06/09/2023

Corso marítimo vasco en el siglo XVI


A solicitud de las Juntas de Guernica, en 1498, Fernando el Católico concedía licencia de corso a los armadores de navíos guipuzcoanos y vizcaínos para atacar barcos franceses, respetando a los nacionales y los de estados aliados. En esos años comenzaba el largo proceso de enfrentamientos militares denominado Guerras Italianas franco-españolas.

En el siglo XVI, con el descubrimiento y control de las Indias unido a las posesiones heredadas en Europa por Carlos V, el panorama geoestratégico fue cambiando, suscitando en otras monarquías inquietud y envidia, especialmente de ingleses y franceses.

En plenas Guerras de Italia, en 1525, el emperador autorizó armar en corso a todos los súbditos de forma generalizada, por tanto incluyendo a guipuzcoanos y vizcaínos. Mediante una carta firmada en Burgos, daba licencia a los guipuzcoanos "para armar por mar e fazer los daños que pudieren en ropa de enemigos, haziendoles merced de todo lo que así tomaren enteramente".

En la nueva patente de corso permitía a los practicantes la merced del quinto, anteriormente a disposición a la Real Hacienda en las presas que se consiguiesen. Con este aliciente, la actividad marítima aumentó en los años inmediatos, y los puertos de la costa vasca experimentaron un fuerte incremento del número de buques de guerra que armaron. Las presas que hicieron en los mares cercanos a Francia y Holanda fue muchas con respecto a décadas anteriores.

COMBATE DE MARINOS Y CORSARIOS

Gracias a la estas licencias reales, los armadores guipuzcoanos se convirtieron en marinos en corso que ejercieron una serie de campañas bélicas y mercantiles con gran retribución económica para ellos y un severo desgaste para los rivales del Imperio español. Entre los años, 1525 y 1555, el número de embarcaciones que realizaban prácticas corsarias creció de forma exponencial, en la obtención de beneficios y bajo el respeto que se habían ganado quienes lo ejercieron.

Existen noticias de corsarios vascos en todos los mares de la fachada Atlántica europea y el Mediterráneo, además de las costas de la América española. Varios jauntxos guipuzcoanos fueron capaces de armar, entre 1552 y 1555, unas 350 naves con las que controlaron el mar Cantábrico desde Galicia hasta Bretaña.

La documentación existente demuestra que se realizaron numerosas acciones bélicas por cosarios guipuzcoanos entre 1551 y 1555, en las que capturaron más de 200 naos francesas. Sólo en 1555, consiguieron anular a gran parte de la flota pesquera francesa, formada por unas 300 naves, de las cuales, la mayoría regresó sin pesca y 42 fueron capturadas por corsarios guipuzcoanos, ocasionando unas pérdidas estimadas de 400.000 ducados para el Reino de Francia.

En 1554, una intervención del licenciado Beresiartu en las Juntas Generales de Segura, destacaba los enormes triunfos de la flota guipuzcoana y exigía enviar a la Corte un documentos que explicase el número de capturas conseguidas y victorias cosechadas con el objetivo de recibir a cambio mercedes. Defendió que los puertos marítimos y astilleros navales de Guipúzcoa habían realizado más servicios a la Corona que en el resto de costas españolas hasta el estrecho de Gibraltar. Su radio de acción, desde Francia hasta Noruega y al oeste, hasta Finisterre o Inglaterra.

En 1555, una comisión oficial reunió el testimonio de 14 capitanes corsarios y armadores navales de los puertos guipuzcoanos que ejercieron esta práctica marítima entre 1552 y 1555. El capitán corsario y armador Martín Cardel, natural de San Sebastián, relató que existían 350 embarcaciones de la provincia, que llevaban una artillería y arcabucería puntera fabricada en las ferrerías ameras de la cuenca del río Deva, poniendo de relieva el "gran orden, que aun su Magestad apenas armaría mejor". Detallaba que las naves se dotaban de "lombardas, mosquetes, versos, arcabuces, ballestas, gurguces, echafuegos, lanzas, dardos y otros géneros de armas ofensivas".

El capitán corsario y armador naval Francisco de Illarreta, natural de San Sebastián, amplió la zona de navegación en corso que llegaba hasta las islas Británicas. Además, aseguró haber armado su propia nao de 200 toneladas con 600 hombres.

El capitán corsario y armador naval Domingo de Gorocica, alcalde de Deva, llegó a relatar que se efectuaron algunas misiones en corso hasta las pesquerías de Terranova, en cuyo litoral ya se habían asentado pescadores franceses competencia de los balleneros y bacaladeros vascos. Enfatizó el ornamento de la flota guipuzcoana, que incluía banderas y estandartes como elementos de orden y profesionalidad de la infantería de marina creada por Carlos V en 1537.

Además de los combates navales en aguas marítimas contra barcos mercantes, realizaron operaciones anfibias de agua-tierra bien organizadas mediante el uso de tambores y flautines y el porte de insignias reales como si de un ejército regular se tratara, retirándose rápidamente a sus naos tras conseguir capturas. Los corsarios de Deva narraron una batalla en tierra en la que marchaban 253 corsarios cuando se encontraron con un contingente de 1.500 hombres.

El capitán Illarreta relató que sus naves se adentraban en las rías varias leguas en su interior, después su tripulación saltaba a tierra, tomaban casas fuertes, combatían a las autoridades armadas, y saqueaban lo que podían, dando varias muerte y recibiendo otras tantas.

El capitán Martín Sanz de Echave ofreció testimonio del asalto al castillo de un caballero francés, al que apresaron junto a sus familiares para luego liberarlos.

El capitán Martín de Irarrazabal aseguró que había apresado 60 naos con sus cargas y armamentos.

En una carta escrita por el capitán Miguel de Iturain con fecha del 15 de octubre de 1551, explicaba:
"… que desde que empezó la guerra salió de armada con un galeón de doscientos toneles y que habiéndose encontrado con otro mayo de Bayona, de que era capitán Martín de Vina que venía de la pesca de las ballenas de Terranova, combatió mucho y le venció y le trajo preso al puerto de Pasajes."
Aquel año, siendo capitán de una embarcación de 200 toneladas apresó a dos naves francesas tras duro combate en colaboración con otro capitán vasco llamado Domingo de Albistur. Ambas naves estaban muy bien artilladas, con piezas de bronces y de hierro, transportaban una buena cantidad de bacalao pescado en aguas de Terranova, y fueron llevadas a Pasajes.

Sin embargo, el ataque corsario guipuzcoano por excelencia fue el abordaje, normalmente sin poner en peligro ni su nave ni la presa, por medio de embarcaciones auxiliares más rápidas y maniobrables. Después del combate y neutralizada la tripulación, los prisioneros eran llevados a juicio público y devueltos a su país.

Una de esta acciones de abordaje y ataque anfibio fue la que realizaron los tres capitanes corsarios y armadores navales Juan de Erauso, Miguel de Iturain y Joanes de Lizarza que se asociaron para sestar un golpe en las pesquerías francesas de Terranova. Allí capturaron 12 grandes naos repletas de bacalao, cuya valoración estimada fue de 5.000 ducados, que repartieron entre los tres capitanes.

CUBIERTA DE EMBARCACIÓN CORSARIA

A partir del enfrentamiento entre Carlos V y Francisco I, del que salió vencedor el primero, el monarca francés estableció en San Juan de Luz un centro de espionaje y desarrollo de corso contra los buques españoles que partían de puertos cántabros hacia Flandes, el mar Mediterráneo o los virreinatos españoles de América haciendo escala primero en Sevilla. Desde entonces, el corso fue recíproco y numerosos corsarios europeos atacaron a barcos españoles que hacía la ruta de la Carrera de Indias. La Real Armada española se hizo vigilante y escolta de los barcos mercantes cargados de metales, armas y otras mercancías en las rutas oceánicas al servicio de la Corona española.

Los franceses con patente de corso también operaban sobre el litoral vasco. Una acción de seis naos galas robó de noche la carraca de mercancías de Juan de Iturrain, en Motrico. Las autoridades locales avisaron con prontitud a las de San Sebastián, desde donde partieron 6 naos con 1.200 hombres para darles caza muy cerca de San Juan de Luz. Tras un duro combate recuperaron la carraca y la llevaron a Pasajes.



CORSARIOS Y APRESADOS

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