viernes, 18 de mayo de 2018

Reinado de García I Sánchez: intervención de Toda


Al morir Sancho I Garcés en 925, el trono pasó a García I Sánchez, hijo de este y de la reina Toda Aznar, nieta del rey Fortún Garcés.

García I había nacido en 919, y su minoría real hizo que su tío Jimeno Garcés (hermano de Sancho I Garcés) tomase la regencia transitoria del reino, provocando un periodo de inestabilidad. Mediante la intervención de su madre la reina Toda y la mediación de Abderramán III, la situación quedó controlada.

Toda había estado desarrollando una activa labor política a la sombra de su esposo, sustituyendo las habilidades guerras de un hombre por la astucia y la diplomacia de su personalidad. En el Emirato de Córdoba, Toda contaba con un activo muy importante ya que era tía materna de Abd al-Rahman III. Su madre Oneca, estuvo acompañando a su padre el rey Fortún Garcés durante su prisión cordobesa y allí se casó con Abd Allah I, con quien tuvo a Muhammad, el padre de Abd al-Rahman III. Tras la liberación de Fortún, Oneca casó con Aznar Sánchez, señor de Larraun, de cuya unión nació Toda.


GARCÍA I SÁNCHEZ


La intervención de la reina madre en los asuntos de gobierno influyó para que el Reino de Pamplona mantuviera las ya tradicionales alianzas políticas y militares con los reinos hispánicos cristianos. Sancha ya estaba casa con el rey leonés Ordoño II. Cuando este murió en el 925, casó a su hija Oneca con el nuevo rey leonés Alfonso IV, hijo del anterior, y éste recibió todo el apoyo de sus parientes navarros en la guerra civil que le enfrentó con su primo Alfonso Froilaz. Por último, a la muerte de Alfonso IV, seis años después, volvió a casar otra hija, Urraca, con el hermano, Ramiro II, y que le sucedió en el trono.

Toda consideraba a sus hijas como un gran activo que podía servir de utilidad sirviendo a los intereses del reino mediante enlaces matrimoniales con los reyes y condes de las otras entidades hispánicas cristianas. Así pues, organizó el matrimonio de Sancha, viuda de Ordoño II, con el conde de Álava Álvaro Herrameliz. Nuevamente viuda en el año 931, volvió a contraer matrimonio con el conde castellano Fernán González. Una situación parecida sufrió otra hija, Velasquita, quien desposó con Vela Jiménez, conde de Álava. Tras su muerte, volvió a casar con Galindo, hermano del conde Bernardo de Ribagorza y, más tarde, con Fortún Galíndez, tenente de Nájera.

Tuvo que hacer frente a un complot contra el trono de su hijo, tras la muerte del regente Jimeno. El hijo de este, García Jiménez, desde su castillo de Atarés se alió con Bernardo, conde de Ribagorza, el cual ambicionaba apoderarse de Aragón.

La reina Toda actuó con inteligencia utilizando sus habituales armas: política matrimonial y diplomacia. Casó al rey Sancho I Garcés, siendo adolescente todavía, con Andregoto, veinte años mayor e hija del conde de Aragón Galindo II Aznárez. El rey pamplonés conseguía los derechos al trono aragonés. Por ello, Bernardo consideró más interesante aceptar la propuesta pamplonesa consistente en la cesión de Sobrarbe a cambio de su renuncia a cualquier pretensión sobre Aragón.


REINOS CRISTIANOS HISPÁNICOS, INICIOS DEL SIGLO X


En 936, García I alcanzó la mayoría de edad y, decidido a asumir el poder con todas las consecuencias, ofreció su apoyo a los tuyibíes de Zaragoza contra el emir de Córdoba. La consecuencia es que Abd al-Rahman III se dirigió contra los rebeldes zaragozanos y, tras lograr su sumisión, entró en Navarra tomando varias plazas y saqueando el territorio sin graves problemas. El joven rey se dio cuenta de que si quería enfrentarse con su familia musulmana debía contar con aliados más fuertes.

En 939, Abd al-Rahman III organizó una expedición militar para dar un golpe definitivo a los reinos cristianos y demostrar su hegemonía en la península. Al mando de su enorme ejército se presentó en Simancas, donde le esperaba el rey leonés Ramiro II con todos sus condes. El choque fue tremendo, con retirada de los musulmanes.

Aprovechando esta victoria moral en la batalla de Simancas, dos semanas más tarde los leoneses se reforzaron con pamploneses para dar un golpe definitivo y castigar al Ejército cordobés en el desfiladero de Alhandega, en Simancas. Allí el propio Abd al Rahman III casi perdió la vida en el campo de batalla.

La popularidad de esta victoria llegó a varios países de Europa. En el monasterio de Saint Gall, en Suiza, un crónica de 956 registraba esta efeméride considerando a la reina Toda como a una heroína:
 "Un eclipse de sol se produjo alrededor de la hora tercia del día 19 de julio, en el año cuarto del rey Otón, viernes, luna 29. El mismo día, en la región de Galicia, un ejército innumerable de sarracenos fue casi aniquilado, menos su rey y 49 guerreros suyos, por cierta reina llamada Toda."


RAMIRO II DE LEÓN, ALIADO DE GARCÍA I DE PAMPLONA


Tras romper su matrimonio con Andregoto, debido al alto grado de consanguineidad y la disparidad de edades, García I necesitaba reforzarse ante una posible venganza del emir de Córdoba. El pamplonés quiso establecer una alianza política y militar con el Reino de León, por eso en el año 940 se casó con Teresa, miembro de la familia de Ramiro II. Sus parientes políticos le proporcionaría más tarde una ayuda decisiva para conquistar varias fortalezas en la zona aragonesa.

Durante la década de los 40, apenas se produjeron enfrentamientos militares. Tan solo se registraron pequeños escarzeos bélicos en Artacoz (Artarain), cerca de Pamplona, en el 948.

Entre León y Pamplona, el Condado de Castilla estaba surgiendo con fuerza al mando de Fernán González, que tenía en mente la plena independencia de sus acciones. Para ello contaba con la ayuda pamplonesa, pues Fernán y García estaban también vinculados familiarmente y tenían objetivos coincidentes. Pero el conde castellano fue apresado en el año 944.

La reina Toda, utilizando sus habilidades negociadoras, tomó parte en los asuntos del reino leonés, y consiguió de Ramiro II que el nuevo conde de Castilla fuese su nieto Sancho Fernánez. Así, Toda podía intervenir en las decisiones establecidas desde Burgos. Lo malo es que Fernán González pronto fue liberado.


RELACIÓN DINÁSTICA ENTRE SANCHO I Y TODA


En 951, la muerte de Ramiro II significó un acercamiento entre Pamplona y Castilla, con la intención de impedir la sucesión al trono leonés de Ordoño III. Toda quería poner a su nieto Sancho, hijo de Ramiro II, como nuevo rey de León; mientras que Fernán González, cuya hija estaba casada con Ordoño III, quería consolidar su práctica independencia. Finalmente, Ordoño III fue coronado pero su reinado duró apenas 5 años ya que falleció en el 956.

Se consumaron los intereses de Toda, porque su nieto Sancho I el Craso accedió al poder, aunque no lo ejerció de acuerdo a los usos u costumbres de la época. El reinado de Sancho I de León fue un fracaso. Se trataba de un rey que no podía ejercer su condición de guerrero a causa su obesidad. Además sus malas dotes como estratega quedaron de manifiesto cuando, nada más coronarse, una campaña militar de los musulmanes por tierras leonesas resultó victoriosa. A pesar del apoyo político de su primo y aspirante al trono pamplonés, Sancho II Garcés, no consiguió que un complot de los nobles le apartase del cargo real, exiliándose en Pamplona en el 958.

Otro nieto de Toda, Ordoño IV el Malo, hijo de Alfonso IV, fue el sustituto, mientras que Fernán González se casó con su hija Urraca. El pacto castellano-pamplonés quedaba disuelto.

Toda jugó su última carta: Abd al-Rahman III. El cordobés se había proclamado califa, estaba en la cumbre de su poder, y poseía suficiente dinero y ejército para decidir la balanza a favor de un reino cristiano y otro. En 954, en el palacio de Medina Azahara, los reyes cristianos García Sánchez I de Pamplona y Sancho I de León, junto a Toda, mostraron vasallaje al califa.


ALIANZA MILITAR ENTRE REINOS CRISTIANOS


En 959, un potente ejército musulmán se presentaba en el río Duero devolviendo a Sancho I el Craso al trono leonés. Ordoño IV huyó a Asturias. Por otra parte, el conde castellano Fernán González no tuvo más remedio que forzar una alianza de conveniencias con el rey navarro. Así, Sancho Garcés, heredero del trono pamplonés, se casó con Urraca, hija del conde castellano, que ya había estado casada con Ordoño III y Ordoño IV.

El acuerdo entre castellanos y pamploneses se consolidó en 964, mediante el enlace matrimonial entre Fernán González, viudo desde 959, con Urraca, hija de García I Sánchez. Un año antes moría la reina Toda.

En los años siguiente, Pamplona estrechaba sus relaciones con León y apoyaba a sus parientes, Sancho I y luego Ramiro III, contra los rebeldes magnates gallegos. La ayuda implicó en ocasiones el desplazamiento de tropas hasta León. Los diplomas emanados de la cancillería leonesa muestran en varias ocasiones la presencia como confirmantes de Ramiro de Viguera y otros potentados navarros.


FORMACIÓN DE COMBATE, BEATO DE ESCALADA


Tras la muerte de Abd al-Rahman III, en 961, su hijo Al-Hakam II llevaba las riendas del Emirato cordobés. Su política exterior se basó en el fomento de las diferencias entre los reinos cristianos y en la intervención de acciones militares puntuales pero contundentes.

Una de esas acciones fue la emprendió en 963 contra San Esteban de Lerín, en La Rioja, mientras el valí zaragozano Yahya ibn Muhammad atacó el flanco oriental.

En 968, el general Ghalib consiguió un triunfo resonante al ocupar Calahorra y hacer retroceder al frontera hacia el norte. La situación era tan peligrosa para Pamplona, que tuvo que enviar una embajada a Córdoba solicitando una tregua.

Dos años más tarde, en 970, moría García I Sánchez, sucediéndole en el trono sus hijos Sancho II Garcés Abarca y Ramiro Garcés Abarca.

jueves, 10 de mayo de 2018

Homanejes a Juan Martínez de Recalde


Juan Martínez de Recalde y Larrinaga había sido general de la Armada Real, cuyos actos bélicos más importantes fueron el combate de las islas Azores en 1583 y la expedición para la invasión de Inglaterra en 1588, durante la cual dirigió la Escuadra de Vizcaya.

Aunque nació en Bilbao hacia 1538, su linaje era natural de las Encartaciones y del solar de Recalde de Sodupe, barrio de Güeñes, en donde se conserva su blasón. Su abuelo, del mismo nombre, fue Alcalde de Bilbao en 1535 y sus hijos, también del mismo nombre, aparecen en las listas de fieles de la Universidad de Mercaderes, diputados provinciales de Vizcaya o cónsules de la Casa de Contratación de Bilbao.

Un retrato suyo se guarda en la galería de vizcaínos ilustres de la Casa de Juntas de Guernica, pintado por Álvaro Alcalá Galiano, conde del Real Aprecio, en 1923.


RETRATO DE JUAN MARTÍNEZ DE RECALDE POR ALCALÁ GALIANO


En la parte superior de la fachada del edificio del Ayuntamiento de Bilbao, bajo el reloj, localizado a la derecha de los tres bustos según se mira de frente, se halla la escultura dedicada a este almirante.



AYUNTAMIENTO DE BILBAO


En homenaje a esta saga de marinos de renombre, que ocuparon cargos de importancia en la administración municipal y provincial y sirvieron con lealtad a los reyes Carlos V y Felipe II, la villa de Bilbao puso nombre a la Alameda de Recalde. Se trata de un bulevar ubicado en el centro de la ciudad, que comienza en el puente de La Salve y finaliza en la plaza de toros de Vista Alegre.

La propuesta en honrar la memoria del almirante Juan Martínez de Recalde fue realizada por Camilo de Villavaso, en el momento de rotular las calles del Ensanche de Abando. Según Villavaso:
"el bilbaíno más ilustre del siglo XVI y el más esclarecido y grande de todos los tiempos."
Diversos ediicios reseñables rodean la Alameda de Recalde: la Casa Montero, el Hotel Carlton, la Agencia estatal de Administración tributaria, la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao, la Sede de Osakidetza en Bilbao, la Alhóndiga y las plazas de Moyúa y Arriquibar.


PLAZA DE MOYÚA EN PERSPECTIVA CON ALAMEDA DE RECALDE

viernes, 4 de mayo de 2018

Juan de Gaviria y López de Mallea

Consejero real del rey Felipe VI y corregidor de varias ciudades


ESCUDO DE ARMAS DE GAVIRIA TALLADO EN LA TORRE DE GAVIRIA


Juan de Gaviria y López de Mallea era natural de Vergara, villa guipuzcoana a la que pertenecía su linaje familiar. Pero nació en Valladolid en 1535, debido a que se encontraba su familia en el trámite de un juicio en la Real Chancillería. Su padre, asentado en la Corte, servía al Ejército del emperador Carlos V como capitán, reclutando hombres para las interminables guerras contra la rival Francia.

Fue corregidor de las ciudades de Coruña, Valladolid, Ubeda, Baeza y Granada. Consiguió ganarse el hábito de caballero de la Orden de Calatrava, en 1580, y comendador de las casas de Talavera de la Reina de la misma orden. También fue alcalde ordinario de su villa natal, Vergara.

De igual oficio que desempeñó su padre, en una ocasión Juan de Gaviria se dedicó a reclutar gentes de armas por petición de su rey Felipe II para sus reales ejércitos. Consiguió formar un cuerpo militar de 200 hombres, con el objetivo de defender la fronera con Francia por espacio de tres meses. Fue una cuestión de lealtad hacia la Monarquía y la disposición de medio que el rey más poderoso del planeta acudiera en su ayuda, como lo demuestra la real orden que recibió en forma de carta:
"D. Juan de Gaviria. Porque aprestándose en Francia la Armada que habéis entendido y la novedad que ha habido en Flandes, conviene en todas partes estar prevenidos y apercibidos para lo que se podrá ofrecer; confiando de Vos que lo haréis con la buena voluntad y amor que lo habéis hecho hasta aquí y aunque siempre lo acostumbraron hacer vuestros padres, os encargamos, que luego, hagáis prevenir y apercibir de la gente de vuestra casa, deudos y allegados de ella, hasta 200 hombres, dando orden que estén armados y a punto para que ofreciéndose necesidad, y siendo menester, podáis acudir con ellos a la parte que fuere necesario con la brevedad que conviniere y se os escribiere que en ello demás de hacerlo que debéis y sois obligado nos tenemos por servido, y así en lo que nos aviséis de cómo se hiciera y para cuando estará presta la Armada y en orden la dicha gente. 
De Madrid a 22 de junio de 1572 años. 
Yo, el Rey. Por mandado de S. M. Juan Delgado."

Juan de Gaviria murió en 1611, año en el que hizo testamento y cuya copia se expone en el Museo de San Telmo de San Sebastián, lugar donde existe desde 1960 el archivo de la casa de Olaso. La parte principal del texto y alguna de sus cláusulas expresan:
"Yo don Juan de Gaviria, Caballero de Calatrava, Comendador de las casas de Talavera, cuya es la casa solar de Gaviria que está junto a la villa...; ordena a su hijo y heredero don Juan que a la mayor brevedad posible sean trasladados los restos de su mujer doña Ana de Olaso, que se halla sepultada en la casa profesa de la Compañía de Jesús en Valladolid, en la Capilla del Santo Crucifijo, y el cuerpo de mi amada hija doña Magdalena de Gaviria que está depositado en el Convento de las Carmelitas descalzas, que está fuera de la ciudad cabe el altar mayor hacia la parte de la Epístola, donde comenzaron a hacer un altar e los traiga a la Iglesia de San Pedro de Vergara para ser enterradas en la sepultura de la casa de Gaviria; y lo mismo haga con el cuerpo y huesos de doña Catalina de Gaviria."

DIBUJO DEL ESCUDO DE ARMAS DE GAVIRIA


Juan de Gaviria fue el VIII señor de su linaje, un pariente mayor de la tradicional nobleza guipuzcoana con casa-torre y solar propio. De este linaje salieron heroicos caballeros que se emplearon en las milicias al servicio de los reyes de Navarra, primero, y de Castilla, después, concediéndoles éstos muy grandes privilegios.

Algunas hazañas memorables están representadas en su escudo de armas, por ejemplo la cadena capturada al palenque de Miramamolín en el año 1212 durante el transcurso de la batalla de las Navas de Tolosa. También aparece un gabilán que con las uñas de un pie tiene cogido un gallo por la cresta y un ramo de palma en la boca por un acontecimiento en el sitio de Bayona en los años 1130 y 1131.

Perteneciente a este linaje fue Juan de Gaviria y Mallea Ruiz de Galarza y Pérez de Larrinaga, que fue caballero de la Orden de Santiago y capitán de Infantería española de los Tercios desplegados en Milán durante la Guerra de los Treinta Años, en el reinado de Felipe IV.


CASA-TORRE DE GAVIRIA EN VERGARA


Esta casa nobiliaria poseía su propia Torre de Gaviria, como escribió el cronista contemporáneo Esteban de Garibay en su Compendio Historial de España. Al parecer, por orden del rey Enrique IV y a petición de la Hermandad de Guipúzcoa, fue ordenada desmontar como medida para luchar contra los Parientes Mayores más díscolos de las Guerras de Banderizos:
"En la villa de Bergara se hizo lo mesmo de la torre de Gaviria, casa de la parte oñacina, aunque en esta sazón unida y confederada con la de Olaso, cuyo señor es hoy día don Juan de Gaviria, Caballero discreto, que como aficionado a las profesiones de buenas disciplinas, especialmente de los investigadores de la antigüedad de estos reinos, no poco deseo tiene de la publicación de estas Crónicas."

La actual Torre de Gaviria se levantó a finales del siglo XV sobre los restos de la antigua y desmochada torre medieval y remodelada en el XVI y XVII. Posee un gran escudo de armas. Se encuentra ubicada en la margen izquierda del río Deba a su paso por Vergara, en el barrio de San Antonio, junto a los pabellones de la fábrica Algodonera San Antonio, S.A.


LEGAJO DEL INGRESO DE JUAN DE GAVIRIA EN LA ORDEN DE CALATRAVA

sábado, 28 de abril de 2018

El Romanticismo literario vasconavarro


El Romanticismo fue un movimiento político y cultural de la Europa del siglo XIX basado en la mixtificación de algunas realidades históricas, proyectadas en contra de la pluralidad y complejidad de los hechos históricos mismos. Apareció allí donde unos hombres sienten la imposibilidad de continuar la realidad, y asumirla, o de combatirla. En este sentido es una actitud arcaizante, signo de decadencia de una civilización.

Consiste esencialmente en la sublimación de un fracaso no asumido. Se da preferentemente en aquellos pueblos que sienten la humillación de su decaimiento sin ser capaces de someterse o de rebelarse, y en aquellas personas que añoraban el antiguo orden de cosas, pero que estaban socialmente demasiado situados para querer, con voluntad firme, una auténtica restauración.

La rebeldía romántica tiende a crear mitos de grandeza con aquellos hechos históricos que no se han asimilado. Muchas fantasías retrospectivas sobre las Provincias Vascongadas y Navarra buscaron su justificación y hasta su supremacía en lo más remoto, ya que no pudieron encontrarlas en los datos históricos y científicos. Menos todavía si se tiene un idioma que carece de literatura escrita hasta el siglo XVI, en pleno siglo de las Letras Castellanas.


FIESTA VASCA, POR JOSÉ ARRUE


El Movimiento romántico vasco-navarro estuvo formado por literatos, editores y artistas de origen vasco, navarro y vascofrancés, que definieron la nueva identidad étnica decimonónica, pero desde un punto de vista cultural, y no tan político o religioso. Para ello, inventaron un conjunto de ideas, mitos y símbolos sobre el País Vasco y Navarra y sus gentes que ensalzaban también su diferencia y singularidad.

Entres los poetas estaban Eusebio María Azkue, Jean Baptiste Elissamburu, Felipe Arrese Beitia, autor de piezas elegíacas sobre la agonía de las libertades vascas, y José María Iparraguirre. Este último fue autor en los años cincuenta de la composición musical, Gerniko Arbola (El árbol de Guernica), que expresaba la inquietud de los vascos por la conservación de sus Fueros, y que hizo pública en su café de Madrid y luego cantó en teatros, plazas y romerías de todo el País Vasco despertando entusiasmo.

Hubo publicaciones culturales en las capitales provinciales, en San Sebastián la Euskal-Erría, en Bilbao la Revista de Vizcaya, en Vitoria la Revista de las Provincias Vascongadas, y en Pamplona la Revista Euskara; siendo los principales editores del movimiento Juan Eustaquio Delmas o Eusebio López. Estas publicaciones dieron cabida a leyendas y reseñas de las novelas fueristas, así como a farragosos artículos sobre temas históricos. 

Los pintores románticos desarrollaron una pintura histórica, académica, que recurría a la temática legendaria de las viejas crónicas y de sus recreaciones románticas. Sus máximos representantes fueron Anselmo de Guinea, Mamerto Seguí y Antonio Lecuona. También estudiosos del folclore, antropólogos, mecenas, etc.


JUEGO DE BOLOS, POR JOSÉ ARRUE


Entre los literatos de la primera generación destacaron Antonio Trueba, Francisco Navarro Villoslada, Joseph Augustin Chaho, José María Goizueta, Juan Venancio Araquistáin, Sotero Manteli o Juan Eustaquio Delmas.

El vascofrancés Joseph Augustin Chaho está considera como el iniciador de este Movimiento romántico, con delirantes e inexistentes fundamentos en sus teorías que tanta influencia aportaron tanto al Fuerismo como más tarde al Nacionalismo. Destacó por su Iluminismo: la idea de una revelación original común a toda la humanidad; y por crear numerosas leyendas y mitos que trataban de generar elementos de convicción que no pudo encontrar en la historia.

Sus obras más destacadas en la exposición de sus tesis fueron escritas en francés y no en vascuence: Voyage en Navarre pendant l’insurrection des basques (Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos), escrita en 1836 y Aitor. Légende Cantabre (Aitor. Leyenda cántabra), en 1843.

Su fábula de Aitor fue la creencia mitológica más exitosa entre los literatos románticos. Se trataba de un nuevo patriarca originario de Babel antes del diluvio universal, Aitor fue el verdadero poblador de Euskal Herria, de raza aria, y diferente al clásico Túbal, que fue el poblador de España, de raza hebrea. Creó el nombre Aitor a partir de la expresión aitoren seme, que significa "hijo de buen padre", una expresión similar al castellano "hidalgo", empleada para designar la baja nobleza. Este mito fue un elemento más en la diferenciación con respecto a los españoles, consiguiendo aportar mayor verosimilitud en su locura ideológica y peculiar identidad vascongada. Y el nombre generó una polémica sobre su etimología, ya que la literatura romántica lo convirtió en un personaje legendario.


JAUN ZURIA, POR ANSELMO DE GUINEA


El navarro Francisco Navarro Villoslada fue el creador de la mayor obra literaria-histórica del Romanticismo euskaro y que mejor definió el pensamiento de este movimiento filosófico-político: Amaya o los vascos en el siglo VIII. Esta obra fue continuista del mito ario de Aitor, inventado por Chaho, pero, Villoslasda llegó más allá en la demencia y locura de su creador, afirmando que los siete hijos de Aitor poblaron cada una de las siete provincias o herrialdes que conforman Euskal Herria. Afirmaba también que el pueblo vasco era superior y estaba predestinado a ser centro mundial.

A partir de la década de los cincuenta, esta literatura eclosionó definitivamente en las Provincias Vascongadas. La publicación de Leyendas Vascongadas en 1851 por José María de Goizueta inauguró lo que con el tiempo se denominó como Literatura fuerista histórico-legendaria. Esta literatura difundió en exitosas novelas el estereotipo de un pueblo vasco de costumbres patriarcales, cuna y refugio de libertades ancestrales, celoso defensor de su secular régimen político, no sometido a dominación extranjera alguna.

En sus Leyendas, Goizueta idealizaba la identidad el pueblo vasco "con su idioma magnífico, original, a ningún otro parecido; con su imaginación brillante y poética; con sus costumbres sencillas, patriarcales; con su amor idólatra hacia sus montañas; con sus creencias profundamente arraigadas; con sus asombrosos adelantos; sus virtudes innegables; con su admirable administración digna de ser imitada".

Lo mismo había escrito en 1849 el ruralista por excelencia, Antonio Trueba en su obra El Señor de Bertedo.

Además aparecieron varias leyendas breves como Jentil Zubi de Juan Eustaquio Delmas publicada en el Semanario Pintoresco Español en 1849.

La segunda generación de literatos románticos nació en el segundo tercio del siglo XIX, y escribió durante la Restauración borbónica. Sus más claros representantes fueron Arturo Campión, Juan Iturralde y Suit, Nicasio Landa, Vicente Arana, Ricardo Becerro de Bengoa, etc. Todos ellos se sumergieron de lleno en lo que se ha dado a llamar en Renacimiento Éuskaro, un importante movimiento literario que tuvo lugar en el último tercio del siglo XIX, desarrollado tras la abolición foral de 1876 y la consiguiente reacción fuerista. Lo característico de este Renacimiento es que se desarrolló casi todo en lengua castellana, salvo contadas colaboraciones de escritores guipuzcoanos publicadas en Euskalerría y los lore-jokoak (Juegos Florales) de las fiestas éuskaras.

Durante este periodo destacaron las obras Capítulos de un libro sentidos y pensados viajando por las Provincias Vascongadas, de 1864, y el Bosquejo de la organización social de Vizcaya, de 1879, de Antonio de Trueba; las Tradiciones Vasco-Cántabras, de 1866, y El Basojuan de Etumeta, de 1889, de Juan Venancio Araquistáin, autor de las continuadora de las teorías vascocantabristas; La dama de Amboto, de 1869, y Aránzazu. Leyenda escrita sobre tradiciones vascongadas, en 1872, del vitoriano Sotero ManteliLos últimos iberos. Leyendas de Euskaria, en 1882, y Juan Zuría o el Caudillo Blanco, en 1887, de Vicente de Arana; y Don García Almorabid, en 1889, Arturo Campión.




En 1877, se reunían Juan Iturralde, Arturo Campión, Esteban Obanos, Nicasio Landa, Aniceto Lagarde, Florencio de Ansoleaga, Antero de Irazoqui, Fermín Iñarra, Salvador Echaide, Estanislao Aranzadi y Hermilio de Olóriz con la finalidad de establecer una sociedad para fomentar el Fuerismo. Entre los literatos de esta escuela se repitieron machaconamente los tópicos raciales, cristianos e identitarios, mitos y leyendas fueristas tan característicos de su movimiento romántico. Sin embargo, en ningún caso hablaron de ruptura con España.

Y en 1878, Juan de Iturralde y Arturo Campión fundaban en Pamplona la Asociación Euskara de Navarra con el objeto de conservar y propagar la lengua, literatura, legislación e historia vascas y navarra. Esta sociedad fue la materialización del Movimiento fuerista y del Romanticismo literario en Navarra. Juan Iturralde y Suit era nombrado secretario, presidente de la sección de etnografía, historia, arte y legislación, y director de la Revista Euskara. Más tarde entraría a formar parte posiblemente su literato más influyente, Francisco Navarro Villoslada.

El otro fundador, el historiador pamplonés Arturo Campión además fue presidente honorario de la Sociedad de Estudios Vascos. Defendiendo la idea del viejo Reino de Navarra como un territorio identitario basado en la raza vasca y el euskera. De esta idea derivó hacia el Nacionalismo navarrista pero no independentista. Fue precursor del Navarrismo vascófilo, aunque su particular ideología política proponía una España federal. Incorporó otra idea nueva más tarde utilizada por Sabino Arana: la bajeza de la raza castellana frente a la raza vasca.

En su obra de carácter narrativo e histórico Euskarianas, publicada en 1896, regresaba al mito de Aitor, patriarca de la raza étnica de los vascones, propuesto por Chaho. Son narraciones breves, escritas algunas en euskera, rebosantes en ocasiones ternura e imaginación, aunque destacan otros ingredientes como el fuerte sentimiento de la naturaleza, la preocupación de la fidelidad geográfico-histórica, la minuciosa pintura de los personajes vasconavarros, arquetipos de la idiosincrasia del país, etc.

Otro que también ensalzó la defensa de la ley foral navarra, así como del uso del euskera en Pamplona fue el militar, escritor, historiador y geógrafo Julio Altadill nacido en 1895. Insistía en la pureza primigenia del pueblo navarro, la cual se iba deteriorando por el contacto con sus vecinos, desgracia que habría que evitar. Encontró en el Ruralismo aldeanista la esencia de la vida pura, mientras que en las ciudades se concentraba toda la maldad. Esta idea campesina también fue desarrollada por Arturo Campión.

Para Altadill, el Baserri, la vida en el campo, el mundo aldeano era la esencia de la sociedad vasca, frente a la contaminación de costumbres que traían los inmigrantes o "maketos". Esta idea de Altadill también fue adoptada por Sabino Arana.

Ataldill, junto a Iturralde y Campión, creó el mito de Amayur como defensa a ultranza de Navarra frente a la invasión castellana de 1512-1515, que tanta influencia tendría en el Nacionalismo aranista así como en el Navarrismo más puro.


MONUMENTO A AMAYUR


El más notable poeta de la Asociación Euskara fue Herminio de Olóriz, nacido en Pamplona en 1854, que definió Navarra como Basconia y a los navarros como bascones. Defendió la patria navarra siendo el generador de un Nacionalismo navarrista, una ideología localista, instituyendo un himno foral además de una cartilla foral. Aunque en otro tipo de consideraciones se asemeja bastante al Dogmatismo aranista, tampoco propuso una ruptura con España.

Gregorio de Iribar y Sánchez, nacido en Estella en 1854, introdujo el sofisma basado en la unidad de vascos y navarros para defender sus señas de identidad y fueros frente al gobierno español del signo que fuese. Esta idea estuvo muy presente en Sabino Arana. Al igual que Serafín Olave, reivindicó el carácter navarro de La Rioja.

Serafín Olave y Díez aportó la incorporación de la Baja Navarra francesa al viejo Reino. Es curioso que el sofisma de este andaluz, nacido en Sevilla en 1831, pasara como préstamo tomado por Sabino Arana, una vez más.

Otro que volvió a proponer la unidad política, territorial y cultural vasco-navarra fue militante carlista Gervasio Etayo y Eraso, nacido en Sesma en 1855. Pero este foralista insistía además en la idea de la raza euskara y la historia comunes a vascos y navarros. Añadió que los fueros eran pactos entre Navarra y el estado, formando parte de la legislación peculiar del viejo Reyno de Navarra.

En cambio, Arturo Cayuela Pellizari, nacido en Pamplona en 1851, supo renovar el sentimiento patriótico navarrista, pero también el amor patrio hacia toda España.

Juan Mañé y Falquer, nacido en Torredembarra en 1834, publicó su influyente obra El Oasis. Viaje al País de los Fueros en 1878. Se trata de una apoteósica e idílica descripción del País Vasco y Navarra, calificando a ambos territorios en de verdaderos oasis de valores positivos frente a la sequía del resto de España. En su dogmatismo fuerista resaltaba la espritualidad y valores del Cristianismo, mucho más practicados por los vascos que por el resto de los habitantes de la nación. Su Fuerismo entroncaba del Catolicismo tradicional español y en la idea de la sana sociedad euskalduna que adopta los valores cristianos, frete a la enferma sociedad del resto de los españoles ateos y liberales. Sabino Arana se apropió de esta idea descabellada, fundamentalizando su nacionalismo en el dogma católico apostólico y romano.

Por último, el sacerdote Evangelista de Ibero, natural de esta villa que le vio nacer en 1873, publicó el famoso A mi vasco, en 1906, dedicado a Sabino Arana. En esta obra llegó a afirmar que "el nacionalismo vasco es el sistema político que defiende el derecho de la raza vasca a vivir con independencia de otra raza". En De Ibero se confluyeron las mixtificaciones forales de los fueristas que le precedieron con los postulados nacionalistas de Sabino Arana. El resultado no pudo haber sido otro.


ROMERÍA VASCA, POR JOSÉ ARRUE

viernes, 20 de abril de 2018

Hondarribia: El gran asedio de 1638




El 1 de julio de 1638, Hondarribia fue atacada por el Ejército francés que cruzaba el río Bidasoa con 18.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería al mando del príncipe de Condé.

viernes, 13 de abril de 2018

Martín de Orbea e Ibarra


General de la flota de Nueva España del siglo XVII y caballero del hábito de Santiago




Martín de Orbea e Ibarra era natural de Éibar, Guipúzcoa, donde nació en 1591. Fue hermano de Domingo Orbea, tesorero real del emperador Carlos V y de Santiago Orbea, tesorero general del Reino de Aragón.

En la Junta general de Villafranca de 1619 fue propuesto por la villa de Éibar para obtener el cargo de capitán de mar y guerra en la escuadra que construía la provincia Guipúzcoa por el hecho de llevar Orbea nueve años de servicios.

En 1624, estaba integrado en el tercio del maese de campo Pedro Osorio de los galeones de España. Entonces, con cargo de capitán de mar y guerra, tomó parte de la escuadra hispano-portuguesa formada por 52 barcos y 12.000 hombres al mando de Fadrique de Toledoque que salió de Cádiz para el socorro del Brasil. Luchando en la recuperación de Bahía de Todos los Santos tomada por la Armada holandesa, donde prestó señalados servicios en esta expedición.

Cuando fue ascendido a almirante, condujo al virrey de Méjico, saliendo de Cádiz en 1635, empleando en el viaje 63 días. En 1638, con el grado de general, mandó una flota que conducía caudales, de retorno de la que a la ida había llevado azogue a Nueva España.

Continuó durante varios años este distinguido general sirviendo con gran pericia en el mando de flotas dirigidas a diversos puertos con misiones de interés.


RECUPERACIÓN DE BAHÍA DE TODOS LOS SANTOS, POR JUAN BAUTISTA MAINO

miércoles, 4 de abril de 2018

Reinado de Sancho I Garcés: dinastía Jiménez en Pamplona


En el año 905, abdicó el último rey de la dinastía Íñiguez, Fortún Garcés, por presiones de los nobles. En su lugar se coronaba a un joven y decidido caudillo, Sancho I Garcés, de la dinastía Jiménez, quien tras eliminar los derechos patrimoniales de los hijos del rey, los hizo recaer sobre su nieta Toda. Al estar Sancho I casado con Toda, ocupó Pamplona destronó a Fortún Garcés y se proclamó rey de Pamplona en el 905. La causa fue el descontento de los nobles pamploneses ante el modo en que Fortún estaba llevando los destinos del reino y decidieron prescindir de él, de acuerdo con algunos miembros de su propia familia.

Sancho Garcés era hijo de García Jiménez y de su segunda esposa, Dadildis de Pallars. A la muerte de García I Íñiguez en el año 870, fue gobernante de la Valdonsella y pronto comenzó a intervenir en todos los territorios circundantes.



SANCHO I GARCÉS


La dinastía Jiménez sustituyó a la Íñiguez, que comenzó con Sancho I Garcés, quien fortaleció la vinculación con el Condado de Aragón, con la Monarquía de León y con los Condados de Castilla y Álava, mediante constantes enlaces matrimoniales. Durante todo el siglo X, fueron numerosas las ocasiones en las que navarros, leoneses y castellanos combatieron juntos contra los musulmanes.

Sancho I pasó de una posición defensiva a una política expansiva, y trató de vincular a los Banu Qasi a su órbita de influencia. Lope ibn Muhammad ya tuvo que rechazar una expedición conjunta de asturianos y pamploneses en el 900 en Tarazona. En el 904, debió afrontar la defensa del castillo de Grañón (La Rioja) contra los intereses de Alfonso III de Asturias, y tuvo además un conflicto menor con Raimundo I de Pallars-Ribagorza.

En el año 907, una alianza de navarros y aragoneses logró derrotar al valí Banu Qasi y darle muerte. A su sucesor, su hermano Abd Allah, no le fue mejor, ya que en el 913 perdió Calahorra (La Rioja) por el leonés García I, y a punto estuvo de tomar Arnedo. Abd Allah había trasladado parte de sus efectivos militares para contener al leonés, desprotegiendo la frontera norte. Esta situación fue aprovechada por Sancho I quien no dudó en tomar el castillo de San Esteban de Monjardín. Un año después los navarros consiguieron la conquista de Calahorra, pero se perdió al poco tiempo.



EXPANSIÓN PAMPLONESA POR LA RIOJA DURANTE EL REINADO SANCHO I


En el año 915, Sancho I capuró a Abd Allah, lo que supuso la cesión de varias fortalezas como Falces y Caparroso, la entrada hacia La Rioja y la entrega de rehenes de importancia, como su sobrino Fortún ibn Musarrif y su hija Urraca.

Sancho I también salió victorioso en la defensa de la frontera occidental ante los ataques del valí de Huesca, Muhammad al-Tawil. La línea defensiva formada por las fortalezas de Uncastillo, Luesia, Sibrana y Biel fue un límite insuperado por la expedición del año 911. Ante esta superioridad, Al-Tawil se alió con el rey pamplonés frente a los tuyibíes zaragozanos.

Ante los buenos resultados, la alianza entre navarros y leoneses se renovó de una manera más coordinada y efectiva, en el 918. Los reyes cristianos hispánicos atacaron conjuntamente, tomando importantes plazas que se repartieron: Calahorra, Arnedo y Viguera para Sancho I, y Nájera para Ordoño II.

La conjunción de fuerzas militares hispanas y la desintegración del poder Banu Qasi ocasionaron la reacción del emir Abd al-Raham III. En el 919, las fuerzas cordobesas se precipitaron sobre León en dos ocasiones, mientras tanto, una gran coalición entre Sancho I, el conde Pallars y los Banu Tawil arrebataron Monzón (Huesca) a los Banu Qasi.



SEGUNDA BATALLA DE VALDEJUNQUERA, AÑO 920


Los cordobeses continuaron su campaña al año siguiente. Tras recuperar varias plazas, se dirigieron a Pamplona, derrotando en el camino a las aliadas fuerzas de León y Navarra en la batalla de Valdejunquera del 920. Los supervivientes se refugiaron en las fortalezas de Muez y Viguera, pero tras un fuerte asedio ambas fueron tomadas y sus guarniciones ejecutadas. Aunque se detuvo el avance a Pamplona, los campos de Navarra y de Álava sufrieron un expeditivo pillaje.

El contrataque cristiano comenzó en el 923. Mientras Sancho I sitiaba Viguera, Ordoño II lo hacía con Nájera, Muhammad fue apresado y ejecutado junto a un numeroso grupo de notables por orden del rey pamplonés. Este último se quedó con todas las conquistas. El esfuerzo común de ambos reyes  revertió en provecho de uno sólo debido a un enlace matrimonial entre Ordoño II y Sancha, hija de Sancho I, y a un acuerdo diplomático en virtud del cual el pamplonés acataba la superior autoridad del leonés y quedaba al frente de estos territorios como subordinado suyo.

En la primavera del 924, Abd al-Rahman III puso en marcha un contundente ejército de castigo. Al llegar al valle del Ebro, se unieron los tuyibíes y juntos entraron, en julio, en Navarra, procediendo a la destrucción sistemática de todo cuando encontraron, incluida Pamplona, que fue abandonada por sus habitantes, refugiados en las montañas. Regresaron por el sur, arrebatando Tudela a los Bau Qasi, cuya dinastía fue enviada a Córdoba para su integración en el ejército. Su poder en la zona había terminado.



CASTILLO DE SAN ESTEBAN DE MONJARDÍN


Paralelamente la expansión en La Rioja, Sancho I aparecía como soberano de Aragón desde el 921, y desde la muerte del conde Galindo II Aznárez, al año siguiente, y ante la ausencia de descendencia masculina, el rey pamplonés acaparó todo el poder en el territorio.

Todas estas incorporaciones territoriales convirtieron a Sancho I en el rey de Pamplona, Aragón y Nájera, tres territorios diferenciados.

Sancho I necesitaba repoblar de cristianos la ciudad de Nájera. Para dotarla de una buena base demográfica dotó a este estratégico enclave de una serie de ventajas económicas que compensaran la peligrosidad de este territorio fronterizo. Los nuevos pobladores se fusionarían con los numerosos ciudadanos mozárabes que vivían allí desde la conquista musulmana. En esta ciudad estableció su Corte, reorganizando en torno a ella el Reino de Pamplona.

Durante su reinado se comenzó a acuñar moneda, siendo el primer reino cristiano que usaba tal regalía. Así mismo, surgió el sistema de tenencias, que se perpetuaría en Navarra y Aragón hasta principios del siglo XIII.




EXTENSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS HISPÁNICOS, PRINCIPIOS DEL SIGLO X

jueves, 29 de marzo de 2018

Héroes, heterodoxos y traidores, por Gaizka Fernández




Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)
Gaizka Fernández Soldevilla, Editorial Tecnos, Madrid (2013), 472 páginas


Héroes, heterodoxos y traidores analiza las historias cruzadas de ETA político-militar, EIA y Euskadiko Ezkerra. En el ocaso de la dictadura franquista cristalizó en el País Vasco y Navarra la "izquierda abertzale", un movimiento independentista nucleado en torno al caudillaje de ETA. De tal matriz surgieron en 1974 dos facciones que tomaron caminos divergentes durante la Transición. Por una parte, ETA militar y Herri Batasuna, que se enfrentaron violentamente a la democracia parlamentaria. Por otro lado, un sector más pragmático, el de ETApm, EIA y EE, que evolucionó desde la complicidad con el terrorismo al compromiso cívico con la paz, desde el comunismo revolucionario a la socialdemocracia y desde el independentismo al autonomismo, piedra angular de su nacionalismo heterodoxo. Escrita desde la perspectiva de la historia política y cultural, la presente obra examina este singular proceso de secularización, que contribuye a una mejor comprensión del pasado reciente del País Vasco y, por ende, de España.


El historiador Gaizka Fernández Soldevilla publicó en 2011 su primer libro Sangre, votos, manifestaciones, junto a Raúl López Romo, dedicado a la historia de ETA. En este segundo documento, editado en solitario en 2013, prolonga aquel relato con un profundo estudio sobre la trayectoria de Euskadiko Ezkerra, partido político nacido de las mismas entrañas de ETA, artífice de la paulatina moderación experimentada a lo largo de tres décadas por un cierto sector del nacionalismo vasco radical. 
Héroes, heterodoxos y traidores es una rigurosa investigación bien fundada en evidencias, argumentada con solidez y ponderada en sus juicios, siendo además una tesis doctoral dirigida por un acreditado experto en la materia como es el catedrático José Luis de la Granja. Está escrito con claridad y elegancia, algo no frecuente en las obras divulgativas de origen académico. 

La aparición de Euskadiko Ezkerra en el panorama de la política vasca fue posible gracias a una idea alumbrada por Bernardo Moreno Bergaretxe "Pertur", un dirigente de ETA político-militar que poco antes de desaparecer en circunstancias no totalmente aclaradas inspiró la "ponencia Otsagabia". El documento en cuestión, presentado en 1976 en el marco de la VII asamblea de ETApm, proponía superar el modelo político-militar con el que hasta entonces se habían alineado las estructuras y la actividad del nacionalismo vasco violento, avanzando hacia la separación orgánica de la "lucha política" respecto de la "lucha armada". De acuerdo con dicho análisis, el cambio requería la creación de un partido político destinado a actuar como vanguardia de la clase obrera y del conjunto del pueblo vasco y dispuesto a aprovechar todas las opciones institucionales abiertas en España gracias al inicio de la Transición. De ahí surgiría EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia, Partido para la Revolución Vasca) y más tarde su sucesor EE (Euskadiko Ezkerra, Izquierda de Euskadi), nacido a raíz de un experimento de coalición electoral ensayado en 1977 mediante el que EIA (el brazo político de ETA político-militar) subsumió a un sector de la extrema izquierda del País Vasco, principalmente EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista, Movimiento Comunista de Euskadi).

En 1977, cuando las primeras elecciones generales de la actual democracia ofrecieron la prueba de que la sociedad vasca no era globalmente nacionalista, sino políticamente plural y diversa, los "euskadikos" sacaron conclusiones y decidieron profundizar en la acción institucional. Se inició así una tendencia de orientación inversa a la tomada por la otra sección del nacionalismo vasco radical, la liderada por ETA militar. Mientras ésta negó la realidad, prefiriendo la narrativa falaz del conflicto vasco-español y manteniendo como prioridad la violencia terrorista, los hijos de ETA ingresados en EIA y EE se implicaron en un proceso de evolución ideológica y práctica que acabó dando lugar a la disolución de ETApm, consumada en 1982 gracias a una amnistía encubierta urdida con los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González por los principales líderes "euskadikos": Mario Onaindía, antiguo militante etarra juzgado en el proceso de Burgos y Juan María Bandrés, abogado suyo en aquel influyente juicio de 1970.

A esto seguiría el progreso de EE hacia posiciones políticas progresivamente más incluyentes, partidarias del Estatuto de Gernika y el pacto de Ajuría Enea, y mediadas por un ejercicio continuado de crítica desmitificadora del discurso aberztale y de los principales dogmas del nacionalismo vasco: una auténtica religión política sobre cuyas bases los líderes y militantes de EE fueron sucesivamente tildados de héroes, heterodoxos y traidores. A pesar de sus continuados esfuerzos por ir adaptándose a cada nueva circunstancia, o más bien como consecuencia suya, el proyecto político de EE terminó fracasando a mediados de los años noventa, con su dirigencia parcialmente absorbida por el PSE (Partido Socialista de Euskadi).

El libro de Gaizka Fernández analiza esa larga experiencia repasando minuciosamente cada uno de los cambios ideológicos experimentados por la formación, cada estrategia política ensayada, cada resultado electoral y cada conflicto, dentro del contexto de la política vasca y española. Quizá el empeño argumentativo por mostrar los aspectos positivos de esta evolución hayan dejado en segundo plano los gravísimos pecados que la acompañaron. Conviene recordar que EE promovió durante demasiado tiempo un relato excesivamente complaciente de su propia historia, retratándose como la última derivada de una ETA buena: la que supo abandonar la violencia al ritmo de avance de una joven democracia, frente a otra ETA mala, la que prefirió insistir en la lucha armada aún después de consolidarse un nuevo régimen de libertades. Pero lo cierto es que nunca hubo una ETA buena y que hasta 1981 los "euskadikos" formaron parte de un entramado criminal corresponsable de la instauración del denso e irrespirable clima de terror que ha emponzoñado la vida social y política del País Vasco hasta hace casi una década.

Asimismo, el mérito de haber propiciado la desaparición de ETApm no estuvo exento de graves costes: sobre todo el coste que supuso la impunidad de los muchos "polimilis" que resultaron amnistiados sin haber pagado por sus propias carreras asesinas. Para no incurrir en un balance injusto, el autor reconoce en sus conclusiones cada uno de estos puntos oscuros advirtiendo, no obstante, que quizá lo más relevante de su investigación es la constatación de que las religiones políticas que mueven a la violencia no tienen por qué ser eternas e invulnerables, como no lo fueron para los nacionalistas díscolos de los que trata este excelente libro.