domingo, 19 de abril de 2015

Lope III Díaz de Haro


Octavo señor de Vizcaya entre 1254 y 1288, mayordomo real, canciller y alférez mayor del Reino de Castilla

LOPE III DÍAZ DE HARO

Lope III Díaz de Haro 
fue el octavo señor de Vizcaya, entre los años 1254 y 1288. Nació en 1288, era hijo de Diego III López de Haro y Constanza de Bearne.

Tomó posesión del señorío de Vizcaya siendo todavía menor de edad tras el fallecimiento de su padre y como este había tenido disputas con el rey de Castilla Alfonso X el Sabio, poniéndose bajo las órdenes del rey de Navarra, Lope fue llevado por sus tutores a Estella en 1255 para ofrecer igualmente sus servicios al rey navarro.

Más adelante se reconcilió con el rey de Castilla, logrando que este le confirmase los privilegios sobre Haro que su padre había perdido y fue armado caballero por Fernando de la Cerda, primogénito de Alfonso X.

Tras la muerte de Fernando de la Cerda en 1275, su hijo Alfonso de la Cerda y su hermano Sancho empezaron a disputar la sucesión del reino de Castilla. Lope decidió apoyar a Sancho que en un principio tenía también el apoyo de Alfonso, pero que en 1282 pasó a apoyar a su nieto, privando a Lope del señorío de Haro, en favor del infante Jaime, quien moriría en 1283 a los dieciocho años, por lo que es probable que no llegase a tomar posesión.


El señorío de Lope III Díaz sufrió los primeros enfrentamientos entre banderizos, las guerras entre linajes nobiliarios de la Baja Edad Media. Así, en 1270, se produjo la lucha entre los de la cada de Zamudio y los de Leguizamón, en el monte Abril, con victoria de Diego Pérez Leguizamón, gracias a la colaboración de Pedro de Luzarra y los de Deusto. Diez años más tarde, moría durante una encerrona en Castrejana, encabezada por los de Zárraga y de Martiartu.

ESCUDO DE ARMAS DE LA CASA DE LOS HARO

Al fallecer Alfonso X en 1284, Sancho fue nombrado rey de Castilla. Estaba casado con María de Molina, hermana de la mujer de Lope III Díaz, lo que convirtió al señor de Vizcaya en cuñado del rey. Esto le dio un gran poder y fue nombrado mayordomo realcanciller y alférez mayor. También le fue devuelto el señorío de Haro y el gobierno de la región desde Burgos al Cantábrico. En 1287 era regente del reino junto a Martín González, obispo de Astorga.


Por petición de Lope III Díaz, Sancho permitió hacer salazones a los vecinos de Bermeo en los puertos de Galicia y Asturias. El 18 de marzo de 1285, hallándose los dos en Burgos, confirmó el rey el privilegio de fundación de Bermeo, dado por su abuelo Lope II Díaz, ampliando los términos que le dio aquél, como por ejemplo eximiéndoles de los derechos de portazgos y treintazgos en los puertos de Castro Urdiales y Laredo.

La desmedida ambición de Lope III Díaz conllevó protestas de otros nobles y provocó muchos problemas al rey. Hallándose este en Alfaro el 8 de junio de 1288, entre otros nobles convocó al infante Juan y a Lope, para reclamarles los castillos que le habían usurpado. Agriada la discusión, ordenó que apresasen al de Haro.

Fue entonces cuando éste ... se levantó mucho asina e dijo: 
"¿Presos? ¿Cómo? ¡A la merda! ¡Oh, los míos!" e metió mano a un cuchillo e dejóse ir para la puerta donde estaba el Rey el cuchillo sacado e la mano alta ... ballesteros e caballeros, veyendo que el Conde iva contra el Rey, firieron al Conde, e diéronle con una espada en la mano, e cortáronsela, e cayó luego la mano en tierra con el cuchillo; e luego diéronle con una maza en la cabeza, que cayó en tierra muerto."

Se casó con Juana Alfonso de Molina, hija del infante Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León, sin el consentimiento regio, lo cual suponía una afrenta al soberano. El lugar elegido para la celebración fue el Monasterio de San Andrés de Arroyo donde se encontraba la contrayente. 

De este matrimonio nacieron dos hijos: Diego IV López, señor de Vizcaya, y María Díaz, que contrajo matrimonio con el infante Juan de Castilla, hijo de Alfonso X.

viernes, 17 de abril de 2015

Íñigo de Artieta

Marino, armador, comerciante, militar y corsario de finales del siglo XV y principios del XVI




Natural de Lequeitio, Vizcaya, donde nació en 1440, procedía de una familia de mercaderes del siglo XV de la villa de Lequeitio. Su padre, Nicolás Ibáñez de Artieta, fue también marino, armador y comerciante y estuvo presente con sus barcos en las diferentes Armadas que mandaron formar los Reyes Católicos contra sus enemigos.

En 1476, se preparó una flota de 12 embarcaciones (3 naves vizcaínas y 9 carabelas andaluzas) para luchar contra los barcos portugueses que traían oro y esclavos de Guinea. Una de estas carabelas era propiedad de Iñigo. Los enfrentamientos entre Castilla y Portugal se producían por la sucesión al trono de Castilla entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, y por el monopolio comercial de Guinea que pretendía Portugal.

En 1477, participó con su carabela Santa María Magdalena, en una nueva flota militar con destino a Guinea. La nave fue fletada por el doctor Rodríguez Lilo, del Consejo Real.

Entre los años 1477 y 1498, sus barcos actuaron en el Mediterráneo, uniendo comercialmente la península Ibérica con las islas Baleares y estas con la península Itálica y Sicilia, transportando sardinas, atún, trigo y sal. Durante estos viajes por el Mediterráneo, se dedicó también al corso e hizo varios apresamientos de naves.

En 1491, se concedió a Íñigo de Artieta un permiso para la construcción de una carraca, para lo cual los reyes despacharon una carta por la que se instaba al Corregidor para que no se le cobrase ningún impuesto ni sufriese ningún daño por la construcción en Laida. Los Reyes Católicos daban estas facilidades a los armadores para incentivar la construcción de barcos para formar armadas, otorgando privilegios a los armadores que construyeran naves cada vez más grandes, así en 1436, premiaban los barcos de más de 600 toneles de capacidad. Íñigo de Artieta se benefició de esta promoción por la nave de 900 toneles construido en Lekeitio.



VILLA DE LEQUEITIO, SIGLOS XV-XVI


En 1492, Iñigo de Artieta participó activamente en la organización de la Armada de Vizcaya siendo capitán general, cuyo encargado de reunir las embarcaciones fue el capitán bilbaíno Juan de Arbolancha.

La misión principal de la armada era proteger la navegación castellana de la Ruta de las Indias en el estrecho de Gibraltar y costas atlánticas, y frenar el comercio marítimo portugués. Acciones que se desarrollaron en aguas del estrecho de Gibraltar contra embarcaciones portuguesas hasta el Tratado de Tordesillas.
Los ataques turcos en Sicilia y Nápoles hicieron que Íñigo formara parte de la Armada de Sicilia en 1494, junto a sus naves de la Armada Vizcaína. Poniéndese allí a las órdenes de Garcerán de Requesens, capitán general de la Armada de Sicilia, participó en el bloqueo de Gaeta y logrando que sus enemigos no pudiesen recibir alimentos por mar. Navegaba en esta ocasión Íñigo en compañía de su hermano Francisco de Artieta, preboste de la villa de Tabita de Durango.

Íñigo de Artieta era poseedor de una merced real para cuatro lanzas mareantes. La concesión de una merced tenía por objeto que el que disfrutaba de ella realizase cierto trabajo provechoso para el reino. Por tanto, la concesión de una merced tenía en el Señorío de Vizcaya el exclusivo fin de que el beneficiario de ella sirviese el reino con armamento en proporción a la cuantía de la concesión. El beneficiario de una merced pagaba con ella un número prefijado de lanzas o ballesteros que eran los que se encargaban de combatir por él cuando el rey convocaba a las armas. En Vizcaya casi todas las lanzas y ballesteros que se concedían eran mareantes, y su obligación era servir por mar exclusivamente.

El mismo Íñigo de Artieta, en 1503, contrató con las religiosas Dominicas de Lekeitio, ante el escribano Juan Ortiz de Jáuregui, la cesión de 8.600 maravedis de juro que recibía anualmente de los Reyes Católicos.


TRATADO DE TORDESILLAS

lunes, 13 de abril de 2015

Julián Romero de Ibarrola

Militar del siglo XVI famoso por ser uno de los pocos de origen humilde y que empezando como soldado alcanzó el grado de Maestre General de Campo
 


Procedía de la casa mayor de Ibarrola de Murelaga, en Vizcaya, fundada en 1404, por Juan Ochoa de Olaeta. En 1534, con solo 16 años, se encontraba ya enrolado en los Tercios del emperador Carlos V. 

En 1545, el Enrique VIII se enfrentaba a los rebeldes escoceses. Carlos V, aliado del rey de Inglaterra, acudió en su ayuda con sus Tercios. En la batalla de Pinkie se destacó Romero de Ibarrola como capitán de una regimiento. 

En la batalla de San Quitín, tuvo una actuación destacada, siendo nombrado caballero de la Orden de Santiago y maestre de Infantería por Felipe II. Y poco más tarde al mando de una compañía de arcabuceros combatió en la batalla de Gravelinas

En 1551, junto al también famoso militar Sancho de Londoño, dirigió las fuerzas españolas que vencieron a las francesas en la batalla de Gemmingen. Pese a que los españoles se encontraban en inferioridad numérica frente a los franceses, vencieron con 500 arcabuceros y 300 mosqueteros.

Siendo maestre de campo de una compañía del Tercio Viejo de Sicilia en Siracusa, en 1565, el duque de Alba le ordenó que lo acompañase por el llamado Camino español para contener una rebelión en los Países Bajos encabezada por Guillermo de Orange. El duque de Alba creó para él el cargo de sargento mayor general del Ejército.

La guerra de Flandes se recrudecía; en ella Ibarrola mostró toda su pericia bélica en diversas acciones destacadas: fue herido en un brazo en el asedio a Mons por un tiro de arcabuz; perdió un ojo en la toma de Haarlem, un importante núcleo protestante; apaciguó un motín de las tropas españolas en Utrech; y socorrió a Sancho Dávila en el cerco de Amberes y, más tarde, sus tropas protagonizan el terrible saco de Amberes.

Tras nueve años de guerra en Flandes, Julián Romero solicitó al rey que le nombrase "castellano", título que servía para volver con su familia. Pero en el año 1567, durante el camino de Lombardía a Flandes y siendo maestre de campo general de 6.000 hombres de infantería y caballería, cayó súbitamente muerto del caballo en la ciudad de Cremona.

JULIÁN ROMERO Y SU SANTO PATRONO, POR EL GRECO


Fue pintado por El Greco en la última década del siglo XVI en un cuadro que se conserva en el Museo del Prado llamado Julián Romero y su santo patrono, y además el poeta Diego Jiménez de Ayllón le dedicó un soneto.

Se le atribuye la autoría de la Crónica del rey Enrico octavo de Inglaterra escrita por autor coetáneo. Se llegó a imprimir en 1884. En París, la casa editorial Franco-Ibero-Americana publicó el libro titulado Capitán Julián Romero. El Barba Azul de los reyes. Según el marqués de Molins en ese manuscrito están referidos, los hechos, los dichos y hasta los pensamientos del capitán Romero, que asistió a la batalla de Pavía y a la toma de Boulogne, donde tuvo varios duelos. El protector de Escocia, después de la victoria de Pinken, concedió muchas mercedes e hizo muchos caballeros, entre ellos, a Julián Romero. Tanta era su fama que Ercilla se refirió a su persona en La Araucana al hablar de la batalla de San Quintín:
El pronto Navarrete a la siniestra
Con el conde Mega; y de la parte
Del burgo Julián, con mes naciones
Españoles, tudescos y walones.

domingo, 12 de abril de 2015

Versiones y leyendas de la Batalla de Roncesvalles

La batalla de Roncesvalles presenta diferentes versiones y leyendas sobre el desarrollo de los hechos, dependiendo de las fuentes que lo relaten.

Sólo se dispone de dos fuentes de información fidedignas: los Anales Reales de Carlomagno y Vita Karoli Magni de Eginhard; hay que añadir también el epitafio del senescal Eggihard, que permite conocer la fecha del combate.

Salvo que los agresores eran vascones o gascones y que el ejército franco sufrió una derrota de considerable resonancia, lo demás es incierto.


La versión más legendaria parte desde la oferta que Suleiman Ibinalarabi, valí de Barcelona y enemigo del emir de Córdoba le propone a Carlomagno. Roldán, sobrino de Carlomagno desconfía y propone que vaya un embajador llamado Ganelón. Este noble cree que Roldán le mandó allá porque desea su muerte, de manera que decide vengarse y conspirar con los sarracenos contra los francos y, al mismo tiempo, sugiere a Carlomagno que sea Roldán quien comande la retaguardia de las tropas.

Los sarracenos, advertidos por Ganelón, tienden una emboscada a la retaguardia del ejército franco encabezada por Roldán. Nada menos que cuatrocientos mil moros se lanzan sobre los francos en el paso de Roncesvalles. Tras la terrible refriega, Roldán encuentra la muerte.

Los sucesos que se narran en los poemas épicos de aquella época medieval quedan deformados en perjuicio de la Historia y en beneficio de la Épica. Nunca hubo cuatrocientos mil sarracenos en el paso de Roncesvalles; ni eran tantos ni, probablemente, tampoco sarracenos.




La versión descrita por parte de la épica hispánica de la época ensalza a Bernardo de Carpio como protagonista de aquella epopeya. La tradición española parte ahora desde el reino de Asturias. Alfonso II el Casto no consigue dejar descendencia a su trono. Un posible heredero es Bernardo del Carpio, sobrino del rey, pero ilegítimo, pues es hijo de los amores de Jimena, hermana del rey, con el conde Saldaña. Alfonso ha encerrado a los amantes; a Bernardo se lo queda bajo tutela. Pero Bernardo, que ignoraba tanto su condición de bastardía como su sangre real, se entera quién es su padre y decide librarle de su encierro.

En esa circunstancia, Alfonso pide ayuda a Carlomagno contra los moros y le promete a cambio una parte del reino. Varios nobles asturianos, temerosos de perder sus posesiones, se rebelan y pactan una alianza contra los carolingios. No están solos: las huestes de vascones y los moros de Zaragoza tampoco quieren que Carlomagno logre reinar territorios peninsulares. Al frente de la coalición se pone Bernardo del Carpio. Las tropas de los rebeldes sorprenden a los carolingios en Roncesvalles. Allí Bernardo derrota a Roldán, sobrino de Carlomagno, y a los Doce Pares de Francia. Bernardo se cobra la espada "Durandarte", el arma de Roldán, que a partir de entonces le acompañará en numerosas hazañas.

La epopeya de Bernardo nunca fue tenida por legendaria, sino más bien por histórica. Multitud de crónicas y anales la reproducen:

Alfonso X el Sabio lo relató como como un hecho real. Carlos I visitó la tumba de Bernardo de Aguilar de Campoo al llegar a España por primera vez, allí recibió la espada "Durandarte", sacada del sepulcro del héroe. Además, el héroe será omnipresente en la literatura española hasta el Siglo de Oro incluido.

Ahora bien, Alfonso X fechó la hazaña de Roncesvalles "andados veintisiete años del reinado del rey don Alfonso el Casto", es decir, en el año 808. Siendo posible que, como dice el canto francés, Carlomagno, ya con setenta años, tuviera la barba blanca.

Todas las investigaciones modernas coinciden en la absoluta veracidad del planteamiento que servía de punto de arranque al cantar francés, la Canción de Roldán. Era verdad que los moros de Zaragoza se rebelaron contra el califato de Córdoba. Y era verdad que pidieron ayuda a Carlomagno y que éste vio aquí una oportunidad para asentar la Marca Hispánica hasta el río Ebro.

La historia moderna así lo escribe:

"En verano del 778, el emperador Carlomagno, rey de los francos, se adelantó en tierras hispanas por el gobernador musulmán de Zaragoza, que se había rebelado contra el califa de Córdoba. El gobernador no cumplió su promesa y Carlomagno tuvo que volver. Al regresar por el Pirineo navarro, las tropas carolongias sufrieron una emboscada en el paso de Roncesvalles. Los atacantes, tal vez vascones, tal vez una coalición de vascones y musulmanes, aniquilaron a la retaguardia de Carlomagno, matando a Roldán, duque de la marca de Bretaña, y a los Doce Pares de Francia".




Pero las investigaciones, debates y resultados más recientes de la Historia moderna consiguen tomar unas cuantas precisiones:

Para empezar, que no hubo una sola batalla, sino que hubo dos. La primera, en agosto de 778, tuvo lugar en Valcarlos, y corresponde a la secuencia descrita por la Historia moderna, pero con una matización: primero fueron las tropas musulmanas las que propinan una mazazo inicial a los francos en retirada en los valles del Ebro y, posteriormente, fueron rematados por los vascones en los Pirineos como venganza del ataque a Pamplona.

El segundo enfrentamiento, en junio de 808, tuvo lugar más concretamente en Roncesvalles, y es la que perduró en la tradición española. Esta describe que una alianza de nobles asturianos y aliados musulmanes del norte de la península, con Bernardo del Carpio, derrotó a las tropas que Carlomagno enviaba a Alfonso II el Casto.


Por último, la reciente versión de los historiadores nacionalistas vascos incide en el protagonismo de los vascones, a los que atribuyen totalmente la victoria, lo que sólo es cierto en parte.

viernes, 10 de abril de 2015

Martín de Bertendona

Almirante y Constructor naval de finales del siglo XVI que pasó a la historia por liderar la Escuadra de Levante de la Grande y Feliz Armada en la expedición de invasión a Inglaterra de 1588




Natural de Bilbao, Vizcaya, donde nació en 1530. Martín de Bertendona y Goronda fue descendiente de una importante saga familiar marinera muy cercana a la Corona. Su padre, Martín de Bertendona y Goronda, fue quien en 1554 trasladó al entonces príncipe Felipe, futuro Felipe II, hasta Inglaterra en su nave al objeto de contraer matrimonio con María Tudor. El príncipe Felipe eligió personalmente el barco de Bertendona y Gondra de entre los muchos que le habrían de acompañar.

Desde joven, Martín de Bertendona se inició en la navegación militar al participar en batallas oceánicas durante las guerras contra Francia, ganándose pronto la confianza de sus mandos.

Posteriormente, sirvió en la Armada española de los conflictos de Flandes, destacándose en las acciones del final del gobierno del duque de Alba sobre aquel territorio, especialmente tras la derrota naval de Enckhuyssen de 1573.

Fue incorporado a las unidades navales del nuevo gobernador Luis de Requesens, quien a diferencia de su antecesor, intentó llevar una política de pacificación. A pesar de los esfuerzos de Requesens, Bertendona hubo de participar en el socorro de Middelsburgh durante 1574, al haberse rebelado de nuevo la mayoría de las provincias flamencas.

En el período comprendido entre la Unión de Utrech de 1579 y la capitulación de Amberes de 1585, Martín de Bertendona ascendió rápidamente por su valía y conocimientos náuticos, siendo nombrado entonces general de la Armada.

A partir de 1587, formó parte activa de los preparativos de la Armada Invencible, asumiendo el mando de la Escuadra de Levante, o Escuadra de Italia, en los ataques contra la costa británica de 1588.

Su nave era en aquel tiempo la Ragazzona, un poderoso navío de 1.549 toneladas de carga total. Sin embargo, tras el desastre de la Flota, el regreso de Bertendona a La Coruna resultó complejo hasta el extremo, pues como consecuencia de los temporales la Ragazzona terminó encallada en El Ferrol, prácticamente con las cuadernas a la vista por la furia de las olas. No obstante, pudieron recuperarse los grandes cañones del navío, que sirvieron en 1589 para la defensa de la costa gallega contra los ingleses.


NAVÍO RAGAZZONA EN LA EXPEDICIÓN DE LA "ARMADA INVENCIBLE"


Entre 1590 y la muerte de Felipe II en 1598, Bertendona formó parte de la expedición de las Azores de 1591, donde fue derrotada la Flota británica. Tras ésta campaña, se hizo con el mando de las escuadras ligeras del Atlántico para mantener el paso abierto desde el Cantábrico a Calais.

Entre 1602 y 1603, concertó con el rey Felipe III un asiento para la construcción de diez galeones en astilleros vascos, médula espinal de la Escuadra de Vizcaya y por tanto de la Escuadra del Cantábrico, a fin de contratacar a los enemigos ango-holandeses. Sin embargo, murió poco tiempo después, en 1607, sin ver concluidos todos sus esfuerzos para la defensa del litoral septentrional del Reino de España.

jueves, 9 de abril de 2015

Linaje de Ibarra de Eibar


Hay tantos solares en Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra con referencia al linaje de Ibarra, que no se puede señalar a alguno como cuna del apellido. De todos ellos, los Ibarra de la villa guipuzcoana de Eibar han aportado una importante saga de militares, de colonizadores de América y de administradores imperiales de la Monarquía hispánica tanto en Europa como en América.

ESCUDO DE ARMAS DE IBARRA

Antonio Ibarra fue oidor de la Real Audiencia de las Charcas, en el Perú. Auditor general de la gente que luchó con ocasión de la guerra que España sostuvo con Alemania. Más tarde ocupó los cargos de camarero del papa Paulo III, abad de Santa Vitoria de Milán y canónigo.

Bartolome Ibarra fue contador del virreinato de la Nueva España en la ciudad de Méico.

Cristóbal Ibarra fue capitán de caballería ligera en los Tercios de Milán y caballero de la Orden de Santiago. Murió en el cerco de Ginebra, yendo al frente de dos mil caballeros.

Carlos Ibarra fue almirante de la escuadra de Cantabria, pasando a Berlingas en 1616. Tomó parte en la victoria alcanzada contra los holandeses en el Estrecho de Gibraltar en 1627 y el año siguiente recibió el encargo honroso de organizar una flota. En 1633 fue como general de la escuadra encargada de escoltar la flota que partió hacia el Virreinato de la Nueva España y en 1638 obtuvo, en aguas de Cartagena de Indias, sonada victoria contra la escuadra de Pie de Palo. Tenía los títulos de vizconde de Centenera, que se le concedió en 1637; primer Marqués de Taracena en 1639; comendador de Villahermosa en la orden de Santiago; gentil-hombre de boca del rey; miembro del Consejo de Guerra; y caballero de la orden de Alcántara. Murió en Barcelona en 1639 y fue enterrado en el convento de San Francisco de esta ciudad.

Diego Ibarra fue veedor general en los estados de Flandes, gentil-hombre de la Cámara y mayordomo del archiduque Alberto. Se distinguió como militar en la conquista de la provincia de Nueva Galicia. Fue consejero de Estado y de Guerra, comendador de Villahermosa y el año 1593 fue a París como enviado extraordinario de Felipe II. Falleció el 11 de Mayo de 1626.

Diego López Ibarra fue capitán y sargento mayor en Chile en 1657. En 1672 general de galeones.



Esteban López Ibarra, secretario real de los Consejos de Guerra y de Hacienda, caballero de la orden de Santiago, fundador de la basílica de San Esteban en su pueblo natal.

Esteban Ibarra, secretario del emperador Carlos V y miembro del Consejo de Guerra en 1547. Sirvió en las galeras de Alemania y se señaló en la prisión del duque de Sajonia, por lo cual el Emperador le hizo castellano de la fortaleza de Manfredonia.

Francisco Ibarra, padre de Diego Ibarra, fue comendador de la Orden de Santa Cruz de la Zarza en Castilla, proveedor y comisario general en las armadas y ejércitos del rey en Flandes en 1570, y miembro del Consejo de Guerra de Felipe II.

Francisco Ibarra, hijo de Diego, fue maestre de campo y de la cámara del archiduque Alberto en Flandes, miembro de la orden de Santiago. Falleció en 1622 peleando en ruda batalla.

Francisco Ibarra, sobrino de Diego, fue caballero de la Orden de Santiago. Tomó parte activa en la conquista de la provincia de Nueva Vizcaya del Virreinato de la Nueva España en el siglo XVI. Allí fundó la ciudad de Victoria de Durango.

PLACA CONMEMOTATIVA DE LA FUNDACIÓN DE NUEVO DURANGO, POR FRANCISCO DE IBARRA

Juan Ibarra fue secretario y consejero del Consejo de Indias y caballero de la Orden de Calatrava.

Juan Ibarra fue general de marina en la Carrera de las Indias. Tomó parte de la Grande y Feliz Armada que en 1588 se dirigió a la conquista de Inglaterra, a las órdenes de Oquendo en la Armada de Guzipúzcoa, ma
ndaba la urca Santa María del Juncal.

Lucas Ibarra fue pagador general de ejércitos y revisor de las cuentas del patrimonio real en Sicilia.

Miguel Ibarra fue presidente de la real audiencia de Quito.

Miguel Ibarra fue juez de testamento, capellanías y obras pías en el arzobispado de México, fue catedrático en propiedad de la cátedra de Decreto en la real Universidad de la ciudad citada.

Pedro Ortuño, tío de Diego Ibarra, fue conquistador del Virreinato de la Nueva España, tesorero general y factor de, rey. Siendo capitán de infantería mató a César Fragoso, veneciano, y a Pedro Rincón, español, en el río Po, embajadores de Francisco I de Francia, que iban a pedir socorro al gran turco y no quisieron rendirse. Reclamó el rey de Francia contra Pedro y por consejo de Carlos V cambió el apellido Ibarra en Inarra, para librarse del castigo. Fue veedor general en Milán y caballero de la Orden de Calatrava. Dejó varias fundaciones en la villa.

Pedro Ibáñez Ibarra fue oidor en la real audiencia de Sevilla, proveído por gobernador de la isla española de Santo Domingo.


martes, 7 de abril de 2015

Entrevista en Urdaneta500


Este es una entrevista que la web Urdanta500 realizó al alcalde de Ordicia, José Miguel Santamaría, y el concejal de Cultura, Iñaki Hidalgo. Con motivo del 500 aniversario del nacimiento de Andrés de Urdaneta, que se celebró en 2008.


 
¿A qué es debido que Andrés de Urdaneta sea tan desconocido en el propio pueblo de Ordizia?

Hace 100 años era un personaje que en Ordizia si era muy conocido y luego no se cuál es el motivo pero la historia es que se le ha olvidado. De hecho, la estatua que tenemos aquí es de 1904 y en la monografía histórica de Gerardo Múgica ya se decía que querían ubicarla en otro sitio cerca de la estación de Ordizia para que el viajero que viniese conociese a Urdaneta. Yo creo que es un personaje que ha quedado olvidado en la historia. Nosotros no lo hemos vivido, y es ahora cuando estamos descubriendo todo esto.

Yo creo además que la estatua es hija de su tiempo y los valores que existían hace un siglo no son los que hay hoy. Entonces lo que pasa es que se da más valor a la faceta religiosa que a la faceta científica. Como resultado de ello, la imagen que hay de Urdaneta en Ordizia es la del fraile Andrés. Entonces si creo que de alguna manera con este quinto centenario se ha puesto en valor con este aspecto científico del viaje.


¿Qué valores o rasgos destacaríais de la figura de Andrés de Urdaneta?

El científico, el cartógrafo. Yo creo que en lo que respecta a la cosmografía es el personaje vasco más importante. Y como navegante de alguna manera se lanza a un viaje hacia lo desconocido que es dos veces el viaje de Colón. Tiene un valor importantísimo. Pone en contacto, de alguna manera, todo el Pacífico. Ten en cuenta que es en ese momento cuando el pacífico es conocido. Hasta entonces las dos costas del Pacífico habían sido desconocidas.


¿Qué importancia veis a la figura de Andrés de Urdaneta de cara al presente?

Bueno, hoy en día que se está hablando tanto de globalización, de mercados globales... podemos decir que, de alguna manera, es el primer globalizador es Urdaneta. Es decir, han existido antes las rutas de la Seda con M. Polo pero, hasta cierto punto, Andrés de Urdaneta conecta lugares de ida y vuelta tanto en el pacífico como por el atlántico.




¿Qué otras actividades están realizando además de la exposición?

El quinto centenario comenzó con la visita de la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo. Por entonces se inauguró también la exposición dedicada a Andrés de Urdaneta. Y por resumir de alguna manera, esta exposición presenta cuatro planos de actividades paralelas: una ubicada en Ordizia, luego también en Filipinas, México y Perú. Se ha reeditado con más documentación el libro de José Ramón de Miguel sobre la biografía sobre Urdaneta y se acaba de publicar recientemente. Estamos elaborando también un documental que próximamente verá la luz, aproximadamente en julio. En ese mismo mes, dentro de los cursos de verano de la UPV / EHU, se hará un curso concreto enfocado a la influencia de Andrés de Urdaneta. Ya en noviembre tendremos en Oridizia el congreso internacional, también sobre Urdaneta, y, probablemente, una serie de actos académicos...


Habéis hecho conferencias también...

Las conferencias comenzaron antes porque lo que pretendíamos de alguna manera era crear un poco el ambiente en torno a la figura y, de hecho, las conferencias comenzaron en febrero del año pasado y han durado hasta mayo. Y a parte de eso, pues bueno se ha aprovechado también para relacionar aquellas actividades de carácter festivo o de carácter lúdico que anualmente organiza el ayuntamiento con la figura de Urdaneta porque, de hecho, se ha celebrado ahora una feria medieval y una feria de especias donde la figura de Urdaneta ha tenido especial cabida. Además, la quincena musical donostiarra va a tener una jornada en Ordizia dedicada a Urdaneta.

Se ha organizado una exposición para adiestrar a los chavales en la construcción de barcos, una muestra que se llama El Bosque al Mar en la que se ha instruido sobre la navegación y construcción de barcos en aquella época. Hacemos una programación de música barroca que va a hacer también un guiño a Andrés de Urdaneta. Bueno, en ese sentido yo creo que las actividades han sido amplias, considero que están teniendo y que van a tener buena aceptación y, la verdad, es que a las charlas que hemos tenido ha acudido mucha gente y estamos gratamente sorprendidos. Hoy en día parece que organizar conferencias es difícil y muy complicado. Pero no, la verdad es que ha habido mucha gente que se ha interesado por el tema.


¿Nos podéis dar algún detalle sobre la comisión quinientos?

La comisión Urdaneta Quinientos se creó ya hace dos años y medio para organizar este año. Surgió como un grupo coordinado por Iñaki Hidalgo, en el cual hay gentes de todo tipo, formado por José Ramón de Miguel y Susana Truchuelo (profesora de historia de la Universidad de Santander) y luego por otra gente como Ramón Peñagaritano que es miembro de la SPRI, e Imanol Iturrioz. Ellos han sido el quinteto que ha dinamizado este evento, aunque junto con este grupo hemos estado más miembros participando en este tema.


¿Algún detalle más sobre la conferencia internacional que vais a organizar en Noviembre?

Vendrán científicos, editorialistas, historiadores, diplomático..., tanto mexicanos como filipinos. El congreso, que se celebrará aquí en Ordizia, se va a titular Andrés de Urdaneta: un hombre moderno y va a ser el 25, 26, 27 y 28 de noviembre. El congreso lo abrirá el padre Ignacio Rodríguez, es un agustino que es el que ha mantenido un poco la llama de Urdaneta ha sido uno de sus biógrafos y especialistas en el personaje. Pero junto a Ignacio Rodriguez tenemos a diversos catedráticos. Desde Filipinas viene el ex ministro de Cultura. Vamos a tener también la visión de Portugal.

ALCALDE DE ORDICIA EN LA EXPOSICIÓN URDANETA500


¿Cómo está viviendo el pueblo toda esta serie de actividades?

El pueblo está implicado, realmente implicado. Los miembros de la propia comisión misma es plural y amplia y luego, por otro lado, a nivel escolar e incluso a nivel de la población la verdad es que los datos nos han dejado sorprendidos respecto a la afluencia de personas que han pasado por aquí. Entonces yo lo resumiría en una palabra: implicado.


¿Después de este quinto centenario tienen intención de seguir con otras actividades?

Por supuesto, no puede acabar. La idea es que nos vamos a hermanar con la ciudad filipina de Urdaneta (ciudad filipina de más de 140000 habitantes), con Callao, con Acapulco. Habrá actos internacionales en los cuatro lugares en los que tenemos presencia. La AAPC (Asociation Asia Pacific Corporation) va a tener de momento un homenaje a Urdaneta. De hecho, una réplica de la nao San Pedro va a ser regalada por parte del estado mexicano a cada uno de los jefes de estado que componen la AAPC, que son todos los estados del Pacífico. E incluso la propia cancillería peruana va a tener un acto de homenaje al propio Urdaneta. A nivel escolar, en Filipinas es impresionante todo el movimiento que existe. El mes de noviembre va a ser un mes importante para nosotros porque vamos a conocer nuevos y más datos sobre Andrés Urdaneta y esto abrirá paso también a que en el futuro se vaya investigando más. Hay una asociación que se reúne bianualmente en todo el Pacífico para informar sus investigaciones y eso, al final, también va a mantener viva la figura de Urdaneta. Esto es tan sólo un inicio, un inicio potente pero luego a partir de aquí la obligación, el objetivo es poner en valor la figura de Andrés de Urdaneta. Entonces lo que no podemos hacer es que durante un año seamos constantes y luego lo dejemos. Seguiremos trabajando en más actividades.


lunes, 6 de abril de 2015

Antonio de Leyva


Héroe de la batalla de Pavía, fundador de los Reales Tercios de Infantería, nunca dudó de su fidelidad y lealtad a la Corona española.

El renacimiento militar del Siglo de Oro Español guarda relación directa con la capacidad innovadora de los navarros, poniéndose a prueba en Italia a principios de siglo. Carlos I de España elogia la labor organizadora de Antonio de Leyva en las campañas de la Provenza. Tuvo una gran experiencia militar, era valiente, enérgico, tan acostumbrado a mandar como a obedecer, fecundo en recursos y capaz de intentar y sufrir de todo por salir airoso en sus empresas.


Antonio de Leyva era natural de Leiva, Navarra, donde nació en 1480. Comenzó su carrera militar en las Alpujarras, en 1502, derrotando a los mudéjares, últimos combatientes del conquistado Reino de Granada.

Durante las guerras en Italia, participó en 1503 en la armada de Luis Portocarrero enviada desde Cartagena en apoyo del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, enfrentado con las fuerzas francesas de Francisco I.

Participó a las órdenes de Fernando de Andrade en la batalla de Seminara, derrotando al ejército francés de Bérault Stuart.

En 1512, Leyva se encontraba al frente de una capitanía de infantes participando en la batalla de Rávena. Fue herido en la jornada en la que las tropas de la Liga, mandadas por el virrey de Nápoles, Ramón de Cardona, fueron derrotadas por el ejército francés al mando de duque de Nemours.

Más tarde estuvo en Milán y en la desafortunada campaña de la Provenza, al frente de 6.000 hombres, durante la Guerra en Italia de 1521-1526.

Su posterior destino fue de gobernador de Pavía, ciudad que fue asediada por los ejércitos franceses de Francisco I entre octubre de 1524 y febrero de 1525, durante el cual, Leyva dio tiempo a las fuerzas imperiales a reorganizarse. En febrero de 1425 tuvo lugar la batalla de Pavía, en la cual se ganó la fama y el prestigio. Leyva salió de la ciudad con unos mil soldados atacando a los franceses por la retaguardia haciendo prisionero al propio rey francés.

BATALLA DE PAVÍA, POR PINTOR FLAMENCO ANÓNIMO

Al invadir Italia el rey Francisco I, las tropas imperiales tuvieron que retirarse ante la superioridad de los franceses. Es cuando Antonio de Leiva se refugió en Pavía con cerca de 6.000 hombres, siendo cercado por el rey francés en persona el 28 de octubre de 1524. Los soldados de Leiva rechazaron el asalto del 7 de noviembre y repararon casi inmediatamente las brechas abiertas en la muralla por la artillería francesa.

En los combates de los días siguientes perecieron tantos franceses que el rey Francisco I ordenó que se suspendiesen los ataques para tratar de emplear otros medios y recursos. Uno de ellos fue el de torcer con estacadas el curso del río Tesino, que defendía la ciudad por un lado; pero cuando la obra estaba ya casi terminada sobrevinieron unas lluvias tan copiosas que la corriente arrastró las obras realizadas. También hizo destruir los molinos de ambas riberas, pero el general español había previsto este hecho, por eso hizo construir molinos de mano suficientes para las necesidades de la población.

No teniendo con que pagar a los soldados, los repartió por las casas, imponiendo a los vecinos la obligación de darles de comer; y a fin de que no faltase moneda, al menos para los tudescos, que eran los más impacientes, recogió toda la plata de los templos y la hizo acuñar con un letrero que decía: "Los cesarianos cercados en Pavía, año 1524". A pesar de ello, los alemanes amenazaban rendir la plaza si no recibían sus pagas; pero gracias al ardid de dos valientes españoles pudo recibir 3.000 escudos del marqués de Pescara. De este modo las tropas de Leyva pudieron resistir hasta el 24 de febrero de 1525, fecha de la célebre batalla de Pavía. Ese día Leiva se hallaba enfermo, y a pesar de ello se hizo sacar en una silla a la puerta de la plaza, y allí entretuvo a unas tropas italianas del ejército francés con 1.000 soldados españoles y alemanes, impidiendo que tomasen parte en la batalla.

La defensa de Pavía le valió el título de príncipe de Ascoli, el nombramiento de general de los ejércitos imperiales y gobernador del ducado de Milán.

En 1528, Leyva triunfó con un puñado de soldados ante los duques de Urbino, Sforzo y Saint Pol aliados de los franceses.

En septiembre de 1529, Carlos V ordenó a Antonio de Leyva que se presentase en Plasencia con ocasión de un viaje a Italia, pues deseaba conocer personalmente al afamado capitán. El emperador le ordenó que pasase a Bolonia para asistir a las fiestas de su coronación por el papa Clemente. Posteriormente luchó en la batalla de Viena contra los turcos, y junto al emperador, en África.

En 1533, fue nombrado generalísimo de la liga defensiva formada a instancias del emperador de entre todos los estados italianos, a excepción de Venecia. En 1536 acompañó al emperador durante sus campañas de África.

En 1536, se reanudó la guerra entre Francisco I y Carlos V. Antonio de Leiva era prácticamente el general en jefe de las tropas reunidas por el emperador en la campaña de Provenzena. Leiva puso sitio a la plaza de Tossano con 15.000 soldados alemanes, españoles e italianos, tomándola tras un mes de cerco. Luego aconsejó al emperador que se internara en suelo francés hasta llegar a la corte de Francisco I en París, en contra de la opinión de la mayoría del resto de generales.

En aquella expedición Leyva murió con 56 años en la localidad de Aix-en-Provence, como consecuencia de la gota que padecía desde hacía varios años. La muerte de Antonio de Leyva fue muy sentida por Carlos V y una de las causas que decidieron la retirada de su ejército de suelo francés en octubre de 1536. Su cuerpo fue trasladado a Milán y enterrado en la iglesia de San Dionisio.


viernes, 3 de abril de 2015

Batalla de Munguía


Munguía fue la comarca más castigada por las luchas entre banderizos vizcaínos durante la Guerra de Banderizos. La Torre de Villela, situada muy cerca de la de Butrón, fue el baluarte más codiciado de los enemigos de su linaje.

En 1412, Gonzalo Gómez de Butrón, afamado guerrero, apuesto caballero y uno de los jefes más renombrados de su bando, tomando como pretexto una disputa sobre la posesión de un jabalí, que él había herido, decidió resolver el problema mediante el uso de las armas. Tras una dura lucha entre los de su bando y los de las villa de Munguía, perecieron cinco de sus parciales y teniendo que huir Butrón en retirada.

Unos días más tarde, quiso tomarse su revancha. Aun así, el corregidor Gonzalo Moro pudo llegar a tiempo de reunir en Bilbao sus fuerzas militares y llegar al enfrentamiento que duró varios días.


MUNGUÍA


Poco después, en 1414, combatieron Juan de Avendaño al frente de 1.500 hombres y Butrón con 800. Fue una lucha tan encarnizada y sangrienta que más de 40 muertos quedaron en el campo.

Las medidas adoptadas por Hermandad y su corregidor no propiciaban la paz entre unos inquietos y poderosos caballeros. La intervención directa del rey de Castilla hizo que algunos de estos nobles banderizos fueran desterrados.

A cada combate se pactaban treguas, que Butrón rompía, con o sin pretexto. Gonzalo González de Butrón seguía intentando asediar la villa de Munguía, batiéndola con lombardas, piezas de artillería que arrojaban piedras. Sus 300 defensores más los de Villela y Meñaca consiguen parar su embestida.

Décadas después, continuaron las algaradas. Un combate en 1441, los Butrón se enfrentaron a los de Villela, ayudados por toda la parcialidad de Pedro de Avendaño. Butrón se retiró a Gatica, dejando muertos en el campo a su alférez y 12 hombres más. Sufrió su derrota final dos años más tarde, en 1443, cuando un contra-ataque de las banderías de Muxica, Villela y Meñaca, ayudados por los escuderos de Arratia, dieron muerte a González de Butrón. 


CASTILLO DE BUTRÓN

miércoles, 1 de abril de 2015

Herencia visigoda del Cristianismo


La presencia del Cristianismo durante el Reino Hispano-visigodo no fue sólo un barniz superficial, sostenido por la fuerza de sus monarcas y sus guarniciones, frente a los cultos paganos tradicionales de los vascones. La etapa visigoda fue una continuación de la expansión de Cristianismo, capaz de adentrarse en amplios estratos de la población rural, más aún si se tiene en cuenta el peso que la fe tuvo en la siguiente etapa de la historia navarra, durante los siglo VIII al X, y el fervor en la defensa de la liturgia visigótico-mozárabe a finales del siglo XI.

Estas ideas sobre la evangelización del mundo rural y la creación del entramado parroquial son defendidas por Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza o R. Jimeno entre otros historiadores.

La aristocracia fundaría, como en el resto de la Hispania, dueñas de las numerosas villas que cubrían el espacio situado desde las cuencas pirenaicas hasta el Ebro, se hizo en su mayoría cristiana a lo largo del siglo IV. Fueron protagonistas de la defensa de los pasos del Pirineo frente a los bárbaros durante dos años, a partir del 406.

Estos poseedores de la fe cristiana extendieron la religión cristiana al resto del pueblo, que los imitaba. A ellos se debe la fundación de iglesias propias en sus latifundios, que se originó en España entre los siglo IV y VII. Edificaban la iglesias, las dotaban económicamente, adoptaban la advocación con las que pasaban a denominarse y extendían la fe entre su clientela.

Con todo, entrado el siglo V, subsistían paganos entre estos propietarios, como lo demuestra el tauribolio de Arellano, de los siglos IV y V, reconvertido en capilla funeraria y por lo tanto cristianizado en época visigoda.

CRUZ VISIGODA

Según explica R. Jimeno en Orígenes del Cristianismo en la tierra de los vascones, sitúa la creación de las iglesias rurales entre los siglos V y VII, de tal forma que el cenit de la sacralización del espacio se produjo en el siglo VIII, resultado de analizar las advocaciones titulares más antiguas de las iglesias de la "Navarra primordial", donde registra más de un millar de templos.

Agrupando los datos se sintetizan las advocaciones en algunos de las siguientes conclusiones:

1. Las iglesias que están dedicadas a la Virgen suponen casi un 20% (231)

Un culto que se irradió desde la catedral de Pamplona, cuya primera construcción se fija, según los resultados arqueológicos, en los siglos V y VI, a la vez que se dedican en Hispania los primeros templos marianos conocidos. El culto fue creciendo en el siglo VII y tuvo un notable desarrollo a partir de la dominación musulmana.

Las iglesias dedicadas a la Santa Cruz o a Jesucristo añaden un 4,58% más, lo que supone una cuarta parte del total.


2. Las iglesias que aportan santos del círculo evangélico y apostólico suponen un 26, 23% (305)

A San Pedro (92), San Esteban (82), San Juan Bautista (71) y San Andrés (60). Su culto estaba extendido en toda la Iglesia y se difundieron a partir del siglo VI en Hispania.


3. Las iglesias que recogen el legado hispanorromano y visigodo

Los mártires hispanos suman 88 iglesias, mientras que la principal aportación visigoda es el culto a San Martín, que después de la Virgen es la advocación más extendida con 126 iglesias (un 10,89%).

La monarquía merovingia fue la gran difusora del culto a San Martín, pero contra lo que pudiera suponerse, el culto se fraguó en el siglo V, cuando los visigodos controlaban las Galias y fueron quienes lo trajeron a Hispania, tal y como se acredita por la inclusión de sus fiestas en los calendarios visigodos.

Entre los mártires hispanorromanos destacan San Vicente (23 iglesias), que llega en el siglo VI desde Zaragoza, al mismo tiempo que San Lorenzo (14 iglesias) o Santa Eulalia (13 iglesias), etc. En conjunto son 214 iglesias, un 18,38 del total.


4. Las iglesias dedicadas a San Miguel, aporta 82 iglesias, un 7,09%

Su culto se implanta en Navarra en el siglo VIII y se concentra sobre todo en el sector occidental de la Navarra primordial, por influencia de Aralar.


5. El resto de las iglesias supone un 23, 72%. Están dedicadas a 57 advocaciones restantes

CRUCIFIXIÓN, POR JUAN OLIVER, CATEDRAL DE PAMPLONA

De acuerdo con este esquema, el proceso de creación de la red parroquial estaría muy avanzado en el siglo VIII, de tal forma que en los siglos siguientes de la Edad Media tan solo se completaría. DE ser así la importancia de la herencia visigoda hubiera sido muy grande.

Probablemente, el periodo comprendido entre los siglos V y VIII marca el inicio de la creación de la red parroquial, como señala R. Jimeno, y no se completó hasta el siglo XII.

La influencia de los visigodos, a través de sus calendarios y su santoral, fue muy grande en la elección de las advocaciones, aunque la construcción de las iglesias tuviera lugar mucho más tarde.

Otra herencia de la iglesia visigoda fue la legislación canónica, el conjunto de normas conciliares que se reunió en la Colección Canónica Hispana. Estuvo vigente durante buena parte de la Edad Media, especialmente en los siglos altomedievales, y constituyo un elemento cohesionador de la Iglesias locales, las diócesis españolas, en torno a una misma disciplina, con independencia de su pertenencia a uno u otro reino medieval.

La Colección, forjada a lo largo del siglo VII entre Sevilla y Toledo, reunió la legislación precedente (concilios orientales, africanos, galos y españoles), la sueva (Capitula Martini) y la gran aportación de la iglesia visigoda, los cánones de 17 concilios de Toledo, junto con otros coetáneos.

El texto de la Colección se insertó en el Códice Vigilano o Albeldense (976), elaborado en este monasterio riojano, muy unido a las corte de Nájera, en el que reúnen los textos básicos (históricos, literarios y jurídicos) que definen las señales de identidad del naciente reino pamplonés y las raíces jurídicas sobre las que se asienta, que no son otras que la legislación civil y canónica visigoda.

La corte pamplonesa consideraba vigente la Colección Canónica Hispana y que, por tanto la iglesia pamplonesa se sentía parte de la iglesia hispana. La práctica repetición de los contenidos del Albeldense en el Códice Emilianense (992) demuestra que no es una recopilación individual de un monje, sino un acervo de carácter oficial, copiado tanto en Albelda como en San Millán. La elaboración del texto en estos monasterios riojanos refleja la vigencia del derecho eclesiástico visigodo en La Rioja y en todo el reino de Pamplona a finales del siglo X.

Los monarcas pamploneses actuaron en la Iglesia siguiendo pautas propias de la tradición visigoda, en la designación regia acabo siendo de hecho la vía usual de nombramiento de obispos. Tal parece que ocurrió con la consagración de obispos para las sedes de Aragón, Deyo, Calahorra y Tobía, efectuada por el obispo de Pamplona, sin duda a instancia del rey Sancho Garcés I, en torno al 922. Parece también que Sancho III el Mayor se reservó la designación de los obispos-abades de Pamplona y Leire desde el año 1024. La figura de los obispos-abades también existió en Nájera y san Millán o Albelda, en Burgos y Cardeña, y en Aragón y Sasabe.

CATEDRAL DE PAMPLONA

La liturgia es otro terreno donde la herencia visigoda fue manifiesta, puesto que hasta finales del siglo XI en el reino pamplonés estuvo en vigor la liturgia mozárabe o visigoda. Y no de forma superficial u ocasional, sino plenamente enraizada y considerada como un acervo propio, como se demuestra en la defensa que de ella se hizo cuando el papa Alejandro II urgió la implantación del rito romano.

El Reino de Pamplona aporto hombres y textos para demostrar que el rito mozárabe no era herético. Los obispos españoles enviaron a Roma a tres de ellos, un castellano (Jimeno de Oca) y dos pamploneses (Munio de Calahorra y Fortún de Álava). Llevaron tres libros litúrgicos para que fueran examinados, dos de los cuales eran navarros, el Liber ordinum de Irache y el Liber missarum de Santa Gemma (cerca de Estella).

El rito romano se implanto en Navarra en 1076, pero todavía dos décadas más tarde no se había implantado la nueva liturgia en ciertas localidades del valle de Roncal y sus vecinos se resistían a admitir a los clérigos que practicaban el nuevo rito, como ocurrió en Garde (1098) y Navarzato (1102). Pedro I tuvo que intervenir para que aceptaran el cambio: "mandauit ut sicut fuerat factum in lege Toletana, ita et permansisset in lege Romana".

Otro punto de identidad entre todas las diócesis españolas era la escritura visigótica (minúscula o cursiva), con la que se escribían los libros litúrgicos, las obras teológicas o espirituales (entre las que destaca el Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana, los códices riojanos, etc.), o se redactaban los documentos.

Son muchos los factores que aportan muestras de la raíces visigodas y, en conjunto, pregonan que la Iglesia navarra altomedieval funcionaba como una iglesia local que se sentía ligada a las restantes de España, insertas todas ellas en el trono común forjado en la época visigoda. La Iglesia navarra no solo recibió contenidos de ese acervo común, sino que también contribuyo a su transmisión y defensa.