parte del bando liberal en 812 y 1832. En 1830, fue nombrado archivero de Navarra y, en 1834, secretario de la Diputación, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1863.

Yanguas fue el máximo exponente en Navarra del segundo Romanticismo europeo, vinculado al avance del Liberalismo. Contemplaba el Fuerismo liberal bajo ambientación de Romanticismo político. Y, en este sentido, la Ley Paccionada es una traducción práctica del Liberalismo doctrinario por manos progresistas. Por eso, Yanguas supo establecer una relación perfecta entre historia y política, preocupándose de que en la incorporación de Navarra a Castilla no hubiesen ni vencedores ni vencidos. Para él, el respeto a los fueros navarros y a sus libertades por parte de la Corona castellana consiguió que el pueblo navarro correspondiera con muestras de afecto. Esta fue la aportación principal de este erudito al devenir intelectual navarro.

JOSÉ YANGUAS Y MIRANDA

Yanguas dejó una extensa obra escrita en la que recogió una visión sobre Navarra que se destacó por considerar a la historia y a los fueros como elementos característicos de su identidad. De ahí su empeño en escribir un Diccionario de los fueros y leyes de Navarra, en 1828, obra destinada a facilitar la lectura de la Ley navarra, recopilada en 10 volúmenes de 400 páginas cada uno. Calificaba a los fueros como "tan nombrados por todos, como desconocidos de la mayor parte de los navarros", lo cual era un reconocimiento del papel que representaban como seña de identidad de los navarros.

En el Diccionario, Yanguas defendía que los navarros serían los descendientes de los vascones, ciudadanos romanos por voluntad de Vespasiano. Pero el fundamento de gran parte de los fueros tuvo su origen en los pueblos que conquistaron a ese imperio y que habían pasado a Navarra, notándose su influencia especialmente cuando comenzaron los enfrentamientos con los árabes que habían invadido España, situación que derivó en la necesidad por parte de los navarros en designar un rey o caudillo. Para Yanguas, Navarra no se podría explicar únicamente por su matriz étnica, además por su proceso histórico marcado por periodos de relación con otros pueblos.

JOSÉ YANGUAS Y MIRANDA

La Diputación Foral encomendó a Yanguas de hacer frente a las tesis de José María Zuaznavar que expresó en su libro Ensayo histórico-crítico sobre la legislación de Navarra, de 1820. Este ensayo supuso un duro alegato contra la permanencia de las instituciones forales del viejo reino. Para Zuaznavar, el Fuero era una compilación de origen moderno cuyo nacimiento no había coincidido con el del reino. Para contrarrestar a Zuaznavar, escribió La Contrageringonza o Refutación jocoseria del Ensayo crítico sobre la legislación de Navarra, en 1833. En ella, el tudelano afirmaba que las ideas de Zuaznavar tenían como objeto:
"El de allanar el camino, lisonjeando a los innovadores, contra las antiguas instituciones políticas de Navarra y de las Provincias exentas, para consolidar el sistema constitucional, y hacer un mérito enervando la tendencia de sus naturales a contrariarlo."

La Historia compendiada del Reino de Navarra, escrita en 1832, representa un esfuerzo de Yanguas por acercar los Anales del padre Moret a un público más amplio, agregando material fruto de su propia investigación, así como opiniones personales. Finalizó el libro con una pequeña exaltación de la unión de Navarra a la Corona castellana.

En la misma línea de síntesis histórica está su edición de la Crónica de los Reyes de Navarra, escrita por D. Carlos, Príncipe de Viana, de 1842. Además su Diccionario de Antigüedades, de 1840, supuso una referencia necesaria en los estudios de historia navarra.

EL PRÍNCIPE DE VIANA EN SU BIBLIOTECA, POR JOSÉ MORENO CARBONERO

Durante su emigración en Francia, Yanguas fue personalizando el nuevo movimiento historiográfico europeo, lo que llegó a llamarse la "historia filosófica" de Voltaire. Quedó de manifiesto en el discurso metodológico que expuso en algunas de sus obras, especialmente en el prólogo al Diccionario de Antigüedades. Se interesó por el estado social de los pueblos y la historia filosófica de las costumbres, extraerlos de los documentos, y fundarlos en hechos positivos.

Sus más inmediatos seguidores intelectuales fueron José Alonso Ruiz de Conejares, Joaquín Mencos y Manso de Zúñiga, natural de Pamplona donde nació en 1799, conde de Guendulain, y Ángel Sagaseta de Ylurdoz. Este último fue defensor de las posiciones foralistas más extremas, dentro del Liberalismo.

HISTORIA COMPENDIADA DEL REINO DE NAVARRA, POR JOSÉ YANGUAS Y MIRANDA

11/12/2018

Reinado Sancho IV Garcés: decadencia de Navarra


El 1 de septiembre de 1054, durante el desarrollo de la batalla de Atapuerca, el rey García III Sánchez resultó herido de muerte por un noble castellano en su enfrentamiento contra su hermano Fernando I de Castilla.

Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés el de Peñalén, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor.

SANCHO IV GARCÉS

El primer objetivo del joven rey fue la conclusión de las obras del Monasterio de Santa María la Real de Nájera, en cuyo panteón fue enterrado su padre un año antes de consagrase la iglesia en 1056, por el arzobispo de Narbona. Mientras tanto, su madre y viuda de García III, Estefanía, se ocupó de acrecentar la Fundación de Santa María de Nájera, aunque dos años después moría, en 1058. En 106, Sancho IV se casaba con Placencia de Normandía.

Los primeros años del reinado de Sancho IV se caracterizaron por una relativa paz entre Pamplona y Castilla, especialmente tras establecer, en 1062, un acuerdo con su tío Fernando I y con los nobles sobre las fronteras de ambos reinos. Progresivamente, las villas de la Castilla controlada anteriormente por García pasaban a soberanía de Fernando: Ubierna, Urbel y la Piedra en 1056, Valpuesta en 1057, buena parte de la Bureba en 1058 que incluían Herrera, Oña y Poza de la Sal. Sólo Pancorbo se mantuvo fiel a Pamplona hasta 1061, gracias a la voluntad de su señor Sancho Fortuñón.

Si en 1062 Fernando I era rey de toda Castilla y Sancho IV lo era de La Rioja, las plazas colindantes de la taifa de Zaragoza fueron tenencias en discordia. Era una cuestión más militar, ya que no estaba del todo establecida su soberanía. En cambio, los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa continuaron vinculados al Reino de Pamplona, aunque hubo señores que tenían dominios vinculados a ambos reinos, y que fueron vasallos de ambos reyes (el pamplonés y el castellano). De hecho hubo hermanos de una misma familia nobiliaria que se repartieron indistintamente bajo una u otra soberanía.

Íñigo López, conde de Vizcaya, no se unió a la rebelión, permaneciendo fiel al rey pamplonés ya que estaba casado con una hija de Fortún Sánchez. El conde Álvaro Díaz permaneció fiel a Pamplona, rigiendo Álava hasta 1072, así como las tenencias de Grañón, Marañón y Término en zonas fronterizas con Castilla.

Velasquita, hija de García Aznárez y casada con Sancho Fortuñón, gobernó Guipúzcoa entre los año 1048 y 1060. Ese año, Sancho IV Aznárez pasó a ser el tenente hasta el final de dominio pamplonés, además poseía tierras en el condado de Álava. Más tarde asumiría la regencia de este condado en nombre del rey pamplonés.

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MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA
Y MONEDAS DE SANCHO IV GARCÉS

En 1065, Sancho II entró a reinar en Castilla, quien consiguió el vasallaje de la taifa de Zaragoza. Esta nueva situación hizo que los pagos de parias se deberían repartir entre Pamplona y Castilla. Durante este tiempo, Sancho VI estaba muy interesada en recibir las parias de Muqtádir, como demuestra un pacto firmado en 1069 por el cual el valí zaragozano se comprometía a pagar 1.000 monedas de oro todos los meses, adelantando 5.000 monedas por los cinco primeros meses desde abril de 1069. En contraprestación, Sancho VI no podía aliarse ni apoyar a los contingentes militares que desde Francia u otro lugar pretendan atravesar sus dominios para atacar Zaragoza. Tampoco Muqtádir podía aliarse a otras tifas musulmanas ni reinos cristianos en contra de Pamplona.

En mayo de 1073, Muqtádir renovó la relación de vasallaje con Sancho VI contra el rey de Aragón, Sancho Ramírez. Muqtádir se comprometía a pagar 12.000 mancusos de oro anuales al de Peñalén si este mediaba con el aragonés para que se retirase de las tierras ocupadas de Huesca y en ningún caso acosara las de Zaragoza.

Pero Sancho VI no supo emprender una expedición militar contra los reinos de Taifas sarracenos y expandir el territorio de su reino hacia el sur. Estuvo más ocupado en el aumento de las parias en oro que llegó a despertar la misma codicia en sus nobles, sospechosos del reparto equitativo del dinero.

REINO DE PAMPLONA CON SANCHO IV GARCÉS (1054-1076)

Un desigual reparto de las parias ocasionó la aparición de luchas intestinas entre los tenentes y magnates que poseían territorios fronterizos con el islam, con mayores necesidades militares defensivas. Estas eran: Autol y Arnedo para proteger Calahorra y Sartaguda; San Esteban y Azagra en la orilla izquierda del río Ebro; las villas de Villafranca de Navarra, Peralta, Falces y Funes en el valle de Funes; y las villa del río Aragón hasta Sangüesa, Santa María de Ujué y otras más en retaguardia. Sus alrededores estaban deshabitados y en ellos actuaban y se refugiaban bandidos, traficantes y mercenarios de los dos lados de la frontera. Además, eran frecuentes los saqueos y algaradas de una y otra parte, los conatos y tentativas de asalto para recuperar aquellas estratégicas fortalezas para la defensa y el ataque.

La codicia y la envidia de los nobles de estas villas culminó en la estrategia del magnicidio. Durante una partida de caza en Funes, Sancho VI fue despeñado en el espolón rocoso de Peñalén por un grupo de nobles, con la complicidad de sus hermanos Ramón y Ermesinda. Ambos se refugiaron en la corte de Alfonso VI. Placencia, la viuda del rey, y las infantas Jimena y Mayor quedaron en La Rioja.

El asesinato del rey fue una conjura entre nobles pamploneses debido al desequilibrado reparto del dinero de las parias. Estos, después de haber planeado y ejecutado la muerte de su soberano, ya no confiaban en ningún sucesor del rey García VI. Pamplona quedaba desolada y sus reinos vecinos se reparten la herencia real: Castilla entraba en La Rioja y los territorios vascos; Aragón recibía el núcleo originario del Reino de Pamplona.

Así, desde 1076, los destinos de Pamplona caminarían unidos a Aragón en la persona de Sancho Ramírez, nieto de Sancho III el Mayor y primo de Sancho IV el de Peñalén. El rey de Aragón y Pamplona fijó el límite entre ambos reinos en la orilla izquierda del río Ebro hasta Azagra, y aún fue acogido entre los vecinos de Ujué, quedando Montejura y Monjardían del lado aragonés.

Alfonso VI acaparó para Castilla las tierras de La Rioja, Nájera y Calahorra. Además Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa volvían a Castilla, donde gobernaría el conde Lope Íñiguez.

REPARTO DEL REINO DE PAMPLONA TRAS LA MUERTE DE SANCHO IV

07/12/2018

Tomás Ortiz de Landázuri y Arriaga


Administrador en el Virreinato del Perú y oficial contador del Consejo Supremo de Indias en el siglo XVIII

TOMÁS ORTIZ DE LANDÁZURI Y ARRIAGA

Tomás Ortiz de Landázuri y Arriaga nació en Nuvilla, de la Ribera Alta y Partido judicial de Vitoria, en 1722. Fue hijo de Domingo Ortiz de Landázuri y Montoya y Antonia Arriaga de Basave.

En 1741, ya era secretario real en el Virreinato de Nueva España, cargo que ocupó hasta 1743. Desde este año fue destinado a Nueva Galicia como secretario del gobernador y capitán general de Guadalajara Fermín de Echevers, y posteriormente presidente de la Audiencia de Guadalajara.

En 1746-47, en las costas de Matanchel, tuvo una importante participación en el rechazo de ataques holandeses. Por esta actuación defensiva fue nombrado corregidor, juez de Minas y teniente de la Capitanía General de Zacatecas en esas fechas y, posteriormente, titular de la Escribanía de Cámara de la Audiencia. Plantificó por comisión del virrey el derecho de alcabalas en la provincia de Nueva Vizcaya.

En 1756, fue electo alcalde ordinario; más tarde, regidor perpetuo y procurador de Guadalajara y, en 1757, escribano del Cabildo. En 1761, fue nombrado caballero de la Orden de Santiago.

En 1764, escribió la obra inédita Papel... haciendo presentes los medios para exterminar el contrabando, una Representación sobre el Virreinato del Perú...

CATEDRAL Y PLAZA MAYOR DE DE ZACATECAS, SIGLO XVIII

De regreso a la España peninsular, desde 1765 hasta 1767, desempeñó el cargo de contador general del Consejo Supremo de Indias, siendo ascendido a oficial de Contaduría General. Le correspondió llevar a cabo la aplicación de la Reforma de la Contaduría, iniciada en 1760, que consiguió un importante incremento de los rendimientos fiscales.

Fue miembro de "capa y espada" del Consejo desde 1767. Entre 1767 y 1771, figura como miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País y, desde este último año hasta su muerte en Madrid, en 1777, como miembro honorario.

En 1776, escribió una Consulta hecha a S. M. en Junta... sobre el comercio interior y exterior de España; también inédita.

ESCUDO DE ORTIZ DE LANDÁZURI

02/12/2018

Sellos de lugares de Navarra


Serie de sellos conmemorativos a villas y ciudades, a edificios e instituciones, a fiestas y vírgenes relacionados con la historia del Reino de Navarra, la mayoría están emitidos por Correos España.

sello navarra correos ptas
NAVARRA

sello navarra pesetas
NAVARRA

sello diputación navarra
DIPUTACIÓN FORAL DE NAVARRA

sellos diputación foral navarra
DIPUTACIÓN FORAL DE NAVARRA

sellos todo patria navarra
NAVARRA POR LA PATRIA

sello patria navarra
NAVARRA POR LA PATRIA

sello patria navarra
NAVARRA POR LA PATRIA

sello pamplona julio
PAMPLONA

sellor tafalla beneficiencia
TAFALLA

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TAFALLA

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TAFALLA

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TUDELA

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PUENTE LA REINA

sello caja ahorros navarra
CAJA DE AHORROS DE NAVARRA

sello virgen irache exposición consejo arte europa
VIRGEN DE IRACHE

sello virgen irache navidad navarra
VIRGEN DE IRACHE

sello san fermin
SAN FERMÍN PAMPLONA

sello compostelano cruz roncesvalles
CRUZ DE RONCESVALLES

NUEVO BAZTÁN (MADRID)

28/11/2018

Reinado de García III Sánchez: Corte navarra en Nájera


El 18 de octubre del año 1035 moría Sancho III Garcés el Mayor, considerado como el "primer rey de España" desde la invasión musulmana porque llegó a controlar, bien mediante su gobierno o bien mediante vasallaje, todo el tercio norte peninsular, desde León hasta Barcelona.

Su hijo García III Sánchez heredaba el reino patrimonial pamplonés, cuyo reinado se extendió entre los años 1035 y 1054. Como primogénito de Sancho y Munia, no sólo heredaba de su padre sino también de su madre, que había unido a Navarra parte del Condado de Castilla. Por eso, el sucesor en la integridad del reino obtenía el Reino de Pamplona-Nájera, el Señorío de Vizcaya, el Condado de Álava, el Duranguesado y la mitad de las tierras del Condado de Castilla: Montes de Oca, la Bureba, Trasmiera y las Merindades, entre otros territorios; este grupo de territorios castellanos era conocido como Castilla la Vieja.

Las tierras riojanas y las del reino patrimonial de Pamplona debían su soberanía a Pamplona, pero las tierras de Castilla la Vieja, Álava y el Duranguesado, al proceder del Condado de Castilla, debían su soberanía tanto al Reino de León como la Castilla que recibió su hermano Fernando I. Es decir, García y Fernando estaban en pie de igualdad en Castilla, pues desempeñaban funciones condales bajo la soberanía del rey leonés. La superioridad de García sobre Fernando se asentaba sólo en el Reino de Pamplona.

DIVISIÓN DE REINOS A LA MUERTE DE SANCHO III (1035)

Un suceso mitológico fue el detonante de la toma de Calahorra por parte del rey pamplonés García III Sánchez. La leyenda se remonta al año 1044 y sostiene que durante una partida de cetrería en la que el rey había cruzado el río Najerilla, encontró dentro de una cueva una imagen de la virgen sobre una piedra. El hallazgo impulsó al rey a levantar el Monasterio de Santa María la Real y fundar la Orden de la Terraza. Parece que este suceso está en el origen de la decisión de García III de tomar la ciudad de Calahorra.

Pero, además, la conquista fue precedida por dos golpes maestros de García contra territorios islámicos con el apoyo de la taifa toledana. El primero, devastando tierras y cosechas en Zaragoza en el verano de 1044. El segundo, siete meses después, saqueando amplias zonas próximas a Tudela.

En noviembre del año 1044, acudieron a una convocatoria del rey García, su hermano Fernando y su hermanastro Ramiro. Junto a ellos asistieron seis obispos: Álava, Nájera, Pamplona, Urgel, Oca y Palencia, además de los grandes magnates de los reinos. Llegaron a un acuerdo para vertebrar estrategias de los ejércitos y buscar el momento propicio para el asalto.

Durante cinco meses antes del ataque, se hicieron grandes talas de árboles en los montes de San Millán y Cameros; se fueron aprovechando después los de Nájera y Viguera para la fabricación de ingenios de guerra como catapultas, arietas y trabucos, que también se obtenían de la madera de la sierra de Isasa, sobre el Arnedo y Peralta, donde se trabajaban estas armas necesarias para el combate. Otras armas defensivas y ofensivas como casquetes, lorigas, cotas de malla, escudos, adargas, espadas, dardos, arcos y útiles de zapador eran fabricados por los herreros del Pirineos y Vizcaya, y la artillería por los armeros de Álava, Nájera y Pamplona.

Se preparó una numerosa hueste con recluta en todas las provincias de la corona, bajo los senescales (jefes de la nobleza), señores de las villas, oficiales y mandaderos del rey, sus príncipes y sus prelados. Todas las milicias se fueron concentrando en la gran meseta del camino de Nájera y ciñeron la ciudad en atacar por la parte de Nájera y cortar así los posibles socorros por la parte de Tudela.

CATEDRAL DE CALAHORRA

La toma de Calahorra comenzó el 30 de abril de 1045. Diez meses después de la conquista, en marzo de 1046, regresó García a Calahorra para festejar a los mártires San Emeterio y San Celedonio.

Esta reconquista, además de hacer retroceder la frontera musulmana en la orilla derecha del Ebro, abrió un período de relaciones pacíficas con los musulmanes. Tras la muerte de Suleimán ibn Hud, rey de la taifa de Zaragoza, se produjo una división entre sus hijos: Ahmah permaneció allí, mientras que Yusuf heredaba la parte de Lérida. Esta división fue aprovechada por García para pactar a favor de Ahmah frente a Yusuf y recibir a cambio parias en oro en concepto de tributos.

La política religiosa de García III fue similar a la de su padre Sancho III, y se caracterizó por el distanciamiento de Roma, la integración de los monasterios pequeños en otros mayores y la preferencia de las congregaciones del clero regular, así como la supeditación al derecho del obispo. Tanto sus obispos como sus tenentes y señores feudales debían ser leales al rey de Pamplona.

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Nájera fue durante los siglos X y XI, el centro económico, social, administrativo, político y eclesiástico más importante de La Rioja. Una nueva etapa en el Camino de Santiago. Por eso García III la convirtió en la ciudad que albergase su corte real y segunda capital del reino, lo que produjo un desarrollo urbanístico con la aparición de nuevos barrios, la creación de fortunas monásticas y la diversificación económica de sus habitantes. Concedió fuero a esta ciudad. En un palacio localizado bajo el castillo, el Alcázar, se convirtió en su principal residencia, aunque no permanente.

La construcción del Monasterio de Santa María la Real de Nájera consiguió colocar bajo la influencia del obispo de Nájera no sólo las tierras de La Rioja, también la Bureba, Oca, y Castilla la Vieja hasta Santoña y otras zonas de la provincia de Santander. La compleja situación del entrecruzamiento de soberanías, en esta ocasión desde la perspectiva eclesiástica, produjo que el Reino de Pamplona acaparase territorio de Castilla la Vieja por vía de jurisdicción eclesiástica, en perjuicio del Reino de León.

La construcción se costeó con el botín de guerra conseguido en Calahorra como por las parias recibidas. La consagración de la iglesia tuvo lugar el 12 de diciembre de 1052, en presencia de Estefanía y el rey García, su hermano Fernando I de Castilla, Ramiro I de Aragón, magnates, nobles de los reinos, y los obispos de Nájera, Álava y Pamplona con los abades de Oña, Irache y san Millán. La iglesia tenía panteón regio anexo en el que se encuentran las tumbas de varios reyes pamploneses y señores vizcaínos. Y, como punto clave del Camino de Santiago, tenía un albergue de peregrinos donde se atendían las necesidades físicas y espirituales.

PANTEÓN REAL DEL MONASTERIO DE NÁJERA

En 1052, el rey García suprimió la diócesis castellana de Valpuesta, lo que produjo que las iglesias de los territorios de esta parte de Castilla se vincularan a la diócesis de Nájera-Calahorra. La nobleza castellana de villas como los Monteros, Medina de Pomar, Briviesca o Villarcayo presionó al rey Fernando I de León y Castilla, hermano de García, para recuperarlas mediante la guerra. García III Sánchez seguía tratando los territorios de Castilla la Vieja como si fueran una prolongación del Reino de Pamplona, sin tener en cuenta que dependían de la soberanía regia leonesa.

Ambos reinos decidieron resolver sus diferencias en una batalla en campo abierto: la batalla de Atapuerca. Este enfrentamiento tuvo lugar en la llanura frente a la Sierra de Atapuerca entre las villas de Agés y Atapuerca, al nordeste de Burgos el día 1 de septiembre de 1054. Durante el enfrentamiento García III resultó herido de muerte por un noble castellano, falleciendo en los brazos de San Íñigo con menos de 40 años. Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor Fernando I.

REPRESENTACIÓN DE LA BATALLA DE ATAPUERCA

Los navarros guardaron campo durante la noche y vigilia para llevar el cuerpo inerte de García III en procesión fúnebre al panteón real del monasterio de Santa María la Real, recientemente edificado por él mismo en Nájera.

Fernando I acudió personalmente junto a la capilla ardiente de su hermano y a la proclamación y jura de su sobrino como nuevo rey de Pamplona, al que prometió guardar bajo su protección como rey imperante en Hispania. Se concertó la recuperación de territorios castellano-alaveses y la frontera de ambos reinos en línea con el Ebro desde el camino de Santiago en Logroño como término de paz.

El rey castellano se anexionó la comarca para su reino, que era en ese momento territorio pamplonés. Un año más tarde, Diego Flaínez, padre del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, reconquistaba los castillos, entonces pamploneses, de La Piedra y de Úrbel del Castillo que cerraban el paso a través del valle del alto Urbel.

REINADO DE PAMPLONA CON GARCÍA III SÁNCHES (1035-1054)