viernes, 30 de septiembre de 2016

Juan de Zamudio y Tellitu

Gobernador y capitán general del Tucumán a finales del siglo XVII




Juan de Zamudio y Tellitu era natural de Baracaldo, Vizcaya, donde nació en 1653. Provenía de familia de nobleza local, heredando la casa de Bagaza.

En 1666, con trece años de edad comenzó su Carrera militar enrolado en la Real Armada española a las órdenes del almirante general Mateo de la Haya.

Un año más tarde, tomó parte de la expedición a Tierra Fierme, es decir, en la América continental, a cargo del príncipe de Monte Santo y en la expedición de Francisco de Avaria en 1669, sirviendo como cartógrafo. Navegó por el Virreinato de la Plata y realizó servicios en el de Perú. Junto a él siempre estuvo su sobrino Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio, quien llegó a ser alférez real, maestre de campo y capitán de milicias.

En 1688, consiguió el hábito de caballero de la Orden de Santiago.

En 1696, fue nombrado gobernador y capitán general del Tucumán, cargo que desempeñó hasta 1701. Durante su gobierno, se trasladó el obispado de Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba, se reconoció la frontera y se mantuvo, como hicieron sus predecesores, la guerra con los mocovi para lograr su pacificación.

 
MAPA DE LA PROVINCIA DE TUCUMÁN EN EL SIGLO XVII
 

Casó con Inés de Salazar-Muñatones y Azoca en la catedral de Buenos Aires, en 1677. Esta mujer había nacido en esta ciudad, pero su ascendencia paterna era originaria de Somorrostro, siendo sus padres Pedro de Salazar Muñatones, natural de Muskiz, y Luisa de Azoca y Hurtado de Mendoza, del linaje de Salazar.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Romanización de los vascones


Tradicionalmente se ha considerado a los vascones como un pueblo primitivo, aislado del resto de  pueblos que le rodeaban y que no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés económico para el Imperio. Los hallazgos arqueológicos en tierras vascas y navarras continuamente desmienten estas teorías, demostrando que la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de aquel imperio.

La Romanización fue un proceso efectuado desde el siglo II a.C. hasta el siglo IV d.C. Tal labor no consistió únicamente en agrupar a la población del valle medio del Ebro en unidades superiores, sino el desarrollar un mundo urbano, unido por magníficas vías de comunicación. El territorio que hoy ocupa Navarra se encontraba mayoritariamente descompuesto en el momento de la conquista por Roma. En el año 196 a. C. llegaron los romanos a tierras donde habitaban las tribus vasconas, entonces apenas existían ciudades, vivían dispersos por el territorio, relacionados mediante pequeñas aldeas y sin poseer puntos comunes de referencia.

La acción de Roma posibilitó la agrupación en torno a núcleos urbanos bien ubicados, a partir de los cuales pudiera entrar la civilización y efectuar un auténtico cambio de mentalidad, influyendo en la identidad de los individuos. Dentro de la ciudad, el individuo se realizaba como persona, en el ejercicio de sus derechos cívicos, se sentía protegido por sus murallas, rendía la memoria a sus antepasados y daba culto a los dioses.

La mayor transformación que experimentó esta tierra se produjo entre el siglo I a. C. y el II d. C., período durante el cual la mayor parte del territorio vascón se romanizó intensamente, cubriéndose de explotaciones y poblaciones romanas. La romanización de Álava y al menos dos tercios de la actual Navarra fue tan intensa como la zona que más de la península, lo que explica la posterior aparición de lenguas romances autóctonas en tiempos medievales.


RESTO ARQUEOLÓGICO ROMANO EN IRUÑA VELEIA

En época de Augusto, Estrabón recogió el nombre de solo tres ciudades romanas: Pompaelo (Pamplona), Oiasso (Irún) y Calagurris (Calahorra). Siglo y pico después. Ptolomeo ya hacía referecia a dieciséis: Oiasso, Pompelón, Itourissa, Biturís, Andelos, Nemanturísta, Kournónion, Grakousrís, Kalagorsíca, Báskonton (o Káskonton), Ergaouía, Tárraga, Mouskaría, Sétia y Alaouna.

Todas estas ciudades siguieron el modelo romano: eran entes autónomos, gestionados por una oligarquía local y contaban con amplios territorios. Aquellas ciudades ofrecían monumentalidad y esplendor: las magníficas termas de Pamplona, la infraestructura hidráulica de Andelos, y su templo dedicado a Apolo, las amplias calles de San Clara, las villas decoradas con ricos mosaicos que llenaban el territorio de los vascones, etc. Pocas zonas del norte peninsular reúnen tan amplia cantidad de restos romanos como las actuales Navarra y Álava.

El sufijo -ain, tan habitual en la toponimia vasco-navarra es una derivación del latino -anus, que servía para designar la propiedad de la tierra. Hoy en día, se encuentran topónimos con el sufijo -ain, como Amatriain (Emeterius), Astrain (Asterium), Ballariain (Valerius), Barañain (Veraniaunm), Bariain (Vareius), Beriain (Verianum), Brutain (Brutus), Cemborain (Cembulo), Eristain (Evaristus), Indurain (Induro), Guendulain (Guendulo), Laquidain (Licinius), Maquirriain (Macerianum), Marcalain (Marcellus), Mariain (Marius), Marsain (Marsaeus), Muniain (Munio), Senosiain (Sinesius), Paternain (Paternanum), Urabain (Urbicus), Urbicain (Urbicus), etc. Costumbre que continuó en la Edad Media, como Beslascain, de Belasco.

Muy abundante en Álava es la toponimia con el sufijo -ano, como Amillano (Emilius), Atano y Ataun (Atilius), Arriano (Arrius), Ciriano (Cyritus), Galdacano (Galdus), Liquiniano (Licinio), Legutiano (Legutius), Libano (Libius), Lubiano (Lubianum), Luquiano (Lucianum), Miñano (Minianum), Sendadiano (Sendadianum), Sollano (Sollius), etc. O terminaciones en -ana, como Añana (Annius), Barberana (Barbarus), Casterana (Castor), Leciñana (Licinio), Subijana (Subius), etc.

Las terminaciones -ona y -ango son de origen euskérico, incorporadas a nombres latinos originales, como Abiango (Avianus), Berango (Veranius), Durango (Duranius), Cuartango (Quartus), Mallona (Maius), Lemona (Lemonius), Letona (Letius), etc. Y de la misma manera, ocurre con los sufijos -az-ez-iz, como Albéniz (Albanus o Alba), Apellániz (Ampelius), Apraiz (Apricano), Estíbaliz (Estivus), Gasteiz (Gasteius), Gordéliz (Gordelius), Marquínez (Marcus), Petríquiz (Petrus), etc.

El latín dejó su impronta léxica en la toponimia de la costa vasca como Portugalete (Portuondo), Forua (Forum), Getaria (Cetaria), Irún (Oiasso), Easo (Oeaso, San Sebastián), etc.


CALZADAS Y CIUDADES DE LA HISPANIA ROMANA

Lo más espectacular de la acción de Roma fue la red viaria que vertebró el territorio vascón y unió sus ciudades, y las integró al resto de ciudades hispanas. Fue una de las redes de calzadas más densas de toda Hispania, mantenida y renovada permanentemente por las autoridades romanas. Por la actual Navarra circulaban dos de las vías principales del norte de Hispania: 
1. la vía León-La Junquera, que atravesaba, paralela al Ebro, toda la Ribera.
2. la vía Astorga-Burdeos (via Asturica Augusta-Burdigala), que tras cruzar la Llanada alavesa, entraba por la Barranca, y tras dejar Pamplona se dirigía a Burdeos por Valcarlos.

La red secundaria no se quedaba muy atrás; desde Zaragoza y con destino a Pamplona partía una de las vías más antiguas de Hispania, la cual tras atravesar las Cinco Villas de Aragón, cerca de Egea de los Caballeros, se dividía en dos: una para cruzar la Navarra Media a partir de Santa Cara y la otra para transitar por Sangüesa con destino a Pamplona y terminar en Irún. Dos vías más completarían el trazado. Según Estrabón, existía, paralela al Pirineo, una calzada que con origen en Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca), alcanzaba Pamplona para luego unirse en Logroño a la gran vía que procedía de León, mencionada anteriormente. Y por último desde Alfaro y el Ebro, partía una calzada que ascendía por la Navarra Media con destino también en Pamplona.

Este entramado de calzadas convirtió a Pamplona en un núcleo fundamental de comunicaciones, ya que todas las vías de la zona del valle medio del Ebro menos una pasaban por esta ciudad, y cuyo desarrollo permitió en la capitalidad del futuro reino de Navarra. El otro gran beneficio fue su contribución a la integración, no solo del territorio de los vascones, sino del todo el valle del Ebro y la Hispania romanizada.


YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA VILLA DE LAS MUSAS DE ARELLANO

Los territorios de las tribus indoeuropeas caristios, várdulos y autrigones, asentados en el actual País Vasco, también experimentaron una notable romanización, aunque en menor intensidad que las tierras vasconas.

En territorio autrigón, se construyó el Portus Amanum, en Castro-Urdiales, en el que Vespesiano fundó la colonia para veteranos de Flaviobriga; y la villa de Otañes.

En territorio caristio, destaca la importante cantidad de yacimientos encontrados en la ría de Guernica y sus alrededores, tales como estructuras portuarias, edificios, hornos, explotaciones mineras y varios tipos de asentamientos. También se hallan testimonios numismáticos en la ría y el casco urbano de Bilbao, Tritium Tubolicum, en Motrico, así como en otras localidades como Sopelana, Plencia y Bermeo.

En territorio várdulo, se construyeron el puerto y ciudad de Oiasso (Irún), y el fondeadero de Fuenterrabía. Son sobresalientes los hallazgos que se han encontrado en Irún, diversas estructuras constructivas como la estructura de madera del muelle y el varadero de la ciudad de Oiasso, una necrópolis, unas termas, un pequeño templo en los cimientos de la actual ermita de Santa Elena, y numerosos restos numismáticos, vítreos y cerámicos. Otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de 12 a 15 hectáreas, con una planta reticular, en donde había almacenes, tiendas y talleres. Se cree que también poseía un foro y un teatro.

Oiasso era la base comercial de las rutas marítimas desde las que partía la distribución de mercancías hacia el interior, al valle del Ebro y a las grandes calzadas romanas que pasaban por la actual Navarra. Las ánforas halladas en Oiasso demuestran que, incluso al final del Imperio romano, el aceite y el vino de Bizancio llegaban regularmente a los puertos atlánticos. Además de dedicarse al comercio marítimo y ser uno de los principales puertos del Mare Externum, se dedicaba también a la minería.

RESTOS ARQUEOLÓGICOS  ROMANOS EN EL MUSEO DE OIASSO (IRÚN)

En Oyarzun, topónimo proveniente de Oiasso, al pie de las peñas de Aya se encuentran las minas de Arditurri, tratándose de tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones modernas. Estas minas se dedicaban a la extracción de plata, la cual era exportada por los romanos desde el puerto de Oiasso. El hallazgo de galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica que había detrás toda una estructura administrativa.

Es posible que el hidrónimo Bidasoa tenga su origen en Via ad Oiasso, tratándose este último de un camino que bordearía la ría y comunicaría la ciudad y el puerto con el interior peninsular.

Otras industrias mineras se desarrollaron en Lantzen en Navarra, Banka y Baigorri Baja Navarra, Escoriaza en Álava, y Somorrostro y Triano en Vizcaya, donde se extrajeron minerales como el hierro o la plata, para exportarlos a diferentes partes del Imperio romano. También se extrajo mármol rojo en Ereño. Existió producción de cerámica en Pamplona, y de vino en las villas navarras de Falces y Funes; industria de salazón en la Getaria guipuzcoana (topónimo proveniente del latín Cetaria, "salazón"); y termas romanas en la navarra Fitero. También en la ría de Guernica y en la del Nervión se han encontrado restos romanos de puerto y necrópolis.

Los romanos dejaron guarnecidas las plazas de Pamplona y Bayona desde las que no irradiaron latinidad, manteniendo en amistosa ocupación las tierras llanas desde el Ebro hasta una línea más al norte de Tafalla y Aoiz. Eran campos apropiados para el cultivo de cereales, vides y olivos, y no se preocuparon de dominar la abrupta montaña, erizada de riesgos, limitándose a conservar abiertas las vías de comunicación con las Galias. Esta idea es confirmada por Menéndez Pidal, por Carlos Clavería en su Historia del Reino de Navarra, o por Juan Carlos Elorza en su Historia del Pueblo Vasco. Este último historiador estimaba en más de ciento ochenta las inscripciones romanas en Álava, la más importante la de Veleia, cerca de Vitoria, y de doscientas cincuenta en Navarra; en cambio, entre Vizcaya y Guipúzcoa no pasan de veinticinco.

Como ejemplo de esta falta de aislamiento y del comercio existente se encuentra el hallazgo de diversas monedas acuñadas en tierras vasconas por la administración romana, ya desde los primeros años de su dominación, y que han sido encontradas en diferentes partes de la geografía vasca (denario vascón datado en la segunda mitad del siglo II a.C.).

TERMAS EN EL MONTE DE SAN JULIÁN EN BEIRE

La romanización dejó huella en la organización social y religiosa del territorio. Aparece la
estructura de las clases sociales: por un lado, grandes terratenientes y altos magistrados y por otro, siervos, esclavos y colonos. Entre ambas, se encuentran los hombres libres, los dueños de los "fundi" y los labradores sujetos al pago de "stipendia". En cuanto a la religión, junto a las divinidades propias (Selatse, Lakubegis) aparecerán dioses romanos.

Respecto a la cristianización del pueblo vasco, existen dos corrientes: una asegura una relativa rápida cristianización, y otra de una tarea lenta en relación a otros pueblos hispanos. Lo cierto es que el proceso de cristianización de los vascones se produjo, por lógica, a través de las calzadas del Imperio romano, y a un ritmo más lento que en otros casos. Por ejemplo, se tiene noticia de la existencia de martirios y de un obispado en Calahorra en el siglo V, y también en Pamplona, si bien en la zona norte no se alcanza una completa cristianización hasta la fase inicial de la Reconquista.

Donde aparecen muestras de romanización, aparecen muestras de cristianismo. Realmente, no es tan importante la cuestión de si fue antes o fue más tarde, sino que lo importante es que el Cristianismo se convertiría en uno de los pilares y señas de identidad de lo vasco, igual que el resto de pueblos hispánicos. Los romanos utilizaron criterios geográficos y étnicos para delimitar las fronteras políticas de los pueblos bajo su gobierno. La cordillera pirenaica sirvió como frontera política entre Hispania y Galias. Tras las reformas llevadas al comienzo de la era cristiana por Augusto, los aquitanos quedaron englobados en la provincia de Nevompopulania de las Galias, al norte pirenaico, mientras que al sur autrigones, caristios, várdulos, berones y vascones quedaron adscritos a la provincial Tarraconenese de Hispania Citerior.

Pero entre estos últimos se hizo una distinción administrativa en tiempos de Claudio, también en el siglo I d.C., que supuso la introducción de los conventus iuridici. Como pueblos diferenciados que eran los várdulos, caristios y autrogones, de raigambre indoeuropea quedaron englobados en el conventus cluniensis (convento cluniense), con capital en Clunia (Coruña de Conde, Burgos); los vascones y berones quedaron adscritos al conventus caesaragustanus (convent caesarugustano), con capital en Caesaraugusta (Zaragoza).

El último escalón de la estructura territorial estaba formado por las entidades locales. Estas instituciones fueron las elegidas por Roma para efectuar la asimilación de los pueblos indígenas. A través de las ciudades se pretendía transformar el espacio haciendo desaparecer las entidades tribales (gens y nationes). Había que romper los vínculos de solidaridad que unían a los particulares con estas viejas instituciones y hacerlos partícipes de una nueva relación interpersonal como era la ciudadanía. En los textos fueron apareciendo cada vez menos referencias a ilergetes, vascones, celtíberos o berones, mientras que aumentaban las referidas a los pampilonenses, calagurritanos o ilerdenses. Surgió así un mundo nuevo de ciudades.


NECROPOLIS DE ITURISSA

En Navarra, en localidades como Cara, Andelo, Cascatum y Pompaelo se comprueba ya desde el siglo I a.C. una continuidad de hábitats, pasándose de la ciudad indígena a la romana. La transición entre las antiguas estructuras políticas y sociales se hizo sin trauma. La presencia de Roma no hizo sino acelerar un proceso hacia el urbanismo ya iniciado mucho antes. Estas zonas de la ribera del Ebro y la depresión pamplonesa, conocidas como ager vasconum (campo de los vascones), quedaron plenamente insertas en la dinámica del imperio. La epigrafía (inscripciones en materiales duros) nos ofrece una amplia nómina de personajes ejerciendo labores religiosas, administrativas y militares en la provincia Tarraconense.

No ocurrió de la misma forma en el saltus vasconum (montañas de los vascones), expresión aplicada a las zonas más montuosas al norte de Pamplona. Se trataba de áreas apegadas a sus costumbres ancestrales y de difícil asimilación, ya que sus primitivos medios de vida no los hacían especialmente aptos para integrarse en la economía del imperio. No obstante, como parte del mismo, estaban obligados al pago de impuestos y a mantener el orden interno, que garantizara el libre tránsito de personas y bienes por la importante vía de comunicación que se extendía desde Astorga a Burdeos. Para asegurar el control del territorio de fundaron ciudades como Oiasso, Iturisa y Ilumberri (Lumbier).

El ager vasconum contó con una activa economía agrícola hasta el final del imperio y sólo hechos aislados como la invasión de francos y alamanes, que se produjo hacia el año 270, frenaron temporalmente la actividad. Aunque las fuentes escritas no se refieren a este hecho, los restos de incendios, incluida Pompaelo, fechados en esos momentos, así como los tesorillos que se van encontrando indican una situación complicada en esa época.

Tras este paréntesis violento, las gentes retomaron sus actividades. Sin embargo, este resurgimiento sólo se produjo en el campo, las ciudades fueron perdiendo importancia. La aristocracia urbana se trasladó a sus propiedades en el campo, conocidas como villae, que se convirtieron en unidades autosuficientes que no precisaban del exterior. A la vez, el complejo entramado administrativo y económico basado en las ciudades se fue difuminando. Esta aristocracia latifundista se hizo cada vez más autóctona respecto a las directrices imperiales, y reforzó su posición sobre los particulares a través de mecanismos de dependencia social como el colonado.

En esta situación cada vez más inestable aparecieron las menciones de autores como Avieno, Ausonio, o Paulino de Nola el carácter inquieto de los vascones, y que se han interpretado por algunos autores como reflejo de su conciencia étnica y su carácter independentista. En el fondo fueron sólo movimientos sociales protagonizados por gentes que no aceptaban las nuevas relaciones interpersonales que se estaban implantando y que suponían una merma considerable de su capacidad de decisión sobre sus propias vidas. En zonas norteñas, los habitantes de las montañas se encontraban incluso en una situación mucho peor. La reforma del ejército les privó de un modo digno de ganarse la vida y las leyes imperiales eliminaban la movilidad social y obligaban a continuar el oficio paterno. La pérdida de importancia de las ciudades les hizo más difícil obtener mercancías antes usuales y que su economía primitiva de carácter pastoril no podía sustituir. En esta tesitura optaron por conseguirlas por cualquier medio, y el bandolerismo fue una opción más. Éste se veía además favorecido por su constante movilidad como pastores trashumantes.


YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA VILLA DE LAS MUSAS DE ARELLANO

El logro fundamental de Roma no fueron sus conquistas militares, sino el modo por el cual supo gobernar y dar estabilidad a un imperio plurilingüe y plurirracial, entendiendo que la única manera de consolidar y unir los territorios conquistados era hacer partícipes a todos los súbditos de los beneficios del conquistador, hasta tal punto que al final del proceso se identificaban unos y otros. Roma siempre recompensaba la paz, la estabilidad y la colaboración, por un lado, respetaba las particularidades de cada pueblo, por otro, permitía la total incorporación e integración en el mismo sistema político y estructura comercial.

Cicerón, en diálogo con Ático, afirmaba que todo hombre tiene dos patrias: la patria geográfica es aquella en la que se ha nacido, y otra, la patria jurídica es la adquirida en razón de la ciudadanía, es la llamada communis, la patria romana. Ambas son compatibles, según Arpinate, siempre y cuando la fidelidad a la patria romana esté por encima del amor por la patria geográfica.

Fueron 3 elementos los que se forjaron en la relación de Roma con esta parte del valle del Ebro:

1. la conquista facilitó la creación de un único pueblo, vascón, a partir de 3 tradiciones históricas y culturales muy distintas. Su aceptación del nuevo marco político romano y su plena colaboración, facilitó el surgimiento de una sociedad pluricultural que vivirá en total armonía, ya que las ventajas y novedades de los demás eran asumidas por los otros con total normalidad.

2. la romanización contribuyó a desarrollar el territorio con la creación de un entramado urbano, que aportó prosperidad social y económica de todo el Valle Medio del Ebro, y convirtió a Pamplona en punto central de referencia para sus habitantes.

3. la entrada de nuevas ideas y la aceptación de la cultura romana, que facilitó la densa red de carreteras, no se impusieron mediante la ruptura con su pasado, sino mediante la combinación de ventajas que suponía una civilización más avanzada. La romanización no fue agresiva en esta zona de Hispania, permitiendo la pervivencia de determinados particularismos.

Con las migraciones de los pueblos germanos hacia 275, se inició una época crítica para Vasconia, y el paso de otros pueblos por el Pirineo influyó en la ruptura definitiva de los vínculos con Roma (407-408).


BRONCES DEL FONDEADERO DE ASTURIAGA (HONDARRIBIA)

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fenómeno vocacional y misional


Una pieza clave en la vida de la diócesis durante este siglo fue el Seminario Conciliar, que en el último tercio del siglo XIX se decantó por una formación basada en el rigor académico, la disciplina, al defensa de las tradiciones navarras y el fomento de una religiosidad beligerante. Se consiguió un clero formado intelectualmente, con capacidad de movilización social en el ámbito rural, disciplinado y numeroso. En el primer tercio del siglo XX el promedio anual de ordenaciones sacerdotales era superior a 27, cifra que llegó a 33 en el período 1953-1959. El crecimiento del Seminario exigió la construcción de un nuevo y muy amplio edificio (1936). La culminación de esta ascendente se registró en el período 1947-1967. En 1965 el Seminario alcanzó los 940 alumnos, aunque desde 1962 experimentaba un crecimiento artificial, que no se traducía en un incremento de las ordenaciones sacerdotales, lo cual permitía intuir la existencia de problemas, que sin duda influyeron en la crisis posterior.

El fenómeno de las vocaciones se produce también en las órdenes religiosas, que conocen un gran auge en Navarra, de tal forma que en un siglo se vuelve a dotar a la diócesis de un entramado de monasterios y conventos muy superior al existente ante de la Desamortización. En 1904 ya hay 20 conventos masculinos y 70 femeninos; en 1937 ascienden respectivamente a 39 y 140; y finalmente, en 1960 llegan a ser 63 y 215. La restauración de antiguas órdenes va unida a la creación de otras nuevas, en las que priman las tareas educativas y asistenciales, hasta dar una nueva dimensión a la vida religiosa. Las congregaciones femeninas fueron las primeras en superar la crisis desamortizadora, ya a mediados del siglo XIX, mientras que la recuperación de las congregaciones masculinas se retrasó hasta finales de la centuria.

AGUSTINOS RECOLETOS DEL CONVENTO NAVARRO DE MONTEAGUDO

La proliferación de vocaciones religiosas, masculinas y femeninas, se ha achacado al carácter rural de la sociedad navarra y a la preponderancia del sistema de heredero único en la parte septentrional de Navarra. Estas circunstancias, que sin duda contribuyeron, no explican por si solas una realidad que no se da en otras zonas similares de España y que también tiene que atribuirse a la religiosidad tradicional de la sociedad y a la densidad de la red parroquial, que cubría los lugares más diminutos. Aun cuando resulta difícil una aproximación estadística al fenómeno, se puede percibir su dimensión mediante una cifra del año 1981, cuando a pesar se la crisis postconciliar, Navarra contaba con 11.996 religiosos, religiosas o sacerdotes vivos, residentes en Navarra o esparcidos por todo el mundo. En teoría suponían un 2,3% de la población navarra.

La abundancia de vocaciones religiosas sirvió para reafirmar los vínculos de la Iglesia navarra con la del resto de España, porque las órdenes y congregaciones religiosas tenían organizaciones que no respondían a la estructura provincial de la Administración, y acostumbraban a mover a sus miembros por todo el país, según los planes formativos o las necesidades de los conventos o colegios. El movimiento de los religiosos se podía ampliar al extranjero, de acuerdo con las actividades misionales o de gobierno de cada congregación. Religiosos y religiosas navarras se repartían por otras tierras de España, de donde a su vez venían otros a Navarra, o por países extranjeros.

Esta realidad explica el interés del nacionalismo vasco, visible durante la Segunda República y retomado desde los años 60 del siglo XX, por conseguir que las congregaciones religiosas establecieran demarcaciones provinciales exclusivas  para el País Vasco y Navarra, de tal forma que se pudiera aislar a los religiosos de ambos territorios de los del resto de España, con la mira puesta en la formación de un clero regular exclusivo del País Vasco. A estas premisas respondieron los escolapios al crear la provincia de Vasconia en los años 30, o tres décadas más tarde los jesuitas al remodelar la Provincia de Castilla Oriental y convertirla en Provincia de Loyola.

IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA EN ROMA

Desde los años 70 la Confederación de Superiores Mayores de Euskalherría ha tratado de incluir en su seno a los religiosos navarros, pero su respuesta ha sido mayoritariamente contraria a esta propuesta. El último intento se produjo en 1998, cuando trataron de incluir a la Confederación de Religiosos y Religiosas de Navarra (Confer Navarra) dentro de la organización regional del País Vasco. Sin embargo la mayoría abrumadora de los superiores navarros prefirió que Confer Navarrra tuviera rango regional dentro de la Confer Nacional y no dependiera del País Vasco.

El fenómeno del auge vocacional ha estado unido al de las misiones. Buena parte de las vocaciones se orientaban hacia la actividad misional, de tal forma que varios miles de religiosos y religiosas navarras se estaban y están repartidos simultáneamente por todo el mundo. La propia diócesis se hizo cargo de territorios misionales y se incorporaron el clero secular, y luego seglares a estas tareas. Al igual que en siglo pasados, la actividad misional se realiza al unísono con el resto de la Iglesia española, en cuyas estructuras (regulares o seculares) se integran los misioneros navarros. Los navarros se identifican plenamente con estos cauces y sólo destacan por la intensidad de su aportación.

MISIONEROS NAVARROS FRENTE AL CASTILLO DE JAVIER

La participación navarra en la actividad misionera de la Iglesia se percibe también en la designación de obispos navarros en tierras de Hispanoamérica, Asia y Oceanía, que se inicia a finales del siglo XIX. Anteriormente sólo están presentes en Cuba y Filipinas, que permanecieron en manos españolas durante el siglo XIX y donde se encuentran los primeros obispos navarros, designados como en la Península por el Gobierno. La práctica de nombrar obispos navarros en tierras de misión se ha prolongado durante más de un siglo, hasta la actualidad.

La lista de los obispos navarros en Hispanoamérica, susceptible de ser incrementada en el futuro en función de aportaciones de fuentes dispersas, es la siguiente:

Ramón Fernández de Piérola
Obispo de La Habana (1880-1887)

Ramón Zubieta Les
Vicario apostólico de Urabamba. Perú (1913-1921)

Sabas Sararola Esparza
Vicario apostólico de Urabamba. Perú (1923-1944)

Jesús Serrano y Pastor
Vicario apostólico de Darién. Panamá (1956-1981)

Javier Miguel Áriz Huarte
Vicario apostólico de Puerto Maldonado. Perú (1959-1980), antes coadjuntor desde 1952 y luego auxiliar de Lima (1980-1995)

José Arana Cuesta
Prelado apostólico de Chota. Perú (1979-1992)

Carlos Áriz Bolea
Vicario apostólico de Darien (Panamá) y desde 1988 obispo (1981-...)

Jesús Esteban Sádaba Pérez
Vicario apostólico de Aguarico. Perú (1990-...)

Fernando Sáez Lacalle
Arzobispo de El Salvador (1995-...), antes auxiliar de Santa Ana (1984-1993) y obispo castrense (1993-1997)

Eugenio Arellano Fernández
Vicario apostólico de Esmeraldas. Ecuador (1995-...)


La lista de Asia y Oceanía es también importante, encabezada por un agustino de Barásoain que regio a mediados del siglo XIX la sede arzobispal de Manila, primada de las Filipinas:

José Aranguren y Leoz
Arzobispo de Manila (1845-1861)

Wenceslado Oñate
Vicario apostólico de Ton-Kin Central. Bui Chu, Vietnam (1884-1897), coad. desde 1883

Esteban Sánchez de las Heras
Vicario apostólico de Emuy. China (1895-1896)

Nicasio Arellano
Vicario apostólico de Tom-Kim Oriental. Haifong, Vietnam (1906-1919)

Felipe Oláiz Zalba
Vicario apostólico de Guam. Islas Marianas (1914-1935)

Anselmo Catalán y Francés
Vicario apostólico de Drisdale River. Australia (1915-1951)

Nicasio Arellano y Monreal
Vicario apostólico de Ton-Kin Oriental. Haifong, Vietnam (1916-1919)

Vicente Huarte San Martín
Vicario apostólico de Anhwei. China (1922-1935)

Javier Ochoa Ullate
Vicario apostólico de Kweiteh. China (1937-1947) y depués 1946 Obispo

Florentino Sanz Esparza
Obispo de Cuttack. India (1938-1947)

ACTO DE BANDERAS EL DÍA DE JAVIER

Son dos décadas de obispos navarros, repartidos desde tierras americanas a las del Extremo Oriente, prolongadas en Oceanía a través de Guam y las Islas Marianas, en el Pacífico. Suman más de 270 años de episcopado hasta el año 2000, cifra que siguen incrementando los que continúan en la actualidad en el ejercicio de sus cargos. Abundan los religiosos: agustinos, dominicos, jesuitas, capuchinos, etc. La asignación de territorios o diócesis concretas a estas congregaciones explica su designación. Son un testimonio más de la pujanza misional, actualmente todavía visible en sus frutos en Hispanoamérica, pero debilitada en tierras asiáticas y oceánicas.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Sellos de Forjadores del Imperio español


Desde 1960 hasta 1970, Correos emitió una serie de sellos titulado Forjadores de América. Fueron 11 series con un total de 69 sellos dedicados a marinos, expedicionarios y colonizadores que forjaron el Imperio español. Algunos de esos sellos estaban dedicados a vascongados: Andrés de Urdaneta, Miguel López de Legazpi, Juan Sebastián Elcano, Diego Henares de Lezama, Cosme Damián Churruca, Blas de Lezo, Juan de Garay y Francisco de Zumarraga.


ANDRÉS DE URDANETA



MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI



JUAN SEBASTIÁN ELCANO



COSME DAMIÁN CHURRUCA



BLAS DE LEZO




DIEGO DE HENARES LEZAMA



JUAN DE ZUMARRAGA



JUAN DE GARAY




lunes, 12 de septiembre de 2016

Miguel Díez de Armendáriz


Regente de la provincial de Nueva Granada y fundador de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá a mediados del siglo XVI


MIGUEL DÍEZ DE ARMENDÁRIZ


Miguel Díez de Armendáriz nació en Baztán, Navarra, en 1507. Era tío del adelantado Pedro de Ursúa y pertenecía a la rama alto-navarra (beamontesa) de la familia Armendaritz de Ultrapuertos. Estudió durante diez años en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca y luego cuatro en Francia.

Fue nombrado por la Corona visitador y juez de residencia en el Nuevo Reino de Granada, donde se le ordenó imponer las Leyes Nuevas de 1542 que suprimían las encomiendas y la esclavitud de los indios. Debió gozar de cierto prestigio profesional ya que este tipo de nombramientos se hacía para personajes ilustres, como los licenciados Tello de Sandoval en México y Núñez Vela en Perú, y otros para los restantes territorios indianos

El 22 de marzo de 1544, recibió la orden de visitar, ajusticiar, fiscalizar y hacer la residencia de las cuatro provincias de Cartagena, Santa Marta, Río San Juan y Popayán, que todavía no integraban lo que pronto sería el Nuevo Reino de Granada, territorios conquistados hacía pocos años. Su actuación se ubicaría en la transición neogranadina entre la conquista y la colonización.

En 1545, ya estaba en Cartagena de Indias, junto con Pedro de Ursúa al que nombró teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá. Inició de inmediato su cometido como juez de residencia, mandado llamar a dicha ciudad al gobernador Pedro de Heredia, que estaba en Antioquia. Le hizo un juicio muy severo, le encontró culpable de varios cargos y le remitió a España para dar cuenta de sus actuaciones. Nombró a Jorge Robledo gobernador provisional de Antioquia para implantas las Nuevas Leyes.

Tras Cartagena, envió a Sebastián de Belalcázar al Perú para publicar las Nuevas Leyes de Indias, además tenía previsto visitar Río San Juan y Popayan. Pero una insurrección de encomenderos liderada Gonzalo Pizarro en Perú hizo asesinar al gobernador Robledo y rechazar la autoridad de Armendáriz. Benalcázar pudo sofocar la rebelión acordando con los principales encomenderos que las Nuevas Leyes “se acatan pero no se cumplen”: se decidió suplicar al rey su derogación y suspender entre tanto su aplicación. Para llevar a España la súplica se comisionó como procurador a Francisco de Rodas, a quien respaldaron todos los cabildos payaneses.

Armendáriz recibió de la Audiencia de Santo Domingo los pleitos pendientes en las regiones que debía visitar, ya que no existía aún Audiencia en el Nuevo Reino. La querella que habían hecho Hernán Pérez de Quesada y su hermano Francisco contra el antiguo gobernador Alonso Luis de Lugo nunca llegó a celebrarse porque ambos muerienron en el camino desde de Santo Domingo hacia Cartagena.

Azmendáriz nombró a su sobrino Pedro de Ursúa gobernador interino de Santa Fe de Bogotá, donde había muchos problemas pendientes. Esta ciudad fue visitada por Armendáriz en noviembre de 1546, después de haber estado año y medio en Cartagena.


LEYES NUEVAS DE INDIAS


En enero de 1547, anunció las Leyes Nuevas de Indias. Los vecinos reacionaron contra ellas y decidieron nombrar procuradores para que fueran a España a suplicar su derogación. Desde la Corte, Carlos V suprimió la cláusula que prohibía otorgar las encomiendas en segunda vida, con lo que los ánimos se apaciguaron. Se enfrentó luego al gran problema de la concesión de las encomiendas, que resolvió ratificando las otorgadas por Jiménez de Quesada, con lo que surgieron muchas animadversiones hacia su persona.

Armendáriz envió algunas expediciones descubridoras importantes:

1. La expedición a la Sierra Nevada de Santa Marta, liderada por su sobrino Pedro de Ursúa, llegó al territorio Guane, pacificó a los panches al suroccidente de Santa Fe, exploró  el norte del Nuevo Reino de Granada y fundó la ciudad de Pamplona de Indias, en tierra de chitareros, el 1 de noviembre de 1549. Allí apareció el oro aluvional y Ursúa dejó bien organizada la ciudad, que gobernó durante un año.

2. La expedición para la pacificación de los muzos, que fue encomendada a Pedro de Ursúa por orden de la recién fundada Audiencia de Santa Fe, durante la cual fundó la ciudad de Tudela de los Muzos. También derrotó a los tayronas y sofocó una rebelión de cimarrones.

3. La expedición a los indios pantágoras, al mando del capitán Francisco Muñoz Pedroso, cruzó el río Magdalena y llegó a las llanuras donde luego se erigió la ciudad de Mariquita. Incluso trasmontó la cordillera hacia los nacimientos de los ríos Guarinó y La Miel, tierras antioqueñas a donde había enviado otra expedición Belalcázar.

4. La expedición de socorro a Lagasca, a quien envió cien soldados de caballería, que se unieron a otros doscientos de Belalcázar, contra Pizarro para la pacificación del Perú.

5. La expedición en busca de "el Dorado" por el río marañón, liderada Pedro de Ursúa, donde este sobrino de Armendáriz encontró la muerte debido una rebelión organizada por el vizcaíno Lope de Aguirre.

Además, fue abierto el camino a la Costa Atlántica, desde santa Fe de Bogotá por la actual Villeta.


FUNDACIÓN DE PAMPLONA DE INDIAS

Por cédula de 17 de julio de 1549 se fundó la Real Audiencia de Santa Fe, lo que significó la creación de una unidad jurídico-administrativa propia, desvinculada de los restantes territorios indianos. El visitador Armendáriz declinó en ella su mando al año siguiente, cargo que pasó a Alonso de Zurita.

Armendáriz decidió viajar a Santo Domingo, donde recibió orden de volver a Cartagena y permanecer en este puerto hasta que se completase la residencia. Posteriormente, emprendió viaje a España para apelar. Estuvo algunos años en la Corte, donde según el cronista Simón estuvo “viviendo en la angostura que vive el que no lleva recurso e bolsa”. Finalmente se hizo sacerdote y ganó por oposición una canonjía en la iglesia de Sigüenza, donde pasó sus últimos años hasta su muerte, ocurrida hacia 1553.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Blas de Lezo contra todo el Imperio británico




Valiente, honorable, buen estratega... muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcos durante el Siglo XVIII.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Aceifas de Almanzor contra el Reino de Pamplona


A finales del siglo X, el Reino de Navarra era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla.

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus. 

Obsesionado por el esplendor y la gloria de la guerra santa, el caudillo cordobés Almanzor condujo 52 expediciones contra territorio cristiano hispánico. De ellas, 9 tuvieron relación más o menos intensa con el territorio navarro, y se efectuaron en los años 978, 982, 989, 991, 992, 994, 999, 1.000 y 1.001.

ALMANZOR

La aceifa del 978 fue una de las primeras que emprendía Almanzor, y en ellas se venía mostrando bastante conservador. En  los 68 días de incursión no entabló grandes batallas, sino que se dirigió hacia tierras navarras y, siguiendo por el valle del Ebro, tantearía las fuerzas de sus oponentes del norte, esto es, desde Huesca hasta Barcelona. Después de esta campaña, los cristianos pirenaicos se hallaban alertados acerca de la calidad del enemigo que había surgido ante ellos.

La Campaña de la Victoria, entre mayo de 981 y julio de 981, tuvo como enemigo del califa cordobés al amirí omeya Gálib, que controlaba plazas del centro peninsular y que tuvo que aliarse con sus vecinos cristianos del norte.

Según las crónicas de Ibn al-Jatib e Ibn Hazm, las tropas musulmanas del caudillo Gálid fueron ayudadas por un fuerte contingente cristiano formado por castellanos del conde García Fernández y pamploneses de Ramiro Garcés, rey de Viguera y hermano del rey Sancho II Abarca. Estas se enfrentaron las tropas andalusíes y beréberes de Almanzor.

El encuentro tuvo lugar el 9 de julio de 981 en tierras cercanas a la localidad soriana de Torrevicente. Según el cronista al-Udrí, fue una aceifa de una penetración profunda hacia el enemigo, con las dos victorias de Calatayud y Atienza, y que finalizó con la muerte de Gálib y de Ramiro Garcés. El cadáver del hijo García Sánchez de Pamplona fue enterrado en el monasterio de Leire.

PRINCIPALES CAMPAÑAS DE ALMANZOR ENTRE 981 Y 2002

La Campaña de las Tres Naciones de 982 estuvo formada por dos penetraciones: la primera por el Condado de Castilla y el Reino de Pamplona; la segunda desde Huesca por los Condados catalanes de la Marca Hispánica, llegando hasta tierra de francos.

Según la crónica de Ibn al-Jatib, Almanzor tomó como rehén a una hija de Sancho Garcés II de Pamplona con la que se casó tras convertirse al islam en la Corte cordobesa. Hijo de ambos fue Abdarrahman el Sanchuelo, nacido en 983. El propio Sancho Abarca realizó una visita a Córdoba para rendir pleitesía a Almanzor y homenaje a su propio nieto, consiguiendo un periodo de paz durante casi toda la década de los 80.

Según las crónicas cristianas, la incursión de 989, entre julio y octubre, las huestes de Almanzor conquistaron las ciudades castellanas de Osma y Alcubilla. Después, hicieron una entrada por las riberas del Ebro, tanto alavesas como navarras y riojanas. Las relaciones con Sancho II Abarca empezaban de nuevo a endurecerse.

Por otra parte, el relato de Ibn Idari se extiende al relatar la rebeldía de un príncipe omeya, la de un cabecilla tuyibí de Zaragoza y la de su propio hijo Abd Allah, contra Almanzor, rebeldía que fue dominada con ocasión de esta campaña.

SANCHO II ABARCA DEFIENDE A LOS MOROS EN PAMPLONA

Dos años después, en 991, Almazor lanzó un saqueo por tierras riojanas y castellanas. La Rioja Alta pertenecería al reino de Pamplona desde setenta años antes, gracias a las conquistas de Sancho Garcés, siendo Nájera una ciudad tan importante para el reino como lo pudiera ser Pamplona.

La Crónica de Alfonso III (siglo IX) asegura que la expedición arrasó las villas de Briones, Nájera y Cenicero, siguiendo de pasada por la tierra de Estella o de Tafalla, o las zonas bajas de Cárcar y Peralta.

Durante las aceifas anteriores, Almanzor había adquirido un conocimiento del territorio navarro que pudo aprovecharlo en la que emprendió en su ataque a Galis en 992. Entre mayo y junio de este año, el Ejército califal recorrió las llanuras de Navarra y parte de su zona montañosa, apoderándose de varios castillos y de sus defensores. En Pamplona, Almanzor recibió la sumisión de su rey Sancho II Abarca y una entrega simbólica de la ciudad, sin necesidad de lucha. Ante la sumisa actitud del pamplonés, Almanzor le haría prometer que iría a Córdoba para rendirle público acatamiento, además de llevarle fuertes tributos y más de cincuenta rehenes de la nobleza. Puede ser que le obligase a dejar expeditos los pasos de la frontera pirenaica y proporcionarle guías y auxilios para dar un escarmiento en Galias, conquistando algunos de los castillos de Guillermo Sancho de Gascuña.

En 994, García II Sánchez el Temblón ascendía al trono pamplonés como rey legítimo, primogénito de Sancho II Garcés. Motivo suficiente para que Almanzor estableciese otro pacto de sumisión hacia su autoridad, no sin antes devastar las tierras navarras.

ENTRADA EN LA MEZQUITA, POR EDWIN WEEKS (1885)

La campaña por Castilla y Navarra del verano de 994 situó al Ejército cordobés a las puertas de la fortaleza de San Esteban de Gormaz, junto al Duero, conquistada al cabo de cinco días y de allí marchó a Pamplona que sitió, y cuyos habitantes se le rindieron. Después se encaminó hacia Cellorigo, castillo asentado sobre diecisiete rocas, cada una de ellas con una alcazaba, fortaleza que fue conquistada el mismo día de la llegada.

Algunas crónicas cristianas en forma de anales, precisan que la conquista de Clunia fue en un sábado 16 de junio, por lo que el ataque a Pamplona y regreso por Cellorigo tendrían lugar en el mes de julio de 994. Esta sería la primera vez que Almanzor penetrase en Pamplona como dueño y señor, pues el ataque de 992 es de suponer que sería más bien rematado por un pacto que por una ocupación violenta.

García II tuvo que firmar otro humillante pacto que perduraría hasta 999. No obstante, en 995, un grupo de caballeros navarros atacó Calatayud, matando a un hermano del gobernador Hakam Abd al-Aziz. Las represalias de Almanzor no se hicieron esperar: de los rehenes que mantenía cautivos en Córdoba como fianza de los pactos firmados con Sancho II Abarca, ejecutó a unos cincuenta. Además, a su hijo Abd al-Rahman Sanchuelo le obligó a matar por su propia mano a uno de sus nobles parientes, y eso que no contaba más de doce años de edad.

En el verano del 999, Almanzor emprendió una algazúa contra Pamplona y Pallars, esta última penetración tal vez desde Zaragoza y con la ayuda de su hijo. En la crónica andalucí se repiten los mismos tópicos de siempre: se hizo una gran matanza, consiguió muchos cautivos y destruyó aldeas y castillos luego regresó a Córdoba.

Además de la Pamplona de García II Sánchez, se asoló el Condado de Pallars, regido por Miró, todo en la misma expedición.

TROPAS DE ALMANZOR REPRESENATADAS EN LAS CANTIGAS DE SANTA MARÍA

A comienzos del nuevo milenio, en 1.000, los cristianos se habían coligado. Razón de más para que Almanzor organizase uno de los últimos actos bélicos de su vida. Una expedición veraniega, que estuvo marcada por estos hitos: salida de Córdoba el 21 de junio; batalla de Cervera el 29 de julio; ataque a Castilla, la Rioja, Navarra y llegada a Zaragoza durante agosto; encuentro en Castilla el 5 de septiembre; regreso a Córdoba con llegada el 7 de octubre.

La trascendental batalla de Cervera de Pisuerga, que Almanzor sostuvo contra una coalición de los reinos cristianos, estuvo a punto de ser su perdición. Habían acudido todos los reyes galaicos, desde el extremo de Pamplona al de León. Sancho García, del Condado de Castilla, llevaba el liderazgo, por lo que se deduce que el rey pamplonés García II Sánchez habría fallecido ya. También el leonés Vermudo III había muerto unos meses antes, y su sucesor en el trono era un hijo de corta edad.

Las tropas coaligadas se apostaron en los peñones de Cervera (Burgos), donde presentaron batalla a Almanzor, y éste tuvo la suerte de cambiar el rumbo de los acontecimientos, con el resultado de una rotunda victoria y la subsiguiente persecución de los cristianos.

La última campaña de Almanzor tuvo dos frentes abiertos, primero realizó una incursión de saqueo por tierras de Galicia y Portugal, después marchó hacia Castilla pasando por la rivera alavesa y riojana. Su intención era romper la alianza de ejércitos cristianos hispánicos coaligados por sus respectivos magnates: Sancho García de Castilla, Alfonso V de León y Sancho III de Pamplona. Así se llegó a la batalla de Calatañazor, el verano del año 1002.

Según el cronista musulmán al-Maqqari, después de reunir tropas africanas en número considerable, Almanzor emprendió desde Toledo la marcha hacia el Duero, río que remontó para atacar al conde de Castilla, que estaba rodeado de tropas innumerables de los vecinos reinos cristianos; Almanzor, como no podía ser menos, dado que la fuente de información es árabe, derrotó a sus enemigos infligiéndoles grandes pérdidas. Después marchó hacia la rebelde Miranda de Ebro, por cuenca del río Najerilla, desde donde es fácil penetrar hasta el monasterio de San Millán, o tal vez de Almonastir, junto a Calahorra y San Adrián, y estas últimas tierras ya eran indiscutiblemente de Navarra. Posteriormente, sufriendo una grave enfermedad, Almanzor murió en Medinaceli, donde fue enterrado, en la noche del 9 agosto del año 1002.

En cambio, la versión cristiana de los hechos es contraria, logrando una gran victoria para las armas hispánicas con derrota y muerte del caudillo árabe en Calatañazor. Uno de estos cronistas fue el navarro Ximénez de Rada. Lo que sí se desprende de todos los relatos, es que los pamploneses estuvieron presentes en la lucha final.

Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran que fue un mito más que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.

A Almanzor le sucedió en el mando su hijo Abd al-Malik, que durante seis o siete años más prosiguió la política de hostigamiento de los reinos cristianos que tan concienzudamente había ejercido su padre.


EN EL HARÉM, POR JUAN GIMÉNEZ MARTÍN