26/12/2025

Constructores navales vascos de la Armada de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII


Los constructores navales vascos de los siglos XVI a XVIII eran maestros carpinteros de embarcaciones de todas las dimensiones y tonelajes con las proporciones adecuadas. Hasta bien entrado el XVIII, el eje fundamental de su formación fue la experiencia transmitida y no la investigación científica. Es decir, los constructores aprendían sobre el terreno, transmitían sus conocimientos técnicos de unos a otros y aplicaban las soluciones que mayor éxito habían tenido en los diferentes prototipos navales.

Estos industriales marítimos no constituyeron un grupo homogéneo pues se distinguían entre los que fabricaban grandes unidades con destino principalmente a las Reales Armadas del mar Océano o las Reales Flotas mercantes de la Carrera de Indias y los que construían pequeñas y medianas embarcaciones para clientes particulares que practicaban el transporte de mercancía a pequeña escala y la pesca de cabotaje.

Los constructores de medianas y pequeñas embarcaciones integraron un grupo bastante homogéneo en cuanto a sus características. Además de ser maestros en la carpintería de ribera, solían tener sólidos conocimientos de calafatería, que en ocasiones les permitía alcanzar el grado de oficiales o incluso de maestros navales. Pero no solían recibir el calificativo de maestros de fábricas navales. Asimismo, solían combinar esta actividad con cualquier otro trabajo de carpintería, incluso, la pesca o el comercio. La mayoría de ellos trabajó en los astilleros de su municipio o de localidades vecinas por el ahorro y ventajas económicas que ello les suponía.

Los fabricantes de grandes embarcaciones formaban una élite dentro del sector industrial. Algunos, mediante asiento o contrato real, construían buques de guerra para las Reales Armadas del mar Océano entre los siglos XVI y XVIII. Otros fabricaron grandes embarcaciones mercantes para las Reales Flotas de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII, y para la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y la de Filipinas en el XVIII.

CONSTRUCTORES NAVALES VASCOS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Entre los siglos XVI y XVIII, un grupo de constructores navales vascos alcanzaron gran fortuna y prestigio, llegando a monopolizar la producción de grandes embarcaciones, en unos casos por el número de pedidos que tuvieron, y en otros, por el volumen de toneladas fabricadas y la complejidad técnica. En su mayoría eran guipuzcoanos, aunque también hubo vizcaínos.

Los más representativos constructores y asentistas vascos que botaron galeones para Real Armada del mar Océano o la Real Flota de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII fueron:


01. MARTÍN DE VILLAVICIOSA

Martín de Villaviciosa, natural de Pasajes, fue el más destacado constructor naval de una saga de marinos del siglo XVI, cuyas embarcaciones participaron en varias expediciones marítimas, como por ejemplo la de Magallanes y Elcano a las islas de las Especias entre 1519 y 1522; y otras, las de mayores tonelajes, formaron parte de las Reales Armadas del mar Océano.

Siendo general de marina, compaginó sus servicios en las armadas con la manufactura de algunas naos y galeones con arqueos superiores a las 300 toneladas, considerados grandes para la época, y siempre en astilleros de Pasajes, principalmente los de Bordalaborda y Barrio Vizcaya. Una de estas unidades fue el galeón La Trinidad de 653 toneladas, fabricado en 1550.

En la década de 1570, varias naos fueron construidas en los astilleros de Pasajes por uno de los almirantes Villaviciosa, estas fueron: María del Pasages, de 362 toneladas; San Nicolás, de 350; y San Salvador. Volvió a efectuar dos fábricas al año siguiente: la nao Capitana, en el astillero de Bodalaborda; y el galeón San Salvador, de 700 toneladas, en Pasajes. Continuó en Bodalaborda para efectuar una embarcación con el nombre de María, de 346 toneladas, en 1578.


02. MIGUEL DE OQUENDO

Miguel de Oquendo y Domínguez de Segura, natural de San Sebastián, fue constructor naval en la segunda mitad del siglo XVI además de marino de guerra. Pasó a la historia por ser almirante general de la Real Armada de mar Océano y teniente de la Gran Real Armada de la expedición a Inglaterra de 1588 al mando de la Real Armada de Guipúzcoa.

En los astilleros de Pasajes construyó varios galeones con destino a la Reales Armadas de la Monarquía de Felipe II: los galeones Santa Ana, de 1.200 toneladas, y la Capitana Real, de 1.500, en 1570, y el San Salvador, de 800 toneladas. Fue propietario de una embarcación de estas características con la que combatió en la jornada de Oran de 1575.

MIGUEL DE OQUENDO Y DOMÍNGUEZ DE SEGURO


03. ANTONIO DE URQUIOLA

Antonio de Urquiola, natural de Guetaria, fue superintendente de la Real Fábrica de Navíos y Galeones de Santiago en el Urola y las de Lezo y Pasajes, a finales de siglo XVI, y general de la Real Escuadra de Cantabria. Entre sus naos destaca la San Juan Bautista, buque insignia del almirante Aramburu. En el plano bélico, participó en la expedición de las Azores de 1591, entre otros combates.


04. AGUSTÍN DE OJEDA

Agustín de Ojeda, natural de Fuenterrabía, fue capitán de marina y principal constructor y asentista naval vasco de galeones para la Armada en la década de 1590, que fueron ejecutados en las gradas de Pasaia y Bilbao. Su meritoria labor le valió para que en 1617, la Corte de Felipe III le nombrara superintendente de las Reales Fábricas, Plantíos y Montes de Guipúzcoa.


05. DOMINGO DE GOYZUETA

Domingo de Goyzueta, natural de Rentería, fue fabricante naval en los astilleros de su villa natal, entre ellos en el Astillero de la Magdalena, entre los años 1590 y 1614. Para ello, utilizó maderas de los montes concejiles de Rentería, fomentando la industria naval municipal, uno de sus principales sectores económicos.

Entre 1590 y 1606, se dedicó a la labra de embarcaciones de todos los tamaños, para uso privativo o por encargo de particulares. A partir de 1606, posiblemente al amparo de las subvenciones reales, firmó varios asientos con la Corona para labra de galeones de las Reales Armadas del mar Océano. Uno de estos asientos, firmado en 1606, se le obligó a fabricar tres galeones de guerra; y otro en 1608, por el que hizo otros tantos galeones con el mismo destino.


06. JOANES DE SOROA

Joanes de Soroa, natural de Usurbil, fue constructor naval guipuzcoano y maestro mayor de la Reales Fábricas Navales, llegando a dirigir la realización de varios galeones y embarcaciones capitanas para la Real Armada del mar Océano y las Reales Flotas de la Carrera de Indias, entre los años 1602 y 1625. Además de estas unidades, también elaboró varios bajeles y gabarras para clientes particulares. Los centros astilleros que utilizó fueron los de Rentería, Usurbil y Zumaya.

Fabricó una gabarra real en Pasajes para conducir a la infanta María Teresa en 1660 a la isla de los Faisanes con motivo de su boda con el rey de Francia Luis XIV.


07. SAN JUAN DE OLAZÁBAL

San Juan de Olazábal, natural de Rentería, fue capitán de marina, armador naval y constructor de navíos durante cuarenta años, entre 1600 y 1640.

Entre los años 1600 y 1633 construyó, cuando menos, 21 buques en los astilleros de Rentería y de Fuenterrabía. Una parte importante de esta producción estuvo destinada a las Reales Armadas del Mar Océano y de la Carrera de Indias. Por esta circunstancia se especializó en la manufactura de naves de gran tamaño, generalmente galeones, que registraron arqueos superiores a las 500 toneladas en la mayoría de las unidades. De igual manera, fabricó otros buques, así bien de gran tonelaje, por encargo de algunos clientes guipuzcoanos que tuvieron, asimismo, como destinos la Carrera de Indias y el servicio a la Corona.



08. SANTIAGO DE LARRAGUIBEL

Santiago de Larraguibel, natural de Deva, comenzó como maese carpintero de ribera de Deva, generando una expansión de la industria naval de Deva, junto a otros. Entre 1625 y 1639, fabricaba naves de cabotaje de pequeñas y medianas dimensiones, siendo sus clientes comerciantes vascos vinculados al transporte del mineral de hierro vizcaíno.

Entre 1635 y 1637, ejerció como contramaestre en los tres galeones: una Capitana de 600 toneladas y dos galeones de 400, con destino a la Real Armada del mar Océano, que construyó Francisco de Lasarte por orden del Marqués de Valparaíso. Como contramaestre, estivo encargado de proporcionar toda la madera, tabla y pertrechos necesarios para sus fábricas.


09. JUAN DE HOYOS

Juan de Hoyos formó parte de un grupo de asentistas-constructores vascos en el que se apoyó Felipe IV para consolidar el poderío naval hispano durante la Guerra de los Treinta Años hasta el Tratado de Westfalia en 1639. Otra de sus misiones fue la de reconvertir algunos navíos que se estaban construyendo para navegar en corso en barcos mercantes de la Real Flota de la Carrera de Indias, solucionando problemas técnicos bastante complejos.


10. FRANCISCO DE BUSTINZORO

Francisco de Bustinzoro, natural de San Sebastián, fue el capitán de marina y constructor naval que se ofreció a fabricar dos galeones de guerra de guerra de 600 a 700 toneladas cada uno, en 1629. Ambas embarcaciones se integrarían a la Real Armada española que se estaba organizando para recuperar la plaza de Pernambuco, recién sitiada por una flota holandesa, durante la Guerra de los Treinta Años.

Dicho contratista hizo la entrega de los dos buques en Lisboa, donde tripulados de gente y armados de artillería partieron en conserva de la Flota mercantes de los Galeones de la Plata, que llevaba a su cargo el general Antonio de Oquendo.

NAVÍO DEL SIGLO XVI


11. ANTONIO LAJUST

Antonio Lajust fue un importante constructor naval y asentista real de la primera mitad del XVII, especializado en la tipología de galeón cuyo peso era siempre superior a 500 toneladas. Estuvo muy vinculado al comercio transatlántico, e invertía parte de sus beneficios en la construcción naval, en las factorías de San Sebastián, Pasajes y Usurbil.

Estas unidades tenían como destino el comercio en el Atlántico y las flotas de la Carrera de Indias, unas veces por parte de los particulares, y otras de la Corona.

Entre los años 1614 y 1621, realizó los siguientes galeones: Santa Cruz (550 toneladas); Nuestra Señora del Juncal (650); Nuestra Señora de Aránzazu (600); Nuestra Señora de la Asunción (650); La Santísima Trinidad (600); San José (600); Santiago (600); Santa Theresa (600); Nuestra Señora del Rosario (500); Santa Gertrudiz (600); San Antonio de Padua (600); y un último galeón para la Real Armada de Guipúzcoa.


12. DOMINGO DE ECHEVERRI Y ROBER

Domingo Juan de Echeverri y Rober, natural de San Sebastián, almirante de marina y constructor naval que estuvo al servicio de la Armada desde 1639 hasta 1667, llegando a ser también general de la Real Armada de la Carrera de Indias en 1664 y 1666. En 1665, fue nombrado capitán de la Maestranza de Cantabria, y durante diez años estuvo a cargo de la mayor parte de las naves que se componían para las Armadas Reales en Guarnizo, Fuenterrabía, Pasajes, Bilbao y otros astilleros.

Fue comisionado a Países Bajos junto a Ignacio de Soroa para estudiar la construcción naval en sus astilleros y reconocer bajeles en venta. A su regreso, propuso adoptar el sistema de fabricación de embarcaciones de los holandeses, que hacía diferencia entre buques mercantes y buques de guerra, con planteamientos regulados y experimentados en hidrostática, geometría y aritmética.

En 1666, publicó unas excelentes Instrucciones generales para la navegación y combate, de Echeverri, a la armada y flota de Nueva España, en colaboración con sus hermanos también generales de marina y tratadistas náuticos.


13. IGNACIO DE SOROA

Ignacio de Soroa, natural de Usurbil, fue reputado en su tiempo como uno de los mejores fabricantes navales del Cantábrico. Ostentó el cargo de capitán de Maestranza de las Fábricas del Rey en Cantabria. Asimismo, su valía profesional hizo que fuera la persona elegida por la Corona para ir a Holanda al desempeño de una comisión técnica. Su carrera profesional la desarrolló por entero en los astilleros guipuzcoanos, siendo uno de los constructores vascos con una de las nóminas de barcos más extensa del XVII. Entre 1664 y 1686, se especializó en la manufactura de galeones de gran tonelaje, para la Real Armada del mar Océano como a la Real Armada de la Carrera de Indias.

Sus principales galeones en Usurbil fueron: el Buen Jesús de 600 toneladas, en Usurbil, en 1664; el San Vicente de 803 toneladas, en Pasajes, en 1666; el Capitana y el Almiranta en Mápil, en 1667; el Nuestra Señora de la Almudena de 822 toneladas, en Usurbil, en 1668; otra Capitana de 1.293 toneladas, en 1672. En el astillero de Rutarte fabricó el galeón Nuestra Señora de Guadalupe, de 700 toneladas, en 1675; una Capitana de 800 toneladas y una Almiranta de 761, en 1677. Su máximo apogeo lo consiguió en la construcción de toda una flota de galeones cuyo porte conjunto debía sumar las 3.600 toneladas en en los astilleros de Rentería, a partir de 1678. Su último asiento fue el galeón El Santísimo Sacramento, en 1686.

IGNACIO DE SOROA


14. BLASCO DE ECHEVESTE

Blasco de Echeveste, natural de Usurbil, fue maestro constructor de algunos galeones en las instalaciones navales del río Oria, para capitanes de mar y guerra, a mediados del siglo XVII.

La primera unidad se sirvió para el capitán Cristóbal de Echeverría en las gradas de Urdayaga, en 1646. El navío San Nicolás se entregó al capitán Francisco de Iturriza, en 1657. Y el tercer y último galeón lo fabricó el capitán Miguel de Learizteguieta y Luis de Córdova, que elaboró en los astilleros de Orio, en 1665.


15.
JUAN DE OLAETA

Juan de Olaeta, natural de Bilbao, fue constructor naval y asentista real que entregó algunos galeones para la Corona entre los años 1679 y 1683. El primer contrato estuvo basado en la fabricación de dos galeones de 800 toneladas para la Real Flota de la Carrera de Indias, en el Astillero de Mundaca, a un precio de 36 ducados la tonelada y una fecha de entrega en agosto de 1680. Debido a retrasos en el adelanto de dinero por parte de la Corona y la amenaza de invasión francesa, se entregaron en octubre de 1681.

Un año después, se ofreció a fabricar otro galeón de similares características para la Carrera de Indias. Su fábrica se realizó en los Astilleros de Lida y de la ría de Mundaca, pero fue entregado en el puerto de Pasajes, en 1683, utilizando maderas del monte de Achera, propio de las anteiglesias de Ibarranguelua y Gautéguiz de Arteaga.


16. PEDRO DE ARÓSTEGUI

Pedro de Aróstegui, natural de San Sebastián, fue constructor naval de galeones para la Real Armada española en los astilleros de Basanoaga y de Mápil entre 1680 y 1700.

Sus principales asientos fueron dos galeones de más de 880 toneladas, la capitana Nuestra Señora del Rosario y la almiranta Jesús María y Joseph, más un patache Nuestra Señora de las Estrellas, en el Astillero de Basanoaga, en 1680; otros dos galeones de 1.200 toneladas cada uno en Basanoaga, en 1683; y la almiranta San Joaquín de 1.077 toneladas y la capitana San Joseph de 1.066, en el Astillero de Mápil, en 1696. Estas unidades se integraron en alguna las Reales Armadas de Carlos IV.


23/12/2025

Jerónimo de Mendieta


Eclesiástico franciscano, cronista de las Indias, defensor de indios, autor de una crónica de la cristianización y colonización en el Virreinato de la Nueva España llamada Historia Eclesiástica Indiana en 1596

JERÓNIMO DE MENDIETA

Jerónimo de Mendieta era natural de Vitoria, donde nació en 1525.

A los veinte años de edad años se ordenó franciscano en Bilbao. En 1554 fue enviado al Virreinato de la Nueva España, donde ejerció labores de evangelización y aprendía la lengua de los indígenas.

En 1570, regresó a España de camino para Roma, donde asistió al Capítulo General de la Orden franciscana. Propuso algunas reformas al Consejo de Indias para fortalecer la autoridad del virrey y para beneficiar a los indios.

Retornó a México, en 1571. Los cargos y responsabilidades se sucedieron en su persona. Fue padre guardián, padre superior y padre definidor. Ennoblece a todos con su vida ejemplar, pero su admiración y reconocimiento radicaba en sus aportaciones como cronista e historiador.

Su obra fue amplia, siendo el cronista por antonomasia de las grandes construcciones de la Nueva España. Su obra Historia Eclesiástica Indiana, terminada en 1596, es una crónica de la evangelización en la Nueva España, en ella también describió la situación cultural de los pueblos caribeños.

Mendieta describió la evangelización como la entrega de unos hombres empeñados en abrir las puertas del Cielo a las almas de los "salvajes", recorriendo vastos y sinuosos territorios llenos de peligros desconocidos, sin recursos y solitarios, siempre en busca de convertir a los indios. Describía a los misioneros casi como ángeles sobre la tierra, como santos que andaban descalzos, que caminaban solitarios por lugares inhóspitos para evangelizar indios. Fueron los que introdujeron el Cristianismo sin necesidad de las armas, ni de la guerra, ni de la riqueza. Estaban totalmente entregados a un nivel evangélico primitivo. Describió así una época dorada donde la fe cristiana se expandía sin la imposición de la espada.

Según explicó Mendieta, la intención primera de la conquista fue la de cristianizar aquellas tierras, pero que el afán de riqueza de los nuevos colonos que llegaban consiguió una perturbación y un estorbo para lo que él consideraba la labor fundamental: la salvación de las almas de los indios que no conocían la luz de Cristo.

HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIA, POR JERÓNIMO DE MENDIETA

Mendieta denunciaba con valentía los excesos y abusos de los colonizadores, así como el cambio de los valores principales de la conquista, en especial la ambición de los colonizadores para hacerse rico a cualquier precio. También planteaba los problemas religiosos y políticos en una carta dirigida a Felipe II. Toda su obra está escrita en un estilo clásico, muy al gusto de la época.

Para Mendieta, el rumbo que estaba adquiriendo la Conquista y el establecimiento del régimen virreinal donde se pasaba muchas veces de enseñar al indio a explotarlo, y donde las encomiendas se convertían en sistemas de producción basados prácticamente en una forma de esclavitud, y no en focos de educación cristiana, habría que cambiarlo.

Propuso la limitación del sistema de las encomiendas y un mayor poder para los frailes en contra del poder civil que representaban los alcaldes mayores y los funcionarios de la Real Hacienda, a la vez que apostaba por un cambio en el sistema tributario hacia un régimen más austero y difícil de cumplir. Así, pretendía que los alcaldes mayores y funcionarios de la Real Hacienda fueran eliminados, y que a los frailes recuperasen sus privilegios, así como su autoridad en las comunidades indígenas porque ellos eran los únicos que los podían defender.

Aunque tardó tres siglos en salir a la luz, su contenido transcendió, ya que Mendieta había confiado el manuscrito a fray Juan de Torquemada, quien hizo una edición parcial bajo el título de Monarquía indiana, en la que había suprimido los pasajes conflictivos. Su contenido es claro, tanto que la Casa Real impidió su publicación. Siglos después, en 1870, se imprimió en México por el editor Joaquín García Icazbalceta.

JERÓNIMO DE MENDIETA DEFENSOR DE INDIOS

La visión que tuvo Jerónimo de Mendieta de los indígenas era totalmente patriarcal. Contemplaba al indio como un ser lleno de valores cristianos naturales: humilde, sumiso, indefenso, carente de ambiciones y posesiones materiales, pero que debe ser protegido y cuidado. Y esta actitud paternalista es la que habían seguido los religiosos desde un principio: protegerlos como sus padres espirituales porque ellos no pueden protegerse a sí mismos.

La defensa del indio le trajo a Mendieta muchos problemas y enemigos. Sus cartas al rey y al Consejo de Indias, denunciando abusos y atropellos, fueron en parte la base para cambios importantes en la legislación, así como las denuncias de Las Casas y Montesinos.

Siguiendo las doctrinas de San Francisco, hizo de la pobreza la máxima expresión del Cristianismo. Fue un hombre que se movió entre dos posiciones: la de una iglesia que debía controlarlo todo, a favor de la jerarquía eclesiástica para hacer frente a la separación protestante, que es la posición de la Contrarreforma: pero al mismo tiempo una iglesia identificada con los pobres y en defensa de los humildes, que es esta visión franciscana, erasmista, y toda visión de la prerreforma.

Mendieta relató en su obra cómo los indios veían el mundo, cómo observaban a los hombres y de qué modo influyó la cristianización en ellos. Así dice:
"Mas los hombres no los pintaban hermosos, sino feos, como a sus propios dioses, que así se lo enseñaban y en tales monstruosas figuras se les aparecían, y permitíalo Dios que la figura de sus cuerpos asemejase a la que tenían sus almas por el pecado en que siempre permanecían. Mas después que fueron cristianos, y vieron nuestras imágenes de Flandes y de Italia, no hay retablo ni imagen, por prima que sea, que no la retraten y contrahagan."

Lo consideraban "el mentiroso", que no creían lo que daba a entender, pero su gente lo envidiaba de sus estudios. Cuenta cómo recopila los códices indígenas fray Andrés de Olmos, y éste hace un epílogo acerca de los mismos, y lo manda a la península con los estudios de Olmos sobre la cultura autóctona. Dejó clara la visión de indefensión en que creía que se hallaban los indios, y llegando a decir:
"Haciéndonos padres de esta mísera nación, y encomendándonoslos como hijos y niños chiquitos que son o a tales (que lo son), los criemos y adoctrinemos y amparemos y corrijamos, y los conservemos y aprovechemos en la fe y política cristiana."

Esa idea de una edad dorada que creó Mendieta, esa visión de un mundo idílico tuvo un fuerte impacto en la literatura posterior, influyendo en los escritores contemporáneos y posteriores que escribieron sobre la evangelización.

HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIA, POR JERÓNIMO DE MENDIETA

20/12/2025

Batalla de San Marcial, por Augusto Ferrer-Dalmau


BATALLA DE SAN MARCIAL, POR AUGUSTO FERRER-DALMAU


El 31 de agosto de 1813, la batalla de San Marcial, en Irún, enfrentó al Cuarto Ejército español al mando del general Manuel Alberto Freire y al Ejército republicano francés del mariscal Nicolás Jean de Dieu Soult en el marco de la Guerra de la Independencia.

El ejército español aportaba la mayor parte de las tropas coaligadas junto el portugués y el inglés. Estaba distribuido en en primera línea en los campos de Sorueta y Enacoleta (III división), en las alturas del monte San Marcial (parte de la V división) y en los municipios de Irún y Fuenterrabía (VII división).

La aplastante victoria de las tropas coaligadas supuso el principio del final de la invasión de Napoleón Bonaparte en el territorio nacional. Durante el enfrentamiento armado, murieron 161 oficiales y 2.462 soldados españoles, mientras que unos 4.000 fueron las bajas francesas. Ingleses y portugueses apenas tuvieron pérdidas.

El pintor barcelonés Augusto Ferrer-Dalmau expresó la furia y valor de estos soldados de infantería en el óleo sobre lienzo La batalla de San Marcial, gracias al mecenazgo de la familia Aperribay. La obra fue expuesta en el Museo Oiasso de Irún y en el Palacio de Miramar de San Sebastián, formando parte de la exposición Tratados de Paz, con motivo del II Centenario de la batalla (1813-2013). En la actualidad se encuentra en los fondos del Museo del Ejército en Toledo.

15/12/2025

Primeras misiones marítimas de Pedro de Zubiaur a Flandes e Inglaterra entre 1568 y 1573


Siguiendo la tradición familiar, el capitán vizcaíno Pedro de Zubiaur se había dedicado a las armas marítimas desde joven. En 1568, a los veintiocho años de edad, realizó su primer servicio a la Monarquía de Felipe II poniéndose a disposición de la Real Armada española. Estaba al mando de dos zabras que había construido él mismo, pequeñas naos ligeras y maniobrables, entre mercantes y pesqueros de altura, muy bien artilladas, utilizadas en las escuadras como buques exploradores y mensajeros.

Su primera misión estuvo basada en el transporte de caudales a Flandes, pagas para las tropas del duque de Alba, el general Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, entonces en plena rebelión. La asignación de Zubiaur para esta misión de alto riesgo demuestra la confianza que el Real Consejo de Guerra había puesto en él por sus antecedentes familiares, así como por su experiencia en recorrer aguas del Atlántico norte.

PEDRO DE ZUBIAUR E IBARGUREN

A los pocos días de haber zarpado desde Bilbao, Zubiaur fue sorprendido por una armada de 40 navíos de hugonotes procedentes del puerto de La Rochelle, protestantes franceses con los que España estaba en conflicto por la Guerra de los Ochenta Años. Ante el riesgo de perder su valioso cargamento, pudo esquivarlos poniendo rubo a Inglaterra, país neutral en la contienda en aquel momento. Una vez a salvo en algún puerto inglés, estableció contacto con el embajador español en Londres, Guerán de Espés, quien le advirtió del peligro de salir a la mar a la primera ocasión favorable.

Sin embargo, no serían los navíos franceses su peor amenaza, sino la orden de Isabel I de Tudor de embargar todos los navíos españoles y portugueses atracados en sus puertos y arrestar a sus tripulantes. Trataba de compensar las pérdidas que habían sufrido los mercaderes ingleses que fueron capturados en Flandes por el duque de Alba y que apoyaban o colaboraban con los rebeldes flamencos mediante el comercio. Esta decisión afectó a decenas embarcaciones y cerca de 500 hombres, el resto o pudieron escapar o se declararon en rebeldía con Felipe II.

Durante un año, Zubiaur sufrió cautiverio, hasta que consiguió pagar el correspondiente rescate que lo liberó junto a otros 350 prisioneros españoles. Pero en esta desafortunada experiencia aprendió dos cosas: a fiarse únicamente de su propio juicio y el idioma inglés, lo que le posibilitaría futuras misiones.

Recuperó sus dos zabras sin los cargamentos monetarios, y llegó a Flandes, donde se puso a las órdenes del duque de Alba y le informó de lo sucedido. Este le envío de vuelta a España con la correspondencia a la Corte. Así terminó su primera misión al servicio de la Monarquía hispánica de Felipe II.

FERNANDO ÁLVAREZ DE TOLEDO Y PIMENTEL

La segunda misión de Pedro de Zubiaur ocurrió durante aquella guerra no declarada por el Reino de Inglaterra, durante su incursión por las costas del Virreinato de la Nueva España, el pirata Francis Drake había interceptado una caravana de mulas cargadas de plata en el río Chagres, en el tránsito desde Panamá hasta Nombre de Dios. Este acto de piratería inglesa sobre el territorio americano había cogido desprevenida a las autoridades virreinales, pues no se había dotado de una guarnición militar que respaldarse el valioso Tesoro del Perú, siendo capturado por Drake con 23 hombres en un solo barco.

Como ambos países estaban en paz y con relaciones diplomáticas normales, la Corte consideró que debía exigir una compensación por el expolio sufrido. Así, en 1573, la Casa de Contratación de Sevilla comisionó a Zubiaur para que viajase a Londres y reclamase la compensación oportuna ante la Corte. Esta acción debía realizarla con el nuevo embajador Bernardino de Mendoza, un veterano de la Guerra de Flandes y organizador de los servicios secretos españoles en Inglaterra. Pero, tras varias gestiones de todo tipo, no se obtuvieron resultados frente a contundente negativa de Isabel I. Aseguraba no saber nada de las aventuras de su corsario Drake, mientras se beneficiaba personalmente del producto de sus saqueos.

FRANCIS DRAKE

11/12/2025

Cuerpo de Lanceros de Navarra en la Primera Guerra Carlista


El Cuerpo de Lanceros de Navarra fue una unidad de élite de caballería del Ejército tradicionalista organizado durante la Primera Guerra Carlista, promovido por el general Tomás de Zumalacárregui.

En el momento de su fundación, estaba formada por 200 jinetes divididos en cuatro escuadrones, al mando del comandante Vicente Amuzquívar, integrado en el Regimiento de Navarra del general Dancausa.

CUERPO DE LANCEROS DE NAVARRA

Este cuerpo llegó a ser una de las unidades más efectivas del Ejército carlista, y de las más temidas por el Ejército liberal. Un testimonio de su dureza lo ofreció su capitán Charles Frederick Henningsen, de origen inglés y escolta de Zumalacárregui, cuando atacaron la villa de Viana el 4 de septiembre de 1834:
"… tenían la apariencia de perfectos cosacos, algunos estaban sin abrigos, otros iban con pañuelos en sus cabezas, y muchos con sólo una bota o alpargata, y otros con las espuelas atadas a un talón desnudo. El enorme tamaño y peso de sus lanzas, lo que las hacía menos manejables, contribuía a hacer descollar aún más su rara y salvaje apariencia."

Afirmaba que hasta su llegada los Lanceros de Navarra eran "casi tan indisciplinados e ignorantes de todas las evoluciones militares como una horda de beduinos".

Esta era la apariencia a inicios de la guerra, cuando los Lanceros de Navarra apoyaron a la infantería carlista en su asedio a Viana. Los 200 jinetes del Cuerpo de Lanceros se enfrentaron a los 300 jinetes de la Guardia Real de la caballería de Carondelet, siendo esta su primera batalla en campo abierto. Tras dos violentas cargas pusieron en fuga a un grupo de élite de la caballería liberal, que tuvo que refugiarse en la vecina ciudad de Logroño.

CUERPO DE LANCEROS DE NAVARRA

A mediados del año 1835, sus soldados contaban con un uniforme y armamento más regular y profesional, cuando el gobierno carlista se había asentado en el País Vasco y disponía de importantes medios económicos. Además de estar bien equipado, estaba perfectamente disciplinado y entrenado, y tan capaz de maniobrar como el mejor del ejército de Isabel II.

Su uniforme costaba de pantalón azul o granate con trabillas y espuelas, chaqueta verde con cuello encarnado, boina encarnada con borla blanca, capote gris de esclavina larga y cuello encarnado. El armamento consistía en una lanza con banderola amarilla y encarnada, sable con puño dorado, montura con caparazón de piel, también podían llevar dos pistolas de arzón.

En un enfrentamiento, la elitista Guardia Real tuvo que ponerse en retirada después de un par de ataques dirigidos por Tomás de Zumalacárregui al frete de 240 lanceros. Esta Guardia del Ejército liberal perdió a más de 200 jinetes en el campo de batalla.

CUERPO DE LANCEROS DE NAVARRA

La fase de las expediciones por el territorio peninsular de España fue la que correspondió al mayor protagonismo de la caballería carlista. Este cuerpo era imprescindible para maniobrar con eficacia en las llanuras de la meseta. En mayo de 1837, alrededor de 1.200 jinetes partieron con el pretendiente en la llamada Expedición Real. Junto al Cuerpo de Lanceros de Navarra, también estaban el Cuerpo de Húsares de Arlabán, el Escuadrón Guipuzcoano, el Escuadrón Príncipe, que escoltaba al general Maroto, el Escuadrón Princesa, antiguo escuadrón cántabro, y Cuerpo de Húsares de Ontoria, creados por Balmaseda.

El episodio más destacado tuvo lugar en la Batalla de Villar de los Navarros, provincia de Zaragoza, el 24 de agosto de 1837, que enfrentó a ambos ejércitos, carlistas contra isabelinos. El triunfo de los legitimistas permitió avanzar en su Expedición Real hacia Madrid y en la posibilidad de ganar la guerra. En esta batalla, los Lanceros de Navarra estaban liderados por su capitán Henningsen, quien obtuvo el ascenso a coronel.

Al llegar a las afueras de Madrid, los lanceros fueron atacados por las fuerzas liberales. Resistieron el asalto y capturaron las fortificaciones exteriores de la capital. Los retuvo durante varias horas, hasta que el pretendiente Carlos de Borbón no podía enviarle refuerzos.

El fracaso de la expedición, a pesar de no sufrir ninguna derrota relevante, supuso el final de este tipo de proyectos y, por consiguiente, el del protagonismo de este cuerpo militar.

LANCERO CARLISTA VS LANCERO LIBERAL

Al final de la contienda, los Lanceros de Navarra estaban integrados en el Ejército del Norte, al mando del general Maroto, contaba con 424 jinetes, 249 infantes y 67 oficiales, repartidos en sus 4 escuadrones. Junto estos, la caballería compuesta por los Lanceros de Álava y los Lanceros de Guipúzcoa, con menor número de efectivos en su único escuadrón, y la Guardia de Honor y el Cuerpo de los Desmontados.

Henningsen fue hecho prisionero y puesto en libertad condicional. No volvió a servir en esta guerra. Más tarde, describió sus experiencias al mando del Cuerpo de Lanceros en dos volúmenes del libro The Most Striking Events of a Twelvemonth's Campaign with Zumalacarregui. La obra generó controversia en Gran Bretaña porque glorificaba a Zumalacárregui y apoyaba la posición carlista. Fue traducido por Román Oyarzun al español en 1939 bajo el título Campaña de doces meses en Navarra y las Provincias Vascongadas con el General Zumalacárregui.

Durante la Tercera Guerra Carlista, este Cuerpo de Lanceros Navarros no se reeditó. En Navarra se organizó el Regimiento del Rey de caballería, con 3 escuadrones a 200 hombres cada uno, mandado por el coronel José Férula.

El pintor Augusto Ferrer-Dalmau ha recreado la bravura y osadía de esta unidad de caballería en varias de sus pinturas, una de estas es la denominada Calderote, dedicada a la batalla de Villar de los Navarros. En el lienzo, los Lanceros Navarros aparecen cargando conjuntamente con los jinetes del Regimiento de Álava.

CALDEROTE, POR AUGUSTO FERRER-DALMAU

06/12/2025

Pedro de Ardanaz y Echapare


Empresario de Bilbao del siglo XVIII, comerciante con puertos de Europa, propietario de las compañías mercantiles Ardanaz y Bengoa, Fábrica de Flor de Arina y Ardanaz e hijo y Bengoa

PEDRO DE ARDANAZ Y ECHAPARE

Pedro de Ardanaz y Echapare era natural de Burquete, Navarra, donde nació en 1732.

Era el hijo único de Adán de Ardanaz y de María de Echapare, quienes poseían tierras de cultivo en aquella villa pirenaica. Las malas cosechas propiciaron que Pedro de Ardanaz marchase a Bilbao, aprovechando la residencia de su primo José de Loigorri, natural de Cintruénigo. Entró a trabajar de contable en la empresa Loigorri e Hijos, para lo cual tuvo que presentar la "probanza de hidalguía y sangre" para poder desarrollar alguna actividad económica en la capital vizcaína, llegando a alcanzar el cargo de apoderado.

En 1758, la empresa de Loigorri dio a la quiebra. Adanaz demandó a la junta directiva el pago de salarios de cuatro años no cobrados, mientras se defendía en un tribunal de cuentas de varios comerciantes acreedores debido a ser un apoderado de la entidad. De todas formas, ya había adquirido suficientes conocimientos y ahorros como para emprender un nuevo proyecto empresarial basado principalmente en la importación de productos.

En 1760, casó con Josefa de Urbieta y Aperribay, hija de un próspero empresario clavetero de Arrigorriaga, con la que tuvo doce hijos, de los cuales siete fallecieron de forma prematura.

Un año antes, Ardanaz tuvo que hacerse cargo de la empresa de su suegro, el cual falleció, encontrándose en proceso de acreedores tras la quiebra.

En 1763, la Real Justicia de Bilbao envío a prisión a Ardanaz durante una temporada debido a "la averiguación y pesquisa de fraudes y otros delitos en los libros de comercio", a los que se añadieron los daños y perjuicios del embargo de la pinaza San Antonio de Padua y Ánimas, que había transportado de forma ilegal "1.500 pesos duros" a Bayona.

Tras cumplir condena, en 1765, Ardanaz continuó con su actividad empresarial al mando de dos buques mercantes, el Santa Marta y el San Juan Bautista y San José. A partir de este momento, empezaba un ascenso económico y social entre la burguesía bilbaína.

En 1775, se presentó a las elecciones del Real Consulado de Bilbao para renovar sus cargos en la jefatura. Los comerciantes adscritos a esta institución lo nombraron cónsul, cuya función era la actuar como juez y árbitro en los pleitos entre marinos transportistas y mercaderes comerciantes. Entre otras acciones, destacó su concurso público para limpiar la ría del Nervión. Tras cumplir su mandato con eficiencia, fue elegido regidor capitular de Bilbao, en 1778.

ESCUDO DEL CONSULADO DE BILBAO

El 20 de enero de 1776, Ardanaz se asoció con el destacado mercader bilbaíno Vicente de Bengoa y fundaron la compañía comercial Ardanaz y Bengoa, que fue renovada el 5 de septiembre de 1778, con las mismas cláusulas societarias. Inicialmente, adquirieron el barco mercante Nuestra Señora de Begoña, con el que realizaron viajes de Bayona o a Lisboa en sucesivos años. Comerciaban con bacalao, grasas y textiles procedentes de puertos europeos. Un año después, eran propietarios del navío San José con el que transportaban mercancías variadas con destino a Dunqueque.

En 1780, esta empresa adquirió una fábrica de harina de trigo bilbaína, denominada Fábrica de Flor de Arina, junto con otros dos inversores: Juan Bautista de Zubiaur y Juan Antonio de Gana. Sus principales productos a importar fueron lienzos, cueros, quesos, quincalla y botellería.

Poco después, consiguió un privilegio monopolístico de la harina durante diez años que prohibía la fundación de otra empresa con el mismo objetivo comercial e introducir "cualquier otra arina que no sea la suya en los puertos del Reyno para enviarlas a Indias", a fin de que "puedan resarcirse de los gastos y pérdidas inseparables a su establecimiento".

Años más tarde, los socios Zubiaur y herederos de Gana reclamaron la disolución de la empresa. Ardanaz y Bengoa les propusieron la devolución de los 400.000 reales que habían aportado en el negocio en cuatro plazos a través de letras libradas. Estos exigieron una cantidad superior en concepto de ganancias no repartidas ni intereses y otros gastos incluidos.

Posteriormente, Pedro de Ardanaz y Vicente de Bengoa adquirieron la fábrica de curtidores Zarazeta, localizada en la anteiglesia de Erandio. Cuando recibieron beneficios, adquirieron otro negocio en el mismo sector al empresario Nicolás de Ampuero, ubicado en Castro Urdiales, dedicado a la importación de cueros y derivados desde puertos europeos para la elaboración de baquetas, becerrillos, cordobanes y bandas de cuero.

Más tarde, Ardanaz solicitó licencia al Consulado de Bilbao "para ampliar el inmueble de la construcción de paredes y cerraduras en el paraje la Punta de Zarazeta que impedía la introducción de ganado".

Su intención era el aumento de la producción y poder exportar en puertos de Europa. En 1777, ya lo había conseguido, pues se vio envuelto en un pleito sobre el origen del curtido de casi dos centenares de fardos de correjeles remitidos por su empresa a la consignación de la empresa belga Dezermaux y Brockmann, que estaban retenidos en las aduanas de Cádiz y Jeréz.

En 1784, Ardanaz volvió a ser elegido cónsul del Real Consulado de Bilbao, alcanzando el máximo cargo de esta institución, el de prior, en 1797.

En 1778, se incorporó a la sociedad su hijo primogénito, Pascual José de Ardanaz y Urbieta, como socio administrador. El 4 de abril de 1792, se refundó en una sociedad de comercio Ardanaz e hijo y Bengoa, asumiendo los activos y pasivos de la anterior. En sus activos figuran varios navíos: Nuestra Señora de Begoña, San Vicente, San Antonio y Ánimas, Sabio, Pastora, y Begoña.

Mantuvo relaciones comerciales con varias empresas europeas y españolas de San Sebastián, Soria, Ámsterdam, Londres, Hamburgo, Nates o Amberes, entre otras. Se dedicaba a la importación de productos como lienzos, tapicerías, correletes, baquetas, arpielleras, bayetas, sempiternas, grasa, vino, canela, clavillo, o cáñamo. La exportación al exterior comenzó en 1776, tan solo fueron varias partidas de lana y hierro al exterior.

En 1796, la compañía alcanzó su máximo volumen de embarque por un valor de 17.765 reales. Se debió a un importante envío desde San Petersburgo y a otras dos más de cabotaje desde Burdeos y San Sebastián. En cuanto a la exportación de lana, está alcanzó su valor máximo de 564 sacas en 1788, con destino a Londres.

Bayona y Londres fueron los puertos más utilizados en el número de viajes, sin embargo, los de Hamburgo y Ámsterdam eran los de mayor valor de las mercancías.

BILBAO, SIGLO XVIII

El 27 de enero de 1807, Pedro de Ardanaz falleció, legando sus negocios a su hijo primogénito. En su testamento quiso entregar a su socio y amigo Vicente de Bengoa en concepto de agradecimiento un "barron de caña fina con puño de oro yo con cual me escribo y le ruego lo reciba por señal y memoria de mi agradecimiento y perdone la cortedad…".

Había dejado un patrimonio valorado en 1.870.070 reales por varios conceptos, de los cuales la mitad correspondió a su mujer viuda, y el resto se repartió entre los cinco hijos que quedaban vivos, poco más de 200.000 reales. Josefa de Urbieta vendió su participación en la sociedad, correspondiente a la de su difunto marido, y solicitó la valoración de los tres navíos que poseía: el Primavera, tasado en 307.804 reales; el Pastora, en 137.439; y el Begoña, en 131.615.

Tras la disolución, la sociedad Ardanaz y Bengoa ocupó el puesto veintiuno entre las compañías mercantes bilbaínas del siglo XVIII por volumen de operaciones.

Pascual José de Ardanaz y Urbieta, nacido en 1762, continuó con los negocios como su padre. En 1778, había casado con Luisa de Barbechano, procedente de una familia de la élite bilbaína de su tiempo.

Cleto Marcelino de Ardanaz y Urbieta, nacido en 1771, sirvió en el Ejército español alcanzando el grado de capitán del Regimiento de la Corona.

Sebastián de Ardanaz y Urbieta, nacido en 1778, fue presbítero y fundó una capellanía con el apoyo de su padre.

01/12/2025

Etapa Los Arcos - Logroño


PORTAL DE CASTILLA EN LOS ARCOS

El camino escapa de Los Arcos a través del portal de Castilla y cruza el río Odrón. Avanza paralelo a la carretera N-111 entre el paisaje abierto de los campos de cereal salpicados de viñedos. De frente, a lo lejos, aparecen los montes que separan Viana. Cruza el arroyo de Valseca y pasa junto a una sólida cabaña de pastores construida con sólido aparejo de sillarejo.

En las proximidades del río San Pedro y la carretera de Sansol, estaba la antigua encomienda sanjuanerista de San Pedro de Melgar. El camino se incorpora a la carretera con Sansol de frente y por ella asciende hasta el pueblo.

SANSOL

Sansol es una de las poblaciones del antiguo enclave castellano de las Cinco Villas de Los Arcos. Sus casas se disponen de forma escalonada en torno a la iglesia, formando calles en cuesta. Hay buenas edificaciones de los siglos XVII y XVIII entre las que destaca el Palacio barroco, fechado en 1702. Es un edificio injustamente olvidado cuya arquitectura los estudiosos relacionan con el palacio episcopal de Calahorra. La fachada principal es toda de sillería con grandes pilastras acanaladas en las esquinas y tres escudos blasonados en el segundo cuerpo. Conserva la rejería original.

La Iglesia parroquial de San Zoilo es un templo barroco, construido sobre planta de cruz latina en la primera mitad del siglo XVIII. El crucero se cubre con una gran cúpula sobre pechinas. Conserva una gran pila bautismal del siglo XVI. El retablo mayor es de estilo neoclásico y está dedicado al santo titular, cuya imagen aparece flanqueada por las de San Francisco Javier y San Antón. Desde la iglesia aparece una bella vista del valle del río Linares y de la vecina villa de Torres del Río.

Superado Sansol, el camino debe atravesar el abrupto valle del río Linares para entrar en la vecina villa de Torres del Río y pasar junto a la hermosa iglesia del Santo Sepulcro.

SANSOL

Torres del Río se alza frente a Sansol, como si fueran dos poblaciones gemelas. Tras la reconquista de la zona, que fue musulmana, la primera mención escrita de Torres se remonta al año 1100 y es la donación de un monasteriolo que había en su término a la abadía de Irache. Es el origen del monasterio de Santa María de Torres, que aparece varias veces en las fuentes documentales y cuya iglesia algunos identificaron erróneamente con la del Santo Sepulcro. También hace mención de Torres Aymeric Picaud en su guía medieval de peregrinos del siglo XII, avisando del peligro que supone beber agua del río Linares. Desde el último tercio del siglo XV y hasta mediados del XVIII, perteneció a la Corona de Castilla. Debió compartir con Los Arcos la ventajosa posición económica del enclave y esto se refleja en la calidad de sus viejas casas de piedra, pero sobre todo en la construcción de la Iglesia parroquial de San Andrés, construida a caballo entre los siglos XVI y XVII. Su magnífico retablo mayor se realizó entre 1637 y 1643.

Pero si por algo se conoce a Torres del Río es por la Iglesia del Santo Sepulcro, construida junto al paso del Camino de Santiago en el último tercio del siglo XII. En 1215, muy poco después de su edificación, aparece como una de las posesiones de la Orden de Santo Sepulcro.

Este templo consta de una nave octogonal con cabecera en forma de ábside. Sobre el centro del octógono se levanta una pequeña linterna para la que se construyó el cuerpo cilíndrico de la escalera, adosada al muro occidental. El interior se cubre con una bella y contundente bóveda de nervios cruzados. La calidad arquitectónica y la unidad del proyecto son indudables, con interesantes detalles de la decoración escultórica de sus capiteles, molduras y celosías. Se conserva en su interior un Cristo crucificado románico del siglo XIII, que sigue un modelo francés. Tiene el rostro sereno y la cabeza, suavemente inclinada, está cubierta con una corona real. La arquitectura peculiar del templo le han merecido diversas especulaciones sobre un función. Entre otras se le han asignado la de linterna de muertos o la de faro para orientar a los peregrinos. Los antiguos testimonios de ricos enterramientos aparecidos junto a ella parece que apuntan hacia su uso como capilla funeraria. Su planta centralizada y ciertos detalles orientalizantes la convierten para los expertos en una evocación de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén.

REFUGIO PEREGRINO DEL CAMINO A VIANA

Tras abandonar Torres del Río, el camino debe salvar el paisaje quebrado que se alza entre el monte Arbanta y Bargota. Inicia el ascenso junto a la carretera hasta llegar a la Ermita de Nuestra Señora del Poyo, que pertenece al término de Bargota. El nombre de Poyo, que significa montículo o elevación, alude al paisaje montuoso en el que se encuentra. La existencia de la ermita se remonta, al menos, al siglo XIV. Destruida durante las Guerras Carlistas, fue reconstruida en 1896. Rematado el alto, cruza la carretera de Bargota y pasar por el barranco de Cornava, a partir del cual vuelve a acercar a la carretera nacional, junto a la que avanza de nuevo por el camino abierto hasta llegara a Viana y subir a su casco histórico.

VIANA

La ciudad de Viana se encuentra a pocos kilómetros de la antigua frontera de los reinos de Navarra y Castilla y a ella debe su origen. Fue fundada en 1219 por el rey Sancho VII el Fuerte, quien mandó que fuera poblada por los habitantes de las aldeas de la zona. Ocho de ellas quedaron despobladas, incluyendo Cuevas, citada por el Codex Calixtinus. Para compensar a quienes se asentaron en la nueva población, el rey les concedió el privilegio del Águila, fueron por el que entre otras cosas tenían derecho a celebrar un mercado franco semanal y una feria anual. Para defender la nueva posición, se construyeron murallas y castillo y hasta las torres de las iglesias de Santa María y San Pedro cumplían como baluartes. En 1275, el ejército del infante Fernando de Castilla fracasó en los dos ataques lanzados contra la nueva fortaleza. Un siglo después, el castellano Pedro Manrique consiguió rendir a los vianeses por hambre y Viana estuvo durante diez años en poder de Castilla.

V CENTENARIO DE CESAR BORGIA EN VIANA (1507-2007)

En 1423, Carlos III el Noble instituyó el título de Príncipe de Viana para su nieto Carlos y fue desde entonces privativo de los herederos del trono navarro. Además, de Viana, componían el principado varios castillo, ocho villas de la zona y numerosas aldeas. Desencadenando el enfrentamiento civil entre beamonteses y agramonteses, en 1461, el rey Enrique IV de Castilla conquistó Viana y la mantuvo en su poder durante cinco años, hasta que fue recuperada por los navarros. La reina doña Leonor le concedió el título de Muy Noble y Muy Leal Villa. En 1507, las tropas del Conde de Lerín ocuparon la villa. Contra ellas marchó César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, nombrado por el rey condestable de Navarra. Cerca de Viana fue muerto por los hombros del conde y, según la tradición, fue enterrado en la iglesia de Santa María.

Desaparecida de la frontera con la anexión de Navarra a Castilla en 1512, Viana experimentó unos siglos de paz y esplendor interrumpidos por los episodios bélicos vividos en el siglo XIX durante la Guerra de la Independencia española y las Guerras Carlistas.

El casco histórico de Viana mantiene su distribución medieval, ordenada a lo largo de calles estrechas en dirección este-oeste, comunicadas por cortas perpendiculares.

El Camino de Santiago entra por el Portal de la Trinidad, un acceso posterior a la construcción de las murallas medievales. Los accesos originales sin los portales de Santa María, de San Felices, de Estella y de la Solana. De las murallas sólo se conserva un tramo junto a la iglesia de San Pedro, mientras que el castillo ha desaparecido. El recorrido jacobeo pasa por la plaza del Coso, donde se celebran los festejos taurinos. Para que las autoridades locales presidieran las corridas se hizo en el siglo XVII el Balcón de Toros.

IGLESIA DE SANTA MARÍA DE VIANA

Junto a él, parte la calle de Santa María que pasa por delante de la monumental portada renacentistas de la Iglesia de Santa María, concebida como un gran retablo de piedra. El templo, de estilo gótico, se comenzó a construir en la segunda mitad del siglo XIII y se terminó a principios del XIV. Consta de tres naves con capillas laterales, cabecera poligonal y coro alto a los pies, aunque el proceso constructivo se extendió a lo largo de varios siglos. En el siglo XVI, se añadió la portada y se levantó la torre. A finales del XVII dieron comienzo las obras de la girola y se hizo el retablo mayor barroco. Una de las capillas alberga el retablo de Santiago, de estilo manierista y realizado en 1631. En sus relieves aparecen algunos de los temas principales de la iconografía jacobea: Santiago Matamoros, la aparición de la Virgen del Pilar o el martirio del apóstol.

AYUNTAMIENTO DE LOS FUEROS DE VIANA

Al otro lado de la plaza de los Fueros, hacia la que se abre la vieja portada gótica, se encuentra el edificio barroco del Ayuntamiento, del siglos XVII. La continuación de la calle de Santa María se llama ahora de Navarro Villoslada, por el ilustre escritor nacido en una de sus casas. Antes de llegar a ella, el camino pasa por la Casa de Cultura, que antaño fue Hospital de peregrinos de Nuestra Señora de Gracia, del siglo XV, y Basílica de Nuestra Señora de la Soledad. En el siglo XV se agruparon en él los otros tres hospitales que existían en Viana y que eran atendidos por cofradías. Tras una epidemia de peste, en 1576, el hospital fue trasladado fuera del recinto amurallado y el edificio se empleó como desde la cofradía de la Vera Cruz hasta finales del siglo pasado.

La calle desemboca en una plaza que se abre al norte de las ruinas de la Iglesias de San Pedro. Este templo fue el primero en levantarse en el recién creada Viana del siglo XIII. Además de parroquia, fue un elemento clave en las defensas de la ciudad. Constaba de tres naves con cabecera poligonal en la que se abrían cinco capillas. En 1740, se añadió la portada de San Pedro en cátedra. Desde la plaza de San Pedro, el camino sale de Viana por el Portal de San Felices en dirección a Logroño.

IGLESIA DE SAN PEDRO DE VIANA

Fuera de paso jacobeo y extramuros, es interesante el Convento de San Francisco, fundado bajo la advocación de San Juan del Ramo. Comenzó su construcción a partir de 1634, cuando los frailes consiguieron permiso para trasladarse a Viana desde Soto, en el término de Aras. Fue expoliado durante la Guerra de la Independencia y posteriormente desamortizado. La iglesia tiene planta de cruz latina y capillas laterales. En la hornacina de la fachada se encuentra la imagen de la Virgen con el Niño procedente del hospital de peregrinos.

A la salida de Viana, el camino cruza la carretera N-111 y continúa por una pista asfaltada que llega a la Ermita de Nuestra Señora de las Cuevas, el último monumento religioso del Camino de Santiago en tierras de Navarra. Siguiendo el suave descenso, el camino llega a la Laguna de las Cañas, declarada Reserva Natural. Es un importante humedal, donde nidifican una gran variedad de aves. El camino pasa junto al observatorio de aves de El Bordón, que queda sobre el promontorio rocoso y afronta el paso de la zona industrial que antecede a Logroño. El camino de la laguna sale a una rotonda en la que un panel indica el límite entre comunidades autónomas. El camino de tierra entre viñedos lleva a la capital riojana, pasando junto al cementerio y cruzando el río Ebro por el gran puente de piedra.

CAMINO A LA LAGUNA DE LAS CAÑAS