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18/07/2025

Racionalismo de la Inquisición española frente a las europeas


Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, en muchos lugares de Europa y Norteamérica se produjeron las "cazas de brujas" que acabaron con miles de mujeres (los brujos fueron minoría) en la hoguera o degolladas, siendo especialmente diligentes en este aspecto los calvinistas y los luteranos.

En España, en ninguno de los territorios que conformaban la Monarquía hispánica, se dio este fenómeno con la virulencia que tuvo en estos lugares, donde algunos autores hablan de centenares de miles de condenados a muerte. Esta realidad parece desilusionar a algunos autores y eruditos que hubieran preferidos procesos escandalosos para aumentar la venta de libros, artículos, documentales, etc., pero como lo que se sabe es que en España se actuó "racionalmente" en comparación con las atrocidades que se dieron más allá de los Pirineos, parece que no es tan llamativo.

Este hecho diferenciador hispano, y positivo en este caso, tiene su explicación en el pensamiento de la Contrarreforma católica. Los teólogos españoles habían sido los principales artífices intelectuales de la Contrarreforma que culminó en el Concilio de Trento y, por lo tanto, centraron sus esfuerzos en parar las herejías que podían derivar en el Protestantismo, aparte de su acoso a los cripto-judíos. Por otro lado, la Inquisición española alcanzó tal grado de eficacia que le llevó a desarrollar una profunda reglamentación y metodología en los procesos judiciales que se tradujo por extensión en garantías procesales para los inculpados.

TRIBUNAL DE LA SANTA INQUISICIÓN, POR FRANCISCO DE GOYA

Hablar de garantías en procesos que admitían la tortura como sistema probatorio es cuanto menos arriesgado, pero en comparación con otros tribunales europeos de la época (tanto eclesiásticos como civiles) sí puede realizarse tal afirmación. Hay que indicar que este fenómeno se produjo en todos los reinos y provincias de la Monarquía hispánica a pesar de que cada uno de ellos contaba con tribunales propios y cuerpos legislativos diferentes. Y esto se debe a que el Consejo de la Suprema Inquisición era el único tribunal que tenía jurisdicción en todos los territorios hispánicos, de ahí que los procesos fueran muy similares. Esto fue así al entrar esta práctica dentro de sus atribuciones desde que las Cortes de 1598 acordaran que los delitos de maleficios eran casos privativos de la Inquisición y que las demás autoridades judiciales se debían abstener de intervenir en ellos.

Esta peculiaridad ha derivado en atribuir a la sociedad intelectual española de la Edad Moderna una característica denominada Racionalismo hispano, en la que se basaría su actuación y que se fundamentaba en la negación de la brujería como herejía. De todas formas, los procesos judiciales contra la brujería se sucedieron durante todo el siglo XVII; siendo la gravedad de las penas el verdadero elemento diferenciador, pues estas fueron casi siempre de rango menor y orientadas más a reconducir conductas morales y sociales que a la erradicación de actividades heréticas (que hubieran sido mucho más graves).

AUTO DE FE EN LA PLAZA MAYOR DE MADRID, POR FRANCISCO RIZZI

El proceso de brujas de Zagarramurdi de 1610 afianzó esta tendencia intelectual a partir de aquel suceso. Y es que tuvo como consecuencia más inmediata que a partir de entonces jamás se produjeran en España juicios multitudinarios y masivos por brujería como los que se efectuaron en Europa (en algunos lugares de centro Europa hasta incluso entrado el siglo XIX).

Después de este proceso la absolución fue frecuente. Como bien afirman algunos historiadores, entre ellos Caro Baroja o K. Baschwitz, se trató de un hecho infrecuente y por eso muy destacable de la "victoria de la razón" frente a la habitual barbarie religiosa de estos siglos. Por esta razón, el proceso de Logroño a las brujas de Zagarramurdi tuvo una gran repercusión posterior, pues gracias al trabajo de Alonso de Salazar y Frías, entre otros, se llegaría a la Constitución Omnipotentis del papa Gregorio XV, publicada en 1623. Mediante esta ley se suavizan los procesos contra la brujería, y en particular en la parte en que se decreta que los brujos y hechiceros sólo serán entregados a los tribunales civiles para que fueran estos quienes ejecutaran la pena de muerte, en los supuestos de que hubiera pacto con el diablo seguido de asesinato.

Con la confesión del brujo, la Inquisición advertía:
"Que no procede en estos casos por solo la forma de ser brujos y hacer los dichos daños, si no testifican de haberlos visto hacer algunos daños, porque muchas veces lo que dicen han visto y hecho les sucede en sueños y juzgan se hallaron en cuerpo y lo vieron e hicieron con los que testifican y les figura el demonio cuerpos fantasiosos de aquellos que dicen vieron sin haberlos visto ni hallándose allí para que hagan esos daños de inflamar en peligro a los que no tienen culpa."

Julio Caro Baroja afirmó en El señor Inquisidor y otras vidas por oficio:
"Los inquisidores eran más juristas que humanistas y teólogos. La jurisprudencia más o menos secreta que podían estudiar era grande, casi tan grande como el escepticismo de muchos de ellos, acostumbrados a ver imposturas y engaños en cantidad de actos hechiceriles. En el siglo XVII los españoles, por otra parte, no tenían mucha fama como magos y hechiceros. Alguien sostuvo —con clara animadversión hacia el país— que el diablo no se fiaba de sus habitantes."

La Inquisición española, tan deleznable en otros casos, actuó en este de modo ejemplar y tras estos sucesos de Zagarramurdi y su proceso de Logroño pocos juicios de brujería figuran en los archivos inquisitoriales peninsulares con condenas capitales. Así, cabe resaltar un hecho indiscutible: si en España y sus provincias ultramarinas no se llegaron a quemar brujas al nivel de otros lugares de Europa fue básicamente gracias al Santo Oficio, que en multitud de ocasiones frenó iniciativas de tribunales civiles (señoriales, municipales, o reales) que hubieran acabado fatalmente en la quema de mujeres inocentes y en su gran mayoría incautas y simples. Pues la ignorancia y la necedad unidas a la picaresca eran en verdad lo que se escondía tras el mundo del "sabbat" con sus fiestas nocturnas convocadas al son de un cuerno soplado por el diablo a las que acudían volando los brujos y brujas sobre el palo de la escoba.

El término "inquisición" significa "investigación". De hecho, la función principal de la Inquisición española fue el de investigar el verdadero origen de muchos conflictos sociales de la Edad Moderna, a ponerles remedio aportando soluciones culturales, y a castigar a los verdaderos culpables de los desórdenes.

Fiel a la legalista tradición romana y católica, la España de la Inquisición dejó anotadas y registradas a través de las actas y sentencias de sus jueces, magistrados, notarios y escribanos cada una de las ejecuciones que llevó a cabo la Inquisición. Sin embargo, los países protestantes, en la más pura línea nórdica, nunca precisaron de una sola firma o un solo papel para enviar al verdugo en una jornada a más condenados de los que pudiese ejecutar la Inquisición española en más de tres siglos y medio. Y como quiera que parte de la cultura que hemos heredado del Puritanismo anglosajón y protestante consiste en que una gran mentira oculta equivale, si así conviene, a una gran verdad.

TRIBUNAL Y SAMBENITOS EN EL MUSEO DE LA INQUISICIÓN

En Sicilia, se fundó el primer tribunal de la Inquisición, en 1220. Estaba integrado por teólogos de las órdenes franciscana y dominica, con dependencia directa de Roma.

En Roma, siguiendo los pasos de Sicilia, se fundó otro tribunal de la Inquisición, en 1233. Aunque su intención primigenia era la de acabar con la herejía albigense que tantos daños y desórdenes habían causado, a los tres años, en 1236, aplicó competencias a todo tipo de cuestiones religiosas con implicaciones sociales.

En Francia, la expulsión de los judíos se efectuó entre los siglos XII y XIV y las persecuciones a los cátaros en los XII y XIII, donde 20.000 de ellos fueron ejecutados. El siglo XIV continuó con el exterminio de los templarios, donde fueron quemados cerca de 500 caballeros de esta orden religiosa. Durante los reinados de Carlos IX, Enrique III y Luis XIV, en los siglos XVI y XVII la represión contra los hugonotes costó la vida a 10.000 personas. Esta cifra aumenta considerablemente a 117.000 campesinos ejecutados en la población católica de La Vendée. Y durante la Revolución francesa, los jacobinos represaliaron a unos 40.000 sacerdotes y religiosos.

En Alemania, la persecución y expulsión de judíos se llevó a cabo entre los siglos XII y XIV. Ya en la Modernidad y con la llegada de la Reforma protestante liderada por Martín Lutero, la quema de brujas en los siglos XVI y XVII llegó hasta 100.000 personas. Cifra que superó la persecución contra los católicos, que llegó a 150.000 personas. El Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas) era el libro de cabecera para inquisidores. Según Lutero "las magas deben ser ajusticiadas, porque son ladronas, rompedoras de matrimonios, bandidas, asesinas,..."

En Inglaterra, la matanza y expulsión de los judíos en el siglo XIII costó la vida a 16.000 personas. Durante el reinado de Enrique VIII, entre los años 1532 y 1547, fundador del Anglicanismo, unas 72.000 católicos fueron ejecutados por no someterse a la ortodoxia de su protestantismo. En 1542, aprobó la pena de muerte contra la brujería. Por contra, María Tudor, de confesión católica, ejecutó a 300 anglicanos.

En Irlanda, Cromwell aniquiló a 60.000 católicos en el siglo XVII, prohibió el Catolicismo y confiscó numerosas tierras. En 1652, el Parlamento inglés aprobó una ley para que los sacerdotes católicos sean colgados, decapitados, descuartizados y quemados, y después sus cabezas sean expuestas en público.

En Escocia, John Knox prohibió el Catolicismo en 1559 y 1.000 mujeres fueron quemadas al ser acusadas de brujería.

En Dinamarca, Suecia y Noruega, de confesión luterana, la pena de muerte para los sacerdotes católicos se aplicó mediante una ley desde 1624 hasta 1815.

En Holanda, de confesión calvinista, se realizó una dura persecución contra los católicos desde 1573 hasta 1795. Durante los siglos XVI y XVII, la quema de brujas provocó la ejecución de 60.000 personas.

En Suiza, el líder protestante Juan Calvino es responsable directo de 569 ejecuciones en la hoguera. Una de estas fue la de Miguel Servet, científico español que descubrió la circulación pulmonar de la sangre, quemado en una hoguera de Ginebra en 1553. En el siglo XVII, 10.000 personas fueron quemadas en la hoguera por brujería.

En Bohemia, actual República Checa, tuvieron lugar las Guerras husitas de carácter religioso. El líder Juan Huss fue condenado a la hoguera en 1415.

En España, la Inquisición español actuó desde finales del siglo XV hasta el siglo XIX. En total se contabilizan a 4.333 personas ejecutadas, de las cuales: 3.748 fueron condenadas por judaizantes, 280 por moriscos, 150 por protestantes, 130 por sodomia o bestialismo, y 25 por superstición o brujería.

Robert Fleury Galileo santo oficio
GALILEO ANTE EL SANTO OFICIO, POR JOSEPH NICOLAS ROBERT-FLEURY

A principios del siglo XVI, los países que adoptaron la Reforma protestante sustituyeron la tradicional Inquisición católica por un terrorífico sistema de represión religioso-político. Pocos, años antes, había aparecido la Inquisición española, mucho más justa y menos violenta que cualquiera de los sistema represivos protestantes.

Un ejemplo comparativo podría hacerse entre España e Inglaterra. En los 350 años que duró la Inquisición española, fueron condenados a muerte poco más de 4.000 personas (descontado algunos casos donde el procesado estaba fugado o en rebeldía y se quemaba una efigie o monigote en forma simbólica). En diez veces menos espacio de tiempo, en 35 años, el sistema represivo inglés ejecutó a unas 200.000 personas, es decir 50 veces superior.

Según la ortodoxia protestantes, la libertad religiosa que propugnó Lutero consistía en que el pueblo entero tenía que someterse a la religión del rey, convirtiendo a la Iglesia en una herramienta al servicio del gobernante. En Inglaterra, Enrique VIII de Tudor se desmarcaba de la Iglesia católica para fundar la suya propia, la anglicana, con el propósito de que avalaran los divorcios y matrimonios que le convenían. Así, se modificó la naturaleza de la Carta Magna y del Parlamento, y se obligó a creer en la nueva Iglesia a todo el pueblo. Su sucesora, María Tudor, católica, hizo al pueblo volver a la obediencia de Roma. Después, Isabel, que era anglicana, obligó a los ingleses a convertirse a al anglicanismo de nuevo. Por último, Cromwell, puritano, obligó al pueblo inglés a hacerse puritano. Cada una de las conversiones de la Monarquía inglesa hacia un nuevo orden cristiano, fue seguido de una oleada de terror, persecución y ajusticiamiento a todo aquel inglés que no se sometiera a la religión oficial del su rey de turno.

Esto en los que provocó que decenas e incluso centenares de miles de "infieles" católicos fuesen ejecutados por un sistema religioso represor dependiente del político.

Aunque España fue el último país en abandonar la Inquisición, ya hacía mucho tiempo que no ejecutaba a muerte a supuestas brujas. La última fue la adolescente catalana Magdalena Duer, ejecuta en 1611; mientras que en Suiza la última ejecución con Anna Göldin en Glaris fue en 1782, en Europa occidental, y en Polonia en 1793, en Europa oriental.

Anónimo, sobre la Inquisición española:
"merced a la puntuosa burocracia de la monarquía austríaca, todos y cada uno de los chicharrones que hubo, muchos pero no tantos, figuran debidamente registrados los procesos, nombres y apellidos. Cosa de que no pueden presumir, por cierto, los gabachos del cristianísimo rey de Francia, los malditos herejes de más arriba o la Inglaterra siempre falsa, miserable y pirata; que cuando quemaban ellos lo hacían alegremente y a montón, sin orden ni concierto y según les venía en ganas o en intereses, condenando atajo de hipócritas."

SANTO DOMINGO PRESIDIENDO UN AUTO DE FE, POR PEDRO DE BERRUGUETE

02/05/2024

Creencias heréticas, aquelarres y caza de brujas en Euskal Herria


Tanto la parte española como la francesa de Euskal Herria presentó un escenario ejemplar que ilustra y esclarece toda la creencia herética y todo el pensamiento esotérico y ocultista de la Edad Moderna.

Los documentos, libros teóricos, actas notariales y procesales en los que se escribía la historia de la brujería provienen de gentes cultas que escriben en castellano o francés, e incluso en latín, nunca en euskera, la lengua que utilizaban las gentes más pobres y analfabetas. Los redactores de estos documentos durante los siglos XVI y XVII fueron cargohabientes, propietarios nobles que disponen de una lógica instruida y de recursos retórico-semánticos gracias a la teología renovada de la época y por un especializado cuerpo jurídico, dando a las redacciones sobre brujería un sentido moral y un espacio simbólico muy peculiar.

Así es como Lancre, Castañega, Lope de Isasti, D'Echaus, Irarraga, los Urtubia y Amu, los Ubilla y tantos otros cargohabientes estructuraron el discurso mediante un encadenamiento vertical que regulaba una ontología soberano-súbdito en virtud de determinadas propiedades y nobleza cristiana. Es decir, una relación jerárquica entre Dios y los hombres, que si se aceptaba sin alteraciones posibilitaba un buen curso de la vida y hasta la victoria en las guerras con la ayuda de Dios, por ejemplo, en el sitio de Fuenterrabía contra los franceses.

EL AQUELARRE, POR FRANCISCO DE GOYA

De la misma manera, también existía una relación jerárquica y personal entre el Diablo y el hombre, que posibilitaba entender la génesis del mal, es decir, la consecución de desastres e infortunios a los hombres. Las catástrofes naturales, las cosechas perdidas, las plagas de enfermedades, etc., fueron entendidas por las élites cultas como presencias físicas y carnales del diablo.

El franciscano Castañega representó esta dualidad en algunas imágenes de "mimesis" (dios/diablo; apostasía/adoración; sacramento/execramento; etc.). La apostasia consistía en la oficialización de misas satánicas, en la adoración al diablo mediante un pacto con el mismo.

Esta mentalidad crea su imagen del sabbat, basada en las imágenes lúbricas de símbolos caprinos atribuidas a Satán durante las persecuciones de herejes cátaros en Francia. Se representa al diablo como actor principal de atrocidades en imágenes en las que aparece de noche, pisando la cruz o profanando la eucaristía (misa negra), sacrificios de niños, orgías lujuriosas, canibalismo, etc.

Se plantea un nuevo imaginario teológico sobre cómo hablar con Dios, la naturaleza de la conversación, metodologías espirituales, etc. Al mismo tiempo, se diseña su antagónico, un nuevo imaginario demonológico que describa al sabbat: hombres y mujeres adoran al diablo en forma de hombre-cabra, y realizando todo tipo de antisecrametos, actos lúbricos e impíos y sacrilegios, A cambio, el diablo les concede a dichas personas la capacidad de hacer el mal.

MALLEUS MALEFICARUM, POR SPRENGER KRAMER

La creencia del pacto con el diablo quedó expuesta en el siglo XV por los frailes Institor y Sprengel mediante su tratado demonológico Malleus maleficarum. Desde el siglo XVII, la brujería no sólo consistiría en un crimen religioso-teológico, también político, gracias a las aportaciones de P. De Lancre, F. Laborie o N. Perkins. Hacer brujería, pactar con el diablo, era romper con el pacto originario de soberanía real de Dios depositado en los hombres para su autogobierno y encabezada por el rey, lo que significa traicionar al soberano. La persona maléfica debería ser ejecutada, como el rebelde que traiciona a su Soberano político.

Esa conceptualización personificada del mal como sabbat es lo que se hacía público en los sermones y bandos de busca y captura de brujas y brujos o "jurguinas" en la montaña pirenaica.

La descripción que De Lancre hace del sabbat es muy barroca, imposible de originarse en la mente inculta aldeana, pues destaca la naturaleza imitativa de Dios con escenas dependientes de la teología y de la erudición artística. Para De Lancre lo que más ambiciona el Diablo es ser reconocido como Dios verdadero tratando de emular la divina majestad.

Sin embargo, los deseos de la gente ágrafa y analfabeta no eran de índole teológico-jurídicos, sino ligados a las rutinas de la vida. La imagen popular de la "simetría del mundo" no era la de Dios/Diablo, sino la del trabajo/descanso, sufrimiento/goce, representando los pocos ratos de placer, de panza, danza y holganza, lejos del sometimiento a nadie y menos al Diablo.

pintura penitentes sambenito inquisición condenado
PENITENTES CON SAMBENITO, POR A. SCHOONEBECH

Las creencias populares sobre los curas malditos estaban asociadas a la imagen de la búsqueda del placer y goce. Relatos populares y narraciones satíricas de curas ociosos que cazan, que mantienen ligues amorosos y que no trabajan fueron contados por los acusados de brujería ante los inquisidores.

Para De Lancre, los curas que hacían mal uso de su ministerio eran aquellos que se daban al servicio particular y al culto de Satán, verdadero enemigo de Dios. Su retórica de "la imitación" también representaba a Satán en la tierra como a un mono, de la misma manera que el hombre está hecho a imagen y semejanza (imitación) de Dios.

Lutero llegó a afirmar que los diablos habitaban en "los loros y en las cotorras, en los monos y macacos, para que ellos puedan así imitar a los hombres". Algunos escritos inquisitoriales cuentan, entre otras imaginaciones, como los brujos y brujas trasformados en animales (gatos, perros, mulas, etc.) se dedicaba a asustar a los solitarios caminantes, o como tenían un sapo vestido que les recordaba las citas de los aquelarres.

El juez francés persiguió como un mal a Dios la práctica abortiva común entre las comadronas: "a que las parturientas consientan en abortar para que con los huesecillos y cuerpos se fabriquen venenos y contribuyan maravillosamente las comadronas del país, pues las madres les dejan hacer el oficio de verdugo ante su propia vista, prestando consentimiento, por mandato de Satán..." En cambio, el pueblo inculto siempre ha ejercido con bastante prudencia y conocimiento las prácticas abortivas y contracepción.

aquelarre grabado brujería
REPRESENTACIÓN DE UN AQUELARRE

El discurso de Lancre, sobre un supuesto sabbat de vascos denominado como aquelarre, está basado en un supuesto pacto con el diablo que él diseña, no sólo tiene una intención religiosa, pues alcanza incluso un carácter político. Las apetencias desorientadas del ser humano que sólo el Diablo colmaría son el "deleite carnal" y la "inteligencia y conocimiento de las cosas"

Este segundo deseo, "la codicia del saber" o "el saber de las cosas ocultas y venideras" es lo que Lancre interpretaba como arte adivinatorio u ocultismo que trata de esclarecer o conocer una "sorguina". Sorguina es el término eusquérico de brujo o bruja con carácter de "agente de adivinación". Y apelando a su propia experiencia de acompañante de inquisidores, informa "que las mujeres pobres y clerigos necesitados e codiciosos, por officio toman de ser conjuradores, hechizeros y adevinos por se mantener e tener de comer abundantemente; y tienen con esto las casas llenas de concurso de gente".

Pierre De Lancre mostraba a un aldeano vasco bastante extraño, narcotizado por saber curar enfermedades y por poseer conocimientos útiles.

Por otra parte, el banderizo vizcaíno Lope García de Salazar reconoció en su libro que los vascos eran aficionados a consultar sobre objetos perdidos, sobre la marcha de asuntos venideros (cosechas, ganados, viajes, etc.) y por las ordenanzas municipales. En aquellos tiempos en que no se disponía de meteorología ni medicina científica, no era nada anormal consultar a gentes especialistas en conocimientos prácticos, que se supone podría prever o remediar en cuestiones donde el interesado se jugaba la vida, los bienes o el destino personal.

Lo que en aquella época fueron considerados conocimientos prácticos, hoy en día serían tomados por conocimientos paranormales. Pero en aquellos tiempos fueron hasta utilizados y estudiados por nobles y hasta reyes. El mismo Felipe II reunió en su biblioteca numerosos libros con temas que hoy definiríamos como paranormales y sobrenaturales; el propio palacio de El Escorial está construido bajo arcanos mágicos de la época; incluso un presidente de la Inquisición recurrió a un niño que se decía que podía hablar con Lucifer para que le preguntara sobre el mal que acechaba a Carlos II el Hechizado acerca de su nula fertilidad para dejar descendencia monárquica.

Pinturas sabbat Brujas Cátaros akelarre
REPRESENTACIÓN DE SABBAT Y AQUELARRES

La cotidianeidad de la magia y de lo exotérico en la sociedad española del siglo XVII estuvo aceptada por la Iglesia a todos los niveles: reyes que consultaban astrólogos, validos que hacían conjuros para engendrar, alcahuetas que creaban virginidades y curaban impotencias. En España, esta realidad social contribuyó, sin duda, a relativizar las prácticas de la brujería y ajustar mejor su trascendencia, pero no fue vista así por los inquisidores de otras muchas partes de Europa.

La gente sabía diferenciar entre agentes que sabían curar o predecir y agentes que no. La mentalidad de la época de las gentes conectada con el entramado cultural en el que viven consideraba natural pedir un diagnóstico y aconsejar terapia.

Castañega en su Tratado de limpieza en el Pirineo navarro y otros tantos autores demostraron que tan solo se trataba de una cultura de prevención y protección consistente en ciertos usos tradicionales basados más en la tradición que en la ciencia. En cambio, la Iglesia no se preocupó de conectar con esa cultura de prevención y protección, sino que más bien la satanizó y persiguió, construyendo un sistema de signos ininteligible para el aldeano, un sistema interpretativo basado en la teología demonológica, un saber oculto para la gente inculta.

Elaboró un compendio de diferencias entre acciones que los eclesiásticos consideraban lícitas y acciones diabólicas; acciones curativas derivadas de la creencia en ciertas propiedades naturales como llevar colgado raíces o frutos que eliminan ciertas enfermedades y dolores, o bien acciones de brujería consideradas supersticiosas porque van seguidas del pronunciamiento de ciertas palabras mágicas en cierta manera y que se consideran pacto verbal con el diablo.

BRUJAS Y MUSAS

Surgió un cruce de mentalidades distintas: por un lado, la mentalidad aldeana y las creencias de ciertas fórmulas curativas paranormales o pseudonaturales y fuerzas mágico-rituales (reliquias, vestimentas, frases, cantos o procesiones); por otro, las creencias teológicas basadas en el Viejo Testamento para sanar o ayuntar males cuya fórmula es la pronunciación de ciertos latines como por ejemplo "Salve Regina".

Así pues, el "venció la raíz de David aleluya" dicho por los curas, era lo mismo a efectos prácticos que el "con esta raíz en el cuello venceras a tu enfermedad, o se irá tu mala suerte" dicho por los aldeanos. Pero a efectos legales para los eclesiásticos no era lo mismo un "Salva nos Christe" que un "venció el león de la tribu de Judá".

Castañega pretendió combatir una brujería que no existía, brujería que no estuvo instalada en la mentalidad y sistema de creencias del campesinado vasco, pero que la Iglesia local trató de construir al objeto de importarles su poder semántico y volverla más gobernable, según requerían las autoridades políticas.

Fue una fractura cultural la que aquel franciscano hombre de letras entronizó en el monasterio de Aránzazu llevando a su Orden a la insensatez de suponer que la cultura de sus padres tenía aspectos diabólicos, haciendo aceptable que se les apresara, torturara y condenara a la hoguera, cuando únicamente se trataba de familiares que pensaban que la vida era posible vivirla con más previsión y control, y que sanar era algo legítimo.

Lo cierto es que la palabra vasca "akelarre" nada tuvo que ver antes del juicio de Logroño a las supuestas brujas de Zugarramurdi, en 1609. Era un topónimo que hacía referencia a "akerlarre" (prado del Macho Cabrío) o a "akelarre" (prado de las Flores de Alka), y que como se decía que tales brujas se juntaban en tan o cual prado, se quedó la palabra para denominar a la reunión de brujos y brujas. Solo era una mala traducción interpretativa durante el proceso de Logroño, seguramente hecha por el inquisidor más cruel, Valle Alvarado.

CUEVA DE ZUGARRAMURDI

24/02/2023

Rutas navarras de la Brujería


La Santa Inquisición persiguió brujas en Navarra entre los siglos XV y XVII. Bajo acusaciones tan inverosímiles como la participación en aquelarres, la práctica de la medicina natural, el desconocimiento de otro idioma que no fuera el euskara o el excesivo gusto por los bailes festivos, miles de personas fueron sometidas al tormento y al fuego purificador.

En el Pirineo occidental hay varios enclaves relacionados con ello, siendo la redada de Zugarramurdi el hecho más conocido con una decena de ajusticiadas. Zugarramurdi e un municipio de 240 habitantes que mantiene vivo el recuerdo de aquel suceso. Siguen en pie las arquitecturas tradicionales que recuerdan cómo era el pueblo cuando acontecieron los hechos. Uno de estos edificios es sede del Museo de las Brujas, que explica qué se entendía por brujería y qué significaba ser perseguido por ello. A unos 400 metros está la cueva donde se cree que tenían lugar los aquelarres.

Pero la actuación de la Inquisición española se queda a la altura del barro en comparación con los desmanes genocidas del jesuita aquitano Pierre de Lancre al lado norte del Pirineo navarro: cerca de 600 labortanos fueron quemadas en sólo unos meses y un cupo de más de 3.000 supuestos hechiceros y brujas acusados en pocos años.

CUEVA DE ZUGARRAMURDI

Por estos parajes navarros transcurren las Rutas de la Brujería, que forman cuatro itinerarios cuyo inicio está en Zugarramurdi.

La ruta de Las primeras persecuciones de brujería en Navarra discurre por los valles de Roncal, Salazar y Roncesvalles.

El itinerario Frontera, superstición y brujería pasa por poblaciones como Urdax, Zugarramurdi, Baztán, Bertizarana, Arraioz, Bera y Santesteban.

Otro de estos recorridos sigue por tierras navarras hasta llegar a La Rioja, cuya capital Logroño, acogió en el siglo XVI el Tribunal de la Santa Inquisición, donde se juzgó el conocido caso de Zugarramurdi, celebrado en 1610.

La ruta francesa en dirección a la Navarra continental (Iparralde) recorre las siguientes plazas de aquelarres: Zugarramurdi, Sara, Azkain, Ziburu, o Larrun y Senpere, cuyo castillo pasó de lugar brujeril a base de operaciones del mencionado funcionario francés encargado de los juicios.

VENTANAS DE CASERÍOS EN SARA

La ruta francesa comienza en el centro de Zugarramurdi, como cualquiera de los otros tres recorridos, en dirección a la Gruta de la Bruja. Continúa por el carril vecinal, dejando a la izquierda el desvío a las cuevas de Sara y pasa ante una casa para descender ya por firme de cemento.

Tras un paraje de prados y arboledas, el camino llega ante los portillos de dos edificios que ejercen de establos. Continua por una pista de tierra a la izquierda de la de los portillos, desviándose en la primera opción a la derecha. Pasa un arroyo y en el posterior cruce gira a la derecha, al establo de la izquierda. Pasa por delante, yendo hacia el pasto, en cuyo acceso hay un sendero descendiente a la izquierda que encauza con la conexión al arroyo de Uraundi. Transita parejo a las aguas hasta que el sendero finaliza y encuentra un punto donde cruzar con facilidad el curso fluvial.

El camino debe conectar con una carretera vecinal, que se toma por la derecha, hacia el norte. Primero, arriba ante un puente y unos caseríos, seguido por la carretera que llega a otro núcleo. Desde allí parte el sendero GR-10, y el primer cruce con una vía mayor marca la dirección a Sara.

Tras otro cruce y un trayecto por asfalto, llega a unas escaleras adoquinadas por una loma herbada, que son la antesala de Lehenbiskai, unida por una calzada medieval a Sara. Allí, tras pasar por la plaza principal, se cruza por el callejón entre la iglesia y el frontón. Está balizado con franjas amarillas y las marcas del GR-8, y va al cementerio nuevo por la antigua calzada.

EDIFICIOS EN SOKOA

Por el enlosado medieval recuperado, se rodean los caserones de Helbarrun y sus dos oratorios. Siguiendo las balizas y el letrero a Suhalmendi, se hace cima a 301 metros. La bajada por el lado opuestos conecta con una pista que sobrevuela el barranco de Arraioa. Al desdoblarse, continúa el descenso por la izquierda, con una gran cruz de madera, hasta la borda de Martinhaurren y el montículo de Bizkarzun a 184 metros. Tras pasar el arroyo, se llega a los caseríos de Arraioa. Por asfalto, la ruta sigue las balizas amarillas hasta un cruce de la carretera de Azkaine (Ascain). En la iglesia, se toma la dirección a la carretera de Donibane Lohizune (Saint Jean de Luz), que se abandona en el cruce en dirección a Ziburu (Ciboure).

El camino coincide con el curso del río Urdazuri (Nivelle), que termina en las casas de Dorria, a donde llega por asfalto tras una pasarela. Tras abandonar el pueblo, sigue en paralelo al barthe, un llano cultivado y regado por las crecidas del río Urdazuri, que acaba en un puente sobre la autopista A-63.

Tras llegar al espacio deportivo de Ziburu (Cuboure), continua por el carril bici y por el paseo fluvial, que entra en la villa. Marcha de forma pareja a la desembocadura del río en la bahía dispuesta entre Sokoa y Donibane Lohizune (Saint Jean de Luz), para acabar en la playa de Briquet Baita. El camino de ida de esta Ruta francesa de la Brujería termina en el fuerte de Sokoa.

MARCA DE LA RUTA DE LAS BRUJAS

El viaje de vuelta se realiza de idéntica manera al de idea en los que es el tramo entre Ziburu (Ciboure) y Azkaine (Ascin).

Una vez allí, el camino debe superar el monte Suhalmendi y el cruce del arroyo de Arraioa, para continuar por la margen derecha, tras las balizas amarillas. Al llegar a un carril asfaltado, continua por el camino de la izquierda de la bifurcación, es el más angosto. Arriba a la borda de Legure y conecta con el collado de Suhalmendi, regresando a Sara por el GR-8.

La ruta continua hasta Lenhenbiski, pero cruzando la carretera tras el icono de un caballo rupestre y las indicaciones azules. Se asciende a la loma de Santa Bárbara, pasando entre caseríos.

Tras pasar un cruce con la carretera, continua un tramo por carretera y el resto por pista. La otra opción es cruzar la vía y el río, siguiendo los senderos que senderos que atajan entre prados hasta el sendero baladizo del entorno de Garbala. En cruce, no lleva a los apartamentos de la villa, sino que gira a la derecha en ascensión, y tras pasar una borda, continúa hasta el segundo sendero de la izquierda. Dejando el depósito de agua y pasando sobre las cuevas de Sara se llega al aparcamiento de las grutas. El último tramo sigue las balizas del sendero local, que es la senda de las brujas, y tras las cuevas de Errotazaharrea, finaliza en las de Zugarramurdi.

RUTA FRANCESA DE LA BRUJERÍA

06/07/2022

El brujo volador de Bargota


El llamado Brujo de Bargota reúne buena parte de los tópicos que caracterizan a la brujería medieval. Johanes de Bargota nació en esta localidad navarra o, tal vez, en la riojana Rincón de Soto. Tras estudiar en la Universidad de Salamanca, se estableció como clérigo en Bargota, mezcló la ciencia con la magia, la prestidigitación y la nigromancia.

La leyenda cuenta que podía desmembrar la cabeza del cuerpo, lo que hizo una vez en una fonda de Pamplona durante unos Sanfermines, o que se trasladaba volando.
Para asistir a la corrida de toros en homenaje a la boda real entre Felipe III y Margarita de Austria, que se celebró el 18 de abril de 1599, exclamó:
"¡Nube del mes de abril, llévanos a Madrid!"
Otro día de agosto llegó a la iglesia antes de la misa y ante la presencia de todos se sacudió la nieve que llevaba en su capa mientras exclamaba:
"¡Ay, qué diablos… cómo nieva en los Montes de Oca!"

ESCULTURA DEL BRUJO DE BARGOTA

La Cofradía de Arcabuceros de Torralba le denunció y fue acusado de brujería además de ser sospechoso de la muerte del Conde de Aguilar, por lo que fue encerrado y juzgado por el Tribunal de la Inquisición de Logroño, en 1610. Al parecer, este personaje debió crearse un papel y lo mezclaba con diversos trucos, puesto que en su proceso entregó al vicario libros y objetos de magia como dos cabezas de goma con notable perecido a sí mismo. Salió del trance tras un año de prisión y otro de llevar el sambenito, un capote amarillo con lenguas de fuego que se ponía a los condenados y reconciliados. Y dicen que volvió a Bargota arrepentido.

En la actualidad, Bargota forma parte de la Ruta de la Brujería y rememora su figura con la Semana de la Brujería.


CARTEL DE LA SEMANA DE LA BRUJERÍA EN BARGOTA

01/04/2021

Las Brujas de Zugarramurdi, por Mikel Azurmendi


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LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, POR MIKEL AZURMENDI

Las Brujas de Zugarramurdi. La Historia del Aquelarre y la Inquisición
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, (2013), 224 páginas

Entre 1609 y 1612, docenas de aldeanos de las regiones que hoy pertenecerían a Navarra y País Vasco murieron a causa de la brujería. Pero, al contrario de lo que la leyenda y el desconocimiento podrían afirmar, no fueron las artes oscuras de hechiceros o brujas lo que acabó con sus vidas: todas ellas fueron víctimas de la justicia, que condujo al ahorcamiento y quema pública de ochenta personas en el Labourd y ocho en Logroño, donde se encontraba el Tribunal de la Inquisición y previamente habían fallecido trece personas en las mazmorras.

¿Qué ocurrió para que en las cuencas del Bidasoa y el Baztán tuviese lugar un proceso de criminalización vecinal y persecución que llegó a marginar sectores enteros de la sociedad? Por una parte, la intervención del monarca francés Henri IV, que acabó con la útil y frecuente solución parroquial de las acusaciones de brujería, que solía concluir de manera pacífica, e impuso la intervención externa de una Comisión contraria a las directrices de la Inquisición, que no creía en brujas, pactos diabólicos y la utilización de castigos.

La nueva situación condujo a "la incomprensión de las nuevas acusaciones del tribunal por parte de los acusados; encierro nocturno de los niños y adolescentes en las iglesias para que no les raptase el diablo; aprovechamiento de ciertos vecinos para dar listas de acusados a niños a trueque de incentivos económicos; amenazas, castigos y torturas de vecinos por otros vecinos para que se autoacusasen", explica el profesor y antropólogo Mikel Azurmendi a El Confidencial. "En fin, un querer salvarse cada cual como fuere, aun recurriendo a la delación falsa".

Azurmendi ha expuesto en dos libros, el ensayo Las brujas de Zugarramurdi (Almuzara) y la novela Las maléficas (Hiria) lo acaecido en la aldea navarra y la comarca de Bidasoa durante aquellos años, siguiendo la obra del historiador Julio Caro Baroja y desmintiendo las visiones tópicas que sobre el proceso ha dado la cultura popular, como es el caso de la reciente película de Álex de la Iglesia.

Se pregunta el escritor: 
"¿Cree alguien que sea meramente sensato hacer aparecer en su film a una víctima de Zugarramurdi, Graciana de Barrenechea (septuagenaria muerta entre sufrimientos horribles en las mazmorras de Logroño) solazándose en rituales libertarios demoníaco-lúbricos?"
"¿Cree alguien que se premiaría hoy en Europa una película donde a una víctima de Auschwitz se la propusiera como personaje báquico proclamando la excelencia de ser cocinada en el horno junto a millones de compañeros judíos?"
La fecha de inicio de los luctuosos acontecimientos es 1608, cuando los señores de Urtubi-Alzate y Sant Per solicitan ayuda urgente al monarca francés "para limpiar de brujas el país de Labourd" tras un conflicto de facciones en San Juan de Luz. Ese mismo año es creada una comisión con plenos poderes de represión que haría huir a la población labortana hacia España y una mujer de Zugarramurdi acusa a varias vecinas de brujería, lo que provoca que el abad de Urdax solicite ayuda a la Inquisición. Explica Azurmendi:
"La aldea quedó partida en dos pues un tercio de ella quedó acusada y lista para pasar a ser llevada ante el tribunal de Logroño."
Los inquisidores Becerra y Valle Alvarado dieron pábulo a la teoría de la brujería y acuñaron el término de aquelarre para nombrar las supuestas reuniones de hechiceros y brujas en el bosque. Un proceso en el que el funcionamiento del tribunal favorecía la delación del vecino: "La manipulación de los niños/adolescentes por los párrocos de Vera de Bidasoa y de Lesaca fue infame; el que esos chavales contasen a sus padres como si fuesen historias verdaderas sus sueños y ensueños nocturnos ponía a los progenitores en el disparadero más terrorífico", explica Azurmendi. "Si hacían confesar a su chaval que era brujo pero que había sido captado por X, el chaval era perdonado y la familia no tenía nada que temer."

En el Auto de Fe de Logroñocelebrado entre el 7 el 8 de noviembre de 1610, 18 personas salvaron la vida al confesar sus culpas, pero otras seis fueron pasto de las llamas. En los meses siguientes, la situación degeneraría de tal modo que en abril de 1611, el obispo de Pamplona escribiría una carta al inquisidor general en la que hablaba del "deterioro" de la situación social provocada por los predicadores enviados por Felipe III en la que se producía la tortura y asesinato de vecinos. 


Mucha ideología, menos religión

Hay que entender lo ocurrido como la consecuencia de un proceso de cambio en la historia europea, que Azurmendi considera como el momento en el que nace la ideología, es decir, "el abandono de tener que legitimar el estado de cosas político-social de la monarquía mediante la pura religión y su reemplazo por formas simbólicas y culturales de legitimación mucho más complejas, como por ejemplo, el pacto con el diablo considerado como crimen político de lesa majestad divina punible con la pena de muerte".

La acumulación de poder (judicial, legislativo y coercitivo) en manos de los monarcas absolutistas los empujó a buscar nuevas coartadas para emplear mano dura con el pueblo con el objetivo de pugnar en fronteras, como la del Bidasoa, la más antigua de Europa:
"Para levantar esa frontera hubo que construirla antes en la imaginación de los fronterizos: a base de amedrentar a la población fronteriza que ni hablaba francés ni español y que la traspasaba sin saber que pasaba una frontera. La persecución de una supuesta brujería echó el cemento para sedimentarla en la mente de la población."
Azurmendi compara repetidamente la situación vivida en las aldeas con aquella que tuvieron que afrontar los internos de los campos de concentración. Por una parte, "la situación de absoluta alienación de la personalidad en la que quedaba el campesino acusado, arrancado de su familia, llevado preso a cien kilómetros de su aldea, encerrado en una mazmorra, incomunicado bestialmente durante meses o años y sometido a incomprensibles interrogatorios hasta que se declarase culpable, si no quería ser sometido al tormento o tortura". Aquellos que lograron sobrevivir a las acusaciones, "quedaron como despojos humanos".


La persecución que se repite a lo largo de los siglos

Un círculo vicioso del terror que favorecía la denuncia del vecino, y que el antropólogo considera parte del "lote humano de nuestras sociedades". "Entre nosotros, los vascos, hasta ayer mismo un vecino siempre podía decir ‘algo habrá hecho’ ante un asesinado de ETA para quedar bien ante otros vecinos o hasta podía denunciar a alguien para congraciarse con ellos", añade Azurmendi con conocimiento de causa, ya que ha sido víctima de dos intentos de atentado por parte de ETA, lo que le hizo abandonar en 2002 su plaza en la Universidad del País Vasco y marcharse a Estados Unidos.

La invención de enemigos ha sido, pues, un proceso recurrente a lo largo de los siglos. "Si tú quieres volver independiente el País Vasco, inventas que existe un conflicto político ancestral entre España y el País Vasco, te inventas batallas inexistentes de los vascos contra los españoles, borras de la memoria los hechos incontrovertibles de vinculación económico-social entre la tierra vasca y la española", explica el profesor. "A ese conflicto lo calificas de genocida y decides hacer una lucha terrorista contra España –que llamas ‘frente militar’– para que parezca que hay un conflicto armado entre España y País Vasco."

"Mutatis mutandis, con la brujería pasó algo similar. Los teólogos forjaron para sí una imaginación demoníaca completamente nueva y, persiguiendo a la gente y obligándola a confesar lo que ellos querían, creyeron que era real aquello que habían imaginado", añade Azurmendi, que asegura que ha escrito los dos volúmenes "pensando en las víctimas, en los únicos perdedores de la historia".


Un héroe para la eternidad

La razón por la que lo ocurrido en Navarra es uno de los procesos contra la brujería más conocidos de Europa es la localización en el año 1968 por Gustav Henningsen de toda la documentación inquisitorial, como explica Azurmendi, "pormenorizada hasta un extremo insólito gracias a un inquisidor de aquel tribunal que, tras desconfiar del procedimiento ilegal de sus dos colegas de tribunal, habló con más de mil acusados y levantó miles de folios de testimonios de víctimas y testigos directos".

El justiciero se trataba de Alonso de Salazar y Frías, que se opuso a las teorías sobre la brujería fomentadas por puro interés y que consiguió, finalmente, que en 1614, que la Suprema de la Inquisición "se excusase de su mala información y de graves errores en toda aquella persecución, y adquiriera el compromiso de nunca más ajusticiar a nadie por brujería tras haber concedido amnistía completa a los penados en el Auto de Logroño de 1610".

En 1617, el justiciero inquisidor informó al Alto Tribunal que la paz había retornado a la zona, lo que puso punto y final a uno de los episodios más oscuros de la historia de Europa, pero también de aquellos que mejor pueden ayudarnos a entender nuestro presente. Concluye Azurmendi:
"Para mí las víctimas del terrorismo etarra, del yihadismo musulmán, de las monarquías antiguas o modernas, de los nacionalismos nazifascistas o comunistas así como las de los inquisidores son igual de inocentes y la injusticia cometida contra ellas requiere nuestra mirada no sólo compasiva sino la que hagamos buscando la verdad."

16/09/2020

El naufragio de la flota de Antonio de Oquendo por brujas y tempestades


El 1 de enero de 1607, cuatro de los nueve galeones de la denominada Escuadra de Vizcaya naufragaron frente a las dunas de Bidart, en la costa francesa del golfo de Vizcaya. La flota, al mando del general guipuzcoano Antonio de Oquendo, se dirigía de Lisboa a Pasajes para invernar. Fue sorprendida en el mar Cantábrico por un gran temporal del oeste. Cinco de las naves entraron de arribada forzosa en diferentes puertos, en Santander, Pasajes y La Coruña, pero las cuatro restantes, tras romper el timón, se vieron arrojadas a la costa vasco-francesa. Entre los escasos supervivientes estaba el propio Oquendo.

El número de víctimas según el historiador Cesáreo Fernández Duro llegó a las 800, aunque Doyhamboure y Dupré-Moretti, manejando nueva documentación, lo cifran en 232.

Lope Martínez de Isasti dio cuenta de este naufragio en su Compendio Historial:
"El año de 1607 una noche obscura y tormentosa se perdió la armada del general D. Antonio de Oquendo en la barra de Bidarte en Francia con más de 800 hombres; y según pareció por relación de Logroño, causaron esta tormenta y pérdida las maléficas de la comarca."
armada vizcaya antonio oquendo almirante vasco marino
NAUFRAGIO EN LA COSTA

El doctor Isasti, presbítero de Lezo, caracterizado por Julio Caro Baroja como "varón erudito y bueno pero cándido y poco agudo", como muchos otros en la época creía en el poder atribuido a las brujas, llegando a escribir, en 1618, una memoria sobre "las maléficas de Cantabria" recopilando historias que había oído o leído.

Algunas aludían al poder de las brujas para producir tempestades. Entre ellas figuraba la pérdida de la flota de Oquendo como consecuencia de la tempestad desencadenada por María de Zozaya, mujer de Rentería acusada de brujería, y sus compañeras.

Isasti incluyó en ese Compendio Historial dos ejemplos:
"Había veinte años que le sucedió a un sacerdote de Guipúzcoa que por amenaza que le hizo una barquera de mala fama porque no quiso embarcarse en su barco levantó una tempestad dentro de una hora, tan terrible que no se ha visto tal en muchos años, porque causó naufragios no solamente en la mar grande pero dentro de un brazo de mar que hundió cuantos barcos halló y peligró mucha gente. Y últimamente en la llegada del Rey nuestro señor en el puerto del Pasaje ahora dos años y medio, sobrevino de repente tal tormenta de aguas y viento que se ha dicho públicamente se juntaron cuantas brujas había en la comarca (...)"
oquendo almirante armada vizcaya estandarte museo naval
ESTANDARTE DE OQUENDO

09/09/2018

Leyenda del monte Murumendi y la bruja Mari


Una de las varias montañas por las que asciende el Camino de vasco de Santiago a su paso por la sinuosa geografía de Guipúzcoa es Murumendi, situada entre Tolosa y Ordizia. Murumendi es una de las montañas emblemáticas de la mitología guipuzcoana, centro geográfico del territorio en cuyas simas y cuevas se refugian numerosos genios y la indiscutible dama de la zona, Mari. Según la leyenda, esta hechicera era capaz de despertar las más terribles tempestades cuando cruza el cielo convertida en bola de fuego.

MONTE MURUMENDI