13/05/2026

Fundación de Jujuy por Francisco de Argañaraz y Murguía en 1593


A finales del siglo XVI, la región que bordeaba la ribera del río de La Plata en sur América había sido consolidada por los colonizadores españoles. Eran un amplísimo territorio en el cono sur que formaba parte del Virreinato del Perú.

Por aquel tiempo, en la provincia de Tucumán se habían fundado siete ciudades: Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Londres, Córdoba, Esteco, Salta y La Rioja. Sin embargo, en los valles Calchaquíes y la Quebrada de Humahuaca era imposible mantener un enclave estable debido a la hostilidad de los pueblos indígenas, quedado despoblados estos territorios.

PROVINCIA DE TUCUMÁN POR FRANCISCO DE ARGAÑARAZ Y MURGUÍA

En 1561, se había fundado el enclave de la Villa de Nieva, ubicado en el barrio Ciudad de Nieva al norte de la actual San Salvador de Jujuy. Aquel primer asentamiento fue destruido el año siguiente por una rebelión encabezada por Juan Calchaquí, jefe de un pueblo conocido como "Tolombom".

En 1575, el alavés Pedro Ortiz de Zárate realizó un segundo intento en tierras jujeñas mediante la fundación de San Francisco en la Nueva Provincia de Álava, en la confluencia de los ríos Grande y Xibi Xibi, donde se ubica hoy el barrio de Punta Diamante. La aldea alcanzó escasamente un año de vida, ya que no pudo soportar los ataques de los indios omaguacas.

Era de vital importancia establecer un asentamiento definitivo en aquel valle de la Quebrada de Humahuaca, que sirviese de vía de comunicación entre el valle de La Plata y el interior del Virreinato del Perú. Y esta expedición colonizadora iba a tener lugar entre 1586 y 1588, siendo Francisco de Argañaraz y Murguía uno de sus protagonistas. Este colonizador vasco había nacido en 1563, en la villa guipuzcoana de Amezqueta y pertenecía a un linaje nobiliario con tradición militar. Había llegado a la Capitanía General de la Plata en 1585, acompañando al nuevo gobernador de la provincia del Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, y tenía con el cargo de maestre de campo. Al año siguiente, se estableció en Santiago del Estero, para tomar el cargo de regidor del cabildo de la ciudad, donde adquirió encomiendas. Durante su mandato, Argañaraz participó en numerosos choques contra los indígenas del amplio valle de La Plata.

FRANCISCO DE ARGAÑARAZ Y MURGUÍA

En un primer momento, el gobernador Ramírez de Velasco había designado al capitán Pedrero de Trejo para la organización de una expedición que fundara una ciudad en el valle de Jujuy, pero pasó un tiempo sin conseguir los medios ni convencer a pobladores de Estero para involucrarse para tan difícil proyecto. Entonces, Argañaraz solicitó a Trejo que le cediera sus derechos.

Argañaraz tenía como objetivo la búsqueda de la más adecuada ubicación para que la ciudad por fundar contase con agua, pastos y montes; y el compromiso de sostener a la población durante un periodo de seis años. El adelantado guipuzcoano reunió a un centenar de españoles en Salta, acompañados de numerosos indígenas, y se dirigió hacia el valle de Jujuy, donde debió derrotar repetidas veces a los indios jujuyes, ocloyas y omaguacas.

El 19 de abril 1593, Argañaraz fundó la ciudad de San Salvador de Velasco, nombre que conmemora a su gobernador Ramírez de Velasco. Asumió el cargo de teniente de gobernador, justicia mayor y capitán a guerra de la nueva ciudad, que desempeñó con prudencia y sabiduría, estando en funciones hasta el 7 de junio de 1596. En los meses siguientes se reunieron con él su esposa Bernardina y los numerosos hijos del matrimonio.

En 1594, Argañaraz organizó expediciones de hostigamiento y pacificación a los nativos de Quebrada de Humahuaca y de Puna. Desde 1589, Viltipoco era el líder de los indios omaguacas de Purmamarca. Este había liderado una insurrección de varias tribus indígenas confederándolos para lanzar un ataque. Se trataba de una amplia coalición de comunidades rebeldes que según las crónicas españolas formadas por 10.000 combatientes Quebrada y de Puna.

Mediante una incursión sorpresiva nocturna en Purmamarca, Argañaraz capturó al líder quebradeño y sus capitanes, probablemente traicionado La rebelión fue sofocada y la región de Tucumán pacificada, evitando llevar al fracaso la nueva fundación.

FRANCISCO DE ARGAÑARAZ Y MURGUÍA

Tras esta victoria militar, la ciudad se pobló rápidamente, impulsada por el comercio entre el Tucumán y Potosí. Además, fue dotada de una jurisdicción que coincide con los límites aproximados de la actual provincia de Jujuy, más el este y noreste de la actual provincia de Salta.

Argañaraz planeó realizar otra campaña militar hacia las regiones ubicadas al este, en el valle de San Francisco, para doblegar a los indios chiriguanos. Pero, no pudo ponerla en marcha tras la aparición de dos pleitos sobre la titularidad jurisdiccional del territorio. Durante un año, estuvo rivalizando con el capitán Juan Ochoa de Zárate, hijo y heredero del responsable de la segunda fundación, la de San Francisco de Álava. En noviembre de 1595, Argañaraz fue confirmado como teniente de gobernador, capitán y justicia mayor de Tucumán. A Ochoa de Zárate se le asignó la encomienda otorgada a su favor de los ocloyas y omaguacas. Por su parte, los pueblos de Casabindo, Cochinoca y Palpalá quedaron bajo jurisdicción de Jujuy.

Poco duraría su gobernación, pues Argañaraz dejó aquel cargo en 1596, cuando la Audiencia de Charcas falló en favor de Ochoa de Zárate, pero pasaría a la historia por ser el responsable de la tercera y definitiva fundación de la capital de Jujuy, en el Virreinato del Perú.

FUNDACIÓN DE NUEVA RIOJA POR JUAN RAMÍREZ DE VELASCO

09/05/2026

Marcos José de Garro Senei de Artola


Gobernador de Tucumán entre 1674 y 1678, gobernador del Río de la Plata entre 1678 y 1682, y gobernador y capitán general de Chile y presidente de la Real Audiencia de Santiago entre 1682 y 1692

JOSÉ DE GARRO SENEI DE ARTOLA

Marcos José de Garro Senei de Artola nació en la villa de Mondragón, en 1623. Provenía de un linaje muy bien considerado en la Guipúzcoa del siglo XVII, afincados en Salinas-Gatzaga y en Mondragón-Arrasate. La casa-palacio de Garro estaba ubicada en Gatzaga, frente a la iglesia; era una construcción del siglo XVI, que ostentaba un escudo de armas de estirpe hidalga.

Siendo joven se enroló en el Ejército español, que ya era un cuerpo militar con dirección única y centralizada mediante la Unión de Armas del Conde-duque de Olivares. En el marco de la Guerra de los Treinta Años de 1618-1648, tomó parte en la sublevación de Portugal y en la Guerra de los Segadores de Cataluña. Sus actos de valentía consiguieron el nombramiento como sargento mayor del Regimiento de la Guardia Real (Tercio de Chamberga), con la soldada de 80 escudos al mes, y el hábito de la Orden de Santiago.

Más tarde, solicitó un destino en las provincias de ultramar del Imperio español, siendo nombrado gobernador de Tucumán. Este cargo dependiente del Virreinato del Perú fue ocupado entre los años 1674 y 1678. Organizó tres expediciones de castigo al Chaco, fundando el fuerte El Pongo para proteger la ciudad de Jujuy.

En 1677, José de Garro comenzó la construcción de la cuarta iglesia de Santiago del Estero. Un año después, puso en libertad a los indígenas de los valles calchaquíes. Desde aquí fue promovido a gobernador de la Capitanía General del Río de la Plata, en Buenos Aires.

Bajo este cargo tuvo que hacerse cargo de la expulsión de los portugueses de la Colonia de Sacramento, en el lado este del río, actual Paraguay. El gobernador de Río de Jameiro, Manuel de Lobo, se estableció en un área despoblada, cercana a Buenos Aires, pero en titularidad de la Corona española. El virrey del Perú solicitó a José de Garro la orden "de arrojar inmediatamente a los portugueses del establecimiento del que acababan de posesionarse".

La expedición estaba formada por un grupo de españoles y unos 3.000 indios guaraníes. En agosto de 1689, sorprendieron a la guarnición lusa, tomándola prisionera, incluido al gobernador Lobo. No obstante, Sacramento fue entregada a Portugal en cumplimiento del Tratado de Utrecht en 1713.

ESCUDO DEL LINAJE GARRO

En 1682, fue nombrado gobernador y capitán general de la Capitanía General de Chile. Ante la desaprobación del rey Carlos II de Habsburgo, no pudo emprender expediciones punitivas contra los mapuches, pero si a rechazar las incursiones tan frecuentes de corsarios en la costa americana del Pacífico sur.

Encargó a Jerónimo de Quiroga el despoblamiento de la isla Mocha, con el objetivo de desabastecer de recursos las expediciones de piratas ingleses como Edward Davis, Bartolomé Sharp, William Knifgt, o Jean Strong.

Para logar una mejor defensa, ordenó la construcción del Castillo San José de Valparaiso, la primera estructura fortificada del puerto comercial.

Con objeto de mejorar la situación de los naturales del territorio, celebró un congreso con las tribus indígenas principales, quedando los indios muy agradecidos del interés y progresos.

Su gestión al mando de la gobernación fue valorada de forma tan positiva por la Corte del último de los reyes Habsburgo, que se le encomendó la Comandancia de Gibraltar en 1692. Tras llegar a la península en 1693, este cargo lo desempeñó hasta 1701, poco antes de que esta plaza fuese conquistada por la Armada británica durante la Guerra de Sucesión española en 1704.

Debido a que las provincias vascas apoyaron al bando del pretendiente al trono de España, Felipe V de Borbón, frente a las aspiraciones del archiduque de Austria, José de Garro fue nombrado gobernador y capitán general de la Capitanía General de Guipúzcoa. A penas pudo representar este cargo ya que murió en San Sebastián el mismo año de su nombramiento, en 1702. Fue enterrado en la iglesia de San Vicente de la capital guipuzcoana.

Una calle del barrio de San Andrés dedica su villa natal de Mondragón a este ilustre hijo suyo.

PALACIO GARRO DE SALINAS DE LENIZ

04/05/2026

Paso de Felipe III en San Sebastián, por Pablo van Meulen


Paso de Felipe III en San Sebastián es un óleo sobre lienzo de 177 x 243 centímetros realizada por el pintor flamenco Pablo van Meulen en 1615, en estilo barroco flamenco y temática paisajística. En la actualidad, se encuentra en la Galería de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional en Madrid.

Aunque fue un encargo del rey Felipe III a Frans van Meulen, se le atribuye a su hermano Pablo por la similitud estilística con la pintura Intercambio de princesa en el Bidasoa, y por pertenecer a su cuerpo de arqueros. Además, el monarca encargó otra pintura al italiano Angelo Nardi.

PASO DE FELIPE III EN SAN SEBASTIÁN, POR PABLO VAN MEULEN

La escena representa la llegada del rey de España y su cortejo a la ciudad de San Sebastián. Con variedad de detalles refleja el caluroso recibimiento de los guipuzcoanos a rededor de la playa de La Concha, mientras unos navíos atracados en la había o unos cañones en las fortificaciones del monte Urgull lanzan salvas de honor. En la parte central inferior, Felipe III y su hija Ana Mauricia de Austria aparecen en un carroza negra, acompañados de una comitiva, mientras son observados por damas vascas con sus tocados cuneiformes, signo distintivo de las mujeres casadas en aquella época.

Van Meule realizó la escena en el Alto de San Bartolomé, desde donde se divisa la playa de La Concha, la villa con sus torres, el monte Urgull, la desembocadura del río Urumea y, al fondo, el puerto de Pasajes. En el ángulo inferior izquierdo, aparece la leyenda con los protagonistas y lugares representados, que cuelga de la rama de un árbol, aunque solo quedan los números rojos que los identifican.

PASO DE FELIPE III EN SAN SEBASTIÁN, POR PABLO VAN MEULEN

El contexto histórico de este acontecimiento tiene origen en el acuerdo de paz que las Cortes de España y Francia formalizaron en 1612. Con el objetivo de asegurar una alianza y evitar la guerra, aceptaron un doble matrimonio real basado en un intercambio de princesas. Así, el príncipe Felipe IV de Austria obtendría nupcias con la princesa francesa Isabel de Borbón, y la infanta española Ana Mauricia de Austria se casaría con el rey francés Luis XIII de Borbón. En noviembre de 1615, se estableció realizar el intercambio de princesas en río Bidasoa, frontera natural entre ambos reinos, a la altura de la isla de los Faisanes.

Este acuerdo diplomático y matrimonial propicio el traslado en barco de Felipe III y su hija hasta San Sebastián, y desde allí hasta Fuenterrabía. Tras el truque real, el rey se trasladaría junto a su joven nuera hasta Burgos, donde les esperaba el príncipe Felipe IV. A su vez, Ana de Austria sería acompañada por el rey Luis XIII desde Hendaya hasta Burdeos, donde se casaron. Este último acto fue plasmado por Pablo van Meulen en la pintura Intercambio de princesas en el Bidasoa, siendo la continuación del Paso de Felipe III en San Sebastián.

MUJERES EN SAN SEBASTIÁN, POR PABLO VAN MEULEN

29/04/2026

Sociedad armera de Mondragón y su acero de Udalaitz


En el siglo XVI, la población de Soraluce-Placencia de las Armas se había convertido en centro burocrático de un sistema de fabricación de armas que incluía a otros centros de producción de primer orden como Eibar, Elgoibar o Vergara en el Alto Valle del Deva. Aun así, otras poblaciones guipuzcoanas como Mondragón, Oñate, el Valle de Leintz o la vizcaína Elorrio consiguieron cierta personalidad e independencia respeto a la central Soraluce en su vinculación a la tradición armera de la zona, y en particular a la fabricación de lanzas.

Poblaciones cercanas a Mondragón como Gatzaga, Aretxabaleta y Eskoriatza contribuyeron al transporte de las armas a través del gremio de los arrieros, por encontrase a medio camino entre Vitoria y la costa del Cantábrico.

Mondragón-Arrasate se había convertido en un importante centro de productivo de armas de fuego ligeras y de armas blancas con destino a la clientela privada y, sobre todo, al ejército del Imperio español.

Desde finales del siglo XIV, existen referencias escritas sobre oficiales de armas blancas y asteros que fabricaban lanzas, cuya tradición se mantuvo hasta el siglo XVI. Es a partir de este siglo que el gremio de los armeros de Mondragón empezó fabricar armas de fuego ligeras con una decisiva ventaja: el acero del monte de Udalaitz.

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

En la Edad Moderna, los vecinos de Mondragón contaban con una variedad de armas en sus casas, independientemente de si estuviesen relacionados con el sector armamentístico. Poseían armas por ser fabricantes, por implicarse en la posterior venta, por defensa persona, o incluso por exhibicionismo o colección.

En multitud de testamentos e inventarios de los vecinos de Mondragón se citaban auténticos arsenales, basados en arcabuces, arconas, lanzas, espadas, etc. Por ejemplo, en el testamento del tenacero Pedro de Oña se escribió que poseía "atavíos y armas de su persona, dos espadas, una ballesta con sus gafas y todo aparejo, un arcabuz nuevo con su serviçio, dos puñales, dos machetes, dos lanças, dos medias lanças, una partesana, dos dardos, y otras armas". O en el testamento del venaquero Pedro de Mendía incluía una cláusula por la cual era propietario de "tres lanças ginetas que están en la sala", es decir, en un lugar a la vista de su casa.

Y es que las armas formaban parte del escenario social y doméstico de los mondragoneses, las llevaban consigo y las exhibían en casa. Hasta los clérigos se dedicaron al negocio de las armas, como fue el caso de Juan Abad de Asarduy, cuñado del historiador Esteban de Garibay. Tenía participación en varios viveros de fresnos con cuya madera se elaboraban lanzas de piqueros del Ejército español. En su testamento escribió que:
"Yten tengo en Léniz, con Pedro Çigarrondo, más de doçientos fresnos a medias…, yten tengo en Borinate los biberos de fresnos y mançanos que están en las heredades de Juan de Vitoria y de la hermita de Santo Sant Andrés…, yten en la casería de Catayde más de mil fresnos en el bibero, y la tierra es del dueño de la casería y tengo a medias con Martín de Varacaldo."

EXTRACCIÓN DEL MINERAL EN UDALATX A CIELO ABIERTO

Durante la Baja Edad Media, las armas blancas habían significado un producto de comercio para la sociedad modragonesa. Sin embargo, a partir del siglo XVI, comenzaron a aprovechar sus conocimientos técnicos y metal del acero en la fabricación de armas de fuego, compitiendo con Eibar. De hecho, hay documentos que demuestran que ambas villas guipuzcoanas aportaron armamento a los rebeldes de Segovia durante la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1519. El armero y mercader Jacobe Martínez de Aranguren, de Mondragón, o el arriero Juan de Zaldúa, de Durango, son dos ejemplos de aquellos años.

Otro de los pioneros mondragoneses fue el armero Nicolás de Aráoz, quien decidió continuar la elaboración de armas blancas, según contrato firmado en 1559, y empezar "en el oficio de hacer achas, bigorras y arcabuces", demostrando versatilidad y capacidad de adaptación a las nuevas demandas.

El mercado principal de las armerías de Mondragón fueron las ciudades de interior peninsular, además de la Corte madrileña, a las que compraban a su vez trigo o vino que después venderían en las tierras vascas. En ocasiones, el intercambio se efectuaba en poblaciones del litoral cantábrico, en las que adquirían alimentos pescados en el mar. Un ejemplo fue el intercambio trueque realizado en Vergara, en 1576, por el cual el donostiarra Juan de Arana entregaría 9.000 sardinas, valoradas en un maravedí la unidad, al mondragonés Juan de Aranguren, a cambio de 6 arcabuces hechizos y 2 cargas de acero triado.

PIQUERO VASCOS Y ARRIERAS VASCAS DE PICAS

A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI e inicios del XVII, en Mondragón se fue diferenciando al armero fabricante de armas blancas del arcabucero de armas de fuego. Comenzaron a implantarse las primeras sagas de arcabuceros que durarían varias generaciones: los Vergara, Artazubiaga, Elexalde, Otalora, Ascarretazabal, García de Oro, etc.

En 1564, el armero Pedro García de Oro falleció, encargándose su viuda de pagar deudas al tenacero Blas de Ynsaurbe.

En 1571, aparecen pro primera vez el linaje Vergara dedicados a la fabricación de arcabuces.

En esos años, apareció Antonio de Elexalde suministrando material para los artesanos en cuyo contrato se escribió: "çincuenta quintales de fierro tocho para hazer plachas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes".

En 1576, aparecen los Artazubiaga en la fabricación de armas de fuego. Martín Ibáñez de Artazubiaga firmó un contrato de fabricación de 150 cañones de arcabuces "barrenados y provados".

En 1591, el armero Juan de Otalora firmó tres contratos de fabricación.

En 1599, Andrés de Ascarretaçával llegó a un acuerdo el veedor real Lope de Elío para fabricar "mil caxas de arcabuzes y dozientos para mosquetes".

Era algo habitual que en un documento apareciese un artesano cuchillero y en otro firmase como puñalero, y en ocasiones se hacía llamar "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes", como se denominaba en un documento al armero Mateo de Vicuña. La técnica de estos artesanos no quedaba reducida a un solo producto o sector, sino abierta a otras facetas industriales.

Fueron numerosos los contratos entre armero y cerrajeros de Mondragón, síntoma de la versatilidad profesional. Un ejemplo fue el contrato establecido entre el armero Juan de Zuazu y el cerrajero Domingo de Cortázar, para fabricar "çinquenta y una llaves de golpe de arcabuzes con sus moldes y manija y clavos y disparador buenos y suficientes".

Otro ejemplo de versatilidad técnica de los artesanos mondragoneses se dio en el tratamiento de las distintas piezas de fraguas y martinetes, especialmente cuando debían adaptar los fuelles o barquines de los talleres según la tipología de productos a fabricar. Un contrato sobre este asunto fue el firmado por un arcabucero de esta villa con el barquinero Pero de Garagarça para la fabricación de unos fuelles, que debía instalar "para su fragua de forjar arcabuzes". Otro armero de Ermua le solicitó "unos barquines nuebos para fragua de forjar arcabuzes", con requisitos técnicos muy precisos.

ARMAS PORTÁTILES DE FUEGO

Normalmente, las ferrerías mondragonesas trabajaban bajo pedido, preparando los materiales según la tipología del arma a fabricar. Por ejemplo, en 1597 la ferrería de Guesalíbar debía producir "çinquenta quintales de fierro tocho para hazer planchas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes para muniçión de su magestad".

Aquellas fraguas también podían ser alquiladas a tiempo parcial o completo por armeros interesados en fabricar por encargo firmado. Fue el caso del puñalero Juanes de Jáuregui, quien alquiló la ferrería tiradera perteneciente a Teresa de Anteçana, donde utilizaría una fragua con todas las herramientas, a tiempo parcial por la noche, para labrar acerillo para sus productos.

La llegada a Mondragón de los veedores y oficiales reales, especialmente pagadores reales, asentados en Placencia de las Armas en varias ocasiones es un hecho esclarecedor de la importancia que tenía esta villa como centro industrial armamentístico. En el tránsito entre estos dos siglos destacó el oficial mondragonés Pero Fernández de Zaraa y Bolívar, quien poseía el cargo de "pagador y tenedor de las fábricas de armas en esta provinçia de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya".

En ocasiones se formalizaban acuerdos verbales entre armero y oficial real, pero la mayoría de las veces se firmaban contratos de armas o sus componentes ante notarios de Mondragón. Buen ejemplo de esto fue el asiento formalizado entre el armero Andrés de Ascarretazábal y el veedor real Jerónimo de Aybar, a inicios del siglo XVII, para la elaboración de 1.200 cajas de arcabuces. Artesanos de diferentes lugares, incluso maestros de Placencia de las Armas, se trasladaron a trabajar al Valle de Leintz, atraídos por la posibilidad de acceder al valorado acero mondragonés.

MOSQUETEROS DEL SIGLO XVI

Una de las más destacadas familias mondragonesas dedicadas a los arcabuces y mosquetes fue el linaje de los Vergara, desde la década de 1570. Una de las primeras noticias de Pedro de Vergara fue la fabricación de 100 arcabuces para la población riojana de Santo Domingo de la Calzada.

En 1574, Vergara firmó un asiento en colaboración de otro mondragonés, Marín de Aráoz, para fabricar 500 mosquetes "para su magestad y para su armada que por si horden e mando anda en la carrera de las Indias".

En 1575, adquirió 3 quintales de acero con la intención de emplearlos en la elaboración de armas de fuego.

En 1576, alquiló unas casas que poseía en el arrabal de abajo con su fragua al armador Martín Ibáñez de Artazubiaga, con el objetivo de forjar cañones de arcabuces. Aquel mismo año, Artazubiaga elaboró 150 cañones de arcabuces que entregó a su socio Vergara, a cambio de 900 reales. Esta colaboración entre armeros de la misma villa era muy habitual y necesaria ante las exigencias que suponía aceptar un contrato con los oficiales reales en tiempo, cantidad y calidad.

En los años 90 se produjo el relevo generacional de los Vergara. En 1594, Juan de Vergara aparecía en su oficio de arcabucero, contratando los servicios de aprendices como el mondragonés Rodrigo de Córdoba, o de oficiales obreros, como el durangués Joan de Helexiburu, "para servirle en el ofiçio de arcabucería". Según contrato de empleo, este último recibiría 22 ducados anuales, cobrando diariamente, "como suelen azer y reçibir los otros ofiçiales obreros como yo", escribió él mismo.

Tras el fallecimiento de su padre, en 1597, Juan de Vergara aceptó el testamento de su padre "con benefiçio de inbentario", por ser "hijo legítimo y heredero de maese Pedro de Vergara y de Ángela de Salas". Entre los bienes a heredar se encontraban "los barquines y remienta del ofiçio de maestro arcabuçero", porque era muy habitual que los oficios se transmitieran de padres a hijos, con una dotación basada en la fragua, los instrumentos de trabajo y un capital monetario para un artesano joven.

PLACA DE LA CALLE DE LAS FERRERÍAS EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Si Mondragón ganó fama por la fabricación de armas ligeras de fuego, más aún fue su importancia en cuanto a picas y complementos de armamento. Llegaban mercaderes o armeros de todo el Alto Deva o villas cercanas de Vizcaya. En 1612, se presentó Juanes de Lequerica, vecino de Elorrio, para firmar un contrato por el cual debía entregar al veedor Aybar un pedido de 800 picas en dos meses. La operación de formalizó en Mondragón, punto habitual donde se⁹ organizaban expedición de transporte de armas con destino a ciudades de Castilla.

En las ferrerías de Mondragón abundaban los contratos de aprendizaje por parte de jóvenes con aspiraciones profesionales. Un ejemplo contrato de aprendiz fue el que consiguió Cristóbal de Vizcaya, a la edad de quince años, para trabajar en la armería del maestro Mateo de Vicuña "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes". En 1624, Lorenzo de Amézaga, de dieciocho años, se comprometió a servir como limador y forjador de arcabuces ante el maestro armero Sebastián de Anteparu. En 1629, Juan de Ugarte, de diecinueve años, se puso a disposición de Pedro Bernal de Irisui durante dos años de aprendizajes "en su oficio de forjar, adreçar y limar llaves cerrajas", actividad paralela a la de fabricar armas de fuego.

27/04/2026

Isidro de Atondo y Antillón


Adelantado y capitán de la primera expedición colonizadoras y pobladora a Las Californias en 1678, gobernador de Sinaloa y almirante de Las Californias


ISIDRO DE ATONDO Y ANTILLÓN

Isidoro de Atondo y Antillón era natural de Valtierra, Navarra, donde nació en 1639. Era hijo de Luis de Atondo y Agustina de Aybar.

En agosto de 1658, se dio de alta en el ejército de Galicia. Participó en varias batallas cuando se sublevaron Aragón, Cataluña, Navarra y Portugal. Posteriormente se alistó en el ejército español y en 1663 estuvo en la flota del Duque de Veragua.

En 1676, Atondo fue nombrado por su protector y amigo, el virrey de Nueva España, Pedro Nuño Colón de Portugal y Castro, gobernador de las Provincias de Sinaloa y de Sonora del Virreinato de la Nueva España (actual República de México). Durante tres años realizó exploraciones en el noroeste de la Nueva España y demostró su capacidad en el gobierno de la difícil provincia y manejó con cuidado los asuntos administrativos. Manteniendo contacto con exploradores y marinos que exploraban la península de Baja California, hasta el momento considerada una isla.

Cuando el nuevo virrey de la Nueva España, Enríquez de Rivera, recibió el encargo de explorar la Baja California el capitán Atondo solicitó hacerse cargo de la empresa el 8 de noviembre de 1678. Su solicitud fue aprobada por el virrey de inmediato y por el rey Carlos II el 29 de diciembre de 1679.

El capitán Atondo y Antillón fue elevado al rango de gobernador de Sinaloa y almirante de Las California y de su armada, usando por completo del poder político y militar del noroeste.

El 1680, emprendió la expedición que lo llevaría a la historia, fue almirante o jefe de escuadra de los navíos que llevaron a los padres misioneros fundadores de Las Californias, además de jefe militar de la expedición destinada a colonizar la California.

El objetivo de la expedición era la construcción de fuertes en la península de Baja California, la pacificación y cristianización de los indígenas y la exploración del interior del territorio para establecer asentamientos hispanos. Habiendo fracasado todas las anteriores expediciones a California en el contrato se comprometió a pasar por lo menos un año en la península para someter a los naturales "no por la fuerza de las armas sino por los medios suaves de la persuasión y la predicación evangélica".

ESCUDO DE ARMAS DE ATONDO

La Corona española financió la construcción de las embarcaciones en un astillero levantado en Guasave, en la Provincia de Sinaloa, un pueblo adyacente a la misión jesuita de Nío, para transportar colonos, mercaderías y animales. La expedición constaría de una fragata capitana San José y San Francisco Javier de 60 toneladas, otra fragata almiranta, Concepción, de 70 toneladas, una balandra y una lancha para cada fragata. Al mando de la nave capitana estaba Blas de Guzmán.

El sacerdote jesuita Eusebio Kino fue comisionado para misionar en la California para lo cual se trasladó a Nío donde lo esperaba el padre Matías Goñi en compañía de Atondo y su gente.

El 28 de octubre de 1682, bajo el mando directo del almirante Isidro de Atondo y Antillón, zarparon las tres embarcaciones desde Nío con dirección hacia el puerto de Chacala. A bordo de la almiranta viajaba el padre Kino y en la capitana Goñi. El 3 de noviembre de 1682 llegaron al objetivo. Abastecidos de alimentos, armas, ropa, aperos de labranza, semillas, ganado y regalos las tres naves zarparon hacia la California el 17 de enero de 1683. Avistaron tierra el 25 de abril siguiente y largaron anclas el primero de abril el año siguiente.

Atondo tomó posesión de las tierras a nombre del rey de España y exploró junto con el padre Kino la mayor parte de la Baja California sur, fundando misiones y poblados. Pero fracasó en su intento de obtener alguna plataforma perlífera que no fueron reveladas por los indígenas.

INDIOS DE BAJA CALIFORNIA Y EXPEDICIONARIOS ESPAÑOLES

El virrey tuvo noticias que corsarios intentaban capturar el Galeón de Manila en la bahía de Navidad. Atondo recibió la orden de que su Armada de California tenía el deber de abordarles y escoltar la embarcación de la Carrera de Indias Orientales. El 2 de diciembre de 1685 avistaron la nave y lo escoltaron hasta el puerto de Acapulco. Desde esta ciudad portuaria, Kino y Atondo partieron a la ciudad de México y fueron reasignados.

La expedición del almirante Isidro de Atondo y Antillón costó a la Corona de España más de un cuarto de millón de pesos; una verdadera fortuna que aparentemente fue un fracaso económico pero en cambio enriqueció y precisó la visión de California, inició la fundación de misiones jesuíticas en la península y, ante todo, demostró que no siempre el éxito depende de los beneficios materiales.

En 1688, viajó Isidro de Atondo a Oaxaca al servicio de su tío el obispo Isidro Sariñana. Ese año solicitó ingresar a la Orden de Santiago y fue recibido en ella al año siguiente.

En la historia de las Californias siempre estará presente el almirante Atondo, ya que fue él quien junto con el padre misionero Eusebio Francisco Kino y los también frailes misioneros Matías Goñi y Juan Bautista Copart establecieron la Misión de San Bruno, primera misión establecida en Las Californias. Se ignora el año de su muerte y el lugar en el que fue sepultado.

ITINERARIO DE LA EXPEDICIÓN DE ATONDO A BAJA CALIFORNIA

22/04/2026

Palacio de Sáenz de Santa María en Rivabellosa


El Palacio de los Sáenz de Santa María está localizado en la villa alavesa de Rivabellosa, en el municipio de Ribera Baja, y en la Cuadrilla de Añana, a unos kilómetros de Miranda de Ebro.

Es un edificio de tipo palacial construido a inicio del siglo XVII en estilo barroco. Tiene planta rectangular que consta de una torre central de cuatro niveles rodeada de las estancias palaciegas de tres niveles y un patio. Su pórtico de acceso está ubicado en fachada principal que se encuentra en la plaza de los Fueros.

PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

Los muros de la torre y del cuerpo izquierdo de la fachada principal están construidos totalmente en sillería y los del cuerpo derecho en mampostería, por lo que podrían haberse levantado en diferentes fases. Los tres bloques están cubiertos con tejado a cuatro aguas y madera para el alero.

Su principal eje de vanos de la torre lo forman el pórtico rectangular de acceso en el piso bajo, su balcón con reja forjada de hierro en el primer piso, y el par derecho de arcos de la galería en el segundo piso. El principal eje de vanos horizontal está situado en la primera planta, formado por las ventanas rectangulares adinteladas y el balcón de la torre.

TORRE DEL PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

Lo más destacado de su torre es la galería de cuatro arcos de medio punto, separado dos a dos por un blasón de piedra. Es el escudo de armas de la casa nobiliaria Pinedo de Albiz y consiste en un águila coronada y un castillo separados por una orla diagonal con el lema: "credo in unum deum" (creo en un único Dios).

En el dintel de la primera ventana del volumen derecho anexo a la torre también exhibe otro escudo de armas que consiste en un árbol de raíces vistas y las trece estrellas de los Salazar.

El jardín interior está condicionado por dos pasillos centrales en cruz delimitados por aceras de piedra y acompañados de setos de boj, que dividen el conjunto en cuatro cuadros, un aspecto muy característico del jardín español medieval.

ESCUDO DE ARMAS DEL PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

La primera referencia escrita de Rivabellosa fue en la Reja de San Millán, en 1025, con la denominación "Ripa bellosa". En 1463 albergó la reunión de los procuradores de las Hermandades de Álava que aprobaron el Cuaderno de Ordenanzas y Leyes "con que se gobierna esta Muy Nobles y Muy Leal Provincia de Álava", bajo el reinado de rey Enrique IV de Castilla, por las que se ha regido este territorio durante siglos.

ESCUDO CONMEMORATIVO RIVABELLOSA 1463 Y ESCUDO DE SALAZAR

17/04/2026

Fuente con busto del ingeniero Elorza en Oñate


La guipuzcoana villa de Oñate-Oñati conserva una fuente con busto del ingeniero brigadier Francisco Antonio de Elorza y Aguirre ubicada entre la Plaza de los Fueros y los jardines del Palacio de Lazarraga.

Elorza fue un militar e ingeniero industrial nacido en Oñate, en 1798. Desde 1844 y durante dos décadas, estuvo dirigiendo y renovando la Fábrica de Armas de Trubia y la de Oviedo.

En la Fábrica de Armas de Trubia se le erigió un busto en memoria de su aportación a la Metalurgia española. Su familia tenía una copia del original que dejó prestada al Ayuntamiento de Oñate para realizar otro ejemplar. Esta copia de busto del mariscal de artillería fue instalada en la plaza de los Fueros, en 1880.

La fuente tiene una decoración escultórica basada en dos técnicos metalúrgicos del siglo XIX en ambos laterales, junto con orlas y flores. En la parte superior aparece grabado "GENERAL ELORZA" y "38º", y en la inferior aparece el relieve de un cañón de artillería. Se entiende que el 38 hace referencia al número de años que estuvo al frente de las fábricas metalúrgicas y mineras o del Cuerpo de Artillería español desde sus comienzos hasta su defunción.

FUENTE-BUSTO DE FRANCISCO ANTONIO DE ELORZA

El reconocimiento del Real Cuerpo de Artillería a la aportación del general Elorza a la industrial metalúrgica y armamentística quedó manifiesta en el buen número de bustos suyos repartidos en varias entidades, todos fundidos en los altos hornos de Trubia y moldeados en su Taller de Escultura. Algunos de estos bustos están expuestos en la Fábrica de Armas de Trubia, en su Escuela de Formación Profesional Obrera, en el Museo del Ejército, en el Alcázar de Segovia o en la Academia de Artillería, así como en diferentes unidades artilleras del Ejército español.

La trascendencia de su obra está patente en un destacado espacio del Museo del Colegio de Artillería que, inaugurado en 1996, ocupa las salas del ala sur del Alcázar de Segovia.

La razón de la multiplicación de su iconografía es debido a que reunía en su persona las características del oficial científico-militar. Se convirtió en el ejemplo a seguir por futuras promociones del Cuerpo de Artillería del Ejército español. Este paradigma obtuvo más fuerza a través de la nacionalización de las fábricas militares españolas, poniéndolas a cargo del Cuerpo de Artillería. De esta forma, los ingenieros-artilleros pasaron a dirigir la industria militar del siglo XIX, contribuyendo al desarrollo económico de España.

FUENTE-BUSTO DE FRANCISCO ANTONIO ELORZA

Además del original busto de Trubia, fue reproducido en varias ocasiones el retrato pictórico realizado por Pablo Pardo en 1870 al óleo. El original está expuesto en la Academia de Artillería de Segovia.

FRANCISCO ANTONIO ELORZA Y AGUIRRE
"EXMO. E YLTMO. SEÑOR D. FRANCISCO ANTONIO DE ELORZA Y AGUIRRE, MARISCAL DE CAMPO DE ARTILLERÍA, DIRECTOR QUE FUÉ DE LAS FÁBRICAS DE TRUBIA Y OVIEDO. NACIÓ EN AROZ (OÑATE-GUIPUZCOA) EL 3 DE ENERO DE 1798 Y FALLECIÓ EN MADRID EL 3 DE NOVIEMBRE DE 1873."

En 2014, se constituyó una Asociación Cultural La Fundición de El Pedroso, con el objetivo de desarrollar y promocionar esta ciudad sevillana. Su sede se ubica en el Centro de la Cultura Escuelas Nuevas y dedica una de sus aulas al conocimiento y homenaje a la obra industrial que Francisco Antonio Elorza dejó en Andalucía entre 1833 y 1844. Es la Sala Ingeniero Elorza.

Nombrado director de la Ferrería de El Pedroso, construyó infraestructuras para conectar las minas de extracción de hierro con la factoría, pese a las dificultades del terreno, y viviendas para más de 500 trabajadores y 2.000 familias que vivían de esta actividad. Elevó la calidad de la producción metalúrgica y mayor rendimiento, estableció nuevas formas de empleo, y mejoró las condiciones laborales en base a contratos y diversos servicios sociales. Durante su etapa al frente de las factorías de El Pedro, en Sevilla, y de Río Verde, en Marbella, llevó la producción andaluza al máximo auge generando cerca del 80% de la producción férrica que se producía en España en ese tiempo, dejando a pleno rendimiento altos hornos al carbón vegetal y, afinación y laminación a la hulla, en ambas factorías. En 1841, la Factoría de El Pedroso ganó la Medalla de Oro de la Exposición Industrial Internacional celebrada en Madrid.

SALA INGENIERO ELORZA

13/04/2026

Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri


Economista, escritor y político ilustrado y liberal, uno de los máximos representantes de la corriente crítica del pensamiento ilustrado por sus principios económicos antimercantilistas y antifisiocráticos y bases del Estado liberal en los derechos de propiedad, libertad y seguridad, y la defensa los valoress liberales y constitucionalistas a fines del siglo XVIII y principios del XIX mediante obras como Cartas sobre los asuntos de la Economía política y Escritos políticos y constitucionales

VALENTÍN DE FORONDA Y ECHAVARRI

Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri era natural de Vitoria, donde nació en 1751, perteneciente a una familia noble y acaudalada. Su padre fue Luis Antonio de Foronda, caballero de la Orden de Santiago y tesorero general de la Santa Cruzada en La Paz; y su madre, Catalina de Echavarri, era hija de un secretario del Consejo del rey y regidor perpetuo de Vitoria. Su familia tenía intereses comerciales en la Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Durante el reinado de Carlos III, participó en la creación del Banco de San Carlos con su amigo Francisco de Cabarrús, el principal promotor del proyecto. Cursó estudios de Economía Política en Francia, materia que más tarde impartió en el Seminario de Vergara, que él mismo impulsó, como miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País. Además impartió clases de economía política.

Desengañado del modo de obrar y pensar esta Sociedad Económica, dejó de ser miembro de la misma. Había definido a sus socios los caballeritos de Azcoitia de "fanáticos de la antigüedad", aunque mantuvo un estrecho contacto con sus socios frecuentando esta institución. También se preocupó de las duras ordenanzas de limpieza de sangre y xenofobia contra el forastero en las Provincias Vascongadas.

En 1777, fue elegido regidor de Vitoria, mandato durante el cual ayudó a fundar la Casa de la Misericordia de Vitoria.

INSTITUTO DE HISTORIA SOCIAL VALENTÍN DE FORONDA

Viajó por Italia, Francia, Flandes, Gran Bretaña Alemania y entabló amistad con los profesores extranjeros del Seminario, con lo que accedió a bibliografía exterior difícil de hallar en España. Finalmente, se estableció en Burdeos, donde mantuvo contactos con algunos de los representantes del pensamiento ilustrado del momento.

Su afición al estudio le transformó en un polígrafo interesado por numerosos temas. Tradujo, entre otras obras, Instituciones políticas, del Barón de Bielefeld; Lógica, de Étienne Bonnet de Condillac; Belisario, de Jean François Marmontel, y la Enciclopedia metódica de Charles Panckoucke; escribió asimismo diversos estudios sobre Jean Jacques Rousseau.

Publicó habitualmente en la prensa periódica (Diario de Madrid, Diario de Zaragoza, Semanario de Salamanca, etc.). Publicó obras sobre química, lógica economía y política. Fue elegido miembro de las sociedades económicas de Zaragoza y de Valladolid, de Ciencias Naturales de Barcelona, de Ciencias y Artes de Burdeos y posteriormente de nada menos que la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia, fundada por Benjamín Franklin. Con anterioridad a 1789, el contenido político y económico de las propuestas de Foronda fue relativamente moderado, pero, después de esa fecha, evolucionó hacia el más puro Liberalismo.

Hasta 1789, fue reflejando en su obra las ideas de Montesquieu, Coyer y el Humanismo de Filangieri, Hume y Brissot de Warville. Desde ese año, empezó a publicar una serie de cartas en las que radicalizaba los principios económicos liberales, publicadas en el Espíritu de los Mejores Diarios. Estas cartas fueron reeditadas en Madrid (primer tomo, 1789; segundo, 1794; después reimpresos en 1799) y en Pamplona (1821), bajo el título Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la economía política, clara defensa de los ideales políticos y económicos liberales y crítica del análisis económico fisiocrático de François Quesnay. Se trataba de una gran crítica al intervencionismo estatal que reflejaban las preocupaciones de las clases burguesas españolas de un modo que era imposible encontrar en escritos anteriores. En ellas afirmó:
"Los derechos de propiedad, libertad y seguridad son los tres manantiales de la felicidad de los estados."

En dichas cartas citaba las obras de Davenant, John Locke, Adam Smith, Accarias de Serionne, Nicolás Donato, Forbonnais, Graslin, Herbert, Necker, Plumard de Dangeul, etc. En realidad, su pensamiento estaba formado en la escuela fisiocrática de Quesnay y en el Iusnaturalismo, a través de las relaciones que tuvo con Burdeos y con Guillaume Grivel, abogado y fisiócrata tardío afincado allí, pero se separó de dicha doctrina en puntos muy importantes. Rechazaba la descripción del orden social físico de esta escuela y se negaba a aceptar algunos de los principios analíticos de la misma (impuesto único sobre la tierra y el gran cultivo, por ejemplo) y las políticas derivadas de los mismos. Por otra parte, interpretaba el principio de seguridad según las ideas de Holbach y de Grivel. Por eso criticaba el despotismo y defendía los derechos políticos del ciudadano y la primacía de la soberanía popular sobre la real.

CARTAS SOBRE LA POLÍTICA, POR VALENTÍN DE FORONDA

También publicó sus Cartas sobre la policía (1781). La variedad de su producción se aprecia en libros como Miscelánea o Colección de varios discursos, que es una compilación de los discursos pronunciados en la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que incluye, entre otros textos, Disertación sobre lo honrosa que es la profesión del comercio (1778), Disertación sobre la nueva Compañía de Indias Orientales (1784) y Cartas sobre el Banco de San Carlos (1786-1787). Se ganó rápidamente enemigos por sus ideas. Fue multado y obligado a abandonar Vergara por practicar con su hijo Fausto la inoculación de la viruela, y fue denunciado a la Inquisición por leer libros prohibidos. Además el inquisidor Juan Francisco Torrano le acusó de connivencia con los franceses durante la Guerra de la Convención (1794-1795) y la ocupación de Guipúzcoa, acusado de ser un colaboracionista francés. Ante estas delaciones, se exilió unos años a París.

Consiguió el cargo de cónsul general en Filadelfia en 1801. En 1807, asumió además el puesto de encargado de asuntos económicos del reino de España en Estados Unidos por el regreso del embajador. En esta ciudad publicó unas interesantes Observaciones sobre algunos puntos de la obra de Don Quijote (1807), aunque fue publicada en Londres bajo firma de T. E. (sus segundos nombre y apellido, Tadeo Echavarri), temeroso de la crítica cervantófoba que se volcó en esta obra; las cartas habían empezado a redactarse en 1793 en Vergara y reprochaban a la obra no ser todo lo edificante ni decorosa que fue recomendable, así como ciertas flojedades e incorrecciones de estilo, en lo que el mismo autor reconocía no conocer suficientemente la lengua de la época; parte de esas acusaciones fueron después rebatidas por Diego Clemencín.

En otro panfleto anónimo defendió la necesidad de abandonar las colonias españolas: Carta sobre lo que debe hacer un príncipe que tenga colonias a gran distancia, en Filadelfia (1803). También publicó allí Cartas presentadas a la Sociedad Filosófica de Philadelphia, (1807).

DIVISIÓN REGIONAL DE ESPAÑA SEGÚN VALENTÍN DE FORONDA

Tras la invasión francesa y unos momentos de indecisión, en los que se le llegó a acusar de jacobino, en vísperas de su llegada a Cádiz publicó en Filadelfia unos Apuntes ligeros sobre la Nueva Constitución proyectada por la Junta Suprema de España y reformas que intenta hacer en las leyes, que merecieron los elogios del presidente Thomas. En tal escrito defendía un gobierno constitucional con separación de poderes, la soberanía del pueblo y las libertades individuales frente al despotismo.

Harto de la camarilla de Casa-Irujo y las dificultades que le ponían para solucionar los problemas que provocaba el comercio español con los Estados Unidos, solicitó su retorno a España, obteniéndolo en 1809. La Junta Suprema le nombró en 1810 intendente honorario del Ejército, y, tras las Cortes de Cádiz celebradas entre 1810 y 1813 en las que formó parte, fue nombrado miembro de la Junta de Censura, protectora de la libertad de imprenta, en Galicia.

En estos años, fue publicando diversas cartas sobre temas constitucionales: Cartas sobre varias materias políticas, en Santiago (1811), Ligeras observaciones sobre el proyecto de Nueva Constitución, La Coruña (1811). En estos escritos denunciaba una constitución que no especifica claramente los derechos individuales, otorga excesivos poderes al rey y no separa los espacios político y religioso. El proyecto territorial de Valentín de Foronda para la Constitución de 1812 trataba de dividir a España en dieciocho partes geométricas denominadas con números a fin de suprimir los nombres de Vizcaya, Castilla, Andalucía, etc., "que solo eran origen de disputas crueles, pueriles y funestas".

Siendo protegido del ministro de Hacienda, Francisco Cabarrús, Foronda defendió la pervivencia del Banco Nacional de San Carlos y participó como accionista en la Compañía naviera de Filipinas.

BARCO DE ESPAÑA ANTIGUO BANCO DE SAN CARLOS

Sus ideas se vertían en los periódicos El Patriota Constitucional, El Ciudadano por la Constitución y La Gaceta Marcial y Política, desde los cuales combatió la tortura, la Inquisición, los abusos del clero gallego, la falta de garantías procesales en los pleitos, etc. Escribió además unas Cartas sobre la obra de Rousseau titulada Contrato social, en La Coruña, en 1814. Por sus escritos críticos contra el Antiguo Régimen, se ganó la enemistad de la Iglesia gallega y de los absolutistas de la región.

Tras la derogación de la Constitución de 1812 y la vuelta del Absolutismo fernandino en 1814, ingresó en una prisión madrileña como consecuencia de sus ideas políticas, y al año siguiente fue sentenciado a diez años de destierro en Pamplona. En la ciudad navarra, a través de Vidarte, pudo colaborar en las Cortes de Navarra en 1817 y 1818 para la inclusión de los principios liberales. Al ser rehabilitado políticamente en el Trienio liberal, intentó infructuosamente conseguir el Consulado general de Francia, aunque logró que las Cortes reconocieran públicamente su labor y fue nombrado ministro del Tribunal especial de Guerra y Marina.

Reeditó algunas de sus obras, relató el juicio político a que había sido sometido en Defensa de los dieciséis cargos hechos por don José de Valdenebro, en 1820, y escribió nuevos artículos para El Liberal Guipuzcoano, en 1821. Ese año murió en Pamplona.

CONDILLAC Y MENÉNDEZ PELAYO

En el ámbito de la filosofía, Foronda ha pasado por ser uno de los más eficaces difusores del Sensualismo de Étienne Bonnot de Condillac, mediante la traducción de su Lógica. Unos años antes, el capitán Bernardo María de Calzada ya había hecho una traducción con el título Lógica o los primeros elementos del arte de pensar (1784).

Sin duda, Foronda no la encontró suficientemente asequible para todo el mundo, por lo que se propuso elaborar otra traducción, acomodada a la capacidad de su hijo, y para lo cual se esforzó en ponerla en diálogo: Lógica de Condillac puesta en diálogo por don Valentín de Foronda. Su amplio subtítulo ofrece ya una idea de los varios temas filosóficos a tratar: Y adicionada con un pequeño tratado sobre toda clase de argumentos y sofismas, y con varias reflexiones sobre la Aritmética moral de Buffon, sobre medir las cosas inciertas, sobre el modo de apreciar las relaciones de verosimilitud, los grados de probabilidad, el valor de los testimonios, la influencio de las casualidades el inconveniente de los riesgos, y sobre formar el juicio del valor real de nuestros temores y esperanzas.

Foronda consiguió el objetivo que se propuso con esta nueva versión, que fue publicada en Madrid, en 1789 y 1794. Marcelino Menéndez Pelayo se refirió a él en su Historia de los heterodoxos españoles:
"El estilo de Foronda es agradable y sencillo, casi igual en limpieza y claridad al del autor que traduce."