miércoles, 26 de diciembre de 2018

Manuel de Aizpurua


Uno de los grandes constructores del XVIII, y miembro de la élite de estos artesanos en las Provincias Vascongadas

A diferencia de Antonio de Gaztañeta, Juan Bautista de Donesteve, Gerónimo de Echeveste, Gerónimo de Aizpurua o Joseph Nicolás de Aizpurua, Manuel de Aizpurua adquirió todos sus conocimientos y experiencia en los astilleros autóctonos; y no basó su promoción profesional en el servicio y trabajo en los Reales Arsenales. Era natural de Pasajes.

En 1739, estuvo construyendo en los Reales Astilleros de Zorroza el navío mercante San Judas Tadeo y la Virgen Estrella de Vizcaya. Pero en la década de 1750, ya se había convertido en un reputado constructor naval, siendo el único fabricante, al menos de su provincia, que redactó un detallado plan de construcción de bajeles que sirviera de modelo para ulteriores fábricas. Este sistema de construcción se puso en práctica en 1756 cuando los oriotarras Joseph de Beldarrain y Juan de Arizmendi construyeron un navío para el secretario real en Corte Francisco de Mendinueta siguiendo este plan y a semejanza del San Francisco Xavier alias Torete, fabricado cuatro años antes por Aizpurua y Arizmendi. Además de ello, por estas mismas fechas fue el encargado de la manufactura de dos de los lanchones que se hicieron en la Provincia para los navíos que estaban en grada en el astillero de El Ferrol.

Aizpurua encontró su el apogeo de su carrera en la década de 1760 cuando fue nombrado capitán de Maestranza Interino de Guipúzcoa y contratado por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas con los cargos de maestro constructor y capitán de Maestranza de sus fábricas navales.

DIBUJO DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII

Desde 1761 y hasta 1779, Aizpurua trabajó en exclusiva para la sociedad caraqueña, tal y como era la práctica en la maestranza contratada por el Estado para sus Arsenales o Reales Fábricas. La Compañía trataba de implantar en sus astilleros de Pasajes una organización laboral semejante a la de los grandes centros navales de la Corona, a modo de garantía de una eficiente y disciplinada dirección de las obras navales.

La compañía mercantil no poseía una mínima maestranza permanente en las gradas de Pasajes, por lo que se veía obligaba tomar medidas extraordinarias cuando tenían que construir unidades adicionales, contratando a constructores guipuzcoanos o solicitando a las autoridades de Marina que le cedieran alguno de sus maestros.

El trabajo de Aizpurua en la Compañía de Caracas tuvo tres vertientes fundamentales. 

1. la construcción de unidades para la Compañía, como por ejemplo la fragata Nuestra Señora del Rosario; los navíos San IgnacioSan Vicente MártirSan Miguel y SantiagoNuestra Señora de la Asumpción alias La Guipuzcoa; y la urca Santa Teresa de Jesús.

2. la labor de peritaje en los arqueos de los navíos de la sociedad, contando con la colaboración de un maestro calafate, siendo el primero el ayudante de su predecesor: Thomás de Allo; más tarde siguieron Joseph de Garay, Juan Bautista de Aguirre y Rafael de Aguirre. 

3. la compra del maderamen necesario para la construcción de los barcos de la Compañía a precios ventajosos, aunque con ciertas complicaciones por los problemas de deforestación que tenían los montes próximos a las factorías navales.

Los últimos años de vida de Compañía coincidieron con el final de la carrera profesional de Aizpurua, siendo el último trabajo para esta sociedad el navío Nuestra Señora de la Asumpción (La Guipuzcoa) de 1.100 toneladas y artillado con 64 cañones, labrado en 1778 conforme al plano del San Genaro.

Su trayectoria como constructor terminó con la manufactura del navío La Asumpción, que fue apresada por la escuadra inglesa del Almirante Rodney al poco tiempo de haber sido botada en aguas del Puerto de Pasajes. Posteriormente, los ingleses la armaron con otros seis cañones más y pasó a integrar las flotas inglesas con el nombre de Príncipe Guillermo.


MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII

jueves, 20 de diciembre de 2018

El Nacionalismo navarro de Arturo Campión


Precursor del Navarrismo vascófilo fue el historiador Arturo Campión y Jaime Bon, nacido en Pamplona en 1854. Fue uno de fundadores de la Asociación Eúskara de Navarra, y presidente honorario de la Eusko Ikaskuntza, la Sociedad de Estudios Vascos. Además fue académico de la Real Academia de la Lengua Vasca, y de la Real Academia de la Lengua Española.

Su pensamiento ideológico fue una búsqueda del credo político que más se amoldaría a sus ideales de defensa a ultranza de Dios y Fueros. Militó en el Liberalismo, más tarde defendió el Liberalismo republicano. Por último, desde el Republicanismo federal, desechando por el camino el Carlismo y el Socialismo, pasó al Integrismo, hasta llegar al Nacionalismo vasco. Sus diferencias con los independentistas le hicieron tomar el camino de un Nacionalismo temperado, al que llamó Nacionalismo vasco unionista, dentro de una España federal.

ARTURO CAMPIÓN

La actitud de Arturo Campión respecto a la sublevación del 18 de julio de 1936 ha sido siempre objeto de controversia, especialmente por la carta que, con fecha 14 de septiembre de 1936, recibió el Diario de Navarra y se le atribuye a Campión:
"San Sebastián, 14 de septiembre de 1936. Tengo el gusto de hacer constar que, liberada esta ciudad de la tiranía roja, quiero manifestar, a la vez que mi protesta más enérgica por el incalificable proceder del nacionalismo vasco, mi adhesión inquebrantable a la Junta Nacional de Burgos."

Defendió la idea del viejo Reino de Navarra como un territorio identitario basado en la raza vasca y el eusquera. De esta idea derivó hacia el Nacionalismo navarrista pero no independentista.

Volvió al mito de Aitor, patriarca de la raza étnica de los vascones, propuesto por Chaho, aunque su particular ideología política proponía una España federal.

Incorporó otra idea nueva más tarde utilizada por Sabino Arana: la bajeza de la raza castellana frente a la raza vasca. Lo dejó escrito en los siguientes textos:
"Si el pueblo euskara cuya raza, cuyo genio peculiar, cuyas costumbres son tan esencialmente distintas de las de los otros pueblos, ha podido conservar su personalidad, y se ha mantenido con su genuino carácter y sus varoniles virtudes a través de los siglos, es indudablemente porque supo guardar, como en depósito sagrado, esa antiquísima lengua vascongada."
"Vencemos, porque las ideas nacionalistas se fundan en la razón, la verdad... El pueblo basko, expansión étnica de una raza particular, llegó tarde, pero ha llegado al fin, al sentimiento de su unidad nacional, rota y disgregada durante varios siglos en nacionalidades diferentes... El basko-español no es francés, pero es basko; el basko-francés, no es español, pero es basko. Luego el basko no es español, ni francés: es basko. Aquí tenéis, queridos compatriotas, la íntima esencia del nacionalismo. Al basko le hicieron español y francés las constituciones políticas que escriben los hombres; pero le hizo basko la constitución escrita por Dios en el libro de la naturaleza... Mirando a la ideología pura del derecho y de la justicia eternos, es indudable que baskos y españoles estamos separados."

ESCULTURA MITOLÓGICA

Fue autor de una amplia producción literaria:

Euskarianas (1896), de carácter narrativo e histórico; narraciones breves, escritas algunas en eusquera, rebosan en ocasiones ternura e imaginación. Sin embargo, a veces son otros los ingredientes que destacan en estos relatos: el fuerte sentimiento de la Naturaleza; la preocupación de la fidelidad geográfico-histórica; la minuciosa pintura de los personajes vasconavarros, arquetipos de la idiosincrasia del país, los fuertes contrastes de situaciones y la simbología de la acción y los personajes con los problemas políticos de la Navarra de su tiempo.

Consideraciones acerca de la cuestión foral y los carlistas en Navarra (1876)

Gastón de Belzunce (1879) sobre obras breves, cuentos y leyendas.

Blancos y negros (1898) novela que admiraría a Miguel de Unamuno y La bella Easo (1909), ambas novelas naturalistas.

Orreaga: balada escrita en el dialecto guipuzcoano, fruto de los profundos estudios que realizó sobre la lengua vernácula.

Ensayo acerca de las leyes fonéticas de la lengua vasca

Gramática acerca de los cuatro dialectos literarios de la lengua euskara, obra que publicó en pequeños fragmentos desde el año 1881 en la Revista Euskara.

El genio de Nabarra, que no concluyó.

CAMPESINOS VASCOS, POR JOSÉ ARRÚE

viernes, 14 de diciembre de 2018

Sellos de lugares de Navarra


NAVARRA




DIPUTACIÓN FORAL DE NAVARRA




NAVARRA POR LA PATRIA





PAMPLONA



TAFALLA





TUDELA



PUENTE LA REINA



CAJA DE AHORROS NAVARRA



VIRGEN DE IRACHE




SAN FERMÍN PAMPLONA



CRUZ DE RONCESVALLES

viernes, 7 de diciembre de 2018

Tomás Ortiz de Landázuri y Arriaga


Administrador en el Virreinato del Perú y oficial contador del Consejo Supremo de Indias en el siglo XVIII

ESCUDO DE ARMAS DE ORTIZ DE LANDAZURI

Nacido en Nuvilla, de la Ribera Alta y Partido judicial de Vitoria, en 1722, Tomás Ortiz de Landázuri y Arriaga fue hijo de Domingo Ortiz de Landázuri y Montoya y Antonia Arriaga de Basave.

En 1741, ya era secretario real en el Virreinato de Nueva España, cargo que ocupó hasta 1743. Desde este año fue destinado a Nueva Galicia como secretario del gobernador y capitán general de Guadalajara Fermín de Echevers, y posteriormente presidente de la Audiencia de Guadalajara.
En 1746-47, en las costas de Matanchel, tuvo importante participación en el rechazo de ataques holandeses, por lo que fue nombrado en esa fecha corregidor, juez de Minas y teniente de Capitanía General de Zacatecas y, posteriormente, titular de la Escribanía de Cámara de la Audiencia. Plantificó por comisión del virrey el derecho de alcabalas en la provincia de Nueva Vizcaya.
En 1756, fue electo alcalde ordinario; más tarde, regidor perpetuo y procurador de Guadalajara y, en 1757, escribano del Cabildo. En 1761, fue nombrado caballero de la Orden de Santiago.
En 1764, escribió la obra inédita Papel... haciendo presentes los medios para exterminar el contrabando, una Representación sobre el Virreinato del Perú...

Vuelto a la península, desempeñó desde 1765 hasta 1767 el cargo de contador general del Consejo Supremo de Indias, siendo ascendido a oficial de Contaduría General. Le correspondió llevar a cabo la aplicación de la Reforma de la Contaduría, iniciada en 1760, que consiguió un importante incremento de los rendimientos fiscales.
Fue miembro de "capa y espada" del Consejo desde 1767. Entre 1767 y 1771, figura como miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País y, desde este último año hasta su muerte en Madrid, en 1777, como miembro honorario.
En 1776, escribió una Consulta hecha a S. M. en Junta... sobre el comercio interior y exterior de España; también inédita.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Reinado Sancho IV: decadencia de Navarra


El 1 de septiembre de 1054, durante el desarrollo de la batalla de Atapuerca, el rey García III Sánchez resultó herido de muerte por un noble castellano en su enfrentamiento contra su hermano Fernando I de Castilla. Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés el de Peñalén, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor.


SANCHO IV GARCÉS

El primer objetivo del joven rey fue la conclusión de las obras del Monasterio de Santa María la Real de Nájera, en cuyo panteón fue enterrado su padre un año antes de consagrase la iglesia en 1056 por el arzobispo de Narbona. Mientras tanto, su madre y viuda de García III, Estefanía, se ocupó de acrecentar la Fundación de Santa María de Nájera, aunque dos años después moría, en 1058. En 106, Sancho IV se casaba con Placencia de Normandía.

Los primeros años del reinado de Sancho IV se caracterizaron por una relativa paz entre Pamplona y Castilla, especialmente tras establecer, en 1062, un acuerdo con su tío Fernando y con los nobles sobre las fronteras de ambos reinos. Progresivamente, las villas de la Castilla controlada anteriormente por García pasaban a soberanía de Fernando: Ubierna, Urbel y la Piedra en 1056, Valpuesta en 1057, buena parte de la Bureba en 1058 que incluían Herrera, Oña y Poza de la Sal. Sólo Pancorbo se mantuvo fiel a Pamplona hasta 1061, gracias a la voluntad de su señor Sancho Fortuñón.

Si en 1062 Fernando I era rey de toda Castilla y Sancho IV lo era de La Rioja, las plazas colindantes de la taifa de Zaragoza fueron tenencias en discordia. Era una cuestión más militar, ya que no estaba del todo establecida su soberanía. En cambio, los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa continuaron vinculados al Reino de Pamplona, aunque hubo señores que tenían dominios vinculados a ambos reinos, y que fueron vasallos de ambos reyes (el pamplonés y el castellano). De hecho hubo hermanos de una misma familia nobiliaria que se repartieron indistintamente bajo una u otra soberanía.

Íñigo López, conde de Vizcaya, no se unió a la rebelión, permaneciendo fiel al rey pamplonés ya que estaba casado con una hija de Fortún Sánchez. El conde Álvaro Díaz permaneció fiel a Pamplona, rigiendo Álava hasta 1072, así como las tenencias de Grañón, Marañón y Término en zonas fronterizas con Castilla.

Velasquita, hija de García Aznárez y casada con Sancho Fortuñón, gobernó Guipúzcoa entre los año 1048 y 1060. Ese año, Sancho IV Órbita Aznárez pasó a ser el tenente hasta el final de dominio pamplonés, además poseía tierras en el condado de Álava. Más tarde asumiría la regencia de este condado en nombre del rey pamplonés.

MONEDAS DE SANCHO IV GARCÉS

En 1065, entró a reinar en Castilla Sancho II, quien consiguió el vasallaje de la taifa de Zaragoza. Esta nueva situación hizo que los pagos de parias se deberían repartir entre Pamplona y Castilla. Durante este tiempo, Sancho VI estaba muy interesada en recibir las parias de Muqtádir, como demuestra un pacto firmado en 1069 por el cual el valí zaragozano se comprometía a pagar 1.000 monedas de oro todos los meses, adelantando 5.000 monedas por los cinco primeros meses desde abril de 1069. En contraprestación, Sancho VI no podía aliarse ni apoyar a los contingentes militares que desde Francia u otro lugar pretendan atravesar sus dominios para atacar Zaragoza. Tampoco Muqtádir podía aliarse a otras tifas musulmanas ni reinos cristianos en contra de Pamplona.

En mayo de 1073, Muqtádir renovó la relación de vasallaje con Sancho VI contra el rey de Aragón, Sancho Ramírez. Muqtádir se comprometía a pagar 12.000 mancusos de oro anuales al de Peñalén si este mediaba con el aragonés para que se retirase de las tierras ocupadas de Huesca y en ningún caso acosara las de Zaragoza.

Pero Sancho VI no supo emprender una expedición militar contra los reinos de Taifas sarracenos y expandir el territorio de su reino hacia el sur. Estuvo más ocupado en el aumento de las parias en oro que llegó a despertar la misma codicia en sus nobles, sospechosos del reparto equitativo del dinero.

REPARTO DEL REINO DE PAMPLONA TRAS LA MUERTE DE SANCHO IV

Un desigual reparto de las parias ocasionó la aparición de luchas intestinas entre los tenentes y magnates que poseían territorios fronterizos con el islam, con mayores necesidades militares defensivas. Estas eras: Autol y Arnedo para proteger Calahorra y Sartaguda; San Esteban y Azagra en la orilla izquierda del río Ebro; las villas de Villafranca de Navarra, Peralta, Falces y Funes en el valle de Funes; y las villa del río Aragón hasta Sangüesa, Santa María de Ujué y otras más en retaguardia. Sus alrededores estaban deshabitados y en ellos actuaban y se refugiaban bandidos, traficantes y mercenarios de los dos lados de la frontera. Además, eran frecuentes los saqueos y algaradas de una y otra parte, los conatos y tentativas de asalto para recuperar aquellas estratégicas fortalezas para la defensa y el ataque.

La codicia y la envidia de los nobles de estas villas culminó en la estrategia del magnicidio. Durante una partida de caza en Funes, Sancho VI fue despeñado en el espolón rocoso de Peñalén por un grupo de nobles, con la complicidad de sus hermanos Ramón y Ermesinda. Ambos se refugiaron en la corte de Alfonso VI. Placencia, la viuda del rey, y las infantas Jimena y Mayor quedaron en La Rioja.

El asesinato del rey fue una conjura entre nobles pamploneses debido al desequilibrado reparto del dinero de las parias. Estos, después de haber planeado y ejecutado la muerte de su soberano, ya no confiaban en ningún sucesor del rey García VI. Pamplona quedaba desolada y sus reinos vecinos se reparten la herencia real: Castilla entraba en La Rioja y los territorios vascos; Aragón recibía el núcleo originario del Reino de Pamplona.

Así, los destinos de Pamplona caminarían unidos a Aragón desde 1076 en la persona de Sancho Ramírez, nieto de Sancho III el Mayor y primo de Sancho IV el de Peñalén. El rey de Aragón y Pamplona fijó el límite entre ambos reinos en la orilla izquierda del río Ebro hasta Azagra, y aún fue acogido entre los vecinos de Ujué, quedando Montejura y Monjardían del lado aragonés.

Alfonso VI acaparó para Castilla las tierras de La Rioja, Nájera y Calahorra. Además Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa volvían a Castilla, donde gobernaría el conde Lope Íñiguez.

REINO DE PAMPLONA CON SANCHO IV GARCÉS (1054-1076)

martes, 20 de noviembre de 2018

El Romanticismo euskaro de Francisco Navarro Villoslada


Francisco Navarro Villoslada era natural de Viana, donde nació en 1818. Fue el creador de la mayor obra literaria-histórica del Romanticismo euskaro. Su pensamiento político sufrió una evolución, combatiendo a favor del Liberalismo moderado en la primera Guerra Carlista de 1834, pasando a las filas del Neocatolicismo, hasta terminar defendiendo el Carlismo en 1869.

FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA

En 1840, fue redactor de La Gaceta, y secretario del Gobierno civil de Álava, más tarde oficial del Ministerio de la Gobernación. Además, fue colaborador habitual de diversos periódicos como El Correo NacionalEl EspañolEl padre Cobos, director del Semanario PintorescoEl Siglo PintorescoLa EspañaEl ParlamentoLa Fe y La Ilustración Católica.

En 1860, fundó el periódico El Pensamiento Español, defensor del Tradicionalismo católico. Fue famosa la serie de artículos titulada Textos vivos, publicada en El Pensamiento Español, contra la heterodoxia universitaria.

Fue diputado y senador por el Partido Tradicionalista, y hacia 1871 ejerció de secretario del pretendiente al trono de España, don Carlos. Durante su etapa carlista, fue autor de novelas de fondo histórico como Doña Blanca de Navarracrónica del siglo XV.

MONUMENTO A NAVARRO VILLOSLADA EN PAMPLONA

Su novela Amaya o los vascos en el siglo VIII se convirtió en la máxima obra literaria histórica del Romanticismo euskaro y que mejor definió el pensamiento de este movimiento filosófico-político. Esta obra fue continuista del mito ario de Aitor, inventado por Chaho, con el que mantuvo amistad porque ambos eran miembros de la Asociación Euskara. Pero, Villoslasda llegaría más allá en la demencia y locura de su creador, afirmando que los siete hijos de Aitor corresponden a las siete provincias que conforma Euskal Herria.

Afirmaba también que el pueblo vasco era superior y estaba predestinado a ser centro mundial, realzando su doctrina con la afirmación por la cual el euskera y el linaje (la raza) eran las pruebas más claras del pasado legendario, especial en los vascos.

Todo este manifiesto mitológico fue realzado por el protagonismo de los vascos en la lucha contra el islam durante la Reconquista: deshecha la Monarquía visigoda, los vascos se introdujeron en la religión cristiana para oponerse al musulmán, repoblando Castilla.

AMAYA LOS VASCOS EN EL SIGLO VIII

jueves, 15 de noviembre de 2018

Ignacio Balzola Larreche


Alférez de navío de la Real Armada durante la defensa de Filipinas de 1762


PALACIO DE ROTALDE

Ignacio Balzola Larreche nació en la anteiglesia de Arrona, en la guipuzcoana villa de Cestoa, en 1724. Sus padre fueron el Joseph de Balzola y Ana de Larrache, vecinos de Arrona, pertenecientes a la alta nobleza. Se casó con María Concepción de Alcibar y Acharan, en la iglesia de Santa María la Real de Azcoitia, en 1771, con la que tuvo cinco hijos.

Como capitán de fragata, Balzola se distinguió en la defensa de las islas Filipinas frente a los ingleses, cuando el almirante Samuel Cosnish intentó, en 1762, apoderarse del archipiélago. Recibió diferentes nombramientos de confianza, para guardar la plata real, para equipar barcos, fábricas, etc. para todo lo cual le dio amplios poderes Simón de Anda Salazar, presidente de la audiencia de Manila y capitán general de las islas Filipinas.

En 1762, fue nombrado en Calumpit comisario diputado con las más amplias facultades para recabar recursos, pertrechar barcos, etc.

En 1767, fue ascendido a segundo comandante de la fragata Santa Rosa de Lima, haciendo un viaje de Cavite a Acapulco, a las órdenes de José de Soroa Lorea. El objetivo de aquella expedición fue pedir socorro con motivo del estado de guerra con la flota inglesa. La expedición llevaba a bordo a sesenta y ocho expulsados de la Compañía de Jesús y valiosos objetos de China, llegando a España en 1770.

En 1771, regresó a las islas Filipinas como alférez de navío. Desde ahí realizó la ruta del Galeón de Manila, transportando magníficos y exóticos objetos a México, y de ahí a Cádiz.

Una vez en Guipúzcoa, decidió abandonar la carrera militar para ocuparse de su patrimonio, que amplió en 1778 con nuevo mayorazgo y diversas propiedades.

Estableció su nueva casa Palacio de Rotalde en Arrona, donde ubicó las mercancías compradas en Filipinas, entra las que destaca la Vajilla Balzola, compuesta de 391 piezas de porcelana china. En 2014, el Museo Nacional de cerámica y Artes Suntuarias "González Martí" adquirió 107 piezas de esta vajilla en subasta por un importe de 42.500€.

VAJILLA BALZOLA

domingo, 11 de noviembre de 2018

La mayor Travesía de la Historia, por José Luis Olaizola




Juan Sebastián Elcano: la mayor Travesía de la Historia
José Luis Olaizola, Editorial temas de Hoy, (2002), 200 páginas
"Elcano era natural de Guetaria, maestre de navegar, y cuando lo conocí en Sevilla andaba huido de la justicia [...] Juntos hicimos la navegación más larga de la que haya noticia en la historia, que según los geógrafos no habrá nunca otra igual, tanto de dificultades y peligros, como de descubrimientos."
Así comienza esta extraordinaria obra historia escrita con todo el dinamismo y emoción de las grandes novelas de aventuras, pero ajustada al milímetro a la veracidad histórica. Juan Sebastián Elcano, marino de Guetaria dotado de una excepcional inteligencia, es el protagonista indiscutible de una arriesgada travesía que dejó atónitos a sus contemporáneos: el primer viaje que completó la vuelta al mundo. Sin duda, vuelve a asombrar al lector actual con esta obra apasionante en la que también hay espacio para el humor y los enredos galantes.

Está narrado por un joven marinero que participó en la expedición, y conjugado con la crónica de una fascinación irresistible, la misma que alentaría a los personajes de Melville: la fascinación de "navegar mares prohibidos".

José Luis Olaizola Sarria, nacido en San Sebastián en 1927, es un escritor y guionista de cine, que tras abandonar su profesión de abogacía se dedicó a escribir literatura. Fue ganador del Premio Planeta en 1983 por su novela La guerra del general Escobar, que narra la historia de un general condenado a muerte por permanecer fiel al Gobierno de la República durante la Guerra Civil.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Reinado de García III: Corte navarra en Nájera


El 18 de octubre del año 1035 moría Sancho III Garcés el Mayor, considerado como el "primer rey de España" desde la invasión musulmana porque llegó a controlar, bien mediante su gobierno o bien mediante vasallaje, todo el tercio norte peninsular, desde León hasta Barcelona.

Su hijo García III Sánchez heredaba el reino patrimonial pamplonés, cuyo reinado se extendió entre los años 1035 y 1054. Como primogénito de Sancho y Munia, no sólo heredaba de su padre sino también de su madre, que había unido a Navarra parte del Condado de Castilla. Por eso, el sucesor en la integridad del reino obtenía el Reino de Pamplona-Nájera, el Señorío de Vizcaya, el Condado de Álava, el Duranguesado y la mitad de las tierras del Condado de Castilla: Montes de Oca, la Bureba, Trasmiera y las Merindades, entre otros territorios; este grupo de territorios castellanos era conocido como Castilla la Vieja.

Las tierras riojanas y las del reino patrimonial de Pamplona debían su soberanía a Pamplona, pero las tierras de Castilla la Vieja, Álava y el Duranguesado, al proceder del Condado de Castilla, debían su soberanía tanto al Reino de León como la Castilla que recibió su hermano Fernando I. Es decir, García y Fernando estaban en pie de igualdad en Castilla, pues desempeñaban funciones condales bajo la soberanía del rey leonés. La superioridad de García sobre Fernando se asentaba sólo en el Reino de Pamplona.

DIVISIÓN DE REINOS A LA MUERTE DE SANCHO III (1035)

Un suceso mitológico fue el detonante de la toma de Calahorra por parte del rey pamplonés García III Sánchez. La leyenda se remonta al año 1044 y sostiene que durante una partida de cetrería en la que el rey había cruzado el río Najerilla, encontró dentro de una cueva una imagen de la virgen sobre una piedra. El hallazgo impulsó al rey a levantar el Monasterio de Santa María la Real y fundar la Orden de la Terraza. Parece que este suceso está en el origen de la decisión de García III de tomar la ciudad de Calahorra.

Pero, además, la conquista fue precedida por dos golpes maestros de García contra territorios islámicos con el apoyo de la taifa toledana. El primero, devastando tierras y cosechas en Zaragoza en el verano de 1044. El segundo, siete meses después, saqueando amplias zonas próximas a Tudela.

En noviembre del año 1044, acudieron a una convocatoria del rey García, su hermano Fernando y su hermanastro Ramiro. Junto a ellos asistieron seis obispos: Álava, Nájera, Pamplona, Urgel, Oca y Palencia, además de los grandes magnates de los reinos. Llegaron a un acuerdo para vertebrar estrategias de los ejércitos y buscar el momento propicio para el asalto.

Durante cinco meses antes del ataque, se hicieron grandes talas de árboles en los montes de San Millán y Cameros; se fueron aprovechando después los de Nájera y Viguera para la fabricación de ingenios de guerra como catapultas, arietas y trabucos, que también se obtenían de la madera de la sierra de Isasa, sobre el Arnedo y Peralta, donde se trabajaban estas armas necesarias para el combate. Otras armas defensivas y ofensivas como casquetes, lorigas, cotas de malla, escudos, adargas, espadas, dardos, arcos y útiles de zapador eran fabricados por los herreros del Pirineos y Vizcaya, y la artillería por los armeros de Álava, Nájera y Pamplona.

Se preparó una numerosa hueste con recluta en todas las provincias de la corona, bajo los senescales (jefes de la nobleza), señores de las villas, oficiales y mandaderos del rey, sus príncipes y sus prelados. Todas las milicias se fueron concentrando en la gran meseta del camino de Nájera y ciñeron la ciudad en atacar por la parte de Nájera y cortar así los posibles socorros por la parte de Tudela.

CATEDRAL DE CALAHORRA

La toma de Calahorra comenzó el 30 de abril de 1045. Diez meses después de la conquista, en marzo de 1046, regresó García a Calahorra para festejar a los mártires San Emeterio y San Celedonio.

Esta reconquista, además de hacer retroceder la frontera musulmana en la orilla derecha del Ebro, abrió un período de relaciones pacíficas con los musulmanes. Tras la muerte de Suleimán ibn Hud, rey de la taifa de Zaragoza, se produjo una división entre sus hijos: Ahmah permaneció allí, mientras que Yusuf heredaba la parte de Lérida. Esta división fue aprovechada por García para pactar a favor de Ahmah frente a Yusuf y recibir a cambio parias en oro en concepto de tributos.

La política religiosa de García III fue similar a la de su padre Sancho III, y se caracterizó por el distanciamiento de Roma, la integración de los monasterios pequeños en otros mayores y la preferencia de las congregaciones del clero regular, así como la supeditación al derecho del obispo. Tanto sus obispos como sus tenentes y señores feudales debían ser leales al rey de Pamplona.


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Nájera fue durante los siglos X y XI, el centro económico, social, administrativo, político y eclesiástico más importante de La Rioja. Una nueva etapa en el Camino de Santiago. Por eso García III la convirtió en la ciudad que albergase su corte real y segunda capital del reino, lo que produjo un desarrollo urbanístico con la aparición de nuevos barrios, la creación de fortunas monásticas y la diversificación económica de sus habitantes. Concedió fuero a esta ciudad. En un palacio localizado bajo el castillo, el Alcázar, se convirtió en su principal residencia, aunque no permanente.

La construcción del Monasterio de Santa María la Real de Nájera consiguió colocar bajo la influencia del obispo de Nájera no sólo las tierras de La Rioja, también la Bureba, Oca, y Castilla la Vieja hasta Santoña y otras zonas de la provincia de Santander. La compleja situación del entrecruzamiento de soberanías, en esta ocasión desde la perspectiva eclesiástica, produjo que el Reino de Pamplona acaparase territorio de Castilla la Vieja por vía de jurisdicción eclesiástica, en perjuicio del Reino de León.

La construcción se costeó con el botín de guerra conseguido en Calahorra como por las parias recibidas. La consagración de la iglesia tuvo lugar el 12 de diciembre de 1052, en presencia de Estefanía y el rey García, su hermano Fernando I de Castilla, Ramiro I de Aragón, magnates, nobles de los reinos, y los obispos de Nájera, Álava y Pamplona con los abades de Oña, Irache y san Millán. La iglesia tenía panteón regio anexo en el que se encuentran las tumbas de varios reyes pamploneses y señores vizcaínos. Y, como punto clave del Camino de Santiago, tenía un albergue de peregrinos donde se atendían las necesidades físicas y espirituales.


PANTEÓN REAL DEL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

En 1052, el rey García suprimió la diócesis castellana de Valpuesta, lo que produjo que las iglesias de los territorios de esta parte de Castilla se vincularan a la diócesis de Nájera-Calahorra. La nobleza castellana de villas como los Monteros, Medina de Pomar, Briviesca o Villarcayo presionó al rey Fernando I de León y Castilla, hermano de García, para recuperarlas mediante la guerra. García III Sánchez seguía tratando los territorios de Castilla la Vieja como si fueran una prolongación del Reino de Pamplona, sin tener en cuenta que dependían de la soberanía regia leonesa.

Ambos reinos decidieron resolver sus diferencias en una batalla en campo abierto: la batalla de Atapuerca. Este enfrentamiento tuvo lugar en la llanura frente a la Sierra de Atapuerca entre las villas de Agés y Atapuerca, al nordeste de Burgos el día 1 de septiembre de 1054. Durante el enfrentamiento García III resultó herido de muerte por un noble castellano, falleciendo en los brazos de San Íñigo con menos de 40 años. Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor Fernando I.

REPRESENTACIÓN DE LA BATALLA DE ATAPUERCA

Los navarros guardaron campo durante la noche y vigilia para llevar el cuerpo inerte de García III en procesión fúnebre al panteón real del monasterio de Santa María la Real, recientemente edificado por él mismo en Nájera.

Fernando I acudió personalmente junto a la capilla ardiente de su hermano y a la proclamación y jura de su sobrino como nuevo rey de Pamplona, al que prometió guardar bajo su protección como rey imperante en Hispania. Se concertó la recuperación de territorios castellano-alaveses y la frontera de ambos reinos en línea con el Ebro desde el camino de Santiago en Logroño como término de paz.

El rey castellano se anexionó la comarca para su reino, que era en ese momento territorio pamplonés. Un año más tarde, Diego Flaínez, padre del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, reconquistaba los castillos, entonces pamploneses, de La Piedra y de Úrbel del Castillo que cerraban el paso a través del valle del alto Urbel.



REINADO DE PAMPLONA CON GARCÍA III SÁNCHES (1035-1054)

miércoles, 31 de octubre de 2018

Martín de Zamalbide


General del Mar del Sur y Gobernador de la Armada de las Indias

MARTÍN DE ZAMALBIDE

Martín de Zubieta y López de Zamalbide nació en la villa de Rentería. Aunque era hijo de Francisco de Zubieta y de María López de Zamalbide, daba preferencia al apellido materno y firmaba con él, haciéndose llamar Martín de Zamalbide.

Según los archivos, fue general de la Armada del Sur y gobernador de la Armada de la Carrera de las Indias, nombrado en noviembre de 1651. Tenía a sus órdenes dos bajeles, la capitana de 1500 toneladas y la almiranta de 1.152, otro galeón de 700 toneladas y un patache de 300, con artillería muy gruesa.

En el Archivo Municipal de Rentería existen tres copias de otras tantas cartas escritas por Martin de Zamalbide: una desde Panamá el 15 de Noviembre de 1651 y dos desde Lima, el 8 y 21 de Agosto de 1655, de donde se entresacan los únicos datos que se tienen acerca de este esclarecido renteriano.

Hizo importantes donativos para la iglesia parroquial en donde fue bautizado y un legado para atender a los indigentes de la villa. Cuenta con una ermita de su nombre, que aparece a la derecha del caserío familiar donde nació.

Murió en el Perú el 25 de enero de 1658

El Museo Oceanográfico de San Sebastián expone la maqueta de su casa solariega y su retrato.

CASERÍO NATAL DE MARTÍN DE ZAMALBIDE EN RENTERÍA

jueves, 25 de octubre de 2018

La Nación Falsificada, por Jesús Laínz




La nación falsificada
Jesús Laínz, Ediciones Encuentro, Madrid (2006), 517 páginas

La nación falsificada es un compendio de sesenta ilustres personalidades y colectivos catalanes, vascos y navarros que han pasado a la historia de España por su trascendencia e importancia.  

El historiador cántabro Jesús Laínz analiza de forma breve pero rigurosa la biografía de unas personas unidas y relacionadas con la historia nacional, esclareciendo la verdadera identidad y sentimiento de comunidad histórica. Estos personajes están ilustrados a su vez por el dibujante vizcaíno Julen Urrutia.

Así, y después de haber publicado su anterior obra Adiós, España, Laínz vuelve a dejar en evidencia la falsificación que de la historia han estado haciendo, durante poco más de un siglo, políticos desde tiempos de Arana y Prat de la Riba hasta los de Arzalluz y Pujol. Son personajes y grupos que en muchas ocasiones han sido mitificados, cuando no olvidados, por el nacionalismo vasco y el secesionismo catalán con la intención de borrar unas huellas del pasado que les demuestra su identidad española.

La metodología utilizada por Laínz se atiene en todo momento a datos históricos, sustentados en crónicas y documentos, rechazando las leyendas mitológicas y los argumentos etnológicos tan habituales en los nacionalistas periféricos para idear unas supuestas etnias protonacionales.

Los dos primeros capítulos están dedicados a Sancho III el Mayor y a Wifredo el Velloso. Aunque se reconocieron así mismo como españoles, según la historiografía nacionalista, estos personajes fueron los fundadores del primer reino vasco en Euskal Herria y de la primitiva Cataluña independiente.

Continúa con personajes medievales que pasaron a la historia de la Reconquista española como Diego López de Haro, Pedro II el Católico, Lope Díaz de Haro, Jaime I el Conquistador y Pedro López de Ayala.

Prosigue con un grupo de personalidades vascongadas muy relacionadas con la expansión marítima y territorial del Imperio español así como con la defensa militar de las posesiones que la Monarquía tenía en Europa.

Adelantados y colonizadores como Miguel López de Legazpi en la islas Filipinas, Pascual de Andagoya en Perú, Juan de Garay en Argentina, Bruno Mauricio de Zabala, fundador de la capitanía del Urugua, la aventura americana de la monja alférez Catalina de Erauso y el escritor del poema La Araucana Alonso de Ercilla.

Marinos como Juan Sebastián Elcano, que dio la primera vuelta al mundo, Andrés de Urdaneta, que descubrió el tornaviaje, Juan Martínez de Recalde y los Miguel y Antonio de Oquendo, que lucharon y murieron en las Guerras contra Inglaterra y Holanda.

Entre los militares de infantería que defendieron las posesiones de la Monarquía de los Habsburgo, Laínz hace destacar a Luis de Requeses, Juan de Urbina y Juan de Urbieta, este último capturó al rey francés Francisco I en la batalla de Pavía, Ignacio de Loyola, defensor de Pamplona frente al Ejército sitiador francés, o la saga de militares y consejeros reales de los Idiáquez, como también lo fue el escritor Esteban de Garibay.

Análisis aparte, merece el capítulo dedicado a Casanova y Villarroel. Ambos son presentados como símbolos de la defensa de la libertad catalana, arrebatada por Felipe V en la Guerra de Sucesión, como un asalto español a una supuesta Cataluña independiente. Laínz reproduce el pregón que se colocó en las calles de Barcelona durante su defensa, una arenga que concluye con las siguientes palabras, muy dolorosas para los nacionalistas:

"Se confía que, como hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España."
Entrados en el Siglo de la Ilustración, Laínz destaca a marinos de ciencia y guerra como Blas de Lezo, el héroe de Cartagena de Indias, el consejero real de Marina José de Mazarredo, Cosme Damián Churruca, muerto en el combate de Trafalgar, Ignacio María de Álava, también participante de esta derrota, entre los vascos. Otro marino fue el mallorquín Antonio Barceló.

Protagonistas de los sucesos y legados que dejaron los españoles en África fueron Domingo Badía, Enrique de Ibarreta, los Tercios vascongados de África o Manuel Iradier, este último fue fundador del territorio del río Muni, la actual Guinea Ecuatorial.

También se presentan una relación de hechos y defensores de la patria española frente al Ejército napoleónico en la Guerra de la Independencia de 1808-1814: los guerrilleros Francisco Espoz y Mina y Gaspar Jáuregui, la catalana Agustina de Aragón, los generales Longa y Abecia, los defensores de Gerona o la batalla de El Bruch.

Diversos foralistas y carlistas defendieron la permanencia del tradicional Régimen durante el siglo XIX, pero ante todo una España unida e indisoluble, como el general Tomás de Zumalacárregui, el literato José María Iparraguirre, Ramón Cabrera, o los parlamentarios foralistas de las Provincias vascas.