03/02/2025

Industria armera de Mondragón


Han sido varios los autores que a lo largo de la historia de la villa guipuzcoana de Arrasate-Mondragón han dejado por escrito esta actividad, desde el cronista Esteban de Garibay en su Compendio historial en el siglo XVI, hasta Baltasar Melchor de Jovellanos y Santiago Palomares en la Ilustración. En época reciente, y realizando una historiografía más científica y moderna, destacan Julio Caro Baroja, Genaro Rosado Rosado y José Ángel Barrutiabengoa. Son destacables las publicaciones de José Antonio Azpiazu en El acero de Mondragón en la época de Garibay, y Ramiro Larrañaga en Espaderos vascos en Toledo.

Desde la Edad Media, la economía de Mondragón ha girado en torno a la metalurgia, generando una época de esplendor en el siglo XVI. Según el cronista real dejó escrito en su Compendio historial: "…, como por ser pueblo de mucha contratación, donde se labrava grande abundancia de acero y hierro, y otras mercadurías…"

La primera causa de esta revolución metalúrgica fue la cercanía de la peña de Udalaitz, al norte de la villa, con 1.092 metros en su cima, límite de Vizcaya y Guipúzcoa, y en cuyo subsuelo se formaron las venas de mineral de hierro.

Además, el rey castellano Alfonso X el Sabio, al poco tiempo de fundar la villa aforada en 1260, ordenó que las "venas de la ferrería de Mondragón se labren en la villa". Es decir, "que las aizeolas bajen al núcleo urbano para transformarse en agorrolas que emplean la fuerza hidráulica". Así es como aquellas primeras ferrerías de montaña se ubicaron en las calles de Olarte y de Ferrerías, junto al río Deva.

En las primeras ordenanzas de la Cofradía de San Valerio quedó patente que la mayor parte de los casi 1.900 mondragoneses vivían entonces a la extracción y laboreo del mineral de hierro para la obtención del acero y su transformación artesanal en la "cal de las ferrerías".

INDUSTRIA ARMERA DE MONDRAGÓN

La actividad metalúrgica tenía tres fases: de extracción, de base y de transformación final.

La extracción del mineral se realizaba por los venaqueros en el monte Udalaitz, del que se tienen indicios de que había acero natural.

La segunda fase del proceso se realizaba en las ferrerías masuqueras. En ellas se fundía el hierro, consiguiendo que las impurezas fluyeran formándose una capa líquida que impide que el Dióxido de Carbono fuese expulsado al exterior. Ese CO2 y, por lo tanto, parte del carbono quedaba diluido en la masa, el hierro se enriquecía y obtenían la raya.

La última fase correspondía a las ferrerías tiraderas, que introducían la raya en el horno con el carbón y mineral o trozos de hierro, y así obtener el acero. Después llegaba la prueba de la fractura para comprobar la calidad de acero. Se hacía necesaria la cercanía del cauce de un río, en este caso el Aramayona. Mediante unas tenazas, el tirador introducía la barra caliente en el agua para templar la punta, la enfriaba y rompía, y observaba si tenía suficiente calidad. El ensayo decidía si el grano era fino, y se consideraba apto; pero si el grano era basto, tenía que seguir afinándolo.

Según José Antonio Azpiazu, en el siglo XVI "eran cuatro las ferrerías masuqueras que funcionaban en la villa: Zalgibar, Zubiate, Legarra e Ibarreta". Las ferrerías tiraderas se contaban entre 60 y 70, y la mayoría se localizaban en la calle Olarte.

MONTE UDALAITZ

Este proceso metalúrgico de dos fases de transformación era característico y exclusivo de Mondragón, así como el método de forja que empleaban sus espaderos. Así lo dejó escrito uno de los principales políticos de la Ilustración española, Baltasar Melchor de Jovellanos. Según este, los espaderos mondragoneses alternaban barras cuadrados de acero y hierro de manera que se conjugaban las características de la tenacidad del hierro y la dureza del acero.

Según Genaro Rosado, una buena espada mondragonesa debía:
"tener dureza, tenacidad (resistencia a los golpes), flexibilidad, actitud para pinchar y cortar, y sobre todo, aptitud para adquirir temple otra vez después de reparar y amolar. Si era una espada de acero de Mondragón se podía volver a templar, pero las que se fabricaban por ejemplo en Solingen (Alemania), no. Una vez que habían pasado por la piedra esmeril se había acabado el acero. Porque solamente estaban carburadas, es decir, aceradas, en la superficie."
Este experto ha comprobado que los métodos de forja eran distintos en Mondragón y en Toledo. En la capital del Tajo consistía en un "alma de hierro puro y dos tejas de acero de Mondragón".
"La operación más delicada era la puntada, que consistía en unir el alma y las dos tejas un punto, y a partir de ahí desarrolla la forja en distintas fases que correspondían a 3 caldas sucesivas. Era un sandwich. Es lo que veríamos si seccionamos una espada."
A continuación venía el templado. El acero forjado, "que es dúctil y maleable, lo metemos en el horno, lo calentamos y lo enfriamos rápidamente para obtener un acero templado, que es duro y frágil. Por lo tanto hay que ablandarlo de alguna manera y se le da un revenido a baja temperatura (unos 300 grados). Y así obtenemos un material duro, tenaz, flexible y templable."

Era una técnica refinada de soldadura de barras de acero, a "la calda", a martillo sobre yunque, difícil de realizar correctamente y dominada por aquellos maestros espaderos.

FORJA DE ESPADAS EN FRAGUA DE MONDRAGÓN

En 1775, el rey Carlos III comisionó al técnico Santiago Palomares para la organización de la Real Fábrica de Espadas de Toledo. Entonces, elaboró una detallada relación de todos los espaderos que habían labrado espadas hasta el siglo XVIII. En la llamada Nómina de Palomares, Santiago dejó escrito que:
"El acero que gastaban en la fabricación de espadas en Toledo, desde sus principios era el de la fábrica antigua de Mondragón, única en España por aquellos tiempos, celebrada casi por todo el mundo por rica y abundante y cuya espadas después de algunos siglos subsisten hoy de calidad tan sobresaliente que son apreciadas por las mayor parte de las naciones del mundo por su fortaleza, hermosura y finísimo temple."
Estas alabanzas al acero de Mondragón eran coincidentes con las descripciones tan favorables que, dos siglos antes, hizo sobre la industria de su villa natal Esteban de Garibay. Según su Compendio historial de la Historia de España:
"También se labra hazerro, pero en sola la villa de Mondragon, siendo el mas fuerte, que se sabe hacer en parte alguna, en tanto grado, que aunque de espada, o otra cualquiera arma, labrada d'este metal, se tornen a hacer cinco y seis cosas, en cada una tornando al fuego, nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian; porque tornando segunda vez en el fuego, se convierten en hierro, perdiendo la fortaleza que como hazero devrian tener. A esta causa los herreros de Castilla quieren mas el hazero de Milan, porque con ser tan blando, que casi es hierro, gastan menos carbon, tiempo y trabajo, y como después lo hecho es hecho, no tiene cuenta con mas, de que una vez se venda la cosa y allá se avengan el dueño, y lo que lleva. D'este hazero se gasta en Navarra, y mucho mas en Francia, y poco en Castilla. Abunda esta tierra de diversos géneros de armas, assi offensivas, como defensivas, que en ella se labran, especialmente arcabuzes, moxquetes versos, y otros instrumentos de fuego, que mas que en otra parte se labran en Mondragon y Vergara, y mucho mas en Plazencia. Armas de bastas, con sus hierros, picas, lanças, medias lanças, dardos y dardes, azcones, y en Portugal chuças, y otras armas y herramientas sotiles de cuchillos y cosas a ello adherentes en Tolosa y Vergara…"

Como dejó constancia Garibay, los arcabuces, mosquetes y otras armas de fuego llegaron a ser de tal extraordinaria calidad y fama que se comercializaron por gran parte de Europa y a los Virreinatos del Imperio español.

ARCABUCEROS DE LOS REALES TERCIOS

Análisis metalográficos e investigaciones documentales ratifican la excelencia del acero de Mondragón y mineral de Udalaitz y lo complejo de la elaboración, demostrando una absoluta coincidencia entre los procesos descritos por los archivos y los datos obtenidos por análisis científicos modernos.

Cuando Garibay escribió que "nunca pierde su rigor y fortaleza, lo que el hazero de Milan y otros hazeros no hanian" no se trata de un invento del cronista vasco. Existieron pleitos de la época que trataban de defender la calidad del acero mondragonés de la de otros mercados extranjeros. Los fabricantes de Solingen en Alemania y de Milán en Italia frecuentemente marcaban sus productos, de inferior calidad, con la marca de conocidos maestros espaderos vascos, para hacerlos pasar como productos fabricados por ellos.

La dimensión del fraude debía ser importante, pues se adoptaron medidas para evitar confusiones o mezclas con otros aceros menos competitivos. Así, en 1553, las Juntas Generales de la Provincia de Guipúzcoa trataron el asunto y prohibieron su importación por el daño que se causaba a sus forjadores.

Según el historiador José Antonio de Azpiazu en su obra El acero de Mondragón en la época de Garibay, la calidad de este acero era muy considerado en los Reales Tercios de Infantería españoles, y los administradores y veedores reales imponían una serie de condiciones a los fabricantes. Entre las condiciones para la construcción de los arcabuces y mosquetes, había una especialmente clara: las llaves de las armas de fuego habían de ser construidas con acero de Mondragón.

ARCO DEL PORTAL DE ABAJO EN ARRASATE - MONDRAGÓN

Toda una población de más de dos mil habitantes "nada labradoriegos", en palabras de Garibay, vivía en torno a una industria metalúrgica con gran presencia en los mercados más importantes de la época, incluido Toledo. Y, desde Sevilla, se embarcaban las espadas y otras armas con destino a los virreinatos del Imperio español.

Según otro historiador vasco, Ramiro Larrañaga, para la fabricación de armas blancas en Toledo, se empleaba el acero de Mondragón. La villa guipuzcoana era la única que por aquellos tiempos disponía de materia prima de tan excelentes cualidades y de la misma "procedían los hermosos aceros donde tuvieron origen las inimitables espadas toledanas".

Quienes apreciaron este acero fueron los franceses. Compañías mercantiles mondragonesas comerciaban con las principales ciudades portuarias del Atlántico francés. A su vez, comerciantes franceses compraban directamente en Arrasate a través de sus factores establecidos en San Sebastián y Bilbao.

Pero las venas del mineral férrico del monte Udalaitz comenzaron a escasear, coincidiendo en el tiempo con el declive de la industria militar espadera que marcó la derrota de los Reales Tercios de Flandes en la batalla de Rocroi en 1643. Ahí comenzaba la decadencia que pondría fin a uno de los capítulos más gloriosos de la historia de Mondragón.

MONUMENTO A LA INDUSTRIA EN ARRASATE - MONDRAGÓN

28/01/2025

Descubridores y primeros colonizadores vascos en los virreinatos españoles de América


Los vascos fueron los grandes protagonistas de todas las empresas españolas por tierra y por mar desde el siglo XV hasta la pérdida del Imperio español en 1898, evangelizando e hispanizando los dominios, dejando un notable legado y una herencia decisiva. La conquista del Nuevo Mundo y la repoblación ultra marítima fueron tomadas por entusiasmo por gentes del territorio vasco durante los siglos XVI y XVII, que pueden calificarse, en cierto modo, de profesionales y de aventureros.

Descubrir tierras, ríos y mares, hasta entonces desconocidos para la civilización occidental fue una emocionante aventura en la vida de aquellos hombres que con su valentía, experiencia e ingenio lo hicieron posible. Colonizar después estas tierras, poblarlas y pacificarlas, mezclar las estirpes, construir ciudad y rutas comerciales y hacer todo esto con el menor derramamiento posible de sangre y de violencia, constituyó una tarea sublime.

VASCOS EN LA COLONIZACIÓN DE AMÉRICA

El descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1492, los tripulantes vascos de la nao Santa María, incluyendo a su dueño, Juan de la Cosa, pueden calificarse, en cierto modo, de profesionales y de aventureros. En la pérdida del Fuerte Navidad, mandado por Diego de Arana, se señala a los vizcaínos como protagonistas de la discordia que dio motivo al arrasamiento del fuerte por los indios. En el tercer viaje del almirante Cristóbal Colón cuatro navíos iban tripulados por vascos.

A pesar de la reducida población vasca, las individualidades vascas destacaron en el descubrimiento y la conquista de América. Su primer radio de acción del colonizador vasco se centró en las Antillas, y el México post Cortés, que se prolongará por los alrededores del golfo de México hasta la península de Florida, o bien hasta el Pacífico.

Francisco de Garay fue el primer expedicionario vasco del Nuevo Mundo. Siendo gobernador de Jamaica, organizó la explotación económica de la isla, evangelizar a la población indígena y hacer de ella base para futuras expediciones. Desde 1519 hasta 1523, organizó tres expediciones para la conquista de la región de Pánuco, reconociendo la costa del golfo de México, desde la península de Florida hasta la de Yucatán, encontrando la desembocadura el río Mississippi. Fue el adelantado y gobernador de una amplia área que abarcaba el litoral mexicano desde Pensacola hasta Cabo Rojo.

Hernando de Guevara se casó con una princesa india, hija de la reina Anacaona. El vizcaíno Martín López construyó las embarcaciones para la conquista de México, en las orillas del lago que hay junto a la ciudad. Juan de la Riva fue el primer marino vasco que rodeó Terranova, en 1532. Juan de Zumárraga se convirtió en primer arzobispo de México, realizando una labor de evangelización y defensa de los indios. Su carta a Carlos V es uno de los documentos clave en la historia de la defensa de los derechos humanos.

COLONIZADORES ESPAÑOLES EN EL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA

Los Oñate y los Ibarra fueron dos sagas de familias vascas que se convierten en protagonistas de la colonización de las tierras americanas del norte, fundando ciudades, explotando las minas de plata de Zacatecas y Guanajuato, tan importantes para el sostenimiento de la economía imperial, desarrollaron Nueva Galicia y Nueva Vizcaya en el Virreinato de la Nueva España, iniciando el comercio y la minería, evangelizando, gobernando y pacificando las zonas de tribus indígenas.

Los hermanos Cristóbal y Juan de Oñate destacaron en la expedición de Nuño de Guzmán que conquista Nueva Galicia, siendo Cristóbal de Oñate quien fundó la villa de Guadalajara, la segunda ciudad de México. Este se quedó al mando de la recién conquistada Nueva Galicia, encontrándose con una rebelión de indios en la zona. En la resistencia acudió un joven Andrés de Urdaneta al mando de un ejército enviado desde la capital, cuya actuación fue decisiva para pacificar la tierra en 1541.

Entre los primeros eibarreses que emigraron al Nuevo Mundo figuran Martín de Ibarra y Laurenbide, en 1526, y Ortuño de Ibarra y Mendilibar, en 1538. Ortuño de Ibarra partió con destino a la conquista de la Nueva España y llegó a ocupar el cargo de tesorero general y factor real. De la familia de los eibareses Ibarra, también llegó Martín de Ibarra, pero fueron sus sobrinos Francisco de Ibarra y Diego de Ibarra en 1540, los que consiguiesen mayor gloria.

En la conquista y pacificación de Nueva Galicia también destacó Diego de Ibarra, que se unió a los Oñate y juntos comenzaron una próspera explotación minera. La expedición conquistadora continuó al mando de Diego de Ibarra y Juan de Tolosa que ocuparon y pacificaron el actual estado mexicano de Durango. Después Francisco de Ibarra, sobrino de Diego, ocupó y pacificó los territorios de los estado de Chihuahua, Sonora y Sinaloa, fundando ciudades y misiones. Con todo este amplio territorio del noroeste quedó fundada la provincia de Nueva Vizcaya, de la que Francisco de Ibarra fue el primer gobernador y general.

COLONIZADORES VASCOS EN EL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA

Es significativo el hecho de ser tres vascos entre cuatro fundadores reconocidos en la fundación de Zacatecas. Los apellidos vascos dominaron toda la historia de la explotación y colonización del Norte de Nueva España en aquel período y aún en el siglo XVII: Francisco de Urdiñola; en Nueva Vizcaya; Martín de Zavala; en Nuevo León. Entre los colonizadores vascos existía la tendencia, más que entre los demás españoles de América, de agruparse con otros que hablaran la misma lengua y tuvieran el mismo origen regional.

Juan de Oñate, hijo del fundador de Zacatecas del mismo nombre, convertido en un rico criollo minero vasco inicia la ocupación de Nuevo México en 1595. La expedición de Juan de Oñate es una de las más fantásticas de la epopeya americana, recorriendo los actuales estados de Nuevo México, Arizona, el norte de Texas, Kansas, Nebraska, Oklahoma, Iowa, Missouri y regresando a México por Colorado.

Ante el temor a que franceses e ingleses ocupasen posiciones al norte del territorio descubierto, se continuaron las expediciones a marchas forzadas. Se apresuró la expansión y poblamiento en Nuevo México y el Sudeste de los actuales Estados Unidos. Así, en 1595, Sebastián Vizcaíno; ocupó California y navegó sus costas hasta la actual frontera norte. Y Antonio Deza y Ulloa fundó el territorio de Chihuahua.

El navarro Pedro de Ursúa fundó Pamplona y Tudela en el Virreinato del Perú. Desde allí organizó una expedición a Omagua en busca de El Dorado, terminando en fracaso por la locura del controvertido Lope de Aguirre.

Juan Ortiz de Zárate denominó a las tierras del actual Perú como Nueva Vizcaya, fundando San Salvador.

El primero en armar navíos y explorar la costa pacífica americana del sur fue Pascual de Andagoya.

COLONIZADORES VASCOS EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

En la primera expedición hacia el estuario del Río de la Plata, dirigida por Pedro de Mendoza, destacaron Francisco de Aguirre, Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala.

Desde el interior andino los vascos ocupan las actuales Argentina y Paraguay. Francisco de Aguirre fue uno de los primeros en internarse en el noroeste argentino, en la zona de Tucumán, fundó la primera ciudad, Santiago del Estero en 1533 y más tarde, tras fundar la capital San Miguel del Tucumán y dominar la dura resistencia indígena de los calchaquíes, fue nombrado el primer gobernador del territorio.

Juan de Ayolas continuó su expedición internándose por el noroeste, a través del río Paraguay, donde fundó Santa María de la Asunción y La Candelaria, en 1540.

Martínez de Irala exploró el río Paraguay, se casó con la hija del cacique Moquirace y sentó las bases de convivencia con los indios dictando leyes humanas y eficaces, y fue proclamado gobernador del nuevo territorio descubierto, el actual estado de Paraguay.

Desde Santa María de la Asunción partieron Pedro Ortiz de Zárate, fundando Santa Fe en la confluencia del Paraná y el Paraguay, y Juan de Garay, asentando el definitivo Buenos Aires en 1580, y fundando San Salvador y San Cruz de la Sierra. Más tarde, el capitán general de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, fundó Montevideo.

COLONIZADORES VASCOS EN EL VIRREINATO DEL PERÚ

En las huestes de Diego de Almagro en 1535 y de Pedro de Valdivia en 1540, ya venía un numeroso contingente de vascos y algunos navarros que contribuyeron a la fundación de la Capitanía general de Chile. En la fundación de Santiago, el trazado fue realizado por el alarife Pedro de Gamboa y su amigo y compañero de armas el navarro Pedro de Miranda. Gamboa de Berriz funda Castro y San Bartolomé de Gamboa en Chile.

Alonso de Ercilla compuso el poema épico La Araucana, describiendo el valor de los araucanos en la lucha por conquistar Chile. Poco tiempo después el que fue el primer poeta chileno Pedro de Oña, hijo de vascos, publicó el poema épico Arauco domado, donde la temática es la contraria.

Sarmiento de Gamboa viajó al estrecho de Magallanes para explorarlo y fortificarlo.

24/01/2025

Francisco de Abaria


Marino, capitán de la armada que liberó el cerco de Orán en 1681 y general de la Real Armada de la Carrera de Indias en 1682

FRANCISCO DE ABARIA

Francisco de Abaria nació en San Sebastián o tal vez en Villafranca de Ordizia, en 1620. Fue el fundador de un mayorazgo ubicado en Ordicia y encabezado por la casa-palacio de Abaria. De su linaje nobiliario procedieron varones que dejaron huella muy honda en la villa.

En 1655, Abaria consiguió una licencia de capitán de guerra y mar, poniéndose a las órdenes de la Real Armada española de Carlos II de Habsburgo. Tras varios años de fiel servicio, fue elegido para dirigir una flota marina formada por seis de los mejores navíos que había preparado la Casa de Contratación de Indias en Sevilla con el objetivo de transportar cargamentos de municiones y pertrechos de guerra a la Real Armada que la Monarquía hispánica tenía en la península Itálica. El Carlos II sería hasta su muerte en 1700 rey de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, y duque de Milán.

En 1681, Abaria participó en el cerco de liberación de la plaza de Orán, abordo de la nave capitana de la expedición Nuestra Señora de las Mercedes.

Por esta heroica acción, la casa real le regaló una escultura tallada en alabastro de Nuestra Señora de la Mercedes, colocada en una capilla de plata. Esta obra has pasado a sus descendientes, entre ellos el caballero guipuzcoano Tirso de Olazabal, quedando en propiedad de la Casa de Olazábal-Arbelaiz desde el siglo XVIII. En la parte baja de la capilla de plata, se puede leer la siguiente inscripción:
Esta SSma. imagen la dió el Rey Felipe III al Excmo. Señor don Francisco de Abaria, general de su armada cuando le mandó socorrer a Orán, como lo logró con el acierto que debía prometerse de tan soberana protección en cuya memoria es cabeza de uno de los Mayorazgos de la casa de Abaria.
Esta inscripción presenta un grave error, pues no podía estar dedicado por Felipe III, sino por su hijo Carlos II, quien otorgase este galardón escultórico al combatiente de Orán.

En 1682, fue ascendido al cargo de general de la Real Armada de la Carrera de Indias, que desde 1680 ya partía desde Cádiz, en detrimento de Sevilla, con rumbo a Veracruz. Sin embargo, a los pocos años, en 1688, fallecía Francisco de Abaria.

Casa palacio Abaria Villafranca Ordicia
CASA-PALACIO DE ABARIA

La Casa-Palacio de Abaria está situada en la esquina de la plaza Mayor de Villafranca de Ordicia. En ella se alojó el pretendiente al trono real de España Carlos cuando vino, el 6 de julio de 1875, a jurar los fueros de Guipúzcoa. Dicho acto se celebró, según los documentos de aquella época, al día siguiente con extraordinaria solemnidad.

Tiene por escudo de armas una banda cargada de cuatro paneles puesta en medio de dos lobos andantes con un roble de sinople, frutado de oro, bordura de plata con ocho aspas de sable.

El linaje de Abaria descendía del linaje de Alzaga y de ella dimanaron las de Villafranca de Oria y otros lugares de Guipúzcoa. Algunos caballeros de este apellido, descendientes de la casa de Alzaga, se hallaron al servicio de los Reyes Católicos en la Guerra de Granada.

Luis Francisco de Abaria Zabala, natural de Alzaga, que sirvió en las Compañías de la Infantería española, y tuvo un hijo llamado Francisco de Abaria y Morales, teniente general y padre de Francisco Antonio de Abaria, capitán de Caballería de una de las compañías de número españolas en Santiago de Chile.

Esteban José Abaria, natural de Villafranca de Oria, fue miembro de la Orden de Calatrava, del consejo real y decano en el supremo de Indias. En 1738, se le confirió la plaza de ministro de capa y espada del Consejo de Indias, y en 1753 se le nombró camarista del indicado consejo.

José Abaria, hermano del anterior, fue también miembro de la Orden de Calatrava, presidente de la Casa de Contratación de Indias, establecida en Cádiz en el siglo XVIII, y decano del Consejo y Cámara de las Indias.

Virgen escudo Abaria Francisco Orán
VIRGEN DE ABARIA Y ESCUDO DE ARMAS DE ABARIA

19/01/2025

Domingo de Zavala. La Guerra y la Hacienda, por Arturo Cajal Valero


DOMINGOM DE ZAVALA, POR ARTURO CAJAL VALERO

Domingo de Zavala. La guerra y la Hacienda (1535-1614)
Arturo Cajal Valero, Ediciones Luis de Zavala y Fernández de Heredia, 2006

En este libro, Arturo Cajal se adentra en el corazón de la Edad Moderna, presentando los pasajes más relevantes de la vida de un guipuzcoano, Domingo de Zavala, que tomó el apellido de su casa solar familiar, en Villafranca de Ordizia, aunque su verdadero nombre era Domingo Martínez de Arramendia y Mendiola. Se trata de la exposición pormenorizada de la trayectoria de este guipuzcoano, tanto desde el punto de vista personal y familiar como profesional.

El autor, por lo tanto, no presenta una biografía de Domingo de Zavala en sentido estricto, sino que estudia algunos hitos fundamentales en su vida, que ejerció de manera simultánea diversos oficios reales en los campos de la gestión militar y fiscal, y distintos cargos privados en la administración de la casa de los Requesens-Zúñiga. Además, en todo momento se presenta la trayectoria personal de Domingo de Zavala en el marco del complejo contexto histórico de los reinados de Felipe II y Felipe III. Tras un prólogo de Miguel Artola y una breve introducción del propio autor, el trabajo se articula en torno a tres grandes partes, que siguen un criterio temático y no cronológico, aunque luego, internamente, en cada una de las partes sí se sigue una secuenciación temporal.

En la primera parte se profundiza sobre el combate de Lepanto y sobre la participación en ella de Domingo de Zavala como responsable de la galera Granada. Se aborda la organización logística de la batalla contra la flota otomana, describiendo de manera detallada y extensa los preparativos de la Armada así como la contienda marítima en sí misma y los resultados obtenidos. Además, fue la única ocasión conocida que Zavala desempeñó actividades militares en primera línea, de manera muy satisfactoria para sus superiores, aunque en la batalla recibió graves lesiones físicas.

De manera clarificadora, Arturo Cajal explica los duraderos vínculos existentes entre Domingo de Zavala y Luis de Requesens, comendador mayor de la Orden de Santiago en Castilla, al menos desde 1568 como su secretario particular y luego como participante, junto a su señor, en la batalla naval.

Domingo de Zavala continuó al servicio de Luis de Requesens en años sucesivos, en los que éste fue designado gobernador de los Países Bajos, como queda desarrollado a lo largo de la segunda parte. Se pormenorizan las actividades de Zavala como secretario de Estado y Guerra del Gobierno y Capitanía General de los Países Bajos, se describen las tareas administrativas cotidianas y se presenta un buen y extenso resumen de las causas y de la evolución del conflicto en los Países Bajos durante el gobierno de Luis de Requesens, así como de los problemas derivados del impago a los ejércitos reales. De manera particular, el autor se centra en su traslado a la Corte en 1575 para obtener con inmediatez dinero de Felipe II para pagar a las tropas en Flandes, para que se enviara una Armada que permitiera a Luis de Requesens su retiro a Barcelona y para gestionar algunas cuestiones privadas de la Casa Requesens. En este caso, es de gran interés la exposición de la trama clientelar existente en la Corte en 1575 y de los mecanismos utilizados por los agentes y emisarios para resolver sus negocios y alcanzar sus objetivos.

La tercera parte se centra en los datos biográficos de Domingo de Zavala, utilizando como fuentes de información diversos documentos provenientes de distintos archivos públicos y privados. Los orígenes de su linaje en Villafranca de Ordizia, los cambios en su patronímico, la entrada al servicio de la Casa de Luis de Requesens..., son cuestiones desarrolladas extensamente. También se detalla el mantenimiento de Zavala como servidor de la familia Requesens-Zúñiga, tras el fallecimiento de Luis en 1576, su nombramiento ese mismo año en un nuevo cargo temporal de la administración real militar, en el ámbito de la contabilidad y de la gestión económica, como fue el de veedor y contador en el Principado de Cataluña, gracias a la intercesión de Juan de Zúñiga y Requesens, hermano de Luis, su nuevo patrón y protector.

Siguiendo un esquema cronológico, el autor detalla las actividades de Zavala en el marco de la Casa Requesens-Zúñiga y de su pariente el marqués de los Vélez, ya que desde 1582 se ocupó de la administración económica de las rentas de la casa y de cuestiones jurisdiccionales propias de un marco señorial, como eran los estados de los Vélez. El retorno de Domingo de Zavala a la administración real se produjo en 1594 al ser nombrado contador mayor de Hacienda, aunque en 1586 había rechazado el cargo de secretario de Guerra, al que le habían propuesto personas de influencia en el entorno de Felipe II, como Juan de Zúñiga y otro originario guipuzcoano, Juan de Idiáquez. La promoción social del protagonista del libro culminó con su designación, en 1600, como miembro del Consejo de Hacienda. De todos modos, no acabaron aquí sus tareas al servicio del monarca, ya que Domingo de Zavala tuvo desde 1605 el relevante encargo del "desempeño" de la Hacienda real en Sevilla, ejerciendo además, hasta un año antes de fallecer en su Ordizia natal en 1614, el cargo de administrador general del Almojarifazgo Mayor y de Indias.

Esta tercera parte, la más extensa, incluye también otras cuestiones de carácter más personal, como son la fundación del mayorazgo y la explicación detallada del pleito que se planteó a su muerte entre sus familiares a causa de la herencia de dicho mayorazgo. La exposición de las difíciles relaciones con su hijo, Martín, no sólo causadas por la novelesca huida de su hijo para casarse con Isabel Ángela de Avendaño y Beaumont, sin el consentimiento paterno, permite conocer un poco mejor a este relevante personaje y su difícil carácter.

16/01/2025

Antonio Lizarraga y Esquiroz




Documental sobre la vida del general carlista Antonio Lizarraga y Esquiroz, que intervino en la Primera Guerra Carlista a los ordenes de Carlos V, y en la Segunda Guerra Carlista a las ordenes de Carlos VII.

Editado por el Círculo Carlista San Mateo en colaboración con el Centro de Estudios General Zumalacárregui.

13/01/2025

José Joaquín Ferrer y Cafranga


Astrónomo y comerciante, uno de los más grandes científicos europeos del Siglo de la Ilustración que le valieron el calificativo de "sabio astrónomo español". Sus mediciones geográfico-astronómicas que realizó en sus primeras expediciones a América de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX fueron publicados en Astronomical observations... for determining the geographical positions of various places in the United States.

JOSÉ JOAQUÍN FERRER Y CAFRANGA

José Joaquín Ferrer y Cafranga era natural de Pasajes, donde nación en 1763. Criado desde pequeño en el entorno del comercio virreinal y tránsito marino que se desarrollaba en el puerto de su villa y más directamente por su familia. Fue su padre, contador de la Real Armada española, quien le introdujo en las ciencias matemáticas, en la navegación y en la cosmografía.

Su vocación siempre fueron su vocación, pero siguiendo los consejos de su familia, aceptó un empleo que le había ofrecido un pariente suyo en la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. En 1780, en viaje de negocios de su compañía mercante, partió desde Pasajes a Caracas, pero el barco fue apresado por la flota inglesa del almirante Rodney durante la travesía.

Con apenas 17 años de edad, Ferrer fue llevado a Inglaterra, donde permaneció encerrado en una de las cárceles mas crueles, donde sufrió malos tratos, estuvo a punto de morir en dos ocasiones y pudo escapar de una epidemia que acabó con la vida de muchos compañeros de la tripulación.

Años más tarde, las influencias de su padre consiguieron su rescate de aquella hostil prisión y se incorporase a un colegio de su preferencia en Inglaterra logrando notables conocimiento en las matemáticas aplicadas al cálculo astronómico, en el arte de la navegación y en la astronomía náutica, además del idioma inglés, un dominio que le permitiría más tarde publicar en EEUU e Inglaterra.

PASAJES, SIGLO XVIII

Cuando regresó a España en 1786, su padre lo convenció para que tomara parte de la expedición de la marina española que partiría al año siguiente desde Cádiz en la fragata Pájaro, con el objetivo de realizar tareas geográficas en el Virreinato del Perú. Aquel proyecto le proporcionó una reputación como científico, además en América consiguió una considerable fortuna gracias a sus negocios sobre análisis y estudios geográficos, cartográficos y astronómicos. Todo esto le sirvió para que una importante compañía mercante se hiciera con sus servicios.

Tuvo que viajar de nuevo a Cádiz y desde allí partió otra vez a América, esta vez con rumbo a Veracruz, en el Virreinato de Nueva España, al mando de una expedición financiada por la Compañía Torres y Hermanos, alrededor del año 1790.

Durante su segunda expedición y con solo 27 años de edad, el joven científico guipuzcoano fue designado al frente de este proyecto mercantil, compaginando las misiones náuticas con las actividades comerciales.

Se ocupó de la determinación de la posición geográfica y altura absoluta de principales ciudades y montes a través de observaciones astronómicas. Mediante a esta técnica, averiguó la posición y la altura de las cotas de Orizaba, Perote, Xalapa y Encero, elevaciones obtenidas a partir de varias mediciones de sus alturas angulares desde posiciones en la mar, lo que le permitió registrar valores promedios muy exactos.

De nuevo en Cádiz, Ferrer realizó estrechas colaboraciones con el Real Observatorio Astronómico de San Fernando. Allí, entabló relaciones no solo de trabajo sino también de amistad con marinos científicos de su generación como Cosme Damián Churruca y Elorza y José de Mazarredo y Salazar, ambos vascos como él, con los que compartió conocimientos y experiencias en astronomía y náutica. Relación especial fue la que mantuvo con Dionisio Alcalá Galiano, quien escribiría una obra póstuma llamada Biografía del astrónomo español don José Joaquín de Ferrer y Cafranga.

A finales del siglo XIX, rechazó el ofrecimiento del teniente general José de Mazarredo y Salazar, figura de gran prestigio y autoridad en ese cuerpo, para pertenecer a la Real Armada española, lo que da una medida de la admiración y el respeto que este sentía por el astrónomo. Su vocación siempre fue la investigación científica, pero enrolado en expediciones mercantiles, no navales.

DIONISIO ALCALÁ GALIANO, JOSÉ DE MAZARREDO Y COSME DAMIÁN CHURRUCA

En 1799, viajó a Estados Unidos, a cargo de varias misiones mercantiles de la Compañía Torres y Hermanos. Estableció su residencia en Nueva York durante una década, desde donde viajó a diversos territorios de la América Septentrional, a Cuba y a otras islas del Caribe, tanto para realizar observaciones astronómicas y meteorológicas como para entablar negocios mercantiles de su compañía. Allí desarrolló la etapa más productiva y extraordinaria de su vida como hombre de ciencia, realizando importantes observaciones astronómicas y de terminar posiciones geográficas de interés para la navegación y el comercio.

Ferrer determinó la posición geográfica de varias ciudades de Estados Unidos, demostrando que muchas habían sido determinadas de manera errónea, en base a coordenadas inexactas, y efectuando las correspondientes rectificaciones. Además, obtuvo nuevas coordenadas de interés cartográfico que nunca antes habían sido medidas.

Su investigación concluyó, tras seguir desde Kinderhook un eclipse total del sol ocurrido el 16 de junio de 1806, que la aureola visible alrededor de la Luna no correspondía como se creía a la atmósfera del satélite, sino que se debía a un efecto solar. Aquella investigación fue seguida mediante un cronómetro de Arnold, un círculo de reflexión y un telescopio que había sido diseñado y construido por Edward Troughton.

JOSÉ JOAQUÍN FERRER Y CAFRANGA, POR EDME VOBINET

Todos estos resultados fueron expuestos en el Volumen VI de la importante obra Transactions of the American Philosophical Society, publicada por la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia de 1809, en reconocimiento a su labor de rectificación de las coordenadas geográficas erróneas. Fue miembro de esta institución desde el 17 de abril de 1801, aportándole un notable prestigio como uno de los astrónomos más importantes de su tiempo.

Los informes de las mediciones geográfico-astronómicas que realizó en sus primeras expediciones a América de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX fueron publicados en Astronomical observations... for determining the geographical positions of various places in the United States, en 1809. Esta obra está considerada como un clásico en el establecimiento de las posiciones geográficas de la moderna Norteamérica, en la que se subraya el valor de las observaciones astronómicas, las matemáticas y la geodesia. La geografía americana había dado un salto cualitativo.

Su biógrafo Dionisio Alcalá Galiano destacó que, gracias a esta publicación, su prestigio alcanzó una notable nivel en Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, siendo elogiado por figuras como Joseph Lalande, Jean Baptiste Delambre, François Arago y Charles François Dupuis, en Francia, o Alexander von Humboldt, en Prusia, quien le definió como el "hábil navegante". Estos científicos se interesaron por las determinaciones geográficas y reconocieron lo adecuado de las conclusiones que Ferrer había extraído de sus estudios en los EEUU y en las islas caribeñas.

En 1811, se trasladó a Cuba, en donde determinó la posición geográfica de la isla, así como la del canal de Bahamas, Puerto Rico, Santo Domingo y las islas de Barlovento.

REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE GREENWICH

El mundo académico europeo comenzó a advertir la talla científica de Ferrer, por eso viajó a Inglaterra en 1813. Se instaló en Londres y colaboró en los progresos del Real Observatorio Astronómico de Greenwich, donde concluyó algunas mediciones y contactó con astrónomos que le suministraron instrumentos de precisión.

Tras el final de la Guerra de la Independencia española en 1814, llegó a Francia y se instaló en París, ciudad en la que continuó ejerciendo su actividad astronómica. Allí mantuvo contactos con ilustres astrónomos a través de los cuales sería nombrado socio del Instituto Nacional de Francia y de la Junta de Longitudes. Pierre-Simon Laplace le llamaba el "sabio astrónomo español".

A finales de 1814, regresó a España y se instaló, de nuevo, en Cádiz. Consiguió ser miembro de la Real Academia de la Historia, y de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País y de la Real Sociedad Económica de Cádiz. Pero rechazó la dirección del Real Observatorio Astronómico de San Fernando, que hubiese sido su más importante cargo académico. Sin embargo, mantuvo alguna colaboración con este centro, como fue la redacción de un informe detallado con recomendaciones concretas de gran valor para la mejora del observatorio.

Durante este tiempo, realizó estudios en diversas provincias españolas y mantuvo contactos y correspondencias con los científicos extranjeros Joseph Jerome de Lalande, Jean Baptiste Delambre, Dominique François Jean Arago, Alexander von Humboldt, Franz Xaver Zach y Pierre Simon de Laplace, entre otros, o con el español Felipe Bauzá.

REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE SAN FERNANDO

Según la publicación Connaisances des temps, publicada por la Junta de Longitudes de París en 1815, Ferrer concretó la situación geográfica de la isla de Barlovento, Cuba, Puerto Rico, del canal de Bahamas y de Ohio, entre otros lugares. También determinó el diámetro de la luna y el del paralelaje solar.

Dominique François Arago reconoció al astrónomo guipuzcoano como una autoridad en la determinación de posiciones geográficas, que obtenía mediante rigurosas observaciones astronómicas de eclipses y ocultaciones de estrellas, todas ellas dadas a conocer en sus informes.

Vivió en Madrid en 1815 y, finalmente, fijó su residencia en Bilbao en 1817. Falleció al año siguiente, de una enfermedad repentina, cuando apenas contaba 54 años de edad. A su muerte, toda la obra de Cafranga estaba dispersa en diversas publicaciones, siendo las más prestigiosas de la época Connaissance des Temps, del Bureau de Longitudes, de Francia, y Transactions of the American Philosophical Society de Philadelphia, de Estados Unidos, entre otras. También existen informes de Cafranga en diferentes registros oficiales, como las Memorias del Tomo 3 del Depósito Hidrográfico de la Marina. Pero la inesperada muerte impidió poder reunir todo el trabajo desarrollado en décadas en un compendio.

Transactions Connaisances astronómicas geodésicas geográficas José Joaquín Ferrer Canfraga
TRANSACTIONS OF THE AMERICAN SOCIETY Y CONNAISANCES DES TEMPS

José Joaquín Ferrer y Cafranga se había convertido en uno de los más grandes científicos europeos del Siglo de la Ilustración, notable empresario e incansable viajero entre España y América, ganándose el calificativo de "sabio astrónomo español".

Realizó investigaciones astronómicas y meteorológicas muy originales, conjuntamente con sus trabajos geográficos, obteniendo una gran cantidad posiciones geográficas de varias puntos en la España peninsular, en el Virreinato de la Nueva España, en islas del Caribe y los Estados Unidos, con elevada exactitud de las coordenadas.

Su obra sentó las bases fundamentales de la meteorología planetaria que surgió en el siglo XX, de modo que su obra en conjunto puede ser considerada patrimonio de la memoria histórica de la astronomía, la geografía astronómica y la meteorología.

Las principales aportaciones científicas de José Joaquín Ferrer y Cafranga son las siguientes:

1. Determinación de las coordenadas geográficas de numerosas posiciones en territorios del continente Americano, el mar Caribe y España. Ello favoreció el desarrollo cartográfico para una amplia porción del Nuevo Mundo y un incremento de las posibilidades de navegación con destino mas seguro.

2. Perfeccionamiento en la determinación de las coordenadas geográficas a partir de la observación de la ocultación de las lunas jovianas por Júpiter y por la luna. Este último tipo de ocultación, como referencia para la determinación de longitudes geográficas, no contaba con antecedentes en su época.

3. Corrección del valor vigente en la época para el semidiámetro lunar 15'31,69'' y de la corrección por inflexión 2,07''.

4. Rectificación del valor vigente en la época para la paralaje solar 8,593'' y, con ello, nueva confirmación de la Ley de Gravitación Universal formulada por Newton 82 años antes.

5. Actualización de las declinaciones de Sirio y Canopus. Estrellas de primera magnitud, usadas como referencia en la navegación de altura de la época, calculadas por Lacaille 58 años antes.

6. Nacimiento de la astronomía cometaria en Cuba. Primer cálculo astronómico de la trayectoria de un cometa y su comparación con el cálculo teórico.

Posiciones geográficas América astronomía José Joaquín Ferrer Cafranga
POSICIONES GEOGRÁFICAS DE AMÉRICA SEPTENTRIONAL

7. Primera caracterización del clima de La Habana. Patrón de comportamiento promedio de la temperatura y la presión atmosféricas en La Habana, primera caracterización climatológica de su tipo en Cuba.

8. Primeras mediciones de la temperatura bajo la superficie de la tierra en Cuba.

9. Primeras observaciones meteorológicas instrumentales al paso de un huracán por la isla de Cuba en el siglo XIX (Tormenta de Escarcha Salitrosa de 26 de octubre de 1810). Confirmación del descenso del barómetro como anuncio de la proximidad de un huracán o ciclón tropical, probablemente entre las primeras conclusiones metereológicas de este tipo en el mundo.

10. Definición de Corona Solar y caracterización física de la atmósfera lunar. Definición de la corona solar como consecuencia de la atmósfera solar y caracterización de la densidad y extensión de la atmósfera lunar.

11. Meteorología planetaria. Sus conclusiones acerca de la corona solar y la atmósfera de la luna constituyen la simiente de esta nueva especialidad del siglo XX.

12. Primera descripción de las hoy denominadas Sombras Volantes. Cafranga se adelanta en la descripción de este fenómeno atmosférico, visible durante los eclipses totales de sol.

08/01/2025

Incorporación de Navarra a la defensa fronteriza de España (1512-1640)


Tras la anexión de 1512, Navarra es el límite occidental de España con Francia, frontera que adquiriría una gran importancia estratégica debido a su posición estratégica. Salvo concretas excepciones, la importancia del frente navarro no fue tanta como al final resultó la frontera pirenaica de Cataluña. Una vez solventadas las diferencias con Castilla, la peculiar incorporación de Navarra a esta, posibilitó la coordinación en los proyectos militares de la Corona, gracias a la mediación de sus virreyes, que también eran capitanes de frontera, y que consiguieron atraer efectivos humanos y monetarios. Esta colaboración consistía en la movilización de tropas, la vigilancia de la frontera, la aportación de vituallas para las tropas, la construcción de fortificaciones y en actividades de guarnición.

La Corona tuvo especial interés en nombrar oficiales de tropas y altos mandos a naturales del virreinato, tratándose de nobles que gozaran de prestigio entre sus vecinos, ya que posteriormente la contratación de efectivos militares sería más fácil y fidedigna si era realizaba por nobles navarros que por extraños. Estas necesidades de recursos humanos y técnicos de índole militar se alcanzaron a las Provincias Vascas, especialmente a Guipúzcoa, donde la defensa de Fuenterrabía, San Sebastián y otras plazas constituyeron siempre un objetivo principal.

ÍÑIGO DE LOYOLA HERIDO EN LA DEFENSA DE PAMPLONA

Tras la anexión y la paz con Francia, fueron tres las compañías militares que se establecieron en territorio navarro: una en la frontera, otra en Pamplona, y otra en Sangüesa y Tafalla. El castillo "nuevo" de Pamplona, un cuadrado con torres circulares en las esquinas, quedó obsoleto en la segunda mitad del siglo XVI. Felipe II ordenó la remodelación de la ciudadela acorde a las tendencias poliorcéticas y adelantos arquitectónicos de los ingeniero militares de la época.

La participación militar estaba regulada por las leyes establecidas del reino y los usos y costumbres tradicionales, tratándose de métodos de reclutamiento de origen medieval, efectuados por el virrey que también era el capitán general, y que incluía a toda la población útil comprendida entre los 18 y los 60 años de edad.

La tradición navarra siempre había considerado que la ley foral que ordenaba la movilización de sus habitantes estaba referida exclusivamente cuando un ejército enemigo extranjero invadía el territorio o asediaba una villa o castillo, además el rey debía mantener los gastos de manutención de las tropas levantadas. Pero lo virreyes hicieron otras interpretaciones a esas restricciones alegando otras necesidades defensivas y la obligación que tenían los súbditos de contribuir a su rey y con sus propios recursos en los proyectos militares fuera de sus fronteras. Así ocurrió en los sucesos bélicos de 1543, 1558, y ya en el siglo XVII, en 1636-37, 1638 y 1640.

SOLDADOS DE INFANTERÍA EN LA FRONTERA NAVARRA

En este contexto, la expedición contra San Juan de Luz, dirigida en 1558 por el virrey, el duque de Alburquerque, logró la movilización de caso 4.000 navarros a costa de los pueblos que los proporcionaban. Los capitanes que dirigieron aquellas tropas fueron elegidos por el rey de entre los caballeros navarros que mejor estuviesen considerados, de esta forma los soldados obedecerían sus órdenes por arriesgada que fuese su misión.

En este suceso de 1558, el virrey no pretendió contravenir el Fuero General de Navarra, tan sólo aplicar la obligación que tenían los varones entre 20 y 60 años de servir a su rey con armas y provisiones para tres días, mientras que las Cortes navarras especificaban que el servicio militar era de carácter voluntario en caso de guerra defensiva y acarreando el rey los gastos.

A pesar de ello, las Cortes de Sangüesa recibieron una disculpa formal y un ofrecimiento de compensación económica, con la promesa de no volverlo a repetir.

Pero cuando dio comienzo la guerra contra Francia de 1635, la Cortes ordenó la obligación que tenía Navarra de contribuir con hombres para ayudar al reino. El conde-duque de Olivares y su Unión de Armas incluía a los territorios forales en la aportación de voluntarios, cuyas demandas se oficializaron entre 1636 y 1642.

En cuanto a reclutamientos generales, estos fueron excepcionales. En el invierno de 1636-37, el virrey marqués de Valparaíso levantó casi 10.000 hombres para un ataque sobre Francia. Continuó, en 1638, con otra movilización de otros 4.000 realizada por el marqués de Vélez en ayuda del sitio de Fuenterrabía. Y en octubre de 1640, el nuevo virrey duque de Nochera levantó dos tercios de unos 1.000 hombres cada uno, que se incorporaron al ejército castellano destinado a sofocar la sublevación de los catalanes.

SITIO DE FUENTERRABÍA DE 1638

Más frecuentes fueron las movilizaciones municipales que a nivel particular organizaron los alcaldes de las villas pirenaicas en la vigilancia fronteriza de forma permanente, y cuyas milicias defendían de ataques enemigos los pastos y los montes limítrofes con Francia. Estos enfrentamientos en ocasiones desembocaron en guerras particulares con sus vecinos al otro lado de los Pirineos. Pero su actividad proporcionaba al rey una buena información y un eficaz servicio de vigilancia fronteriza.

Las villas de la Zona Media y la Ribera fueron destinadas a alojar las tropas de tránsito, cuyos itinerarios y lugares de acogida eran decididos por la Diputación, previa solicitud del virrey.

Durante el tránsito de tropas se producían quejas de la población cuando sufrían las consecuencias de la presencia de tropas en el territorio: requisición de animales de tiro y carga así como de carruajes, prestación de jornadas de trabajo en fortificaciones y acarreo de animales, embargo de cereales a bajo precio para asegurar el abastecimiento de las tropas.

Los alojamientos y requisas llevadas por las tropas provocaron enfrentamientos directo entre paisanos y soldados, situaciones que fueron considerables tras la guerra contra Francia en 1618 y desde el comienzo de la guerra de los Treinta Años en 1635. Aunque ni fueron generales a todo el territorio navarro y ni degeneraron hasta las sublevaciones de los campesinos de Cataluña en 1640.

03/01/2025

Santuario de Arantzazu


ENTRADA A LA IGLESIA

El Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu está situado en el corazón de Guipúzcoa. Además de ser un centro de espiritualidad, es también uno de los ejemplos más significativos del arte contemporáneo vasco, exponente de modernidad adelantada a su tiempo.

En 1522, Ignacio de Loyola visitó el primigenio Santuario de Arantzazu, tras su conversión, en el cual realizó una vigilia que él mismo reconoció como provechosa. Tras esta experiencia, continuó su camino al monasterio de Monserrat.

En la actualidad no queda nada de aquel originario templo. Los primeros datos históricos sobre el santuario vienen de la pluma del historiador y consejero real Esteban de Garibay. Según cuenta la tradición, durante la primavera de 1468, se encontraba Rodrigo de Baltzategi intentando reunir su rebaño cuando escuchó el sonido de un cencerro que le llamaba y encontró la imagen de la Virgen María. Nada más conocer este hecho milagroso, los peregrinos comenzaron a acercarse hasta este lugar.

PARTE POSTERIOR

A lo largo de la historia, Arantzazu ha sufrido tres incendios importantes, el último en 1834, a consecuencia del cual, el Santuario quedó completamente calcinado. En 1950, se comenzó a construir la actual Basílica Nueva, ya que al parecer, la iglesia que había entonces era demasiado pequeña. La obra la realizaron los arquitectos Sáenz de Oiza y Laorga.

LA PIEDAD, POR JORGE OTEIZA

Sobre el barranco del santuario, se elevó en las rocas, en imponentes piedras. Las tres torres se formaron con las puntas de piedra que representan el espino. En la fachada de la iglesia, la Piedad de Jorge Oteiza se yergue con la pregunta del sufrimiento. En la parte inferior, los 14 apóstoles, también de Oteiza, son imagen de todos los hombres y mujeres.

14 APÓSTOLES, POR JORGE OTEIZA

La puerta de hierro que permite acceso a la iglesia es obra de Eduardo Chillida. En el interior, envuelto por el color de la calidez de la madera, se encuentran los 600 metros cuadrados del paisaje en madera policromada que componen el magnífico retablo de Lucio Muñoz. Y en el centro del retablo, la pequeña imagen de la Virgen María del siglo XII. La luz entra en esta "ermita de montaña" suavizada por las vidrieras realizadas por Xabier Álvarez de Eulate. En las pinturas del pasillo del camarín en el que se encuentra la imagen, Xabier Egaña muestra la historia de la salvación en el misterio de la mujer.

RETABLO DE LA IGLESIA

En la parte inferior de la Basílica se ubica la cripta, con pinturas de Néstor Basterretxea, un pintor nacido en Bermeo en 1924. En 1952, regresó de Buenos Aires y fue elegido para pintar los murales de la cripta. La prohibición que paralizó las obras de decoración de la nueva basílica afectó también a Basterretxea y sus murales. Este artista emprendió de nuevo la decoración a principios de los años 80. El tema que dirigió esta composición fue el de la evolución desde la mitológica al Cristianismo. Los primeros nueve murales representan el ser humano ante la Creación y las nueve restantes al ser humano desde la Resurrección de Jesucristo.

CRIPTA

El 9 de septiembre se celebra el día de Nuestra Señora de Arantzazu, patrona de Guipúzcoa, y de mayo a octubre, un gran número peregrinos provenientes de pueblos de Euskal Herria llegan a este santuario, por turnos, según el día asignado. Además, cada dos años se celebra la peregrinación de todas las mujeres que se llaman Arantxa.

VIRGEN DE ARANTZAZU

El Centro Cultural Gandiaga Topagunea es un lugar de encuentro y conversación, inaugurado en 2005, y desarrollado por Alonso del Val y Hernández Mingillón. Este proyecto se creó a partir del antiguo seminario, dándole en esta nueva construcción una apariencia moderna. Quiere ser un lugar de diálogo sin condiciones. Consta de diferentes salas de reuniones que reciben los nombres de personalidades destacadas en la historia de Arantzazu y preparadas con tecnología punta. Junto a él, también se halla el Centro de Interpretación del Parque Natural de Aizkorri-Aratz.

GANDIAGA TOPAGUNEA

Misterio es el edificio que se ubica entre la basílica y Gandiaga Topagunea. El nombre "Misterio" lo recibe de una escultura de Jorge Oteiza que hay en este lugar. La escultura representa a un fraile de Arantzazu ofreciendo la Virgen María y Jesús niño al pueblo. Es un lugar para estar en silencio, meditar y buscar la espiritualidad. En este sentido, en la entrada se encuentra el espino, símbolo de la vida; la roca, por la que fluye el agua; y los testigos alrededor, conocidos algunos y desconocidos la mayoría. Desde ahí, el Camino adaptado de Gomiztegi conduce al santuario.

POESÍA LAPIDARIA A SAN IGNACIO DE LOYOLA

En este rincón de Debagoiena, se encuentran un importante grupo de obras artísticas de realizadas por Jorge Oteiza, Edurado Chillida, Nestor Basterretxea y Lucio Muñoz. Supieron apreciar la singularidad de este templo y participar en un proyecto tan ambicioso como fue la construcción de la Nueva Basílica de Arantzazu, con todas las complicaciones, retos y polémicas de las que se vio rodeada.

Aquellos artistas tan solo se dedicaron a embellecer el entorno rico en recursos naturales como es el Parque Natural de Aizkorri-Aratz. En este entorno destacan los diferentes restos arqueológicos encontrados en los alrededores.

IGLESIA Y CLAUSTRO

Situado entre la cuenca del río Deva y el pico Aizkorri (1528 metros), el Santuario de Arantzazu es el tercer y último templo religioso del Camino Ignaciano. También llamada como Ruta de los Tres Templos, comienza en el Santuario de San Ignacio de Loyola en Azpeitia y, remontando el río Urola, pasa por la Ermita dela Antigua, hasta llegar a este lugar. En definitiva, un viaje por la Guipúzcoa del siglo XVI, donde muy cerca también se encuentra la humanista Universidad Sancti Spiritus de Oñati.










MURALES DE LA CRIPTA DE ARANTZAZU POR NÉSTOR BASTERRETXEA