03/10/2026

Arte Prehistórico de Vizcaya


Hasta el siglo XX, el País Vasco apenas contaba con testimonios artísticos sobre su lejano pasado. Estos fueron apareciendo por la curiosidad de los espeleólogos o por pura casualidad, como es el caso de la mayoría de las cuevas rupestres localizadas a lo largo del corredor costero. Si sorprendente y tardía ha sido su localización, más lo es su belleza y la calidad de su conservación.

El primer hallazgo de Arte Rupestre en el País Vasco se realizó a comienzos del siglo XX en la cueva de Venta Laperra, en Carranza. Junto a una serie de líneas indescifrables, aparecen varias representaciones de cuadrúpedos. Su situación en la cueva las distingue de las demás del territorio vasco por encontrase a la entrada y ser visibles a la luz del día. Los grabados de Venta Laperra, en Carranza, pertenecen al Paleolítico Superior, al igual que las manifestaciones rupestres de Santimamiñe y Arenaza.

GRABADO DE VENTA LAPERRA

Del conjunto de pinturas y grabados de Santimamiñe, en Cortezubi, el grupo principal de figuras se halla en una pequeña cámara circular de difícil acceso en el momento del descubrimiento. Sobresale por su espectacularidad un panel donde se aprecian nítidamente seis bisontes, un caballo, una cabeza de ciervo, una cabra y un conjunto de trazos de difícil interpretación. Precediendo a este espacio hay una antecámara donde pueden verse varios bisontes y caballos incompletos, además de una serie de rayas. Fuera de estos dos conjuntos, muy adentro de la cueva, a unos 150 metros de la entrada, se han descubierto nuevas representaciones. El conjunto de figuras de Santimamiñe llega casi al medio centenar, siendo el bisonte la especie más recurrente.

PINTURAS DE SANTIMAMIÑE

La cueva de Arenaza, en Galdames, presenta un conjunto de pinturas de difícil acceso situadas en el interior de una cámara semiesférica. Aquí aparecen representadas un grupo de ciervas, pintadas en rojo, mediante una técnica de punteado, en muy mal estado de conservación. Aparte de esta cámara hay algunas figuras más en la galería principal de la cueva. Arenaza muestra una relación mayor con el área de Santander que con la norpirenaica.

PINTURAS DE ARENAZA

En la cueva de Goikolau, en Berriatúa, se descubrieron una serie de grabados distribuidos en cinco grupos. Son figuras esquemáticas e incompletas de difícil determinación. Según José Miguel de Barandiarán, algunas de ellas son de época postpaleolítica.

De la Edad del Hierro parece ser el denominado Ídolo de Mikelendi. Se trata posiblemente de la representación de un jabalí que lleva bajo el vientre un gran disco.

ÍDOLO DE MIKELENDI

02/10/2026

Casa Consistorial de Vergara


La Casa Consistorial de Vergara fue construida por Lucas de Longa en estilo barroco, a finales del siglo XVII. Pero el actual edificio de esta villa guipuzcoana tuvo un largo y complejo proceso de construcción. De hecho, es una obra realizada entre 1677 y 1693, y continuó en una nueva campaña de obras en 1730.

El anterior edificio que reconstruyó el arquitecto Andrés de Larrinaga había quedado obsoleto para las necesidades administrativas del concejo del siglo XVII.

FACHADA PRINCIPAL

La idea de construir un nuevo consistorio más grande y funcional, a la vez que ampliar la plaza de San Martín de Aguirre, partió del alcalde Nicolás Antonio de Madariaga, en una reunión del concejo el 21 de enero de 1673. A petición del 11 de agosto de 1674, Carlos II otorgaba una facultad real para que el concejo impusiera una sisa durante seis años hasta alcanza la cantidad de 28.000 ducados con los que financiar la obras.

Entre 1676 y 1679, el concejo emprendió un proceso de adquisición de solares que permitieran dar la debida extensión a la plaza y consistorio. La obra se realizó en el mismo lugar donde estaba la primitiva Casa Concejil, entre la Iglesia de San Pedro y el Colegio de la Compañía de Jesús.

En 28 de febrero de 1677, el arquitecto Lucas de Longa comenzó la puesta en práctica de sus trazas. Se previó un plazo de dos años para la ejecución de la obra de cantería que encabezó el maestro Juan de Echave, ayudado por los también canteros Felipe de Ezcurra y Antonio de Valzola. Los trabajos de demoliciones del concejo y de solares, y el establecimiento de andamiajes recayó en Andrés de Yruin.

Según los maestros peritos, en la planta baja el edificio estaba dividido en dos ámbitos, uno de ellos cobijaría la alhóndiga y el peso real, de forma separada estaban el zaguán y el calabozo. La planta noble estaría ocupada por la sala consistorial donde celebraban los ayuntamientos, las elecciones a los cargos del concejo y las Juntas Provinciales, hacia la plaza, mientras en el lado opuesto se encontraban la vivienda del alcaide y celdas para los presos por deudas y casos leves. El último sobrante se utilizaría como desván y armero.

CASA ADYACENTE

Desde 1680, las obras quedaron paralizadas por falta de presupuesto, que se reanudaron cuatro años más tarde. Esta vez Lucas de Longa tuvo como principales colaboradores a los maestros carpinteros Andrés de Yruin y los hermanos Juan y Andrés de Garitano Aldaeta, y al maestro arquitecto y entallador azpeitiarra Joan de Apaeztegui.

Un año después, en 1685, los problemas volverían. Los problemas de falta de presupuesto paraban la marcha. Lucas de Longa consiguió un contrato en Orduña que le apartaba definitivamente de Vergara. Por otra parte, el arquitecto jefe reclamaba al ayuntamiento el pago de su salario: 14.652 reales y algo más de 32 maravedíes. Finalmente, tras un proceso de pleitos, Longa renunciaba a continuar con el proyecto liberando al concejo del pago de la deuda.

La primera fase de las obras de carpintería fue terminada en abril de 1688, por Andrés de Garitano Aldaeta. Pero no en su totalidad, tras un parón y una nueva prórroga de la sisa por doce años. Las obras de carpintería quedaron consumadas en 1693, gracias al contrato que la villa hizo al maestro arquitecto Felipe del Castillo, vecino de Orduña.

FACHADA PRINCIPAL

La moderna Casa Consistorial se adapta a parte del solar resultante de las distintas comprar efectuadas por el ayuntamiento y adquiere una planta en forma de trapecio, pues los planteamientos urbanísticos inherentes al proyecto obligaban a que la fachada principal se orientara hacia la plaza de San Andrés de Aguirre y fuera paralela a la de la iglesia y colegio de la Compañía de Jesús, a la que debía dar réplica. Corresponde a un modelo aglomerado y se cubría por tejado a cuatro vertientes.

La fachada principal, de piedra de sillar, presenta seis arcos de medio punto soportados por pilares de sección cuadrada sobre una pequeña basa en lo que la línea de impostas se remarca por una sencilla plantabanda.

En correspondencia con los seis arcos, en el piso noble se abren seis puertas ventanas de dintel monolítico recreadas por sencillas fajas de placa lisa. Sobre un alto parámetro ciego se remata la obra con una cornisa volada pétrea soportada por canes decorativos de forma rítmica.

BALCONADA Y ARQUERÍA DE LA FACHADA PRINCIPAL

En dos de los pilares de la arquería están grabadas medidas patrón utilizadas en el mercado de la plaza. En uno de ellos se aprecia la medida de la doble vara o braza y lo que parece ser la representación de una balanza. En el otro, se encuentran la de la vara, la de la baldosa, así como la representación de los moldes de la teja y del ladrillo. Ente tipo de medidas patrón grabadas es poco habitual en edificios vascos.

En ambos extremos del edificio, y junto a los dinteles de los vanos, aparecen unas inscripciones tomadas de la Biblia (Eccl. 23 ver. 30).

En el lado norte: "En la casa del que jura no faltara desventura." En el lado sur: "O que mucho lo de allá o que poco lo de acá."

Este tipo de citas bíblicas o máxima morales fue tradición en la arquitectura civil vasca de la época, especialmente doméstica y palaciega.

Entre vanos están colocados los elementos ornamentales más importantes de la fachada, tres escudos y dos columnas, que, además de su función artística, actúan como elementos de articulación entre el piso principal y el parámetro ciego superior.

ESCUDOS Y COLUMNAS DE LA FACHADA PRINCIPAL

En el centro aparece el Escudo Real de la Casa de los Austrias sobre una tarja de cueros recortados con múltiples volutas y rodeado por el Toisón de Oro. El conjunto se encuentra sobre un fondo decorativo a base de vegetales muy estilizados y remata en la parte superior por la Corona Imperial que flanquean dos niños desnudos de imitación miguelangelesca.

En los espacios inmediatos se sitúan dos columnas de orden compuesto sobre complicadas ménsulas, muy relacionadas con las que soportan las repisas de los balcones y la cornisa superior. Cada una de ellas presenta una filacteria en torno a su fuste con las inscripciones "Plus" y "Ultra" y soporta una corona.

ESCUDO REAL DE LA CASA DE LOS AUSTRIAS

A la izquierda se encuentra el Escudo de la Provincia de Guipúzcoa, flanqueado por dos maceros cubiertos sólo por paños. El escudo se coloca sobre una tarja muy barroca en la que destaca su parte superior, con una cabeza de león que se integra en un fantástico conjunto de cueros recortados que se tornan vegetales en sus extremos. En la parte inferior una cabeza grotesca, tan del gusto barroco, completa este enmarque. Todo ello se encuentra surmontado por una corona. Destaca la concepción decorativa del conjunto, aunque la realización de las dos figuras de varón resulta un tanto envarada en su concepción.

ESCUDO PROVINCIAL DE GUIPUZCOA

A la derecha completa la serie el Escudo Municipal de Vergara. Al igual que el de la provincia, aparece coronado y enmarcado por profusos elementos decorativos entre los que destacan las dos cabezas grotescas situadas en los extremos inferior y superior ye el remolino vegetal de esta última parte. El conjunto se enrique por las dos figuras de niños casi desnudos y portando cuernos que aparecen a ambos lados del escudo.

ESCUDO MUNICIPAL DE VERGARA

Esta serie de elementos se labró entre 1680 y 1682. En la sobriedad que impera en la fachada destaca el barroquismo de estos escudos, que adquieren relevancia sobre la superficie predominantemente lisa.

El edifico responde a una tipología muy extendida en la época. Edificios de marcados carácter horizontal con un soportal en el primer cuerpo y ventanales precedidos de balaustrada, o más habitual entre las casas consistoriales vascas, de magníficos balcones de hierro forjado, en el segundo.

En el interior del soportal aparecen dos puertas adinteladas, sin moldura. Cada una coincide con los segundos arcos a partir de cada extremo, la de la izquierda da paso al zaguán y la de la derecha a la alhóndiga. Ambas presentan puertas de clavos de estrella típicos del siglo XVIII. El resto de arcos se corresponde con ventanas.

La fachada opuesta está realizada en mampostería y presenta sillares en los ángulos y recerco de vanos. Al estar situada a un nivel superior no puede presentar la misma organización que la fachada principal. En alzado muestra un primer nivel de semisótano se separa del resto del inmueble por la sencilla planta banda que lo recorre a poca altura. El él se sitúan cuatro pequeños vanos enrejados que daban aire y luz a la cárcel. Y en el centro una puerta dintelada enmarcada por una sencilla moldura de placa lisa que da acceso al vestíbulo zaguero del ayuntamiento. La planta noble presenta cuatro ventanas sobre las ya referidas y una más pequeña cuya función es la de iluminar la escalera posterior. El último piso presenta cinco ventanas menores siguiendo la misma organización que los vanos anteriores. El conjunto se remata por la cornisa que recorre el edificio.

FACHADA LATERAL

El muro lateral es también ora de mampostería y la piedra sillar queda reservada al recerco de los vanos y en los sectores cercanos a las esquinas. El desnivel de esta fachada obliga a que parte de ella se sitúe al nivel de la plaza y parte junto a una escalera. Destaca su arco de medio punto que da paso al pórtico, con tres vanos y uno de ellos da luz al zaguán. En la primera planta aparecen cuatro venos, dos de ellos hacia la plaza, que son dos puertas ventanas que dan luz a la sala capitular. El piso superior solo presenta dos ventanas más estrechas e iguales a las de la fachada posterior.

En su interior, solo queda de su original disposición la caja de escaleras, situadas a la izquierda del edificio, y la sede de sesiones, que ocupa todo el piso noble hacia la plaza, aunque ambas dependencias han sufrido modificaciones. El resto del edificio ha sido plenamente transformado en su interior a lo largo del tiempo.

El Salón Principal es su sala más ornamentada. Su pintura contiene una galería de personajes ilustres de Vergara, que data de los últimos años del siglo XIX.

CASA ADYACENTE

La casa adyacente surgió de la voluntad de Lucas de Longa de levantar una casa de su propiedad en uno de los espacios vacíos de la plaza, adquiriéndolo en 1687. Tras comenzar las obras con brevedad para terminar la plaza, quedó paralizada en 1699 y pasó a propiedad municipal.

Las obras de esta casa terminaron en 1709, tras pasar por las manos de varios maestros canteros como Andrés de Larrañaga, Jacobo de Jauregui Ayesta, Miguel de Bascaran y Domingo de Iturbe, y carpinteros como Juan Sáez de Garitano y José de Muguerza.

El edificio se corresponde de forma arquitectónica y ornamental con la Casa del Concejo. Se mantuvo el piso bajo con cuatro arcos continuando el pórtico adyacente de seis, pero son más estrechos. En el piso noble se dispusieron cuatro puertas ventanas, y en el nivel superior se abrieron otros cuatro vanos más estrechos y sencillos, pero en consonancia con el resto del conjunto. La cornisa superior y las ménsulas de los balcones son una reproducción de la del ayuntamiento.

El muro lateral presenta una organización pareja a la de la fachada norte del ayuntamiento, basada en arco de acceso al soportal, dos amplios vanos en el primer miso y dos menores en el superior.

LATERAL DE LA CASA ADYACENTE

El 14 de febrero de 1729 una campaña de reformas comenzaba sobre la original diseñada por Lucas de Longa. El derecho a la sisa sobre el vino, concedido por Felipe V el 14 de octubre del mismo año, permitió financiar el proyecto que habilitaba balcones con verjas de hierro y caños para recoger aguas pluviales, en el exterior. En el interior, pasaba por una remodelación de la sala principal, la caja de escaleras sobre la que se habilitó un aposento para presos y otras obras menores. En 1731, también se colocaron vidrieras en los balcones de la salida principal, por el maestro pintor Juan Ángel Barón de Guerendian. Los herrajes de los balcones fueron realizados por Antonio de Elorza, maestro de Elgoibar procedente de una destacada familia de ferrones.

Con la colocación de la balconería se completaba el exterior del edificio y tendía a unificar la Casa Consistorial con la casa adyacente.

ESCALERA INTERIOR CON MURAL DE SAN MARTÍN DE AGUIRRE EN JAPÓN

30/09/2026

Reinado de Carlos III: hispanización de la política navarra


A través de pacto auspiciado por el cardenal Guido de Bolonia en 1375, el infante Carlos III el Noble, hijo de Carlos II de Navarra, casaría con Leonor de Trastámara, hija de Enrique II de Castilla. Un enlace real que aproximaba Navarra a Castilla. Además, las Cortes de Castilla reconocían a Carlos III la herencia del trono castellano si moría el príncipe Juan, futuro Juan I de Castilla y señor de Vizcaya.

Carlos II el Noble reinó entre los años 1387 y 1425. La dinastía de Trastámara entraba en Navarra de la misma manera que lo haría en Castilla en 1369 a través de Enrique II, y en Aragón en 1412 a través de Fernando I. Esta dinastía fue anticipando la unión de reinos de España bajo una misma corona desde la segunda mitad del siglo XIV, culminando en los Reyes Católicos a finales del XV.

A pesar de ser un Évreux, Carlos III inició un proceso de alejamiento de los asuntos franceses y una progresiva navarrización e hispanización de su gobierno. Su política exterior se fue relacionando con los demás reinos españoles. En varias ocasiones, colaboró con el Reino de Castilla en su lucha frente a los islámicos del Reino de Granada. Varios nobles castellanos recibieron importantes señoríos navarros como Cascante, Mendavia, Zúñiga y Lerín.


Otro de los pactos entre Navarra y Castilla estuvo en lo concerniente a la denominada "frontera de malhechores", a principios del siglo XV. Carlos III y Enrique III acordaron hacer todo lo posible por eliminar las incursiones que banderizos de ambas fronteras hacían al refugiarse tanto en Navarra como en Guipúzcoa. Ocurría también que algunas villas navarras, fronterizas con Guipúzcoa, como Leitza, solían llegar a acuerdos con guipuzcoanos, permitiéndoles el paso hacia algunos terrenos para la cría y pastoreo de ganado. Carlos III reclamaba tributos por el uso que estaban haciendo de sus tierras.

Pero, a pesar de estos acuerdos para denunciar y arrestar a los malhechores guipuzcoanos, continuaron sus incursiones de bandidaje y saqueo por las tierras fronterizas navarras. Durante los años 1429-1430, estos "castellanos" de Guipúzcoa, como así se los llamaba, quemaron cerca de 23 pueblos navarros. 

En 1423, instituyó el título de "Príncipe de Viana" para los herederos de la corona de Navarra. El primero en tomarlo fue su nieto, el príncipe Carlos de Viana.

Tras su muerte, heredó el trono navarro su hija Blanca I de Trastámara.




25/09/2026

Francisco de Segurola y Olidén


Armador y maestre de navíos mercantes entre Cádiz y Cartagena de Indias desde 1758, constructor naval en el puerto de San Blas de Nayarit en 1767, y empresario y comerciantes en Buenos Aires en 1771

FRANCISCO DE SEGUROLA Y OLIDÉN

Francisco de Segurola y Olidén era natural de Azpeitia, Guipúzcoa, donde nació en 1735. Sus padres fueron Rafael Ignacio de Segurola y Zelayarán, regidor de la villa, y María Clara de Olidén y Egaña. Su hermano Sebastián de Segurola y Olidén fue brigadier del Ejército español y gobernador de Buenos Aires en 1789.

Desde joven, Segurola se dedicó a las actividades marítimas de forma profesional. Trabajaba como armador de navíos, encargándose de equipar, aprovisionar, dotar de tripulación y mantener en estado de navegabilidad; también como maestre , encargándose del gobierno económico del navío, subordinado a un capitán.

En 1758, fue maestre del navío San Pedro, también llamado San Ignacio de Loyola, con el que llegó al Río de la Plata, en el Virreinato del Perú. Lo hacía formando parte de una expedición militar liderada por Pedro de Cevallos Cortés, gobernador de Buenos Aires, que tenía por objetivo expulsar a los portugueses de Río Grande, al norte de la Gobernación de Buenos Aires en el limite fronterizo con Brasil. En Montevideo y Buenos Aires comenzó a relacionarse y formar pate de un importante grupo de mercaderes.

En 1761, regresó a Cádiz a bordo de su navío San Ignacio.

En 1761, siendo maestre de la fragata San José, viajó a Cartagena de Indias en el Virreinato de Nueva Granada, uno de los principales puertos comerciales de la Carrera de Indias.

En 1765, fue capitán y maestre del navío San José, también llamado El Valiente Cántabro, con el que regresó a Cádiz.

En 1767, se construye el puerto de San Blas de Nayarit, en la costa mejicana del océano Pacífico, junto al mar de Cortés. Por orden de Carlos III, debía de servir como base naval para futuras expediciones de exploración a la costa norte del Virreinato de la Nueva España. El primer regidor fue Juan de Urrengoechea y Arrinda. Segurola fue uno de los tres constructores jefes del astillero encargado de la fabricación de los navíos; los otros dos armadores también eran vascos Pedro de Yzaguirre y Manuel de Bastarrechea.

Desde esta base marítima partió la misión de fray Junípero Serra hacia las Misiones de California en 1768. Pocos años después, partió la expedición del bilbaíno Bruno de Heceta, junto a Juna Francisco de la Bodega y Quadra, que descubrió las costas de los actuales estados de Oregón y Washington hasta Vancouver.

BUENOS AIRES, SIGLO XIX

En 1771, regresó a Buenos Aires, ciudad donde terminaría por desarrollar su actividad empresarial y vida familiar. En marzo de aquel año, contra matrimonio con María Josefa Bernarda de Lezica, de familia noble vizcaína asentada en la gobernación. Su madre era María Elena de Alquiza y Peñaranda y su padre era Juan de Lezica y Torrezuri, alcalde del cabildo y próspero comerciante, que ostentó el título de alférez real. Fue el promotor de la villa de Luján y fundador de su santuario, además de benefactor de la Orden dominicana.

A través de su matrimonio con tal enriquecida familia de mercaderes vizcaínos, además de recibir una amplia dote de 20.000 pesos, le permitió formar parte de una importante red de empresarios vascos del siglo XVIII.

En 1772, fue maestre del navío La Concepción, con la que regresó a Cádiz desde Montevideo. Al año siguiente, partió del mismo puerto en el navío La Limeña, formando parte de la Flota de la Carrera de Indias, pocos años quedaban ya para que Carlos III aprobase el Reglamento de Libre Comercio sin que Segurola partiese desde el puerto gaditano y siguiese la tradicional ruta mercante a las Indias. Llevaba mercancías por valor superior a los 300.000 maravedíes de plata que permitía la ley.

Además de sus actividades comerciales, también desempeñó algunos cargos locales en una administración que se había fundado como el Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Empezó como funcionario del Cabildo porteño, y después fue alcalde de segundo y de primer voto en 1783, además de juez de menores.

Francisco de Segurola y Olidén murió en Buenos Aires, en 1790.

COMERCIANTES Y ARMEROS VASCOS EN BUENOS AIRES, SIGLO XVIII

Tenía profundas convicciones católicas, por eso ingresó en la Tercera Orden de Penitencia de Santo Domingo, en 1780, como también su mujer y algunos de sus catorce hijos.

Saturnino de Segurola y Lezica fue doctor canónigo de la ciudad, uno de los primeros bibliófilos y coleccionistas del Río de la Plata.

Cruz de Segurola y Lezica casó con el comerciante vasco Manuel Ortiz de Basualdo, que luchó contra los británicos en las dos invasiones inglesas en Buenos Aires a inicios del siglo XIX.

Leocadia de Segurola y Lezica casó con el comerciante vasco Juan Bautista de Elorriaga, quienes construyeron el edificio más antiguo de Buenos Aires que se conserva, la Casa Altos de Elorriaga, en 1812.

Otras hijas también casaron con comerciantes vascos de la ciudad: Eusebia con Antonio de Irigoyen; Dolores con Francisco Antonio de Letamendi; Serapia con Francisco de Echeverría.

20/09/2026

Literatura épica moderna por vascos y navarros


El ambiente literario patriótico surgido durante la larga empresa de la Reconquista renació vigoroso con los grandes sucesos de la España unida por los Reyes Católicos, a fines del siglo XV. Las hazañas en la colonización del Nuevo Mundo y la defensa del Imperio de la Monarquía hispánica por vascos y navarros, como unos españoles especiales, quedaron expresadas de forma literaria por medio de la pluma de autores como Lope de Vega, García de Alarcón y Alonso de Ercilla.

La eclosión de un patriotismo desbordado surgió al cantar las glorias de los Reales Tercios de Infantería y las Reales Armadas, así como de las expediciones colonizadoras de las Indias, en las cuales fueron vascos y navarros unos protagonistas de honor.

La bizarría del vasco quedó elogiada por la pluma de Lope de Vega sobre la participación en los Tercios de Infantería:

¡... Qué brava infantería
tiene esta tierra!
En cuanto el mundo abarca
no hay mejores soldados...


DESEMBARCO EN LA ISLA TERCERA

Cristóbal de Eraso fue un general de la Armada Real, perteneciente a una familia vizcaína de tradición marinera. Tuvo una actuación destacada en su nave San Mateo como segundo al mando en la expedición de la isla Tercera (Azores) liderada por el marqués Álvaro de Bazán en 1582. Al año siguiente realizó el desembarco en dicha isla.

García de Alarcón le compuso una poesía como elogio a su determinación en la contienda:

"Don Cristobal de Eraso, que miraba
lo que delenate del hacía el Marqués,
como furioso rayo de arrojaba
por medio el gran reparo del francés.

Y a la diestra y siniestra destrozaba;
ya da estocada , tajo ya revés,
ya redobla, ya embate, ya se alarga,
ya sobre el enemigo apriesa carga."


ALONSO DE ERCILLA Y ZÚÑIGA

En 1557, llegaban a Chile Alonso de Ercilla y Zúñiga y Francisco González de Andía e Irarrázabal. En octubre Ercilla se distinguió en la defensa del fuerte de Penco, y en noviembre los sometió en Millarape. Al año siguiente, atravesó el canal de Chacao llegando a la isla de Chiloé. Esculpió en un árbol los versos siguientes:

".....do un escrito
quise dejar para señal bastante,
y en el tronco que vi de más grandeza,
escribí con cuchillo en la corteza:
Aquí llegó donde otro no ha llegado

Don Alonso de Ercilla, que el primero
en un pequeño barco deslastrado,
con sólo diez pasó el desaguadero,
el año cincuenta y ocho entrado
sobre mil y quinientos, por Hebrero
a las dos de la tarde el postrer día
volviendo a la dejada compañía."

JERÓNIMO DE AYANZ Y BEAUMONT

Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue una auténtica celebridad en su época entre los siglos XVI y XVII, especialmente en el campo militar. Había combatido en Túnez, San Quintín, Flandes, Portugal, las Azores, La Coruña, etc., e incluso había desmantelado una conjura francesa para asesinar en Lisboa a Felipe II. Lope de Vega le dedicó unos versos en su comedia Lo que pasa en una tarde:

"Tú sola peregrina no te humillas
¡oh Muerte!, a don Jerónimo de Ayanza
Flandes te diga en campo, en muro, en villas
cual español tan alta fama alcanza.
Luchar con él es vana confianza
que hará de tu guadaña lechuguillas."

Ayanz, caballero de la Orden de Calatrava, desempeñó importantes cargos públicos: regidor de Murcia y gobernador de Martos, Felipe II le nombró en 1587 administrador general de las minas del Reino, es decir, gerente de las 550 minas que había entonces en España y de las que se explotaban en América. Pero, además, don Jerónimo fue músico, pintor, cosmógrafo, empresario y, sobre todo, inventor. En 1606 se le reconoció la patente ("privilegio de invención", se llamaba entonces) de medio centenar de inventos. Entre ellos, la primera máquina de vapor.



Romance de la Defensa de Cartagena, escrito por fray Felipe de Jesús, en 1789:

... don Blas de Lezo
cavallero acrisolado
por su nobleza y valor
y conosido de quantos
estrangeros tiene el orve
por su espiritu y su garbo,
que en esta como otras veses
en combates se ha portado
con indesible constancia
siento esto tan cierto y fixo
que tiene pierna de palo.



Soneto a Blas de Lezo, por su defensa de Cartagena de Indias:
Guardián de la honra hispana en Cartagena,
fiel siempre al mandato de tu espada,
nunca pudo de Albión la impía Armada
quebrar firmeza al lienzo de tu almena.
Hidalguía, blasón de sangre buena,
de Marte orgullo l'oriflama honrada,
te dio ardiente lauro la Niké alada
que unió a tu arrojo en la sangrienta escena.
Del inglés los sueños de conquista
al lodo tú arrojaste en la porfía,
y a un león humillaste l'afán fiero.
Si estaba por mitades ya su vista,
cojo y manco el cuerpo que vencía,
¿qué Lezo haría si estuviese entero?


EDWARD VERNON Y BLAS DE LEZO


Uno de los llamados "últimos de Filipinas" fue el teniente coronel Felipe Dugiols Balanzategui cuyo recibimiento en su ciudad natal Tolosa fue multitudinario, como un héroe, en una guerra perdida y que pasó a la historia como El Desastre del 98. El archipiélago de Filipinas se había conseguido para el Imperio español en 1565 por dos guipuzcoanos ilustres como son Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta, y defendido por hasta el final por este otro guipuzcoano de honor en 1899.

Uno de sus admiradores fue el berzolari tolosarra Emeterio Arrese, quien en una larga composición de 120 versos en euskera señaló:
"Orregatikan zeradelako
ernai, kementsu, zolia,
zerutaraño igo dezuna
euskaldunen jatorria,
dezubelako fedeaz muiñdu
Legazpi´tarren obia,
merezi eta eman dizute
San Fernandon gurutzia,
gudari batek geien-geiena
opa lezaken saria"


(Porque eran de Orregi
vivaz, enérgico, rápido,
Has ascendido al cielo.
El origen de los vascos,
Porque estás lleno de fe.
La tumba del pueblo de Legazpi,
Te lo mereces y te lo han dado La cruz en San Fernando,
la grandeza de un guerrero
El premio que podrías desear)


Sus compañeros ideológicos republicanos de La Voz de Guipúzcoa compusieron unos versos pues eran especialistas en la oda. Kaietano Sánchez Irure decía un mes antes de su recibimiento en abril de 1899:
"Badakit, bai, egongo
gerala begira,
danok zoratu nairik,
zure arpegira, esanaz: Au da Dugiols,
ale(re) etorri da,
gerran nekaturikan,
gaur Euskal-Errira."


(Lo sé, sí lo habrá.
mirando
Todos queremos volvernos locos,
a tu cara, diciendo: Este es Dugiols,
El grano ha llegado,
cansado de la guerra,
al País Vasco hoy.)


Otro bertsolari, anónimo este, también en La Voz de Guipúzcoa, le recibía con cinco estrofas con el título Ongi etorri bat on Dugiols jaunari. La tercera estroza decía:
"Emen geraden lagun guztiyak
aiñ gaudez gaur bateturik,
egin dituzun azain ederrak
lenbailen banatu nairik;
ondo dakigu, Dugiols argiya,
iñork esan gabetandik,
Filipinetan ez dala izan
zu beziñ gizon bizkorrik."


Todos nuestros amigos aquí
seguimos unidos hoy,
Los hermosos ojos que has hecho
queriendo compartirlo lo más pronto posible;
Lo sabemos bien, Dugiols,
sin que nadie diga nada,
no fue en Filipinas.
Un hombre tan rápido como tú.


El poeta Gratia Dei compuso este poema realizando una exaltación a la nobleza y grandeza de los naturales de Guipúzcoa, especialmente de la villa de Tolosa:

Es todo en grandeza
de Guipúzcoa sexta parte,
de solares estandarte,
fundada sobre nobleza.
Sus armas son fortaleza,
ha hecho grandes hazañas
en las navarras montañas.
Rige veinte y cuatro varas,
y en poblaciones claras
no hay tal en las Españas.

16/09/2026

Breve historia de Euskadi, por De la Granja, De pablo y Rubio Pobes



Breve historia de Euskadi. De los fueros a la autonomía
José Luis de la Granja, Santiago de Pablo y Coro Rubio Pobes, Editorial Debate (2000), Ensayo, 320 páginas

En la historia de Euskadi abundan viejos tópicos errados y falsos mitos, y escasean en cambio obras de divulgación de calidad capaces de ofrecer una síntesis objetiva de los últimos siglos. Eso es lo que consigue Breve historia de Euskadi, una valiosa aportación, oportuna y necesaria, sustentada en las mejores investigaciones de los últimos treinta y cinco años.

A partir de la situación de las provincias vascas en el siglo XVIII, observamos la transformación del régimen foral y su inserción en el Estado español liberal, las guerras carlistas del XIX y el proceso de modernización y nacimiento del pluralismo político y cultural durante la Restauración. Ya en el siglo XX se suceden la II República, el efímero Estatuto del 36, la Guerra Civil, la dictadura, el exilio, la conflictiva Transición y el Estatuto de Guernica, hito fundacional de Euskadi como realidad institucional. Con la historia política como hilo conductor, este libro descubre, analiza e interpreta las líneas fundamentales de la compleja evolución del País Vasco en la época contemporánea, integrando los aspectos económicos, sociales, culturales y religiosos en una coherente visión global.

Un admirable esfuerzo de síntesis y objetividad que ayudará a comprender mejor pasado, presente y futuro de Euskadi frente a tanto uso interesado de la historia.

ÍNDICE:

Prólogo

1. Introducción: el país de los Fueros

Las Provincias exentas
Crisis económica y conflictividad social
La Ilustración vasca
A las puertas del nuevo siglo: la Guerra de la Convención y la Zamacolada


2. El ciclo bélico: Fueros y Constitución (1808-1876)

La Guerra de la Independencia: del Estatuto de Bayona a la Constitución de Cádiz
Los Fueros, entre el absolutismo reformista y el liberalismo
La primera guerra carlista y la cuestión foral
La inserción del régimen foral en el Estado liberal
Recomposición social y cambio económico. En los orígenes de la industrialización
La construcción de la identidad vasca en el siglo XIX
El fin del ciclo foral: el Sexenio democrático, la segunda guerra carlista y la ley de 21 de julio de 1876


3. El ciclo del pluralismo vasco (1876-1937)

Los Conciertos económicos
La revolución industrial y sus consecuencias
La conflictividad laboral, el movimiento obrero y las izquierdas
El pluralismo político en la Restauración
La cuestión religiosa
La incidencia de la Primera Guerra Mundial y la crisis de la Monarquía
De la Dictadura a la Dictablanda
Entre la religión y la autonomía: la Segunda República
El nacimiento de Euskadi en la Guerra Civil
El pluralismo cultural


4. De la Dictadura a la democracia y la autonomía (1937-1979)

El primer franquismo: autarquía, represión y nacionalismo
El exilio en Europa y América
Desarrollo económico, cambios sociales y movimiento obrero
Ocaso del franquismo y nuevo protagonismo en la oposición
La conflictiva Transición a la democracia
La nueva autonomía: el Estatuto de Guernica

Epílogo: La Euskadi actual (1980-2010)

Cronología (1808-2010)

Bibliografía

Siglas

Índice alfabético


Biografía de los autores:

José Luis de la Granja Sainz es catedrático de Historia Contemporánea en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación desde 1990. Es profesor universitario desde 1978 y de la UPV/EHU desde 1981. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras por la Universidad de Deusto. Amplió estudios en la Universidad de Pau (Francia). Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor Tutor de la UNED en el Centro Asociado Bizkaia desde 1991. Ha sido profesor visitante en las Universidades de Nevada Reno (EEUU), de Provence (Francia) y de Alicante.

Uno de los más reputados historiadores del País Vasco. Sus líneas de investigación se han centrado en la historia del nacionalismo vasco, la Segunda República y la Guerra Civil. Es autor de numerosas obras como:
- Nacionalismo y II República en el País Vasco (1986 y 2008)
- El Estatuto vasco de 1936 (1988)
- República y Guerra Civil en Euskadi (1990)
- El nacionalismo vasco: un siglo de Historia (1995 y 2002)
- El siglo de Euskadi (2003)
- El oasis vasco. El nacimiento de Euskadi en la República y la Guerra Civil (2007)
- El nacionalismo vasco. Claves de su Historia (2007)

Además ha sido coeditor de Tuñón de Lara y la historiografía española (1999) e Historia del País Vasco y Navarra en el siglo XX (2002 y 2009), coautor de La España de los nacionalismo y las autonomías (2001 y 2003) y codirector de la Guía de fuentes documentales y biográficas sobre la Guerra Civil en el País Vasco (2010).


Santiago de Pablo Contreras es doctor en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco. Dedicado a la docencia desde 1986, es catedrático de Historia Contemporánea en la Facultad de Letras de la UPV-EHU, en el campus de Vitoria-Gasteiz. Ha sido vicedecano de la Facultad de Filología y Geografía e Historia entre 2000 y 2003 e investigador invitado en el Center for Basque Studies de la Universidad de Nevada, Reno, durante el curso 2009-2010.

Es además miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, y desde 1998, coordinador de las Jornadas La Historia a través del cine, organizadas por el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, de la Universidad del País Vasco. Participa activamente en prensa, como codirector de la revista de investigación y cultura vasca Sancho el Sabio, y colaborador habitual en las páginas de opinión de El Correo (Bilbao) y El Diario Vasco (San Sebastián).

Ha sido ganador de varios certámenes de investigación, entre los que destacan el Premio de Ensayo Becerro de Bengoa, otorgado por la Diputación Foral de Álava en 1995, y el Premio Film-Historia (Universidad de Barcelona), al mejor libro de historia y cine del año 2006.

Sus investigaciones se han centrado en la historia del País Vasco y del nacionalismo en el siglo XX y en las relaciones entre el cine y la historia. Sobre estos temas ha publicado, entre otros libros:
- Tierra sin paz. Guerra Civil, cine y propaganda en el País Vasco (2006)
- En tierra de nadie. Los nacionalistas vascos en Álava (2008)
- Nacionalista Vasco (1999, 2001 y 2005)


Coro Rubio Pobes es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Sus investigaciones se han centrado en el siglo XIX vasco, en cuestiones de historia política y de cultura política, singularmente en la conformación de identidades colectivas. Entre sus principales publicaciones están:
- Revolución y tradición. El País Vasco ante la Revolución liberal y la construcción del Estado español, 1808-1868 (1996)
- Fueros y Constitución: la lucha por el control del poder. País Vasco, 1808-1868 (1997)
- La identidad vasca en el siglo XIX. Discurso y agentes sociales (2003)

Además es coautora de Los liberales. Fuerismo y liberalismo en el País Vasco (1808-1876) (2002)

12/09/2026

Juan López de Lazarraga y Araoz


Secretario del Consejo Real, contador real de Castilla, secretario personal del rey Fernando el Católico y albacea testamentario de la reina Isabel la Católica

JUAN LÓPEZ DE LAZARRAGA Y ARAOZ

Juan López de Lazarraga y Araoz nació en Oñate, en 1440. Su padre fue Pedro López de Lazarraga, señor de la casa y mayorazgo de Lazarraga, y su madre Marina de Araoz, siendo ambos de la misma villa oñatiarra. Recibió de su padre el patronazgo y derechos del Monasterio de Santa María de Gemein, las casas de "cal y canto" con sus huertas y su torre en la rúa Nueva de Oñate, las casas y caserío de Bidaurreta con sus ruedas y molinos, los seles de Garibay, Uribarri, Ercilla y todos los bienes raíces que tenía en el Condado de Oñate. Fue nombrado alcalde de las causas civiles en las villas de Marquina y Rentería.

Su casa solariega es la Torre-Palacio de Lazarraga, contigua al consistorio municipal, al otro lado de la calle Atzeko. Es un edificio inicialmente gótico reformado y ampliado posteriormente con la construcción del palacio. En la parte superior de la fachada principal se encuentra el escudo de armas del linaje Larrazaga. La torre cuenta con unos esgrafiados muy castellanos en la fachada y garitones de rollo en sus cuatro esquinas.

Casó en primeras nupcias con María de Murguía, hija de Andrés de Murguía, alcalde de Oñate, que le dio su único hijo legítimo, Pedro López de Lazarraga, y murió a los pocos años.

En 1493, casó por segunda vez con Juana de Gamboa, que aportó al patrimonio familiar el mayorazgo de la casa de Irarrazabal, en Deva. Juana murió en 1508, sin dejar hijos comunes con Lazarraga, legando a éste todos los bienes de los Gamboa de Oñate no vinculados en el mayorazgo de la casa de Irarrazabal, que pasaron a su prima María de Irarrazabal y Andía. Esta también murió sin descendencia, y su patrimonio de la Casa de Irarrazabal pasó a un primo suyo, Antón González de Andia, siguiendo la línea del mayorazgo.

Por último, tuvo una hija sin matrimonio con la oñatiarra María de Leturia, llamada María López de Lazarraga, que fue legitimada por la reina Juana en 1512, pero murió sin descendencia, en 1527.

A inicios del siglo XVI, por tomar parte de las contiendas bélicas del reinado de los Reyes Católicos, obtuvo un casa solar en Granada, en 1502, y otros bienes en Valladolid y Salamanca. Estuvo al servicio del Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, enrolado en el Ejército como alférez en la conquista de Nápoles y como capitán en la invasión de Navarra de 1512.

UNIVERSIDAD RENACENTISTA DE OÑATE

Pero su vida estuvo al lado de los Reyes Católicos, ganándose la confianza de ambos y siendo recompensado por sus servicios con gratitud. Fue una época en la que los grandes nobles actuaban como auténticos soberanos de sus territorios. En el caso de los territorios vascos, los linajes de Oñaz y de Gamboa desencadenaban los últimos ataques a villas y ciudades, devastando también el medio rural en sus Guerras de Bandos. Por petición de las Hermandades Provincias vascas, los reyes Isabel y Fernando se propusieron acabar con estos abusos de poder y finalizar los enfrentamientos banderizos.

La reina Isabel supo valorar las actitudes de Lazarraga, reteniéndolo a su lado como hombre de confianza y como persona adecuada para restablecer el lamentable estado de la hacienda castellana tras la Guerra Sucesoria y la Guerra de Granada. Es por esto que consiguió uno de los dos cargos como contador mayor de Castilla, después de haber sido antes contador de Gutiérrez de Cárdenas, comendador de León.

En 1502, fue designado secretario del Consejo Real y secretario personal de Fernando, cuya confianza se incrementó cuando fue designado albacea testamentario de Isabel, en 1504. Tras la muerte de esta, mantuvo sus servicios como secretario real para Fernando de Aragón y Juana de Castilla hasta 1518.

En 1511, recibió la tenencia de la fortaleza de Alegría en Álava, tras apoderarse del castillo. Entre los títulos y mercedes, consiguió ser caballero de la Orden de Santiago.

Su servicio en la Corte significó para la saga de los Lazarraga un beneficio económico y prestigio social, estableciendo una red de intereses familiares para ocupar cargos de responsabilidad en la administración de la Monarquía de los Habsburgo durante generaciones.

En cuanto a su aportación a su villa natal, Juan López de Lazarraga fue, junto a Rodrigo Mercado de Zuazola fundador de la Universidad Sancti Spiritus de Oñate en 1548, el gran mecenas del Renacimiento.

MONASTERIO DE BIDAURRETA

Además, pasó a la historia por fundar el Monasterio de la Santísima Trinidad de Bidaurreta, bajo la advocación de Santa Clara. Partió de la voluntad de Larrazaga y de su mujer, para construirse una sepultura digna de su alcurnia en su villa natal. Obtuvo la aprobación del papa Julio II en diciembre de 1509, y contó con alguna ayuda monetaria. Pero necesitó la autorización de los reyes Fernando y su hija Juana, en 1510, tras la oposición del conde Oñate Pedro Vélez de Guevara y del Cabildo de la iglesia monasterial de San Miguel de Oñate.

En marzo de 1510, comenzó la construcción de edificio, y al año siguiente obtuvo licencia para albergar a las primeras clarisas franciscanas procedentes de Vitoria, aportando Lazarraga una dote para su mantenimiento por valor de 50.000 maravedís. En 1514, se redactaron sus estatutos conventuales.

Sus estilos son gótico, renacentista y mudéjar. Son interesantes los dos retablos de la iglesia, el principal en barroco y el otro plateresco. Es el primer retablo tallado en estilo renacentista de Guipúzcoa. Las armas de Juan López de Lazarraga y Juana de Gamboa (casas de Lazarraga y de Irarrazabal) han quedado esculpidas en varios lugares del dicho edificio.

En 1516, dejó testamento escrito en Madrid, y dos años más tarde fallecía. Fue enterrado en la capilla principal del monasterio de Bidaurreta, al lado de su segunda mujer Juana de Gamboa. Su enorme patrimonio fue legado a su sobrina María López de Lazarraga, hija de su hermana Marina y del licenciado Salinas.

PALACIO Y TORRE DE LAZARRAGA

07/09/2026

Asedio de Fuenterrabía de 1476


El primer asedio importante que sufrió la villa de Fuenterrabía aconteció en 1476, asediada por el Ejército francés de Luis XI, durante la Guerra de Sucesión de Castilla. En esta contienda luchaban los partidarios de Isabel I la Católica de Trastámara, entre los que se encontraban Fernando el Católico y la Corona de Aragón, el Señorío de Vizcaya y las provincias de Álava y Guipúzcoa, contra los aliados de Juana la Beltraneja y el rey portugués Alfonso V, entre los que estaban los Reinos de Francia y de Portugal.

Este contexto contó al detalle el humanista Hernando de Pulgar, cronista de los Reyes Católicos:
"El rey de Francia se acercó a la frontera con 40.000 hombres, para hacer la guerra a la provincia de Gipuzkoa, y poner cerco a la villa de Fuenterrabía. Entendía el rey que tomada esta villa, por ser la primera y la más fuerte de toda la provincia, muy fácilmente tomaría las otras."
A continuación describió las defensas naturales de la villa:
"Aunque la villa está puesta en alto y los muros de ella son altos, en las crecientes la mar la rodea por una parte y sube hasta la mitad del muro. La parte que queda en tierra está llena de torres y la disposición del lugar la hace más fuerte, porque es terreno fragoso y montañoso, donde apenas pueden andar caballos ni otras bestias."

FUENTERRABÍA-HONDARRIBIA EN EL SIGLO XV

El Ejército francés atravesó la frontera penetrando en Guipúzcoa, haciendo grandes destrozos y quemando las villas cercanas a Fuenterrabía. El cronista relató cómo se preparó esta villa para el asedio y cómo transcurrió el primer intento de aslto:
"Visto el poderío francés, los de la provincia enviaron a pedir ayuda a la reina, que estaba en Burgos. La reina envió a Don Juan de Gamboa, para que entrase en Fuenterrabia y tomase la capitanía della, y mandó a la gente de las villas y de todos los valles que fuesen a resistir a los franceses que habían entrado a hacer la guerra en sus reinos.

Entró don Juan de Gamboa en Fuenterrabía con 1000 hombres de la tierra, e hizo grandes trincheras, baluartes, fosos y otras defensas.

Los franceses se asentaron a distancia de unos 3000 pasos, y como no podían llegar a la villa para combatirla, porque lo impedían los muchos tiros de pólvora que tiraban desde dentro, acordaron hacer una trinchera abierta hasta ella.

Los de la villa decidieron entonces defenderla desde abajo, desde los baluartes y desde los refugios que tenían hechos. Para esto derribaron lo alto de las torres y de las almenas, para que si la artillería enemiga tirase al muro y lo derribase, las piedras dél que cayesen no dañaran a los que estaban debajo defendiendo la villa."
Este es un detalle interesante según el cual, las defensas de época medieval, basadas en la gran altura de los muros, empezaban a resultar inadecuadas para la potencia de la artillería moderna. En unos años cambiaron completamente las técnicas de fortificación, y las murallas se hicieron más bajas y resistentes.

El gobernador Juan de Gamboa había realizado un gran trabajo preparando las murallas defensivas. El capitán de infantería Juan de Lazcano y Gauna, líder banderizo del bando oñacino, acudió en defensa de la villa con un grupo de nobles y campesinos armados.

Los franceses, viendo el poco daño que hacían, se desmoralizaron pronto y a los nueve días se retiraron a Bayona, donde fueron recibidos con gran indignación. El cronista relató de este modo la segunda acometida francesa:
"Sabido el rey de Francia cómo su gente no había conseguido fruto del cerco que habían hecho, volvió a enviar más capitanes y más gente, ordenando repetir el sitio con extremada diligencia y que en ningún caso lo alzasen hasta que hubiera efecto.

Entretanto los de Fuenterrabía habían fortalecido la villa con nuevas defensas y baluartes, en tal manera que ya no tenían recelo de los franceses. Y si se veían en un aprieto, estaban apercibidas todas las gentes de la comarca por mandato de la reina para ir a socorrerlos.

Tiraban de ambos bandos grandes tiros de pólvora, y llegaron a pelear en las trincheras tan juntos unos de otros que se tiraban piedras de mano. Y así duraron los franceses en aquel sitio por espacio de dos meses, en los cuales muchos días había grandes escaramuzas y peleas, donde morían muchos de una parte y de otra. Pero los franceses no podían llegar al muro por las grandes defensas que la villa tenía por fuera, y por la gran gente de dentro que la defendía."


MURALLA DE FUENTERRABÍA-HONDARRIBIA