16/01/2026

Batalla de Orbaizeta en 1794


La batalla de Orbaizeta tuvo lugar en el pirineo navarro entre el 15 y el 17 de octubre de 1794 durante la Guerra de la Convención francesa de 1793- 1795, entre la Monarquía española del rey Carlos IV y la República francesa. Esta contienda estuvo englobada a su vez en la Guerra de la Primera Coalición, formada por Gran Bretaña, Austria, Prusia, Nápoles y Cerdeña-Piamonte, en 1792, y España y Portugal, en 1793. Enfrentaba a la Convención francesa de los ideales revolucionarios contra las Monarquías defensoras de los tradicionales sistemas absolutistas.

Desde 1793, la frontera francesa con Navarra y Guipúzcoa se convirtió en escenario de acciones militares entre las tropas convencionales y españolas. Tras un buen inicio para las tropas españolas del general Ventura Caro que habían ocupado gran parte del territorio del País Vasco francés, en 1794 el Ejército de los convencionales reaccionó. En junio de aquel año, en la Batalla del Valle de Baztán, las fuerzas españolas fueron derrotadas por las del general Bon Adrien de Moncey en el norte de Navarra. En agosto, las capturas francesas se fueron sucediendo en Guipúzcoa: San Marcia, Irún, Fuenterrabía, San Sebastián, Tolosa, y casi la totalidad de la provincia fue tomada entrado septiembre.

El siguiente objetivo iba a ser la ciudad de Pamplona. Moncey reorganizó su ejército para que cada regimiento de infantería estuviera formado por dos batallones de operaciones en campaña y un tercero sirviese de guarnición. Las compañías de granaderos de cada batallón se reunieron para formar una reserva, y se fue preparando una columna de asedio en Bayona bajo la dirección de Armand Samuel de Marescot con la finalidad de asaltar la capital navarra.

EL GENERAL MONCEY EN LA BATALLA DE ORBAIZETA

Además, el ya potente Ejército francés de los Pirineos Occidentales fue reforzado por 15.000 efectivos procedentes de la sofocada Rebelión de Vendée, aunque al final fueron 3.000 infantes y 500 jinetes que llegaron a mediados de septiembre. En total, el Ejército de los republicanos estaba formado por 52.000 combatientes repartidos en 64 batallones de infantería, 4 regimientos de caballería, además de 640 dragones y húsares, y estos a su vez en 5 divisiones al mando de los generales: Henri F. Delaborde, Jean Mauco, Thomas-Alexandre Dumas, Charles de Frégeville y Jean Antoine Marbot. Los generales de brigada que comandaron las operaciones de ataque fueron Pierre Bories de Castelpers, Jean Daniel Pinet, Pierre Rouché, Antoine Digonet, Louis Hyacinthe Le Feron.

El Ejército español del frente occidental contaban con 13.000 efectivos al mando del teniente general de Pedro Téllez-Girón, duque de Osuna. Tenía por generales de división a Juan Manuel Cagigal, Antonio Filingieri, Frías y Joaquín José Ibáñez-Cuevas y Valero.

A mediados de octubre, Moncey comenzaba su operación de invasión a Navarra en un amplio frente desde el valle de Baztán y el puerto de Ibañeta en dirección sur hacia Pamplona utilizando a 46.000 solados.

El día 15, por el este, la división de Delaborde atacó las posiciones de Filingieri en Mezquiriz, lugar ubicado a ocho kilómetros al suroeste de Roncesvalles, en dirección al valle del río Urrobi y del río Irati. Por el oeste, la ofensiva partió desde Leiza hacia Lecumberri. Y por el centro de estos ejes, la operación partió desde Doneztebe por el paso de Donamaria y desde Elizondo por el puerto de Velate y Lanz con destino a Sorauren.

Con este movimiento, Moncey pretendía rodear a las tropas españolas acantonadas en Eugui, Burguete y Roncesvalles, desplegando 11 batallones y 2 brigadas, además de 640 dragones y húsares. La línea española de la frontera navarra se trasladó a una nueva entre Aoiz y Pamplona, que, continuando por Irurzun y Lecumberri, cubría aquella plaza. A su vez, otra columna, mandada por el coronel Leferron, salió de Andoaín y, por Leiza y Gorriti, atacó el puesto de Lecumberri, el 16 de octubre. Los resistentes abandonaron la posición después de combatir y ante la llegada de otra columna procedente de Goizueta.

Al día siguiente, el Ejército republicano tomó Villanueva de Araquil, ubicada unos nueve kilómetros más al sur de Lecumberri. Ambas aldeas se encuentran en el extremo occidental del frente de ataque francés.

En el otro extremo, otra nueva columna a las órdenes del general Marbot, la cual se había divido en tres al pasar la frontera, se dirigió por su izquierda sobre Ochagavia y por su derecha sobre Orbaizeta. Capturó la Fábrica de Municiones de Orbaizeta, así como la Fábrica de Armas de Eugui y el almacén de mástiles de la Real Marina española situado junto al río Irati. Estas tres factorías militares resultaron un fuerte golpe para el Ejército español.

A la división de Delaborde se le reunía otra fuerte columna procedente de Santesteban que había cruzado la cordillera por Donamaría.

RESTOS DE LA FÁBRICA DE MUNICIONES DE ORBAIZETA

De los 4.000 combatientes españoles que estuvieron defendiendo aquellas posiciones, unos 200 cayeron muertos y 724 capturados, además de 50 cañones de artillería; mientras que las pérdidas francesas son desconocidas. Pero, la mayor parte de las tropas españolas consiguieron escapar del cerco que estaba ejecutando Delaborde, marchando hacia el sur gracias a una pronta anticipación de Filangieri. De hecho, este general de división francés fue acusado de no haber aislado al grueso del Ejército español allí posicionado.

La ofensiva consiguió ganar terreno hasta los límites de la fortaleza de Pamplona, pero se detuvo debido a que los representantes políticos de la Convención francesa no autorizaron un nuevo avanece.

A partir de noviembre, el virrey de Navarra, Martín Álvarez de Sotomayor, concentró todos sus efectivos en la defensa de Pamplona, donde rechazó continuados ataques por Izagaondo, Villava, Zabaldica y el monte de San Cristóbal. En ese momento, el virrey fue sustituido por Pablo de Sangro.

Hubo enfrentamientos en Iroz y Zabaldica, el 15 de noviembre, y en Ilzos y los Berrios, el 24, y aun otros dirigidos contra Olave y Sorauren en los días sucesivos. Pero, de todas formas, el Ejército de la Convención francesa carecía de medios suficientes para emprender el sitio de Pamplona, más allá de incendiar algunos pueblos limítrofes.

Todo el pueblo navarro se había sublevado ya. Un historiador francés, recordando que el rey Francisco I de Francia vio destruido su ejército en aquellos mismos sitios y por iguales causas en 1512, escribió que:
"Por todos lados se dejaba sentir la necesidad de abandonar tan ásperas posiciones. Los caminos se hacían de día en día más impracticables, hallábanse los transportes destruidos y los soldados, extenuados por la falta frecuente de alimento y por las aguas corrosivas de las montañas, desnudos y miserables, iban en montón a parar a los hospitales."

BATALLA DE MONTAÑA NEGRA EN LA GUERRA DE LA CONVENCIÓN

Aquel mes de noviembre, hubo una reacción española en Vergara por un destacamento de la Milicia Foral Guipuzcoana liderada por Gabriel de Mendizábal e Iraeta consiguió recuperar la villa. También, consiguió detener al avance de Moncey hacia Vitoria al mando de un contingente de 6.000 veteranos que obligaron a batirse en retirada a los 10.000 solados convencionales en los altos de Elgueta. A finales de 1978, la línea Vergara-Legazpia se estabilizó como frente vasco.

Moncey se estancaba en Guipúzcoa y Navarra, entre montañas, temiendo alguna trampa a campo abierto en la Llanada alavesa por parte del Ejército español que se estaba reforzando. Además, los voluntarios vascongados se hacían fuertes sobre el valle del Deva, marcando un frente desde el Cantábrico hasta Mondragón, centro en aquellos días de la sublevación vasca contra los invasores.

A inicios de diciembre, el Ejército de la Convención emprendió un movimiento de retirada. Las tropas del general Frégeville se establecieron en Tolosa, con un gran campo atrincherado junto a San Sebastián; las de Marbot en Lesaca; las de Delaborde en Elizondo y las de Mauco en San Juan de Pie de Puerto y los Alduides. El Ejército español lo hizo en una línea paralela desde las posiciones de Orbaiceta y Eugui, que volvieron a ocupar en su ala derecha, las cumbres del Pirineo en Velate, Gorriti y Lecumberri, a la vista del Bidasoa y el Urumea, donde campaban sus enemigos resguardados con las plazas de Fuenterrabía y San Sebastián, y la serie de montañas que dominan el Oria en la izquierda, cubiertas por las fuerzas vascongadas de las tres provincias.

Durante el invierno de 1794-1795, una epidemia de tercianas y fiebres pútridas que apareció en el frente navarro consiguió acabar con alrededor de 3.000 soldados franceses, además de civiles de pueblos próximo a la capital, lo que ocasionó la paralización de las operaciones de asalto. Los franceses tuvieron que soportar las acciones de las guerrillas que acosaban continuamente sus líneas de suministros, teniendo que aumentar las fuerzas dedicadas a la seguridad.

El 22 de julio de 1795, las autoridades diplomáticas de España y Francia firmaron el Tratado de Paz de Basilea, poniendo fin a esta contienda. Las tropas de Moncey tuvieron que abandonar Guipúzcoa y Navarra en un momento en el que lanzaban un nuevo ataque a Pamplona y Vitoria.

11/01/2026

Machinada de 1718


La fuerte depresión producida por las malas cosechas y las demandas fiscales de 1713, precipitaron la asonada. El Real Decreto de 31 agosto 1717, trataba de trasladar las aduanas interiores o fronteras económicas a los Pirineos y a los puertos de mar en el norte peninsular de España. Esto implicaba un gravamen sobre los productos importados, que en el caso de las zonas costeras suponía el incremento de precios de los artículos básicos de consumo.

Aunque los sucesos más sangrientos ocurrieron en Bilbao, el radio de localización de la revuelta fue amplio: Mundaca, Vergara, Mondragón, Motrico, Deva, Elgoibar, Eibar, Placencia, Elgueta, Arechavaleta, Escoriaza, Salinas de Leniz y Oñate.

Los acontecimientos se desarrollaron entre el 31 de agosto de 1717 y el 1 de enero de 1723, aunque lo más grave sucedió entre marzo 1717 y enero 1718.

Se quemaron casas de notables, ultrajaron a clérigos, y eliminaron a oligarcas, entre ellos al diputado general Enrique Arana.

PORTUGALETE, POR ECHARTE

Los vecinos de Bilbao se armaron para defenderse de los campesinos, ya que la asonada llegaba a Somorrostro, Portugalete, Bermeo. Y se difundió por Guipúzcoa, concretamente al valle de Deva. Felipe V envió al mariscal Blas de Loyola al frente de 3.000 hombres, y al fiscal general del reino.

Los protagonistas del motín fueron los campesinos de Begoña, Erandio, Abando, Deusto, Sondica, y la animosidad se centraba contra los notables rurales, las autoridades forales y la oligarquía económica, que englobaba a patronos y comerciantes.

La represión se saldó con 32 penas de muerte, penas de prisión, multas y confiscaciones de bienes. Sin embargo los amotinados consiguieron la modificación del Real Decreto de 1717, al obtener la exención de gravámenes a los productos que se importasen para el propio consumo, excepto para el cacao, azúcar, tabaco y demás productos virreinales.

FÁBRICA DE SALAZÓN, POR IGNACIO DÍAZ OLANO

06/01/2026

Juan Ignacio de Salaverría


Capitán de marina de la Real Armada española en navíos como Soberbio y Glorioso a mediados del siglo XVIII

JUAN IGNACIO DE SALAVERRÍA

Juan Ignacio de Salaverría era natural de Pasajes, donde nació a inicios del siglo XVIII.

En 1738, mandó los balandros San Pedro y Santa Rosa, los cuales tuvieron un disputado enfrentamiento bélico contra algunos buques de los Países Bajos. Formaba parte de una flota naval al mando del teniente general Blas de Lezo y Olavarrieta, en cuyo combate recibió una grave herida. También tuvo algún tipo de combate en aguas del cabo San Vicente, sirviendo como segundo capitán del navío Dragón.

En 1759, siendo capitán de navío, estuvo al mando del navío Soberbio, de 70 cañones y 2 cubiertas, construido en el Real Astillero de Guarnizo en 1750. Esta integrado en la escuadra corsaria de Andrés Regio. De este transbordó al navío Glorioso, de 74 cañones y 2 cubiertas, construido en el Real Astillero de Esteiro, en el Departamento Naval de Ferrol. Con él, partió desde Cádiz, en marzo de 1760, formando parte en la escuadra al mando del capitán general Juan José Navarro, marqués de la Victoria, que recogió al rey Carlos III en el puerto de Nápoles con destino a Barcelona para ser proclamado rey de España.

Al final de su carrera naval fue condecorado con la cruz y hábito de la Orden de San Carlos.

En 1772, murió en el Departamento Naval de Cádiz.

02/01/2026

Monasterio de Santa María la Real de la Oliva


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA OLIVA

Entre los fértiles campos de la ribera del río Aragón y el desierto de las Bardenas Reales, y en el término municipal de la villa navarra de Carcastillo, se encuentra el Real Monasterio de Santa María la Real de la Oliva, con más de ocho siglos de historia.

Buscando la soledad de los campos y el agua en abundancia, los monjes cistercienses escogieron unos terrenos del valle de Aragón para fundar su monasterio, en 1149. García Ramírez era rey de Pamplona y Aragón, quien hizo grandes donaciones de terrenos para favorecer el nuevo asentamiento.

Está considerada la primera fundación de la Orden del Cister en España, siendo aprobada su incorporación a la orden en 1151, y al año siguiente pasó a depender, junto a Fitero y Veruela, del monasterio francés de l’Escale-Dieu.

HOSPEDERÍA DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

ALBERGUE Y HOSPEDERÍA DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

El templo se construyó durante los siglos XII y XIII, en la época de mayor prosperidad del monasterio, en estilo Románico cisterciense de gran pureza. Buscando la belleza a través de la sencillez, la ausencia de ornamento hace recaer el protagonismo en la piedra tallada. Durante estos dos siglos se construyeron la mayoría de los elementos arquitectónicos que se conservan en la actualidad: la Iglesia abacial, la Sala Capitular, la Capilla de San Jesucristo, los Sepulcros, la antigua cocina, los canales hidráulicos, y los restos de las dependencias monacales.

La Iglesia abacial cisterciense tiene forma de T, ya que parte del modelo más generalizado en la orden. El interior tiene 74 metros de largo, 37 metros de crucero, es decir la mitad del largo, y a su vez, 18,5 metros de altura, que es la mitad del crucero. Son las proporciones de una sobria nave en equilibrio y armonía.

En la fachada occidental, a los pies del templo, se conserva la portada principal con un rico programa escultórico, formado por un arco de entrada, un curioso alero que cuenta la historia de la música, y los rosetones laterales. Su torre fue construida con posterioridad en estilo renacentista.

FACHADA DE LA IGLESIA DE LA REAL DE LA OLIVA

PÓRTICO DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

La Sala Capitular es contemporánea de la cabecera, pues eran los elementos indispensables para la vida de la comunidad, y por lo tanto su construcción se hacía prioritaria. Es una preciosa estancia, probablemente más antigua de su género de España, donde los monjes reciben las enseñanzas y organizaban la vida monacal. De planta cuadrada, se distribuye en nueve tramos sustentados por esbeltas columnas.

La cocina es una sala rectangular formada por dos poderosos tramos apuntados. Inicialmente, tenía la chimenea central, pero en el siglo XVI se trasladó a la pared del claustro como se nota el deterioro de las piedras.

La Capilla de San Jesucristo es la primera iglesia que levantó la comunidad monástica cuando se instaló. Es una copia en miniatura del gran templo monástico, conservando toda la pureza cisterciense. En sus piedras se aprecian marcas de canteros similares a las de la iglesia mayor, lo que asegura que ambos templos fueron levantados por los mismos artesanos.


INTERIOR DE LA IGLESIA ABACIAL

SACRISTÍA NUEVA

El monasterio creció y prosperó al amparo de la protección de la monarquía y la nobleza navarras y a través de nuevas y generosas donaciones se convirtió en uno de los monasterios más poderosos de la época. Tierras viñedos y una amplia biblioteca fueron sus más apreciadas riquezas. Tuvieron cierta influencia en el ámbito político ya que contaba con privilegio de asiento y voto en las Cortes de Navarra, es decir, derecho a participar en las asambleas deliberativas que convocaban los reyes.

El claustro se fue construyendo entre los siglos XIV y XV, siendo el lado oriental y sur en gótico del XIV, y el lado norte más tardío, en gótico flamígero de finales del XV, más recargado en decoración y alejado del sobrio arte cisterciense. Está formado por cuatro crujías con seis tramos cada una. Sus capiteles están ricamente ornamentados en su mayor parte con motivos referentes a la vid, poniendo de manifiesto la importancia del vino en estas tierras ribereñas. De hecho, de esa misma época, siglo XIV, data la construcción de la antigua bodega.

CAPITELES CON RACIMOS DE UVAS

Y ya en la Modernidad, se construyeron la Sacristía, en el siglo XVI, y el Palacio abacial, en el XVIII.

Frente a la fachada de la iglesia se encuentra una amplia plaza conformada por la antigua residencia abacial y la hospedería de 1780, cuya fachada tiene una clara influencia mozárabe aragonesa. En la actualidad conserva su función de hospedaje.

A lo largo del siglo XIX, los monjes sufrieron hasta tres expulsiones del monasterio:

1ª expulsión: Iniciada la invasión francesa de 1808, las tropas napoleónicas tomaron y saquearon el monasterio en 1809, durando el expolio y abandono hasta 1814, cuando tras el asedio a Vitoria los franceses abandonaron definitivamente España.

2ª expulsión: Durante el Trienio Liberal, los monjes fueron expulsados de nuevo del monasterio entre los años 1821 y 1823.

3ª expulsión: La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso el abandono del monasterio y su ruina durante 91 años. La biblioteca y el archivo fueron confiscados y la iglesia se convirtió en almacén y cuadra.

En 1926, llegaron los primeros monjes de una comunidad cisterciense para acondicionar el lugar después de un acuerdo con la Diputación Foral.


CLAUSTRO GÓTICO

CLAUSTRO GÓTICO

De severa y equilibrada arquitectura, mantiene su ritmo de vida particular ajustado al horario de la Edad Media, cuando los monjes se levantaban a las dos de la madrugada para entonar maitines y a partir de ahí seguir una ordenada vida de trabajo y rezo. En la actualidad, tan solo se han retrasado el horario un par de horas. Así, a las 4:00 los monjes entonan maitines, a las 12:30 se cierra el horario de visitas para que coman y descanses, y a las 15:30 se reabre el monasterio.

En la Edad Media, los monjes se levantaban a las cuatro de la madrugada para ir a celebrar maitines. A partir de ahí se establecía una serie de rezos, siempre a la misma hora, que dieron lugar a las horas canónicas, que regían las vidas de monjes y seglares. Maitines, laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas, y a dormir. Para medir el tiempo tan regulado se empleaban rudimentarios relojes de arena, clepsidras, relojes de luna, se observaba el movimiento de los astros y se atendía a la intuición de los sentidos, lo que ocasionaba algún madrugón inoportuno.

PATIO DE ENTRADA, IGLESIA Y ALBERGUE

El reloj de lunar es una especie de reloj de sol en el que la sombra que proyecta el gnomon es la de la luna. Cuando mejor funciona es, evidentemente, con luna llena, que en la fase de luna nueva no hay ni luz ni reloj posible.

El reloj de arena tiene un funcionamiento muy similar a la clepsidra, donde el agua es sustituida por granos de arena.

El reloj de vela también tiene función de medición cronológica si todas las velas son del mismo grosor y tipo de cera, si todas tardan el mismo tiempo en consumirse, y si todas tienen las mismas marcas que señalen los intervalos temporales.

La clepsidra, que en griego significa "robar agua", mide el tiempo que transcurre caer toda el agua de un recipiente en alto a otro en el suelo mediante un flujo regulado.

Diariamente los monjes realizan liturgias cantadas en lengua vernácula: Rezos a las 4:30; Eucaristía a las 8:15; Sexta a las 12:45; Nona a las 15:10; Vísperas a las 18:30; y Completas y Salve a las 20:45.

CLAUSTRO GÓTICO, FRONTAL Y TORRE RENACENTISTA

El Monasterio de la Oliva forma parte de la Ruta de la Ribera del Románico, un conjunto de villas al sur de Navarra con rico patrimonio histórico y artístico basado en este estilo arquitectónico, el Románico, y en torno a un río, el Ebro: Tudela, Fustiñana, Cabanillas, Tulebras y Fitero.

Junto al Monasterio de la Oliva y puerta de entrada al Parque Natural de las Bardenas Reales, se encuentra la villa de Carcastillo, punto de descanso de los pastores trashumantes que viajaban desde los montes del Pirineo navarro hasta las Bardenas.

También está cercano la despoblada villa medieval de Rada, del siglo XII, en proceso de recuperación arqueológica. Conserva parte de la muralla, su iglesia y partes de la estructura urbana. Es también un excelente mirador desde el que poder ver la llanura del somontano de Olite y la serranía de Ujué con su iglesia-fortaleza al norte; la vega del río Aragón y sus menados a sus lados; y el desierto de las Bardenas Reales al sur.

La Bodega Abadía de la Oliva recupera la tradición de la elaboración de vinos y aceites de la Borgoña francesa, origen de la abadía del Cister.

MAQUETAS DEL MONASTERIO

MAQUETAS DEL MONASTERIO

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA OLIVA MONUMENTO NACIONAL

26/12/2025

Constructores navales vascos de la Armada de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII


Los constructores navales vascos de los siglos XVI a XVIII eran maestros carpinteros de embarcaciones de todas las dimensiones y tonelajes con las proporciones adecuadas. Hasta bien entrado el XVIII, el eje fundamental de su formación fue la experiencia transmitida y no la investigación científica. Es decir, los constructores aprendían sobre el terreno, transmitían sus conocimientos técnicos de unos a otros y aplicaban las soluciones que mayor éxito habían tenido en los diferentes prototipos navales.

Estos industriales marítimos no constituyeron un grupo homogéneo pues se distinguían entre los que fabricaban grandes unidades con destino principalmente a las Reales Armadas del mar Océano o las Reales Flotas mercantes de la Carrera de Indias y los que construían pequeñas y medianas embarcaciones para clientes particulares que practicaban el transporte de mercancía a pequeña escala y la pesca de cabotaje.

Los constructores de medianas y pequeñas embarcaciones integraron un grupo bastante homogéneo en cuanto a sus características. Además de ser maestros en la carpintería de ribera, solían tener sólidos conocimientos de calafatería, que en ocasiones les permitía alcanzar el grado de oficiales o incluso de maestros navales. Pero no solían recibir el calificativo de maestros de fábricas navales. Asimismo, solían combinar esta actividad con cualquier otro trabajo de carpintería, incluso, la pesca o el comercio. La mayoría de ellos trabajó en los astilleros de su municipio o de localidades vecinas por el ahorro y ventajas económicas que ello les suponía.

Los fabricantes de grandes embarcaciones formaban una élite dentro del sector industrial. Algunos, mediante asiento o contrato real, construían buques de guerra para las Reales Armadas del mar Océano entre los siglos XVI y XVIII. Otros fabricaron grandes embarcaciones mercantes para las Reales Flotas de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII, y para la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y la de Filipinas en el XVIII.

CONSTRUCTORES NAVALES VASCOS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Entre los siglos XVI y XVIII, un grupo de constructores navales vascos alcanzaron gran fortuna y prestigio, llegando a monopolizar la producción de grandes embarcaciones, en unos casos por el número de pedidos que tuvieron, y en otros, por el volumen de toneladas fabricadas y la complejidad técnica. En su mayoría eran guipuzcoanos, aunque también hubo vizcaínos.

Los más representativos constructores y asentistas vascos que botaron galeones para Real Armada del mar Océano o la Real Flota de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII fueron:


01. MARTÍN DE VILLAVICIOSA

Martín de Villaviciosa, natural de Pasajes, fue el más destacado constructor naval de una saga de marinos del siglo XVI, cuyas embarcaciones participaron en varias expediciones marítimas, como por ejemplo la de Magallanes y Elcano a las islas de las Especias entre 1519 y 1522; y otras, las de mayores tonelajes, formaron parte de las Reales Armadas del mar Océano.

Siendo general de marina, compaginó sus servicios en las armadas con la manufactura de algunas naos y galeones con arqueos superiores a las 300 toneladas, considerados grandes para la época, y siempre en astilleros de Pasajes, principalmente los de Bordalaborda y Barrio Vizcaya. Una de estas unidades fue el galeón La Trinidad de 653 toneladas, fabricado en 1550.

En la década de 1570, varias naos fueron construidas en los astilleros de Pasajes por uno de los almirantes Villaviciosa, estas fueron: María del Pasages, de 362 toneladas; San Nicolás, de 350; y San Salvador. Volvió a efectuar dos fábricas al año siguiente: la nao Capitana, en el astillero de Bodalaborda; y el galeón San Salvador, de 700 toneladas, en Pasajes. Continuó en Bodalaborda para efectuar una embarcación con el nombre de María, de 346 toneladas, en 1578.


02. MIGUEL DE OQUENDO

Miguel de Oquendo y Domínguez de Segura, natural de San Sebastián, fue constructor naval en la segunda mitad del siglo XVI además de marino de guerra. Pasó a la historia por ser almirante general de la Real Armada de mar Océano y teniente de la Gran Real Armada de la expedición a Inglaterra de 1588 al mando de la Real Armada de Guipúzcoa.

En los astilleros de Pasajes construyó varios galeones con destino a la Reales Armadas de la Monarquía de Felipe II: los galeones Santa Ana, de 1.200 toneladas, y la Capitana Real, de 1.500, en 1570, y el San Salvador, de 800 toneladas. Fue propietario de una embarcación de estas características con la que combatió en la jornada de Oran de 1575.

MIGUEL DE OQUENDO Y DOMÍNGUEZ DE SEGURO


03. ANTONIO DE URQUIOLA

Antonio de Urquiola, natural de Guetaria, fue superintendente de la Real Fábrica de Navíos y Galeones de Santiago en el Urola y las de Lezo y Pasajes, a finales de siglo XVI, y general de la Real Escuadra de Cantabria. Entre sus naos destaca la San Juan Bautista, buque insignia del almirante Aramburu. En el plano bélico, participó en la expedición de las Azores de 1591, entre otros combates.


04. AGUSTÍN DE OJEDA

Agustín de Ojeda, natural de Fuenterrabía, fue capitán de marina y principal constructor y asentista naval vasco de galeones para la Armada en la década de 1590, que fueron ejecutados en las gradas de Pasaia y Bilbao. Su meritoria labor le valió para que en 1617, la Corte de Felipe III le nombrara superintendente de las Reales Fábricas, Plantíos y Montes de Guipúzcoa.


05. DOMINGO DE GOYZUETA

Domingo de Goyzueta, natural de Rentería, fue fabricante naval en los astilleros de su villa natal, entre ellos en el Astillero de la Magdalena, entre los años 1590 y 1614. Para ello, utilizó maderas de los montes concejiles de Rentería, fomentando la industria naval municipal, uno de sus principales sectores económicos.

Entre 1590 y 1606, se dedicó a la labra de embarcaciones de todos los tamaños, para uso privativo o por encargo de particulares. A partir de 1606, posiblemente al amparo de las subvenciones reales, firmó varios asientos con la Corona para labra de galeones de las Reales Armadas del mar Océano. Uno de estos asientos, firmado en 1606, se le obligó a fabricar tres galeones de guerra; y otro en 1608, por el que hizo otros tantos galeones con el mismo destino.


06. JOANES DE SOROA

Joanes de Soroa, natural de Usurbil, fue constructor naval guipuzcoano y maestro mayor de la Reales Fábricas Navales, llegando a dirigir la realización de varios galeones y embarcaciones capitanas para la Real Armada del mar Océano y las Reales Flotas de la Carrera de Indias, entre los años 1602 y 1625. Además de estas unidades, también elaboró varios bajeles y gabarras para clientes particulares. Los centros astilleros que utilizó fueron los de Rentería, Usurbil y Zumaya.

Fabricó una gabarra real en Pasajes para conducir a la infanta María Teresa en 1660 a la isla de los Faisanes con motivo de su boda con el rey de Francia Luis XIV.


07. SAN JUAN DE OLAZÁBAL

San Juan de Olazábal, natural de Rentería, fue capitán de marina, armador naval y constructor de navíos durante cuarenta años, entre 1600 y 1640.

Entre los años 1600 y 1633 construyó, cuando menos, 21 buques en los astilleros de Rentería y de Fuenterrabía. Una parte importante de esta producción estuvo destinada a las Reales Armadas del Mar Océano y de la Carrera de Indias. Por esta circunstancia se especializó en la manufactura de naves de gran tamaño, generalmente galeones, que registraron arqueos superiores a las 500 toneladas en la mayoría de las unidades. De igual manera, fabricó otros buques, así bien de gran tonelaje, por encargo de algunos clientes guipuzcoanos que tuvieron, asimismo, como destinos la Carrera de Indias y el servicio a la Corona.



08. SANTIAGO DE LARRAGUIBEL

Santiago de Larraguibel, natural de Deva, comenzó como maese carpintero de ribera de Deva, generando una expansión de la industria naval de Deva, junto a otros. Entre 1625 y 1639, fabricaba naves de cabotaje de pequeñas y medianas dimensiones, siendo sus clientes comerciantes vascos vinculados al transporte del mineral de hierro vizcaíno.

Entre 1635 y 1637, ejerció como contramaestre en los tres galeones: una Capitana de 600 toneladas y dos galeones de 400, con destino a la Real Armada del mar Océano, que construyó Francisco de Lasarte por orden del Marqués de Valparaíso. Como contramaestre, estivo encargado de proporcionar toda la madera, tabla y pertrechos necesarios para sus fábricas.


09. JUAN DE HOYOS

Juan de Hoyos formó parte de un grupo de asentistas-constructores vascos en el que se apoyó Felipe IV para consolidar el poderío naval hispano durante la Guerra de los Treinta Años hasta el Tratado de Westfalia en 1639. Otra de sus misiones fue la de reconvertir algunos navíos que se estaban construyendo para navegar en corso en barcos mercantes de la Real Flota de la Carrera de Indias, solucionando problemas técnicos bastante complejos.


10. FRANCISCO DE BUSTINZORO

Francisco de Bustinzoro, natural de San Sebastián, fue el capitán de marina y constructor naval que se ofreció a fabricar dos galeones de guerra de guerra de 600 a 700 toneladas cada uno, en 1629. Ambas embarcaciones se integrarían a la Real Armada española que se estaba organizando para recuperar la plaza de Pernambuco, recién sitiada por una flota holandesa, durante la Guerra de los Treinta Años.

Dicho contratista hizo la entrega de los dos buques en Lisboa, donde tripulados de gente y armados de artillería partieron en conserva de la Flota mercantes de los Galeones de la Plata, que llevaba a su cargo el general Antonio de Oquendo.

NAVÍO DEL SIGLO XVI


11. ANTONIO LAJUST

Antonio Lajust fue un importante constructor naval y asentista real de la primera mitad del XVII, especializado en la tipología de galeón cuyo peso era siempre superior a 500 toneladas. Estuvo muy vinculado al comercio transatlántico, e invertía parte de sus beneficios en la construcción naval, en las factorías de San Sebastián, Pasajes y Usurbil.

Estas unidades tenían como destino el comercio en el Atlántico y las flotas de la Carrera de Indias, unas veces por parte de los particulares, y otras de la Corona.

Entre los años 1614 y 1621, realizó los siguientes galeones: Santa Cruz (550 toneladas); Nuestra Señora del Juncal (650); Nuestra Señora de Aránzazu (600); Nuestra Señora de la Asunción (650); La Santísima Trinidad (600); San José (600); Santiago (600); Santa Theresa (600); Nuestra Señora del Rosario (500); Santa Gertrudiz (600); San Antonio de Padua (600); y un último galeón para la Real Armada de Guipúzcoa.


12. DOMINGO DE ECHEVERRI Y ROBER

Domingo Juan de Echeverri y Rober, natural de San Sebastián, almirante de marina y constructor naval que estuvo al servicio de la Armada desde 1639 hasta 1667, llegando a ser también general de la Real Armada de la Carrera de Indias en 1664 y 1666. En 1665, fue nombrado capitán de la Maestranza de Cantabria, y durante diez años estuvo a cargo de la mayor parte de las naves que se componían para las Armadas Reales en Guarnizo, Fuenterrabía, Pasajes, Bilbao y otros astilleros.

Fue comisionado a Países Bajos junto a Ignacio de Soroa para estudiar la construcción naval en sus astilleros y reconocer bajeles en venta. A su regreso, propuso adoptar el sistema de fabricación de embarcaciones de los holandeses, que hacía diferencia entre buques mercantes y buques de guerra, con planteamientos regulados y experimentados en hidrostática, geometría y aritmética.

En 1666, publicó unas excelentes Instrucciones generales para la navegación y combate, de Echeverri, a la armada y flota de Nueva España, en colaboración con sus hermanos también generales de marina y tratadistas náuticos.


13. IGNACIO DE SOROA

Ignacio de Soroa, natural de Usurbil, fue reputado en su tiempo como uno de los mejores fabricantes navales del Cantábrico. Ostentó el cargo de capitán de Maestranza de las Fábricas del Rey en Cantabria. Asimismo, su valía profesional hizo que fuera la persona elegida por la Corona para ir a Holanda al desempeño de una comisión técnica. Su carrera profesional la desarrolló por entero en los astilleros guipuzcoanos, siendo uno de los constructores vascos con una de las nóminas de barcos más extensa del XVII. Entre 1664 y 1686, se especializó en la manufactura de galeones de gran tonelaje, para la Real Armada del mar Océano como a la Real Armada de la Carrera de Indias.

Sus principales galeones en Usurbil fueron: el Buen Jesús de 600 toneladas, en Usurbil, en 1664; el San Vicente de 803 toneladas, en Pasajes, en 1666; el Capitana y el Almiranta en Mápil, en 1667; el Nuestra Señora de la Almudena de 822 toneladas, en Usurbil, en 1668; otra Capitana de 1.293 toneladas, en 1672. En el astillero de Rutarte fabricó el galeón Nuestra Señora de Guadalupe, de 700 toneladas, en 1675; una Capitana de 800 toneladas y una Almiranta de 761, en 1677. Su máximo apogeo lo consiguió en la construcción de toda una flota de galeones cuyo porte conjunto debía sumar las 3.600 toneladas en en los astilleros de Rentería, a partir de 1678. Su último asiento fue el galeón El Santísimo Sacramento, en 1686.

IGNACIO DE SOROA


14. BLASCO DE ECHEVESTE

Blasco de Echeveste, natural de Usurbil, fue maestro constructor de algunos galeones en las instalaciones navales del río Oria, para capitanes de mar y guerra, a mediados del siglo XVII.

La primera unidad se sirvió para el capitán Cristóbal de Echeverría en las gradas de Urdayaga, en 1646. El navío San Nicolás se entregó al capitán Francisco de Iturriza, en 1657. Y el tercer y último galeón lo fabricó el capitán Miguel de Learizteguieta y Luis de Córdova, que elaboró en los astilleros de Orio, en 1665.


15.
JUAN DE OLAETA

Juan de Olaeta, natural de Bilbao, fue constructor naval y asentista real que entregó algunos galeones para la Corona entre los años 1679 y 1683. El primer contrato estuvo basado en la fabricación de dos galeones de 800 toneladas para la Real Flota de la Carrera de Indias, en el Astillero de Mundaca, a un precio de 36 ducados la tonelada y una fecha de entrega en agosto de 1680. Debido a retrasos en el adelanto de dinero por parte de la Corona y la amenaza de invasión francesa, se entregaron en octubre de 1681.

Un año después, se ofreció a fabricar otro galeón de similares características para la Carrera de Indias. Su fábrica se realizó en los Astilleros de Lida y de la ría de Mundaca, pero fue entregado en el puerto de Pasajes, en 1683, utilizando maderas del monte de Achera, propio de las anteiglesias de Ibarranguelua y Gautéguiz de Arteaga.


16. PEDRO DE ARÓSTEGUI

Pedro de Aróstegui, natural de San Sebastián, fue constructor naval de galeones para la Real Armada española en los astilleros de Basanoaga y de Mápil entre 1680 y 1700.

Sus principales asientos fueron dos galeones de más de 880 toneladas, la capitana Nuestra Señora del Rosario y la almiranta Jesús María y Joseph, más un patache Nuestra Señora de las Estrellas, en el Astillero de Basanoaga, en 1680; otros dos galeones de 1.200 toneladas cada uno en Basanoaga, en 1683; y la almiranta San Joaquín de 1.077 toneladas y la capitana San Joseph de 1.066, en el Astillero de Mápil, en 1696. Estas unidades se integraron en alguna las Reales Armadas de Carlos IV.


23/12/2025

Jerónimo de Mendieta


Eclesiástico franciscano, cronista de las Indias, defensor de indios, autor de una crónica de la cristianización y colonización en el Virreinato de la Nueva España llamada Historia Eclesiástica Indiana en 1596

JERÓNIMO DE MENDIETA

Jerónimo de Mendieta era natural de Vitoria, donde nació en 1525.

A los veinte años de edad años se ordenó franciscano en Bilbao. En 1554 fue enviado al Virreinato de la Nueva España, donde ejerció labores de evangelización y aprendía la lengua de los indígenas.

En 1570, regresó a España de camino para Roma, donde asistió al Capítulo General de la Orden franciscana. Propuso algunas reformas al Consejo de Indias para fortalecer la autoridad del virrey y para beneficiar a los indios.

Retornó a México, en 1571. Los cargos y responsabilidades se sucedieron en su persona. Fue padre guardián, padre superior y padre definidor. Ennoblece a todos con su vida ejemplar, pero su admiración y reconocimiento radicaba en sus aportaciones como cronista e historiador.

Su obra fue amplia, siendo el cronista por antonomasia de las grandes construcciones de la Nueva España. Su obra Historia Eclesiástica Indiana, terminada en 1596, es una crónica de la evangelización en la Nueva España, en ella también describió la situación cultural de los pueblos caribeños.

Mendieta describió la evangelización como la entrega de unos hombres empeñados en abrir las puertas del Cielo a las almas de los "salvajes", recorriendo vastos y sinuosos territorios llenos de peligros desconocidos, sin recursos y solitarios, siempre en busca de convertir a los indios. Describía a los misioneros casi como ángeles sobre la tierra, como santos que andaban descalzos, que caminaban solitarios por lugares inhóspitos para evangelizar indios. Fueron los que introdujeron el Cristianismo sin necesidad de las armas, ni de la guerra, ni de la riqueza. Estaban totalmente entregados a un nivel evangélico primitivo. Describió así una época dorada donde la fe cristiana se expandía sin la imposición de la espada.

Según explicó Mendieta, la intención primera de la conquista fue la de cristianizar aquellas tierras, pero que el afán de riqueza de los nuevos colonos que llegaban consiguió una perturbación y un estorbo para lo que él consideraba la labor fundamental: la salvación de las almas de los indios que no conocían la luz de Cristo.

HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIA, POR JERÓNIMO DE MENDIETA

Mendieta denunciaba con valentía los excesos y abusos de los colonizadores, así como el cambio de los valores principales de la conquista, en especial la ambición de los colonizadores para hacerse rico a cualquier precio. También planteaba los problemas religiosos y políticos en una carta dirigida a Felipe II. Toda su obra está escrita en un estilo clásico, muy al gusto de la época.

Para Mendieta, el rumbo que estaba adquiriendo la Conquista y el establecimiento del régimen virreinal donde se pasaba muchas veces de enseñar al indio a explotarlo, y donde las encomiendas se convertían en sistemas de producción basados prácticamente en una forma de esclavitud, y no en focos de educación cristiana, habría que cambiarlo.

Propuso la limitación del sistema de las encomiendas y un mayor poder para los frailes en contra del poder civil que representaban los alcaldes mayores y los funcionarios de la Real Hacienda, a la vez que apostaba por un cambio en el sistema tributario hacia un régimen más austero y difícil de cumplir. Así, pretendía que los alcaldes mayores y funcionarios de la Real Hacienda fueran eliminados, y que a los frailes recuperasen sus privilegios, así como su autoridad en las comunidades indígenas porque ellos eran los únicos que los podían defender.

Aunque tardó tres siglos en salir a la luz, su contenido transcendió, ya que Mendieta había confiado el manuscrito a fray Juan de Torquemada, quien hizo una edición parcial bajo el título de Monarquía indiana, en la que había suprimido los pasajes conflictivos. Su contenido es claro, tanto que la Casa Real impidió su publicación. Siglos después, en 1870, se imprimió en México por el editor Joaquín García Icazbalceta.

JERÓNIMO DE MENDIETA DEFENSOR DE INDIOS

La visión que tuvo Jerónimo de Mendieta de los indígenas era totalmente patriarcal. Contemplaba al indio como un ser lleno de valores cristianos naturales: humilde, sumiso, indefenso, carente de ambiciones y posesiones materiales, pero que debe ser protegido y cuidado. Y esta actitud paternalista es la que habían seguido los religiosos desde un principio: protegerlos como sus padres espirituales porque ellos no pueden protegerse a sí mismos.

La defensa del indio le trajo a Mendieta muchos problemas y enemigos. Sus cartas al rey y al Consejo de Indias, denunciando abusos y atropellos, fueron en parte la base para cambios importantes en la legislación, así como las denuncias de Las Casas y Montesinos.

Siguiendo las doctrinas de San Francisco, hizo de la pobreza la máxima expresión del Cristianismo. Fue un hombre que se movió entre dos posiciones: la de una iglesia que debía controlarlo todo, a favor de la jerarquía eclesiástica para hacer frente a la separación protestante, que es la posición de la Contrarreforma: pero al mismo tiempo una iglesia identificada con los pobres y en defensa de los humildes, que es esta visión franciscana, erasmista, y toda visión de la prerreforma.

Mendieta relató en su obra cómo los indios veían el mundo, cómo observaban a los hombres y de qué modo influyó la cristianización en ellos. Así dice:
"Mas los hombres no los pintaban hermosos, sino feos, como a sus propios dioses, que así se lo enseñaban y en tales monstruosas figuras se les aparecían, y permitíalo Dios que la figura de sus cuerpos asemejase a la que tenían sus almas por el pecado en que siempre permanecían. Mas después que fueron cristianos, y vieron nuestras imágenes de Flandes y de Italia, no hay retablo ni imagen, por prima que sea, que no la retraten y contrahagan."

Lo consideraban "el mentiroso", que no creían lo que daba a entender, pero su gente lo envidiaba de sus estudios. Cuenta cómo recopila los códices indígenas fray Andrés de Olmos, y éste hace un epílogo acerca de los mismos, y lo manda a la península con los estudios de Olmos sobre la cultura autóctona. Dejó clara la visión de indefensión en que creía que se hallaban los indios, y llegando a decir:
"Haciéndonos padres de esta mísera nación, y encomendándonoslos como hijos y niños chiquitos que son o a tales (que lo son), los criemos y adoctrinemos y amparemos y corrijamos, y los conservemos y aprovechemos en la fe y política cristiana."

Esa idea de una edad dorada que creó Mendieta, esa visión de un mundo idílico tuvo un fuerte impacto en la literatura posterior, influyendo en los escritores contemporáneos y posteriores que escribieron sobre la evangelización.

HISTORIA ECLESIÁSTICA INDIA, POR JERÓNIMO DE MENDIETA

20/12/2025

Batalla de San Marcial, por Augusto Ferrer-Dalmau


BATALLA DE SAN MARCIAL, POR AUGUSTO FERRER-DALMAU


El 31 de agosto de 1813, la batalla de San Marcial, en Irún, enfrentó al Cuarto Ejército español al mando del general Manuel Alberto Freire y al Ejército republicano francés del mariscal Nicolás Jean de Dieu Soult en el marco de la Guerra de la Independencia.

El ejército español aportaba la mayor parte de las tropas coaligadas junto el portugués y el inglés. Estaba distribuido en en primera línea en los campos de Sorueta y Enacoleta (III división), en las alturas del monte San Marcial (parte de la V división) y en los municipios de Irún y Fuenterrabía (VII división).

La aplastante victoria de las tropas coaligadas supuso el principio del final de la invasión de Napoleón Bonaparte en el territorio nacional. Durante el enfrentamiento armado, murieron 161 oficiales y 2.462 soldados españoles, mientras que unos 4.000 fueron las bajas francesas. Ingleses y portugueses apenas tuvieron pérdidas.

El pintor barcelonés Augusto Ferrer-Dalmau expresó la furia y valor de estos soldados de infantería en el óleo sobre lienzo La batalla de San Marcial, gracias al mecenazgo de la familia Aperribay. La obra fue expuesta en el Museo Oiasso de Irún y en el Palacio de Miramar de San Sebastián, formando parte de la exposición Tratados de Paz, con motivo del II Centenario de la batalla (1813-2013). En la actualidad se encuentra en los fondos del Museo del Ejército en Toledo.

15/12/2025

Primeras misiones marítimas de Pedro de Zubiaur a Flandes e Inglaterra entre 1568 y 1573


Siguiendo la tradición familiar, el capitán vizcaíno Pedro de Zubiaur se había dedicado a las armas marítimas desde joven. En 1568, a los veintiocho años de edad, realizó su primer servicio a la Monarquía de Felipe II poniéndose a disposición de la Real Armada española. Estaba al mando de dos zabras que había construido él mismo, pequeñas naos ligeras y maniobrables, entre mercantes y pesqueros de altura, muy bien artilladas, utilizadas en las escuadras como buques exploradores y mensajeros.

Su primera misión estuvo basada en el transporte de caudales a Flandes, pagas para las tropas del duque de Alba, el general Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, entonces en plena rebelión. La asignación de Zubiaur para esta misión de alto riesgo demuestra la confianza que el Real Consejo de Guerra había puesto en él por sus antecedentes familiares, así como por su experiencia en recorrer aguas del Atlántico norte.

PEDRO DE ZUBIAUR E IBARGUREN

A los pocos días de haber zarpado desde Bilbao, Zubiaur fue sorprendido por una armada de 40 navíos de hugonotes procedentes del puerto de La Rochelle, protestantes franceses con los que España estaba en conflicto por la Guerra de los Ochenta Años. Ante el riesgo de perder su valioso cargamento, pudo esquivarlos poniendo rubo a Inglaterra, país neutral en la contienda en aquel momento. Una vez a salvo en algún puerto inglés, estableció contacto con el embajador español en Londres, Guerán de Espés, quien le advirtió del peligro de salir a la mar a la primera ocasión favorable.

Sin embargo, no serían los navíos franceses su peor amenaza, sino la orden de Isabel I de Tudor de embargar todos los navíos españoles y portugueses atracados en sus puertos y arrestar a sus tripulantes. Trataba de compensar las pérdidas que habían sufrido los mercaderes ingleses que fueron capturados en Flandes por el duque de Alba y que apoyaban o colaboraban con los rebeldes flamencos mediante el comercio. Esta decisión afectó a decenas embarcaciones y cerca de 500 hombres, el resto o pudieron escapar o se declararon en rebeldía con Felipe II.

Durante un año, Zubiaur sufrió cautiverio, hasta que consiguió pagar el correspondiente rescate que lo liberó junto a otros 350 prisioneros españoles. Pero en esta desafortunada experiencia aprendió dos cosas: a fiarse únicamente de su propio juicio y el idioma inglés, lo que le posibilitaría futuras misiones.

Recuperó sus dos zabras sin los cargamentos monetarios, y llegó a Flandes, donde se puso a las órdenes del duque de Alba y le informó de lo sucedido. Este le envío de vuelta a España con la correspondencia a la Corte. Así terminó su primera misión al servicio de la Monarquía hispánica de Felipe II.

FERNANDO ÁLVAREZ DE TOLEDO Y PIMENTEL

La segunda misión de Pedro de Zubiaur ocurrió durante aquella guerra no declarada por el Reino de Inglaterra, durante su incursión por las costas del Virreinato de la Nueva España, el pirata Francis Drake había interceptado una caravana de mulas cargadas de plata en el río Chagres, en el tránsito desde Panamá hasta Nombre de Dios. Este acto de piratería inglesa sobre el territorio americano había cogido desprevenida a las autoridades virreinales, pues no se había dotado de una guarnición militar que respaldarse el valioso Tesoro del Perú, siendo capturado por Drake con 23 hombres en un solo barco.

Como ambos países estaban en paz y con relaciones diplomáticas normales, la Corte consideró que debía exigir una compensación por el expolio sufrido. Así, en 1573, la Casa de Contratación de Sevilla comisionó a Zubiaur para que viajase a Londres y reclamase la compensación oportuna ante la Corte. Esta acción debía realizarla con el nuevo embajador Bernardino de Mendoza, un veterano de la Guerra de Flandes y organizador de los servicios secretos españoles en Inglaterra. Pero, tras varias gestiones de todo tipo, no se obtuvieron resultados frente a contundente negativa de Isabel I. Aseguraba no saber nada de las aventuras de su corsario Drake, mientras se beneficiaba personalmente del producto de sus saqueos.

FRANCIS DRAKE