lunes, 28 de noviembre de 2016

Vascones y el Reino Hispano-visigodo


En 408, pueblos bárbaros conocidos como alanos, suevos y vándalos pasaron a la Hispania romana. Durante tres años camparon en libertad hasta que firmaron un tratado por el cual se establecían bajo el poder nominal de Roma en determinadas zonas y con ciertas condiciones que garantizaran la seguridad de los hispanos. Se trataba de algo provisional, Roma intentaba ganar tiempo mientras se reforzaba.

En 417, envió a sus aliados visigodos a Hispania con el objetivo de acabar con los invasores. En dos años eliminaron a los alanos y a los vándalos. Roma, impresionada por la fortaleza militar y por la posibilidad de que los visigodos se adueñaran de la península, decidió retirar la misión y establecerlos en la provincia gala de la Aquitania, en el suroeste de Francia.

En 420, Roma ya intervino directamente en la región, aunque el general comisionado para la misión, el comes Hispaniarum (conde de las España) Asterio, no consiguió un éxito definitivo. Aun así, el emperador Honorio felicitaba a los soldados acantonados en Pamplona por sus recientes victorias, al igual que establecía las condiciones concretas del hospitium, servicio al que estaban obligados los pamploneses y por el que debían alojar y sostener a sus expensas a estos efectivos militares.

EXTENSIÓN TERRITORIAL DE TRIBUS BÁRBARAS EN HISPANIA

Las sucesivas intervenciones visigodas en Hispania les habían convertido en el auténtico poder fáctico. En 441 y 413, los visigodos de Merobaudes derrotaron a los bagaudas Arecellitani, en Araciel, despoblado de las cercanías de Corella (Navarra). Los bagaudas fueron un grupo de elementos de baja posición social que agrupaba a pequeños propietarios descontentos por la presión fiscal de la administración romana, así como a colonos y a esclavos que habían huido de sus señores. Otra rebelión mayor tuvo lugar en 449, liderada por Basilio; sus efectivos se vieron incrementados por la devastación de Vasconia por el rey suevo Requiario, quien se dirigía hacia Aquitania para casarse con la hija del rey visigodo Teodorico I. Un ejército visigodo acabó con esta revuelta por la fuerza de las armas en el 454.

Cuando los visigodos derrotaron a los suevos a orillas del río Órbigo, entre León y Zamora, ya mantenían guarniciones en algunas de las principales ciudades como Sevilla, Mérida, Astorga y Pamplona como última etapa antes de los Pirineos.

Con la llega al trono del rey Eurico, en 466, los visigodos fueron ocupando el poder que les iba dejando un Imperio romano en descomposición interna y, ya en 472, controlaban todo el territorio al norte del Ebro.

Cuando el emperador Alarico II fue derrotado por el rey franco Clodoveo, en 507, el pueblo visigodo se instaló definitivamente en la Hispania romana hasta la desaparición del Reino Hispano-visigodo en 711. Durante este periodo de tiempo, los enfrentamientos entre visigodos y vascones fueron constantes, mientras que estos últimos ya hacían su presencia a ambos lados de los Pirineos.

HISPANO-VISIGODOS

Varias son las referencias escritas a los términos Vasconia y vascones en ese plazo de tiempo. La primera de ellas se refiere a una región del norte de Hispania de límites inciertos y que se correspondía con parte de una antigua circunscripción tributaria del Alto Imperio romano. El Anónimo de Rávena, obra bizantina de mediados del siglo VII, se refería al territorio de los vascones rodeado de montañas por tres de sus lados y por el norte, por el océano: posiblemente se refería a un establecimiento de estas gentes al norte de Pamplona, quizás englobando áreas de Guipúzcoa, Vizcaya y Huesca.

En este hábitat, San Isidoro de Sevilla caracterizó en sus obras a los vascones como pueblos montañeses errantes (montiuagi populi), situándoles en una amplia franja de terreno en las tierras altas del Pirineo. Las fuentes francas como San Gregorio de Tours, Fortunato y Fredegario siempre destacaron el carácter pirenaico de los vascones. Se trataba de poblaciones con una economía pastoril y primitiva sometida a un inestable equilibrio. Cualquier crisis de subsistencia o un desfase poblacional que presionara sobre sus escasos recursos traería consigo graves problemas, que se resolverían depredando los territorios vecinos. Los habitantes del resto de Navarra y de Álava no pueden ser tratados como vascones, al no entrar en esta caracterización de poblaciones montañosas.

MAPA DE AQUITANIA, WASCONIA Y CANTABRIA

Una vez que el poder se estableció en el Reino Hispano-visigodo, el primer acontecimiento sucedido en Navarra fue en 541, cuando los reyes francos Childeberto I y Clotario I atravesaron los Pirineos con el objetivo de tomar Zaragoza, ciudad clave en todo el territorio. Tras sitiarla sin éxito, su retirada, en muchos aspectos un preludio de Roncesvalles, fue un completo fracaso, aunque no consta la actitud de los vascones durante el desarrollo de los acontecimientos.

Esta intervención franca fue el inicio de una serie de continuos enfrentamientos en zona peninsular durante más de un siglo. En algún momento llegaron incluso a controlar la antigua Cantabria, desde la Rioja a Santander, lo que implicaba a las actuales provincias Vascongadas y Navarra como áreas inmediatas a la frontera. No se conoce el momento exacto en que se produjo esta expansión, pero si que fue durante el reinado de Sisebuto (612-621), el mérito de derrotar al duque Francio y restaurar la soberanía visigoda. La constante influencia y ocasional presencia franca está verificada por el hallazgo de varias necrópolis (Aldaieta y Alegría en Álava, Finaga y Malmasín en Vizcaya, Pamplona y Buzaga en Navarra).

En todo el valle del Ebro, Leovigildo se dedicó a eliminar los focos de poder local que estaban respaldados por los francos. Primero intervino en Cantabria en el año 574 y, siete años más tarde, sometió a los vascones fundando la plaza fuerte de Victoriacum (Vitoria), desde la que podía controlar futuras perturbaciones.

CONQUISTA Y UNIFICACIÓN TERRITORIAL POR LEOVIGILDO (569-586)

Una nueva intervención visigoda se produjo en 621, durante el reinado de Suíntila cuando los vascones invadían la provincia Tarraconense, que comprendía todo el valle del Ebro y las montañas cercanas, hasta que fueron completamente derrotados y se rindieron de forma incondicional. Los vascones aceptaron el pago de tributos, entregaron rehenes y tuvieron que construir la ciudad de Ologicus (Olite) para garantizar su propio control.

La inestabilidad volvió en los años siguientes, pues una lápida de Villafranca de Córdoba está dedicada a Oppila, un noble godo que murió en 642 durante una emboscada de los vascones cuando transportaba suministros al ejército.

En los siguientes sucesos, los vascones aparecieron como grupos turbulentos procedentes de las montañas, pero que carecían de iniciativa propia, actuando bajo el control de alguno de los pretendientes a la corona del reino visigodo. Una inestabilidad motivada por las ambiciones personales de los miembros de la alta nobleza que se disputaban el poder. Las sublevaciones eran habituales en las provincias Tarraconense y Narbonense (sureste de Francia), y los usurpadores querían contar en todo momento con quienes habían demostrado continuamente su belicosidad y buen hacer con las armas.

RELIEVE ECUESTRE DE LEOVIGILDO

En 653, un grave conflicto estalló en la provincia Tarraconense, en los momentos finales del reinado de Chindasvinto. Froy, dux de la Tarraconense, trató de canalizar todo el descontento de una parte importante de la nobleza. Contaba para ello con el apoyo de toda su provincia, así como con el de los vascones. Tras unos primeros éxitos que le llevaron a sitiar Zaragoza, los aliados fueron finalmente derrotados por Recesvinto, que acababa de suceder a su padre.

El aviso fue importante, pero no sirvió de mucho y la situación se repitió en 672, ahora con la presencia de los francos, que trataron de medrar en estas aguas cuando tuvo que desplazarse a la zona de Cantabria para efectuar operaciones contra los vascones. En éstas estaba cuando Ilderico, conde de Nimes, sublevó la provincia de Narbona. El conde visigodo Paulo fue enviado para someterlo y, efectivamente, eso hizo pero utilizó la victoria en su propio provecho. Apoyado por los rebeldes recién derrotados, a los que sumó otros nobles de la Tarraconense, y el de francos y vascones, se declaró rey y se enfrentó a Wamba abiertamente. Éste tuvo que actuar con celeridad, y en apenas siete días logró castigar a los vascones y conseguir su sumisión, tras lo cual se desplazó a la Narbonense, donde puso fin al alzamiento.

Ambos hechos parecer estar coordinados, una primera revuelta de los vascones, que se negaban a entregar los tributos debidos, llevó al rey hasta la región. Inmediatamente, y mientras tenía las manos atadas, se produjo un segundo conflicto más importante, pues ya implicaba a la nobleza goda y a elementos externos.

SEDES EPISCOPALES Y PROVINCIAS ECLESIÁSTICAS (SIGLO VII)

Un calco de estos acontecimientos se produjo en 710, tras la muerte de Witiza. Un sector de la nobleza visigoda eligió a Rodrigo, duque de la Bética, mientras otra facción optó por Agila II, posiblemente un hijo del difunto rey. Éste contaba con los mismos apoyos que Paulo: las siempre rebeldes provincias de la Tarraconense y la Narbonense, los francos y los vascones.

Cuando se produjo el desembarco sarraceno en Tarifa, Rodrigo se encontraba reprimiendo una rebelión en Pamplona, ciudad perteneciente a la región Tarraconense y, por tanto, al bando witizano, seguramente tras haber sometido Zaragoza. Siempre se trató de una guerra civil entre dos parte de un mismo reino Hispano-visigodo.

El bando witizano pactó con los musulmanes del norte de África una intervención bélica en la guerra civil para derrotar a las tropas de Rodrigo. A cambio, estos recibirían el botín de guerra que consiguiesen como recompensa. Y así fue como tras haber cruzado el estrecho de Gibraltar y conquistar Toledo, vencían a Rodrigo en la batalla de Guadalete. Su entrada fue imparable y dos años más tarde sitiaron Zaragoza.

HISPANO-VISIGODOS

viernes, 25 de noviembre de 2016

Presencia navarra en la Jerarquía eclesiástica española


La práctica de designar eclesiásticos nacidos fuera de Navarra para ocupar las diócesis de Pamplona y Tudela siguió ejerciéndose en los siglos XIX y XX, con independencia de los regímenes políticos que se sucedieron en España durante ambas centurias. La mayoría mantuvieron el privilegio de designación o presentación de obispos, al que renunció el rey Juan Carlos I en 1976. Durante el siglo XIX dos obispos navarros rigieron la sede de Pamplona durante 24 años (José Javier de Uriz, 1815-1829 y Pedro Cirilio de Uriz, 1861-1879) y otro la de Tudela apenas un año (Juan Ramón de Larumbe, 1817-1818). Por contra, obispos nacidos fuera de Navarra rigieron ambas diócesis durante 226 años, 176 en Pamplona y 50 en Tudela, que a partir de 1851 no volvió a tener obispo propio.

Esta situación fue compensada con creces por los 32 navarros que ocuparon 33 sedes episcopales del resto de España (cinco de ellas arzobispales) durante 490 años, cifra que duplica ampliamente la inversa. 9 de ellos lo hicieron durante el siglo XIX por espacio de 102 años. Pudieron ser más, pero la proclividad hacia el carlismo de parte del clero navarro dificultó la promoción de clérigos navarros al episcopado. A pesar de que esta inclinación siguió presente en el sector del mismo durante la primera mitad del siglo XX, la pujanza de la Iglesia local y su peso en el ámbito nacional se hicieron sentir decididamente, haciendo inevitable el nombramiento de abundantes obispos navarros, hasta el punto de superar por cinco en el siglo XX la cifra alcanzada en el siglo XVIII, con la particularidad de que ahora han sido episcopados mucho más largos que los de entonces. En total, en la vigésima centuria 22 navarros han regido diócesis españolas durante 388 años. Abundaron sus designaciones en el primer cuarto de siglo y en sus dos décadas centrales. Uno de ellos, Eustaquio Ilundaín, arzobispo de Sevilla (1920-1937), alcanzó la púrpura cardenalicia en 1925, dignidad que también recayó en 1959 en Arcadio Larraona, un canonista navarro que pertenecía a la congregación claretina y era profesor en Roma. En 1969 el arzobispo de Pamplona, Arturo Tabera, fue nombrado cardenal, hecho que no se producía desde 1390, cuando fue designado Martín de Zalba.

SEMINARIO DIOCESANO DE PAMPLONA

La relación de los obispos navarros de los siglos XIX y XX refleja la dimensión del hecho y su presencia en la mitad de las diócesis españolas:

Almería
Rosendo Álvarez Hernández (1989-2002)

Ávila
Rafael de Múzquiz (1799-1801)
Ramón Fernández de Piérola (1887-1890)

Barcelona
Pedro Martínez de San Martín (1832-1849)
Manuel Irurita Almándoz (1930-1936)
Miguel Díaz Gómara, adm. apostólico (1939-1942)

Barbastro
Nicanor Mutiola e Irurita (1928-1935)

Bilbao
Pablo Gúrpide Beope (1955-1968)
Antonio Añoveros Atáun (1971-1978)

Burgos
José Cadena y Beope (1955-1968)
Luciano Pérez Platero (1944-1963)

Cádiz
Antonio Añoveros Atáun (1964-1971), aux. desde 1954

Calahorra
Miguel José de Irigoyen y Dolarea (1850-1952)

Cartagena
Miguel de los Santos Díaz Gómara (1935-1949)
Javier Azagra Labiano (1978-1998), aux. desde 1970

Ciudad Real
Emeterio Echeverría Barrena (1943-1954)

Gerona
Juan Agapito Ramírez de Arellano (1798-1810)

Hueva
José María Zarandia y Endara (1851-1861)
Javier Osés Flamarique (1977-2001), aux. desde 1969

Jaca
Rosendo Álvarez Hernández (1985-1989)
José María Conget Arizaleta (1990-2001)

Lérida
Jerónimo María de Torres (1783-1816)
Manuel Villar y Olleta (1816-1861)
Pedro Cirilio de Uriz y Labairu (1850-1861)
Manuel Irurita Almándoz (1927-1930)

Lugo
Antonio Ona de Echeve (1960-1979), aux. desde 1956

Málaga
Antonio Añoveros Atáun (1952-1954)

Mondoñedo
Jacinto Argaya Goicoechea (1957-1968)

Orense
Pedro José Zarandia y endara (1847-1851)
Eustaquio Ilundáin Esteban (1905-1920)

Osma
Miguel de los Santos Díaz Gómara (1924-1935)

Oviedo
Francisco Javier Baztán y Urniza (1905-1920)
Manuel Arce Ochotorena (1938-1944)

Plasencia
Juan Pedro Zarranz Pueyo (1946-1973)

San Sebastián
Jacinto Argaya y Aldunate (1968-1979)

Santiago de Compostela
Rafale Múzquiz y Aldunate (1801-1821)

Segovia
José Cadena y Eleta (1901-1905)
Luciano Pérez Platero (1929-1944)

Sevilla
Eustaquio Ilundáin y Esteban (1920-1937)

Sigüenza
Pablo Gúrpide Beope (1951-1955)

Tarazona
Santiago Ozcoidi y Udave (1907-1916)
Nicanor Mutiloa e Irurita (1935-1946)
Miguel José Asurmendi Aramendía (1990-1995)
Carmelo Borobia Isasa (1995-...)

Tarragona
Manuel Arce Ochotorena (1944-1948)

Valencia
Jacinto Argaya Goicoechea, aux. (1952-1957)
José María García Lahiguera (1969-1978)

Vitoria
Ramón Fernández de Piérola (1890-1904)
José Cadena y Eleta (1905-1913)
Miguel José Asurmendi Aramendía (1995-...)

Zamora
Miguel José Irigoyern y Dolarea (1848-1850)
Manuel Arce Ochotorena (1929-1938)

Zaragoza
Miguel de los Santos Díaz Gámara, aux. (1920-1924)
Carmelo Borovia Isas, aux. (1990-1995)

MONSEÑOR FRANCISCO PÉREZ GONZÁLEZ,
ARZOBISPO DE PAMPLONA Y OBISPO DE TUDELA

La fluida comunicación y el intercambio existente entre Navarra y el resto de España en la provisión de sedes episcopales se han demostrado como un sistema eficaz, que hace buena la dimensión universal de la Iglesia y, si bien exige de los designados un esfuerzo de inserción en su respectiva diócesis, les proporciona una mayor imparcialidad en el ejercicio de su autoridad episcopal. Además, ha sido beneficioso para los clérigos navarros, que han ejercido el ministerio episcopal con ventaja en el resto de España. Por ello, resulta sorprendente la postura del nacionalismo vasco, tanto en sus organizaciones políticas como en un sector minoritario del clero navarro, que durante la II República y en las últimas décadas del siglo XX ha reclamado la designación de obispos navarros para las sedes episcopales de Navarra, sin exigir en paralelo la dimisión de los obispos navarros ejercientes en otras diócesis, españolas o extranjeras.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Carpeta "Blas de Lezo", por Augusto Ferrer-Dalmau




La Carpeta “Blas de Lezo” es una lujosa carpeta que contiene cuatro bocetos preparatorios de la escultura que el pintor y escultor Augusto Ferrer-Dalmau realizó en homenaje al teniente general de la Armada española del siglo XVIII, Blas de Lezo. Esta estatua fue donada al Museo Naval de Madrid, que en la actualidad expone. Los bocetos están firmados por el propio autor. 
 
Esta carpeta es una edición limitada de Ediciones & Escultura Histórica que publicó en 2014, que además incluye el catálogo de la Exposición Blas de Lezo del Museo Naval realizada el mismo año.

 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Fuenterrabía, "muy Noble, muy Leal, muy Valerosa y muy Siempre Fiel"



En 1638, el rey Felipe IV otorgó a la ciudad de Fuenterrabía (Hondarribia) el título de "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel", por la heroica resistencia ofrecida al Ejército francés durante el asedio de mismo año, en el ámbito de la Guerra de los Treinta Años.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Escultura de Juan de Garay en Santa Fe, por J. Domingo Pérez Torres



La escultura a Juan de Garay de la ciudad de Santa Fe de Argentina se encuentra ubicaba a pocos metros del Parque Arqueológico de la ciudad. Fue inaugurado el 15 de noviembre de 1980. 

La estatua tiene más de tres metros de altura, la escultura fue realizada por escultor y restaurador J. Domingo Pérez Torres, mientras que el pedestal lo fue por la Municipalidad de Santa Fe.



viernes, 11 de noviembre de 2016

Ortuño Urtíz de Urkullu


Expedicionario del descubrimiento del océano Pacífico en 1513 a las órdenes del capitán Vasco Núñez de Balboa

EXPEDICIÓN DE VASCO NUÑEZ DE BALBOA

Ortuño Urtíz de Urkullu nació en la villa vizcaína de Baracaldo, por lo que también fue conocido como Ortuño de Baracaldo, costumbre bastante generalizada entre las personas que se trasladaban a América, que cambiaban su apellido paterno por un topónimo del pueblo del que procedía. Sus padres fueron Juan Urtíz de Urkullu y María López de Urkullu, que vivieron en la segunda mitad del siglo XV en el lugar de Urkullu, del que tomaron el apellido, situado en el valle de Baracaldo, y tuvieron cinco hijos: Juan, Sancho, Ortuño, María Sáez, y Juana.

Casado con Marina de Iguliz, tuvo un hijo, también llamado Ortuño, conocido por el apellido materno: Ortuño Iguliz de Urkullu. Este se dedicó al comercio naviero, sobretodo en la ruta que naos de Somorrostro, Portugalete y Sestao hacían en el siglo XVI dos veces al año desde las aguas del Ibaizabal hasta Flandes o Sevilla.

Ortuño Urtíz de Urkullu fue uno de los primeros españoles en navegar a Indias, hacia donde partió en 1508, en los inicios del descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. Allí pasó a la historia por ser uno de los expedicionarios que acompañaron al capitán Vasco Núñez de Balboa en el descubrimiento del océano Pacífico (Mar del Sur) en 1513. También fue uno de los primeros vecinos de la ciudad de Panamá, que fundó Pedrarias Dávila el año 1519.

Permaneció 33 años en América sin volver a su tierra natal. Allí mantuvo relación con una india y tuvo un hijo al que llamó Juanico de Baracaldo. Murió en la ciudad en 1529.

El cronista Gonzalo Fernandez de Oviedo y Valdéz en su Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano lo incluyó en la relación de hombres que formaban parte de la expedición con el nombre de "Ortuño de Baracaldo; vizcaíno". Siglos más tarde, en 1845, lo citaba Manuel José Quintana en su obra Vida de los españoles célebres, que hacía referencia a la Historia General del cronista Fernandez de Oviedo. Otras Fuentes han citado a Ortuño como Antonio, Urtún, Ortún, Furtún, Hurtún, etc. Por ejemplo, el escribano real Andrés de Valderrábano lo citó como Antonio de Baracaldo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Provincia Eclesiástica de Pamplona


El desarrollo de la diócesis de Pamplona y su peso específico dentro de la Iglesia española tuvieron un reconocimiento institucional, que permitió el logro de la plena adecuación de las diócesis navarras a las fronteras políticas de la región y la elevación de Pamplona a sede metropolitana. De acuerdo con el artículo 9 del Concordato de 1953 se revisaron los límites diocesanos, para adecuarlos a los provinciales.

El Decreto consistorial Cesaraugustanae et aliarum, de 2 de diciembre de 1955, transfirió a la diócesis de Pamplona las parroquias que tenían dentro de Navarra las diócesis Calahorra (la zona de Viana, el valle de Aguilar y Amescoa Alta), Tarazona (en la Ribera Tudelana) y Zaragoza (Cortes). Además, encomendó a los obispos de Pamplona en gobierno de las diócesis de Tudela como administradores apostólicos con plenos poderes, tarea que durante un siglo realizado los obispos de Tarazona.

A la rectificación de límites siguió la bula Deccessorum nostrorum, promulgada por el papa Pío XII (11 de agosto de 1956), que convirtió a Pamplona en archidiócesis e integró en sus Provincias Eclesiástica las diócesis de Tudela y Jaca (hasta entonces dependientes de Zaragoza) u Calahorra y San Sebastián (hasta entonces dependientes de Burgos). El obispo Enrique Delgado Gómez (1946-1968) se convirtió en el primer arzobispo.

La vinculación de Pamplona y Tudela fue rectificada por Juan Pablo II mediante la bula Supreman exercentes, de 11 de agosto de 1984, que unió ambas diócesis con carácter definitivo y encomendó su gobierno a un mismo prelado, con el título de arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

GRUPO DE JÓVENES CRISTIANOS NAVARROS EN ROMA

Desde 1978 el nacionalismo vasco ha auspiciado la remodelación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona y ha apoyado las iniciativas que en tal sentido han surgido en medios eclesiásticos. Su objetivo era incorporar a la misma las diócesis de Bilbao y Vitoria dependientes de Burgos, y excluir a la diócesis de Calahorra. De esta forma se produciría en el ámbito religioso el ensamblamiento de vascos y navarros, coincidiendo con el objetivo que en el terreno político propugna el nacionalismo vasco. En todas las ocasiones la Santa Sede ha preferido mantener la situación actual y ha evitado realizar cambios en la organización eclesiástica que pudiera interpretarse en clave política, aplicando las pautas habituales en las organizaciones eclesiásticas, que se adecuan a los reajustes políticos después de que estos se han producido, pero que no se adelantan a ellos ni los promueven.

La opinión de la diócesis sobre el asunto quedó fijada en el Sínodo Diocesano de 1989, que rechazó una propuesta para que al Provincia Eclesiástica de Pamplona incluyera las diócesis navarras y las del País Vasco (Vitoria, Bilbao y San Sebastián). Se emitieron 483 votos. El Sí sólo obtuvo 114 votos y fue derrotado por el No, que obtuvo 212 votos. Además 157 votos se emitieron en blanco.

JAVIERADAS

jueves, 3 de noviembre de 2016

Embajada a China por Martín de Rada


Desde un primer momento, y como sucedió en América, el descubrimiento y la exploración de nuevos territorios en Asia se convirtió en una empresa encabezada por misioneros españoles. Jesuitas, dominicos y agustinos emprendieron una frenética labor evangelizadora no exenta de rivalidades, que se extendió hasta llegar a regiones hasta entonces desconocidas para los europeos. También al igual que en América, y en contra de lo que era la actitud generalizada de los conquistadores, los frailes se instituyen como defensores de los derechos de los nativos que habían sido sometidos. Un claro ejemplo de esta actitud fue la figura del fraile agustino Martín de Rada.

El religioso navarro nació en Pamplona el 20 de julio de 1533 y con apenas 20 años ingresó en el convento de San Agustín en Salamanca. Cursó estudios en la Universidad de esta ciudad y en la de París, alcanzando fama como reputado cosmógrafo y matemático.

Viajó entonces hasta Nueva España y conoció allí a fray Andrés de Urdaneta, quien teniendo en cuenta sus valiosos conocimientos, decidió incluirlo en el grupo de frailes agustinos que iban a formar parte de la expedición a las islas Filipinas de 1564. La famosa expedición de Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta.


MARTÍN DE RADA

En la colonización de las islas Filipinas, el peso de los clérigos fue incluso superior al que alcanzaron en la colonización americana, destacando la presencia desde 1565 de los llamados Agustinos Filipinos, siendo Urdaneta y Rada dos de ellos. La presencia secular en esos lugares explica la existencia de un singular Museo Oriental en el Convento de los Agustinos Filipinos de Valladolid, que fue la sede central donde se formaba a los misioneros antes de enviarlos.

Establecido allí, Martin de Rada destacó por su defensa de los indígenas ante los abusos de los encomenderos y alcaldes mayores. Esta faceta le valió el apodo del "el De las Casas de Filipinas", título con el que en ocasiones también ha sido nombrado el primer obispo de Manila, el dominico Domingo de Salazar.

Las islas Filipinas fueron tomadas por España en 1565 con la intención de repetir los sueños de conquista que habían realizado en el continente americano. Pronto descubrieron que las posibilidades de explotación de los recursos del archipiélago eran muy limitadas. Sin embargo, el contacto con embarcaciones que utilizaban los comerciantes musulmanes instalados en los sultanatos vecinos de Borneo y Mindanao, cargados de valiosas mercancías chinas, como canela, sedas y porcelanas, despertaron el interés de los colonizadores españoles. Estos vieron en ese comercio una posible salida a su decepcionante situación. Además, se conoció la ruta mercante que los portugueses recorrían con la Nao de plata entre los puertos accesibles del sur de Japón con el enclave de Macao en la costa china. Tanto en Filipinas como en la Corte se empezó a valorar la posibilidad de utilizar las Filipinas como base de expediciones futuras hacia la China continental. La ruta española hacia China fue conceptualizada como una prolongación de la singladura americana. Desde Nueva España los intentos de atravesar el Pacífico iban dirigidos hacia las islas de las especias y hacia China.

El primer testimonio de este proyecto se encuentra en la carta que el gobernador de Filipinas, Miguel López de Legazpi, remitió a Felipe II el 23 de julio de 1567. En la misiva proponía la construcción de seis galeras para "... correr la costa de China y contratar con la tierra firme".


MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Los misioneros asentados en el archipiélago apoyaron la iniciativa, valorando que lo pudieran utilizar como trampolín para comenzar una labor de evangelización en China y Japón. Martín de Rada fue el primer español en planear una expedición de evangelización a todo aquel territorio, y es que por encima de las facetas de cosmógrafo y matemático el navarro destacó por su labor evangelizadora y misionera. Con fecha del 8 de julio de 1569, escribió una carta dirigida al rey Felipe II en la cual describió un proyecto de colonización de China. Insistió en el mismo aspecto que Legazpi, el de dotar a las islas de una poderosa flota con la que realizar la invasión. En el texto destaca la ingenua concepción que los españoles se habían hecho del extenso y ya entonces muy poblado país de China, debido sobre todo a la falta de informes veraces que mostrasen las dimensiones reales de aquel territorio, creyendo que se podría realizar la empresa con tan sólo un pequeño contingente de esforzados soldados. Así, Martín de Rada escribía en su carta que "... la gente de China no es nada belicosa... Mediante Dios, fácilmente y con no mucha gente, serán sujetados".

López de Legazpi describió los avances de la preparación del viaje en una carta dirigida al gobernador de Nueva España y fechada el 11 de agosto de 1572. Señalaba que había liberado a más de treinta chinos que habían permanecido prisioneros en manos de nativos filipinos, al tiempo que había concedido permiso a diez barcos chinos para comerciar con total libertad con los españoles y naturales de las islas, acciones emprendidas como gestos de buena voluntad. Sin embargo, los planes de la expedición fueron interrumpidos con la muerte de López de Legazpi, el 21 de agosto de ese mismo año.

La expedición de Juan de la Isla en 1572, con la intención de obtener información sobre lo que existían en aquellas tierras desconocidas, fracasó en el intent.


PAISAJE CHINO DEL SIGLO XVI

La oportunidad para enviar una primera embajada a China se presentó cuando las autoridades de la provincia de Fujian ofrecieron establecer relaciones comerciales con los españoles como recompensa a cambio de la captura del pirata Ling Feng, que se refugiaba en el archipiélago filipino después de saquear sus costas. Los españoles aceptaron el pacto y organizaron varias expediciones por mar y tierra para capturarlo y destruir sus bases. Dos juncos imperiales chinos llegaron a Manila el 8 de abril de 1574, para asegurarse de que se cumpliría lo pactado, apenas cuatro días después de que el pirata Ling Feng consiguiera escapar del cerco al que le habían sometido los españoles. Durante el recibimiento del gobernador Guido de Lavezares al séquito del mandatario chino Wang Wanggao, entregaron varias mujeres chinas capturadas por el pirata y se comprometieron a capturarle vivo o muerto.

NAVÍO ESPAÑOL EN FILIPINAS

Ante las buenas intenciones del gobernador, el general accedió a llevar en su junco a una embajada de la colonia española en Manila para presentarla ante las autoridades de la provincia de Fujian. Aquella expedición, que por primera vez entró en territorio chino como embajada de la monarquía Hispánica, estaba integrada por los agustinos Martín de Rada y Jerónimo Marín, a quienes acompañaron Miguel de Loarca y Pedro Sarmiento. Ellos serían los primeros españoles en visitar la China Imperial.

Los objetivos de esta embajada eran de diferente índole. Por un lado, pretendía obtener de las autoridades chinas un compromiso que garantizase la libertad de predicación. Sin embargo, era prioritario conseguir el permiso para establecer un enclave en la costa de Fujian desde el que los españoles pudieran fomentar relaciones comerciales con toda la región, siguiendo el ejemplo de los portugueses en Macao.

Zarparon de Manila el 12 de junio de 1575, dirigiéndose a Bolinao, y de allí rumbo a China, fondeando en el puerto de Zhongzuosuo (Tiong-sosu), el 5 de julio del mismo año. Viajaron durante tres meses por las ciudades de Toncoco, Tangoa, Chincheo y Hochin, pertenecientes a la provincia de Fujian, y situadas en la zona de la bahía de Zhongzuouo, Quanzhou, Xinhua y Fuzhou.

A Fuzhou, la capital, llegaron el 17 de julio. Fueron recibidos por Liu Yaohui, gobernador de la provincia de Fujian. Aquellas autoridades les agasajaron con banquetes y regalos, mientras tanto, aprovecharon para recoger información sobre los usos y costumbres del país, sobre religión e historia, administración y navegación, etc. Mientras tanto, remitieron a instancias imperiales las peticiones del fraile Martín de Rada para predicar en su territorio.

DERROTERO SEGUIDO POR MARTÍN DE RADA

En cuanto al objetivo comercial, las conversaciones tampoco dieron resultados, ya que para la mentalidad china, los europeos suponían una comunidad mercantil más entre las presentes en Asia Oriental, y sus relaciones comerciales con los españoles estaban condicionadas a la obtención de un beneficio, en ese caso la captura de Ling Feng y la entrada de plata desde América.

Tras fracasar en su intento de establecer relaciones diplomáticas con el Emperador y dilatarse el cumplimiento de sus dos principales objetivos, la expedición diplomática decidió regresar a Filipinas con las manos vacías, a bordo de una flota de diez juncos comandada por Wang Wanggao y el general Shao Ye, citado como Siahoya Oxiaguac en la relación de Martín de Rada. Los barcos partieron el 28 de octubre de 1575 y antes de llegar a Manila, mientras se encontraban fondeados en la desembocadura de un río en la costa occidental del actual Taiwan, conocen la noticia de que el pirata ha vuelto a escapar. La expedición regresó a Manila el 28 de octubre de 1575.

Martín de Rada regresó con más de cien libros chinos que trataban sobre historia, religión, agricultura y costumbres de los naturales chinos sirvieron de gran utilidad, junto a su propia vivencia, para redactar un gran número de cartas, informes y relaciones que envió a la Corte, al virreinato de Nueva España o a sus superiores de la orden.

ALEGORÍA DE FRANCISCO JAVIER PREDICANDO EN JAPÓN

Escribió un Arte y Vocabulario de la lengua cebuana y se le atribuye también un Arte y Vocabulario de la lengua china. A partir de las experiencias recogidas durante ese viaje, escribió una relación titulada Relación verdadera del reyno Taibin, por otro nombre China, y del viage que a él hizo el muy reverendo padre fray Martín de Rada, provincial que fue del orden de San Agustín, que lo vio y anduvo, en la provincia de Hocquien, año 1575 hecha por el mismo. La obra es un valioso documento en el que el fraile agustino realizó un análisis detallado de la cultura, la economía y la historia de China como ningún europeo lo había hecho hasta entonces. La Relación ofrece información de primera mano, sobre los alimentos y banquetes, las armas y la guerra, la casa y las ciudades, la agricultura y sus productos, la religión y los ídolos, la escritura y la administración de la justicia, los trajes del país, las facciones fisionómicas de sus habitantes, los entierros, etc. En todo, Martín de Rada se muestra informado y objetivo, sin hacer concesiones a la fantasía.

Los datos y la información que recogió en su relación le permitieron confirmar que la Catay que citaba Marco Polo y la China que él había visitado era el mismo país. Esta fue su contribución más importante realizada a la geografía mundial y a la historia de las relaciones entre Oriente y Occidente.

El hispanista chino Zhang Kai señala que independientemente de los motivos que motivaran el interés del pamplonés por China, las aportaciones de Rada en el periodo inicial de los contactos entre China y Europa "le permitieron obtener el título de primer sinólogo de Occidente".

El incansable Martín de Rada murió en el año 1578 cuando participaba en una expedición de Borneo emprendida por el gobernador de Filipinas Francisco de Sande.

MAPA DE CHINA Y EL SUDESTE ASIÁTICO, POR ABRAHAM ORTELIUS (1570)