El 31 de Julio de 1556, fallecía el santo Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa y fundador de la Compañía de Jesús. Uno de sus compañeros realizó una máscara mortuoria de yeso, que se conserva en la Casa Generalice de Roma, seguida de varias copias en cera de dicha máscara.
En base a este molde, sus compañeros de orden encargaron la ejecución de un retrato al pintor Jacopino del Conte, uno de los máximos exponentes del manierismo romano, discípulo de Miguel Ángel. Al original retrato de Conte de 1556 se le añadió la aureola de santo después de que Loyola hubiese sido canonizado en 1622. Aunque presentaba defectos faciales producidos por la mascarilla, los primeros generales de la Compañía que sucedieron al guipuzcoano aceptaron esta imagen como representación oficial.
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| SAN IGNACIO, POR JACOPINO DEL CONTE |
En 1585, el general Pedro de Ribadeneira encargó al pintor español Alonso Sánchez Coello un retrato que eliminase los defectos del anterior, basándose en el modelo en barro de Domingo Beltrán. Este lienzo se conserva en la Casa Profesa, se hicieron 16 copias, pero el original se quemó durante la oleada anticlerical de la II República española en 1931.
Existe otro tercer molde de yeso que se conserva en la iglesia de Castel Madama, cerca de Tívoli, en el que se basó el primer retrato de perfil que alberga el Museo de Historia de Arte de Sondrio. Posee con una inscripción en el marco ejecutada por Nicola Bobadilla, uno de los primeros compañeros de Ignacio, que explica que fue realizada en 1543, con el santo en vida.
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| SAN IGNACIO, POR NICOLA BOBADILLA |
En este primer retrato de perfil se basó el grabado del pintor belga Johan Sadeler, realizado en 1580, para decorar la obra Vida de Ignacio, promovida por Pedro de Rivadeneira y publicada en Venecia, en 1587.
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| SAN IGNACIO, POR JOHAN SADELER |
En 1598, el viceprovincial flamenco Olivier Mannaerts, que había conocido a Loyola en vida, encargó un nuevo retrato a un artista desconocido porque los anteriores no expresaban la viveza de sus ojos, ni la espiritualidad de su rostro. Se encargaron varios retratos que expresara un rostro menos alargado se la cara a varios artistas, siendo uno de ellos el notable flamenco Otto van Veen. Sin embargo, sería el dibujo sobre bronce del pintor flamenco Pieter Paul Rubens, la que convenció al epistolado de los jesuitas tanto de Flandes como de Roma, que pudo mostrar al general Acuaviva en un viaje que hizo en 1600. Una copia de la original y anónima imagen oval sin bonete se conserva en la Casa Provincial de Bruselas.
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| SAN IGNACIO, ANÓNIMO |
Otros retratos también fueron tomados en consideración, como la imagen pintada por un artista anónimo sobre bronce, que se conserva en la Casa Provincial de la Compañía de Jesús en Bruselas.
















































