18/07/2026

Sanchicorrota y bandidos de las Bardenas Reales


El Parque natural de las Bardenas Reales es punto final de la Cañada de los Roncaleses, una ruta que desde hace siglos siguen los pastores con sus rebaños recorren desde los altos picos de los Pirineos hasta las cálidas tierras de la Vega del Ebro a finales de verano, y sentido inverso mediada la primavera. Desde los frondosos bosques y las cumbres nevadas, llegaban en tan solo cinco etapas a los áridos paisajes bardeneros.

Como tierra frecuentada de pastores y rebaños, aparecen cabañas y corrales por todo el parque, que servían de refugio a ganaderos. Son construcciones sencillas donde al calor de un fuego se cocinaban las tradicionales migas de pastor, hechas con pan duro, sebo de cordero, agua, ajos y sal.

Este territorio fronterizo y despoblado favoreció la existencia continuada de salteadores de caminos y ladrones de ganado. Si bien no había bosques frondosos donde ocultarse, había barrancos y cumbres de fatiga, mucha tierra por donde escapar y pocos caminos por donde acotar.

Esta situación de asaltos y escaramuzas condujo a una veintena de pueblos limítrofes de Navarra y Aragón a formar una Hermandad para la defensa en 1302. Así decía uno de sus artículos:"Que cogiendo a los malhechores in fraganti los ahorcasen, sin esperar orden del rey ni de la justicia."

BARDENAS REALES Y MONUMENTO AL PASTOR

De toda la casta de bandoleros destacó el legendario Sancho Rota "Sanchicorrota", acompañado por su banda de "treinta de a caballo", cuyas monturas cazaban las herraduras al revés para despistar a sus perseguidores.

En 1452, el rey Juan II organizó un ejército de 200 caballeros que cercaron su partida, pero antes de ser capturado se suicidó con un puñal. El cadáver fue mostrado por los pueblos, llevado a Tudela y colgado de una horca. Pero extrañamente, no se usa su nombre para asustar a los niños, gozó de buena reputación, pues decían que robaba a los ricos para dárselo a los pobres y como señalaban los cronistas "era muy cortés con los que robaba". Sanchicorrota fue el más famoso bandido en las Bardenas Reales, pero no fue el único.

En 1590, el virrey de Navarra ordenó formar una partida con 300 hombres en Tudela y 150 de Ejea de los Caballeros para capturar a una banda de 50 gitanos, mandados por Gaspar de Malla y su secuaz Bustamante, que estaban asaltando diversas zonas de la Ribera, aunque no dieron con ellos.

En 1657, una cuadrilla compuesta por bandidos de Novillas, Fustiñana, Azagra, Mallén, Borja y un francés llamado "el malo" asaltaron en las Bardenas de Caparroso a once arrieros cargados de aceite, seda. azafrán y almendras. Cerca de cuarenta vecinos de Arguedas y otros tantos de Valtierra armados de arcabuces salieron en su búsqueda aunque solo pudieron capturar a uno, quien confesó que se había repartido el botín a partes iguales "como buenos amigos".

También fueron perseguidos José Fernández de Allo, alias "el trapo", en 1688, y capturados Miguel Jiménez "el entendido" en 1666 y "el gordillo" en 1683.

SANCHICORROTA ASALTANDO UN CARRUAJE

El 29 de mayo de 1657, entre Marcilla y la Venta de San Miguel, una partida de hombres con pañuelo en la cara y la ropa vuelta para no ser reconocidos asaltaron una diligencia y redujeron a sus ocupantes: el justicia de Marcilla que llevaba al delincuente "mala cara", dos guardias y un arriero, quien declaró que el jefe de la partida "tenía las manos morenas y pisaba muy a lo guapo". Les escondieron en un recodo, donde ya estaban maniatados de un atraco previo el herrero de Villafranca y su criado. Los ladrones detuvieron otro carro con cuatro portuguesas y dos portugueses que, procedentes de Madrid, se dirigían a Pamplona. Les registraron y desvalijaron, al conductor no le encontraban nada hasta que le hicieron descalzarse "que muy ancho llevaba el zapato y que lo quitase", allí guardaba sus reales de plata. Los ladrones reunieron a todos sus cautivos y se solidarizaron con el preso a quien preguntaron "si le importaba algo la libertad" y quedó suelto tras contestar que "no menos que la vida". El botín fue de unos tres mil reales y pronto se detuvo a "mala cara" y a "el pardillo", mientras el resto lograron escapar de la justicia: los hermanos Virto, Diego y José de Ayala, Juan Garrido "el fraile", José Olloqui "chupón", una tal Heredia y un estudiante de cirugía de Corella llamado Pascual Mostajo, que era el capitán de los bandidos.

En 1821, destacó Gabriel Marcuello "Páxara", quien asaltó el Palacio de los Escuderos, o de los Munárriz, en Mélida, torturó y quemó viva a la dueña, Josefa Lapuerta. Tres de los asaltantes fueron capturados y su líder condenado a la horca y a descuartizamiento. Su cuerpo permaneció colgado tres horas, bajaron el cadáver e hicieron cuatro cuartos: la cabeza se metió en una jaula y la expusieron en Mélida; la pierna izquierda se clavó en una poste junto a la Ermita del Yugo; la otra pierna y los brazos se colgaron en Caparroso, en Muruarte de Reta y en Pitillas. Los nombres de sus secuaces que siguieron parecido destino eran: Clemente Salas "el manco de Blesa", Vicente Serrano "Chandarme de Plou", Baltasar de Gracia "el pusilador de Montalbán", José Urtiles "el ruin" y Pedro Royo "el rayado", quien antes de morir fusilado gritó al pelotón: "Hace mucho tiempo que debo la vida al rey, y ahora se la pago."

PARTIDA DE BANDIDOS BARDENEROS

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