jueves, 29 de marzo de 2018

Héroes, heterodoxos y traidores, por Gaizka Fernández




Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)
Gaizka Fernández Soldevilla, Editorial Tecnos, Madrid (2013), 472 páginas

Héroes, heterodoxos y traidores analiza las historias cruzadas de ETA político-militar, EIA y Euskadiko Ezkerra. En el ocaso de la dictadura franquista cristalizó en el País Vasco y Navarra la "izquierda abertzale", un movimiento independentista nucleado en torno al caudillaje de ETA. De tal matriz surgieron en 1974 dos facciones que tomaron caminos divergentes durante la Transición. Por una parte, ETA militar y Herri Batasuna, que se enfrentaron violentamente a la democracia parlamentaria. Por otro lado, un sector más pragmático, el de ETApm, EIA y EE, que evolucionó desde la complicidad con el terrorismo al compromiso cívico con la paz, desde el comunismo revolucionario a la socialdemocracia y desde el independentismo al autonomismo, piedra angular de su nacionalismo heterodoxo. Escrita desde la perspectiva de la historia política y cultural, la presente obra examina este singular proceso de secularización, que contribuye a una mejor comprensión del pasado reciente del País Vasco y, por ende, de España.

El historiador Gaizka Fernández Soldevilla publicó en 2011 su primer libro Sangre, votos, manifestaciones, junto a Raúl López Romo, dedicado a la historia de ETA. En este segundo documento, editado en solitario en 2013, prolonga aquel relato con un profundo estudio sobre la trayectoria de Euskadiko Ezkerra, partido político nacido de las mismas entrañas de ETA, artífice de la paulatina moderación experimentada a lo largo de tres décadas por un cierto sector del nacionalismo vasco radical.

Héroes, heterodoxos y traidores es una rigurosa investigación bien fundada en evidencias, argumentada con solidez y ponderada en sus juicios, siendo además una tesis doctoral dirigida por un acreditado experto en la materia como es el catedrático José Luis de la Granja. Está escrito con claridad y elegancia, algo no frecuente en las obras divulgativas de origen académico. 

La aparición de Euskadiko Ezkerra en el panorama de la política vasca fue posible gracias a una idea alumbrada por Bernardo Moreno Bergaretxe "Pertur", un dirigente de ETA político-militar que poco antes de desaparecer en circunstancias no totalmente aclaradas inspiró la "ponencia Otsagabia". El documento en cuestión, presentado en 1976 en el marco de la VII asamblea de ETApm, proponía superar el modelo político-militar con el que hasta entonces se habían alineado las estructuras y la actividad del nacionalismo vasco violento, avanzando hacia la separación orgánica de la "lucha política" respecto de la "lucha armada". De acuerdo con dicho análisis, el cambio requería la creación de un partido político destinado a actuar como vanguardia de la clase obrera y del conjunto del pueblo vasco y dispuesto a aprovechar todas las opciones institucionales abiertas en España gracias al inicio de la Transición. De ahí surgiría EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia, Partido para la Revolución Vasca) y más tarde su sucesor EE (Euskadiko Ezkerra, Izquierda de Euskadi), nacido a raíz de un experimento de coalición electoral ensayado en 1977 mediante el que EIA (el brazo político de ETA político-militar) subsumió a un sector de la extrema izquierda del País Vasco, principalmente EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista, Movimiento Comunista de Euskadi).

En 1977, cuando las primeras elecciones generales de la actual democracia ofrecieron la prueba de que la sociedad vasca no era globalmente nacionalista, sino políticamente plural y diversa, los "euskadikos" sacaron conclusiones y decidieron profundizar en la acción institucional. Se inició así una tendencia de orientación inversa a la tomada por la otra sección del nacionalismo vasco radical, la liderada por ETA militar. Mientras ésta negó la realidad, prefiriendo la narrativa falaz del conflicto vasco-español y manteniendo como prioridad la violencia terrorista, los hijos de ETA ingresados en EIA y EE se implicaron en un proceso de evolución ideológica y práctica que acabó dando lugar a la disolución de ETApm, consumada en 1982 gracias a una amnistía encubierta urdida con los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González por los principales líderes "euskadikos": Mario Onaindía, antiguo militante etarra juzgado en el proceso de Burgos y Juan María Bandrés, abogado suyo en aquel influyente juicio de 1970.

A esto seguiría el progreso de EE hacia posiciones políticas progresivamente más incluyentes, partidarias del Estatuto de Gernika y el pacto de Ajuría Enea, y mediadas por un ejercicio continuado de crítica desmitificadora del discurso aberztale y de los principales dogmas del nacionalismo vasco: una auténtica religión política sobre cuyas bases los líderes y militantes de EE fueron sucesivamente tildados de héroes, heterodoxos y traidores. A pesar de sus continuados esfuerzos por ir adaptándose a cada nueva circunstancia, o más bien como consecuencia suya, el proyecto político de EE terminó fracasando a mediados de los años noventa, con su dirigencia parcialmente absorbida por el PSE (Partido Socialista de Euskadi).

El libro de Gaizka Fernández analiza esa larga experiencia repasando minuciosamente cada uno de los cambios ideológicos experimentados por la formación, cada estrategia política ensayada, cada resultado electoral y cada conflicto, dentro del contexto de la política vasca y española. Quizá el empeño argumentativo por mostrar los aspectos positivos de esta evolución hayan dejado en segundo plano los gravísimos pecados que la acompañaron. Conviene recordar que EE promovió durante demasiado tiempo un relato excesivamente complaciente de su propia historia, retratándose como la última derivada de una ETA buena: la que supo abandonar la violencia al ritmo de avance de una joven democracia, frente a otra ETA mala, la que prefirió insistir en la lucha armada aún después de consolidarse un nuevo régimen de libertades. Pero lo cierto es que nunca hubo una ETA buena y que hasta 1981 los "euskadikos" formaron parte de un entramado criminal corresponsable de la instauración del denso e irrespirable clima de terror que ha emponzoñado la vida social y política del País Vasco hasta hace casi una década.

Asimismo, el mérito de haber propiciado la desaparición de ETApm no estuvo exento de graves costes: sobre todo el coste que supuso la impunidad de los muchos "polimilis" que resultaron amnistiados sin haber pagado por sus propias carreras asesinas. Para no incurrir en un balance injusto, el autor reconoce en sus conclusiones cada uno de estos puntos oscuros advirtiendo, no obstante, que quizá lo más relevante de su investigación es la constatación de que las religiones políticas que mueven a la violencia no tienen por qué ser eternas e invulnerables, como no lo fueron para los nacionalistas díscolos de los que trata este excelente libro. 

sábado, 24 de marzo de 2018

Linaje de Unzueta de Eibar


La antigüedad de la renombrada casa solar de Unzueta, ubicada en Eibar, se remonta hasta el reinado de Alfonso X el Sabio, el cual la tuvo cercada en 1272.


ESCUDO DE ARMAS DEL LINAJE DE LOS UNZUETA DE EIBAR


Francisco Unzeta fue veedor general del Ejército de Extremadura, de la Orden de Santiago. 

Martín Unzueta fue contador de las galeras de España en 1603 y pagador general de Flandes, después.

Ochoa López Unzeta fue auditor general de los Tercios de Milán.

Andrés Unzueta comenzó su servicios en los ejércitos de la Monarquía hispánica en 1609. Más tarde, abordo de las galeras de Sicilia y Nápoles, se distinguió en las expediciones de Levante, en la toma de Onella y en apresar bajeles enemigos. En Susamanco, Berbería, al ir a quemar unos bajeles de corsarios por orden de su jefe, fue herido de dos mosquetazos que le causaron la muerte.

Cristóbal Unzueta se distinguió como capitán en la batalla que la Armada española, mandada por García de Toledo, sostuvo contra la inglesa en Cádiz, el 3 de noviembre de 1625.

Gregorio López Unzueta fue tesorero de la Real Hacienda en la ciudad del Cuzco.

Juan Unzueta comenzó su vida militar sirviendo en los galeones que, a cargo del general Tomás Larraspuru, salieron a navegar en julio de 1622. Estuvo en la jornada que Fadrique de Toledo hizo a las Indias en 1629, y fue nombrado capitán en 1632. El mismo año, al mando del patache San Antonio, combatió en el centro de la boca del canal de la Habana contra una urca inglesa, que la dejó desarbolada y desjarciada.

José de Unzueta fue coronel de caballería, que se distinguió en la campaña de Cataluña y especialmente en la batalla de Villalonga el 7 de Diciembre de 1793. Allí siguió combatiendo sin rendirse a pesar de la herida que recibió al comenzar la contienda. Murió durante el transcurso del combate de Llers el 7 de junio de 1794. Como recompensa a sus servicios, una hermana suya gratificada con una pensión de once reales diarios.


ESCUDO DE ARMAS DEL LINAJE UNZUETA EN SU CASA SOLAR DE EIBAR

sábado, 17 de marzo de 2018

Reinado de Fortún Garcés: cautiverio cordobés


En el 860, durante los últimos años del reinado de García Íñiguez, el emir Muhammad I atacó Pamplona. En la localidad de Milagro tomó como rehenes al heredero al trono navarro Fortún Garcés el Tuerto y a una de sus tres hijas, Oneca Fortúnez, e impuso un pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad.

En el 870, García Íñiguez encontraba su muerte dejando como sucesor a su hijo apresado, que no regresó hasta 880, después de 20 años de cautiverio y tras plegarse a los deseos de Cordoba. Parece que gobernó como regente en Pamplona García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.


FORTÚN GARCÉS


Durante esta década el Reino pamplonés actuó de forma autónoma y la alianza con los Banu Qasi se renovó solo para atacar al Emirato cordobés. En el año 870, se estableció una alianza entre el caudillo pamplonés y varios magnates pirenaicos, como Aznar II Galíndez, para ayudar a Amrus ibn Umar de los Banu Qasi en su lucha contra el emir. Al año siguiente prestó su ayuda a Lope ibn Muza en una nueva revuelta contra Córdoba.

Fortún Garcés estuvo acompañado en Córdoba de una de sus hijas, llamada Oneca FortúnezEsta se casó con el hijo mayor del emir Muhammah Abdallah, de los cuales descendió un hijo llamado Muhammad, nacido en el 864, que no llegó a reinar pero que fue padre del primer califa cordobés Ab al-Raham III. La influencia de Oneca sobre su esposo hizo que este le otorgase la carta de repudio del príncipe Abdallah, regresando con su padre Fotún a Pamplona y casando más tarde con su primo Aznar Sánchez.

Ya en Pamplona, Fortún reinó hasta el 905, guardando subordinación al Emirato. Ese año fue derrocado por Sancho I Garcés, descendiente de la dinastía Jimena, linaje que había ocupado la regencia del reino bajo su cautiverio, debido a su falta de iniciativa para luchar contra Córdoba.


VILLA DE MILAGRO JUNTO A RÍO ARAGÓN

lunes, 12 de marzo de 2018

Castillo de Javier


El Castillo de Javier está situado en una loma de la localidad de Javier, a 52 km al este de Pamplona capital y 7 km al este de Sangüesa. Su nombre original fue el de Esabierre, que en eusquera navarro significaba "casa nueva". Tras una evolución fonética, el topónimo se transformó en Xavier y Javier.

En el siglo X, surgió como una aislada alta torre de vigilancia en tierras fronterizas entre navarros e islámicos hacia el sur, aragoneses al este y francos hacia el norte. La torre del homenaje, llamada de torre de San Miguel, se considera la más antigua de estas características en tierras navarras. Sus sillares sobre la rocosa peña son rasgos de su irregularidad arquitectónica.

Primero vigilaban los islámicos de la dinastía de los Banu Qasi de los reinos de Tudela o de Zaragoza quienes vigilaban a los cristianos, y después fueron los cristianos del Reino de Pamplona quienes vigilaron a los islámicos.

PARTE FRONTAL DEL CASTILLO DE JAVIER

A comienzos del siglo XI, se construyó el primer recinto envolvente en forma semicircular, que encerraba la torre y formaba las primeras habitaciones. Se había convertido en un pequeño castillo, con espacio suficiente para el refugio de la tropa y capaz de soportar un prolongado asedio.

Entre los siglos XIII y XIV, se añadieron por los cuatro lados, dos baluartes poligonales y dos torres flanqueantes. También se agregó el Palacio Nuevo que sería derribado para la construcción de la basílica adosada al castillo, en 1901.

En aquel siglo XIII, el castillo pasó de propietario regio. Pertenecía al infante Fernando de Aragón, el cual lo había ofrecido como garantía por un préstamo de 9.000 sueldos al rey navarro Sancho VII el Fuerte. Al acabar el plazo de devolución de la deuda, el aragonés no pudo hacer frente a sus obligaciones, pasando a titularidad del navarro, en 1223. Sancho VII fue uno de los grandes prestamistas de la Corona de Aragón, y gracias a los préstamos impagados, se apropió de una serie de villas y castillos entregados como aval que le ayudaron a reforzar sus fronteras: Escó, Peña, Petilla, Gallur, Trasmoz, Sádaba, etc.

Su sucesor, Teobaldo I, encomendó la fortaleza a Adán de Sada, en 1236, de cuyo linaje pasó posteriormente a los Azpilcueta y los Jasso.

En el siglo XVI, el castillo pertenecía a María de Azpilcueta, natural del valle de Baztán, que estaba casada con Juan de Jaso, señor de Javier. Hijo de ambos fue Francisco de Jaso y Azpilcueta, que nació en 1506 en este castillo y vivió en él en su juventud, y que se convertiría en San Francisco Javier


BASÍLICA JUNTO AL CASTILLO

Durante la invasión de Navarra por las tropas del duque de Alba, este linaje fue enemigo de Fernando el Católico, razón por la cual el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros ordenase la demolición del castillo, en 1516. Esta sentencia se ejecutó de forma parcial: se derribaron los baluartes con sus almenas y aspilleras; se derribaron dos torres circulares, el puente levadizo y el jardín; la torre del homenaje fue rebajada a la mitad; se destruyeron dos grandes portaladas y se rellenó el foso al mismo nivel del terreno.

Tras sucesivas herencias, la propiedad del castillo, junto con el resto del pueblo de Javier, recayó en la Casa de Villahermosa.

A finales del siglo XIX, el castillo estaba prácticamente en ruinas, y por iniciativa de sus propietarios, María del Carmen de Aragón-Azlor, duquesa de Villahermosa, y su marido José Manuel de Goyeneche, conde de Guaqui, se comenzaron las obras de restauración.

Tras la repentina muerte del conde de Guaqui en 1893, la financiación de las obras quedaron a cargo de las personas más próximas a Manuel de Goyeneche, que fueron su viuda María del Carmen de Aragón-Azlor (duquesa de Villahermosa), y sus tres hermanos María Josefa (duquesa de Goyeneche), Carmen (duquesa de Gamio) y José Sebastián de Goyeneche y Gamio (fundador de la Fundación Goyeneche). No solo se encargaron de los gastos de la restauración del castillo, sino que además hicieron construir una basílica adosada a él y algunos edificios para viviendas para sacerdotes y casas de ejercicios espirituales.

PARTE TRASERA DEL CASTILLO DE JAVIER

Ya a principios del siglo XX, la duquesa de Villahermosa donó el castillo y la basílica a la Compañía de Jesús con la condición de que lo mantuviera tal y como se le entregó. En la cripta de la basílica descansan los restos de quienes contribuyeron a la reconstrucción del castillo y erección de la basílica.

FASES DEL CASTILLO DE JAVIER

En la actualidad, el castillo se puede visitar. Dispone de un amplio sistema defensivo dotado de saeteras, matacanes, almenas, torres, camino de ronda, murallas exteriores, fosos y dos puentes levadizos sucesivos, que lo convertían en un inexpugnable bastión en tierras fronterizas.

PUERTA DE ENTRADA

La entrada posee doble puente levadizo de forma sucesiva frente a sus puertas, en la primera de estas aparece el escudo de armas del linaje de Jaso y Azpilcueta y una moderna rampa de acceso.

FOSO CON SAETERA Y ESCARPA

Dentro del foso aparecen los baluartes y las escarpas escalonadas de bolos de río, que servían para fortalecer los muros contra la artillería del siglo XV.

MATACÁN

El matacán o buharda es una obra voladiza del muro sobre la puerta de entrada, con suelo abierto, desde donde se atacaba al enemigo, por ejemplo dejando caer bolas incendiarias a lo sitiadores que trataban de tumbar la puerta.


SALA GRANDE

Atravesando la puerta de piedra se accede a la sala principal: la sala grande. En tiempos de emergencia podía servir de cocina y de dormitorio. Normalmente, era la sala de audiencias y recepciones, además de ser el espacio donde la familia pasaba gran parte de su vida doméstica.


TORRE DE SAN CRISTO - TORRE DEL HOMENAJE - TORRE DE UNDUÉS

El castillo está dotado de tres torres: la de San Miguel, la de San Cristo y la de Undués.

La Torre de San Miguel, o torre del Homenaje, es la más importante, sobre la que gira el castillo, sobresaliendo del patio de armas y de la sala grande a ambos lados. Está asentada en una roca originaria que se puede ver en su interior y construida con grandes bloques de arenisca. Era el núcleo originario de la atalaya defensiva del siglo X, que evolucionó hacia el castillo actual.


TERRAZA ALMENADA DE LA TORRE DE SAN MIGUEL

Desde la terraza almenada se contempla la sierra de Leyre (norte), la vega del río Aragón (oeste), la torre de Undués (este), y la plaza donde estuvo el antiguo poblado de Javier (sur), junto con la abadía y la parroquia. 


TORRE DEL SANTO CRISTO

La Torre del Santo Cristo es bastión lateral junto a la basílica. En interior se encuentra un vestíbulo y la capilla del Santo Cristo. Entre sus elementos arquitectónicos se encuentra una saetera, una verja y el altar, también hay un interesante crucifijo tardogótico (siglos XV) tallado en madera de nogal, es el Cristo sonriente de Javier. Toda esta pequeña capilla está decorada de una serie de pinturas murales de esqueletos representando la Danza de la Muerte, única en España.

TERRAZA DE LA TORRE DEL SAN CRISTO

PLAZA DE ARMAS

La plaza de armas es un espacio abierto entre los muros de la fortificación original y las caballerías. Es la parte central del castillo en torno al cual se distribuían las estancias para el acuartelamiento de la tropa. Había granero, bodega, cuadras y un pozo de agua para resistir un prolongado asedio. A la derecha se encuentra la basílica, estructura que comenzó a edificarse a finales del siglo XIX en el lugar que se hallaba el Palacio Nuevo, donde nació Francisco de Javier.

CAMINO DE RONDA

El camino de ronda es un corredor pensado para defender mejor la fortaleza. Desde él se aprecian varios elementos defensivos, entre otros el matacán principal del castillo.

TORRE DE UNDUÉS

TORRE DE UNDUÉS Y CABALLERIZAS

La Torre de Undués sobresalía por encima de dos plantas con saeteras, que antiguamente por encima de las bodegas y las caballerizas del castillo. En la actualidad alberga el Museo de San Francisco Javier, que contiene interesantes pinturas y esculturas relacionadas con la vida y misiones del santo, algunas de ellas de procedencia oriental.

ROCA SOBRE LA BASE DE LA TORRE ORIGINARIA
ROCA SOBRE LA BASE DE LA TORRE ORIGINARIA

Los sillares sobre la roca en la que se asienta la torre del homenaje o de San Miguel son rasgos de su irregularidad arquitectónica. En sus basamentos hay huellas y zócalos musulmanes que podrían ser del siglo de su construcción. Bajo esta peña existe una fría celda con su cuerpo medieval.

ESTANCIA DE FRANCISCO DE JAVIER

PASILLO ENTRE LA TORRE Y LA CAPILLA

Las estancias donde originalmente se alojaban los señores del castillo rodean la base de la torre de San Miguel. Una de sus dos estancias es conocida como el Cuarto del Santo, ya que según la tradición fue la habitación de Francisco de Javier hasta 1525, cuando partió a estudiar a París. La otra estancia es la capilla originaria del castillo, consagrada a San Miguel, que conserva el enlosado original.

ESCUDO DE ARMAS DE FRANCISCO DE JAVIER

La llamada Sala de los Escudos es una estancia que en la actualidad está adornada con los escudos de armas de los padres de Francisco de Javier (María de Azpilicueta y Juan de Jaso) y el árbol genealógico de su linaje.

María de Azpilcueta y Aznárez de Sada fue señora de Javier. Sus padres fueron Martín de Azpilcueta, señor de Javier, y Juana Alfonso Aznárez de Sada, señora de Javier.

Juan de Jaso y Atondo fue señor de Javier al matrimoniar con María de Azpilcueta. Provenía de los linajes de Jaso y Atondo.

Ambos dejaron como descendientes a Magdalena de Jaso, Ana de Jaso, Miguel de Javier, Juan de Azpilcueta y Francisco de Jaso y Azpilcueta.





MAQUETA DE LA TORRE DE SAN MIGUEL DEL SIGLO X


MAQUETA DEL CASTILLO DE JAVIER DEL SIGLO XVI


MAQUETA DEL CASTILLO DE JAVIER DEL SIGLO XX

miércoles, 7 de marzo de 2018

Bartolomé de Carranza y Miranda

Eclesiástico y teólogo del siglo XVI, que participó en el Concilio de Trento de 1546, en la Junta de Valladolid de 1550 sobre la "polémica de los naturales", y escribió Tratado sobre la virtud de la justicia.


BARTOLOMÉ DE MIRANDA


Natural de Miranda de Arga, Navarra, donde nació en 1503. En 1515 estudia latín en Alcalá de Henares, en 1518 estudia artes y en 1520, ingresa en la Orden de Santo Domingo en el convento de Benalaque, donde completa los estudios de Filosofía y Teología. En 1525 ingresa en el colegio de San Gregorio de Valladolid, donde al terminar sus estudios comienza su docencia en artes. Allí coincide con fray Melchor Cano, émulo y rival en la ciencia y en las dignidades dentro y fuera de la orden dominicana. La rivalidad entre estos dos teólogos se inicia en un acto académico del curso 1532-1533, en la que ambos ya dejaron marcadas de forma irreductible sus posiciones.

En 1533, fue nombrado maestro de estudiantes y catedrático de Vísperas de Teología, a la vez que realiza funciones de censor o calificador en el Santo Oficio de la Inquisición.

En 1536, se le adjudica la Cátedra de Prima de Teología, mientras que Melchor Cano entra a ocupar la de Vísperas. Solicita la magistratura en Teología Sagrada por el capítulo provincial de Benavente de 1537, que le fue concedida en Roma en el capítulo general de 1539, acto al que asistieron varios cardenales y el embajador de Carlos V.

En 1539, ya de vuelta a España, el capítulo provincial de la Orden celebrado en Valladolid le otorga el cargo de examinador de los predicadores y confesores de la provincia dominicana de España, al mismo tiempo que Melchor Cano. En esta época se distinguió por sus sermones y explicaciones de la Summa Theologiae de Santo Tomás y de la Sagrada Escritura en el colegio de San Gregorio, a las que asistían los que serían grandes maestros del futuro: Juan de la Peña, Juan de Villagarcía y Pedro de Sotomayor.

En 1540, publicó Tratado sobre la virtud de la justicia.

Carlos V le escribe desde Bruselas en 1545, con la orden de participar en el Concilio Ecuménico de Trento, y lo hace de forma muy activa, ya que sus intervenciones fueron muy alabadas tanto por los Padres conciliares como por los cronistas de la asamblea: sobre el canon de la Sagrada Escritura, el 20 de febrero de 1546; el sermón del primer domingo de cuaresma ante los Padres del concilio, el 14 de marzo de 1546; los discursos sobre la justificación, el 14 de julio, el 27 de septiembre y el 18 de octubre de 1546; la intervención sobre los sacramentos en general, el 21 de enero de 1547; el voto sobre el sacramento de la Eucaristía, el 3 de febrero de 1547.



CASA NATAL EN MIRANDA DE ARGA


Fue elegido prior de Palencia en 1548 y actúa como definidor en el capítulo provincial de Ávila de ese mismo año. En el capítulo de Segovia del 2 de febrero de 1550 es elegido prior provincial de la provincia dominicana de España. Entre los años de 1548-1550 es propuesto para confesor del príncipe (el futuro rey Felipe II) y para obispo de los obispados del Cuzco y de Canarias, dignidades que no acepta.

Entre 1550 y 1551 está presente en la Junta de Valladolid, que intentaba resolver la polémica de los naturales o de los justos títulos entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas.
A finales de 1551 se reincorpora a las sesiones del Concilio por orden del emperador, interviniendo en el aula sobre el tema de la Misa y sobre el sacramento del Orden.

En 1553 es regente supernumerario del colegio de San Gregorio de Valladolid. Por orden del rey Felipe II, en 1554 embarca en La Coruña para Inglaterra. Es nombrado vicario por el Maestro de la Orden de Predicadores, con el objetivo de restaurar a los dominicos en Inglaterra, aun cuando la verdadera intención de su misión fuera restaurar el catolicismo en Inglaterra. Fue confesor de la segunda esposa de Felipe II, María Tudor. Allí trabaja como legado pontificio o nuncio de su Santidad el Cardenal Pole, siendo el brazo derecho de éste en la difícil tarea de la contrarreforma, que cristalizó en el sínodo de Londres de 1555. Los resultados prácticos de estos esfuerzos fueron realmente pocos, debido a la pronta muerte de la reina y del cardenal Pole en 1558.

En esa época redacta su famoso Comentarios sobre el catecismo romano, que será la causa de su declive posterior, imprimiéndolo en Amberes en 1558.

Como premio a su trabajo, Felipe II lo propuso como arzobispo de Toledo, sede primada del Imperio Español. A pesar de su resistencia, fue ordenado de obispo en 1558 en el convento de Santo Domingo de Bruselas.

Por encargo del monarca ejerce la función de Consejero del Imperio en Flandes, cuando ya el emperador Carlos V se había retirado enfermo a Yuste. Se distinguió en esa época por sus profundos comentarios a la Biblia y a la Suma Teológica de Santo Tomás.



RETRATO DEL ARZOBISPO BARTOLOMÉ DE CARRANZA,
POR LUIS DE CARVAJAL (1578), CATEDRAL DE TOLEDO, SALA CAPITULAR


De vuelta a España, Felipe II le ordenó asistir al Consejo de Estado en Valladolid y tratar con su padre Carlos I en Yuste los temas secretos que le había confiado, justo a tiempo antes de asistir a su muerte. En 1558, ejerció en Toledo como obispo, donde sorprende por su modo de ejercer la caridad.

En esos momentos la Inquisición se ocupaba en las audiencias de los reos del foco luteranizante castellano descubierto en el mes de abril de 1558, donde el nombre de Carranza se decía que fue frecuentemente invocado. El inquisidor general, Fernando de Valdés, prepara el proceso de arresto en 1559, es engañado y obligado a abandonar la corte, siendo apresado la noche 23 de agosto en Torrelaguna y conducido a la cárcel de la Inquisición en Valladolid, donde da comienzo su proceso.
Fue su proceso largo, complejo y notorio, tanto por la calidad del acusado como por las circunstancias en que se desarrolló. Se le juzga primero en España (1559-1567). Carranza recusa al Inquisidor General; así, el acusado pasa a ser acusador del juez que le debía juzgar. Los árbitros del conflicto dieron por buena la recusación y nombraron un nuevo juez para Carranza. Su abogado, Martín de Azpilicueta y los testimonios de prestigiosas personas impiden que sus enemigos y los fiscales logren que el juez dicte sentencia de culpabilidad.

Posteriormente, el proceso fue llevado a Roma por exigencia del Papa Pío V. Carranza partióde España el 27 de abril de 1567, yendo a parar a la cárcel del Castillo de Sant’ Angelo. El mismo Papa asistió a docenas de sesiones del proceso y decide dictar sentencia a favor de Carranza. Pero como la diplomacia exigía que antes se comunicara la decisión al rey de España, envió un embajador con ese encargo, quien se retrasó en la vuelta a Roma y no le dio tiempo llegar antes de la muerte de Pío V en mayo de 1572.

En 1576, Gregorio XIII sentenció en su contra, declarándole gravemente sospechoso de herejía y exigiéndole una abjuración "ad cautelam" de dieciséis de sus proposiciones, a pesar de que la obra fuera declarada ortodoxa por el Concilio de Trento en 1563.

La última parte de su defensa fue llevada a cabo también por Martín de Azpilicueta, quien fue enviado a Roma por Felipe II precisamente para hacerse cargo de la misma. Gracias a su brillante defensa, Carranza fue finalmente absuelto, poco antes de morir en el Convento de Santa María sopra Minerva de Roma, donde es enterrado.

Gregorio XIII, como reparación por su confusa sentencia, redactó el epitafio que se puso sobre su tumba:
"Bartolomé Carranza, navarro, dominico, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, varón ilustre por su linaje, por su vida, por su doctrina, por su predicación y por sus limosnas; de ánimo modesto en los acontecimientos prósperos y ecuánime en los adversos."
En 1993, sus restos fueron exhumados y trasladados a la catedral de Toledo.



ESCUDO DE LOS CARRANZA EN LA CASA NATAL

viernes, 2 de marzo de 2018

Reinado de García Íñiguez: alianza navarro-astur


En 841, Íñigo Arista Íñiguez, con más de 70 años y aquejado de una parálisis, dejaba el gobierno de su reino a su primogénito García Íñiguez. Los planes geopolíticos de García consistían en aprovechar la influencia de su hermana Asona para convencer a Muza ibn Muza de romper su dependencia hacia Córdoba. La recuperación de la antigua alianza entre reinos serviría para arrebatar juntos al valí de Zaragoza la comarca de Huesca. Posiblemente, el proyecto de García era la creación de un gran reino cristiano en el valle medio del Ebro, enemigo de los musulmanes de Córdoba pero que a su vez frenase la previsible expansión de los condados aragoneses protegidos por los francos.


GARCÍA IÑIGUEZ


El hecho es que ese mismo año de 841, Muza se sublevó contra el Emirato de Córdoba provocando la reacción de Abd al-Rahman II. Uno de sus hijos, Muhammad, al mando del Ejército cordobés, lanzó una incursión militar hacía el valle del Ebro, puso sitio a Tudela, aplastando al ejército de los Banu-Qasi y los Arista en las cercanías de esta ciudad. Durante la contienda falleció luchando Fortún Íñiguez, segundón de Íñigo Arista, y ponía en huida a Muza, refugiándose en Pamplona. Además, impuso al monarca navarro la obligación de pagar 700 monedas de oro al año en reconocimiento de la soberanía. La imposición de sus condiciones y el pago anual de un tributo fue el origen de esta campaña y de los saqueos en las tierras pamplonesas en los sucesivos años de 843, 844 y 850.

En 843, empeoró la situación, ya que los cordobeses infligieron una tremenda derrota a los aliados de las dinastías Íñigo y Banu Qasi, a pesar de contar en esta ocasión con contingentes de Asturias y Aragón. Muza y García I claudicaron por completo y se sometieron a las intenciones del emir. Además, obligó al pamplonés al envío a Córdoba de una embajada compuesta de 70 nobles, y escenificar la petición de paz.

El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que García Íñiguez se aliara en lo sucesivo y por intereses comunes con los reyes asturianos. El rey pamplonés, aunque tributario del emir, era independiente, en cambio sus aliados muladíes formaban parte de Al-Ándalus, lo que implicó la obligación de combatir a sus tradicionales aliados pamploneses y a dirigir los ataques musulmanes contra el Reino asturiano de Ramiro I. La Corte de Oviedo decidió actuar en alianza con Pamplona y enviar al príncipe Ordoño en expedición militar por las tierras meridionales de los Banu-Qasi que puso sitio a la fortaleza de Albelda, en La Rioja baja. El valí muladí abandonó la campaña contra Pamplona y acudió en socorro de los sitiados. Pero Ordoño destrozó sus fuerzas en Clavijo, el 23 de mayo de 844. La batalla de Clavijo, a la que se asocian las leyendas del tributo de las cien doncellas y de la aparición del apóstol Santiago, selló la enemistad definitiva entre Aristas y Banu Qasis.


REINOS Y CONDADOS DEL NORESTE PENINSULAR, SIGLO IX


En el 858, los normandos remontaron el río Ebro desde Tortosa hasta Tudela, dejando atrás Zaragoza, y subiendo por sus afluentes Aragón y Arga, se presentaron en Pamplona. La ciudad fue saqueada y el rey García Íñiguez raptado. Tras pagar un costoso rescate de 70.000 monedas de oro, el rey regresaba después de dejar a algunos miembros de su familia como rehenes para asegurar su recompensa. A partir de entonces la vieja alianza entre los Arista y los Banu Qasi se había roto definitivamente y García Íñiguez sería aliado definitivo del Reino de Asturias. El pamplonés comprendió que Muza había abandonado a los Arista.

Se había creado una alianza de reinos cristianos hispánicos contra islámicos. Su primera acción fue lanzar una ofensiva contra la fortaleza de Albelda, tras comprobar la amenaza que esta plaza fuerte suponía sobre los dominios orientales del Reino asturiano. Un contingente formado por asturianos y pamploneses, liderado por el rey Ordoño I, tomó esta fortaleza, capturó gran cantidad de botín, dio muerte a numerosos musulmanes y destruyó la ciudad hasta los cimientos.

La batalla de Albelda del 859 consiguió que el rey asturiano controlase toda la zona riojana y que Lope ben Muza, gobernador de Toledo e hijo de Muza, se declarase vasallo de Ordoño.

La Crónica de Alfonso III recoge que en la batalla participaron los navarros, pero ya junto a los asturianos. Esta presencia militar fue debido a una alianza política formalizada mediante uniones matrimoniales. En el Códice Virgilano se conserva la obra conocida como Epitalamio de Leodegundia, donde se hace mención al matrimonio de esta hija de Ordoño I, Leodegundia, con un príncipe pamplonés, probablemente Fortún Garcés el Tuerto, hijo de García Íñiguez.

García Iñiguez estuvo casado en primeras nupcias en 858 con Oria, hija de Muza ibn Muza Ibn Fortún, y en segundas nupcias con Urraca Giménez de Aragón. Además, casó a sus dos hijas con príncipes cristianos hispánicos: a Oneca, con el conde Aznar II Galindo de Aragón; y a Jimena con el futuro Alfonso III el Magno de Asturias.

Al año siguiente, en el 860 el emir Muhammad I, como represalia al establecimiento de esta alianza encabezada por García Íñigez, se dirigió a Pamplona en expedición militar de castigo. El paso de las huestes musulmanas fue implacable, numerosos castillos fueron tomados y el heredero al trono, Fortún Garcés, fue hecho prisionero sin regresar hasta 18 años después. Pamplona fue castigada, y se retomó el pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad. El reinado de García Íñiguez terminó con su muerte en 870.


PLACA FUNERARIA DE LOS REYES NAVARROS SEPULTADOS EN EL MONASTERIO DE LEYRE