jueves, 31 de marzo de 2016

Características de la literatura medieval del Reino de Navarra



1. Escritos Literarios

Algunos historiadores de literatura incluyen en sus estudios obras que en sentido estricto no pertenecen al terreno de la literatura sino que son tratados de filosofía, historia, oratoria, ciencias, artes, etc. Esta tendencia es más acusada cuando se trata de la Edad Media, porque son muy pocos los textos estrictamente literarios y por ellos los investigadores tratan de rellenar el vacío con obras de corte más científico y erudito, que no son literatura, aunque puedan aportar algunos valores literarios.


2. Límites Geográficos

Los límites geográficos del Reino de Pamplona y más tarde de Navarra fueron muy variables en el periodo medieval, ya que en algún momento pertenecieron las Vascongadas, la merindad de Ultrapuertos, territorios de La Rioja y Aragón, etc. Se considera literatura navarra a las obras que los escritores concebían dentro de los territorios en comprendía en territorio en cada momento.


3. Orden Lingüístico

Hay que tener en cuenta la riqueza y diversidad idiomática de Navarra a lo largo de su historia:

el latín: lengua culta ligada a los monasterios, difusores de cultura.

el vascuence: lengua del pueblo en buena parte del territorio, pero se trata de una lengua de tradición oral que pasó tardíamente a ser escrita, pues sus primeras manifestaciones literarias escritas no se presentan hasta el siglo XVI.

el romance navarro: dialecto romance derivado del latín en territorio navarro, también conocido como navarroaragonés, aunque con rasgos lingüísticos propios que permiten diferenciarlo según demostraron los estudios de Fernando González Ollé y Carmen Saralegui. Fue la lengua oficial de la Corte navarra, ya que facilitaba el entendimiento con el resto de reinos cristianos.

el árabe: lengua hablada por población musulmana.

el hebreo: lengua hablada en importantes juderías de ciudades como Pamplona, Estella, Viana, Los Arcos, Tudela, etc. que cuentan con la protección real.

los dialectos occitanos: lenguas correspondientes a la población de origen franco.

Habría que considerar la extensión geográfica y difusión social de cada una de estas lenguas, pero lo que no hay ninguna duda es que todas ellas dejaron testimonios literarios escritos durante la Edad Media, con la excepción del euskera de tradición oral y cuyas primeras manifestaciones literarias impresas se encuentran a partir del siglo XVI.


4. Influencia Política y Cultural

Esta tierra fue cruce de culturas, idiomas y religiones, encrucijada de caminos, y esa circunstancia tuvo importantes repercusiones culturales. Más aún, teniendo en cuenta la importancia del proceso histórico de la Reconquista, y las relaciones que mantuvo con sus poderosos vecinos (Aragón, Castilla, Francia), y los largos periodos de unión dinástica con Aragón y con Francia.

La importancia del Camino de Santiago y la reforma de la cultura cluniacense, con la correspondiente llegada de ideas y movimientos artísticos de Europa, fueron factores muy influyentes en el desarrollo de la diversidad cultural de Navarra.

De igual manera, fueron determinantes las relaciones políticas y diplomáticas establecidas con los demás reinos hispánicos y con los territorios franceses.

Estos factores históricos determinaron los hechos culturales, y por lo tanto los literarios.



lunes, 28 de marzo de 2016

Estudios de la Literatura navarra


Tradicionalmente se ha venido repitiendo el tópico sobre la insignificante aportación literaria de escritores navarros en lengua castellana. La inexistencia de una Historia de la Literatura en Navarra de forma rigurosa y completa es lo que ha motivado que el Equipo HILINA de la Universidad de Navarra se dedique a su investigación en el proyecto Historia de Literaria de Navarra, desde sus orígenes hasta nuestros días. 

El pionero en el estudio literario de Navarra fue José Zalba, con el artículo Páginas de la historia literaria de Navarra, publicado en 1924 en la revista Euskalerriaren Alde, que ofrece una serie de breves apuntes sobre varios escritores navarros desde los orígenes medievales hasta el siglo XX.

Manuel Iribarren hizo el segundo intento con Escritores navarros de ayer y de hoy (Pamplona, Editorial Gómez, 1970), presentada en formato diccionario, con breves referencias para cada autor.

José María Corella Iráizoz fija una primera Historia de la literatura navarra, Ensayo para una obra literaria del viejo Reino (Pamplona, Ediciones Pregón, 1973), que se completa con una pequeña antología de textos, una bibliografía y sendos índices onomástico y toponímico.

Fernando González Ollé realiza para el Gobierno de Navarra en 1989 unos rigurosos y eruditos trabajos monográficos, y en especial, su síntesis Introducción a la historia literaria de Navarra, que alcanza solo hasta finales del siglo XIX.

Otras aportaciones posteriores son las de Félix Maraña en su trabajo Pamplona y otros relatos, y las de José María Romera Gutiérrez en la entrada Literatura de la Gran Enciclopedia Navarra.

Emilio Echevarren y Tomás Yerro reunieron dos tomos antológicos en Escritos navarros actuales (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1990), importantes por reunir variados textos de varios autores contemporáneos.

Por último, José María Larrea Muxica y Periko Díez de Ultzurrun centraron su atención en los escritores en vascuence, en dos volúmenes de su trabajo Nafarroako euskal idazleak (1987 y 1994).

 
HISTORIA DE LA LITERATURA NAVARRA,
POR JOSÉ MARÍA CORELLA

miércoles, 23 de marzo de 2016

San Fermín


Misionero cristiano, primer obispo de Amiens, cuya iglesia construyó. Fue decapitado a los 31 años de edad, por lo que fue nombrado patrón de Pamplona, Amiens, Lesaca, y co-patrón de Navarra junto con San Francisco Javier

SAN FERMÍN

Según la leyenda, nació en Pompaelo romana (la actual Pamplona), hacia el año 272. Era hijo de un senador pagano de nombre Firmo, un alto funcionario de la administración romana que gobernó Pamplona en el siglo III.

La predicación de San Honesto, quien había marchado a la península tras ser milagrosamente liberado de su prisión en Carcasona, conmovió a sus padres, quienes sin embargo no se convirtieron hasta oír a San Saturnino de Tolosa. El santo habría bautizado a Fermín y a sus padres en el lugar que hoy se llama popularmente como de San Cernin.

Bajo la tutela de Honesto, el joven Fermín aprendió la religión y el arte de la prédica. A los 18 años fue enviado a Tolosa, donde sería ordenado.

Tras predicar en Navarra, marchó a Francia, donde se asentó en Amiens. Habiendo organizado la construcción de la iglesia local, fue nombrado obispo a los 24 años. La oposición oficial a la doctrina cristiana le granjeó la cárcel, donde, tras negarse a cesar su prédica, fue decapitado el año 303.

En 1186, el obispo Pedro de París llevó de Amiens a Pamplona una reliquia de la cabeza de Fermín.

Actualmente su santoral se celebra el 7 de julio. En Pamplona se conmemora con unas fiestas de fama internacional, los Sanfermines, en las que destacan los encierros de toros. Es además patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos.

SAN FERMÍN

domingo, 20 de marzo de 2016

Etimología intepretativa y la defensa de la Hidalguía Universal de Andrés de Poza


Erudito, lingüista y jurisconsulto, hijo de judío converso y de vizcaína, Andrés de Poza Yarza nació en Lendoño de Abajo, Orduña, en 1530. Estudió en la Universidad de Lovaina y, en 1570, se graduó en Derecho por la Universidad de Salamanca. Sirvió en el ejército de la Monarquía hispánica en Flandes durante 1574-79, a las órdenes de Luis de Requesens.

Esta figura ha sido estudiada por J. Juaristi en su libro El hábito no hace al vasco, publicado en 1992, introduciéndole en el contexto cultural de la época y conectándole en la corporación de burócratas castellanos y vascos al servicio de los Austrias mayores.

Le apasionaban, además, las Ciencias Matemáticas, Astronomía y Náutica, lo que le permitió trabajar de profesor náutico en Bilbao y desempeñar una cátedra en la Escuela Náutica de San Sebastián. En cosmografía llegó a ser un erudito. Condenaba el uso de cartas planas, explicando el error a que daban origen. Enseñó la manera de calcular la longitud por medio de la distancia a la luna o a las estrellas zodiacales.

Estudió en Salamanca y luchó en Flandes, era una autentico polígrafo, conocedor de varios idiomas: flamenco, latín, italiano, inglés, francés, vascuence y castellano; y en parte el hebreo y el griego. Su curiosidad intelectual fue infinita, llegando a ser un escritor afamado.


CALLE DEDICADA AL LICENCIADO POZA EN BILBAO

Al regresar se estableció en Bilbao, y ejerció como jurista, abogado del señorío de Vizcaya y consejero municipal tras haber escrito su obra fundamental y más conocida De la antigua lengua, poblaciones y comarcas de las Españas (1587), un tratado de 17 capítulos sobre el vascuence o antigua lengua de España. En ella escribió sobre el asentamiento de Bilbao y de sus gentes, y contiene uno de los primeros catálogos de las lenguas románicas en el ámbito de la lingüística europea, anterior incluso al establecido por el célebre humanista francés Escalígero. Fue el primer libro impreso en Vizcaya, por Matías Mares, el primer impresor del Señorío. También escribió un Tratado de Hidrografía, editada en Bilbao.

Por encargo de las Juntas de Vizcaya escribió De nobilitate in proprietate. Ad Pragmaticas de Toro et Tordesillas, en 1589, en el que defendía la universalidad de la nobleza vizcaína contra las amenazas del fiscal de la Real Chancillería de Valladolid, Juan García de Saavedra.

Poza aportó al conocimiento la tradición cabalística, revirtiendo sobre la cultura vascongada una experiencia onomástico-interpretativa que la ha marcado durante siglos, el Etimologismo. Gracias al amplio conocimiento en idiomas, su trabajo consistió en explorar el lenguaje, tomando los nombres de las cosas para, desde los signos, indicaciones y marcas de los mismos, determinar la naturaleza de las cosas, es decir, la interpretación. Su método fue también generacionista, la búsqueda de lo originario desde "las semejanzas", pero dentro de la exclusiva experiencia del lenguaje. Y llegó a relacionar el vascuence con el hebreo, tanto en calidad como en competencia filosófica y "sustancial".


LAUBURU SOBRE PIEDRA

En su obra De la antigua lengua, hizo su peculiar reinterpretación etimológica, y apropió para los vascos el nombre de Asturias y el de Cantabria, remarcando su carácter montañoso e inaccesible a las invasiones de romanos, griegos y cartagineses. Para Poza, el carácter indómito de los vascos quedó patente en la oriundez de su lengua, que resistió a las muchas oleadas de gentes extranjeras, pero esta antigüedad del vascuence era defendida desde las tesis tubalianasla "lengua materna... que desde el patriarca Túbal" estaba allá, pero que "sólo lo vascongado se ha conservado".

Para Poza, como el hebreo, el vascuence también era de origen babilónico, uno de los 72 idiomas originados de la división de las lenguas durante la construcción de la torre de Babel. La lengua vascuence surgió entre los habitantes de la llanura de Senaar, con Túbal a la cabeza.

Consideraba que los nombres de Túbal y de sus hijos eran de origen hebreo, sumándose a la tesis de Garibay que convierte a Túbal en el primer rey de España, lo sitúa en la hipótesis pirenaica mediterránea. Admitía que los nombres de algunos reyes de la España primitiva eran caldeos, así como los de algunas de las ciudades que aquellos fundaron. Túbal y sus descendientes conservaron algo de onomástica y de la toponimia caldea.


HYDROGRAFIA

Como todas las lenguas babélicas, el eusquera participaba de algunas de las cualidades de la lengua primera, la infundida por Dios en Adán: lengua adánica. Por ejemplo, en la alta filosofía o sabiduría infusa, que permite que todos los vocablos revelen la naturaleza o esencia de las cosas que designan. Poza se basaba en el Crátilo de Platón, el diálogo en que Sócrates discutía con Hermógenes acerca de si las palabras significan por naturaleza o por convención. Para Poza, la cuestión no tenía duda: la lengua adánica y las lenguas matrices significaban por naturaleza. Las demás, derivadas de ella, lo hacían por convención. Según Poza, el vascuence no había perdido el nexo natural entre la palabra y la cosa.

Mediante el etimologismo de los nombres eusquéricos de Dios, del sol o de la luna, dedujo que la lengua vasca "no es menos sustancial y filosófica que las más elegantes de Europa".

La aportación más importante de Poza a la mitología vizcaína fue la idea de que el eusquera contiene ya en su vocabulario ancestral la revelación cristiana del misterio de la trinidad. Basándose en los procedimientos de la Cábala, analizó la palabra vasca que designa a dios, Jaun o Iaun, en tres elementos distintos: I (tu), a (aquel) y on (bueno), concluyendo en que, desde Túbal, los vascos sabían ya que Dios eran el sumo bien, un solo dios y tres personas distintas.


ENTRANDO EN LA IGLESIA, POR JOSÉ ARRUE

Poza abordó la cuestión de la hidalguía universal de los vascos, aclarando si surgió durante la potestad regia o fue precedida a la Monarquía hispánica. Para ello, empleó su habitual método, el estudio etimológico de las palabras, tomando los términos de "infanzonazgo" e "infanzón", que existían ya desde los godos. Al no ser estos términos de origen vascongado, concluyó que en estas tierras jamás entraron los godos, y por ello la naturaleza nobiliaria de los vascos era anterior al establecimiento de régimen estamental de nobles y vasallos establecido por los godos, e incluso al de los romanos. Infirió que:
"La nobleza de Vizcaya no tiene origen ni principio alguno, y de ellas se puede decir... que realmente ha conservado su libertad, su lengua y su hábito desde el patriarca Túbal a esta parte."
Sin explicar la intervención de los reyes castellanos en la concesión de hidalguía de las villas y la posterior extensión de estas a toda la población, Poza prefirió insinuar que fue el propio rey quien se sometía a sus gentes, contando la mitológica batalla de Arrigorriaga en el 870, cuando los vascos en Padura eligieron como señor a Zuria, y no a Alfonso de León.

Las Juntas vizcaínas reunidas en Guernica confiaron en el licenciado Andrés de Poza para la defensa de la hidalguía universal de los vizcaínos, tras haber leído recientemente su alegato filológico. Poza describió en su De hispaniourum nobilitate et exemtione la supuesta condición de limpieza de sangre, y su aplicabilidad de la Pragmática de los Reyes Católicos dada en Córdoba en 1492.

FUERO NUEVO DE VIZCAYA

Fue elegido para responder de manera contundente a las amenazas de supresión hechas por el fiscal de la Chancillería de Valladolid, Juan García de Saavedra, en 1588. Pero la polémica ya había servido en tiempos de Carlos V, al consultar éste a todas las Chancillerías acerca de si los vizcaínos debían ser considerados todos nobles.

El fiscal planteaba una cuestión básica: ¿cómo van a ser en un mismo territorio todos a la vez hidalgos?, si hidalgos los hay porque existen pecheros junto a ellos, pero debajo de ellos, evidentemente.

Para responder a esa cuestión, Poza escribió, por encargo de las Juntas, De nobilitate in proprietate. Ad Pragmaticas de Toro et Tordesillas. Su idea básica establecía que, en virtud de las leyes de Toro y Tordesillas, promulgadas en 1398 y 1403 por el rey castellano Enrique III, no concedería a los vizcaínos la posterior pragmática que los Reyes Católicos promulgaron en Córdoba. Y luego, refiriendo sobre el contenido del Fuero Nuevo de Vizcaya, redactado para reformar el anterior en fechas todavía recientes, en 1527, mostraba la calidad misma de la hidalguía vizcaína que justificaría el que sus habitantes fuesen de por sí propietarios de nobleza.

Su texto dialoga con el fiscal, pero en un diálogo sin salida, precisamente porque sólo busca razonabilidad a unos supuestos "históricos" que considera intocables.

Para Poza la nobleza de los vizcaínos es conferida por ser ellos mismos originarios y autóctonos, de solar conocido en frases como:
"Las pragmáticas de 1398 y 1403, dadas ambas por el rey Enrique III, en Toro y Tordesillas repectivamente. En ellas se afirma que al entablar el proceso de probanza, todos fechen, salvo los notorios hidalgos de solar conocido. Luego la hidalguía corresponde en propiedad al solar conocido, indicativo de por sí de la nobleza del litigante."
Mientras que para el fiscal, el término de hombre noble con posesión de "casa de solar" corresponde al señor con vasallos solariegos que puebla sus propias tierras:
"Son casas fortificadas, con escudero de armas y voz y apellido de solar de casa.... las leyes de Erique III, al hablar de solar conocido se referían a esa realidad y, si así es en Vizcaya, hay también ahí señores con vasallos. Luego no puede ser general la hidalguía."
 Poza, por lo tanto, distinguía dos tipos de hidalguía en Vizcaya, la nobleza real o urbana y la nobleza de tierra llana o infanzonía. La nobleza señorial que estaba formada por los Parientes mayores, de solares reconocidos de voz, apellido, linaje, armas, hazañas y antigüedad inmemorial e historial, es decir, la nobleza espléndida. Por otro lado, la infanzonía era la clase baja, que ya en el siglo XVI había adquirido su caserío o solar conocido, aunque su dedicación socioeconómica fuese la agricultura, pesca o ganadería.


REPRESENTACIÓN DEL ÁRBOL DE GUERNICA

Pero lo que ocultaba Poza es que aquellas gentes vizcaínas que ahora eran de solar conocido y casa propia, durante el Medievo tuvieron que pechar a la nobleza cuando aún no existía o estaba en proceso de formación la red de villas aforadas que liberaban a estos vasallos de los señores feudales.

Su argumento fue una metáfora del árbol como casa, consistente en tomar el Fuero Nuevo de 1527 (corrección del Viejo de 1452, aprobados ambos por el monarca) y examinar determinados títulos de transmisión patrimonial de la propiedad. Utilizó la semántica de ese régimen de trasmisión, que es la del árbol enraizado en el solar conocido de cuyas raíces surgió la sabia nueva generación tras generación. Y así, infirió la secular vinculación de las gentes al suelo, "los de aquí", los autóctonos que brotan por sí mismos del suelo, y no son plantados como gentes extranjeras venidas de otras partes. Para Poza, la imagen del árbol posibilita la esencia rural de Vizcaya, pues toda ella es una casa infanzona por sus hundidas raíces en el suelo. Posteriormente a este hecho, apareció la ley para reglamentar esta circunstancia.

Un gran número de proverbios castellanos y vascos provienen de la metáfora árbol que caracterizan a sí mismos los linajes solariegos como nobles, estables, duraderos y poderosos, como por ejemplo el linaje de los Aritza (árbol, roble), que iniciaría la dinastía pamplonica. Así pues, el euskaldun Aritzak, zozpala bererikoa siginificaría en castellano "De tal palo, tal astilla". O aquel otro de Badakik, bai, zein aritzi dagokion ezkurra (ya sabes, ya, en qué árbol hay fruto), que derivaría en castellano en "quien a buen árbol se arrima, buena sombra la cobija". Cientos, como Zuhainak badu bere zuhatza, "cada árbol tiene su savia propia"; Zuhaitz onak bere itzala, "buen árbol, sombre especial"; Zuhaitz orok adar eihar, "en todo árbol, ramas secas"; o Aritz eroriari orok egur, "todos hacen leña del árbol caído".

Esta calidad hidalga no fue asentada únicamente en esta dendro-logía y esta imagen forestal que significaron una ley foral, pues también se apoyó en el recurso de Túbal en cuanto a fuente y origen de esa lógica arbórea:
"Todo esto, antes que hubiese puntos de derecho, debió de ser ley y costumbre en Vizcaya y no menos antigua que su lengua y hábito y libertad del siglo del patriarca Túbal..."

jueves, 17 de marzo de 2016

Leyenda de la fuente de San Virila


En el año 928, San Virila era el abad del Monasterio de Leyre. Estando en maitines, es decir, a la hora más temprana para rezar cuando amanece, le comenzaron a entrar dudas sobre la eternidad. Entonces escuchó la dulce música de un ruiseñor y salió en su búsqueda. Perdido en los bosques de la sierra de Leyre, encontró refugio junto a una fuente, y descanso en el canto del pájaro. Terminó el eterno trino y regresó al monasterio, donde a nadie conoció y nadie le reconocía. Dijo ser el abad, y los monjes que allí habitaban lo tomaron por loco. Hasta que alguien recordó el extraño suceso de quien de maitines se ausentó y no regresó. De este modo, y con otras razones, comprendieron quién era y de qué lejano tiempo venía. San Virila despertó de sus dudas y vino a ver que lo que a él le había parecido un instante de paz, resultaron ser cien años de ausencia.

En la actualidad, la fuente de San Virila se ubica en la sierra de Leyre, comunicado con el monasterio mediante un camino. Es el símbolo del milagro de la fuente de San Virila, el abad que cayó en éxtasis místico durante cien años escuchando el canto de un ruiseñor, casi una eternidad.

La interpretación del Canto Gregoriano que realizan los monjes benedictinos del monasterio en el recinto sagrado de Leyre es un viaje a la época medieval, un tiempo más espiritual y a otro ritmo de vida más modesto y pausado. Tan pausado que incluso puede parecer eterno, como el que supuestamente padeció San Virila.

LEYENDA FUENTE DE SAN VIRILA EN EL MONASTERIO DE LEYRE

martes, 15 de marzo de 2016

Francisco González de Irarrazábal y Andía


Caballero Comendador de Aguilarejo en la Orden de Santiago, del Consejo de la guerra en los Estados de Flandes, y veedor general de sus ejércitos, en los que militó a comienzos del siglo XVII


Francisco González de Irarrazábal y Andía era natural de la villa de Tolosa, Guipúzcoa, comenzó a servir desde su juventud en Flandes y en otras partes corriendo por los grados de aventajado, entretenido, capitán de Infantería, picas, arcabuceros de a caballo, de corazas, de lanzas. Recibió diferentes heridas, quedando prisionero de los holandeses en la batalla de las Dunas.

Tras su rescate fue comisionado para la expulsión de los moriscos del reino de Granada, y nombrado para acompañar hasta Francia al duque de Mayne, cuando vino a efectuar los casamientos de las Personas Reales a España.

Sirvió de maestre de campo en el socorro de la plaza de Mármora con gente a su costa propia. Después, mandó la infantería de Andalucía, y al final de su carrera, en 1625, fue nombrado gobernador de las islas Canarias.

A su regreso para España lo hicieron prisionero los berberiscos. Una vez rescatado rescatado, influyó para que se enviase a las Canarias un jefe militar de continua residencia, como fue el caso de Iñigo Brizuela.


viernes, 11 de marzo de 2016

Armada de Vizcaya y Pedro Navarro en la Conquista de plazas de la costa norteafricana


En 1493, los Reyes Católicos ordenan organizar una Armada para la vigilancia del Mediterraneo. El corso y la piratería de los berberiscos se estaban convirtiendo en un serio problema para el tráfico marítimo mercante de España por el Mediterráneo.

Por orden real, el almirante Juan de Lazcano y un sobrino García López de Arriarán, junto a Pedro de Zafra, se encargan de organizar la flota a principios de 1494 en Tiguente. Consiguieron reunir una gran cantidad de vituallas y armas, de barcos y tripulantes procendentes de España, entre los que estaban los de la Armada de Vizcaya, que aportaba 6 galeotas y 6 tafureras, con más de 2.000 hombres.

Esta gran flota tenía como objetivo llegar hasta Túnez para transportar moros de la recién tomada Granada e intentar la ocupación de la costa, lo que se traduciría además en un freno para las armadas otomanas, que llegaban entonces hasta Orán.

En 1494, Lazcano y otros capitanes inspeccionan las costas africanas, pero al iniciarse la guerra en Nápoles en 1495, las operaciones relacionadas con la ocupación del norte de África fueron sustituidas por las de la primera.

Tras la muerte de Isabel la Católica, el cardenal Cisneros, regente de Castilla, había seguido la política exterior de ocupar bases en el norte de África, apoderándose de sus principales puertos marítimos y de esta manera dificultar las operaciones corsarias contra las costas y el comercio español en el Mediterráneo.

En la Armada de Levante de Gonzalo Fernández de Córdoba, en 1500, se encontraban numerosos marinos vascos. En unos casos, la evidencia está ligada a los apellidos de los capitanes (Ochoa, Rentería, Larrauri, Madariaga, Marquina, Bilbao, Fagaza, etc.), en otros, al origen vizcaíno y guipuzcoano de sus navíos.

Esta armada se reunió con venecianos y franceses en una coalición para frenar la amenaza otomana sobre las costas europeas del Mediterráneo, asediando la isla de Cefalonia, parte del archipiélago jónico, en 1500.

Durante el asalto al castillo de San Jorge destacó un roncalés, Pedro Navarro, un hombre que se haría célebre por el uso de las minas militares. Ésta fue una de las primeras veces que empleó las minas militares de pólvora para derribar un muro del castillo, abriendo paso al ataque de la infantería. También utilizó azufre para quemar a los turcos dentro de sus propias galerías.


Los esfuerzos sobre el norte de África no reaparecieron hasta 1502. En dicho año, Pedro de Zafra organizó una flota, cuyo capitán general sería Íñigo Manrique, y en la que estaban integradas las galeotas de Lazcano y Arriarán, con 240 hombres.

En 1504, esta flota del Mediterráneo partió desde Málaga compuesta por 3 galeras reales, 2 zambras de 50 codos y 8 galeotas, con 1500 hombres de equipaje. Su objetivo era doble: la defensa del Reino de Granada y la invasión de las tierras norteafricanas. Pero la ocupación de Mazalquivir no pudo ser conquistada aquel año y aplazándose para el siguiente, dentro de un nuevo proyecto.

Aunque todavía no se iniciase la invasión de las costas norteafricanas, se reactivó la defensa de la costa granadina, organizándose una flota de galeotas al mando de García López de Arriarán y Juan de Lazcano. Patrullaba el litoral entre Vera y Guadiaro y cada capitán contaba con dos embarcaciones, una de 18 remos y otra de 14, que embarcaban 80 y 60 hombres respectivamente.


Años más tarde, en 1508, a petición de Fernando el Católico, Pedro Navarro persiguió con una escuadra a los piratas berberiscos que habían asolado las costas andaluzas. La expedición partió de Málaga, y Pedro Navarro se aplicó con eficacia, limpiando de piratas tanto las costas españolas como las del norte de África occidental. 

El 23 de junio del mismo año, efectuó la conquista del peñón de Vélez de la Gomera, situado a poco menos de cien metros de la villa costera del mismo nombre. Ambos lugares eran un importante núcleo de corsarios. Navarro puso todos los barcos a tiro de cañón del islote, y aquellos huyeron a refugiarse en Vélez. Una vez tomado el peñón, mandó subir la artillería, y con ella destruyó la villa y su puerto. Siendo el peñón un punto estratégico, ordenó su fortificación, dejando en él una guarnición de 32 hombres bajo el mando del alcaide Juan de Villalobos. Posteriormente, auxilió desde el mar a la guarnición portuguesa de Arcila, que estaba siendo atacada por numerosas tropas del rey Fez, y consiguió que éstas levantaran el sitio y se retiraran tras cañonearlas desde los barcos. 


En 1509, se organizó en el puerto de Cartagena una flota con el objetivo de continuar las incursiones militares en el norte de África. Al mando se encontraba igualmente el cardenal Cisneros como capitán general de la campaña, siendo nombrado Pedro Navarro como maestre de campo encargado de dirigir las operaciones sobre el terreno. La expedición naval fue financiada por las rentas del cargo de arzobispo de Toledo que tenía Cisneros.

Las fuerzas estaban formadas por 90 naves (80 de transporte y 10 galeras) y 22.000 soldados. De ellas, unas 20 naves de diversas clases (naos, carabelas y goletas) pertenecían al Señorío de Vizcaya, construidas en sus astilleros y dotadas de su con sus correspondientes marineros vizcaínos.

Pronto surgieron fricciones entre el cardenal y el conde. La primera de ellas, a causa del botín obtenido de la captura, antes de partir, de varias fustas moriscas, que Navarro repartió enteramente entre los participantes en los asaltos, en vez de destinar la mitad a financiar la expedición, como estaba convenido.

La flota zarpó el 16 de mayo de 1509 y arribó al día siguiente a Mazalquivir, bajo control español desde 1505. Esta fue la cabeza de puente desde la que partió la expedición el día 18 para la conquista de Orán, cercana e importante ciudad costera de 10.000 habitantes y bien fortificada y artillada.


Finalmente, Navarro planificó un ataque por mar y tierra que culminó a la postre en una fácil victoria. Mientras la armada bombardeaba las murallas, la fuerza terrestre, que Navarro dividió en cuatro cuerpos, se enfrentó con el enemigo a las afueras de la ciudad. La artillería y caballería españolas obligaron a los defensores a replegarse hasta que tuvieron que resguardarse dentro de Orán. Una vez consolidadas las posiciones del sitio, se inició el asalto con escalas, bajo cobertura artillera y con ayuda de minas. Cuando parecía que la batalla se estaba decidiendo en lo alto de las murallas, entraron los atacantes por las puertas de la ciudad. La lucha continuó, por poco tiempo, en las calles y en el puerto.

El resultado final fue, tras apenas dos o tres horas de combate, de entre 4.000 y 5.000 bajas enemigas por sólo 300 propias, y un gran saqueo posterior de la ciudad y los barcos capturados en el puerto por parte de marinos y soldados, que se hicieron con un botín de 500.000 escudos en monedas, mercancías, esclavos y rehenes. Navarro tomó posesión de Orán en nombre del reino de Castilla, por lo que la plaza pasaba a manos de la Corona, privando a partir de entonces del mando a Cisneros, quien tuvo de regresar a España.


Pedro Navarro continuó la campaña de conquista de plazas de la costa norteafricana. Junto a él, tomó parte el alavés Juan de Urbina, en la que conquista de Bujía y Trípoli.

A principios del año 1510 llegó a las cercanías de Bugía con 5.000 soldados para iniciar un ataque contra un reyezuelo llamado Abderhamán que contaba con unos 10.000 efectivos. Fueron los defensores quienes inician las hostilidades mientras los españoles desembarcan, al tiempo que los cañoneaban desde la ciudad. Sin embargo, estos repelieron el ataque gracias a la ayuda de la artillería naval que les protegía, y comenzaron luego el asedio bombardeando desde tierra y mar. Al penetrar finalmente en la ciudad, la mayor parte del combate tuvo lugar en las calles de la ciudad, que se rindió al mediodía tras la huida de Abderhamán y su séquito y la muerte de muchos de sus habitantes.

Tras la toma de Bugía, Navarro supo sacar provecho de las disputas entre Abderrahamán, en realidad un usurpador, y su sobrino, el joven rey Muley Abdalla. Este le guió hasta la cercana sierra en la que se habían refugiado su tío y los fugitivos que se habían reunido con él. El roncalés les atacó por la noche con 500 españoles. Abderhamán volvió a escapar, pero murieron 300 de sus hombres, otros 600 fueron apresados junto a su primera esposa, su hija y altos cargos de la ciudad, y su campamento, con sus muy valiosas pertenencias, fue saqueado y después incendiado por los españoles.


Los contundentes éxitos militares logrados hasta entonces por Navarro intimidaron a los reyes de las ciudades-estado de las actuales Argel y Túnez, que ofrecieron vasallaje al de España y liberaron a todos los cristianos que tenían cautivos.

Después de consolidar el dominio en la región, Pedro Navarro reorganizó la flota en julio del mismo año de 1510 en la isleta siciliana de Favignana y se embarcó con más de 14.000 hombres a la conquista de Trípoli, donde se enfrentaría a un similar número de defensores protegidos por fuertes murallas y baluartes.

Tras el desembarco, entraron en acción las artillerías de ambos bandos y se asaltaron con éxito las murallas. A continuación, empezó una extenuante lucha casa por casa que se prolongó hasta bien entrada la noche, y que se saldó con unos 200 o 300 muertos españoles y 5.000 berberiscos, más otros tantos de estos últimos capturados como esclavos. Una vez más los vencedores se hicieron con un cuantioso botín, incluido el obtenido de la captura de los barcos del puerto, entre ellos cinco naves de auxilio enviadas por el sultán turco y barcos mercantes turcos, albaneses y venecianos o genoveses que arribaron a Trípoli.

Argel, Túnez y Tremecen se sometieron a la autoridad de la Monarquía hispánica.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Conexión entre Túbal y la Monarquía hispánica por Esteban de Garibay


El historiador y cronista real Esteban de Garibay y Zamalloa nació en Mondragón, en 1533. Estudió en la Universidad de Oñate y participó en la vida política local y guipuzcoana mientras redactaba Los Quarenta Libros del Compendio Historial entre 1556 y 1566, que fueron publicados más tarde. Fue nombrado alcalde de Mondragón en 1568.

La mayoría de sus obras literarias fueron redactadas en castellano, pero en muchas ocasiones utilizó el euskera. Su enorme Los Quarenta libros del Compendio historial de las Chronicas y universal Historia de todos los reyes de España se publicó en Amberes, en 1571. En esta obra aportó la gran novedad de entroncar a la Monarquía hispánica, desde sus inicios, dentro del linaje tubaliano de los vascos.

En 1592, fue nombrado cronista de Felipe II. Publicó Letreros e insignias reales de todos los serenísimos Reyes de Oviedo, León y Castilla en 1593 y continuó con las Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, que es sólo una parte de sus investigaciones genealógicas (Grandezas de España, en la Real Academia de la Historia). Por el rey Felipe II sentía una profunda admiración y gratitud, convirtiéndose en algunos momentos en un apologista exagerado.

COMPENDIO HISTORIAL

Cuando se estableció en Madrid escribió Origen, discursos e ilustraciones de las dignidades seglares de estos reynos,  publicado parcialmente en 1596. Incluido en el entorno de los Idiáquez, linaje de guipuzcoanos bien relacionados en los Consejos Reales, intentó recuperar la condición de Reino para la Provincia de Guipúzcoa, gestión realizada en común junto a Juan de Idiáquez, lo que no consiguió al faltar el apoyo de las Juntas Generales.

La Junta de Tolosa de 16 de abril de 1559 autorizó a Garibay y al general de los Jerónimos, Juan de Alzolaraz, natural de Cestona, para acudir a discutir con Pedro de Alcocer, contador del duque del Infantado, la tesis de la unión voluntaria con Castilla de la provincial de Guipúzcoa. Alcocer, en su Hystoria, o descripción de la Imperial cibdad de Toledo, afirmaba haber sido ganado Guipúzcoa por el rey Alfonso VIII por fueros de conquista. Tras la pelea dialéctica, Garibay consiguió que Alcocer se comprometiese a corregir su afirmación en las próximas ediciones de su obra.

La independencia es nobleza, porque la raiz etimológica de noble es "non vilis", que quiere significar "no vil", es decir, hijo de libre e independiente. Según Garibay, el pueblo vascón pudo mantener la independencia y, por ende, la nobleza, frente a los reyes asturianos y leoneses, especialmente frente a Alfonso II, hasta el año 1200, fecha de unión con Castilla, que no acarreó la pérdida de la nobleza, pues fue voluntaria y con garantías para las instituciones tubalianas, que dieron origen a los Fueros.

Sin embargo, para Garibay, Guipúzcoa está integrada a las Españas por su firme fe en Dios y por su fidelidad al rey, lazos de unión que hermanan la variedad de los pueblos hispánicos.

PLACA DE LA CALLE A ESTEBAN DE GARIBAY EN MONDRAGÓN-ARRASATE 

Trabajando como secretario real, hizo su propia versión sobre el origen de los reyes hispanos, entronizando la Monarquía de Castilla dentro de la autoctonía prebabélica de los reyes vascos. De manera que la empresa imperial hispana quedó ubicada dentro del originario proyecto de Túbal, unificando a todos sus súbditos españoles. Túbal, primer rey de España, seguido de Ibero, Idubeda, etc. hasta enlazar con los reyes godos y la figura de Pelayo. Su discurso enmarca el microcosmos guipuzcoano con el macrocosmo hispano-europeo.

Se vanagloriaba del origen antiquísimo de la lengua eusquérica, una de las 72 surgidas en la confusión babilónica, traída por Túbal y sus compañeros cuando fundaron el solar eúscaro, exactamente en el año 142 después del diluvio universal y el 2163 antes del nacimiento de Cristo. Guipúzcoa es además la Bardulia heredera del heroísmo de los cántabros invencibles y hoy "muralla y defensa de los reynos de Castilla y León".

Según Garibay, Túbal partió desde Babel ante la "gran confusión por la variedad de tantos lenguajes, comenzaron a discurrir por muchas provincias del mundo". Narró las aventuras de diversas parentelas por distintos caminos:
"... entre las demás generaciones y padres que con sus compañías de Armenia y Caldea partieron para estas poblaciones del mundo, fue uno nuestro Túbal... hizo los aparejos que para un viaje largo eran necesarios porque su designio era venir a la más occidental tierra... sugió con sus campañías en las riberas de Cathaluña, que confinan con Ebro... a poblar España."
Ante esta versión catalanista, Garibay prefirió traer a Túbal hasta las "montañas de la región (navarra) y de la Cantabria y aquí dizen que paró". Y asentarlo en las montañas vasco-cantábricas de la falda extrema pirenaica, ensanchando su prole y enseñándole en su propia lengua "bascongada" el monoteísmo; y tras henchirlo de descendencia, haciendo en él sus edificios “de los que agora llaman caserías y solares conocidos”, bajó a la llanada y sus gentes y la poblaron los primeros con su primera lengua.

TORRE DE BABEL

Así es como sostenía este cronista real que Túbal tuvo su "primer habitación" española en Cantabria, tierra que identificó con las Provincias vascongadas. Los cántabros serían, para Garibay, los primeros pobladores de España traídos por el propio Túbal. La lengua de los cántabros, la primera hablada en España, también enseñada por el patriarca, sería después conocida como vascongada, emparentada con las lenguas de las bíblicas tierras de Armenia y Caldea. Esta tesis está probada por vocablos sobre toponimia, como el monte Aralar, que sería el equivalente vascongado del monte Ararat donde se detuvo el Arca de Noé, o el monte Gorbea, al sur de Vizcaya, que debe su nombre al monte Gordeya, en Armedia.

Estos cántabros, españoles originarios, serían los que siglos después tan heroica lucha mantuvieron contra Roma "por no venir a servidumbre", como escribió Garibay. Asimismo recogió este autor la opinión sostenida por algunos de sus paisanos sobre los árboles del escudo de Guipúzcoa, que "representan las muertes que con el veneno deste árbol tomaron los Cántabros Guipuzcoanos en la guerra que con el Emperador Octaviano tuvieron, por no rendirse al Imperio Romano".

Garibay ensalzó también la hidalguía universal vasca; distinguiendo tres tipos de nobleza:
1. teologal: abarca a santos y bienaventurados
2. natural: deriva de los dones, hermosuras, gracias y bondades con que dota la naturaleza
3. política: "que procede y desciende de la clara progenie de sus mayors", y ésta es la que disfrutan los hidalgos de Castilla, a cuyo efecto Garibay deriva hidalgo del teutón Eudel o noble.

De la hidalguía política derivaría directamente del primer fundador de las Españas, Túbal, quien habría enseñado a los vascos, "los verdaderos españoles", la lengua, el culto al auténtico Dios y las virtuosas costumbres condensadas en los fueros.


BESAMANOS DE LOS BANDOS OÑACINO Y GAMBOINO
AL REY FERNANDO EL CATÓLICO

Las luchas de los cántabros, que según Garibay son los mismos vascones, contra Roma fueron el crisol cimentador de la nobleza de los vascos, que habrían asegurado con la independencia la continuidad tubaliana ennoblecedora.

La hidalguía vasca sería universal e igualadora, sin preeminencias de títulos continuados como se dan en la de origen godo o romano. Esta visión de la nobleza lleva aparejada la distinción entre las Españas auténticas, vinculadas a solares eúscaros, y las Españas mezcladas con gentes ajenas.

En definitiva, la aristocracia igualitaria vasca es el esqueleto de las instituciones forales, asentada en la memoria tubaliana y dignificada por la independencia de los cántabros o vascos, conservada sin mancha, incluso con la voluntaria incorporación a Castilla en 1200.

sábado, 5 de marzo de 2016

Adaptación de la geografía diocesana al Estatuto nacional


En 1512, Navarra fue conquistada y tres años después incorporada a la Corona de Castilla. Este hecho tuvo consecuencias en la vida religiosa y en la marcha de la diócesis como tal. Incidió en la propia geografía diocesana, en la incardinación de la Iglesia navarra en el seno de la española y en las relaciones con el poder político. A su vez, a lo largo del siglo XVI se pusieron en marcha los diversos intentos de Reforma de la Iglesia. Ambos fenómenos se entrelazaron en la trayectoria de la Iglesia Navarra.

La incorporación a Castilla coincidió con el desarrollo de la idea del Estado nacional y la Reforma protestante. Entre los objetivos del primero se encontraba el incremento de la cohesión interna de los súbditos y los territorios que lo componían, para los cual puso en marcha el viejo principio de la adaptación de la organización eclesiástica a las fronteras políticas. La Reforma protestante quebró la unidad religiosa de Europa Occidental y obligó a reformas institucionales destinadas a frenar el avance de las nuevas iglesias y sectas. Ambos fenómenos incidían en los territorios guipuzcoanos (arciprestazgo de Fuenterrabía) y navarros (arziprestazgos de Baztán, Cinco Villas y Santesteban) de la diócesis de Bayona. La dependencia de un obispo francés y el miedo a la expansión del calvinismo hicieron que los monarcas españoles presionaran ante la Santa Sede para incorporarse a la diócesis de Pamplona, cosa que Felipe II llevó a cabo en 1567.

CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE TUDELA

Poco después se reajustaron las provincias eclesiásticas de acuerdo con las nuevas coordenadas políticas. En 1574 Felipe II consiguió que Burgos se convirtiera en sede metropolitana, a la que fueron adscritas las diócesis de Calahorra y Pamplona. Era un ejemplo más de la adaptación de la geografía eclesiástica a la civil. La nueva provincia eclesiástica castellana incorporaba territorios castellanos (como La Rioja o Vascongadas) y el territorio navarro, ensamblado a la corona castellana por vía de pacto.

Siguiendo el mismo criterio, Felipe II intentó que los territorios navarros dependientes de Tarazona salieran del ámbito aragonés. Para esto pensó en eregir una diócesis en Tudela (1597), pero la muerte del rey hizo fracasar el proyecto, que quedó paralizado durante dos siglos. El auge económico y demográfico de la ciudad a finales del siglo XVIII, su desarrollo cultural y el incremento de las tensiones entre sus deanes y obispos de Tarazona aconsejaron la creación de la diócesis de Tudela. El rey Carlos III promulgó el oportuno decreto (1782), sancionado luego por una bula del papa Pío VI en 1783. Con todo, la nueva diócesis nació lastrada por su pequeñez, que pronto hizo inviable su subsistencia en total independencia.

Este logro se vio compensado por una mutilación de la diócesis de Pamplona, que sirvió para adecuar las fronteras eclesiásticas y civiles de Navarra y Aragón. Para ampliar la diócesis de Jaca e incrementar sus exiguas rentas, el arciprestazgo de la Valdonsella fue segregado de Pamplona e incorporado a Jaca (1785).

CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE TUDELA