29/03/2026

Monopolio de los vascos en la economía del Imperio español del siglo XVIII


El gran ascenso y notable control de las instituciones del Imperio español por parte de vascos y de navarros durante el siglo XVIII quedó de manifiesto con la destacada presencia de comerciantes, mineros, burócratas, militares y eclesiásticos en los territorios virreinales. Las políticas de liberalización borbónicas dieron nuevas oportunidades a estas élites comerciales en las nuevas rutas y puertos mercantiles, incrementando su presencia durante todo el siglo de la Ilustración.

Los vascos consolidaron sus posiciones dominantes, constituyendo el segundo grupo regional en importancia entre los nacionales, justo detrás de los andaluces, y llegaron a ser la tercera parte de los responsables del comercio mercantil. Tal fue su dominio que en 1729, las Encartaciones de Vizcaya propusieron la creación de una Compañía de Comercio exclusivo con Buenos Aires. Para entonces, la Casa de Contratación se había trasladó de Sevilla a Cádiz.

PUERTO DE VIRREINAL ESPAÑOL EN EL SIGLO XVIII

Un grupo de comerciantes guipuzcoanos lideraron una de las primeras realizaciones de la economía capitalista de España: la fundación de las primeras compañías privilegiadas de comercio exclusivo con las Indias. Estas empresas fueron la Compañía Guipuzcoana de Caracas en 1728, la Compañía de La Habana en 1740, y la Compañía de Buenos Aires en 1754.

Aquel círculo de hombres de negocios y burócratas demostró su capacidad para obtener el privilegio real, estrechamente relacionados entre sí y con sus parientes y paisanos del comercio americano por relaciones de parentesco y por negocios comunes. Había desbancado a competidores que pugnaban por las mismas fuentes de riqueza, pero que, al parecer, no gozaban de tanta fuerza en la Corte madrileña.

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, constituida en 1728 con bandera de la Corona Española tras la decisión de Felipe V, obtuvo la exclusividad y monopolio del comercio marítimo entre Caracas y el puerto de Pasajes. El contrato contemplaba que la empresa tendría el monopolio comercial con la provincia de Venezuela. Así, era la única que podía vender toda clase de mercancías importadas; e igualmente sólo ésta podía comprar los productos en origen y llevarlos a España.

Los buques de la Real Guipuzcoana importaban cacao, tabaco, cueros, añil y plata; y exportaban ahora los productos del norte peninsular como el hierro y metales vizcaínos, pero también armas de Plasencia, telas de Castilla, vinos de Rioja y aguardientes de Navarra. Abastecida la provincia de Venezuela, la Compañía podía comerciar con las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad. Estaba facultada para llegar indistintamente a los puertos de La Guaira o Puerto Cabello, pero en España debía partir de Guipúzcoa y de regreso atracar en Cádiz.

A su vez, toda esta actividad marítima supuso un nuevo impulso a los astilleros vascongados y serrerías, así como un medio de enriquecimiento para las burguesías mercantiles y modo de empleo de muchas gentes de las tierras vascongadas y navarras.

PUERTO DE PASAJES EN EL SIGLO XVIII

El accionariado de la Guipuzcoana terminó controlando la segunda compañía más importante, la Real Compañía de La Habana en 1750, y fueron los que terminaron dominando la junta accionarial de la Real Compañía de Filipinas en 1785. Se formó una alta burguesía de vascongados y navarros que, junto con los Cinco Gremios de Madrid, dominaron en gran medida las finanzas y el comercio del Imperio español en casi todo el siglo.

Los intereses particulares de estas elites que controlaban el comercio indiano estaban muchas veces estrechamente asociados a las necesidades de la Corona a quien servían. Por ello, entre las funciones que el gobierno otorgaba a las compañías mercantiles no sólo se contemplaba el privilegio a monopolizar un mercado, sino también a funciones militares, de abastecimiento, de defensa y de administración de territorios periféricos del Imperio, el cual estaba amenazado por potencias europeas.

La implantación del comercio libre desde 1765 por las políticas ilustradas y liberales de los Borbones acabó con los privilegios de estas Reales Compañías monopolísticas, de todas formas el puerto de Cádiz continuó dominando el comercio atlántico con una cuota del 80% del volumen total del tráfico. Pero en este puerto siguieron siendo los vascos y navarros los que continuasen dominando el consulado gracias a la casa de los Uztáriz. La casa de Vea Murguía se convirtió, en el último cuarto de siglo, en una auténtica escuela de comercio para los jóvenes emigrantes del norte antes de marchar a hacer las Américas.
 
En las décadas finales del siglo XVIII, el dominio de las élites vascas y navarras en el comercio atlántico fue absoluto. Su poder se reforzó a través de su control del comercio y de su administración política y eclesiástica, también mediante su integración en las oligarquías criollas por medio del matrimonio.

Como ejemplo de familia vasca o navarra establecida en Cádiz durante el siglo XVIII fue José de Cadarso, hijo de campesino de Zamudio, Manuel María de Aguirre o Pablo de Olavide.

CIUDAD VIRREINAL EN PERÚ

Siguieron ocupando los cargos directivos de los viejos y nuevos consulados americanos:

En México, destacan los empresarios Bossoco, Fagoaga, Aldaco, Meave y Castañiza, entre los más exitosos.

En Veracruz, empresarios como Juan José Irigoyen, Juan Lucas Olavarrieta, Miguel José Laurnaga, Tomás, de Aguirre, Francisco Arrillaga y Manuel Antonio de Isasi.

En La Habana, los navarros Juan Bautista de Lanz y Pedro Juan de Erice son los comerciantes más poderosos de la isla en la últimas dos décadas del siglo XVIII.

En Buenos Aires se establecen los Anchorena y los Aguirre y Micheo; en Guatemala, los Aycinena; en Lima lo hicieron los Elizalde, los Goyeneche o los Aguerrevere y Lostra.

Los Aldunate, Errazuriz, Larraín, Echavarría y otros vascos se consolidarán como élites chilenas, permitirán una aportación a la modernización de Chile, tras descubrirse Cabo de Hornos más tranquilo y rápido que el Estrecho de Magallanes.

Los vascos y navarros también fueron los principales traficantes de africanos esclavos desde que en 1768, la Corona decidió legalizar la trata para evitar la huida de capital americano de manera clandestina a las compañías extranjeras que operaban a sus espaldas. Y esa es la razón por la que se fundó Aguirre, Uriarte y Compañía. Los alaveses Aldama y Zulueta fueron los que más esclavos introdujeron en Cuba entre 1800 y 1840, en época de auge azucarera.

PUERTO DE ACAPULCO EN EL SIGLO XVIII

No hay comentarios:

Publicar un comentario