29/04/2026

Sociedad armera de Mondragón y su acero de Udalaitz


En el siglo XVI, la población de Soraluce-Placencia de las Armas se había convertido en centro burocrático de un sistema de fabricación de armas que incluía a otros centros de producción de primer orden como Eibar, Elgoibar o Vergara en el Alto Valle del Deva. Aun así, otras poblaciones guipuzcoanas como Mondragón, Oñate, el Valle de Leintz o la vizcaína Elorrio consiguieron cierta personalidad e independencia respeto a la central Soraluce en su vinculación a la tradición armera de la zona, y en particular a la fabricación de lanzas.

Poblaciones cercanas a Mondragón como Gatzaga, Aretxabaleta y Eskoriatza contribuyeron al transporte de las armas a través del gremio de los arrieros, por encontrase a medio camino entre Vitoria y la costa del Cantábrico.

Mondragón-Arrasate se había convertido en un importante centro de productivo de armas de fuego ligeras y de armas blancas con destino a la clientela privada y, sobre todo, al ejército del Imperio español.

Desde finales del siglo XIV, existen referencias escritas sobre oficiales de armas blancas y asteros que fabricaban lanzas, cuya tradición se mantuvo hasta el siglo XVI. Es a partir de este siglo que el gremio de los armeros de Mondragón empezó fabricar armas de fuego ligeras con una decisiva ventaja: el acero del monte de Udalaitz.

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

En la Edad Moderna, los vecinos de Mondragón contaban con una variedad de armas en sus casas, independientemente de si estuviesen relacionados con el sector armamentístico. Poseían armas por ser fabricantes, por implicarse en la posterior venta, por defensa persona, o incluso por exhibicionismo o colección.

En multitud de testamentos e inventarios de los vecinos de Mondragón se citaban auténticos arsenales, basados en arcabuces, arconas, lanzas, espadas, etc. Por ejemplo, en el testamento del tenacero Pedro de Oña se escribió que poseía "atavíos y armas de su persona, dos espadas, una ballesta con sus gafas y todo aparejo, un arcabuz nuevo con su serviçio, dos puñales, dos machetes, dos lanças, dos medias lanças, una partesana, dos dardos, y otras armas". O en el testamento del venaquero Pedro de Mendía incluía una cláusula por la cual era propietario de "tres lanças ginetas que están en la sala", es decir, en un lugar a la vista de su casa.

Y es que las armas formaban parte del escenario social y doméstico de los mondragoneses, las llevaban consigo y las exhibían en casa. Hasta los clérigos se dedicaron al negocio de las armas, como fue el caso de Juan Abad de Asarduy, cuñado del historiador Esteban de Garibay. Tenía participación en varios viveros de fresnos con cuya madera se elaboraban lanzas de piqueros del Ejército español. En su testamento escribió que:
"Yten tengo en Léniz, con Pedro Çigarrondo, más de doçientos fresnos a medias…, yten tengo en Borinate los biberos de fresnos y mançanos que están en las heredades de Juan de Vitoria y de la hermita de Santo Sant Andrés…, yten en la casería de Catayde más de mil fresnos en el bibero, y la tierra es del dueño de la casería y tengo a medias con Martín de Varacaldo."

EXTRACCIÓN DEL MINERAL EN UDALATX A CIELO ABIERTO

Durante la Baja Edad Media, las armas blancas habían significado un producto de comercio para la sociedad modragonesa. Sin embargo, a partir del siglo XVI, comenzaron a aprovechar sus conocimientos técnicos y metal del acero en la fabricación de armas de fuego, compitiendo con Eibar. De hecho, hay documentos que demuestran que ambas villas guipuzcoanas aportaron armamento a los rebeldes de Segovia durante la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1519. El armero y mercader Jacobe Martínez de Aranguren, de Mondragón, o el arriero Juan de Zaldúa, de Durango, son dos ejemplos de aquellos años.

Otro de los pioneros mondragoneses fue el armero Nicolás de Aráoz, quien decidió continuar la elaboración de armas blancas, según contrato firmado en 1559, y empezar "en el oficio de hacer achas, bigorras y arcabuces", demostrando versatilidad y capacidad de adaptación a las nuevas demandas.

El mercado principal de las armerías de Mondragón fueron las ciudades de interior peninsular, además de la Corte madrileña, a las que compraban a su vez trigo o vino que después venderían en las tierras vascas. En ocasiones, el intercambio se efectuaba en poblaciones del litoral cantábrico, en las que adquirían alimentos pescados en el mar. Un ejemplo fue el intercambio trueque realizado en Vergara, en 1576, por el cual el donostiarra Juan de Arana entregaría 9.000 sardinas, valoradas en un maravedí la unidad, al mondragonés Juan de Aranguren, a cambio de 6 arcabuces hechizos y 2 cargas de acero triado.

PIQUERO VASCOS Y ARRIERAS VASCAS DE PICAS

A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI e inicios del XVII, en Mondragón se fue diferenciando al armero fabricante de armas blancas del arcabucero de armas de fuego. Comenzaron a implantarse las primeras sagas de arcabuceros que durarían varias generaciones: los Vergara, Artazubiaga, Elexalde, Otalora, Ascarretazabal, García de Oro, etc.

En 1564, el armero Pedro García de Oro falleció, encargándose su viuda de pagar deudas al tenacero Blas de Ynsaurbe.

En 1571, aparecen pro primera vez el linaje Vergara dedicados a la fabricación de arcabuces.

En esos años, apareció Antonio de Elexalde suministrando material para los artesanos en cuyo contrato se escribió: "çincuenta quintales de fierro tocho para hazer plachas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes".

En 1576, aparecen los Artazubiaga en la fabricación de armas de fuego. Martín Ibáñez de Artazubiaga firmó un contrato de fabricación de 150 cañones de arcabuces "barrenados y provados".

En 1591, el armero Juan de Otalora firmó tres contratos de fabricación.

En 1599, Andrés de Ascarretaçával llegó a un acuerdo el veedor real Lope de Elío para fabricar "mil caxas de arcabuzes y dozientos para mosquetes".

Era algo habitual que en un documento apareciese un artesano cuchillero y en otro firmase como puñalero, y en ocasiones se hacía llamar "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes", como se denominaba en un documento al armero Mateo de Vicuña. La técnica de estos artesanos no quedaba reducida a un solo producto o sector, sino abierta a otras facetas industriales.

Fueron numerosos los contratos entre armero y cerrajeros de Mondragón, síntoma de la versatilidad profesional. Un ejemplo fue el contrato establecido entre el armero Juan de Zuazu y el cerrajero Domingo de Cortázar, para fabricar "çinquenta y una llaves de golpe de arcabuzes con sus moldes y manija y clavos y disparador buenos y suficientes".

Otro ejemplo de versatilidad técnica de los artesanos mondragoneses se dio en el tratamiento de las distintas piezas de fraguas y martinetes, especialmente cuando debían adaptar los fuelles o barquines de los talleres según la tipología de productos a fabricar. Un contrato sobre este asunto fue el firmado por un arcabucero de esta villa con el barquinero Pero de Garagarça para la fabricación de unos fuelles, que debía instalar "para su fragua de forjar arcabuzes". Otro armero de Ermua le solicitó "unos barquines nuebos para fragua de forjar arcabuzes", con requisitos técnicos muy precisos.

ARMAS PORTÁTILES DE FUEGO

Normalmente, las ferrerías mondragonesas trabajaban bajo pedido, preparando los materiales según la tipología del arma a fabricar. Por ejemplo, en 1597 la ferrería de Guesalíbar debía producir "çinquenta quintales de fierro tocho para hazer planchas para fabricar y hazer arcabuzes y mosquetes para muniçión de su magestad".

Aquellas fraguas también podían ser alquiladas a tiempo parcial o completo por armeros interesados en fabricar por encargo firmado. Fue el caso del puñalero Juanes de Jáuregui, quien alquiló la ferrería tiradera perteneciente a Teresa de Anteçana, donde utilizaría una fragua con todas las herramientas, a tiempo parcial por la noche, para labrar acerillo para sus productos.

La llegada a Mondragón de los veedores y oficiales reales, especialmente pagadores reales, asentados en Placencia de las Armas en varias ocasiones es un hecho esclarecedor de la importancia que tenía esta villa como centro industrial armamentístico. En el tránsito entre estos dos siglos destacó el oficial mondragonés Pero Fernández de Zaraa y Bolívar, quien poseía el cargo de "pagador y tenedor de las fábricas de armas en esta provinçia de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya".

En ocasiones se formalizaban acuerdos verbales entre armero y oficial real, pero la mayoría de las veces se firmaban contratos de armas o sus componentes ante notarios de Mondragón. Buen ejemplo de esto fue el asiento formalizado entre el armero Andrés de Ascarretazábal y el veedor real Jerónimo de Aybar, a inicios del siglo XVII, para la elaboración de 1.200 cajas de arcabuces. Artesanos de diferentes lugares, incluso maestros de Placencia de las Armas, se trasladaron a trabajar al Valle de Leintz, atraídos por la posibilidad de acceder al valorado acero mondragonés.

MOSQUETEROS DEL SIGLO XVI

Una de las más destacadas familias mondragonesas dedicadas a los arcabuces y mosquetes fue el linaje de los Vergara, desde la década de 1570. Una de las primeras noticias de Pedro de Vergara fue la fabricación de 100 arcabuces para la población riojana de Santo Domingo de la Calzada.

En 1574, Vergara firmó un asiento en colaboración de otro mondragonés, Marín de Aráoz, para fabricar 500 mosquetes "para su magestad y para su armada que por si horden e mando anda en la carrera de las Indias".

En 1575, adquirió 3 quintales de acero con la intención de emplearlos en la elaboración de armas de fuego.

En 1576, alquiló unas casas que poseía en el arrabal de abajo con su fragua al armador Martín Ibáñez de Artazubiaga, con el objetivo de forjar cañones de arcabuces. Aquel mismo año, Artazubiaga elaboró 150 cañones de arcabuces que entregó a su socio Vergara, a cambio de 900 reales. Esta colaboración entre armeros de la misma villa era muy habitual y necesaria ante las exigencias que suponía aceptar un contrato con los oficiales reales en tiempo, cantidad y calidad.

En los años 90 se produjo el relevo generacional de los Vergara. En 1594, Juan de Vergara aparecía en su oficio de arcabucero, contratando los servicios de aprendices como el mondragonés Rodrigo de Córdoba, o de oficiales obreros, como el durangués Joan de Helexiburu, "para servirle en el ofiçio de arcabucería". Según contrato de empleo, este último recibiría 22 ducados anuales, cobrando diariamente, "como suelen azer y reçibir los otros ofiçiales obreros como yo", escribió él mismo.

Tras el fallecimiento de su padre, en 1597, Juan de Vergara aceptó el testamento de su padre "con benefiçio de inbentario", por ser "hijo legítimo y heredero de maese Pedro de Vergara y de Ángela de Salas". Entre los bienes a heredar se encontraban "los barquines y remienta del ofiçio de maestro arcabuçero", porque era muy habitual que los oficios se transmitieran de padres a hijos, con una dotación basada en la fragua, los instrumentos de trabajo y un capital monetario para un artesano joven.

PLACA DE LA CALLE DE LAS FERRERÍAS EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Si Mondragón ganó fama por la fabricación de armas ligeras de fuego, más aún fue su importancia en cuanto a picas y complementos de armamento. Llegaban mercaderes o armeros de todo el Alto Deva o villas cercanas de Vizcaya. En 1612, se presentó Juanes de Lequerica, vecino de Elorrio, para firmar un contrato por el cual debía entregar al veedor Aybar un pedido de 800 picas en dos meses. La operación de formalizó en Mondragón, punto habitual donde se⁹ organizaban expedición de transporte de armas con destino a ciudades de Castilla.

En las ferrerías de Mondragón abundaban los contratos de aprendizaje por parte de jóvenes con aspiraciones profesionales. Un ejemplo contrato de aprendiz fue el que consiguió Cristóbal de Vizcaya, a la edad de quince años, para trabajar en la armería del maestro Mateo de Vicuña "maestro çerrajero y de hazer llaves y moldes de arcabuzes". En 1624, Lorenzo de Amézaga, de dieciocho años, se comprometió a servir como limador y forjador de arcabuces ante el maestro armero Sebastián de Anteparu. En 1629, Juan de Ugarte, de diecinueve años, se puso a disposición de Pedro Bernal de Irisui durante dos años de aprendizajes "en su oficio de forjar, adreçar y limar llaves cerrajas", actividad paralela a la de fabricar armas de fuego.

27/04/2026

Isidro de Atondo y Antillón


Adelantado y capitán de la primera expedición colonizadoras y pobladora a Las Californias en 1678, gobernador de Sinaloa y almirante de Las Californias


ISIDRO DE ATONDO Y ANTILLÓN

Isidoro de Atondo y Antillón era natural de Valtierra, Navarra, donde nació en 1639. Era hijo de Luis de Atondo y Agustina de Aybar.

En agosto de 1658, se dio de alta en el ejército de Galicia. Participó en varias batallas cuando se sublevaron Aragón, Cataluña, Navarra y Portugal. Posteriormente se alistó en el ejército español y en 1663 estuvo en la flota del Duque de Veragua.

En 1676, Atondo fue nombrado por su protector y amigo, el virrey de Nueva España, Pedro Nuño Colón de Portugal y Castro, gobernador de las Provincias de Sinaloa y de Sonora del Virreinato de la Nueva España (actual República de México). Durante tres años realizó exploraciones en el noroeste de la Nueva España y demostró su capacidad en el gobierno de la difícil provincia y manejó con cuidado los asuntos administrativos. Manteniendo contacto con exploradores y marinos que exploraban la península de Baja California, hasta el momento considerada una isla.

Cuando el nuevo virrey de la Nueva España, Enríquez de Rivera, recibió el encargo de explorar la Baja California el capitán Atondo solicitó hacerse cargo de la empresa el 8 de noviembre de 1678. Su solicitud fue aprobada por el virrey de inmediato y por el rey Carlos II el 29 de diciembre de 1679.

El capitán Atondo y Antillón fue elevado al rango de gobernador de Sinaloa y almirante de Las California y de su armada, usando por completo del poder político y militar del noroeste.

El 1680, emprendió la expedición que lo llevaría a la historia, fue almirante o jefe de escuadra de los navíos que llevaron a los padres misioneros fundadores de Las Californias, además de jefe militar de la expedición destinada a colonizar la California.

El objetivo de la expedición era la construcción de fuertes en la península de Baja California, la pacificación y cristianización de los indígenas y la exploración del interior del territorio para establecer asentamientos hispanos. Habiendo fracasado todas las anteriores expediciones a California en el contrato se comprometió a pasar por lo menos un año en la península para someter a los naturales "no por la fuerza de las armas sino por los medios suaves de la persuasión y la predicación evangélica".

ESCUDO DE ARMAS DE ATONDO

La Corona española financió la construcción de las embarcaciones en un astillero levantado en Guasave, en la Provincia de Sinaloa, un pueblo adyacente a la misión jesuita de Nío, para transportar colonos, mercaderías y animales. La expedición constaría de una fragata capitana San José y San Francisco Javier de 60 toneladas, otra fragata almiranta, Concepción, de 70 toneladas, una balandra y una lancha para cada fragata. Al mando de la nave capitana estaba Blas de Guzmán.

El sacerdote jesuita Eusebio Kino fue comisionado para misionar en la California para lo cual se trasladó a Nío donde lo esperaba el padre Matías Goñi en compañía de Atondo y su gente.

El 28 de octubre de 1682, bajo el mando directo del almirante Isidro de Atondo y Antillón, zarparon las tres embarcaciones desde Nío con dirección hacia el puerto de Chacala. A bordo de la almiranta viajaba el padre Kino y en la capitana Goñi. El 3 de noviembre de 1682 llegaron al objetivo. Abastecidos de alimentos, armas, ropa, aperos de labranza, semillas, ganado y regalos las tres naves zarparon hacia la California el 17 de enero de 1683. Avistaron tierra el 25 de abril siguiente y largaron anclas el primero de abril el año siguiente.

Atondo tomó posesión de las tierras a nombre del rey de España y exploró junto con el padre Kino la mayor parte de la Baja California sur, fundando misiones y poblados. Pero fracasó en su intento de obtener alguna plataforma perlífera que no fueron reveladas por los indígenas.

INDIOS DE BAJA CALIFORNIA Y EXPEDICIONARIOS ESPAÑOLES

El virrey tuvo noticias que corsarios intentaban capturar el Galeón de Manila en la bahía de Navidad. Atondo recibió la orden de que su Armada de California tenía el deber de abordarles y escoltar la embarcación de la Carrera de Indias Orientales. El 2 de diciembre de 1685 avistaron la nave y lo escoltaron hasta el puerto de Acapulco. Desde esta ciudad portuaria, Kino y Atondo partieron a la ciudad de México y fueron reasignados.

La expedición del almirante Isidro de Atondo y Antillón costó a la Corona de España más de un cuarto de millón de pesos; una verdadera fortuna que aparentemente fue un fracaso económico pero en cambio enriqueció y precisó la visión de California, inició la fundación de misiones jesuíticas en la península y, ante todo, demostró que no siempre el éxito depende de los beneficios materiales.

En 1688, viajó Isidro de Atondo a Oaxaca al servicio de su tío el obispo Isidro Sariñana. Ese año solicitó ingresar a la Orden de Santiago y fue recibido en ella al año siguiente.

En la historia de las Californias siempre estará presente el almirante Atondo, ya que fue él quien junto con el padre misionero Eusebio Francisco Kino y los también frailes misioneros Matías Goñi y Juan Bautista Copart establecieron la Misión de San Bruno, primera misión establecida en Las Californias. Se ignora el año de su muerte y el lugar en el que fue sepultado.

ITINERARIO DE LA EXPEDICIÓN DE ATONDO A BAJA CALIFORNIA

22/04/2026

Palacio de Sáenz de Santa María en Rivabellosa


El Palacio de los Sáenz de Santa María está localizado en la villa alavesa de Rivabellosa, en el municipio de Ribera Baja, y en la Cuadrilla de Añana, a unos kilómetros de Miranda de Ebro.

Es un edificio de tipo palacial construido a inicio del siglo XVII en estilo barroco. Tiene planta rectangular que consta de una torre central de cuatro niveles rodeada de las estancias palaciegas de tres niveles y un patio. Su pórtico de acceso está ubicado en fachada principal que se encuentra en la plaza de los Fueros.

PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

Los muros de la torre y del cuerpo izquierdo de la fachada principal están construidos totalmente en sillería y los del cuerpo derecho en mampostería, por lo que podrían haberse levantado en diferentes fases. Los tres bloques están cubiertos con tejado a cuatro aguas y madera para el alero.

Su principal eje de vanos de la torre lo forman el pórtico rectangular de acceso en el piso bajo, su balcón con reja forjada de hierro en el primer piso, y el par derecho de arcos de la galería en el segundo piso. El principal eje de vanos horizontal está situado en la primera planta, formado por las ventanas rectangulares adinteladas y el balcón de la torre.

TORRE DEL PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

Lo más destacado de su torre es la galería de cuatro arcos de medio punto, separado dos a dos por un blasón de piedra. Es el escudo de armas de la casa nobiliaria Pinedo de Albiz y consiste en un águila coronada y un castillo separados por una orla diagonal con el lema: "credo in unum deum" (creo en un único Dios).

En el dintel de la primera ventana del volumen derecho anexo a la torre también exhibe otro escudo de armas que consiste en un árbol de raíces vistas y las trece estrellas de los Salazar.

El jardín interior está condicionado por dos pasillos centrales en cruz delimitados por aceras de piedra y acompañados de setos de boj, que dividen el conjunto en cuatro cuadros, un aspecto muy característico del jardín español medieval.

ESCUDO DE ARMAS DEL PALACIO DE SÁENZ DE SANTA MARÍA

La primera referencia escrita de Rivabellosa fue en la Reja de San Millán, en 1025, con la denominación "Ripa bellosa". En 1463 albergó la reunión de los procuradores de las Hermandades de Álava que aprobaron el Cuaderno de Ordenanzas y Leyes "con que se gobierna esta Muy Nobles y Muy Leal Provincia de Álava", bajo el reinado de rey Enrique IV de Castilla, por las que se ha regido este territorio durante siglos.

ESCUDO CONMEMORATIVO RIVABELLOSA 1463 Y ESCUDO DE SALAZAR

17/04/2026

Fuente con busto del ingeniero Elorza en Oñate


La guipuzcoana villa de Oñate-Oñati conserva una fuente con busto del ingeniero brigadier Francisco Antonio de Elorza y Aguirre ubicada entre la Plaza de los Fueros y los jardines del Palacio de Lazarraga.

Elorza fue un militar e ingeniero industrial nacido en Oñate, en 1798. Desde 1844 y durante dos décadas, estuvo dirigiendo y renovando la Fábrica de Armas de Trubia y la de Oviedo.

En la Fábrica de Armas de Trubia se le erigió un busto en memoria de su aportación a la Metalurgia española. Su familia tenía una copia del original que dejó prestada al Ayuntamiento de Oñate para realizar otro ejemplar. Esta copia de busto del mariscal de artillería fue instalada en la plaza de los Fueros, en 1880.

La fuente tiene una decoración escultórica basada en dos técnicos metalúrgicos del siglo XIX en ambos laterales, junto con orlas y flores. En la parte superior aparece grabado "GENERAL ELORZA" y "38º", y en la inferior aparece el relieve de un cañón de artillería. Se entiende que el 38 hace referencia al número de años que estuvo al frente de las fábricas metalúrgicas y mineras o del Cuerpo de Artillería español desde sus comienzos hasta su defunción.

FUENTE-BUSTO DE FRANCISCO ANTONIO DE ELORZA

El reconocimiento del Real Cuerpo de Artillería a la aportación del general Elorza a la industrial metalúrgica y armamentística quedó manifiesta en el buen número de bustos suyos repartidos en varias entidades, todos fundidos en los altos hornos de Trubia y moldeados en su Taller de Escultura. Algunos de estos bustos están expuestos en la Fábrica de Armas de Trubia, en su Escuela de Formación Profesional Obrera, en el Museo del Ejército, en el Alcázar de Segovia o en la Academia de Artillería, así como en diferentes unidades artilleras del Ejército español.

La trascendencia de su obra está patente en un destacado espacio del Museo del Colegio de Artillería que, inaugurado en 1996, ocupa las salas del ala sur del Alcázar de Segovia.

La razón de la multiplicación de su iconografía es debido a que reunía en su persona las características del oficial científico-militar. Se convirtió en el ejemplo a seguir por futuras promociones del Cuerpo de Artillería del Ejército español. Este paradigma obtuvo más fuerza a través de la nacionalización de las fábricas militares españolas, poniéndolas a cargo del Cuerpo de Artillería. De esta forma, los ingenieros-artilleros pasaron a dirigir la industria militar del siglo XIX, contribuyendo al desarrollo económico de España.

FUENTE-BUSTO DE FRANCISCO ANTONIO ELORZA

Además del original busto de Trubia, fue reproducido en varias ocasiones el retrato pictórico realizado por Pablo Pardo en 1870 al óleo. El original está expuesto en la Academia de Artillería de Segovia.

FRANCISCO ANTONIO ELORZA Y AGUIRRE
"EXMO. E YLTMO. SEÑOR D. FRANCISCO ANTONIO DE ELORZA Y AGUIRRE, MARISCAL DE CAMPO DE ARTILLERÍA, DIRECTOR QUE FUÉ DE LAS FÁBRICAS DE TRUBIA Y OVIEDO. NACIÓ EN AROZ (OÑATE-GUIPUZCOA) EL 3 DE ENERO DE 1798 Y FALLECIÓ EN MADRID EL 3 DE NOVIEMBRE DE 1873."

En 2014, se constituyó una Asociación Cultural La Fundición de El Pedroso, con el objetivo de desarrollar y promocionar esta ciudad sevillana. Su sede se ubica en el Centro de la Cultura Escuelas Nuevas y dedica una de sus aulas al conocimiento y homenaje a la obra industrial que Francisco Antonio Elorza dejó en Andalucía entre 1833 y 1844. Es la Sala Ingeniero Elorza.

Nombrado director de la Ferrería de El Pedroso, construyó infraestructuras para conectar las minas de extracción de hierro con la factoría, pese a las dificultades del terreno, y viviendas para más de 500 trabajadores y 2.000 familias que vivían de esta actividad. Elevó la calidad de la producción metalúrgica y mayor rendimiento, estableció nuevas formas de empleo, y mejoró las condiciones laborales en base a contratos y diversos servicios sociales. Durante su etapa al frente de las factorías de El Pedro, en Sevilla, y de Río Verde, en Marbella, llevó la producción andaluza al máximo auge generando cerca del 80% de la producción férrica que se producía en España en ese tiempo, dejando a pleno rendimiento altos hornos al carbón vegetal y, afinación y laminación a la hulla, en ambas factorías. En 1841, la Factoría de El Pedroso ganó la Medalla de Oro de la Exposición Industrial Internacional celebrada en Madrid.

SALA INGENIERO ELORZA

13/04/2026

Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri


Economista, escritor y político ilustrado y liberal, uno de los máximos representantes de la corriente crítica del pensamiento ilustrado por sus principios económicos antimercantilistas y antifisiocráticos y bases del Estado liberal en los derechos de propiedad, libertad y seguridad, y la defensa los valoress liberales y constitucionalistas a fines del siglo XVIII y principios del XIX mediante obras como Cartas sobre los asuntos de la Economía política y Escritos políticos y constitucionales

VALENTÍN DE FORONDA Y ECHAVARRI

Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri era natural de Vitoria, donde nació en 1751, perteneciente a una familia noble y acaudalada. Su padre fue Luis Antonio de Foronda, caballero de la Orden de Santiago y tesorero general de la Santa Cruzada en La Paz; y su madre, Catalina de Echavarri, era hija de un secretario del Consejo del rey y regidor perpetuo de Vitoria. Su familia tenía intereses comerciales en la Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Durante el reinado de Carlos III, participó en la creación del Banco de San Carlos con su amigo Francisco de Cabarrús, el principal promotor del proyecto. Cursó estudios de Economía Política en Francia, materia que más tarde impartió en el Seminario de Vergara, que él mismo impulsó, como miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País. Además impartió clases de economía política.

Desengañado del modo de obrar y pensar esta Sociedad Económica, dejó de ser miembro de la misma. Había definido a sus socios los caballeritos de Azcoitia de "fanáticos de la antigüedad", aunque mantuvo un estrecho contacto con sus socios frecuentando esta institución. También se preocupó de las duras ordenanzas de limpieza de sangre y xenofobia contra el forastero en las Provincias Vascongadas.

En 1777, fue elegido regidor de Vitoria, mandato durante el cual ayudó a fundar la Casa de la Misericordia de Vitoria.

INSTITUTO DE HISTORIA SOCIAL VALENTÍN DE FORONDA

Viajó por Italia, Francia, Flandes, Gran Bretaña Alemania y entabló amistad con los profesores extranjeros del Seminario, con lo que accedió a bibliografía exterior difícil de hallar en España. Finalmente, se estableció en Burdeos, donde mantuvo contactos con algunos de los representantes del pensamiento ilustrado del momento.

Su afición al estudio le transformó en un polígrafo interesado por numerosos temas. Tradujo, entre otras obras, Instituciones políticas, del Barón de Bielefeld; Lógica, de Étienne Bonnet de Condillac; Belisario, de Jean François Marmontel, y la Enciclopedia metódica de Charles Panckoucke; escribió asimismo diversos estudios sobre Jean Jacques Rousseau.

Publicó habitualmente en la prensa periódica (Diario de Madrid, Diario de Zaragoza, Semanario de Salamanca, etc.). Publicó obras sobre química, lógica economía y política. Fue elegido miembro de las sociedades económicas de Zaragoza y de Valladolid, de Ciencias Naturales de Barcelona, de Ciencias y Artes de Burdeos y posteriormente de nada menos que la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia, fundada por Benjamín Franklin. Con anterioridad a 1789, el contenido político y económico de las propuestas de Foronda fue relativamente moderado, pero, después de esa fecha, evolucionó hacia el más puro Liberalismo.

Hasta 1789, fue reflejando en su obra las ideas de Montesquieu, Coyer y el Humanismo de Filangieri, Hume y Brissot de Warville. Desde ese año, empezó a publicar una serie de cartas en las que radicalizaba los principios económicos liberales, publicadas en el Espíritu de los Mejores Diarios. Estas cartas fueron reeditadas en Madrid (primer tomo, 1789; segundo, 1794; después reimpresos en 1799) y en Pamplona (1821), bajo el título Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la economía política, clara defensa de los ideales políticos y económicos liberales y crítica del análisis económico fisiocrático de François Quesnay. Se trataba de una gran crítica al intervencionismo estatal que reflejaban las preocupaciones de las clases burguesas españolas de un modo que era imposible encontrar en escritos anteriores. En ellas afirmó:
"Los derechos de propiedad, libertad y seguridad son los tres manantiales de la felicidad de los estados."

En dichas cartas citaba las obras de Davenant, John Locke, Adam Smith, Accarias de Serionne, Nicolás Donato, Forbonnais, Graslin, Herbert, Necker, Plumard de Dangeul, etc. En realidad, su pensamiento estaba formado en la escuela fisiocrática de Quesnay y en el Iusnaturalismo, a través de las relaciones que tuvo con Burdeos y con Guillaume Grivel, abogado y fisiócrata tardío afincado allí, pero se separó de dicha doctrina en puntos muy importantes. Rechazaba la descripción del orden social físico de esta escuela y se negaba a aceptar algunos de los principios analíticos de la misma (impuesto único sobre la tierra y el gran cultivo, por ejemplo) y las políticas derivadas de los mismos. Por otra parte, interpretaba el principio de seguridad según las ideas de Holbach y de Grivel. Por eso criticaba el despotismo y defendía los derechos políticos del ciudadano y la primacía de la soberanía popular sobre la real.

CARTAS SOBRE LA POLÍTICA, POR VALENTÍN DE FORONDA

También publicó sus Cartas sobre la policía (1781). La variedad de su producción se aprecia en libros como Miscelánea o Colección de varios discursos, que es una compilación de los discursos pronunciados en la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que incluye, entre otros textos, Disertación sobre lo honrosa que es la profesión del comercio (1778), Disertación sobre la nueva Compañía de Indias Orientales (1784) y Cartas sobre el Banco de San Carlos (1786-1787). Se ganó rápidamente enemigos por sus ideas. Fue multado y obligado a abandonar Vergara por practicar con su hijo Fausto la inoculación de la viruela, y fue denunciado a la Inquisición por leer libros prohibidos. Además el inquisidor Juan Francisco Torrano le acusó de connivencia con los franceses durante la Guerra de la Convención (1794-1795) y la ocupación de Guipúzcoa, acusado de ser un colaboracionista francés. Ante estas delaciones, se exilió unos años a París.

Consiguió el cargo de cónsul general en Filadelfia en 1801. En 1807, asumió además el puesto de encargado de asuntos económicos del reino de España en Estados Unidos por el regreso del embajador. En esta ciudad publicó unas interesantes Observaciones sobre algunos puntos de la obra de Don Quijote (1807), aunque fue publicada en Londres bajo firma de T. E. (sus segundos nombre y apellido, Tadeo Echavarri), temeroso de la crítica cervantófoba que se volcó en esta obra; las cartas habían empezado a redactarse en 1793 en Vergara y reprochaban a la obra no ser todo lo edificante ni decorosa que fue recomendable, así como ciertas flojedades e incorrecciones de estilo, en lo que el mismo autor reconocía no conocer suficientemente la lengua de la época; parte de esas acusaciones fueron después rebatidas por Diego Clemencín.

En otro panfleto anónimo defendió la necesidad de abandonar las colonias españolas: Carta sobre lo que debe hacer un príncipe que tenga colonias a gran distancia, en Filadelfia (1803). También publicó allí Cartas presentadas a la Sociedad Filosófica de Philadelphia, (1807).

DIVISIÓN REGIONAL DE ESPAÑA SEGÚN VALENTÍN DE FORONDA

Tras la invasión francesa y unos momentos de indecisión, en los que se le llegó a acusar de jacobino, en vísperas de su llegada a Cádiz publicó en Filadelfia unos Apuntes ligeros sobre la Nueva Constitución proyectada por la Junta Suprema de España y reformas que intenta hacer en las leyes, que merecieron los elogios del presidente Thomas. En tal escrito defendía un gobierno constitucional con separación de poderes, la soberanía del pueblo y las libertades individuales frente al despotismo.

Harto de la camarilla de Casa-Irujo y las dificultades que le ponían para solucionar los problemas que provocaba el comercio español con los Estados Unidos, solicitó su retorno a España, obteniéndolo en 1809. La Junta Suprema le nombró en 1810 intendente honorario del Ejército, y, tras las Cortes de Cádiz celebradas entre 1810 y 1813 en las que formó parte, fue nombrado miembro de la Junta de Censura, protectora de la libertad de imprenta, en Galicia.

En estos años, fue publicando diversas cartas sobre temas constitucionales: Cartas sobre varias materias políticas, en Santiago (1811), Ligeras observaciones sobre el proyecto de Nueva Constitución, La Coruña (1811). En estos escritos denunciaba una constitución que no especifica claramente los derechos individuales, otorga excesivos poderes al rey y no separa los espacios político y religioso. El proyecto territorial de Valentín de Foronda para la Constitución de 1812 trataba de dividir a España en dieciocho partes geométricas denominadas con números a fin de suprimir los nombres de Vizcaya, Castilla, Andalucía, etc., "que solo eran origen de disputas crueles, pueriles y funestas".

Siendo protegido del ministro de Hacienda, Francisco Cabarrús, Foronda defendió la pervivencia del Banco Nacional de San Carlos y participó como accionista en la Compañía naviera de Filipinas.

BARCO DE ESPAÑA ANTIGUO BANCO DE SAN CARLOS

Sus ideas se vertían en los periódicos El Patriota Constitucional, El Ciudadano por la Constitución y La Gaceta Marcial y Política, desde los cuales combatió la tortura, la Inquisición, los abusos del clero gallego, la falta de garantías procesales en los pleitos, etc. Escribió además unas Cartas sobre la obra de Rousseau titulada Contrato social, en La Coruña, en 1814. Por sus escritos críticos contra el Antiguo Régimen, se ganó la enemistad de la Iglesia gallega y de los absolutistas de la región.

Tras la derogación de la Constitución de 1812 y la vuelta del Absolutismo fernandino en 1814, ingresó en una prisión madrileña como consecuencia de sus ideas políticas, y al año siguiente fue sentenciado a diez años de destierro en Pamplona. En la ciudad navarra, a través de Vidarte, pudo colaborar en las Cortes de Navarra en 1817 y 1818 para la inclusión de los principios liberales. Al ser rehabilitado políticamente en el Trienio liberal, intentó infructuosamente conseguir el Consulado general de Francia, aunque logró que las Cortes reconocieran públicamente su labor y fue nombrado ministro del Tribunal especial de Guerra y Marina.

Reeditó algunas de sus obras, relató el juicio político a que había sido sometido en Defensa de los dieciséis cargos hechos por don José de Valdenebro, en 1820, y escribió nuevos artículos para El Liberal Guipuzcoano, en 1821. Ese año murió en Pamplona.

CONDILLAC Y MENÉNDEZ PELAYO

En el ámbito de la filosofía, Foronda ha pasado por ser uno de los más eficaces difusores del Sensualismo de Étienne Bonnot de Condillac, mediante la traducción de su Lógica. Unos años antes, el capitán Bernardo María de Calzada ya había hecho una traducción con el título Lógica o los primeros elementos del arte de pensar (1784).

Sin duda, Foronda no la encontró suficientemente asequible para todo el mundo, por lo que se propuso elaborar otra traducción, acomodada a la capacidad de su hijo, y para lo cual se esforzó en ponerla en diálogo: Lógica de Condillac puesta en diálogo por don Valentín de Foronda. Su amplio subtítulo ofrece ya una idea de los varios temas filosóficos a tratar: Y adicionada con un pequeño tratado sobre toda clase de argumentos y sofismas, y con varias reflexiones sobre la Aritmética moral de Buffon, sobre medir las cosas inciertas, sobre el modo de apreciar las relaciones de verosimilitud, los grados de probabilidad, el valor de los testimonios, la influencio de las casualidades el inconveniente de los riesgos, y sobre formar el juicio del valor real de nuestros temores y esperanzas.

Foronda consiguió el objetivo que se propuso con esta nueva versión, que fue publicada en Madrid, en 1789 y 1794. Marcelino Menéndez Pelayo se refirió a él en su Historia de los heterodoxos españoles:
"El estilo de Foronda es agradable y sencillo, casi igual en limpieza y claridad al del autor que traduce."

08/04/2026

Regimiento de Granaderos de Navarra


El Regimiento de Infantería de Navarra es el Regimiento de Infantería nº25 del Ejército español.

Tuvo su origen en las Cortes navarras reunidas en Sangüesa, aprobado por real despacho del 21 de julio de 1705, y organizado por el mariscal de campo Francisco Ignacio de Mencos, con el nombre de Regimiento de Mencos. Incluso tuvo como predecesor en el Regimiento del Condestable de Navarra desde el año 1632, posiblemente uno de los cuerpos militares más antiguos de la Infantería española.

Esta unidad había sido instaurada en España por Felipe V en 1704 al ordenar que, por cada regimiento de doce compañías, debería haber una compañía de granaderos.

La prenda del uniforme de granadero más distintiva era la casaca de color blanca, con el color rojo en bocamangas, forros y chupas. Llevan correas de bandolera, la de la izquierda mantiene el sable y la de la derecha sujeta la cartuchera. Otro elemento muy característico era la birretina de granadero, tratándose de un gorro con cierta altura, recubierto de piel de oso con un trozo de tela roja en su parte trasera generalmente decorado con el escudo de armas del regimiento. Este birrete de granadero sustituía al habitual gorro con amplias alas de la época.

Tenía por escudo de armas un campo de azur, con la cadena del escudo foral de oro puesta en orla, en cruz y en aspa, con un punto de sinople en el abismo, y una corona real sobre el blasón.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

El Regimiento de granaderos de Infantería tuvo su primera intervención en la Provincia de Huesca, para frenar el avance del Ejército austracista sobre el río Cinca, así como sofocar una rebelión de catalanes que apoyaron al archiduque de Austria. Drante la Guerra de Sucesión española entre 1701 y 1714, Navarra tomó parte del Ejército borbónico y del pretendiente Felipe V.

A partir del año 1707, fue llamado Regimiento de Navarra, y al año siguiente Regimiento de Infantería de Navarra. Desde entonces, esta unidad de combate ha participado en todas las contiendas españolas, tanto en la defensa del Imperio como en las internas civiles.

En las Guerras de Italia de 1718-1720, 1734-1736, y 1742-1747, cuyo motivo era la defensa del Reino de Sicilia y Nápoles en posesión de Felipe V.

En la defensa de las plazas norteafricanas, como la defensa de Ceuta en 1753, la defensa de Argel en 1775, las defensas de Orán en 1790 y 1791, las Guerras de África de 1846, de 1856, y de 1859-1860, y las Guerras de África de 1921-1922 y 1924-1926.

En las dos Guerras hispano-lusas, la Guerra Fantástica en 1762-1763, entre la coalición hispano-gala contra la alianza británico-portuguesa, dentro de la Guerra de los Siete Años; y de la Guerra de las Naranjas, en 1801, entre ambos países ibéricos.

En los procesos de emancipación de las provincias virreinales españolas en América, entre 1813 y 1823, a favor del bando realista y la lealtad a Fernando VII.

En la Primera y Tercera Guerras Carlistas entre 1833 y 1840, y entre 1872 y 1875, además de la Guerra Civil entre 1936 y 1939.

En los sucesos políticos de Teruel y Torrejón en 1843, de Madrid en 1845, de Barcelona en 1854 y 1869, de Palau Sarroca en 1855, y de La Bisbal y San Celoní en 1869.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

Tras varios años de tranquilidad, el Regimiento se embarcó desde el Departamento Naval de Ferrol hacia el puerto de La Habana por real decreto de 22 de agosto del año 1778. España se preparaba para apoyar al bando insurgente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América en 1780-1783, en colaboración con los aliados franceses, y en contra el Imperio británico. El regimiento estaba a las órdenes del general Bernardo de Gálvez.

Tras permanecer en la isla durante cerca de dos años, el 1º Batallón fue enviado a proteger la Bahía de Mobila, mientras que las Compañías 5ª, 7ª y 8ª lo hicieron en la plaza de Pensacola.

Se destacaron en la toma del Fort George y en la reconquista de Pensacola, el 8 de mayo de 1781, último bastión de la resistencia británica en la provincia de La Florida. Entre los 7.500 hombres desplegados para esta batalla 672 pertenecían al Regimiento Navarra, denominado el Triunfante.

Con motivo de la sublevación de la orilla izquierda del río Mississippi contra el fuerte de Natchez, el general Gálvez dispuso que la Compañía 1º de Granaderos con otras cinco de fusileros pasasen a la región de Luisiana.

En agosto de 1782, la 1ª Compañía regresó a La Habana y con el resto de tropas de aquella plaza, se embarcaron con destino a Güarico, en la Provincia de Venezuela, en el Virreinato de la Nueva Granada. Allí permaneció acantonada hasta participar en la expedición que se preparaba para tomar Jamaica, isla en poder británico. Tras la firma del Tratado de París en 1783, el Regimiento de granaderos navarros regresó a Cádiz.

En 1789, el Regimiento se embarcó en Cádiz para reforzar la plaza de Orán, e hizo su regreso en 1792 en el puerto de Barcelona. Su nuevo cometido era cubrir los destacamentos de la frontera española con Francia y luego tomar parte en la Guerra de la Convención entre 1783 y 1785.

En 1796, los 1º y 2º Batallones pasaron a Extremadura, para formar un cuerpo de observación, y el 3º a Mallorca. En 1801, los tres batallones formaron parte de la Tercera División del general marqués de Castelar, que se preparaban en Extremadura para atacar Portugal. La Guerra de las Naranjas fue un pequeño conflicto entre España y Portugal, impulsada por la Francia de Napoleón Bonaparte por su apoyo a Gran Bretaña. El 20 de mayo de 1801, participó en la toma de Olivenza, y tras sucesivas victorias, se forma el Tratado de Badajoz. El 15 de septiembre, el Regimiento regresó a Madrid.

En abril del año 1804, los Batallones 1º y 3º fueron destinados a Santander y el 2º a Gijón y Oviedo, para reforzar los puertos del Cantábrico con motivo de la Guerra anglo-española de 1804-1805. En septiembre de aquel año, el 1º Batallón se trasladó a Bilbao para sofocar la rebelión conocida como Zamacolada, la última de las machinadas vizcaínas.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

En 1806, recibió la orden de pasar al distrito militar de Galicia. En abril del año siguiente, todo el Regimiento reunido en La Coruña protegía la plaza frente a algún ataque británico. En abril de 1808, se trasladó al Departamento Naval de Ferrol, contando con sólo 892 plazas. Ante la sublevación contra la invasión del Ejército napoleónico en la Comandancia de La Coruña, el Regimiento se une a finales de mayo, donde se mantuvo hasta finales de junio. A la órdenes del general Joaquín Blake, formando parte de la 4ª División del mariscal de campo Francisco Javier de Barahona y Dávila, tomó parte en varias acciones armadas y defensivas de la Guerra de la Independencia española contra el Ejército francés.

Tras la huida de los napoleónicos por la frontera, el Regimiento se concentró en Navarra hasta la rendición francesa y la firma del Tratado de París de 1814.

Por real decreto del 12 de mayo de 1814, se ordenaba que los regimientos destinados a los virreinatos de América y Filipinas se llamaran segundos para quedar en la España peninsular otros de igual nombre, cuya medida iba a afectar al cuerpo navarro.

Por real decreto del 5 de diciembre de 1815, el Regimiento de Navarra fue enviado a las provincias españolas en América, a la vez que desde La Coruña se organizaba otro nuevo Regimiento de Navarra con destino peninsular. El 26 de marzo de 1817, el viejo Regimiento de Navarra, formado por dos batallones, zarpó desde el puerto de Cádiz integrado en la división del brigadier César José de Canterac Orlic, un general de origen francés que había participado en la Guerra de la Independencia. El nuevo destino fue el puerto de Cumaná, para defender la lealtad al rey Fernando VII en el Ejército Realista, durante la Guerra de Emancipación de los Virreinatos del Perú y de Nueva Granada.

Mientras tanto, en la España peninsular se organizó el nuevo Regimiento, cuyo resultado fue que el Batallón 1º lo formó el Regimiento de Monterrey, acantonado en Orense; el Batallón 2º lo constituyó el Regimiento Vizcaya, instalado en Bilbao; y el Batallón 3º lo formó el Regimiento de Voluntarios de Navarra, que se hallaba acantonado en el valle del Baztán. En abril del año siguiente, los Batallones 2º y 3º del Regimiento peninsular de Navarra pasaron a acantonarse en las ciudades de Mondoñedo y Orense, con el objeto perseguir a los bandidos y custodiar las cárceles.

El 30 de abril de 1817, fue destinado al Distrito de Castilla la Vieja, en las plazas de Ciudad Rodrigo, Salamanca, Ávila y Arévalo. En mayo de 1819, fue deslocalizado al Distrito de Extremadura para hacer de guarnición en la plaza de Badajoz.

En 1820, el general Rafael del Riego, al mando de las Fuerzas expedicionarias de Andalucía con destino a sofocar las rebeliones independentistas de América, se sublevó en Las Cabezas de San Juan y proclamó la Constitución de 812, dando comienzo el Trienio Liberal hasta 1823. Por real orden del 18 de enero de 1820, el Regimiento de Navarra partió hasta Sevilla y, después, al Campo de Gibraltar. Tras jurar la Constitución el rey Fernando VII, en los siguientes años el Regimiento fue enviado a diversos destinos: Badajoz, Ciudad Real, Valencia, Alicante, San Fernando de Figueras, etc. Los Cien Mil Hijos de San Luis luchaban contra las tropas liberales de Riego con el objetivo de restablecer el Antiguo Régimen. Entonces, los granaderos de Navarra ya no formaban un regimiento compacto, sino batallones independientes integrados en otras divisiones.

Al final de la contienda, l Batallón 1º estaba integrado en al Ejército de Cataluña, custodiando San Fernando de Figueras. Este enclave que fue atacado y rendido por el Ejército del mariscal Mancey, y el batallón fue hecho prisionero a Francia. El Batallón 2º también fue cercado y rendido por el mismo ejército francés. Por real decreto de 20 de marzo de 1823, firmado por la Regencia Provisional de Fernando VII, fueron disueltos los batallones del viejo Regimiento de Infantería de Navarra.

Mientras, en América, el viejo Regimiento de Navarra capitulaba ante las fuerzas independentistas de José de San Martín y de Simón Bolívar, el 4 de agosto de 1823. Tras hacer escala en La Habana, llegó a Cádiz, el 2 de abril de 1824.

Por real decreto del 3 de marzo de 1825, el nuevo Regimiento de Infantería de Navarra fue reorganizado como ligero, pasando de guarnición a la plaza de Pamplona, cinco años después en Madrid, y luego a Zamora.

GRANADEROS DEL REGIMIENTO DE NAVARRA

Declarada la Primera Guerra Carlista, en 1833, pasó a formar parte del Regimiento al Ejército del Norte, al mando del general Tomás de Zumalacárregui. En 1837, el Batallón 1º pasó destinado al Ejército del Centro, integrado de la División del mariscal de campo José de Buerens. Al año siguiente, el Regimiento continuaba dividido, el Batallón 1º en el Ejército de Aragón, el 2º en Navarra, y el 3º que estaba de reserva en Badajoz partió hacia para Castilla la Mancha, y fue disuelto en Villaverde tras la Paz de Vergara.

En 1841, los Batallones 1º y 2º pasaron al Distrito de Andalucía, para hacer de guarnición en Sevilla, donde volvió a reorganizarse el Batallón 3º. Poco después fueron enviados al Regimiento en Valencia.

El 10 de junio del año 1843, el Regimiento de Navarra secundó al general Narváez en su alzamiento nacional contra la Regencia de Baldomero Espartero, acompañando a sus tropas hasta Madrid.

En 1848, el Gobierno de Isabel II determinó la ocupación de las islas Chafarinas. El batallón 2º participó en la expedición, sirvió de guarnición y se acantonó en fortificación levantada por una compañía de ingenieros.

Por real decreto del 29 de marzo de 1848, se fundaron los terceros Batallones de varios Regimientos de Infantería, el del Navarra se organizó en Granada, correspondiéndole el cuadro de oficiales y sargentos de los extinguidos Regimientos Provisionales, y la fuerza de quintos del depósito de Sevilla.

En 1850, se ordenó que los terceros Batallones pasasen a formar la reserva, Al Batallón 3º de Navarra le correspondió fijar su residencia en Lugo, mientras los Batallones 1º y 2º se trasladaron a Málaga, y al año siguiente, al Distrito de Valencia.

Durante la Revolución de 1854 y el pronunciamiento militar de Leopoldo O'Donnell en Vicálvaro, el Regimiento estaba situado en el Distrito de Cataluña. El Batallón 2º participó en los sucesos del 14 de julio, sofocando la rebelión en la plaza de San Jaime de Barcelona. Durante el Bienio Progresista, el Regimiento estuvo reunido en el Castillo de San Fernando de Figueras.

02/04/2026

Etapa Logroño - Nájera


Desde la iglesia de Santiago el Real de Logroño, el Camino de Santiago pasa por la vieja puerta del Revellín y atraviesa los barrios modernos de la ciudad siguiendo la avenida del Marqués de Murrieta.

Durante algún tiempo La Rioja fue parte del Reino de Pamplona. Al pasar definitivamente al Reino de Castilla, se hizo evidente la necesidad de reforzar las defensas frente a la vecina Navarra. Por ello, durante la celebración de las Cortes de Carrión, en 1188, Alfonso VIII instó a las aldeas de los Corcuetos a que se unieran en una villa fuerte, Navarrete, a la que el mismo rey concedió el fuero de Logroño, en 1195. Coincide en los mismos años la fundación de la villa con la del hospital de peregrinos de San Juan de Acre, por María Ramírez y construido por su hijo Martín de Bastan, quien los entregó a la Orden de San Juan de Jerusalén. Hoy solo quedan las ruinas.

NAVARRETE

El Camino de Santiago estaba en pleno esplendor y su paso se estableció a través de la calle Mayor. El caserío de Navarrete ocupa un cerro llamado Tedeón, en cuya cúspide estaba el castillo. Las calles se extienden por la ladera oriental al sur como semicírculos concéntricos y en los adornos de sus casas más viejas es fácil descubrir motivos jacobeos. Una de las seis puertas del recinto amurallado recibió el nombre de Santiago. Fue villa de realengo hasta que en 1379 pasó al señorío del linaje castellano de los Manrique.

En la misma calle Mayor se alza la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI. En 1564, el papa Pío V concedió el jubileo perpetuo que podían ganar todos los que vinieran a ella cada 23 de mayo, fiesta conmemorativa de la batalla de Clavijo y de la aparición de Santiago. La iglesia medieval se alzaba en lo alto del cerro, junto al castillo. El templo actual se hizo siguiendo los dos gustos de la época, el renacentista y el gótico tardío. Al primero corresponde el entablamento que recorre los muros en el interior, y al segundo las bóvedas de crucería que cubren las tres naves. En 1598 se hizo el coro y en 1664 la portada, atribuida a Francisco Herrera el Mozo, pintor y arquitecto de la corte de Carlos II. Pero si algo destaca en el templo es el esplendoroso retablo barroco, uno de los mejores de todo el Camino de Santiago, realizado en 1702. Hay también un altar dedicado a las santas Justas y Rufina, patronas de los alfareros, que en buen número trabajan en la villa y que son los herederos de una producción de gran calidad que se remonta a los alfares romanos de Tricio.

Por debajo de la calle Mayor queda la calle Nueva, el paseo sigue entre los arcos pintorescos de los cocinos. Ya a la salida, la portada románica y dos ventanas del antiguo Hospital de San Juan se reaprovecharon como fachada del centenario.

IGLESIA DE SAN TAURNINO EN VENTOSA

Ventosa se alza a los pies del alto de San Antón. La Iglesia de San Saturnino ocupa la parte más alta del pueblo. Este santo, primer obispo de Toulouse, es una de las devociones más vinculadas al Camino Francés. Ya existía con esta advocación en 1034, cuando se la menciona como dependencia de San Millán de la Cogolla. Veinte años después pasó a Santa María la Real de Nájera. La nave es del siglo XVI, cubierta con las bóvedas de crucería y, posteriormente, se añadieron el coro, del siglo XVII, y el crucero, del XVIII.

En el último tramo de esta etapa hasta Nájera, el Camino llega al Alto de San Antón, dicho nombre alude a un viejo hospital de peregrinos ya desaparecido que había en las inmediaciones, cruza la pasarela del río Yalde, entre Alesón y Huércanos.

CAMINO DE VENTOSA A NÁJERA

REFUGIO DE PEREGRINOS EN VENTOSA

Nájera es una población de origen musulmán, Náxara, que significa en árabe "lugar de peñas", y a su río Naila le llamaron Naxarilla. En sus parajes tuvo lugar, según el Códice Calixtino, la legendaria lucha entre Roldán y el gigante Ferragut, que tanto se prodigó en la iconografía románica.

Fue un punto fundamental para el avance de la reconquista. Fue tomada en 923 por Ordoño II de León en colaboración con Sancho I Garcés de Pamplona. Este último mandó reconstruir el castillo, incorporando la ciudad a su reino.

Sancho I incorporó también las tierras recuperadas en La Rioja junto con el Ducado de Cantabria y las donó a su hijo García I Sánchez, primer rey de Nájera luego también de Pamplona al morir su padre, con la denominación de Reino de Nájera-Pamplona.

Posteriormente, a lo largo de los siglos X y XI, se convirtió en la capital efectiva del extenso Reino de Nájera-Pamplona. La destrucción de Pamplona por Abderramán III, en 924, hizo que durante décadas fuera Nájera la resistencia preferida del rey y la Corte. En ella reinaron sucesivamente Sancho Garcés II Abarca, García Sánchez II el Temblón y Sancho Garcés III el Mayor.

Con este último monarca, denominado "Rex Hispaniarum", alcanzó Nájera la cima de su fama y esplendor, como capital de un gran imperio que abarcaba todas las tierras reconquistadas hasta el momento, y se extendía desde las costas de Galicia hasta el Condado de Barcelona y más allá de los Pirineos hasta Toulouse.

NÁJERA Y EL RÍO NAJERILLA

RÍO NAJERILLA JUNTO A NÁJERA

En aquella época Nájera fue escenario de trascendentales acontecimientos en la historia de España. Aquí Sancho III celebró Cortes y otorgó el famoso Fuero de Nájera, origen de la legislación navarra y base del derecho nacional. Durante su reinado se acuñó en Nájera la primera moneda de la Reconquista, en ella se lee "Imperator in Naiara".

La ruta jacobea era en esa época una poderosa corriente revitalizadora, no sólo en el plano espiritual sino también en el cultural y en el económico. Sancho el Mayor desvió el trazado del Camino de Santiago para que pasara por Nájera. Favoreció las peregrinaciones a Santiago de Compostela, estableciendo alberguería y hospitales, y convirtiendo a la ciudad en punto clave de la ruta jacobea.

A la muerte de Sancho el Mayor, el vasto imperio se repartió entre sus hijos García, Fernando, Ramiro y Gonzalo, convirtiéndose Nájera en cuna de los Reinos de Navarra, Castilla y Aragón. En Nájera se quedó su primogénito, el rey García III el de Nájera, porque nació, vivió y fue enterrado en esta ciudad, y fue su gran benefactor. Fue un gran rey, típico representante de los monarcas medievales.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Después de reconquistar Calahorra fundó la Iglesia de Santa María la Real, tras el milagroso hallazgo de la imagen de la Virgen María que el propio monarca descubrió en una cueva durante una jornada de caza. Cerca de la nueva iglesia hizo construir una gran alberguería para atender a pobres y peregrinos.

La capitalidad compartida duró hasta 1076, cuando Nájera pasa a Castilla. Su rey, Alfonso VI, confirma los fueros que había concedido décadas antes Sancho III el Mayor. Facilitó la instalación de una comunidad benedictina dependiente de Cluny en Santa María la Real. Los monjes debieron convivir durante los siglos con los canónigos regulares del Cabildo. Esta convivencia y las relaciones con el obispado de Calahorra, que se vio desplazado de la sede najeriense, fueron difíciles y generaron no pocos pleitos. A partir de entonces, Nájera pasó a convertirse en residencia preferida de monarcas y nobles castellanos, y en testigo de sus disputas, intrigas y batallas.

Tras la breve posesión de Nájera por Alfonso I el Batallador, Alfonso VII el Emperador la recuperó para Castilla, en 1136, convocando en Nájera las Cortes de su reino dos años después. Finalmente, donó el Reino de Nájera a su hijo Sancho III el Deseado. Alfonso VIII el de las Navas, hijo del anterior y de Blanca de Navarra, también nacido en Nájera, anexionó definitivamente La Rioja a Castilla.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

ESCUDOS REALES EN IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL

Las malas relaciones con el obispado y la falta de nuevas donaciones están en el origen de una nueva época de crisis que llevó al borde de la ruina material a la iglesia de Santa María. La ciudad aún fue testigo de hechos notables, como la proclamación de Fernando III el Santo como rey de Castilla en 1217, o la célebre Batalla de Nájera en 1367 en la que los partidarios de Pedro I el Cruel vencieron a los de Enrique de Trastámara, que dos años después consiguió hacerse con la Corona castellana. El apoyo de la villa a Enrique hizo que este le concediera el privilegio de celebrar dos ferias anuales.

Juan II, en 1438, le concedió el título de ciudad, al que se sumó el de Muy Noble y Muy Leal, otorgado por Enrique IV. Este rey castellano donó el señorío de la ciudad en 1465 a Pedro Martínez de Lara obtuvo el señorío de la ciudad. Los Reyes Católicos confirmaron en esta donación en 1482 y le concedieron el título de duque de Nájera llamado "duque de Forte". El emperador Carlos I visitó Nájera tres veces y Felipe II una vez, de paso para las Cortes de Tarazona.

FERNANDO III EL SANTO EN NÁJERA

Durante la guerra de la Independencia contra las tropas de Napoleón fue ocupada por los franceses, que confiscaron bienes e impusieron fuertes contribuciones a los najerinos, saqueando cuanto de valor material y artístico hallaron en la ciudad.

La ciudad, siguiendo el condicionante del Camino, se fue alargando entre el cerro y el río Najerilla, a base de ir adicionándose los sucesivos barrios al núcleo primitivo del Palacio del Rey y el área del Mercado. Al igual que de Logroño, Laffi se llevó una grata impresión de Nájera, dejando una exacta descripción de la situación topográfica de la misma:
"...aquí (Nájera) se ve uno de los mejores lugares que hay en estos países, puesto en una llanura, y pasa por mitad de él un río no grande, sobre el cual hay un grandioso puente. De la parte de poniente hay un altísimo monte, que cubre la población, de modo que la mitad de ella no es atacada de la lluvia, ni le da el sol más que por la mañana hasta mediodía. Es un lugar provisto de todo."

La riqueza de la ciudad permitía dar una buena acogida hospitalaria a los peregrinos. Además de lo que ya hemos visto comentado por Laffi en el siglo XVII, en este fragmento de Künig, dos siglos antes, su referencia es también muy favorable:
"Allí dan de grado por amor de Dios en los hospitales, y tienen todo lo que puedas apetecer. A excepción del hospital de Santiago, toda la gente es muy burlona. Las mujeres del hospital arman mucho ruido a los peregrinos, pero las raciones son muy buenas."

Antes de cruzar el río Najerilla, los peregrinos deben pasar por el barrio de San Fernando, así llamado por haber sido proclamado aquí rey Fernando III el Santo el 1 de mayo de 1218. La redificación del puente sobre el río Najerilla se atribuye a san Juan de Ortega, en el siglo XII, pero nada queda del puente medieval, que tras muchas reparaciones fue sustituido por el actual en el siglo XIX. En 1886, fue sustituido por el actual. En este barrio se encuentra el convento de Santa Elena, del siglo XVII, en el que vive una comunidad de monjas clarisas.

El Hospital de la Cadena, en el barrio de San Fernando, existía ya en 1227, cuando María Pérez le legó sus bienes y ella misma ofreció su vida al cuidado de los pobres. En su origen fue una leprosería, por eso el nombre de Hospital de San Lázaro que ostentó en alguna época, que terminó por convertirse en hospital de peregrinos. Las descripciones del siglo XIX aportan una imagen de un edificio "de pobre aspecto y débil construcción, no contiene más que una pequeña y mal ventilada habitación".

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Al otro lado del río, dentro ya de la ciudad, el primer edificio de interés que hay es la Iglesia parroquial de Santa Cruz, a donde se trasladó la capilla de la misma advocación que se encontraba en el monasterio de Santa María y que era atendida por los clérigos regulares. Es un templo de tres naves y crucero que se comenzó a construir en el siglo XVI pero que no se terminó hasta mediados del siglo XVII.

El Hospital de la Abadía o del Emperador, por el apoyo que le dio Alfonso VII, y su albergue del cual dependía fue fundado por el rey García, el cual instituyó que se acogiese en ella a los peregrinos enfermos y menesterosos "como si cada uno de ellos fuese Cristo en persona".

El Hospital de la Piedad es una fundación de 1648, llevada a cabo por una congregación de treinta y cuatro personas, que con su ayuda atendía seis camas.

El actual Monasterio de Santa María la Real de Nájera es el resultado de la reconstrucción de una iglesia anterior que fue fundada en 1052 por el rey García. Aquella iglesia pasó a depender de Cluny en 1075 durante el reinado de Alfonso VI. Tampoco se conserva la fábrica románica del edificio, ni siquiera el magnífico retablo de oro.

Este monasterio es un denso conjunto artístico de primera categoría. La iglesia se comenzó a construir en 1422 y las obras duraron casi un siglo. El resultado es un impresionante templo gótico de tres naves, crucero y triple cabecera, todo él cubierto con bóvedas de crucería. A los pies de la nave central se alza el coro, que conserva una magnífica sillería labrada en madera de nogal por los hermanos Amutio a finales del siglo XV y principios del XVI. Destaca, sobre la silla abacial, la gigantesca estatua marcial del fundador del monasterio, el rey García. Una amplia y rica iconografía se desarrolla en respaldos y misericordias.

SEPULCROS DE LOS REYES SANCHO Y BLANCA

Bajo el coro se encuentra el panteón real con los doce sepulcros de los reyes y reinas de Nájera-Pamplona. Fueron realizados en el siglo XVI y son especialmente interesantes los de los reyes fundadores, García y Estefanía, con estatuas orantes. Por el panteón se accede a la cueva excavada en la que el rey García halló la imagen de la Virgen según cuenta la leyenda. La que se venera ahora es la Virgen de la Rosa, procedente del desaparecido alcázar, fortaleza y palacio de los reyes que se encontraban entre el castillo y el barrio de Santa María. En un lateral está la capilla de la Santa Cruz, hoy panteón de infantes, junto al que se encuentra la tapa del sepulcro de doña Blanca de Navarra, del siglo XII, mujer de Sancho el Deseado, y que se trata de una obra maestra del arte románico funerario. En este panteón de sonoros nombres medievales, corresponde a reforma manierista con numerosas imágenes de reyes y nobles supuestamente aquí sepultados.

Ya en el claustro, en el muro de la iglesia se encuentra el mausoleo de Diego López de Haro, del siglo XIII, y la puerta de San Juan de estilo plateresco. Las arquerías del claustro se decoran con tracerías platerescas finalmente labradas en piedra. Especialmente bella es la puerta de la Luna. En el lado norte se encuentra la capilla de la Vera Cruz y la puerta de Carlos I, que da paso a la Escalera Real, del XVI, y se cubre con una cúpula renacentista.

SEPULCRO Y BLASÓN DE DIEGO LÓPEZ DE HARO

El edificio de la antigua cárcel del partido, que primeramente fue residencia del abad del monasterio de Santa María y botica, está ocupado actualmente por las salas del museo Najeriense, que expone piezas relacionadas con la arqueología, el arte y la cultura popular de Nájera y su comarca. Son muy interesantes los moldes para la elaboración de cerámica procedentes de Tricio, la antigua Tritium romana, que fue uno de los mayores centros de producción de Terra Sigillata Hispanica, y la colección de azulejos mudéjares procedentes del desaparecido alcázar de la ciudad, lujosa residencial real en la que se alojó varias veces Carlos I.

La salida de Nájera de la ruta jacobea discurre bajo los muros de Santa María la Real por una empinada cuesta entre las dos peñas que dan nombre a la ciudad. Desde lo alto y entre pinos el peregrino dejará la Nájera hospitalaria y descubrirá la planicie donde, no muy lejana, aparece Azofra, el siguiente hito del Camino Compostelano.

CAMINO DE SANTIAGO POR LA RIOJA