martes, 6 de diciembre de 2016

Vascos en el ascenso del Reino de Castilla


Fernán González, primer conde de Castilla, era euskaldun, prueba de ello es que era amigo íntimo del rey de Navarra García I Sánchez, casando con sus hermanas. Tuvo a sus órdenes a muchos vascones, que fueron incorporados a la repoblación de tierras conquistadas. El Condado de Castilla nacía de la matriz vasco-cántabra, unida a la raíz goda. Castilla se formó durante las continuas luchas contra los musulmanes de Córdoba y los muladíes de Muhammad ben Lope, nieto de Muza, el llamado "Tercer rey de España".

Desde la fundación del Condado de Castilla siempre ha existido una enorme relación entre los castellanos y los vascones de las tierras de Guipuzcoa, Vizcaya y Álava. En las tres provincias vascas la anexión política a la emergente potencia castellana estuvo íntimamente unida al largo curso de demarcación territorial, reorganización económico-social y cristalización institucional, efectuados en un marco de conveniencia mutua para los reyes de Castilla y diferentes grupos sociales de los territorios vascongados. Estos tres territorios dependieron a partir del inicio del siglo IX, primero del Reino de Asturias y luego del de Navarra y de Castilla alternativamente, y siempre lucharon a su favor. No hubo sublevaciones ni reclamaciones de independencia durante este tiempo.


FERNÁN GONZÁLEZ

El Condado de Castilla se formó en el siglo IX como un grupo de tierras fronterizas que servían de muro de contención frente a las embestidas islámicas mediante un gran número de castillos y ciudades amuralladas. Los castillos y sus tierras aledañas fueron poblados por cántabros y vascones que se extendieron desde el año 800 por las deshabitadas tierras situadas entre las cabeceras de los ríos Ebro y Duero.
 
Los vascones provenientes de los territorios de Álava y Guipúzcoa fueron una parte importante de los guerreros castellanos que en este siglo consiguieron establecer un primer impulso político y militar al Condado de Castilla primero en la independencia con respecto al Reino de León y después en la expansión territorial por la meseta.
 
Fernán González contó con la aportación del señor de Vizcaya, Lope Iñiguez en la batalla de Hacinas, en 939. Su hijo Iñigo López murió durante una de sus campañas.
 
Un monje del Monasterio de San Pedro de Arlanza, a mediados del siglo XIII, escribió en versos alejandrinos el Poema de Fernán González, en el que dedicaba a la batalla de Hacinas 281 versos de los 740 de que consta el poema. En él incluye entre las huestes militares que acudieron a la batalla al señor de Vizcaya Lope Iñiguez y a alaveses de Treviño:
"Fue dado por cabdillo don Lope el Vizcaino,bien rico de manzanas, pobre de pan e de vino.Con él fueron contados fijos de don Laíno,e otro de la montaña que dicien don Martino,había ahi de burgoñeses, otrosí de treviñanos,de Castilla la Vieja hobo ahi buenos castellanos,que muchos buenos fechos ficieron ahi por sus manos."

GRAN CONDADO DE CASTILLA (923-1037)

viernes, 2 de diciembre de 2016

El origen babélico del Eusquera por Baltasar de Echave

 
Natural de Oikina, en Zumaya, donde nació en 1548, Baltasar de Echave fue oidor de la Real Audiencia de Méjico en 1606, pintor, escritor y hombre de leyes.

 
BALTASAR DE ECHAVE
 
En su obra Discursos de la antigüedad de la lengua cántabra Bascongada, publicada en México en 1607, identificó el eusquera con el idioma que habló Túbal desde la dispersión de la torre babélica, una identificación que ampliaba a los usos y costumbres, incluida la vestimenta. Para Echave, esta lengua era una especie de "Matrona venerable y anciana", quejándose de que siendo esta la primera que se habló en España, la hayan olvidado sus naturales y admitido otras extrañas.
 
Describió la llegada de los primeros pobladores a Iberia tras el Diluvio Universal con los hijos de Noé, así como la llegada de la primera población a un poblado que fue Colibre, en Cataluña. Etimológicamente hizo derivar Colibre de Ulibarri.
 
Además, asimiló vasco a lo auténticamente español, pues la toponimia peninsular es en gran parte vasca, especialmente la gallega. Echave demostró al dominico Hernando de Ojea la raíz vasca de los pueblos de Galicia, prueba de que el eusquera era la primitiva lengua hablada en toda España. También la lengua castellana es derivada del eusquera, citando vocablos derivados como prueba evidente: izquierdo, ama, aldea, teta, etc. Además, añadía que los vascos no han sufrido mezclas extranjeras, ni de romanos, ni de godos, ni de judíos, ni de moros y siguen siendo puros en la línea sucesoria de Túbal.
 
Continuó con los reyes siguientes a Túbal (así el rey Ydumbeda, Brigo y Beto), señalando aquellas poblaciones que fundaron. Describió los lugares españoles y franceses con toponimia cántabra y vascongada, y concretó los pueblos de Galicia que disponen de nombres cántabros.
 
 
CAMPESINOS VASCOS, POR JOSÉ ARRÚE
 
 
Echave relató las grandes revoluciones que padeció España con la llegada de los cartagineses y romanos, señalando que en estas circunstancias, Cantabria siempre conservó su libertad. Señaló las guerras romanas contra los cántabros, asturianos y gallegos. Localizó la guerra cántabra de Otaviano en tierras de Guipúzcoa reiterpretando los topónimos de Beyçama, Menduria, Erregil, Yçurun, etc.
 
Defendía que los vascos no habían sufrido mezclas extranjeras y que seguían siendo puros como etnia en la línea sucesoria de Túbal. En resumen, los vascos serían los únicos que podían titularse como auténticamente españoles.
 
Basaba la radical nobleza de los vascos, en tres aspectos:  
 
1. Ser gentes no dominadas por nadie y depositarias del legado fundacional de las Españas primitivas.
 
2. Considerarse la primera en las Españas y anterior a los mismos monarcas.
 
3. Hacer apología del gobierno patriarcal vasco, tan dispar del romanista, propio de los reyes vascones, herederos de Túbal.
 
 

DISCURSO DE LA ANTIGÜEDAD DE LA LENGUA CÁNTABRA BASCONGADA

lunes, 28 de noviembre de 2016

Vascones y el Reino Hispano-visigodo

En el año 408, pueblos bárbaros conocidos como alanos, suevos y vándalos pasaron a la
Hispania romana. Durante tres años camparon en libertad hasta que firmaron un tratado por el cual se establecían bajo el poder nominal de Roma en determinadas zonas y con ciertas condiciones que garantizaran la seguridad de los hispanos. Se trataba de algo provisional, Roma intentaba ganar tiempo mientras se reforzaba.
 
En 417 envió a sus aliados visigodos a Hispania con el objetivo de acabar con los invasores. En dos años eliminaron a los alanos y a los vándalos. Roma, impresionada por la fortaleza militar y por la posibilidad de que los visigodos se adueñaran de la península, decidió retirar la misión y establecerlos en la provincia gala de la Aquitania, en el suroeste de Francia.

En el 420, Roma ya intervino directamente en la región, aunque el general comisionado para la misión, el comes Hispaniarum (conde de las España) Asterio, no consiguió un éxito definitivo. Aun así, el emperador Honorio felicitaba a los soldados acantonados en Pamplona por sus recientes victorias, al igual que establecía las condiciones concretas del hospitium, servicio al que estaban obligados los pamploneses y por el que debían alojar y sostener a sus expensas a estos efectivos militares.
 
 
EXTENSIÓN TERRITORIAL DE TRIBUS BÁRBARAS EN HISPANIA
 

Las sucesivas intervenciones visigodas en Hispania les habían convertido en el auténtico poder fáctico. En los años 441 y 413, los visigodos de Merobaudes derrotaron a los bagaudas Arecellitani, en Araciel, despoblado de las cercanías de Corella (Navarra). Los bagaudas fueron un grupo de elementos de baja posición social que agrupaba a pequeños propietarios descontentos por la presión fiscal de la administración romana, así como a colonos y a esclavos que habían huido de sus señores. Otra rebelión mayor tuvo lugar en el 449, liderada por Basilio; sus efectivos se vieron incrementados por la devastación de Vasconia por el rey suevo Requiario, quien se dirigía hacia Aquitania para casarse con la hija del rey visigodo Teodorico I. Un ejército visigodo acabó con esta revuelta por la fuerza de las armas en el 454.

Cuando los visigodos derrotaron a los suevos a orillas del río Órbigo, entre León y Zamora, ya mantenían guarniciones en algunas de las principales ciudades como Sevilla, Mérida, Astorga y Pamplona como última etapa antes de los Pirineos.

Con la llega al trono del rey Eurico en el 466, los visigodos fueron ocupando el poder que les iba dejando un Imperio romano en descomposición interna y, ya en el 472, controlaban todo el territorio al norte del Ebro.

Cuando el emperador Alarico II fue derrotado por el rey franco Clodoveo en el 507, el pueblo visigodo se instaló definitivamente en la Hispania romana hasta la desaparición del Reino Hispano-visigodo en el año 711. Durante este periodo de tiempo, los enfrentamientos entre visigodos y vascones fueron constantes, mientras que estos últimos ya hacían su presencia a ambos lados de los Pirineos.

 
 
HISPANO-VISIGODOS

 
Varias son las referencias escritas a los términos Vasconia y vascones en ese plazo de tiempo. La primera de ellas se refiere a una región del norte de Hispania de límites inciertos y que se correspondía con parte de una antigua circunscripción tributaria del Alto Imperio romano. El Anónimo de Rávena, obra bizantina de mediados del siglo VII, se refería al territorio de los vascones rodeado de montañas por tres de sus lados y por el norte, por el océano: posiblemente se refería a un establecimiento de estas gentes al norte de Pamplona, quizás englobando áreas de Guipúzcoa, Vizcaya y Huesca.

En este hábitat, San Isidro de Sevilla caracterizó en sus obras a los vascones como pueblos montañeses errantes (montiuagi populi), situándoles en una amplia franja de terreno en las tierras altas del Pirineo. Las fuentes francas como San Gregorio de Tours, Fortunato y Fredegario siempre destacaron el carácter pirenaico de los vascones.

Se trataba de poblaciones con una economía pastoril y primitiva sometida a un inestable equilibrio. Cualquier crisis de subsistencia o un desfase poblacional que presionara sobre sus escasos recursos traería consigo graves problemas, que se resolverían depredando los territorios vecinos. Los habitantes del resto de Navarra y de Álava no pueden ser tratados como vascones, al no entrar en esta caracterización de poblaciones montañosas.


 
 

MAPA DE AQUITANIA, WASCONIA Y CANTABRIA
 
 
Una vez que el poder se ha establecido en el Reino Hispano-visigodo, el primer acontecimiento constatable que ocurrió en Navarra ocurrió en el año 541, cuando los reyes francos Childeberto I y Clotario I atravesaron los Pirineos con el objetivo de tomar Zaragoza, ciudad clave en todo el territorio, a la que sitiaron sin éxito. Su retirada, en muchos aspectos un preludio de Roncesvalles, fue un completo fracaso, aunque no consta la actitud de los vascones durante el desarrollo de los acontecimientos.

Esta intervención franca fue el inicio de una serie de continuos enfrentamientos en zona peninsular durante más de un siglo. En algún momento llegaron incluso a controlar la antigua Cantabria, desde la Rioja a Santander, lo que implicaba a las actuales provincias Vascongadas y Navarra como áreas inmediatas a la frontera. No se conoce el momento exacto en que se produjo esta expansión, pero si que fue durante el reinado de Sisebuto (612-621) el mérito de derrotar al duque Francio y restaurar la soberanía visigoda. La constante influencia y ocasional presencia franca está verificada por el hallazgo de varias necrópolis (Aldaieta y Alegría en Álava, Finaga y Malmasín en Vizcaya, Pamplona y Buzaga en Navarra).

En todo el valle del Ebro, Leovigildo se dedicó a eliminar los focos de poder local que estaban respaldados por los francos. Primero intervino en Cantabria en el año 574 y, siete años más tarde, sometió a los vascones fundando la plaza fuerte de Victoriacum (Vitoria), desde la que podía controlar futuras perturbaciones.

 
HISPANIA BAJO EL REINADO DE LEOVIGILDO (586)


Una nueva intervención visigoda se produjo en el año 621, durante el reinado de Suíntila cuando los vascones invadían la provincia Tarraconense, que comprendía todo el valle del Ebro y las montañas cercanas, hasta que fueron completamente derrotados y se rindieron de forma incondicional. Los vascones aceptaron el pago de tributos, entregaron rehenes y tuvieron que construir la ciudad de Ologicus (Olite) para garantizar su propio control.

La inestabilidad volvió en los años siguientes, pues una lápida de Villafranca de Córdoba está dedicada a Oppila, un noble godo que murió en el 642 en una emboscada de los vascones cuando transportaba suministros al ejército.

En los siguientes sucesos aparecieron los vascones como grupos turbulentos procedentes de las montañas, pero que carecen de iniciativa propia, actuando bajo el control de alguno de los pretendientes a la corona del reino visigodo. Una inestabilidad motivada por las ambiciones personales de los miembros de la alta nobleza que se disputaban el poder. Las sublevaciones eran habituales en las provincias Tarraconense y Narbonense (sureste de Francia), y los usurpadores querían contar en todo momento con quienes habían demostrado continuamente su belicosidad y buen hacer con las armas.
 
 
RELIEVE ECUESTRE DE LEOVIGILDO
 
 
En el año 653 un grave conflicto estalló en la provincia Tarraconense en los momentos finales del reinado de Chindasvinto. Froy, dux de la Tarraconense, trató de canalizar todo el descontento de una parte importante de la nobleza. Contaba para ello con el apoyo de toda su provincia, así como con el de los vascones. Tras unos primeros éxitos que le llevaron a sitiar Zaragoza, los aliados fueron finalmente derrotados por Recesvinto, que acababa de suceder a su padre.

El aviso fue importante, pero no sirvió de mucho y la situación se repitió en el año 672, ahora con la presencia de los francos, que trataron de medrar en estas aguas cuando tuvo que desplazarse a la zona de Cantabria para efectuar operaciones contra los vascones. En éstas estaba cuando Ilderico, conde de Nimes, sublevó la provincia de Narbona. El conde visigodo Paulo fue enviado para someterlo y, efectivamente, eso hizo pero utilizó la victoria en su propio provecho. Contando con el apoyo de los rebeldes recién derrotados, a los que sumó otros nobles de la Tarraconense, y el de francos y vascones, se declaró rey y se enfrentó a Wamba abiertamente. Éste tuvo que actuar con celeridad, y en apenas siete días logró castigar a los vascones y conseguir su sumisión, tras lo cual se desplazó a la Narbonense, donde puso fin al alzamiento.

Ambos hechos parecer estar coordinados, una primera revuelta de los vascones, que se niegan a entregar los tributos debidos, lleva al rey hasta la región. Inmediatamente, y mientras tiene las manos atadas, se produce un segundo conflicto más importante, pues ya implicaba a la nobleza goda y a elementos externos.

Un calco de estos acontecimientos se produjo en el año 710, tras la muerte de Witiza. Un sector de la nobleza visigoda eligió a Rodrigo, duque de la Bética, mientras otra facción optó por Agila II, posiblemente un hijo del difunto rey. Éste contaba con los mismos apoyos que Paulo: las siempre revueltas provincias de la Tarraconense y la Narbonense, los francos y los vascones.

Cuando se produjo el desembarco sarraceno en Tarifa, Rodrigo se encontraba reprimiendo una rebelión en Pamplona, ciudad perteneciente a la región Tarraconense, y por tanto al bando witizano, seguramente tras haber sometido Zaragoza. Siempre se trató de una guerra civil entre dos parte de un mismo reino Hispano-visigodo.

El bando witizano pactó con los musulmanes del norte de África una intervención bélica en la guerra civil para derrotar a las tropas de Rodrigo. A cambio, estos recibirían como recompensa el botín de guerra que consiguiesen. Y así es como tras haber cruzado el estrecho de Gibraltar y conquistar Toledo, vencían a Rodrigo en la batalla de Guadalete. Su entrada fue imparable y dos años más tarde sitiaban Zaragoza.

 
HISPANO-VISIGODOS

viernes, 25 de noviembre de 2016

La Etimología intepretativa y la defensa de la Hidalguía Universal de Andrés de Poza


Erudito, lingüista y jurisconsulto, hijo de judío converso y de vizcaína, Andrés de Poza Yarza nació en Lendoño de Abajo, Orduña, en 1530. Estudió en la Universidad de Lovaina y, en 1570, se graduó en Derecho por la Universidad de Salamanca. Sirvió en el ejército de la Monarquía hispánica en Flandes durante 1574-79, a las órdenes de Luis de Requesens.

Esta figura ha sido estudiada por J. Juaristi en su libro El hábito no hace al vasco, publicado en 1992, introduciéndole en el contexto cultural de la época y conectándole en la corporación de burócratas castellanos y vascos al servicio de los Austrias mayores.


CALLE DEDICADA AL LICENCIADO POZA EN BILBAO


Le apasionaban, además, las Ciencias Matemáticas, Astronomía y Náutica, lo que le permitió trabajar de profesor náutico en Bilbao y desempeñar una cátedra en la Escuela Náutica de San Sebastián. En cosmografía llegó a ser un erudito. Condenaba el uso de cartas planas, explicando el error a que daban origen. Enseñó la manera de calcular la longitud por medio de la distancia a la luna o a las estrellas zodiacales.

Como el resto de colegas que estudió en Salamanca y luchó en Flandes, era una autentico polígrafo, conocedor de varios idiomas: flamenco, latín, italiano, inglés, francés, vascuence y castellano; y en parte el hebreo y el griego. Su curiosidad intelectual fue infinita, llegando a ser un escritor afamado.

Al regresar se estableció en Bilbao, y ejerció como jurista, abogado del señorío de Vizcaya y consejero municipal tras haber escrito su obra fundamental y más conocida De la antigua lengua, poblaciones y comarcas de las Españas (1587), un tratado de 17 capítulos sobre el vascuence o antigua lengua de España. En ella escribió sobre el asentamiento de Bilbao y de sus gentes, y contiene uno de los primeros catálogos de las lenguas románicas en el ámbito de la lingüística europea, anterior incluso al establecido por el célebre humanista francés Escalígero. Fue el primer libro impreso en Vizcaya, por Matías Mares, el primer impresor del Señorío. También escribió un Tratado de Hidrografía, editada en Bilbao.


HYDROGRAFIA


Por encargo de las Juntas de Vizcaya escribió De nobilitate in proprietate. Ad Pragmaticas de Toro et Tordesillas, en 1589, en el que defendía la universalidad de la nobleza vizcaína contra las amenazas del fiscal de la Real Chancillería de Valladolid, Juan García de Saavedra.

Poza aportó al conocimiento la tradición cabalística, revirtiendo sobre la cultura vascongada una experiencia onomástico-interpretativa que la ha marcado durante siglos, el Etimologismo. Gracias al amplio conocimiento en idiomas, su trabajo consistió en explorar el lenguaje, tomando los nombres de las cosas para, desde los signos, indicaciones y marcas de los mismos, determinar la naturaleza de las cosas, es decir, la interpretación. Su método fue también generacionista, la búsqueda de lo originario desde "las semejanzas", pero dentro de la exclusiva experiencia del lenguaje. Y llegó a relacionar el vascuence con el hebreo, tanto en calidad como en competencia filosófica y "sustancial".

En su obra De la antigua lengua, hizo su peculiar reinterpretación etimológica, y apropió para los vascos el nombre de Asturias y el de Cantabria, remarcando su carácter montañoso e inaccesible a las invasiones de romanos, griegos y cartagineses. Para Poza, el carácter indómito de los vascos quedó patente en la oriundez de su lengua, que resistió a las muchas oleadas de gentes extranjeras, pero esta antigüedad del vascuence era defendida desde las tesis tubalianasla "lengua materna... que desde el patriarca Túbal" estaba allá, pero que "sólo lo vascongado se ha conservado".


LAUBURU SOBRE PIEDRA


Para Poza, como el hebreo, el vascuence también era de origen babilónico, uno de los 72 idiomas originados de la división de las lenguas durante la construcción de la torre de Babel. La lengua vascuence surgió entre los habitantes de la llanura de Senaar, con Túbal a la cabeza.

Consideraba que los nombres de Túbal y de sus hijos eran de origen hebreo, sumándose a la tesis de Garibay que convierte a Túbal en el primer rey de España, lo sitúa en la hipótesis pirenaica mediterránea. Admitía que los nombres de algunos reyes de la España primitiva eran caldeos, así como los de algunas de las ciudades que aquellos fundaron. Túbal y sus descendientes conservaron algo de onomástica y de la toponimia caldea.

Como todas las lenguas babélicas, el eusquera participaba de algunas de las cualidades de la lengua primera, la infundida por Dios en Adán: lengua adánica. Por ejemplo, en la alta filosofía o sabiduría infusa, que permite que todos los vocablos revelen la naturaleza o esencia de las cosas que designan. Poza se basaba en el Crátilo de Platón, el diálogo en que Sócrates discutía con Hermógenes acerca de si las palabras significan por naturaleza o por convención. Para Poza, la cuestión no tenía duda: la lengua adánica y las lenguas matrices significaban por naturaleza. Las demás, derivadas de ella, lo hacían por convención. Según Poza, el vascuence no había perdido el nexo natural entre la palabra y la cosa.

Mediante el etimologismo de los nombres eusquéricos de Dios, del sol o de la luna, dedujo que la lengua vasca "no es menos sustancial y filosófica que las más elegantes de Europa".

La aportación más importante de Poza a la mitología vizcaína fue la idea de que el eusquera contiene ya en su vocabulario ancestral la revelación cristiana del misterio de la trinidad. Basándose en los procedimientos de la Cábala, analizó la palabra vasca que designa a dios, Jaun o Iaun, en tres elementos distintos: I (tu), a (aquel) y on (bueno), concluyendo en que, desde Túbal, los vascos sabían ya que Dios eran el sumo bien, un solo dios y tres personas distintas.


ENTRANDO EN LA IGLESIA, POR JOSÉ ARRUE


Poza abordó la cuestión de la hidalguía universal de los vascos, aclarando si surgió durante la potestad regia o fue precedida a la Monarquía hispánica. Para ello, empleó su habitual método, el estudio etimológico de las palabras, tomando los términos de "infanzonazgo" e "infanzón", que existían ya desde los godos. Al no ser estos términos de origen vascongado, concluyó que en estas tierras jamás entraron los godos, y por ello la naturaleza nobiliaria de los vascos era anterior al establecimiento de régimen estamental de nobles y vasallos establecido por los godos, e incluso al de los romanos. Infirió que:
"La nobleza de Vizcaya no tiene origen ni principio alguno, y de ellas se puede decir... que realmente ha conservado su libertad, su lengua y su hábito desde el patriarca Túbal a esta parte."
Sin explicar la intervención de los reyes castellanos en la concesión de hidalguía de las villas y la posterior extensión de estas a toda la población, Poza prefirió insinuar que fue el propio rey quien se sometía a sus gentes, contando la mitológica batalla de Arrigorriaga en el 870, cuando los vascos en Padura eligieron como señor a Zuria, y no a Alfonso de León.

Las Juntas vizcaínas reunidas en Guernica confiaron en el licenciado Andrés de Poza para la defensa de la hidalguía universal de los vizcaínos, tras haber leído recientemente su alegato filológico. Poza describió en su De hispaniourum nobilitate et exemtione la supuesta condición de limpieza de sangre, y su aplicabilidad de la Pragmática de los Reyes Católicos dada en Córdoba en 1492.


FUERO NUEVO DE VIZCAYA



Fue elegido para responder de manera contundente a las amenazas de supresión hechas por el fiscal de la Chancillería de Valladolid, Juan García de Saavedra, en 1588. Pero la polémica ya había servido en tiempos de Carlos V, al consultar éste a todas las Chancillerías acerca de si los vizcaínos debían ser considerados todos nobles.

El fiscal planteaba una cuestión básica: ¿cómo van a ser en un mismo territorio todos a la vez hidalgos?, si hidalgos los hay porque existen pecheros junto a ellos, pero debajo de ellos, evidentemente.

Para responder a esa cuestión, Poza escribió, por encargo de las Juntas, De nobilitate in proprietate. Ad Pragmaticas de Toro et Tordesillas. Su idea básica establecía que en virtud de las leyes de Toro y Tordesillas, promulgadas en 1398 y 1403 por el rey castellano Enrique III, no concedería a los vizcaínos la posterior pragmática que los Reyes Católicos promulgaron en Córdoba. Y luego, refiriendo sobre el contenido del Fuero Nuevo de Vizcaya, redactado para reformar el anterior en fechas todavía recientes, en 1527, mostraba la calidad misma de la hidalguía vizcaína que justificaría el que sus habitantes fuesen de por sí propietarios de nobleza.

Su texto dialoga con el fiscal pero en un diálogo sin salida, precisamente porque sólo busca razonabilidad a unos supuestos "históricos" que considera intocables.

Para Poza la nobleza de los vizcaínos es conferida por ser ellos mismos originarios y autóctonos, de solar conocido en frases como:
"Las pragmáticas de 1398 y 1403, dadas ambas por el rey Enrique III, en Toro y Tordesillas repectivamente. En ellas se afirma que al entablar el proceso de probanza, todos fechen, salvo los notorios hidalgos de solar conocido. Luego la hidalguía corresponde en propiedad al solar conocido, indicativo de por sí de la nobleza del litigante."

Mientras que para el fiscal, el término de hombre noble con posesión de "casa de solar" corresponde al señor con vasallos solariegos que puebla sus propias tierras:
"Son casas fortificadas, con escudero de armas y voz y apellido de solar de casa.... las leyes de Erique III, al hablar de solar conocido se referían a esa realidad y, si así es en Vizcaya, hay también ahí señores con vasallos. Luego no puede ser general la hidalguía."

Poza, por lo tanto, distinguía dos tipos de hidalguía en Vizcaya, la nobleza real o urbana y la nobleza de tierra llana o infanzonía. La nobleza señorial que estaba formada por los Parientes mayores, de solares reconocidos de voz, apellido, linaje, armas, hazañas y antigüedad inmemorial e historial, es decir, la nobleza espléndida. Por otro lado, la infanzonía era la clase baja, que ya en el siglo XVI había adquirido su caserío o solar conocido, aunque su dedicación socioeconómica fuese la agricultura, pesca o ganadería.


REPRESENTACIÓN DEL ÁRBOL DE GUERNICA


Pero lo que ocultaba Poza es que aquellas gentes vizcaínas que ahora eran de solar conocido y casa propia, durante el Medievo tuvieron que pechar a la nobleza cuando aún no existía o estaba en proceso de formación la red de villas aforadas que liberaban a estos vasallos de los señores feudales.

Su argumento fue una metáfora del árbol como casa, consistente en tomar el Fuero Nuevo de 1527 (corrección del Viejo de 1452, aprobados ambos por el monarca) y examinar determinados títulos de transmisión patrimonial de la propiedad. Utilizó la semántica de ese régimen de trasmisión, que es la del árbol enraizado en el solar conocido de cuyas raíces surgió la sabia nueva generación tras generación. Y así, infirió la secular vinculación de las gentes al suelo, "los de aquí", los autóctonos que brotan por sí mismos del suelo, y no son plantados como gentes extranjeras venidas de otras partes. Para Poza, la imagen del árbol posibilita la esencia rural de Vizcaya, pues toda ella es un casa infanzona por sus hundidas raíces en el suelo. Posteriormente a este hecho, apareció la ley para reglamentar esta circunstancia.

Un gran número de proverbios castellanos y vascos provienen de la metáfora árbol que caracterizan a sí mismos los linajes solariegos como nobles, estables, duraderos y poderosos, como por ejemplo el linaje de los Aritza (árbol, roble), que iniciaría la dinastía pamplonica. Así pues, el euskaldun Aritzak, zozpala bererikoa siginificaría en castellano "De tal palo, tal astilla". O aquel otro de Badakik, bai, zein aritzi dagokion ezkurra (ya sabes, ya, en qué árbol hay fruto), que derivaría en castellano en "quien a buen árbol se arrima, buena sombra la cobija". Cientos, como Zuhainak badu bere zuhatza, "cada árbol tiene su savia propia"; Zuhaitz onak bere itzala, "buen árbol, sombre especial"; Zuhaitz orok adar eihar, "en todo árbol, ramas secas"; o Aritz eroriari orok egur, "todos hacen leña del árbol caido".

Esta calidad hidalga no fue asentada únicamente en esta dendro-logía y esta imagen forestal que significaron una ley foral, pues también se apoyó en el recurso de Túbal en cuanto a fuente y origen de esa lógica arbórea:
"Todo esto, antes que hubiese puntos de derecho, debió de ser ley y costumbre en Vizcaya y no menos antigua que su lengua y hábito y libertad del siglo del patriarca Túbal..."

lunes, 21 de noviembre de 2016

Carpeta "Blas de Lezo", por Augusto Ferrer-Dalmau




La Carpeta “Blas de Lezo” es una lujosa carpeta que contiene cuatro bocetos preparatorios de la escultura que el pintor y escultor Augusto Ferrer-Dalmau realizó en homenaje al teniente general de la Armada española del siglo XVIII, Blas de Lezo. Esta estatua fue donada al Museo Naval de Madrid, que en la actualidad expone. Los bocetos están firmados por el propio autor. 
 
Esta carpeta es una edición limitada de Ediciones & Escultura Histórica que publicó en 2014, que además incluye el catálogo de la Exposición Blas de Lezo del Museo Naval realizada el mismo año.

 

jueves, 17 de noviembre de 2016

La Conexión entre Túbal y la Monarquía hispánica por Esteban de Garibay


Historiador Esteban de Garubay y Zamalloa, nacido en Mondragón, en 1533, estudió en la Universidad de Oñate y participó en la vida política local y guipuzcoana mientras redactaba Los Quarenta Libros del Compendio Historial entre 1556 y 1566, que serían publicados más tarde. Fue nombrado alcalde de Mondragón en 1568.

La mayoría de sus trabajos los realizó en castellano, pero en muchas ocasiones utilizó el euskera en sus obras. Su enorme Los Quarenta libros del Compendio historial de las Chronicas y universal Historia de todos los reyes de España se publicó en Flandes, en 1571. En esta obra aporta la gran novedad de entroncar a la Monarquía hispánica, desde sus inicios, dentro del linaje tubaliano de los vascos.

Fue nombrado Cronista de Felipe II en 1592. Publicó Letreros e insignias reales de todos los serenísimos Reyes de Oviedo, León y Castilla en 1593 y continuó con las Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, que es sólo una parte de sus investigaciones genealógicas (Grandezas de España, en la Real Academia de la Historia). Por el rey Felipe II sentía una profunda admiración y gratitud, convirtiéndose en algunos momentos en un apologista exagerado.

 
COMPENDIO HISTORIAL
 

Cuando se estableció en Madrid escribió Origen, discursos e ilustraciones de las dignidades seglares de estos reynos,  publicado parcialmente en 1596. Incluido en el entorno de los Idiáquez, linaje de guipuzcoanos bien relacionados en los Consejos Reales, intentó recuperar la condición de Reino para la Provincia de Guipúzcoa, gestión realizada en común junto a Juan de Idiáquez, lo que no consiguió al faltar el apoyo de las Juntas Generales.
 
La Junta de Tolosa de 16 de abril de 1559 autorizó a Garibay y al general de los Jerónimos, Juan de Alzolaraz, natural de Cestona, para acudir a discutir con Pedro de Alcocer, contador del duque del Infantado, la tesis de la unión voluntaria con Castilla de la provincial de Guipúzcoa. Alcocer, en su Hystoria, o descripción de la Imperial cibdad de Toledo, afirmaba haber sido ganado Guipúzcoa por el rey Alfonso VIII por fueros de conquista. Tras la pelea dialéctica, Garibay consiguió que Alcocer se comprometiese a corregir su afirmación en las próximas ediciones de su obra.
 
La independencia es nobleza, porque la raiz etimológica de noble es "non vilis", que quiere significar "no vil", es decir, hijo de libre e independiente. Según Garibay, el pueblo vascón pudo mantener la independencia y, por ende, la nobleza, frente a los reyes asturianos y leoneses, especialmente frente a Alfonso II, hasta el año 1200, fecha de unión con Castilla, que no acarreó la pérdida de la nobleza, pues fue voluntaria y con garantías para las instituciones tubalianas, que dieron origen a los Fueros.
 
Sin embargo, para Garibay, Guipúzcoa está integrada a las Españas por su firme fe en Dios y por su fidelidad al rey, lazos de unión que hermanan la variedad de los pueblos hispánicos.
 
Trabajando como secretario real, hizo su propia versión sobre el origen de los reyes hispanos, entronizando la Monarquía de Castilla dentro de la autoctonía prebabélica de los reyes vascos. De manera que la empresa imperial hispana quedó ubicada dentro del originario proyecto de Túbal, unificando a todos sus súbditos españoles. Túbal, primer rey de España, seguido de Ibero, Idubeda, etc. hasta enlazar con los reyes godos y la figura de Pelayo. Su discurso enmarca el microcosmos guipuzcoano con el macrocosmo hispano-europeo.
 
 
TORRE DE BABEL
 
 
Se vanagloriaba del origen antiquísimo de la lengua euskérica, una de las 72 surgidas en la confusión babilónica, traída por Túbal y sus compañeros cuando fundaron el solar eúscaro, exactamente en el año 142 después del diluvio universal y el 2163 antes del nacimiento de Cristo. Guipúzcoa es además la Bardulia heredera del heroísmo de los cántabros invencibles y hoy "muralla y defensa de los reynos de Castilla y León".
 
Según Garibay, Túbal partió desde Babel ante la "gran confusión por la variedad de tantos lenguajes, comenzaron a discurrir por muchas provincias del mundo". Narró las aventuras de diversas parentelas por distintos caminos:
"... entre las demás generaciones y padres que con sus compañías de Armenia y Caldea partieron para estas poblaciones del mundo, fue uno nuestro Túbal... hizo los aparejos que para un viaje largo eran necesarios porque su designio era venir a la más occidental tierra... sugió con sus campañías en las riberas de Cathaluña, que confinan con Ebro... a poblar España."

Ante esta versión catalanista, Garibay prefirió traer a Túbal hasta las "montañas de la región (navarra) y de la Cantabria y aquí dizen que paró". Y asentarlo en las montañas vasco-cantábricas de la falda extrema pirenaica, ensanchando su prole y enseñándole en su propia lengua "bascongada" el monoteísmo; y tras henchirlo de descendencia, haciendo en él sus edificios “de los que agora llaman caserías y solares conocidos”, bajó a la llanada y sus gentes la poblaron los primeros con su primera lengua.

Así es como sostenía este cronista real que Túbal tuvo su "primer habitación" española en Cantabria, tierra que identificó con las Provincias vascongadas. Los cántabros serían, para Garibay, los primeros pobladores de Españam traídos por el propio Túbal. La lengua de los cántabros, la primera hablada en España, también enseñada por el patriarca, sería después conocida como vascongada, emparentada con las lenguas de las bíblicas tierras de Armenia y Caldea. Esta tesis está probada por vocablos sobre toponimia, como el monte Aralar, que sería el equivalente vascongado del monte Ararat donde se detuvo el Arca de Noé, o el monte Gorbea, al sur de Vizcaya, que debe su nombre al monte Gordeya, en Armedia.

Estos cántabros, españoles originarios, serían los que siglos después tan heroica lucha mantuvieron contra Roma "por no venir a servidumbre", como escribió Garibay. Asimismo recogió este autor la opinión sostenida por algunos de sus paisanos sobre los árboles del escudo de Guipúzcoa, que "representan las muertes que con el veneno deste árbol tomaron los Cántabros Guipuzcoanos en la guerra que con el Emperador Octaviano tuvieron, por no rendirse al Imperio Romano".

 
BESAMANOS DE LOS BANDOS OÑACINO Y GAMBOINO
AL REY FERNANDO EL CATÓLICO
 
 
Garibay ensalzó también la hidalguía universal vasca; distinguiendo tres tipos de nobleza:
1. teologal: abarca a santos y bienaventurados
2. natural: deriva de los dones, hermosuras, gracias y bondades con que dota la naturaleza
3. política: "que procede y desciende de la clara progenie de sus mayors", y ésta es la que disfrutan los hidalgos de Castilla, a cuyo efecto Garibay deriva hidalgo del teutón Eudel o noble.
 
De la hidalguía política derivaría directamente del primer fundador de las Españas, Túbal, quien habría enseñado a los vascos, "los verdaderos españoles", la lengua, el culto al auténtico Dios y las virtuosas costumbres condensadas en los fueros.
 
Las luchas de los cántabros, que según Garibay son los mismos vascones, contra Roma fueron el crisol cimentador de la nobleza de los vascos, que habrían asegurado con la independencia la continuidad tubaliana ennoblecedora.
 
La hidalguía vasca sería universal e igualadora, sin preeminencias de títulos continuados como se dan en la de origen godo o romano. Esta visión de la nobleza lleva aparejada la distinción entre las Españas auténticas, vinculadas a solares eúscaros, y las Españas mezcladas con gentes ajenas.
 
En definitiva, la aristocracia igualitaria vasca es el esqueleto de las instituciones forales, asentada en la memoria tubaliana y dignificada por la independencia de los cántabros o vascos, conservada sin mancha, incluso con la voluntaria incorporación a Castilla en 1200.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Escultura de Juan de Garay en Santa Fe




La escultura a Juan de Garay de la ciudad de Santa Fe de Argentina se encuentra ubicaba a pocos metros del Parque Arqueológico de la ciudad. Fue inaugurado el 15 de noviembre de 1980. 

La estatua tiene más de tres metros de altura, la escultura fue realizada por escultor y restaurador J. Domingo Pérez Torres, mientras que el pedestal lo fue por la Municipalidad de Santa Fe.




viernes, 11 de noviembre de 2016

La Teoría vasco-cantabrista de Juan Martínez de Zaldivia

 
Historiador y gobernante guipuzcoano natural de Tolosa Juan Martínez de Zaldivia pertenecía la familia oñacina de Parientes Mayores. Fue bachiller en Leyes y alcalde de su villa natal repetidas veces representándola en Juntas y procurando a la Provincia ante diversas instancias. Gracias a su experiencia política, su actividad en leyes, su linaje familiar y a su interés por las letras, hizo que se le encargasen varios estudios historiográficos pioneros. Su Hidalguía de los guipuzcoanos fue redactado entre 1545 y 1552, además de un Cronicón de Fuenterrabía.

El texto de Zaldivia es etnodescriptivo, manteniendo un ensalzamiento y felicitación de los que son los guipuzcoanos de la modernidad, precisamente la dedicatoria del libro finaliza con un verso que decía que iba a elevar hasta el cielo el gran nombre de los várdulos, Varduliae magna nomina ad astra feram.

La estructura de su narrativa está fijada por el modelo cultural cristiano del gran "Encadenamiento de los seres": una teoría que enfoca lo vasco dentro de una jerarquía ordenada en lo concerniente a su naturaleza y relaciones, la sociedad y Dios. El puesto que ocupen los vascos está determinado por esta escala de catalogación de seres.

 
ESCUDO HISTÓRICO DE GUIPÚZCOA SOBRE PIEDRA
 
 
Su obra más importante fue Suma de cosas cantábricas y guipuzcoanas de la que existen diferentes manuscritos, que consta de 27 capítulos. Fue ofrecida a las Juntas, ya acabada, hacia 1560.
 
En ella se encuentran los mitos y hechos clásicos, que sirvieron de fundamento al Fuero: la doctrina de la nobleza universal, la antigüedad legendaria tubalista, el nacimiento del euskera traído por Túbal tras la confusión babélica de las lenguas, la identificación de los vascos con los remotos heroicos cántabros, las libertades inmemoriales, las lealtades generosas a los reyes de Castilla, la inviolabilidad del territorio por parte de visigodos y árabes y la entrega voluntaria de 1200. Se centra en el ensalzamiento de la grandeza de los guipuzcoanos por haber mantenido inalterable la herencia tubalista en múltiples aspectos.
 
Fue el pionero de la teoría vasco-cantabrista que tanto éxito iba a cosechar en los siglos venideros. Intimamente imbricada a ésta, se halla la tal vez primera teorización, casi sistemática, de la nobleza universal de los vascos. Esta nobleza derivaría de su carácter de primitivos pobladores de España, poseedores de una lengua primera que resistió al desgaste de las invasiones y colonizaciones posteriores. Describió el mapa de la tierra de los vascos, situada en España, su clima, su suelo y subsuelo. Hizo girar una cartografía geo-descriptiva hacia un terreno apropiado de hechos selectamente míticos: los Pirineos; pero olvida los montes de su entorno guipuzcoano, como los de Orduña (vitales en el acarreo de la lana de la meseta al puerto de Bilbao), o los montes de Triano y Somorrostro.
 
Para Zaldívia, el Pirineo es un lugar mítico, sagrado y puro. Estas creencias surgieron de su imaginario al leer "historias" clásicas de las que cita dos: la de Plinio, para asegurar "de tanta urbendad de minerales", y la de Isidoro, que argumenta que el Pirineo es un lugar donde surge el fuego, porque piro en griego es fuego, y por ende, dándose la alianza entre el metal y el fuego se daría origen a toda civilización urbana.
 
MAPA HISTÓRICO DEL SEÑORÍO DE VIZCAYA Y LAS CUATRO VILLAS DE CANTABRIA

 
El héroe mítico, Túbal, surgió en la llegada al Pirineo, un antiquísimo y bendito día:
"...tratando de la venida de Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé, a España... que él y sus compañías que se llamaron tubales pararon en los montes Pirineos y después, creciendo descendieron a los llanos y poblaron por allí cerca alrededor algunos pueblos y en Navarra y Vascos. Y así son dependientes los tubales, pues aquella tierra está junto a los Pirienos donde los Centubales habitaron y poblaron."
 
De las innumerables versiones escritas que debieron de existir sobre el inicio civilizador del lugar, los pobladores de España, nietos de Noé y emigrantes bíblicos pirenaicos, Zaldivia se apoyó en la del arzobispo navarro Rodrigo Jiménez de Rada:
"Después de aquel Diluvio tan memorable pareció todo el género humano, fuera de las ocho ánimas que las Letras sagradas cuentan, en la edificación de aquella torre de Babilonia de que se hace mención en el capítulo 11 del Génesis, fueron confundidas las lenguas de una que había en setenta, e idos por el mundo, Túbal, hijo de Jafet, vino a las Españas con sus compañías y lengua que traían y paró en los montes Pirineos, y... los vascos y navarros tenían su lengua, que es la vascongada, Túbal y sus compañeros trajeron."

Autores clásicos como Isidoro, Antón Beuter, Tobio y Valdés, Pomponio, Plutarco y otros, influyen en su tesis sobre el origen misterio del vascuence, pero lo hace de forma equivocada asignando el origen vascón a los soldados de Aníbal que lucharon contra los romanos porque no entendían el latín. Ante la inexistencia de reliquias y vestigios de otras lenguas primitivas durante su época, anterior a la romanización, Zaldívia infiere en la maternidad lingüística del vascuence en toda la tierra de España.

El resto del libro es un catálogo de gestas guerreras de los guipuzcoanos, frente a romanos, godos, árabes, navarros en Beotibar, y franceses en Fuenterrabía, San Sebastián, Irún y San Juan de Luz.
 
RODRIGO JIMÉNEZ DE RADA
 
Partiendo de esos relatos e informaciones, Zaldivia hace florecer unos cuantos supuestos fundamentales e inalterables en la tradición vasca:
 
1. Inmemorial espíritu de independencia y libertad
 
Según Zaldivia los vizcaínos, descendientes de los cántabros, que gozaron de completa libertad y nunca fueron sojuzgados, jamás fueron sometidos por romanos, godos y árabes, sino que incluso tenían que defenderse de sus ataques, "vivían inmunes de sujeción y no se contentando de defender su libertad, tentaban de señorear e imperar a los finítimos y comarcanos, fatigándoles con continuas incursions".
 
De modo que los romanos no sólo no podían dominarlos sino que tenían que reclutar y encasillarse para defenderse de sus ataques. Y apoya su argumentación confirmando la existencia de monumentos romanos que él mismo pudo ver como buen antropólogo, o explicando que los romanos ya habían estado allí buscando y explotando minerales.
 
 
2. Limpieza de sangre:
 
Los vascos son de sangre y linaje noble, esto es, cristiano-vieja y no mezclada con gentes de otras religiones. Se mantuvieron inviolables frentes a visigodos y moros, y nunca han estados inficcionados de herejías, ni de judíos ni de moros. Por ejemplo en relación al hecho de que los visigodos no pudieran someterles argumenta el orgullo de aquellos vizcaínos "hacen de su limpieza y linajes,... en especial se jactan mucho de haber siempre sido apartados de herejías, con judíos y moros ni otros infieles nunca mezclados, y haber siempre guardado el puro nombre cristiano...".
 
 
A LA ROMERÍA, POR JULIO ARTETA
 
3. Fueros: leyes recopilatorias de las antiguas costumbres
 
Los compendios de las leyes de su época coincidían con las que Túbal trajo a los Pirineos:
"sola esta nación entre todas las provincias y reinos del mundo conserva sus leyes habitadas en la ley de la naturaleza de antes que Nino, rey de Babilonía, adulterase la áurea edad y corrompiese el mundo con la idolatría, y sóla ésta ha conservado su lengua primera."

Es decir, que para Zaldivia, los fueros se remontarían a los tiempos del supuesto patriarca Túbal, son un derecho anterior al de Roma, y constituirían una ley natural anterior a todas las escritas por los hombres. El derecho vascón que emana de los fueros sería, pues, la reducción escrita del primer derecho natural, cien siglos anterior a los primeros textos de Roma.

Si siempre han sido generosamente leales y fieles a los reyes de Castilla, es porque los han escogido por acto voluntario. En el capítulo XI de la Suma relató que los guipuzcoanos fueron súbditos de Castilla, en uso de su libérrima libertad originaria rompieron con su señor y se dieron al rey de Navarra hasta que, disgustados con éste y haciendo uso de su misma capacidad de independencia "volvieron al prístino estado de ser castellano, como gente libre y no conquistada".
 
 
 CAMPESINOS, POR EVA ARRATIA
 
4. Nobleza Universal: nobles todos y desde siempre
 
Para el bachiller Zaldivia fue muy difícil probar este supuesto, ya que desde su teoría por la cual todos los vascos eran nobles, se hace imposible explicar las recientes luchas sangrientas entre los bandos que formaban las Parentelas de linajes (Guerras de Banderizos), y toda esta aliada contra las villas hermanadas.
 
Las soluciones que tomaron los reyes castellanos para terminar con las banderías, como escribió "les fueron derribadas sus casas fuertes por el rey", son tomadas como simples penitencias pos sus desmanes pecadores, dándole un sentido moral, cuando en realidad su intención fue la de no querer reconocer que fueron decisiones políticas tomadas por sus superiores.
 
Este alcalde de Tolosa silenció la transformación socioeconómica que experimentó la sociedad vascongada en los últimos siglos del Medievo, cuando los habitantes de las villas hermanadas consiguen liberar el territorio a la libre circulación de bienes y personas mediante la fundación de las mismas y concesión de cartas pueblo por los reyes. De igual manera no reconoció las diferencias estamentales que existían entre los sometidos a pechas y tributos labradores, collazos y vecinos, y la nobleza terrateniente que se imponía por su fuerza armada.
 
La hipótesis por la cual siempre fueron considerados hidalgos también quedaba manipulada, ya que desde un punto de vita temporal, los guipuzcoanos lo fueron desde 1468, y los vizcaínos desde 1526.
 
Martínez de Zaldívia olvidó el hecho de la existencia de estamentos sociales, con los Parientes Mayores a la cabeza, amnistiándoles del uso de la extrema violencia para imponer su condición nobiliaria sobre el hidalgo común de las villas y sobre el pechero de los solares rurales.
 
Pero, ¿sobre qué fundamentos establece la supuesta hidalguía de todos los vascos en el siglo XVI? La cualidad de hidalguía de los siglos XIII y XIV estaba basada en las relaciones de parentesco y linaje familiar que determinaba el estamento social y el acceso a las decisiones políticas y económicas de las gentes de un grupo de solares rurales antiguos. Los Parientes Mayores se imponen sobre los pecheros, villanos y campesinos.
 
Durante proceso de fundación de villas y aforamiento, a finales del Medievo, los nuevos vecinos consiguen desligarse de las ataduras feudales de sus antiguos señores. Los fueros concedidos por el rey castellano les permiten, ya en el siglo XVI, utilizar unas libertades y exenciones, privilegios y derechos.
 
Las diferencias sociales en el concepto de hidalguía entre ambos períodos estriban en un enorme desplazamiento semántico de las redes comunitarias del parentesco hacia las del territorio concejil o villa aforada. Desde las imágenes se sangre hacia las del lugar privilegiado y exento, que ahora son las villas y la Provincia de Guipúzcoa.
 
Así pues, ahora el nuevo concepto de hidalguía del siglo XVI es una cualidad religiosa, de limpieza de sangre por no haberse mezclado con gentes de otras religiones sucias o no verdaderas. Este concepto tuvo mucho sentido y lógica en una etapa en la cual, las persecuciones y expulsiones de judíos, cátaros, islámicos, herejes o protestantes estuvieron a la orden del día.
 
Pero la intención de Zaldívia fue la de evitar el reconocimiento de que la nobleza vasca proviniese de privilegio realengo, instaurando la prueba de lo inmemorial, tan esencial para los apologistas que les siguieron y sin duda, para la cultura foralista del siglo XVIII: el argumento del "mucho antes sin memoria que se poblasen las villas".