miércoles, 30 de diciembre de 2015

Ruta del arte religioso de la Guipúzcoa interior


Guipúzcoa es esta una tierra volcada al mar y, en apariencia, más dada el trabajo que a la devoción. Sin embargo, en su interior, de abruptos perfiles abiertos a cuchilladas por los ríos, esconde numerosos lugares para el cobijo de la fe. Son templos como los santuarios de Loyola y de Arantzazu, o la ermita de La Antigua, todos encajados en parajes bellísimos y levantados con dispares estilos arquitectónicos.

El primero con el que topa el viajero si viene desde el Cantábrico es el santuario y basílica de San Ignacio de Loyola. Es un complejo monumental y religioso construido en el barrio de Loyola de la villa de Azpeitia, a orillas del río Urola.

Destaca por su rotunda y magnífica estampa que, pese a la grisácea uniformidad de la piedra (el mismo color que el cielo plomizo de estas tierras), la primera mirada se dispara hacia la majestuosa cúpula de 65 metros de altura. Fue diseñada el arquitecto italiano Carlos Fontana, discípulo de Bernini, aunque la levantaron maestros vascos.

La entrada a la basílica, con  su cúpula circular y profundamente decorada, produce una sensación de majestuosidad. A pesar de que las obras de construcción se iniciaran en 1689, no se remataron hasta finales del siglo XIX.

BASÍLICA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
 

Muy cerca, casi escondida, como al margen de todo el complejo que se ha levantado a su alrededor, está la llamada “santa casa”. Robusta, como toda construcción que fue mitad vivienda y mitad fortaleza, se ubica la casa-torre solariega de los Loyola, donde nació san Ignacio de Loyola en 1491, patrón de Euskadi y fundador de la Compañía de Jesús, que en realidad se llamaba Iñigo López de Loyola. Este era hijo del señor de Loyola, Beltrán Ibáñez de Oñaz, cabeza del  bando de los Oñacinos, y de la ondarresa Marina Sánchez de Licona, miembro de una importante familia oñacina vizcaína.

La Compañía de Jesús se convirtió en una poderosa institución que tenía mucha influencia en la cúpula dirigente católica. Ignacio, su fundador, fue nombrado santo y, como era lógico, su casa natal pasó a ser un lugar de devoción.

En esta casa fortaleza retrocedemos cinco siglos en el tiempo para descubrir cómo era la vida cotidiana de la noble familia. La cocina, las habitaciones, el oratorio o la sala de armas muestran el lado humano del santo, y la ponen contrapunto a la espiritualidad de la basílica.

Tras dejar Loyola, el camino lleva a Azkoitia, una villa señorial en el valle del río Urola, que conserva un importante grupo de casas solariegas. Un poco después la carretera se adentra en un paisaje más abrupto con curvas. Al final, el valle de Urola suaviza el perfil de la montaña y abre el hueco necesario para que se levanten dos localidades, Zumarraga y Urretxu, separadas por el sutil fluir del agua.

El casco antiguo de Urretxu gira alrededor de la plaza Iparraguirre, donde se levantan casas solariegas y el bello palacio Ipenarrieta-Corral.

Zumarraga es célebre por ser la cuna de Miguel López de Legazpi, conquistador de Filipinas y fundador de Manila. Su ayuntamiento, con fachada de estilo neoclásico, tiene un precioso salón de plenos modernista. En esta villa se encuentra otro de los lugares santos de peregrinación por Ignacio de Loyola  y punto clave de nuestro recorrido en la ruta de los tres templos, la ermita de Santa María La Antigua. Está considerada como la catedral de las ermitas vascas.

Los primeros indicios de la iglesia datan del año 1366 y fue parroquia de Zumarraga hasta 1576, año en el que la iglesia municipal pasó ser la de Santa María de la Asunción, en el centro del pueblo.

Situada en una colina, esta ermita es todo lo contrario al santuario de Loyola. El edificio no impresiona ni se impone en el paisaje, debido a su sencillez y austeridad. Es un templo románico de los siglos XII y XIII construido sobre un antiguo fuerte defensivo, con elementos góticos añadidos. Dice la leyenda que su pétrea piel le fue otorgada por los gentiles vascos, seres mitológicos, que con ayuda de hondas, lanzaron desde la cumbre del monte Aizkorri las piedras para su construcción.

Más espectacular aún que la leyenda es la vista interior del templo. La madera de roble se convierte aquí en vigas, tirantes, tornapuntas, jabalcones y zapatas, y sin utilizar ni un solo clavo. Al menos, hasta la rehabilitación de 1990, que introdujo el uso de este elemento.

Sobre tan bella osamenta, la ermita tiene cabezas femeninas y figuras geométricas dibujadas. Si se fuerza la vista, se puede apreciar el recuerdo pictórico de una escena de caza con un dragón. Son dibujos casi infantiles, sencillos y hermosos. Como hermosa es la imagen que preside el templo: una escultura de la Virgen sosteniendo a su hijo en el brazo izquierdo, y con una manzana en la mano derecha. Su enigmática sonrisa nada tiene que envidiar a la de la Gioconda.
 
ERMITA DE MIRANDAOLA


El camino sigue y deja a un lado Legazpi, una de las villas más antiguas de Euskadi, cuyo templo religioso más destacables es la ermita de Mirandaola. Cerca de esta villa está la ferrería de Mirandola, donde intentan mantener viva la tradición de este oficio y hacen demostraciones para los visitantes.

La carretera asciende hasta pasar el último escollo montañoso antes de llegar a Oñati, la villa monumental que el pintor Ignacio Zuloaga bautizó como la “Toledo vasca”. En el rico conjunto monumental de la villa destaca sobre todo la sobria Universidad plateresca de Sancti Espiritus.

Oñati queda atrás en el valle del mismo nombre, y la carretera vuelve a alzarse por la sierra de Aizkorri hasta llegar al santuario de Nuestra Señora de Arantzazu, levantado en honor a la patrona de Guipúzcoa. Este no es un templo clásico, ya que Arantzazu es vanguardia en su totalidad. Su estructura contiene tres torres de piedra labradas y el friso de la fachada, con catorce apóstoles, una imagen de la Piedad.

En el interior, el altar tiene seiscientos metros cuadrados de madera tallada y policromada; en la cripta hay pinturas, y en los muros, vidrieras polimorfas. Todo se debe al genio coral de un grupo de artistas: Oteiza, Chillida, Sainz de Oiza, Laorga, Núñez, Basterretxea, Álvarez de Eulate, etc.

El emplazamiento tiene una historia más clásica, incluida una aparición de la virgen allá por 1468. Luego vendría la ermita, la calzada para llegar al recóndito lugar, los franciscanos y las guerras, que se empeñaban, una y otra vez, en destruir el pequeño santuario. Hasta que en 1959 se inició la construcción del templo actual.

La historia es similar a la de otros santuarios, pero aquí ha tenido un colofón vanguardista. Lo curioso es observar en el altar la figura de la virgen de Arantzazu, una talla en piedra del siglo XIII. Entre tanta grandiosidad, la virgen mide solo 36 centímetros.


SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE ARANTZAZU

lunes, 28 de diciembre de 2015

viernes, 25 de diciembre de 2015

Antonio de Leiva y Juan de Urbieta en la batalla de Pavía


Durante la primera mitad del siglo XVI, las dos poderosas dinastías europeas rivalizaban a muerte: por un lado, los Borgoña-Austria de Carlos I de España y V de Alemania; del otro, los Valois-Angulema de Francisco I de Francia.

Mantenían litigios sobre territorios como el Milanesado, Nápoles, Luxemburgo, Navarra, etc. Además, Francisco no perdonaba a Carlos que se hubiese alzado con el título de Emperador del Sacro Imperio al que también aspiraba. Llegaron a mantener cuatro guerras, conocidas como Guerras Italianas.

BATALLA DE PAVÍA
 
La primera duró cinco años, entre 1521 y 1526, y se desarrolló en el ducado de Milán. En ella se desarrollaron las batallas de Bicoca y Sesia, siendo la definitiva la sucedida en la ciudad fortificada de Pavía.

Allí se encerró uno de los más eficaces generales españoles, el navarro Antonio de Leiva, organizando la defensa con 2.000 españoles y 5.000 lansquenetes alemanes y los mercenarios suizos. La ciudad estaba muy mal protegida y desabastecida a causa de haber sufrido la peste en fechas recientes. El capitán navarro se afana en reconstruir las murallas de la ciudad. Antonio de Leiva era una de los generales más veteranos de Europa, había combatido en las Alpujarras durante la Reconquista y acompañado al Gran Capitán en otra serie de campañas italianas contra los franceses.

Los ejércitos de Francisco I, muy superiores en número de efectivos, intentan tomar la ciudad, pero no pueden expulsar a las fuerzas españolas sufriendo muchas bajas. Hubo intentos de soborno por parte del rey francés para que Antonio de Leiva entregara la ciudad, pero sin éxito. El rey ordenó la retirada para buscar un ataque alternativo. Intentó desviar el río Tesino que defendía la ciudad por un lado y quemó los molinos para dejar sin harina a la ciudad. Una lluvia torrencial destruyó las obras francesas cuando ya estaban casi terminadas, y Antonio de Leiva hizo construir otros molinos dentro de la ciudad en previsión de la destrucción que llevaría a cabo el galo de los que estaban en el río.
 
ANTONIO DE LEIVA

La guerra en aquel invierno de 1525 se hacía dura, con el tiempo lluvioso, los caminos embarrados y las nieblas traicioneras ocultando celadas en valles y malos pasos, pero tampoco quedaba otra opción. El ejército de Francisco I había cercado Pavía, y los tercios austracistas sufrían el hambre, las arcas de sus regimientos estaban exhaustas. Los sitiados no tardarían en rendirse por hambre o a sublevarse por falta de pagas. Leiva impuso tributos a los ciudadanos y la obligación de dar comida a los soldados, ordenó fundir la plata de la vajilla para poder convertirla en moneda con que pagar al ejército y recibió 3.000 escudos del marqués de Pescara.

A mediados de enero, los generales de Carlos, el contestable de Borbón, Lannoy y Pescara marcharon sobre Pavía para forzar al rey de Francia a levantar el cerco, produciéndose el enfrentamiento el 24 de febrero de 1525.
 
BATALLA DE PAVÍA

Desde que acampó en las proximidades de la ciudad fortificada, Pescara realiza una serie de falsos ataques nocturnos contra las posiciones francesas, seguramente que en busca de víveres. De este modo los acostumbró a las falsas alarmas y se aseguró que los cogería desprevenidos cuando desencadenase el ataque verdadero.

Pescara formó su columna de escuadrones de piqueros flanqueados por la caballería y arremetió contra la línea francesa en ángulo agudo, siguiendo el orden oblicuo generalizado en la época. Los franceses realizan un contraataque que consigue desbaratar la formación imperial y robar los cañones de la artillería alemana. Por contra, dejaron al descubierto su retaguardia y las tropas imperiales del marqués del Vasto se colaron por la brecha y pusieron en fuga a los suizos de Francisco.

El condestable de Borbón, al servicio de Carlos, cayó sobre la vanguardia francesa con el centro imperial. Francisco I cometió la torpeza de lanzar a su caballería al ataque contra la caballería imperial, exponiéndola al fuego de su artillería. Mientras tanto, el marqués de Pescara dispuso a sus 1.500 arcabuceros de modo que acribillaran a la caballería enemiga.

En el momento más crítico Leiva salió de Pavía con sus 5.000 hombres y después de romper el puente sobre el Ticino para cortar la retirada a los franceses, cayó sobre la retaguardia del enemigo. Ese día, Leiva estaba enfermo, pero así y todo quiso estar entre sus hombres, entre los que destacó un guipuzcoano llamado Juan de Urbieta.
 
APRESAMIENTO DE FRANCISCO I DE FRANCIA POR JUAN DE URBIETA

A Francisco I le quedaba casi intacta la infantería del centro e izquierda, compuesta de mercenarios suizos y de lansquenetes alemanes. Estos fueron arcabuceados por los españoles, poniéndoles en fuga. En aquella época, la mayoría de los arcabuces utilizados por las tropas al servicio del rey Carlos I de España y emperador Carlos V de Alemania, fueron forjadas, principalmente, en la zona del río Deba, destacando la fragua de Martín Ibáñez de Unamuno, cuyas armas por él trabajadas colaboraron de forma importante a la victoria de los soldados que las utilizaban.

Desarticulados los franceses y perseguidos por los imperiales, la batalla se redujo a combates aislados. Francisco y sus caballeros de escolta fueron rodeados por unos arcabuceros quienes dispararon a su caballo cayendo al suelo con él. Cuando trataba de levantarse, un soldado guipuzcoano, Juan de Urbieta, natural de Hernani y miembro de la compañía de Diego de Mendoza, pasó a la historia por hacerle preso, conjuntamente con un gallego, Alfonso Pita, un catalán, Juan de Aldana, y un granadino, Diego Dávila. Urbieta le puso el estoque al costado por las escotaduras de las armas, le ordenó rendición; el rey viéndose en peligro de muerte, se identificó.
 
APRESAMIENTO DE FRANCISCO I DE FRANCIA POR JUAN DE URBIETA

Juan de Oznayo, paje del marqués del Vasto y uno de los cronistas testigos de la batalla escribió:
“Francisco I iba casi solo cuando un arcabucero le mató el caballo, y yendo a caer con él, llegó un hombre de armas de la Compañía de don Diego de Mendoza, llamado Joanes de Urbieta, vascongado, natural de Hernani, en la provincia de Guipúzcoa, y como le vio tan señalado, fue sobre él al tiempo que el caballo cayó. Y poniéndole el estoque a un costado por la escotadura del arnés, le dijo que se rindiese. El rey viéndose en peligro de muerte, dijo: La vida, que soy el rey. El guipuzcoano lo entendió, aunque era dicho en francés, y diciéndole que se rindiese, él dijo: Yo me rindo al Emperador.”

JUAN DE URBIETA

La batalla de Pavía se saldó con más de 8.000 muertos franceses. Además, muchos nobles y caballeros principales cayeron prisioneros. Francisco encarcelado durante un año en España, hasta firmar el Tratado de Madrid en 1526, por el cual, reconocía los derechos de Carlos V sobre los ducados de Milán y Borgoña. Una vez en Francia, reanudó la guerra en Italia rompiendo el tratado.

Por la captura del rey francés y otros servicios, Juan de Urbieta fue recompensado en 1530 por Carlos I con el escudo de armas y un diploma acreditando sus méritos, ascendido a capitán de caballería y los títulos de caballero de la orden de Su Majestad. Por otro lado el propio Francisco I escribió una carta a Urbieta agradeciéndole su comportamiento durante la captura y el haberle permitido salvar la vida tras su rendición.

La defensa de Pavía realizada por el capitán Antonio de Leiva le valió el gobierno del Milanesado y el título de Príncipe de Ascoli.
 
BATALLA DE PAVÍA

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Lope de Aguirre en la cinematografía y literatura

La expedición de Pedro de Ursúa y de Lope de Aguirre ha sido llevada al cine en dos ocasiones:

Aguirre, la ira de Dios fue ficcionada en 1972 por el director Werner Herzog y personificado por Klaus Kinski, su título en version original alemana es Aguirre, der Zorn Gottes.

El Dorado realizada por Carlos Saura en 1988 y recreada por Omero Antonutti.



AGUIRRE, LA IRA DE DIOS


EL DORADO



AGUIRRE, LA IRA DE DIOS


A la literatura también ha sido llevado por Ramón J. Sender, en su novela La aventura equinocial de Lope de Aguirre (1964), y por Arturo Úslar Pietri, en El camino de El Dorado (1947).

Su figura ha sido representada en relatos dibujados por Alberto y Enrique Breccia en 1980, o incluso, evocada en la playa del Tirano y en la bahía del Traidor, al noreste de la isla Margarita, lugar donde desembarcó.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Melchor Oyanguren

Misionero en Filipinas y escritor de la primera gramática japonesa en español en 1738




Nació en 1688, en Salinas de Léniz, Guipúzcua.

En 1705, Melchor Oyanguren de Santa Inés ingresó en la Orden de los franciscanos descalzos, donde adquirió amplios conocimientos en lenguas latina, griega y hebrea.

En 1717, participó en una misión al Japón, permaneciendo en Filipinas ante la prohibición del Imperio jaonés de recibir en sus tierras a europeos, menos aún si estos eran religiosos. Luego, volvió a España por su mala salud. En 1721, partió por segunda vez en misión francisca a las islas Filipinas, donde permaneció hasta 1732, año en el cual regresó de nuevo a México. De aquí vino a España en 1744, donde murió tres años después.

En Filipinas hizo grandes estudios en las lenguas china, japonesa, tagalo, malayo y anamítico, que llegó a dominar a la perfección. Realizó la primera comparación del japonés con otros idiomas "exóticos", como el talago, el chino, el malayo y el vasco, su lengua nativa, añadiendo la nuevaa dimensión a la técnica. Fue uno de los primeros lingüistas en agrupar idiomas del tipo aglutinante, confrontando el euskera y el castellano con el japonés.


TAGALYSMO ELUCIDADO


Escribió 4 gramáticas, consideradas por los expertos de gran valor lingüístico escrito sobre el tagalo y el japonés:

Arte de la lengua japonesa, dividido en quarto libros según el arte de nebrixa. Con algunas voces propias de la escritura y otras de los lenguages de Ximo y del Cami, y con algunas perifrases y figuras. El Arte japona fue publicado en marzo de 1738, está considerada la primera gramática del japonés traducida a la lengua española. En él se han descubierto conceptos de gran importancia por las curiosas observaciones que el autor hace sobre la uniformidad y divergencia del japonés con otros idiomas orientales y los idiomas europeos. Hoy en día, los orientalistas consideran este Arte japona como única en su clase y de suma utilidad para el studio del idioma japonés.

Tagalismo elucidado y reducido a la latinidad de Lebrija... y con allusion que en su uso y composición tiene con el dialect chino-mandarin, con las lenguas hebrea y griega, fue publicado 1742, en México. Esta gramática tagala tuvo el mismo carácter de gramática descriptive que la gramática japonesa.

Diccionario trilingüe Tagalo-castellano-cántabro, obra de mucho mérito, que no se llegó a imprimir, y cuyo original lo guarda la comunidad franciscana.

Arte chínico, publicado como la mayoría de sus obras en 1742.

Por último, dedicado a su lengua natala, escribió un Arte de la lengua Vascongada y Cantabrismo elucidado.

ARTE DE LA LENGUA JAPONESA

sábado, 19 de diciembre de 2015

Expediciones militares en la Vasconia visigoda

Durante el establecimiento del Reino Hispano-visigodo en los primeros siglos de la Edad media, la mayor parte del territorio de las actuales Euskadi y Navarra fue integrado en el mismo, especialmente los de la actual Álava y gran parte de Navarra, pues eran las de mayor peso demográfico, económico y cultural. Sólo permaneció al margen de la estructura estatal visigoda la vertiente norte de las actuales provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, poco pobladas y mucho más atrasadas en los aspectos cultural y económico. Estos territorios experimentaron una menor la influencia visigoda, pues consiguieron mantener su lengua primitiva frente a la penetración de latín. El poder visigodo no fue fácil de establecer, especialmente en la cornisa Cantábrica, de poca romanización y sinuosa orografía.

El hecho de que no existiese un poder político firme y estable en estas zonas fue debido a la inexistencia de una unidad política y étnica de sus habitantes, pues si no existió una estatalidad visigoda claramente establecida en el reino Hispano-visigodo, menos aún existió un poder único y centralizador vascón.

MÁXIMA EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL REINO HISPANO-VISIGODO


Los visigodos nunca lanzaron campañas de conquista en las zonas de poco interés económico y pobladas por tribus casi prehistóricas. Fueron los vascones los que atacaron y saquearon las ciudades hispano-godas, y que tuvo como consecuencia operaciones de castigo por parte de los godos, nunca expediciones de conquista.

Cuando el emperador Alarico II fue derrotado por el rey franco Clodoveo en el 507, el pueblo visigodo se instaló definitivamente en la Hispania romana hasta la desaparición del Reino Hispano-visigodo en el año 711. Durante este periodo de tiempo, los enfrentamientos entre visigodos y vascones fueron constantes, mientras que estos últimos ya hacían su presencia a ambos lados de los Pirineos.

A partir del reinado de Leovigildo (568-586) los vascones se dedicaron a las expediciones de saqueo por el valle del Ebro, debiendo ser combatidos en varias ocasiones por los hispano-visigodos. Los vascones vivían en parte de los saqueos en otras tierras.

En el 581, Leovigildo dirigió un ejército contra Vasconia, un foco de tensión, arrebatando buena parte del territorio a sus moradores. Para mayor control, refundó la ciudad de Victoríaco(Vitoria) como una ciudad fuerte desde la que pacificar la frontera norteña.

LEOVIGILDO


La primera intervención de Suintila (621-631) tras ocupar el trono del Reino Hispano-visigodo fue la de sofocar a los flamígeros vascones. Las acciones se iniciaron en junio del 621, dando lugar a una victoria incontestable de los godos en 625. Aplastaron la rebelión y obtuvo numerosos rehenes que posteriormente fueron empleados en la construcción de una gran fortaleza en la zona de Navarra a la que llamaron Oligicus (Olite), para que sirviera de guarnición visigoda.

La inestabilidad volvió en los años siguientes, pues una lápida de Villafranca de Córdoba está dedicada a Oppila, un noble godo que murió en el 642 en una emboscada de vascones cuando transportaba suministros al ejército.

En los siguientes sucesos, los vascones se vieron involucrados en las guerras civiles del Reino Hispano-visigodo, fenómeno que también se repitió entre los vascones del norte del Pirineo, en las luchas de poder en el reino de los francos. Los vascones aparecieron como grupos turbulentos procedentes de las montañas, pero que carecen de iniciativa propia, actuando bajo el control de alguno de los pretendientes a la corona del Reino Hispano-visigodo. Una inestabilidad motivada por las ambiciones personales de los miembros de la alta nobleza que se disputaban el poder. Las sublevaciones eran habituales en las provincias Tarraconense y Narbonense (sureste de Francia), y los usurpadores querían contar en todo momento con quienes habían demostrado continuamente su belicosidad y buen hacer con las armas.

RECESVINTO


En el año 653, al comienzo del reinado de Recesvinto (653-672), surgió un foco de rebelión desde la agitada provincia Narbonense, liderado por el noble godo Froya, aspirante al trono. Los rebeldes eran refugiados y prófugos de reinados anteriores, además de los siempre combativos vascones.

Las columnas del ejército rebelde se internaron por la provincia Tarraconense, devastando el valle del Ebro y sitiando la ciudad de Zaragoza. Aldeas, campos, iglesias fueron saqueados y cientos de asesinatos daban idea de lo que pretendieron aquellos sublevados. En socorro de Zaragoza acudió Recesvinto con su ejército real, sofocando la revuelta en pocos días. La lucha fue muy favorable a los godos, ya que los rebeldes, entre los que se encontraban vascones, fueron masacrados y su líder decapitado, consiguiendo escapar sólo unos pocos hacia las montañas pirenaicas.

WAMBA


El 673, los vascones aprovecharon el débil inicio de reinado de Wamba (672-680) para lanzar ataques sobre el valle del Ebro y la cornisa Cantábrica. En esta ocasión se debieron exceder bastante de lo que habitualmente se les consentía, ya que el propio Wamba se puso al frente del ejército real iniciando una campaña de represalia y sometimiento contra bandas de salteadores vascones que se encontraban en la zona de la actual La Rioja. A esta sublevación se unieron algunos nobles de las zonas de la Narbonense gala y la Tarraconense hispana, que proclamaron como rey al general y noble godo Paulo, por lo que estalló una guerra civil, quedando fraccionado el reino visigodo de Toledo durante un tiempo.

Desde su base militar de Cantabria, el legítimo rey Wamba atacó con fuerza a los vascones que en tan sólo siete días fueron reducidos, como siempre, en sus montañas. Para evitar males mayores, los jefes vascones entregaron rehenes, tributos y la promesa de no participar en el futuro conflicto.

Ambos hechos (653 y 673) parecer estar coordinados: primero, los vascones se negaban a pagar los tributos correspondientes, iniciando una revuelta a la que obliga al rey a marchar hasta la región; inmediatamente, se producía un segundo conflicto más importante, pues ya implicaba a la nobleza goda y a elementos externos.

REINO HISPANO-VISIGODO HASTA LEOVIGILDO


De todas formas, estas rebeliones civiles con participación de vascones siempre fueron de menor envergadura comparadas con las que realizaron contra bizantinos y suevos. El principal rival de los visigodos fue el Imperio bizantino, que mantuvo posesiones peninsulares hasta el 625. El otro gran rival fue el independiente Reino suevo, que se extendía por Galicia, norte de Portugal y parte de Asturias, hasta su sometimiento en 585. Córdoba fue otro foco de rebelión al que tuvieron que luchar varios reyes visigodos, el último fue Leovogildo en 577. Este mismo también sofocó rebeliones en otras ciudades meridionales y mantuvo una guerra civil en la Bética contra su hijo Hemenegildo.

En cuanto a los pueblos primitivos del norte, los cántabros también fueron sometidos en 574 por Leovigildo, mientras que los astures y otros pueblos del norte, como los rocones, fueron derrotados en las campañas de 612 y 621 por Sisebuto.

Cuando se produjo la invasión musulmán en Tarifa en 711, el Reino Hispano-visigodo se encontraba dividido en una guerra de sucesión al trono, entre los partidarios de Rodrigo y los de Agila. Aguila, hijo de Witiza, controlaba las provincias orientales: la Tarraconense y la Septimania. Rodrigo, duque de la Bética, controlaba Toledo y el occidente peninsular.

En el momento del desembarco sarraceno, el rey Rodrigo emprendía una lucha en Pamplona, una ciudad de la Tarraconense, partidaria de Agila. Este pretendiente a la Corona hispano-goda negoció la entrada de los musulmanes para derrotar a Rodrigo, y que supuso el fin del Reino Hispano-visigodo.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Urdaneta, un marino que se hizo fraile agustino


Extracto del video presentado por ETB que resume la vida de Andrés de Urdaneta, militar, cosmógrafo, marino, explorador y religioso agustino, por los 500 años de su nacimiento. Realizó el famoso Tornaviaje en 1565 permitiendo la navegación de retorno en la ruta de Filipinas a México.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Batalla de Cervera


La batalla de Cervera tuvo lugar en Peña Cervera el lunes 29 de julio del año 1.000, entre la coalición cristiana de tropas navarras, castellanas y leonesas al mando de Sancho García (conde de Castilla) y de García Gómez (conde de Saldaña), frente el caudillo musulmán Almanzor al frente del ejército del Califato de Córdoba.

El ejército cristiano empezó presionando las dos alas del ejército de Almanzor, pero éste les hizo creer que recibía refuerzos, batiéndose los primeros en retirada, lo cual fue aprovechado por el ejército musulmán para controlar la situación consiguiendo la victoria aunque con unos setecientos muertos entre sus filas.

Era la primera vez que la unión de los reinos cristianos hispánicos hacía frente al ejército de Almanzor acercándose a su derrota. En palabras de Víctor Saornil fue "la única batalla en la que los ejércitos cristianos acariciaron la victoria".


MAPA DE ESPAÑA, AÑO 1.000


El ejército andalusí no luchaba en campo abierto desde la batalla de Rueda en 981 y desde el saqueo de Santiago de Compostela en 997. Todos los reyes, príncipes y condes cristianos vivían bajo una paz impuesta por Almanzor que no impidió a este lanzar nuevas aceifas (particularmente desde la muerte del conde castellano García Fernández en 995).

Las aceifas volvieron con un ataque sobre Pallars y Pamplona, siendo socorrida esta última por Sancho García (999). Un año más tarde, Almanzor lanzó una campaña contra los castellanos. El hayib musulmán necesitaba de estas expediciones para financiar con el botín a su numeroso ejército y tener ocupados en algo a sus oficiales. El ejército califal había aumentado de los 30.000 hombres en tiempos de Abderramán III a 50.000, gracias a contingentes de mercenarios bereberes traídos del Magreb por el propio hayib y leales sólo a él. Obviamente, solo una parte de este ejército acompañaba a Almanzor en sus expediciones, el resto quedaba guarneciendo las ciudades del Califato. Por razones desconocidas (quizá el auxilio del conde castellano a los navarros, quizá el abandono del tributo o el aliento del Sancho a la rebeldía de los condes leones frente a Córdoba), Almanzor decidió lanzar una ofensiva contra Castilla.

El 21 de junio del año 1000, el dictador amirí partía de Córdoba listo para castigar el desafío del conde con una numerosa hueste. Sancho García reunió sus fuerzas y recibió contingentes de otros nobles cristianos, como el rey de Pamplona, el de León o el conde de Saldaña, reuniéndose una nutrida tropa de leoneses, castellanos, navarros y vascos. El encuentro se dio en Yarbayra o Peña Cervera, al sur de Silos, entre estos altos y la localidad de Espinosa de Cervera. Los dirigentes cristianos declararon ilícito huir, estando sus hombres no dispuestos a retroceder en defensa de Castilla. Estaban acampados en una sólida posición defensiva en lo alto de un peñón que controlaba el paso de numerosos caminos. Los dos ejércitos tomaron contacto el 29 de julio y se prepararon para combatir al amanecer del día siguiente.


VILLA DE CERVERA


Almanzor, sin saber bien qué hacer al darse cuenta del tamaño de la hueste cristiana y su ventajosa ubicación, decidió reunirse con sus oficiales para decidir la estrategia. A la mañana del día 30, mientras aún los cordobeses no habían decidido un plan de acción, el conde castellano lanzó un ataque inesperado descendiendo por las laderas de la peña contra los flancos del ejército cordobés.

Los cristianos presionaron con su caballería ambos flancos de los musulmanes que apenas se sostenían, sorprendidos por el embate enemigo. Justo en el momento en que su flanco derecho estaba a punto de desbaratarse por completo, Almanzor envió a su hijo favorito, Abd al-Malik al-Muzaffar, para sostenerlo, mientras que su otro hijo, Abderramán Sanchuelo, acudía a auxiliar otro punto de la línea de batalla. Estos refuerzos equilibraron el combate, que se intensificó. Uno de los jefes bereberes que acompañaban a al-Muzaffar dio muerte a uno de los condes Banu Gómez. Entonces, Almanzor realizó la martingala que le valió la victoria en el reñido enfrentamiento: ordenó trasladar campamento desde la hondonada donde se hallaba a un cerro cercano. El conde castellano creyó que las fuerzas que aparecieron en el alto eran nuevos refuerzos que acudían a la batalla y ordenó la retirada, que se convirtió en una desbandada. La caballería islámica se encargó de perseguir al enemigo. Almanzor logró capturar el campamento enemigo.


GUERREROS DE ALMANZOR


Era la primera vez que la unión de los cristianos luchaba frente al ejército de Almanzor y casi le causaba la derrota. Las bajas del ejército califal fueron estimadas en setecientos muertos por los cronistas musulmanes. Almanzor logró capturar el campamento enemigo, con numerosas armas y objetos de valor. Moriría en 1002, cuando estaba de campaña en tierras riojanas.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Sancho de Vallecilla y el Casal

Capitán de mar y guerra de varias flotas reales del siglo XVI


Sancho de Vallecilla y el Casal nació en los años 1540, en Portugalete, Vizcaya. Su padre, Martín de Vallecilla, fue durante más de 30 años piloto en la mar. Comenzó su vida en el mar embarcándose en el año 1558, posiblemente en cuanto cumplió los 15 años, una edad que coincidiría con la que empezaron otros ilustres marinos coetáneos suyos.

Participaba en la navegación de cabotaje al mando de su navío, especialmente en los dos viajes anuales que salían desde Portugalete con destino a Flandes, transportando mercaderías que cargaba en los puertos andaluces o, más comúnmente, lana de Burgos y cierta variedad de productos propios (barras de hierro, castañas...) que se embarcaban en Bilbao o en la misma villa de Portugalete.

Alternaba esta labor con frecuentes servicios a la Corona, bien mediante la prestación de sus barcos, cuando estos eran requisados para tomar parte en alguna empresa concreta, o bien ofreciendo sus servicios como maestre y piloto en algunas armadas, destacando su labor en la Armada de Pedro Menéndez de Avilés, en que actuó de piloto mayor.

La segunda parte de su actividad, que daría comienzo en torno al año 1580, está dedicada por entero a la milicia, actuando en diversas acciones de guerra como capitán de mar y guerra al mando de un galeón y de una de las compañías embarcadas en la Armada del Océano y, también, ejerciendo como consultor, o siendo reclamado por sus vastos conocimientos en materia de navegación y de barcos para hacerse cargo del arqueo de algunos navíos y escuadras.




Antes de que se dedique por entero a la milicia, se hallaba como maestre de su propio navío, transportando lanas en las flotas que dos veces al año hacían el trayecto Portugalete-Flandes. Por ejemplo, en el año 1567 se le encuentra como maestre y dueño de la nao Nuestra Señora de la Concepción, que con una carga de 278 sacas de lanas partió con destino a La Exclusa o Ramua. Vallecilla perdió esta nao cuando navegaba cercana a la costa de Bretaña, al encallar a causa de su excesivo calado.

Pocos años después, en 1572, perdió otro navío nuevo, el galeón Nuestra Señora, de 150 toneles, en la que sin duda alguna fue la jornada más trágica que ha vivido la flota de Portugalete en toda su historia. Los barcos que componían la flota de esta villa, unidos a los de Bilbao y a los de las Cuatro Villas, se unieron a la armada que aquel año mandaba el duque de Medinaceli, encargada de llevar soldados y provisiones a los estados de Flandes que se hallaban alzados contra el monarca español. Tras una serie de episodios desgraciados, con todos los barcos requisados para servir en la armada, la poderosa flota de los rebeldes (los "mendigos del mar"), fue acabando, uno por uno, con la mejor flota mercante que existía en aquel tiempo.

En los años inmediatamente posteriores aparece llevando bastimentos desde Santander a Lisboa, también que los de La Rochela le tomaron otra nao nueva de otras 200 toneladas, por estar entregando 100.000 anegas de trigo que llevó a su cargo en 18 naos y navíos.

En abril de 1579, se encontraba en San Lúcar de Barrameda, junto al también maestre portugalujo Pedro de Herrada, en los días previos a que saliese una flota con destino a Cartagena de Indias de la que Sancho de Vallecilla fue general. Dicha flota se hallaba ya surta en el puerto de Cartagena en enero del año 1580.

Durante algunos años, sirvió de maestre y piloto en el galeón capitán en que andaba el adelantado Pedro Menéndez de Avilés en la guarda de la Carrera de Indias. El avilesino Pedro Menéndez era el marino más destacado de aquellos años y Vallecilla, como piloto mayor de su armada, pudo aprender muchísimas cosas de este genial militar y navegante.

En 1574, murió Pedro Menéndez. Vallecilla había adquirido con él enormes conocimientos sobre el arte de navegar y la construcción de navíos.

En torno al año 1570 Sancho de Vallecilla, contrajo matrimonio con la portugaluja Antonia Fernández de Rasines y Gobela. Poco después nació su primogénito, Martín de Vallecilla y Rasines y algún año después su hijo segundo Francisco de Vallecilla y Rasines. Ambos fueron militares y marinos muy señalados.

El año 1581 el rey pidió la opinión de un reducido grupo de personas, elegidas entre las que más sabían en aquel tiempo de navegación, acerca del modelo y traza de los galeones que se mandaron construir aquel año en Bizkaia. Sancho de Vallecilla era uno de ellos entre los que se encontraban también Cristóbal de Barros, el mejor constructor de naos que tenía la corona, y los marinos Diego Flores de Valdés, Pedro Sarmiento, Martín de Zubieta, Juan Martínez de Recalde y Juan de Lasarte.

Vallecilla llevó de Santander a San Lúcar 3 galeones de los 9 que fueron fabricados por Cristóbal de Barros y, habiéndolos probado "a todo trance", certificó que eran los mejores y más veleros "que ninguno hasta hoy ha navegado". Vallecilla quedó tan encantado del gobierno de aquellos navíos que pidió al rey que le diese el mando de uno de ellos.

El año 1584, atendiendo a la petición de Vallecilla, el rey le otorgó el título de capitán de mar y guerra de uno de los seis navíos que quedaban en Santander, que sumados a los anteriores, fueron convertidos en una armada que se puso a las órdenes del bilbaino Juan Martínez de Recalde.

Al mando del galeón La Asunción se encontraba en junio de 1585 formando parte de la Armada de galeones de Recalde, con la misión de limpiar las costas de enemigos. Ese mismo año, también sirvió como capitán de una compañía de la Real Armada de Galeones de la Guarda de Indias, en las Azores, para recibir a la Flota de la Carrera de Indias. Estaba compuesta por 9 galeones y 3 fragatas con con Juan Martínez de Recalde por general y, con el grado de alférez, se hallaba su hijo Martín, futuro general, en el que fue su primer viaje (de hecho, en ocasiones Martín de Vallecilla reemplazó a su padre en la plaza de capitán por las repetidas ausencias de su padre sirviendo a S.M. en el apresto de armadas). Poco tiempo después regresó la armada dando protección a las flotas de Indias. Aquella flota estaba llena de mandos de origen vascongado: el almirante Francisco de Eraso, el veedor y contador Marcos de Aramburu, y los capitanes Sancho de Vallecilla, Macián y Domingo de Urquieta, etc.




En 1586, Sancho de Vallecilla marchó a Cartagena de Indias como capitán del galeón La Asunción, de la misma Armada de Indias, a las órdenes del general Álvaro Flores de Quiñones en sustitución de Recalde. Se pretendía traer una gran suma de oro y plata y se temía que el corsario Francis Drake, al frente de una flota cuyo número de navíos se estimaba en unos 30, junto a la de otros corsarios ingleses intentaran atacar la flota o algunas ciudades americanas.

En septiembre de 1588, el general Álvaro Flores de Quiñones nombró a Sancho de Vallecilla capitán de infantería y de mar de un barco de la Armada de pataches con la que aquel año navegó a Tierra Firme, pues en esta ocasión no llevó galeones.

En 28 de diciembre de 1589, Sancho de Vallecilla recibió orden del duque de Medina Sidonia de levantar un "fuerte golpe" de gente de infantería, marineros y artilleros en Sevilla, para enviar a las provincias de Tierra Firme.

En 1590, se hallaba en prisión en Sevilla a causa de 800 ducados en que fue condenado en la visita de galeones del año 1587. Se le concedió la libertad para que pudiese navegar ese año a Indias con la condición de que fuese pagando de su sueldo aquella cantidad.

En 1590, se encontraba en un patache en la Armada de Galeones, al mando de Juan de Uribe Apallua.

En 23 de diciembre de 1591, se le dio Cédula de S.M. para que partiese de la corte al puerto del Ferrol a recibir el galeón San Simón y los navíos del cargo de Francisco Gallinaro y los de las presas que él hizo y los llevase con la infantería y demás gente a la vuelta de Lisboa. El rey le remitió carta aprobando el cuidado con el que entró en Lisboa con los navíos.

En 11 de febrero de 1592, recibió de S.M. título de capitán de mar y guerra de uno de los galeones de la Armada de Indias a cargo del general Juan de Uribe Apalua. En 3 de febrero de 1592, Juan de Uribe le escribe encargándole se diese prisa en el despacho de las naves que llevaría a su cargo y nombramiento de dicho general para que en la navegación de la Armada del Océano desde Cádiz a Lisboa sirviese de almirante por ausencia del propietario.

El año 1593, el general Francisco Coloma sustituyó a Juan de Uribe al mando de la Armada de Indias, y el 12 de febrero de 1593, ordenó a Vallecilla que fuese a las Salinas, a buscar y recoger los marineros que llegaron allí en la capitana de Vizcaya.

Posteriormente, le ofreció otra orden, de 4 de abril de 1593, para que por la prisa con que les ordenaron salir los navíos que quedasen aprestándose quedasen a cargo de Sancho de Vallecilla y fuese con ellos en su seguimiento.

Órdenes de 6, 13 y 27 de julio de 1593 del adelantado mayor de Castilla y del capitán Cristóbal Sánchez, a cuyo cargo estaba la Armada de la Guarda del Estrecho, de lo que debía hacer en el manejo de los navíos que traía de su escuadra, de la que era almirante.

En 23 de febrero de 1594, partió la armada a las órdenes de Coloma de la bahía de Cádiz y, aunque la vuelta estaba prevista para antes del verano de ese año, se hallaba de invernada obligada por la falta de bastimentos y de carena para los navíos, aguardando a que desde España les enviasen suministros. Junto con la Armada de Indias se vieron obligadas a posponer su partida las Flotas de Tierra Firme y de Nueva España,

En esta ocasión existen documentos que nos permiten conocer el organigrama de mando de la armada: Francisco Coloma, capitán general; Diego de Sotomayor, almirante; Fadrique Cancer, capitán del Tercio de Infantería Española y gobernador de dicho Tercio. Los capitanes embarcados de los Tercios: Marco Antonio Becerra, Pedro Esquivel, Pedro de Chabarri, Luis de Velasco, Pedro Sánchez Escudero, Pedro Díaz de Nabia, Juan de Villaverde, Sancho de Vallecilla, Francisco del Corral y Pablo de Aramburu. Finalmente, el sargento mayor Pedro Durán y el alférez Carlos Milán. La armada estaba compuesta por 8 galeones (de los que era capitana el San Felipe y almiranta el San Andrés), 5 fragatas (una de las cuales era la Santiago que se hundió perdiendo la vida el capitán Hernando Caballero y toda la tripulación) y dos pataches (o zabras, una de ellas la Santa Clara), una carabela (Esmeralda) y dos charrúas (Espíritu Santo y San Pedro).

En aquella ocasión la Armada y flotas que se hallaban en puerto, contradecían las órdenes reales por las que se mandaba a su capitán general que partiese sin dilación antes del mes de julio hacia España. Ante la imposibilidad de cumplirlas sin poner en gran riesgo barcos y tripulaciones, Osorio juntó a sus mandos para que diesen su parecer sobre lo que debía hacerse. La mayor parte fue del acuerdo de esperar, aún sabiendo que la broma pudriría algún barco. Sancho de Vallecilla también fue de esta opinión. A la vez, añadía un dato que nos resulta de gran interés pues, para apoyar su propuesta, aseguraba que había navegado desde hacía 25 años en la Carrera de las Indias, es decir, desde el año 1569, dato que ya apuntábamos más arriba para tratar de conocer el año en que sirvió a las órdenes de Pedro Menéndez de Avilés.

En marzo de 1595, se le dio instrucción para que volviese a España. En septiembre del mismo año hallamos a Vallecilla embarcando en Cádiz con su compañía de infantería, en uno de los barcos de la escuadra de galeones "ilíricos" (italianos), compuesta por 12 galeones y 5 naos, que mandaba el napolitano Pedro de Ybella con destino a Lisboa. En 20 de septiembre de ese año, recibió licencia del conde de Portoalegre para dejar la compañía a cargo del alférez y acudir a Sevilla en servicio de S.M.

En 29 de agosto de 1596, se le dio título como capitán de infantería y gente de mar que se embarcase en uno de los filibotes de la escuadra del general sevillano Pedro Tello de Guzmán (que el año anterior había acabado con John Hawkins en Puerto Rico), que se aprestó para llevar socorro a la armada y flotas que venían a cargo del general Bernardino de Avellaneda. En diciembre de 1596, fue nombrado almirante de la Armada de la Guarda de Indias de Pedro Tello.

En noviembre del año 1597 se dio a Vallecilla el mando de una escuadra compuesta por 4 pataches para correr con ella la costa del Cabo San Vicente y "enmararse" y descubrir los enemigos y dar cuenta de ello.




Las distinciones a Vallecilla fueron muchas, pero nunca consiguió llegar a a ser una figura que destacase tanto como sus cualidades lo requerían. Fue propuesto en diversas ocasiones para ser almirante de diversas flotas, en 1602 para almirante de la Armada de la Carrera de Indias, en 1604 para la de Tierra Firme, en 1605 para la flota de Nueva España y en 1606 para almirante de la flota de Barlovento.

No hay duda de que Sancho de Vallecilla era consciente de que su carrera militar no podría llegar mucho más lejos que aquellas distinciones que consiguió, en una época en la que llegar a general de alguna armada requería o bien títulos nobiliarios o bien disponer de antepasados cuyos servicios prestados se acumulasen a los que podía presentar uno mismo. Él no tuvo esas oportunidades pero, a cambio, abrió las puertas de par en par a sus descendientes, quienes contaron, entre otros títulos, los de gobernadores, generales y almirantes.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Escultura a Juan de Garay en Buenos Aires


El monumento a Juan de Garay en Buenos Aires es una estatua dedicada al explorador español por realizar la segunda y definitiva fundación de la capital de Argentina, además de ser gobernador del Río de la Plata y Paraguay. Está situada en la Plazoleta del 11 de junio de 1580, fecha de dicha fundación de Buenos Aires, frente a uno de los laterales de la Casa Rosada y Plaza de Mayor, en el barrio histórico de Monserrat. Tanto la estatua como el pedestal fueron construidos por el escultor alemán Gustav Heinrich Eberlein en 1915. 

Detrás hay un árbol roble en homenaje al Árbol de Guernica, el símbolo de los fueros del Señorío de Vizcaya.



MONUMENTO A JUAN DE GARAY EN BUENOS AIRES