22/01/2022

Acceso de los vascos a la economía del Imperio español en América


Desde la llegada de los primeros colonizadores españoles al continente de América a finales del siglo XV, empezaron a forjarse las primeras élites vascas. Se dedicaron a la administración y gobierno, a las milicias, al sector mercantil y minero, e incluso combinando varias de estas actividades.

Se especializaron en la administración de la hacienda indiana, como oficiales reales en los tribunales de cuentas, pero fue en el campo del comercio y la navegación donde los vascos fueron tomando posiciones, hasta llegar a constituir el grupo más poderoso de españoles a ambos lados del Atlántico. Después de Andalucía, las regiones vascas fueron las más beneficiadas de la empresa colonizadora en toda España.

Entre 1493 y 1508, un 6% del contingente de europeos que viajaron a América, fueron vascos, porcentaje que descendió en la década siguiente. Durante las dos primeras décadas del siglo XVI, el destino preferido de los guipuzcoanos fue Puerto Rico, mientras que el de los vizcaínos fueron Cuba y Santo Domingo.

Durante el período de 1493-1519, los vascos que acudían como criados solo representaron un 4,2%, en cambio los vascos que eran pilotos, maestros y capitanes de buque alcanzan un 6,8%, es decir, la segunda región española tras los andaluces. Este porcentaje aumentó hasta el 13% cuando se trataba de marineros, grumetes y calafetes, y de un 18% en los que se refiere a mercaderes, profesión por excelencia de los vascos en América.

SEVILLA, SIGLO XVI

Una de las causas de este auge fue el hecho de que desde el inicio del descubrimiento de América, varias colonias de vascos ya estaban establecidas en Sevilla y en el Atlántico andaluz.

La Española era una base de expediciones de toda clase. Por esta isla pasaron muchos vascos que después aparecieron en las empresas continentales. Tenían intereses en esta isla Juan de Lacosa, Lope de Olano, Juan Martínez de Zamudio, Pedro de Arbolancha, etc., instalados desde el 1502.

Otros vascos afincados en la isla, a comienzos de siglo fueron el licenciado Alonso de Zuazo, Diego de Leguizamón, Matías Ortiz de Eibar, Juan de Eibar, María Ortiz de Eibar, Juan de Aréchaga, Pedro de Eibar, Juan Ochoa de Zubicoa, Pedro de Oñate, Clemente López de Ochandiano, Sancho Ortiz de Urrutia y Martín de Arraga.

La lista de vascos en Santo Domingo es larga, siendo los más representativos Cristóbal de Vergara, Bernardino de Gamarra, Juan Loyno de Vergara, Pedro de Arana, Jorge de Vitoria, Lorenzo Zozo, Juan de Celaya, Martín de Isasaga, Pedro de Marquina, Francisco de Otalora y otros.

El primer colono que explotó varias industrias agrícolas en Puerto Rico fue Juan Mejía Guiluz o Eguiluz.

MERCDERES VASCONGADOS EN SEVILLA

En la primera etapa descubridora, entre 1500 y 1519, la participación vasca, con naves y hombres fue intensa y alta en relación a los procedentes de otras regiones de España. El 7% de los europeos que llegaron al Nuevo Mundo eran vascos. En la isla La Española eran un 8,5%, en Puerto Rico un 16%, y en Panamá un 10%. Eran el 10% de los capitanes, maestres y marineros de las expediciones navales que zarpaban de Sevilla; y un 18% eran mercaderes, 20 entre 110. La mayoría de estos colonizadores vascos eran comerciantes y apoderados avecindados en Sevilla.

Uno de esos mercaderes vascos establecidos en Andalucía y pionero en el comercio con las Antillas fue el bilbaíno Pedro de Arbolancha. Estimulado por los beneficios que garantizaban las disposiciones de los Reyes Católicos, este comerciante fue oficial de Contaduría general en la isla La Española. En 1513, fue nombrado visitador de indios, llegando a poseer un repartimiento de indios y conseguir una fortuna. Ese mismo año, realizó exploraciones por Panamá junto a Núñez de Balboa, tomando parte del descubrimiento del océano Pacífico. A su vuelta a España, entregó cartas, informes, oro, perlas y otros presentes en la Casa de Contratación de Sevilla, y desde allí a la Corte para informar al rey. En 1525, envió a controlar sus negocios de la isla La Española a Francisco de Arista y Pedro de Bidaguren, pues residía ya en Sevilla.

Procedentes del segundo viaje de Colón, Francisco de Garay fue el primer expedicionario que descubre minas de oro en América (Santo Domingo), convirtiéndose en un rico hacendado en Jamaica, Santo Domingo y Puerto Rico.

Uno de los grupos familiares con mayor cohesión en América, durante los primeros años de la colonización, fue el de los Urrutia, naturales de Valmaseda. En 1508, Sancho Ortíz de Urrutia y Juan de Urrutia iniciaban su andadura en el mercado indiano, especialmente en Santo Domingo, a donde trasportaba productos férreos y textiles. Allí se asociaron con otros emprendedores de origen vascongado, como Martín de Zubizarreta, Ochoa Iñiguez de Ochandiano y Martín Pérez de Achotegui, Juan Martínez de Lexturi, Juanés de Astigarraga y el capitán de tropas y empresario Martín de Murga.

Miguel de Gaviria había remitido, en 1508, una importante partida de herrajes y azadones a Antonio y Pedro de Llanos en isla La Española, y cuyo importe habría de intentar cobrar el mercader Andrés de Aróstegui, destinado en la isla.

Juan de Iranzo, que mantenía una intensa actividad con comerciantes de Puerto Rico, en 1514 remitió a dicha isla con Bartolomé Fernández, maestre de la nao Santa  Ana, 25 toneladas de mercaderías diversas.

MERCADERES VASCOS EN UN PUERTO COMERCIAL DEL IMPERIO ESPAÑOL

En la segunda etapa de la colonización americana, entre 1520 y 1539, los destinos se ampliaron por el Virreinato de la Nueva España, por Tierra Firme (América Central) y por el Virreinato del Perú. De los 169 mercaderes que emigraron, los vizcaínos eran el segundo grupo tras los sevillanos, mientras que burgaleses y guipuzcoanos siguieron entre los grupos de nacionales más concurridos.

Una gran actividad a la que se dedicaron los vascos es este período fue la minería, ya que un 13, 2% de ellos se embarcaban como mineros, hacia México y Perú.

Entre los primeros eibarreses que emigraron al Nuevo Mundo figuran Martín de Ibarra y Laurenbide, en 1526, y Ortuño de Ibarra y Mendilibar, en 1538. Ortuño de Ibarra partió con destino a la conquista del Virreinato de la Nueva España y llegó a ocupar el cargo de tesorero general de aquel territorio y factor del rey. De la familia de los eibareses Ibarra, también llegó Martín de Ibarra, pero serían sus sobrinos Francisco y Diego, en la década de 1540, quienes fundarían una potente explotación minera argentífera.

Domingo de Solaruce, compañero de Pizarro en su segunda expedición, se hizo cargo de la compañía de Martín de Zubizarreta a su muerte, en 1529. Fue nombrado regidor de Túmbez, mantuvo negocios en común con los conquistadores Pedro de Alvarado y el alavés Pascual de Andagoya, y se convirtió en el empresario más destacado de la ruta que se estableció entre el Perú y el istmo Panamá, en 1535. Pero especialmente, tuvo grandes vinculaciones con los socios de Urrutia. En el mercado peruano se convirtió en el primer traficante de negros, entre 1529 y 1539, introdujo en México, Tierra Firme y Perú, mediante licencias propias o a terceros, 500 esclavos.

En conjunto, la dedicación de los vascos y el éxito que la acompañó desde las primeras décadas de la colonización es algo más que evidente, éxito ejemplarizado en las figuras de Solaruce o los Urrutia.

ESCUDO DE LA CASA DE CONTRATACIÓN DE BILBAO

Hacia mediados del siglo XVI, el centro del Virreinato de la Nueva España ya había sido conquistado y pacificado, y como los puestos administrativos, militares y políticos estaban en manos de los castellanos principalmente, los vascos se trasladaron al occidente y noroeste y, después de fundar Guadalajara en lo que fue el Reino de la Nueva Galicia, siguieron hacia Zacatecas, donde fundaron un importante centro minero de plata.

Dos sagas de familias vascas, los Oñate y los Ibarra, encabezadas por Cristóbal y Juan de Oñate, y por Diego y Francisco de Ibarra, convirtieron su expansión descubridora y el uso de sus cargos institucionales en una ambiciosa empresa familiar, fundando ciudades y explotando las minas de plata de Zacatecas y Guanajuato tan importantes para el futuro del Imperio. Desarrollaron la economía las provincias de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo México, basadas en el comercio y la minería.

En 1563, partió Ibarra hacia la Nueva Vizcaya, donde fue gobernador y capitán general. La mayoría de los peninsulares que participaron en la expedición eran vascos. Algunos cuantos se quedaron en el nuevo territorio que, con el tiempo, llegaría a tener una superficie superior a 400 mil kilómetros cuadrados: adquirieron tierras e introdujeron el ganado lanar en sus propiedades. Sus descendientes las transformaron poco a poco en latifundios dedicados a la cría de ovejas.

Francisco de Urdinola era natural del valle de Oyarzun, cuando llegó a México sirvió en la milicia en una época en que se llevó a cabo la expansión española por la Provincia de Nueva Vizcaya. Urdiñola se había enriquecido gracias al comercio con Manila y a la explotación de las minas de México. Fue gobernador de la Nueva Vizcaya y fundó Monterrey, ciudad situada en Nuevo León. Adquirió más tierras en el este para fundar así un emporio de casi cinco millones de hectáreas que llegaba hasta Texas. Aunque la mayor parte de la tierra eran pastizales pobres y desierto, había también algunos oasis con mucha agua para irrigar los campos y los viñedos, cultivo este al que Urdiñola dio mucha importancia. Fundó el latifundio más grande del norte del Virreinato dedicado a la cría de ovejas y estableció la bodega vinícola en la Hacienda de Santa María de las Parras, en Coahuila.

Otro de los pioneros fue el primer Simón Bolivar, un ancestro del libertador, un vizcaíno regidor del Cabildo de Caracas y el primero en conceder licencias para adquirir esclavos africanos y explotarlos en el cultivo masivo del cacao. Fue el fundador de la primera Escuela de Gramática Castellana en Venezuela, futura Universidad de Caracas. Más tarde, fueron otros dos vascos quienes se encargaron de la escuela: Juan de Artega y Simón de Basauri. Bolivar terminó de contador general de la Real Hacienda.

El ejemplo de Bolivar fue muy típico entre los vascos allí presentes, ocupándose del comercio y de la administración y de las haciendas reales, creando unas auténticas élites americanas. Como por ejemplo el vizcaíno Martín Calvo de la Puerta y Arrieta, empezando como escribano público en La Habana llegó a ser notario de la ciudad, iniciando la industrialización azucarera y dedicándose al comercio logró una fortuna. Su familia se convertiría en una élite habanera y poseedora de títulos de Castilla en el siglo XVIII.

El navarro Martín de Aróstegui, empezó como apoderado del cabildo de La Habana en 1638. Su nieto Martín de Aróstegui fundó la Compañía Habanera, siendo los Aróstegui otra élite cubana.

La introducción de negros en Cuba, en las vegas de Vuelta Abajo, fue obra de Sancho de Alquizar, pero ya en 1616. Anteriormente había sido gobernador de Caracas y bajo su mando en Cuba se inició el auge del contrabando.

EXPLOTACIÓN MINERA EN POTOSÍ

Al finalizar el siglo XVI, la comunidad vasca de San Luis de Potosí, controlaba las fábricas mineras (el 80% de las 132 explotaciones eran de vascos en 1580), tenía mayoría parlamentaria en el municipio (de los 12 regidores 6 eran vascos), y dominaba el mercadeo de la plata (de 12 mercaderes 8 eran vascos). Se constituyeron en hermandad de ayuda mutua, con sede en el templo de los agustinos del lugar, aunque no se oficializaron los estatutos. Y lo mismo ocurrió por aquellos años en la Ciudad de los Reyes (Lima), donde algunos vascos se reunían, con fines iguales y la misma informalidad de los de Potosí, en el convento de San Agustín.

Como han demostrado los historiadores argentinos César García Belsunce y Susana Frías, los vascos fueron una de las colonias más importantes en el Buenos Aires colonial y las primeras ciudades españolas en el Rio de la Plata. Muchos fueron los vascos que participaron en estas epopeyas.

En el siglo XVI, de las 157 familias procedentes de la España peninsular que se establecieron en Chile, 39 de ellas tenían apellidos vascos.

En la fundación de Santiago de Chile, el trazado era realizado por el alarife Pedro de Gamboa, natural de Elgorrieta, y compañero de armas, el navarro de Lara, Pedro de Miranda. Según el literato y filósofo Miguel Unamuno "La Compañía de Jesús y la República de Chile son las dos grandes hazañas del pueblo vascongado".

Los inmigrantes vascos seguían llegando y se casaban con las hijas de los vascos llegados primero y así, para finales de siglo XVI surgió un grupo de criollos dueños de propiedades que vendían ovejas al centro de la Nueva España, en donde a su vez se surtían de mercancías importadas de Europa.

Una de esas familias de origen vasco fue la de Jugo-Urkidi, constituida por el migrante Agustín Urkidi, y la hija de Pedro Jugo, cuyas propiedades, aquel había estado administrando. Pedro Jugo también inmigrante, se convirtió en el administrador de otro compatriota, Orrantia, con cuya hija se casaría más tarde; de esta manera, la cadena se remonta hasta la Nueva Vizcaya.

19/01/2022

Álava en Waterloo, por Ildefonso Arenas Romero


ÁLAVA EN WATERLOO, POR IDELFONSO ARENAS

Álava en Waterloo
Ildefonso Arenas Romero, Editorial Edhasa

Ildefonso Arenas narra con un punto de ironía y tras una asombrosa investigación histórica, los prolegómenos y la batalla de Waterloo, mediante las peripecias de Miguel-Ricardo de Álava y Esquivel (1772 a 1843), cuyo historial resulta extraordinario: capitán de fragata de la Marina Real (1805), diputado general de Álava (1812), teniente general de los Reales Ejércitos (1814), embajador en el Reino Unido de los Países Bajos (1814), comisionado del Rey de España en el Ejército del Duque de Wellington (1815), embajador en Francia (1815, 1835), diputado por Álava (1821), presidente de las Cortes (1822), embajador en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda (1834, 1838), senador (prócer) (1834, 1836), ministro de Marina (1835) y presidente del Consejo de Ministros (1835).

Sin embargo, es sobre todo conocido por haber sido la única persona, en cualquiera de los bandos, que participó, en puestos de mando, en las dos batallas más importantes de las Guerras Napoleónicas, Trafalgar (1805) y Waterloo (1815).

Pese a conservarse en el Museo de Armería de Álava una estatua y sobre todo una escultura ecuestre en el Monumento de la batalla de Vitoria del general Álava, resulta muy sorprendente que no existiera todavía la gran novela acerca de uno de los personajes españoles más fascinantes e internacionalmente conocidos del siglo XIX. Reseguir la trayectoria del general Álava, permite a Ildefonso Arenas trazar curiosos retratos de algunos de los personajes más destacados de los años inmediatamente anteriores y posteriores a la batalla de Waterloo, con particular acierto en el caso de los diplomáticos, a los que trata con una combinación de rigor histórico e ironía que hacen de la lectura de este libro pura delicia.

Por otra parte, el auténtico tour de force que supone relatar de un modo clarificador la batalla de Waterloo se resuelve aquí con un éxito sorprendente.

16/01/2022

Blas de Lezo en aguas de Peñíscola, Palermo y Génova, en 1705


En el contexto bélico de la Guerra de Sucesión española, el almirante Blas de Lezo tomó parte en las operaciones que tuvieron lugar para el socorro de la plaza de Peñíscola, en 1705, en el Reino de Valencia. Probablemente era jefe de una unidad integrada en la escuadra francesa del conde de Tolosa. La plaza mantuvo la fidelidad a Felipe V y se vio sitiada por el ejército del aspirante al trono Carlos, el archiduque de Austria. Allí, Sancho de Echeverría y Orcolaga y una pequeña guarnición de soldados resistían junto a la población sin alimentos ni munición.

Los tripulantes de flota en la que marchaba Lezo entraron en el campamento enemigo y se adueñaron de alimentos, munición y dos cañones que posteriormente se fundieron y con los que se hicieron dos campanas para la torre de la Ermitana en Peñíscola.

BLAS DE LEZO Y MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVI

También llevó pertrechos a la lejana plaza de Palermo, en Sicilia, que aguantó y finalmente cayó en poder de los aliados anglo-holandeses.

Ante la superioridad de la flota anglo-holandesa se le encargó la práctica del corso por el Mediterráneo occidental y las costas atlánticas. Su primer objetivo fue castigar el comercio de Génova. Cerca de esta ciudad, a la altura de Ventimiglia, el 21 de marzo de 1705, tuvo lugar el combate contra el navío inglés Resolution de 70 cañones, superiormente armado en comparación con su pequeño navío. Había sido botado ese mismo año de 1705 y estaba comandado por el hijo de Peterborough, general en jefe de las fuerzas inglesas en España que había desembarcado en Barcelona con el archiduque Carlos.

Lezo era alférez de uno de los dos navíos Rubis, 56 cañones, y el Toulouse, de 64, pertenecientes a la escuadra francesa, ambos con menor porte que el Resolution. El navío inglés fue acosado hasta ser embarrancado y finalmente quemado por su propia tripulación antes de huir.

Continuó su trabajo de corso, patrullando por el mar Mediterráneo, probablemente con sede en Tolón y bajo mando del conde de Tolosa. Posteriormente, cruzo el estrecho de Gibraltar y sorprendió en el Atlántico a otros buques ingleses, realizando valientes maniobras con un arrojo impropio. Por méritos propios, se le permitió llevar a sus presas al puerto de su villa natal, Pasajes, y al de su vecina francesa Bayona.

Su nombre comenzaba a destacar entre los altos mandos oficiales de la Marina, y sus hazañas a ser conocidas en la Corte y en los pueblos de las costas.

FRAGATA AL MANDO DE BLAS DE LEZO

12/01/2022

Escultura a Juan Sebastián Elcano en Getaria por Ricardo Bellver


ESCULTURA A JUAN SEBASTIÁN ELCANO EN GETARIA

La escultura Juan Sebastián Elcano está situada en la plaza Gudarien Empartza de la guipuzcoana villa de Getaria. Es un homenaje al navegante de esta localidad, realizada por escultor madrileño Ricardo Bellver en 1888.

Este escultor es reconocido por ser el autor de El Ángel Caído, que se encuentra en el madrileño Parque El Retiro. Tras realizar justamente esta obra, Bellver fue pensionado por el Ministerio de Ultramar, el actual Ministerio de Asuntos Exteriores, que le encargó el monumento al guipuzcoano.

Juan Sebastián Elcano ha pasado a la historia universal por ser el navegante que consiguió dar la primera vuelta al mundo en la Expedición de Fernando de Magallanes a las Indias Orientales, demostrando de forma empírica que la Tierra es esférica entre los años 1519 y 1522. Representa al clásico explorador de ultramar del siglo XVI, buscando nuevas rutas y descubriendo nuevas tierras.

ESCULTURA A JUAN SEBASTIÁN ELCANO EN GETARIA

El boceto para esta obra fue realizado en 1877 y la escultura se presentó en la Exposición de Bellas Artes de 1881. Se trata de una figura en mármol de Carrara, de dos metros de altura, que se alza de pie, sobre un pedestal octogonal con un escudo de armas en bajorrelieve. Este conjunto es alzado sobre un pilar en mármol negro, también octogonal, con el nombre grabado del protagonista: "JUAN-SEBASTIAN DE ELCANO"

En esta escultura, Bellver creó una composición casi teatral, basándose en los atuendos y atributos propios de un navegante del siglo XVI, reflejando diferentes calidades textiles en los ropajes con gran lujo de detalles y contornos bien definidos.

Elcano es representado como un personaje de pose serena y firme, que logra movimiento apoyándose en un bello soporte, y que refleja un espíritu audaz y carácter triunfante.

El estado de conservación de esta escultura es excelente, a pesar de los problemas derivados de la contaminación ambiental que se traduce en forma de manchas. También presenta una pequeña rotura en uno de los atributos que la complementan y la falta de una pieza metálica perteneciente al astrolabio.

ESCULTURA A JUAN SEBASTIÁN ELCANO EN GETARIA

06/01/2022

Miguel Antonio Zuaznabar Larramendi


Consejero real de hacienda en el reinado de Felipe V

Miguel Antonio Zuaznabar Larramendi nació el 4 de abril de 1685 en Hernani, Guipúzcoa, y murió en 1753. Fue hijo de Esteban Zuaznabar y Ana Maria Larramendi.

Sirvió en la Corte borbónica de Madrid para los reyes Felipe V de Borbón e Isabel de Farnesio. En 1724, fue elegido alcalde de su villa natal, pero sus ocupaciones cortesanas no le permitieron desempeñar este cargo. Más tarde, fue nombrado consejero real de Hacienda.

En compensación a los servicios prestados en la Corte, Felipe V le concedió el patronato de la iglesia parroquial de Hernani.

Practicó activas gestiones para el establecimiento de la fábrica de anclas en Fagollaga.

Un descendiente suyo fue José Agustín Zuaznabar, que fue consejero real, director de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas en 1754, cónsul de San Sebastián en 1774 y administrador local de Hernani.

Sede Real Compañía Guipuzcoana Caracas Guaira Venezuela
CASA DE LA COMPAÑÍA GUIPUZCOANA DE CARACAS

02/01/2022

Muralla de los Reyes Católicos en San Sebastián


MURALLA DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL FRENTE DEL MAR

La antigua muralla que está ubicada en la zona portuaria de la Parte Vieja de San Sebastián es parte del sistema defensivo que se hizo construir durante el reinado de los Reyes Católicos. Su objetivo era la defensa e, incluso, el ataque mediante artillería del Frente del Mar de la ciudad fortificada.

Esta moderna muralla sustituía a la anterior medieval que hicieron levantar a lo largo de la calle del Campanario, en 1194. Aquella formaba parte del cerco que rodeaba la ciudad, construida por orden del rey Sancho VII el Fuerte, cuando San Sebastián pertenecía al Reino de Navarra.

En 1200, tan solo veinte años después de la concesión del Fuero, San Sebastián pasó a formar parte de la Corona de Castilla. Este cambio de monarquía consiguió un mayor fortalecimiento del sistema defensivo de la villa ya que Alfonso VIII comenzó las obras de circunvalación del castillo.

Los sucesores continuaron asegurando las fortificaciones y conservando sus murallas. Formaban un cuadrado, apoyado en el monte Urgull, de sencilla construcción de mampostería y se abrían por siete puertas para comunicarse con el exterior. En lo alto del Urgull se alzaba el castillo de la Mota, nombre con el que se conocía a muchos de los castillos de los reinos cristianos, y una torre semicircular protegida por la muralla de El Macho.

MURALLA DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL FRENTE DEL MAR

Pero fue durante el gobierno de los Reyes Católicos cuando el sistema defensivo de la plaza fuerte de San Sebastián fue tomado en muy consideración.

Durante la Guerra de Sucesión de Castilla que aconteció entre Isabel I la Católica y Juana de Trastamara durante los años 1474 y 1479, las provincias vascas tomaron parte del bando de los Reyes Católicos, es decir, de las Coronas de Castilla y de Aragón. De la otro parte, Juana fue apoyada por su marido, Alfonso V de Portugal, y además Francia, enemiga de Aragón por las posesiones en Italia.

Esto supuso que, en 1476, un ejército de tropas francesas formado por 40.000 hombres, al mando del señor de Labrit, asediasen la ciudad durante varios días. Su intención era apoderarse de la provincia de Guipúzcoa. Una dura resistencia de los donostiarras unida a la escasa artillería invasora consiguió que no rendir la plaza.

A pesar de que las lombardas francesas no fuesen una artillería muy efectiva para la rotura de muros, se hizo evidente la necesidad de reforzar las viejas murallas medievales.

Esta amenaza continua y su estratégica posición fronteriza hicieron que los Reyes Católicos ordenasen, en 1496, el refuerzo de los muros de la fortaleza, añadiendo casas torre fortificadas a este cerco.

MURALLA DE LOS REYES CATÓLICOS EN EL FRENTE DEL MAR

San Sebastián sufrió otro ataque del Ejército francés en 1512, efectuada por el duque de Borbón, futuro rey de Francia, que encabezada a 15.400 hombres. El nuevo sistema defensivo consiguió que la ciudad resistiese y las tropas francesas se retiraran.

Esta constante amenaza en un territorio fronterizo hizo que se pusieran en práctica todas las reformas proyectadas por los ingenieros de los Reyes Católicos de manera urgente. Las obras comenzaron por el lienzo meridional en 1515, bajo la dirección del capitán Pedro Navarro que trazó la "Nueva Ciudad de San Sebastián" y al que se deben, posiblemente, los cubos de Hornos y de Amezqueta.

Esta moderna muralla era más amplia en cuanto a su extensión, envolvía a la anterior por dos de sus lados, y permitió un posterior ensanchamiento de la ciudad. También se restauró el Castillo de la Mota, en el monte Urgull.

En la actualidad, la Muralla de los Reyes Católicos en el Frente del Mar conserva algunas de sus estructuras. El muro frente al puerto conserva sus troneras y otros elementos defensivos. Una balconada recorre su parte superior, sirviendo como atalaya para contemplar la bahía y el puerto.

La Muralla de los Reyes Católicos fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1925. Una placa instalada en el muro explica su importancia histórica.

PLACA CONMEMORATIVA A LA MURALLA DE LOS REYES CATÓLICOS

27/12/2021

Linaje de Soroa de Usúrbil


El linaje nobiliario de Soroa de la villa de Usúrbil destacó durante el siglo XVII gracias a una saga de marineros y constructores navales al servicio de las expediciones y defensas de los territorios de la Monarquía hispánica, especialmente con Felipe IV y Carlos II.

Domingo de Soroa fue vecino de la comunidad de Aguinaga, trabajó durante 1579-1600, en la labra de naos en las gradas de Urdayaga, Rutarte y Aguinaga, todas sitas en esta comunidad.

Todo indica que, aunque hizo un número bastante pequeño de unidades, fue en su tiempo uno de los constructores más notables del Oria. Su producción la integraron naos de medianas y grandes dimensiones para el comercio. Sus clientes fueron los comerciantes guipuzcoanos, especialmente los del puerto de San Sebastián. Entre los barcos que hizo estuvieron la nao que en 1579 ejecutó para los donostiarras Joanes López de Soroa y Cristóbal de Segura; y la nao de 450 toneladas que en el año 1600 hizo por encargo del capitán Miguel de Aburruza.

ESCUDOS DE ARMAS DE SOROA

Ignacio de Soroa, natural de Usúrbil donde nació en 1635, fue reputado en su tiempo como uno de los mejores fabricantes navales del Cantábrico. Ostentó el cargo de capitán de Maestranza de las Fábricas del Rey en Cantabria. Asimismo, su valía profesional hizo que fuera la persona elegida por la Corona para ir a Holanda al desempeño de una comisión técnica. Su buen quehacer en este servicio fue premiado como caballero de la Orden militar de Santiago.

Su carrera profesional la desarrolló por entero en tierras guipuzcoanas; en concreto en los astilleros del Puerto de Pasajes y el Oria, en donde era propietario de dos de estas factorías: las de Mápil y Urdayaga o Urdazaga, ambas en tierras del municipio de Usurbil.

La trayectoria del capitán Ignacio de Soroa como constructor naval estuvo caracterizada por su especialización en la manufactura de galeones de gran tonelaje; y por el importante ritmo de trabajo que mantuvo en estos años. Fue el fabricante que mayor número de buques de gran tonelaje labró entre 1662 y 1686, y uno de los constructores vascos con una de las nóminas de barcos más extensa del XVII.

Ignacio de Soroa fue uno de los constructores guipuzcoanos que se benefició, pero que también colaboró, de la expansión que vivieron los principales centros navales guipuzcoanos entre 1660 y 1683. Soroa tuvo la capacidad de saber captar la diferente demanda que se fue generando en estos años.

Hasta 1664 se dedicó a la labra de galeones para la Corona con destino a la Escuadra del Mar Océano. A partir de esta fecha y al amparo de la tímida reactivación que experimentó el comercio indiano, combinó simultáneamente la manufactura de barcos de guerra y de transportes para las Armadas de  la Carrera de Indias. Finalmente, se dedicó a hacer de forma preferente barcos mercantes por encargo de los particulares.

En 1686, terminó la labra del galeón El Santísimo Sacramento, Nuestra Señora de la Soledad y San Francisco Jabier hecho por encargo del capitán de Mar y de Guerra, Juan de Egües, para la Real Armada de la Guarda de la Carrera de las Indias.

EXPEDICIÓN AL ESTRECHO DE MAGALLANES

Joanes de Soroa fue familiar del constructor Ignacio de Soroa. Comenzó sus servicios a la Monarquía hispánica tomando parte de la expedición al estrecho de Magallanes de 1581, durante tres años. Desde 1621, fue maestre mayor de fábricas y galeones reales de Cantabria, capitán de mar y gran constructor de embarcaciones. En 1632, construyó diversos bajeles en los astilleros de Pasajes y en otros varios de los cuales fueron capitanas reales.

Otro Joanes de Soroa fue un experto fabricante de naves durante los años de 1602-1625, ostentó el cargo de maestro mayor de reales fábricas. Fabricó y dirigió la construcción de muchos galeones y capitanas para la Armada del Mar Océano y las flotas de la Carrera de Indias. Además de estas unidades, hizo varios bajeles y gabarras para algunos particulares. Rentería, Usurbil y Zumaya fueron los centros navales elegidos para llevar a efecto estas fábricas.

Fabricó una gabarra real en Pasajes para conducir a la infanta María Teresa en 1660 a la isla de los Faisanes con motivo de su boda con el rey de Francia Luis XIV.

Por último, otro Ignacio de Soroa, nacido en Usúrbil, en 1635, fue agraciado por el rey Carlos II en 1687 con merced de hábito de una de las órdenes militares y en 1690 con real carta de legitimación de sus hijos, entre quienes se halla Miguel, teniente general de artillería de los presidios de Guipúzcoa.

ASTILLERO DEL SIGLO XVII

24/12/2021

Iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma


FACHADA PRINCIPAL

La iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma es un templo construido en el 1722 en estilo barroco, dedicado al fundador de la Compañía de Jesús. Está ubicada en la plaza de San Ignacio de la capital de Italia.

La construcción de este edificio religioso partió de la voluntad de la familia Ludovisi, a la que pertenecía el papa Gregorio XV, ante la insuficiencia de espacio que tenía su templo anterior, la capilla de la Anunciación del Colegio Romano.

Ludovico Ludovisi escogió el proyecto de obra del arquitecto jesuita Horazio Grassi en 1627. En 1640, con motivo del I Centenario de la fundación de la Compañía de Jesús, se celebró su primera misa en una iglesia todavía en obras. De hecho, el proyecto se fue complicando debido a la excesiva amplitud de la cúpula. En 1685, otro arquitecto jesuita, Andrea Pozzo, consigue sacar el proyecto adelante, realizando una falsa cúpula pintada sobre tela. Y, finalmente, la iglesia fue inaugurada en 1722.

PARTE SUPERIOR DE LA FACHADA PRINCIPAL

La iglesia está formada por una única nave que tiene tres capillas a cada lateral, un crucero en forma de cruz con una falsa cúpula, la bóveda y el ábside al final.

NAVE CENTRAL

Esta sala principal está cubierta con una bóveda cuya pintura se al fresco genera una sensación visual de prolongación vertical desde los muros, dando la apariencia de ser una alta cúpula, pero en realidad es un falso techo. Esta superficie en perspectiva utiliza recursos gráficos como columnas y arcos.

Toda esta rica iconografía fue realizada por Andrea Pozzo, representa el Mundo por el que la Compañía de Jesús expandió el Cristianismo en el siglo XVI. Las figuras simbólicas que aparecen en cada extremo del mural representan un contiene diferente.

BÓVEDA DE POZZI

Europa aparece representada como matrona sobre un caballo. En lo alto del cielo aparece los santos Luis Gonzaga y Francisco de Borja, y el beato Estanislao de Kostka.

Asia es reflejada mediante una figura sentada en un camello. En lo alto del cielo San Francisco Javier, segundo fundador de la Compañía junto a Ignacio y patrón de Navarra, conduce a las almas del continente a la salvación.

África queda expresada por una mujer de étnia árabe, sentada sobre un cocodrilo y en su mano lleva un colmillo de elefante. Junto a ella, aparecen varios misioneros jesuitas que realizan su labor en dichas tierras.

América es simbolizada por un mujer con ropajes indios, que hiere a un gigante con su lanza. Detrás hay un ángel blanco con una llama, típico animal andino, que simboliza la expansión de las reducciones jesuitas por el continente.


ÁFRICA
AMÉRICA

ASIA

EUROPA

En el centro de toda esta colorida escenografía se encuentra San Ignacio, sobre él aparece la figura de Cristo, y más arriba Dios padre y el espíritu Santo. Desde Cristo surge un haz de luz que se dirige al corazón del patrón de Guipúzcoa, que a su vez irradia hacia los ángulos. Y en estos, las alegorías de los continentes exaltan la transmisión de la fe cristiana a través de las misiones y reducciones jesuitas.

Andrea Pozzo escogió como título El papel de San Ignacio en la expansión del nombre de Dios por el mundo. Las imágenes están relacionadas con el fuego y la luz, algo que se repiten en toda la iglesia, tanto en forma de antorchas como en flechas de fuego en los diversos frescos. Esto se debe a la iconografía de Ignacio, el fuego y la luz, inspirado en el texto de San Lucas.

SAN IGNACIO DE LOYOLA Y SAN FRANCISCO JAVIER EN LA BÓVEDA DE POZZI

La cúpula del crucero fue pintada sobre una superficie plana también por Pozzo, así como el ábside. En esta cúpula aparecen figuras del Antiguo Testamento que han derrotado a los enemigos de Dios: Giaela, Sansón, David y Judith.

La pala de altar trata el llamado pasaje de La Storta. San Ignacio tenía deseos de ir a Tierra Santa pero no pudo ir al ponerse a disposición del Papa. Desconsolado, entra a orar en la capilla de La Storta, donde se le aparecen Padre e Hijo que le invitan a Ignacio a ponerse a su servicio.
A la izquierda se puede ver el envío de San Francisco Javier a la Indias, y a la derecha se encuentra San Francisco de Borja recibido en la Compañía a manos de su fundador.

SAN IGNACIO ORANDO EN LA CAPILLA DE LA STORTA

ENVÍO DE SAN FRANCISCO JAVIER A LAS INDIAS

INGRESO DE SAN FRANCISCO DE BORJA EN LA COMPAÑÍA POR SAN IGNACIO