28/03/2017

Participación en la Reconquista del Reino de Pamplona-Aragón


A la muerte sin descendencia de Sancho Garcés IV el de Peñalén, en 1076, continuó el reinado por Sancho Garcés V de Aragón. Ambos son primos y nietos de Sancho III el Mayor. El Reino de Nájera-Pamplona fue incorporado entre 1076 y 1134 en la Corona aragonesa por Sancho V, y por sus hijos, Pedro I primero y Alfonso I después.

Alfonso I el Batallador accedió al trono de ambos reinos en 1104, al morir sin descendencia su hermano Pedro I. Bajo su reinado, el Reino de Navarra completó su Reconquista. En pocos años arrebató a los musulmanes más de veinticinco mil kilómetros cuadrados para el Reino de Pamplona-Aragón. Llegó a dominar un amplio territorio desde Tudela a Madrid por el oeste, y de Sariñena a Morella por el este, siendo Molina de Aragón, Singra, Cella, Aliaga y Gúdar sus límites meridionales.

Dio un impulso definitivo a la reconquista del valle del Ebro: tras tomar Egea de los Caballeros, Tauste (1106), Tamarite (1107) y Morella (1117), y detener una ofensiva musulmana en la batalla de Valtierra (1110), concentró sus fuerzas sobre Zaragoza; para ello obtuvo del Concilio de Toulouse los beneficios de Cruzada, consiguió ayuda económica del obispo de Huesca y concentró en Ayerbe un ejército expedicionario en el que predominaban los francos, mandado por Gastón de Bearne; con él puso sitio a Zaragoza durante siete meses, hasta que se la entregaron los almorávides, en 1118. En la toma de Zaragoza por el rey de Pamplona y Aragón, participaron numerosas huestes navarras. El señor de Vizcaya, Diego I López de Haro el Blanco, también fue de la partida.

EL BARRANCO DE LA MUERTE, POR AGUSTÍN SALINAS TERUEL

El empuje reconquistador prosiguió en los años siguientes con la toma de Tudela, Tarazona, Borja, Épila y Ricla (1119), la repoblación de Soria (1120) y la derrota de la contraofensiva almorávide en la batalla de Cutanda (1120). Además tomó el control de los valles del Jalón y Jiloca, con Calatayud y Daroca.

En la conquista de Almería en 1147 por el Reino de Castilla, Alfonso VII tuvo la fortuna de contar con la colaboración de su yerno García V de Navarra y de sus huestes, caballeros navarros, vascongados y montañeses como Lope de Ochoa, Alfonso de Muñatorres, Pedro de Crento, Juan de Castejón, Ruy Ibarra de los Abrojos, Fortún de Santisteban, Rodrigo de Azagrán, señor de Estella, Pero Niño de Torres, el conde Iñiguez Ladrón de Guevara y familias notables como los Cosío, los Terán o los Peralta.

Al morir en 1134, dejó sus reinos para las órdenes militares; pero los nobles no aceptaron dicho testamento, procediendo a dividir la herencia entre Ramiro II el Monje (Aragón) y García V el Restaurador (Navarra).

El desorden de aquel momento fue aprovechado por los almorávides para lanzar una gran ofensiva, en la que recuperaron algunos territorios del valle del Ebro.

ALFONSO I EL BATALLADOR, POR FRANCISCO PRADILLA

24/03/2017

Miguel de Aguinaga y Mendigoitia


Capitán y gobernador del Nuevo Reino de Granada en 1675 y fundador de Medellín

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MIGUEL DE AGUINAGA Y MENDIGOITIA

Miguel de Aguinaga y Mendigoitia nació en 1634, en Eibar, Guipúzcoa. Sus padres fueron Miguel de Aguinaga y María Mendigoitia. Su hermano Juan fue caballero de la Orden de Alcántara, miembro del Consejo Real, juez oficial de la Real Audiencia y de la Casa de la Contratación de Indias en la ciudad de Sevilla.

A mediados del siglo XVII, tanto Miguel como Juan se encontraban en Sevilla ocupándose en diferentes negocios y comisiones del Real servicio. Con frecuencia, Miguel de Aguinaga viajaba a Cádiz, verdadera ciudad portuaria del comercio indiano a partir de mediados del siglo XVII. Además, tuvo el cargo de mayordomo de la capilla de Nuestra Señora de la Piedad, fundada por vascos en el convento de San Francisco de Sevilla.

En 1675, viajó a las Indias para ocupar el puesto de capitán y gobernador de Antioquía en el Virreinato de Nueva Granada, correspondiente al actual Departamento de Antioquia en Colombia.

El principal mandato de Miguel de Aguinaga era la continuación del proyecto que había empezado su predecesor, el alavés Francisco de Montoya y Salazar, a quien sustituyó tras su muerte, y que se materializó mediante la fundación de la actual ciudad de Medellín.

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FUNDACIÓN DE MEDELLÍN

Esta fundación fue aprobada de manera oficial nada más ocupar su cargo, en noviembre de 1675, con el nombre de Villa de la Candelaria de Medellín, en honor al presidente del Consejo de Indias, el conde de Medellín. Y nombró patronos de la villa a San Juan Bautista y a Nuestra Señora de la Candelaria.

Los primero que hizo fue abrir el primer cabildo y realizar un primer censo que contabilizaba unos 3.500 habitantes reunidos en 158 familias. Definió los nuevos límites de la población, que se asentó en la ya establecida población de Aná, ampliándolos por todo el valle de Aburrá.

Este cargo fue desempeñado hasta 1679, año en el que volvió a la España peninsular, donde residió hasta su muerte en 1693.

Dos años más tarde, en marzo de 1678, el rey Carlos III concedió Candelaria de Medellín el mismo escudo de armas que Medellín de Extremadura.

PLANO DE MEDELLÍN DEL SIGLO XVIII

20/03/2017

Epítome vizcaíno de Antonio Navarro de Larreátegui


Antonio Navarro de Larreátegui nació en Beasain, Guipúzcoa, en 1554. Fue contador en la Capitanía General de Chile, en el Virreinato del Río de la Plata, secretario real en el reinado de Felipe II, preboste y alcalde de la merindad vizcaína de Busturia, archivero de los Reales Archivos de Simancas, diplomático en Turín y, por último, secretario real en el reinado de Felipe III.

En 1620, publicó en Turín la primera obra historiográfica vizcaína jamás escrita con el título Epítome de los Señores de Vizcaya. Recogida por Antonio Navarro de Larrátegtli, Secretario de la majestad del rey don Felipe III, y del señor príncipe Philiberto. Dirigida al mismo ínclito y católico don Felipe rey de las España, nuestro señor.

Sin embargo, lejos de ser una obra sobre la historia del Señorío de Vizcaya escrita con rigor académico y científico de los hechos pretéritos, se dejó llevar por leyendas y fábulas para dar legitimidad al poder de los señores. El texto contenía los tradicionales mitos de la pseudo-historiografía de los secretarios reales vascos del siglo XVI, que defendían la legalidad del sistema foral vasco, encabezados por Juan Martínez de Zaldivia, Andrés de Poza y Esteban de Garibay.

ANTONIO NAVARRO DE LARREÁTEGUI

Afirmaba que el vascuence era una de las 72 lenguas bíblicas que surgieron de la torre de Babel, traída por Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé. Consideraba por tanto a Túbal, además de patriarca de los vascos y primer poblador de España, el primer señor de Vizcaya 2163 años antes del nacimiento de Cristo:
"Y bien se puede estender la consideración y decir que, desde Túbal, su fundador y padre, que como se ha notado, vino a Hespaña y pobló a Cantabria y Vizcaya año dos mil ciento sesenta y tres antes del nacimiento de nuestro señor Jesu Christo. Los vizcaínos tubieron sus legítimos señores, como fueron el mismo Túbal, Ybéro, Ydúbeda, Brigo, Tágo y Béto."

Por tanto, para Larreátegui, el primer señor de Vizcaya fue Túbal, seguido de otros señores mitológicos como Ibero, Idúbeda, Brigo, Tágo, Béto, etc.

También consideró a Cantabria el hogar de los que nunca fueron conquistados por los romanos, siendo continuista de la tesis vascocantabrista:
"Hasta que Augusto Cesar en persona vino con solo animo de sugetar a Cantabria. Y aunque juntó tanto poder y tres exercitos Consulares, no pudo hazer triumph, ni tropheo desta Naçion. Porque vista la feriçidad y valentia, sitio, naturaleza de la tierra, larga asistencia, costosa y tan dudosa en el suçesso de lo que trataban, para verle fin tanto daño, le redugeron a numero señalado de soldados, para que lo combatiesen, o para quedar en paz, o vençidos. Hizose ansí, vinçieron los Vizcaynos, quedaron con su libertad, lengua, havito, leyes y costumbres, de que dura hasta hoy."

Larreátegui se oponía a la tesis de la goticidad como fundamento de la nobleza española, y daba por válida la tesis de la hidalguía originaria de los vascos anterior a cualquier sistema estatal de poder en la península Ibérica.

En su final va estampado el privilegio de impresión concedido por Carlos Manuel, duque de Saboya el 12 de agosto de 1620, en Turín. El texto refleja los cargos administrativos que poseía, tantos locales como reales, así como el cambio de apellido de su padre (Navarro Larreátegui) por el de su mujer (Adam de Yarza), de más alcurnia:
"Havendocisupplicati él Signor Antonio Adam de Yarza y Larrátegui, alias Antonio Navarro de Larrátegui, Señor de las casas solares de Zubieta y Yarza, preboste mayor de la villa de Lekeitio en el Señorío de Bizkaia, alcaide y alcalde mayor y alférez mayor perpetuo de la Villa de los Arcos y su tierra, secretario de Sua Maesta Catholica el príncipe Filiberto de, etc..."

Existe una segunda edición de esta obra efectuada en Madrid en 1702. Posteriormente fue plagiada por Pedro de Montoya en su Compendio Histórico de la sucesión de los Señores de Vizcaya, en 1780, que no fue publicada.

Larreategui amó a Vizcaya con delirio y ordenó en su testamento que sus restos mortales fuesen sepultados en la parroquia de Santa María de Lequeitio.

EPÍTOME DE LOS SEÑORES DE VIZCAYA

16/03/2017

Íñigo López Ezquerra


Primer señor de Vizcaya, que cambió la vinculación del Señoría del rey Sancho IV Garcés de Pamplona hacia Alfonso VI de León

Íñigo López Ezquerra
BILBAO Y ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA DE HARO

El primer señor de Vizcaya fue Íñigo López Ezquerra, con el título de conde, quien ejerció soberanía entre los años 1040 y 1077, según consta en las inscripciones de 1017 y 1020: "Comes Enneco Lopiz Vizcayensis" (Conde de los vizcaínos Íñigo López).

Es una tenencia, una delegación de gobierno y por lo tanto el conde Íñigo era conde en Vizcaya, no conde de Vizcaya. Eran condes en mandato pero no en posesión, aunque los condados podían convertirse en hereditarios, pero siempre por la voluntad del rey. De hecho, dejó de titularse conde y empezó a llamarse señor de Vizcaya desde 1072.

Vizcaya formó parte del Reino de Asturias hasta comienzos del siglo XI, cuando el señorío pasó a vincularse a los reyes pamploneses, primero con Sancho III Garcés el Mayor, y continuando con García III Sancho el de Nájera y con Sancho IV el de Peñalén. A la muerte de este último en 1076, Íñigo López cambió la vinculación política del señorío del Reino de Pamplona hacia el de León, bajo el reinado de Alfonso VI. Para entonces, el señor se hacía llamar Consul de Gratia Dei totius Vizkaie comes (Cónsul por la gracia de Dios de todo el condado de Vizcaya).

retratos alfonso vi león sancho vi garcés pamplona
ALFONSO VI DE LEÓN Y SANCHO IV DE PAMPLONA

Iñigo López Ezquerra ejerció el gobierno de Álava y en ocasiones la jefatura del Condado de Durango, en los reinados de Sancho III y García III. También tuvo el gobierno de Nájera, desde 1051, por delegación de García III.

Poseyó bastantes tierras y propiedades en Vizcaya y Durango, debidas a su matrimonio con Toda Fortúnez, hija de Fortún Sánchez, ayo del rey García III, y tuvieron por hijos a Lope, García, Galindo, Mencía y Sancho Iñiguez. En 1053, Íñigo y Toda donaron al monasterio de San Juan de la Peña el castillo e iglesia del Gaztelugache, en territorio de Baquio, y algunas heredades en Bermeo.

A su muerte en 1077, le sucedió su hijo Lope Íñiguez, al frente del Señorío de Vizcaya.

IGLESIA DE GAZTELUGACHE


10/03/2017

La Marcha de Oriamendi


La Marcha de Oriamendi es el gran himno del carlismo. Su nombre viene del de una batalla desarrollada en 1837, en el monte Oriamendi, situado en las inmediaciones de San Sebastián, durante la Primera Guerra Carlista.

Según cuenta la tradición, tras la derrota de las tropas liberales, los carlistas entraron en el campamento cristino, tomando como botín de guerra, armas, uniformes y, también, la partitura de una marcha militar compuesta por un músico inglés y arreglada por un liberal donostiarra, sin letra, para conmemorar la victoria de los cristinos, y a la que los carlistas pusieron letra.

Caballería carlista Tercio Requetés Augusto Ferre-Dalmau
CABALLERÍA CARLISTA DE LOS TERCIOS DE REQUETÉS

Esto cantaban los millares de voluntarios vascos y navarros de los Tercios de Requetés, al mando del general Tomás de Zumalacarregui:
Gora Jainko maite maitea
zagun denon jabe.
Gora Espania ta Euskalerria
ta bidezko errege.

Maite degu Euskalerria,
maite bere Fuero zarrak,
asmo ontara jarriz daude
beti karlista indarrak.

Gora Jaingoiko illezkor!!!
Gora euskalduna,
auto ondo Espaniako
errege bera duna!!!



Traducción al español:
Viva Dios queridísmo
tengámoslo todos por dueño.
Vivan España y el País Vasco
y el rey legítimo.

Amamos al País Vasco,
amamos sus viejos Fueros,
a esta idea están orientadas
siempre las fuerzas carlistas.
¡¡Viva Dios inmortal!!
¡¡Viva el vasco,
que tiene bien
el mismo rey de España!!


Caballería carlista Tercio Requetés Augusto Ferre-Dalmau
CABALLERÍA CARLISTA DE LOS TERCIOS DE REQUETÉS

Más adelante, con los arreglos musicales de Silvano Cervantes y la letra compuesta por Ignacio Baleztena Azcarate, se adoptó la letra más famosa:
Por Dios, por la patria y el Rey
lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
lucharemos nosotros también.

Lucharemos todos juntos
todos juntos en unión
defendiendo la bandera
de la Santa Tradición.

Cueste lo que cueste
se ha de conseguir
venga el rey de España
a la corte de Madrid.

Por Dios, por la patria y el Rey
lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
lucharemos nosotros también.



Durante la Guerra Civil Española, la Marcha de Oriamendi fue uno de los himnos de combate del Requete y, por decreto de 27 de febrero de 1937 aprobado por el general Franco, canto nacional de la España Nacional, junto con el Cara al Sol de la Falange y la Marcha Real, con letra de José María Pemán.

06/03/2017

Íñigo Arista Íñiguez


Primer rey pamplonés entre los años 816 y 842, considerado patriarca de la dinastía Íñigo y fundador del Reino de Pamplona

Íñigo Arista Íñiguez reino pamplona navarra
BUSTO Y ESTANDARTE REAL DE ÍÑIGO ARISTA

Conocido como Íñigo Arista Íñiguez (Enneco Enneconis en latín, Eneko Aritza en euskera) nació en 781, siendo hijo de Íñigo Jiménez y Oneca. Muerto su padre, su madre se casó en segundas nupcias con Musá ibn Fortún de Tudela, uno de los señores de la dinastía Banu Qasi del valle del Ebro, con cuyo apoyo llegó al trono. Este matrimonio dejó bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y Valle de Hecho (Aragón). Los Banu Qasi controlaban las fértiles riberas del Ebro, desde Tafalla hasta las cercanías de Zaragoza.

El advenimiento del primer rey de Navarra no se hizo sin dificultades. Entre los núcleos de población cristiana, que eran minoritaria, algunos dieron su apoyo al partido franco, sostenido primero por Carlomagno y más tarde por Luis el Piadoso. La rica familia cristiana de los Velasco está a la cabeza de ese partido.

En 799, unos magnates pamploneses pro-carolingios asesinaron al gobernador de Pamplona, Mutarrif ibn Muza, de la familia de los Banu Qasi. En 806, los francos controlaban Navarra a través de un Velasco como gobernador. En 812, Luis el Piadoso mandó una expedición contra Pamplona. El regreso no fue muy glorioso, tomando como rehenes a niños y mujeres de la zona para protegerse durante el paso del puerto de Roncesvalles.

íñigo arista escultura estauas pamplona madrid
MONUMENTOS A ÍÑIGO ARISTA

Íñigo Arista se casó con Oneca Velázquez, hija de Velasco, gobernador de Pamplona, fallecido en 816. Momento en el cual fue elegido entre la nobleza vascona de la dinastía Íñigo para expulsar a la dinastía Velasco del poder pamplonés, tradicionalmente vinculada a los francos, pero bajo la autoridad de los Omeyas de Córdoba y pagando tributos.

Para asentarse en el poder y como reacción a esta incursión de los carolingios, Íñigo Arista comenzó una relación de alianzas con la dinastía de los Beni Fortun, descendientes la familia muladí de origen visigodo Banu Qasi. Íñigo era hermanastro de Musa ibn Fortún de Tudela por parte de madre, ya que esta, Oneca, casó en segundas nupcias con un Banu Fortún. Además, su hija Assona Íñiguez casaría más tarde con su tío Muza ibn Muza ibn Fortún, valí de Tudela y Huesca. Estos enlaces matrimoniales entre ambas dinastías permitieron poner bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y Hecho (Aragón). Los Banu Fortún controlaban las fértiles riberas del Ebro, desde Tafalla hasta las cercanías de Zaragoza.

Por otra parte, el nuevo conde de Jaca, el Malo, se había aliado con Íñigo Arista tras abandonar a su primera esposa, hija del conde procarolingio Aznar, y casar en segundas nupcias con la segunda hija de Arista, Nunila Íñiguez.

El cuarto de los hijos de Arista, Galindo Íñiguez, fue el padre de Musa ibn Galindo, que sería valí de Huesca en el 860. Mientras que García I Íñiguez sería su sucesor en el trono.

DINASTÍA ÍÑIGO

En 824, los condes francos Elbe y Aznar dirigieron otra expedición contra Pamplona, pero fueron vencidos por Íñigo con el apoyo de sus yernos Musa ibn Musa ibn Fortún y García el Malo.

Ese mismo año de 824, tras esta victoria, Íñigo Arista accedió al control de la ciudad fundando el Reino de Pamplona. La entronización fue efectuada en la Peña de Oroel, del Condado de Jaca y en colaboración con trescientos caballeros, principalmente de los Banu Fortún de Tudela y de las dinastías vasconas Jimeno e Íñigo, y con el obispado de Pamplona. Según Eulogio de Córdoba, Íñigo Arista aparecía como un príncipe cristiano (Christicolae princeps).

La dinastía Íñigo, la primera real pamplonesa, organizó el Reino de Pamplona en guerra permanente con Abd al-Rahman II, el cual también fue el principal rival de Alfonso II el Casto, rey de Oviedo. Fue el preludio de una futura alianza navarro-astur, ya que cada año el emir cordobés enviaba expediciones de saqueo contra galaicos y pamploneses.

En 841, Íñigo Arista, debido a una enfermedad que lo dejó paralítico, abdicó en favor de su hijo Garía I Íñiguez, muriendo al año siguiente. Su sucesor ejerció una fuerte regencia, llevando la dirección de las campañas militares, pero continuando la política de alianzas.

02/03/2017

Medallas de Blas de Lezo y Cartagena de Indias


Las medallas de una supuesta invasión de Cartagena de Indias son las más llamativas de la serie que glorificaba las victorias del almirante inglés Edward Vernon en los territorios de la América española durante la Guerra del Asiento en 1739-1748. En esta sería habría que incluir las acuñadas en referencia a las tomas de Portobelo y del fuerte de Chagres, y a una supuesta toma de La Habana.

Después de conseguir el control militar del puerto y bahía de Bocachica de Cartagena de Indias en 1741, Vernon envió un paquebote a Londres con dos pliegos que informaban de la reciente toma de la ciudad entera. La noticia generó grandes manifestaciones de alegría, se celebraron fiestas y se acuñaron estas monedas o medallas conmemorativas de una victoria que nunca ocurrió.

A pesar de la enorme diferencia que existía entre el número de tropas y buques españoles e ingleses, el valeroso marino Blas de Lezo consiguió rechazarlos tras más de dos meses de brutal asedio.

Estos son los siete tipos de medallas conmemorativas, algunos ejemplares se hallan expuestos en el Museo Naval de Madrid.

Medalla nº1 (Cobre)

En el anverso, Edward Vernon aparece de cuerpo entero con el bastón de mando en la izquierda y el brazo derecho extendido, bajo él una figura representa el puente de un buque, y junto a él se representan un cañón y un ancla. En el contorno: THE . BRITISH . GLORY . REVI . D . BY . ADMIRAL . VERNON  (la gloria británica revivificada por el almirante Vernon).

En el reverso se ven la ciudad y el puerto de Cartagena de Indias y un castillo, y varias embarcaciones y navíos entran en la bahía. En el contorno: AD . VERNON . GEN . OGLE . TOOK . CARTAGHENA . BY . SEA . AND . LAND (el almirante Vernon y el general Ogle tomaron Cartagena por mar y tierra); y en el exergo inferior: AP . 1:1741:1 (1 de abril de 1741).




Medalla nº2 (Bronce)

En el anverso, Edward Vernon aparece con bastón de mando y Blas de Lezo arrodillado ante él y entregándole una espada. Sobre la cabeza del español aparece la leyenda: DON BLASS; y en el contorno: THE . SPANISH . PRIDE . PULLD . DOWN . BY . ADMIRAL . VERNON (el orgullo español humillado por el almirante Vernon).

En el reverso se presenta la ciudad de Portobelo con sus fortificaciones, y se ve cómo seis navíos penetran en la bahía y un buque está fondeado en el puerto. En el contorno: WHO . TOOK . PORTO . BELLO . WITH . SIX . SHIPS . ONLY (quien tomó Portobelo con solo seis barcos).

En 1741 se reutilizaron los mismos cuños de la serie de medallas dedicadas a la toma de Portobelo, por este motivo aparece aquí esta ciudad y no la de Cartagena.




Moneda nº3 (Cobre)

En el anverso, Edward Vernon aparece con bastón de mando y Blas de Lezo arrodillado ante él y entregándole una espada. Sobre la cabeza del español aparece la leyenda: DON BLASS; y también en el contorno: THE . SPANISH . PRIDE . PULLD . DOWN . BY . ADMIRAL . VERNON (el orgullo español humillado por el almirante Vernon).

El reverso es similar al anterior, la escuadra inglesa se distribuye en dos líneas de cuatro buques.




Moneda nº4 (Bronce dorado)

El anverso es idéntico al de las dos monedas anteriores (nº3 y 4)

El reverso representa una vista de la ciudad de Cartagena de Indias cerrada con una cadena y en su interior aparece un buque con tres marineros. También se ven dos navíos fuera del puerto. Sobre ellos la leyenda: DON BLASS; en el contorno: TRUE . BRITISH . HEROES . TOOK . CARTAGHENA (auténticos héroes británicos tomaron Cartagena); y en el exergo inferior: APRIL 1741 (Abril de 1741).




Moneda nº5 (Cobre)

Esta medalla fue acuñada después de que llegara Inglaterra la noticia de la entrada de Vernon en Bocachica.

En el anverso aparece Edward Vernon de cuerpo entero con el bastón de mando en la mano izquierda y brazo derecho extendido. Detrás de él se ven dos castillos y a sus pies sendos buques. En el contorno: ADMIRAL . VERNON . THE . PRESERVER . OF . HIS . COUNTRY (el almirante Vernon conservador de su país).

En el reverso se representa un plano de la ciudad de Cartagena con sus fortificaciones, dos lenguas de tierra y una isla. Los fuertes viene acompañados de leyendas: IAGO; S. PHILLIPS; BOCACHICA; S. IOS. Dentro de la bahía aparece un buque, y atacan la entrada al puerto embarcaciones de pequeño tamaño, dos navíos y tres bombardas, y la leyenda: TOOK CARTAGENA (tomó Cartagena).




Moneda nº6 (Bronce)

En el anverso, Edward Vernon aparece a la izquierda y Blas de Lezo arrodillado ante él y entregándole una espada, símbolo de la rendición, y a su derecha Charloner Ogle observa la escena. Sobre la cabeza del español aparece la leyenda: DON BLASS; y en el contorno: THE. PRIDE . OF. SPAIN . HUMBLED . BY . AD . VERNON (el orgullo español humillado por el almirante Vernon).

El reverso representa una vista de la ciudad de Cartagena de Indias y su puerto cerrado con una cadena, mientras varios navíos se acercan. En el interior del puerto se ve una embarcación y en la parte superior la leyenda: DON BLASS; en el contorno: THEY . TOOK . CARTAGHENA . APRIL . 1741 (ellos tomaron Cartagena, abril de 1741).




Moneda nº7 (Bronce dorado)

Esta medalla fue acuñada después de que llegara Inglaterra la noticia de la entrada de Vernon en Bocachica.

En el anverso aparece Edward Vernon de pie sobre una explana en forma de trapecio con el bastón de mando en la mano izquierda y el brazo derecho extendido. Señala una ciudad situada a su espalda. También aparecen representados árboles y tres navíos, en su contorno: ADMIRAL . VERNON . WEIWING . THE . TOWN . OF . CARTHAGANA (el almirante Vernon contempla la ciudad de Cartagena); y en el exergo inferior: 1740:1.

El reverso representa una vista de la ciudad y sus dos fuertes: S. IAGO y S. IOSEPH; y dos navíos entran en el puerto. En el contorno: THE FORTS OF CARTHAGENA DESTROYED BY ADMIRAL VERNON 1741 (los fuertes de Cartagena destruidos por el almirante Vernon).



28/02/2017

Origen de la etnia de los vascones


No es del todo comprobable científicamente que el territorio de Euskalerría haya estado poblado desde el Paleolítico Inferior (600.000-60.000 años a.C.). No se conservan restos humanos, aunque sí piezas líticas talladas y fósiles de grandes mamíferos. Se trata un supuesto hombre de Nearderthal que vivía en chozas o al aire libre, y que durante la glaciación del Paleolítico Medio (60.000-35.000 años a.C.) se refugió en las cuevas de la sierra de Urbasa y en las llanuras de Treviño y del río Zadorra. Estos datos sintetizan la tipología del antepasado vascón que más se aproxima al hombre moderno, donde no existen diferencias con respecto a los demás pueblos del norte peninsular en el Paleolítico Superior (40.000-8.500 años a.C.), desde las costas gallegas hasta el Pirineo.

Según el pionero de las investigaciones prehistóricas de Euskalerría, José Miguel de Barandiarán, se puede concluir que ni por su densidad de población, ni por razones de evolución interna es verificable la existencia durante el Paleolítico de un tipo de lengua protoeuskera o raza protovasca.

Tampoco se puede demostrar la subsistencia de un grupo étnico que posibilitara una evolución posterior del tipo vasco moderno, aunque si dejara un legado antropológico y cultural.

Sin embargo, una nueva especie surgirá entre los homínidos, el homo sapiens sapiens (a la que pertenece la humanidad actual), cuya manifestación europea recibe la denominación de hombre de Cromagnon y que sustituirá al Neanderthal europeo a partir del Paleolítico Superior. Se trata de un hombre de transición con el cambio climático del Mesolítico (8.500-5.500 años a.C.).

El tiempo menos frío y más húmedo del final de la última glaciación y el avance del actual clima provocaron importantes transformaciones de la cubierta vegetal y la fauna. La sustitución de especies animales genera el desarrollo de nuevas técnicas y utensilios de caza, basadas en puntas de flechas de forma geométrica, raspadores, bastones, buriles, etc. y pintaba con óxido en las paredes de las cuevas, todo a base de piedra tallada y hueso. Se amplían los recursos alimenticios procedentes de los bosques de hoja caediza y de estuarios y marismas costeras. Practicaban la trashumancia pero no hay navegación. Se vestía con pieles y recogían moluscos de las rocas. Su territorio no sufre invasiones, pero si continuos contactos con pueblos vecinos.

Las investigaciones de Barandiarán determinan que:
"El tipo vasco de Cromagnon es relativamente reciente. No se sabe a ciencia cierta cuando está en esta tierra el vasco de hoy. Nosotros pensamos que tendrá unos 7.000 años como mucho; los rastros que ha dejado el hombre de Cromagnon en el País Vasco, son los mismos que dejó en otras partes del sudoeste europeo. No encontramos restos de él hasta fines del Paleolítico Superior... pero todavía no es vasco."
Montenegro Duque considera que hace unos 8.000 años a.C., Álava estaba despoblada y no más de mil habitantes en estado semisalvaje vivían en el resto del territorio vasco y navarro, llegando como mucho a los cinco mil en el periodo del hombre de Cromagnon (homo sapiens sapiens) y de los dólmenes, por el 7.000 a.C. Se trata de un hombre de la Edad de Piedra, que practica el pastoreo elemental, fabrica utensilios en piedra tallada, cree en deidades relacionadas con las montañas, las cuevas y los fenómenos atmosféricos, caza en grupos por ojeo y cuece con brasas, tal y como hacían los demás pueblos y tribus cantábrico-pirenaicos, no hubo diferencias con el resto.

Ente mínimo número de habitantes, aisladas y de cultura primitiva no estuvo capacitado para crear una lengua común a todos. La idea de una lengua euskera o proto-euskera es posible a partir de los tiempos de la Edad de los Metales durante la transformación de la civilización dolménica. Esta teoría es valorada por prehistoriadores y antropólogos como Caro Baroja, Basabe, e Ignacio Barandiarán.

MONEDAS ROMANAS ACUÑADAS EN TERRITORIO DE LOS BARSCUNES

El Neolítico (5.500-3.000 años a.C.) aparece mediante una serie de cambios en los medios y usos de vida del hombre prehistórico que habita los actuales territorios de Euskalherria, considerándose esta como una delimitación geográfica muy difusa. La Revolución Neolítica se basó en el cambio de la piedra tallada a la pulimentada, la práctica de la agricultura, la cría de animales domésticos, la reagrupación de chozas familiares formando pequeños poblados y la aparición de la cultura de dólmenes. Aparecen los primeros utensilios de metal en convivencia con los de piedra, basadas en hachas y azuelas de piedra pulimentada para el trabajo de la madera e instrumentos para el aprovechamiento de recursos vegetales: hojas de sílex que servían para la siega y molinos de mano. También aparecen las primeras cerámicas, vasos cardiales y vasos decorados con incisiones, inventos de origen mediterráneo.

Durante el Neolítico, las tierras vascas fueron territorios accesibles a las relaciones con otros pueblos y lugares de paso. Mediante estos contactos humanos y relaciones culturales adquiridos con otros pueblos peninsulares, se genera una cultura más avanzada, aparece una nueva economía, con nuevos utensilios de trabajo y grupos humanos mixtos surgidos mediante el cruce étnico y cultural. Este progreso no fue fruto de una evolución interior de las gentes de las cuevas cántabro-pirenaicas. Nunca existió un aislamiento de los vascones, ni como etnia ni como territorio, ni existió una pureza étnica y cultural durante el Mesolítico y el Paleolítico. Esta conclusión está comprobada por prehistoriadores de la talla de Caro Baroja, Pericot, Maluquer, Martín Almagro, Camón, José Antonio Vaca de Osma, etc.

Aun así, es posible que reducidos grupos humanos originarios de la cultura magdaleniense del Paleolítico acentuaran sus características antropológicas, posiblemente vascoides, y pudiera establecerse un sustrato en la población vascona y hablasen un reducido y originario lenguaje básico del euskera, el cual se fue nutriendo de aportaciones extranjeras. Esta otra aportación es a la que llegó Montenegro Duque.

Las tierras alavesas se convirtieron en puente entre las cuencas del Duero y el Ebro con las tierras de Vizcaya, Guipúzcoa y el Pirineo navarro. Se pueblan la llanura alavesa y la ribera navarra, donde los dólmenes son de mayor tamaño y número que los de la costa y la montaña. Precisamente, el más grande de los dólmenes es el alavés de Aizkomendi. Son mayoría los dólmenes de cámara simple (con una sola estancia principal, de planta cuadrada o poligonal); otros son los de corredor, con una cámara precedida por un corredor o pasillo, y las galerías cubiertas. La época de la llamada cultura pastoril dolménica se desarrolló entre los años 3.000 y 2.000 a.C.

MONOLITO DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ÁLAVA

Hacia el año 2.000 a.C. llega al sistema cántabro-pirenaico una revolución cultural y económica procedente del sur que modifica los hábitos de vida, sus usos y costumbres. Supone el tránsito del tallado y pulimentado de la piedra o Edad de Piedra al trabajo de los metales o Edad de los Metales (3.000-0 años a.C.). Se incluyen en este periodo, las edades del cobre, del bronce y del hierro.

Por el oeste, estas nuevas corrientes se desplazan desde la tierra lusitana, siguiendo la franja costera del mar Cantábrico y remontando el río Duero arriba, a través de Bardulia y Álava. Por el este, desde la costa levantina por los Pirineos orientales y el valle del río Ebro, penetrando en la Rioja, Álava y la ribera navarra.

Las nuevas corrientes culturales explotaron por primera vez los ricos yacimientos cupríferos del territorio vasco: Vilarreal, Axpe, Baigorri, Sant Juan de Pied de Port, Arrazola, Amezketa, etc. Y esta primitiva industria metalífera enraizó en los habitantes del Pirineo navarro, emparentados con pobladores paleolíticos cántabro-pirenaicos, hasta convertirse en una costumbre y tradición perdurable a través de los tiempos, como aseguran Barandiarán, Caro Baroja y Pericot. Entre estas costumbres relacionadas con el trabajo del metal y del dolmen producen se encuentran el culto al hacha, las danzas del plenilunio, el sepulcro a lado de los templos megalíticos, la utilización de talismanes, etc.

Se producen cambios en el rito funerario, la costumbre neolítica de inhumar los cadáveres en el suelo de cuevas se va sustituyendo, desde fines del Neolítico, por depósitos colectivos en galerías interiores de cuevas y, sobre todo, en dólmenes, donde los muertos se ordenan en el interior de las cámaras funerarias adornados con colgantes de hueso y piedra, y acompañados de vasijas (cerámica campaniforme), armas y otros utensilios.

Por otra parte, esta costumbre del Pirineo navarro no quedó arraigada en la población de Álava y de la Navarra meridional de origen mayoritario mediterráneo e indoeuropeo, por lo que se generó una gran diferencia étnica y cultural entre las gentes del sur y del norte de Navarra.

En el resto del actual País Vasco, las gentes de la cultura dolménica formaron grupos uniformes, que quedaron reducidos ante la llegada de los várdulos, caristios y autrigones. Estas tribus celtas tenían raigambre indoeuropea y procedían del centro de Europa, a través de Oeaso (Irún) y Orreaga (Roncesvalles). Las migraciones indoeuropeas que se sucedieron hacia 1.500 a.C., en plena Edad de Bronce (2.000-1.000 a.C.), supusieron, por un lado, el asentamiento de las poblaciones, sobre todo en la Ribera y la Navarra Media; por otro lado, el desarrollo de la agricultura, el manejo de armas y utensilios de metal y las nuevas concepciones sobre la vida. Entre estas herramientas, armas y utensilios domésticos de cobre y bronce abundaban los punzones, puñales, puntas de flecha, varios tipos de hacha, pulseras, anillos, cuentas de collar, etc.

TERRITORIO DE LOS VASCONES

Durante la Edad del Bronce, surgen con mayor frecuencia las reuniones de cabañas al aire libre, formando pequeños poblados y sustituyendo a las cuevas del Paleolítico y Mesolítico, como el hogar del habitante vascón. Este proceso iniciado en el Neolítico se consolida en la Edad de los Metales, la aparición de fondos de cabañas y talleres de industrias líticas. Las cabañas se agrupan y dotan de elementos comunes, como pozos, silos o murallas.

Desde la Edad del Hierro hasta el inicio de la romanización, se generalizaron en el sudoeste de Europa innovaciones culturales de origen foráneo como técnicas y decoraciones de la cerámica y de los objetos metálicos, construcciones, ritos funerarios, onomástica y toponimia, creencias religiosas y simbología artística. En ellas se reconocen varias vías de influencia sobre las gentes que entonces poblaban el País Vasco: la cultura de Las Cogotas de la Meseta, los pueblos célticos del otro lado del Pirineo y otros grupos de Aragón y Cataluña. Son campesinos que viven de la agricultura y de la ganadería de vacuno, ovino y porcino.

Las casas se organizan en manzanas y calles; algunos poblados tienen muros, dispuestos a veces en alineaciones concéntricas separadas por fosos. Hay casas de planta rectangular y cubierta a una o dos vertientes y otras de planta circular y cubierta en forma de cono. Su construcción es muy cuidada, con un podio de cimentación sobre el que se levantan paredes de piedra o adobe trabadas con pies de madera y, muchas veces, manteadas de barro, estando dotadas de bancos, hogares, silos y hornos, recipientes mayores para conservar el agua y el grano, cerámica varia de cocina, pesas de telar, molinos de mano y morillos forman parte de su mobiliario. Componen el efectivo de uso personal de aquellas gentes: pulseras, fíbulas, broches de cinturón y botones de cobre o bronce, cajitas cerámicas y vasijas de lujo, algunos idolillos y muñecos de barro y varias joyas.

En la Edad del Hierro se practica de forma generalizada la incineración de cadáveres, conservándose las cenizas en urnas cerámicas que se depositaban en un pequeño recinto de losas o bajo túmulos de tierra. Las tumbas de incineración se agrupaban en campos de urnas no lejos de los grandes poblados.

Tras la llegada de los romanos, los historiadores y cronistas describen con acierto y rigurosidad de detalles los pueblos y tribus que habitan la península Ibérica. El historiador romano Plinio el Viejo describió en su Geografía de esta manera a los vascones:
"Todos estos pueblos que en los montes habitaban, eran gente que comía poco, son sobrios, no beben más que agua, duermen en el suelo. Comen mucha carne de cabrones, los sacrifican a Marte y también prisioneros y caballos... Los montañeses se alimentan en dos épocas del año de bellotas, secándolas, moliéndolas, y haciendo pan con esta harina; las conservan largo tiempo. A veces beben una especie de cerveza (sidra) porque la tierra escasea en vino, y cuando se proveen de el, lo consumen las fiestas familiares. A falta de aceite comen grasa y la manteca de las vacas. Tienen sal purpúrea, que molida se convierte en blanca. Cultivaban el mijo y el lino. Las mujeres labran los campos, y cuando paren, hacen acostar a los maridos y ellas les sirven.

Comen sentados sobre bancos construidos a lo largo de las paredes donde se alinean según el rango y la edad, haciendo circular de uno a uno los alimentos. Utilizan recipientes de madera para comer, y vasos de cera como los celtas para beber. Mientras se sirve la bebida, bailan al son de la gaita y flauta, y saltan cayendo sobre sus piernas dobladas. Llevaban el cabello crecido y largo como las mujeres, y al combatir se cubren con mitras la cabeza. Los hombres van vestidos de negro, con sayos, y las mujeres gastan ropas coloridas con adornos de flores. Se calzaban "abarcas".

Organizan certámenes gimnásticos, ejercitándose en el manejo de las armas, en montar a caballo, en el pugilato y en la carrera y en los combates de escuadrones. No tenían más que barcas de cuero hasta los tiempos de Bruto para las inundaciones por las mareas (esteros) y para las lagunas, pero ahora emplean troncos de árbol a modo de canoas. Su moneda consiste en pequeñas láminas o planchas de plata, que se servían de ello para sus transacciones mercantiles, como numerario, aunque practican también el trueque. Ofrecen al dios Ares sacrificios de animales y también de cautivos. Los criminales son precipitados desde lo alto de una roca, los parricidas son lapidados fuera del territorio de su tribu o de sus ríos. Se casan a la manera de los griegos. Los enfermos son expuestos al público, como los egipcios, a fin de tomar consejo de los que hayan sanado de semejante accidente.

Tenían reputación de augures, de adivinos y adoraban la luna durante la noche. Imitan a las fieras, no tan sólo por la fortaleza, sino también por su fiereza y crueldad. En la guerra cantábrica, algunas madres mataron a sus hijos para que no cayesen en poder de sus enemigos. Y un niño, habiendo cogido un puñal, dio muerte, por mandato de su padre, a éste, a su madre y a todos sus hermanos prisioneros; y esto mismo ejecutó una mujer con otros cautivos y consigo misma. Uno, habiendo sido llevado a la taberna, se arrojó él mismo a la hoguera...

Este es el modo de vivir de aquellos montañeses que terminan al lado septentrional de España: de los gallegos, digo, asturianos y cántabros, hasta los vascones y Montes Pirineos, pues todos viven de un mismo modo. Pero la inhumanidad y fiereza de costumbres, no tanto les proviene de la guerra como de tener morada alejadas de otros, porque los viajes hacia ellos son largos por tierra y por mar. Con lo cual ha sucedido que, no comerciando, han perdido la sociedad y la humanidad.

Bien que hoy ya padecen menos ese defecto por causa de la paz y por los viajes que los romanos hacen hacia ellos. Aquellos a quienes toca menos parte de esto son más intratables y más inhumanos: vicio que no es mucho que suceda, añadiéndose a algunos la incomodidad de vivir en lugares muy montuosos. Pero ya, como dije, todas las guerras se acabaron. Porque César Augusto sujeto a los Cántabros, que son los que hoy ejercitan más los pillajes, y también a sus vecinos; y los que antes talaban los campos de los aliados romanos, ahora llevan las armas en defensa de los mismos romanos, como los Coniacos y los que moran junto a las fuentes de donde tiene su origen el río Ebro, exceptuando los Tuisos. Y Tiberio, que sucedió a Augusto, habiendo puesto en aquellos lugares tres cohortes, las cuales Augusto había destinado para eso, no sólo los apaciguó, sino que alguno de ellos los hizo tratables..."

ÍDOLO DE MIKELENDI