lunes, 18 de marzo de 2019

Reinado de Pedro I: la reconquista de Huesca y Barbastro


Pedro I era hijo de Sancho V Ramírez e Isabel de Urgel. Su padre Sancho decidió confiarle, siendo aún príncipe, Ribagorza y Sobrarbe a título de rey, bajo su suprema autoridad. Seguía así Sancho Ramírez la costumbre navarro-aragonesa de delegar tierras gobernadas con títulos reales entre los infantes para colaborar en las tareas de gobierno y comenzar a ejercer responsabilidades regias. Era una fórmula que ya utilizaba Sancho III el Mayor, que concedía en vida títulos de regulus a sus hijos para que rigieran como tenencias parte de sus dominios regios. No se conservan documentos del nombramiento ni se conoce el día exacto del inicio de su gobierno sobre estas tierras, pero ya figura como tal a partir de junio de 1085.

Desde 1089 su padre le cedió el dominio en tenencia del curso medio del río Cinca, a título de rey de Monzón, tierras fronterizas muy expuestas a los ataques musulmanes de la taifa de Lérida.

PEDRO I DE ARAGÓN Y PAMPLONA

Entre los años 1093 y 1103, el Reino de Aragón, aliado del Cid Campeador Rodrigo Díaz de Vivar, en el Levante, dominó las plazas de Culla, Oropesa, Miravet, Montornés y Castellón de la Plana. Lo confirman no solo las crónicas, sino también la Historia Roderici y los diplomas suscritos por los tenentes de estas fortalezas. Se conserva un documento de julio de 1100 de Pedro I, donde se titula rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe, Ribagorza, Culla, Oropesa y Castellón. En ella concede a "mio cid Muño Muñoz" el castillo de Azafaz, la villa de Ova y se mencionan los tenentes levantinos: Ortí Ortiz, que tiene la honor sobre Monroig, Culla y Oropesa; y el citado Muño Muñoz, que se encargó de la tenencia de Castellón, Monroig sobre Montornés y Azafaz.

El 4 de junio de 1094, heredó el trono de los Reinos de Aragón y de Pamplona. El reinado de Pedro I se extendió durante diez años, que fueron decisivos para las tareas militares de la Reconquista, ya que significó la expansión del territorio aragonés en sus tramos central y oriental, llegando hasta la Sierra de Alcubierre y los Monegros.

PEDRO I DE ARAGÓN Y PAMPLONA

Recuperó la localidad de Milagro (1098) para el Reino de Pamplona y edificó la talaya o castillo de Milagro para consolidar una de las plazas fuertes de acoso sobre Tudela. En Milagro, casi veinticinco años después, su hermano Alfonso I, siendo rey, otorgó el Fuero de Estella para los nuevos pobladores en Puente la Reina (1122). Dos fueron las grandes conquistas de Pedro I en Aragón: Huesca y Barbastro.

Pedro I conquistó Huesca en 1096, dos años después de la muerte de su padre en el primer asedio de uno de los principales bastiones de la Marca Superior. Antes de que Huesca se rindiera y capitulara, Pedro I combatió al rey de la taifa de Zaragoza, que acudió a defender Huesca acompañado por algún noble castellano con intenciones en los territorios. Fue la batalla de Alcoraz, donde, tras varias cometidas de la caballería, los nobles consiguieron dividir el frente islámico y destruir las defensas de la infantería musulmana. El rey Al-Mustain II abandonó el campo de batalla, y Pedro obtuvo una resonante victoria, que fue cantada y celebrada durante meses. Se ensalzó el coraje y valentía de los soldados de aquel ejército cristiano que se mostró "incapaz de ceder, ni por miedo a la muerte ni por amor a la vida, y así venció por doquier la excelsa bandera de la cruz". La capitulación de Huesca incluyó condiciones de salvaguarda de los vencidos: derecho a conservar la vida, la práctica de la religión y la posibilidad de emigrar.

PEDRO I JUNTO A LA CRUZ DE SAN JORGE DURANTE AL RECUPERACIÓN DE HUESCA, POR JERÓNIMO MARTÍNEZ

Pedro combatió al lado del Cid Campeador, ya que mantenían una estrecha relación de amistad, anterior incluso al matrimonio entre sus hijos. Díaz de Vivar había sido el único guerrero capaz de vencer a los temibles almorávides, lo había hecho en los campos de Cuarte y desde entonces aguardaba la revancha mermado de efectivos. Pedro I acudió con sus tropas y también lo hizo Alfonso VI de León. Por primera vez castellano-leoneses, navarros y aragoneses se unían para frenar a los africanos. Fue una gran alianza hispánica cristiana entre León, Aragón y Pamplona.

En enero de 1097, los almorávides llegaron con un importante ejército mandado por Muhammad ibn Tasufin con objeto de recuperar para el islam la ciudad de Valencia, que había sido conquistada por Díaz de Vivar. De nada había servido el frente combinado por tierra y mar de los musulmanes que caían en la batalla de Bairén, en Gandía, ante la alianza castellano-aragonesa acaudillada por el Cid.

BATALLA DE BARBASTRO

Barbastro fue también conquistada en 1100 por Pedro I. El proceso tuvo semejanza con Huesca, aunque con menor resistencia. La primera reconquista de Barbastro fue comandada por Guillermo de Aquitania, y la segunda y definitiva por su yerno Pedro I, ya que este casó en primeras nupcias con Inés de Aquitania. El rey de aragoneses y pamploneses, al mencionar Barbastro, siempre podría reclamar que la Cristiandad le debía esa plaza al mérito militar de su familia.

El rey Pedro desempeñó también empresas menores, entre las cuales destacan: la toma de la villa de Milagro, la recuperación de Sariñera en 1101; y el sitio de Tamarite de Litera en 1104. Además reglamentó el Fuero de los infanzones.

Dentro de estas gestas de menor cuantía se encuentra una muy pequeña y próxima al final de su reinado: el intento de reconquista de Zaragoza.

Pedro I cabalgaba con unos 700 caballeros y se acompañaba de más del doble de peones. Era el mes de mayo, el ejército cristiano se aprestaba a infligir una de esas razias, arrasando cosechas en las huertas que rodean a la gran ciudad de la ribera del Ebro. Acampó por las terrazas superiores del río con su poderoso ejército. Inició la construcción de una fortaleza frente a Zaragoza en el actual arrabal de Juslibol.

Murió de enfermedad el 29 de septiembre de 1104, en el valle de Arán, que acababa de conquistar. Fue sucedido en el trono por su hermanastro Alfonso I, segundo hijo de Felicia y Sancho V Ramírez.

EXPANSIÓN DE ARAGÓN SIGLO XI (1035-1104)

jueves, 14 de marzo de 2019

Juan Martínez de Recalde y Saez de Vasozavala


Marino y comerciante al servicio de Carlos V y padre del almirante de la Armada de Vizcaya Juan Martínez de Recalde

ESCUDO DE ARMAS DE RECALDE

Juan Martínez de Recalde y Saez de Vasozavala era el padre del gran marino vizcaíno de mitad de siglo XVI general almirante de la Armada de Vizcaya con el mismo nombre Juan Martínez de Recalde y Larrinaga.

Había estado al servicio de Carlos V desde aproximadamente 1519, sirviéndole como su hombre de confianza en Bilbao, su villa natal. Recalde padre se encargaba de organizar las flotas para el emperador, por ejemplo, para el transporte de soldados y dinero hacia los Países Bajos, pero también de mantener un servicio de correos con pequeñas zabras entre la costa norte de España y los puertos de Flandes e Inglaterra.

Juan Martínez de Recalde era el primogénito de la familia, Martín Pérez de Recalde era el segundo varón, Sancho López de Recalde el tercero, y Francisco de Recalde el último. Se aprecia en esta familia como el primogénito y heredero del mayorazgo familiar conserva el mismo nombre y apellido de su progenitor, mientras que los demás hijos podían tener apellidos varios en combinación con el apellido de Recalde. A parte de estos cuatro hijos varones, Juan Martínez de Recalde y Marina Saez de Vasozavala tuvieron también cuatro hijas: Catalina Saez de Recalde, Toda Urtiz de Recalde, María López de Recalde, Menzía Urtiz de Recalde.


GENEALOGÍA DEL LINAJE MARTÍNEZ DE RECALDE


Desde 1504, Recalde ya realizaba relaciones comerciales entre España y Países Bajos. 

En 1508, aparecía a cargo de fiel, máxima autoridad de la Universidad de mercaderes e maestres de naos de Bilbao. Cargo que desempeñaría en 1509 y 1514, y también fue uno de los dos diputados de la Universidad en 1516. Un año antes había sido regidor de su ciudad. También había ocupado el cargo de cobrador del dinero para pagar a los hombres que iban a servir al soberano. Era uno de los mercaderes con mayor influencia en Bilbao.

Desde 1519, desempeñó varios cargos para el nuevo soberano de España, Carlos V. Su función más importante era la de proveedor de las flotas que se organizan en la costa norte de España, que incluía tanto la compra de productos como la construcción de barcos.

En 1523, se encontraba como capitán de navío, formando parte de la armada que se dirigía a los Países Bajos con 4.000 soldados españoles. Otra de sus actividades estos años fue la organización de una pequeña flota de zabras para transportar los correos de Carlos V hacia Inglaterra y los Países bajos. Por tales servicios reales recibía de la Corte una recompensa de 40.000 maravedíes anuales.

En 1553, el hijo del mismo nombre había empezado a ayudar activamente a su padre en sus funciones para Carlos V. Incluso ya tomaba parte en los negocios paternos desde al menos 1548. Aunque dirigían muchas operaciones para el emperador, seguían funcionando como mercaderes por cuenta propia. Así pues, recibían préstamos de los Fúcares que invertían en sus expediciones comerciales, hacían de transportistas de las mercancías de Diego de Bernuy o almacenistas ya que tenían lonjas.

BILBAO, SIGLO XVI

Cayó enfermo en 1553, y murió en julio de 1557. Su primogénito y futuro héroe naval ya se encargaba de la actividad empresarial. Las fuentes describen a este Recalde hijo "como buen trabajador, que entiende bien el comercio y que es capaz de sustituir a su padre sin dificultad".

Ambos Recaldes, padre e hijo, vincularon su vida y profesión al servicio de dos Austrias mayores, Carlos V y Felipe II, padre e hijo también. Dos servidores que desarrollaron un papel importante en los contactos entre España y los Países Bajos en los tiempos de prosperidad y paz y en otros de crisis y conflicto.

domingo, 10 de marzo de 2019

El Domuit vascones de Bernardino de Estella


Bernardino de Estella en realidad era Isaac Echeberría Galdeano antes de hacerse eclesiástico de la Orden Capuchina. Nació en la villa navarra de Estella, en 1892, aunque pasó buena parte de su vida en Argentina, desde donde colaboró con publicaciones como Nación VascaEuzko Deya y Orden Cristiano.

Estuvo influenciado por el pensamiento político de su compañero capuchino Evangelista de Ibero, autor del libro Ami Basco, de ideología nacionalista. Siguiendo el estilo de exposición de esta obra, escribió su particular Historia Vasca, que contenía una serie de preguntas con las consiguientes respuestas. En realidad, reunía una serie de Apuntes de Historia Vasca dictados en la Euskal Etxea de Buenos Aires, donde impartía clases a hijos de inmigrados vascos. Esta obra de la historiografía vasca manipulada fue utilizada por el Partido Nacionalista Vasco como guía patriótica y texto que abarcase todos los territorios históricos de uno y otro lado de los Pirineos, publicándose en Bilbao, en 1932, una año después que en Bueno Aires.

HISTORIA VASCA

Bernardino de Estella fue el creador de una expresión muy utilizada por el nacionamismo vasco en relación a los vascones y el Reino hispano-visigodo: "Domuit Vascones". Se trata de un latinismo que se traduciría como "dominó a los vascones". Desde entonces, varios historiadores nacionalistas vascos y navarros han recurrido a esta cita para afirmar que fue aplicada por los reyes godos en sus crónicas, sin especificar cuales, lo que significaría que en realidad no lograron dominar a los vascones.

Esta innovación de la historiografía nacionalista fue escrita por primera vez en 1931, en Historia Vasca, por su fundador Estella:
"En las Crónicas de los reyes visigodos se encuentra una frase constantemente repetida: Domuit vascones (subyugó a los vascones). Vencer a los vascos fue la idea que abrigaron casi todos los reyes visigodos. Pero esa frase, siempre repetida hablando del mismo pueblo, indica claramente que jamás lograron dominar a las tribus vascas. Lucharon contra Recciario, Eurico, Leovigildo, Recaredo, Gundemaro, Sisebuto, Suintila, Wamba, todos los cuales atentaron contra la independencia de Euzkadi."

El mito se basaba en la suposición por la cual los vascones nunca fueron sometidos por los visigodos en su pretensión de lograr la unidad territorial de todas la antiguas provincias hispanorromanas, y fue un hecho que varios reyes godos y suevos tuvieron enfrentamientos con los vascones, ya sea para dominar sus rebeliones, ya sea para evitar sus pillajes. Sin embargo, la expresión de Bernardino de Estella, nunca existió en ninguna crónica de los reyes godos, nunca "Domuit Vascones" fue una frase escrita por Isidoro de Sevilla, a quien también atribuye, lo que convertiría a la misma en un mito sin fundamento científico. Sólo una referencia posterior en siglos, y ceñida a Leovigildo, habla de que venció a "los feroces vascones", precisamente el rey que consiguió unificar toda la península Ibérica bajo un solo estado: el Reino Hispano-visigodo.

La idea tiene un doble concepto:
1. narcisita ("nunca nos dominaron"): sucesora de las tesis vasco-cantabristas tan en auge en siglos de la Modernidad por la cual los vascos, que en realidad eran cántabros, jamás fueron sometidos por los romanos. En este caso se extrapola a los visigodos.
2. victimista ("siempre intentaron subyugarnos"): utilizada como alimento espiritual del odio contra todo lo que sea español.

El historiador Miguel Izu ha ofrecido otra explicación sobre el origen de esta frase y que la sitúa en 1877, introducida por otro navarro Francisco Navarro Villoslada en su libro Amaya o los vascos en el siglo VIII:
"Consta que Requiario, Eurico, Leovigildo, Recaredo, Gundemaro, Sisebuto, Suintila, Recesvinto y Wamba, sujetaron a los vascones, frase que constantemente repetida por espacio de tres centurias, viene a significar precisamente lo contrario de lo que suena. No puede menos que maravillarnos que algunos críticos tomen por lo serio la frase de domuit vascones, que los godos tenían como en estampilla para añadir al nombre de cada nuevo monarca toledano."
Según Izu, probablemente con esa locución latina Navarro Villoslada se tomara una licencia literaria para hacer un resumen de las noticias históricas sobre las guerras entre godos y vascones y reflejar su idea, tomada de autores como José de Moret o Fermín Gonzalo Morón, de que los vascones no fueron nunca sometidos.

EUSKAL ETXEA EN BUENOS AIRES

Pero la expresión fue asumida como un hecho histórico por los autores posteriores y adornada con otros datos igualmente ficticios. Así, la invención del mito historiográfico del "Domuit vascones" fue utilizado por sucesivos nacionalistas: Arturo Campión, Hermilio de Oloriz, Eugenio Urroz, Agustín Azkarate, Iñaki Anasagasti, Josu Jon Imaz, etc.

El vascómano useño Mark Kurlansky, en una Historia vasca del mundo muy vendida en Vascongadas, repitió la expresión concluyendo:
"Todos los gobernantes de la Península hasta el actual Ejecutivo español han abrigado la misma intención: Hay que controlar a los vascos."
El cura Anastasio Arrinda insistió, en 1997:
"Todos los cronicones de la vida de los reyes godos o visigodos terminan con esta frase lapidaria: Domuit vascones…, señal de que nunca los subyugaron."

Continuaron el el siglo XII, algunos dirigentes nacionalistas del PNV. José Jon Imaz atacaba, en un artículo furioso: "No pongáis vuestras manos en la educación de nuestros hijos. Para historia nacional, ya tenemos la nuestra"; y se burlaba de "esa lista de reyes godos cuyas biografías terminaban siempre en el domuit vascones"Iñaki Anasagasti hizo apología de este lema: "El frentismo español diseña una vez más el domuit vascones." Y hasta abertzales batasunos: "Recordémosles la historia de Rodrigo, el último rey visigodo, que por andar entretenido en dominar una vez más a los vascones perdió su reino y su vida. Para que aprendan..."

El doctor de la universidad de Deusto, Armando Besga, resumió esta falsedad capaz de fundamentar una visión histórica y política actual:
"Aunque parezca increíble, lo cierto es que la dichosa expresión domuit vascones no aparece ni una sola vez en las fuentes de la época de los reinos germánicos, lo que demuestra cómo se ha hecho una parte de la historia de los vascones que, además, ha trascendido mucho."

 PLACA CONMEMORATIVA DE LA BATALLA DE RONCESVALLES

martes, 5 de marzo de 2019

Iglesia-fortaleza de Ujué




Ujué es un pueblo de origen medieval surgido sobre una colina en la construcción de una fortaleza de fronteriza de montaña, por el Reino de Pamplona. Su epicentro fue la Iglesia de Santa María de los siglos XII y XIV. Paulatinamente, se fueron incorporando los vecinos en busca de refugio. La villa es un espectacular mirador entre los montes Pirineos, las Riberas del Cidacos y del Ebro, y el pico Moncayo. 



La Iglesia-fortaleza de Santa María de Uxué fue en sus orígenes una pequeña capilla prerrománica. Durante el reinado de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, en 1090, se construyó un templo románico aprovechando la capilla originaria, que tuvo tres naves. 

En el siglo XIV, a instancias del rey navarro Carlos II el Malo, se demolieron las tres naves románicas, quedando en pie los tres magníficos ábsides con bóvedas de medio cañón, y en su lugar se alzó una única y grandiosa nave gótica. A este rey se le deben también el mirador ojival y el paso de ronda abovedado, que oculta al exterior los tres ábsides.

TRES ÁBSIDES ROMÁNICOS

PORTADA ROMÁNICA


El rasgo principal de este santuario mariano es su aspecto de fortaleza medieval por sus torres almenadas, pasos de ronda y robustos contrafuertes. Fue declarado monumento histórico artístico desde el 26 de junio de 1936. El aspecto actual del templo responde a diversas restauraciones, la última en 2011.




El pórtico de la Iglesia de Santa María es una obra maestra del gótico del siglo XIV. Representa un esquema apuntado y abocinado de diez arquivoltas de rica ornamentación. Destaca el tímpano central en el que están representadas la Última Cena y la Adoración de los Reyes Magos, ambas escenas de gran dinamismo.



En el interior se conserva la talla románica de Santa María de Ujué, realizada en madera de aliso en 1190. La Virgen "morenica" toma su nombre de la leyenda de la paloma. Según la tradición, un pastor que cuidaba sus rebaños vio a una paloma entrando y saliendo constantemente del interior de gruta. Al acercarse a observar mejor, encontró dentro de la cueva la imagen de la virgen y, posada a sus pies, la paloma. Con el fin de darle cobijo, los peregrinos y eclesiásticos construyeron una primitiva capilla para ella. El nombre de Ujué proviene, según la leyenda, de dicha paloma, que significa en eusquera "Uxua".

VIRGEN DE UXUÉ SOBRE ARCO ROMÁNICO


Los reyes navarros de la dinastía de Évreux tuvieron especial devoción por esta virgen. Carlos II construyó el templo gótico y aportó grandes donaciones a sus monjes. Su hijo Carlos III continuó la tradición, peregrinando en varias ocasiones desde su Corte en el castillo-palacio de Olite, y lo mismo hicieron su hija doña Blanca de Navarra y su hermana Leonor.

Carlos II el malo, rey de Navarra y aspirante al trono de Francia, murió en extrañas circunstancias: tras un desmayo se le aplicaron paños humedecidos con coñac, pero en un descuido un criado le prendió fuego, muriendo el rey abrasado. Su cadáver fue descuartizado y momificado, enterrado su cuerpo en la catedral de Pamplona, sus vísceras en la colegiada de Roncesvalles y el corazón llevado a la iglesia-fortaleza de Ujué. 

Por tanto, el corazón de Carlos II está guardado en una arqueta dentro de una vitrina, junto a la virgen que tanto adoró. Esa fue su voluntad que dejó escrita en su testamento, como perpetuo testimonio de su devoción. También la reina Blanca quiso ser enterrada en Ujué, pero los muchos conflictos de su época lo impidieron.



Frente a la portada norte se encuentra ubicado lo que fue el patio de armas del castillo del siglo IX. Los musulmanes lo consideraron la atalaya más inexpugnable del Reino de Pamplona, del que hoy día sólo queda el aljibe que almacena el agua para épocas de asedios.

PATIO DE ARMAS


Las torres almenadas son llamadas de los Cuatro Vientos y de los Picos o de las Campanas, y se conservan en estilo románico.

TORRES


Los centinelas utilizaban el paseo de ronda para asegurar el perímetro de la fortaleza, ya que la rodea por completo. Destaca el mirador con techumbre de madera, bellas pilastras, balaustradas pétreas con cuadrifolios y unas impresionantes vistas de la Ribera de Navarra.

MIRADOR


Carlos II el Malo además de mandar construir la nave gótica de la iglesia, quiso impulsar en Ujué uno Estudio general, institución germen de la universidade. La falta de fondos le obligaron a paralizar las obras en 1368 y de aquella iniciativa tan solo quedan unos muros en ruinas adosados a la iglesia.

RUINAS DEL ESTUDIO GENERAL


Desde la iglesia se observa una amplia panorámica en dirección al monasterio de La Oliva. Aparece lermita de San Miguel, que fue construida en el siglo XIII y derribada en 1806 dado el ruinoso estado de su bóveda. Apenas conserva los muros, la portada con el óculo, y la espadaña con los huecos para las campanas. Detrás de la ermita hay un altar donde se coronó a la virgen en 1956.

ERMITA DE SAN MIGUEL Y ALTAR DE LA VIRGEN DE UJUÉ


Ujué es un pueblo de piedra que creció al abrigo de la iglesia fortaleza. Sus casas y pasadizos se desparraman en fuertes pendientes por su ladera sur. Desde el reinado de Sancho Ramírez, se rodeó de una muralla para una mejor protección, hasta que en el siglo XVIII, con el crecimiento de su población, se derribó.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Vascos en la repoblación del Reino de Castilla y León


Desde los inicios de la Reconquista, diferentes grupos de alaveses, guipuzcoanos, vizcaínos y navarros fueron estableciéndose por los territorios que el Reino Castellano-Leonés remontaba al islam. Pero también en Aragón Oriental y la Ribera Navarra, y más tarde en la Al-Ándalus del sur peninsular. Los vascos y los navarros participaron de forma notable y decisiva en las dos empresas militares de la nación española: la Reconquista y la Colonización de las Indias.

La causa fundamental de la emigración durante la Reconquista fue la particular estructura social de los territorios vascongados, pues la herencia paterna solía recaer en el primogénito de los hijos, generando así la diáspora de los hijos menores.

Este proceso repoblador comenzó a las pocas décadas del establecimiento de los primeros núcleos de resistencia cristiana en las cordilleras del norte peninsular.

En los primeros años del siglo IX, comenzaba un trasvase importante de la población cristiana, concentrada al norte de la cordillera Cantábrica, para efectuar la repoblación de las tierras que acabarían denominándose Castilla (Vardulia) a cargo de pobladores provenientes de tierras cántabras y vascas. En tiempos de Alfonso II de Asturias, en la incipiente Castilla se repoblaron los valles de Mena y de Losa, siendo vascones en la zona oriental, y cántabros y godos en el centro y el oeste.

El torrente repoblador desde territorio vascongado se deslizó por los valle de Mena y Losa, y se prolongó principalmente en dirección al río Ebro y a norte de las actuales provincias de Burgos y Palencia.

Desde Cantabria, los repobladores se vertieron por las provincias de Burgos, Palencia y Valladolid.

Desde Asturias, la repoblación se concentró en las tierras, que acto seguido, conformaron el Reino de León.

Desde Galicia, asimismo hacia León y la actual Portugal.

Desde el Reino de Navarra, partió una esencial aportación a la repoblación del Reino de Aragón, aunque los navarros participaron también en el asentamiento de lugares tan distantes como Castilla, la Mancha o Mallorca.


EXTENSIÓN PABLACIONAL DEL REINO DE CASTILLA EN 1217

Tras el gradual avance militar de los soldados cristianos hacia el sur, la tarea de repoblación le secundaba en las tierras abandonadas por los musulmanes, fenómeno que acabaría configurando España como un país étnicamente muy uniforme debido a la fusión de sus pobladores, causada por la historia común que ha conformado esta nación.

El planteamiento repoblacional es merecedor de grandes elogios por parte de una sociedad en constante aumento, ya que durante el siglo XI la población peninsular se multiplicaba por tres y, en consecuencia, era necesario buscar con urgencia nuevos terrenos que roturar así como pueblos que asumieran un notable incremento del censo.

En los siglos XI y XII, la repoblación de Salamanca, Zamora y sus comarcas se llevó a cabo principalmente con pobladores provenientes del norte del río Duero, como palentinos, burgaleses, cántabros, asturianos, vascos y riojanos, e incluso de otros reinos, como navarros y aragoneses.

En las crónicas de repoblación de Segovia y Ávila, también se especifica el origen norteño de los pobladores, de Galicia a Aragón, sobresaliendo entre todos el sector oriental de la primitiva Castilla, es decir, norte de Burgos, Cantabria, Logroño y Vascongadas.

Una prueba de estas repoblaciones vascas son los nombres de algunas localidades, como por ejemplo:

- Bascones (Burgos, Palencia y Asturias), Bascos (Lugo y Orense) y Vizcaínos (Burgos)

- Naharros (Salamanca, Guadalajara y Cuenca) y Narros  (Ávila, Salamanca, Soria y Segovia)

Narros, Naharre y Narre tienen su origen en la palabra Navarra > Nafarroa > nafarros> naharros > narros

Pueblos de la meseta, especialmente en la provincia de Ávila, como Mingorría, Niharra, los múltiples Narros y Naharros, todos los Blasco y Muño: Muñogalindo, Muñana, Mengamuñoz, Muñogrande, Muñotello, Muñomer, Blasconuño.

Pueblos de Segovia y Madrid del tipo Gascones.

Los que terminan en –eta (francés –ette), –egi (francés –eguy), –aga, –arra, –aca, -edo y –ola, o los que empiezan por -nava o -naba, que en vascuence significa "llanura próxima a la montaña, vertiente, depresión, barranco" (topónimos muy comunes también en Ávila): Navacerrada, Navafria, Navalcarnero, Navalmoral, Navaluenga, etc.

Otro tipo de topónimos vascos muy extendido son los que tienen un inicio en -cha seguido de un nombre de persona, debido al amplio uso que tuvo en la Edad Media el apelativo vasco -echa (eusk. actual aita) "padre" como título honorífico. Entre estos topónimos tenemos Chamartín (uno en Madrid, otro en Ávila), Chaherrero (Ávila), Chagarcía (Salamanca), Muñochas (Ávila), Chavela, Robledo de Chavela (Madrid; el nombre Bela, o Vela, es un nombre vasco de uso muy extendido en el medioevo), Chapinería, etc.

En la Sierra de Ávila, en las proximidades de la localidad de Narrillos del Rebollar, se encuentra el Cerro de Gorría (eusk. mendi gorri). Otros topónimos de esta zona de Ávila son Garoza y Muñez.



REPOBLACIÓN ENTRE EL DUERO Y EL TAJO ENTRE 1072-1157

viernes, 22 de febrero de 2019

Juan de Garay Otañez y Rada


Maestre de Campo de los Tercios de Lombardía y capitán general de los Ejércitos de Extremadura, Guipúzcoa y Cataluña


JUAN DE GARAY OTÁÑEZ Y RADA

A pesar de que sus padres eran originarios de Vizcaya, nació en Madrid el año 1586, a causa del trabajo de su padre, Juan de Garay Otáñez y Rada, que era caballerizo natural de Sopuerta, miembro del Real Consejo de Hacienda. Posteriormente fue nombrado contador del rey en la Guerra de Perpiñán, tiempo en el cual su familia ya se hallaba nuevamente en Portugalete. Su madre fue Magdalena de Rada, de Portugalete, y su hermana Mariana de Garay, que nació en esta villa. Seguramente él, de no haber nacido accidentalmente en Madrid, con toda probabilidad también lo hubiese hecho en Portugalete pues de esta villa eran vecinos sus padres.

Siendo niño marchó a Italia para obtener una formación militar, hasta que en 1621 ingresó en una compañía en el Tercio de Flandes del Conde de Fuentes.

En Flandes pasó once años, participando en el sitio de Breda de 1624, en el socorros de Hertogenbosch de 1629, en el cerco de Maastricht de 1631, y en la toma de Stevenswert de 1632. En 1629 ingresó en la Orden de caballeros de Santiago.

En 1635 fue destinado a la Valtellina, en Italia, al mando del tercio de Pedro de Haro, para expulsar a los franceses y recuperar Morbegno. Al año siguiente se encontraba en la batalla de Tornavento, que detuvo la invasión franco-saboyana del Milanesado, consiguiendo el grado de maestre de campo al mando del Tercio Viejo de Lombardía.

Fue nombrado general de Artillería del Ejército de Lombardía en mayo de 1638. Antes de comenzar la campaña siguiente, moría en 1639 su superior jerárquico, Martin, mientras reconocía el castillo de Cengio, recayendo sobre Juan de Garay la responsabilidad abrir la campaña.

Partió de Vercelli en abril de 1639, internándose en el Piamonte sin preocuparse demasiado por dejar atrás Santhià y Trino, dos importantes plazas saboyanas. Cruzó el Pó por Pontestura, que se creía era su objetivo y acababa de ser reforzada. Pero, decidió marchar sobre Verrua, mucho mas fuerte que la anterior aunque peor guarnecida. Ordenó asaltarla por cinco puntos diferentes, sin asedio previo, y la ganó en 4 horas. Después tomó los puestos de Crescentino, a la otra parte del Pó, que se rindió el 11, a la vista del grueso del ejército que el marqués de Leganés llevó en su apoyo. Aquella misma noche, Madame Royale, regente de Saboya, escribía una dramática carta a su hermano, el rey Luis XIII de Francia: "J'ai perdu deux places qui sont des principalles... Ayez pitié de moi, qui me perd!".

TERCIO DE LOMBARDÍA DEL GENERAL JUAN DE GARAY OTAÑEZ Y RADA

El ejército español enfiló hacia Turín, encontrarse con la caballería enemiga, alojada entre la ciudad y el río, junto al puente sobre el Pó, "a la que se rompió con general estrago y prisión de más de 600, entre ellos personas de importancia". Espantada, la duquesa abandonó su palacio y se refugió en la ciudadela, escribiendo el 17 a La Valette para que reuniera las guarniciones del Monferrato y acudiera prestamente en su ayuda.

Ni Leganés ni Garay disponían de fuerzas suficientes para sitiar la ciudad, pero su movimiento atrajo sobre la capital piamontesa un flujo de socorros que dejaron desguarnecido el Monferrato. El 25 de abril, al alba, levantaron el campo y marcharon sobre Villanova d'Asti, que asaltaron y tomaron en la noche del 27. El 30 tomaron, también al asalto, la ciudad de Asti, quedando sitiada la ciudadela, que se rindió 6 días después; entretanto, se apoderaron también de Pontestura y del fuerte castillo de Agliano, que fue desmantelado. Trino, considerada inexpugnable, cayó el 24 de mayo y Santhiá lo hizo el 14 de junio, a la vista del socorro que llevaba el marqués Guido Villa. Desesperada, la regente se vio forzada a firmar un tratado con el rey de Francia, su hermano, por el cual entregaba a éste las plazas de Carmagnola, Cerasco, Savigliano y Revello a cambio de importantes refuerzos. Desconociendo este hecho, Leganés cayó de nuevo sobre Turín, tras haberse apoderado de Moncalvo, y tomó la ciudad el 27 de julio, por escalada, sitiando en la ciudadela a Cristina de Saboya y a sus últimos defensores. Pero no pudo ganarla antes de que Longueville se presentara con un socorro de 12.000 infantes y 4.000 caballos reunidos en Pignerolo. Leganés, sitiador y sitiado, para salir del paso hubo de firmar una tregua por 3 meses, que no fue ni entendida ni bien recibida en España y que e costaría el cargo. Sin embargo, Juan de Garay salió mejor librado.

SITIO DE BREDA, POR PIETER SNAYERS 

Al término de aquella brillante campaña, Felipe IV le ordenó regresar a España. El rey quiso nombrarle general de la Artillería de Cataluña, dándole una encomienda de 3.000 ducados y el castillo de Perpiñán, pero Juan fue capaz de imponer sus propias condiciones. Así, en mayo de 1640, obtuvo el cargo de gobernador general de las Armas de Cataluña, bajo la promesa de que no serviría en el Ejército ningún maestre de campo general y que el marqués de Mortara, gobernador de la Caballería de las Ordenes Militares, estaría a sus órdenes. En Zaragoza tuvo noticias del levantamiento del Principado, por lo que se detuvo allí hasta recibir nuevas órdenes de la Corte, que le prescribían embarcarse por el Ebro hasta Tortosa para, desde allí, llegar por mar a Collioure y alcanzar después Perpiñán, donde ejercería su puesto de gobernador de las armas.

El nuevo virrey de Cataluña, duque de Cardona, marchó a Perpiñán para entrevistarse con él en junio de 1640. Garay era su subordinado y hubo de acatar sus órdenes, muy severas con los militares a quienes el pueblo en armas había expulsado de Cataluña y masacrado a sus soldados. El levantamiento catalán intentó justificarse como reacción ante los excesos cometidos por los tercios durante su invernada en el Principado entre enero y abril de 1641, lo pero el virrey creía que imponiendo castigos a los líderes se resolvería la situación. Así metió en prisión a algunos jefes (Gheri della Rena, Leonardo Moles, etc.). Garay impuso a la ciudad el alojamiento de sus soldados intramuros, sugiriendo un ataque sobre Barcelona, para poner fin a la revuelta.

Su plan, visto en la Junta de 11 de agosto de 1640, fue aprobado el 15 de agosto, para efectuarse el 20 de setiembre del mismo año. Pero este plan no puedo llevarse a cabo porque el ejército al mando del marqués de los Vélez, llegó hasta el Conflent para converger con el de Garay, como éste había propuesto. En cambio, se le ordenó embarcar con 4.000 hombres hasta Tarragona, una orden que no pudo cumplir porque un ejército francés estaba apostado en las fronteras del Rosellón, habiéndole impedido tomar la rebelada villa de Illes-sur-Têt. En consecuencia, solo pudo embarcarse con dos cañones y algunas compañías de infantería que alcanzaron el puerto tarraconense el 25 de diciembre, dos días después de la capitulación de la plaza. Dado que el ejército real tenía completo sus cuadros, Juan sirvió de voluntario, pero tras la derrota de Montjuich, ante Barcelona, el 26 de enero de 1641, el marqués e los Velez el mando de la campaña de vuelta a Tarragona. Por ello, la Junta Grande le propuso el 8 de marzo de 1641 como gobernador de las armas de Extremadura, empleo que se le confió con el título de maestre de campo general, pidiéndosele que hiciera su viaje por Navarra y Guipúzcoa para reconocer de paso el estado de sus fortificaciones. Desempeñó este cargo desde julio de 1641 hasta marzo de 1644, fecha en la que presentó su dimisión para marcharse a su casa de Bilbao.

El retiro no fue duradero. El 15 de julio de 1645 aceptó su designación en la Capitanía General de Guipúzcoa, como lugarteniente general del virrey de Navarra, conde de Oropesa. Allí desplegó una gran actividad acomodando a los numerosos regimientos que aportaban en San Sebastián y Pasajes con destino al frente catalán, sobre todo valones y alemanes. También hubo de asistir en las levas y suministros para la Armada y, por supuesto, en el mantenimiento del orden, que resultaba complicado a causa del continuo tránsito y alojamiento de militares. Así, el 6 de agosto de 1647 se produjo en Fuenterrabía un gran altercado entre paisanos y soldados alemanes en marcha hacia Tortosa. Precisamente, la pérdida de dicha plaza en Julio de 1648 permitió a Juan de Garay volver a mandar tropas en sustitución de Francisco de Melo, durante el verano de 1649.

GUERRA DE LOS SEGADORES

Con el nombramiento obtuvo también el marquesado de Villarrubia de Langre, que el rey le concedió en 1649, antes de partir a Zaragoza. Con libertad para tomar decisiones, preparó un ejercito reducido, pero escogiendo a los mejores elementos disponibles, sobre todo de caballería, que mandaba Francisco de la Cueva, VIII duque de Alburquerque, y apuntó directamente al corazón del enemigo: Barcelona.

El 19 de setiembre, partió de Lérida con 6.000 infantes y 3.000 caballos y, atravesando el llano de Urgell, cayó sobre Vimbodi, Poblet y Cabra del Camp, antes de tomar Montblanc, única villa donde se cometieron excesos en represalia. Continuó por Valls y Constantí hasta Tarragona, donde recibió algunos refuerzos y pertrechos desembarcados por la Armada, marchando seguidamente hacia Torredembarra, Vilanova i la Geltrú y Sitges, que capturó y dejó guarnecidas. En Barcelona se preparaban ya para la defensa y el comandante en jefe francés Jean Gaspard de Marchinm al servicio de España, la socorrió con casi toda su infantería. Entonces, Garay abandonó la costa y fue a buscar a la caballería enemiga en el Penedés, a la que aniquiló en dos combates: el primero en Vilafranca (17 de octubre) y el segundo en Montblanc (14 de noviembre), cuando ya regresaba a Lérida tras haber desalojado a los franco-catalanes de la Conca de Barberá y dejando amenazada Barcelona por el espolón de Sitges.

La muerte le sorprendió en Gelsa (Zaragoza), cuando viajaba desde la Corte para retomar el mando de las tropas tras el paréntesis invernal. El conde de Mortara, que le sucedió, pudo sitiar a Barcelona el siguiente gracias en parte a la campaña preparatoria de Juan de Garay.

Había casado en 1640 con Francisca Antonia de Albiz y Marzana, en la que solo procreó a una hija: Mariana Josefa de Garay Otáñez y Albiz, fallecida en octubre de 1649, poco después de su madre. El título marquesado pasó a Antonia María de Vera Otáñez, señora de la casa de Otáñez, cerca de Santullán, en cuya iglesia parroquial dispuso ser enterrado cuando testó en Gelsa a las puertas de la muerte. El traslado de su restos se verificó en 1656, conservándose aún la tumba, rematada por una estatua orante, esculpida en alabastro, situada junto al altar mayor del templo.


ESCULTURA FUNERARIA DE JUAN DE GARAY EN LA IGLESIA DE SAN JULIÁN DE SANTULLÁN, CERCA DE CASTRO-URDIALES

sábado, 16 de febrero de 2019

Combate de los Abrojos por Antonio de Oquendo


El almirante general de la Armada del Mar Océano Antonio de Oquendo y Zandategui participó en más de cien combates navales. Sus dos hechos principales fueron la batalla de los Abrojos en 1631, y la de las Dunas, en 1639. Su éxito en operaciones militares era debido a lo bien organizados que estaban sus buques y a la férrea disciplina que en ellos imperaba.

Natural de San Sebastián, donde nació en 1577, fue el fiel reflejo de su padre Miguel de Oquendo, capitán general de la Armada de Guipúzcoa, que participó junto a Álvaro de Bazán y Juan Martínez de Recalde en la Batalla de las Terceras, y murió en el desastre de la Invencible.

ANTONIO DE OQUENDO Y ZANDATEGUI

Siendo almirante general de la Armada del Mar Océano desde 1619 y consejero real del Consejo de Guerra, se reunió en Lisboa una escuadra bajo su propio mando para socorrer las costas del Brasil, que sufrían sucesivos ataques de la Armada holandesa, especialmente las plazas de Pernambuco y de Todos los Santos. Componían la escuadra 16 naos; 5 de ellas no llegaban a las 300 toneladas y a reunir 40 hombres de guarnición; otras 5 no llevaban más que la mitad de la infantería que les correspondía y quedaban 6 que eran mejores, pero también faltas de elementos y de dotación. Arbolaba Oquendo su insignia en el galeón Santiago.

Salió de Lisboa el 5 de mayo de 1631 convoyando una flota de buques mercantes portugueses y de 12 carabelas, que llevaban 3.000 hombres de transporte para reforzar las guarniciones de las plazas brasileñas.

Al cabo de 68 días de navegación, llegaron a la Bahía de Todos Los Santos, reforzando su guarnición y siguiendo viaje a Pernambuco con 20 naos mercantes que se agregaron al convoy.

El 12 de septiembre avistaron la flota holandesa, bajo el mando del almirante Adriaan Hans Pater, que venía de saquear la isla de Santa María. El almirante holandés tuvo el gallardo pero presuntuoso gesto de ordenar que sólo atacasen a los españoles 16 de sus buques; el mismo número que los que sumaban los de Oquendo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la capitana y la almiranta holandesas eran buques de 900 y 1.000 toneladas, con 50 cañones de calibre entre 48 y 12, y, en cambio, los españoles no pasaban de las 300 toneladas e iban armados con cañones de a 22 a 8.


COMBATE DE PERNAMBUCO, JUAN DE LA CORTE (1632)

Antes de trabarse el combate pasó cerca de la capitana de Oquendo la carabela en que iba el conde de Bayolo, jefe de la infantería, y al estar a la voz propuso a Oquendo reforzar los buques con sus soldados. Oquendo con tono humorístico, señalando las velas enemigas le dijo: "¡Son poca ropa!" Después negó el paso de los soldados, razonando que la orden era llevarlos a Pernambuco para refuerzo y que no quería, "por si ocurría cualquier accidente que impidiera volverlos a las carabelas". El conde recibió orden de unirse al convoy y acercarse con él hacía la costa.

De tal modo se entabló un duro combate a 18º de latitud sur y a unas 240 millas de los Abrojos, a las 8 de la mañana de 12 de septiembre de 1631. Fue llamado el Combate de los Abrojos.

La escuadra holandesa avanzó desplegada en arco. Entonces, Oquendo consiguió aferrarse con hábil maniobra a la capitana enemiga por barlovento, de tal modo que los fuegos y humos fuesen hacia el holandés. Hans Pater trató de desasirse, mas no pudo, pues el capitán Juan Castillo saltó al buque holandés y a parte de los garfios, lo aseguró con un calabrote que amarró a su palo. Pronto le quitaron la vida, y lo mismo a sus soldados, pero el fuego que se hizo desde las cofas del Santiago impidió a los holandeses desamarrarlo. Otro galeón holandés se colocó pronto por la banda libre del Santiago, pero también acudieron los españoles en auxilio de su general.


COMBATE DE PERNAMBUCO, JUAN DE LA CORTE (1632)

El combate aún estaba indeciso a media tarde. Al fin, un taco encendido disparado por un cañón del Santiago prendió fuego a la capitana holandesa. La almiranta de su segundo, el aventurero Jerónimo Masibradi, acudió y dio remolque al Santiago, apartándole de la explosión del buque holandés. Hans Pater encontró la muerte en el agua, a donde se había arrojado con gran número de los suyos.

Oquendo de apoderó del estandarte de Holanda y puso en fuga al enemigo, quemando a éste tres mayores galeones y haciéndole 1.900 muertos; los españoles perdieron, por su parte, dos galeones, hundido uno de ellos, el San Antonio, la almiranta, y 585 muertos y 201 heridos. Tuvo la satisfacción Oquendo de saber que el galeón apresado por los holandeses, el Buenaventura, no pudo ser aprovechado, y que los españoles prisioneros se apoderaron de la carabela donde los llevaban y se fugaron.

Cinco días después hubo nuevo avistamiento de las escuadras, pero el almirante Tir, que sucedió en el mando a Hans Pater, eludió el combate a pesar de su manifiesta superioridad numérica. Oquendo llevó las tropas de refuerzo a Pernambuco y regresó a la Península. El 21 de noviembre entró en Lisboa, siendo objeto de entusiastas manifestaciones. Guipúzcoa le envió un caluroso mensaje de felicitación.


COMBATE DE PERNAMBUCO, ANÓNIMO (1632)