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29/04/2026

Sociedad armera de Mondragón y su acero de Udalaitz


En el siglo XVI, la población de Soraluce-Placencia de las Armas se había convertido en centro burocrático de un sistema de fabricación de armas que incluía a otros centros de producción de primer orden como Eibar, Elgoibar o Vergara en el Alto Valle del Deva. Aun así, otras poblaciones guipuzcoanas como Mondragón, Oñate, el Valle de Leintz o la vizcaína Elorrio consiguieron cierta personalidad e independencia respeto a la central Soraluce en su vinculación a la tradición armera de la zona, y en particular a la fabricación de lanzas.

Poblaciones cercanas a Mondragón como Gatzaga, Aretxabaleta y Eskoriatza contribuyeron al transporte de las armas a través del gremio de los arrieros, por encontrase a medio camino entre Vitoria y la costa del Cantábrico.

Mondragón-Arrasate se había convertido en un importante centro de productivo de armas de fuego ligeras y de armas blancas con destino a la clientela privada y, sobre todo, al ejército del Imperio español.

Desde finales del siglo XIV, existen referencias escritas sobre oficiales de armas blancas y asteros que fabricaban lanzas, cuya tradición se mantuvo hasta el siglo XVI. Es a partir de este siglo que el gremio de los armeros de Mondragón empezó fabricar armas de fuego ligeras con una decisiva ventaja: el acero del monte de Udalaitz.

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

En la Edad Moderna, los vecinos de Mondragón contaban con una variedad de armas en sus casas, independientemente de si estuviesen relacionados con el sector armamentístico. Poseían armas por ser fabricantes, por implicarse en la posterior venta, por defensa persona, o incluso por exhibicionismo o colección.

En multitud de testamentos e inventarios de los vecinos de Mondragón se citaban auténticos arsenales, basados en arcabuces, arconas, lanzas, espadas, etc. Por ejemplo, en el testamento del tenacero Pedro de Oña se escribió que poseía "atavíos y armas de su persona, dos espadas, una ballesta con sus gafas y todo aparejo, un arcabuz nuevo con su serviçio, dos puñales, dos machetes, dos lanças, dos medias lanças, una partesana, dos dardos, y otras armas". O en el testamento del venaquero Pedro de Mendía incluía una cláusula por la cual era propietario de "tres lanças ginetas que están en la sala", es decir, en un lugar a la vista de su casa.

Y es que las armas formaban parte del escenario social y doméstico de los mondragoneses, las llevaban consigo y las exhibían en casa. Hasta los clérigos se dedicaron al negocio de las armas, como fue el caso de Juan Abad de Asarduy, cuñado del historiador Esteban de Garibay. Tenía participación en varios viveros de fresnos con cuya madera se elaboraban lanzas de piqueros del Ejército español. En su testamento escribió que:
"Yten tengo en Léniz, con Pedro Çigarrondo, más de doçientos fresnos a medias…, yten tengo en Borinate los biberos de fresnos y mançanos que están en las heredades de Juan de Vitoria y de la hermita de Santo Sant Andrés…, yten en la casería de Catayde más de mil fresnos en el bibero, y la tierra es del dueño de la casería y tengo a medias con Martín de Varacaldo."

EXTRACCIÓN DEL MINERAL EN UDALATX A CIELO ABIERTO

Durante la Baja Edad Media, las armas blancas habían significado un producto de comercio para la sociedad modragonesa. Sin embargo, a partir del siglo XVI, comenzaron a aprovechar sus conocimientos técnicos y metal del acero en la fabricación de armas de fuego, compitiendo con Eibar. De hecho, hay documentos que demuestran que ambas villas guipuzcoanas aportaron armamento a los rebeldes de Segovia durante la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1519. El armero y mercader Jacobe Martínez de Aranguren, de Mondragón, o el arriero Juan de Zaldúa, de Durango, son dos ejemplos de aquellos años.

Otro de los pioneros mondragoneses fue el armero Nicolás de Aráoz, quien decidió continuar la elaboración de armas blancas, según contrato firmado en 1559, y empezar "en el oficio de hacer achas, bigorras y arcabuces", demostrando versatilidad y capacidad de adaptación a las nuevas demandas.

El mercado principal de las armerías de Mondragón fueron las ciudades de interior peninsular, además de la Corte madrileña, a las que compraban a su vez trigo o vino que después venderían en las tierras vascas. En ocasiones, el intercambio se efectuaba en poblaciones del litoral cantábrico, en las que adquirían alimentos pescados en el mar. Un ejemplo fue el intercambio trueque realizado en Vergara, en 1576, por el cual el donostiarra Juan de Arana entregaría 9.000 sardinas, valoradas en un maravedí la unidad, al mondragonés Juan de Aranguren, a cambio de 6 arcabuces hechizos y 2 cargas de acero triado.

PIQUERO VASCOS Y ARRIERAS VASCAS DE PICAS

A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI e inicios del XVII, en Mondragón se fue diferenciando al armero fabricante de armas blancas del arcabucero de armas de fuego. Comenzaron a implantarse las primeras sagas de arcabuceros que durarían varias generaciones: los Vergara, Artazubiaga, Elexalde, Otalora, Ascarretazabal, García de Oro, etc.

En 1564, el armero Pedro García de Oro falleció, encargándose su viuda de pagar deudas al tenacero Blas de Ynsaurbe.

En 1571, aparecen pro primera vez el linaje Vergara dedicados a la fabricación de arcabuces.

En esos años, apareció Antonio de Elexalde suministrando material para los artesanos en cuyo contrato se escribió: "çincuenta quintales de fierro tocho para hazer plachas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes".

En 1576, aparecen los Artazubiaga en la fabricación de armas de fuego. Martín Ibáñez de Artazubiaga firmó un contrato de fabricación de 150 cañones de arcabuces "barrenados y provados".

En 1591, el armero Juan de Otalora firmó tres contratos de fabricación.

En 1599, Andrés de Ascarretaçával llegó a un acuerdo el veedor real Lope de Elío para fabricar "mil caxas de arcabuzes y dozientos para mosquetes".

Era algo habitual que en un documento apareciese un artesano cuchillero y en otro firmase como puñalero, y en ocasiones se hacía llamar "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes", como se denominaba en un documento al armero Mateo de Vicuña. La técnica de estos artesanos no quedaba reducida a un solo producto o sector, sino abierta a otras facetas industriales.

Fueron numerosos los contratos entre armero y cerrajeros de Mondragón, síntoma de la versatilidad profesional. Un ejemplo fue el contrato establecido entre el armero Juan de Zuazu y el cerrajero Domingo de Cortázar, para fabricar "çinquenta y una llaves de golpe de arcabuzes con sus moldes y manija y clavos y disparador buenos y suficientes".

Otro ejemplo de versatilidad técnica de los artesanos mondragoneses se dio en el tratamiento de las distintas piezas de fraguas y martinetes, especialmente cuando debían adaptar los fuelles o barquines de los talleres según la tipología de productos a fabricar. Un contrato sobre este asunto fue el firmado por un arcabucero de esta villa con el barquinero Pero de Garagarça para la fabricación de unos fuelles, que debía instalar "para su fragua de forjar arcabuzes". Otro armero de Ermua le solicitó "unos barquines nuebos para fragua de forjar arcabuzes", con requisitos técnicos muy precisos.

ARMAS PORTÁTILES DE FUEGO

Normalmente, las ferrerías mondragonesas trabajaban bajo pedido, preparando los materiales según la tipología del arma a fabricar. Por ejemplo, en 1597 la ferrería de Guesalíbar debía producir "çinquenta quintales de fierro tocho para hazer planchas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes para muniçión de su magestad".

Aquellas fraguas también podían ser alquiladas a tiempo parcial o completo por armeros interesados en fabricar por encargo firmado. Fue el caso del puñalero Juanes de Jáuregui, quien alquiló la ferrería tiradera perteneciente a Teresa de Anteçana, donde utilizaría una fragua con todas las herramientas, a tiempo parcial por la noche, para labrar acerillo para sus productos.

La llegada a Mondragón de los veedores y oficiales reales, especialmente pagadores reales, asentados en Placencia de las Armas en varias ocasiones es un hecho esclarecedor de la importancia que tenía esta villa como centro industrial armamentístico. En el tránsito entre estos dos siglos destacó el oficial mondragonés Pero Fernández de Zaraa y Bolívar, quien poseía el cargo de "pagador y tenedor de las fábricas de armas en esta provinçia de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya".

En ocasiones se formalizaban acuerdos verbales entre armero y oficial real, pero la mayoría de las veces se firmaban contratos de armas o sus componentes ante notarios de Mondragón. Buen ejemplo de esto fue el asiento formalizado entre el armero Andrés de Ascarretazábal y el veedor real Jerónimo de Aybar, a inicios del siglo XVII, para la elaboración de 1.200 cajas de arcabuces. Artesanos de diferentes lugares, incluso maestros de Placencia de las Armas, se trasladaron a trabajar al Valle de Leintz, atraídos por la posibilidad de acceder al valorado acero mondragonés.

MOSQUETEROS DEL SIGLO XVI

Una de las más destacadas familias mondragonesas dedicadas a los arcabuces y mosquetes fue el linaje de los Vergara, desde la década de 1570. Una de las primeras noticias de Pedro de Vergara fue la fabricación de 100 arcabuces para la población riojana de Santo Domingo de la Calzada.

En 1574, Vergara firmó un asiento en colaboración de otro mondragonés, Marín de Aráoz, para fabricar 500 mosquetes "para su magestad y para su armada que por si horden e mando anda en la carrera de las Indias".

En 1575, adquirió 3 quintales de acero con la intención de emplearlos en la elaboración de armas de fuego.

En 1576, alquiló unas casas que poseía en el arrabal de abajo con su fragua al armador Martín Ibáñez de Artazubiaga, con el objetivo de forjar cañones de arcabuces. Aquel mismo año, Artazubiaga elaboró 150 cañones de arcabuces que entregó a su socio Vergara, a cambio de 900 reales. Esta colaboración entre armeros de la misma villa era muy habitual y necesaria ante las exigencias que suponía aceptar un contrato con los oficiales reales en tiempo, cantidad y calidad.

En los años 90 se produjo el relevo generacional de los Vergara. En 1594, Juan de Vergara aparecía en su oficio de arcabucero, contratando los servicios de aprendices como el mondragonés Rodrigo de Córdoba, o de oficiales obreros, como el durangués Joan de Helexiburu, "para servirle en el ofiçio de arcabucería". Según contrato de empleo, este último recibiría 22 ducados anuales, cobrando diariamente, "como suelen azer y reçibir los otros ofiçiales obreros como yo", escribió él mismo.

Tras el fallecimiento de su padre, en 1597, Juan de Vergara aceptó el testamento de su padre "con benefiçio de inbentario", por ser "hijo legítimo y heredero de maese Pedro de Vergara y de Ángela de Salas". Entre los bienes a heredar se encontraban "los barquines y remienta del ofiçio de maestro arcabuçero", porque era muy habitual que los oficios se transmitieran de padres a hijos, con una dotación basada en la fragua, los instrumentos de trabajo y un capital monetario para un artesano joven.

PLACA DE LA CALLE DE LAS FERRERÍAS EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Si Mondragón ganó fama por la fabricación de armas ligeras de fuego, más aún fue su importancia en cuanto a picas y complementos de armamento. Llegaban mercaderes o armeros de todo el Alto Deva o villas cercanas de Vizcaya. En 1612, se presentó Juanes de Lequerica, vecino de Elorrio, para firmar un contrato por el cual debía entregar al veedor Aybar un pedido de 800 picas en dos meses. La operación de formalizó en Mondragón, punto habitual donde se⁹ organizaban expedición de transporte de armas con destino a ciudades de Castilla.

En las ferrerías de Mondragón abundaban los contratos de aprendizaje por parte de jóvenes con aspiraciones profesionales. Un ejemplo contrato de aprendiz fue el que consiguió Cristóbal de Vizcaya, a la edad de quince años, para trabajar en la armería del maestro Mateo de Vicuña "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes". En 1624, Lorenzo de Amézaga, de dieciocho años, se comprometió a servir como limador y forjador de arcabuces ante el maestro armero Sebastián de Anteparu. En 1629, Juan de Ugarte, de diecinueve años, se puso a disposición de Pedro Bernal de Irisui durante dos años de aprendizajes "en su oficio de forjar, adreçar y limar llaves cerrajas", actividad paralela a la de fabricar armas de fuego.

27/08/2025

Industria armera de Elgueta


Elgueta - Elgeta se ubica en un promontorio poco resguardado, en la Comarca del Alto Deva, estratégicamente situado en la frontera de Guipúzcoa con Vizcaya. Fue fundada por el rey Alfonso XI en 1335, en cuya carta puebla que concedió:
"...por facer bien y merced a todos los que quisieren venir, poblar e morar en la puebla nueva que se face en los campos de Maya, a la cual puebla ponemos el nombre de Elgueta, que es frontera de vizcaya."

Desde la Baja Edad Media, su economía había sido eminentemente rural, con una comunidad campesina dedicada a la ganadería. En los siglos XIII y XIV, se produjeron los auges de las ferrerías y el comercio de hierro y lana castellana. Pero, en el siglo XVI, Elgueta se había convertido en una de las principales poblaciones vascas en la elaboración de lanzas y picas, especialmente en la plantación de astas de madera de fresno. En esto tuvo mucho que ver su proximidad con la vecina Elorrio, núcleo central en la fabricación de estas armas blancas.

El negocio de la plantación de fresnos y nogales en viveros estuvo vinculado a muchos vecinos, cuya madera fue suministro de materia prima a la comunidad de lanceros más poderosa, la de Elorrio. El hecho de estar rodeada de poblaciones dedicadas a la industrial artesanal del hierro en general, y del armamento en particular, como Éibar, Vergara y Elorrio, influyó en este movimiento.

PICAS DE ELGUETA EN LOS TERCIOS DE FLANDES

Elgueta producía una amplia gama de instrumentos de hierro. Se dedicaban a la fabricación de herraje, clavazón, hachas y herramientas agrícolas, piezas de madera para picas y lanzas, incluso armas de fuego como arcabuces, mosquetes y toda la asteria. Dichos productos artesanales eran colocados en el mercado a través de sus propios mercaderes, incluso formando compañías comerciales. El principal cliente de su producción fue el Ejército español con destino a los Reales Tercios de Infantería desplegados en Flandes.

Campesinos y armeros profesionales de Elgueta y Elorrio coordinaban la producción de los viveros con la de los talleres dedicados a fabricar las cuchillas aplicadas a las puntas de lanzas, elementos metálicos sujetos a la madera mediante anillas o clavos. Desde el siglo XVI, la pica se había convertido en un arma fundamental para repeler el ataque de una infantería o caballería enemiga por parte de los Reales Tercios de Infantería españoles. Consistía en una punta afilada de acero montada en un asta que podía medir de cuatro a seis metros de longitud. La eficacia de esta arma perduró hasta el siglo XVIII, cuando fue sustituida por la bayoneta.

Los fresnos destinados a lanzas que se plantaban en viveros de Elgueta y otras villas próximas se cuidaban por campesinos para que creciesen en las condiciones necesarias para su posterior conversión en picas. Según los contratos firmados con la Corona, las astas debían medir entre 24 y 25 palmos, unos 5 metros, "ser muy bien proporcionadas y no delgadas ni barrigudas y que no tengan ningún nudo". También se indicaba que las piezas estuviesen "muy cepilladas y lijadas, bien labradas y untadas", y sólo tras cumplir estas condiciones los oficiales reales pagarían a los armeros. En 1570, el precio de una docena picas estaba en 28 reales, mientras que, en 1579, había subido a 35 reales.

Además de la actividad dedicada a las asta en el vivero y el caserío, la fabricación de picas en Elgueta implicaba a los ferrones, encargados de elaborar las cuchillas, así como los anillos y clavos destinados a encajar dicho elemento metálico sobre el extremo de la asta de madera. Después de la fábrica y supervisión, se realizaba el transporte a través de mulos y carros en dirección a los puertos marítimos vascos o el interior peninsular.

TRANSPORTE Y ALMACENAMIENTO DE PICAS

Otro tipo de oficio relacionado con la asteria en Elgueta fue el de asesor. Existieron colaboradores desplazados por los principales mercados de la España peninsular, que incluía también a Portugal en tiempos de la Alta Edad Moderna: Sevilla, Madrid, Cádiz, Lisboa, Évora, etc. Servía como consejeros en aspectos técnicos y logísticos para mercaderes en sus tiendas. Un caso representativo es el de Domingo de Ansoategui, natural de Elgueta, quien fue contratado en Sevilla por Martín García de Irigoyen durante cinco años como "mozo aprendiz".

Una de las sagas más prósperas en el negocio asterio de Elgueta fue la de Marquiegui, encabezados por Martín Pérez de Marquiegui, que tenían fresnedas junto a la casa-solar. A inicios del siglo XVI, Martín se asoció con otros dos asteros de Elgueta, Martín de Mendizábal y Juan Ochoa de Arriola para formar una compañía mercante con un capital social de 17.000 ducados y basada en el "trato de fierro y asteria" en Sevilla.

Otros astero-mercaderes de Elgueta en aquel tiempo de máxima expansión del negocio de la piquería fueron Pedro Pérez de Berraondo, Juan Sáez de Alday o Juan de Jauregui.

PICAS VASCAS EN LOS TERCIOS DE FLANDES

Sobre la fabricación de armas de fuego existen noticias como el contrato firmado en 1569 por el cual un grupo de vecinos armeros, encabezados por Francisco de Urizar, se comprometían a elaborar 300 cajas o cureñas en madera de nogal para arcabuces. El mismo año, Martín de Olayeta también tuvo que fabricar otras 200 cureñas "de la munición de su Magestad", todas ellas para el maestro Juan de Loyola. En 1581, Pero Ochoa de Arriola, vecino de Elgueta, se asoció con otros dos armeros de la villa para limar importantes cantidades de cañones de arcabuces para el veedor real Lope de Elío.

Pero la asteria constituía la principal actividad económica para sus vecinos, mezcla de forestal y artesanal, dirigida al campo mercantil.

La implicación del conjunto de esta comunidad en el negocio de los fresnos para picas alcanzó también a las mujeres. Se conservan una variedad de contratos que así lo expresan. Por ejemplo, en 1587, María Joanes de Ojanguren vendió 220 fresnos por 100 ducados. En 1613, Domenja de Sagastiguchia vendió un terreno lleno de fresnos por 171 ducados. María Ochoa de Olazeta se involucró en el negocio de su fresneda, pues su marido había marchado a Indias por una larga temporada. En 1570, la viuda Marina de Izaguirre vendió "todos los fresnos que están plantados en las heredades de la mi mi casa y casería de Içaguirre e fuera de ellas, en que todos son dozientos y noventa fresnos con demora y espacio de diez años los ciento ochenta de ellos, e los demás con demora de doce años" a favor de Pablo de Angiozar. Las astas eran dejadas en herencia por padres armeros a sus hijos en concepto de dote. Juan de Sustaiza dejó en herencia a sus dos hijas una dote de 80 pies de fresno.

CARROS ARRIEROS DE PICAS VASCAS

02/07/2025

Industria armera de Elorrio


La fundación de la villa vizcaína de Elorrio fue efectuada en 1356 por don Tello, señor de Vizcaya, en torno a los terrenos de San Agustín de Etxabarria. El propósito fue doble: frenar la entrada de los guipuzcoanos hacia el Señorío; y establecer un poder foral contra los señores feudales y sus Guerras de Banderizos. Durante los siglos XIV y XV, el territorio del Duranguesado sufrió las crueles luchas entre linajes nobiliarios. En esta villa, cercada en un principio y luego amurallada, se produjo la batalla de Elorrio, en 1468, entre las casas de Ibarra, del bando de los oñacinos, y los Marzana, de los gamboínos.

Durante los siglos de la Edad Moderna, Elorrio se distinguió en todo el Señorío por la fabricación de armas blancas y de fuego, al igual que hicieron otras villas vascas como Eibar o Soraluce. Sus talleres artesanales del Medievo se transformaron en modestas fábricas en la Modernidad. Elaboraban espadas, corazas, escudos, arcabuces, mosquetes, bombardas, cañones, lanzas y picas. Armas muy características y utilizadas por los Reales Tercios de Infantería de la Monarquía hispánica para la defensa de sus amplios territorios europeos.

Elorrio se convirtió en un gran centro productor de picas y lanzas, en conexión con varias villa guipuzcoanas de su proximidad con las que formaba una comunidad de intereses en base a la plantación de fresnos en bosque compartidos y a un oficio común que era la astería. Este concreto sector de la armería ligera involucraba a gremios como los campesinos criadores de fresnos, los ferrones, los transportistas, o los mercaderes. La piquería pudo conectar a simples campesinos criadores de fresnos y grandes linajes nobiliarios de parientes mayores con artesanos armeros y oficiales reales que representaban los intereses del Ejército de la Monarquía hispánica.

De hecho, gran parte del armamento ligero, vanguardia del ejército de Carlos V o Felipe II, tuvo su origen en las Provincias Vascongadas, y más en concreto de Elorrio. La base del mismo provenía de allí desde tiempos de Gonzalo Fernández de Córdoba, general de los Reyes Católicos.

PICAS DE ELORRIO

En 1575, se organizó una reunión entre el capitán Alonso de Cosgaya y los oficiales lanceros de esta población. La consulta tenía por finalidad conocer la cantidad de picas de que disponían los artesanos, cuántas se podían fabricar cada mes y qué medidas convenía establecer para aumentar las plantaciones de fresnos.

Aquel informe de 1575 dejó patente que las fraguas de Elorrio fabricaban de 2.000 a 3.000 picas de 4,17 a 5,42 metros de longitud y 1.500 lanzas cada mes, además de otras armas. Este armamento tenía como destino las tropas del Imperio de Felipe II, especialmente los Reales Tercios de Flandes. No es de extrañar que los lanceros de esta población consiguieran ganarse un renombrado prestigio y que se hubiese convertido en el centro de las operación de la piquería destinada al ejército de Felipe II.

La Memoria de las picas que yo Lope de Elío, criado de Su Magestad y su veedor he examinado después que viniese a este cargo que fue a principio de abril del año 1576 hasta hoy 23 de julio de 1578 contabiliza las partidas de picas provenientes de Mondragón, Azpeitia, Eibar, Elgoibar, Angiozar, Oñate y otras poblaciones que eran llevadas a Elorrio. Contiene datos de los suministradores de picas, y que la recogida se realiza en Elorrio para ser transportada a su destino final, según consta en la relación de cada año a partir de 1575. Uno de los más importantes suministradores de picas fue Domingo de Mendiola, vecino de la villa, quien actuaba frecuentemente en representación de Hernando de Aguirre, oficial real y pagador de armeros, piqueros y arcabuceros.

PALACIO DE ELORRIO

Elorrio reunía una serie de factores naturales a su alrededor muy idóneos para el desarrollo de esta industria. Está envuelta por sierras calizas llenas de bosques y prados que proporcionan grandes cantidades de madera de fresno. Los montes de Elorrio y de pueblos colindantes como Elgueta y Angiozar encerraban extensas fresnedas dedicadas a la astería, producto que ofrecía diferentes alternativas en los mercados del sur español.

Por eso, intermediarios de Elorrio se involucraron en la fabricación y adquisición de productos compuestos de astas desde la primera mitad del siglo XVI. Por ejemplo, en 1530, Domingo de Aguirre, mercader de Elorrio, compraba a Pero Pérez de Aozaraza, armero de Oñate, "fierros de lanzas faines".

También existió una amplia relación entre artesanos armeros y productores de madera de fresno. Por ejemplo, en 1573, García de Algute, vecino de Elgueta, compró 318 fresnos, por los que pagó 900 reales a Pero de Goitia y Pérez de Miota, vecinos de Elorrio. En 1575, Marcos de Olarra, astero de Elorrio, firmó un contrato de fabricación con Martín Ibáñez de Albistegui, vecino de Elgueta, basado en 40 docenas de lanzas de cuatro medidas: 8, 9, 10 y 11 codos, a un precio de 4 reales y medio cada docena, además de 30 docenas de varas de justicia, a 2 reales la docena.

Los casos de relaciones mercantiles entre vecinos de Elorrio y Elgueta vinculados a la astería fueron numerosos. Por ejemplo, el contrato entre el lancero Domingo Pérez de Leaniz, vecino de Elorrio, y el lancero Jacobe de Marquiegui, vecino de Elgueta. O, el acuerdo de compra de fresnos por parte del lancero Martín de Urrutia, vecino de Elorrio, a Domenja de Izaguirre, vecina de Elgueta, que disponía de una plantación de fresnos "a la redonda de su casa".

COMPONENTES METÁLICOS DE UNA PIQUERO

Elorrio disponía de las denominadas Casas de la Munición, que también se denomina Magacén, donde se recibía la piquería fabricada, se pagaba a los armeros y desde donde se distribuía el material siguiendo las disposiciones de los oficiales reales. Además de los propios armeros, se involucraban los encargados en comprobar la calidad de las picas, y aquellos que gestionaban la documentación que acreditaba el cobro.

Según documento, hacia el año 1572, la cantidad de picas que se almacenaban en una temporada era de 19.674 unidades, contadas por el subordinado Domingo de Mendiola, en representación del oficial real Hernando de Aguirre, siendo veedor real Lope de Elío. No siempre la labor de control y recuento estaba delegada en oficiales y suboficiales reales, siendo en ocasiones el propio veedor el encargado de vigilar la calidad de las picas en Elorrio, si las responsabilidades que tenía en Soraluce se lo permitía. Por ejemplo, en 1590, Lope de Elío se presentó en esta villa vizcaína "a examinar las picas, y entre otras examinó las de muchos oficiales lanceros" que se nombran en el documento.

Dos años después, Mendiola suplió a Aguirre en el cargo de oficial real de picas por fallecimiento del segundo. En la casa de la munición, llegó a contabilizar un total de 22.214 picas en todo el año 1592, lo que dice mucho de la enorme cantidad de armas blancas que podía fabricar Elorrio. No obstante, otras poblaciones vecinas participaron de este sector industrial basado en la fabricación de picas con destino en Elorrio, por ejemplo Elgueta, Angiozar y Oñate.

En torno a la casa de la munición de Elorrio se congregaban armadores piqueros, transportistas, vigilantes del almacén, examinadores del material, anotadores de cuentas, pagadores y fiadores, y otros oficios. Se había convertido en el principal fabricante de picas y lanzas de España, tal y como Soraluce lo era de mosquetes y arcabuces.

En cuanto a la exportación de picas vasca fabricadas en el entorno de Elorrio, hay que destacar la feria de Nájera o la ciudad de Sevilla, sede de la Casa de Contratación de Indias en los siglos XVI y XVII. Tras la unión monárquica del Reino de Portugal bajo el mando de Felipe II, la ciudad de Lisboa también se convirtió en un destino clave de la piquería vizcaína.

PICAS DE ELORRIO EN LOS TERCIOS DE FLANDES

Toda esta actividad armera, junto a la participación de familias locales en el comercio con las provincias ultramarinas de la Monarquía española, consiguió traer grandes riquezas a la villa que se invirtieron en la construcción de palacios y casas-torre nobiliarios, así como de edificios religiosos. Se levantaron más de una veintena de palacios como los de Uribe-Salazar, de Estéibar-Arauna, de Arabio, de Olazábal, de Láriz, etc., y se esculpieron varias decenas de escudos de armas de linajes nobiliarios en sus caseríos, también las iglesias de San Agustín del siglo XV, o de la Purísima Concepción del XVI.

El Alarde de Errebonbilloak, celebrado cada primer domingo de octubre, es el desfile militar de una compañía de fusileros. Su origen está en las levas militares de la villa que participaron el combate de Lepanto en 1571. Esta tradición denota su importante dedicación a las armas y su demostrada contribución en efectivos humanos y armeros a la defensa del Imperio español.

ALARDE DE ELLORRIO, ERREBOMBILLOS

03/02/2025

Industria armera de Mondragón


Han sido varios los autores que a lo largo de la historia de la villa guipuzcoana de Arrasate-Mondragón han dejado por escrito esta actividad, desde el cronista Esteban de Garibay en su Compendio historial en el siglo XVI, hasta Baltasar Melchor de Jovellanos y Santiago Palomares en la Ilustración. En época reciente, y realizando una historiografía más científica y moderna, destacan Julio Caro Baroja, Genaro Rosado Rosado y José Ángel Barrutiabengoa. Son destacables las publicaciones de José Antonio Azpiazu en El acero de Mondragón en la época de Garibay, y Ramiro Larrañaga en Espaderos vascos en Toledo.

Desde la Edad Media, la economía de Mondragón ha girado en torno a la metalurgia, generando una época de esplendor en el siglo XVI. Según el cronista real dejó escrito en su Compendio historial: "…, como por ser pueblo de mucha contratación, donde se labrava grande abundancia de acero y hierro, y otras mercadurías…"

La primera causa de esta revolución metalúrgica fue la cercanía de la peña de Udalaitz, al norte de la villa, con 1.092 metros en su cima, límite de Vizcaya y Guipúzcoa, y en cuyo subsuelo se formaron las venas de mineral de hierro.

Además, el rey castellano Alfonso X el Sabio, al poco tiempo de fundar la villa aforada en 1260, ordenó que las "venas de la ferrería de Mondragón se labren en la villa". Es decir, "que las aizeolas bajen al núcleo urbano para transformarse en agorrolas que emplean la fuerza hidráulica". Así es como aquellas primeras ferrerías de montaña se ubicaron en las calles de Olarte y de Ferrerías, junto al río Deva.

En las primeras ordenanzas de la Cofradía de San Valerio quedó patente que la mayor parte de los casi 1.900 mondragoneses vivían entonces a la extracción y laboreo del mineral de hierro para la obtención del acero y su transformación artesanal en la "cal de las ferrerías".

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

La actividad metalúrgica tenía tres fases: de extracción, de base y de transformación final.

La extracción del mineral se realizaba por los venaqueros en el monte Udalaitz, del que se tienen indicios de que había acero natural.

La segunda fase del proceso se realizaba en las ferrerías masuqueras. En ellas se fundía el hierro, consiguiendo que las impurezas fluyeran formándose una capa líquida que impide que el Dióxido de Carbono fuese expulsado al exterior. Ese CO2 y, por lo tanto, parte del carbono quedaba diluido en la masa, el hierro se enriquecía y obtenían la raya.

La última fase correspondía a las ferrerías tiraderas, que introducían la raya en el horno con el carbón y mineral o trozos de hierro, y así obtener el acero. Después llegaba la prueba de la fractura para comprobar la calidad de acero. Se hacía necesaria la cercanía del cauce de un río, en este caso el Aramayona. Mediante unas tenazas, el tirador introducía la barra caliente en el agua para templar la punta, la enfriaba y rompía, y observaba si tenía suficiente calidad. El ensayo decidía si el grano era fino, y se consideraba apto; pero si el grano era basto, tenía que seguir afinándolo.

Según José Antonio Azpiazu, en el siglo XVI "eran cuatro las ferrerías masuqueras que funcionaban en la villa: Zalgibar, Zubiate, Legarra e Ibarreta". Las ferrerías tiraderas se contaban entre 60 y 70, y la mayoría se localizaban en la calle Olarte.

MONTE UDALAITZ

Este proceso metalúrgico de dos fases de transformación era característico y exclusivo de Mondragón, así como el método de forja que empleaban sus espaderos. Así lo dejó escrito uno de los principales políticos de la Ilustración española, Baltasar Melchor de Jovellanos. Según este, los espaderos mondragoneses alternaban barras cuadrados de acero y hierro de manera que se conjugaban las características de la tenacidad del hierro y la dureza del acero.

Según Genaro Rosado, una buena espada mondragonesa debía:
"tener dureza, tenacidad (resistencia a los golpes), flexibilidad, actitud para pinchar y cortar, y sobre todo, aptitud para adquirir temple otra vez después de reparar y amolar. Si era una espada de acero de Mondragón se podía volver a templar, pero las que se fabricaban por ejemplo en Solingen (Alemania), no. Una vez que habían pasado por la piedra esmeril se había acabado el acero. Porque solamente estaban carburadas, es decir, aceradas, en la superficie."
Este experto ha comprobado que los métodos de forja eran distintos en Mondragón y en Toledo. En la capital del Tajo consistía en un "alma de hierro puro y dos tejas de acero de Mondragón".
"La operación más delicada era la puntada, que consistía en unir el alma y las dos tejas un punto, y a partir de ahí desarrolla la forja en distintas fases que correspondían a 3 caldas sucesivas. Era un sandwich. Es lo que veríamos si seccionamos una espada."
A continuación venía el templado. El acero forjado, "que es dúctil y maleable, lo metemos en el horno, lo calentamos y lo enfriamos rápidamente para obtener un acero templado, que es duro y frágil. Por lo tanto hay que ablandarlo de alguna manera y se le da un revenido a baja temperatura (unos 300 grados). Y así obtenemos un material duro, tenaz, flexible y templable."

Era una técnica refinada de soldadura de barras de acero, a "la calda", a martillo sobre yunque, difícil de realizar correctamente y dominada por aquellos maestros espaderos.

FORJA DE ESPADAS EN FRAGUA DE MONDRAGÓN

En 1775, el rey Carlos III comisionó al técnico Santiago Palomares para la organización de la Real Fábrica de Espadas de Toledo. Entonces, elaboró una detallada relación de todos los espaderos que habían labrado espadas hasta el siglo XVIII. En la llamada Nómina de Palomares, Santiago dejó escrito que:
"El acero que gastaban en la fabricación de espadas en Toledo, desde sus principios era el de la fábrica antigua de Mondragón, única en España por aquellos tiempos, celebrada casi por todo el mundo por rica y abundante y cuya espadas después de algunos siglos subsisten hoy de calidad tan sobresaliente que son apreciadas por las mayor parte de las naciones del mundo por su fortaleza, hermosura y finísimo temple."
Estas alabanzas al acero de Mondragón eran coincidentes con las descripciones tan favorables que, dos siglos antes, hizo sobre la industria de su villa natal Esteban de Garibay. Según su Compendio historial de la Historia de España:
"También se labra hazerro, pero en sola la villa de Mondragon, siendo el mas fuerte, que se sabe hacer en parte alguna, en tanto grado, que aunque de espada, o otra cualquiera arma, labrada d'este metal, se tornen a hacer cinco y seis cosas, en cada una tornando al fuego, nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian; porque tornando segunda vez en el fuego, se convierten en hierro, perdiendo la fortaleza que como hazero devrian tener. A esta causa los herreros de Castilla quieren mas el hazero de Milan, porque con ser tan blando, que casi es hierro, gastan menos carbon, tiempo y trabajo, y como después lo hecho es hecho, no tiene cuenta con mas, de que una vez se venda la cosa y allá se avengan el dueño, y lo que lleva. D'este hazero se gasta en Navarra, y mucho mas en Francia, y poco en Castilla. Abunda esta tierra de diversos géneros de armas, assi offensivas, como defensivas, que en ella se labran, especialmente arcabuzes, moxquetes versos, y otros instrumentos de fuego, que mas que en otra parte se labran en Mondragon y Vergara, y mucho mas en Plazencia. Armas de bastas, con sus hierros, picas, lanças, medias lanças, dardos y dardes, azcones, y en Portugal chuças, y otras armas y herramientas sotiles de cuchillos y cosas a ello adherentes en Tolosa y Vergara…"

Como dejó constancia Garibay, los arcabuces, mosquetes y otras armas de fuego llegaron a ser de tal extraordinaria calidad y fama que se comercializaron por gran parte de Europa y a los Virreinatos del Imperio español.

ARCABUCEROS DE LOS REALES TERCIOS

Análisis metalográficos e investigaciones documentales ratifican la excelencia del acero de Mondragón y mineral de Udalaitz y lo complejo de la elaboración, demostrando una absoluta coincidencia entre los procesos descritos por los archivos y los datos obtenidos por análisis científicos modernos.

Cuando Garibay escribió que "nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian" no se trata de un invento del cronista vasco. Existieron pleitos de la época que trataban de defender la calidad del acero mondragonés de la de otros mercados extranjeros. Los fabricantes de Solingen en Alemania y de Milán en Italia frecuentemente marcaban sus productos, de inferior calidad, con la marca de conocidos maestros espaderos vascos, para hacerlos pasar como productos fabricados por ellos.

La dimensión del fraude debía ser importante, pues se adoptaron medidas para evitar confusiones o mezclas con otros aceros menos competitivos. Así, en 1553, las Juntas Generales de la Provincia de Guipúzcoa trataron el asunto y prohibieron su importación por el daño que se causaba a sus forjadores.

Según el historiador José Antonio de Azpiazu en su obra El acero de Mondragón en la época de Garibay, la calidad de este acero era muy considerado en los Reales Tercios de Infantería españoles, y los administradores y veedores reales imponían una serie de condiciones a los fabricantes. Entre las condiciones para la construcción de los arcabuces y mosquetes, había una especialmente clara: las llaves de las armas de fuego habían de ser construidas con acero de Mondragón.

ARCO DEL PORTAL DE ABAJO EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Toda una población de más de dos mil habitantes "nada labradoriegos", en palabras de Garibay, vivía en torno a una industria metalúrgica con gran presencia en los mercados más importantes de la época, incluido Toledo. Y, desde Sevilla, se embarcaban las espadas y otras armas con destino a los virreinatos del Imperio español.

Según otro historiador vasco, Ramiro Larrañaga, para la fabricación de armas blancas en Toledo, se empleaba el acero de Mondragón. La villa guipuzcoana era la única que por aquellos tiempos disponía de materia prima de tan excelentes cualidades y de la misma "procedían los hermosos aceros donde tuvieron origen las inimitables espadas toledanas".

Quienes apreciaron este acero fueron los franceses. Compañías mercantiles mondragonesas comerciaban con las principales ciudades portuarias del Atlántico francés. A su vez, comerciantes franceses compraban directamente en Arrasate a través de sus factores establecidos en San Sebastián y Bilbao.

Pero las venas del mineral férrico del monte Udalaitz comenzaron a escasear, coincidiendo en el tiempo con el declive de la industria militar espadera que marcó la derrota de los Reales Tercios de Flandes en la batalla de Rocroi en 1643. Ahí comenzaba la decadencia que pondría fin a uno de los capítulos más gloriosos de la historia de Mondragón.

MONUMENTO A LA INDUSTRIA EN ARRASATE - MONDRAGÓN

17/01/2023

Industria armera de Eibar


La Noble y Leal villa guipuzcoana de Eibar es un municipio de una gran tradición industrial, encauzada principalmente hacia la fabricación de armas de fuego, que compiten con las más perfeccionadas en todos los mercados del mundo.

Eibar se constituyó como villa en 5 de febrero del año 1346, mediante carta puebla concedida desde Jaén por el rey castellano Alfonso XI, para que se levantara un pueblo cercado y torreado que había de ostentar el nombre de Villanueva de San Andrés, que se usó bien poco. Otorgó los privilegios, exenciones y franquicias del Fuero de Logroño. Y tras levantarse torres y muros, se construyeron las casas.

Se conoce la existencia de fábricas artesanales de armas desde la Baja Edad Media. La primera noticia registrada sobre la fabricación de armas en Eibar data de 1482, cuyo documento cita una partida de dos lombardas por encargo del duque de Medina Sidonia. El traslado de estos cañones desde Eibar hasta la desembocadura del río Deva, se hizo mediante ochenta parejas de bueyes, lo que demuestra que la producción armera es anterior a esta fecha.

Esta fabricación exigía, además de artesanos del hierro, otros muchos obreros que se ocuparan en plantar árboles, otros en preparar leña, otros en hacer carbón y transportarlo a las herrerías y fraguas, otros en conseguir fresnos para picas, y nogales para cureñas o culatas.

TALLER DE CERRAJERÍA EN LA EDAD MODERNA

A partir del siglo XVI, Eibar experimentó un estado de prosperidad creciente y, en unión de los vecinos de Placencia, trabajaban armas de fuego solicitadas por el corregidor de la Provincia de Guipúzcoa y por el veedor real de la Corte de Madrid.

Una Real Orden de 1538 encargaba 15.000 arcabuces a Juan Orbea y a Juan Ermua de Eibar, lo que prueba que ya antes de esta fecha se hallaba implantada esta industria en la localidad. En 1573, se fundó la Real Fábrica de Armas de Soraluce-Placencia de las Armas, sede administrativa y almacén de buena parte de la producción de los talleres eibarreses con destino a los ejército del Imperio español.

Existen también varias disposiciones por las cuales se manda que en estas montañas se planten fresnos para la fabricación de picas, y nogales para culatas de mosquetes y arcabuces, demostrando que en estos pueblos se dedicaban de muy antiguo a la fabricación de armas blancas y de fuego.

En 1596, la Provincia de Guipúzcoa pidió 900 mosquetes para armar a los guipuzcoanos, también arcabuces. En 1601, el ayuntamiento de Eibar dispuso que ningún vecino llevase en el alarde arcabuz de chispa ni de pedernal, sino arcabuz de munición con cuerda y forma propia para la guerra, lo cual parece indicar que los arcabuces de chispa y de pedernal resultaban anticuados en esta fecha.

ARCABUCES Y MOSQUETES DEL SIGLO XVI

En 1658, varios particulares de Guipúzcoa acudieron a la Corte para hacer gestiones a fin de que se les permitiera tomar a su cargo la tarea de proveer de armas a quien lo solicitara, y hacer ajustes y asientos referentes a la industria de las armas. Aunque por facilitar el logro de sus deseos ofrecieron rebajar los precios corrientes, su pretensión fue denegada en junio de 1658, en virtud de la cual se estableció que no introdujeran reformas de ningún género en la fábrica de Placencia, sino que "continuase con la labor de las armas en la forma y con las calidades y circunstancias que habían corrido hasta entonces. En 1696 se confirmó por otra real orden la citada disposición.

El ilustrado Melchor Gaspar de Jovellanos escribió en su Diario las características de la industria armera, cuando el año 1791 se detuvo en Eibar:
"Lo que llaman fabricación de armas, no significa lo que se cree de ordinario. Varios artistas establecidos en Ermua, Eibar, Placencia, Elgóibar y Mondragón, trabajan las varias piezas de que se compone el fusil. Esta arte se ha subdividido en tres principales, que se ejercen separadamente: cañoneros, llaveros, cajeros, y aún hay otra de arreeros, que son los que fabrican guardamontes, baquetas, abrazaderas. Varios hay que saben hacer y hacen todo esto, aunque prohibido por la antigua ordenanza, mas por lo común cada artista trabaja en su ramo. Los cañoneros saben incrustar perfectamente las miras y puntos de plata y las piezas de adorno de oro en el hierro y empavonarle con la mayor perfección; los llaveros labran y esculpen el hierro en las formas que quieren, y le pulen con gran limpieza y lo mismo los arreeros; otro tanto hacen los cajeros en la labor de las cajas. El más célebre de estos artistas es el dueño de esta casa (don Juan Esteban de Burtindui), hijo de otro muy nombrado: su fama estriba en la excelencia de sus cañones, aunque hace todas las piezas. Trabaja para varios grandes y señores de la corte, para América, para Inglaterra, Francia, Rusia y otras partes, de donde le vienen encargos frecuentemente. En cada pueblo están reunidos en gremio los artistas de cada ramo, y eligen anualmente sus prohombres, á que llaman diputados (312), para el gobierno de los negocios comunes y contratas: por lo demás, cada uno trabaja para sí con sus oficiales: ninguno y nada de cuenta del Rey."

CAJA DE PISTOLAS DE DUELO DEL SIGLO XIX

En 1747, Eibar tenía 340 vecinos, 113 eran maestros y oficiales que se empleaban en el real servicio de armas de Placencia.

En el acta de la sesión que el 25 de abril de 1762 celebró el ayuntamiento de Eibar, hay una lista en la que figuran los maestros y oficiales casados trabajando en las reales fábricas de Placencia: forjadores 9, cajeros 35, chisperos 13, aparejeros 35, limadores 19, barrenadores 7, martilladores 11, rementeros 3. Total, 132. Además había 38 solteros correspondientes a todos los gremios, que, unidos a los casados, sumaban 170.

El armamento ordinario y corriente que se fabricaba en estos pueblos tenía gran aceptación por su solidez y elegancia, pero cuando se recibían encargos especiales para regalar a personajes de España o del extranjero, salían de estos talleres verdaderas obras de arte, que aún se admiran en los museos. Podríamos citar un juego de escopetas y dos pistolas de primorosa labor, que por encargo de la Diputación se hicieron para el príncipe Fernando VII en 1808; dos pistolas para el rey Carlos VI y dos sables para los infantes en 1814, con vaina de hierro sin soldadura. El mismo año se fabricaron con gran esmero las armas necesarias para los guardias de Corps, y después se han confeccionado verdaderas joyas de arte para muchos personajes, entre los cuales podemos incluir al rey Alfonso XIII, que posee varías escopetas fabricadas en talleres de Eibar.

FÁBRICA DE ARMAS DE FUEGO EN EIBAR

Paulatinamente, la labor manual se ha ido sustituyendo por la implantación de moderna maquinaria.

En el siglo XIX, las tres principales compañía fabricantes de armas eran la de Orbea y Cª, fundada en 1859 y que empleaba más de 500 obreros; la de Gárate, Anitua y Cª, especialidad en revólveres y pistolas, y la de Víctor Sarasqueta, Cortaberria y Cª, que fabricaba excelentes escopetas.

Más de medio centenar de grandes fábricas o talleres artesanales se extendían por el interior de la villa hasta las faldas de las montañas, donde trabajan cientos de obreros o familias autónomas, y que daban a Eibar un aspecto de población exclusivamente dedicada a confeccionar escopetas, pistolas y revólveres.

En 1914, se abrió una escuela de armería financiada con fondos de la villa, de la Diputación y del Estado. En su inauguración, hubo una exposición de artes e industrias vascongadas, con asistencia del ministro de Fomento y otras autoridades.

En las luchas militares en que en el transcurso de los tiempos ha intervenido la Provincia, al igual que los demás pueblos, Eibar contribuía con su compañía armada, acudiendo a los lugares que Guipúzcoa le señalara. Casi siempre el punto de destino solía ser la frontera de Francia.

El escudo de armas de la villa tiene, en campo de oro, la imagen de San Andrés con aspa roja, y sobre el yelmo un volante azul con letras de oro, que dicen: villa de Eibar. Desde el año 1908, dos ramas adornan el escudo: una de roble, representativa de la fuerza y el vigor, y otra de laurel, que simboliza la inteligencia.

FUSIL DEL SIGLO XIX DEL MUSEO ARMERO DE EIBAR

06/05/2021

Museo de la Industria armera de Eibar


El Museo de la Industria Armera de Eibar está dedicado a la conservación y difusión de la memoria histórica y el patrimonio industrial de un pueblo de gran tradición armera.

El museo alberga, entre sus piezas, una extensa colección de armas procedente de diversos fondos, como el antiguo Museo de la Escuela Armería, y una gran variedad de productos fabricados en Eibar (bicicletas, motos, máquinas de coser...).

El visitante podrá disfrutar de un recorrido por el devenir de la historia industrial eibarresa, desde el siglo XIV hasta nuestros días.

MUSEO DE LA INDUSTRIA DE EIBAR

Desde la fundación de la villa de Elgóibar, allí por el año 1346, el carácter industrial de la misma fue muy relevante. El rey se reservó la explotación de los minerales de oro y plata y la producción de las ferrerías. Esta es la descripción que en 1800 realizó Tomás López:
"Es esta villa una en las que se fabrican las armas para Placencia y en ella se trabajan al año quando menos cinco mil Cañones de fusil y Pistola, siendo los Maestros que los trabajan los mas sobresalientes de toda la fabrica; en su manifactura no usan otras Maquinas q[u]e las regulares de Fraguas, barrenos de Agua, Limas, etc. Así también en esta villa ai seis ferrerias que labran al año sobre 5 mil quintales de fierro para diferentes usos, y así estas como las fraguas de los cañonistas en la maior parte se surten del carbon (...ilegible...) Juridicción así de Conzejales como de particulares."

11/11/2019

Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta


panoramica fabrica municiones orbaizeta
PANORÁMICA DE LA REAL FÁBRICA DE MUNICIONES DE OBAIZETA

La Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial de la segunda mitad del siglo XVIII del Reino de España. Fue constituida por mandato de Carlos III, en 1784. Surgió ante la necesidad que tenía la Corona de reemplazar a la Real Fábrica de Municiones de Eugi, donde los recursos comenzaban a escasear y la producción se había reducido considerablemente.

El complejo ubicado en un desfiladero entre los montes Mendilatz y Arlekia, sobre las ruinas de una antigua ferrería. El paraje fue considerado como el más idóneo, al disponer de una extraordinaria riqueza maderera, de minas de hierro y de cursos de agua.

armas municiones ferrerias navarra orbaizeta
RESTOS DE LA REAL FÁBRICA DE MUNICIONES DE OBAIZETA

En Orbaizeta se fabricaron bombas de hierro colado, granadas y munición de diferente calibre. En las últimas décadas de funcionamiento, debido a la falta de medios, se elaboraron lingotes de hierro, que eran posteriormente refundidos en las fábricas de armas de Trubia y Oviedo.

La fábrica se articulaba en tres niveles, formando cuatro líneas paralelas de proyección longitudinal. En la plataforma superior se encontraba la zona residencial, con la iglesia, el palacio y las viviendas de los obreros. También contaba con una posada y un pequeño cuartel, para el destacamento de artilleros. En el segundo nivel se situaron los depósitos de menas, donde se almacenaba el mineral. Por último, el tercer nivel era el propiamente industrial con hornos, máquinas de viento, fraguas, talleres de modería, carpintería, cerrajerías, etc.

PLANO FRONTAL DE LA FÁBRICA DE ORBAIZETA

La fábrica de Orbaizeta estuvo operativa, en periodos intermitentes, hasta su cierre definitivo en 1882. Fue incendiada por los franceses en la Guerra de la Convención. Posteriormente, las tropas del general Javier Espoz y Mina y las del mariscal Pablo Morillo la incendiaron durante la Guerra de la Independencia, en 1813. También sufrió las consecuencias de la I Guerra Carlistas y un importante incendio fortuito en 1869.

En 2106, terminaron las obras de rehabilitación del palacio de la Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta, que fueron realizadas por la Junta General del Valle de Aezkoa con la colaboración del Ministerio de Fomento y del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, con cargo a los Planes y Programas para la conservación del Patrimonio Arquitectónico e Histórico "1,5% Cultura".

En 2017, fue declarada Bien de Interés Cultural.

ENTRADA AL NÚCLEO INDUSTRIAL DE ORBAIZETA

El núcleo industrial alberga los diferentes talleres en los que desarrollar el proceso productivo, perfectamente situados y comunicados. La implantación de este modelo dio origen a un nuevo tipo arquitectónico, que había de satisfacer necesidades y funciones completamente nuevas. Debía permitir el desarrollo de un proceso completo de producción, sin interrupciones ni pérdidas de tiempo, según las sucesivas fases del producto. Además, tenía que facilitar el imprescindible control sobre el producto y las operaciones realizadas, con el fin de conseguir un ritmo constante de trabajo y una máxima eficiencia.

NÚCLEO INDUSTRIAL DE ORBAIZETA

El taller de moldería se situaba cercano a los hornos. En él se preparaban los moldes en los que se vertía la colada. Esta operación que requería gran destreza y celeridad, se practicaba por medio de cucharas, cazos o calderas. Un toque de campana avisaba de su inicio.

TALLER DE MOLDERÍA DE ORBAIZETA

El mineral de hierro utilizado en Orbaizeta procedía de las minas de Arrollandieta (Valcarlos 16 km) y San Miguel (Olaldea 22 km). Los depósitos de menas disponían de tres compartimentos, uno para el mineral de Valcarlos, otro para el de Olaldea y un tercero para la piedra fundente extraída en La Caldera de Orbaizeta. El transporte se realizaba con sillerías. La carga de mineral se efectuaba por una pasarela aérea que enlazaba los depósitos de menas y la boca superior del horno.

DEPÓSITO DE MENAS DE ORBAIZETA

El edificio de hornos contaba con dos hornos de fundición (San José y Santiago), que se cargaban por su boca superior. Alternativamente se depositaban en su interior capas de carbón vegetal, mineral de hierro y piedra fundente. En la parte inferior se reforzaba la entrada del aire por medio de grandes fuelles. Estos fuelles eran movidos por ruedas hidráulicas. Por colación la colada fruía al crisol donde operarios la distribuían a los moldes.

EDIFICIO DE HORNOS DE ORBAIZETA

Los talleres de cerrajería y carpintería eran los talleres de mantenimiento de toda la instalación. Tanto de edificios como maquinarias. Además en carpintería se fabricaban los moldes de madera y en cerrajería las herramientas de la fábrica, montes y minas.

TALLER DE CERRAJERÍA Y CARPINTERÍA DE ORBAIZETA

En el taller de martinetes estaban ubicados cinco fraguas y dos martinetes: uno mayor y otro menor, que eran movidos por sendas ruedas hidráulicas. Una vez fundido el hierro en los hornos, la masa formada llamada zamarra, se llevaba al martinete para a base de golpes desprender sus impurezas, escorias, poros y así obtener un hierro más maleable y dúctil.

TALLER DE MARTINETES DE ORBAIZETA

En el taller de limpieza y reconocimiento de municiones se recibían los proyectiles sacados de sus moldes y a temperatura ambiente para someterlos a un proceso de limpieza: eliminación de rebabas y raspado de su superficie para quitar los restos de arenas incrustadas. Posteriormente, se realizaba un control dimensional almacenando los correctos en el patio de entrada, y desechando los defectuosos para su posterior fundición.

TALLER DE LIMPIEZA Y RECONOCIMIENTO DE MUNICIONES DE ORBAIZETA

En la planificación de todo el complejo, además de criterios productivos, también primaron otros para estructurar todos los servicios y comodidades que requería una población estable: viviendas, iglesia, escuela, posada, tienda de víveres y cuartel de defensa. El complejo fábrica-población fue una unidad autosuficiente cerrada, que cubría todas las necesidades de sus obreros, garantizando un mejor desarrollo de las diferentes operaciones.

DEPENDENCIAS DE ORBAIZETA

ESCUDO DE ARMAS DE ARTILLERÍA DE LA REAL FÁBRICA DE MUNICIONES DE ORBAIZETA