30/12/2019

Mateo de Laya y Cabex


Almirante de la Armada del Océano, secretario del Consejo de Armadas y Guerra, y caballero de la Orden de Santiago, tomó parte del asedio a La Rochelle, del sitio de Orán y del combate de Estrómboli en el último cuarto del siglo XVII

MATEO DE LAYA Y CABEX

Natural de Güeñes, Vizcaya, donde Mateo de Laya y Cabex nació en 1630. Siendo joven ingresó como paje de nao en el galeón Santísima Trinidad en la Real Armada española, en 1642. Su bautismo de fuego lo hizo como grumete de la capitana real Nuestra Señora de la Asunción y Santiago, en el combate del cabo de Gata de 1643. Intervino así en las acciones de las postrimerías de la Guerra de los Treinta Años, especialmente contra la flota francesa y holandesa.

Durante algún tiempo estuvo a las órdenes de Miguel de Oquendo (nieto) en el golfo de Vizcaya. Se batió con gran arrojo en diversos encuentros que la Armada española sostuvo contra la francesa, siendo hecho prisionero cuando combatía a las tropas de Turena y de Condé, situadas sobre Burdeos. Liberado poco después, tomó parte del asedio a La Rochelle, en 1652. Su comportamiento le valió el ascenso a teniente y, al mismo tiempo, se le entregó el mando de una fragata con la que hizo frente a varios barcos enemigos.

En 1655, obtuvo patente de corso por otorgamiento de la Corona de Felipe IV, a fin de hostigar a la Escuadra francesa y sus cargamentos comerciales, al menos hasta la Paz de los Pirineos de 1659. Su actividad como corsario a lo largo de aquel período le llevaría al mando de varias naves bajo los auspicios de la Escuadra del Cantábrico, apresando dos fragatas de guerra, una francesa, con 20 piezas de artillería y 150 hombres, y la otra turca, con 22 piezas de artillería y 380 hombres. La fragata francesa era igualmente corsaria y su capitán pertenecía a la Orden de San Juan. En el caso de la nave turca requisada en 1662, Mateo de Laya la entregó en Cádiz al gobernador de Galeras, Melchor de la Cueva, duque de Alburquerque.

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NAO NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO Y MATEO DE LAYA Y CABEX

Nuevamente fue requerido para incorporarse en la Real Armada al mando del patache de la Flota de Guarda que vigilaba los galeones de la plata de la Carrera de Indias. En el 1669, se construyó su propia fragata con la que emprendió negocios particulares al mismo tiempo que conducía los despachos reales a las Indias. Al encontrarse la Armada española escasa de barcos, el gobierno se la embargó y, a cambio, le nombró capitán de mar y guerra.

Durante la década de los setenta del siglo XVII, fue designado a la lucha contra argelinos y turcos. Al frente de la nao Nuestra Señora del Rosario intervino en el socorro de la plaza de Orán de 1675. Ante el grave hostigamiento de varias fragatas enemigas, prendió fuego a su nave para evitar que fuese capturada, lanzándose al mar en una tabla con el estandarte del buque y cinco marineros más.

De allí pasó a Barcelona, a las acciones del Mediterráneo central, uniéndose a la escuadra del almirante holandés Ruyter. Se destacó en el combate de Estrómboli de 1676 combatiendo contra la escuadra francesa sin que sufriera mayores males. En el 1677, el general marqués de Peñafiel le concedió el mando del galeón San Bernardo, prestando sus servicios en el golfo de Mesina.

Por aquellos méritos en aquellas campañas, en 1683 fue designado caballero del hábito de Santiago y nombrado almirante general de la Armada del Océano.

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COMBATE DE ORÁN Y MATEO DE LAYA CABEX

Con esta nueva responsabilidad de asume tal elevado cargo, intervino en gran número de operaciones de mar como la de proteger de la piratería los barcos mercantes de la Carrera de las Indias Occidentales.

Volvió a demostrar sus dotes de guerrero en el asedio de Orán de 1688, desembarcando gran cantidad de artillería y pólvora, con cuyos refuerzos los caudillos moros y turcos tuvieron que levantar el asedio.

En 1692, era encumbrado como consejero real en el elitista Consejo Supremo de Guerra y Junta de Armadas de la Corte de Carlos II. Desde esta institución intentó hasta el final de su vida renovar el poder de las escuadras hispanas, dirigiendo varias expediciones con gran acierto. Una de ellas fue de auxilio al sitio de Orán de 1693, muriendo ese mismo año en Cádiz.

Fue padre del almirante guipuzcoano Mateo de Laya, que falleció en 1703, también caballero de Santiago, habiendo por tanto sido contemporáneos, lo que hace difícil clasificar varios servicios entre padre e hijo.

MATEO DE LAYA Y CABEX

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