28/08/2026

Teorías sobre el origen de los Fueros medievales vascos


El Fuerismo del siglo XIX y posteriormente el Nacionalismo vasco sostuvieron la teoría de que los fueros derivaban de las libertades ancestrales y de los usos jurídicos espontáneos de los vascones de tiempos inmemoriales, y que los señores y los reyes no hicieron otra cosa que confirmarlos porque así se le exigía como requisito para aceptar su autoridad. En rigor, esta visión idealizada y mítica de los fueros surgió en el seno de la pequeña nobleza derrotada por la alianza de la Corona castellana y las villas a finales del siglo XV.
Los fueros medievales son privilegios concedidos por los reyes y por los señores a villas, estamentos y comarcas, por motivos de diversos y con diferentes propósitos. Hubo fueros para hidalgos y fueros para villanos, fueros para estimular determinadas actividades económicas o para impedirlas. Las fundaciones de villas iban generalmente acompañadas del otorgamiento de un fuero a sus moradores, porque la economía de las villas representaba una fuente de ingresos fiscales para la Corona y los señores, mientras la pequeña nobleza que dominaba los campos estaba exenta de impuestos. Por otra parte, las villas de realengo suponían un firme apoyo para los reyes frente a la nobleza y sus facciones.


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La teoría tradicional del fuero reconoce el papel fundamental del soberano como otorgante del privilegio, pero aduce al mismo tiempo que el fuero concedido por los reyes canoniza unos usos jurídicos no escritos cuyo origen radica en costumbres antiquísimas. La polémica foral vasca del siglo XIX opuso tres concepciones distintas:
1. Teoría de la concesión real o señorial del privilegio, defendida por los liberales.
2. Teoría del compromiso entre el derecho consuetudinario y la autoridad del soberano, defendida por los tradicionalistas.
3. Teoría del reconocimiento por parte de los reyes de una proto-constitución histórica anterior a la institución monárquica, defendida por los fueristas y nacionalistas.

El primer fuero que se otorgó en Navarra fue el Fuero de Jaca, en 1076, por el rey Sancho I Ramírez de Aragón (Sancho V de Navarra) y sirvió de modelo a los que siguieron dando a las villas los reyes navarros hasta el siglo XIII.
Además de los fueros de villas, en la Vasconia medieval existían fueros estamentales (de hidalgos), corporativos (de ferrones y mareantes), de castas (fueros particulares para judíos o mudéjares), eclesiásticos, etc. Lo característico del entramado jurídico medieval fue una enorme dispersión. No hay nada parecido a una legalidad uniforme. El llamado Fuero viejo de Vizcaya, que regía en la tierra llana, era un fuero de hidalgos, de codificación tardía (siglo XV) y, por supuesto, no se aplicaba a los labradores, que carecían de privilegios. Hasta las codificaciones forales del siglo XIV no existieron fueros provinciales, los llamados Fueros Nuevos, que tenían carácter y función muy distintos de los privilegios medievales.

VIDRIERA ALEGÓRICA DE LOS FUEROS DE VIZCAYA

Las instituciones representativas de los territorios aparecen históricamente en conexión directa con la conflictividad derivada de la dispersión foral. La visión romántica del fuerismo del siglo XIX contemplaba una Vasconia anterior a la Edad Media organizada en aldeas o "repúblicas" independientes cada una de las cuales se regía por su propia junta o biltzar. Toda esta visión mitológica carece de fundamento.

Las juntas no son anteriores al siglo XIV, y surgieron al mismo tiempo que otras estructuras afines en Europa occidental, donde las guerras y las epidemias diezmaron la población y debilitaron la posición de la nobleza respecto a los estamentos subalternos, que pudieron hacerse oír por los monarcas y, en muchos casos, imponer sus condiciones a los señores feudales.
En Vascongadas, como en toda Europa, se registró un descenso súbito de las rentas de la tierra, lo que impulsó a la nobleza rural a extorsionar a las villas. Para defenderse de los abusos nobiliarios, las villas buscaron el apoyo de la Corona de Castilla y se organizaron en hermandades. Las juntas fueron una consecuencia directa de estas alianzas contra los señores de la tierra llana.
En pleno declive del poder nobiliario surgiría el mito de unas juntas primigenias exclusivamente representativas de los linajes hidalgos, pero lo más parecido a esto fue la Cofradía de Arriaga, una liga nobiliaria que ejerció una poder de tipo señorial sobre Álava y Orduña y que se disolvió en 1332, entregando voluntariamente sus dominios a la Corona castellana a cambio de un fuero estamental.

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