lunes, 10 de octubre de 2016

Martín de la Ascensión Aguirre


Misionero en Japón, uno de los llamados 26 mártires de Nagasaki




Nació en Beasáin, Navarra, en 1567. Martín de Loinaz y Amunabarro estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá. Fue admitido en la Orden de los Hermanos Menores en 1585, en el convento de San Bernardino de Madrid.

Ordenado sacerdote, solicitó ir a misiones, y, del convento del Santo Angel de Alcalá, fue enviado a México (1590), donde se le encomendó enseñar filosofía y teología en el convento de Churubusco; luego fue trasladado a Filipinas, y enseñó en Luzón.

En 1595, fray Martín, junto con su alumno Francisco Blanco, fue enviado a las misiones del Japón, donde desempeñó, gran actividad apostólica y asistencial en Meaco, luego en Osaka, donde fue guardián. A fines del mismo año se desató la persecución y Martín fue arrestado con 3 terciarios franciscanos: Joaquín Saccakibara, Tomás y Antonio Kosaki, respectivamente de 15 y de 13 años.

Con los jesuitas Santiago Kisai, Pablo Miki y Juan Soan de Goto fueron llevados a Meaco, donde ya estaban presos otros cristianos. Les cortaron la oreja izquierda y luego fueron expuestos a las burlas de las gentes de las ciudades y pueblos por donde pasaban en camino a Nagasaki. Allí fueron crucificados con otros 25 compañeros.

El 5 de febrero de 1597 en Nagasaki murieron crucificados 6 religiosos hermanos menores y 17 terciarios franciscanos. Era el final de un largo calvario recorrido por ciudades y regiones entre suplicios de diverso género y recepciones triunfales por parte de cristianos y paganos. A pesar de la dureza de la persecución contra la Iglesia, desencadenada por instigación de los bonzos, no se cerró la época de la asombrosa difusión del cristianismo en el Japón.


MARTÍN DE LA ASCENSIÓN EN NAGASAKI

MONUMENTO A LOS 26 MÁRTIRES EN NAGASAKI

Mártir del Japón, sacerdote de la Primera Orden y Canonizado por Pío IX el 8 junio 1862. 
San Martín de la Ascensión, de Guipúzcoa, treinta años. Dicen que su pureza era muy grande, tal vez por eso cantaba tanto. A pie se fue hasta Sevilla cuando recibió la orden de partir para Filipinas, y en el viejo convento de la plaza de San Francisco se repartía con un compañero las horas de la noche para llenarlas de oración. Su apostolado en Japón, en Osaka, fue breve, su muerte espléndida.
P.Diego Yuki, SJ., Director del Museo de los 26 mártires La Colina de los Mártires Nagasaki

ESTATUA A SAN MARTÍN DE ASCENSIÓN EN BEASAIN