02/04/2023

Real Congregación de Naturales y Originarios de las Tres Provincias Vascongadas


IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA DE MADRID

La Real Congregación de Naturales y Originarios de las Tres Provincias Vascongadas fue fundada en Madrid el año 1713, por un grupo de vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses, para dar culto a San Ignacio y atender las necesidades morales y físicas de todos los vascongados residentes en la capital del reino. Los recursos financieros provenían de las cuotas y donativos de los congregantes y simpatizantes, de la renta producida por sus propiedades y de la ayuda de las tres diputaciones forales. Sus objetivos fueron siempre socorrer a los vascongados pobres en casas de acogida, a enfermos en hospitales y balnearios, y a procesados en las cárceles de Madrid, o costear los viajes de regreso al territorio vasco. Otro de los objetivo era la celebración de una misa en euskera y castellano cada domingo, como actividades religioso-cultuales permanentes.

Entre los objetivos fundacionales se declararon también:
1. el mantenimiento del sentimiento patriótico entre los naturales de las Provincias Vascongadas
2. el establecimiento de relaciones sociales entre los naturales y oriundos vascos que residen en Madrid, sin distinción de ideas ni de clases
3. la resolución de sus problemas y promoción laboral a los que lo precisaran

Su nombre original fue Real Congregación Nacional de Hijos y Originarios de las tres muy nobles, y muy leales provincias de Cantabria, posteriormente se cambió al de Real Congregación Nacional de los Hijos y Naturales de las muy nobles y muy leales provincias del Señorío de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su sude se estableció en el Convento de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol.

La congregación se puso bajo la advocación de San Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa y fundador de la Compañía de Jesús, pero también bajo la protección del rey Felipe V, su primer hermano mayor. Más tarde, compartieron el patronazgo con San Prudencio, patrón de Álava, y con la Virgen de Begoña, patrona de Vizcaya.

INTERIOR DE LA IGLESIA DE SAN IGNACIO

El 20 de abril de 1715, esta institución se formalizó de manera oficial, a cuyo acto fundacional asistieron 124 vascos. Entre los fundadores hubo algunos nobles y eclesiásticos, muchos administradores del Estado borbónico, también militares, marinos y mercaderes. Entre ellos estaban Juan de Idiáquez y Eguía, Bruno Mauricio de Zabala, capitán general de Buenos Aires, Juan Bautista de Iztueta, y José Zárate y Murga, marqués de Montesacro.

Algunos de los miembros fundadores estuvieron relacionados con el comercio y administración con los virreinatos españoles de América, motivo por el cual, en 1729, la Congregación de San Ignacio de Madrid se vinculó a la Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu de México, mediante disposición real. En 1746, se creó el cargo de agente de Indias, que pasó a denominarse comisario general de la Congregación en América, en 1896. Este cargo estuvo casi siempre desempeñado por un miembro del linaje de los Basagoiti, hasta 1984.

Por Real Cédula de 21 de febrero de 1718, se aprobaron los primeros Estatutos elaborados por los fundadores. Posteriormente, fueron ampliadas o modificadas en varias ocasiones: 1722, 1746, 1865, 1896 y 1984.

En 1741, se compró por 500.000 reales el espacio de terreno situado entre las calles de Alcalá y Barquillo, denominado Buenavista, pensando levantar ahí su casa e iglesia encargando el proyecto a Ventura Rodríguez, pero se permutó por otro más conveniente. Entonces, se aprovecho el mismo solar que antes había ocupado el Colegio y Oratorio de San Jorge entre los años 1685 y 1767, que los jesuitas habían establecido para educar a los jóvenes católicos ingleses. En aquel inmueble se instaló definitivamente la sede de la congregación.

En 1773, se habilitó la antigua capilla para iglesia de la congregación dirigiendo las obras Manuel de los Heros.

En diciembre de 1775, la congregación estableció un acuerdo fraternal con la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, comprometiéndose la primera a costear la cátedra de Física experimental del Seminario de Vergara. Entonces, ambas instituciones colaboraron en proyectos educativos para sus alumnos. Aquel espíritu ilustrado de esta institución influyó en la congregación, especialmente tras el establecimiento de una Delegación de la Sociedad Bascongada en la Corte madrileña.

El siglo XVIII fue el periodo de máximo esplendor de la congregación. El prefecto de la congregación, el marqués de Casa-Torre, escribió en la revista ilustrada bilbaína El Centenario, datada en septiembre de 1900, que "los tiempos del siglo XVIII fueron los de mayor esplendor de la Congregación".

RELIEBE DE SAN IGNACIO EN LA FACHADA DE LA IGLESIA

La prosperidad de la institución duró hasta la invasión francesa de 1808 y los proyectos de desamortización de los bienes de la iglesia por los gobiernos liberales del siglo XIX. Tras la desamortización de Álvarez de Mendizábal de 1836, consiguió la devolución de parte de su patrimonio gracias a las gestiones del senador Joaquín Berroeta Aldamar, en 1843. Después de un periodo de esplendor, casi desaparece por las leyes de desamortización del patrimonio eclesiástico, pero en 1864 resurgió con fuerza.

A finales del siglo XIX, se reconstruyó la Iglesia de San Ignacio de Loyola, con financiación de los socios, donaciones de indianos vascos en América, aportaciones de las Diputaciones forales y dinero propio. Esta nueva sede de la congregación está situada en la calle del Príncipe nº31, entre la plaza de Santa Ana y la calle de Atocha, en el barrio de las Letras.

El templo fue consagrado el 20 de julio de 1898 e inaugurado el día siguiente bajo la advocación de San Ignacio. Su imagen, obra del escultor y pintor Arturo Mélida, figura en el altar mayor. Fuera del retablo aparecen las imágenes de San Prudencio y de San Martín de Aguirre. En la fachada están los escudos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

La fachada fue realizada en estilo un ecléctico, de tipo neorrománico francés del siglo XVIII muy bonito. Según la publicación La Ilustración española y americana del 30 de julio de 1898, es "la única construcción de este orden que existe en Madrid". Es obra del bilbaíno Miguel Olabarría Zuaznavar, un experto en construcciones diocesanas y congregante desde 1895.

En marzo de 1936, fue atacada e incendiada en los disturbios de la Guerra Civil. Sus techos se desplomaron y el edificio quedó abandonado hasta 1940, año en que se inició su reconstrucción y se solicitó una subvención a las tres Diputaciones.

Entre 1940 y 1943, recibió la ayuda de 150.000 euros de las tres diputaciones vascas, que permitió una gran mejora en la reparación de la fachada de la iglesia, muy deteriorado por el paso del tiempo y el incendio de la Guerra Civil. También se reparó la estructura del templo y de la casa rectoral adyacente, también propiedad de "los Oriundos". El proyecto de recuperación estuvo bajo la dirección del arquitecto y congregante Alberto de Acha y Urioste.

ESCUDOS FORALES EN LA FACHADA DE IGLESIA

Durante casi trescientos años, esta institución ha mantenido las tradiciones vascas en la capital del reino, siendo propietaria del templo de San Ignacio, de Madrid.

Los domingos y festivos se celebra una misa bilingüe en euskera y castellano, y el día del Corpus, el culto adquiere un matiz regional con la participación de dantzaris y txistularis de la Euskal Etxea de Madrid. Los días normales reciben a unas cien personas, pero en las fechas patronales, como San Ignacio, San Prudencio y la Virgen de Begoña, vienen muchas más. Se mantiene la celebración de las honras fúnebres y se realizan bodas en concordia con la parroquia de San Sebastián. También se celebran de modo regular conciertos del Orfeón Vasco de Madrid, también hay actuaciones de grupos corales y musicales vascos. Unos locales anexos al templo sirven de sede de reuniones civiles para los miembros.

Los religiosos de esta iglesia proceden de la Comunidad Autónoma Vasca. Por lo general son capellanes que completan sus estudios en Madrid, mientras ofrecen misas en la iglesia de la Congregación. Por ubicación, depende del Obispado de Madrid, pero es el de Guipúzcoa el que envía a sus sacerdotes. Si la relación con la Iglesia vasca es muy estrecha, también lo es con su Administración, comprometida a colaborar para recobrar el antiguo esplendor del edificio.

La mayoría de los asistentes son vascos radicados en Madrid o amigos que están de paso, aunque la iglesia está abierta a todo el mundo. Los cerca de 400 miembros "oriundos" que posee en la actualidad ayudan en casos particulares a vascos necesitados en Madrid y visitan a los que se encuentran ingresados en el Hospital de Parapléjicos de Toledo. Pero también hay espacio para las fiestas.

FACHADA DE LA IGLESIA DE SAN IGNACIO

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