sábado, 29 de abril de 2017

Blas de Lezo, "el Malquerido", por Carlos Alonso Medizábal




Blas de Lezo, "el Malquerido"
Carlos Alonso Medizábal, Editorial Dossoles (2009), 350 páginas

Blas de Lezo, vencedor en veintidós batallas navales, en las que perdió una pierna, un ojo y la movilidad de un brazo, fue el héroe merecedor de los más altos honores y dignidades que España debió ofrecerle. 

Sin embargo, el viejo rey loco Felipe V, después de que Blas de Lezo derrotara a los ingleses, le destituyó ingratamente de sus cargos, a petición del virrey Eslava, a pesar de haber sido el verdadero artífice de la gesta más brillante de la Historia Naval. 

Por el contrario los ingleses, sus eternos enemigos, respetaron su nobleza y admiraron su ingenio apodándole, "el marino que surgía de entre la niebla". 

Blas de Lezo murió a los 53 años, pobre y menospreciado, sin que la patria haya mostrado gran entusiasmo en reconocer sus enormes méritos en su defensa y favor. 

Siempre nos quedará una pregunta: ¿por qué Blas de Lezo fue el malquerido de los virreyes de aquella América colonial? 

lunes, 24 de abril de 2017

Participación de los vascos y los navarros en la Batalla de las Navas de Tolosa


La batalla de las Navas de Tolosa, 16 de julio de 1212, fue una victoria de los cristianos sobre los almohades, que señaló el principio del fin del poder de los invasores musulmanes en la península Ibérica.


ILUSTRACIONES DE LAS CANTIGAS DE SANTA MARÍA SOBRE LA BATALLA
Y LOS BLASONES DE LOS TRES REINOS CRISTIANOS Y EL ALMOHADE 


La incesante lucha de los cristianos contra las sucesivas oleadas islámicas a punto estuvo de agotar la resistencia de tantas generaciones de cristianos peninsulares que nunca veían parar el aporte de invasores desde la otra orilla del estrecho de Gibraltar. Por fin, en el siglo XIII la resistencia cristiana hispánica consiguió un decisivo resultado de victorias gracias a una centuria de grandes reyes guerreros, encabezados por Alfonso VIII, Fernando III el Santo y Jaime I el Conquistador.

A fines del siglo XI, mientras la primera cruzada se dirigía hacia Jerusalén, el empuje conquistador del Reino de Castilla con Sancho II, su hermano Alfonso VI (quien logró recuperar la antigua capital hispano-goda de Toledo) y su capitán Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, parecía presagiar que la terminación del proceso reconquistador habría de llegar en breve. Esta fue la razón por la que los reinos de taifas solicitaron ayuda militar a la tribu africana de los almorávides, quienes lograron frenar el empuje cristiano.

Y, tras los almorávides, llegaron a mediados del siglo siguiente los almohades, cuyo caudillo Muhammad al-Nasir había anunciado que, después de exterminar a todos los cristianos de España, plantaría el estandarte del profeta en San Pedro de Roma y convertiría las iglesias en establos para sus caballos. Pero sus proyectos europeos y sus dominios de la España meridional comenzaron a eclipsarse tras la determinante batalla de las Navas de Tolosa.

Alfonso VIII rey de Castilla, emprendió una cruzada contra los almohades que dominaban Al-Ándalus desde mediados del siglo XII, tras su derrota del en la batalla de Alarcos (1195). Este infortunio tuvo como consecuencia llevar la frontera cristiana hasta los montes de Toledo, amenazando la propia ciudad castellana y el valle del Tajo.


MAPA DE LOS REINOS HISPÁNICOS EN LOS AÑOS 11567-2012


Para semejante hazaña sólo contaba con la amistad de Aragón y tenía motivos para temer que León y Navarra atacaran su reino por el norte, si concentraba su ejército en el sur. Solamente el papa Inocencio III podía garantizar la neutralidad del resto de reinos cristianos hispánicos declarando Cruzada su guerra contra los almohades, lo que automáticamente obligaría a los otros reinos a respetar sus fronteras. Además el papa excomulgaría a cualquiera que pactara con los mahometanos y ordenó a los reyes cristianos que aplazaran sus discordias personales en favor de la magna empresa común llamada Reconquista. En los púlpitos de toda Europa se predicó la nueva Cruzada para mayo de 1212.

Al-Nasir, el Miramamolín de los almohades, hijo del vencedor de Alarcos y de la esclava cristiana Zahar (flor), salió de Marraquech al frente de un gran ejército en febrero de 1211. Había proclamado la Guerra Santa contra los cristianos.

El primero en llegar a Calatrava, punto de encuentro de ejércitos cristianos cruzados, fue el caballeroso Pedro II de Aragón, el amigo de Alfonso VIII, que aportaba 3.000 caballeros con su correspondiente acompañamiento de peones. De los reyes de Navarra y de León no se esperaba que movieran un gran contingente de hombres para auxiliar a Alfonso VIII. Es más, el de Navarra sólo estaba esperando a que acabasen las treguas concertadas con Castilla para atacarla; el de León, por su parte, hizo saber que sólo se uniría a la Cruzada si le eran devueltos ciertos lugares y castillos fronterizos que reclamaba como suyos.




Previamente, durante el transcurso de la expedición hasta las Navas, entablaron lucha contra otras ciudades en poder musulmán. En la toma de Calatrava, Martín González de Fruniz se distinguió por haber sido el primero que entró en el fuerte, cogiendo la bandera que allí ondeaba, pero quedando muerto de un golpe de piedra que le dieron. Acudió al lugar Sancho Ortíz de Olaeta, escudero infanzón de la casa de este nombre en Mendata, merindad de Busturia y recobró la bandera batiéndose con gran bizarría.

Tras este éxito inicial los extranjeros que marchaban en el ejército abandonaron la expedición pretextando no poder sufrir los rigores de la estación. Se mantuvieron en su puesto Teobaldo de Blazón, el arzobispo de Narbona y unos 150 caballeros.

No obstante, esta pérdida fue compensaba por la incorporación en Alarcos del ejército de Navarra al mando del rey Sancho VI el Fuerte con 200 caballeros, que había decidido deponer temporalmente su enemistad con el castellano para participar en la Cruzada.

Al otro lado de Sierra Morena se encontraban unos 400.000 soldados musulmanes al mando de Mohamed ibn Jacub. Estaban acampados en los alrededores de Baeza y cerraban los pasos de Despeñaperros, Muradal y Losa, impidiendo el avance de los cristianos. Estos últimos tenían dos opciones: forzar el paso de Sierra Morena o dar un largo rodeo; y la mayor parte de los capitanes se decantó por el ataque directo, intentando forzar el paso del Losa y flanqueándolo por el paso del Muradal. Para ello, la vanguardia atacó vigorosamente, pero la dificultad del terreno les impidió desplegar todas sus fuerzas y emplear la caballería, que era el grueso de sus fuerzas. Por su parte, los musulmanes, que ocupaban todas las alturas inmediatas, hostilizaban a los cristianos, que se vieron obligados a retirarse.

Finalmente, hallaron una senda que conducía a las cumbres donde estaba acampado el enemigo. El rey Alfonso VIII envió al vizcaíno Diego II López de Haro y a García Romeu a reconocer el camino, quienes confirmaron la noticia.


DISPOSICIÓN DE LOS EJÉRCITOS PREVIA AL CHOQUE


El 14 de julio de 1212 todo el ejército cristiano desfiló por la senda fuera de las vistas de los musulmanes. Atravesaron el paso del Emperador y llegaron a la meseta de Santa Elena frente a los campos de las Navas de Tolosa. La sorpresa que produjo entre los musulmanes la presencia de los cristianos en ese punto fue muy grande. No obstante, no dudaron en su victoria, fiando en su superioridad numérica. Mohamed ibn Jacub presentó batalla inmediatamente, pero los cristianos la rehusaron hasta hallarse bien descansados y dispuestos.

El 15 de Julio de 1212, cuando clareo el día ya se habían desplegado las fuerzas por los alrededores del campamento de las Navas. En el campo cristiano tres cuerpos de ejército dispuestos en línea ocupaban la llanura: el cuerpo central estaba formado por las tropas de Castilla que rondaban los 50.000 hombres, al mando de Gonzalo Núñez con varios caballeros templarios; a su izquierda, las fuerzas de la Corona de Aragón con Pedro II al frente y a la derecha los navarros de Sancho VII. Las dos alas habían sido reforzadas con tropas de varios concejos castellanos. Cada uno de estos cuerpos estaba a su vez dividido en tres líneas ordenadas en profundidad. También estaban presentes las tropas portuguesas sin su rey Alfonso II de Portugal.

La vanguardia del cuerpo central, que sería el eje de la lucha, iba mandada por el veterano Diego II López de Haro, señor de Vizcaya, con sus parientes aliados y gentes de Vizcaya. En la segunda línea se ordenaban los caballeros templarios, al mando del maestre de la Orden, Gómez Ramírez; los caballeros hospitalarios, los de Uclés y los de Calatrava. La reserva de este cuerpo central estaba al mando del rey Alfonso VIII de Castilla, acompañado por el arzobispo de Toledo y cronista de la batalla, el navarro Ximénez de Rada.


SANCHO VII EL FUERTE DE NAVARRA ROMPE LAS CADENAS DEL MIRAMAMOLIN


Los musulmanes, divididos en cuatro cuerpos, formaron en media luna: en la vanguardia marchaban tropas ligeras árabes y bereberes; en una segunda línea iban voluntarios de todo el imperio almohade, el grueso central estaba colocado detrás de la segunda línea; la reserva era un cuerpo de unos 10.000 soldados negros protegiendo el Cuartel General del emperador almohade. Todos ellos estaban situados en una altura que dominaba la posición de las tropas musulmanas.

Modernos estudiosos de la batalla cifran los efectivos almohades entre 100.000 y 150.000 combatientes y los cristianos entre 60.000 y 80.000. Incluso admitiendo las cifras más modestas, hay que reconocer que el choque debió ser de los más espectaculares y sangrientos de la historia medieval.

Cuando amaneció el día 16 de julio de 1212, los dos ejércitos estaban formados frente a frente a una cierta distancia. La vanguardia del ataque cristiano estaba capitaneada por el señor de vizcaya Diego II López de Haro. Junto a él marchaban sus hijos Lope y Pedro Díaz, sus sobrinos Sancho Fernández y Martín Muñoz; caballeros de la nobleza vizcaína como Iñigo de Mendoza, Pedro Vélez de Guevara, Lope Martínez de Avellaneda, Juan García de Bidaurre, Iñigo de Oteiza,  Rodrigo de Arazuri, Fermín de Aguiñiga y hasta 2.500 vizcaínos más, según el historiador Ibargüen.

Antes de iniciarse el choque, Diego II López escuchaba esta advertencia de su hijo Lope Diez: "Padre, que lo hagáis de modo que no me llamen hijo de traidor y que recuperéis la honra perdida en Alarcos."

A lo que el viejo guerrero respondió: "Os llamaran hijo de puta, pero no hijo de traidor." Lo decía Diego porque su esposa era de costumbres libres y lo había abandonado.

Lope prometió a su padre: "Seréis guardado por mi como nunca lo fue padre de hijo, y en el nombre de Dios entremos en batalla cuando queráis."


SANCHO VII EL FUERTE DE NAVARRA ROMPE LAS CADENAS DEL MIRAMAMOLIN


La caballería cristiana cargó por la pendiente de la Mesa del Rey abajo al encuentro enemigo. El terreno era difícil, cubierto de monte bajo, arbolado y tajado por un barranco. Al choque, las avanzadas musulmanas se deshicieron y dispersaron como si huyeran, sin dejar ni un muerto en el campo, y los cristianos prosiguieron su galopada en busca del blanco firme que se ofrecía en los altozanos contiguos, donde estaba apostada una muchedumbre. Allí se produjeron los primeros choques pero los atacantes atravesaron esta segunda línea sin mayor dificultad y todavía les quedó impulso para arremeter contra el grueso del ejército almohade. Entonces, la carga fue rechazada, la vanguardia empezó a sufrir la superioridad numérica de los sarracenos.

Alfonso VIII creyó que había llegado el momento de dirigir la carga decisiva, sincronizando su movimiento con el del cuerpo central, entraban en combate las reservas de las alas, al mando de los reyes de Aragón y Navarra. Pero los del emperador Mohamed ibn Jacub aguantaron la acometida de los cristianos con tenacidad, cuya resistencia se quebró cuando los efectivos del rey Sancho VI de Navarra lograron romper las líneas enemigas.

La carga de los tres reyes enfiló su objetivo y cruzó el campo de batalla sin perder cohesión: con su ímpetu inicial apenas mermado llegó al palenque del Miramamolín. Fuentes tardías sostienen que fue Sancho el Fuerte de Navarra el primero en abrir una brecha en aquella muralla de picas, romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que justifica la incorporación de cadenas al escudo de Navarra, pero el caso es que las cadenas y palos ardiendo aparecen en los escudos nobiliarios de muchas casas que podrían blasonar igualmente de la hazaña.

El degüello dentro de la fortificación del Miramamolín fue terrible, custodiada por 10.000 soldados negros. El hacinamiento de defensores y atacantes en este punto y la coincidencia de estar dilucidando la suerte suprema de la batalla, espolearía el desesperado valor de unos y otros. No existía en aquella época ninguna forma humana de detener una carga de caballería pesada cuando se abatía sobre un objetivo fijo y lograba el cuerpo a cuerpo.

En las Navas, los arqueros musulmanes, principal y temible enemigo de los caballeros por la vulnerabilidad de sus caballos, no podrían actuar debidamente, cogidos ellos mismos en medio del tumulto. La carnicería en aquella colina fue tal que después de la batalla los caballos apenas podían circular por ella, de tantos cadáveres como había amontonados. El ejército almohade se desintegró y Al-Nasir huyó precipitadamente hacia Jaén. En la terrible confusión cada cual buscó su propia salvación en la huida.


MONUMENTO A LOS TRES REYES DE CASTILLA, ARAGÓN Y NAVARRA, Y AL SEÑOR DE VIZCAYA

Fue Juan de Ugarte, con casa y primitivo solar en el valle de Orozco, fue uno de los quinientos infanzones hijosdalgos que acompañaron a Lope II Díaz de Haro, en las Navas de Tolosa  y en el auxilio de la ciudad y alcázar de Baeza, asediados por moros.

Entrando con singular denuedo, dando grandes lanzadas a los que encontraba, abrió paso para que se introdujera el socorro en la ciudad. Atemorizados los moros, levantaron el cerco poniéndose en una afrentosa y apresurada fuga, quedando victoriosos los católicos. En la expedición consiguió Juan de Ugarte los laureles de una eterna fama, aumentó una orla roja y en ella ocho aspas de oro en el antiguo escudo de armas de su casa.

Ibargüen señala por muertos en esta batalla a los parientes mayores de los linajes de Vizcaya siguientes: Lexarúa, de Arratia; Aguirre, de Arrigorriaga; Artunduaga, Ibarra, Aulestia, Beléndiz, Ajánguiz y Menceta. Al de Zamudio le da por mal herido, falleciendo luego, y en otro lugar afirma que murió Apioca, de Bermeo.




Alfonso VIII, embriagado por la gloria de su decisiva victoria y cumplidamente vengado de Alarcos, entró triunfalmente en Toledo y derramó bienes y promesas sobre cuantos habían contribuido a la Cruzada. Encargó a Diego la distribución del rico botín entre los reyes y caballeros que tomaron parte en esta batalla, sin que participase en el reparto del mismo. Según decía Diego II López, le bastaba el laurel de la victoria, de la cual se obtuvieron resultados muy favorables, tomándose a los moros varios castillos.

En recompensa de los buenos servicios prestados por Diego, el rey le dio la villa de Durango el 29 de diciembre de 1212, con lo cual el señor de los vizcaínos reunió la Vizcaya completa. Según el cronista banderizo Lope García de Salazar, hacia este tiempo se atribuye el origen de las casas vizcaínas de Butrón, Ibargüen y Villela. Las sepulturas de Diego II López de Haro y su mujer doña Toda se encuentran en el monasterio de Santa María de Nájera.

El rey de León, que no sólo no lo había apoyado sino que, aprovechando la escasa guarnición de la frontera castellana, le había tomado algunos lugares, temía que Alfonso VIII cayera sobre él con su victorioso ejército. Pero Alfonso generoso y magnánimo, no sólo le ofreció la paz sino que renunció a sus derechos sobre los lugares en disputa. A Sancho VII de Navarra, su enconado enemigo, que había asistido a las Navas, también le entregó los castillos y lugares fronterizos que codiciaba.

viernes, 21 de abril de 2017

Lope Íñiguez

Segundo señor de Vizcaya, que tomó parte en la reconquista de Toledo a las órdenes del rey leonés Alfonso VI




Lope Íñiguez fue el segundo señor de Vizcaya, entre 1077 y 1093, tras la muerte de su padre Íñigo López Ezquerra. También fue conde de Álava y Guipúzcoa.

Pero antes de ser señor, fue consejero real en la Corte pamplonesa del rey Sancho IV Garcés, entre los años 1061 y 1067. Fue tenente de Nájera según aparece en un documento del monasterio de San Prudencio de Monte Laturce de 1063.

En 1076, el rey Sancho IV el de Peñalén fue asesinado por sus hermanos los reyes Sancho Ramírez de Aragón y Alfonso VI de León y de Castilla, los cuales intentaron repartirse el Reino de Pamplona.

Después de haber servido a los reyes de Navarra, con su padre y hermanos, hasta el año 1076, se adhirió al monarca leonés Alfonso VI cuando este ocupó las tierras de La Rioja y se apoderó de Nájera, vinculando las provincias vascas al Reino de León. Lope recibió las tenencias de Álava en 1081, y de Vizcaya y Guipúzcoa en 1082, según el documento del monasterio de San Millán de 1082. El gobierno de Nájera fue encomendado al conde García Ordóñez, yerno de Sancho IV, pero fue recuperada por su hijo primogénito Diego López de Haro en 1108.

En 1085, Lope Íñiguez tomó parte de la expedición militar que organizó Alfonso VI para la reconquista de las ciudades de Madrid y Toledo.

Estuvo casado con Ticlo Díaz, hija del poderoso señor Diego Álvarez de Oca, cuyos hijos fueron Diego, Sancho, Toda, Sancha y Teresa. Una hermana de Ticlo, llamada Elvira, fue la esposa del conde Gonzalo Salvadórez, con quien Lope Íñiguez mantuvo una relación de intereses compartidos y de apoyos al rey Alfonso VI. Diego I López de Haro fue el hijo sucesor de los títulos nobiliarios de Lope.

El monasterio de San Millán de Suso fue beneficiario de donaciones que hizo Lope Íñiguez, donde además fue enterrada su esposa Ticlo.


EN LA JURA DE SANTA GADEA, ALFONSO VI FUE CORONADO REY DE LEÓN,
SIENDO LOPE ÍÑIGUEZ UNO DE SUS NOBLES VASALLOS

lunes, 17 de abril de 2017

Exposición La Memoria recobrada


Iberdrola organiza la exposición La memoria recobrada: huellas en la historia de Estados Unidos. Como su título indica, está dedicada a la contribución que la Monarquía española ha desarrollado en la fundación de los Estados Unidos de América a en el siglo XVIII, y en especial la aportación de los vascongados. Se ubica en la planta 25 de la Torre Iberdrola de Bilbao (sede de la compañía eléctrica), y está abierta al público en general desde el 10 de abril hasta el 2 de julio de 2017.

Según su comisario organizador, el historiador y militar José Manuel Guerrero Acosta, la muestra pretende dar a conocer "las contribuciones de la monarquía española en la fundación de Estados Unidos, así como la importancia de la emigración vasca a Norteamérica"Por eso ha conseguido reunir más de 200 piezas entre pinturas, esculturas, trajes, armas, mapas, monedas, documentos, miniaturas, instrumentos musicales, armas y maquetas navales. Son destacables sus escenificaciones y la reproducción fiel de un salón de baile de la época.




Los cuadros prestados pertenecen a las más prestigiosas pinacotecas: el Museo del Prado, el Wadsworth Atheneum Museum of Art de Connecticut, el Lázaro Galdiano de Madrid, el San Telmo de San Sebastián o el Bellas Artes de Bilbao. Todos estos elementos permiten descubrir la realidad política, diplomática, comercial y social de una época de reformas y revoluciones.

Pero la exposición explora también los vínculos que en los siglos anteriores y posteriores unieron a españoles con América, donde realizaron importantes contribuciones a la exploración, la navegación y el comercio. Consta de cinco secciones: El siglo de las luces; Tiempo de tempestades; Paz y guerra en la mar; Huella vasca en América; y La luz de un siglo.





El siglo XVIII se caracterizó por el desarrollo de las artes y de las ciencias, donde los ideales ilustrados y la razón se generaban en Francia y se expandían por los reinos de Europa y las provincias de América. La primera sección, El siglo de las luces, está centrada en las importantes reformas políticas y sociales emprendidas por Carlos III. Aparecen un ejemplar de la Enciclopedia de Diderot y algunos ilustrados españoles, como el azcoitiarra Xavier de Munibe, conde de Peñaflorida, fundador de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País.

Durante esta centuria, varias familias originarias de las Provincias Vascas y del Reino de Navarra tuvieron una presencia destacada en la oficialidad de los Reales Ejército y Marina española, así como en los altos cargos de la administración, la navegación y el comercio de las provincias de ultramar. La sección Paz y guerra en la mar trata algunas proezas de la navegación comercial, la guerra naval y la expedición científica. Distintos objetos, mapas y gráficos muestran la importancia de los caminos reales establecidos en el sur de los actuales Estados Unidos.

Ejemplo de vascongado ilustrado es el geógrafo, ingeniero militar, escritor y general José de Urrutia y de las Casas, cuyo trabajo en la expedición de Nicolás de Lafora permitió conocer por un vasto territorio inexplorado al sur de los EEUU. El cuadro del género de "castas", perteneciente al Museo de América de Madrid, verifica la contribución racial y cultural.





En 1776, las Trece Colonias norteamericanas firmaron su Declaración de Independencia e iniciaron una guerra contra el Reino de Gran Bretaña. Carlos III tomó parte de este conflicto, mediante los Pactos de Familia que vinculaban a las dinastías de los Borbones, y los ejércitos francés y español se sumaron a la causa independentista contra los ingleses. La Armada española produjo grandes pérdidas a la Royal Navy en su ofensiva para recuperar los estados de La Florida y Louisiana, en el Virreinato de Nueva España, y Menorca y Gibraltar, en la España nuclear. Y este nuevo frente de combate supuso una estrategia de debilitamiento para los efectivos ingleses que tuvieron de dividir sus fuerzas.


La Corte de Carlos III y algunas élites españoles de la diplomacia y los negocios intervinieron de manera directa en la formación de los Estados Unidos de América entre la segunda mitad de los 70 y la primera de los 80. Esta intervención hispana en la constitución de la futura superpotencia queda expuesta en la sección Tiempo de tempestades, con especial referencia a la aportación vascongada.

En este contexto, fue sobresaliente la figura del bilbaíno Diego de Gardoqui, primer embajador español en unos recién nacidos Estados Unidos de América. Su misión fue apoyar a los rebeldes mediante la entrega de armas, suministros, medicamentos, e incluso dinero, gracias a su compañía marítima. De este apoyo decisivo surgió su relación con George Washington, el primer presidente, a quien acompañó en su investidura en 1789. Benjamin Franklin tuvo unas palabras de agradecimiento a Gardoqui, a quien escribió el 9 de octubre de en 1780, y cuyo texto ha sido recreado mediante una ilustración de Fernando Vicente:
"He sabido por muchas fuentes de su amistad hacia América y de la amabilidad que ha mostrado a muchos de mis compatriotas; le ruego que acepte mi agradecido reconocimiento."
Un formato animado ilustra un cuadro del célebre artista de la revolución estadounidense John Trumbull.

El pintor de batallas contemporáneo más prestigioso, Augusto Ferrer-Dalmau, refleja a una marina conquistando las islas Bahamas en 1782 y recrea la toma de Pensacola, decisivo episodio de la contribución española a la liberación de Florida. En este combate destacó el capitán Bernardo de Gálvez, cuyo retrato hizo colgar la administración Obama en el Senado de EE.UU. y donde un molde de escultura se exhibe en la exposición para ser colocada finalmente en la plaza de Colón de Madrid.

Otro personaje vasco destacado es el militar, político y diplomático Miguel Ricardo de Álava, presente en las dos batallas más importantes de los siglos XVIII y XIX: Trafalgar y Waterloo.



POR ESPAÑA Y POR EL REY, GÁLVEZ EN AMÉRICA, POR AUGUSTO FERRER DALMAU


La Guerra hispano-estadounidense de 1898 no fue un impedimento para que la relación entre España y América se mantuviese durante todo el siglo XIX y gran parte del XX. La sección Huella vasca en América retrata los intensos flujos migratorios con piezas originales procedentes de museos vascos y otras de origen norteamericano.

En Nueva York se estableció una importante colonia de inmigrantes vascos y gallegos, relacionados con el mundo del azúcar y el tabaco. Al estado de Florida llegaron inmigrantes españoles procedentes de Cuba, sobre todo cuando comenzaron las rebeliones independentistas en la isla. En California se establecieron pescadores. Y a los estados montañosos del lejano Oeste se desplazaron pastores, vaqueros y leñadores, muchos de ellos de origen vasco, cuyo ejemplo colonial es la ciudad de Boise, en el estado de Idaho. Durante II Guerra Mundial unos 60 vascos enrolados en la Marina estadounidense se dedicaron a transmitir órdenes en euskera para confundir a los japoneses.

Pero la relación histórica de los vascos con América comienza a través de los barcos balleneros llegando a las costas de Terranova, en Canadá. Como fue el ejemplo de Joanes Echániz, que escribió su testamento en Terranova en la Navidad de 1584.

Por último, la sección La luz de un siglo recorre la historia de la compañía eléctrica Iberdrola desde su fundación y posteriores fusiones que derivaron en Hidroeléctrica Ibérica y Saltos del Duero en las primeras décadas del siglo XX. Fotografías históricas, documentos y otros objetos poseen un carácter más corporativo que histórico.

También reúne referencias a las múltiples empresas que conforman hoy Avangrid, filial de la empresa vasca en los Estados Unidos, y mediante la cual cotiza en Wall Street desde finales de 2015.

La muestra concluye con dos obras lumínicas de los artistas James Turrell y Dan Flavin, de la colección de arte contemporáneo que posee la fundación Iberdrola.



CAMARADAS DE ARMAS, POR AUGUSTO FERRER DALMAU

lunes, 10 de abril de 2017

viernes, 7 de abril de 2017

La historiografía mitológica de la Sociedad Bascongada

Como escribió el antropólogo Caro Baroja, hasta la invención nacional de Sabino Arana, los vascos siempre creyeron "pertenecer al grupo de los más españoles de los españoles". Eso data documentalmente desde Zaldivia y Garibay, pasando por Moret y Larramendi hasta los Astarloa, Erro, Azcue, Vilinch, Iztueta y el resto de los pensadores más euskaldunes del siglo XIX.

Su fundamento era el mito tubaliano, estructura mitológica a la que se sumaron los caballeros de la Real Sociedad Económica Bascongada, utilizando un talante poco crítico y nada ilustrado que, aunque aparentemente quisieron renovar la historiografía, en cuanto vieron tambalearse las bases de su prístina noble y pureza de sangre, cerraron filas en torno al mito Túbal.


ESCUDO Y LEMA DE LA BASCONGADA: IRURAK BAT


Los Amigos de la Bascongada no pasaron de planificar una historia "nacional" que jamás logró trascender la cronología de la conquista de España por los musulmanes, y eso que estaban a finales del siglo XVIII. Produjeron decenas de trabajos históricos y cientos de pliegos escritos que quedaban estancados en los paradisíacos e indómitos inicios de los vascones: esplendorosos inicios del patriarca Túbal y sus hijos del vascuence poblando por primera vez los territorios españoles.

Algunos de esos títulos se pueden encontrar en el fondo Prestamero del Archivo de Vitoria:

Antigüedad, oriegen, nobleza y virtud de fortaleza de los naturales oriundos de las novilisimas Provincias Cantabricas Guipuzcoa, Vizcaya y Alava

Idea general de la Nacion Bascongada y señaladamente de la Provincia de Guipuzcoa, cuyo autor es el conde Peñaflorida

Provincias Bascongadas, Plan del Discurso prebio a la historia nacional dellas

Gupuzcoa, Su antiguo gobierno y originaria nobleza

Indice de una obra sobre historia nacional de Guipuzcoa

Historia Nacional de las tres Provincias Vascongadas, Relación histórica de los sucesos ocurridos en esta nacion de Cantabria hasta la entrada de los Moros en España

Advertencias y apuntaciones sobre la idea general de la Nación Bascongada

Historia general del País Bascongado comprendida en tres Provincias, el Señorío de Bizcaia, Guipúzcoa y Alava


LA ESCRITURA DE LOS PRIMEROS FUEROS VASCOS EN MESOPOTAMIA


Escrita probablemente por el caballero alavés José Joaquín de Landazuri, también existe una Segunda parte de la Historia nacional de las tres Provincias Vascongadas. Relación histórica de los sucesos ocurridos en esta nacion de Cantabria hasta entrada de los moros en España. Este manuscrito es el único que plantea dudas metodológicas sobre la veracidad histórica de Túbal:
"... quien fuese el primer poblador de estos paises vascongados y el tiempo en que tubieron principio sus poblaciones nadie lo sabe en tan densas tinieblas nos dexaron sepultadas estas primeras noticias los antiguos, que no sea a bulto y sin seguro. Apoyo podemos decir los modernos. No ignoro en que es el sentir de muchos grandes autores el que Túbal... pobló en estos payses vascongados pero tampoco se me oculta el que las pruebas que nos dan para tan hermoso suceso son ineficaces para persuadir tan arduo empeño..."

Este miembro de la Sociedad Bascongada Amigos del País propuso dos argumentos para cuestionar el poblamiento de Túbal en las Vascongadas:

1. La supuesta abundancia de comida en los valles del Pirineo que hiciesen apetecible ese territorio al patriarca Túbal. Si bien en el siglo XVIII ya había abundancia de árboles frutales, se sabe que muchos son alóctonos y seguramente inexistentes en aquellos tiempos lejanos. Exigía a cualquier defensor del tubalismo, amplios conocimientos de botánica y geografía que en la Ilustración aún no se tenían. 

2. La certeza probada acerca de la riqueza de frutos silvestres en los valles pirenaicos tampoco asegura que Túbal se hubiese quedado en las mismas con sus gentes, puesto que aunque algo sea posible no significa que sea real. A este argumento se suma la probabilidad de que Túbal y sus compañías hubiesen preferido otros territorios peninsulares más ricos y atractivos. 

Landazuri fue el primer vasco de alta alcurnia nobiliaria y miembros de la Sociedad Bascongada en rechazar la verosimilitud de las creencias tubalistas. 


ESCULTURA A XABIER DE MUNIBE EN AZKOITIA


Ante esta crítica ideológica e identitaria de Landazuri, el director de la Sociedad Bascongada, Xabier Munibe, defendió la tesis mitológica mediante la redacción de Idea general de la Nación Bascongada, un trabajo cuya cronología acaba hacia el año 870 y encabezó con el título Origen y primera Población del País Bascongado... En ella, el caballero Peñaflorida afirmaba que Túbal fue el primer poblador y fundó Ulibarri "primera voz bascongada y primera población de España". Sus razones fueron las siguientes:
"Dos poderosos motivos obligaban a Túbal a buscar las montañas para su primera población. El primero el horror... a habitar las llanuras con la triste idea que aun conservaban del primer Diluvio... y la mayor seguridad que creian en las alturas. El segundo la abundancia de viberes silvestres que daban las montañas en estas regiones (castaña, nuez, abellana y la vellota de encina, robles y arces...)."

El caballerito de Azcoitia reforzaba la tesis de la abundancia en árboles y frutos demostrando que en las montañas pirenaicas se edificaron "herrerias y fraguas como ay y ha havido", y que:
"... la primera lengua unibersal de España fue la vascongada, la lengua de Túbal y sus gentes ... que se conserba en estas tres Provincias y sus inmediaciones de Navarra y Francia, más o menos pura segun es o a sido maior el trato con otras naciones."

Más tarde, y ante la negativa de sus socios miembros de investigar en esta nueva dirección, Landazuri optó por darse de baja de esta institución y buscar por su cuenta la verdad los hechos del pasado y así aportar luces y razón en las tinieblas del mito identitario vascongado. Porque ante todo se trataba de una identidad, una creencia que legitimaba la supuesta nobleza primigenia en la que se basaban los intereses políticos de las élites dirigentes vascongadas, reunidas en las Juntas de la Real Sociedad de Amigos del País Bascongado.

Otro disidente fue el historiador agustino Flórez, quien publicó en 1768 su investigación La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que tuvo en tiempo de los romanos la región de los cántabros, con noticias de las Regiones confinantes y de varias poblaciones antiguas. La tesis de Flórez sostenía que las Vascongadas jamás fueron Cantabria y que nunca existieron las supuestas hazañas libertarias de los hijos de Túbal contra la invasión romana: nunca hubo indómitos vascones.

Los miembros de la Sociedad Barcongada no aceptaron que fuesen otras regiones españolas las que resistieron a Roma, pues en tal caso se les derrumbaría el argumento sobre el carácter impuro y mezclado de la población española en contraposición de la vascongada, así como también el supuesto abandono hispano de su inicial lengua madre eusquérica por haber sido dominada por invasores foráneos. 

Xabier Munibe y Pedro Jacinto de Álava reaccionaron contra Flórez y contra Landazuri, redactando una estrategia común, urdida mediante correspondencia y pidiendo permiso a la Corte madrileña para que respaldarse su tesis frente a sus enemigos. Los caballeritos de Azcoitia no se cuestionaron seriamente sobre el fundamento de la hipótesis de Flórez, sino que la combatieron de forma unánime a fin de supeditar el interés historiográfico a su interés identitario. 


ESCULTURA DE MESOPOTAMIA


Según el historiador contemporáneo Olibarri Gortazar, los caballeritos quisieron escribir la historia acorde con los métodos modernos e ilustrados, pero cuando pusieron en marcha ese proyecto se dieron cuenta que los principales representantes españoles de la historiografía ilustrada criticarían tradiciones conservadas por los vascongados durante siglos, que ellos mismo seguían y consideraban piezas decisivas en su defensa histórico-jurídica de los Fueros frente al poder central del reino. Ante esta perspectiva, renunciaron al proyecto ilustrado de publicar historia vascongada porque debían rectificar aspectos contrarios a los intereses de las tres Provincias, o bien encontrar la crítica de los ilustrados españoles y hasta la censura del poder real. 

Los ilustrados vascongados basaron su defensa apologética del mito Túbal en citas y referencias de los Garibay, Moret, Henao, Larramendi, etc., tratando los mismo temas en torno a los orígenes, la autoctonía y el valor en las luchas contra Roma. La diferencia con respecto a los historiadores de tiempos pasados estribaba en que ahora el fin utilitario de la historia era absolutamente defensivo: blindar la ideología de identidad foral.

Siguieron afirmando que "Fuero es una costumbre inmemorial cuia practica concreta elevó a ley... desde la primera Población" o que:
"La nobleza natural, secundaria y moral es la que pretenece al hombre por haberla heredado de sus primeros padres... La que corresponde a Guipúzcoa es la natural, secundaria conocida con el nombre común de hidalguía de sangre porque la tiene por linaje y por tocarle como herencia, de sus primeros pobladores."

Terminaron este párrafo con la prohibición de acceso a personas de estirpes extrañas:
"... que no pueda vivir en su territorio ningun christiano nuebo ni persona que sea de semejante linaje, ni de casta de negros, negras, mulatos, mulatas assi esclavos como libres ni otra ninguna gente de mala raza."

Pero Xabier Munibe y los caballeritos de Azcoitia no elaboraron una concepción protonacional vasca, como hizo Larramendi, y optaron por la tradicional idea protonacional española donde los vascongados fuesen excelentes españoles por su lealtad al monarca.

Y es que la suerte estaba echada al iniciarse el siglo XIX: las cabezas dirigentes imaginaban un país recién inventado, con guerras civiles (carlistas), ensoñaciones tardío-románticas y una cartografía ideológica de la limpieza étnica.


TORRE DE BABEL, ORIGEN DE LAS LENGUAS BÍBLICAS

lunes, 3 de abril de 2017

Catalina de Erauso, la monja alférez

Fue monja y militar que luchó en la Guerra de Arauco, donde ganó gran fama por haber recuperado una bandera española arrebatada por los indios. Fue conocida como la Monja Alférez.



CATALINA DE ERAUSO


Nacida en San Sebastián en 1592, Catalina de Erauso era hija del militar Miguel de Erauso y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años fue internada en el convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora, donde pasó su niñez y su adolescencia, llevando una austera vida monacal de oración y disciplina.

Sin embargo, su carácter inquieto y rebelde no era muy apropiado para la vida enclaustrada. Tras una pelea con una novicia, en la que recibió varios golpes, fue encerrada en su celda de la que escapó disfrazada de campesino, marchándose del convento para siempre en 1607. 

Ya no abandonó su disfraz, su identidad desapareció. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Su aspecto físico le ayudó a ocultar su condición femenina ya que fue una mujer de gran estatura, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle escribió sobre ella que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". También se escribió que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad. 



CATALINA DE ERAUSO


Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida, hasta que llegó a Valladolid, y de nuevo, a Bilbao. Finalmente, llegó a Sanlúcar de Barrameda, y se embarcó trabajando como grumete en uno de los grandes navíos de la Carrera de Indias que traen a España la plata extraída de las minas americanas. Curiosamente, el patrón de esa nave era Esteban Eguiño, tío de Catalina, aunque aquel nunca reconoció a su sobrina.

Desembarcó en Araya (Venezuela) y marchó a Cartagena (Colombia). En América desempeñó diversos oficios, primero trabajó en Trujillo, más tarde, llegó a Lima, en el virreinato del Perú, donde se alistó como soldado bajo el mando de distintos capitanes

En 1619 viajó a Chile, donde, al servicio del rey de la Corona hispánica, participó en diversas guerras de conquista. En la Guerra de Araucco contra los mapuches, consiguió ganarse la fama de valiente y hábil con las armas, estacada en el combate y sin revelar que era una mujer. Durante una batalla, en un acto de valor heroico recuperó la bandera, que les habían arrebatado. En este lance recibió tres flechazos y una lanzada, por los mapuches, así como el grado de alférez por sus mandos. 

Así relató su hazaña:
"Llegándoles socorro, nos fue mal y nos mataron mucha gente y capitanes, y a mi alferéz, y llevaron la bandera. Viéndola llevar, partimos tras ella yo y dos soldados de a caballo por medio de gran multitud, atropellando y matando, y recibiendo daño: en breve cayó muerto uno de los tres. Proseguimos los dos. Llegamos a la bandera, cayó de un bote de lanza mi compañero. Yo recibí un mal golpe en una pierna, maté al cacique que la llevaba y quitésela, y apreté con mi caballo, atropellando, matando e hiriendo a infinidad, pero malherido y pasado de tres flechas y de una lanza en el hombro ixquierdo, que sentía mucho."

Catalina descubrió que uno de sus mandos militares era su hermano Miguel de Erauso, el cual no consiguió reconocerle pues tenía dos años cuando él marcho a América. Por otra parte, ella no reveló su identidad, pero si que le estuvo comentando que era de su misma ciudad y sobre de conocidos y lugares comunes. Miguel acogió a Catalina en su tropa, persuadido de tener junto a sí a un paisano, además con notables virtudes militares.

Durante estos años se vio envuelta en numerosas peleas y disputas. Fue amante del juego, los caballos y el galanteo con mujeres como era normal entre los soldados españoles de la época. Pronto se ganó la fama de duelista arbitrario y peligroso espadachín. En Argentina fue condenada a muerte por un duelo en el mató a su contrincante. Ya en el cadalso y con la soga al cuello, fue dada orden de liberación por haber confesado los falsos testigos que habían provocado su detención.

En 1615, en la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante uno de esos duelos. Tras el intercambio de golpes su amigo y su contrincante cayeron heridos al mismo tiempo. Según el protocolo, los padrinos continuaron el combate, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su identidad, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel de Erauso. Sólo pudo huir.


CATALINA DE ERAUSO


Continuó enrolada en los campos de batalla de Chile y Perú, en Tucumá, Potosí, La Plata, Cochamba, Cruzco, Huamanga...

En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que no podía ser ajusticiada por ser mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento. 

Ella misma lo narró así:
"Señor, la verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana, que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui al tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a para en los presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima."
Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen y la demostración de tan extraordinario arrojo, recibió el apoyo del eclesiástico, quien evitó que Catalina fuese castigada por ejercer una falsa identidad e instalándola en el convento de Santa Clara de Huamanga, con el hábito correspondiente, bajo su tutela. 

El asunto llegó a oídos de la Corte, donde se interesan, no por la monja Catalina, sino por el heroico alférez de la Guerra de Arauco. 
En traje de civil, regresaba embarcada en la Armada del general vascongado Tomás de Larraspuru, natural de Azcoitia, que había prestado extraordinarios servicios a España limpiando de piratas el mar Caribe.

Fue recibida con honores por el rey Felipe IV, sorprendido gratamente por la historia de la donostiarra. El llamado "Rey Planeta", le confirmó su graduación y empleo militar, la llamó "monja alférez", autorizándola además a emplear su nombre masculino y le concedió una pensión de ochocientos escudos de renta. 

El memorial que dirigió Catalina al rey para solicitar su ayuda comenzaba con estas palabras:
"Señor: el alférez doña Catalina de Erauso, vecina y natural de la villa de San Sebastián, privicia de Guipúzcoa, dice: que en tiempo de diez y nueve años a esta parte, los quince ha empleado en servicio de Vuestra Majestad en las guerras del reino de Chile e indios del Perú, habiendo pasado a aquellas partes en hábito de varón, por particular inclinación que tuvo de ejercitar las armas en defensa de la fe católica y emplearse en servicios de Vuestra Majestad."
Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras se extendían por Europa, Catalina viajó a Roma, quizás para arreglar de la mejor forma posible su extravagante situación personal. El papa Urbano VIII, le recibió en audiencia, escuchó su historia y le autorizó, de forma excepcional, a continuar usando su vestimenta de hombre, pero sin reincidir en más delitos y alborotos. 

De esta forma lo escribió:
"Partí de Génova a Roma. Besé el pie a la Santidad de Urbano VIII, y referíle en breve y lo mejor que supe mi vida y correrías, mi sexo y virginidad. Mostró Su Santidad extrañar tal cosa, y con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargóme la prosecución honesta en adelante y la abstinencia de ofender al prójimo. Hízose el caso allí notorio, y fue notable el confuso de que me vi cercado: personajes, príncipes, obispos, cardenales."

ITINERARIO DEL VIAJE DE ERAUSO POR AMÉRICA DEL SUR


También fue recibida por varios cardenales. Uno de ellos, el italiano Magallón, que no debía de sentir gran simpatía por los españoles, le dijo tras conocer sus aventuras que no tenía más falta que ser español, a lo que respondió la guipuzcoana:
"A mi me parece señor, debajo de la corrección que se debe a Vuestra Señoría Ilustrísima, que no tengo otra cosa buena."
Las jornadas italianas de Catalina, en efecto, fueron de fama y agasajo. Hasta que un día se cansó y marchó a Nápoles para embarcar de regreso a España. Su presencia en Nápoles también suscitó admiración. Paseando por el puerto de aquella ciudad, comentó en sus memorias que unas jovencitas acompañadas de unos mozalbetes quisieron burlarse de ella diciéndole: "Signora Catalina, dove si cammina?"; a lo que ella respondió: "A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas."

Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso, que hoy se encuentran en el Archivo de Indias


Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoció reposo. En 1630, la monja alférez viajó de nuevo a América y se instaló en el virreinato de Nueva España, probablemente en la ciudad de Orizaba en el estado de Veracruz, donde regentó un negocio de arriera o transporte de mercancías entre México y Veracruz. 

A partir de 1635 poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que fue asesinada, otros que murió sola entre sus asnos en los altos de Orizaba, otros que en un naufragio transportando una carga en un bote, y otros que se la había llevado el diablo.


ESCULTURA A CATALINA DE ERAUSO EN SAN SEBASTIÁN