FACHADA DE LA IGLESIA Y ALBERGUE
Entre los fértiles campos de la ribera del río Aragón y el desierto de las Bardenas Reales, y en el término municipal de la navarra villa de Carcastillo, se encuentra el Real Monasterio de Santa María la Real de la Oliva, con más de ocho siglos de historia.
Buscando
la soledad de los campos y el agua en abundancia, los monjes cistercienses
escogieron los fértiles campos junto al río Aragón para fundar su monasterio,
en 1149. García Ramírez era rey de Pamplona y Aragón, quien hizo grandes
donaciones de terrenos favoreciendo el nuevo asentamiento.
Está
considerada la primera fundación de la Orden del Cister en España, siendo aprobada
su incorporación a la orden en 1151, y en 1152 pasó a depender, junto a Fitero
y Veruela del monasterio francés de l’Escale-Dieu.
HOSPEDERÍA
ALBERGUE Y HOSPEDERÍA
El templo se construyó durante los siglos XII y XIII, en la época de mayor prosperidad del monasterio, en estilo Románico cisterciense de gran pureza. Buscando la belleza a través de la sencillez, la ausencia de ornamento hace recaer el protagonismo en la piedra tallada. Durante estos dos siglos se construyeron la mayoría de los elementos arquitectónicos que se conservan en la actualidad: la Iglesia abacial, la Sala Capitular, la Capilla de San Jesucristo, los Sepulcros, la antigua cocina, los canales hidráulicos, y los restos de las dependencias monacales.
La
Iglesia abacial cisterciense tiene forma de T, ya que parte del modelo más
generalizado en la orden. El interior tiene 74 metros de largo, 37 metros de
crucero, es decir la mitad del largo, y a su vez, 18,5 metros de altura, que es
la mitad del crucero. Son las proporciones de una sobria nave en equilibrio y
armonía.
En
la fachada occidental, a los pies del templo, se conserva la portada principal
con un rico programa escultórico, formado por un arco de entrada, un curioso
alero que cuenta la historia de la música, y los rosetones laterales. Su torre fue
construida con posterioridad en estilo renacentista.
FACHADA DE LA IGLESIA
La Sala Capitular es contemporánea de la cabecera, pues eran los elementos indispensables para la vida de la comunidad, y por lo tanto su construcción se hacía prioritaria. Es una preciosa estancia, probablemente más antigua de su género de España, donde los monjes reciben las enseñanzas y organizaban la vida monacal. De planta cuadrada, se distribuye en nueve tramos sustentados por esbeltas columnas.
La
cocina es una sala rectangular formada por dos poderosos tramos apuntados. Inicialmente,
tenía la chimenea central, pero en el siglo XVI se trasladó a la pared del
claustro como se nota el deterioro de las piedras.
La
Capilla de San Jesucristo es la primera iglesia que levantó la comunidad monástica
cuando se instaló. Es una copia en miniatura del gran templo monástico, conservando
toda la pureza cisterciense. En sus piedras se aprecian marcas de canteros
similares a las de la iglesia mayor, lo que asegura que ambos templos fueron
levantados por los mismos artesanos.
INTERIOR DE LA IGLESIA ABACIAL
SACRISTÍA NUEVA
El
monasterio creció y prosperó al amparo de la protección de la monarquía y la nobleza
navarras y a través de nuevas y generosas donaciones se convirtió en uno de los
monasterios más poderosos de la época. Tierras viñedos y una amplia biblioteca
fueron sus más apreciadas riquezas. Tuvieron cierta influencia en el ámbito político
ya que contaba con privilegio de asiento y voto en las Cortes de Navarra, es
decir, derecho a participar en las asambleas deliberativas que convocaban los
reyes.
El
claustro se fue construyendo entre los siglos XIV y XV, siendo el lado oriental
y sur en gótico del XIV, y el lado norte más tardío, en gótico flamígero de
finales del XV, más recargado en decoración y alejado del sobrio arte cisterciense.
Está formado por cuatro crujías con seis tramos cada una. Sus capiteles están
ricamente ornamentados en su mayor parte con motivos referentes a la vid, poniendo
de manifiesto la importancia del vino en estas tierras ribereñas. De hecho, de
esa misma época, siglo XIV, data la construcción de la antigua bodega.
ESCULTURAS DE RACIMOS DE UVAS EN COLUMNAS
Y
ya en la Modernidad, se construyeron la Sacristía, en el siglo XVI, y el
Palacio abacial, en el XVIII.
Frente
a la fachada de la iglesia se encuentra una amplia plaza conformada por la
antigua residencia abacial y la hospedería de 1780, cuya fachada tiene una
clara influencia mozárabe aragonesa. En la actualidad conserva su función de
hospedaje.
A
lo largo del siglo XIX, los monjes sufrieron hasta tres expulsiones del
monasterio:
1ª
expulsión: Iniciada la invasión francesa de 1808, las tropas napoleónicas
tomaron y saquearon el monasterio en 1809, durando el expolio y abandono hasta
1814, cuando tras el asedio a Vitoria los franceses abandonaron definitivamente
España.
2ª
expulsión: Durante el Trienio Liberal, los monjes fueron expulsados de nuevo
del monasterio entre los años 1821 y 1823.
3ª
expulsión: La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso el abandono del
monasterio y su ruina durante 91 años. La biblioteca y el archivo fueron
confiscados y la iglesia se convirtió en almacén y cuadra.
En
1926, llegaron los primeros monjes de una comunidad cisterciense para
acondicionar el lugar después de un acuerdo con la Diputación Foral.
CLAUSTRO GÓTICO
De severa y equilibrada arquitectura, mantiene su ritmo de vida particular ajustado al horario de la Edad Media, cuando los monjes se levantaban a las dos de la madrugada para entonar maitines y a partir de ahí seguir una ordenada vida de trabajo y rezo. En la actualidad, tan solo se han retrasado el horario un par de horas. Así, a las 4:00 los monjes entonan maitines, a las 12:30 se cierra el horario de visitas para que coman y descanses, y a las 15:30 se reabre el monasterio.
En
la Edad Media, los monjes se levantaban a las cuatro de la madrugada para ir a
celebrar maitines. A partir de ahí se establecía una serie de rezos, siempre a
la misma hora, que dieron lugar a las horas canónicas, que regían las vidas de
monjes y seglares. Maitines, laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y
completas, y a dormir. Para medir el tiempo tan regulado se empleaban rudimentarios
relojes de arena, clepsidras, relojes de luna, se observaba el movimiento de
los astros y se atendía a la intuición de los sentidos, lo que ocasionaba algún
madrugón inoportuno.
PATIO DE ENTRADA, IGLESIA Y ALBERGUE
El reloj de lunar es una especie de reloj de sol en el que la sombra que proyecta el gnomon es la de la luna. Cuando mejor funciona es, evidentemente, con luna llena, que en la fase de luna nueva no hay ni luz ni reloj posible.
El
reloj de arena tiene un funcionamiento muy similar a la clepsidra, donde el
agua es sustituida por granos de arena.
El
reloj de vela también tiene función de medición cronológica si todas las velas
son del mismo grosor y tipo de cera, si todas tardan el mismo tiempo en
consumirse, y si todas tienen las mismas marcas que señalen los intervalos
temporales.
La
clepsidra, que en griego significa "robar agua", mide el tiempo que transcurre caer
toda el agua de un recipiente en alto a otro en el suelo mediante un flujo
regulado.
Diariamente
los monjes realizan liturgias cantadas en lengua vernácula: Rezos a las 4:30;
Eucaristía a las 8:15; Sexta a las 12:45; Nona a las 15:10; Vísperas a las 18:30;
y Completas y Salve a las 20:45.
CLAUSTRO GÓTICO, FRONTAL Y TORRE RENACENTISTA
El Monasterio de la Oliva forma parte de la Ruta de la Ribera del Románico, un conjunto de villas al sur de Navarra con rico patrimonio histórico y artístico basado en este estilo arquitectónico, el Románico, y en torno a un río, el Ebro: Tudela, Fustiñana, Cabanillas, Tulebras y Fitero.
Junto
al Monasterio de la Oliva y puerta de entrada al Parque Natural de las Bardenas
Reales, se encuentra la villa de Carcastillo, punto de descanso de los pastores
trashumantes que viajaban desde los montes del Pirineo navarro hasta las
Bardenas.
También
está cercano la despoblada villa medieval de Rada, del siglo XII, en proceso de
recuperación arqueológica. Conserva parte de la muralla, su iglesia y partes de
la estructura urbana. Es también un excelente mirador desde el que poder ver la
llanura del somontano de Olite y la serranía de Ujué con su iglesia-fortaleza al
norte; la vega del río Aragón y sus menados a sus lados; y el desierto de las
Bardenas Reales al sur.
