27/01/2026

Fundación de Pamplona de Indias por Pedro de Ursúa


Existe una veintena de ciudades con el nombre de Pamplona por todo el Mundo. Hay ocho localidades en las islas de Filipinas, tres en la República de México, otras tres en Colombia, dos en Perú, una en Cuba, otra en Panamá y otra, llamada Pamplonita, también en Colombia, y por supuesto la originaria y española Pamplona de la Comunidad foral de Navarra. Son ciudades fundadas por expedicionarios, colonizadores o administradores de origen navarro durante la época del Imperio español.

De todas estas, la más poblada e importante es Pamplona de Indias, fundada por el adelantado Pedro de Ursúa y el capitán Ortún Velázquez de Velasco en 1549. Todo comenzó cuando, en 1544, el navarro Miguel Díez de Aux y Armendáriz Saavedra llegaba a Cartagena de Indias con el cargo de juez de residencia y visitador de indios de un territorio que abarcaba las provincias de Cartagena, Santa Marta, Río San Juan y Popayán, conquistadas hacía pocos años y que pronto se integrarían en la gobernación del Nuevo Reino de Granada, a su vez en el Virreinato del Perú. Llegó acompañado de su sobrino Pedro de Ursúa y Díaz de Armendáriz, ambos pertenecientes al linaje aristocrático de los Armendáriz del valle del Baztán, cuando el Reino de Navarra ya formaba parte de la Monarquía del emperador Carlos V.

FUNDACIÓN DE PAMPLONA DE INDIAS POR PEDRO DE URSÚA

Mientras el gobernador Miguel se dedicaba a visitar, ajusticiar, fiscalizar y hacer la residencia de esta gobernación, en plena transición neogranadina entre la conquista y la colonización, envió a Pedro a colonizar y pacificar el territorio inexplorado. Siendo teniente de gobernación de la recién fundada Santa Fe de Bogotá y justicia mayor de Santa Marta, Ursúa se destacó en la pacificación de los indios panches al suroccidente de Santa Fe.

Su siguiente misión fue la expedición a la Sierra Nevada de Santa Marta, que estuvo dividida en dos partes. Una partió de Tunja al mando de Velázquez en agosto de 1549 con el objetivo de explorar y poblar la Sierra Nevada, próxima a este enclave de la que era encomendero. Por orden del gobernador Miguel Díez de Armendáriz, Ursúa comenzó casi inmediatamente otra partida desde Santa Fe. Llegó al territorio Guane, pacificó a los indios panches al suroeste de Santa Fe, y exploró el norte del Nuevo Reino de Granada. Ambos grupos expedicionarios se unieron bajo el liderazgo del comandante Ursúa, después de haber recorrido las tierras de Sogamoso y el territorio ocupado por los indios Laches.

ACTO FUNDACIONAL DE PAMPLONA DE INDIAS POR PEDRO DE URSÚA

El 1 de noviembre de 1549, día de Todos los Santos, Ursúa fundó la ciudad de Nueva Pamplona del Valle del Espíritu Santo, en tierra de indios chitareros. El término de Nueva Pamplona era un homenaje a la capital de Navarra y el Valle del Espíritu Santo hacía referencia a un espacio que fue descubierto en la víspera de Pentecostés. Por este valle discurre el río Pamplonita, está rodeado de altos cerros y tiene un ecuatorial clima frío y húmedo.

La ciudad de Pamplona de Indias, también denominada Ciudad de Ursúa, fue organizada por los 136 expedicionarios supervivientes, quedando dividida en 136 solares originarios. Alrededor de un centenar de indios chitareros fueron repartidos entre 53 encomiendas. Ursúa dejó bien organizada la ciudad, que gobernó durante un año.

A su regreso a Santa Fe, su tío había sido apartado de sus cargos administrativos, pero las buenas actuaciones de Ursúa le valieron para que la recién fundada Real Audiencia renovase su confianza en él. La siguiente misión era la expedición para la pacificación del territorio de los muzos. Derrotados los indígenas, Ursúa fundó la ciudad de Tudela de los Muzos, y también derrotó a los indios tayronas y sofocó una rebelión de cimarrones. Sin embargo, Tudela fue destruida por los muzos poco tiempo después.

PAMPLONA SOBRE EL VALLE DE ESPÍRITU SANTO

Por real cédula del 3 de agosto de 1555, el emperador Carlos V concedió a Pamplona de Indias el título de "Muy noble y muy hidalga ciudad", y se fundó la Provincia de Pamplona, siendo esta ciudad su cabecera administrativa.

Desde Pamplona de Indias partieron las expediciones que más tarde fundaron entre otras las poblaciones de Ocaña, Salazar de las Palmas, Chinácota, San Faustino, Bucaramanga y San José de Cúcuta (en la actual Colombia) y de Mérida, San Cristóbal y La Grita (en la actual Venezuela).

A finales del siglo XVI, las provincias de Santa Marta, Cartagena, Popayán, Santa Fe y Pamplona, entre otras, formaría el Nuevo Reino de Granada en el Virreinato del Perú. A partir de 1717, esta gobernación pasaría a ser el Virreinato de Nueva Granada, por orden del rey Felipe V, administración en la que permaneció Pamplona de Indias hasta el proceso de emancipación colombiana entre 1810 y 1821.

En la actualidad, Pamplona de Colombia está ubicada al norte de la república, en el departamento de Norte de Santander, y habitada por unos 60.000 habitantes. Esta hermanada con la Pamplona española.

En el Parque Principal Águeda Gallardo y frente a la Catedra de Santa Clara se levanta un busto de Pedro de Ursúa, en homenaje al fundador de la ciudad, escoltado por los bustos de la aristócrata revolucionaria Águeda Gallardo de Villamizar y el general y presidente Ramon González Valencia.

ESCULTURA DE PEDRO DE URSÚA EN PAMPLONA

21/01/2026

Gabriel Álvarez de Mendizabal e Iraeta


Teniente general de los Ejércitos nacionales durante la Guerra de la Independencia, diputado del Señorío, jefe político de Vizcaya, y presidente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina

GABRIEL ÁLVAREZ DE MENDIZABAL E IRAETA

Gabriel María Álvarez de Mendizábal e Iraeta era natural de Vergara, Guipúzcoa, donde nació en 1765. Sus padres fueron Manuel de Mendizábal y Juana Javiera de Iraeta, pertenecientes a linajes de pequeños propietarios rurales de una villa que se había convertido en un centro de difusión cultural y económica gracias al Real Seminario de Vergara.

A los 16 años, comenzó su carrera militar ingresando en la Academia Militar del Puerto de Santa María, que fue seguido en Regimiento España con grado de cadete.

En junio de 1785, fue ascendido a subteniente de una compañía de granaderos para realizar sus primeros hechos de armas. Esta era una unidad de élite, a la vanguardia del ataque, especializada en efectuar brechas en fortificaciones. Su primera acción fue la defensa de la guarnición norteafricana de Orán, integrado en el Regimiento España. Desde aquí fue ascendido a teniente de otra compañía de fusileros, dentro del mismo regimiento que defendía esta plaza norteafricana.

GUERRA DE LA CONVENCIÓN FRANCESA

En 1793, tomó parte en la Guerra de la Convención francesa, siendo coronel del recién fundado Regimiento Voluntarios de Burgos, con el que operó en el norte de Portugal. Este conflicto hispano-galo tuvo su escenario principal en la frontera oriental, denominándose Guerra del Rosellón. Allí se distinguió en varias acciones como el ataque de Benet, en Perpiñán, en las batallas del campamento de Perestortes y Trullas, en el socorro a la plaza de Argelés y en los ataques contra El Bolo y Villalonga.

Después, fue trasladado a Guipúzcoa, como sargento mayor del Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa. En febrero de 1794, tuvo una destacada intervención en la batalla de Biriatu, villa labortana del territorio francés que había sido invadido. Sin embargo, una reacción del Ejército de los republicanos generó el repliegue del Ejército realista, cuya retirada estuvo organizada por Mendizábal, en agosto de 1794.

En Tolosa se reagruparon los batallones del general Martín Álvarez de Sotomayor, virrey de Navarra. Mendizábal se ocupó de defender el ala izquierda del ejército, rechazando el ataque de los republicanos. Mientras apoyaba el ala derecha fue herido de un balazo en el cuerpo, que le mantuvo convaleciente hasta noviembre.

Mendizábal fue reincorporado al frente del río Deba. Al mando de 6.000 combatientes, que habían sido reunidos en leva por las tres diputaciones vascas, logró rechazar en los montes de Elgueta a los 10.000 efectivos del general Moncey en su intento de asaltar Vitoria, retirándose hacia Vergara.

Por esta acción, en junio de 1795, fue ascendido a teniente coronel de Infantería del segundo Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa.

GABRIEL ÁLVAREZ DE MENDIZABAL E IRAETA

Tras la firma de la Paz de Basilea, el rey Carlos IV se aliaba con los convencionales de la República de Francia, y entraba en guerra con Gran Bretaña. Consiguió una serie de ascensos y distinciones: comandante en el regimiento Granada en febrero de 1796; el regimiento Zamora, en octubre; y el hábito de caballero de la Orden de Calatrava, en 1797. Un año después, tomando parte de la guerra contra los británicos, participó en el desembarco de Rochefort.

Al frente de un cuerpo de tiradores pudo repeler un intento de invasión de la flota inglesa en el fondeadero de Deix. Tras esta defensa, zarpó con la armada española desde este puerto, mientras era perseguido por la inglesa, hasta que arribó en El Ferrol.

El 23 de septiembre de 1804, entró en Bilbao al frente de un contingente armado para sofocar la revuelta conocida como la Zamacolada.

Pero sería la Guerra de la Independencia española el conflicto en el que Mendizábal más por el valor y serenidad con que luchó en diversas acciones. Desde el inicio, en mayo de 1808, permaneció junto a las tropas reales en contra de la invasión francesa de José Bonaparte.

Formó parte de la vanguardia del llamado Ejército de la Izquierda, en la batalla de Zornoza, en noviembre de 1808. A pesar de la derrota, resistió en el repliegue de las fuerzas hispano-inglesas hacia Galicia a finales de ese año.

En marzo de 1809, siendo brigadier, consiguió rendir a unos mil napoleónicos acantonados en Villafranca del Bierzo. En noviembre, siendo mariscal de campo de varias unidades de infantería, resistió a las tres cargas de la caballería francesa del general Kellermann en la batalla de Alba de Tormes. Por tales acciones, fue premiado con el ascenso a teniente general y el título de conde de Cuadro de Alba de Tormes.

BATALLA DE ALBA DE TORMES

En 1810, tomó parte del sitio de Badajoz, siendo capitán general interino de Extremadura. Dirigió una "Proclama a la guarnición y vecinos de Badajoz" (publicada en el Diario Mercantil de Cádiz, el 22 de octubre de 1810), en la que, para tranquilizar a la población de esta ciudad, ensalzó a su general en jefe.

En 1811, estuvo en la batalla de La Albuera, repitiendo la tácticamde Alba de Tormes, tratando de impedir una rotura y desbandada de las fuerzas aliadas. En reconocimiento, la Regencia gubernativa hizo entrega de un sable de honor, mientras que las Cortes Constituyentes en Cádiz lo declaraban benemérito de la Patria.

Su nuevo destino y cargo para el año 1812 fue el de teniente general del llamado Séptimo Ejército, con el que operó en el norte de España, en un territorio que comprendía las provincias Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra, La Rioja, Burgos y Santander. Bajo su mando se unificaron y regularon todas las partidas de guerrilleros en se había formado en las montañas de todo ese territorio, incluido el Corso Terrestre de Navarra, de Francisco Mina, o los guerrilleros vascos de Ramón Jauregui.

El primer objetivo fue recuperar Bilbao, que fue iniciado por Renovales el 11 de agosto y a los pocos días llegó Mendizábal. En calidad de jefe de ese ejército y en nombre de la Regencia de España, Mendizábal fue proclamando la Constitución de las Cortes de Cádiz en las tres provincias vascas a medida que sus tropas iban expulsando a los imperiales y liberando el territorio. El día 16 de agosto, en la capital vizcaína, lanzó una proclama a los habitantes de las provincias vascas, proponiéndoles a jurar la Constitución.

Tras perderse la ciudad, fue recuperada por Mendizábal y volvió a proclamar la carta magna en el 1 de octubre de 1812. Celebradas las Juntas Generales en la bilbaína iglesia de San Nicolás de Bari, y presididas por Mendizábal, aclamaron los Diputados generales a éste y al general Castaños. También pusieron algunas reservas a la Constitución para evitar lo que podía suponer una merma del régimen foral.

En diciembre de 1812, fue nombrado jefe político del Señorío de Vizcaya.

En la fase final de la guerra fue general en jefe del ala izquierda del cuarto ejército. Tras conocer el triunfo del Ejército aliado en la batalla de Vitoria, el 23 de junio de 1813 publicó un bando en Durango en el que anunciaba la buena noticia. En Bilbao, acusó a algunas autoridades locales de "mirar con ceño los triunfos de la Nación", debido a los grandes gastos y destrozos que generaba la guerra, o tal vez por sus antipatías hacia la Constitución.

BATALLA DE SAN MARCIAL

El 31 de agosto de 1813, peleó de forma voluntaria en la batalla de San Marcial, a pesar de haber recibido el día 27 el nombramiento para el mando militar de Castilla. Esta victoria consiguió rechazar la contraofensiva napoleónica bajo mando del mariscal Soult al norte del Bidasoa, abriendo así el camino a la invasión del territorio francés a los ejércitos aliados. La campaña napoleónica concluirá para él, con nuevas acciones de mérito, en la batalla de Tolouse en 1814.

Por sus heroicas acciones en la Guerra de la Independencia, Mendizábal fue condecorado con la máxima distinción, la Gran Cruz Laureada de San Fernando en 1815, y la de San Hermenegildo en 1819.

Tras el regreso del Régimen absolutista por Fernando VII, en 1814, Mendizábal fue requerido para la comisión para la organización de una expedición de socorro a Buenos Aires.

En 1815 se incorporó al del Consejo supremo de la Guerra, hasta 1619, y contrajo matrimonio con Josefa Gabriela de Zavala y Mendizábal.

Durante el Trienio Liberal de 1820-23, fue capitán general de Guipúzcoa y, después, comandante general de Navarra. Sus protestas ante el regreso de Fernando VII al poder, en 1823, lo convirtieron en un militar con ideales más cercanos al Liberalismo constitucional que al Régimen absolutista.

En 1834, fue nombrado decano Supremo de Guerra y Marina, cargo en el que permaneció hasta su fallecimiento, que se produjo en Madrid, en 1838.

19/01/2026

La Conquista de Albania, por Alfonso Ungría





La Conquista de Albania es una película española de 1983 dirigida por Alfonso Ungría, participada por el actores Xabier Elorriaga, José María Muñoz, Klara Badiola y Patxi Bisquert.

En el siglo XIV, Luis de Beaumont, hermano del rey Carlos II de Navarra, emprende un peligroso viaje a Albania para reclamar el trono que le corresponde por herencia de su esposa. Para ello, el rey envía una compañía de guerreros de la Compañía de Navarra, quienes se enfrentan a una odisea a través del Mediterráneo para luchar en una tierra lejana.

La película se caracteriza por su tono realista, su género histórico y su enfoque en la dura y peligrosa travesía mediterránea de los expedicionarios.


16/01/2026

Batalla de Orbaizeta en 1794


La batalla de Orbaizeta tuvo lugar en el pirineo navarro entre el 15 y el 17 de octubre de 1794 durante la Guerra de la Convención francesa de 1793- 1795, entre la Monarquía española del rey Carlos IV y la República francesa. Esta contienda estuvo englobada a su vez en la Guerra de la Primera Coalición, formada por Gran Bretaña, Austria, Prusia, Nápoles y Cerdeña-Piamonte, en 1792, y España y Portugal, en 1793. Enfrentaba a la Convención francesa de los ideales revolucionarios contra las Monarquías defensoras de los tradicionales sistemas absolutistas.

Desde 1793, la frontera francesa con Navarra y Guipúzcoa se convirtió en escenario de acciones militares entre las tropas convencionales y españolas. Tras un buen inicio para las tropas españolas del general Ventura Caro que habían ocupado gran parte del territorio del País Vasco francés, en 1794 el Ejército de los convencionales reaccionó. En junio de aquel año, en la Batalla del Valle de Baztán, las fuerzas españolas fueron derrotadas por las del general Bon Adrien de Moncey en el norte de Navarra. En agosto, las capturas francesas se fueron sucediendo en Guipúzcoa: San Marcia, Irún, Fuenterrabía, San Sebastián, Tolosa, y casi la totalidad de la provincia fue tomada entrado septiembre.

El siguiente objetivo iba a ser la ciudad de Pamplona. Moncey reorganizó su ejército para que cada regimiento de infantería estuviera formado por dos batallones de operaciones en campaña y un tercero sirviese de guarnición. Las compañías de granaderos de cada batallón se reunieron para formar una reserva, y se fue preparando una columna de asedio en Bayona bajo la dirección de Armand Samuel de Marescot con la finalidad de asaltar la capital navarra.

EL GENERAL MONCEY EN LA BATALLA DE ORBAIZETA

Además, el ya potente Ejército francés de los Pirineos Occidentales fue reforzado por 15.000 efectivos procedentes de la sofocada Rebelión de Vendée, aunque al final fueron 3.000 infantes y 500 jinetes que llegaron a mediados de septiembre. En total, el Ejército de los republicanos estaba formado por 52.000 combatientes repartidos en 64 batallones de infantería, 4 regimientos de caballería, además de 640 dragones y húsares, y estos a su vez en 5 divisiones al mando de los generales: Henri F. Delaborde, Jean Mauco, Thomas-Alexandre Dumas, Charles de Frégeville y Jean Antoine Marbot. Los generales de brigada que comandaron las operaciones de ataque fueron Pierre Bories de Castelpers, Jean Daniel Pinet, Pierre Rouché, Antoine Digonet, Louis Hyacinthe Le Feron.

El Ejército español del frente occidental contaban con 13.000 efectivos al mando del teniente general de Pedro Téllez-Girón, duque de Osuna. Tenía por generales de división a Juan Manuel Cagigal, Antonio Filingieri, Frías y Joaquín José Ibáñez-Cuevas y Valero.

A mediados de octubre, Moncey comenzaba su operación de invasión a Navarra en un amplio frente desde el valle de Baztán y el puerto de Ibañeta en dirección sur hacia Pamplona utilizando a 46.000 solados.

El día 15, por el este, la división de Delaborde atacó las posiciones de Filingieri en Mezquiriz, lugar ubicado a ocho kilómetros al suroeste de Roncesvalles, en dirección al valle del río Urrobi y del río Irati. Por el oeste, la ofensiva partió desde Leiza hacia Lecumberri. Y por el centro de estos ejes, la operación partió desde Doneztebe por el paso de Donamaria y desde Elizondo por el puerto de Velate y Lanz con destino a Sorauren.

Con este movimiento, Moncey pretendía rodear a las tropas españolas acantonadas en Eugui, Burguete y Roncesvalles, desplegando 11 batallones y 2 brigadas, además de 640 dragones y húsares. La línea española de la frontera navarra se trasladó a una nueva entre Aoiz y Pamplona, que, continuando por Irurzun y Lecumberri, cubría aquella plaza. A su vez, otra columna, mandada por el coronel Leferron, salió de Andoaín y, por Leiza y Gorriti, atacó el puesto de Lecumberri, el 16 de octubre. Los resistentes abandonaron la posición después de combatir y ante la llegada de otra columna procedente de Goizueta.

Al día siguiente, el Ejército republicano tomó Villanueva de Araquil, ubicada unos nueve kilómetros más al sur de Lecumberri. Ambas aldeas se encuentran en el extremo occidental del frente de ataque francés.

En el otro extremo, otra nueva columna a las órdenes del general Marbot, la cual se había divido en tres al pasar la frontera, se dirigió por su izquierda sobre Ochagavia y por su derecha sobre Orbaizeta. Capturó la Fábrica de Municiones de Orbaizeta, así como la Fábrica de Armas de Eugui y el almacén de mástiles de la Real Marina española situado junto al río Irati. Estas tres factorías militares resultaron un fuerte golpe para el Ejército español.

A la división de Delaborde se le reunía otra fuerte columna procedente de Santesteban que había cruzado la cordillera por Donamaría.

RESTOS DE LA FÁBRICA DE MUNICIONES DE ORBAIZETA

De los 4.000 combatientes españoles que estuvieron defendiendo aquellas posiciones, unos 200 cayeron muertos y 724 capturados, además de 50 cañones de artillería; mientras que las pérdidas francesas son desconocidas. Pero, la mayor parte de las tropas españolas consiguieron escapar del cerco que estaba ejecutando Delaborde, marchando hacia el sur gracias a una pronta anticipación de Filangieri. De hecho, este general de división francés fue acusado de no haber aislado al grueso del Ejército español allí posicionado.

La ofensiva consiguió ganar terreno hasta los límites de la fortaleza de Pamplona, pero se detuvo debido a que los representantes políticos de la Convención francesa no autorizaron un nuevo avanece.

A partir de noviembre, el virrey de Navarra, Martín Álvarez de Sotomayor, concentró todos sus efectivos en la defensa de Pamplona, donde rechazó continuados ataques por Izagaondo, Villava, Zabaldica y el monte de San Cristóbal. En ese momento, el virrey fue sustituido por Pablo de Sangro.

Hubo enfrentamientos en Iroz y Zabaldica, el 15 de noviembre, y en Ilzos y los Berrios, el 24, y aun otros dirigidos contra Olave y Sorauren en los días sucesivos. Pero, de todas formas, el Ejército de la Convención francesa carecía de medios suficientes para emprender el sitio de Pamplona, más allá de incendiar algunos pueblos limítrofes.

Todo el pueblo navarro se había sublevado ya. Un historiador francés, recordando que el rey Francisco I de Francia vio destruido su ejército en aquellos mismos sitios y por iguales causas en 1512, escribió que:
"Por todos lados se dejaba sentir la necesidad de abandonar tan ásperas posiciones. Los caminos se hacían de día en día más impracticables, hallábanse los transportes destruidos y los soldados, extenuados por la falta frecuente de alimento y por las aguas corrosivas de las montañas, desnudos y miserables, iban en montón a parar a los hospitales."

BATALLA DE MONTAÑA NEGRA EN LA GUERRA DE LA CONVENCIÓN

Aquel mes de noviembre, hubo una reacción española en Vergara por un destacamento de la Milicia Foral Guipuzcoana liderada por Gabriel de Mendizábal e Iraeta consiguió recuperar la villa. También, consiguió detener al avance de Moncey hacia Vitoria al mando de un contingente de 6.000 veteranos que obligaron a batirse en retirada a los 10.000 solados convencionales en los altos de Elgueta. A finales de 1978, la línea Vergara-Legazpia se estabilizó como frente vasco.

Moncey se estancaba en Guipúzcoa y Navarra, entre montañas, temiendo alguna trampa a campo abierto en la Llanada alavesa por parte del Ejército español que se estaba reforzando. Además, los voluntarios vascongados se hacían fuertes sobre el valle del Deva, marcando un frente desde el Cantábrico hasta Mondragón, centro en aquellos días de la sublevación vasca contra los invasores.

A inicios de diciembre, el Ejército de la Convención emprendió un movimiento de retirada. Las tropas del general Frégeville se establecieron en Tolosa, con un gran campo atrincherado junto a San Sebastián; las de Marbot en Lesaca; las de Delaborde en Elizondo y las de Mauco en San Juan de Pie de Puerto y los Alduides. El Ejército español lo hizo en una línea paralela desde las posiciones de Orbaiceta y Eugui, que volvieron a ocupar en su ala derecha, las cumbres del Pirineo en Velate, Gorriti y Lecumberri, a la vista del Bidasoa y el Urumea, donde campaban sus enemigos resguardados con las plazas de Fuenterrabía y San Sebastián, y la serie de montañas que dominan el Oria en la izquierda, cubiertas por las fuerzas vascongadas de las tres provincias.

Durante el invierno de 1794-1795, una epidemia de tercianas y fiebres pútridas que apareció en el frente navarro consiguió acabar con alrededor de 3.000 soldados franceses, además de civiles de pueblos próximo a la capital, lo que ocasionó la paralización de las operaciones de asalto. Los franceses tuvieron que soportar las acciones de las guerrillas que acosaban continuamente sus líneas de suministros, teniendo que aumentar las fuerzas dedicadas a la seguridad.

El 22 de julio de 1795, las autoridades diplomáticas de España y Francia firmaron el Tratado de Paz de Basilea, poniendo fin a esta contienda. Las tropas de Moncey tuvieron que abandonar Guipúzcoa y Navarra en un momento en el que lanzaban un nuevo ataque a Pamplona y Vitoria.

11/01/2026

Machinada de 1718


La fuerte depresión producida por las malas cosechas y las demandas fiscales de 1713, precipitaron la asonada. El Real Decreto de 31 agosto 1717, trataba de trasladar las aduanas interiores o fronteras económicas a los Pirineos y a los puertos de mar en el norte peninsular de España. Esto implicaba un gravamen sobre los productos importados, que en el caso de las zonas costeras suponía el incremento de precios de los artículos básicos de consumo.

Aunque los sucesos más sangrientos ocurrieron en Bilbao, el radio de localización de la revuelta fue amplio: Mundaca, Vergara, Mondragón, Motrico, Deva, Elgoibar, Eibar, Placencia, Elgueta, Arechavaleta, Escoriaza, Salinas de Leniz y Oñate.

Los acontecimientos se desarrollaron entre el 31 de agosto de 1717 y el 1 de enero de 1723, aunque lo más grave sucedió entre marzo 1717 y enero 1718.

Se quemaron casas de notables, ultrajaron a clérigos, y eliminaron a oligarcas, entre ellos al diputado general Enrique Arana.

PORTUGALETE, POR ECHARTE

Los vecinos de Bilbao se armaron para defenderse de los campesinos, ya que la asonada llegaba a Somorrostro, Portugalete, Bermeo. Y se difundió por Guipúzcoa, concretamente al valle de Deva. Felipe V envió al mariscal Blas de Loyola al frente de 3.000 hombres, y al fiscal general del reino.

Los protagonistas del motín fueron los campesinos de Begoña, Erandio, Abando, Deusto, Sondica, y la animosidad se centraba contra los notables rurales, las autoridades forales y la oligarquía económica, que englobaba a patronos y comerciantes.

La represión se saldó con 32 penas de muerte, penas de prisión, multas y confiscaciones de bienes. Sin embargo los amotinados consiguieron la modificación del Real Decreto de 1717, al obtener la exención de gravámenes a los productos que se importasen para el propio consumo, excepto para el cacao, azúcar, tabaco y demás productos virreinales.

FÁBRICA DE SALAZÓN, POR IGNACIO DÍAZ OLANO

06/01/2026

Juan Ignacio de Salaverría


Capitán de marina de la Real Armada española en navíos como Soberbio y Glorioso a mediados del siglo XVIII

JUAN IGNACIO DE SALAVERRÍA

Juan Ignacio de Salaverría era natural de Pasajes, donde nació a inicios del siglo XVIII.

En 1738, mandó los balandros San Pedro y Santa Rosa, los cuales tuvieron un disputado enfrentamiento bélico contra algunos buques de los Países Bajos. Formaba parte de una flota naval al mando del teniente general Blas de Lezo y Olavarrieta, en cuyo combate recibió una grave herida. También tuvo algún tipo de combate en aguas del cabo San Vicente, sirviendo como segundo capitán del navío Dragón.

En 1759, siendo capitán de navío, estuvo al mando del navío Soberbio, de 70 cañones y 2 cubiertas, construido en el Real Astillero de Guarnizo en 1750. Esta integrado en la escuadra corsaria de Andrés Regio. De este transbordó al navío Glorioso, de 74 cañones y 2 cubiertas, construido en el Real Astillero de Esteiro, en el Departamento Naval de Ferrol. Con él, partió desde Cádiz, en marzo de 1760, formando parte en la escuadra al mando del capitán general Juan José Navarro, marqués de la Victoria, que recogió al rey Carlos III en el puerto de Nápoles con destino a Barcelona para ser proclamado rey de España.

Al final de su carrera naval fue condecorado con la cruz y hábito de la Orden de San Carlos.

En 1772, murió en el Departamento Naval de Cádiz.

02/01/2026

Monasterio de Santa María la Real de la Oliva


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA OLIVA

Entre los fértiles campos de la ribera del río Aragón y el desierto de las Bardenas Reales, y en el término municipal de la villa navarra de Carcastillo, se encuentra el Real Monasterio de Santa María la Real de la Oliva, con más de ocho siglos de historia.

Buscando la soledad de los campos y el agua en abundancia, los monjes cistercienses escogieron unos terrenos del valle de Aragón para fundar su monasterio, en 1149. García Ramírez era rey de Pamplona y Aragón, quien hizo grandes donaciones de terrenos para favorecer el nuevo asentamiento.

Está considerada la primera fundación de la Orden del Cister en España, siendo aprobada su incorporación a la orden en 1151, y al año siguiente pasó a depender, junto a Fitero y Veruela, del monasterio francés de l’Escale-Dieu.

HOSPEDERÍA DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

ALBERGUE Y HOSPEDERÍA DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

El templo se construyó durante los siglos XII y XIII, en la época de mayor prosperidad del monasterio, en estilo Románico cisterciense de gran pureza. Buscando la belleza a través de la sencillez, la ausencia de ornamento hace recaer el protagonismo en la piedra tallada. Durante estos dos siglos se construyeron la mayoría de los elementos arquitectónicos que se conservan en la actualidad: la Iglesia abacial, la Sala Capitular, la Capilla de San Jesucristo, los Sepulcros, la antigua cocina, los canales hidráulicos, y los restos de las dependencias monacales.

La Iglesia abacial cisterciense tiene forma de T, ya que parte del modelo más generalizado en la orden. El interior tiene 74 metros de largo, 37 metros de crucero, es decir la mitad del largo, y a su vez, 18,5 metros de altura, que es la mitad del crucero. Son las proporciones de una sobria nave en equilibrio y armonía.

En la fachada occidental, a los pies del templo, se conserva la portada principal con un rico programa escultórico, formado por un arco de entrada, un curioso alero que cuenta la historia de la música, y los rosetones laterales. Su torre fue construida con posterioridad en estilo renacentista.

FACHADA DE LA IGLESIA DE LA REAL DE LA OLIVA

PÓRTICO DEL MONASTERIO DE LA REAL DE LA OLIVA

La Sala Capitular es contemporánea de la cabecera, pues eran los elementos indispensables para la vida de la comunidad, y por lo tanto su construcción se hacía prioritaria. Es una preciosa estancia, probablemente más antigua de su género de España, donde los monjes reciben las enseñanzas y organizaban la vida monacal. De planta cuadrada, se distribuye en nueve tramos sustentados por esbeltas columnas.

La cocina es una sala rectangular formada por dos poderosos tramos apuntados. Inicialmente, tenía la chimenea central, pero en el siglo XVI se trasladó a la pared del claustro como se nota el deterioro de las piedras.

La Capilla de San Jesucristo es la primera iglesia que levantó la comunidad monástica cuando se instaló. Es una copia en miniatura del gran templo monástico, conservando toda la pureza cisterciense. En sus piedras se aprecian marcas de canteros similares a las de la iglesia mayor, lo que asegura que ambos templos fueron levantados por los mismos artesanos.


INTERIOR DE LA IGLESIA ABACIAL

SACRISTÍA NUEVA

El monasterio creció y prosperó al amparo de la protección de la monarquía y la nobleza navarras y a través de nuevas y generosas donaciones se convirtió en uno de los monasterios más poderosos de la época. Tierras viñedos y una amplia biblioteca fueron sus más apreciadas riquezas. Tuvieron cierta influencia en el ámbito político ya que contaba con privilegio de asiento y voto en las Cortes de Navarra, es decir, derecho a participar en las asambleas deliberativas que convocaban los reyes.

El claustro se fue construyendo entre los siglos XIV y XV, siendo el lado oriental y sur en gótico del XIV, y el lado norte más tardío, en gótico flamígero de finales del XV, más recargado en decoración y alejado del sobrio arte cisterciense. Está formado por cuatro crujías con seis tramos cada una. Sus capiteles están ricamente ornamentados en su mayor parte con motivos referentes a la vid, poniendo de manifiesto la importancia del vino en estas tierras ribereñas. De hecho, de esa misma época, siglo XIV, data la construcción de la antigua bodega.

CAPITELES CON RACIMOS DE UVAS

Y ya en la Modernidad, se construyeron la Sacristía, en el siglo XVI, y el Palacio abacial, en el XVIII.

Frente a la fachada de la iglesia se encuentra una amplia plaza conformada por la antigua residencia abacial y la hospedería de 1780, cuya fachada tiene una clara influencia mozárabe aragonesa. En la actualidad conserva su función de hospedaje.

A lo largo del siglo XIX, los monjes sufrieron hasta tres expulsiones del monasterio:

1ª expulsión: Iniciada la invasión francesa de 1808, las tropas napoleónicas tomaron y saquearon el monasterio en 1809, durando el expolio y abandono hasta 1814, cuando tras el asedio a Vitoria los franceses abandonaron definitivamente España.

2ª expulsión: Durante el Trienio Liberal, los monjes fueron expulsados de nuevo del monasterio entre los años 1821 y 1823.

3ª expulsión: La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso el abandono del monasterio y su ruina durante 91 años. La biblioteca y el archivo fueron confiscados y la iglesia se convirtió en almacén y cuadra.

En 1926, llegaron los primeros monjes de una comunidad cisterciense para acondicionar el lugar después de un acuerdo con la Diputación Foral.


CLAUSTRO GÓTICO

CLAUSTRO GÓTICO

De severa y equilibrada arquitectura, mantiene su ritmo de vida particular ajustado al horario de la Edad Media, cuando los monjes se levantaban a las dos de la madrugada para entonar maitines y a partir de ahí seguir una ordenada vida de trabajo y rezo. En la actualidad, tan solo se han retrasado el horario un par de horas. Así, a las 4:00 los monjes entonan maitines, a las 12:30 se cierra el horario de visitas para que coman y descanses, y a las 15:30 se reabre el monasterio.

En la Edad Media, los monjes se levantaban a las cuatro de la madrugada para ir a celebrar maitines. A partir de ahí se establecía una serie de rezos, siempre a la misma hora, que dieron lugar a las horas canónicas, que regían las vidas de monjes y seglares. Maitines, laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas, y a dormir. Para medir el tiempo tan regulado se empleaban rudimentarios relojes de arena, clepsidras, relojes de luna, se observaba el movimiento de los astros y se atendía a la intuición de los sentidos, lo que ocasionaba algún madrugón inoportuno.

PATIO DE ENTRADA, IGLESIA Y ALBERGUE

El reloj de lunar es una especie de reloj de sol en el que la sombra que proyecta el gnomon es la de la luna. Cuando mejor funciona es, evidentemente, con luna llena, que en la fase de luna nueva no hay ni luz ni reloj posible.

El reloj de arena tiene un funcionamiento muy similar a la clepsidra, donde el agua es sustituida por granos de arena.

El reloj de vela también tiene función de medición cronológica si todas las velas son del mismo grosor y tipo de cera, si todas tardan el mismo tiempo en consumirse, y si todas tienen las mismas marcas que señalen los intervalos temporales.

La clepsidra, que en griego significa "robar agua", mide el tiempo que transcurre caer toda el agua de un recipiente en alto a otro en el suelo mediante un flujo regulado.

Diariamente los monjes realizan liturgias cantadas en lengua vernácula: Rezos a las 4:30; Eucaristía a las 8:15; Sexta a las 12:45; Nona a las 15:10; Vísperas a las 18:30; y Completas y Salve a las 20:45.

CLAUSTRO GÓTICO, FRONTAL Y TORRE RENACENTISTA

El Monasterio de la Oliva forma parte de la Ruta de la Ribera del Románico, un conjunto de villas al sur de Navarra con rico patrimonio histórico y artístico basado en este estilo arquitectónico, el Románico, y en torno a un río, el Ebro: Tudela, Fustiñana, Cabanillas, Tulebras y Fitero.

Junto al Monasterio de la Oliva y puerta de entrada al Parque Natural de las Bardenas Reales, se encuentra la villa de Carcastillo, punto de descanso de los pastores trashumantes que viajaban desde los montes del Pirineo navarro hasta las Bardenas.

También está cercano la despoblada villa medieval de Rada, del siglo XII, en proceso de recuperación arqueológica. Conserva parte de la muralla, su iglesia y partes de la estructura urbana. Es también un excelente mirador desde el que poder ver la llanura del somontano de Olite y la serranía de Ujué con su iglesia-fortaleza al norte; la vega del río Aragón y sus menados a sus lados; y el desierto de las Bardenas Reales al sur.

La Bodega Abadía de la Oliva recupera la tradición de la elaboración de vinos y aceites de la Borgoña francesa, origen de la abadía del Cister.

MAQUETAS DEL MONASTERIO

MAQUETAS DEL MONASTERIO

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA OLIVA MONUMENTO NACIONAL

26/12/2025

Constructores navales vascos de la Armada de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII


Los constructores navales vascos de los siglos XVI a XVIII eran maestros carpinteros de embarcaciones de todas las dimensiones y tonelajes con las proporciones adecuadas. Hasta bien entrado el XVIII, el eje fundamental de su formación fue la experiencia transmitida y no la investigación científica. Es decir, los constructores aprendían sobre el terreno, transmitían sus conocimientos técnicos de unos a otros y aplicaban las soluciones que mayor éxito habían tenido en los diferentes prototipos navales.

Estos industriales marítimos no constituyeron un grupo homogéneo pues se distinguían entre los que fabricaban grandes unidades con destino principalmente a las Reales Armadas del mar Océano o las Reales Flotas mercantes de la Carrera de Indias y los que construían pequeñas y medianas embarcaciones para clientes particulares que practicaban el transporte de mercancía a pequeña escala y la pesca de cabotaje.

Los constructores de medianas y pequeñas embarcaciones integraron un grupo bastante homogéneo en cuanto a sus características. Además de ser maestros en la carpintería de ribera, solían tener sólidos conocimientos de calafatería, que en ocasiones les permitía alcanzar el grado de oficiales o incluso de maestros navales. Pero no solían recibir el calificativo de maestros de fábricas navales. Asimismo, solían combinar esta actividad con cualquier otro trabajo de carpintería, incluso, la pesca o el comercio. La mayoría de ellos trabajó en los astilleros de su municipio o de localidades vecinas por el ahorro y ventajas económicas que ello les suponía.

Los fabricantes de grandes embarcaciones formaban una élite dentro del sector industrial. Algunos, mediante asiento o contrato real, construían buques de guerra para las Reales Armadas del mar Océano entre los siglos XVI y XVIII. Otros fabricaron grandes embarcaciones mercantes para las Reales Flotas de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII, y para la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y la de Filipinas en el XVIII.

CONSTRUCTORES NAVALES VASCOS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII

Entre los siglos XVI y XVIII, un grupo de constructores navales vascos alcanzaron gran fortuna y prestigio, llegando a monopolizar la producción de grandes embarcaciones, en unos casos por el número de pedidos que tuvieron, y en otros, por el volumen de toneladas fabricadas y la complejidad técnica. En su mayoría eran guipuzcoanos, aunque también hubo vizcaínos.

Los más representativos constructores y asentistas vascos que botaron galeones para Real Armada del mar Océano o la Real Flota de la Carrera de Indias en los siglos XVI y XVII fueron:


01. MARTÍN DE VILLAVICIOSA

Martín de Villaviciosa, natural de Pasajes, fue el más destacado constructor naval de una saga de marinos del siglo XVI, cuyas embarcaciones participaron en varias expediciones marítimas, como por ejemplo la de Magallanes y Elcano a las islas de las Especias entre 1519 y 1522; y otras, las de mayores tonelajes, formaron parte de las Reales Armadas del mar Océano.

Siendo general de marina, compaginó sus servicios en las armadas con la manufactura de algunas naos y galeones con arqueos superiores a las 300 toneladas, considerados grandes para la época, y siempre en astilleros de Pasajes, principalmente los de Bordalaborda y Barrio Vizcaya. Una de estas unidades fue el galeón La Trinidad de 653 toneladas, fabricado en 1550.

En la década de 1570, varias naos fueron construidas en los astilleros de Pasajes por uno de los almirantes Villaviciosa, estas fueron: María del Pasages, de 362 toneladas; San Nicolás, de 350; y San Salvador. Volvió a efectuar dos fábricas al año siguiente: la nao Capitana, en el astillero de Bodalaborda; y el galeón San Salvador, de 700 toneladas, en Pasajes. Continuó en Bodalaborda para efectuar una embarcación con el nombre de María, de 346 toneladas, en 1578.


02. MIGUEL DE OQUENDO

Miguel de Oquendo y Domínguez de Segura, natural de San Sebastián, fue constructor naval en la segunda mitad del siglo XVI además de marino de guerra. Pasó a la historia por ser almirante general de la Real Armada de mar Océano y teniente de la Gran Real Armada de la expedición a Inglaterra de 1588 al mando de la Real Armada de Guipúzcoa.

En los astilleros de Pasajes construyó varios galeones con destino a la Reales Armadas de la Monarquía de Felipe II: los galeones Santa Ana, de 1.200 toneladas, y la Capitana Real, de 1.500, en 1570, y el San Salvador, de 800 toneladas. Fue propietario de una embarcación de estas características con la que combatió en la jornada de Oran de 1575.

MIGUEL DE OQUENDO Y DOMÍNGUEZ DE SEGURO


03. ANTONIO DE URQUIOLA

Antonio de Urquiola, natural de Guetaria, fue superintendente de la Real Fábrica de Navíos y Galeones de Santiago en el Urola y las de Lezo y Pasajes, a finales de siglo XVI, y general de la Real Escuadra de Cantabria. Entre sus naos destaca la San Juan Bautista, buque insignia del almirante Aramburu. En el plano bélico, participó en la expedición de las Azores de 1591, entre otros combates.


04. AGUSTÍN DE OJEDA

Agustín de Ojeda, natural de Fuenterrabía, fue capitán de marina y principal constructor y asentista naval vasco de galeones para la Armada en la década de 1590, que fueron ejecutados en las gradas de Pasaia y Bilbao. Su meritoria labor le valió para que en 1617, la Corte de Felipe III le nombrara superintendente de las Reales Fábricas, Plantíos y Montes de Guipúzcoa.


05. DOMINGO DE GOYZUETA

Domingo de Goyzueta, natural de Rentería, fue fabricante naval en los astilleros de su villa natal, entre ellos en el Astillero de la Magdalena, entre los años 1590 y 1614. Para ello, utilizó maderas de los montes concejiles de Rentería, fomentando la industria naval municipal, uno de sus principales sectores económicos.

Entre 1590 y 1606, se dedicó a la labra de embarcaciones de todos los tamaños, para uso privativo o por encargo de particulares. A partir de 1606, posiblemente al amparo de las subvenciones reales, firmó varios asientos con la Corona para labra de galeones de las Reales Armadas del mar Océano. Uno de estos asientos, firmado en 1606, se le obligó a fabricar tres galeones de guerra; y otro en 1608, por el que hizo otros tantos galeones con el mismo destino.


06. JOANES DE SOROA

Joanes de Soroa, natural de Usurbil, fue constructor naval guipuzcoano y maestro mayor de la Reales Fábricas Navales, llegando a dirigir la realización de varios galeones y embarcaciones capitanas para la Real Armada del mar Océano y las Reales Flotas de la Carrera de Indias, entre los años 1602 y 1625. Además de estas unidades, también elaboró varios bajeles y gabarras para clientes particulares. Los centros astilleros que utilizó fueron los de Rentería, Usurbil y Zumaya.

Fabricó una gabarra real en Pasajes para conducir a la infanta María Teresa en 1660 a la isla de los Faisanes con motivo de su boda con el rey de Francia Luis XIV.


07. SAN JUAN DE OLAZÁBAL

San Juan de Olazábal, natural de Rentería, fue capitán de marina, armador naval y constructor de navíos durante cuarenta años, entre 1600 y 1640.

Entre los años 1600 y 1633 construyó, cuando menos, 21 buques en los astilleros de Rentería y de Fuenterrabía. Una parte importante de esta producción estuvo destinada a las Reales Armadas del Mar Océano y de la Carrera de Indias. Por esta circunstancia se especializó en la manufactura de naves de gran tamaño, generalmente galeones, que registraron arqueos superiores a las 500 toneladas en la mayoría de las unidades. De igual manera, fabricó otros buques, así bien de gran tonelaje, por encargo de algunos clientes guipuzcoanos que tuvieron, asimismo, como destinos la Carrera de Indias y el servicio a la Corona.



08. SANTIAGO DE LARRAGUIBEL

Santiago de Larraguibel, natural de Deva, comenzó como maese carpintero de ribera de Deva, generando una expansión de la industria naval de Deva, junto a otros. Entre 1625 y 1639, fabricaba naves de cabotaje de pequeñas y medianas dimensiones, siendo sus clientes comerciantes vascos vinculados al transporte del mineral de hierro vizcaíno.

Entre 1635 y 1637, ejerció como contramaestre en los tres galeones: una Capitana de 600 toneladas y dos galeones de 400, con destino a la Real Armada del mar Océano, que construyó Francisco de Lasarte por orden del Marqués de Valparaíso. Como contramaestre, estivo encargado de proporcionar toda la madera, tabla y pertrechos necesarios para sus fábricas.


09. JUAN DE HOYOS

Juan de Hoyos formó parte de un grupo de asentistas-constructores vascos en el que se apoyó Felipe IV para consolidar el poderío naval hispano durante la Guerra de los Treinta Años hasta el Tratado de Westfalia en 1639. Otra de sus misiones fue la de reconvertir algunos navíos que se estaban construyendo para navegar en corso en barcos mercantes de la Real Flota de la Carrera de Indias, solucionando problemas técnicos bastante complejos.


10. FRANCISCO DE BUSTINZORO

Francisco de Bustinzoro, natural de San Sebastián, fue el capitán de marina y constructor naval que se ofreció a fabricar dos galeones de guerra de guerra de 600 a 700 toneladas cada uno, en 1629. Ambas embarcaciones se integrarían a la Real Armada española que se estaba organizando para recuperar la plaza de Pernambuco, recién sitiada por una flota holandesa, durante la Guerra de los Treinta Años.

Dicho contratista hizo la entrega de los dos buques en Lisboa, donde tripulados de gente y armados de artillería partieron en conserva de la Flota mercantes de los Galeones de la Plata, que llevaba a su cargo el general Antonio de Oquendo.

NAVÍO DEL SIGLO XVI


11. ANTONIO LAJUST

Antonio Lajust fue un importante constructor naval y asentista real de la primera mitad del XVII, especializado en la tipología de galeón cuyo peso era siempre superior a 500 toneladas. Estuvo muy vinculado al comercio transatlántico, e invertía parte de sus beneficios en la construcción naval, en las factorías de San Sebastián, Pasajes y Usurbil.

Estas unidades tenían como destino el comercio en el Atlántico y las flotas de la Carrera de Indias, unas veces por parte de los particulares, y otras de la Corona.

Entre los años 1614 y 1621, realizó los siguientes galeones: Santa Cruz (550 toneladas); Nuestra Señora del Juncal (650); Nuestra Señora de Aránzazu (600); Nuestra Señora de la Asunción (650); La Santísima Trinidad (600); San José (600); Santiago (600); Santa Theresa (600); Nuestra Señora del Rosario (500); Santa Gertrudiz (600); San Antonio de Padua (600); y un último galeón para la Real Armada de Guipúzcoa.


12. DOMINGO DE ECHEVERRI Y ROBER

Domingo Juan de Echeverri y Rober, natural de San Sebastián, almirante de marina y constructor naval que estuvo al servicio de la Armada desde 1639 hasta 1667, llegando a ser también general de la Real Armada de la Carrera de Indias en 1664 y 1666. En 1665, fue nombrado capitán de la Maestranza de Cantabria, y durante diez años estuvo a cargo de la mayor parte de las naves que se componían para las Armadas Reales en Guarnizo, Fuenterrabía, Pasajes, Bilbao y otros astilleros.

Fue comisionado a Países Bajos junto a Ignacio de Soroa para estudiar la construcción naval en sus astilleros y reconocer bajeles en venta. A su regreso, propuso adoptar el sistema de fabricación de embarcaciones de los holandeses, que hacía diferencia entre buques mercantes y buques de guerra, con planteamientos regulados y experimentados en hidrostática, geometría y aritmética.

En 1666, publicó unas excelentes Instrucciones generales para la navegación y combate, de Echeverri, a la armada y flota de Nueva España, en colaboración con sus hermanos también generales de marina y tratadistas náuticos.


13. IGNACIO DE SOROA

Ignacio de Soroa, natural de Usurbil, fue reputado en su tiempo como uno de los mejores fabricantes navales del Cantábrico. Ostentó el cargo de capitán de Maestranza de las Fábricas del Rey en Cantabria. Asimismo, su valía profesional hizo que fuera la persona elegida por la Corona para ir a Holanda al desempeño de una comisión técnica. Su carrera profesional la desarrolló por entero en los astilleros guipuzcoanos, siendo uno de los constructores vascos con una de las nóminas de barcos más extensa del XVII. Entre 1664 y 1686, se especializó en la manufactura de galeones de gran tonelaje, para la Real Armada del mar Océano como a la Real Armada de la Carrera de Indias.

Sus principales galeones en Usurbil fueron: el Buen Jesús de 600 toneladas, en Usurbil, en 1664; el San Vicente de 803 toneladas, en Pasajes, en 1666; el Capitana y el Almiranta en Mápil, en 1667; el Nuestra Señora de la Almudena de 822 toneladas, en Usurbil, en 1668; otra Capitana de 1.293 toneladas, en 1672. En el astillero de Rutarte fabricó el galeón Nuestra Señora de Guadalupe, de 700 toneladas, en 1675; una Capitana de 800 toneladas y una Almiranta de 761, en 1677. Su máximo apogeo lo consiguió en la construcción de toda una flota de galeones cuyo porte conjunto debía sumar las 3.600 toneladas en en los astilleros de Rentería, a partir de 1678. Su último asiento fue el galeón El Santísimo Sacramento, en 1686.

IGNACIO DE SOROA


14. BLASCO DE ECHEVESTE

Blasco de Echeveste, natural de Usurbil, fue maestro constructor de algunos galeones en las instalaciones navales del río Oria, para capitanes de mar y guerra, a mediados del siglo XVII.

La primera unidad se sirvió para el capitán Cristóbal de Echeverría en las gradas de Urdayaga, en 1646. El navío San Nicolás se entregó al capitán Francisco de Iturriza, en 1657. Y el tercer y último galeón lo fabricó el capitán Miguel de Learizteguieta y Luis de Córdova, que elaboró en los astilleros de Orio, en 1665.


15.
JUAN DE OLAETA

Juan de Olaeta, natural de Bilbao, fue constructor naval y asentista real que entregó algunos galeones para la Corona entre los años 1679 y 1683. El primer contrato estuvo basado en la fabricación de dos galeones de 800 toneladas para la Real Flota de la Carrera de Indias, en el Astillero de Mundaca, a un precio de 36 ducados la tonelada y una fecha de entrega en agosto de 1680. Debido a retrasos en el adelanto de dinero por parte de la Corona y la amenaza de invasión francesa, se entregaron en octubre de 1681.

Un año después, se ofreció a fabricar otro galeón de similares características para la Carrera de Indias. Su fábrica se realizó en los Astilleros de Lida y de la ría de Mundaca, pero fue entregado en el puerto de Pasajes, en 1683, utilizando maderas del monte de Achera, propio de las anteiglesias de Ibarranguelua y Gautéguiz de Arteaga.


16. PEDRO DE ARÓSTEGUI

Pedro de Aróstegui, natural de San Sebastián, fue constructor naval de galeones para la Real Armada española en los astilleros de Basanoaga y de Mápil entre 1680 y 1700.

Sus principales asientos fueron dos galeones de más de 880 toneladas, la capitana Nuestra Señora del Rosario y la almiranta Jesús María y Joseph, más un patache Nuestra Señora de las Estrellas, en el Astillero de Basanoaga, en 1680; otros dos galeones de 1.200 toneladas cada uno en Basanoaga, en 1683; y la almiranta San Joaquín de 1.077 toneladas y la capitana San Joseph de 1.066, en el Astillero de Mápil, en 1696. Estas unidades se integraron en alguna las Reales Armadas de Carlos IV.