lunes, 25 de septiembre de 2017

Alfabeto primitivo de Juan Bautista Erro y Azpiroz


El escritor guipuzcoano Juan Bautista Erro y Azpiroz fue uno de los agitadores de la cultura vasca en las primeras décadas del siglo XIX. Había nacido en Andoain, en 1773, perteneciente a una familia notable y bien posicionada, hizo estudios en la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País. Fue presidente de la Junta de Gobierno itinerante que se constituyó en Ciudad Real durante la Guerra de Independencia española y sirvió de intendente de ejército. Trabajó como antropólogo y ocupó diversos cargos en la administración española durante el reinado de Fernando VII.

De fuertes convicciones absolutistas, sufrió varios destierros por los liberales. Y, tras la llamada del pretendiente al trono Carlos V, fue nombrado ministro universal del Partido Carlista en 1836. Es el responsable de la insistencia de los carlistas en sitiar Bilbao en 1836. Más tarde, residió en Bayona, consagrado al estudio del vascuence.

Fue continuador de los trabajos sobre filología vasca de Pablo Pedro Astarloa y de Juan Antonio Zamácola, quienes, a su muerte, legaron sus papeles, obras literarias y manuscritos a Erro. También fue colaborador entre otros del abate Duvoisin.

JUAN BAUTISTA ERRO

En 1806, publicó en Madrid su Alfabeto de la lengua primitiva de España. En ella aseguraba que el eusquera es la lengua más antigua del mundo, habiendo sido creada por Dios como la lengua del Paraíso de Adán, conservada en la Torre de Babel, sobrevivido al Diluvio gracias a que Noé la hablaba y llevada por su nieto Túbal al País Vasco. Sostuvo que el alfabeto ibérico fue debido a los vascos y con gran facilidad se dedicó a transcribir toda escritura supuestamente ibérica. La obra fue sin embargo traducida al inglés por George W. Erving y publicada en Boston, en 1829, y al francés por Eloi Johanneau.

José Antonio Conde atacó los disparates metodológicos e históricos contenidos en el Alfabeto de la lengua primitiva, y también se añadió el cura de Montuenga.

Para responder a estas críticas, Erro publicó un año más tarde, en 1807, en Pamplona, la obra Observaciones filosóficas en favor del Alfabeto primitivo.

Por último, publicó también en Madrid su principal obra El mundo primitivo o examen filosófico de la antigüedad y cultura de la nación bascongada, en 1815

La Diputación de Guipúzcoa, reunida en Villafranca en 1823, declaró a Erro "hijo benemérito de Guipúzcoa por sus inmortales obras, acerca del euskara", autorizándole a añadir el escudo de Guipúzcoa al escudo de armas de su linaje.


EL MUNDO PRIMITIVO, POR JUAN BAUTISTA ERRO

viernes, 22 de septiembre de 2017

Juan Pérez de Loyola


Marino y capitán encargado de trasladar a Boabdil desde Granada a África

Juan Pérez de Loyola era natural de Deva, Guipúzcoa, nacido a mediados del siglo XV. Fue destacado por encargarse del traslado del último rey moro de Granada, Boabdil el Chico, a tierras de Berbería, en los primeros meses del año 1493, tras la toma del último reducto islámico en la península por los Reyes Católicos.

Pérez de Loyola fue el capitán de la nao que transportó a Boabdil. La flotilla fue preparada por el armador y almirante de la Real Armada de Vizcaya Íñigo Artieta. Con el traslado de Boabdil a África se puso fin a casi ocho siglos de historia musulmana en la España peninsular.

RENDICIÓN DE GRANADA, PINTADO POR FRANCISCO PRADILLA

lunes, 18 de septiembre de 2017

Sancho VII en la Batalla de las Navas de Tolosa


La Batalla de Las Navas de Tolosa, datada el 16 de julio de 1212, fue una de las más decisivas de la Reconquista. Permitió extender los reinos cristianos, principalmente el de Castilla, hacia el sur de la península Ibérica, entonces dominado por musulmanes, y frenar la invasión del Ejército almohade. La contienda tuvo lugar cerca de la población jienense de Las Navas de Tolosa.

Fue el resultado de la Cruzada organizada por el rey Alfonso VIII de Castilla, el cronista navarro y arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada y el papa Inocencio III contra los musulmanes que dominaban Al-Ándalus desde mediados del siglo XII.

Las tropas castellanas estaban lideradas por Alfonso VIII, encabezadas por el señor de Vizcaya Diego II López de Haro, y formadas por 20 milicias municipales, a las que hay que sumar las tropas de los reyes Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal, y varias órdenes militares.

Varias obras reflejaron el momento decisivo de la batalla, cuando Sancho VII el Fuerte se enfrentaba a la temida Guardia Negra de los almohades que luchaban atados con grilletes al suelo. En la imagen aparece a caballo, superando las cadenas de la guardia formada por esclavos negros africanos que protegían el palenque del sultán Miramamolín (Muhammad An-Nasir). Esta embestida supuso la puesta en huida del Ejército almohade y la consecuente victoria de la hueste hispánica cristiana.

En el Palacio de Navarra, sede del Gobierno Foral de Navarra en Paplona, expone en su interior dos representaciones de la contienda. Uno de ellos se encuentra en el Salón del Trono. Batalla de las Navas de Tolosa es un óleo sobre lienzo pintado en 1864 por Francisco Aznar, formando parte de una serie de doce pinturas sobre la historia del Reino de Navarra en la Edad Media.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR FRANCISCO AZNAR

La otra representación ubicada en el Palacio de Navarra es un impresionante tapiz realizado en 1950 por Vicente Pascual que fue llamado Sancho el Fuerte o Cadenas. Está basado en el diseño preliminar realizado por Ramón Stolz en óleo sobre lienzo.


SANCHO EL FUERTE, POR VICENTE PASCUAL

Este óleo de Marceliano Santa María, llamado El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa, fue pintado en 1892. En la actualidad se encuentra en el Museo Marceliano Santa María de Burgos.


EL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ EN LAS NAVAS DE TOLOSA, POR MARCELINO SANTA MARÍA

La Batalla de Las Navas de Tolosa es un óleo sobre lienzo realizado por Francisco de Paula Van Halen en 1864.

Posiblemente, de todas las obras que hacen referencia a la batalla, la más importante sea esta. Aunque perteneciente al Museo del Prado, se haya depositada desde 1879 en el Palacio del Senado en Madrid. Tomó parte de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864.

En la zona centro-derecha del cuadro aparece a caballo el rey Alfonso VIII y, junto a él, también a caballo, al arzobispo de Toledo, el navarro Rodrigo Jiménez de Rada, con su mano derecha levantada. En cambio no se distingue a Sancho VIII.

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, POR FRANCISCO DE PAULA VAN HALEN

En la Colegiata de Santa María de Roncesvalles, una preciosa vidriera representa el momento en el que Sancho VII asalta las cadenas que protegen al califa Miramamolín. En esta Sala Capitular, también llamada Panteón de Sancho VII, se encuentra la tumba del rey pamplonés y una trozo de la cadena que desde entonces simboliza la bandera de Navarra.


VIDRIERA DE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA EN EL PANTEÓN DE SANCHO VII

Englobado en el Ejército del Reino de Castilla y a las órdenes de Alfonso VIII estaba el señor de Vizcaya, Diego II López de Haro, y sus huestes del Señorío, los cuales lideraron la vanguardia del ataque castellano.

DIEGO II LÓPEZ DE HARO

Otros pintores de que expresaron esta contienda bélica durante la segunda mitad del siglo XIX fueron Antonio Casanova y EstorachVíctor Morelli y Horace Vernet.


BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA EN LA HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA

CARTEL DE FIESTAS DE SAN FERMÍN EN CONMEMORACIÓN DEL VII ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE LAS  NAVAS DE TOLOSA (1212-1912)

jueves, 14 de septiembre de 2017

El vasco que salvó al Imperio español, por José Manuel Rodríguez




El vasco que salvó al Imperio español. El almirante Blas de Lezo
José Manuel Rodríguez, Editorial Áltera (2008), 270 págs.


El Imperio en el que no se ponía el Sol fue obra de todos los españoles, de todas las regiones y de todas las clases sociales. Los vascos estuvieron presentes en América con la espada, el timón, el púlpito y el legajo. Desde virreyes a frailes y desde comerciantes a marineros.

Uno de estos vascos al servicio de España fue Blas de Lezo. En 1741 se enfrentó a una armada inglesa que quería conquistar Cartagena de Indias y desde esa plaza hacerse con toda la América española. El almirante Blas de Lezo luchó y venció en una batalla impresionante que, sobre el papel, tenía perdida.

El vasco que salvó al Imperio español cuenta la vida de este héroe que fue enterrado en el olvido no por los ingleses, sino por los propios españoles. Después de la novela El día que España derrotó a Inglaterra, Ediciones Áltera publica esta biografía sobre un personaje que en otros países más amables con sus compatriotas sería un modelo.

El autor, José Manuel Rodríguez, no se limita a narrar la vida del almirante y la batalla. Su libro describe de una forma extraordinariamente amena el nacimiento del Imperio español de las Indias y su funcionamiento, tanto militar como económico. Así se comprende toda la labor de conquista y colonización de un inmenso continente hecha por España.


Índice:

Prólogo

I. España y América en el siglo XVIII
II. Los orígenes de Blas de Lezo
III. La guerra de Sucesión a la Corona de España
IV. Destino: las Indias
V. Blas de Lezo en el mar del Sur
VI. Operaciones navales en el Mediterráneo
VII. Las consecuencias del Tratado de Utrecht
VIII. La política del gobierno británico
IX. Cartagena de Indias y sus fortificaciones
X. El almirante Lezo en Cartagena de Indias
XI. Preparativos de guerra
XII. Las primeras operaciones navales
XIII. Los ingleses sorprenden y capturan Portobelo
XIV. La guerra durante 1740
XV. El reclutamiento de los color norteamericanos
XVI. Los planes del almirante Vernon
XVII. El espionaje español: el paisano de Jamaica
XVIII. El ataque inglés contra Boca Chica
XIX. Las medallas de Vernon
XX. Desastre angloamericano en el cerro de la Popa
XXI. Los últimos combates
XXII. Consecuencias de la batalla
XXIII. Los protagonistas británicos: Vernon y Washington
XXIV. Los vencedores: el virrey Eslava y el almirante Blas de Lezo

Conclusión

Biografía

lunes, 11 de septiembre de 2017

Fortún Garcés


Ultimo rey de Pamplona de la dinastía Íñigo

FORTÚN GARCÉS EL MONJE

Fortún Garcés nació en el año 870. Fue hijo del rey García Íñiguez y de la reina consorte Urraca de Aragón, y conocido como el Monje o el Tuerto.

Estuvo preso en Córdoba desde que fue capturado en el 860, tras la invasión de Pamplona por parte de Mohamed I. Tras plegarse a sus deseos y pagar un fuerte rescate, fue liberado en el 878. Como su padre había muerto en 870, ese mismo año fue coronado rey de Pamplona, el último de la dinastía de los Íñigo. Durante su cautiverio andalusí gobernó como regente García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.

Su reinado se caracterizó por una situación de debilidad, sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Perdió algunas fortalezas por las fuerzas militares de Lope ibn Muza como Castro Salviniano, cerda de Luesia, en 891, y Aibar, junto a Sangüesa, en 892. Pero posteriormente entabló buena relación con el Banu Qasi Lope ibn Muhammad.

Estuvo casado posiblemente en 845 con Oria (Aurea), de filiación desconocida. Tuvo varios hijos: Iñigo Fortúnez, Aznar Fortún, Blasco Fortún, Lope Fortún y Oneca Fortúnez. Esta última se casó, posiblemente en 847, con el emir de Córdoba Abd Allah, tuvieron a Muhammad, y también casada con su primo-hermano Aznar Sánchez de Larraún y, de ese matrimonio, nació Toda Aznárez, que luego fue la esposa de Sancho I Garcés.

En 905, abdicó retirándose tras los muros del Monasterio de Leyre. La causa fue el descontento de los nobles pamploneses ante el modo en que Fortún estaba llevando los destinos del reino y decidieron prescindir de él, de acuerdo con algunos miembros de su propia familia. La única mención que aparece en las fuentes dice que "surrexit in Pampilonam Sancio Garseanes", esto es que Sancho García (Sancho I Garcés) se levantó para desposeer el trono.

Sancho I Garcés era hijo de García Jiménez, quien había sido regente durante el cautiverio. Este rey ampliaría el reino con la incorporación de las tierras riojanas y la zona media navarra, bajo la cual el reino alcanzó una mayor extensión territorial a costa del islam y de los señoríos cristianos vecinos.

DINASTÍAS ÍÑIGO Y JIMENO

lunes, 4 de septiembre de 2017

Fuerismo tradicionalista vasco-navarro


Como bien dijo Bernardino de Estella, la pérdida de la identidad y cualidad foral vasca se inició en 1789 sobre Francia y en 1839 sobre España. Incluso los primeros Borbones respetaron la identidad foral vasca, dado que el Señorío de Vizcaya y resto de provincias apoyaron a Felipe V en la Guerra de Sucesión. El Jacobinismo liberal francés fue el primero en arrasar toda idea diferencial vasca, como la bretona.

La invasión napoleónica fue otro ejemplo de lucha en común. Las Juntas Generales vascas aprobaron la guerra contra los franceses, cuando el gobierno de España no existía y tenían libertad de haber hecho otra cosa. Como en Cataluña, los vascos lucharon contra el invasor sin aceptar las posibilidades separatistas que les ofrecía. No fue solo un tema religioso, pues aunque el invasor era en parte antirreligioso, esta conducta fue más respuesta a la lucha de los sacerdotes españoles contra los franceses que a la política de Napoleón, que en aquellos años ya había pactado con el papado la paz y una alianza, entre ellas su coronación como emperador.

Pero acabada la invasión francesa se produjo la llegada de la Democracia jacobina a España, y la destrucción de las identidades. Las Cortes de las Córtes de Cádiz de 1812, democráticas y liberales, fueron las primeras en que España eliminaron los Fueros vascos y navarros, y convertían a estos territorios en provincias, siguiendo el ejemplo jacobino francés típico de aquellas Cortes masónicas.

Los liberales vascos quemaron en San Sebastián públicamente los Fueros, no lo hicieron los reyes de España, sino vascos masones y liberales. Es curioso, Francisco Espoz y Mina, uno de los guerrilleros navarros típicos que luchó heroicamente contra los franceses, primero hizo fusilar un ejemplar de esa Constitución, pero luego se pasó al bando liberal, ingresó en la masonería y lucho contra los carlistas.

ESCUDOS HISTÓRICOS DE VIZCAYA Y GUIPÚZCOA

Pero fue bien entrado el siglo XIX cuando gran parte de los vascos y navarros tomaron profundo odio al Liberalismo masón y democrático. Por ello, a la muerte de Fernando VII, tomaron partido del absolutista carlista frente al liberal isabelino. Las dos Guerras Carlistas son ejemplos de lucha por mantener el tradicional régimen absolutista y foral, pero dentro de un contexto español que jamás perdió el Carlismo vasco ni el catalán. "Religión, Rey y Fueros" eral su principal lema, siendo el rey de España, y no de Euskal Herria.

En la primera de estas guerra civiles, la boina roja vasca, txapel gorri, se extendió como un símbolo entre los carlistas, defensores del Tradicionalismo. El Pacto de Vergara, abrazo de Vergara entre los generales rivales, el isabelino Espartero y el carlista Maroto, hizo acabar esta contienda. Aun así, Isabel II tuvo que restituir los Fueros sin perjuicio de la unidad constitucional, es decir, sin contenido alguno real, como los había tenido hasta entonces.

La respuesta inicial de gran parte de los vascos y navarros ante la idea del centralismo uniformador y la filosofía jacobina liberal y masónica, su igualitarismo forzado, fue el Fuerismo. No todos fueron foralistas carlistas, en las ciudades el fenómeno de la industrialización, los ideales liberales, democráticos e ilustrados fueron defendidos por una burguesía naciente.

Los fueristas trataban de hacer comprender a un gobierno de masones que la política represiva centralista solo llevaría al desastre. De igual manera que los catalanistas federalistas, no odiaban a España ni pedían separatismo alguno hasta casi en año 1900.


En 1834, se produjo la escisión de los liberales, que dio origen a los progresistas y los moderados. Estos últimos mantendrían su liderazgo con Isabel II y mantuvieron posturas intermedias y moderadas entre los postulados extremistas de los liberales progresistas y los  contrarrevolucionarios carlistas.

Para Jon Juaristi, el Liberalismo moderado estaba representado en Vascongadas y Navarra a través de los fueristas. Mientras que García-Gallego y Miranda Rubio defienden que la Ley Paccionada de 1841, es decir, la ley que adecua la ley foral navarra y vascongada a la unión constitucional, no solo fue construcción de los fueristas o liberales moderados, sino que fue impulsada principalmente por los progresistas, su sector más radical. En consecuencia existió una defensa de los fueros navarros y vascongados por parte de los liberales.

Pero, los liberales moderados, así como los carlistas, promovían la plena reintegración (que no adecuación) de los fueros que habían estado vigentes hasta 1841, incluso el general Leopondo O´Donell hizo bandera de ellos en el alzamiento que protagonizó ese año. No obstante, la complejidad de la historia política llevó a que, en ocasiones, los progresistas navarros asumiesen posiciones parecidas a la de los liberales moderados. Y en sentido contrario, cuando los moderados tuvieron en sus manos el poder, teniendo que asumir responsabilidades de gobierno, abandonaron su discurso de reintegración plena y llegaron a claudicar en favor de los acuerdos de la Ley Paccionada de 1841.

En la Restauración de 1874, se produjo otra escisión de los liberales, en este caso los liberales moderados se dividieron en transigentes e intransigentes, por diferencias frente a la ley modificadora de los fueron de 1876. Los transigentes aceptaban el nuevo modelo, aunque luchaban por algunas condiciones fiscales, mientas que los intransigentes condenaban la abolición foral y luchaban contra esa Revolución liberal.

En 1876, eclosionó el Movimiento fuerista como el conjunto de iniciativas políticas y culturales impulsadas por los liberales moderados intransigentes vascos y navarros. Estaban englobados en dos sociedades: la Asociación Euskara de Pamplona, llamados euskaros; y la Sociedad Euskalerria de Vizcaya, formada por euskelerríacos. Centraron su actividad en la promoción cultural y propagandística de la denominada "cuestión vasca".

Destacaron por su carácter romántico, por la exaltación del ruralismo, por destacar el componente vasco como signo de identidad común a las "cuatro provincias hermanas", y por superar la diferencias entre progresistas y carlistas. En la concepción fuerista, el medio rural era la máxima expresión de las virtudes de un pueblo, en contraposición a la pérdida de estereotipos en las nacientes ciudades industrializadas.

Los principales estereotipos del Romanticismo fueron:
1. la supresión de leyes (fueros), que parecían venir desde el fondo de la historia
2. el retroceso de una lengua milenaria envuelta por el misterio y la leyenda sobre su origen
3. una geografía montañosa "enrizada de rocas y precipicios y velada por nieblas" y una costa "azotada por olas"
4. la ruralización en decadencia frente a la industrialización y crecimiento demográfico de las ciudades


El Carlismo era un resumen de todos los tópicos de la literatura romántica, que tanto influenció al Fuerismo. Su aspiración era la vuelta de Antiguo Régimen absolutista, fruto los valores y tradiciones tópicos y típicos de España, y que contemplaba la restauración de todos los fueros tradicionales frente a la armonía constitucionalista. De esta idea general a toda España, se particularizó el Fuerismo hacia el mantenimiento de los valores tradicionales de la sociedad vasca.

En la concepción fuerista, el medio rural representaba la máxima expresión de las virtudes de un pueblo o etnia. En contraposición, el Liberalismo y la abolición foral representaban el peligro de la naciente industrialización, pues la emigración del campo a la ciudad estaba atrayendo pobreza, vicios e irreligiosidad, en definitiva, la pérdida de los valores tradicionales vascos.

En 1877, se reunían Juan de Iturralde, Arturo Campión, Esteban Obanos, Nicasio Landa, Aniceto Lagarde, Florencio de Ansoleaga, Antero de Irazoqui, Fermín Iñarra, Salvador Echaide, Estanislao Aranzadi y Hermilio de Olóriz con la finalidad de establecer una sociedad para fomentar el Fuerismo.

Y en 1878, Juan de Iturralde y Arturo Campión fundaban la Asociación Euskara de Navarra con el objeto de conservar y propagar la lengua, literatura, legislación e historia vascas y navarra. Esta sociedad fue la materialización del Movimiento fuerista en Navarra. Iturralde era nombrado secretario, presidente de la sección de Etnografía, Historia, Arte y Legislación, y director de la Revista Euskara. Más tarde entraría a formar parte posiblemente su literato más influyente,
Francisco Navarro Villoslada.

Entre los literatos de esta escuela se repiten machaconamente los tópicos raciales, cristianos e identitarios, mitos y leyendas fueristas tan característicos de su movimiento romántico. Sin embargo, en ningún caso hablan de ruptura con España.

Años más tarde, entre 1893 y 1899, el ministro de Hacienda, Gamazo, intentó imponer uniformidad fiscal en toda España, eliminando la foralidad peculiar de Navarra. Esto hizo surgir un Foralismo navarro encabezado por Hermilio de Olóriz y Gregorio de Iribar y Sanchez.

En 1910, próxima la celebración del aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa, Campión, Altadill y Oloriz, diseñaron el escudo y la actual bandera de Navarra, que ese mismo año aprobó la Diputación.

El Congreso de Oñate de 1918 fue un evento de gran relevancia promovido por las instituciones públicas, y que contó con la participación tanto de obispos de las diócesis de Vitoria, Pamplona y Bayona, como del rey Alfonso XIII.

El congreso acordó la creación de una universidad vasca para institucionalizar académicamente la actividad cultural y científica vasca y la fundación de la institución académica permanente de la Sociedad de Estudios Vascos, que contaba con un sólido fundamento socio-político. Alfonso XIII fue nombrado presidente de honor de esta sociedad; Arturo Campión, presidente honorario; Julián Elorza, presidente efectivo; y Ángel Apraiz, profesor de la Universidad de Salamanca, secretario general.

EL INTELECTUAL Y EL CURA, POR AURELIO ARTETA

viernes, 1 de septiembre de 2017

Machín de Arsu


Líder de la vanguardia de ataque del Ejército castellano-vasco de Alfonso X que liberó Fuenterrabía en el sitio de 1280 por las tropas navarro-francesas de Felipe III


ESCUDO A ARMAS DE LA CASA DE ARSU


Natural de Fuenterrabía, donde nació Machín de Arsu a finales del siglo XII. Era señor del Palacio y Casa solar de Arzu en Cornuz (Gornutz). Se le atribuye una gran victoria obtenida sobre los franceses el 20 de diciembre de 1280, en el punto de Cornuz.

En 1280, el rey de Francia Felipe III el Atrevido atacó por sorpresa a Fuenterrabía con un Ejército franco-navarro. Este rey era regente de Navarra ya que consiguió casar a su hijo, el futuro Felipe IV de Francia, con su prima Juana I de Navarra, última reina de la casa de Champaña, que había llegado al trono con 3 años de edad, convirtiéndose en el rey Felipe IV de Navarra.

El rey de Castilla, Alfonso X el Sabio, aguardaba un posible encuentro diplomático con el rey de Francia en las llamadas Conferencias de Bayona entre sus embajadores. Pero Felipe III tenía pretensiones de recuperar la ciudad de Hondarribia para Navarra, como ciudad portuaria del reino, tras la vinculación de Guipúzcoa al Reino de Castilla en 1200.

Sucedió entonces el primero de los varios sitios que esta ciudad sufriría en los sucesivos siglos por un Ejército de franceses y en ocasiones aliado y acompañados de navarros. Según la crónica: "y haciendo el daño posible en su comarca tomo un passo estrecho a la parte de Poniente de la Villa, y alojo sobre el su gente estendiendola hasta el termino llamado Cornuz a la falda Oriental del Promontorio Olearso".

Cuando recibió estas noticias, Alfonso X avanzó desde San Sebastián con sus tropas hasta detenerse en lo alto del monte Jaizkibel. Reunió a las personas de más experiencia y con mayor conocimiento de la zona. Asistieron a esta junta algunos vecinos y naturales de Hondarribia que vivían fuera de sus muros. En la reunión estaba presente Machín de Arzu, quien propuso al rey servir de guía a sus tropas para llevarlas a caballo por un camino hasta un punto en el que atacar a los franceses por sorpresa. Además, aconsejó que para marchar sin hacer ruido, es decir "para no ser sentidos de los enemigos mandase que las herraduras de los cavallos fuesen atapadas y cubiertas con paños para que no sonasen hasta que no estuviesen sobre ellos, y para que fuesen conocidos entre si sobrevistiesen sus camisas y caminasen con silencio y veria como succederia bien".

Ante tal muestras de prudencia y valor, Alfonso X confió en su experiencia para organizar su plan de contraataque. Mandó cubrir los cascos de sus caballos con telas, se colocaron las camisas por encima del resto del equipo para diferenciarse de los franceses, y avanzaron en silencio por caminos poco conocidos de Jaizkibel. Antes del amanecer llegaron por sorpresa al campamento principal del Ejército francés.

ESCUDO DE ARMAS CON EL LEMA "SOY DE ARSU"

Aquella vanguardia de ataque logró que el combinado franco-navarro abandonase sus tiendas y sus pertrechos, y huyeron en desorden. Según la crónica: "Cavallero Machin lo fizo también hiriendo y matando hasta llegar a la tienda del dicho Rey de Francia que estaba cerca de un rio", defendida por nobles franceses "de alta guisa". Mató a cinco de ellos "y al mesmo rey le expuso a trance de perder la vida". Felipe III de Francia consiguió escapar y huir con el resto de sus tropas.

Cuando Alfonso X el Sabio tuvo conocimiento del resultado de la acción dirigida por Machín de Arzu y "de lo bien que lo avia hecho, y que por el se avia dado orden de desbaratar el campo de su contrario" quiso conceder grandes mercedes al caballero hondarribiarra.

Además, en recompense a los servicios prestados el rey Alfonso X otorgó a Machín el término de Cornuz y una porción de terreno de Fuenterrabía. Todo ello se hizo constar en el certificado que aún conservan con veneración en la casa solar de Arsu.

Según asegura en 1620 el maestre de armas Diego de Urbina, desde entonces el escudo de la casa de Arsu o Arzzu lo forman "un castillo de oro en campo de gules, que es colorado, al pié de un río con cinco cabezas cortadas y en lo alto del castillo tres flores de lis de oro, y por orla ocho panelas verdes en campo de oro". Las cinco cabezas cortadas hacían alusión a los cinco nobles franceses abatidos por Matxin de Arzu junto a la orilla del río en la que se encontraba la tienda del Felipe III.

Desde entonces, este escudo tallado con el lema "Soy de Arzu" se encuentra en la fachada de la casa solar de Arzu, situada en el número 4 de la calle Ubilla de Hondarribia. Se trata de un edificio construido a comienzos del siglo XVII, cuando el linaje de Arsu se traslado a vivir intramuros.

CALLE DEDICADA A MACHÍN DE ARSU EN FUENTERRABÍA