lunes, 15 de octubre de 2018

Pintura y escultura religiosa de Francisco Javier


El Museo del Castillo de Javier presenta varias colecciones de obras de arte dedicadas al santo Francisco Javier, principalmente de pintura y escultura. Destaca la colección de óleos sobre lienzo que Godofredo Maes realizó en la ciudad de Amberes en 1622. También es meritoria la serie de óleos del siglo XVIII, restauradas por la Fundación Fuentes-Dutor en 2005.

Existen varias obras pictóricas del siglo XIX realizadas en seda en Japón, así como estatuillas dedicadas a las predicaciones del santo navarro en el país niponés. También se conservan diversas estatuillas policromadas.

CONFESIÓN Y PENITENCIA POR UN PORTUGUÉS, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)

VIAJE A KIOTO EN EL SÉQUITO DEL NOBLE RYOKEI, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)

MILAGRO DEL CRUCIFIJO DEL CANGREJO, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)

PREDICACIÓN DE SAN FRANCISCO, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)

MARTIRES DE MANAR, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)

HUIDA DEL EJÉRCITO BAGADA, POR GODOFREDO MAES, ÓLEO SOBRE LIENZO (1692)


MUERTE DE SAN FRANCISCO JAVIER, POR G. HOMBRADO OÑATIVIA, ÓLEO SOBRE TABLA (SIGLO XX)

MUERTE DE SAN FRANCISCO JAVIER, ÓLEO SOBRE LIENZO (SIGLO XVIII)

 FRANCISCO JAVIER, ÓLEO SOBRE LIENZO (SIGLO XVII)

FRANCISCO JAVIER, ÓLEO SOBRE LIENZO

FRANCISCO JAVIER, ÓLEO SOBRE LIENZO


APOTEOSIS DE SAN IGNACIO, ÓLEO SOBRE LIENZO (SIGLO XVIII)


GLORIA DE SAN LUIS GONZAGA Y ESTANISLAO DE KOSTKA, ÓLEO SOBRE LIENZO (SIGLO XVIII)


FRANCISCO JAVIER, ÓLEO SOBRE LIENZO

SAN FRANCISCO JAVIER EVANGELIZANDO A LOS PESCADORES, JAPÓN (SIGLO XIX)

SAN FRANCISCO JAVIER EVANGELIZANDO AL PUEBLO, JAPÓN (SIGLO XIX)

SAN FRANCISCO JAVIER NAVEGANDO EN JAPÓN, JAPÓN (SIGLO XIX)

ESTANDARTE DE SAN FRANCISCO JAVIER, SEDA PINTADA, JAPÓN (SIGLO XIX)

SAN FRANCISCO JAVIER, MADERA POLICROMADA (1622)

SAN FRANCISCO JAVIER, MADERA POLICROMADA (SIGLO XVII)


SAN FRANCISCO JAVIER, MADERA POLICROMADA (SIGLO XVIII)

ESTATUILLAS JAPONESAS EN EL MUSEO DEL CASTILLO DE JAVIER


CASTILLO DE JAVIER, POR JUAN DE VELASCO, ACUARELA SOBRE SOBRE PAPEL (SIGLO XIX)


CASTILLO DE JAVIER, POR JUAN DE VELASCO, ACUARELA SOBRE SOBRE PAPEL (SIGLO XIX)

sábado, 6 de octubre de 2018

José de Leyzaur y Aguirre


Capitán de navío de de la segunda mitad del siglo XVIII

NAVÍO ORIENTE


Nacido en San Sebastián en 1740, José de Leyzaur y Aguirre provenía de una familia notable, ya que su padre Agustín de Leyzaur y Laya fue regidor de esta ciudad, y su abuelo paterno José Antonio de Leyzaur fue caballero de la Orden de Santiago.

A los catorce años de edad sentó plaza de guardia marina en el Departamento marítimo de Cádiz, en octubre de 1754. Fue ascendido a alférez de fragata en 1760, a alférez de navío en 1766, y a teniente de fragata al año siguiente. El año de 1770, con el chambequín Andaluz, se halló en el reconocimiento de las costas desde el río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes, y con el mismo buque a desalojar a los corsarios ingleses de la isla Flamkanc. En 1772, fue promovido a teniente de navío.

Embarcado en la fragata Dorotea, tomó parte del Socorro de Melilla. Esta ciudad fue sitiada por el ejército del Sultanato de Marruecos, comandado por el sultán Mohammed ben Abdallah y respaldado por británicos y mercenarios argelinos, contra la fortaleza que defendió una pequeña guarnición bajo el mando del gobernador Juan Sherlock desde diciembre de 1774 hasta marzo de 1775.

En 1775, asistió a la Expedición contra Argel en el navío Velasco. Formaba parte de la escuadra del teniente general Pedro González de Castejón y Salazar, que zarpó de Cartagena el 23 de junio compuesta de 6 navíos, entre ellos el Velasco, 12 fragatas, 5 urcas, 9 jabeques, 3 paquebotes, 4 bombardas, 7 galeotas y 230 transportes y arribó el 30 de junio frente a Argel, donde desembarcaron las tropas el 8 de julio. La expedición fue un desastre, y la expedición regresó al día siguiente con la pérdida de 5.000 hombres de un total de 18.400 efectivos desembarcados.

PLANO DE ARGEL PARA LA INVASIÓN DE 1775


En 1779, fue ascendido a capitán de fragata, y graduado de capitán de navío, en 1782, y efectivo al año siguiente. El año de 1787, fue clasificado de buena conducta, celoso en el servicio y de buen desempeño en maniobras y pilotaje, y buen carácter.

En 1790, al mando del navío Oriente en la Escuadra de observación del marqués del Socorro, coincidió con el capitán general de la Armada, el alavés Ignacio María de Álava y Sáenz de Navarrete.

Por el mal estado de su salud, solicitó su retiro del servicio en 1803, y falleció en 1807, a los sesenta y siete años de edad y cincuenta de buenos servicios.

Al final de su carrera militar al servicio de la Real Armada española, navegó de subalterno y de mando por los mares de Europa y América, en distinta clase de buques, durante cuatro décadas.

lunes, 1 de octubre de 2018

Vascos en la fundación del Reino de Castilla


Castilla se fundó en el siglo IX como una suerte de pequeños condados fronterizos defendidos por innumerables castillos de las que toma el nombre frente a los asedios de los musulmanes de Córdoba y los muladíes de Muhammad ben Lope, nieto de Muza, el llamado "Tercer Rey de España". Las fortificaciones castellanas sustentaban la primigenia personalidad de unos pobladores cántabros y vascones que se extienden desde el año 800 entre las tierras ribereñas del Ebro y el Duero.

De estos castillos provino el término castellanos (natural de los castillos), y de ahí Castilla. El propio término Castilla es un neologismo utilizado para denominar la región anteriormente conocida como Vardulia. Según las crónicas medievales: "la Vardulia que ahora llamamos Castilla" (Vardulies qui nunc vocitatur Castellae).


El origen de Castilla tiene un esencial componente vasco. El historiador medievalista del siglo XX y presidente de la República en el exilio, Claudio Sánchez Albornozen su tesis España, un enigma histórico, aseguró que el pueblo castellano nació de la matriz vasco-cantábrica, unida a la raíz goda. Lo resumía así:
"En ellas (las tierras ganadas a los moros en las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica) se establecieron numerosas masas de vascos, junto al conglomerado étnico que presidían los cántabros y juntos a los refugiados visigodos. Esta mezcla explosiva iba a tener decisivas proyecciones históricas en el acuñarse del pueblo castellano." 
"No es necesario acudir a la hipérbole para desatacar las consecuencias de la generación de Castilla por la cópula del complejo racial que presidían los cántabros con los refugiados godos y con los colonizadores vascones."
Concluyendo que:
"Castilla y los castellanos fueron el fruto de la simbiosis racial y cultural de lo cántabro, lo vasco y lo godo."

No fue el primero en lanzar la idea de la acción vasconizante castellana. Otro gran historiador del Medievo, Menéndez Pidalen su estudio Castilla, la tradición, el idioma, defendió ya la teoría de que Castilla había metido una cuña vasca en Hispania:
"Castilla nace sobre antigua población de cántabros, várdulos, autrigones y otros pueblos los más tarde romanizados en la península y con menos intensidad."

Finalmente, el historiador Vicens Vives, en su Aproximación a la historia de España:
"He aquí un momento trascendental en el porvenir peninsular. Aparece ahora realmente Castilla en la historia. El pueblo castellano (de sangre vasca y cántabra) se configura en una sociedad abierta, dinámica y arriesgada como lo es toda estructura social en una frontera que avanza."

VILLAS DE LA CASTILLA PRIMIGENIA

El origen de Castilla fue el resultado de una línea defensiva en torno al desfiladero de Pancorbo (territorio cántabro-várdulo-autrigón y paso natural de las actuales provincias de Álava y Burgos) y otras zonas vulnerables al este de la cordillera Cantábrica. Ésta era una marca fronteriza formada por castillos construidos a mediados del siglo VIII durante el reinado leonés de Alfonso I el Católico y su hijo Fruela. Las cartas pueblas y las delegaciones regias permitieron potestad a los asentamientos de aquellos colonizadores cántabro-vascos.

Alfonso I convirtió la región vasco-cántabra en un recinto fortificado por una línea escalonada de castillos, que sirviese de muro contra las invasiones sarracenas. Según el historiador Valparda, en su Historia Crítica de Vizcaya, estos castillos, de los cuales quedan todavía restos, son los siguientes:
"Cerrando el acceso de los sarracenos a Álava, a la Merindad de Castilla la Vieja, y a Orduña y a Vizcaya, hallamos aun ahora por el Ebro superior y el río Omecillo, restos de los castillos de Valpuesta (Burgos), Valderejo (Álava), Puentelarra (Álava), Fontecha (Álava), Lantarrón (Burgos), junto a Sobrón (Álava), Alcedo (Álava), Villamaderne (Álava) y Bellogín (Álava). Por el río de Bayas e Izarra se halla cerrada la entrada por Rivabellosa (Álava), Subijana (Álava) y Morillas (Álava), y resguardada la margen izquierda del Ebro por Portilla (Álava), Ocio (Álava) y Zambrana (Álava), con una segunda línea por Zaldiarán y Picozorrotz o Montes de Vitoria (Álava); y más al Este, por las asperezas y riscos de la Sierra de Cantabria (Álava), guarnecidas por los castillos de Herrera de Toro (Álava), Labastida (Álava), con su castillo Tullonio, San Vicente de la Sonsierra (Rioja), Peñacerrada (Álava), Samaniego (Álava) y La Guardia (Álava); continuando en la línea de Navarra las fortificaciones de Bernedo (Álava), Marañón (Navarra Degiense), Cabredo (Navarra Degiense), Genevilla (Navarra Degiense), Santa Cruz de Campezo (Álava), Malpico, Peña Costalera, Arlucea (Álava), Marquínez (Álava), Corres (Álava), Antoñana (Álava), etc. 
Esta línea defensiva de fortalezas era poco más o menos la que correspondía a la organización de Alfonso I. Pronto, sin embargo, se ocupó el valle de Miranda (Burgos), cerrando sus dos entradas con los castillos de Pancorbo (Burgos) y por Conchas de Haro (entre Álava y Rioja), con los de Cellorigo (Rioja), Bilibio (Álava) y Burandón (Rioja)." 

En realidad, la primera Castilla fue la línea de castillos organizados por Alfonso I alrededor del territorio vasco-cántabro que no había sido ocupado por invasores islámicos. Los árabes designaron esta región con el nombre de Al Kilé (Los Castillos), plural de kalat (castillo).

Según se iba ensanchando el territorio conquistado a los sarracenos, se construían para su defensa nuevas líneas de castillos, y se iba cambiando la significación de la palabra Castilla. Sin embargo, el nombre de Castilla no se aplicó entre los cristianos a la primera Castilla del rey astur Alfonso I, ni tampoco durante la segunda Castilla, formada por los territorios vascos de Bureba y Villarcayo.

SEGUNDA FASE POBLACIONAL DE CASTILLA

Fue durante la extensión de la ocupación de los cristianos hasta Amaya y Burgos cuando se fundó la tercera línea defensiva de castillos, y se comenzó a llamar Castilla la Vieja a la segunda Castilla de la Bureba y Villarcayo, que hasta entonces se designaba con el nombre de Vardulia. Así lo explican las Crónicas de Alfons IIIdonde consigna que Alfonso I pobló, a continuación de Sopuerta y Carranza, "la Vardulia, que ahora se llama Castilla" (Bardulies, quae nunc appellatur Castella). En efecto, ya que durante el reinado de Alfonso III, se organizó la ocupación de la tercera Castilla, porque el conde Rodrigo, por orden del rey Ordoño I, antecesor de Alfonso III, había poblado Amaya el año 860, como lo explica la Crónica Burgense. También fue poblada Santander (llamada Asturias de Santillana), según la Crónica de Sampiro, obispo de Astorga.

A esta tercera Castilla hace alusión el Poema de Fernán González, cuando dice:
"Entonces era Castilla un pequeño rincón:
era de castellanos Montes d´Oca mojón,
e de la otra parte  Hituero en fondón."

Desde que Alfonso I fundó la primera Castilla en el territorio de la primitiva Vardulia y Borovia, pasó más de un siglo hasta la formación total de la segunda Castilla; porque Alfonso I reinó desde 739 hasta 757, y Amaya y Burgos, ciudades situadas fuera del territorio de Vardulia y Autrigonia, no fueron poblados hasta los años 860 y 884.

La repoblación de Castilla data desde el siglo VIII, registrado en los Anales Complutenses que ya el año 784, reinando Mauregato en Asturias, partió de las montañas de Malacouría una expedición para emigrar a Castilla. Sin concretar la ubicación de las montañas de Malacouría, existen otros topónimos con la misma raíz eusquérica (Málax, Mallavia, Málazaga, etc.) y la misma terminación (Goicouría, Ellacouría, etc.).

TORRE MEDIEVAL DE LOS VELASCO EN LEZANA DE MENA

El carácter predominantemente vasco que tuvo la Castilla primitiva se revela en la facilidad con que las crónicas la confunden con Álava. Por ejemplo, la Crónica Albendensecuya primera parte se escribió en tiempo de Alfonso III, dice acerca de este rey, contemporáneo suyo, que, huyendo de Fruela, conde de Galicia usurpador de su trono, se refugió en Castilla:
"Este (Alfonso III en la primera flor de su adolescencia y en el primer año de su reinado, cuando tenía dieciocho años, es privado de su reino tiránicamente por el apóstata Fruela, Conde de Galicia; y el Rey mismo se refugió en Castilla, y no mucho tiempo después, habiendo sido muerto en Oviedo el tirano e infausto Rey Fruela por los fieles a nuestro Príncipe, el glorioso niño vuelve de Castilla,…" 
(... Rege a fidelibus nostro Principis O veto interfecto, idem gloriosus puer ex Castella revertitur, ...)

Lo mismo dice la Crónica Lusitano:
"Se refugió en Castella… volvió de Castilla."  
(Castellam se contulit... ex Castella revertitur.)

Pero en cambio, la Crónica de Sampiro y la Crónica Silense exponen que donde se refugió fue en Álava:
"Al comienzo de su reinado, cuando tenía catorce años, cierto hijo de perdición, Fruela Bermúdez, de las partes de Galicia vino a apoderarse del Reino que no le era debido. Oyendo esto el Rey Alfonso se retiró a las partes de los Alaveses,..."  
(Rex vero Adefonsus hec audiens secessit in partes Alavensium,...)

Y lo mismo repitió el monje de Silos en su Crónica Silense.

Para los historiadores cristianos, Castilla la Vieja y Álava eran territorios muy parecidos, lo mismo que para los historiadores árabes.

El carácter vasco del territorio conocido como Vardulia también aparece en la Crónica de Alfonso III, quien escribió que:
"Después de la muerte de Alfonso (el Casto), fue elegido para ocupar el trono Ramiro, hijo del príncipe Bermudo (I); pero en aquel tiempo estaña ausente en la provincia varduliense, para tomar mujer" 
(Post Adefonsi discessum Ranimirus, filius Veremundi principis, electus est in regum; sed tunc temporis absens erat barduliensem provinciam ad accipiendam uxorem).

Luego cuenta Alfonso III que un tal Nepociano le usurpó la corona en Oviedo, mientras él estaba en Vardulia; pero habiendo sido abandonado el usurpador por las tropas de los asturianos y vascones (Auturiensium et Vasconum), fue derrotado junto al río Narcea, capturado, cegado y encerrado en un monasterio. La Crónica Silense explica:
"Ramiro, siendo ya de adulta edad, como se trasladase para tomar mujer a la Vardulia (que ahora se llama Castilla),…" 
(Ramirus, adulta jam aetate, quum Bardulies (quae nunc Castella vocatur) ad accipiendam uxorem accederet, ...)

ALFONSO III EL MAGNO, REY DE VASCONES

Ahora bien, Ramiro sucedió en el trono leonés a Alfonso I el Casto, hijo de la vasca Munia, cuyos parientes le ofrecieron refugio en Álava; era él, a su vez, hijo de doña Usenda Nunilona, de claro origen vasco, y se casó en Vardulia con doña Urraca, que delata también por muchos indicios su origen vasco.

El nombre de su madre Usenda Nunilona delataba origen navarro, "por el culto grande que tenían allí las Santas Nunilona y Alodia" según el historiador Flórez en sus Memorias de las Reynas Católicas. Además del carácter enteramente vasco de sus dos hijos, Ramiro y García.

El nombre de García, desconocido hasta entonces fuera de Vasconia, es de origen ibérico y vasco, aunque luego se difundió por toda España. Es uno de los nombres vascos derivados de los animales característicos. Así como los latinos derivaron de "ursus" (oso) los nombres de Urso, Ursula, Ursino, Ursacio, etc.; de "columba" (paloma), derivó Columbano, Columba, etc.; de "lupus" (lobo), Lupo, en castellano Lope y López; de "corvus" (cuervo), Corvino. Así también derivaron del nombre vasco "bela" (cuervo) los nombres de Vela, Velasco, Vélez, Velázquez, etc.; de "ochoa" (lobo), derivó en ochoa, Ochóiz, etc.; de "usoa" derivó en Usoa y Usenda; de "artza" (oso) de formaron los nombres de Arsa, Arsenio, Garsea, Garsia y, por fin, García, el más conocido.

Menéndez Pidal en su obra El idioma español en sus primeros tiempos (1927) explica que la "princesa de la casa real de Pamplona, llamada Jimena, con la cual parece que se introduce este nombre en León", por haberse casado con ella Alfonso III el Magno, añade:
"Uno de los hijos de esta reina se llamó García, nombre vasco que debe haber entrado también en el Occidente por influencia navarra, así como el de Sancho, que igualmente ahora empieza a sonar en León (reinado de Alfonso III) y, aunque no es vasco, parece especialmente usado en la casa real de Pamplona."
En tiempos de Ramiro I, familias distinguidas como las que daban reinas a Oviedo, usaban nombre vasco. Este mismo rey leonés, siguiendo las tendencias vasconizantes de su dinastía, marchó a Vardulia y regresó con otra princesa de nombre vasco Urraca. Según Risco en España Sagrada:
"Vivió en Oviedo muchos años la Reyna Doña Urraca, con quien Don Ramiro se casó en Vardulia, que es Castella."
El nombre de la reina Urraca se extendería por los reinos de León, Castilla y Aragón; su significado es "Áurea", es decir, "Dorada" o "De Oro", debido a la devoción que se profesó en la España de aquel tiempo a Santa Áurea, llamada también Santa Oria. Dada la costumbre que tenían los vascos de traducir los nombres del castellano al vascuence, hicieron lo mismo con el nombre de Áurea, y en su lugar pusieron Urrica debido a que en vascuence "oro" se dice "urría". Como ejemplo está el nombre de Mari Urrica, conocida como la dama de Amboto, protagonista de una leyenda vasca.

Todos estos son ejemplos que reflejan la influencia vasca sobre la primitiva Castilla y las relaciones de esta entidad con Vasconia. Fue un hecho que esa gloriosa región, capitana de España en la Reconquista, nació no sólo en territorio cántabro, sino además en territorio vasco y con el nombre de Vardulio, como una prolongación del pueblo indígena celta de los várdulos.

ESCUDO DEL REINO DE CASTILLA

Durante el siglo IX el Condado de Castilla se limitó a cumplir con la misión encomendada: servir de muro de contención frente a los ataques musulmanes y hogar de infanzones, agricultores y ganaderos; pero ya habían descendido hasta la línea del río Duero.

En el siglo X, surgió con firmeza la idiosincrasia castellana encarnada en la figura de sus condes gobernantes. Castilla es mucho más que una tierra de nadie satélite del Reino de León. Los vascones provenientes de los territorios de Álava y Guipúzcoa fueron una parte importante de los guerreros castellanos que en este siglo consiguieron establecer un primer impulso político y militar, primero en la independencia con respecto al Reino de León, y después en la expansión territorial por la meseta.

En 920, tras la derrota cristiana de Valdejunquera, los nobles castellanos fueron acusados de no acudir en auxilio de las tropas navarras y leonesas y algunos condes fueron recluidos por ello. En 930, Fernán González, el hombre más respetado de la nobleza castellana, comenzó a reivindicar los particularismos de Castilla. Nueve años más tarde, tras la batalla de Simancas, exigió la independencia total de León. Fueron los primeros pasos de una andadura llamada Castilla.


Las discrepancias entre Ramiro II y Fernán González alcanzaron su punto álgido en 943 cuando el castellano se rebeló ante el leonés. El hecho supuso la detención y encarcelamiento del conde durante un tiempo.

Finalmente, la presión agobiante ejercida por las tropas de Al-Ándalus sobre la frontera, hicieron que Ramiro II reconsiderara su actitud, liberando al noble para que le ayudara con su tropa en los asuntos bélicos librados por el reino frente a los musulmanes.

ESCULTURA DE FERNÁN GONZÁLEZ EN EL ARCO DE SANTA MARÍA DE BURGOS


En 960, Castilla consiguió una autonomía que la desvinculó prácticamente del Reino de León, salvo el homenaje y reconocimiento de los nobles castellanos hacia la Corte leonesa.

Los documentos de esta época aseguran la autoridad de Fernán González en extensas zonas del territorio vasco, aparte de aparecer en numerosos documentos con el título de conde de Castilla, Nájera y Álava (en la que probablemente estuviesen comprendidos los territorios de la actual Guipúzcoa). Los Vela y Herraméliz de Álava debieron perder, se supone, la hegemonía de sus zonas.

También repobló muchas zonas de las actuales Castilla y León y La Rioja con vascos, además de sustituir el derecho consuetudinario visigodo por el Fuero. La práctica totalidad de villas vascas serían más tarde fundadas por este reino pujante al cual migraban ingentes cantidades de siervos cristianos al calor del fuero de hombres libres. Lo cual propició su rápida potencia militar.

Las buenas relaciones entre el conde de Castilla y el rey de Pamplona fueron realmente buenas, hasta el punto que Fernán González casó con alguna hermana del navarro. Pero Navarra no supo aplicar el Fuero que tan excelentes réditos daría al reino cántabro-vasco de Castilla, debido a su dependencia del reino franco.

Fernán González implantó la sucesión nobiliaria, a su muerte en 970, por su hijo García Fernández. El primer rey de Castilla se encargó de ampliar los territorios obtenidos por su padre, aunque chocó con el genio militar de Almanzor quien propinó duras derrotas por toda la península a los diferentes reinos cristianos. García Fernández sufrió además una tremenda conspiración familiar cuando su mujer e hijo se confabularon con el dictador andalusí para derrocarle. Murió en Medinaceli en 995 a consecuencia de unas heridas de guerra. Con Fernán González y su hijo García Fernández quedan trazados los caminos por los que discurrirá el futuro de Castilla.

EXPANSIÓN TERRITORIAL DE CASTILLA EN EL SIGLO X

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Blas de Lezo en la Armada del Mar del Sur (1715-1730)


Terminada la Guerra de Sucesión española, Blas de Lezo recibió el mando del buque insignia Lanfranco, también llamado León Franco y Nuestra Señora del Carmen, en 1715. Un año después, en diciembre de 1716, partió desde Cádiz hacia Cuba en dicho navío, escoltando a la flota de galeones del general Fernando Chacón Medina y Salazar, destinada a recoger la plata y a auxiliar a los galeones de Ubilla y Echevers perdidos en el canal de Bahama el año anterior. En Veracruz, pudo desembarcar el nuevo virrey de Nueva España, Baltasar de Zúñiga y Guzmán, y descargar el azogue y otros materiales.

Allí tomó parte de la Armada de la Mar del Sur, en aquellos momentos formada por una flota hispano-gala compuesta de cuatro navíos de guerra españoles (Lanfranco, Conquistador, Triunfante y Príncipe de Asturias) más una fragata (Peregrina), y dos navíos de línea franceses. Estaban dirigidos por Bartolomé de Urdizu y Arbelaez como jefe de escuadra y por Jean Nicol Martinet, de origen francés al servicio de la Monarquía española.

El objetivo era limpiar las costas de barcos piratas y erradicar el contrabando en el Virreinato del Perú para proteger la economía española. Para ello tenían que recorrer la costa sur atlántica de América y atravesar el cabo de Hornos, hecho que solo consiguieron el Príncipe de Asturias y el Triunfante, debido a un tremendo temporal. La Pelegrina y el Lanfranco de Blas de Lezo no lo consiguieron y repostaron en Buenos Aires todo el invierno. En enero de 1718, siendo verano austral, consiguió cruzar la Pelegrina, llegando al puerto de Callao dos meses después.



RETRATO DE BLAS DE LEZO


En ese tiempo los navíos de Marinet lograron capturar seis fragatas de corsarios franceses, que incorporaron a la Armada de la Mar del Sur, entrando los ocho barcos en Callao en septiembre de 1717. Algo parecido hizo el Lanfranco cuando, tras regresar a Rio de la Plata después de su segundo intento, a la altura de Montevideo encontró un navío y una fragata franceses a los que capturó (Danicant y San Francisco). Urbizu ordenó abandonar el Lanfranco para ser desguazado en Buenos Aires y con las dos nuevas embarcaciones pudo llegar al Callao en 1720.

Cuando Urbizu y Lezo llegaron al puerto de Callao, Marinet estaba de regreso a España por orden del virrey Santo Bueno. Como estaba previamente acordado con Felipe V, el marino francés entregó sus dos navíos en el puerto de Pasajes, integrándose a la nueva Armada Real como Rubí y Conquistador.

Desde 1720, Blas de Lezo ejerció como segundo jefe de la Armada de la Mar del Sur. El primer enfrentamiento que tuvo fue contra dos barcos ingleses: Success y Speed Well, ambos de 70 cañones de artillería, al mando del corsario John Clipperton. Los piratas fueron reducidos y ejecutados en aguas asiáticas tras una larga huida.



GRABADO DE LIMA, CAPITAL DEL VIRREINATO DEL PERÚ, SIGLO XVIII


Como consecuencia de los éxitos que estaba consiguiendo en las costas peruanas, Blas de Lezo fue ascendido a general de la Armada del Mar del Sur, en febrero de 1723, en sustitución de Urbizu. Su labor fue todavía mayor al tomar el mando de la armada consiguiendo limpiar las costas del Pacífico desde Panamá hasta Chile de piratas e ir nutriendo a la Armada de navíos.

El primer cometido que tuvo como jefe de la Escuadra del Sur fue hacerla más operativa, para ello necesitaba tres o cuatro navíos de guerra pero pocos fueron los medios con los que contó. Mando desguazar la fragata Peregrina por el lamentable estado en el que se encontraba, pero hizo construir dos nuevos barcos por parte de los comerciantes peruanos en pago por lo que adeudaban a la corona.

Con una escuadrilla de tres navíos, Blas de Lezo se dispuso a recorrer las costas del sur del Pacífico. Pronto se encontró con cinco navíos holandeses mejor artillados. Ante la imposibilidad de abordarlos, ordenó concentrar el fuego contra la mayor embarcación enemiga, el Vlissingen. Tal fue el castigo que lo desarbolan, capturan y ponen en huida al resto.

Durante este periodo realizó numerosas salidas en las que mantuvo combates, limpiando las aguas de Chile y Perú, de corsarios enemigos. Mediante capturas a corsarios enemigos, Lezo estaba consiguiendo formar una armada más que suficiente para proteger las costas peruanas. Los navíos de guerra capturados ya sumaban seis, que transportaban una carga con valor de 3.000.000 de pesos, siendo agregados tres de ellos a la Armada Real.

El nuevo virrey Catelfuerte, en sustitución de Santo Buono, hizo desguazar estas presas y exigía nombrar a los comandantes de los navíos, para colocar a amigos y familiares, así como controlar su tripulación y hacienda. Esta situación provocó el enfrentamiento con Lezo, quien alegaba que era el general por designio de José Patiño, ministro de Marina, y del rey, y que solo a ellos debía obediencia en lo referente a la Armada de la Mar del Sur. Fue este el primer enfrentamiento directo que tuvo con un virrey, el cual decidió dejar de mantener la Armada con sus fondos. Esto irritó tanto a Blas de Lezo que solicitó el traslado a la España peninsular.

Patiño y Felipe V, conocedores del enfrentamiento con el virrey, accedieron a su petición. La renuncia del cargo fue aceptada en febrero de 1728, pero no llegó a Cádiz hasta agosto de 1730, ya que no conseguía el dinero para el pasaje de toda su familia.

Sabedor de la necesidad de gente de su valía en la Armada, el ministro Patiño, nombraba jefe de la Escuadra del Mediterráneo a Blas de Lezo, a sus ya 39 años.



ESTATUA A BLAS DE LEZO EN MADRID

jueves, 20 de septiembre de 2018

José Joaquín de Viana y Sáenz


Mariscal de campo del Real Ejército español y gobernador de Montevideo en dos periodos: de 1751 a 1764 y de 1771 a 1773


JOSÉ JOAQUÍN DE VIANA


José Joaquín de Viana y Sáenz de Villaverde era natural de Lagrá, donde nació en 1718. Pertenecía a una poderosa familia nobiliaria de esta villa alavesa del partido judicial de La Guardia. En ella, su padre, abuelos y bisabuelos habían sido alcaldes y regidores. 

Inició su carrera militar en 1735 y por su distinguida carrera militar, alcanzó el grado de coronel en plena juventud. Combatió en Italia durante la Guerra de Sucesión Austríaca (1740-1748), sobresaliendo en las campañas de Saboya y Piamonte, alcanzando el grado de coronel y luego el de mariscal de campo de los Reales Ejércitos y sobre eso ganó la distinción de caballero de la Orden de Calatrava.

En 1749, la Capitanía general del Río de la Plata aún formaba parte del Virreinato del Perú, año el que el rey Fernando VI creó la gobernación de Montevideo, treinta y tres años desde su fundación. 


ESCUDO DE ARMAS DE LOS VIANA DE LAGRÁN TALLADO EN PIEDRA
UBICADO EN EL MUSEO LARRETA 


Tras regresar de aquella guerra, en 1750, Viana fue nombrado primer gobernador de Montevideo, por haber demostrado pruebas de mérito y talento. Una año más tarde, tomó posesión del cargo y su primera acción importante fue sofocar una sublevación de los indios charrúas, que fueron derrotados en la batalla del Tacuarí.

La Corona prohibía todo comercio entre Montevideo con otros pueblos del exterior, y los oficiales españoles encargados de la plaza, acaparaban los mejores negocios y tierras. Eran tiempos en que la Corona vivía la pesadilla del contrabando. Fuera, los colonos vivían aterrorizados por los ataques de los bandoleros salidos de la Colonia de Sacramento, fundada por los portugueses en 1680 en territorio oriental, con miras a extender su dominio a las posesiones españolas. Además, eran frecuentes los asaltos de los indios charrúas y minuanes no reducidos.

El nombramiento de Viana tuvo lugar en el transcurso de las circunstancias políticas determinadas en el Río de la Plata por la firma del Tratado de Madrid (o de Permuta), en 1750, entre Fernando Vi de España y Juan V de Portugal. En este tratado de intercambio, el gobierno español cedía a Portugal las misiones jesuíticas del Alto Uruguay, a cambio de la entrega de la Colonia del Sacramento. Este hecho se enmarca en la política pacifista del segundo de los Borbones españoles, que intentó establecer relaciones diplomáticas con la Monarquía portuguesa para terminar con las disputas fronterizas que se mantenían en varios puntos de América, en especial en el Río de la Plata. Es en ese sentido que también debe comprenderse el matrimonio del rey español con la princesa portuguesa Bárbara de Braganza. 

En cumplimiento de lo que el tratado citado estipulaba, ya en enero de 1752 comenzaron los trabajos de demarcación de la nueva línea de frontera entre los dos imperios. Sin embargo, al llegar a las misiones jesuíticas, estos se detuvieron por la resistencia de los indígenas, que no querían pasar a manos portuguesas, sospechando, con claro fundamento, que se convertirían en esclavos de los hacendados portugueses, necesitados de mano de obra para el trabajo agrícola en el Brasil.

Esta resistencia dio origen a un conflicto que abarcó entre 1754 y 1756, denominado Guerra Guaranítica, en la que españoles y portugueses juntos hubieron de hacer frente a los indígenas sublevados, más de una vez acaudillados por los propios jesuitas. Esta cuestión fue tratada con bastante rigor histórico en la película La misión, rodada por Roland Jofeé en 1986.


IMAGEN DE LA PELÍCULA LA MISIÓN, POR ROLAND JOFEÉ


Liderados por el cacique Sepé, los indígenas fueron derrotados en las batallas del Daymán, en 1754, y de Batoví, en 1756. En el último de estos encuentros, José Joaquín de Viana personalmente dio muerte a tiros al caudillo indio.

Al regreso de esta campaña, en 1757, Viana fundó las ciudades de Salto y San Fernando de Maldonado, en homenaje al rey Fernando VI.

En el marco de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), Viana combatió en las operaciones militares en el Río de la Plata dirigidas por Pedro de Ceballos.

Cuatro años después de llegar a Montevideo, en 1775, el gobernador se casó con una mujer de origen vasco de alta alcurnia como él, María Francisca de Alzáybarconocida en la época como la Mariscala, por ser esposa del mariscal Viana. Era hija de Juan de Alzáybar, uno de los primeros colonizadores, y sobrina de Francisco de Alzáybar, caballero de Santiago. Este vascongado era el hombre más rico de la región y tuvo a su cargo el primer grupo de familias designadas por la Corona para poblar la Banda Oriental.

Viana impulsó la edificación de Montevideo, permitiendo que se construyera con piedra que antes sólo se destinaba para la fortificación. Gracias a él la ciudad vivió tiempos de seguridad y progreso y en breve triplicó su población de 939 a 2.089 habitantes. Al mismo tiempo, el gobernador fundaba poblaciones y levantaba fortalezas en lugares estratégicos, cosa indispensable entonces para asegurar la tranquilidad de los vecinos.


CASA VACACIONAL DEL GOBERNADOR VIANA


En 1764, Viana fue sustituido por Agustín de la Rosa, segundo gobernador. Debido a su enfrentamiento con el cabildo, en 1771, fue cesado por la asamblea de criollos, solicitando a Viana la restitución del cargo nuevamente en la gobernación de MontevideoDurante su segundo período, Viana dictó una serie de medidas administrativas para reprimir el contrabando. De ese modo continuó hasta 1773, cuando renunció al cargo, sustituyéndole Joaquín del Pino.

Tras redactar testamento, Viana murió en 1773.


RECREACIÓN DIGITAL DE LA CIUDADELA DE MONTEVIDEO