jueves, 30 de junio de 2016

Características socio-culturales de Navarra en la Edad Media


Las señas constantes, claramente perceptibles y trascendentes, en la evolución de la sociedad medieval navarra se pueden resumir en estas tres características: Hispanidad, Foralidad y Pactismo.

ESCUDO DE NAVARRA

1. HISPANIDAD

Conciencia bimilenaria de los navarros de hallarse inscritos dentro de Hispania o España, entendida esta no solo como territorio geográfico, sino sobre todo, como una trama socio-cultural interiormente muy variada y compleja pero claramente identificable en su conjunto dentro del gran ámbito de civilización originariamente helénico-romana, pero pronto y de modo europeo-occidental Cristiana.

La Hispanidad es la conciencia bimilenaria de los navarros de hallarse inscritos dentro de Hispania o España, entendida esta no solo como territorio geográfico, sino sobre todo, como un círculo de cohesión socio-cultural, dentro de la civilización común resultante de la simbiosis de helenidad, romanidad, cristianismo y germanidad.

Está patente en un rotundo y variado caudal de expresiones políticas, jurídicas, sociales, eclesiásticas y culturales, y está constante en los sucesivos testimonios foráneos y muestras autóctonas historiográficas, que desde el siglo X hasta la crónica del Príncipe de Viana en el XV, interpretan esa hispanidad originaria y esencial de los grupos humanos que construyeron la monarquía medieval navarra.

Se manifiesta la hispanidad navarra en las formas de expresión escrita, es decir, el latín y su variante local, el romance navarro; como también se manifiesta en el propio modelo de escritura, las fórmulas de cómputo del tiempo, la liturgia religiosa, los resortes del gobierno, el sedimento jurídico, el léxico institucional tan fluido y variopinto en sus referencias a las estructuras sociales.

MAPA DE NAVARRA Y ENTIDADES HISPÁNICAS COLINDANTES

2. PACTISMO

Actitud política acorde con las reducidas dimensiones del espacio propiamente navarro, una especie de predisposición tradicional de las minorías dirigentes al reiterado concierto con las cercanas y sucesivas formaciones de poder público más pujantes, sin mengua, en todo caso, de las propias singularidades.

El Pactismo es la sucesión del contrato histórico predeterminadamente originario. Actitud política por la cual las minorías rectoras de la Navarra primigenia "vasconia", y más tarde "pamplonesa",  habían establecido una cierta propensión al diálogo y al acuerdo con las sucesivas instancias de poder público superior.

Así lo acreditan unos datos y hechos, que verifican que ante Roma y ante la monarquía hispano-goda se dio una especie de sumisión negociada. Mayor fue, posteriormente, la subordinación ante el Islam, que se tradujo en una capitulación y en un compromiso formal de lealtad política frente a eventuales enemigos y el pago de un tributo anual que no se produjo.

Algunos historiadores sostienen que el jefe hispano-godo de Pamplona, Íñigo Arista, tuvo que pactar con los invasores musulmanes antes del 718 su sumisión a la nueva autoridad a cambio de que se le respetara como jefe de ese distrito. Pero, a falta de pruebas, dicha rendición con condiciones, jamás se hubiese sido constitutivo de comunidad política alguna.

La vigencia de este régimen de protectorado o principado tributario, tan habitual en los confines fronterizos de los dominios musulmanes, se mantuvo durante dos siglos, periodo alternado de paz y hostilidad. Los pamploneses pudieron romper definitivamente con este régimen gracias a la eficaz cooperación astur-leonesa.

La élite aristocrática pamplonesa debió de pactar la exaltación de un primer monarca Sancho Garcés I, mediante el cual realizar un proyecto político caracterizado por la continua pugna para liberar España del Islam. El Reino de Pamplona planteó las continuas campañas de defensa y reconquista en pacto y acuerdo con el Reino de León.

Aunque las dos principales monarquía hispano-cristianas peninsulares tuvieron sus roces puntuales, se reforzó un hermanamiento mediante sucesivas uniones conyugales entre los miembros de su realeza. Estos nexos dinásticos culminaron con el soberano pamplonés Sancho III el Mayor, hijo de Jimena de Castilla y cuyo hijo sería el rey de Castilla y León.

En diferentes circunstancias, tanto Sancho Ramírez como García Ramírez suscribieron su vinculación feudo-vasallática al poderoso soberano de Castilla y León, de alguna manera, su pariente mayor. Este sucesivo vasallaje hacia el soberano castellano-leonés, permitió a las fuerzas sociales navarras más activas, participar en las tareas de reconquista y repoblación de los reinos castellano-leonés y aragonés, en las tierras ganadas a los musulmanes.

El estatuto o pautas de relación jurídica entre el señor o dueño de la tierra y sus campesinos dependientes o siervos, en los siglos XI y XII, se denominaba en Navarra pactum, es decir, pacto o convenio.

ALZAMIENTO SOBRE EL PAVÉS DEL PRIMER REY DE NAVARRA

A la muerte de Sancho VII el Fuerte sin sucesión directa, el reino de Navarra vuelve a su tradicional predisposición al pacto. En Navarra es donde antes se desarrolló la concepción pactista de los Reinos hispánicos cristianos.

La aristocracia político-militar, los barones y los caballeros, llegaron a un pacto, junto con la alta burguesía o nueva aristocracia de poder económico establecida en las grandes villas o "burgos" navarros, para aceptar en 1234 al conde de Champaña, Teobaldo I, sobrino de Sancho VII, como sucesor de la corona navarra.

A cambio, como requisito, el nuevo rey aceptaría los principios del pacto originario que garantizaban el poder monárquico, es decir, jurar previamente unas pautas de gobierno concretos que salvaguardaran los usos y prerrogativas de los súbditos, en especial, de las fuerzas sociales que más representativas.

Resultó que Teobaldo I, fue educado fuera de Navarra, y ante su desconocimiento de las instituciones navarras empezó a causar conflictos y la formación de las Juntas para oponerse a él. A esta situación se puso remedio por un compromiso en 1237, por el cual, alegando el Rey su desconocimiento del Derecho navarro, se acordó recoger por escrito sus fueros y, una vez mejorados, cumplirlos exactamente. Así fue como se redactó el Fuero de Navarra, en cuyo prólogo se destaca que en los orígenes de la Reconquista los navarros en primer lugar se dieron leyes, y sólo después eligieron rey que hubo de jurarlas antes de ser proclamado; y también que es el pueblo el que alza o proclama al rey, después de que éste ha jurado guardar sus fueros.

Este pacto se trataba de una condición sine qua non, y se formalizó en la Asamblea de Olite, jurando los fueros y derechos en 1234, lo que ahora ligaba Navarra con las dinastías francesas.

Este pacto fue jurado por todos los reyes posteriores, incluido Fernando el Católico cuando conquistó Navarra en 1512. Así pues, en 1513, prestó juramento, y en 1515 reuniendo Cortes castellanas en Burgos, comunicó a los navarros dejaba en herencia a Navarra a su hija Juana, guardando los fueros y costumbres del reino. No solo se obligó a sí mismo, sino que dejó obligados a sus sucesores.

El nieto de Fernando el Católico, Carlos V, no solo juró los fueros y costumbres navarras, sino que dejó bien claro que la incorporación de Navarra a Castilla estaba realizada como unión "principal", nunca como una supresión del reino, ni mucho menos como subordinación a Castilla. El pacto de incorporación institucional fue de eqüeprincipal.

DETALLE DE LA ESTATUA DE LOS FUEROS

3. FORALIDAD

Expresión concreta y algo tardía pero ya típica e indeclinable de la memoria colectiva de los navarros como comunidad histórica o "pueblo" en diálogo permanente y eventualmente tenso ante las instancias soberanas propias o llegadas desde fuera.

Hay que señalar que en todas las sociedades medievales europeo-occidentales se encuentra una secular contraposición de género de vida y diferencias de conducta entre ciudad y aldea, entre urbanidad y rusticidad. Mentalidad urbana y mentalidad rural, resultaron tanto en Navarra como en el resto de la España cristiana, los polos de una variedad socio-cultural, en el que encajaron las singularidades lingüísticas, legando así su actual patrimonio socio-cultural.

La Foralidad es la expresión concreta y algo tardía pero ya típica e indeclinable de la memoria colectiva de los navarros como comunidad histórica o "pueblo" en diálogo permanente y eventualmente tenso ante las instancias soberanas propias o llegadas desde fuera. Es el resultado de un pensamiento político, que deriva de la predisposición pactista, basado desde 1234 en la creencia de la monarquía como expresión de un contrato originario, por virtud del cual, un cuerpo social navarro que resistió a la invasión musulmana, eligió a su primer rey, a cambio de que este respetara unos derechos originarios o fueros, como garantes históricos aunque dispuestos a amejoramientos y evoluciones.

Esta mentalidad foral se vio materializada en la redacción unas cláusulas de compromiso que el nuevo rey, Teobaldo I, debía cumplir, denominado por el especialista José María Lacarra como Fuero Antiguo. Fueron los primeros preceptos de derecho público, una compilación foral primigenia del Fuero General de Navarra.

Constituye una doctrina avanzada de soberanía popular, y la más amplia y profunda concesión de derechos permitidos por cualquier otro soberano de Occidente en la época, según afirman algunos especialistas como J. M. Lacarra.

Este contencioso que se acordó poner por escrito en un fuero, no se refiere a los fueros del reino en general, sino solo al fuero específico del grupo nobiliario que propuso a Teobaldo I ser rey de Navarra, una compilación de los derechos relativos a la nobleza en general.

ARRANO BELTZA (ÁGULA NEGRA) Y LAUBURU (CUATRO-CABEZAS)
SÍMBOLOS DEL REINO DE NAVARRA

martes, 28 de junio de 2016

Juan de Zubileta

Marino paje de la nao Victoria con la que dio la primera vuelta al mundo junto a Elcano en la Expedición a las Molucas en 1519


REGRESO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO A SEVILLA,
POR ELÍAS SALAVARRÍA INCHAURRANDIETA (1919)


Juan de Zubileta nació en Baracaldo, en el barrio de Zubileta, situado en la margen izquierda del río Cadagua. Sus padres eran Martín Ochoa de Zubileta y Sancha.

Pasó a la historia por formar parte de la Expedición de las islas de las Especias al mando de Fernando de Magallanes y que terminó con una muy reducida tripulación de 18 hombres al mando del insigne marinero guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. Fue la expedición a las islas Molucas fue la primera en dar la vuelta al mundo, a principios del siglo XVI. Partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y terminó en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, tras recorrer 14.000 leguas marinas.

Ya desde tiempos de los Reyes Católicos, las islas Molucas, al noroeste de las Filipinas, eran un objetivo para la Monarquía hispánica, en clara lucha mercantil con el Reino de Portugal. La comercialización de las especias asiáticas para la condimentación de muchos manjares suponía un enorme ingreso de caudales monetarios para cualquier monarca europeo.

Juan de Zubileta fue paje en uno de los cinco barcos que formaban la expedición. Tenía instrucción en artes de marinar y sabía leer y escribir en castellano. Se alistó en esta aventura cuando contaba con tan solo quince años de edad, y después de tres años regresó a la ribera de Sevilla.

A comienzos del siglo XVI, la marinería vizcaína estaba concentrada en las rías de Guernica y Bilbao, así como en los puertos pesqueros de Bermeo, Lequeitio y Ondarroa. De estos lugares fueron la mayor parte de los vizcaínos que participaron en las expediciones descubridoras y colonizadoras del Nuevo Mundo y de las islas Orientales. En esta en concreto, embarcaron varios marinos provenientes de la ribera de Deusto, de Bilbao y de Barakaldo, de los cuales consiguieron sobrevivir el capitán de la Armada, Juan Sebastián Elcano de Getaria, el maestre Juan de Acurio de Bermeo, el grumete Juan de Arratia de Bilbao y el paje Juan de Zubileta de Baracaldo. El resto fallecieron en la travesía, quedaron en las islas de Cabo Verde, prisioneros de los portugueses, o regresaron a España más tarde sin que se tuviera noticias de ellos.

Juan de Arratia y Juan de Zubileta fueron los dos únicos que realizaron toda la larga travesía en la misma nave Victoria, sin haber navegado antes en cualquiera de las otras cuatro de la Armada de Magallanes. El mismo Juan Sebastián Elcano cambió de embarcación en varias ocasiones. En realidad se puede decir que de la nave Victoria sólo hubo dos supervivientes.

En el proceso de Badajoz sobre la muerte de Magallanes declararon algunos de los 18 supervivientes, y entre ellos estaba Juan de Zubileta. Su declaración, clara y precisa, lleva su firma. En recompensa a tan difícil hazaña, recibió 500 maravedíes equivalentes al sueldo de un año, así como varios quintales en especia.


PLACA CONMEMORATIVA A LOS SUPERVIVIENTES DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO

domingo, 26 de junio de 2016

Principales operaciones de la Armada de Vizcaya en el siglo XV


Estas fueron las principales operaciones marítimas de la Armada de Vizcaya durante el siglo XV:

FLOTA DE LA GUARDA DEL ESTRECHO DE 1407

La participación vasca en las armadas que actuaban o tenían su base en Andalucía comenzó en 1407, año en que se organizó una flota para guardar el Estrecho, era la Flota de la guarda del Estrecho de Gibraltar de 1407. El objetivo era impedir las relaciones entre el Reinos de Granada y el Reino Fez, una entidad africana justo al lado sur del estrecho de Gibraltar.
Su composición era de 39 navíos, en los que alternaban las embarcaciones cantábricas y andaluzas. Entre las primeras predominaban los veleros (naos, barcos, balleneres), mientras que las segundas eran embarcaciones mixtas (galeras y leños).

La Armada del mar Cantábrico reunía un total de 24 unidades, siendo mayoritarias las procedentes de puertos de Vizcaya. Las naos de Vizcaya estaban al mando de Robín de Braquemont, antiguo embajador francés, y de Fernán López de Estúñiga consejero del rey; mientras que las galeras de Vizcaya eran capitaneadas por Juan Rodríguez Sarmiento.

El enfrentamiento entre las flotas cristiana y musulmana se planteó, por temor a la ausencia de viento, como un choque de galeras. Esto obligó a los cristianos a repartir parte de las tripulaciones de las naos en sus galeras, que eran pocas. Paradójicamente, en el momento de iniciarse el combate fue el recio viento de Levante el que impidió el concurso de los veleros, empujados hacia Tarifa, aunque finalmente pudieron participar en él.

El resultado final fue favorable a los castellanos: se apoderaron de 8 galeras y obligaron a sus enemigos a incendiar otras 13, además de un número indeterminado de cárabos, leños y zambras. Tras el combate, parte de la flota continuó las labores de vigilancia.

Tres años después, en 1410, se reeditó la Flota del Estrecho, constituida por 15 galeras, 5 leños, 6 naos y 20 balleneras. Según la Crónica de Juan II, la participación vizcaína fue de 3 galeras y un número indeterminado de balleneres, al mando de Ruy Gutiérrez de Escalante. La composición debió de ser similar a la de su antecesora, con predominio de veleros norteños y embarcaciones mixtas del sur.

Su intervención fue realizada tanto en Sevilla como en Cádiz, limitándose a diversos apresamientos, sin existir enfrentamientos de envergadura.

EXVOTO DE LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE ZUMAYA QUE REPRESENTA LA VICTORIA DE LAS NAVES DE JUAN MARTÍNEZ DE MENDARO SOBRE LAS ARMADAS PORTUGUESA Y GENOVESA EN 1475, EN EL ESTRECHO DE GIBRALTAR


ARMADA CONTRA ARAGÓN Y GRANADA

En 1430 se organizó en Sevilla una Armada contra la Corona de Aragón y el Reino de Granada. En ella participaron nuevamente los marinos vascongados, aunque resulta difícil establecer su aportación.
En esta armada, dos de los capitanes de las naos y balleneres eran de Bilbao y que otro era de Bermeo, aunque abundaban los apellidos vascos.
En cuanto a las galeras, 15 constan como sevillanas y 5 de Santander, aunque parte de estas últimas estaban tripuladas por marinos vascongados, planteando una dicotomía entre el lugar de custodia de las embarcaciones y la procedencia de sus tripulaciones.

NAVE REPRESENTADA EN EL DINTEL DE LA PUERTA DEL ASTILLERO URAZANDI (MOTRICO)


FLOTA DE LA GUARDA DEL ESTRECHO DE 1482

La vigilancia del estrecho desde 1482 fue considerada como parte de la operación que se organizó para el asalto final al Reino de Granada. La flota para la guarda del Estrecho fue una armada mixta de galeras y veleros, en el cual se encontraban numerosos navíos vascos, como demuestra el nombre de sus capitanes y diversos documentos del Registro del Sello.

La contribución de la provincia de Guipúzcoa fue de 3 embarcaciones, que mantenía a su costa. Este hecho le valió el finiquito de los 1.250.000 maravedís que se le habían repartido para la formación de la armada contra los turcos. La participación vizcaína debió de ser superior, aunque sólo existe constancia fehaciente de marinos de Tavira de Durango.

La participación vasca en dicha empresa se mantuvo activa en 1486, 1487 y 1488, años en que Díaz Mena y López de Arriarán seguían siendo capitanes de los veleros castellanos. Y, en 1490, la Flota para la guarda del Estrecho contó con la participación de Garci López de Arriarán y de Juan de Lazcano como almirantes.

LA NAVE CAPITANA ZUMAYA DE LA FLOTA VIZCAÍNA
DE JUAN MARTÍNEZ DE MENDARO


EL VIAJE REAL A FLANDES

En agosto de 1496, partieron desde la playa de Laredo, en Cantabria, un gran número de naves con destino a Flandes. En una de las carracas genovesas de la expedición, viajaba la infanta de Castilla y Aragón, Juana de Trastamara, hija de los Reyes Católicos, para contraer matrimonio con el archiduque Felipe, al mismo tiempo que también se celebraba el enlace entre Margarita, la hermana de archiduque, con el infante Juan, hermano de Juana.

Entre el gran número de naves que protagonizaron aquél viaje, desde naos hasta carabelas, fueron muchas las naos procedentes de los puertos marítimos vascos enroladas en aquél viaje de bodas. Entre ellas estaban las de Martín de Arteaga, las de Pedro de Arrona, las de Lope de Celaya, las de Martínez de Lezo, las de Miguélez de Elorrieta, las de Jimeno de Bertandona, las de Jacome de Rentería, las de Martín de Arayaga y las de Martín de Izola.

GALEONES DE LA CORONA DE CASTILLA


OPERACIONES EN EL NORTE DE ÁFRICA
Tras el final de la Reconquista, en 1493, el secretario real Hernando de Zafra propuso a los Reyes Católicos que la Armada de Vizcaya debía estar destinada a atacar los puertos sarracenos del norte de África. Aquella flota debía de estar compuesta por las galeotas de Lazcano y Arriarán, con 240 hombres; cinco galeotas menores o fustas, con 300 efectivos; y dos carabelas largas, equipadas de remos, con 110 hombres.
Lazcano y de un sobrino de Arriarán, junto a Lorenzo de Zafra, realizaron una expedición al reino de Tremecén, que terminaría con la rendición de varias villas, incluida la ciudad de Melilla. Para muchos de los capitanes que actuaban en estos actos de violencia era ya una manera de vivir, como el caso de Martín de Zarauz y Ochoa de Asua, que repitieron ataque en 1483 y 1484. Y es que, los marinos vascos, tanto los enrolados en armadas reales como los ocupados en acciones de corso-piratería, colaboraron en ocasiones con marinos andaluces.
El servidor real Hernando de Zafra dispuso la Armada de Vizcaya para la guerra en el norte de África, agregándole 6 galeotas y 6 tafureras, con 2.000 o 3.000 hombres. La flota resultante podría financiarse con los fletes de la carraca de Artieta, unos 3.000 o 4.000 ducados, que aportarían mantenimientos para 60 días. Esto permitiría llegar hasta Túnez para transportar moros e intentar la ocupación de la costa, lo que se traduciría además en un freno para las armadas turcas, que llegaban entonces hasta Orán.
En marzo de 1494, se envió una carabela y una fusta para que, con el pretexto de comercializar cierta fruta, Lazcano y otros capitanes continuasen la inspección de las costas. Se abandonaron las operaciones tendentes a la ocupación del norte de África, debido a la intervención militar en el Reino de Nápoles. Por el contrario, se reactivó la defensa de la costa granadina, así una flota de galeotas al mando de García López de Arriarán y Juan de Lazcano, patrullaron durante este año el litoral entre Vera y Guadiaro y cada capitán contaba con dos embarcaciones, una de 18 remos y otra de 14, que embarcaban 80 y 60 hombres respectivamente.

JABEQUE ESPAÑOL FRENTE A DOS GALEOTAS CORSARIAS ARGELINAS

En la cuenta de la Real Armada a Levante al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, fechada en Málaga en 1500, se encontraban numerosos marinos vascos, deducible por los apellidos de los capitanes (Ochoa, Rentería, Larrauri, Madariaga, Marquina, Bilbao, Fagaza, etc.) y por el origen vizcaíno y guipuzcoano de sus navíos.

Los esfuerzos sobre el norte de África no reaparecen hasta 1502. En dicho año, Zafra dió noticias sobre el mandato regio para organizar una flota, cuyo capitán general sería Iñigo Manrique. En su análisis de los medios disponibles cita las galeotas de Lazcano y Arriarán, con 240 hombres, que tardarían mes y medio en estar preparadas. Dos años más tarde, la correspondencia de Tendilla recoge que se hallaba presta en Málaga una armada compuesta por tres galeras reales, dos zambras de 50 codos y ocho galeotas, con 1500 hombres de equipaje. Su objetivo era doble: defensa del reino de Granada y ataques contra las tierras de allende. En sus planes estaba la ocupación de Mazalquivir, que no pudo ser conquistada dicho año y hubo de dejarse para el siguiente, dentro de un nuevo proyecto.

PRINCIPALES INCURSIONES NAVALES DEL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS

miércoles, 22 de junio de 2016

Expansión territorial de Navarra con Sancho I Garcés


Tras la muerte de Fortún, en el 905, el último de los reyes pamploneses de la dinastía Íñiga, fue proclamado Sancho I Garcés el Grande, primer rey de la dinastía Jimena hasta el 925. Este fue artífice de una expansión territorial más allá de las iniciales fronteras anexas a Pamplona, gracias a sus fuertes vínculos con los demás reinos cristianos. Siendo aliado de Ordoño II de Asturias reconquistó Estella, Nájera y Calahorra.

Pampona y León se afirmaban como monarquías hispánicas cristianas en lucha reconquistadora frente al islam y sus uniones matrimoniales se hicieron más necesarias que nunca ante la amenaza islámica. Por eso, Sancho I de Pamplona y García I de León establecieron una política colaboracionista y una alianza militar frente al poder de Córdoba. La alianza pamplonesa-leonesa, aparte de rechazar el peligro que era común a toda la Hispania cristiana, favoreció la expansión reconquistadora de ambas monarquías.

SANCHO I GARCÉS ENTERRADO EN EL CASTILLO DE MONJARDÍN

En el valle del Ebro se produjo un vacío de poder cuando en el año 907, Sancho I tendió una emboscada al líder de la dinastía Banu Qasi de Tudela, muladíes conversos descendientes de los hispano-godos Casio, que ejercían el poder islámico desde varias generaciones.

Sancho I inauguraba su reinado con un importante avance por tierras de Estella, ocupando las fortalezas musulmanas hasta el Ebro e instalándose definitivamente en San Esteban de Deyo (Monjardín). En el 914, tomó Calahorra y cuatro años más tarde Alanje y Nájera. Además mantuvo la influencia sobre el pequeño Condado de Aragón.

Simultáneamente, García I de León, apoyando la acción del rey pamplonés, obtuvo una importante victoria en Arnedo. Su hermano Ordoño II le sucedía en el trono, dando muestras de agresividad frente al islam, mediante las expediciones reconquistadoras de Évora y Mérida.

La debilidad que en esos momentos atravesaba Al-Ándalus permitió fortalecer las tierras navarras por la ribera del Ebro y del Arga así como de la alta Rioja. Los monasterios de San Millán de la Cogolla y Albelda protagonizaron la actividad cultural y repobladora del momento.


BATALLA DE VALDEJUNQUERA 

El emir de al-Ándalus, Abderrahman III, proclamaba la guerra santa contra el infiel cristiano. Deseoso de gestar un mortal golpe a los enemigos del norte peninsular, se puso al frente de un impresionante ejército compuesto por levas cuajadas de entusiastas soldados de Alá y comenzaba un calendario de azote y guerra para las huestes cristianas.

En el verano de 920, los pueblos y ciudades a ambos lados de la frontera se preparan para las aceifas, pero esta vez el ataque musulmán estuvo encabezado por el emir. Los servicios de espionaje de ambos bandos trabajan para establecer estrategias.

Lo que en principio parecía una aceifa sobre Zamora se desveló como un ataque generalizado contra Navarra. El rey Ordoño II, quien esperaba una acometida sobre Simancas, acudió a toda prisa en ayuda del rey pamplonés Sancho I. Todo fue inútil y las tropas de ambos monarcas coaligados fueron abatidas en la batalla de Valdejunquera. De ese llano navarro entre los valles estelleses de Guesalaz y Yerri, llamado por los cronistas árabes Muez, fueron pocos los caballeros y guerreros cristianos que lograron escapar junto a sus reyes por los montes de Andía. De cualquier forma, navarros y leoneses mantuvieron las fronteras establecidas.

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 920

El inicial auge militar de los reinos cristianos hispánico a comienzos del siglo X fue frenado por esta contundente derrota, a pesar de lo cual las fronteras no experimentaron modificación, ni rompieron la alianza política y militar de colaboración reconquistadora navarro-leonesa. Por eso, tres años después, los ejércitos de Sancho I y Ordoño II emprendieron la reconquista de La Rioja, recuperando Nájera y Viguera para el Reino de Pamplona. La alianza se reforzó mediante el matrimonio entre Ordoño II con Sancha, hija de Sancho I.

En la primavera del 924, Abd Al Rahman III proclamaba el Califato de Córdoba de su dinastía Omeya, con total independencia política y religiosa del Califato de Damasco de los Abbasies. Su primera acción militar como califa fue una expedición de saqueo a Pamplona y control sobre el territorio de los Banu-Qasi. Puso en marcha un contundente ejército de castigo que, tras remontar el valle del Ebro desde Tortosa a Zaragoza, se unieron los tuyibíes. Juntos entraron, en julio, en Navarra, procediendo a la destrucción sistemática de todo cuando encontraron, incluida Pamplona, que fue abandonada por sus habitantes, refugiados en las montañas. Regresaron por el sur, arrebatando Tudela a los Bau Qasi, cuya dinastía fue enviada a Córdoba para su integración en el ejército. Su poder en la zona había terminado.

Además, impuso un régimen de pago de tributos a los reinos cristianos del norte. Esta presión suponía un peligro, tanto para la frontera oriental de Pamplona como para la frontera oriental de León, que se agravaría con la muerte de Ordoño II en el 924 y la de Sancho I dos años después.

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 924

La muerte de Sancho I Garcés, en el 926, llegó cuando su heredero García I Sánchez era un niño. Su madre, doña Toda, consiguió gobernar el reino con diplomacia y fortalecerlo mediante uniones matrimoniales de sus hijas con los principales mandatarios de los reinos hispanos cristianos.

En el 939, el califa Omeya realizó una dura aceifa contra el Reino leonés, con el propósito de quebrantar por la vía de las armas la alianza navarro-leonesa. La batalla de Simancas dio como resultado la derrota del ejército cordobés y el avance leonés al sur del Duero. La derrota de Abd Al Rahman III fue la primera gran victoria cristiana.

García I Sánchez reinó hasta el 970. A su muerte Navarra ya era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla. 

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus.


EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 934

EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 937

lunes, 20 de junio de 2016

Monumento a Legazpi y Urdaneta en Manila, por Agustín Querol y Subirals



Andrés de Urdaneta y Migueñ López de Legazpi, naturales de las villas guipuzcoanas de Ordizia y Zumarraga, han pasado a la historia de las islas Filipinas como sus fundadores. Por tal relevancia histórica compartan un conjunto escultórico en una espléndida plaza de Manila, situada en un distrito de Intramuros. El Monumento a Legazpi-Urdaneta es un conjunto escultórico construido en bronce y granito en estilo neoclásico, fue diseñado y realizado en Barcelona en 1895, por el escultor español Agustín Querol y Subirals. Pero fue finalmente levantado en la capital filipina en 1929.

Acompañan al pedestal emblemas de la Marina, el Valor y la Ciencia y los nombres grabados de Magallanes, Elcano, Loaisa y Villalobos; cuatro marinos que también pasaron por las islas Filipinas en expediciones del siglo XVI.


El monumento conmemora la colonización y evangelización de las islas Filipinas en 1565 por ambos patriotas vascongados en nombre de su rey Felipe II y a mayor gloria del Imperio de la Monarquía hispánica.

La estatua de Urdaneta lleva una cruz y un libro del Evangelio, signos que representan el Catolicismo; mientras que Legazpi sostiene una espada, que simboliza el poder. Ambos aparecen estar dando un paso al frente, como si estuviesen caminando en su expedición. En la parte inferior aparece la figura de una mujer que les señala. En 1966 se le añadió una placa conmemorativa con las firmas del presidente de la República, del cardenal de Manila y del arzobispo de Cebú.


sábado, 18 de junio de 2016

Aplicación de la Reforma católica en Navarra en los siglos XVI y XVII


Navarra se vio afectada por la proximidad de la Reforma Protestante, implantada por la dinastía Albret en la Baja Navarra, donde fue rechazada por la población, que padeció por ello sangrientos episodios de persecución a partir de 1562.

A este lado del Pirineo se asumió la ortodoxia católica con ahínco, aunque son tolerar nunca la implantación de un tribunal de la Inquisición dentro de Navarra. Actuaba el de Logroño. La adhesión incuestionable del reino navarro al Catolicismo no se tradujo sin embargo en una rápida asimilación de los mandatos reformadores del Concilio de Trento (1545-1563), en parte porque los eclesiásticos se resistían a reformar sus pautas de vida y en parte también porque la aplicación de la legislación tridentina desde el Gobierno central se interpretaba como un proceso de castellanización.

El primer paso, previo incluso a la reunión den Trento, fue la sustitución de los obispos comendatarios italianos por otros castellanos y residentes en la diócesis, que comenzaron a tomar medidas para reformar el clero. La serie se inició en 1539 con Pedro Pacheco. También por entonces el rey empezó a designar a los abades de los más importantes monasterios. El instrumento básico para aplicar la Reforma Católica fue el Sínodo diocesano, que tardó dos décadas en culminarse y cuyas Constituciones se editaron en 1590. Fueron durante siglos las normas internas básicas de la diócesis.

CONCILIO DE TRENTO

Con todo, la reforma de las costumbres del clero y la mejora de su formación fue una cuestión que abarcó todo el siglo XVII. El problema básico era la falta de un seminario conciliar que unificara la formación del clero bajo la dirección del obispo. El clero, que tenía que pagar el seminario con una parte de sus rentas, se negó a secundar los planes episcopales para erigirlo. Su fundación se retrasó hasta 1777. La intervención de la corona fue necesaria, dentro del espíritu del Reformismo borbónico, para incrementar las rentas del bajo clero mediante la reforma de los planes beneficiales, emprendida a partir de 1768.

Un fruto de la Reforma Católica fue el florecimiento de las fundaciones de conventos a finales del siglo XVI y en la primera mitad del XVII. Los jesuitas crearon colegios en Pamplona (1580) y Tudela (1600). Los capuchinos se instalaron por primera vez en Pamplona en 1606 y sesenta años después contaban con 8 conventos, un noviciado y dos centros de estudio. Los carmelitas descalzos fundaron 7 casas, entre femeninas y masculinas. 

El siglo XVIII todavía conoció fundaciones de conventos, promovidas en algunos casos por ricos indianos. La década de 1730-40 vio nacer a seis nuevos conventos. A finales de la centuria, Navarra contaba con 9 monasterios (1 femenino), 43 conventos de religiosos y 20 conventos de religiosas.

Se difundieron, sobre todo en el siglo XVII, devociones y prácticas que alcanzaron gran arraigo popular: el Corpus Christi se convirtió en una gran fiesta, la devoción a la Virgen y la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción, la devoción a los santos, la proliferación de cofradías caritativas, asistenciales o devolucionales, etc. La religiosidad barroca se asimiló plenamente en Navarra en el marco de la Reforma Tridentina y constituyó un elemento de identificación con el resto de España, que hizo de ella un elemento esencial de la vida del país, ampliamente reflejado en el arte y la cultura de la época.

FRESCOS DEL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA

miércoles, 15 de junio de 2016

Bartolomé Ferrelo

Capitán de la Expedición a la costa oriental americana de 1542




Natural de Bilbao, Vizcaya, donde nació en 1499. Bartolomé Ferrelo pasó a la historia marítima por ser piloto de la expedición de Juan Rodríguez Cabrillo para explorar la parte norte de California. Fue la primera exploración de la costa oriental norteamericana.

En 1542, iba como piloto a las órdenes de Rodríguez Cabrillo, capitán portugués enviado por Mendoza, el virrey de México, para la exploración de la parte norte del actual estado de California. La expedición estaba compuesta de tres naves: el San Salvador, la nave insignia, un galeón de 200 toneladas que Cabrillo mismo había construido; la Victoria de unas 100 toneladas; y la fragata o bergantín San Miguel con 26 remos. La expedición de Cabrillo fue la primera exploración que se adentró en la costa oriental de los actuales Estados Unidos.

La pequeña flota partió el 27 de junio desde Barra de Navidad (Jalisco) y acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Navegaron a lo largo de la costa hasta punta del Año Nuevo (37°10'N), al norte del actual Monterrey. Las naves se separaron debido a los fuertes vientos y tormentas. Después de varios días de búsqueda se reunieron el 15 de noviembre para navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos (Monterey Bay).


DESEMBARCO DE LA EXPEDICIÓN EN LA ISLA DE SAN MIGUEL


El 18 de noviembre navegaban hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la isla de San Miguel, adonde arribaron el día 23. Los siguientes tres meses los pasaron ahí resguardándose de las tormentas invernales y reparando las embarcaciones. Durante la estancia, Cabrillo moría por una herida gangrenada en enero de 1542.

Ferrelo le sucedió en el mando como capitán de la flota y continuaron los descubrimientos hacia el norte, hasta alcanzar la latitud 43°N, donde vio la costa del cabo Blanco, que más tarde George Vancouver bautizará como cabo Orford (Oregón).

El frío excesivo, la falta de provisiones, las enfermedades y la insalubridad de su barco, les obligaron a regresar sin alcanzar el paralelo mencionado en sus instrucciones. A los 41°30'N se dio cuenta de un punto destacado en tierra al que, en honor del virrey, le dio el nombre de cabo Mendocino. Desde este punto se embarcó de regreso a Barra de Navidad, situado a 19°45'N, adonde llegaron el 14 de abril 1543. Gracias a esta exploración Ferrelo estableció que la costa norteamericana del océano Pacífico era una línea continua entre esos dos puntos.

A los pocos años, murió en la ciudad de México, en 1550.




CARTOGRAFÍA DE LA EXPEDICIÓN DE CABRILLO Y FERRELO

martes, 14 de junio de 2016

Linaje de Orbea de Eibar

La casa solar de Orbea en Eibar es una de las más importantes de la villa por su mucha antigüedad, la gerarquía de sus poseedores y el número de hijos ilustres que de ella han descendido.




Carlos Orbea, general en la carrera de las Indias.

Domingo Orbea, proveedor general de las galeras en España. Nacido en 1507, fue veedor general de las galeras en España y de la orden de Santiago en 1557.

Domingo Martínez Orbea, tesorero general de España y de Carlos V en Flandes.

Juan Orbea, tesorero general del reino de Aragón.

Juan Bautista Orbea, secretario real del despacho de Guerra y gentil-hombre de su real casa, en el primer cuarto del siglo XVII.

Manuel María Orbea, padre de Juan Manuel, Casimiro y Mateo, fundadores los tres de la fábrica de armas que se constituyó bajo la razón social de Orbea hermanos en el año 1859, y que subsistió en el siglo XX, con sucursales en el extranjero, y dando ocupación a muchos cientos de obreros en sus fábricas.

Martín Orbea, teniente general que regaló a la iglesia donde fue bautizado un magnífico estandarte, que estuvo muchos años ondeando en el techo de la parroquia. Nació el 20 de junio de 1591. En 1627 fue nombrado caballero de la orden de Santiago y en 1631 almirante de los cinco galeones de Tierra Firme y flota de Nueva España. Cuando el 22 de mayo de 1635 embarcó Orbea para la Nueva España con el marqués de Cardereita y el general Juan de Vega Bazán, era ya almirante, y desde la empresa de la Goleta, donde se distinguió extraordinariamente, fue general de las galeras de España. En septiembre de 1638 se reunió con la escuadra de su paisano Carlos de Ibarra, y juntas las dos escuadras invernaron en Veracruz, de donde vino a España Orbea en julio de 1639, conduciendo la plata que había ido a buscar. Murió en Vélez-Malaga.

viernes, 10 de junio de 2016

Origen babélico del Eusquera por Baltasar de Echave


Natural de Oikina, en Zumaya, donde nació en 1548, Baltasar de Echave fue oidor de la Real Audiencia de Méjico en 1606, pintor, escritor y hombre de leyes.

En su obra Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra Bascongada, publicada en México en 1607, identificó el eusquera con el idioma que habló Túbal desde la dispersión de la torre babélica, una identificación que ampliaba a los usos y costumbres, incluida la vestimenta. Para Echave, esta lengua era una especie de "matrona venerable y anciana", quejándose de que siendo esta la primera que se habló en España, la hayan olvidado sus naturales y admitido otras extrañas.


BALTASAR DE ECHAVE

Describió la llegada de los primeros pobladores a Iberia tras el Diluvio Universal con los hijos de Noé, así como la llegada de la primera población a un poblado que fue Colibre, en Cataluña. Etimológicamente hizo derivar Colibre de Ulibarri.

Además, asimiló vasco a lo auténticamente español, pues la toponimia peninsular es en gran parte vasca, especialmente la gallega. Echave demostró al dominico Hernando de Ojea la raíz vasca de los pueblos de Galicia, prueba de que el eusquera era la primitiva lengua hablada en toda España. También la lengua castellana es derivada del eusquera, citando vocablos derivados como prueba evidente: izquierdo, ama, aldea, teta, etc. Además, añadía que los vascos no han sufrido mezclas extranjeras, ni de romanos, ni de godos, ni de judíos, ni de moros y siguen siendo puros en la línea sucesoria de Túbal.

Continuó con los reyes siguientes a Túbal (así el rey Ydumbeda, Brigo y Beto), señalando aquellas poblaciones que fundaron. Describió los lugares españoles y franceses con toponimia cántabra y vascongada, y concretó los pueblos de Galicia que disponen de nombres cántabros.

BALTASAR DE ECHAVE

Echave relató las grandes revoluciones que padeció España con la llegada de los cartagineses y romanos, señalando que en estas circunstancias Cantabria siempre conservó su libertad. Señaló las guerras romanas contra los cántabros, asturianos y gallegos. Localizó la guerra cántabra de Otaviano en tierras de Guipúzcoa reiterpretando los topónimos de Beyçama, Menduria, Erregil, Yçurun, etc.

Defendía que los vascos no habían sufrido mezclas extranjeras y que seguían siendo puros como etnia en la línea sucesoria de Túbal. En resumen, los vascos serían los únicos que podían titularse como auténticamente españoles.

Basaba la radical nobleza de los vascos, en tres aspectos:  
1. Ser gentes no dominadas por nadie y depositarias del legado fundacional de las Españas primitivas.
2. Considerarse la primera en las Españas y anterior a los mismos monarcas.
3. Hacer apología del gobierno patriarcal vasco, tan dispar del romanista, propio de los reyes vascones, herederos de Túbal.

DISCURSO DE LA ANTIGÜEDAD DE LA LENGUA CÁNTABRA BASCONGADA

lunes, 6 de junio de 2016

Monumento a la Batalla de las Navas de Tolosa, por Antonio González Orea


El complejo escultórico a la batalla de las Navas de Tolosa está realizado el escultor Antonio González Oreapor el arquitecto Manuel Millán López. Está situado en La Carolina, en la entrada norte de la localidad de Navas de Tolosa de la provincia de Jaén, y fue inaugurado 1881. La obra conmemora la victoria de los reinos cristianos hispánicos sobre el ejército invasor de los almohades de Al-Nasir el 16 de julio de 1212.

En el conjunto aparece la figura en bronce de Martín Halaja, pastor que mostró el camino a las tropas cristianas para llegar a la zona del enfrentamiento sin ser descubiertos.


En segundo lugar y esculpidos en piedra aparecen los protagonistas cristianos, dispuestos sobre unos grandes muros, símbolos de los duros y angostos caminos que representa Sierra Morena: Diego II López, Rodrigo Jiménez de Rada, Pedro II, Alfonso VIII y Sancho VII.

Diego II López de Haro el Bueno, señor de Vizcaya, encabezó la vanguardia de ataque del Ejército de Castilla. Lleva en su cintura un pequeño escudo de armas de su linaje.

Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, fue el promotor intelectual de la cruzada, consiguiendo refuerzos de la Europa cristiana y las órdenes militares, y el apoyo del papa Inocencio III, además de ser el cronista oficial de la contienda.

Pedro II el Católico, rey de Aragón, aportó más de 3.000 hombres al contingente cristiano. Aparece junto a su escudo real aragonés, el de las cuatro barras.

Alfonso VIII el Batallador, rey de Castilla, fue el que más efectivos aportó y el principal estratega militar gracias a su experiencia adquirida en la batalla de Alarcos de 1.195 contra los almohades. Por eso aparece en el centro sosteniendo el escudo de su reino, el castillo.

Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra, a sus pies aparece el escudo real navarro. Se trata de una cadena, la que protegía el bastión del miramamolín, que fue confiscado por caballeros de su ejército como trofeo de guerra e incorporado más tarde al escudo de Navarra.