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29/07/2024

Leyenda de Sancho VII el Fuerte en la Corte de Tremecén


Durante el siglos XII, el Reino de Navarra estuvo sufriendo el acoso territorial de los reinos que la encerraban: Castilla y Aragón. Ya en 1135, los castellanos conquistaron los territorios navarros de Burgos y La Rioja. En 1195, Sancho VII acudió a ayudar a Alfonso VII de Castilla en la desastrosa batalla de Alarcos, pero no llegó a tiempo dando lugar a una enemistad manifiesta.

Sancho VII el Fuerte buscaba un equilibrio geopolítico entre reinos y taifas de la península Ibérica, y para ello decidió realizar una expedición diplomática al Reino de Tremecén, en el actual Marruecos, donde se había establecido el Sultanato de los almohades.

Dejó a su hermano Fernando a cargo del reino y emprendió la partida de la embajada llegando a Sevilla en 1197. Según el cronista Rodrigo Jiménez de Rada, Sancho VII no salió de la península, sino que desde la ciudad hispalense partió una embajada suya a la Corte del ultán almohade Jakub ibn Jussuf, en el norte de África.

El papa Inocencio II amenazó con la excomunión de Sancho VII por sus tratos con los almohades para debilitar a reinos cristianos, reprochándole "haber contraído amistades con gentes no solo enemigas de la fe católica, sino del propio Cristo".

Aquella embajada se hizo esperar ya que los almohades estaban en guerra contra Túnez. Lo más lógico es que Sancho VII pidiera al sultán que rompiera la tregua que tenía acordada con Castilla en su favor. Pero el sultán no aceptaría, y para contentar a Sancho VII mandó que en Sevilla le hiciesen cuantiosos regalos.

Dos años más tarde, en 1199, emisarios navarros comunicaron a Sancho VII en Sevilla que Navarra estaba sufriendo una invasión del Ejército de Castilla, al mando de Alfonso VIII, y en connivencia de aragoneses. Durante la expedición militar, el Reino de Navarra perdió el Duranguesado, Álava y Guipúzcoa. La ausencia de Sancho VII fue de algo menos de dos años, un tiempo suficiente para perder un reino.

Jiménez de Rada empleó un tono crítico sobre el comportamiento de Sancho VII. Así, dijo que mientras su reino era atacado por Castilla:
"Habiendo regresado (la embajada) con dineros y dádivas, sin embargo, el rey con el pretexto de su regreso recorría las ciudades de los árabes y permanecía en la patria de ellos."

SEPULTURA DE SANCHO VII EN EL MONASTERIO DE RONCESVALLES

Tras este suceso histórico y documentado, surgió una leyenda puramente romántica y novelesca tan de la época. Su origen está en el cronista y poeta inglés Rogerio de Hovenden, que debió estar vinculado en la Corte de Leonor de Aquitania o de la reina viuda Berneguela. Hoveden escribió muy a principios del siglo XIII, y tuvo saber que Sancho VII había marchado a solicitar la ayuda al sultán almohade Jussuf.

Según Hoveden, la fama de honradez de Sancho había llegado a la hija del sultán, enamorándose de él por "oídas". La hija le pidió a su padre que se lo trajera como esposo, o de lo contrarío intentaría suicidarse. Viendo el sultán a su hija enajenada y temiendo cualquier locura, le prometió que atraería a Sancho VII con regalos. Así, envió una embajada a Navarra con la propuesta de entregarle su hija y sus territorios peninsulares del Imperio como dote.

Cuando Sancho VII llegó a la Corte de Tremecén, Jussuf había muerto, y su sucesor en el trono del Boyac Miramamolón, deshizo el trato.

Hoveden estableció con precisión la fecha de esta supuesta aventura, porque escribió que mientras Sancho VII luchaba por la hija del sultán, "Alfonso de Castilla y el rey de Aragón invadieron el territorio del rey de Navarra, cada uno desde su lado, de tal forma que Alfonso le capturó veinticuatro castillos y el rey aragonés dieciocho".

Otras fuentes, sin embargo, dicen que tuvo descendencia con una hija de Abu Yaqub Yasuf II Al-Mustansir, emir de Marruecos. Incluso las crónicas árabes escribieron que luchó en Túnez.

14/03/2023

Reinado de Sancho VII: la batalla de las Navas de Tolosa


El reinado de Sancho VII el Fuerte comenzó el 27 de junio de 1194, momento del fallecimiento de su padre Sancho VI el Sabio, de la dinastía Jimeno. Sancho VII se coronaba en Pamplona recibiendo un reino que proteger frente a las aspiraciones de los dos grandes reinos cristianos hispánicos que la rodeaban, Castilla y Aragón. Mediante el uso de la fuerza militar y de las relaciones diplomáticas pudo ganarse el respeto en las Cortes españolas así como en las europeas.

Sus familiares estaba bien relacionados con estas Cortes. Su madre Sancha era castellana, hija de Alfonso VII el Emperador y hermana de Alfonso VIII. A este último había mostrado vasallaje su padre, Sancho VI. También era hermano de Berenguela de Navarra, mujer de Ricardo Corazón de León, señor de los condados fronterizos gascones. Se le apodó el Fuerte debido a su enorme estatura y fortaleza.

ESCULTURA DE SANCHO VII EL FUERTE

Tras la derrota de los castellanos en Alarcos, en 1195, por un Ejército de almohades, Sancho VII aprovechó su debilidad para saquear desde Soria hasta Medinaceli. Una mediación de Alfonso II de Aragón logró una reunión entre los reyes de Navarra, Castilla y Aragón, en febrero de 1196, por el que Sancho VII dejaba de lanzar ataques a Castilla.

En marzo de 1196, el papa Celestino III le concedía el nomenclátor de Regibus Hispaniarum a cambio de que rompiese su neutralidad con los almohades. Pero tanto, el papa como los reyes de Castilla y de Aragón sospecharon que el navarro continuaba cobrando parias.

En mayo de 1198, Pedro II y Alfonso VII acordaban en el Tratado de Calatayud un reparto del espacio navarro, tomando como línea divisoria principal el valle del Arga. Algunos varones alaveses participaron en estas tercerías de tenencias, pues no mostraban lealtad a Sancho VII. Ya se firmaron repartos de este tipo entre Castilla y Aragón años antes: Carrión de los Condes, en 1140; Tudején, en 1151; Lérida, en 1157; Cazorla, en 1179.

Mientras Pedro II tomaba Burgui y Aibar, Alfonso VII conquistaba Miranda e Inzuri. Sancho intentó forzar una alianza con Pedro II tratando de casarle con su hermana Teresa en febrero de 1199, pero el papa declaró ilícito aquel enlace. Aun así, los aragoneses se retiraron de tierras navarras.

TERRITORIOS CONTROLADOS POR SANCHO VII

En abril de 1199, moría Ricardo I de Inglaterra, cuñado y aliado de Sancho VII. Su hermana Berenguela no dejó descendencia con el inglés. Esto hizo que Alfonso VII reclamase el legado de Gasconia por parte su esposa Leonor.

Sancho VII presentó su posibilidad de sucesión dinástica por mediación de su otra hermana Blanca, duquesa consorte de Champaña. Además, llegó a presentarse ante el sultán almohade para establecer una alianza contra Castilla. Razón por la cual, Alfonso VII recibió un fuerte apoyo de los súbditos vascos del Reino de Aquitania.

Mientras que Alfonso VIII sitiaba la ciudad de Vitoria a finales de año, Sancho VII se hallaba en Sevilla esperando el regreso de sus embajadores del sultán Boyac Miramamolín, que se hallaba en su Reino de Tremecén. Pero al estar en guerra contra el Reino de Túnez, no pudo aliarse con el rey navarro. Cuando regresó había perdido el control político de la tenencia de Álava, la provincia de Guipúzcoa y la merindad de Durango, con sus ciudades Vitoria y San Sebastián. Esta última ciudad aún no pertenecía a la provincia, estaban unidas a la misma Pasajes y Fuenterrabía, lo que hizo que Navarra perdiera territorio al mar para siempre.

En octubre de 1202, Pedro II, Alfonso VIII, Sancho VII y Alfonso IX, mediante el Tratado de Alfaro, los cuatro reyes cristianos hispánicos se comprometían a establecer una tregua.

El Tratado de Guadalajara, en octubre de 1207, renovó la tregua otros cinco años más. Se intercambiaron castillos en rehén de buena fe y se autorizaron mutuamente el tránsito de cien caballeros por el territorio del otro.

Esta mejor relación de Navarra con los reinos cristianos peninsulares se incrementó en el Tratado de Monteagudo con Aragón, en 1209, en el Sancho VII y Pedro II prometieron ayudarse. El aragonés empeñó los castillos de Peña, Escó, Petilla y Gallur por veinte mil maravedíes, y poco después el castillo y villa de Trasmoz.

TAPIZ DE SANCHO VII EN LAS NAVAS DE TOLOSA

En 1211, el sultán Miramamolín de los almohades había entrado en la península y tomado el castillo de Salvatierra (Ciudad Real) por medio de su emir Anasir. Esta ofensiva provocó la alarma en Alfonso VIII. El papa Inocencio III, convocó una cruzada de reinos cristianos hispánicos, con la colaboración de refuerzos traídos desde Francia. Se fueron adhiriendo a la unión militar el aragonés Pedro II, el leonés Alfons IX que finalmente no acudió, el vizcaíno Diego II López de Haro, y por supuesto el castellano Alfonso VIII.

Sancho VII tomó parte en la contienda con doscientos caballeros, así como en las deliberaciones de la estrategia a seguir para derrotar al Ejército almohade. El 7 de julio de 1212, con consejo de guerra, Alfonso VIII quería sitiar Salvatierra, pero Sancho VII prefirió generar un encuentro en campo abierto. En la batalla de las Navas de Tolosa, acontecida el 16 de julio de 1212, Sancho VII el Fuerte entró en la gloria militar.

En recompensa por el apoyo, Alfonso VIII restituyó para Navarra los castillos de Burandón (Álava), Alcázar, Toro y Marañón (Navarra). Y se lo reconocería con estas palabras:
"Non quiso apartar del servicio de Dios el prez de la su valentía nin de su corazón."
VIDRIERA EN LA SALA CAPITULAR DE RONCESVALLES

Desde entonces. Sancho VII ya no consideraba a los dominios musulmanes hispánicos como posible aliados, sino como tierras a conquistar. A través de Aragón, dirigió una expedición militar a la vez que diplomática hacia el Levante peninsular. Se trató de una política de pactos de vasallaje desarrollado por señores de los territorios en la ruta de Tudela a Valencia. A cambio, Sancho VII ofrecía préstamos y subvenciones que el rey de Aragón no podía. De hecho, hasta Fernando, hermano de Pedro II, les debía dinero.

A las plazas aragonesas conseguidas en 1209, por deudas contraídas con Aragón, habría que sumar la villa y castillo de Los Fayos (Zaragoza).

En 1213, tomó en préstamo la villa y castillo de Chodas y la peña de Zalatamor, entregados por el señor de Albarracín, Pedro Fernández, aliado de los señores locales, los Azaragra, de origen navarro, para que "podáis desde allí hacer la guerra o la paz a quien quisieres mientras fuera fianza vuestra". Otros once castillos más fueron adquiridos entre 1219 y 1225.

La avanzadilla sobre los reinos islámicos fue establecida en Olocau (noroeste de Castellón), apoyado por las plazas vecinas de Linares y Jorcas, también compradas por Sancho VII.

La bula de Honorio III dirigida a Sancho VII, titulada Acerca de la confirmación apostólica sobre castillos de la frontera de los sarracenos, aparecían estos otros lugares fronterizos con moros: Castronuevo, Alehedo, Allocaf, Mallo, Peña de Aranón, Arzediello y Avengalbón. Años más tarde, Jaime I de Aragón empeñó a Sancho VII sus castillos de Castelfabib y Ademuz, en la parte sur del sistema Ibérico.

Mientras desarrollaba esta estrategia de frontera, pudo unirse a la cruzada del papa Honorio III para la reconquista de Alcácer do Sal, en 1217, en apoyo del Reino de Portugal.

ESCUDOS DE SANCHO VII Y LAS NAVAS DE TOLOSA

Dos años después, en 1219, dos bulas del mismo papa permitían una cruzada a las tierras de Levante. Mientras Sancho VII dirigía sus tropas atravesando territorios de Aragón, otro navarro, el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, lo hacía con las de Castilla. Los navarros, aunque consiguieron importante botín de guerra, no pudieron apoderarse de Requena, su principal objetivo. Este ejército de cruzados perdió unos 2.000 hombres, y tuvo que ser el Reino de Aragón el que reconquistara Valencia para la Cristiandad años más tarde.

Durante toda esta década, Sancho VII se había mostrado como el rey "senior" de la península, ya que Alfonso VIII y Pedro II había muerto poco después de la batalla de las Navas de Tolosa. Sus sucesores en el trono fueron efímeros y menores de edad: Enrique I, siendo un niño, reinó Castilla desde 1214 hasta 1217; en Aragón, Jaime I, se coronó siendo un niño bajo la tutela de los templarios y de su tío Fernando, hermano de Pedro II.

Mantuvo buenas relaciones comerciales con Aragón, y en 1214 acordó el libre tránsito de mercaderes de uno y otro lado.

Sancho guardó una especial vinculación con el Monasterio de Roncesvalles, llegando a patrocinar la construcción de la iglesia de la colegiata. Fue la primera en introducir el arte gótico, con sus bóvedas sexpartitas, el triforio (galería con ventanales que rodea la nave central), pilares cilíndricos y arbotantes.

Durante su reinado y los reinados de la dinastía de Champaña, Navarra experimentó un auge demográfico, favorecidos por cambios en el régimen de explotación de la tierra. Los señores cedían tierras al pastoreo y la explotación forestal, los monasterios arrendaban sus prados para generar ingresos, y el rey cobraba el derecho de patronato a los monasterios a cambio de heredades reales. El excedente demográfico buscó su salida en la colonización de las tierras reconquistadas por Castilla. Y se establecieron las primeras relaciones comerciales con el Condado de Champaña y con la ciudad de Brujas.

CLAUSTRO DE LA COLEGIATA DE RONCESVALLES

Los últimos años de su reinado fueron difíciles a nivel personal. Encerrado en su castillo de Tudela, sufría gordura y un cáncer de pierda, también la melancolía por la muerte de su hijo Ramiro. También falleció su hermana la condesa Blanca de Champaña, en 1229. Su hermana Berenguela, reina viuda de Inglaterra, falleció en 1230, en Le Mans. También moría su aliado Alfonso IX de Castilla, sucediéndole Fernando III el Santo, que heredaba León por consentimiento de sus dos sucesivas esposas, Teresa de Portugal y Berenguela de Castilla.

Sancho VII se casó en 1195 con Constanza de Tolosa, hija de Ramón VI, conde de Tolosa. También casó con Clemencia, hija del emperador Federico I de Alemania. No dejó descendencia legítima con ninguna de las dos, pero tuvo varios hijos ilegítimos a la sucesión del trono fruto de sus relaciones extramatrimoniales. Según la Crónica del Príncipe de Viana, tuvo un hijo que murió a los quince años de edad por culpa de un accidente de caballo. Además, su hermano Fernando tampoco dejó un descendiente que asegurase la continuidad del linaje de los Jimeno. Esta situación le causó todo un dilema en el momento de asignar un príncipe legítimo y leal a su trono.

SEPULTURA DE SANCHO VII EN RONCESVALLES

En 1225, el conde Teobaldo IV de Campaña, sobrino de Sancho VII, se presentó en la Corte navarra de Tudela ante el rey para reclamar sus derechos a la sucesión del trono. Según la Crónica de Jaime I, Sancho le habría confesado al aragonés, la desconfianza que sentía hacia su sobrino Teobaldo, "aunque no tenemos otro pariente más cercano".

Ante esta situación, Sancho VII propuso al joven Jaime I el Conquistador un tratado de prohijamiento mutuo, de forma que el que muriera primero dejaría su reino al otro. Fue una reunión que tuvo lugar en Tudela, en enero de 1231, por la que Teobaldo quedaba excluido de la sucesión al trono navarro.

Según la Crónica de Jaime I, Sancho le había dicho que:
"... a pesar de todos los beneficios que le hemos hecho, dicho sobrino nos ha devuelto siempre mal por bien y se porta tan mal con nos que ha llegado a conspirar con nuestros hombres de Navarra para destrozarnos y alzarse rey."
"Quiero prohijaros y que a su vez vos me prohijéis, a sabiendas de que es normal que yo muera antes que vos, puesto que tengo setenta y ocho años y vos no habéis llegado a veinticinco."

Y, aunque la carta fue firmada por ambas partes en febrero de ese año, no llegaría a materializarse. Sancho VII pedía a Jaime I que se involucrara en una contienda contra el Reino de León, y este carecía de fondos para su financiación, ya que desplazaba todos sus recursos en su nuevo Reino de Mallorca y los preparativos de la reconquista de Valencia. Finalmente, Jaime I realizó testamento a favor de su hijo Alfonso.

Sancho VII falleció el 7 de abril de 1234, en Tudela, dejando al Reino de Navarra entre la presión militar de Castilla y las ambiciones legitimistas de Jaime I. Los poderes señoriales y urbanos se juramentaron a favor del conde Teobaldo IV de Champaña, apelando a una cierta autonomía respecto de los dos grandes reinos de España. Una comisión de noves se desplazó a Provins, en el norte de Francia, para ofrecer la corona a Teobaldo I de Navarra.

Recibió sepultura en la parroquia de San Nicolás. Años después sus restos fueron trasladados a la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles.

EXTENSIÓN TERRITORIAL DEL REINO DE NAVARRA CON SANCHO VII (1194-1234)

1. NAVARRA (TERRITORIO NUCLEAR)
2. VASCONGADAS (PROVINCIAS ANEXIONADAS AL REINO DE CASTILLA EN 1200)
3. ZUBEROA (IRRADIACIÓN FEUDAL DE ULTRAPUERTOS)
4. SEÑORÍO DE ALBARRACÍN (BAJO LA ESTRIPE NAVARRA DE LOS AZAGRA ENTRE 1166 Y 1168)
5. CASTILLOS Y CIUDADES (ADQUIRIDOS EN LA CORONA DE ARAGÓN Y EN LA FRONTERA MUSULMANA ENTRE 1209 Y 1231)
6. LÍNEAS DE PENETRACIÓN NAVARRA (FRENTE CONTRA EL ISLAM)

10/05/2022

Rentas y adquisiciones de Sancho VII de Navarra


Durante la Alta Edad Media, los recursos de la población del Reino de Navarra estaban basados principalmente la agricultura de la rica vega tudelana y las rentas de situación producidas por el Camino de Santiago.

Los recursos del rey Sancho VII el Fuerte estaban constituidos por los derechos sobre las transacciones de los navarros y los derechos directos, por posesión de tierras, solares y casas. Entre los primeros estaba los de saca (de las exportaciones) y de peaje (de las importaciones), con los impuestos subsidiarios de pontaje, más otras gabelas sobre molinos, juego, etc. En realidad, la forma más estable de ingresar recursos eran los impuestos directos, pues los otros estaban sujetos a las alternativas del comercio, la guerra las malas cosechas, etc.

El deber de pagar impuestos por tierras, casas, cabezas de ganado, etc., era una forma racional de transformar las viejas obligaciones de servidumbre, como la de trabajar la tierra en beneficio del señor, para objetivarlas en unidades contables y monetizadas. Sancho VI el Sabio había iniciado un proceso de unificación de pechas (tributos), que benefició a su sucesor y que fue perfeccionado por él. Especialmente eficaz era este sistema para asegurarse la contribución de los habitantes rurales, ya que a una villa o pueblo se le hacía una evaluación global (pecha tasada). Sancho VII concedió durante su reinado treinta de estos arreglos, a los que se llamaba fueros. En definitiva, perfeccionó el sistema del rendimiento iniciado por su padre y le sacó más del doble de rendimiento por año: se ha calculado que la media de ingresos de Sancho VI el Sabio era de 24.753 sueldos anuales, pero con Sancho VII llegó a 56.442 sueldos.VII

1. SANCIUS DEI GRACIA REX NAVARRE
2. VII CENTENARIO DE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Sancho VII se ocupó tanto o más del patrimonio personal que de la tesorería real. Fue un gran inversor de bienes raíces y hasta un especulador consumado. Tenía particular querencia por las tierras, casas y molinos de Tudela. Hay dieciséis documentos relativos a comprar en Tudela y su alfoz (territorio jurisdiccional). Algunas de las propiedades no eran exactamente bienes inmuebles, sino poblaciones, como Buñuel, Cadreita, Cintruénigo y Urzante, y se hizo así con las servidumbres de sus pobladores. Otro lugar preferente de compras fue Fontellas, en la Ribera navarra, con seis propiedades. Hizo otras compras en Murillo, Cabanillas, Pullera, Arguedas, Cárcar, Resa, etc. Invirtió también en la cuenca de Pamplona, como Esquiroz, Espilce, Cordovilla, Oteiza, Berbinzana, Mues, Oro y sus salinas, etc.

Algunas de estas adquisiciones revestían la forma legal de prohijamiento, por el que Sancho se "hacía hijo" de un propietario para heredar algún bien particular bajo la promesa de proteger a él y su familia. Por lo menos hay un caso, el de los cinco hijos de Pedro Martínez de Subiza, en que no hubo proteccionismo sino despojo.

Sancho VII tuvo un notable éxito con su programa de fortificaciones. De cara a Aragón, consiguió el castillo y villa de Buñuel, por préstamo y empeño. Por el mismo procedimiento consiguió la villa y castillo de Javier y la villa y castillo de la aragonesa Sábada, que se unía a las otras posesiones que tenía dentro de Aragón, como Escó, Petilla y Peña, y más tarde Grisén. En las Bardenas Reales construyó los castillos de Sancho Abarca, La Hoz, La Estaca y Peñaflor, contribuyendo así a la consolidación de esta zona desértica. También en el corazón de Aragón, en la comarca del Moncayo, se hizo con propiedades empleando su conocido método de conceder hipotecas que acababan siendo gravosas para sus titulares.

AJUSTES TERRITORIALES Y ACTIVIDAD EXTERNA DEL REINADO DE SANCHO VII (1194-1234)

19/07/2021

Conquista de Vitoria por Alfonso VIII de Castilla


La política urbana de los reyes navarros Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte, conscientes en aumentar el número de villas de realengo, producía recelos en los caballeros alaveses, que veían disminuir sus tierras y el número de sus campesinos. Esta reducción del régimen señorial, resultado de su progreso socio-político, no gustaba nada a los señores vascongados. A su vez, se correspondía con la desconfianza creciente, observable desde tiempos de Sancho VI, de los reyes navarros respecto de los señores alaveses. Poco a poco, los dos Sanchos fueron quitándoles las tenencias de las principales fortalezas y sus tierras para encomendárselas a navarros nativos. Así, pierden las suyas el último de los Vela, Pedro Ladrón e Íñigo López de Mendoza, que fueron encomendadas a navarros.

La reorganización del territorio vascongado en aquellos años sentó las bases de su posterior inclinación hacia Castilla, en 1200.

ESTATUA DE SANCHO VII EN TUDELA

Ya, en marzo de 1199, previendo un posible ataque castellano, Sancho VII confió la tenencia de San Sebastián al navarro Juan de Vidaurre. Correspondían a la misma los castillos de Beloaga y Arzorocia.

En el curso de la guerra, Pedro Ladrón no había dudado en pasarse al rey castellano cuando éste, en 1198, y en su marcha hacia Treviño, comenzó a ocupar tierras alavesas. La Cofradía de Álava jugó un papel importante en la secesión respecto de Navarra y en la adhesión de gran parte de los territorios vascos al rey castellano. La cofradía representaba en algún grado la institucionalización de la vida político-social alavesa, ya que existía desde 1110. Dentro de un marco feudal, era lógico que los señores vascos calculasen lo que podrían beneficiarse del gran porvenir que se auguraba para Castilla en la mitad sur de la península.

En 1199, Alfonso VIII se dirigió contra Miranda, cruzó su puente sobre el río Ebro y avanzó sobre Álava y hacia San Sebastián. El avance castellano no fue un paseo, pues las guarniciones y tenentes navarros opusieron cerrada resistencia, notablemente los de Portilla y Treviño, que no se entregaron. Pero la población del territorio, desde luego, no opuso resistencia conocida a la conquista castellana. Posiblemente fuese por la vieja y larga unión con Castilla, antes de la efímera adhesión de los estamentos señoriales al rey de Navarra.

Pero no fue así con respecto a Vitoria, donde si que hubo una fuerte resistencia a la conquista castellana, ya que había sido fundada por Sancho VI el Sabio.

MURALLA DE VITORIA

El sitio de Vitoria por las tropas castellanas comenzó en junio de 1199. Alfonso VIII se unió a él en agosto, permaneciendo varios meses ante sus muros. Vitoria poseía un reformado sistema de murallas y muy bien emplazadas, y estaba defendida por un buen tenente, Martín Chipia. No obstante, dada la pequeñez de la plaza y la escasez de recursos humanos propia del Reino de Navarra, además de la creciente carencia de vituallas, los defensores vieron la situación objetivamente perdida, por lo que Chipia envió mensajeros al rey Sancho VII, que estaba en tierra de moros, para pedirle la venia de capitulación. Uno de ellos fue el obispo de Pamplona. Los comisionados regresaron con el beneplácito real, y Vitoria fue entregada antes del final de enero de 1200.

No había en el resto de Álava y Guipúzcoa fortificación comparable a la de Vitoria. Con su caída, el resto de Álava, Guipúzcoa y la Burunda (Navarra) se entregaron sin más dilaciones. Al menos seis tenentes navarros de castillo o fortaleza conservaron la reputación, a pesar de haber perdido las plazas por rendición o capitulación, como demuestra el hecho de que siguieron al servicio del rey navarro con otras encomiendas, como el propio Martín Chipia y Vidaurre. Tan solo uno de ellos, Martín Ruiz, falleció durante la defensa de Portilla (Álava).

ESTATUA DE ALFONSO VIII DE CASTILLA

Sancho VII se hallaba en Sevilla esperando la llegada de los embajadores del sultán, que estaba en Marruecos. Pero al estar en guerra con otras partes de su Imperio norteafricano, no pudo aliarse con el rey navarro. Regresó a Tudela a inicios del 1201. Había perdido el poder de los territorios de Álav y Guipúzcoa, incluidas las ciudades Vitoria y San Sebastián. Esta ciudad aún no pertenecía a la provincia, y además a ella estaban unidas Pasajes y Fuenterrabía, lo que hizo que Navarra perdiera territorio al mar para siempre.

Su intento de neutralización a Castilla tratando de tejer una alianza con los almohades había fracasado. En la tregua, intervino el papa Todo, en marzo de 1201. También tomaron parte de las negociaciones los señores de las tenencias de las comarcas mayores; ninguna otra institución tuvo influencia en la toma de posiciones ya que todas eran muy débiles en esas zonas del territorio vasco al carecer de obispado y de ciudades importantes. La Crónica de los Once Reyes dice que Alfonso VIII ganó veinticinco lugares y castillos, de los cuales retuvo catorce y devolvió once. Adquirió Treviño y Portilla, en Álava, y a cambio retornó Inzura, Miranda, Mendavia y Larraga, en Navarra.

Un caso de afiliación en sentido contrario al de la mayoría de los nobles vascos fue el de Diego II López de Haro, señor de Vizcaya, el hombre más influyente de la Corte castellana y alférez mayor de Castilla, cargo por el que alzaba el pendón real en las aclamaciones al rey. En mayo de 1199, estaba en Pancorbo (Burgos), dispuesto a la empresa militar. Pero en agosto había sido desplazado como alférez mayor por un hombre de la familia Lara, y aunque Diego siguió en la Corte hasta septiembre de 1201, poco después, según noticias del arzobispo Jiménez de Rada, se desvinculó de Alfonso VIII y se puso al servicio de Sancho VII. En una de sus incursiones contra los dominios del rey castellano, incendió Vitoria; era el Jueves Santo de 1202. En septiembre, los dos Alfonsos, el VIII de Castilla y el IX de León, le cercaron en Estella, ciudad que el de Haro había recibido como tenente de manos de Sancho. Desde luego, el cerco no dio resultado alguno, pero la desvinculación de Diego II López de Haro facilitó al rey de Castilla su total dominio del Señorío de Vizcaya.

Años más tarde, Diego II López de Haro regresaría a la Corte de Alfonso VIII, llegando a ser la vanguardia del ataque castellano en la batalla de las Navas de Tolosa.

MURALLA DE VITORIA

14/04/2020

Tratado de prohijamiento entre Sancho VII el Fuerte y Jaime I el Conquistador


Los últimos años de la vida de Sancho VII el Fuerte
, rey de Navarra entre 1194 y 1234, no fueron dada fáciles tanto en su vida personal como en sus obligaciones cortesanas. Ya había muerto su hijo Ramiro, el obispo de Pamplona. En 1229, falleció la condesa Blanca de Champaña, su hermana. En 1230, falleció en Le Mans su hermana Berenguela, reina viuda de Inglaterra. A las aflicciones afectivas se unieron las de tipo geopolítico: Fernando III de Castilla, San Fernando, heredaba al morir su rey Alfonso IX, por consentimiento de sus dos esposas sucesivas, Teresa de Portugal y Berenguela de Castilla. Se perdía así un eventual aliado de Navarra frente a Castilla, y el rey castellano se hacía más poderoso.

Además, en 1225, el conde Teobaldo IV de Champaña, sobrino de Sancho VII, se presentó en la Corte navarra de Tudela ante él para reclamar sus derechos a la sucesión del trono.

Sancho VII concluyó que la única manera de asegurar la autonomía del reino era disponer de Aragón como si de una propiedad particular se tratara. Esto es lo que propuso a Jaime I el Conquistador: prohijarse mutuamente, de forma que el que muriera primero dejaría en herencia su reino al otro. Fue una reunión que tuvo lugar en Tudela, en enero de 1231, por la que Teobaldo quedaba excluido de la sucesión al trono navarro.

escudo navarra roncesvalles reales vidriera sancho fuerte
ESCUDOS REALES DE NAVARRA

Según la Crónica de Jaime I, Sancho le habría confesado al aragonés, la desconfianza que sentía hacia su sobrino Teobaldo, "aunque no tenemos otro pariente más cercano".

Sancho le había dicho que "... a pesar de todos los beneficios que le hemos hecho, dicho sobrino nos ha devuelto siempre mal por bien y se porta tan mal con nos que ha llegado a conspirar con nuestros hombres de Navarra para destrozarnos y alzarse rey."
"Quiero prohijaros y que a su vez vos me prohijéis, a sabiendas de que es normal que yo muera antes que vos, puesto que tengo setenta y ocho años y vos no habéis llegado a veinticinco."
Sin embargo, Jaime I debía pensar en los derechos de su hijo Alfonso, y así lo confió a Sancho VII. El navarro se negó a extender la garantía a Alfonso, pero lo mantuvo en secreto, posiblemente por temor a las reacciones de los nobles navarros. Sancho exigió algo más, que Aragón se aliara de forma militar frente a Castilla.

La carta fue firmada por ambas partes el 2 de febrero de 1231. Contenía una cláusula de prevención contra los magnates y concejos de las villas que consistía en declarar traidores a estos nobles si no juraban a Jaime I como su heredero. Tras una firma verbal entre ambos monarcas, Jaime I se retiró a Tarazona a esperar que el acto de jura estuviese preparado.

El 23 de febrero, Jaime I regresó a Tudela, y allí escuchó el juramento de doce representantes de la nobleza y los representantes de las buenas villas. La nómina de estas últimas la formaban San Cernín de Pamplona, Estella, Sangüesa, Olite, Los Arcos y Puente la Reina. Los doce ricos hombres se apellidaban Fernández de Monteagudo, Pérez de Bazán, Martínez de Subiza, Martínez de Lehet, Jimeno de Aibar, Pedro Jordán, Garcéiz de Aoiz, Garcéiz de Arce, Miguel de Grez, Jiménez de Aváriz, Garcéiz de Arróniz y Jiménez de Olleta.

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SEPULTURA DE SANCHO VII

Inminentemente, los reyes junto con los doce grandes varones celebraron un consejo para preparar la guerra contra Castilla. En este acto Sancho VII puso en evidencia que ya no era aquel gran estratega en las relaciones diplomáticas que décadas antes lo fue, estaba dominado por la confusión mental y emocional.

Jaime I declaró necesitar ayuda financiera para emprende la contienda; estableció que hacían falta dos mil caballeros, de los que mil los debía poner el rey navarro. La otro mitad sería pagada por el conde de Champaña. La razón de que Teobaldo, que había sido desheredado, participara en la expedición es un misterio. En caso de que el gascón no pagase aportase los mil hombres, lo debía conseguir Sancho VII. En este punto de la negociación, Sancho VII entró en cólera, recriminando al aragonés que se ocupara de sus asuntos y no en los de Navarra, queda la reunión aplazada.

Al día siguiente, Sancho VII fue traicionado por la avaricia. Concedió un préstamo a Jaime I de cien mil sueldos, exigió la entrega en hipoteca de cinco castillos, y que se le devolviera el dinero en otra denominación, lo que le reportaría un interés sustancioso.

La negociación no llegaría a materializarse debido a la irresolución de Sancho VII, y a la incapacidad financiera de Jaime I. Además, el aragonés estaba desplazando todos sus recursos en su nuevo Reino de Mallorca y los preparativos de la reconquista de Valencia. Finalmente, Jaime I realizó testamento a favor de su hijo Alfonso, y en caso de morir ambos, la herencia real recaería sobre Ramón Berenguer, conde de Provenza. El tratado de prohijamiento había fracasado.

Sancho VII falleció el 7 de abril de 1234, en Tudela, dejando al Reino de Navarra entre la presión militar de Castilla y las ambiciones legitimistas de Jaime I. Los poderes señoriales y urbanos se juramentaron a favor del conde Teobaldo IV de Champaña, apelando a una cierta autonomía respecto de los dos grandes reinos de España. Una comisión de nobles se desplazó a Provins, en el norte de Francia, para ofrecer la corona a Teobaldo I de Navarra.

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LIBRO DE ARMERÍA DE NAVARRA

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06/11/2019

Panteón de Sancho VII el Fuerte en Roncesvalles


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SALA CAPITULAR SANCHO VII MAUSOLEO RONCESVALLES

La Iglesia colegial de Santa María de Roncesvalles estuvo desde sus inicios muy ligada a la Monarquía navarra. Su fundación fue favorecida por el rey García Ramírez de Aragón. La misma línea siguieron sus sucesores, Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte. Este último fue uno de los vencedores de la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 y quien incorporó al escudo de Navarra las cadenas conseguidas al jerarca sarraceno Muhammad al-Nasir en la contienda.

En Roncesvalles promocionó la construcción de la iglesia de Santa María, denominada Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles, construida a finales del siglo XII y principios del XIII.

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PÓRTICO DEL MAUSOLEO DE SANCHO VII

En un lateral del claustro se abre la capilla de San Agustín, antigua Sala Capitular, también llamada Capilla Real, de estilo gótico. Presenta una planta cuadrada con bóveda de terceletes, apoyada en cuatro ménsulas de gran tamaño que simbolizan a unos ángeles. El exterior tiene aspecto de fortaleza debido a que se presenta como un bloque cúbico de sillería, apoyado en las esquinas con unos contrafuertes que llegan hasta la cubierta piramidal, por lo que llegó a recibir el nombre de Torre de San Agustín.

El el centro de la capilla se encuentra el sepulcro del rey navarro Sancho VII el Fuerte. Fue instalado allí en 1912, tras la reforma sufrida con motivo del VII Centenario de la Batalla de las Navas de Tolosa.

La losa que lo cubre, de mediados del siglo XIII, es una estatua del rey, siendo el único elemento original del primitivo conjunto funerario. Refleja la importante altura física del monarca: 2,25 metros.

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TUMBA DE SANCHO VII EN EL MAUSOLEO DE RONCESVALLES

Sancho VII murió el 7 de abril de 1234, tras años de enclaustramiento en el castillo de Tudela, enfermo, gotoso, obeso y deprimido. Se disputaron la sepultura el monasterio de La Oliva y la catedral de Tudela, hasta que fue enterrado en la iglesia de San Nicolás de Tudela. El obispo de Pamplona amenazó con la excomunión a quien intentara trasladar sus restos. Pero, pasados cuatro años, continuaba el litigio y, con la intervención del papa Gregorio IX y el rey Teobaldo I, se ordenó su traslado a Roncesvalles.

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TUMBA DE SANCHO VII EN EL MAUSOLEO DE RONCESVALLES

A la cabeza de la capilla se exhiben tras una reja las cadenas que rodeaban la tienda de Muhammad al-Nasir, líder del Ejército almohade, durante la batalla de las Navas de Tolosa.

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EL ESTANDARTE REAL NAVARRO: CADENA SOBRE FONDO ROJO

Se encuentran una serie de esculturas relacionadas con las obras del claustro de la catedral de Pamplona. Son dos capiteles que representan el Pecado Original y la Expulsión del Paraiso.

ESCULTURAS PECADO ORIGINAL Y EXPULSIÓN DEL PARAISO

Las vidrieras de la capilla, fruto de la restauración de 1912, ofrecen una visión de esa misma batalla.

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VIDRIERA DEL MAUSOLEO DE RONCESVALLES

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LEMA DE LA VIDRIERA DEL MAUSOLEO DE RONCESVALLES

"De nuestro Sancho el Fuerte rey de Navarra y otros reinos que ganaron una batalla de moros donde estaba Mamolin el Verde"
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VIDRIERA DEL MAUSOLEO DE RONCESVALLES

02/09/2017

Sancho VII en la Batalla de las Navas de Tolosa


La Batalla de Las Navas de Tolosa, datada el 16 de julio de 1212, fue una de las más decisivas de la Reconquista. Permitió extender los reinos cristianos, principalmente el de Castilla, hacia el sur de la península Ibérica, entonces dominado por musulmanes, y frenar la invasión del Ejército almohade. La contienda tuvo lugar cerca de la población jienense de Las Navas de Tolosa.

Fue el resultado de la Cruzada organizada por el rey Alfonso VIII de Castilla, el cronista navarro y arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada y el papa Inocencio III contra los musulmanes que dominaban Al-Ándalus desde mediados del siglo XII.

Las tropas castellanas estaban lideradas por Alfonso VIII, encabezadas por el señor de Vizcaya Diego II López de Haro, y formadas por 20 milicias municipales, a las que hay que sumar las tropas de los reyes Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal, y varias órdenes militares.

Varias obras reflejaron el momento decisivo de la batalla, cuando Sancho VII el Fuerte se enfrentaba a la temida Guardia Negra de los almohades que luchaban atados con grilletes al suelo. En la imagen aparece a caballo, superando las cadenas de la guardia formada por esclavos negros africanos que protegían el palenque del sultán Miramamolín (Muhammad An-Nasir). Esta embestida supuso la puesta en huida del Ejército almohade y la consecuente victoria de la hueste hispánica cristiana.

En el Palacio de Navarra, sede del Gobierno Foral de Navarra en Paplona, expone en su interior dos representaciones de la contienda. Uno de ellos se encuentra en el Salón del Trono. Batalla de las Navas de Tolosa es un óleo sobre lienzo pintado en 1864 por Francisco Aznar, formando parte de una serie de doce pinturas sobre la historia del Reino de Navarra en la Edad Media.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR FRANCISCO AZNAR

La otra representación ubicada en el Palacio de Navarra es un impresionante tapiz realizado en 1950 por Vicente Pascual que fue llamado Sancho el Fuerte o Cadenas. Está basado en el diseño preliminar realizado por Ramón Stolz en óleo sobre lienzo.


SANCHO EL FUERTE, POR VICENTE PASCUAL

Este óleo de Marceliano Santa María, llamado El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa, fue pintado en 1892. En la actualidad se encuentra en el Museo Marceliano Santa María de Burgos.


EL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ EN LAS NAVAS DE TOLOSA, POR MARCELINO SANTA MARÍA

La Batalla de Las Navas de Tolosa es un óleo sobre lienzo realizado por Francisco de Paula Van Halen en 1864.

Posiblemente, de todas las obras que hacen referencia a la batalla, la más importante sea esta. Aunque perteneciente al Museo del Prado, se haya depositada desde 1879 en el Palacio del Senado en Madrid. Tomó parte de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864.

En la zona centro-derecha del cuadro aparece a caballo el rey Alfonso VIII y, junto a él, también a caballo, al arzobispo de Toledo, el navarro Rodrigo Jiménez de Rada, con su mano derecha levantada. En cambio no se distingue a Sancho VIII.

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR FRANCISCO DE PAULA VAN HALEN

En la Colegiata de Santa María de Roncesvalles, una preciosa vidriera representa el momento en el que Sancho VII asalta las cadenas que protegen al califa Miramamolín. En esta Sala Capitular, también llamada Panteón de Sancho VII, se encuentra la tumba del rey pamplonés y una trozo de la cadena que desde entonces simboliza la bandera de Navarra.


VIDRIERA DE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA EN EL PANTEÓN DE SANCHO VII

Englobado en el Ejército del Reino de Castilla y a las órdenes de Alfonso VIII estaba el señor de Vizcaya, Diego II López de Haro, y sus huestes del Señorío, los cuales lideraron la vanguardia del ataque castellano.

DIEGO II LÓPEZ DE HARO

Otros pintores de que expresaron esta contienda bélica durante la segunda mitad del siglo XIX fueron Antonio Casanova y EstorachVíctor Morelli y Horace Vernet.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA EN LA HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA

CARTEL DE FIESTAS DE SAN FERMÍN EN CONMEMORACIÓN DEL VII ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LAS  NAVAS DE TOLOSA (1212-1912)