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19/05/2025

Literatura filosófica de Pío Baroja influenciada por Nietzsche y Schopenhauer


El novelista guipuzcoano Pío Baroja es posiblemente el literato español que más ha recibido la influencia de Friedrich Wilhelm Nietzsche. Fue debido a unas conversaciones con el suizo Paul Schmitz en el monasterio de El Paular, en 1901.

De aquel encuentro surgió al año siguiente la novela Camino de perfección, donde aparece aquella persona con el pseudónimo de Max Schultze. A través del protagonista de la obra, Fernando Ossorio, Baroja transmitió su lucha entre el pensamiento pagano de la vida y la educación cristiana que tuvo, basada en valores como la contemplación, el sacrificio y el ascetismo. La contradicción aparece de forma integral al final del libro, en la que el protagonista piensa en la educación de su hijo recién nacido alejada de su trastorno neurótico y cansancio mental: "No, no le torturaría a su hijo con estudios inútiles, con ideas tristes; no le enseñaría símbolo misterioso, de religión alguna"; pero "mientras Fernando pensaba, la madre de Dolores cosía en la faja que había de poner al niño una hoja doblada del Evangelio".

PÍO BAROJA

En El mayorazgo de Labraz, publicado en 1903, la influencia del Nietzcheismo sobre Baroja aparece más claramente encarnado en los personajes de Ramiro y Juan. El primero es positivo y vitalista, el segundo es pesimista y contemplativo. También dejó plasmados algunos aspectos de la filosofía de Nietzsche en los artículos escritos en esos años que fueron reunidos en la publicación El tablado de Arlequín, en 1904, así como en las críticas periodísticas de los mismos años que se publicarían más tarde en Divagaciones apasionadas, en 1924.

En estos escritos expresó su desprecio al Cristianismo, a la burguesía socialista, a la creencia democrática y la bajeza moral de las masas gregarias, mientras que abundaba en elogios a la tendencia individualista y anárquica del hombre fuerte. Para recuperar España, Baroja prefería eliminar el fanatismo religioso y el Liberalismo democrático, fomentando el Individualismo. Además, habría que acometer una política experimental que en España se reduciría a un mínimo de ley y a un máximo de autoridad.

Baroja se revelaba contra la farsa del Electoralismo en la España de la Restauración monárquica, así como contra un Catolicismo fanático y oscurantista, que fomentaron su resentimiento anticristiano. Sin embargo, su alma siempre estuvo luchando entre tendencias opuestas, entre las ideas de Nietzsche y las de Schopenhauer, las dos influencias filosóficas que tanto ejercieron en su pensamiento.
"Yo he vacilado muchas veces queriendo resolver no ya si en el cosmos, sino en el interior del espíritu, es mejor la fuerza indiferente al dolor o a la piedad. Pensando, estoy por la fuerza, y me inclino a creer que el mundo es un circo de atletas en donde se debe hacer más que vencer, vencer de cualquier manera; siendo, estoy por la piedad, y entonces me parece la vida algo caótica, absurdo y enfermizo."


Este sentimiento de la vida, donde el dolor predomina sobre el resto de aspectos, aparece muy claro en Camino de perfección, en El árbol de la ciencia y en La sensualidad pervertida, donde la influencia de Arthur Schopenhauer es patente. En su concepción del mundo, Baroja aceptó la muy utilizada dicotomía entre "voluntad" y "representación" como una confrontación ilógica.

ARTHUR SCHOPENHAUER

En el plano personal, Baroja prefirió el lado místico y contemplativo de su alma. Pero en cuanto a su literatura, creó personajes cargados de acción y vitalidad, que reflejasen su proyección personal hacia lo que nunca pudo ser. Y en esa dualidad se movió su filosofía, entre Schopenhauer y Nietzsche, pero con tendencia a acercarse cada vez más al Individualismo y Anarquismo del hombre de influencia nietzscheana. En política, esta postura suponía la afirmación de la tendencia autoritaria y dictatorial; y como norma de conducta le llevó a la prédica de la acción:
"En el fondo no hay más que un remedio y un remedio individual: la acción. La acción es todo, la vida, el placer. Convertir la vida estática en vida dinámica; éste es el problema. La lucha siempre, hasta el último momento."

Así, para sus novelas creó personajes que fuesen encarnación del hombre de acción: Silvestre Paradox, Carlos Yarza, Martín Zalacaín, César Moncada, etc. Este último, protagonista de César o nada, obra de 1910, es el personaje barojiano más representativo de la Voluntad nietzscheana. Simbólicamente, era tataranieto de César Borgia como expresión del anticristo de Nietzsche.

Su proyecto para la regeneración de España se resume en el siguiente programa:
"Este brío español que en sus dos impulsos, espiritual y material, dio nuestro país a la Iglesia (institución no sólo extraña, sino contraria a nosotros) debía intentar España hoy en beneficio de sí misma. La obra de España debía ser organizar el individualismo extrarreligioso."
"Somos individualistas; por eso, más que una organización democrática, federalista, necesitamos una disciplina férrea, de militares."
"Planteada esa disciplina, debíamos propagarla por los países afines, sobre todo por África. La democracia, la República, el socialismo, en el fondo no tienen raíz en nuestra tierra. Familias, pueblos, clases, se pueden reunir con un pacto; hombres aislados, como somos nosotros, no se reúnen más que por la disciplina."
"Además, nosotros no reconocemos prestigiosos, ni aceptamos con gusto ni rey, ni presidente, ni gran sacerdote, ni gran mago."
"Lo único que nos convendría es tener un jefe… para tener el gusto de devorarlo."
"El Loyola del individualismo extrarreligioso es lo que necesita España. Hechos, hechos, siempre, y una filosofía fría, realista, basada sobre los hechos, y una moral basada en la acción."
"Yo pienso, y ahora me afirmo más en mis ideas, que los únicos que podemos dar un sentido, hacer una nueva civilización con caracteres propios, con esa vieja raza ibérica, nacida, probablemente, en las orillas del Mediterráneo, somos los españoles."
"Francia se va inclinando cada vez más hacia el Norte. En Italia sucede los mismo; Milán y Turín son las verdaderas capitales de Italia, allí donde predominan el sajón y el galo; en cambio, en España no sucede esto: nos encontramos separados del resto de Europa por los Pirineos y unidos a África por el mar y por el clima; nuestro plan debía ser construir un gran imperio euroafricano, imponer nuestras ideas en la Península y luego irradiarlas por todas partes."

FRIEDRICH WILHELM NIETZSCHE

Bajo este individualismo anarquizante y autoritario del hombre, se esconde en Baroja una admiración por la fuerza de la que carecía. Su ideología del Cesarismo, derivada de la teoría del superhombre, consiguió la reacción crítica de algunos de sus contemporáneos. Por ejemplo, E. Giménez Caballero llegó a calificarle como "el primero de los textos fascistas, la primera profecía fascista", en el capítulo Pío Baroja, precursor del fascismo español, de su libro Comunistas, judíos y demás reala, publicado en 1938. Y continuó con:
"Baroja expresa en literatura hacia 1910 lo que Mussolini comienza a realizar en la acción diez años más tarde."

Todo aquel pensamiento barojiano posiblemente sería un poco exagerado, pero bien es cierto que ciertas ideas nietzscheanas le llevaron a realizar una exaltación de la guerra. Algunas de aquellas ideas son las siguientes:
"La guerra es un tónico para los nervios debilitados de las razas sedentarias. El aprendizaje más fuerte para hacerse hombre de voluntad… Yo odio al militar de oficio y amo la guerra."
Estas frases pertenecen al personaje inglés Simpson de Paradox, rey, novela de aventuras de carácter utópico y filosófico, perteneciente a la segunda triología La vida fantástica, publicada en 1906.
"La moralidad no es más que la máscara con que se disfraza la debilidad de los instintos. Hombres y pueblos son inmorales cuando son fuertes."
Además, Paradox se contagia de la filosofía anarquista:
"Vivamos hechos bárbaros. Vivamos la vida libre, sin trabas, sin escuelas, sin leyes, sin maestros, sin pedagogos sin farsantes."

26/01/2022

Crítica al Nacionalismo vasco por Miguel de Unamuno y Pío Baroja


Los más ilustres autores vascos de la época de la Restauración española y contemporáneos a la etapa de creación del ideario Nacionalista vasco denunciaron las manipulaciones que de la historia estaban efectuando.

Un grupo de intelectuales vascos encabezados por el vizcaíno Miguel de Unamuno, el guipuzcoano Pío Baroja y el alavés Ramiro de Maeztu, pertenecientes a la Generación del 98, y secundados por otros muchos periodistas, literatos, antropólogos e historiadores como Salaverría, Miquelarena, Mourlane Michelena, Balparda, Echegaray, Labayru, etc., dedicaron cientos de páginas a desvelar el artificio que estaban fraguando conocido como "sentimiento nacional vasco" y fundamentado en gran medida en la falsificación de la historia de los vascos.

Miguel de Unamuno fue uno de los escritores y filósofos más sobresalientes de la Generación del 98. Poseía una gran categoría humana e intelectual en el panorama cultural hispánico del siglo XX. Fue precursor del Existencialismo cristiano, junto con Kierkegaard; un ciudadano ejemplar y patriota contrario al uso de la violencia política y cualquier idea fascista, comunista o monárquica. Este vizcaíno fue un ensayista excepcional dotado de un extraordinario dominio del español, que se dedicó al estudio de la filología, a la erudición filosófica y a la docencia universitaria, llegando a impartir en la Universidad de Salamanca. En cuanto a la literatura, fue creador de un nuevo género literario en prosa: las "nivolas"; además de abordar la poesía y el teatro Su extensa producción se proyectó sobre la cultura española moderna influyendo en todas las corrientes literarias y filosóficas de pre y postguerra.

Defensor del Socialismo y de la II República, llegó a enfrentarse a los totalitarismos de la Europa de su época, desde el Comunismo al Franquismo. Pero jamás renegó de su identidad vasca y española:
"¡Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna, y mi Dios un Dios, el de Nuestro Señor Don Quijote, un dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español…!"

MIGUEL DE UNAMUNO

Sobre los españoles consideraba:
"Cuando en España se habla de cosas de honor, un hombre honrado sencillamente tiene que echarse a temblar."
"Los españoles que adoptan juicios deformados son unos cuantos atolondrados que no conocen nuestra propia historia."
"La sangre de mi espíritu es mi lengua y mi patria es allá donde resuena."
Sobre la identidad de los vascongados en su novela Niebla escribió: "Soy doblemente español, por vasco y por español."
"Los vascos somos el alcaloide o esencia de los español. La sangre de mi espíritu es mi lengua y mi patria es allá donde resuena."
"Hemos ido los vascos a todas las guerras en que había que defender a España; fuimos, no nos llevaron… fuimos como vascos y como españoles."
"La Compañía de Jesús y la República de Chile son las dos grandes hazañas del pueblo vascongado."
Sobre el vascuence se atrevió a decir:
"El vascuence, hay que decirlo, como unidad no existe, es un conglomerado de dialectos en que no se entienden a las veces los unos con los otros. Mis cuatro abuelos eran, como mis padres, vascos; dos de ellos no podían entenderse entre sí en vascuence, porque eran de distintas regiones: uno de Vizcaya y el otro de Guipúzcoa."

MIGUEL DE UNAMUNO

Sobre Simón Bolivar escribió:
"Su alma creó patrias y enriqueció el alma española, el alma eterna de la España inmortal y de la humanidad con ella."
Esta frase está grabada en la parte derecha del pedestal de la estatua ecuestre de Simón Bolivar.

Unamuno se lamentaba sobre el desarrollo que estaba tomando el Independentismo vasco y catalán y sus fundamentos manipulados y victimistas cuando decía:
"Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee."
"El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia."

MIGUEL DE UNAMUNO

Si Miguel de Unamuno es el más grande pensador vasco de todos los tiempos, Pío Baroja es el más importante novelista. Nadie ha descrito mejor las características y peculiaridades de los vascos, mediante cuentos como La dama de Urtubi o novelas como Zalacaín el aventurero. Obras como estas han conseguido que todo lector haya sentido una profunda simpatía por sus personajes, en particular, y por el mundo vasco, en general.

Al igual de Miguel de Unamuno, Pio Baroja fue otro escritor de la Generación del 98, defensor de la II República, que jamás renegó de su sentimiento de pertenencia vasca y española.

En plena crisis de identidad de la conciencia nacional tras la pérdida de los últimos territorios imperiales en 1898, reflexionaba sobre los españoles:
"Los españoles hemos sido grandes en otra época, amamantados por la guerra, por el peligro y la acción; hoy no lo somos. Mientras no tengamos más ideal que el de una pobre tranquilidad burguesa, seremos insignificantes y mezquinos."

PÍO BAROJA

Tanto Unamuno como Baroja criticaron la manipulación e interpretación interesada que de la historia de España habían hecho los nacionalistas.
"Los nacionalismos vasco y catalán se fundamentan en textos de segundo orden."
A los pocos días del polémico discurso de Unamuno en Bilbao, Baroja dio su opinión acerca de lo sostenido por su paisano en relación al vascuence. Lo hizo con su lapidaria ironía y la exquisita sencillez lógica de su prosa:
"Para un castellano lo dicho por Unamuno es una revelación; para un éuscaro es una blasfemia; para un vascongado inteligente, es una verdad que está harto de saberla."
Baroja estableció así la contradicción de la anti-inteligencia de los bizcaitarras de Sabino Arana que tomaron como una traición lo que Unamuno les había dicho acerca de su absurdo y anacrónico euskarismo. La inteligencia de vascongados como él que chocaba de frente con los disparates lingüísticos e históricos del incipiente Nacionalismo separatista vasco.
"El vascuence no ha sido ni es una lengua literaria o filosófica, ha venido estrecha a todos los vascongados que han tratado de expresar sus pensamientos en él."
En 1901, describió a los seguidores de Sabino Arana, sin sospechar la repercusión que sus palabras iban a alcanzar un siglo después:
"Si algunos han querido demostrar que el vascuence es una lengua que puede transformarse en un idioma literario y científico ha sido un corto número de chiflados y un gran número de éuscaros carlistas con disfraz de filólogos que creen que toda la verdad del mundo está encerrada en ellos."

PÍO BAROJA

Su filiación política de ese absurdo estaba clara:
"El éuscaro ha sido el padre del bizcaitarra y el carlista el padre del éuscaro. El euscarismo comenzó a manifestarse con energía después de la guerra y de que el Gobierno de la restauración quitase los fueros. En esa época y a consecuencia de esa medida todo el elemento carlista y reaccionario se sintió impulsado por una misma aspiración tradicionalista y como caballo de batalla tomaron los éuscaros el vascuence y trataron de hacer una restauración histórica, lingüística y literaria de él."
Baroja, que hablaba éuscaro mejor que Sabino Arana y conocía los pueblos y valles más escondidos de sus cuentos y novelas vascas, dijo:
"El euscarismo no encarnó en el espíritu del pueblo y no puede hacer literatura vascuence digna de ser estimada."
En 1901, sentenció que lo que entonces se logró con ello:
"... fue introducir la afectación, el engolamiento, la cursilería entre los que escribieron en vascuence, de tal modo, que no ha habido poeta vascongado moderno que no haya recurrido a la trompa épica para tocar en falsete aires en honor de la Madre Euskeria, del Padre Aitor y de otra porción de entes tan ridículos como fantásticos."
Terminó diciéndoles algo que hoy se puede repetir con total actualidad:
"Ninguno de esos poetas se han dirigido a la tierra y han ido a ver al vasco tal como es. No han hecho más que fantasear y mentir. Han pintado vascongados de plomo, costumbres para ser representadas en los escenarios madrileños del género chico. Todo lo han falsificado de un modo repulsivo. Han llegado a querer demostrarnos que los vascos, cuando eran salvajes, ya creían en un Dios único, cosa que asegura el sabio jesuita Larramendi, probablemente en un rasgo de humorismo. De esas piadosas mistificaciones hay a montones, inventadas por los éuscaros."

PÍO BAROJA