Química y física que destacó por introducir la técnica Roman en Espectroscopia para los laboratorios químicos de España, doctora y catedrática de instituto
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| DOROTEA BARNÉS GONZÁLEZ |
Dorotea Barnés González era natural de Pamplona, donde nació en 1904. Su madre fue Dorotea González de la Calle y su padre Francisco Barnés Salinas, catedrático de Historia y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1933 con el gobierno de Manuel Azaña durante la II República. Dorotea tuvo tres hermanos y tres hermanas, las cuales pudieron cursar estudios superiores debido a las convicciones progresistas y posibilidades económicas de sus padres. Dorotea y Adela se licenciaron en Químicas, Petra en Farmacia y Ángela en Filología árabe, algo poco usual en aquella época.
Primeramente, Dorotea Barnés se graduó en el Instituto General y Técnico de Ávila, mientras su padre trabajaba como catedrático.
En 1918, ingresó en el Instituto-Escuela (Instituto Internacional) de Madrid, una institución educativa fundada aquel año, como un experimento pedagógico para extender a la enseñanza secundaria oficial los principios educativos fundamentales de la Institución Libre de Enseñanza y de la pedagogía europea más avanzada de su época.
En 1922, comenzó su carrera en Químicas en la Universidad Central de Madrid, mientras que asistía a clases prácticas en el Laboratorio Foster. Este laboratorio había sido fundado por la investigadora bioquímica estadounidenses Mary Louise Foster durante su dirección del Instituto-Escuela y de la Residencia de Señoritas en la que estaba adscrita Barnés. Durante su estancia, Foster mantuvo relaciones académicas con estudiantes vascas como María de Maeztu o Felisa Martín Bravo o la navarra Dorotea Barnés.
En este laboratorio, Barnés pudo conocer las técnicas básicas en el campo de la Química, siendo el complemento práctico a las clases teóricas de la Universidad Central. El trabajo que se realizaba en él era convalidado por los profesores de química de varias facultades hasta el doctorado.
A partir de 1928, comenzó a combinar sus estudios universitarios con la asistencia en el Instituto Nacional de Física y Química, así como a las clases que María de Maeztu impartía en el Laboratorio Foster.
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| INSTITUTO-ESCUELA |
En 1929, Barnés fue becada para continuar sus estudios en Estados Unidos por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, una institución creada en 1907, en el marco de la Institución Libre de Enseñanza, para promover la investigación y la educación científica en España, así como becar a los estudiantes más destacados en programas de ampliación formativa con otras universidades extranjeras.
Barnés permaneció en el Smith College de Northampton, en el estado de Massachussets, dirigido por Gladys Amalia Anslow. Esta era una especialista en Espectroscopia, aquella disciplina que estudia la interacción entre la radiación electromagnética y la materia, con absorción o emisión de energía. Donde, Barnés se inició en las técnicas de análisis espectral para el análisis químico y conocería el espectrógrafo de rejilla Rowland para investigar los espectros de emisión del radio.
Durante su estancia de dos años, Barnés realizó una investigación sobre las características químicas y espectroscópicas del aminoácido cistina, demostrando que su cadena lateral es lineal. El fruto de sus análisis fue reflejado en la obra Algunas características químicas y el espectro de absorción de la cistina (A Study of some of the chemical characteristics and the absorption spectrum of Cystine), en colaboración con Gladys Amalia Anslow y Mary Louise Foster. Se estaba convirtiendo en una de las científicas más avanzadas dentro de la disciplina de las Espectroscopia aplicada al análisis químico, junto a las otras dos compañeras.
Este trabajo fue publicado en una edición de The Journal of Biological Chemistry, en 1930, la primera española en hacerlo además fue considerado como la primera contribución científica internacional realizad por una mujer española en el campo de la Bioquímica. Alcanzó tanto reconocimiento que le hizo ganar el Master Degree of Science de la Smith College.
Dándose cuenta del potencial que tenía Barnés y la labor que estaba consiguiendo, la catedrática Foster recomendó a la Universidad de Yale concederle una beca. Así, fue admitida para ingresar en el Sterling Chemistry Laboratory de New Haven, en el estado de Connecticut. En una de sus cartas expresó el honor que para ella suponía esta distinción "por ser Yale University una de las universidades mejor conceptuadas y en las que las mujeres, en este país tan feminista, tenemos muy difícil entrada".
Durante los meses de 1930, se ocupó de investigar sobre los ácidos nucleónicos de bacterias patógenas, es decir, aquellas macromoléculas biológicas formadas por largas cadenas de nucleótidos, compuestas por un azúcar, un grupo fosfato y una base nitrogenada. Este trabajo fue realizado bajo la supervisión del profesor Coghill. También tuvo tiempo para visitar las Universidades de Harvard y de Columbia.
En 1931, tras regresara a Madrid, se licenció en Ciencias Químicas con premio extraordinario y el grado de doctora, utilizando su obra Características químicas de la cistina como tesis. Fue admitida en la Sociedad Española de Física y Química.
Al final, había tardado trece años, desde 1918 hasta 1931, en finalizar la licenciatura, debido a que dedicó más tiempo a investigar de forma práctica en laboratorios y colaborar en proyectos científicos que a asistir a las clases teóricas oficiales. No fue la primera mujer navarra licenciada en estas Ciencias ni sería la primera mujer profesora de un instituto en Navarra, lo fue Concepción Zuasti.
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| INSTITUTO NACIONAL DE FÍSICA Y QUÍMICA |
Con esta experiencia y méritos, en 1932, Barnés consiguió un puesto en el Instituto Nacional de Física y Química de Madrid. Este centro de investigación había sido fundado aquel año por iniciativa de la Junta para Ampliación de Estudios y financiación de la Fundación Rockefeller, por eso también se llamó Instituto Rockefeller. El modélico edificio construido estaba próximo a la Residencia de Estudiantes y dotado de los medios técnicos más avanzados de la época.
Barnés ingresó en su Sección de Espectroscopia, bajo la dirección de Miguel Antonio Catalán Sañudo, junto a sus compañeras Rosa Bernís Madrazo, Josefina González Aguado, Pilar de Madariaga Rojo, Pilar Martínez Sancho, Carmen Mayoral Girauta y María Paz García del Valle.
Catalán también era un destacado físico espectroscopista y uno de los principales protagonistas de la Edad de Plata de la Ciencia española en aquellos años. Por solicitud del propio Catalán, le permitió trabajar en el Laboratorio de Gaz, del austriaco de Karl Wilhelm Kohlrausch, sucesor de su tío Friedrich Wilhelm Kohlrausch, uno de los físicos experimentales más importantes. Durante tres meses de 1933, aprendió la novedosa tecnología Raman, innovada por el físico indio Chandrasekhara Venkata Raman, descubridor del efecto de radiación secundaria que le supuso obtener el Premio Nobel de Física en 1930. En la práctica, el método de Espectroscopia Raman utiliza un láser para analizar la composición y estructura de una muestra, proporcionando una "huella digital" molecular única.
Junto al profesor Kohlrausch, redactó el trabajo Especto de vibraciones de las parafinas, que sería publicado en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, en 1932.
Cuando regresó al Instituto madrileño, Barnés publicó el primer estudio en español sobre la técnica Raman de investigación sobre moléculas biológicas.
Aquel año de 1933, también obtuvo la cátedra de Física y Química del Instituto de Lope de Vega de Madrid, donde ejerció la docencia en enseñanza media. Su reconocimiento definitivo como la mayor especialista española en Espectroscopia le llegó en el IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada celebrado en Madrid. Y continuó escribiendo más artículos para otras revistas científicas del momento.
Había casado con Vicente Delgado de la Iglesia. Poco después, en 1935, se quedó embarazada y le fue concedido un permiso hasta dar a luz y más cuarenta días de descanso. Comenzaba el declive de su sobresaliente carrera, pues su marido le estaba persuadiendo a abandonar.
En 1936, tras el inicio de la Guerra Civil, la carrera profesional de Barnés se vio definitivamente frustrada, debido a que su padre era ministro en el Gobierno de Hazaña y partidario del bando republicano. Por petición de sus familiares, tuvo que exiliarse a Carcasona, Francia, junto a su marido y su hija de poco más de un año. Su hermano Juan murió en combate, al año siguiente, y el resto de los hermanos y sus padres se refugiaron en México.
Cuando regresó a España, en 1940, tuvo que enfrentarse a un juicio de depuración de responsabilidades. Aunque quedó libre, el Régimen franquista dictó un decreto que inhabilitaba a Barnés de por vida para ejercer la docencia en instituciones educativas, así como la investigación científica en laboratorios.
A los 92 años de edad, llegó a declarar que "A mí me retiró de la ciencia mi marido", además del conflicto civil. Fue una frase declarada a Carmen Magallón Portolés, catedrática española de Física y Química especializada en la historia de las mujeres en la ciencia, para su libro Pioneras españolas en las ciencias.
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| PIONERAS ESPAÑOLES EN LAS CIENCIAS, POR CARMEN MAGALLÓN |
En 2003, falleció, a los 98 años de edad en la localidad malagueña de Fuengirola. Años después llegaron los primeros reconocimientos.
En 2018, su nombre fue incluido en la Tabla Periódica de las Científicas, junto a científicas de todo el mundo, al haber sido declarado el 2019 Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos para conmemorar el 150º aniversario de la publicación de la primera versión de tabla de los elementos por Dmitri Ivánovich Mendeléyev en 1869.
En 2018, la asociación Herstóricas. Historia, Mujeres y Género y el colectivo Autoras de Cómic creó un proyecto didáctico cultural y educativo para mostrar la aportación de las mujeres en la historia que consistió en un juego de cartas, uno de aquellos naipes estaba dedicada a la científica navarra.




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