sábado, 28 de febrero de 2015

Juana de Zárate, adelantada del Río de la Plata


En la segunda mitad del siglo XVI, la colonización americana llegó hasta el Perú fundando un virreinato en el sur del continente que lleva su nombre. Las expediciones pusieron rumbo hacia el sur, Chile, y hacia el este, Río de la Plata. En la sociedad peruana ya se había hecho realidad el fenómeno del mestizaje y numerosos colonizadores españoles se habían casado con aristócratas incas. De este modo, la jerarquía social previa, la del mundo precolombino, se prolongaba en el nuevo escenario hispánico. El origen mestizo no fue una tacha social en la mentalidad hispanoamericana de la época, sino con frecuencia un signo de distinción y gloria.

Una de esas mestizas fue Juana de Zárate, hija del conquistador vascongado Juan Ortiz de Zárate y de la princesa inca Leonor de Yupanqui.


JUAN ORTIZ DE ZARATE


Juan Ortiz de Zárate era natural de Orduña, donde nació en 1521. Marchó a América muy joven, allí tomo parte en las campañas de Pizarro y Almagro. En Chuquisaca (Bolivia) fue nombrado tercer adelantado del Río de la Plata, llegando a ser su gobernador y capitán general. A esta región comprendida en tierras de las actuales Argentina y Paraguay la bautizó como Nueva Vizcaya, fundando la ciudad de Zaratina de San Salvador (Zárate), en 1575, en honor a su tierra.

Juana de Zárate nació en Cruzco, la vieja capital inca. Pronto se trasladaría junto con sus padres a Chuquisaca, la actual Sucre boliviana. Juana se crió conforme a su rango principesco, bien avalada por la fortuna de su padre que, además de ser el más alto administrador colonial, era un gran terrateniente.

Juan Ortiz estableció un asentamiento, Asunción, desde el cual partían las expediciones hacia el interior del Río de la Plata. Sufrió diversos ataques por los indios en tierra y por piratas en el mar. Otros expedicionarios vascos como Francisco de Aguirre, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala o Juan de Garay le ayudaron a consolidar su proyecto colonizador en amplios territorios del cono sur de América.

Por último, Juan Ortiz marchó a España para conseguir el reconocimiento y la titularidad de "Adelantado del Río de la Plata" de manos de Felipe II. Pero es más, el monarca legitimó a su hija mestiza, Juana, como heredera del adelantazgo y el título de marqués a quien la desposase. Esta titularidad elevaba a la mestiza vasca a la condición de aristócrata; así lo expresaba la Cédula Real:
"Por la gracia de Dios, el Rey resuelve dar legitimidad a la unión de la Palla Inka con el capitán don Juan Ortiz de Zárate, y al conceder omnímodas facultades, libera a la descendencia femenina, Juana Ortiz de Zárate, de toda duda o mancilla, y quitamos toda infamia de ella, mácula y defectos que por razón de su nacimiento le puedan ser pues..."

Poco antes de que la muerte le llegara a Juan Ortiz, en 1576, el colonizador de Orduña dejó escrito su testamento, designando al futuro esposo de su hija y, por tanto, al legítimo heredero de la titularidad del Gobierno en Nueva Vizcaya, ya que Juana era una adolescente de quince años. Así lo dejó escrito su cronista, el clérigo y poeta Martín del Barco Centenera:
"Dejó en su testamento declarado que sea su legítimo heredero la hija que en los Charcas ha dejado, y aquel que fuere esposo y compañero suceda en el gobierno y el estado, según como lo tuvo él de primero. Y mande y rija, en tanto que ella viene, su sobrino Mendieta que allí tiene."

Primeramente, testamentó a favor de Mendieta, su sobrino, pero ante el mal gobierno y el despótico uso de sus funciones, Juan Ortiz decidió que quien se llevaría el atractivo de su hija y el cargo de adelantado sería una persona de su confianza: Juan de Garay. Medio pariente suyo y, también, natural de Orduña. Garay era un explorador veterano, un líder nato y un fiel escudero en sus expediciones y en su gobierno.


JUAN DE GARAY


Surgieron más pretendientes, siendo tres de ellos muy bien cualificados. El primero era Antonio de Meneses, ahijado del virrey del Perú, Francisco de Toledo; el segundo era Francisco de Matienzo, hijo del juez de la Audiencia de Charcas, Juan de Matienzo; y el tercero era Juan Torres de Vera y Aragón, noble oficial que ejercía en la Audiencia de Chuquisaca.

Finalmente, es ella quien eligió. El amor superaba al poder, y escogía al candidato menos influyente: Juan Torres de Vera. Se trataba del típico noble español del siglo XVI que consiguió gloria y blasones en campañas y conquistas, noble de espada y toga, de armas y leyes, pero bastante pobre. Natural de Sevilla, tenía 30 años en aquel momento y consiguió la preferencia de la “adelanta” del Río de la Plata, el más joven y apuesto de todos los pretendientes. Juan de Garay, fiel a su amigo y padre de Juana, avalaba el matrimonio, cumpliéndose la voluntad de contrayentes.


PROVINCIA DEL RÍO DE LA PLATA, SIGLO XVI


Surgieron disconformidades ante tal unión. La ley no permitía casarse a los oficiales de justicia dentro de su jurisdicción, y Torres lo era. El virrey del Perú, descontento ante la imposibilidad de sus planes, dictó orden de prisión contra Torres. Por otra parte, Matienzo también abría un proceso judicial contra el oficial. Juana fue apresada por las tropas del virrey, pero tuvo una grata sorpresa: la adelantada esperaba un hijo. Por lo que, fue encerrada en un convento.

Torres nunca fue reconocido como adelantado y gobernador de Nueva Vizcaya del Virreinato del Perú. La ley nunca se lo permitiría y los colonos nunca le reconocieron, aún después de que el virrey Francisco de Toledo muriese. Tampoco pudo marchar a España a confirmar la legitimidad del cargo.

La princesa Juana murió encerrada en 1584, con veintitrés años, según cuenta la leyenda de tristeza. Su hijo, Juan Alonso de Vera y Zárate, viajó a España para reclamar sus derechos, acompañado de su abuela y viuda de Juan Ortiz de Zárate, la princesa inca Leonor de Yupanqui. La Corona reconoció sus títulos y Juan Alonso fue gobernador de Tucumán, quien promovió, entre otras cosas, la fundación de la Universidad de Córdoba en el actual estado de Argentina.

No fue este el único caso de matrimonio entre un conquistador vascongado con una princesa india. Juan de Tolosa, explorador de la Nueva Vizcaya del virreinato de Nueva España (México), matrimonió con Isabel Cortés Moctezuma, hija de Hernán Cortés y de la princesa Isabel Moctezuma (una de las hijas del emperador azteca Moctezuma II).

Martín García Oñez de Loyola, gobernador de Chile en la última década del siglo XVI, contrajo matrimonio con la princesa incaica Beatriz Sapay Coya. Era pariente de San Ignacio de Loyola y en su gobernación se distinguió por su buen trato a los indios.

jueves, 26 de febrero de 2015

Alarde de los escopeteros de Tolosa


El Alarde de Beotibar se celebra en la guipuzcoana villa de Tolosa, cada 24 de junio, día de San Juan Bautista, patrón municipal, en conmemoración a la batalla de Beotibar y todas las demás que tuvo. Esta última batalla tuvo lugar el 19 de septiembre de 1321 en el valle de Beotíbar, cercano a Berastegui, entre navarros y guipuzcoanos.

Es el tradicional desfile de las milicias tolosarras está formado por compañías de escopeteros y escopeteras. Las formaciones se reúnen en plaza Zaharra, frente al Ayuntamiento, para presenciar la diada anunciadora del comienzo de la fiesta.

Sus integrantes van ataviados con pantalón blanco y txapela, camisa o camiseta y chaleco por lo general con tendencia a tonos coloristas. Portan escopetas con munición de fogueo. Tras la verificación del armamento, realizan un primer desfile. Después de la misa mayor en la parroquia de Santa María, esperan a la procesión de San Juan en determinados lugares del casco antiguo donde lanzan salvas de ordenanza.

Una vez finalizado el desfile militar, los escopeteros vuelven a formar en plaza Euskal Herria para disparar las últimas descargas. Por la tarde, las compañías acuden a otra misa en la capilla de San Juan de Arramele.



Pasada la media tarde, en el Prado Grande de Igarondo asisten a la interpretación de la bordon dantza a cargo del grupo baile. Allí, veinticuatro jóvenes muestran al público el baile de bordones, precedidos de cuatro alabarderos y un pregonero que lleva una espada de rosas y claveles.

El alarde de armas termina en la plaza del Triángulo, donde los escopeteros lanzan la última descarga hacia el aire como señal de conclusión.


miércoles, 25 de febrero de 2015

El Dorado: Crónica de la expedición de Pedro de Ursua y Lope de Aguirre




El Dorado: Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre
Javier Ortiz de la Tabla, Alianza Editorial (2007), 176 pags.

De los numerosos episodios terribles que caracterizaron el transcurso de la conquista del continente americano, pocos han llamado tanto la atención a historiadores, literatos, psiquiatras e incluso cineastas como la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre por el Amazonas. Fue una aventura que se emprendió teniendo como objetivo el hallazgo de El dorado, mito en el que confluyeron realidades y fantasías, anhelos e intereses de diversos grupos humanos. Testigo presencial y superviviente afortunado del alzamiento de Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre fue Francisco Vázquez quien escribió su crónica hacia 1562, cuando los hechos estaban todavía muy recientes en su memoria.

El final de esta dramática relación que retrata como pocas la hoy casi inimaginable experiencia de aquellos hombres llegados a un continente virgen lo marca la muerte del fuerte caudillo de los marañones, solo, vencido y abandonado por todos los suyos, lejos de volver a pisar tierras peruanas, como pretendía.

La presente edición de Javier Ortiz de la Tabla aporta, además de un cuidadoso texto, numerosos datos sobre la azarosa vida del audaz rebelde Lope de Aguirre.

sábado, 21 de febrero de 2015

Fortún Garcés, un rey cautivo en Córdoba

Ultimo rey de Pamplona de la dinastía Íñiga


FORTÚN GARCÉS EL MONJE


Nacido en el año 870, fue hijo del rey García Iñiguez y de la reina consorte Urraca de Aragón, y conocido como el Monje o el Tuerto.

Estuvo preso en Córdoba desde que fue capturado en el 860, tras la invasión de Pamplona por parte de Mohamed I. Tras plegarse a sus deseos y pagar un fuerte rescate, fue liberado en el 878. Como su padre había muerto en 870, ese mismo año fue coronado rey de Pamplona, el último de la dinastía de los Íñigo. Durante su cautiverio anadalusí gobernó como regente García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.

Su reinado se caracterizó por una situación de debilidad, sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Perdió algunas fortalezas por las fuerzas militares de Lope ibn Muza como Castro Salviniano, cerda de Luesia, en 891, y Aibar, junto a Sangüesa, en 892. Pero posteriormente entabló buena relación con el Banu Qasi Lope ibn Muhammad.

Estuvo casado posiblemente en 845 con Oria (Aurea), de filiación desconocida. Tuvo varios hijos: Iñigo Fortúnez, Aznar Fortún, Blasco Fortún, Lope Fortún y Oneca Fortúnez. Esta última se casó, posiblemente en 847, con el emir de Córdoba Abd Allah, tuvieron a Muhammad, y también casada con su primo-hermano Aznar Sánchez de Larraún y, de ese matrimonio, nació Toda Aznárez, que luego fue la esposa de Sancho I Garcés.

En 905 abdicó retirándose tras los muros del monasterio de Leyre. La causa fue el descontento de los nobles pamploneses ante el modo en que Fortún estaba llevando los destinos del reino y decidieron prescindir de él, de acuerdo con algunos miembros de su propia familia. La única mención que aparece en las fuentes dice que “surrexit in Pampilonam Sancio Garseanes”, esto es que Sancho García (Sancho I Garcés) se levantó para desposeer el trono.

Sancho I Garcés era hijo de García Jiménez, quien había sido regente durante el cautiverio. Este rey ampliaría el reino con la incorporación de las tierras riojanas y la zona media navarra, bajo la cual el reino alcanzó una mayor extensión territorial a costa del islam y de los señoríos cristianos vecinos.

DINASTÍAS ÍÑIGO Y JIMENO

 

jueves, 19 de febrero de 2015

Martín de Rentería


General de la Real Armada del Mar Océano en el siglo XVI, conocido por ser el marinero que derrotó a Barbarroja


Natural de Rentería, donde nació en 1526, Martín Pérez de Uranzu, fue un valeroso capitán cuyos méritos excepcionales, por sus brillantes hechos de armas, le colocan entre las figuras más notables de Guipúzcoa. Fue también llamado Matxín de Rentería o Martín Machino.

Con Juan de Lazcano, fue Rentería de los primeros que pusieron en uso la protección del casco de las naves, siendo el referido artefacto sacas de lana dando su empleo sorprendentes resultados por permitir esta defensa de la nave acercare con gran seguridad a los bajeles enemigos. Hazaña que hizo Machin en varias ocasiones, dispersando él con una sola nao muchas de los contrarios que le acosaban violentamente.

Cuando en 1512, los franceses incendiaron la villa de Rentería, la casa de Machin fue de las pocas que se salvaron. No así algunas propiedades suyas cuando el levantamiento de los Comuneros de Guipúzcoa, los cuales le quemaron un caserío por hallarse al servicio del emperador Carlos V.

En 1515, el bey de Argel, Aruch Barbarroja, atacaba Bugía, sitiando la plaza. Martín de Rentería, que se encontraba estacionado en Argel con 5 naos vizcaínas, acudió en ayuda de la plaza, en la defensa de Bugía. Su acción permitió la llegada de auxilios de Mallorca, Valencia y Cerdeña. Efectuó desembarcos con su gente de mar, atacando los flancos de los sitiadores, clavándoles la artillería y, finalmente, tras la muerte de Xaca Barbarroja (hermano de Aruch), los turcos y berberiscos se vieron obligados a retirarse hacia el interior.

GALEÓN DE MARTÍN DE RENTERÍA

En 1518, luchó contra el corsario Cachidiablo, por cuya señalada acción se le concedió el uso de escudo de armas en las que figuran su galeón atacado por cinco galeras, siete galeones, cinco fustas y un bergantín, aludiendo al heroico comportamiento de haber luchado contra todas estas naos a las cuales hizo huir a pesar de haberle matado a casi toda su gente.



En 1521 y 1523, a raíz del sitio de Fuenterrabía por las fuerzas francesas, Martin de la Rentería se distinguió extraordinariamente en defensa de los ondarrabiarras.

En 1525, la embarcación de Machín se encontraba encalmada frente a las costas de Alicante. Una flota berberisca de 18 naves, entre galeras, galeotas y fustas, que estaba saqueando el litoral levantino, le ataca con su artillería. Martín soportó el fuego enemigo, sufriendo numerosas bajas, pero los berberiscos no se atrevieron a abordarle por el nutrido fuego con que les recibía cuando lo intentaban. Al anochecer, empezó a soplar una brisa que permitió a Martín alejarse de sus atacantes.

El caso fue estudiado en los ambientes navales de la época, por la resistencia mostrada por la nao al no haberse hundido después de un ataque artillero de varias horas.

En 1526, víspera de Pascuas de Pentecostes, navegando con su galeón y tripulantes, entre los que se encontraban algunos hijos de Rentería y varios parientes de Martín, y al llegar frente a las islas de Ibiza, se encontró con la armada del bey de Argel, Barbarroja, compuesta de 18 buques. Adoptando todas las medidas que le aconsejaban su pericia y su serenidad, espero a los enemigos y combatió todo el día con ellos. Varias veces intento la escuadra de Barbarroja apoderarse del galeón que mandaba Martin, y otras tantas fue rechazada.

Durante el combate, los berberiscos salieron maltrechos en gran parte, a pesar de que llegaron a quemar el mástil mayor del galeón y abrieron toda la popa a cañonazos. Pero convencidos los turcos de la inutilidad de sus esfuerzos, se retiraron mientras el renteriano, lleno de gloria, volvió a Valencia a reparar averías.

ATAQUE DE BERBERISCOS

En todas jornadas que Machino tomaba parte, era acompañado de su hijo Juan de Rentería. Ambos eran muy conocidos en todas partes, sobre todo, en África y en el Mediterraneo.

En consideración a los grandes servicios prestados a la nación, el emperador Carlos V, elevó al padre a general de marina y les concedió a los dos en premio a sus hazañas un escudo de armas, que aún se ve perfectamente labrado, en la fachada de la casa número 6 de la calle de Capitanenea.

En 1528, Martín de Rentería abordó al corsario francés Juan Florín en el cabo de San Vicente, prendiéndole con toda su gente siendo ajusticiado tan terrible pirata.

En 1534, el emperador ordenó a Martin de Rentería preparar en la costa de Guipúzcoa y Vizcaya una Armada de 20 zabras, de la que fue capitán principal, para acudir con ellas con la mayor presteza posible a unirse a otra armada para la defensa de la costa contra las incursiones de Barbarroja.

ESCUDO DE ARMAS DE MARTÍN DE RENTERÍA EN SU CASA SOLAR

martes, 17 de febrero de 2015

Escultura a Miguel López de Legazpi en Zumárraga



 

La broncínea escultura en homenaje a Miguel López de Legazpi, situada en la plaza Mayor de Zumarraga, fue realizada en bronce el año 1897 por el escultor segoviano Aniceto Marinas García, siendo el pedestal obra del arquitecto Juan Moya.

Miguel López de Legazpi Gurruchategui nació en Zumarraga en el primer quinquenio del siglo XVI. En el año 1527 se hizo cargo de la escribanía de la alcaldía mayor de Arería (Guipúzcoa).

Pasó a la historia por ser el adelantado y administrador colonial de las islas Filipinas y fundador de Manila en 1565, capitán general de mar y tierra del mar Océano en el siglo XVI.

 
 
La estatua va colocada sobre un precioso pedestal de mármol rosa, en el cual en artística cartela de dorado bronce, se halla grabada la siguiente dedicatoria:
 
A la Excma. Diputación provincial de
Guipúzcoa
dedican este recuerdo de la erección del
monumento á
Don Miguel López de Legazpi

 
 

lunes, 16 de febrero de 2015

Primera batalla de Albelda


La primera de las dos batallas efectuadas en las tierras del municipio de Albelda tuvo lugar en verano de 851. Fue una victoria de Muza ibn Muza sobre los gascones que habían invadido las tierras del Condado de Pamplona que controlaba la dinastía de los Arista.

Desde el 849 el duque Sancho de Gascuña se mantenía sublevado contra Carlos el Calvo y pretendía pasar al sur de los Pirineos junto a su cuñado Emmenon, conde de Perigord, por la vía romana que unía Burdeos con Astorga y que cruzaba el Ebro por Logroño. Por su parte, Carlos el Calvo acababa de sofocar la rebelión del conde Guillermo y de firmar con Abd al-Rahman II una tregua.

 

Los gascones cruzaron los puertos pirenaicos sin ninguna oposición de los pamploneses, cuyo rey Iñigo Iñiguez Arista se encontraba enfermo desde hacía dos años. Avanzaron hacia el sur hasta llegar a Albelda, en las inmediaciones de Viguerra, a orillas del rio Iregüa. Allí les salió al encuentro Muza ibn Muza con sus tropas, derrotando a los invasores en la primera batalla de Albelda en el verano de 851.

El primer día de la batalla los combates fueron desfavorables para los Banu Qasi, y Muza recibió hasta 35 heridas de lanza. A pesar de ello, al día siguiente los Banu Qasi atacaron con su jefe Muza en cabeza. Derrotaron a los gascones y tomaron prisionero al duque de Gascuña y al conde de Perinord.

Como consecuencia de la victoria, el prestigio de Muza ibn Muza aumentó por haber salvado al país de la invasión gascona. Carlos el Calvo compró la libertad del duque y el conde que, una vez en sus dominios, aceptaron su autoridad y cesaron en su rebeldía.

 
REINOS Y CONDADOS DEL NORESTE PENINSULAR, SIGLO IX

sábado, 14 de febrero de 2015

Pedro de Ursúa

Teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá, fundador de las ciudades de Pamplona y Tudela del virreinato de Nueva Granada (Colombia) y líder de la expedición del Dorado por el río Marañón (Amazonas)
 


Pedro de Ursúa Díaz de Aux y Armendáriz era natural de Baztán, al norte de Navarra, donde nació en 1526. Era hijo de hidalgos locales, pero sin llegar a pertenecer a la más alta nobleza. A los 20 años llegó a Cartagena de Indias donde su tío el juez de residencia Miguel Díaz de Armendáriz lo apadrinó. A los 23 años, en 1545, fue nombrado teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá por su tío.

Nombrado justicia mayor de Santa Marta, Ursúa se destacó en la pacificación de los panches al suroccidente de Santa Fe. Desde entonces, marchó en expedición por el norte del virreinato de Nueva Granada, fundando la villa de Pamplona, en la región de Norte Santander, en 1549.

A su regreso a Santa Fe, en 1550, la recién fundada Real Audiencia lo encargó de pacificar el país de los muzos. Derrotados los muzos, Ursúa fundó la ciudad de Tudela, la cual fue destruida por los indios derrotados poco tiempo después. Al poco tiempo, derrotó a los tayronas.

Fue renombrado justicia mayor en Santa Marta a servicio del nuevo virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza. El objetivo de este cargo era el de pacificar a los tayronas de la sierra de los Tayrona y, más tarde, en Nombre de Dios, con el fin de reprimir una rebelión de cimarrones. Esta última tribu fue derrotada y su Bayano apresado para ser juzgado en España.

Tras el éxito de la expedición, Ursúa acompañó a Hurtado de Mendoza a Lima, consiguiendo el beneplácito del virrey para, por fin, poder iniciar una expedición en busca de “el Dorado”.

Ursúa organizó una expedición para encontrar el tan codiciado metal por el río Marañón, descubierto años antes por Francisco de Orellana. Durante esta expedición, en la cual Ursúa partió acompañado de su amante Inés de Atienza, encontró la muerte, en 1561. El móvil estuvo en una conspiración dirigida por un compañero de expedición: Lope de Aguirre. Aguirre continuó como líder de la expedición, proclamándose en rebeldía contra la corona Española.
 
 
BUSTO DE PEDRO DE URSÚA

Según escribe Toribio de Ortiguera sobre Ursúa:
“Galán, gentil hombre y bien traído; de mediana estatura, bien proporcionado, aunque un poco adamado; la barba taheña y bien puesta: de muy buena y afable conversación; muy inclinado a cosas de misericordia y caridad, grande amigo de soldados y de conquistas y de descubrimientos de indios.”

viernes, 13 de febrero de 2015

Fiesta del Moro: el Alarde de la batalla de Valdejunquera


La Fiesta del Moro es celebrada cada 15 de agosto de cada año en la villa Antzuola, perteneciente a Guipúzcoa, en recuerdo de la batalla de Valdejunquera de 920, una de las primeras batallas de la Reconquista española.

La batalla de Valdejunquera enfrentó en los valles de Guesalaz y Yerri un 26 de julio del 920 a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abd al Rahman III, emir de Al-Ándalus. Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

Indudablemente participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del Reino de Pamplona. La realidad histórica es que Abd al-Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho Garcés y a los leoneses coaligados. La tradición popular pretende elogiar la valentía de los mozos de Antzuola, que acudieron en socorro de los pamploneses y leoneses. Llegaron a tomar contacto con el enemigo musulmán al día siguiente tras la derrota cristiana, y según la leyenda, la compañía militar antzuolatarra recuperó la bandera y derrotó al emir Abd al- Rahmán III en las tierras navarras de Valdejunquera.



En la Fiesta del Moro se relata una supuesta victoria cristiana y un juramento de fidelidad del emir de Córdoba a la villa de Antzuola, que no es más una leyenda épica muy lejos de la realidad histórica. También se leen bertsos del poeta José María Iparraguirre, compuestos expresamente para este acontecimiento.

La música que acompaña la marcha militar rememora una partitura que data de 1761 conocida como Marcha de Fusileros para Pífanos y Tambores de Espinosa. Música de Ordenanza de Carlos III.

La otra protagonista de esta celebración es la bandera, que recorre las calles de Antzuola. La particularidad de esta última insignia está formada por la traza de los distintos dibujos que en ella se plasman, similares a algunos de los cuarteles del escudo de la villa, diseñados en la Certificación de Armas de 1745.

 




martes, 10 de febrero de 2015

Vascos en la Conquista del Birú


La conquista de México había tenido un efecto fulminante entre los españoles de los dos lados del Atlántico. Hernán Cortés tomó Tenochtitlán en 1521 y rápidamente se extendieron los colonizadores por todo el territorio de la Nueva España. Por el sur el alavés Pascual de Andagoya fundaba la ciudad de Panamá en 1519.

Desde este punto se iniciaba la conquista de América del Sur. Consiguiendo la confianza del capitán general Pedrarias Dávila, Andagoya continuó su misión exploratoria hacia el sur con el objetivo de informar sobre estas tierras, por ello, pidió licencia "para ir a descubrir al cacique Perú en la costa adelante del golfo de San Miguel".

Unas 50 leguas del litoral colombiano fueron recorridas por Andagoya entre 1521 y 1523, llegando hasta Cachama, territorio de la tribu de los Cueva.  Se instaló en San Juan como gobernador y allí conoció al cacique de Chochama que le pidió ayuda para luchar contra sus enemigos, la gente de Birú. Acompañó al cacique de Chochama, y en una semana se presentó a las puertas del Birú, territorio denominado Tahuantinsuyo. Remontó un caudaloso río y sometió a los caciques que estaban en guerra. Aquí tuvo noticias del fabuloso imperio incaico, un rico territorio denominado el Pirú o Birú. Su delicado estado de salud le obligó a regresar a Panamá donde difundió la noticia.

Andagoya escribió la crónica La relación de los sucesos de pedrarias de Dávila en las provincias de Tierra Firme o Castilla del Oro, y de lo ocurrido en el descubrimiento de la mar del Sur y costas del Perú y Nicaragua. Se trataba de las primeras referencias sobre estas zonas recién exploradas, y que apuntaban hacia el corazón del Imperio inca.

Las informaciones de Andagoya no pasaron desapercibidas para el alcalde de la ciudad de Panamá, un extremeño llamado Francisco Pizarro, quien decidió en 1524 conquistar aquel territorio desconocido. Entonces se asoció con Diego de Almagro y con el vicario de la ciudad, Hernando de Luque. Almagro se encargó de la logística, comprando el Santiago y contratando a 112 hombres. Luque se ocupó de encontrar financiación y Pizarro de dirigir las exploraciones.

La primera expedición partió de Panamá en noviembre de 1524. Recorrió la comarca que había descubierto Andagoya, intentaron desembarcar en distintos puntos de la costa ecuatoriana, pero todo estaba lleno de indios hostiles. De esta primera experiencia regresó la expedición a Panamá para reorganizarse. Pizarro llegó con siete heridas, Almagro tuerto, y Luque pronto abandonó la empresa.

En 1526, reanudaron las expediciones hacia el sur americano, esta vez más lejos, donde avistaron más tribus indígenas y más hostiles, pero también empezaron a encontrar objetos tallados en oro, por lo que vieron confirmar la leyenda del Birú, anteriormente relatada por Andagoya. Continuaron las exploraciones buscando el codiciado “Dorado” en estas tierras durante meses hasta que en 1527, maltrechos y hambrientos, se ubicaron en la isla del Gallo.

Allí Pizarro mandó a Almagro conseguir refuerzos en Panamá. El gobernador, Pedro de los Ríos, enterado del fracaso de la expedición y antes las órdenes recibidas por Juan Tafur, exige el regreso de todos los exploradores de Pizarro. Cuando la orden llegó a la isla del Gallo, se produjo uno de los episodios más célebres de la Conquista del Nuevo Mundo: la decisión de los Trece de la Fama.

LOS TRECE DE LA FAMA
Pizarro no aceptó las órdenes de superiores, fue un hombre de honor y determinación, que no pretendía volver derrotado después de tantos esfuerzos, pero eso ofrecía a sus hombres seguir o regresar. Pizarro expuso una disyuntiva, trazó una raya en el suelo con su espada y con pocas palabras comentó a sus expedicionarios: “Por este lado se va a Panamá, a ser pobres. Por este otro, al Perú, a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más le estuviere”. Trece hombres cruzaron la línea, denominados los Trece de la Fama. Fue un gesto más osado y valiente que el “Hundid las naves” de Hernán Cortés. Entre los trece, se encontraba un vizcaíno, Domingo de Soraluce, natural de Idiazabal.

El líder extremeño mandó a otro hombre, Bartolomé Ruiz, quien sumaría el 14 de sus seguidores, buscar refuerzos a Panamá. El caso es que gracias a la tozudez de Pizarro y a la osadía de estos trece, que en realidad fueron catorce más Pizarro, se abordó finalmente la exploración hasta el Perú. Porque el gobernador de Panamá, superado por la tenacidad de Pizarro, terminó autorizando el envío de refuerzos suficientes para, desde la isla del Gallo, surcar el litoral hacia el sur. Y esta vez si que apareció el fabuloso Birú. Los aventureros vieron multitud de gentes vestidas con ricos atuendos, innumerables objetos de oro y plata, ricos templos, animales exóticos como las llamas, etc. Fue un conjunto de grupos tribales sin relaciones entre sí en 1.300 d.C., pero integrados en una sociedad imperial entre el 1.400 y 1.537, y que se colapsó con la presencia de los colonizadores.

Era el gigantesco Imperio de los incas, ellos lo llamaban Tahuantinsuyo. Pedro Cieza de León describió Perú como un extenso territorio que se pierda desde Quito hasta la villa de Plata (Sucre), que tiene una longitud de setecientas leguas de norte a sur, y una anchura de más de cien leguas de levante a poniente. El Estado Inca estaba fuertemente centralizado en Cuzco (Cruzco); al norte se dispersaban poblados y aldeas de agricultores; la Amazonía, una región inmensa con una baja densidad de población, dedicada al cultivo; al sur, las tribus recolectoras se alternaron con tribus de campesinos. Los límites del Imperio Inca se asentaron sustentados por tribus con una agricultura integrada, una estructura económica y un sistema productivo, articulados desde Cuzco.

Con las muestras que reunió de la riqueza incaica, Pizarro decidió marchar a España y exponer el hallazgo al emperador Carlos I: objetos tallados en oro y plata, mantas de lana, y hasta un par de llamas. El emperador le recibió en Toledo, en julio de 1529; se emocionó tanto al conocer el episodio de los Trece de la Fama que resolvió hacerlos a todos hidalgos, y al que ya lo fuera, caballero de Espuela Dorada. Pizarro fue nombrado adelantado y alcalde de una tierra sin explorar, pero que ya recibe el nombre de Nueva Castilla. Las capitulaciones las firmó la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos I y madre del futuro rey Felipe II.

RUINAS INCAS DEL MACHU-PICCHU

La expedición definitiva partió de Panamá en 1532. Estaba formada por tres barcos, 185 hombres y 27 caballos, entre los que estaban los cuatro hermanos de Francisco Pizarro. Su socio, Diego de Almagro, continuó a cargo de la logística, viajando constantemente a Panamá para proveer a la expedición de lo necesario. Contribuyeron a las primeras fundaciones de Pizarro en el Perú los vascos Antonio Navarro, García de Salcedo y Juan de Abendaño.

Durante meses tantearon el territorio, un mundo tan fabuloso como enigmático. Desde el sur de lo que hoy es Colombia, a través del actual Ecuador, cruzaron selvas y pasaron montañas hasta llegar al norte de Perú. Una hazaña física impresionante.

El imperio al que llegaron aquellos aventureros era una civilización en decadencia. Las grandes epidemias habían llegado al menos diez años antes que los expedicionarios de Pizarro. La viruela, el sarampión y la peste porcina se habían propagado desde México hasta Perú y causado estragos, especialmente entre las poblaciones de las zonas cálidas. Las epidemias fueron devastadoras en una población virgen pero suficientemente densa como para transmitir el contagio. Al mismo tiempo una encarnizada guerra civil estaba devastando a la población, ya que los hermanos Atahualpa y Huáscar, pretendientes al trono, luchaban hasta la extenuación. Atahualpa apresó a Huáscar y mandó matar a todas sus mujeres y a todos sus hijos.

Los expedicionarios aprendieron pronto lo que estaba sucediendo en Perú. Conocieron una vieja leyenda que hablaba de los enviados del dios Virococha, blancos y barbudos; pero también vería que bajo los incas había varios pueblos oprimidos: huancas, chachapoyas, cañares, yanaconas, etc. Todas aquellas tribus sometidas vieron a los expedicionarios como a libertadores.

Pizarro solicitó audiencia con Atahualpa, enviándole sucesivos mensajes, mientras continua al mando de la expedición que sigue estudiando el país y tomando contacto con sus gentes. Un día, Pizarro recibe el primer mensaje de Atahualpa, se traba de unos patos degollados, drástica advertencia para que los expedicionarios no avanzaran más. Finalmente, recibió un mensaje que le cita en Cajamarca, una vieja ciudad abandonada. Pizarro sabía que era tan sólo una trampa, pero como hizo en la isla del Gallo, nada le haría retroceder.


GURREROS INCAS

El encuentro tuvo lugar el 15 de noviembre de 1532. Los aventureros de Pizarro quedaron impresionados ante tan enorme ejército: más de 10.000 guerreros divididos en diferentes escuadras, ataviados de distintas maneras, algunos de ellos exhibían armaduras, patenas y coronas de oro u plata. Detrás marchaba una lujosa cohorte de nobles que cantaba y bailaba mientras acompañaba a Atahualpa, sentado en una litera de oro, precedido por siervos que mullen con alfombras el suelo que pisan los porteadores. Enfrente, 156 españoles barbudos y hambrientos, con una fraile dominico llamado Vicente Valverde, unos 20 arcabuces, 70 caballos y unos cuantos falconetes ligeros, pero estruendosos. La aproximación entre la breve compañía de Pizarro y la multitudinaria horda de Atahualpa era, aparentemente, pacífica, pero nadie ignoraba que acabase de forma violenta.

Al encuentro fue el padre Valverde, quien intentó presentarse como un enviado de Dios, con una Biblia en una mano y un crucifijo en la otra, objetos que el inca despreció

Fue gritar "Santiago" y entrar a descabello. Tomaron los falconetes, dispararon los arcabuces, los jinetes se precipitaron sobre la muchedumbre de indios con Pizarro a la cabeza, abriendo hueco y deshaciendo la muralla humana que protegía a su líder, hasta llegar a Atahualpa. El soberano inca fue apresado, sus huestes salieron de estampida o quedaron paralizados ante la fuerza destructiva de aquellas armas de fuego y el atronador sonido que emitían. En media hora de batalla, el imperio más vasto, rico y poderoso de América se derrumbó sobre sí mismo.

Atahualpa ofreció a Pizarro un rescate en oro y plata por su libertad. Y este se lo cobró, unos 6.000 kilos de oro y casi 12.000 kilos de plata; una inmensa fortuna que el inca guardaba en Cuzco, su capital. Aquel tesoro está considerado uno de los más ricos de la historia. En el reparto que hace Pizarro participan los vascos Cristóbal de Mena, Juan Salcedo, Gómez Carranza, Lope Vélez de Guevara, Pedro de Aguirre, Nicolás de Azpitia, de caballería; Pedro de Vergara, Juan Pérez de Tudela, Gaspar de Marquina, Martín de Marquina, Francisco Martínez Zárate y Juan Vergara, de infantería. Estos nombres constan en el Acta de la repartición del tesoro de Atahualpa, en la Colección Muñoz. Ms.

Para activar la remisión de los tesoros marcharon al Cuzco "tres soldados particulares que fueron Pedro Moguer, Francisco Martínez de Zárate y Martín Bueno, los cuales, llevados en hombros de indios, reclinados en hamacas, anduvieron las doscientas leguas que hay de Caxamalca al Cuzco". Estos regresaron con más noticias sobre sus riquezas.

Mientras tanto, el fracasado pretendiente al trono imperial, Huáscar, llega a Cajamarca. Allí intentó negociar para rescatar a su hermano. Enterado este, ordenó a sus emisarios que lo asesinen. Los expedicionarios juzgaron al emperador por aquel delito y lo ejecutan.

En Cajamarca se incorporó Almagro y sus hombres, y junto a los de Pizarro, decidieron emprender camino hacia Cuzco, presentándose la expedición a las puertas de la capital en noviembre de 1533. Durante el trayecto, tribus que estaban enemistadas con Atahualpa, partidarias de Huáscar, o que estaban en contra de la dominación inca se incorporaron a la expedición, entre ellas, los huancas del valle del río Mantaro.

Pizarro establece la administración en las provincias y ciudades del territorio colonizado: en el acta de fundación de Cuzco, figuran: Antonio Navarro, García de Salcedo, Francisco de Castañeda y Tomás de Echeandía.

FUNDACIÓN DE TRUJILLO

En 1535, Pizarro fundaba la Ciudad de los Reyes, en el valle de Lima, que estableció como capital del virreinato del Perú. En el acta de fundación aparece el veedor García de Salcedo, oficial del rey, hijo de Hernando de Salcedo, posiblemente procedente de Güeñes. El primer alcalde de Lima fue Nicolás Ribera, gaditano pero hijo de madre vasca, Beatriz Laredo y Esquibel, y uno de los “trece de la fama”. En la sesión del 13 de Agosto de 1535 fue recibido por regidor perpetuo Diego de Arbieto, natural de Orduña. En 1536 fue diputado de la ciudad y en 1537 tenedor de bienes de difuntos. En 1537 era Pedro Navarro procurador de Lima, alcalde en 1543 y más tarde regidor perpetuo.

Según la obra de P. Bernabé Fundación de Lima, aparecen los primeros pobladores de esta ciudad a los que se les otorgaron solar, algunos de los cuales fueron de origen vizcaíno: los citados Pedro Navarro y el veedor García de Salcedo; el escribano del cabildo Pedro de Castañeda; el encomendero de Jauja Juan Berrio; el encomendero de Guamanga Francisco Isasaga; Jerónimo Zurbano, que fue naviero en el Pacífico y sobrino de los oidores del Consejo Real Leguizamo y Aguirre; Juan de Larrínaga, que peleó en Chupas, a favor de Almagro y después tuvo el mando de un navío; Juan de Larrínaga Salazar, natural de Bilbao, llegado más tarde al Perú, fue electo dos veces alcalde ordinario de Lima. También estaban otros vizcaínos como Juan López de Recalde, Luis García San Mamés y Bachiller Guevara.

Alarmados Pizarro y Almagro por la presencia de Pedro de Alvarado en Puerto Viejo (Ecuador) toman sus medidas. En el ejército de Alvarado, compuesto por gente muy lucida y principal, iban los vascos Cristóbal de Ayala, Pedro de Añasco, Mateo de Lazcano, Antonio Ruiz de Guevara y Lope de Idiáquez, y el navarro Juan de Rada.

Alvarado y Almagro se encontraron en las llanuras de Riobamba y llegaron a un acuerdo. La flota de Alvarado, unos doce navíos, y la tropa expedicionaria, pasaban a la expedición comandada por Pizarro y Almagro. Alvarado recibió cien mil pesos oro a cambio de regresar a su gobernación de Guatemala. El acuerdo fue ratificado por Pizarro en Pachacámac, cerca de donde se emplazaría Lima.

 CAPTURA DE ATAHUALPA EN CAJAMARCA

En 1534, Almagro fundaba Trujillo, entre los primeros fundadores se encontraban varios expedicionarios vascos: Pedro Gonzalo de Ayala, Francisco Pérez de Lazcano, Pedro Lazcano Gaona, Domingo de Soraluce, Juan de Ureña, Juan Villafranca de Lazcano, Francisco de Zamudio e Iñigo Ortíz de Zúñiga. Como primer regidor del cabildo de Trujillo fue nombrado, en 1536, Domingo de Solaruce, uno de los “Trece de la Fama”.

Francisco Pizarro poco a poco fue consiguiendo el control de todo el extinguido Imperio de los incas, pero algunas concesiones a sus hermanos, entre otras razones, produjo el enfrentamiento con su socio Diego de Almagro quien pretendió estar al mando de la capital. Este asedió Cuzco en 1537, y tras tomar la ciudad, apresó a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro. Entonces, solicitó la gobernación de la misma a su socio Francisco, propuso encontrar una solución negociada. En aquel ejército almagrista, estaban integrados los vizcaínos Lope de Idiáquez, Rodrigo de Salcedo, Vasco de Guevara, el guipuzcoano Marticote y el navarro Juan de Rada, hombre de confianza de Almaro. Este ejército había formado parte de la expedición de conquista de Chile, pero Almagro decidió volver al Cuzco después que Rada le llevara las providencias que le había traído Hernando Pizarro de España.

No hubo acuerdo y se desató la lucha entre pizarristas y almagristas. Los hermanos consiguieron escapar, uniéndose a su hermano, los Pizarro organizaron una ofensiva de la que salieron victoriosos. Almagro fue ejecutado en la batalla de las Salinas, el 26 de abril de 1538, en la que intervinieron muchos vascos: Pedro de Vergara, Diego de Urbina, Alonso Pérez de Esquivel, Alberto de Orduña, Alonso de Mendoza y un Anduiza que lucharon por Pizarro, a los que habrían que añadir los almagristas de la expedición de Chile.

Entre los caídos por los soldados de Pizarro estaban: Juan de Urrutia, Pedro de Salazar, Alonso de Ariza, Pedro de Leguizamón , Esteban Francisco de Miravalles y Juan de Armenta. Fueron apresados, además de Diego de Almagro y su hijo, Juan de Rada, Lope de Idiáquez, Juan Ortiz de Zárate y Vasco de Guevara, además de sus principales capitanes supervivientes. El vasco Juan de Balsa representaba a Diego de Almagro en el proceso incoado por Hernando Pizarro. Al cabo de tres meses en prisión, Almagro fue ejecutado.

CARTULARIO JOAN MARTINES SIGLO XVI

En 1539, el extremeño fue nombrado marqués gobernador del Perú y autorizó la organización de una expedición hacia Chile al mando de Pedro de Valdivia. Los almagristas fueron desterrados del Cuzco. Diego de Almagro, hijo, y Juan de Rada quedaron como huéspedes-presos en las casas de Pizarro en Lima, pero pronto fueron puestos en libertad, despojados de todos sus bienes. Almagro declaraba en su testamento que tenía una gran suma de dinero con el gobernador de la que dejaba por heredero al rey.

En virtud de una provisión real nombraba gobernador de Nueva Toledo a su hijo Diego y hasta su mayoría de edad a Diego de Alvarado. Las reclamaciones a este respecto no obtuvieron respuesta, pero se anunciaba la llegada de Vaca de Castro como juez en comisión. Los almagristas, liderados por Juan de Rada, sospechaban que Vaca de Castro venía a favorecer a Pizarro, conocieron la orden de detención del Diego de Almagro, el hijo, y decidieron vengar la muerte de su líder. Asaltaron los aposentos de Pizarro y dieron muerte a Francos de Pizarro quien hizo con su sangre una cruz en el suelo momentos antes de morir, el 26 de junio de 1541. Entre aquellos almagristas que acompañaron a Rada estaban Domingo Ruiz, Martín de Bilbao, Juan Sojo, Bartolomé de Arbolancha y Martín de Zazo. Entre los heridos que defendían al gobernador se encontraban Francisco de Vergara y Juan Ortiz de Zárate.

EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL IMPERIO INCA

lunes, 9 de febrero de 2015

Juan Sebastián Elcano, por Manuel Lucena




Juan Sebastián Elcano, por Manuel Lucena, Editorial Ariel (2003), 296 págs.

Juan Sebastián Elcano es una figura universal por haber dado la primera vuelta al mundo en 1522 en una nao, la Victoria, en 1.084 días. Elcano es igualmente un personaje fundamental de la Historia de España, ya que su aventura estuvo englobada en el proyecto Carlos I de verificar que las islas Molucas estaban ubicadas dentro de la mitad del mundo que pertenecía al Reino de Castilla en virtud del Tratado de Tordesillas. El objetivo era establecer allí una gobernación dirigida por Fernando de Magallanes quien, para ello debía previamente descubrir un estrecho interoceánico entre el Atlántico y el Pacífico, cosa que realizó en 1521. Las Molucas se convirtieron en el frente de la primera guerra intercolonial y mercantilista del mundo moderno.
 

viernes, 6 de febrero de 2015

Martín García Oñez de Loyola

Gobernador y adelantando del Río de la Plata y de Potosí




Natural de Azpeitia, Guipúzcoa, donde nació en 1548. Era sobrino de San Ignacio de Loyola. Con apenas 19 años siendo capitán y caballero de la Orden de Calatrava, Martín García Oñez de Loyola emprendió un viaje a Perú.

En 1572, recibió el encargo de formar parte de la tropa que debía capturar al último inca, Túpac Amaru, que se encontraba refugiado junto a sus hombres en la remota Vilcabamba. Otros virreyes y capitanes habían fracasado en esa empresa. Los españoles, por fin, consiguieron doblegar a los naturales, pero el cabecilla de aquel ejército escapó a las montañas, aunque posteriormente fue localizado por un destacamento al frente del cual iba García Oñez de Loyola, quien lo apresó y llevó a Cruzco, donde finalmente fue ajusticiado. Como recompensa el virrey le nombró corregidor en varios pueblos del Perú y le permitió casarse con una sobrina de Túpac Amaru, descendiente de Atahualpa y bautizado con el nombre de Beatriz Clara Colla. La pareja sólo tuvo una hija, Ana María Oñez de Loyola, quien residió con su madre en Concepción desde 1593. Con esa boda se emparentó con la antigua nobleza de aquella tierra. Entre el señorío de Urubamba heredado por su nueva esposa y las tierras y los bienes que le fueron concedidos por sus servicios, el matrimonio acumuló una gran fortuna, sustentada y ampliada además porque García Oñez de Loyola fue nombrado gobernador de Potosí en 1578.

En 1581 se le otorgó el cargo de gobernador y adelantando del Río de la Plata, pero postergó el inicio de esa actividad por retrasos en la aprobación eclesiástica de su matrimonio. Poco después, el rey Felipe II le confirió el mando de la difícil capitanía general de Chile y hacia allí se fue, para recalar en Santiago en 1592 después de partir del puerto de El Callao y seguir la ruta marítima marcada con anterioridad por el piloto Juan Fernández. Nombró secretario a Domingo de Eraso, sargento mayor a Miguel de Olaverría, y obispo electo de Santiago a fray Pedro de Arzuaga, todos ellos de origen vascongado.

Lo que se encontró al llegar allí fue una guerra abierta y cruenta con los araucanos. Oñez de Loyola se distinguió por su buen trato a los indios a los cuales consiguió reducir a cambio del abandono de las armas. Sentó así un importante precedente de política de negociación entre los españoles y los naturales, aplicado de manera masiva en el siglo XVII.

 
 

En 1594, fundó la ciudad de Santa Cruz en la confluencia de los ríos Bío-Bío y Laja. Sin embargo, el cese de las hostilidades no duró mucho tiempo, ya que el cacique Pelantaro se rebeló contra los españoles e inició una ofensiva a la que se unieron otros grupos de nativos de la zona. La ayuda que había solicitado Martín García llegó por fin desde Perú y el gobernador lanzó un ataque desde Angol, en 1598, con clara intención de acabar con la rebelión, dirigiéndose con una hueste de más de 300 hombres a las peligrosas ciénagas del Mumaco, lugar en el que los araucanos se habían hecho fuertes. Confiado en su potencial militar cometió el fatal error de descuidar la vigilancia intensiva y en el amanecer del 24 de diciembre los indios se abalanzaron sobre los españoles que pernoctaban en Curalaba, cuyo significado en lengua mapuche es el de "Piedra Partida". Mataron a casi todos, incluido el propio Oñez de Loyola, cuya cabeza, separada del cuerpo, fue paseada en una pica. Posteriormente su cráneo fue utilizado como recipiente ceremonial.

jueves, 5 de febrero de 2015

García Íñiguez, el rey pamplonés aliado de Asturias

Rey de Pamplona desde 842 hasta 870. Desarrolló una política de alianzas con el Reino de Asturias y el Condado de Jaca para luchar contra el Emirato de Córdoba cuyo resultado fue la victoria de Albelda en el 851.


GARCÍA ÍÑIGUEZ


Nacido en el año 805. Fue hijo de Íñigo Arista, primer rey de Pamplona, pertenecientes a la dinastía Íñigo. García fue educado en Córdoba. Llevó la dirección de las campañas militares contra los sarracenos durante los últimos años de vida de su padre.

En el 842, el emir cordobés Abd al-Rahman II lanzó otra incursión militar hacía el valle del Ebro e impuso al monarca navarro la obligación de pagar 700 monedas de oro al año en reconocimiento de la soberanía. La imposición de sus condiciones y el pago anual de un tributo fue el origen de esta campaña y de los saqueos en las tierras pamplonesas en los años sucesivos de 843, 844 y 850.

En el 843 empeoró la situación, ya que los cordobeses infligieron una tremenda derrota a los aliados de las dinastías Íñigo y Banu Qasi, a pesar de contar en esta ocasión con contingentes de Asturias y Aragón. Muza y García I claudicaron por completo y se sometieron a las intenciones del emir. Además, obligó al pamplonés al envío a Córdoba de una embajada compuesta de 70 nobles, y escenificar la petición de paz.

El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que el García Íñiguez se aliara en lo sucesivo y por intereses comunes con los reyes asturianos. El rey pamplonés, aunque tributario del emir, era independiente, en cambio sus aliados muladíes formaban parte de Al-Ándalus, lo que implicó la obligación de combatir a sus tradicionales aliados pamploneses y a dirigir los ataques musulmanes contra el Reino asturiano.


PARTIDOS NOBILIARIOS EN LA FUNDACIÓN DEL REINO DE PAMPLONA


En el 858, los normandos remontaron el río Ebro desde Tortosa hasta Tudela, dejando atrás Zaragoza, y subiendo por sus afluentes Aragón y Arga, se presentaron en Pamplona. La ciudad fue saqueada y el rey García Íñiguez raptado. Tras pagar un costoso rescate de 70.000 monedas de oro, el rey regresaba, no si entes entregar a algunos miembros de su familia como rehenes para asegurar su recompensa. A partir de entonces la vieja alianza entre los Arista y los Banu Qasi se había roto definitivamente y García Íñiguez sería aliado definitivo del Reino de Asturias. El pamplonés comprendió que Muza había abandonado a los Arista.

Se había creado una lianza de reinos cristianos hispánicos contra islámicos. Su primera acción fue lanzar una ofensiva contra la fortaleza de Albelda, tras comprobar la amenaza que esta plaza fuerte suponía sobre los dominios orientales del Reino asturiano. Un contingente formado por asturianos y pamploneses, liderado por el rey Ordoño I, tomó esta fortaleza, capturó gran cantidad de botín, dio muerte a numerosos musulmanes y destruyó la ciudad hasta los cimientos. La batalla de Albelda del 859 consiguió que el rey asturiano controlase toda la zona riojana y que Lope ben Muza, gobernador de Toledo e hijo de Muza, se declarase vasallo de Ordoño I.

La Crónica de Alfonso III recoge que en la batalla participaron los navarros, pero ya junto a los asturianos. Esta presencia militar fue debido a una alianza política formalizada mediante uniones matrimoniales. En el Códice Virgilano se conserva la obra conocida como Epitalamio de Leodegundia, donde se hace mención al matrimonio de esta hija de Ordoño I, Leodegundia, con un príncipe pamplonés, probablemente Fortún Garcés, hijo de García Íñiguez.

García Iñiguez estuvo casado en primeras nupcias en 858 con Oria, hija de Muza ibn Muza Ibn Fortún, y en segundas nupcias con Urraca Giménez de Aragón. Además, casó a sus dos hijas con príncipes cristianos hispánicos: a Oneca, con el conde Aznar II Galindo de Aragón; y a Jimena con el futuro Alfonso III el Magno de Asturias.

Al año siguiente, en el 860 el emir Muhammad I, como represalia a los sucedido por esta alianza encabezada por García Íñigo, se dirigío a Pamplona en expedición militar de castigo. El paso de las huestes musulmanas fue implacables, numerosos castillos fueron tomados y el heredero al trono, Fortún, fue hecho prisionero sin regresar hasta 18 años después. Pamplona fue castigada, y se retomó el pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad.

En la década siguiente el Reino pamplonés actuó de forma autónoma y la alianza con los Banu Qasi se renovó solo para atacar al Emirato cordobés. En el año 870 se estableció una alianza entre el caudillo pamplonés y varios magnates pirenaicos, como Aznar II Galíndez, para ayudar a Amrus ibn Umar de los Banu Qasi en su lucha contra el emir. Al año siguiente prestó su ayuda a Lope ibn Muza en una nueva revuelta contra Córdoba. Ese mismo año moría García Íñiguez.

Su hijo Fortún Garcés, hecho prisionero por los musulmanes en 860, estuvo retenido en Córdoba hasta el 880 tras plegarse a sus deseos. Parece que gobernó como regente en Pamplona García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.


PANTEÓN DE LOS PRIMEROS REYES NAVARROS EN EL MONASTERIO DE LEYRE

lunes, 2 de febrero de 2015

Diego III López de Haro

Señor de Vizcaya y alférez real de Castilla, que encabezó las tropas vizcaínas que participaron en la conquista de Sevilla en 1248, y en otras victorias de Fernando III.


DIEGO III LÓPEZ DE HARO JUNTO AL REY DE CASTILLA FERNANDO III


Diego III López de Haro fue el séptimo señor de Vizcaya, entre los años 1236 y 1254. Nació en 1254, fue hijo de Lope II Díaz de Haro, señor de Vizcaya, y de Urraca Alfonso de León, hija ilegítima del rey Alfonso IX de León, por tanto, era sobrino del rey Fernando de León y de Castilla.

En los primeros años sirvió con fidelidad a su tío y rey Fernando III, el cual no le confirmó en los terrenos que gobernaba, quitándole La Rioja y dejándole Castilla la Vieja. Diego no acató esta decisión rebelándose contra el rey en varias ocasiones, consiguiendo posteriormente su perdón. Se mantuvo a su lado hasta su fallecimiento en 1252.

Durante este reinado, Diego III López encabezó las tropas vizcaínas que participaron en la conquista de Sevilla en 1248, así como en otras victorias de Fernando III.

Bajo en reinado de Alfonso X, hijo de Fernando III, Diego III López continuó en su posición, conservando el cargo de alférez del Estandarte Real, y firmando todas las confirmaciones detrás del rey. Una serie de desacuerdos entre ambos hizo que Dieglo III López ejerciese su derecho de negar la obediencia al rey (era un derecho que reconocía la legislación de la Edad Media a los señores feudales), buscando otro señor, que sería el rey de Navarra.

Tuvo a su protección y como en encomienda la ciudad de Baeza, que conquistó su padre Lope II Díaz, como consta de una provisión despachada a la ciudad de Nájera el 4 de julio de 1250:
"De mí, Don Diego López de Haro a todos los homes que esta mi carta vieren saludes. Sabed que yo he recibido en encomienda e en mi manupuesta a todo cuanto quier a la villa de Baeza, e mando e defiendo firmemente así a los cristianos como a los moros, que ningún sea osado de les facer tuerto, ni demás ninguno a ellos e a todas sus cosas, e de guisa lo fagan, e faced que no hayan aquerellas de vos, ca aquel que contra esto ficiere avrie la mía ira, e pechar mie en coto cien mis, e a ellos el daño doblado." 
Esta provisión se encuentra en el Archivo de Baeza originalmente con su sello de cera, en el cual está figurado en una parte de él un caballero sobre un caballo, y en la otra dos lobos cebados, que eran sus armas.



SELLO DE DIEGO III LÓPEZ DE HARO


Contrajo matrimonio con Constanza de Bearne, hija del vizconde Guillermo II de Bearne y de su esposa Garsenda de Provenza. Fruto de su matrimonio nacieron cinco hijos: Lope III Díaz, heredó el señorío de Vizcaya, Diego V López, que también fue señor de Vizcaya, Urraca Díaz y Teresa Díaz. Esta última se casó con el conde Juan Núñez de Lara, a cuya descendencia llegó a pertenecer la titularidad del Señorío.

El 4 de octubre de 1254 falleció en el municipio riojano de Baños de Río Tobía al introducirse en una bañera de agua hirviendo, con el propósito de aplacar sus dolores reumáticos. Su cadáver recibió sepultura en el monasterio de Santa María la Real de Nájera.

domingo, 1 de febrero de 2015

Armada de Vizcaya, la primera flota oceánica de Castilla


Tras el Descubrimiento de América y el Tratado de Alcaçovas en 1479, las relaciones entre España y Portugal empeoraron. El rey Juan II de Portugal encargó la organización de una armada en Lisboa, ante lo cual los Reyes Católicos temieron ataques portugueses contra la segunda expedición de Colón compuesta de 17 barcos mercantes. Ante el temor de que esta flota hacia el Nuevo Mundo descubierto pudiera ser asaltada, en 7 de julio de 1493, los Católicos encargan la organización de una Armada Oceánica al bilbaíno Juan de Arbolancha para proteger la navegación castellana entre el estrecho de Gibraltar y el océano Atlántico, y disuadir a los barcos portugueses.

La armada fue conocida como Armada de Vizcaya, por formarse en Bermeo con naves y tripulaciones vizcaínas (en el sentido amplio, esto es, vascongadas). Se trataba de una fuerza muy considerable para la época, tanto por su tonelaje y armamento como por la reputada calidad de sus tripulantes y dotación de su gente de guerra.


BILBAO, SIGLO XVI


Esta armada se concibió desde el primer momento como una fuerza de ataque, para ser utilizada exclusivamente como máquina militar, formada por navíos de guerra y dirigidas por un capitán general. La misión principal de la armada era proteger la navegación comercial castellana, tanto en el estrecho como en las costas atlánticas, así como frenar a los navíos portugueses en la pugna que por el control de la ruta hacia el nuevo continente descubierto mantenían las Coronas española y portuguesa.

Congregadas las naves en Bermeo, al mando del capitán general Iñigo Artieta, se realizó el alarde de cada nave entre el 12 y el 22 de julio de 1493, al tiempo que los capitanes de la Armada juraron obedecer a Iñigo de Artieta como su general, y éste, a su vez honrar y guardar a sus capitanes y al resto de su gente. Todos ellos juraron servir a los monarcas, cumpliendo sus órdenes y defender todo aquello que se les encargara.


RÉPLICA DE UNA NAO DE FINALES DEL SIGLO XV


La tripulación la componían 870 vascongados, distribuida aproximadamente de una tercera parte por hombre de mar (marineros, maestres y contramaestres) y dos terceras partes de hombres de guerra (pajes, grumetes, artilleros, arcabuceros, trompetas). El coste de la armada fue de 5.854.900 maravedís, formada por 6 naves:

1 carraca propiedad de Iñigo de Artieta tasada en 1000 toneles, una tripulación de 300 hombres, de los que 100 eran marineros y 200 hombres de armas, que en su mayoría procedían de Lequeitio, así como de más de 100 piezas de artillería. A ellos debemos sumar el propio capitán general, Iñigo de Artieta, un piloto, un cirujano, un capellán y cuatro trompetas.

1 nao mayor capitaneada por Martín Pérez de Fagaza, estaba aforada en 405 toneles y embarcada por 200 tripulantes, 60 de ellos eran marineros y 140 de armas, además de un piloto y un cirujano. La mayoría procedían de Bilbao, Baracaldo y otros lugares de Vizcaya.

2 naos medianas capitaneadas por Juan Pérez de Loyola y Antón Pérez de Layzola, estaban evaluadas en 220 y 205 toneles y llevaban ambas 125 hombres, distribuidos en 40 marineros y 85 hombres de armas, así como un piloto y un cirujano en cada una de ellas. Procedían básicamente de la costa guipuzcoana y de la villa de Deva.

1 nao menor era propiedad de Nicolás Ibáñez de Artieta, seguramente pariente de Iñigo, mandada por Juan Martínez de Amezqueta, estaba tasada en 100 toneles y llevaba una dotación de 70 hombres, de los que 25 eran marineros y 45 hombres de armas, además de un piloto y un cirujano.

1 pequeña carabela, proporcionada por Iñigo de Artieta, mandada por Sancho López de Ugarte, para acciones de enlace, aviso y exploración, con aforo de 50 toneles y una tripulación de 30 hombres embarcados.


RÉPLICA DE UNA CARRACA DE FINALES DEL SIGLO XV


Zarparon a finales de julio de 1493 de Bermeo y en agosto ya estaban en Cádiz. Durante su estancia en las costas del sur de España, la Armada de Vizcaya protagonizó varias persecuciones en el estrecho de Gibraltar contra naves portuguesas que habían asaltado a una nao vasca. Mientras, los reyes de España y Portugal continuaban las negociaciones encaminadas a repartirse el océano y delimitar las fronteras africanas.

Además de la vigilancia y control del estrecho, su estancia la se simultaneó con otras misiones. El 3 de octubre de 1493, la Armada de Vizcaya partió de Adra (Almería) para transportar al rey Boabdil (Muhamad XII) y sus súbditos hacia África: un total de 6.320 personas. A su regreso, rindió alarde en las costas de Granada en febrero de 1494, manteniendo íntegros sus efectivos. El 23 de este mes ya se encontraba en Cádiz.

Desde esta base de operaciones la Armada vizcaína escoltó a la flota de transporte del adelantado de las islas Canarias Alonso de Lugo, encargo que no alejó las naves del área a vigilar.

En junio de 1494, la armada se encontraba en el estrecho, donde aprovechaba el paso de embarcaciones portuguesas para asaltarlas, lo que motivó la intervención de la Corona, que ordenó a las tripulaciones permanecer en Cádiz y respetar a los navíos portugueses.

Durante ese mismo mes de junio de 1494, los reinos de Portugal y Castilla aprobaban el Tratado de Tordesillas, por el cual se repartían las zonas de conquista del Nuevo Mundo mediante una línea divisoria (aproximadamente hacia el meridiano 60 en medidas actuales del Océano Atlántico).


LÍNEAS DE DEMARCACIÓN DE LOS TRATADOS
DE ALCAÇOVAS Y DE TORDESILLAS


La armada de Vizcaya había cumplido su objetivo preventivo, defender la ruta castellana a las nuevas tierras hasta que la diplomacia lograse evitar un posible enfrentamiento con el vecino monarca luso. Entonces, los Reyes Católicos acordaron licenciar a la Armada de Vizcaya y satisfacer su paga, por no ser ya necesarios sus servicios.

Sin embargo, los ataques turcos a Sicilia y Nápoles desaconsejaron tal medida y los monarcas volvieron a solicitar la colaboración de la Armada de Vizcaya.

El consejero real Fonseca volvió a contratar esta flota desde el 20 de agosto de 1494 hasta marzo del siguiente año e incrementó en 7 carabelas, cada una de ellas con 40 hombres a bordo, sumando a más de 1.250 tripulantes. Esta nueva armada capitaneada por Artieta, debía estar dispuesta par a unirse a las 20 naves que se preparaban en Sicilia. Su fin era defender a la Cristiandad del ataque del turco.

En su compañía viajaron 17 carabelas, con portes entre 35 y 95 toneladas y tripulaciones entre 40 y 50 hombres. Buena parte de las mismas eran vascas, a juzgar por los apellidos de sus maestres: Mondragón, Avendaño, Aramburu, Marquina, etc.

En la segunda flota no figuran los navíos de la Armada de Vizcaya, aunque vuelven a ser abundantes las carabelas de procedencia vasca, según los apellidos de maestres y capitanes: Amezquita, Vidavia, Larrauri, Zarauz, Astigarivia, Murueta, etc.

Una vez en la isla en septiembre, la Armada de Vizcaya se puso a las órdenes de Garcerán de Requesens, capitán general de la Armada de Sicilia, y con la cual participó en el bloqueo de Gaeta logrando que sus enemigos no pudiesen recibir provisiones por mar. Navegaba en esta ocasión Iñigo en compañía de su hermano Francisco de Artieta, preboste de la villa de Tabita de Durango.

Coetáneo al servicio de la armada de Vizcaya fue el de otros marinos vascos que actuaron en la defensa de Granada y en los proyectos para expandir el dominio castellano al norte de África.


ARMADA DE ÍÑIGO ARTIETA