viernes, 27 de mayo de 2016

Francés de Álava Beamonte


Embajador del rey Felipe II en París y capitán general de la Artillería


Natural de Vitoria, donde nació en 1518, Francés de Álava Beamonte era hijo de Fernando de Álava y Magdalena de Beaumont y Navarra. Duramte su infancia residió en Álava y Navarra por razones familiares.

Cursó estudios en Valladolid mantenido por su tío segundo Diego de Álava y Esquível, oidor de los Consejos de Castilla y de Órdenes.

Perteneció a la Orden de Calatrava desde 1543, año en que fue incluido en la Casa y Corte del Rey Católico. A los 30 años heredó el mayorazgo de Diego de Álava. Fue capitán y continuo del emperador Carlos V, formando parte de los Tercios de Infantería desplegados en Italia, Alemania y Flandes.

En 1562, el rey Felipe II le nombró embajador real en Francia de carácter extraordinario para el cumplimiento de misiones concretas encaminadas principalmente a la restauración católica en toda Europa y al espionaje para dotar de valiosa información a la Monarquía de los Habsburgo.

En 1565, contribuyó a transportar el cuerpo de San Eugenio, primer arzobispo de Toledo, desde el monasterio de Saint-Denys.

En 1567, fue finalmente nombrado embajador ordinario en París, cargo que desempeñó hasta 1571, cuando fue sustituído por Diego de Zúñiga. Existe un informe redactado a petición del monarca para poner en antecedentes a su sucesor en la embajada francesa con el título Los Advertimientos y relación de las cosas de Francia dada por D. Francés de Álava, embajador de Felipe II en París (1564-1571).

Volvió a Madrid en 1572, para asesorar al rey sobre Francia y Flandes. Desde el 17 de mayo de 1572 fue capitán general de la Artillería de los Reinos y Coronas de Castilla y Aragón y perteneció al Consejo de Guerra.

Su última actividad en la Corte fue el viaje a las Cortes de Monzón en 1585, muriendo al año siguiente. Nunca se casó pero tuvo en París un hijo llamado Diego.

Su vida, antecedentes familiares y copiosa correspondencia inédita con Felipe II (1564-1570) ha sido estudiada por Pedro y Justina Rodríguez en Correspondencia inédita de Felipe II con su embajador en París (1564-1570), publicada en san Sebastian en 1990 por la Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones.


martes, 24 de mayo de 2016

Casa natal de Oquendo en San Sebastián


La Casa natal de Oquendo está situada en la ladera de Ulía de la ciudad de San Sebastian-Donostia. En ella se ubica el Museo de Oquendo, más conocido como Casa de la Cultura. La casa solar de la saga de marinos Oquendo es un edificio remodelado en 1950 por el arquitecto Joaquín Yrizar y Barnoya. Fue una iniciativa del alcalde Javier Saldaña, dentro de los actos del VIII Centenario de la Ciudad que tuvo lugar ese año. Gonzalo Manso de Zuñiga, director del Museo de San Telmo, fue el responsable del contenido interno de la casa, manteniendo sus características originales así como numerosos objetos del almirante.

En el siglo XVI, el almirante Miguel de Oquendo, padre de Antonio, compró la casa  y la convirtió en una residencia de verano, en una época en la que Ulía estaba a las afueras de la Parte Vieja de San Sebastian. Los Oquendo, además, poseían otras dos viviendas: la casa de la calle Narrica y una casa-torre junto a Santa María, edificio que actualmente alberga a la Sociedad Gaztelubide, además de huertas, molinos y tierras en las cercanías de San Bartolomé.

Miguel, hijo de Antonio y nieto del que adquirió la finca, fue el encargado de dar el aspecto típico de un caserío guipuzcoano al edificio heredado de sus mayores al tiempo que conservó las tierras próximas como lugares de labranza. Abandonada la casa por los Oquendo, las huertas y viñedos que la rodeaban se convirtieron en tierra yerma y arenosa. Algunos años más tarde los herederos arrendaron el edificio como caserío, permaneciendo como tal durante dos siglos en los que sufrió distintas modificaciones en su estructura: los bajos se adaptaron como cuadra y los altos como lugar para guardar el heno.

CASA DE OQUENDO

En 1939, el edificio conocido como Manteo Tolare fue donado al Ayuntamiento por la marquesa de San Millán, debiéndose recordar que el título de "Marqués de San Millán" fue concedido al nieto de Miguel de Oquendo por el rey Felipe IV. Por esta donación en la escalera central se colocó una placa con la siguiente leyenda:
"En memoria de la Ilustrísima Sra. Doña Blanca Porcel y Guirrior, marquesa de San Millán, que donó a la ciudad de San Sebastián esta casa solar de sus antepasados los señores de Oquendo"
La actual casa-museo consta de planta baja, con un gran zaguanete con dos puertas que dan paso al despacho del almirante, a la que está contigua una antigua capilla en la que se puede admirar una imagen de San Sebastián. Se conserva la primitiva gran escalera que sirve de acceso a la gran sala en la que Oquendo, en su testamento, dispuso que se conservaran todas las banderas y trofeos de guerra recogidos a los enemigos. En el primer piso existen cuatro dormitorios que han sido habilitados como salas dedicadas a los marinos guipuzcoanos: Lezo, Elcano y Churruca. El del ángulo sureste es del almirante Oquendo, y está amueblado con toda propiedad con muebles de la época. Junto al vestíbulo está la cocina con una campana de chimenea.

martes, 17 de mayo de 2016

Un inventor navarro: Jerónimo de Ayanz y Beaumont, por Nicolás García Tapia

 

 
 
Un inventor navarro, Jerónimo de Ayanz y Beaumont, 1553-1613
Nicolás García Tapia, Editorial Universidad de Navarra, Pamplona (2010), 269 páginas, Gran formato con ilustraciones

Entre 1553 y 1613 vivió uno de los personajes sin duda más interesantes del Siglo de Oro español: Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Un auténtico, caballero inventor, de cuyas invenciones no podía sospecharse en una época tan temprana. Sobre las hazañas de este navarro tan ilustre e injustamente desconocido y sobre sus invenciones, tan portentosas para su época como los buzos autónomos o las barcas submarinas, diversas máquinas de vapor, aparatos para destilar el agua del mar o balanzas capaces de pesar la pata de una mosca, ha escrito el historiador Nicolás García Tapia seducido por un documento de 1606 hallado en el Archivo General de Simancas. Aparecían en él una serie de dibujos de máquinas cuya existencia nadie sospechaba en esa época y de cuyo análisis podía deducirse que no eran sólo el producto de la imaginación de un hombre sino el producto de esforzados trabajos y ensayos.

Los documentos revelaban además que unos ilustres científicos de la época habían examinado el funcionamiento de los instrumentos y de las máquinas y que, en consecuencia, el rey Felipe III concedía al inventor un privilegio para explotar sus invenciones con todas las garantías jurídicas de las patentes actuales.

En posteriores búsquedas, el autor verificó que alguno de sus inventos llegó incluso a las minas de plata de Potosí en Ámerica, cuya aplicación mejoró la producción. De acuerdo a García Tapia, nuevos documentos describen además a este ilustre hijo de Navarra como pintor, cantor y compositor musical, conocedor de todo lo referente al arte de la caballería y excelente lidiador de toros, autor de tratados de minería y tecnología, destacado militar por cuyas hazañas consiguió de Felipe II el hábito de caballero de la Orden de Calatrava de la que llegó a ser comendador, político y negociante hábil.
 

domingo, 15 de mayo de 2016

Vascos contra otomanos en el siglo XVI


Desde la toma de Constantinopla en 1453, el Imperio otomano extendió su influencia progresivamente por todo el mar Mediterráneo oriental y norte de África y expulsando de las costas a las flotas europeas. Además la acción de piratas berberiscos que llegaban hasta las costas del sur de Europa estrangulaba el tráfico mercante en todo el Mediterráneo.

El emperador Carlos V encargó al vizcaíno Rodrigo de Portuondo la protección de las aguas del Reino de Granada con su escuadra de 8 galeras y 2 bergantines. El 25 de octubre de 1529, este marino fue derrotado en aguas de Formentera por la flota turca, muriendo en combate, además 7 de sus galeras fueron apresadas.


En 1533, 5 galeras vizcaínas cargadas de trigo fueron atacadas por la flota del almirante turco Barbarroja pero pudieron escapar gracias al viento favorable. En 1534, Barbarroja con una escuadra de 82 galeras se apoderó de Túnez.

Ante estas muestras de supremacía naval otomana, Carlos I organizó una potente armada para recuperar la plaza de Túnez con las escuadras de España, Génova, Nápoles, Estados Pontificios y otros países mediterráneos hasta sumar 60 galeras, 25 galeotes, fustas y bergantines y 260 naos y carabelas transportando a bordo 26.000 soldados. El Señorío de Vizcaya aportó a la armada 2.000 soldados embarcados con 23 carabelas y 1 galeón.

Se consiguieron los principales objetivos: la destrucción de la flota turca; la toma de La Goleta y de Túnez, en los días 14 y 20 de julio de 1535; y la liberación de 20.000 cautivos cristianos, muchos de ellos guipuzcoanos y vizcaínos. Por contra, no pudo capturar a Barbarroja que se retiró a Argel, lo que supuso que las hostilidades prosiguiesen sin interrupción.

El 26 de septiembre de 1538, Barbarroja derrotó en aguas de Preveza a la escuadra imperial. Entre sus galeras estaba la del vizcaíno Machín de Munguía que se convirtió en el héroe de la jornada al defenderse con gran valentía del ataque simultáneo de varias galeras turcas. Su nave quedó con el casco destrozado y sólo sobrevivieron a bordo Machín y su Compañía de vizcaínos.


En el combate de Alborán de 1540 contra los piratas berberiscos destacó el capitán de las naves vizcaínas, Juan Ibáñez de Aulestia y Mendirichaga.

En 1541, se organizó otra armada para la toma de Argel y el apresamiento de Barbarroja. La componían 61 galeras tripuladas por 12.000 marinos, muchos de ellos vascos, y 400 naves de transporte con 25.000 hombres. Pero una fuerte tormenta hizo fracasar la expedición al barrer en una noche 14 galeras y 150 naves.

Al abdicar Carlos I en su hijo Felipe II, el nuevo monarca prosiguió la empresa de su padre. Después de firmar una alianza con el Papa y Venecia, concentró una escuadra de 280 naves al mando de Juan de Austria, que destrozó a las más de 300 de la escuadra turca de Alí Bajá. Fue el combate de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. En la flota aliada figuraban numerosos marinos vascos como los capitanes Rodrigo Zugasti de Larrabezúa, Ochoa de Recalde, Cristóbal de Munguía y otros. Aquella victoria en el golfo de Lepanto supuso un freno para la expansión del Imperio otomano por Europa y significó la apertura comercial del mar Mediterráneo oriental para los vencedores.

viernes, 13 de mayo de 2016

Rodrigo de Portuondo


General de Mar al servicio de Carlos V, muerto en el combate de Formentera de 1523




Nacido en Mundaca, Vizcaya, a finales del siglo XV, Rodrigo de Portuondo fue un marino amigo de Ignacio de Loyola, se reencontró con él en Génova y lo llevó gratis a Barcelona en su nave.

En 1523, estaba al servicio del emperador Carlos V de España, como capitán general de Armada. Con este alto cargo se puso al mando de las cuatro galeras de la Flota del Reino de Granada, en 1529, para la guarda de estas costas.

El 25 de octubre de este año, tomó parte en el combate de Formentera, frente al islote de Espalmador, al mando de una escuadra de 8 galeras y 2 bergantines. Murió durante la lucha contra el corsario turco Hardín Cachidiablo (Drub el Diablo), a quien había estado buscando para acabar con sus fechorías (se le habían ofrecido 10.000 ducados para liberar a las familias moriscas prisioneras del turco). Cachidiablo capturó 7 de sus galeras y al su hijo, Domingo de Portuondo, quien, herido en combate, fue trasladado a Constantinopla, muriendo empalado en 1530.

Rodrigo de Portundo es un personaje de la novela Almirante del Sultán, en el que se inspiró Edward Rosset.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Aceifas contra Álava y Navarra del siglo IX


Durante los primeros siglos de la Reconquista, la práctica militar más frecuentada era la razia o aceifa veraniega. Las tropas de tanto de los Reinos cristianos peninsulares como del Califato cordobés o taifas de Al-Ándalus elegían el estiaje para sus incursiones por las tierras de nadie, zonas fronterizas entre cristianos y moros, creadas en los valles del Duero y del Ebro. El propósito final no era el de anexionar territorios, sino el de dar golpes, asolar y capturar prisioneros y riquezas, con la consiguiente desmoralización del enemigo. Este tipo de acciones guerreras se mantuvo durante casi toda la época conocida como Reconquista, con más o menos intensidad, según transcurrieran los acontecimientos en ambas zonas.


A finales del siglo VIII, fueron varias ciudades del norte las que sufrieron una oleada de aceifas, entre ellas Vitoria, que sufrió aceifas en los años 790 y 791. El emir de Córdoba Hisham I se lanzó a la conquista de algunos enclaves de la Septimania franca, gracias a las viejas alianzas y apoyos de los Banu Qasi.
Durante el siglo IX, las tierras de Álava volvieron a sufrir varias aceifas, pero fueron especialmente brutales en tres ocasiones: la de 838, la de 846 y la de 867.

Álava era conocida desde el siglo VII; su primer señor conocido es el conde de Eglyón. Está fuera de duda que estas tierras eran de soberanía asturiana como lo confirma un diploma de Jaca del 867 que dice:
"Reinando el rey Carlos en Francia, Alfonso, hijo de Ordoño, en la Galia Comata y García Iñíguez en Pamplona."

En el 823, con Abd al-Rahman II en el trono, la región de Álava sufría una violenta invasión que, según los cronistas musulmanes, se presentaba a sus ojos como la zona más adecuada para introducirse masivamente en el Reino asturiano. Según relatan los vencedores:
"Álava fue invadida, incendiada, devastada y saqueada, incluso tal vez más que de costumbre; los castillo fueron tomados o sometidos a rescate, los prisioneros árabes fueron liberados, y esta memorable campaña conservó entre los musulmanes el Álava."

El eterno rival de Abd al-Rahman II sería Alfonso II el Casto, rey de Asturias. Fueron frecuentes las expediciones de saqueo contra asturianos y pamploneses. En el 825, envió dos expediciones a la vez contra el Reino de Asturias. Fueron vencidos por Alfonso II en Galicia.

En el 838, volvió a lanzarse con otro doble ataque, muerte y desolación, pero no conquista contra Álava, Galicia y algunos condados catalanes.

En el 843, Abd al Rahman II derrotó a Beni Fortún y a los pamploneses. El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que el Reino de Navarra se aliara con el Reino de Asturias.


Más tarde, hacia el año 850, la primitiva Castilla pareció sufrir otro serio ataque.

A partir de mediados del siglo IX, el Emirato cordobés se encontró sumido en constantes sublevaciones internas que propiciaron nuevos principados independientes. Estos problemas internos hicieron desistir a Abd al-Rahman II de continuar con sus campañas militares durante al menos quince años. El propio Ordoño I de Asturias acudió a la llamada de auxilio de los rebeldes toledanos sin demasiado éxito.

Una alianza política y militar establecida entre Ordoño I de Asturias y García I Íñiguez de Pamplona hizo reaccionar a Muza II ibn Muza, valí Banu Qasi de Tudela y Zaragoza, quien emprendió una rura razzia contra Álava, condado perteneciente al Reino asturiano, en el 855.

Ordoño I organizó un sistema defensivo basado en la repoblación de la plaza de Amaya y la victoria en la batalla de Clavijo o de Albelda. Esto llevó a las autoridades cordobesas a plantear de nuevo aceifas de castigo contra Álava y la zona de los castillos (embrión de la futura Castilla).

En el año 860, los musulmanes atacaron Pamplona con la intención de asegurarse un pago regular de tributos. Mohamed I llegó a raptar al sucesor de la Corona navarra, Fortún Garcés, hasta poco antes de la muerte de su padre. En este reinado, Navarra sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Debido a que toda la franca norte del Emirato estaba compuesta por estados hostiles (Asturias, Pamplona, Aragón, condados de la Marca Hispánica y los Banu Qasi), las aceifas cordobesas se fueron sucediendo: Huesca en 873; Navarra en 873, 874 y 978; Álava y Castilla en 877; Álava 890; Zaragoza y Tudela en 879; Zaragoza, Borja y Tarazona en el trienio 879 -881.


lunes, 9 de mayo de 2016

Blas de Lezo y la "invencible" inglesa en Cartagena de Indias

 


La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte, y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Esta flota ha sido la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África el Dragón y el Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. Fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.


The British invasion fleet was one of the largest in history, numbering 186 vessels (the Spanish Armada, in 1588 had 126 vessels), including ships of the line , frigates, fireships, and transports, with a total complement of 23,600 combatants and some 2,000 cannons. To counter this Blas de Lezo had at his disposal just 3,000 regular soldiers, 600 Indian archers, and the crews and troops of six ships of the line: the flagship Galicia and the ships San Felipe, San Carlos, Africa Dragón and Conquistador. Vernon was pretty sure of the victory, and news were sent to London that Cartagena had been conquered even before the battle had started. Yet Blas de Lezo's tactics took Vernon by surprise. Blas de Lezo ordered all his vessels be sunk, thus blocking the port. A pit was dug around the city walls, in order to prevent a direct assault. Trenches were displayed in zig-zag, in order to avoid the effect of cannon fire. Two soldiers were sent to the English camp, feinting surrender, providing the assailants with false information about the Spanish positions. At night, the Spanish army charged by surprise, using bayonnets, forcing the English army to retreat, despite the fact that they were heavily outnumbered

When the news that Cartagena hadn't been conquered reached London, and that the invading fleet had been humiliated by a much inferior force, king George II tried to avoid the truth from being printed.

sábado, 7 de mayo de 2016

Obispos foraneos en Navarra y obispos navarros fuera del Reino


La designación de obispo de Pamplona era un asunto de vital importancia para la Corona española, que a través del obispo se aseguraba el control y la fidelidad de la Iglesia navarra. Esta cuestión fue muy importante durante el siglo XVI. A la vez, los reyes pretendían reformar la Iglesia navarra, antes incluso del Concilio de Trento y mucho más después de él, de la misma forma que habían hecho con las Iglesias del resto de España.

A partir de 1538 los reyes españoles designaron a obispos castellanos para ocupar la sede episcopal de Pamplona, que sobre todo en el siglo XVI se distinguieron por su actividad reformadora. Ningún navarro se volvió a asentar en ella hasta 1735-1742, en que lo que hizo Francisco de Añoa y Busto, natural de Viana. Un cuarto de siglo más tarde en cargo recayó en otro navarro, el baztanés Juan Lorenzo de Irigoyen (1768-1778).

Mientras tanto las peticiones del reino se sucedieron para lograr que el cargo de obispo de Pamplona recayera en un navarro. En 1538 el chantre pedía que se nombrara entre los canónigos del cabildo. Pronto la protesta se trasladó a las Cortes del reino, donde el obispo presidía el brazo eclesiástico. En 1550 las Cortes protestaron porque sus miembros tenían que ser navarros y el obispo Álvaro Moscoso no había querido naturalizarse como navarro, porque creía que el cargo hacía naturales del reino a los obispos. La protesta se reiteró en varias ocasiones. A partir del 1580 los obispos solicitaban, no obstante, su naturalización como navarros, a los que accedían las Cortes.

IGLESIA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA EN ROMA

A partir de 1638 y 1642 la Diputación y las Cortes dieron un paso más, pues pidieron al monarca que el nombramiento de obispo se hiciera alternativamente entre naturales del reino y extranjeros, sistema vigente en Aragón desde 1626. Las peticiones se repitieron en sucesivas vacantes episcopales hasta 1664. El asunto volvió a tratarse en las Cortes de 1757, pero entonces un memorial anónimo atribuido al prior de la catedral, Fermín de Lubián y Sos, demostró que el sistema vigente beneficiaba a los navarros, que disfrutaban en el resto de España de mayores y mejores cargos eclesiásticos que los atribuidos a extranjeros en Navarra. 

Desde 1513 los cargos de obispo de Pamplona, prior de Roncesvalles y deán de Tudela habían sido ocupados casi siempre por castellanos y, en raras ocasiones, por clérigos de la Corona de Aragón. A su vez los cargos eclesiásticos que gozaban los navarros en Castilla excedían a estos en número, renta y esplendor. En aquellos momentos, por ejemplo, había canónigos navarros en once catedrales y una colegiata castellanas.

En efecto, la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla no supuso una relegación del clero navarro, sino más bien lo contrario, puesto que los navarros fueron promovidos a los más altos cargos de la Iglesia española. Y ello temporalmente, a mediados del siglo XVI, como ejemplo de la superación de los prejuicios derivados de la conquista y de las reticencias hacia los navarros. Ya entonces dos navarros fueron elegidos para gobernar simultáneamente la sede primada de Toledo y el arzobispado de Valencia. El primero fue el dominico fray Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo (1557-1576). El segundo era Francisco de Navarra, agramontés opuesto a la conquista castellana, que ocupó los cargos de obispo de Ciudad Rodrigo y Badajoz y arzobispo de Valencia (1542-1563). Con todo, el siglo XVI sólo aportó 3 obispos navarros y su episcopado se prolongó durante 46 años.

BARTOLOMÉ DE CARRANZA, OBISPO DE TOLEDO

El siglo XVII triplicó o duplicó ampliamente estas cifras, pues se cuentan 11 navarros es sedes españolas y su gobierno se extendió durante 107 años. Como es lógico, son más frecuentes en sedes vecinas como Calahorra y las de Aragón (Jaca, Tarazona, Huesca, Barbastro y Teruel), a pesar de que desde 1533 estaban expresamente vetadas a los navarros por decisión de sus cortes. Pero también se hicieron presentes en Galicia (Orense, Tuy y Mondoñedo) y otras sedes lejanas como Badajoz, Salamanca o Cartagena. Conforme más se pedía el nombramiento de navarros para Pamplona, con resultado infructuoso, más eran designados los navarros para otras sedes, de tal forma que en esta centuria el balance temporal se inclina levemente hacia la segunda realidad.

El balance del siglo XVIII es netamente favorable a los navarros, que además de ocupar en dos ocasiones y durante 17 años la sede propia (1735-1742, Francisco de Añoa y Busto, y 1768-1778, Juan Lorenzo de Irigoyen y Dutari), proporcionaron 17 obispos a las sedes españolas y 9 a las hispanoamericanas. 12 de ellos fueron promovidos por Felipe V, que quiso premiar de esta forma la fidelidad de los navarros a la causa borbónica en la Guerra de Sucesión. En conjunto gobernaron sus diócesis 184 años, tiempo que duplicaba ampliamente los 83 años en que la diócesis de Pamplona estuvo gobernada por obispos no navarros. Las tornas han cambiado respecto al siglo XVI y ahora los navarros inclinan a su favor la balanza. Para percibir el calado de la presencia de obispos navarros en las restantes diócesis españolas conviene reproducir su listado, que hasta ahora no se había elaborado, aún a riesgo de que no sea completo y pueda ser incrementado en el futuro:

Astorga
Matías Escalzo y Acedo (1747-1748)

Ávila
Rafael de Múzquiz y Aldunate (1799-1801)

Badajoz
Francisco de Navarra (1546-1556)
Diego del Castillo y Artiga (1658-1658)
Gabriel de Esparza (1659-1662)

Barcelona
Bermardo Jiménez de Cascante (1725-1730)

Burgos
José Javier Rodríguez de Arellano (1764-1791)

Cádiz
José Cipriano Escalzo y Miguel (1783-1790)

Calahorra
Juan Juaniz Echániz de Muruzábal (1647-1656)
José de la Peña (1663-1667)
Gabriel de Esparza (1670-1686)
Pedro Luis de Ozta y Muzquiz (1785-1789)

Cartagena
Martín Francisco Juaniz de Echálaz (1695-1695)

Ciudad Real
Francisco de Navarra (1542-1545)

Gerona
Juan Agapito Ramírez de Arellano (1798-1810)

Huesca
Francisco Navarro de Eugui (1628-1641)

Jaca
Tomás Cortés de Sangüesa (1607-1614)
Luis Diez de Aux Armendáriz (1617-1622)

Lérida
Jerónimo María de Torres (1783-1816)

Mondoñedo
Juan Juaniz de Echálaz (1645-1647)

Orense
José de la Peña (1659-1664)
Juan de Arteaga y Dicastillo (1707-1707)

Osma
Juan de Palafox y Mendoza (1653-1659)

Salamanca
Gabriel de Esparza (1662-1670)

Segovia
Juan José Martínez Escalzo (1765-1773)

Urgel
Luis Díez de Aux Armendáriz (1622-1627)
Simeón Guinda y Apeztegui (1714-1735)

Tarazona
Juan Redín y Cruzat (1577-1584)

Teruel
Tomás Cortés de Sangüesa (1614-1624)

Toledo
Bartolomé Carranza de Miranda (1557-1576)
Juan Antonio Pérez de Arellano, auxiliar de Madrid (1739-1756)

Tuy
Miguel Ferrer (1656-1659)
José Larumbe Malli (1745-1751)

Valencia
Francisco de Navarra (1556-1563)
Francisco Yanguas y Velandía, ob. Gobernador (1720-1726)

Zaragoza
Francisco Añoa y Busto (1742-1764)

JUAN DE REDÍN Y CRUZAT, OBISPO DE TARAZONA

Las apreciaciones de Lubián y Sos eran acertadas. A mediados del siglo XVIII se había llegado a una situación de plena integración de los navarros en la Iglesia española, de tal forma que extraños al reino regían la diócesis de Pamplona, mientras que navarros estaban repartidos por varias diócesis españolas. Desde que en 1538 los reyes españoles comenzaron a nombrar los obispos de Pamplona y hasta el año 1800 la diócesis estuvo gobernada por dos navarros durante 17 años, mientras que durante 255 años la rigieron obispos nacidos fuera de Navarra. Durante este mismo período de tiempo 29 navarros se habían repartido por 25 sedes episcopales de toda España y las habían gobernado durante 289 años. El saldo era netamente favorable a los navarros. Si tenemos en cuenta que la diócesis de Tudela se creó en 1783 y su primer obispo durante 12 años fue un navarro (Francisco Ramón de Larumbe, 1784-1796), las cifras apenas cambian, pues sólo se elevan a 259 años la cifra de obispos ajenos en sedes navarras, que sigue siendo inferior en tres décadas a las de navarros en sedes españolas.

Las diferencias a favor de los navarros se incrementan en una docena de obispos y casi un siglo y medio de gobierno, si se atienden los datos provenientes de las diócesis de Hispanoamérica y alguna de Europa.

La consideración del origen de los obispos no debe olvidar, por otra parte, que en la esencia de su misión ocupa un lugar muy importante la identificación con sus diócesis y con su población, lo cual matiza el peso específico de sus orígenes, cuestión que es válida tanto para los no navarros que rigieron las diócesis de Pamplona como para los navarros que estuvieron al frente de otras diócesis españolas. El deseo de la monarquía de intercambiar las personas de los obispos y sus lugares de origen se identifica con la univesalidad de la Iglesia, trasciende fronteras y ámbitos locales, aunque durante la Edad Moderna estén caso siempre cerradas las fronteras nacionales, de acuerdo con los principios de las monarquías absolutas.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Juan Bautista de Donesteve

Natural de Mendaro, padre y abuelo de insignes marinos, con Juan Bautista de Donesteve comenzó toda una ilustre saga de hombres de mar: él en la construcción naval, y ellos en la Marina Mercante y la Armada Real.

Ingeniero naval y teniente de fragata, su formación como constructor naval la adquirió en los astilleros. Pero su dilatada carrera profesional la desarrolló, como otros tantos técnicos y marinos a la vez, en la Real Armada.

Sus servicios en la Real Armada comenzaron en 1728 y se prolongaron durante 57 años, en los cuales fue requerido para el desempeño de diversos cargos relacionados con el ramo de la construcción de bajeles.

Su primera etapa la pasó trabajando como constructor de navíos en el Real Astillero de Guarnizo, también por encargo de particulares y con destino al corso y al comercio.

La profesionalidad que acreditó en estas construcciones, así como los encargos que se le confiaron para el acopio de maderas para la construcción de ocho navíos en los años 1747 y 1748, le sirvieron para que el Rey le nombrara en noviembre de 1749 ayudante de Construcción. A partir de esta fecha, Donesteve dirigió todas las cortas y labras de maderas que se realizaron en la provincia de Santander para los barcos que se ejecutaron en los Departamentos de Marina de El Ferrol, Cádiz y Cartagena.

Después de ello y hasta 1766, Fernando VI le encargó la fábrica de un notable número de bajeles para el servicio de la Real Armada, y terminó las obras de los seis navíos de 70 cañones que el constructor inglés David Howell dejó a medio fabricar en Guarnizo. Todos estos trabajos y servicios le valieron para que en 1766 el monarca le nombrara constructor de la Real Armada, al tiempo que se le mandaba continuar con el cuidado de las cortas y labras de maderas para los seis navíos que se debían manufacturar en Guarnizo.

Un año después abandonaría las tierras santanderinas y desempeñaría su servicio a la Armada en tierras vascas y navarras, labor que fue clave tanto para los intereses de la Real Hacienda como para los del sector naval guipuzcoano. Concretamente, al servicio del Estado, porque en 1767 fue juez en las controversias que surgieron con los asentistas madereros Miguel Antonio de Yriarte y Belandía.

Asimismo, fue la persona encargada de acondicionar y preparar las gradas del Barrio Vizcaya para la construcción de un navío de línea de 70 cañones; y de separar para tal fin las piezas principales de la quilla, branques y codastes.

En Guipúzcoa, además de construir dos unidades en el nuevo astillero de Santa Catalina, proyectó la obra de remodelación del dique de Herrera (Puerto de Pasajes) para la conservación de las maderas.


MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII