Capitán de marina, armador y corsario entre 1624 y 1652, oficial de la Secretaría de Guerra, veedor general en la Real Armada del mar Océano en Guipúzcoa en 1630 y comandante de la Escuadra corsaria del Rosario fundada en 1636
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| FRANCISCO DE ZÁRRAGA BEOGRÁN |
Francisco de Zárraga Beográn nació en alguna villa portuaria de Guipúzcoa a finales del siglo XVI. Pertenecía a una familia de armadores navales con cierta relevancia, pues su padre, Juan de Beográn, fue armador de cierta relevancia durante el reinado de Felipe II.
Continuando los negocios de su padre, Zárraga se consolidó como uno de los principales armadores vascos del siglo XVII, sólo fue superado en volumen de armamentos por su socio Antonio de Beroiz. Compaginó esta faceta con la de oficial de la Real Secretaría de Guerra, bajo el reinado de Felipe IV.
A partir de 1624, obtuvo la titulación de capitán de marina según concesión del Real Consejo de Guerra, y empezó una nueva etapa en su vida realizando la actividad del corso marítimo, en sustitución de su padre. Durante estos años, consiguió bastantes capturas de barcos mercantes pertenecientes a países rivales de la Monarquía española.
En 1633, solicitó una patente para armar en corso a varios buques con tripulaciones francesas desde puertos de este país, con el objetivo de atacar las embarcaciones mercantes de los Países Bajos, reino con el que España estaba en conflicto en la Guerra de los Treinta Años de 1618-1638. Aquella proposición fue negada pues la Monarquía hispánica estaba aún en relativa neutralidad con el país galo, comprometiendo su estrategia diplomática, además de considerar desde la Corte que se trataba de una operación de piratería.
Tras el comienzo de la Guerra franco-española de 1635, Zárraga organizó una expedición corsaria formada por varios navíos con la que atacaron varios puertos de Labort y del suroeste francés, territorio fronterizo con Guipúzcoa y Navarra.
En 1641, solicitó una licencia a la Secretaría de Guerra para la organización de su propia flota que fue llamada Escuadra Corsaria del Rosario. Con sede organizativa en el puerto de La Coruña, estaría formada por cinco embarcaciones financiadas por sus propios medios para practicar el corso sobre las costas africanas y sobre el Reino de Portugal, que se había sublevado con la Monarquía hispánica. Zárraga tuvo grandes dificultades en la preparación de la escuadra por falta de pertrechos de guerra y de marinos experimentados, así como por no haber recibido los 6.000 ducados de gracia que le prometieron.
La actuación de la Escuadra del Rosario no fue muy productiva, pues perdió varios barcos en poco tiempo y no llegó a obtener ninguna presa de cierta importancia. Sin embargo, una galerilla suya contribuyó a la defensa de La Guardia y en la vigilancia de la ría de Vigo.
En 1642, exigió a la Secretaría de Guerra la entrega de los títulos de capitán de marina y guerra a los capitanes de su flota, entre los que se encontraban dos hijos de Pedro Diústegui.
Al tiempo que ejercía como armador de corso, continuó su carrera administrativa en la Secretaría de Guerra como oficial real. En la década de 1640, fue nombrado veedor general y proveedor de la Real Armada del mar Océano y proveedor de la Real Armada de Flandes en la provincia de Guipúzcoa. Y, en 1647, pretendió obtener los mismos cargos en Galicia.
A la muerte de Alonso de Idiáquez, en 1645, pidió la jefatura de la Superintendencia de la Escuadra del Norte, cuya solicitud fue subestimada.
Más tarde fue nombrado juez privativo y veedor del comercio contrabando en el Reino de Galicia y la frontera de Portugal.
En su último memorial, fechado el 2 de junio de 1652, poco antes de su muerte, Francisco de Zárraga relataba haber armado 31 embarcaciones corsarias a su costa y, según otros memoriales, se habían perdido 11 de aquellas 31, pero había apresado a más de 60 mercantes de países enemigos.
A pesar de sus éxitos como corsario y su incesante actividad como armador y oficial real, había perdido gran parte de su patrimonio, especialmente por la inversión que hizo en la Escuadra del Rosario que armó en La Coruña. Y, aunque obtuvo la concesión del hábito de la Orden de Santiago en 1633, nunca consiguió ser ordenado caballero por la falta de medios.


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