08/04/2026

Regimiento de Granaderos de Navarra


El Regimiento de Infantería de Navarra es el Regimiento de Infantería nº25 del Ejército español.

Tuvo su origen en las Cortes navarras reunidas en Sangüesa, aprobado por real despacho del 21 de julio de 1705, y organizado por el mariscal de campo Francisco Ignacio de Mencos, con el nombre de Regimiento de Mencos. Incluso tuvo como predecesor en el Regimiento del Condestable de Navarra desde el año 1632, posiblemente uno de los cuerpos militares más antiguos de la Infantería española.

Esta unidad había sido instaurada en España por Felipe V en 1704 al ordenar que, por cada regimiento de doce compañías, debería haber una compañía de granaderos.

La prenda del uniforme de granadero más distintiva era la casaca de color blanca, con el color rojo en bocamangas, forros y chupas. Llevan correas de bandolera, la de la izquierda mantiene el sable y la de la derecha sujeta la cartuchera. Otro elemento muy característico era la birretina de granadero, tratándose de un gorro con cierta altura, recubierto de piel de oso con un trozo de tela roja en su parte trasera generalmente decorado con el escudo de armas del regimiento. Este birrete de granadero sustituía al habitual gorro con amplias alas de la época.

Tenía por escudo de armas un campo de azur, con la cadena del escudo foral de oro puesta en orla, en cruz y en aspa, con un punto de sinople en el abismo, y una corona real sobre el blasón.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

El Regimiento de granaderos de Infantería tuvo su primera intervención en la Provincia de Huesca, para frenar el avance del Ejército austracista sobre el río Cinca, así como sofocar una rebelión de catalanes que apoyaron al archiduque de Austria. Drante la Guerra de Sucesión española entre 1701 y 1714, Navarra tomó parte del Ejército borbónico y del pretendiente Felipe V.

A partir del año 1707, fue llamado Regimiento de Navarra, y al año siguiente Regimiento de Infantería de Navarra. Desde entonces, esta unidad de combate ha participado en todas las contiendas españolas, tanto en la defensa del Imperio como en las internas civiles.

En las Guerras de Italia de 1718-1720, 1734-1736, y 1742-1747, cuyo motivo era la defensa del Reino de Sicilia y Nápoles en posesión de Felipe V.

En la defensa de las plazas norteafricanas, como la defensa de Ceuta en 1753, la defensa de Argel en 1775, las defensas de Orán en 1790 y 1791, las Guerras de África de 1846, de 1856, y de 1859-1860, y las Guerras de África de 1921-1922 y 1924-1926.

En las dos Guerras hispano-lusas, la Guerra Fantástica en 1762-1763, entre la coalición hispano-gala contra la alianza británico-portuguesa, dentro de la Guerra de los Siete Años; y de la Guerra de las Naranjas, en 1801, entre ambos países ibéricos.

En los procesos de emancipación de las provincias virreinales españolas en América, entre 1813 y 1823, a favor del bando realista y la lealtad a Fernando VII.

En la Primera y Tercera Guerras Carlistas entre 1833 y 1840, y entre 1872 y 1875, además de la Guerra Civil entre 1936 y 1939.

En los sucesos políticos de Teruel y Torrejón en 1843, de Madrid en 1845, de Barcelona en 1854 y 1869, de Palau Sarroca en 1855, y de La Bisbal y San Celoní en 1869.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

Tras varios años de tranquilidad, el Regimiento se embarcó desde el Departamento Naval de Ferrol hacia el puerto de La Habana por real decreto de 22 de agosto del año 1778. España se preparaba para apoyar al bando insurgente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América en 1780-1783, en colaboración con los aliados franceses, y en contra el Imperio británico. El regimiento estaba a las órdenes del general Bernardo de Gálvez.

Tras permanecer en la isla durante cerca de dos años, el 1º Batallón fue enviado a proteger la Bahía de Mobila, mientras que las Compañías 5ª, 7ª y 8ª lo hicieron en la plaza de Pensacola.

Se destacaron en la toma del Fort George y en la reconquista de Pensacola, el 8 de mayo de 1781, último bastión de la resistencia británica en la provincia de La Florida. Entre los 7.500 hombres desplegados para esta batalla 672 pertenecían al Regimiento Navarra, denominado el Triunfante.

Con motivo de la sublevación de la orilla izquierda del río Mississippi contra el fuerte de Natchez, el general Gálvez dispuso que la Compañía 1º de Granaderos con otras cinco de fusileros pasasen a la región de Luisiana.

En agosto de 1782, la 1ª Compañía regresó a La Habana y con el resto de tropas de aquella plaza, se embarcaron con destino a Güarico, en la Provincia de Venezuela, en el Virreinato de la Nueva Granada. Allí permaneció acantonada hasta participar en la expedición que se preparaba para tomar Jamaica, isla en poder británico. Tras la firma del Tratado de París en 1783, el Regimiento de granaderos navarros regresó a Cádiz.

En 1789, el Regimiento se embarcó en Cádiz para reforzar la plaza de Orán, e hizo su regreso en 1792 en el puerto de Barcelona. Su nuevo cometido era cubrir los destacamentos de la frontera española con Francia y luego tomar parte en la Guerra de la Convención entre 1783 y 1785.

En 1796, los 1º y 2º Batallones pasaron a Extremadura, para formar un cuerpo de observación, y el 3º a Mallorca. En 1801, los tres batallones formaron parte de la Tercera División del general marqués de Castelar, que se preparaban en Extremadura para atacar Portugal. La Guerra de las Naranjas fue un pequeño conflicto entre España y Portugal, impulsada por la Francia de Napoleón Bonaparte por su apoyo a Gran Bretaña. El 20 de mayo de 1801, participó en la toma de Olivenza, y tras sucesivas victorias, se forma el Tratado de Badajoz. El 15 de septiembre, el Regimiento regresó a Madrid.

En abril del año 1804, los Batallones 1º y 3º fueron destinados a Santander y el 2º a Gijón y Oviedo, para reforzar los puertos del Cantábrico con motivo de la Guerra anglo-española de 1804-1805. En septiembre de aquel año, el 1º Batallón se trasladó a Bilbao para sofocar la rebelión conocida como Zamacolada, la última de las machinadas vizcaínas.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

En 1806, recibió la orden de pasar al distrito militar de Galicia. En abril del año siguiente, todo el Regimiento reunido en La Coruña protegía la plaza frente a algún ataque británico. En abril de 1808, se trasladó al Departamento Naval de Ferrol, contando con sólo 892 plazas. Ante la sublevación contra la invasión del Ejército napoleónico en la Comandancia de La Coruña, el Regimiento se une a finales de mayo, donde se mantuvo hasta finales de junio. A la órdenes del general Joaquín Blake, formando parte de la 4ª División del mariscal de campo Francisco Javier de Barahona y Dávila, tomó parte en varias acciones armadas y defensivas de la Guerra de la Independencia española contra el Ejército francés.

Tras la huida de los napoleónicos por la frontera, el Regimiento se concentró en Navarra hasta la rendición francesa y la firma del Tratado de París de 1814.

Por real decreto del 12 de mayo de 1814, se ordenaba que los regimientos destinados a los virreinatos de América y Filipinas se llamaran segundos para quedar en la España peninsular otros de igual nombre, cuya medida iba a afectar al cuerpo navarro.

Por real decreto del 5 de diciembre de 1815, el Regimiento de Navarra fue enviado a las provincias españolas en América, a la vez que desde La Coruña se organizaba otro nuevo Regimiento de Navarra con destino peninsular. El 26 de marzo de 1817, el viejo Regimiento de Navarra, formado por dos batallones, zarpó desde el puerto de Cádiz integrado en la división del brigadier César José de Canterac Orlic, un general de origen francés que había participado en la Guerra de la Independencia. El nuevo destino fue el puerto de Cumaná, para defender la lealtad al rey Fernando VII en el Ejército Realista, durante la Guerra de Emancipación de los Virreinatos del Perú y de Nueva Granada.

Mientras tanto, en la España peninsular se organizó el nuevo Regimiento, cuyo resultado fue que el Batallón 1º lo formó el Regimiento de Monterrey, acantonado en Orense; el Batallón 2º lo constituyó el Regimiento Vizcaya, instalado en Bilbao; y el Batallón 3º lo formó el Regimiento de Voluntarios de Navarra, que se hallaba acantonado en el valle del Baztán. En abril del año siguiente, los Batallones 2º y 3º del Regimiento peninsular de Navarra pasaron a acantonarse en las ciudades de Mondoñedo y Orense, con el objeto perseguir a los bandidos y custodiar las cárceles.

El 30 de abril de 1817, fue destinado al Distrito de Castilla la Vieja, en las plazas de Ciudad Rodrigo, Salamanca, Ávila y Arévalo. En mayo de 1819, fue deslocalizado al Distrito de Extremadura para hacer de guarnición en la plaza de Badajoz.

En 1820, el general Rafael del Riego, al mando de las Fuerzas expedicionarias de Andalucía con destino a sofocar las rebeliones independentistas de América, se sublevó en Las Cabezas de San Juan y proclamó la Constitución de 812, dando comienzo el Trienio Liberal hasta 1823. Por real orden del 18 de enero de 1820, el Regimiento de Navarra partió hasta Sevilla y, después, al Campo de Gibraltar. Tras jurar la Constitución el rey Fernando VII, en los siguientes años el Regimiento fue enviado a diversos destinos: Badajoz, Ciudad Real, Valencia, Alicante, San Fernando de Figueras, etc. Los Cien Mil Hijos de San Luis luchaban contra las tropas liberales de Riego con el objetivo de restablecer el Antiguo Régimen. Entonces, los granaderos de Navarra ya no formaban un regimiento compacto, sino batallones independientes integrados en otras divisiones.

Al final de la contienda, l Batallón 1º estaba integrado en al Ejército de Cataluña, custodiando San Fernando de Figueras. Este enclave que fue atacado y rendido por el Ejército del mariscal Mancey, y el batallón fue hecho prisionero a Francia. El Batallón 2º también fue cercado y rendido por el mismo ejército francés. Por real decreto de 20 de marzo de 1823, firmado por la Regencia Provisional de Fernando VII, fueron disueltos los batallones del viejo Regimiento de Infantería de Navarra.

Mientras, en América, el viejo Regimiento de Navarra capitulaba ante las fuerzas independentistas de José de San Martín y de Simón Bolívar, el 4 de agosto de 1823. Tras hacer escala en La Habana, llegó a Cádiz, el 2 de abril de 1824.

Por real decreto del 3 de marzo de 1825, el nuevo Regimiento de Infantería de Navarra fue reorganizado como ligero, pasando de guarnición a la plaza de Pamplona, cinco años después en Madrid, y luego a Zamora.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

Declarada la Primera Guerra Carlista, en 1833, pasó a formar parte del Regimiento al Ejército del Norte, al mando del general Tomás de Zumalacárregui. En 1837, el Batallón 1º pasó destinado al Ejército del Centro, integrado de la División del mariscal de campo José de Buerens. Al año siguiente, el Regimiento continuaba dividido, el Batallón 1º en el Ejército de Aragón, el 2º en Navarra, y el 3º que estaba de reserva en Badajoz partió hacia para Castilla la Mancha, y fue disuelto en Villaverde tras la Paz de Vergara.

En 1841, los Batallones 1º y 2º pasaron al Distrito de Andalucía, para hacer de guarnición en Sevilla, donde volvió a reorganizarse el Batallón 3º. Poco después fueron enviados al Regimiento en Valencia.

El 10 de junio del año 1843, el Regimiento de Navarra secundó al general Narváez en su alzamiento nacional contra la Regencia de Baldomero Espartero, acompañando a sus tropas hasta Madrid.

En 1848, el Gobierno de Isabel II determinó la ocupación de las islas Chafarinas. El batallón 2º participó en la expedición, sirvió de guarnición y se acantonó en fortificación levantada por una compañía de ingenieros.

Por real decreto del 29 de marzo de 1848, se fundaron los terceros Batallones de varios Regimientos de Infantería, el del Navarra se organizó en Granada, correspondiéndole el cuadro de oficiales y sargentos de los extinguidos Regimientos Provisionales, y la fuerza de quintos del depósito de Sevilla.

En 1850, se ordenó que los terceros Batallones pasasen a formar la reserva, Al Batallón 3º de Navarra le correspondió fijar su residencia en Lugo, mientras los Batallones 1º y 2º se trasladaron a Málaga, y al año siguiente, al Distrito de Valencia.

Durante la Revolución de 1854 y el pronunciamiento militar de Leopoldo O'Donnell en Vicálvaro, el Regimiento estaba situado en el Distrito de Cataluña. El Batallón 2º participó en los sucesos del 14 de julio, sofocando la rebelión en la plaza de San Jaime de Barcelona. Durante el Bienio Progresista, el Regimiento estuvo reunido en el Castillo de San Fernando de Figueras.

02/04/2026

Etapa Logroño - Nájera


Desde la iglesia de Santiago el Real de Logroño, el Camino de Santiago pasa por la vieja puerta del Revellín y atraviesa los barrios modernos de la ciudad siguiendo la avenida del Marqués de Murrieta.

Durante algún tiempo La Rioja fue parte del Reino de Pamplona. Al pasar definitivamente al Reino de Castilla, se hizo evidente la necesidad de reforzar las defensas frente a la vecina Navarra. Por ello, durante la celebración de las Cortes de Carrión, en 1188, Alfonso VIII instó a las aldeas de los Corcuetos a que se unieran en una villa fuerte, Navarrete, a la que el mismo rey concedió el fuero de Logroño, en 1195. Coincide en los mismos años la fundación de la villa con la del hospital de peregrinos de San Juan de Acre, por María Ramírez y construido por su hijo Martín de Bastan, quien los entregó a la Orden de San Juan de Jerusalén. Hoy solo quedan las ruinas.

NAVARRETE

El Camino de Santiago estaba en pleno esplendor y su paso se estableció a través de la calle Mayor. El caserío de Navarrete ocupa un cerro llamado Tedeón, en cuya cúspide estaba el castillo. Las calles se extienden por la ladera oriental al sur como semicírculos concéntricos y en los adornos de sus casas más viejas es fácil descubrir motivos jacobeos. Una de las seis puertas del recinto amurallado recibió el nombre de Santiago. Fue villa de realengo hasta que en 1379 pasó al señorío del linaje castellano de los Manrique.

En la misma calle Mayor se alza la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI. En 1564, el papa Pío V concedió el jubileo perpetuo que podían ganar todos los que vinieran a ella cada 23 de mayo, fiesta conmemorativa de la batalla de Clavijo y de la aparición de Santiago. La iglesia medieval se alzaba en lo alto del cerro, junto al castillo. El templo actual se hizo siguiendo los dos gustos de la época, el renacentista y el gótico tardío. Al primero corresponde el entablamento que recorre los muros en el interior, y al segundo las bóvedas de crucería que cubren las tres naves. En 1598 se hizo el coro y en 1664 la portada, atribuida a Francisco Herrera el Mozo, pintor y arquitecto de la corte de Carlos II. Pero si algo destaca en el templo es el esplendoroso retablo barroco, uno de los mejores de todo el Camino de Santiago, realizado en 1702. Hay también un altar dedicado a las santas Justas y Rufina, patronas de los alfareros, que en buen número trabajan en la villa y que son los herederos de una producción de gran calidad que se remonta a los alfares romanos de Tricio.

Por debajo de la calle Mayor queda la calle Nueva, el paseo sigue entre los arcos pintorescos de los cocinos. Ya a la salida, la portada románica y dos ventanas del antiguo Hospital de San Juan se reaprovecharon como fachada del centenario.

IGLESIA DE SAN TAURNINO EN VENTOSA

Ventosa se alza a los pies del alto de San Antón. La Iglesia de San Saturnino ocupa la parte más alta del pueblo. Este santo, primer obispo de Toulouse, es una de las devociones más vinculadas al Camino Francés. Ya existía con esta advocación en 1034, cuando se la menciona como dependencia de San Millán de la Cogolla. Veinte años después pasó a Santa María la Real de Nájera. La nave es del siglo XVI, cubierta con las bóvedas de crucería y, posteriormente, se añadieron el coro, del siglo XVII, y el crucero, del XVIII.

En el último tramo de esta etapa hasta Nájera, el Camino llega al Alto de San Antón, dicho nombre alude a un viejo hospital de peregrinos ya desaparecido que había en las inmediaciones, cruza la pasarela del río Yalde, entre Alesón y Huércanos.

CAMINO DE VENTOSA A NÁJERA

REFUGIO DE PEREGRINOS EN VENTOSA

Nájera es una población de origen musulmán, Náxara, que significa en árabe "lugar de peñas", y a su río Naila le llamaron Naxarilla. En sus parajes tuvo lugar, según el Códice Calixtino, la legendaria lucha entre Roldán y el gigante Ferragut, que tanto se prodigó en la iconografía románica.

Fue un punto fundamental para el avance de la reconquista. Fue tomada en 923 por Ordoño II de León en colaboración con Sancho I Garcés de Pamplona. Este último mandó reconstruir el castillo, incorporando la ciudad a su reino.

Sancho I incorporó también las tierras recuperadas en La Rioja junto con el Ducado de Cantabria y las donó a su hijo García I Sánchez, primer rey de Nájera luego también de Pamplona al morir su padre, con la denominación de Reino de Nájera-Pamplona.

Posteriormente, a lo largo de los siglos X y XI, se convirtió en la capital efectiva del extenso Reino de Nájera-Pamplona. La destrucción de Pamplona por Abderramán III, en 924, hizo que durante décadas fuera Nájera la resistencia preferida del rey y la Corte. En ella reinaron sucesivamente Sancho Garcés II Abarca, García Sánchez II el Temblón y Sancho Garcés III el Mayor.

Con este último monarca, denominado "Rex Hispaniarum", alcanzó Nájera la cima de su fama y esplendor, como capital de un gran imperio que abarcaba todas las tierras reconquistadas hasta el momento, y se extendía desde las costas de Galicia hasta el Condado de Barcelona y más allá de los Pirineos hasta Toulouse.

NÁJERA Y EL RÍO NAJERILLA

RÍO NAJERILLA JUNTO A NÁJERA

En aquella época Nájera fue escenario de trascendentales acontecimientos en la historia de España. Aquí Sancho III celebró Cortes y otorgó el famoso Fuero de Nájera, origen de la legislación navarra y base del derecho nacional. Durante su reinado se acuñó en Nájera la primera moneda de la Reconquista, en ella se lee "Imperator in Naiara".

La ruta jacobea era en esa época una poderosa corriente revitalizadora, no sólo en el plano espiritual sino también en el cultural y en el económico. Sancho el Mayor desvió el trazado del Camino de Santiago para que pasara por Nájera. Favoreció las peregrinaciones a Santiago de Compostela, estableciendo alberguería y hospitales, y convirtiendo a la ciudad en punto clave de la ruta jacobea.

A la muerte de Sancho el Mayor, el vasto imperio se repartió entre sus hijos García, Fernando, Ramiro y Gonzalo, convirtiéndose Nájera en cuna de los Reinos de Navarra, Castilla y Aragón. En Nájera se quedó su primogénito, el rey García III el de Nájera, porque nació, vivió y fue enterrado en esta ciudad, y fue su gran benefactor. Fue un gran rey, típico representante de los monarcas medievales.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Después de reconquistar Calahorra fundó la Iglesia de Santa María la Real, tras el milagroso hallazgo de la imagen de la Virgen María que el propio monarca descubrió en una cueva durante una jornada de caza. Cerca de la nueva iglesia hizo construir una gran alberguería para atender a pobres y peregrinos.

La capitalidad compartida duró hasta 1076, cuando Nájera pasa a Castilla. Su rey, Alfonso VI, confirma los fueros que había concedido décadas antes Sancho III el Mayor. Facilitó la instalación de una comunidad benedictina dependiente de Cluny en Santa María la Real. Los monjes debieron convivir durante los siglos con los canónigos regulares del Cabildo. Esta convivencia y las relaciones con el obispado de Calahorra, que se vio desplazado de la sede najeriense, fueron difíciles y generaron no pocos pleitos. A partir de entonces, Nájera pasó a convertirse en residencia preferida de monarcas y nobles castellanos, y en testigo de sus disputas, intrigas y batallas.

Tras la breve posesión de Nájera por Alfonso I el Batallador, Alfonso VII el Emperador la recuperó para Castilla, en 1136, convocando en Nájera las Cortes de su reino dos años después. Finalmente, donó el Reino de Nájera a su hijo Sancho III el Deseado. Alfonso VIII el de las Navas, hijo del anterior y de Blanca de Navarra, también nacido en Nájera, anexionó definitivamente La Rioja a Castilla.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

ESCUDOS REALES EN IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL

Las malas relaciones con el obispado y la falta de nuevas donaciones están en el origen de una nueva época de crisis que llevó al borde de la ruina material a la iglesia de Santa María. La ciudad aún fue testigo de hechos notables, como la proclamación de Fernando III el Santo como rey de Castilla en 1217, o la célebre Batalla de Nájera en 1367 en la que los partidarios de Pedro I el Cruel vencieron a los de Enrique de Trastámara, que dos años después consiguió hacerse con la Corona castellana. El apoyo de la villa a Enrique hizo que este le concediera el privilegio de celebrar dos ferias anuales.

Juan II, en 1438, le concedió el título de ciudad, al que se sumó el de Muy Noble y Muy Leal, otorgado por Enrique IV. Este rey castellano donó el señorío de la ciudad en 1465 a Pedro Martínez de Lara obtuvo el señorío de la ciudad. Los Reyes Católicos confirmaron en esta donación en 1482 y le concedieron el título de duque de Nájera llamado "duque de Forte". El emperador Carlos I visitó Nájera tres veces y Felipe II una vez, de paso para las Cortes de Tarazona.

FERNANDO III EL SANTO EN NÁJERA

Durante la guerra de la Independencia contra las tropas de Napoleón fue ocupada por los franceses, que confiscaron bienes e impusieron fuertes contribuciones a los najerinos, saqueando cuanto de valor material y artístico hallaron en la ciudad.

La ciudad, siguiendo el condicionante del Camino, se fue alargando entre el cerro y el río Najerilla, a base de ir adicionándose los sucesivos barrios al núcleo primitivo del Palacio del Rey y el área del Mercado. Al igual que de Logroño, Laffi se llevó una grata impresión de Nájera, dejando una exacta descripción de la situación topográfica de la misma:
"...aquí (Nájera) se ve uno de los mejores lugares que hay en estos países, puesto en una llanura, y pasa por mitad de él un río no grande, sobre el cual hay un grandioso puente. De la parte de poniente hay un altísimo monte, que cubre la población, de modo que la mitad de ella no es atacada de la lluvia, ni le da el sol más que por la mañana hasta mediodía. Es un lugar provisto de todo."

La riqueza de la ciudad permitía dar una buena acogida hospitalaria a los peregrinos. Además de lo que ya hemos visto comentado por Laffi en el siglo XVII, en este fragmento de Künig, dos siglos antes, su referencia es también muy favorable:
"Allí dan de grado por amor de Dios en los hospitales, y tienen todo lo que puedas apetecer. A excepción del hospital de Santiago, toda la gente es muy burlona. Las mujeres del hospital arman mucho ruido a los peregrinos, pero las raciones son muy buenas."

Antes de cruzar el río Najerilla, los peregrinos deben pasar por el barrio de San Fernando, así llamado por haber sido proclamado aquí rey Fernando III el Santo el 1 de mayo de 1218. La redificación del puente sobre el río Najerilla se atribuye a san Juan de Ortega, en el siglo XII, pero nada queda del puente medieval, que tras muchas reparaciones fue sustituido por el actual en el siglo XIX. En 1886, fue sustituido por el actual. En este barrio se encuentra el convento de Santa Elena, del siglo XVII, en el que vive una comunidad de monjas clarisas.

El Hospital de la Cadena, en el barrio de San Fernando, existía ya en 1227, cuando María Pérez le legó sus bienes y ella misma ofreció su vida al cuidado de los pobres. En su origen fue una leprosería, por eso el nombre de Hospital de San Lázaro que ostentó en alguna época, que terminó por convertirse en hospital de peregrinos. Las descripciones del siglo XIX aportan una imagen de un edificio "de pobre aspecto y débil construcción, no contiene más que una pequeña y mal ventilada habitación".

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Al otro lado del río, dentro ya de la ciudad, el primer edificio de interés que hay es la Iglesia parroquial de Santa Cruz, a donde se trasladó la capilla de la misma advocación que se encontraba en el monasterio de Santa María y que era atendida por los clérigos regulares. Es un templo de tres naves y crucero que se comenzó a construir en el siglo XVI pero que no se terminó hasta mediados del siglo XVII.

El Hospital de la Abadía o del Emperador, por el apoyo que le dio Alfonso VII, y su albergue del cual dependía fue fundado por el rey García, el cual instituyó que se acogiese en ella a los peregrinos enfermos y menesterosos "como si cada uno de ellos fuese Cristo en persona".

El Hospital de la Piedad es una fundación de 1648, llevada a cabo por una congregación de treinta y cuatro personas, que con su ayuda atendía seis camas.

El actual Monasterio de Santa María la Real de Nájera es el resultado de la reconstrucción de una iglesia anterior que fue fundada en 1052 por el rey García. Aquella iglesia pasó a depender de Cluny en 1075 durante el reinado de Alfonso VI. Tampoco se conserva la fábrica románica del edificio, ni siquiera el magnífico retablo de oro.

Este monasterio es un denso conjunto artístico de primera categoría. La iglesia se comenzó a construir en 1422 y las obras duraron casi un siglo. El resultado es un impresionante templo gótico de tres naves, crucero y triple cabecera, todo él cubierto con bóvedas de crucería. A los pies de la nave central se alza el coro, que conserva una magnífica sillería labrada en madera de nogal por los hermanos Amutio a finales del siglo XV y principios del XVI. Destaca, sobre la silla abacial, la gigantesca estatua marcial del fundador del monasterio, el rey García. Una amplia y rica iconografía se desarrolla en respaldos y misericordias.

SEPULCROS DE LOS REYES SANCHO Y BLANCA

Bajo el coro se encuentra el panteón real con los doce sepulcros de los reyes y reinas de Nájera-Pamplona. Fueron realizados en el siglo XVI y son especialmente interesantes los de los reyes fundadores, García y Estefanía, con estatuas orantes. Por el panteón se accede a la cueva excavada en la que el rey García halló la imagen de la Virgen según cuenta la leyenda. La que se venera ahora es la Virgen de la Rosa, procedente del desaparecido alcázar, fortaleza y palacio de los reyes que se encontraban entre el castillo y el barrio de Santa María. En un lateral está la capilla de la Santa Cruz, hoy panteón de infantes, junto al que se encuentra la tapa del sepulcro de doña Blanca de Navarra, del siglo XII, mujer de Sancho el Deseado, y que se trata de una obra maestra del arte románico funerario. En este panteón de sonoros nombres medievales, corresponde a reforma manierista con numerosas imágenes de reyes y nobles supuestamente aquí sepultados.

Ya en el claustro, en el muro de la iglesia se encuentra el mausoleo de Diego López de Haro, del siglo XIII, y la puerta de San Juan de estilo plateresco. Las arquerías del claustro se decoran con tracerías platerescas finalmente labradas en piedra. Especialmente bella es la puerta de la Luna. En el lado norte se encuentra la capilla de la Vera Cruz y la puerta de Carlos I, que da paso a la Escalera Real, del XVI, y se cubre con una cúpula renacentista.

SEPULCRO Y BLASÓN DE DIEGO LÓPEZ DE HARO

El edificio de la antigua cárcel del partido, que primeramente fue residencia del abad del monasterio de Santa María y botica, está ocupado actualmente por las salas del museo Najeriense, que expone piezas relacionadas con la arqueología, el arte y la cultura popular de Nájera y su comarca. Son muy interesantes los moldes para la elaboración de cerámica procedentes de Tricio, la antigua Tritium romana, que fue uno de los mayores centros de producción de Terra Sigillata Hispanica, y la colección de azulejos mudéjares procedentes del desaparecido alcázar de la ciudad, lujosa residencial real en la que se alojó varias veces Carlos I.

La salida de Nájera de la ruta jacobea discurre bajo los muros de Santa María la Real por una empinada cuesta entre las dos peñas que dan nombre a la ciudad. Desde lo alto y entre pinos el peregrino dejará la Nájera hospitalaria y descubrirá la planicie donde, no muy lejana, aparece Azofra, el siguiente hito del Camino Compostelano.

CAMINO DE SANTIAGO POR LA RIOJA

29/03/2026

Monopolio de los vascos en la economía del Imperio español del siglo XVIII


El gran ascenso y notable control de las instituciones del Imperio español por parte de vascos y de navarros durante el siglo XVIII quedó de manifiesto con la destacada presencia de comerciantes, mineros, burócratas, militares y eclesiásticos en los territorios virreinales. Las políticas de liberalización borbónicas dieron nuevas oportunidades a estas élites comerciales en las nuevas rutas y puertos mercantiles, incrementando su presencia durante todo el siglo de la Ilustración.

Los vascos consolidaron sus posiciones dominantes, constituyendo el segundo grupo regional en importancia entre los nacionales, justo detrás de los andaluces, y llegaron a ser la tercera parte de los responsables del comercio mercantil. Tal fue su dominio que en 1729, las Encartaciones de Vizcaya propusieron la creación de una Compañía de Comercio exclusivo con Buenos Aires. Para entonces, la Casa de Contratación se había trasladó de Sevilla a Cádiz.

PUERTO DE VIRREINAL ESPAÑOL EN EL SIGLO XVIII

Un grupo de comerciantes guipuzcoanos lideraron una de las primeras realizaciones de la economía capitalista de España: la fundación de las primeras compañías privilegiadas de comercio exclusivo con las Indias. Estas empresas fueron la Compañía Guipuzcoana de Caracas en 1728, la Compañía de La Habana en 1740, y la Compañía de Buenos Aires en 1754.

Aquel círculo de hombres de negocios y burócratas demostró su capacidad para obtener el privilegio real, estrechamente relacionados entre sí y con sus parientes y paisanos del comercio americano por relaciones de parentesco y por negocios comunes. Había desbancado a competidores que pugnaban por las mismas fuentes de riqueza, pero que, al parecer, no gozaban de tanta fuerza en la Corte madrileña.

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, constituida en 1728 con bandera de la Corona Española tras la decisión de Felipe V, obtuvo la exclusividad y monopolio del comercio marítimo entre Caracas y el puerto de Pasajes. El contrato contemplaba que la empresa tendría el monopolio comercial con la provincia de Venezuela. Así, era la única que podía vender toda clase de mercancías importadas; e igualmente sólo ésta podía comprar los productos en origen y llevarlos a España.

Los buques de la Real Guipuzcoana importaban cacao, tabaco, cueros, añil y plata; y exportaban ahora los productos del norte peninsular como el hierro y metales vizcaínos, pero también armas de Plasencia, telas de Castilla, vinos de Rioja y aguardientes de Navarra. Abastecida la provincia de Venezuela, la Compañía podía comerciar con las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad. Estaba facultada para llegar indistintamente a los puertos de La Guaira o Puerto Cabello, pero en España debía partir de Guipúzcoa y de regreso atracar en Cádiz.

A su vez, toda esta actividad marítima supuso un nuevo impulso a los astilleros vascongados y serrerías, así como un medio de enriquecimiento para las burguesías mercantiles y modo de empleo de muchas gentes de las tierras vascongadas y navarras.

PUERTO DE PASAJES EN EL SIGLO XVIII

El accionariado de la Guipuzcoana terminó controlando la segunda compañía más importante, la Real Compañía de La Habana en 1750, y fueron los que terminaron dominando la junta accionarial de la Real Compañía de Filipinas en 1785. Se formó una alta burguesía de vascongados y navarros que, junto con los Cinco Gremios de Madrid, dominaron en gran medida las finanzas y el comercio del Imperio español en casi todo el siglo.

Los intereses particulares de estas elites que controlaban el comercio indiano estaban muchas veces estrechamente asociados a las necesidades de la Corona a quien servían. Por ello, entre las funciones que el gobierno otorgaba a las compañías mercantiles no sólo se contemplaba el privilegio a monopolizar un mercado, sino también a funciones militares, de abastecimiento, de defensa y de administración de territorios periféricos del Imperio, el cual estaba amenazado por potencias europeas.

La implantación del comercio libre desde 1765 por las políticas ilustradas y liberales de los Borbones acabó con los privilegios de estas Reales Compañías monopolísticas, de todas formas el puerto de Cádiz continuó dominando el comercio atlántico con una cuota del 80% del volumen total del tráfico. Pero en este puerto siguieron siendo los vascos y navarros los que continuasen dominando el consulado gracias a la casa de los Uztáriz. La casa de Vea Murguía se convirtió, en el último cuarto de siglo, en una auténtica escuela de comercio para los jóvenes emigrantes del norte antes de marchar a hacer las Américas.

En las décadas finales del siglo XVIII, el dominio de las élites vascas y navarras en el comercio atlántico fue absoluto. Su poder se reforzó a través de su control del comercio y de su administración política y eclesiástica, también mediante su integración en las oligarquías criollas por medio del matrimonio.

Como ejemplo de familia vasca o navarra establecida en Cádiz durante el siglo XVIII fue José de Cadarso, hijo de campesino de Zamudio, Manuel María de Aguirre o Pablo de Olavide.

CIUDAD VIRREINAL EN PERÚ

Siguieron ocupando los cargos directivos de los viejos y nuevos consulados americanos:

En México, destacan los empresarios Bossoco, Fagoaga, Aldaco, Meave y Castañiza, entre los más exitosos.

En Veracruz, empresarios como Juan José Irigoyen, Juan Lucas Olavarrieta, Miguel José Laurnaga, Tomás, de Aguirre, Francisco Arrillaga y Manuel Antonio de Isasi.

En La Habana, los navarros Juan Bautista de Lanz y Pedro Juan de Erice son los comerciantes más poderosos de la isla en la últimas dos décadas del siglo XVIII.

En Buenos Aires se establecen los Anchorena y los Aguirre y Micheo; en Guatemala, los Aycinena; en Lima lo hicieron los Elizalde, los Goyeneche o los Aguerrevere y Lostra.

Los Aldunate, Errazuriz, Larraín, Echavarría y otros vascos se consolidarán como élites chilenas, permitirán una aportación a la modernización de Chile, tras descubrirse Cabo de Hornos más tranquilo y rápido que el Estrecho de Magallanes.

Los vascos y navarros también fueron los principales traficantes de africanos esclavos desde que en 1768, la Corona decidió legalizar la trata para evitar la huida de capital americano de manera clandestina a las compañías extranjeras que operaban a sus espaldas. Y esa es la razón por la que se fundó Aguirre, Uriarte y Compañía. Los alaveses Aldama y Zulueta fueron los que más esclavos introdujeron en Cuba entre 1800 y 1840, en época de auge azucarera.

PUERTO DE ACAPULCO EN EL SIGLO XVIII

27/03/2026

Dorotea Barnés González


Química y física que destacó por introducir la técnica Roman en Espectroscopia para los laboratorios químicos de España, doctora y catedrática de instituto

DOROTEA BARNÉS GONZÁLEZ

Dorotea Barnés González era natural de Pamplona, donde nació en 1904. Su madre fue Dorotea González de la Calle y su padre Francisco Barnés Salinas, catedrático de Historia y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1933 con el gobierno de Manuel Azaña durante la II República. Dorotea tuvo tres hermanos y tres hermanas, las cuales pudieron cursar estudios superiores debido a las convicciones progresistas y posibilidades económicas de sus padres. Dorotea y Adela se licenciaron en Químicas, Petra en Farmacia y Ángela en Filología árabe, algo poco usual en aquella época.

Primeramente, Dorotea Barnés se graduó en el Instituto General y Técnico de Ávila, mientras su padre trabajaba como catedrático.

En 1918, ingresó en el Instituto-Escuela (Instituto Internacional) de Madrid, una institución educativa fundada aquel año, como un experimento pedagógico para extender a la enseñanza secundaria oficial los principios educativos fundamentales de la Institución Libre de Enseñanza y de la pedagogía europea más avanzada de su época.

En 1922, comenzó su carrera en Químicas en la Universidad Central de Madrid, mientras que asistía a clases prácticas en el Laboratorio Foster. Este laboratorio había sido fundado por la investigadora bioquímica estadounidenses Mary Louise Foster durante su dirección del Instituto-Escuela y de la Residencia de Señoritas en la que estaba adscrita Barnés. Durante su estancia, Foster mantuvo relaciones académicas con estudiantes vascas como María de Maeztu o Felisa Martín Bravo o la navarra Dorotea Barnés.

En este laboratorio, Barnés pudo conocer las técnicas básicas en el campo de la Química, siendo el complemento práctico a las clases teóricas de la Universidad Central. El trabajo que se realizaba en él era convalidado por los profesores de química de varias facultades hasta el doctorado.

A partir de 1928, comenzó a combinar sus estudios universitarios con la asistencia en el Instituto Nacional de Física y Química, así como a las clases que María de Maeztu impartía en el Laboratorio Foster.

INSTITUTO-ESCUELA

En 1929, Barnés fue becada para continuar sus estudios en Estados Unidos por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, una institución creada en 1907, en el marco de la Institución Libre de Enseñanza, para promover la investigación y la educación científica en España, así como becar a los estudiantes más destacados en programas de ampliación formativa con otras universidades extranjeras.

Barnés permaneció en el Smith College de Northampton, en el estado de Massachussets, dirigido por Gladys Amalia Anslow. Esta era una especialista en Espectroscopia, aquella disciplina que estudia la interacción entre la radiación electromagnética y la materia, con absorción o emisión de energía. Donde, Barnés se inició en las técnicas de análisis espectral para el análisis químico y conocería el espectrógrafo de rejilla Rowland para investigar los espectros de emisión del radio.

Durante su estancia de dos años, Barnés realizó una investigación sobre las características químicas y espectroscópicas del aminoácido cistina, demostrando que su cadena lateral es lineal. El fruto de sus análisis fue reflejado en la obra Algunas características químicas y el espectro de absorción de la cistina (A Study of some of the chemical characteristics and the absorption spectrum of Cystine), en colaboración con Gladys Amalia Anslow y Mary Louise Foster. Se estaba convirtiendo en una de las científicas más avanzadas dentro de la disciplina de las Espectroscopia aplicada al análisis químico, junto a las otras dos compañeras.

Este trabajo fue publicado en una edición de The Journal of Biological Chemistry, en 1930, la primera española en hacerlo además fue considerado como la primera contribución científica internacional realizad por una mujer española en el campo de la Bioquímica. Alcanzó tanto reconocimiento que le hizo ganar el Master Degree of Science de la Smith College.

Dándose cuenta del potencial que tenía Barnés y la labor que estaba consiguiendo, la catedrática Foster recomendó a la Universidad de Yale concederle una beca. Así, fue admitida para ingresar en el Sterling Chemistry Laboratory de New Haven, en el estado de Connecticut. En una de sus cartas expresó el honor que para ella suponía esta distinción "por ser Yale University una de las universidades mejor conceptuadas y en las que las mujeres, en este país tan feminista, tenemos muy difícil entrada".

Durante los meses de 1930, se ocupó de investigar sobre los ácidos nucleónicos de bacterias patógenas, es decir, aquellas macromoléculas biológicas formadas por largas cadenas de nucleótidos, compuestas por un azúcar, un grupo fosfato y una base nitrogenada. Este trabajo fue realizado bajo la supervisión del profesor Coghill. También tuvo tiempo para visitar las Universidades de Harvard y de Columbia.

En 1931, tras regresara a Madrid, se licenció en Ciencias Químicas con premio extraordinario y el grado de doctora, utilizando su obra Características químicas de la cistina como tesis. Fue admitida en la Sociedad Española de Física y Química.

Al final, había tardado trece años, desde 1918 hasta 1931, en finalizar la licenciatura, debido a que dedicó más tiempo a investigar de forma práctica en laboratorios y colaborar en proyectos científicos que a asistir a las clases teóricas oficiales. No fue la primera mujer navarra licenciada en estas Ciencias ni sería la primera mujer profesora de un instituto en Navarra, lo fue Concepción Zuasti.

INSTITUTO NACIONAL DE FÍSICA Y QUÍMICA

Con esta experiencia y méritos, en 1932, Barnés consiguió un puesto en el Instituto Nacional de Física y Química de Madrid. Este centro de investigación había sido fundado aquel año por iniciativa de la Junta para Ampliación de Estudios y financiación de la Fundación Rockefeller, por eso también se llamó Instituto Rockefeller. El modélico edificio construido estaba próximo a la Residencia de Estudiantes y dotado de los medios técnicos más avanzados de la época.

Barnés ingresó en su Sección de Espectroscopia, bajo la dirección de Miguel Antonio Catalán Sañudo, junto a sus compañeras Rosa Bernís Madrazo, Josefina González Aguado, Pilar de Madariaga Rojo, Pilar Martínez Sancho, Carmen Mayoral Girauta y María Paz García del Valle.

Catalán también era un destacado físico espectroscopista y uno de los principales protagonistas de la Edad de Plata de la Ciencia española en aquellos años. Por solicitud del propio Catalán, le permitió trabajar en el Laboratorio de Gaz, del austriaco de Karl Wilhelm Kohlrausch, sucesor de su tío Friedrich Wilhelm Kohlrausch, uno de los físicos experimentales más importantes. Durante tres meses de 1933, aprendió la novedosa tecnología Raman, innovada por el físico indio Chandrasekhara Venkata Raman, descubridor del efecto de radiación secundaria que le supuso obtener el Premio Nobel de Física en 1930. En la práctica, el método de Espectroscopia Raman utiliza un láser para analizar la composición y estructura de una muestra, proporcionando una "huella digital" molecular única.

Junto al profesor Kohlrausch, redactó el trabajo Especto de vibraciones de las parafinas, que sería publicado en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, en 1932.

Cuando regresó al Instituto madrileño, Barnés publicó el primer estudio en español sobre la técnica Raman de investigación sobre moléculas biológicas.

Aquel año de 1933, también obtuvo la cátedra de Física y Química del Instituto de Lope de Vega de Madrid, donde ejerció la docencia en enseñanza media. Su reconocimiento definitivo como la mayor especialista española en Espectroscopia le llegó en el IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada celebrado en Madrid. Y continuó escribiendo más artículos para otras revistas científicas del momento.

Había casado con Vicente Delgado de la Iglesia. Poco después, en 1935, se quedó embarazada y le fue concedido un permiso hasta dar a luz y más cuarenta días de descanso. Comenzaba el declive de su sobresaliente carrera, pues su marido le estaba persuadiendo a abandonar.

En 1936, tras el inicio de la Guerra Civil, la carrera profesional de Barnés se vio definitivamente frustrada, debido a que su padre era ministro en el Gobierno de Hazaña y partidario del bando republicano. Por petición de sus familiares, tuvo que exiliarse a Carcasona, Francia, junto a su marido y su hija de poco más de un año. Su hermano Juan murió en combate, al año siguiente, y el resto de los hermanos y sus padres se refugiaron en México.

Cuando regresó a España, en 1940, tuvo que enfrentarse a un juicio de depuración de responsabilidades. Aunque quedó libre, el Régimen franquista dictó un decreto que inhabilitaba a Barnés de por vida para ejercer la docencia en instituciones educativas, así como la investigación científica en laboratorios.

A los 92 años de edad, llegó a declarar que "A mí me retiró de la ciencia mi marido", además del conflicto civil. Fue una frase declarada a Carmen Magallón Portolés, catedrática española de Física y Química especializada en la historia de las mujeres en la ciencia, para su libro Pioneras españolas en las ciencias.

PIONERAS ESPAÑOLES EN LAS CIENCIAS, POR CARMEN MAGALLÓN

En 2003, falleció, a los 98 años de edad en la localidad malagueña de Fuengirola. Años después llegaron los primeros reconocimientos.

En 2018, su nombre fue incluido en la Tabla Periódica de las Científicas, junto a científicas de todo el mundo, al haber sido declarado el 2019 Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos para conmemorar el 150º aniversario de la publicación de la primera versión de tabla de los elementos por Dmitri Ivánovich Mendeléyev en 1869.

En 2018, la asociación Herstóricas. Historia, Mujeres y Género y el colectivo Autoras de Cómic creó un proyecto didáctico cultural y educativo para mostrar la aportación de las mujeres en la historia que consistió en un juego de cartas, uno de aquellos naipes estaba dedicada a la científica navarra.

23/03/2026

Conmemoraciones a Blas de Lezo en Cádiz


El 22 de noviembre de 2009 se dedicó una placa conmemorativa a la memoria de Blas de Lezo en la casa de la calle Larga del El Puerto de Santa María, donde vivió durante algunos años junto a su familia. En dicho acto se estrenó la marcha militar Almirante Blas de Lezo, compuesta para la Real Armada por Joaquín Drake García, e interpretada por la Banda de Música del Tercio Sur (Infantería de Marina). Presidieron el acto el almirante de la flota, el alcalde de la ciudad y la presidente del Club de Mar Puerto Sherry.

En el texto de la lápida está escrito:
En 1736 vivió en este lugar junto a su familia el Teniente General de la Armada D. Blas de Lezo y Olavarrieta, insigne e invencible marino, héroe de la Batalla de Cartagena de Indias en la que la flota inglesa sufrió una humillante derrota en el año 1741. La ciudad del Puerto de Santa María en homenaje a su memoria. 21 de noviembre de 2009."




El 12 de marzo de 2014, la ciudad de Cádiz también inauguró una estatua a Blas de Lezo. La escultura sobre pedestal se colocó en el paseo de Canalejas, siendo el primer monumento dedicado a Blas de Lezo en España. Pronto lo haría la capital Madrid. Al acto acudieron la alcaldesa Teófila Martínez, el almirante de la flota Santiago Bolívar, y el embajador de Colombia en España Fernando Carrillo.

Este acto fue continuado con la apertura de la exposición Blas de Lezo. El valor de mediohombre, en la Casa de Iberoamérica, que llegó a la ciudad gracias a la colaboración del Museo Naval de Madrid, donde fue expuesta meses antes.





Además, existe una placa en su honor en el Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando, en Cádiz, donde reposan los restos de otros héroes de la Real Armada española, algunos de los cuales también fueron vascongados.


18/03/2026

Vasconavarros En México, por Jesús Ruiz de Gordejuela Urquijo


VASCONAVARROS EN MÉXICO, POR JESÚS GORDEJUELA URQUIJO


Vasconavarros en México Jesús Ruiz de Gordejuela Urquijo, Editorial LID, Córdoba (2013), 520 páginas

Con una vivaz recreación de pasajes cotidianos, debidamente documentada, el historiador Jesús Ruiz de Gordejuela abre el mundo de la emigración vasconavarra al México independiente: en que condiciones salían de la península Ibérica, cómo era el viaje transatlántico, a dónde llegaban y en qué se empleaban, con quiénes se casaban, cuál fue su papel en los grandes acontecimientos históricos de México… ¿Se olvidaban de su patria y de su origen étnico?

Vasconavarros en México rinde homenaje a la tenacidad de estos migrantes para alcanzar objetivos perdurables. Sus fábricas, casas comerciales, haciendas, instituciones educativas y organizaciones sociales contribuyeron en gran medida al desarrollo de centros urbanos e industrial que hasta la fecha conforman el tejido económico y cultural de México.

Para la elaboración de este Vasconavarros en México han colaborado el Gobierno Vasco, la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País, la Universidad de Monterrey y el grupo empresarial Tecnológico de Monterrey.

12/03/2026

Casa concejil moderna de las villas de Guipúzcoa


Desde que la administración de las villas de Guipúzcoa evolucionara durante la Alta Edad Media del modelo de Concejo abierto hasta el Concejo cerrado, no se precisaba ya de grandes espacios al aire libre o de toda una iglesia. La reunión restringida de unos privilegiados, es decir hidalgos con pureza de sangre, bastaba una habitación, un zaguán o una buhardilla: cualquier estancia a cubierto donde deliberar y decidir sin la intromisión de los vecinos exentos.

Por orden aprobada en las Cortes de Toledo de 1480, era obligatorio acondicionar en el plazo de dos años "casa de ayuntamiento e cabildo en que se ayunten", a fin de que la vida municipal se desarrollara conforme a la dignidad que los Reyes Católicos deseaban para sus poblaciones. El texto dice así:
"Porque paresce cosa desaguisada e de mala governación que las ciudades e villas de nuestra corona real no tengan cada una su casa pública de ayuntamiento e cabildo en que se ayuntar, las justicias e regidores a entender en las cosas complideras a la república que han de governar. Mandamos a la justicia e regidores de las ciudades e villa e lugares de nuestra corona real que no tienen casa pública de cabildo e ayuntamiento para se ayuntar, que dentro de dos años primeros siguientes, contados desde el día en que estas nuestras leyes fueren pregonadas e publicadas, fagan cada una ciudad e villa su casa de ayuntamiento e cabildo en que se ayunten, sopena de que en la ciudad e villa donde no se fiziere dentro del dicho término, que dende en adelante los tales oficiales hayan perdido e pierdan los oficios de justicias o regimientos que tienen."

Ya para entonces, Elgoibar contaba con casa concejil propia, ubicada sobre la muralla en la plaza de Arriba, y muy pronto Villafranca dispuso de una pequeña vivienda para el mismo menester. Azkoitia hizo de una torre la sede de su consistorio, al igual que Tolosa en la torre de Andía. No obstante, este última al igual que Azpeitia y otras villas importantes, todavía a comienzos del siglo XVI, carecieron de un concejo fijo.

CASA CONSISTORIAL DE AZKOTIA

Algunos autores han señalado que precisamente a partir del siglo XVI, los pueblos y ciudades donde se reunían las Juntas Generales de la provincia fueron los primeros en acometer la construcción de casas concejiles dignas en amplitud y calidad. Las dieciocho localidades que acogían por turno a las Juntas Provinciales eran: Hondarribia, Hernani, Rentería, San Sebastián, Tolosa, Villafranca, Segura, Zarautz, Getaria, Zumaia, Deba, Mutriku, Azkoitia, Azpeitia, Zestoa, Elgoibar, Mondragón y Bergara.

Ocurre que en ocasiones fueron otras poblaciones no pertenecientes a este selecto grupo las que fueron pioneras en edificar su casa concejil. Así, el ayuntamiento renacentista de la regia Salinas, de estilo sobrio y poco funcional, fue un incipiente de la moderna organización municipal "cerrada" en la Guipúzcoa del siglo XVI. Otro notable primerizo que no formaba parte de las Juntas itinerantes en el Ayuntamiento de Lezo, como así refiere el mejor ensayo publicado sobre arquitectura consistorial guipuzcoana escrito por Blanca Sañudo-Lasagabaster llamado Estudio histórico y arquitectónico de las Casas Consistoriales guipuzcoanas de los siglos XVII y XVIII (1985).

Por el contrario, los más importantes palacios consistoriales de las villas junteras datan en su mayoría del siglo XVIII, con algunas excepciones del XVII, siendo el primero el espléndido Ayuntamiento de Zestoa. Pero seguro que existieron antes que esta otros, sin duda, pero de modesta entidad.

Durante los siglos XV y XVI, las poblaciones guipuzcoanas se dotaron de pequeñas e inadecuadas casas, a menudo prestadas por los vecinos, para las reuniones de sus justicias y regimientos en concejo cerrado. Mientras que la asamblea general, convocada "a campana tañida" cada vez que algún asunto así lo aconsejara, se celebraba en las iglesias o alrededores, en soportales o al aire libre si el tiempo acompañaba. Por tanto, las dieciocho poblaciones que servían de sede a las Juntas Generales disponían de locales más acondicionados y espaciosos, pero raramente notables.

CASA CONSISTORIAL DE ARRASATE MONDRAGÓN

Habría que esperar hasta el siglo XVII y, especialmente, XVIII para que las villas afrontasen la construcción de esos grandes ayuntamientos que por su personalidad arquitectónica forman parte sustancial del patrimonio actual. Estas casas consistoriales ilustran sobre el enorme crecimiento económico de aquel período, condición sin la que no hubieran podido estos municipios dotarse de tan magníficas arquitecturas. Su estilo era sobrio, algo altanero y sólido, cualidades del Barroco civil de su época que simbolizan la vitalidad de las comunidades del territorio.

Según al antiguo cronista Carmelo Echegaray:
"Quien contemple las Casas Concejiles de que se ufanan en Guipúzcoa pueblos de tan reducido vecindario como Anzuola, Legazpia y Asteasu, no podrá menos de ver en ellas un signo de la grande importancia que en esta tierra tuvo la vida municipal.

Según Chueca Goitia en Breve historia del urbanismo (1968), era tiempo de "plazas reclusas" presididas por un ayuntamiento soberano, patriarcal y vigilante. Las villas eran plazas amuralladas y cerradas en un tiempo donde la vida municipal decaía en beneficio del poder central cada vez más absoluto.

Pero, según la opinión de Sañudo-Lasagabaster, las plazas vascas a diferencia de las castellanas:
"no tenían la función de formar un espacio cerrado, aislado, ostentoso y representativo del ceremonial barroco, sino que eran lugares públicos que pretendían ser el escenario de sus ancestrales juegos y tradiciones, que poseían muchas veces un eminente carácter rural y familiar, contrario al aparato que estaba de moda en la época."

Por eso la plaza vasca es "abierta", renuente a los desafíos perspectivos, pero no menos racional y demostrativa, en suma, de una cultura municipal muy arraigada. A pesar de que Guipúzcoa era una de las zonas del Reino de España más afectos al gusto por el estilo Barroco que arquitectónicamente interpretó con exquisita personalidad, apenas lo desarrolló en sus trazas urbanísticas, donde sólo en ocasiones se aprecia esa radical ruptura entre las formas y sus moradores, entre la realidad y el sujeto que la identifica específica del barroco.

En cambio, si existe una geometría simbólica en el eje formado por el ayuntamiento, la iglesia y el frontón. Ya también plazas-calle más en funciones de desahogo urbano que de amplio escenario, como los casos de Bergara o Antzuola, e incluso ayuntamientos medianeros incorporados a la calle misma, como los casos de Handarribia o el primitivo Aretxabaleta.

CASA CONSISTORIAL BERGARA

El siglo XVII, comenzó con la edificación del Ayuntamiento de Zestoa (1601), y se alzaron los de Rentería (1605), Ataun (1658), Usurbil (1666), Tolosa (1672), Beizama (1674), Oiartzun (1676) y Bergara (1693).

Durante esta primera fase constructiva se evidencia aún con nitidez el vasallaje estilístico respecto a los palacios clasicistas y a los caseríos de la época.

La arquitectura rural vasca dejo su huella en las mansiones urbanas, en los palacios y a través de éstos en las casas capitulares, que adoptan del caseríos la planta rectangular aglomerada, exenta de patio central. También es característico el portalón, recreando el soportal con arcos de sillería (arkupe) y hasta frontoncillo interior. Por último, los enormes aleros tallados sobre cornisa que, tanto en palacios como en concejos, adornan el remate de la fachada.

Así, el palacio vasco constituye una versión "hidalga" del caserío rural, y asimismo, la casa consistorial forma una variante del palacio. Durante el siglo XVII, este fenómeno es notorio. La arquitectura municipal fue enriqueciéndose con las aportaciones del barroco y ofreciendo una lectura singular que reúne las influencias tradicionales con las necesidades de los edificios concejiles. Su culminación llegó, ya en el siglo XVIII, de la mano de una generación de magníficos arquitectos que innovaron y reinterpretaron con habilidad los cánones del pasado produciendo el estilo elegante, funcional y expresivo propio de los consistorios barrocos.

La casa consistorial de Bergara, obra de Lucas de Longa en el último cuarto del XVII, resume todas las virtudes de los palacios municipales renacentistas y supo anticipar los rasgos definieron el barroco capitular. Por primer vez se levantó un edifico sobre seis arcos en eje vertical con otros tantos vanos ricamente abalconados. Gruesas ménsulas sostienen las cornisas con amplia voladura, y una soberbia ornamentación de tres escudos y fustes con filacterias fueron añadidas como escudos de armas en su fachada.

Supone un hito entre dos periodos: el del Barroco (siglo XVII), que trajo construcciones ya importantes (Zestoa, Tolosa, Oiartzun) pero de excesiva severidad, algo rígidas y átonas; y de los ayuntamientos de la Ilustración (siglo XVIII), donde los Carrera, Ibero o Lizardi desarrollaron un estilo más enfático y vivaz.

La dotación interior de dependencias para todos los servicios municipales de una villa muy próspera consiguieron que el Ayuntamiento de Bergara se convirtiera en uno de los más señeros ejemplares de la arquitectura vasca.

08/03/2026

Alonso de Idiáquez de Butrón y Mújica


Maestre de Campo del Tercio de Idiáquez en Flandes, capitán general de Caballería y del Consejo secreto del Estado durante los últimos años del reinado de Felipe II

ALONSO DE IDIÁQUEZ DE BUTRÓN Y MÚJICA

Alonso de Idiáquez de Butrón y Mújica era natural de San Sebastián, Guipúzcoa, donde nació en 1565. Fue hijo único de Juan Alonso de Idiáquez y Olazábal, comendador mayor de Santiago, consejero de Estado y Guerra de los reyes Felipe II y III, y presidente del Consejo de Ordenes. Era nieto del tolosarra Alonso Idiáquez y Yurramendia, secretario del Consejo de Estado de Carlos V y del Consejo de Italia, fundador y patrón del Convento de San Telmo de San Sebastián.

A los 18 años, ingresó en la Orden de Santiago, siendo su padre presidente del Consejo de Ordenes, tras haber desempeñado las embajadas de Génova durante los años 1573 y 1576 y de Venecia durante 1576 y 1579. Alonso sirvió primeramente algún puesto cortesano en Turín, junto a la infanta Margarita.

Aunque la mayor parte de su carrera militar se desarrolló en los ejércitos de tierra no faltaron los episodios marítimos. Tomó parte en el combate de San Miguel (islas Azores) en 1582, mostrando "gran asistencia y valor" según testimonio de la época. Organizó además la defensa de San Sebastián ante un ataque por mar lanzado desde Bayona y los puertos de Lapurdi.

Desde entonces y hasta su muerte, se distinguió en las guerras de Flandes y liga de Francia contra los hugonotes, destacándose en acciones militares como las de Bergen-op-Zoom, San Quintín, Noyón, Charlemón, le Chapelle y otras.

En 1588, estuvo en Flandes proveído con una de las 14 compañías de caballería española de las que servían en aquellos estados. Carecía de experiencia militar, aunque quizá fuera uno de aquellos 7 capitanes que escoltaron hasta Turín al duque de Saboya, embrión del tercio del mismo nombre. En todo caso, como tantos otros nobles e hidalgos, había acudido a Flandes para tomar parte en la proyectada invasión de Inglaterra.

El 20 de octubre de aquel año, sirviendo como voluntario, tomó parte en el asedio al fuerte de la Cabeza, antemural y el mayor de los que protegían la plaza de Bergen-op-Zoom.

Muy poco después, el general Farnese ordenó a su compañía de lanzas marchar a la frontera de Francia, donde se hallaba el 31 de octubre, alojada entre Bapaume y Hesdin, junto a las siguientes: Juan de Córdoba y Pedro Moreo, de lanzas; L'Escolle y La Biche (arcabuceros del país) y las de Bandes d'Ordonnance del duque de Arschot, el conde de Egmond y el Príncipe de Chimay.

TERCIO DE IDIÁQUEZ

El 26 de julio de 1590, decidió Farnese formar un nuevo tercio de infantería española, de 16 compañías, en el que entraron las 8 no extinguidas del antiguo Tercio Viejo, algunas de las supervivientes de la Invencible y otras de guarniciones, cuyo mando dio a Alonso de Idiáquez y la sargentía mayor a Alonso de Itúrbeda. Fue el llamado Tercio de Idiáquez.

En la acción de Fontaine-francaise, en 1595, después de haberse batido gloriosamente, cayó del caballo herido en un río y quedó prisionero; y puesto en libertad por la suma de 20.000 escudos, volvió al servicio del rey.

Fue nombrado capitán general de caballería de Milán y del Consejo Secreto del Estado en 1593. Además ocupó otros cargos de gran importancia en la administración de la Monarquía hispánica como el de virrey de Navarra en 1610, maestre de campo general del Tercio de Lombardía en 1618, grandeza de España y señor de las casa nobiliarias de Butrón y Mújica en 1604. Además, fue conde de Aramayona y duque de Ciudad Real, secretario de las Juntas y Diputaciones de Guipúzcoa, al igual que su padre, y capitán general de Guipúzcoa en 1615.

Murió en Milán hallándose ejerciendo el cargo de maestre de Campo general. Su cuerpo fue enterrado en el convento San Telmo (museo en la actualidad), junto a su padre.

TERCIO DE IDIÁQUEZ