Teniente general de los Ejércitos nacionales durante la Guerra de la Independencia, diputado del Señorío, jefe político de Vizcaya, y presidente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina
Gabriel María Álvarez de Mendizábal e Iraeta era natural de Vergara, Guipúzcoa, donde nació en 1765. Sus padres fueron Manuel de Mendizábal y Juana Javiera de Iraeta, pertenecientes a linajes de pequeños propietarios rurales de una villa que se había convertido en un centro de difusión cultural y económica gracias al Real Seminario de Vergara.
A los 16 años, comenzó su carrera militar ingresando en la Academia Militar del Puerto de Santa María, que fue seguido en Regimiento España con grado de cadete.
En junio de 1785, fue ascendido a subteniente de una compañía de granaderos para realizar sus primeros hechos de armas. Esta era una unidad de élite, a la vanguardia del ataque, especializada en efectuar brechas en fortificaciones. Su primera acción fue la defensa de la guarnición norteafricana de Orán, integrado en el Regimiento España. Desde aquí fue ascendido a teniente de otra compañía de fusileros, dentro del mismo regimiento que defendía esta plaza norteafricana.
En 1793, tomó parte en la Guerra de la Convención francesa, siendo coronel del recién fundado Regimiento Voluntarios de Burgos, con el que operó en el norte de Portugal. Este conflicto hispano-galo tuvo su escenario principal en la frontera oriental, denominándose Guerra del Rosellón. Allí se distinguió en varias acciones como el ataque de Benet, en Perpiñán, en las batallas del campamento de Perestortes y Trullas, en el socorro a la plaza de Argelés y en los ataques contra El Bolo y Villalonga.
Después, fue trasladado a Guipúzcoa, como sargento mayor del Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa. En febrero de 1794, tuvo una destacada intervención en la batalla de Biriatu, villa labortana del territorio francés que había sido invadido. Sin embargo, una reacción del Ejército de los republicanos generó el repliegue del Ejército realista, cuya retirada estuvo organizada por Mendizábal, en agosto de 1794.
En Tolosa se reagruparon los batallones del general Martín Álvarez de Sotomayor, virrey de Navarra. Mendizábal se ocupó de defender el ala izquierda del ejército, rechazando el ataque de los republicanos. Mientras apoyaba el ala derecha fue herido de un balazo en el cuerpo, que le mantuvo convaleciente hasta noviembre.
Mendizábal fue reincorporado al frente del río Deba. Al mando de 6.000 combatientes, que habían sido reunidos en leva por las tres diputaciones vascas, logró rechazar en los montes de Elgueta a los 10.000 efectivos del general Moncey en su intento de asaltar Vitoria, retirándose hacia Vergara.
Por esta acción, en junio de 1795, fue ascendido a teniente coronel de Infantería del segundo Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa.
Tras la firma de la Paz de Basilea, el rey Carlos IV se aliaba con los convencionales de la República de Francia, y entraba en guerra con Gran Bretaña. Consiguió una serie de ascensos y distinciones: comandante en el regimiento Granada en febrero de 1796; el regimiento Zamora, en octubre; y el hábito de caballero de la Orden de Calatrava, en 1797. Un año después, tomando parte de la guerra contra los británicos, participó en el desembarco de Rochefort.
Al frente de un cuerpo de tiradores pudo repeler un intento de invasión de la flota inglesa en el fondeadero de Deix. Tras esta defensa, zarpó con la armada española desde este puerto, mientras era perseguido por la inglesa, hasta que arribó en El Ferrol.
El 23 de septiembre de 1804, entró en Bilbao al frente de un contingente armado para sofocar la revuelta conocida como la Zamacolada.
Pero sería la Guerra de la Independencia española el conflicto en el que Mendizábal más por el valor y serenidad con que luchó en diversas acciones. Desde el inicio, en mayo de 1808, permaneció junto a las tropas reales en contra de la invasión francesa de José Bonaparte.
Formó parte de la vanguardia del llamado Ejército de la Izquierda, en la batalla de Zornoza, en noviembre de 1808. A pesar de la derrota, resistió en el repliegue de las fuerzas hispano-inglesas hacia Galicia a finales de ese año.
En marzo de 1809, siendo brigadier, consiguió rendir a unos mil napoleónicos acantonados en Villafranca del Bierzo. En noviembre, siendo mariscal de campo de varias unidades de infantería, resistió a las tres cargas de la caballería francesa del general Kellermann en la batalla de Alba de Tormes. Por tales acciones, fue premiado con el ascenso a teniente general y el título de conde de Cuadro de Alba de Tormes.
En 1810, tomó parte del sitio de Badajoz, siendo capitán general interino de Extremadura. Dirigió una "Proclama a la guarnición y vecinos de Badajoz" (publicada en el Diario Mercantil de Cádiz, el 22 de octubre de 1810), en la que, para tranquilizar a la población de esta ciudad, ensalzó a su general en jefe.
En 1811, estuvo en la batalla de La Albuera, repitiendo la tácticamde Alba de Tormes, tratando de impedir una rotura y desbandada de las fuerzas aliadas. En reconocimiento, la Regencia gubernativa hizo entrega de un sable de honor, mientras que las Cortes Constituyentes en Cádiz lo declaraban benemérito de la Patria.
Su nuevo destino y cargo para el año 1812 fue el de teniente general del llamado Séptimo Ejército, con el que operó en el norte de España, en un territorio que comprendía las provincias Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra, La Rioja, Burgos y Santander. Bajo su mando se unificaron y regularon todas las partidas de guerrilleros en se había formado en las montañas de todo ese territorio, incluido el Corso Terrestre de Navarra, de Francisco Mina, o los guerrilleros vascos de Ramón Jauregui.
El primer objetivo fue recuperar Bilbao, que fue iniciado por Renovales el 11 de agosto y a los pocos días llegó Mendizábal. En calidad de jefe de ese ejército y en nombre de la Regencia de España, Mendizábal fue proclamando la Constitución de las Cortes de Cádiz en las tres provincias vascas a medida que sus tropas iban expulsando a los imperiales y liberando el territorio. El día 16 de agosto, en la capital vizcaína, lanzó una proclama a los habitantes de las provincias vascas, proponiéndoles a jurar la Constitución.
Tras perderse la ciudad, fue recuperada por Mendizábal y volvió a proclamar la carta magna en el 1 de octubre de 1812. Celebradas las Juntas Generales en la bilbaína iglesia de San Nicolás de Bari, y presididas por Mendizábal, aclamaron los Diputados generales a éste y al general Castaños. También pusieron algunas reservas a la Constitución para evitar lo que podía suponer una merma del régimen foral.
En diciembre de 1812, fue nombrado jefe político del Señorío de Vizcaya.
En la fase final de la guerra fue general en jefe del ala izquierda del cuarto ejército. Tras conocer el triunfo del Ejército aliado en la batalla de Vitoria, el 23 de junio de 1813 publicó un bando en Durango en el que anunciaba la buena noticia. En Bilbao, acusó a algunas autoridades locales de "mirar con ceño los triunfos de la Nación", debido a los grandes gastos y destrozos que generaba la guerra, o tal vez por sus antipatías hacia la Constitución.
El 31 de agosto de 1813, peleó de forma voluntaria en la batalla de San Marcial, a pesar de haber recibido el día 27 el nombramiento para el mando militar de Castilla. Esta victoria consiguió rechazar la contraofensiva napoleónica bajo mando del mariscal Soult al norte del Bidasoa, abriendo así el camino a la invasión del territorio francés a los ejércitos aliados. La campaña napoleónica concluirá para él, con nuevas acciones de mérito, en la batalla de Tolouse en 1814.
Por sus heroicas acciones en la Guerra de la Independencia, Mendizábal fue condecorado con la máxima distinción, la Gran Cruz Laureada de San Fernando en 1815, y la de San Hermenegildo en 1819.
Tras el regreso del Régimen absolutista por Fernando VII, en 1814, Mendizábal fue requerido para la comisión para la organización de una expedición de socorro a Buenos Aires.
En 1815 se incorporó al del Consejo supremo de la Guerra, hasta 1619, y contrajo matrimonio con Josefa Gabriela de Zavala y Mendizábal.
Durante el Trienio Liberal de 1820-23, fue capitán general de Guipúzcoa y, después, comandante general de Navarra. Sus protestas ante el regreso de Fernando VII al poder, en 1823, lo convirtieron en un militar con ideales más cercanos al Liberalismo constitucional que al Régimen absolutista.
En 1834, fue nombrado decano Supremo de Guerra y Marina, cargo en el que permaneció hasta su fallecimiento, que se produjo en Madrid, en 1838.





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