jueves, 29 de junio de 2017

Adiós, España, por Jesús Laínz




Adiós España. Verdad y mentira de los nacionalismos
Jesús Laínz, Ediciones Encuentro, Madrid (2004), 840 páginas


Este libro de Jesús Laínz es una de las contribuciones a la historiografía más extensas y mejor informadas. Sus más de 800 páginas, escritas con gran claridad y rigor conceptual, tratan cuatro temas principales.

El primero es el de la identidad y la unidad española tan como se desarrolló durante los reinos medievales y la posterior Monarquía española.

El segundo, que recibe la atención más detenida, es el análisis de las leyendas y mitos históricos vascos desde el siglo XVI hasta la actualidad. Los capítulos dedicados a los nacionalismos catalán y gallego son, en comparación, más breves, mientras que la última parte del trabajo trata las reclamaciones, controversias y contradicciones que se han desarrollado durante las últimas décadas bajo el actual Estado de las Autonomías.

El resultado es el más completo compendio crítico o guía sobre la mayoría de estos problemas que haya aparecido nunca en un solo libro.

Laínz no es un historiador profesional y en los últimos años se ha propagado mucho en España la absurda idea de que la historia es una ciencia tan arcana que sólo puede ser tratada adecuadamente por profesores universitarios. En otros países occidentales una concepción tan estrecha y corporativista simplemente causaría risa. Lo que requieren los buenos estudios históricos no es un título de licenciatura sino inteligencia, precisión, rigor y trabajo duro en las fuentes adecuadas. Y en lo que se refiere a estos requisitos, el libro de Laínz los cumple más que sobradamente. Analiza a conciencia y con precisión las más importantes fuentes publicadas y ejerce sobre las aberraciones e invenciones históricas e historiográficas de los nacionalistas extremados una demoledora crítica.

El carácter de una identidad española común, tal como se reveló en los primeros siglos de historia española, es explicado con claridad, mientras que una amplia parte del libro está dedicada a las invenciones y manipulaciones del nacionalismo vasco. Mucho de ello ha sido estudiado por otros autores, pero ningún otro título realiza un análisis tan completo en un solo libro.

Los cambios en el contexto histórico que causaron el desarrollo de las ideas prenacionalistas y posteriormente nacionalistas son explicados con detalle, junto con el origen de la mayoría de estas ideas y su relación, o ausencia de ella, con los hechos históricos.

Formulaciones clásicas como la hidalguía universal vascongada, la cuestión racial, el territorio o la lengua son tratados en su contexto histórico original.

Un aspecto que habría merecido un examen más extenso es la definición original y la institucionalización de los fueros vascongados. Éstos fueron producto de los siglos XV y XVI, aunque aspectos más concretos se enraizaban a veces en tiempos anteriores. Lo que Laínz realiza, en cualquier caso, es una lúcida y precisa explicación de la evolución de la controversia sobre los fueros desde el siglo XVIII hasta el presente.

La última sección del libro se ocupa de los asuntos más importantes de la actualidad, como la autodeterminación, los derechos constitucionales, la política del Partido Nacionalista Vasco y la postura de los nacionalismos ante la globalización. Esta sección es inevitablemente más política y polémica, pero ha sido igualmente estudiada con atención y puede ser leída con aprovechamiento.

Este libro será extremadamente útil sobre todo para los estudiantes y, en general, para el lector interesado y preocupado por las controversias sobre identidad nacional y por las estridentes, ahistóricas reclamaciones del nacionalismo vasco en especial. Pone en manos del lector una guía certera y sólidamente construida sobre muchos de estos problemas y en particular sobre la naturaleza y el origen de las numerosas leyendas y ahistóricas pretensiones del nacionalismo vasco.

Adiós, España merece ser ampliamente leído si se quiere comprender el trasfondo histórico y la construcción de algunos de los temas que tanta controversia han causado en los últimos años.

Reseña del editor:

Stanley G. Payne, autor del prólogo:
"Adiós, España es el más completo compendio crítico o guía sobre la mayoría de estos problemas que haya aparecido nunca en un solo libro (...) Merece la pena ser ampliamente leído si se quiere comprender el trasfondo histórico y la construcción de algunos de los temas que tanta controversia han causado en los últimos años."

El Submarino, La Razón:
"El libro del año podría ser éste. Hacía muchísimo tiempo que alguien no volcaba tanta erudición crítica, tanto sentido común, en un tema que sin duda ocupará los próximos años de la vida política española."

José Francisco Serrano, Alfa y Omega, ABC:
"A partir de las primeras páginas Jesús Laínz engancha al lector en una aventura apasionante de deslegitimación de la historia nacionalista con el paso firme de la utilización de fuentes primarias combinadas con un estilo ágil y ameno."

Pío Moa, La Ilustración Liberal:
"Este libro llega muy a tiempo y es de lectura obligada para quien quiera conocer unas pseudomitologías que no por absurdas dejan de fundamentar uno de los problemas más importantes, si no el más importante, en el futuro próximo de España."

Francisco Ignacio de Cáceres, El Diario Montañés:
"Un gran libro, por su tamaño, pero sobre todo por la calidad y la cantidad de su documentación, y por su interesante lectura, que en algunos pasajes logra ser apasionante."

Luis Míguez, El Semanal Digital:
"Este panorama tan estimulante estaba reclamando un compendio, una 'summa' que desmontase desde todos los puntos de vista a la vez la gigantesca impostura en la que se basan los nacionalismos disgregadores. Pues bien, creo no equivocarme si afirmo que esa 'summa' ya existe: Adiós, España."

Aleix Vidal-Quadras, La Razón:
"Adiós, España recorre más de veinte siglos y liquida con una atractiva mezcla de erudición e ironía todos y cada uno de los inventos que los nacionalistas hacen circular como moneda histórica de curso legal para despiste de ingenuos y alimento de fanáticos."

ÍNDICE:

Prólogo, por Stanley G. Payne

Introducción


I LA HISTORIA

1. La Edad Antigua
2. La Hispania visigoda
3. La Edad Media
4. La Edad Moderna
5. 1808: La verdadera construcción nacional de los vascos
6. Las guerras carlistas
7. La cuestión foral en la España y la Europa de los siglos XVIII y XIX
8. II República y Guerra Civil
9. Franquismo y nacionalismos


II OTROS MITOS

10. El racismo sin raza
11. La lengua
12. El territorio
13. El paralelismo irlandés


III LOS OTROS NACIONALISMOS

14. El caso catalán
15. El caso gallego


IV LA ESPAÑA DE HOY

16. El Estado de las Autonomías
17. El derecho de autodeterminación
18. Los derechos históricos
19. La responsabilidad del PNV
20. Los nacionalismos ante la globalización

lunes, 26 de junio de 2017

Martín Zurbano de Azpeitia


Consejero de los Reyes Católicos, miembro del Consejo de Castilla, presidente del tribunal de la Inquisición y obispo de Tuy

SEPULCRO DE MARTÍN DE AZPEITIA

Martín de Zurbano era natural de Azpeitia, donde nació a mediados del siglo XV. Pertenecía a una familia nobiliaria alavesa de Arrazua, de la casa de Bustinzuri, que se había establecido en Guipúzcoa. Fue conocido como Martín de Azpeitia y como Maestro Azpeitia. 

Era un época donde las luchas de bandos que afectaban las tierras del valle del Urola dejaron las casas-torres con sus almenados desmantelados, en especial las de Loyola, Emparan, Balda e Iraeta. Las Hermandades y el rey Enrique IV expulsaron de sus baluartes a aquellos que tanta violencia ofrecieron a la provincia con sus rivalidades. Los Pariente Mayores más belicosos fueron desterrados a Ximena de la Frontera, en la frontera de Castilla con Granada.

Tras graduarse en artes y teología, probablemente en la Universidad de Salamanca, aparece como canónigo magistral de Ciudad Rodrigo, y más tarde como canónigo en la catedral de Santiago de Compostela.

En 1491, accedió como abad en encomienda al monasterio de San Juan de Poyo, en Pontevedra, como mero administrador de los bienes de Poyo, no formando parte de la comunidad. Desde ese mismo año hasta 1503, participó en varias misiones del papa Alejandro VI por Italia y Alemania, como protonotario apostólico.

En 1506, fue nombrado miembro del Consejo de la Inquisición, junto con el oñatiarra Mercado de Zuazola y otros vascos. Desempeñó un papel relevante en la Congregación General de 1508 y en la redacción de las Constituciones para la Inquisición de los Reinos de Aragón y de Sicilia. 

Además, fue miembro del Consejo de Castilla, ganándose la confianza de la reina Isabel. Aparece constantemente como consejero real, por ejemplo en la inscripción de su sepulcro: "... del Consejo de los Católicos nuestros Reyes Don Fernando y Doña Isabel..."; en su testamento "... del Consejo de sus Altezas ... reinaban, por entonces, Doña Juana y Don Fernando como Regente, en Castilla."; Flórez y Ávila y La Cueva, tomándolo del Tumbo de la Catedral de Tuy, escriben: "... sábese que el referido señor era del Consejo de la Reina ..."; Lo mismo dice A. Lambert: "... conseiller de la reine Isabelle...".

Coincidió en la Corte con otros consejeros reales vascos como Rodrigo Mercado de Zuazola, doctor en leyes y cánones y los licenciados García Yáñez de Mújica y Ortuño Yáñez de Aguirre. Pero, a diferencia de ellos, consejeros en derecho, Martín de Azpeitia era consejero en teología. 

Su último cargo fue en la sede episcopal de Tuy, en Pontevedra, en 1515. Pero falleció un año después en Madrid.

Zurbano tiene capilla propia con panteón en la parroquia San Sebastián de Soreasu, en Azpeitia, ejemplo del arte renacentista guipuzcoano. Es una capilla dedicada a San Martín, con hermoso retablo y reja y, sobre todo con el espléndido sepulcro de estatua orante, donde quiso que reposaran sus restos:
"...que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia de San Sebastián de la villa de Azpeitia, de donde soy natural; en la mi sepultura se haga una capilla...; mando que se haga de mis bienes, en la cual e en el retablo della gasten hasta mill ducados de oro..."

SEPULCRO DE MARTÍN ZURBANO EN LA PARROQUIA DE SAN SEBASTIÁN DE AZPEITIA

viernes, 23 de junio de 2017

Ignacio de Loyola. Soldado, Pecador, Santo



Ignacio de Loyola. Soldado, Pecador, Santo es la película estrenada en recientes fechas que trata sobre la vida y obra del fundador de la Compañía de Jesús.

Es una producción filipina encabezada por el promotor jesuita Emmanuel Alfonso y su productora Jesuit Comunications Philippines, dirigida por Paolo Dy y Cathy Azanza, y rodada en localizaciones españolas como Azpeitia, Artajona, Monasterio de la Oliva, Bardenas Reales, Zugarramurdi, Sos del Rey Católico y el Pirineo. La Compañía de Jesús no solo se ha encargado de la financiación, sino además del asesoramiento en cuanto a la metodología de predicación del protagonista así como de sus experiencias místicas y espirituales. 


El papel de San Ignacio está representado por el actor Andreas Muñoz, y junto él intervienen otros actores españoles como Javier Godino, Julio Perillán, Pepe Ocio y Mario de la Rosa, entre otros. 

La película es una biografía de Íñigo de Loyola a través de varias facetas que se van sucediendo en el tiempo: el noble guerrero, el mundano, el converso, el ermitaño novel, el místico, el maestro, el pecador.


Destaca al comienzo una gran batalla en el asedio a Pamplona, en el que el guipuzcoano Íñigo, joven soldado de linaje noble, defiende esta plaza fuerte del asedio francés por su honor y por su fidelidad al rey Fernando el Católico. Tras ser gravemente herido en el combate, Íñigo sufre un proceso de conversión espiritual que le llevó a entregar su vida a Dios y fundar la Compañía de Jesús. A sus 37 años decide viajar a París pasando por Manresa, donde tuvo una experiencia mística, origen de sus Ejercicios Espirituales. Esta metodología espiritual tuvo que hacer frente a las incomprensiones de la Iglesia de una época marcada por la aparición del Protestantismo y la Contrarreforma.

La fuerza de esta película se basa en la lucha emocional del personaje hacia Dios, su conversión e iluminación, y el deseo de guiar a los creyentes. Un largo proceso que le transforma de soldado de la Corona española con afán de gloria guerrera a maestro del espíritu entregado a los más necesitados, llegando a ser uno de los santos más importantes de la Iglesia católica.


El año pasado, 2016, ya fue presentado este largometraje en el Palacio de San Carlo en el Vaticano y estrenada en Filipinas. Este mes de junio lo acaba de hacer en los cines de toda España, donde previamente fue presentada en la Basílica de Loyola y en la localidad de Manresa y en la capital de Madrid.






lunes, 19 de junio de 2017

Vascos en la Reconquista por tierras andaluzas siglo XIII


Guipúzcoa y Vizcaya, no solamente han servido a España con gente marinera y de tripulación para las reales armadas, sino que han construido y dado a sus monarcas, en diferentes ocasiones, gran número de buques de guerra. De las tierras bañadas por el Mar Cantábrico salieron los marinos que darían a Castilla el poderío naval que marcaría la historia universal durante siglos.

Los vascos fueron participantes de la reconquista de la península, tanto por tierra como por mar, mediante su vinculación al Reino de Castilla. Desde el siglo XIII, la reconquista total de Andalucía empieza a ser un objetivo importante para los marineros vasos, ya que en esta tierra podían desarrollar actividades comerciales y militares, además de abastecerse de cereal y otros productos.

BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR VICENTE PASCUAL

En la batalla de las Navas de Tolosa, julio de 1212, el señor de Vizcaya Diego II López de Haro el Bueno, su hijo Lope II Díez de Haro Cabeza Brava y sus sobrinos Sancho Fernández y Martín Muñoz conformaban con sus tropas la vanguardia del ejército castellano, en cuyas filas batallaron también los alaveses, encabezados por Rodrigo de Mendarózqueta. Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra, había llevado a sus órdenes, además de sus caballeros navarros, las tropas concejiles de Segovia, Ávila y Medina del Campo.

Lope II Díaz de Haro dirigió las tropas castellanas de la conquista de Baeza en 1227, estando a las órdenes del rey de Castilla y León Fernando III el Santo. Otro capitán distinguido en aquella batalla fue Fortún Sanz de Salcedo, quinto señor de Salcedo y séptimo de Ayala. Se mantiene la relación de los trescientos caballeros castellanos a los que Fernando III repartió propiedades en Úbeda y Baeza como recompensa y merced a su colaboración en la conquista. Entre tales caballeros se encuentran Galín Velázquez de Ayala, Lope Íñiguez de Horozco,  Lope Garcés de Lezcano, Miguel de Marañón, García de Iranzu, Pedro Fernández el Vizcaíno, Domingo Díaz de Vergara, los hermanos Diego y Lope García de Salazar, y los hermanos Ximeno y Gil de Olite.

El noble Domingo de Colodro, natural de Yurre de Álava, fue el primero que subió el muro durante el asedio a Córdoba que a esta ciudad sometió Fernando III en 1235. En su honor se llama la Puerta de Colodro, de la ciudad cordobesa.


RENDICIÓN DE SEVILLA POR FERNANDO III

La primera acción importante de la Marina Real de Castilla fue la conquista de Sevilla, trascendental hito de la Reconquista, en la que también participaron marinos y naves de gallegos, asturianos, montañeses, vizcaínos y guipuzcoanos, así como en otras muchas victorias de Fernando III. Las naves vizcaínas y guipuzcoanas formaron parte de la escuadra, que al mando del almirante Ramón Bonifaz, remontando el río Guadalquivir, concurrió el año de 1248 al asedio y rendición de la ciudad de Sevilla, ocupada por los moros.

Pelegrin de Uranzu, natural de Irún, fue capitán de uno de los buques de la escuadra de Bonifaz. En honor a este marino, se organizó la Compañía Uranzu, que desfila desde 1922 en el Alarde de San Marcial de Irún.

Diego III López de Haro, hijo de López II Díez, lideró las tropas vizcaínas que participaron en la conquista de Sevilla por tierra, destacándose por romper el puente sobre el Guadalquivir para impedir la huida de los sarracenos. Uranzu natural de Irún, fue capitán de una de las naves de la flota de Bonifaz.

En 1292, barcos y marinos de los puertos cantábricos participaron en la conquista de Tarifa. Entre ellos, destacaron los banderizos bilbaínos Juan de la Guerra y Martín de Leguizamón, según escribió Lope García de Salazar en su Historia de las buenas andanças e fortunas.

También diversas galeras vizcaínas, en unión con la escuadra castellana, concurrieron al cerco de Algeciras, siendo almirante Micer Gil Bocanegra y rey Sancho IV.

DIEGO LÓPEZ III DE HARO

viernes, 16 de junio de 2017

García I Íñiguez


Rey de Pamplona desde 842 hasta 870, aliando del Reino de Asturias y el Condado de Jaca para luchar contra el Emirato de Córdoba cuyo resultado fue la victoria de Albelda en el 851

GARCÍA ÍÑIGUEZ

García I Íñiguez nació en el año 805. Fue hijo de Íñigo Arista Íñiguez, primer rey de Pamplona, pertenecientes a la dinastía Íñigo. Durante los últimos años de vida de su padre, había estado llevando la dirección de las campañas militares contra los sarracenos.

En 842, el emir cordobés Abd al-Rahman II lanzó otra incursión militar hacía el valle del Ebro e impuso al monarca navarro la obligación de pagar 700 monedas de oro al año en reconocimiento de la soberanía. La imposición de sus condiciones y el pago anual de un tributo fue el origen de esta campaña y de los saqueos en las tierras pamplonesas en los años sucesivos de 843, 844 y 850.

En 843, la situación empeoró, ya que los cordobeses infligieron una tremenda derrota a los aliados de las dinastías Íñigo y Banu Qasi, a pesar de contar en esta ocasión con contingentes de Asturias y Aragón. Muza y García Íñiguez claudicaron por completo y se sometieron a las intenciones del emir. Además, obligó al pamplonés al envío a Córdoba de una embajada compuesta de 70 nobles, y escenificar la petición de paz.

El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que García Íñiguez se aliara en lo sucesivo y por intereses comunes con los reyes asturianos. El rey pamplonés, aunque tributario del emir, era independiente. En cambio, los anteriores aliados muladíes formaban parte de Al-Ándalus, lo que implicó la obligación de combatir a sus tradicionales aliados pamploneses y a dirigir los ataques musulmanes contra el Reino asturiano.


PARTIDOS NOBILIARIOS EN LA FUNDACIÓN DEL REINO DE PAMPLONA

En 858, los normandos remontaron el río Ebro desde Tortosa hasta Tudela, dejando atrás Zaragoza, y subiendo por sus afluentes Aragón y Arga, se presentaron en Pamplona. La ciudad fue saqueada y el rey García Íñiguez raptado. Tras pagar un costoso rescate de 70.000 monedas de oro, el rey regresaba, no si entes entregar a algunos miembros de su familia como rehenes para asegurar su recompensa. A partir de entonces la vieja alianza entre los Íñigo y los Banu Qasi se había roto definitivamente y García Íñiguez sería aliado definitivo del Reino de Asturias. El pamplonés comprendió que Muza los había abandonado.

Se había creado una alianza de reinos cristianos hispánicos contra islámicos. Su primera acción fue lanzar una ofensiva contra la fortaleza de Albelda, tras comprobar la amenaza que esta plaza fuerte suponía sobre los dominios orientales del Reino asturiano. Un contingente formado por asturianos y pamploneses, liderado por el rey Ordoño I, tomó esta fortaleza, capturó gran cantidad de botín, dio muerte a numerosos musulmanes y destruyó la ciudad hasta los cimientos. La batalla de Albelda de 859 consiguió que el rey asturiano controlase toda la zona riojana y que Lope ben Muza, gobernador de Toledo e hijo de Muza, se declarase vasallo de Ordoño I.

La Crónica de Alfonso III recoge que en la batalla participaron los navarros, pero ya junto a los asturianos. Esta presencia militar fue debido a una alianza política formalizada mediante uniones matrimoniales. En el Códice Virgilano se conserva la obra conocida como Epitalamio de Leodegundia, donde se hace mención al matrimonio de esta hija de Ordoño I, Leodegundia, con un príncipe pamplonés, probablemente Fortún Garcés, hijo de García Íñiguez.

García Iñiguez estuvo casado en primeras nupcias, en 858, con Oria, hija de Muza ibn Muza Ibn Fortún, y en segundas nupcias con Urraca Giménez de Aragón. Además, casó a sus dos hijas con príncipes cristianos hispánicos: a Oneca Íñiguez con el conde Aznar II Galindez de Aragón; y a Jimena Íñiguez con el futuro Alfonso III el Magno de Asturias.


DINASTÍA PAMPLONESA ÍÑIGA

Al año siguiente, en 860, el emir Muhammad I, como represalia a lo sucedido por esta alianza encabezada por García Íñigo, se dirigió a Pamplona en expedición militar de castigo. El paso de las huestes musulmanas fue implacable, numerosos castillos fueron tomados y el heredero al trono, Fortún, fue hecho prisionero. Pamplona fue castigada, y se retomó el pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad.

En la década siguiente, el Reino pamplonés actuó de forma autónoma y la alianza con los Banu Qasi se renovó solo para atacar al Emirato cordobés.

En 870, se estableció una alianza entre el caudillo pamplonés y varios magnates pirenaicos, como Aznar II Galíndez, para ayudar a Amrus ibn Umar de los Banu Qasi en su lucha contra el emir. Al año siguiente prestó su ayuda a Lope ibn Muza en una nueva revuelta contra Córdoba. Ese mismo año moría García I Íñiguez.

Su hijo Fortún Garcés, hecho prisionero por los musulmanes en 860, estuvo retenido en Córdoba hasta el 880, tras plegarse a sus deseos. Parece que gobernó como regente en Pamplona García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimeno.


PANTEÓN DE LOS PRIMEROS REYES NAVARROS EN EL MONASTERIO DE LEYRE

lunes, 12 de junio de 2017

Vinculación voluntaria de Guipúzcoa a Castilla por Bernabé de Egaña


Bernabé Antonio de Egaña y Jáuregui, que fue secretario de Juntas y Diputaciones de la Provincia de Guipúzcoa, es el autor de una interesante obra, cuyo original manuscrito se conserva en el Archivo Provincial, con el título de: Instituciones y colecciones histórico-legales pertenecientes al gobierno municipal, fueros, privilegios y exempciones de la M.N. y M.L. Provincia de Guipúzcoa.

ESCUDO HERÁLDICO DE EGAÑA

Fue uno de los principales representantes forales que consolidaron el discurso jurídico político de la Foralidad de su provincia en la Edad Moderna, concrétamente en el siglo XVIII. Hijo del también secretario provincial Ignacio Domingo de Egaña, había colaborado con su padre en la elaboración de un instrumento de gran utilidad para el Gobierno guipuzcoano, por orden los comisionados de la Junta de 1779. Se trataba de una recopilación en orden alfabético de leyes, fueros, cédulas, despachos y disposiciones forales de todo tipo, que en 1870 intituló El guipuzcoano instruido. A partir de estas fuentes, Egaña compuso un compendio de propia interpretación de la "constitución" foral guipuzcoana.

Para Egaña, la provincia de Guipúzcoa estaba vinculada con el Reino de Castilla de forma horizontal y limitada, tratándose de una unión "aequae et principaliter" y una vinculación voluntaria. Es más, la relación de los antiguos vascones con el Imperio romano fue planteada como idea de entendimiento y confederación. Según Egaña, Roma señoreó el mundo no tanto con el estrépito de las armas como por "el suave atractivo de sus leyes".


LA VOLUNTARIA ENTREGA DE ÁLAVA A CASTILLA, POR JUAN ÁNGEL SÁENZ

Una cita de este autor, correspondiente a la edición publicada por la Diputación Foral de Guipúzcoa, edición preparada por Luis Miguel Diez de Salazar y María Rosa Ayerbe (p. 45), con el título Instituciones públicas de Guipúzcoa, siglo XVIII, publicada en San Sebastián en 1991, demuestra el anclaje de Egaña en el pensamiento tradicional y la innegable asunción de la anexión voluntaria de la Provincia a Castilla:
"Hallándose el Rey Don Alfonso 8º en el asedio de Vitoria el año de 1200 se resintió la Provincia de algunos desafueros que experimentó de los Reyes de Navarra (en cuya unión estuvo los setenta y siete años anteriores) y concibió la grande idea de volver al amparo de la Corona de Castilla, enviando diputados a significar y pedir a S.M. que se sirviese venir personalmente a celebrar el Contrato. El Rey se dirigió personalmente a Gipuzkoa dejando en el cerco a Don Diego López de Haro. Tratadas las cosas quedó cerrada la contrata y encomendada Gipuzkoa a la protección de Castilla, para cuyo efecto le entregaron la tierra, especialmente las villas de San Sebastián y Fuenterrabía, la fortaleza y castillo de Beloaga en Oyarzun, y en la frontera de Navarra dieron el castillo de Ataun con otras fortalezas que hoy no existen. En la frontera de Alava dieron el castillo de Ahorroz. En la de Vizcaya el castillo de Arrasate y, en jurisdicción de Vergara, el de Elosúa. Quedó gozoso el Rey de este suceso sin haber mediado derecho de conquista, sucesión ni otro alguno, excepto la franca y expontánea voluntad de Gipuzkoa, y creció su satisfacción con haber levantado luego el cerco de Vitoria el ejército de Navarra, a vista de la voluntaria agregación de la Provincia al Rey Don Alfonso. Queriendo mostrar éste su gratitud por tan particular servicio mandó reedificar las villas de Guetaria y Motrico con muy buenas murallas y torres para predominar el océano Cantá-brico. Se extendió un solemne instrumento en fecha de 28 de octubre del citado año confirmando todos los fueros de Gipuzkoa y se hizo en él una demarcación puntual de los términos y confines de ella con Vizcaya, Navarra, Alava y Francia, que le firmaron martín, Arzo-bispo de Toledo, y otros veinte obispos y ministros de la primera jerarquía. Los sujetos que a nombre de la Provincia prestaron juramento de fidelidad y dependencia al Rey fueron Pedro de Eguía, el diputado Domingo de Luzu-riaga y otros diez de que se hace específica mención."

INSTITUCIONES PÚBLICAS DE GUIPÚZCOA, SIGLO XVIII

viernes, 9 de junio de 2017

Vascos en la Marina del Reino de Castilla


La fundación de la Marina del Reino de Castilla fue realizada en tierras gallegas por Diego Gelmírez, obispo de Santiago, en 1100. Se trataba de una fuerza naval cuya misión era la protección de las costas del Reino castellano-leonés, atacadas por moros y normandos. La intensidad de la Reconquista por tierra había descuidado la lucha por mar, por eso se decidió contar con la experta colaboración de un reputado maestre genovés, Ogerio, para iniciar la construcción de las primeras naves de guerra.

Los primeros reyes de la Baja Edad Media concedieron fueros y privilegios a las villas portuarias para organizar flotas: los navarros García III a Santoña y Sancho VI a San Sebastián; y los castellanos Alfonso VIII a Castro Urdiales, Santander, Guetaria, Laredo, Motrico, Deva y Fuenterrabía y Fernando III a Zarauz, Tuy, Cartagena, Sevilla, etc.

El comercio exterior del reino de Castilla, realizado sobre todo con los puertos de la Europa atlántica, se canalizó a través de sus puertos cantábricos, fundamentalmente los de su mitad oriental, de San Vicente de la Barquera a Irún. Estos puertos de Guipúzcoa, Vizcaya y La Montaña desempeñaron un papel esencial en la construcción de barcos para la Marina castellana y luego española, desde el siglo XIII al XVIII. Entre los astilleros montañeses se destacaron Santander, Guarnizo y Castro, y entre los vascos Orio, Portugalete, Pasajes y Zarauz.

CARRACAS VASCAS DE 1475, POR JUAN MARTÍNEZ DE MENDARO
EN LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE ZUMAIA

La primera acción importante de la Marina Real de Castilla fue la toma de Sevilla, trascendental hito de la Reconquista, en la que, además de castellanos, también participaron marinos y naves de gallegos, asturianos, montañeses, vizcaínos y guipuzcoanos. 

En 1247, el rey Fernando III el Santo encargó al almirante Ramón Bonifaz la organización de una flota en los puertos del golfo de Vizcaya:
"Mandó luego a tornar a priesa a que fuese a guisar naves e galeras a Vizcaya e la mayor flota que pudiese e mejor guisada, e que viniese con ella para Sevilla."
El almirante general reunió 13 naos y 5 galeras en Santander; a esta flota se sumaron otras embarcaciones procedentes de otros puertos del mar Cantábrico, entre ellas, varias naves guipuzcoanas.

La flota que remontó el río Guadalquivir en mayo de 1248, asedió y rindió la ciudad de Sevilla, ocupada por los moros. Pelegrín de Uranzu, natural de Irún, fue capitán de una de las naves de la flota de Bonifaz, primer marino vasco en pasar a la historia naval y premiado con mercedes reales.

Esta acción tuvo un cronista excepcional, el futuro Alfonso X cuando aún era infante. También fue inmortalizada en varios escudos de las villas cantábricas que participaron en ella, como Laredo, Avilés, y Santander. 

Tras la recuperación de Sevilla en 1248, el rey Alfonso X dividió el almirantazgo en dos: uno para las aguas andaluzas y otro para las aguas cantábricas con sede en Burgos y atarazanas en Castro Urdiales y Santander. Durante este reinado, Alfonso X concedió exenciones y privilegios para las villas de Pasajes, Zarauz, Guetaria, San Vicente de la Barquera y Laredo, por el apoyo prestado por sus marinos en la Reconquista por mar.

MAQUETA DE NAVE DE BAYONA DEL SIGLO XIV

En general, el éxito de la flota que reconquistó Sevilla y el comportamiento de los vascos en ella, les abrieron nuevo camino. A finales del siglo XIII, barcos y marinos de los puertos cantábricos repitieron su participación en la Marina Real de Castilla en acciones navales contra los marroquíes, en 1284, y en la conquista de Tarifa y Gibraltar, en 1292. También diversas galeras vizcaínas, en unión con la Escuadra castellana, concurrieron al cerco de Algeciras, siendo almirante Micer Gil Bocanegra.

Además, en los años de paz fueron estableciendo relaciones comerciales con la ciudad conquistada, al tiempo que genoveses, catalanes y florentinos. Un horizonte nuevo se abría a sus empresas comerciales, favorecidas por la protección regia. El impulso dado a la Marina por Alfonso X, Sancho IV o Alfonso XI fue notable y fomentó la construcción de barcos y los servicios de estos.

Los navíos guipuzcoanos y vizcaínos asistieron en las expediciones marítimas que los monarcas castellanos dirigieron, en 1350 contra la Inglaterra, en 1372 contra la Rochela, en 1385 al cerco de Lisboa, y en 1339 en el primer bloqueo del Estrecho para evitar un nuevo desembarco musulmán desde Marruecos.

En 1351, la ciudad de San Sebastián recibió varias mercedes por la distinguida participación de sus marinos en el socorro de Algeciras.

GRAN CARRACA DE FINALES DEL SIGLO XVI EN LA ERMITA ROMÁNICA DE SANTA CATALINA DE AZCONA, EN YERRI (NAVARRA)

Según data Labayru, en 1403, se fundó un gremio de marinos y comerciantes vascos en Cádiz que regulaba la navegación por el Poniente.

En 1407, las naves vascas y montañesas vencieron a la Armada marroquí en la batalla del Estrecho. La gran flota norteña fue comandada por Rubín de Bracamonte, quien contó con la presencia de la marina vasca, entre los que se encontraba Diego Díaz de Aguirre, de linaje de Busturia. Así lo comentó el comandante:
"E vinieronle de Vizcaya seis naos con asaz buena gente."
En 1412, las naos guipuzcoanas, vizcaínas, gallegas y de las Cuatro Villas se sumaron a la expedición del rey de Portugal contra Ceuta y Canarias.

Mercantes castellanos, y entre ellos los vascos, aparecen en el mar Mediterráneo como rivales  de los intereses comerciales de los aragoneses. Así, cuando Marsella fue saqueada por Alfonso V de Aragón, en 1423, los marselleses contaron con los servicios de marinos vascos en gran número. Los marinos del Cantábrico lucharon también contra navarros y aragoneses en 1430. Desde Sevilla se reunió una flota de 20 galeras y 30 naos precedentes de la costa de Vizcaya, de Santander y de la propia ciudad de Sevilla. Los enfrentamientos tuvieron lugar en Ibiza, Mallorca y Menorca.

Aunque limitada, la presencia de naos vascas en el comercio mediterráneo está atestiguada, sea en puertos de Levante (Valencia, Barcelona), sea en puertos italianos.

A partir de 1483, durante la Guerra de Granada, la flota cantábrica pasó al Mediterráneo para cortar la comunicación del Reino de Granada con sus aliados africanos.

En 1487, se sitió Málaga por tierra y mar. Las escuadras castellana y aragonesa estuvieron dirigidas por los almirantes Fadrique Enríquez y Galcerán de Requesens, secundados por los capitanes Antonio Bernal, Melchor Maldonado, Álvaro de Mendoza, Martín Ruiz de Mena y Garci López de Arriarán.

MAQUETA DE LA NAO VITORIA DEL SIGLO XVI, EN LA IGLESIA DE SAN SALVADOR DE GUETARIA

lunes, 5 de junio de 2017

Lope I Díaz de Haro


Cuarto señor de Vizcaya, también de Nájera y gobernador de La Rioja con Alfonso VII de Castilla, a quien mantuvo lealtad frente a Sancho VI de Navarra, recibiendo el cargo de alférez real de Castilla.


LOPE I DÍAZ DE HARO


Lope I Díaz de Haro fue el cuarto señor de Vizcaya, que gobernó entre 1124 y 1170. Fue hijo de Diego I López de Haro y de Munia Sánchez de Navarra.

En el momento de intitularse señor de Vizcaya, estaba vinculado a la reina Urraca de León y de Castilla.

En 1127, recuperó la tenencia de Nájera con título de conde por mantener su fidelidad al rey de León y de Castilla Alfonso VII, hijo de Urraca, en la toma de control y posesión de La Rioja como legítimo heredero tras la muerte del rey de Aragón y Pamplona Alfonso I el Batallador. El título de conde Nájera suponía ser capitán de la milicia así como ser el principal administrador de justicia y gobierno político. Además, según un documento del monasterio de San Millán de 1134, Alfonso VII le concedió el Señorío de Haro.

En 1130, Lope I Díaz estableció en Nájera su residencia y sede principal, que mantuvieron todos sus sucesores hasta el último de los señores de Vizcaya del linaje de Haro, Diego V López. En el monasterio de Santa María la Real de Nájera fueron enterrados todos los señores de Vizcaya de su linaje. Continuó con la reforma del Hospital de la Abadía, que había iniciado Alfonso VII. Fue llamado por sus contemporáneos como Lope "el de Nájera" por haber establecido su lugar de residencia y gobernación en esta ciudad.

Consiguió acaparar tanto poder en la zona que ya en 1141 aparecía como gobernador de La Rioja, según un documento de privilegio de población concedido a Santo Domingo de la Calzada.


ESCUDO DE ARMAS DE LOS LÓPEZ DE HARO


Cuando murió Alfonso VII, Lope I Díaz siguió vinculándose al rey Sancho el Deseado, obteniendo el título de alférez real, como aparece desde 1158. Tras morir este, al año siguiente, sirvió vasallaje al rey Alfonso VIII de Castilla.

Aprovechando la minoría de edad del rey castellano, en 1163, Sancho VI el Sabio, rey de Navarra, ocupó varias villas riojanas cercanas a su territorio, entre ellas Logroño. Lope I Díaz tuvo que reaccionar enfrentándose a las tropas navarras en los años 1163 y 1167.

En 1169, Lope I Díaz acudió al asedio de Zorita junto a sus hombres para apoyar al rey Alfonso VIII sin que este lo requiriera. En agradecimiento le entregó le mantuvo la tenencia de Nájera.

Ese año edificó la iglesia y monasterio de Santa María de San Salvador de Cañas, en La Rioja, para convento de religiosas benedictinas de Santo Domingo de la Calzada, a condición de convertirse a la Orden del Cister. A ellas donó, en unión con Aldonza, la villa de Fayuelas, con todos sus solares.

Hizo acuñar moneda llamada Lobis, por ir esculpidos en ella los dos lobos que representan sus armas nobiliarias.

Casó en segundas nupcias con Aldonza, relacionada con los condes gallegos de la casa de Traba. De la primera unión fueron hijos Lope y Sancho, y del segundo Diego, Rodrigo García, Urraca, que será reina de León como tercera esposa de Fernando II, Mencía, Estefanía, Aldonza, Elvira y Toda. Murió en 1170, sucediendo en el cargo de señor de Vizcaya y de Nájera su primogénito Diego II López de Haro.


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA