06/06/2018

Julián Romero de Ibarrola


Maestre de campo y general de los Reales Tercios de Infantería en las batallas de Pinkie, de San Quitín, de Gravelinas, y de Gemmingen durante la Guerra de Flandes en el siglo XVI


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JULIÁN ROMERO DE IBARROLA

Julián Romero de Ibarrola nació en Huélamo, provincia de Cuenca en 1518, pero procedía de la casa mayor de Ibarrola de Murelaga, en Vizcaya, fundada en 1404, por Juan Ochoa de Olaeta. En 1534, con solo 16 años, se encontraba ya enrolado en los Tercios del emperador Carlos V.

En 1545, el Enrique VIII se enfrentaba a los rebeldes escoceses. Carlos V, aliado del rey de Inglaterra, acudió en su ayuda con sus Tercios. En la batalla de Pinkie se destacó Romero de Ibarrola como capitán de una regimiento.

En la batalla de San Quitín, tuvo una actuación destacada, siendo nombrado caballero de la Orden de Santiago y maestre de Infantería por Felipe II. Y poco más tarde al mando de una compañía de arcabuceros combatió en la batalla de Gravelinas.

En 1551, junto al también famoso militar Sancho de Londoño, dirigió las fuerzas españolas que vencieron a las francesas en la batalla de Gemmingen. Pese a que los españoles se encontraban en inferioridad numérica frente a los franceses, vencieron con 500 arcabuceros y 300 mosqueteros.

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BATALLA DE GRAVELINAS Y JULIÁN ROMERO DE IBARROLA

Siendo maestre de campo de una compañía del Tercio Viejo de Sicilia en Siracusa, en 1565, el duque de Alba le ordenó que lo acompañase por el llamado Camino español para contener una rebelión en los Países Bajos encabezada por Guillermo de Orange. El duque de Alba creó para él el cargo de sargento mayor general del Ejército.

En la guerra de Flandes, Ibarrola mostró toda su pericia bélica en diversas acciones destacadas: fue herido en un brazo en el asedio a Mons por un tiro de arcabuz; perdió un ojo en la toma de Haarlem, un importante núcleo protestante; apaciguó un motín de las tropas españolas en Utrech; y socorrió a Sancho Dávila en el cerco de Amberes y, más tarde, sus tropas protagonizan el terrible saco de Amberes.

Tras nueve años de guerra en Flandes, Julián Romero solicitó al rey que le nombrase "castellano", título que servía para volver con su familia. Pero en el año 1567, durante el camino de Lombardía a Flandes y siendo maestre de campo general de 6.000 hombres de infantería y caballería, cayó súbitamente muerto del caballo en la ciudad de Cremona.

SITIO DE SAN QUINTÍN Y JULIÁN ROMERO DE IBARROLA

Consiguió mucha fama por ser uno de los pocos de origen humilde y que empezando como soldado alcanzó el grado de maestre general de campo.

Fue pintado por El Greco en la última década del siglo XVI en un cuadro que se conserva en el Museo del Prado llamado Julián Romero y su santo patrono, y además el poeta Diego Jiménez de Ayllón le dedicó un soneto.

Se le atribuye la autoría de la Crónica del rey Enrico octavo de Inglaterra escrita por autor coetáneo. Se llegó a imprimir en 1884. En París, la casa editorial Franco-Ibero-Americana publicó el libro titulado Capitán Julián Romero. El Barba Azul de los reyes. Según el marqués de Molins en ese manuscrito están referidos, los hechos, los dichos y hasta los pensamientos del capitán Romero, que asistió a la batalla de Pavía y a la toma de Boulogne, donde tuvo varios duelos. El protector de Escocia, después de la victoria de Pinken, concedió muchas mercedes e hizo muchos caballeros, entre ellos, a Julián Romero.

Tanta era su fama que Alonso de Ercilla se refirió a su persona en La Araucana al hablar de la batalla de San Quintín:
El pronto Navarrete a la siniestra
Con el conde Mega; y de la parte
Del burgo Julián, con mes naciones
Españoles, tudescos y walones.

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JULIÁN ROMERO Y SU SANTO PATRONO

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