viernes, 6 de febrero de 2015

Martín García Oñez de Loyola

Gobernador y adelantando del Río de la Plata y de Potosí




Natural de Azpeitia, Guipúzcoa, donde nació en 1548. Era sobrino de San Ignacio de Loyola. Con apenas 19 años siendo capitán y caballero de la Orden de Calatrava, Martín García Oñez de Loyola emprendió un viaje a Perú.

En 1572, recibió el encargo de formar parte de la tropa que debía capturar al último inca, Túpac Amaru, que se encontraba refugiado junto a sus hombres en la remota Vilcabamba. Otros virreyes y capitanes habían fracasado en esa empresa. Los españoles, por fin, consiguieron doblegar a los naturales, pero el cabecilla de aquel ejército escapó a las montañas, aunque posteriormente fue localizado por un destacamento al frente del cual iba García Oñez de Loyola, quien lo apresó y llevó a Cruzco, donde finalmente fue ajusticiado. Como recompensa el virrey le nombró corregidor en varios pueblos del Perú y le permitió casarse con una sobrina de Túpac Amaru, descendiente de Atahualpa y bautizado con el nombre de Beatriz Clara Colla. La pareja sólo tuvo una hija, Ana María Oñez de Loyola, quien residió con su madre en Concepción desde 1593. Con esa boda se emparentó con la antigua nobleza de aquella tierra. Entre el señorío de Urubamba heredado por su nueva esposa y las tierras y los bienes que le fueron concedidos por sus servicios, el matrimonio acumuló una gran fortuna, sustentada y ampliada además porque García Oñez de Loyola fue nombrado gobernador de Potosí en 1578.

En 1581 se le otorgó el cargo de gobernador y adelantando del Río de la Plata, pero postergó el inicio de esa actividad por retrasos en la aprobación eclesiástica de su matrimonio. Poco después, el rey Felipe II le confirió el mando de la difícil capitanía general de Chile y hacia allí se fue, para recalar en Santiago en 1592 después de partir del puerto de El Callao y seguir la ruta marítima marcada con anterioridad por el piloto Juan Fernández. Nombró secretario a Domingo de Eraso, sargento mayor a Miguel de Olaverría, y obispo electo de Santiago a fray Pedro de Arzuaga, todos ellos de origen vascongado.

Lo que se encontró al llegar allí fue una guerra abierta y cruenta con los araucanos. Oñez de Loyola se distinguió por su buen trato a los indios a los cuales consiguió reducir a cambio del abandono de las armas. Sentó así un importante precedente de política de negociación entre los españoles y los naturales, aplicado de manera masiva en el siglo XVII.

 
 

En 1594, fundó la ciudad de Santa Cruz en la confluencia de los ríos Bío-Bío y Laja. Sin embargo, el cese de las hostilidades no duró mucho tiempo, ya que el cacique Pelantaro se rebeló contra los españoles e inició una ofensiva a la que se unieron otros grupos de nativos de la zona. La ayuda que había solicitado Martín García llegó por fin desde Perú y el gobernador lanzó un ataque desde Angol, en 1598, con clara intención de acabar con la rebelión, dirigiéndose con una hueste de más de 300 hombres a las peligrosas ciénagas del Mumaco, lugar en el que los araucanos se habían hecho fuertes. Confiado en su potencial militar cometió el fatal error de descuidar la vigilancia intensiva y en el amanecer del 24 de diciembre los indios se abalanzaron sobre los españoles que pernoctaban en Curalaba, cuyo significado en lengua mapuche es el de "Piedra Partida". Mataron a casi todos, incluido el propio Oñez de Loyola, cuya cabeza, separada del cuerpo, fue paseada en una pica. Posteriormente su cráneo fue utilizado como recipiente ceremonial.