viernes, 20 de abril de 2018

Hondarribia: El gran asedio de 1638




El 1 de julio de 1638, Hondarribia fue atacada por el Ejército francés que cruzaba el río Bidasoa con 18.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería al mando del príncipe de Condé.

viernes, 13 de abril de 2018

Martín de Orbea e Ibarra


General de la flota de Nueva España del siglo XVII y caballero del hábito de Santiago




Martín de Orbea e Ibarra era natural de Éibar, Guipúzcoa, donde nació en 1591. Fue hermano de Domingo Orbea, tesorero real del emperador Carlos V y de Santiago Orbea, tesorero general del Reino de Aragón.

En la Junta general de Villafranca de 1619 fue propuesto por la villa de Éibar para obtener el cargo de capitán de mar y guerra en la escuadra que construía la provincia Guipúzcoa por el hecho de llevar Orbea nueve años de servicios.

En 1624, estaba integrado en el tercio del maese de campo Pedro Osorio de los galeones de España. Entonces, con cargo de capitán de mar y guerra, tomó parte de la escuadra hispano-portuguesa formada por 52 barcos y 12.000 hombres al mando de Fadrique de Toledoque que salió de Cádiz para el socorro del Brasil. Luchando en la recuperación de Bahía de Todos los Santos tomada por la Armada holandesa, donde prestó señalados servicios en esta expedición.

Cuando fue ascendido a almirante, condujo al virrey de Méjico, saliendo de Cádiz en 1635, empleando en el viaje 63 días. En 1638, con el grado de general, mandó una flota que conducía caudales, de retorno de la que a la ida había llevado azogue a Nueva España.

Continuó durante varios años este distinguido general sirviendo con gran pericia en el mando de flotas dirigidas a diversos puertos con misiones de interés.


RECUPERACIÓN DE BAHÍA DE TODOS LOS SANTOS, POR JUAN BAUTISTA MAINO

miércoles, 4 de abril de 2018

Reinado de Sancho I Garcés: dinastía Jiménez en Pamplona


En el año 905, abdicó el último rey de la dinastía Íñiguez, Fortún Garcés, por presiones de los nobles. En su lugar se coronaba a un joven y decidido caudillo, Sancho I Garcés, de la dinastía Jiménez, quien tras eliminar los derechos patrimoniales de los hijos del rey, los hizo recaer sobre su nieta Toda. Al estar Sancho I casado con Toda, ocupó Pamplona destronó a Fortún Garcés y se proclamó rey de Pamplona en el 905. La causa fue el descontento de los nobles pamploneses ante el modo en que Fortún estaba llevando los destinos del reino y decidieron prescindir de él, de acuerdo con algunos miembros de su propia familia.

Sancho Garcés era hijo de García Jiménez y de su segunda esposa, Dadildis de Pallars. A la muerte de García I Íñiguez en el año 870, fue gobernante de la Valdonsella y pronto comenzó a intervenir en todos los territorios circundantes.



SANCHO I GARCÉS


La dinastía Jiménez sustituyó a la Íñiguez, que comenzó con Sancho I Garcés, quien fortaleció la vinculación con el Condado de Aragón, con la Monarquía de León y con los Condados de Castilla y Álava, mediante constantes enlaces matrimoniales. Durante todo el siglo X, fueron numerosas las ocasiones en las que navarros, leoneses y castellanos combatieron juntos contra los musulmanes.

Sancho I pasó de una posición defensiva a una política expansiva, y trató de vincular a los Banu Qasi a su órbita de influencia. Lope ibn Muhammad ya tuvo que rechazar una expedición conjunta de asturianos y pamploneses en el 900 en Tarazona. En el 904, debió afrontar la defensa del castillo de Grañón (La Rioja) contra los intereses de Alfonso III de Asturias, y tuvo además un conflicto menor con Raimundo I de Pallars-Ribagorza.

En el año 907, una alianza de navarros y aragoneses logró derrotar al valí Banu Qasi y darle muerte. A su sucesor, su hermano Abd Allah, no le fue mejor, ya que en el 913 perdió Calahorra (La Rioja) por el leonés García I, y a punto estuvo de tomar Arnedo. Abd Allah había trasladado parte de sus efectivos militares para contener al leonés, desprotegiendo la frontera norte. Esta situación fue aprovechada por Sancho I quien no dudó en tomar el castillo de San Esteban de Monjardín. Un año después los navarros consiguieron la conquista de Calahorra, pero se perdió al poco tiempo.



EXPANSIÓN PAMPLONESA POR LA RIOJA DURANTE EL REINADO SANCHO I


En el año 915, Sancho I capuró a Abd Allah, lo que supuso la cesión de varias fortalezas como Falces y Caparroso, la entrada hacia La Rioja y la entrega de rehenes de importancia, como su sobrino Fortún ibn Musarrif y su hija Urraca.

Sancho I también salió victorioso en la defensa de la frontera occidental ante los ataques del valí de Huesca, Muhammad al-Tawil. La línea defensiva formada por las fortalezas de Uncastillo, Luesia, Sibrana y Biel fue un límite insuperado por la expedición del año 911. Ante esta superioridad, Al-Tawil se alió con el rey pamplonés frente a los tuyibíes zaragozanos.

Ante los buenos resultados, la alianza entre navarros y leoneses se renovó de una manera más coordinada y efectiva, en el 918. Los reyes cristianos hispánicos atacaron conjuntamente, tomando importantes plazas que se repartieron: Calahorra, Arnedo y Viguera para Sancho I, y Nájera para Ordoño II.

La conjunción de fuerzas militares hispanas y la desintegración del poder Banu Qasi ocasionaron la reacción del emir Abd al-Raham III. En el 919, las fuerzas cordobesas se precipitaron sobre León en dos ocasiones, mientras tanto, una gran coalición entre Sancho I, el conde Pallars y los Banu Tawil arrebataron Monzón (Huesca) a los Banu Qasi.



SEGUNDA BATALLA DE VALDEJUNQUERA, AÑO 920


Los cordobeses continuaron su campaña al año siguiente. Tras recuperar varias plazas, se dirigieron a Pamplona, derrotando en el camino a las aliadas fuerzas de León y Navarra en la batalla de Valdejunquera del 920. Los supervivientes se refugiaron en las fortalezas de Muez y Viguera, pero tras un fuerte asedio ambas fueron tomadas y sus guarniciones ejecutadas. Aunque se detuvo el avance a Pamplona, los campos de Navarra y de Álava sufrieron un expeditivo pillaje.

El contrataque cristiano comenzó en el 923. Mientras Sancho I sitiaba Viguera, Ordoño II lo hacía con Nájera, Muhammad fue apresado y ejecutado junto a un numeroso grupo de notables por orden del rey pamplonés. Este último se quedó con todas las conquistas. El esfuerzo común de ambos reyes  revertió en provecho de uno sólo debido a un enlace matrimonial entre Ordoño II y Sancha, hija de Sancho I, y a un acuerdo diplomático en virtud del cual el pamplonés acataba la superior autoridad del leonés y quedaba al frente de estos territorios como subordinado suyo.

En la primavera del 924, Abd al-Rahman III puso en marcha un contundente ejército de castigo. Al llegar al valle del Ebro, se unieron los tuyibíes y juntos entraron, en julio, en Navarra, procediendo a la destrucción sistemática de todo cuando encontraron, incluida Pamplona, que fue abandonada por sus habitantes, refugiados en las montañas. Regresaron por el sur, arrebatando Tudela a los Bau Qasi, cuya dinastía fue enviada a Córdoba para su integración en el ejército. Su poder en la zona había terminado.



CASTILLO DE SAN ESTEBAN DE MONJARDÍN


Paralelamente la expansión en La Rioja, Sancho I aparecía como soberano de Aragón desde el 921, y desde la muerte del conde Galindo II Aznárez, al año siguiente, y ante la ausencia de descendencia masculina, el rey pamplonés acaparó todo el poder en el territorio.

Todas estas incorporaciones territoriales convirtieron a Sancho I en el rey de Pamplona, Aragón y Nájera, tres territorios diferenciados.

Sancho I necesitaba repoblar de cristianos la ciudad de Nájera. Para dotarla de una buena base demográfica dotó a este estratégico enclave de una serie de ventajas económicas que compensaran la peligrosidad de este territorio fronterizo. Los nuevos pobladores se fusionarían con los numerosos ciudadanos mozárabes que vivían allí desde la conquista musulmana. En esta ciudad estableció su Corte, reorganizando en torno a ella el Reino de Pamplona.

Durante su reinado se comenzó a acuñar moneda, siendo el primer reino cristiano que usaba tal regalía. Así mismo, surgió el sistema de tenencias, que se perpetuaría en Navarra y Aragón hasta principios del siglo XIII.




EXTENSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS HISPÁNICOS, PRINCIPIOS DEL SIGLO X

jueves, 29 de marzo de 2018

Héroes, heterodoxos y traidores, por Gaizka Fernández




Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)
Gaizka Fernández Soldevilla, Editorial Tecnos, Madrid (2013), 472 páginas


Héroes, heterodoxos y traidores analiza las historias cruzadas de ETA político-militar, EIA y Euskadiko Ezkerra. En el ocaso de la dictadura franquista cristalizó en el País Vasco y Navarra la "izquierda abertzale", un movimiento independentista nucleado en torno al caudillaje de ETA. De tal matriz surgieron en 1974 dos facciones que tomaron caminos divergentes durante la Transición. Por una parte, ETA militar y Herri Batasuna, que se enfrentaron violentamente a la democracia parlamentaria. Por otro lado, un sector más pragmático, el de ETApm, EIA y EE, que evolucionó desde la complicidad con el terrorismo al compromiso cívico con la paz, desde el comunismo revolucionario a la socialdemocracia y desde el independentismo al autonomismo, piedra angular de su nacionalismo heterodoxo. Escrita desde la perspectiva de la historia política y cultural, la presente obra examina este singular proceso de secularización, que contribuye a una mejor comprensión del pasado reciente del País Vasco y, por ende, de España.


El historiador Gaizka Fernández Soldevilla publicó en 2011 su primer libro Sangre, votos, manifestaciones, junto a Raúl López Romo, dedicado a la historia de ETA. En este segundo documento, editado en solitario en 2013, prolonga aquel relato con un profundo estudio sobre la trayectoria de Euskadiko Ezkerra, partido político nacido de las mismas entrañas de ETA, artífice de la paulatina moderación experimentada a lo largo de tres décadas por un cierto sector del nacionalismo vasco radical. 
Héroes, heterodoxos y traidores es una rigurosa investigación bien fundada en evidencias, argumentada con solidez y ponderada en sus juicios, siendo además una tesis doctoral dirigida por un acreditado experto en la materia como es el catedrático José Luis de la Granja. Está escrito con claridad y elegancia, algo no frecuente en las obras divulgativas de origen académico. 

La aparición de Euskadiko Ezkerra en el panorama de la política vasca fue posible gracias a una idea alumbrada por Bernardo Moreno Bergaretxe "Pertur", un dirigente de ETA político-militar que poco antes de desaparecer en circunstancias no totalmente aclaradas inspiró la "ponencia Otsagabia". El documento en cuestión, presentado en 1976 en el marco de la VII asamblea de ETApm, proponía superar el modelo político-militar con el que hasta entonces se habían alineado las estructuras y la actividad del nacionalismo vasco violento, avanzando hacia la separación orgánica de la "lucha política" respecto de la "lucha armada". De acuerdo con dicho análisis, el cambio requería la creación de un partido político destinado a actuar como vanguardia de la clase obrera y del conjunto del pueblo vasco y dispuesto a aprovechar todas las opciones institucionales abiertas en España gracias al inicio de la Transición. De ahí surgiría EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia, Partido para la Revolución Vasca) y más tarde su sucesor EE (Euskadiko Ezkerra, Izquierda de Euskadi), nacido a raíz de un experimento de coalición electoral ensayado en 1977 mediante el que EIA (el brazo político de ETA político-militar) subsumió a un sector de la extrema izquierda del País Vasco, principalmente EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista, Movimiento Comunista de Euskadi).

En 1977, cuando las primeras elecciones generales de la actual democracia ofrecieron la prueba de que la sociedad vasca no era globalmente nacionalista, sino políticamente plural y diversa, los "euskadikos" sacaron conclusiones y decidieron profundizar en la acción institucional. Se inició así una tendencia de orientación inversa a la tomada por la otra sección del nacionalismo vasco radical, la liderada por ETA militar. Mientras ésta negó la realidad, prefiriendo la narrativa falaz del conflicto vasco-español y manteniendo como prioridad la violencia terrorista, los hijos de ETA ingresados en EIA y EE se implicaron en un proceso de evolución ideológica y práctica que acabó dando lugar a la disolución de ETApm, consumada en 1982 gracias a una amnistía encubierta urdida con los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González por los principales líderes "euskadikos": Mario Onaindía, antiguo militante etarra juzgado en el proceso de Burgos y Juan María Bandrés, abogado suyo en aquel influyente juicio de 1970.

A esto seguiría el progreso de EE hacia posiciones políticas progresivamente más incluyentes, partidarias del Estatuto de Gernika y el pacto de Ajuría Enea, y mediadas por un ejercicio continuado de crítica desmitificadora del discurso aberztale y de los principales dogmas del nacionalismo vasco: una auténtica religión política sobre cuyas bases los líderes y militantes de EE fueron sucesivamente tildados de héroes, heterodoxos y traidores. A pesar de sus continuados esfuerzos por ir adaptándose a cada nueva circunstancia, o más bien como consecuencia suya, el proyecto político de EE terminó fracasando a mediados de los años noventa, con su dirigencia parcialmente absorbida por el PSE (Partido Socialista de Euskadi).

El libro de Gaizka Fernández analiza esa larga experiencia repasando minuciosamente cada uno de los cambios ideológicos experimentados por la formación, cada estrategia política ensayada, cada resultado electoral y cada conflicto, dentro del contexto de la política vasca y española. Quizá el empeño argumentativo por mostrar los aspectos positivos de esta evolución hayan dejado en segundo plano los gravísimos pecados que la acompañaron. Conviene recordar que EE promovió durante demasiado tiempo un relato excesivamente complaciente de su propia historia, retratándose como la última derivada de una ETA buena: la que supo abandonar la violencia al ritmo de avance de una joven democracia, frente a otra ETA mala, la que prefirió insistir en la lucha armada aún después de consolidarse un nuevo régimen de libertades. Pero lo cierto es que nunca hubo una ETA buena y que hasta 1981 los "euskadikos" formaron parte de un entramado criminal corresponsable de la instauración del denso e irrespirable clima de terror que ha emponzoñado la vida social y política del País Vasco hasta hace casi una década.

Asimismo, el mérito de haber propiciado la desaparición de ETApm no estuvo exento de graves costes: sobre todo el coste que supuso la impunidad de los muchos "polimilis" que resultaron amnistiados sin haber pagado por sus propias carreras asesinas. Para no incurrir en un balance injusto, el autor reconoce en sus conclusiones cada uno de estos puntos oscuros advirtiendo, no obstante, que quizá lo más relevante de su investigación es la constatación de que las religiones políticas que mueven a la violencia no tienen por qué ser eternas e invulnerables, como no lo fueron para los nacionalistas díscolos de los que trata este excelente libro. 

sábado, 24 de marzo de 2018

Linaje de Unzueta de Eibar


La antigüedad de la renombrada casa solar de Unzueta, ubicada en Eibar, se remonta hasta el reinado de Alfonso X el Sabio, el cual la tuvo cercada en 1272.


ESCUDO DE ARMAS DEL LINAJE DE LOS UNZUETA DE EIBAR


Francisco Unzeta fue veedor general del Ejército de Extremadura, de la Orden de Santiago. 

Martín Unzueta fue contador de las galeras de España en 1603 y pagador general de Flandes, después.

Ochoa López Unzeta fue auditor general de los Tercios de Milán.

Andrés Unzueta comenzó su servicios en los ejércitos de la Monarquía hispánica en 1609. Más tarde, abordo de las galeras de Sicilia y Nápoles, se distinguió en las expediciones de Levante, en la toma de Onella y en apresar bajeles enemigos. En Susamanco, Berbería, al ir a quemar unos bajeles de corsarios por orden de su jefe, fue herido de dos mosquetazos que le causaron la muerte.

Cristóbal Unzueta se distinguió como capitán en la batalla que la Armada española, mandada por García de Toledo, sostuvo contra la inglesa en Cádiz, el 3 de noviembre de 1625.

Gregorio López Unzueta fue tesorero de la Real Hacienda en la ciudad del Cuzco.

Juan Unzueta comenzó su vida militar sirviendo en los galeones que, a cargo del general Tomás Larraspuru, salieron a navegar en julio de 1622. Estuvo en la jornada que Fadrique de Toledo hizo a las Indias en 1629, y fue nombrado capitán en 1632. El mismo año, al mando del patache San Antonio, combatió en el centro de la boca del canal de la Habana contra una urca inglesa, que la dejó desarbolada y desjarciada.

José de Unzueta fue coronel de caballería, que se distinguió en la campaña de Cataluña y especialmente en la batalla de Villalonga el 7 de Diciembre de 1793. Allí siguió combatiendo sin rendirse a pesar de la herida que recibió al comenzar la contienda. Murió durante el transcurso del combate de Llers el 7 de junio de 1794. Como recompensa a sus servicios, una hermana suya gratificada con una pensión de once reales diarios.


ESCUDO DE ARMAS DEL LINAJE UNZUETA EN SU CASA SOLAR DE EIBAR

sábado, 17 de marzo de 2018

Reinado de Fortún Garcés: cautiverio cordobés


En el 860, durante los últimos años del reinado de García Íñiguez, el emir Muhammad I atacó Pamplona. En la localidad de Milagro tomó como rehenes al heredero al trono navarro Fortún Garcés el Tuerto y a una de sus tres hijas, Oneca Fortúnez, e impuso un pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad.

En el 870, García Íñiguez encontraba su muerte dejando como sucesor a su hijo apresado, que no regresó hasta 880, después de 20 años de cautiverio y tras plegarse a los deseos de Cordoba. Parece que gobernó como regente en Pamplona García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.


FORTÚN GARCÉS


Durante esta década el Reino pamplonés actuó de forma autónoma y la alianza con los Banu Qasi se renovó solo para atacar al Emirato cordobés. En el año 870, se estableció una alianza entre el caudillo pamplonés y varios magnates pirenaicos, como Aznar II Galíndez, para ayudar a Amrus ibn Umar de los Banu Qasi en su lucha contra el emir. Al año siguiente prestó su ayuda a Lope ibn Muza en una nueva revuelta contra Córdoba.

Fortún Garcés estuvo acompañado en Córdoba de una de sus hijas, llamada Oneca Fortúnez
Esta se casó con el hijo mayor del emir Muhammah Abdallah, de los cuales descendió un hijo llamado Muhammad, nacido en el 864, que no llegó a reinar pero que fue padre del primer califa cordobés Ab al-Raham III. La influencia de Oneca sobre su esposo hizo que este le otorgase la carta de repudio del príncipe Abdallah, regresando con su padre Fotún a Pamplona y casando más tarde con su primo Aznar Sánchez.

Ya en Pamplona, Fortún reinó hasta el 905, guardando subordinación al Emirato. Ese año fue derrocado por Sancho I Garcés, descendiente de la dinastía Jimena, linaje que había ocupado la regencia del reino bajo su cautiverio, debido a su falta de iniciativa para luchar contra Córdoba.



VILLA DE MILAGRO JUNTO A RÍO ARAGÓN

lunes, 12 de marzo de 2018

Castillo de Javier


El Castillo de Javier (en euskera Xabierko Gaztelua) está situado en una loma de la localidad de Javier, a 52 km al este de Pamplona capital y 7 km al este de Sangüesa. Data del siglo X. En este castillo nació y vivió San Francisco Javier, hijo de los Señores de Javier, y de aquí tomó su apellido. Es lugar de peregrinación, especialmente a principios de marzo, en las llamadas Javieradas.




El nombre de Javier proviene del vascuence etxeberri ('casa nueva'), que en su evolución se transformó en javier. La grafía original es Xavier, mientras que en vasco se escribe Xabier.

Consta de tres cuerpos, sucesivamente escalonados en orden de antigüedad. Destacan la Torre del Santo Cristo, bastión y capilla donde se encuentra un interesante crucifijo tardogótico y una serie de pinturas murales representando la danza de la muerte, única en España; la Torre del Homenaje, llamada de San Miguel (lo más antiguo del castillo) y el museo dedicado a la vida del santo: el Museo de San Javier. En sus basamentos hay huellas y zócalos musulmanes que podrían ser del siglo X. En el XI se formó el primer recinto envolvente que cobijó las primeras habitaciones. En el siglo XIII se agregaron, por las cuatro orientaciones, dos cuerpos poligonales y dos torres flanqueantes.




El castillo y la villa de Javier fueron ganados por Sancho VII de Navarra en torno al año 1223. Un noble aragonés los había dado como garantía por un préstamo de 9.000 sueldos que le concedió el monarca navarro, pero al acabar el plazo y no poder hacer frente al pago, pasaron a la propiedad de Sancho. No era la primera vez, ni sería la última, pues Sancho VII fue uno de los grandes prestamistas de la Corona de Aragón, y gracias a los préstamos no devueltos, se adueñó de una serie de villas y castillos entregados como aval que le ayudaron a reforzar sus fronteras con Aragón: Escó, Peña, Petilla, Gallur, Trasmoz, Sádaba, etc.

En 1236 el castillo fue entregado por el rey Teobaldo I a Adán de Sada.

Tras la conquista de Navarra el castillo y la villa como feudo pertenecían a María de Azpilcueta, oriunda del Valle de Baztán, casada con Juan de Jaso, cuya familia defendía la independencia del reino. Por este motivo el Cardenal Cisneros ordenó la demolición completa del castillo en 1516, aunque sólo se realizó un desmochando de la parte fuerte del mismo:

Se derribó toda la muralla que lo rodeaba y que estaba guarnecida de almenas y aspilleras.
Se rellenó el foso, igualándolo al terreno.
Se destruyeron dos grandes portaladas.
Se derribaron dos torres redondas.
Se demolió el puente levadizo y, dentro de la muralla, el jardín y la morada de los conejos.
La torre de Homenaje de San Miguel fue rebajada a la mitad.
Tras sucesivas herencias, la propiedad del castillo, junto con el resto del pueblo de Javier, recayó en la Casa de Villahermosa.




A finales del siglo XIX, el castillo estaba prácticamente en ruinas, y por iniciativa de sus propietarios, María del Carmen de Aragón-Azlor, duquesa de Villahermosa, y su marido José Manuel de Goyeneche, conde de Guaqui, se comenzaron las obras de restauración.

El repentino fallecimiento sin descendencia del conde de Guaqui en 1893 hizo peligrar la continuación de las obras por falta de fondos. Sin embargo, los hermanos del conde, el marqués de Villafuerte, las duquesas de Goyeneche y Gamio y José Sebastián de Goyeneche, mediante escrituras notariales otorgadas el 30 de abril de 1894 y 9 de marzo de 1895 acordaron reconocer a la duquesa de Villahermosa el usufructo vitalicio de toda la herencia de su marido para así poder hacer frente a los gastos de las obras ya iniciadas. Dada la envergadura de estas obras, todos los hermanos del conde de Guaqui también participaron con sus propios fondos en la restauración del castillo, edificación de una basílica adosada a él y la construcción de viviendas para sacerdotes y casas de ejercicios.

Ya a principios del siglo XX, la duquesa de Villahermosa donó el castillo y la basílica a la Compañía de Jesús con la condición de que lo mantuviera tal y como se le entregó. En la cripta de la basílica descansan los restos de quienes contribuyeron a la reconstrucción del castillo y erección de la basílica: la duquesa de Villahermosa, su marido José Manuel de Goyeneche (conde de Guaqui) y los hermanos María Josefa (duquesa de Goyeneche), Carmen (duquesa de Gamio) y José Sebastián de Goyeneche y Gamio (fundador de la Fundación Goyeneche).

Ya en la época moderna el Castillo de Javier es el destino de una multitudinaria peregrinación a principios de marzo y coincidiendo con la Novena de la Gracia, en honor del santo patrón de Navarra, llamada popularmente Javierada. La media de visitantes es de 30.000 personas cada fin de semana.



miércoles, 7 de marzo de 2018

Bartolomé de Carranza y Miranda

Eclesiástico y Teólogo del siglo XVI


BARTOLOMÉ DE MIRANDA


Natural de Miranda de Arga, Navarra, donde nació en 1503. En 1515 estudia latín en Alcalá de Henares, en 1518 estudia artes y en 1520, ingresa en la Orden de Santo Domingo en el convento de Benalaque, donde completa los estudios de Filosofía y Teología. En 1525 ingresa en el colegio de San Gregorio de Valladolid, donde al terminar sus estudios comienza su docencia en artes. Allí coincide con fray Melchor Cano, émulo y rival en la ciencia y en las dignidades dentro y fuera de la orden dominicana. La rivalidad entre estos dos teólogos se inicia en un acto académico del curso 1532-1533, en la que ambos ya dejaron marcadas de forma irreductible sus posiciones.

En 1533, fue nombrado maestro de estudiantes y catedrático de Vísperas de Teología, a la vez que realiza funciones de censor o calificador en el Santo Oficio de la Inquisición.

En 1536, se le adjudica la Cátedra de Prima de Teología, mientras que Melchor Cano entra a ocupar la de Vísperas. Solicita la magistratura en Teología Sagrada por el capítulo provincial de Benavente de 1537, que le fue concedida en Roma en el capítulo general de 1539, acto al que asistieron varios cardenales y el embajador de Carlos V.

En 1539, ya de vuelta a España, el capítulo provincial de la Orden celebrado en Valladolid le otorga el cargo de examinador de los predicadores y confesores de la provincia dominicana de España, al mismo tiempo que Melchor Cano. En esta época se distingue por sus sermones y explicaciones de la Summa Theologiae de Santo Tomás y de la Sagrada Escritura en el colegio de San Gregorio, a las que asistían los que serían grandes maestros del futuro: Juan de la Peña, Juan de Villagarcía y Pedro de Sotomayor. Publica Tratado sobre la virtud de la justicia en 1540.

Carlos V le escribe desde Bruselas en 1545, con la orden de participar en el Concilio Ecuménico de Trento, y lo hace de forma muy activa, ya que sus intervenciones fueron muy alabadas tanto por los Padres conciliares como por los cronistas de la asamblea: sobre el canon de la Sagrada Escritura, el 20 de febrero de 1546; el sermón del primer domingo de cuaresma ante los Padres del concilio, el 14 de marzo de 1546; los discursos sobre la justificación, el 14 de julio, el 27 de septiembre y el 18 de octubre de 1546; la intervención sobre los sacramentos en general, el 21 de enero de 1547; el voto sobre el sacramento de la Eucaristía, el 3 de febrero de 1547.



CASA NATAL EN MIRANDA DE ARGA


Fue elegido prior de Palencia en 1548 y actúa como definidor en el capítulo provincial de Ávila de ese mismo año. En el capítulo de Segovia del 2 de febrero de 1550 es elegido prior provincial de la provincia dominicana de España. Entre los años de 1548-1550 es propuesto para confesor del príncipe (el futuro rey Felipe II) y para obispo de los obispados del Cuzco y de Canarias, dignidades que no acepta.

Entre 1550 y 1551 está presente en la Junta de Valladolid, que intentaba resolver la polémica de los naturales o de los justos títulos entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas.
A finales de 1551 se reincorpora a las sesiones del Concilio por orden del emperador, interviniendo en el aula sobre el tema de la Misa y sobre el sacramento del Orden.

En 1553 es regente supernumerario del colegio de San Gregorio de Valladolid. Por orden del rey Felipe II, en 1554 embarca en La Coruña para Inglaterra. Es nombrado vicario por el Maestro de la Orden de Predicadores, con el objetivo de restaurar a los dominicos en Inglaterra, aun cuando la verdadera intención de su misión fuera restaurar el catolicismo en Inglaterra. Fue confesor de la segunda esposa de Felipe II, María Tudor. Allí trabaja como legado pontificio o nuncio de su Santidad el Cardenal Pole, siendo el brazo derecho de éste en la difícil tarea de la contrarreforma, que cristalizó en el sínodo de Londres de 1555. Los resultados prácticos de estos esfuerzos fueron realmente pocos, debido a la pronta muerte de la reina y del cardenal Pole en 1558.

En esa época redacta su famoso Comentarios sobre el catecismo romano, que será la causa de su declive posterior, imprimiéndolo en Amberes en 1558.

Como premio a su trabajo Felipe II lo propone como arzobispo de Toledo, sede primada del Imperio Español. A pesar de su resistencia, fue ordenado de obispo en 1558 en el convento de Santo Domingo de Bruselas.

Por encargo del monarca ejerce la función de Consejero del Imperio en Flandes, cuando ya el emperador Carlos V se había retirado enfermo a Yuste. Se distingue en esa época por sus profundos comentarios a la Biblia y a la Suma Teológica de Santo Tomás.



RETRATO DEL ARZOBISPO BARTOLOMÉ DE CARRANZA,
POR LUIS DE CARVAJAL (1578), CATEDRAL DE TOLEDO, SALA CAPITULAR


De vuelta a España, Felipe II le ordena asistir al Consejo de Estado en Valladolid y tratar con su padre Carlos I en Yuste los temas secretos que le había confiado, justo a tiempo antes de asistir a su muerte. En 1558 hace su entrada en Toledo como obispo, donde sorprende por su modo de ejercer la caridad.

En esos momentos la Inquisición se ocupaba en las audiencias de los reos del foco luteranizante castellano descubierto en el mes de Abril de 1558, donde el nombre de Carranza se decía que fue frecuentemente invocado. El inquisidor general, Fernando de Valdés, prepara el proceso de arresto en 1559, es engañado y obligado a abandonar la corte, siendo apresado la noche 23 de agosto en Torrelaguna y conducido a la cárcel de la Inquisición en Valladolid, donde da comienzo su proceso.
Fue su proceso largo, complejo y notorio, tanto por la calidad del acusado como por las circunstancias en que se desarrolló. Se le juzga primero en España (1559-1567). Carranza recusa al Inquisidor General; así, el acusado pasa a ser acusador del juez que le debía juzgar. Los árbitros del conflicto dieron por buena la recusación y nombraron un nuevo juez para Carranza. Su abogado, Martín de Azpilicueta y los testimonios de prestigiosas personas impiden que sus enemigos y los fiscales logren que el juez dicte sentencia de culpabilidad.

Posteriormente, el proceso es llevado a Roma por exigencia del Papa Pío V. Carranza sale de España el 27 de abril de 1567, yendo a parar a la cárcel del Castillo de Sant’ Angelo. El mismo Papa asiste a docenas de sesiones del proceso y decide dictar sentencia a favor de Carranza. Pero como la diplomacia exigía que antes se comunicara la decisión al rey de España, envió un embajador con ese encargo, quien se retrasó en la vuelta a Roma y no le dio tiempo llegar antes de la muerte de Pío V en mayo de 1572.

Al final, Gregorio XIII le sentencia en 1576, declarándole gravemente sospechoso de herejía -en una sentencia que quiso satisfacer a todos y no contentó a nadie-, exigiéndole una abjuración "ad cautelam" de dieciséis de sus proposiciones, a pesar de que la obra fuera declarada ortodoxa por el Concilio de Trento en 1563.

La última parte de su defensa fue llevada a cabo también por Martín de Azpilicueta, quien fue enviado a Roma por Felipe II precisamente para hacerse cargo de la misma. Gracias a su brillante defensa, Carranza fue finalmente absuelto, poco antes de morir en el Convento de Santa María sopra Minerva de Roma, donde es enterrado.

Gregorio XIII, como reparación por su confusa sentencia, redactó el epitafio que se puso sobre su tumba:
"Bartolomé Carranza, navarro, dominico, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, varón ilustre por su linaje, por su vida, por su doctrina, por su predicación y por sus limosnas; de ánimo modesto en los acontecimientos prósperos y ecuánime en los adversos."
En 1993, sus restos fueron exhumados y trasladados a la catedral de Toledo.



ESCUDO DE LOS CARRANZA EN LA CASA NATAL