lunes, 29 de abril de 2019

Sebastián de Eslava y Lazaga


Adquirió varios altos cargos en la administración colonias y militar, entre otros los de Virrey de Nueva Granada y  Secretario de Estado del Despacho Universal de Guerra. Pasó a la gloria y la épica por derrotar a la enorme armada inglesa de Edward Vernon, junto a Blas de Lezo, en Cartagena de Indias en 1741.

SEBASTIÁN DE ESLAVA

Sebastián de Eslava y Lazaga era natural de Eneris, Navarra, donde nació en 1684. Eslava estudió en la Real Academia Militar de Barcelona. Desde edad muy temprana ingresa en el ejército, en el Tercio de Navarra, como cadete, ascendiendo en 1702 a alférez tras incorporarse al recién creado regimiento de guardias españoles.

El inicio de su carrera se inició en la Guerra de Sucesión, donde participó en casi todas las batallas importantes, teniendo un papel destacado que le valió el respeto tanto de sus subordinados como de sus mandos, consiguiendo ascensos después de cada batalla. Participó en las campañas de Portugal y de Gibraltar, estuvo en Barcelona, en Extremadura, en las batallas de Almansa, Zaragoza, Brihuega, Villaviciosa y en el segundo sitio de Barcelona.

Tras finalizar la Guerra de Sucesión ascendió a capitán y fue destinado a Italia, participando en la toma de Messina en 1718. Salió de Cerdeña en 1720 con nueva misión, en este caso la defensa de Ceuta, de los ataques musulmanes.

Años después participó en la reconquista de Orán, en 1732, bajo mando del conde de Montemar con quien había luchado en Italia. Allí entabló amistad con el ministro de Marina Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. Después de la gran victoria española, Eslava volvía a ser destinado a Italia, donde consigue nuevos éxitos.

En 1718, se había establecido el virreinato de Nueva Granada a partir de esta parte del Perú, pero, este virreinato duró únicamente de 1718 a 1724 y en esta fecha fue reincorporado al de Perú.

En la Corte se sabía de los problemas de gobernar estos vastos territorios que son actualmente las naciones de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, por lo que en 1740 se restableció el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, por las mismas razones que se definieron para el anterior intento: largas distancias, crecimiento demográfico, recaudación de impuestos, defensa, y control administrativo. Pero la razón más importante era desarrollar la economía y la población de las partes más alejadas de la capital del virreinato, descentralizando el gobierno.

Cuando el rey pidió a su principal asesor, el marqués de la Ensenada, un nombre para desempeñar el puesto más importante, en el momento más crítico de la historia de Cartagena de Indias, este le sugirió el del ya teniente general del Ejército español. Finalmente, fue nombrado virrey de Nueva Granada el 25 de febrero de 1739, con instrucciones expresas de defender el territorio contra los ataques ingleses, ya que Gran Bretaña había declarado la guerra a España ese mismo año con la intención de apoderar sel comercio americano.

En su nombramiento se alegó como motivos para la elección:
"Su buen juicio, experimentada capacidad y conducta desinteresada, de edad competente para visitar aquellas provincias, de genio providencial para dar reglas y expedientes y nuevos establecimientos."


BAHÍA DE CARTAGENA DE INDIAS DURANTE EL ASEDIO DE 1741

En abril de 1740 llegó a Cartagena de Indias, permaneciendo en dicha ciudad durante todo su mandato, sin viajar al interior. Eslava reparó el Castillo de Bocachica y varios fuertes que protegían el puerto. En el Castillo de San Lázaro puso en marcha una fábrica de munición y carruajes así como las ramblas. Dio pasos importantes para poder suministrar armas, munición y entrenamiento militar a las fuerzas españolas. En los demás sitios de la colonia, se realizaron trabajos de fortificación como en Santa Marta, Puerto Cabello y Gaira. Se encargó de fortalecer los fuertes de Ayara y el Castillo de San Antonio en la provincia de Cumaná. Así mismo aprobó la fortificación en el islote de Caño de Limones y equipó el presidio de Guayana. Todas estas medidas fueron esenciales para efectuar una férrea defensa. 

El 21 de noviembre de 1739, el almirante inglés Edward Vernon capturó Portobelo, en el lado Atlántico del istmo de Panamá, el cual formaba parte del nuevo Virreinato de la Nueva Granada. Tras su victoria, Vernon se dirigió a Cartagena.

El 31 de marzo de 1741 el británico bloqueó el puerto con 51 barcos de combate, 135 transportes, 2.000 cañones y más de 28.000 hombres, seguramente la mayor flota reunida en su tiempo. La ciudad fue defendida por el almirante Blas de Lezo, al mando de 3.000 soldados de tropas españoles, 600 arqueros indios, y seis fragatas. Él también confiaba en sus cautelosos preparativos y el estudio de las fortificaciones de la ciudad.

Hasta este momento, Sebastián de Eslava era un militar brillante y valiente, de gran experiencia, que no rehusó en ningún momento los peligros que supusieron el estar en los puntos de máximo riesgo de la batalla. Sobre sus disputas con Blas de Lezo en la toma de estrategias defensivas, Eslava asumía aquellas que bajo su criterio y experiencia le resultarían más acertadas y se encontró con una persona de gran valía, con carácter duro y difícil que le discutía sus órdenes casi a cada momento. La situación debió ser complicada ya que Blas de Lezo era más antiguo como teniente general pero estaba sometido al virrey. En un momento determinado de la batalla la situación se tornó insostenible y Eslava destituyó a Blas de Lezo de su puesto. Sin embargo, luego no le importó rectificar, en beneficio del bien común y lo restituyó en el momento clave de la batalla.

Vernon finalmente tuvo que levantar el bloqueo y volver a Jamaica. Se estima que 6.000 soldados británicos murieron contra solo 1.000 españoles.

 
SEBASTIÁN DE ESLAVA

Cuando Blas de Lezo falleció el 7 de septiembre de 1741, Eslava se quedó como mando único a cargo de la defensa durante todo el tiempo que duró la guerra. Lo primero que hizo fue la reconstrucción de las defensas de la ciudad, sospechando un nuevo ataque inglés. Indicios que se materializaron, aunque Vernon acabó desistiendo al comprobar el buen trabajo de Eslava con las defensas.

En los años siguientes se le propuso para nuevos cargos como el Virreinato de Perú, pero siempre solicitó permanecer en Cartagena de Indias hasta el fin de la contienda en 1748. Se le concedió su deseo e hizo un gran trabajo de reconstrucción y mejora de la urbanidad de Cartagena de Indias y de fortificación de ciudades claves como Portobelo, La Guayra o Santa Marta. Simultaneó el cargo con el de capitán general de Panamá.

Durante su administración, el virrey Eslava fundó hospitales y villas, construyó carreteras, promovió la pacificación de los indios Montilones, y aportó armas, dinero y provisiones para defender algunas ciudades como Pamplona y San Faustino, también mantuvo la navegación en el río Zulia. Se construyeron 20 iglesias, reparó y agrandó otras, protegió la instalación de misiones y organizó las de la provincia de Darién, en Panamá. Así mismo, mejoró las finanzas del territorio y la administración de justicia.

Cuando la guerra terminó en 1748, solicitó volver a España. Tras entrar en Cádiz el 23 de febrero de 1750, fue recibido por Fernando VI.

Durante la última etapa de su vida el rey le reconoció sus éxitos nombrándole capitán general de Andalucía, en 1750. En 1754, fue nombrado director general de Infantería y secretario de Estado del Despacho Universal de Guerra (ministro de Guerra) del rey Fernando VI. Ocupó ambos cargos hasta su fallecimiento, ocurrido en 1759.

Falleció en Madrid el 21 de Junio de 1759. Además de sus empleos político-militares, fue caballero de la Orden de Santiago, comendador de la Orden de Calatrava y gentil hombre del infante Felipe. De forma póstuma, recibió el título de marqués de la Real Defensa en 1760. Algunos autores sostienen que antes de morir solicitó al rey que se restituyera el honor de Blas de Lezo.

miércoles, 24 de abril de 2019

El Desembarco de Elcano en Sevilla, por Elías Salaverría



El desembarco de Elcano en Sevilla es un óleo sobre lienzo realizado por Elías Salaverría Inchaurrandieta. Tiene unas dimensiones de 254 x 239 centímetros. Fue un encargo solicitado por la Diputación de Guipúzcoa en 1922 para conmemorar la vuelta al mundo de Juan Sebastián de Elcano. Existe otra copia que se encuentra en el Museo Naval de Madrid, tras la donación de efectuada en 1971, por Igone Salaverría de Baladíez, hija del autor. Posteriormente, se utilizó esta imagen para decorar los billetes de 500 pesetas en 1930.

La pintura refleja el momento del desembarco del almirante Juan Sebastián de Elcano junto a sus tripulantes de la nao Victoria en el puerto de Sevilla, el 8 de septiembre de 1522. Los marinos aparecen portando velas encendidas en la mano con la intención de acudir a las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y de Nuestra Señora de la Antigua, en acción de gracias. Era el regreso de la expedición de la Especiería liderada por Fernando de Magallanes, que tras navegar durante casi tres años, supuso la primera vuelta al mundo.

De los 18 supervivientes, 4 eran vascos: Juan Sebastián de Elcano, de Getaria, capitán; Juan de Acurio, de Bermeo, piloto; Juan de Arratia, de Bilbao, grumete; y Juan de Zubileta, de Baracaldo, paje.


viernes, 19 de abril de 2019

Exposición Trabajando para la Mar en el Museo Naval de San Sebastián




El Museo Naval - Untzi Museoa de San Sebastián realizó la Exposición Trabajando para la Mar en el año 2018, con el objetivo de presentar el proyecto de recuperación del barco ballenero San Juan de Pasajes, hundido en las costas de la actual Canadá en el siglo XVI.



Durante siglos, los vascos fueron pescadores de ballenas, llegando a ser los principales abastecedores de aceite de ballena en los mercados europeos. De hecho, la pesca de la ballena ha sido una de las principales señas de identidad de los vascos durante siglos. En el siglo XVI, extendieron su actividad a Norteamérica, ya a gran escala.

En el 1565, el ballenero San Juan de Pasaia se hundió en aguas de la actual Canadá, repleto de barricas de aceite de ballena, mientras se realizaban los preparativos para su regreso.

En 1978, el San Juan fue descubierto en Red Bay, lugar situado en la costa canadiense de la península del Labrador. Se trata del ballenero del siglo XVI mejor investigado a nivel mundial hasta la fecha. La sección de arqueología subacuática de Parks Canada invirtió ocho años en desmontar las piezas del barco, midiéndolas en tierra firme; la investigación prosiguió veintidós años más, en los que se dedicaron a extraer conclusiones de los datos obtenidos.

Esta modélica investigación ha convertido al ballenero San Juan en un símbolo de todo el patrimonio subacuático mundial.


Por primera vez en el mundo, se construyó un barco del siglo XVI de manera fiel, siguiendo bases científicas. Es por ello que la UNESCO patrocinó la construcción del ballenero San Juan, siendo la primera vez que se otorgaba ese reconocimiento a un barco.

Albaola puso en valor la historia de la navegación vascongada, recuperando las antiguas tecnologías perdidas.

Con la intención de transmitir todo ese conocimiento, todas las labores de construcción se realizan de cara al público en Albaola la Factoría Marítima Vasca de Pasaia.


El diseño del espacio interior del San Juan estaba expresamente concebido para transportar barricas de aceite de ballena. La altura de las cubiertas estudiada para optimizar el aprovechamiento del espacio interior. Cuando el San Juan naufragó, tenía a bordo casi 1.000 barricas de aceite de ballena, desde la bodega hasta la cubierta superior.


DISPOSICIÓN DE BARRICAS EN BALLENERO SAN JUAN, PLANO LONGITUDINAL

DISPOSICIÓN DE BARRICAS EN BALLENERO SAN JUAN, PLANO TRANSVERSAL

La barrica de aceite de ballena era una unidad estándar de capacidad; su importancia era tal que las Ordenanzas de la Provincia de Guipúzcoa hacían mención expresa de su valor.

Ordenanzas de Guipzcoa,
Título XX, "De los pesos y medidas", ley 2ª:
"Las barricas de grasa de ballena
Que deben ser de cuatro quintales centenales,
Que suponen 16 arrobas."

ORDENANZAS DE GUIPÚZCOA

Una barrica estándar tenía una capacidad de unos 220 litros, muy similar a la de la barrica bordelesa. Además de utilizarse para saín o aceite de ballena, también podía ser empleada para envasar sidra, bizcocho, alquitrán, cordelaje, etc.

El estudio de los restos de barricas encontrados a bordo del pecio del San Juan, en Red Bay, hace posible reproducirlas, empleando el mismo tipo de materiales y las técnicas de tonelería de la época.

Esta es una réplica de una barrica estándar de aceite de ballena encontrada en Red Bay.

 
RÉPLICA DE BARRICA

A bordo del pecio del San Juan se encontraron restos de gran cantidad de barricas de aceite, así como de otros tipos de toneles como pipas, medias y cuartos de barrica.

La pipa de unos 340 litros de capacidad. Se empleaba para bebidas, y a veces para saín. Una pipa ocupaba a bordo el mismo espacio que dos barricas.

La media barrica y el cuarto de barrica, cuya capacidad eran fracciones de barrica. Se empleaban para llevar huecos pequeños en los que no entraba una barrica.

Los documentos de la época muestran que también eran habituales a bordo de los balleneros las botas, de mayor tamaño que las pipas, empleadas a menudo para sidra o vino. Asimismo, se mencionan los terceroles, con una capacidad de un tercio de barrica.

La capacidad de transportar carga de cualquier barco se medía por el número de recipientes que entraban en su interior. La unidad de medida establecida entre los marinos y armadores vascos era la tonelada de arqueo, que era el espacio que ocupaba un tonel vizcaíno, recipiente de grandes dimensiones empleado con anterioridad a la época del San Juan. Con el tiempo, el tonel vizcaíno dejó de utilizarse, siendo sustituido por otros recipientes más prácticos, pero cuyo volumen era siempre una fracción exacta de una tonelada de arqueo; así, en ese espacio encontraban o bien dos pipas, o cuatro barricas. A su vez, cinco botas ocupaban tres toneladas de arqueo.

TIPOS DE TONELES

 FASES DE FABRICACIÓN DE UNA BARRICA

TALLER ARTESANAL DE TONELERÍA

BALLENEROS Y TONELERO VASCOS

La chalupa era una embarcación especialmente concebida para cazar ballenas. Perseguir a las ballenas para arponearlas era una actividad muy dura, que exigía disponer de la mejor embarcación que los medios de la época pudieran proporcionar.

Una de aquellas chalupas naufragó junto con el San Juan. Los arqueólogos encontraron sus restos, atrapados bajo el casco del galeón. Es la embarcación ballenera más antigua que existe hoy día y se encuentra expuesta en el museo de los balleneros vascos, en la misma localidad de Red Bay. Estaba enteramente hecha de roble; medía ocho metros de eslora por dos de manga, y la tripulaban seis remeros y el patrón. Se estima que el San Juan llevaría a bordo cinco chalupas balleneras similares.

RÉPLICA DE CHALUPA DEL BALLENERO SAN JUAN

RÉPLICA DE CHALUPA DEL BALLENERO SAN JUAN


RÉPLICA DE CHALUPA DEL BALLENERO SAN JUAN

A través del estudio de los restos de chalupas encontrados en Red Bay por parte de los investigadores de Parks Canada, se puede describir sus formas y su disposición en el barco ballenero.

DISPOSICIÓN DE CHALUPAS EN BALLENERO SAN JUAN, PLANO LONGITUDINAL

GRÁFICO MEDIDAS DE UNA CHALUPA BALLENERA

Albaola construyó réplicas exactas de la chalupa ballenera encontrada en Red Bay, basándose en la información arqueológica proporcionada por los investigadores de Parks Canada. Es un paso más del proceso de construcción de la nao San Juan, ya que formaba parte del equipamiento de la misma. En la construcción participaron profesionales, aprendices de carpintería de ribera y voluntarios.

ESTRUCTURA DEL CASO DE UNA CHALUPA

ESTRUCTURA DEL CASO DE UNA CHALUPA

ESTRUCTURA DEL CASO DE UNA CHALUPA

RÉPLICA DE TALLER DE CARPINTERÍA PARA CHALUPAS

HERRAMIENTAS DE CARPINTERÍA PARA CHALUPA

En 2006, durante la Expedición Apaizac Obeto, siete personas de Albaola navegaron dos mil kilómetros a bordo de una réplica de la chalupa del San Juan. Partieron de la ciudad de Quebec hasta Red Bay, a remo y a vela. El proceso de arqueo-navegación llevado a cabo durante la expedición sirvió para recuperar las técnicas de navegación apropiadas y para conocer las cualidades náuticas de la chalupa.

EXPEDICIÓN APAIZAC OBETO

EXPEDICIÓN APAIZAC OBETO


EXPEDICIÓN APAIZAC OBETO

viernes, 12 de abril de 2019

Fundación de Puente la Reina y el fuero de francos en Pamplona por Alfonso I


Casi a mitad de camino entre Pamplona y Estella, durante los siglo XI y XII se estuvo gestando otro asentamiento en el Camino de Santiago. Era conocido como Puente del Arga, por la proximidad del río. Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona entre los años 1104 y 1134, quiso impulsar este asentamiento concediendo a sus vecinos los fueros, usos y costumbres del Fuero de Estella.

La carta fundacional fue firmada en Milagro, en 1122, tanto por el rey como por los obispos de Esteban de Huesca, Raimundo de Roda, Pedro de Zaragoza, Sancho de Pamplona, etc., así como por los señores pamploneses Fortún Garcés Cajal de Nájera y Lope Garcés de Estella.

PUENTE SOBRE EL RÍO ARGA EN PUENTE LA REINA

El territorio del asentamiento se extendía desde el puente sobre el río Arga hasta el llamado prado de Obanos. Se ordenaba a los vecinos construir sus viviendas en el plazo de un año, bajo pena de perder los derechos de posesión del solar. El rey concedió para los pobladores facultad de labrar las tierras que pudieran alcanzar en una sola jornada, incluyendo el tiempo de vuelta a sus casas. Decía el fuero: "Y de cuanto podáis trabajar donéis los diezmos para vuestras capillas."

También fue concesión regia la facultad de aprovechamiento de las aguas locales. Igualmente prescribe el fuero otorgado por el rey que se apaciente el ganado, y que se pueda talar leña y madera "per totos montes illos in circuito et in totas partes, in quantum in uno die poterites ire et venire". Hay una cláusula final extensiva de las facultades del fuero: "para vosotros y vuestros hijos y toda vuestra posteridad."

El nombre de Puente la Reina se menciona "expresis verbis en el primer párrafo del fuero: quicumque veneritis populare ad illo Ponte Arga, qui eciam cognominatur de illa Regina..."

Unos años más tarde, en 1129, Alfonso I visitaba Pamplona como rey legítimo de los pamploneses. Su llegada generó gran expectación entre sus súbditos. Pamplona era una ciudad en pleno crecimiento demográfico y económico, reinada por el aragonés desde hacía veinticinco años, y desde entonces no había hecho más que acrecentar los territorios de su reino, ganándose un gran prestigio en el terreno militar. Los magnates navarros y aragonés que sabían arrimarse a su corte potenciaron sus carreras, como la del pamplonés Fortún Garcés.

Enseguida pidieron audiencia al rey el obispo de Pamplona y algunos magnates destacados, como por ejemplo el representante de los pobladores francos. Todos sabían que sus decisiones tenían fuerza en España e influencia en Europa. El rey de Pamplona pudo conocer el desarrollo que había experimentado el burgo nuevo, una población en torno a la iglesia de San Saturnino y junto al núcleo primitivo de la Navarrería. Con el paso de los años, los inmigrantes eran una comunidad diferenciada y con carácter propio que pretendían mantener una relación directa con el obispo y con el rey. Intentaron conseguir derechos y libertades frente a los infanzones, clérigos y campesinos de la cuenca de Pamplona y que el rey regulase sus pleitos. Alfonso I escuchó las peticiones de estos artesanos, hosteleros, mercaderes y cambistas de origen franco que enriquecían al reino con su trabajo. Quedó tan satisfecho, que al poco tiempo les concedió carta foral en Tafalla.

El fuero de población establecía que la comunidad de francos quedaría en adelante bajo el señorío del obispo y del rey, y disfrutaría los privilegios de franqueza. La carta foral prohibía asentarse en San Saturnino a clérigos, infanzones y villanos naturales del reino. También se prohibió edificar entre el nuevo barrio de francos y la iglesia de Santa Cecilia, dependiente de Leyre. Los francos no sólo continuarían con su mercado semanal, sino que adquirían el monopolio de la venta de alimentos a los peregrinos. Se autorizaba a los vecinos del nuevo barrio a apacentar ganado y talar madera en la tierra que podían recorrer yendo y volviendo en el día.

El fuero contenía otras varias prerrogativas, pero el rey era consciente de la pujanza de la ciudad de Pamplona. Sabía que los privilegios atraerían más pobladores y engendrarían pleitos, interpretaciones y muchas discusiones. Por tal motivo, ante la previsible burocratización judicial, el rey remitía al Fuero de Jaca. Pero no al Fuero Breve que otorgó su padre, Sancho Ramírez en 1077, sino al Fuero Extenso enriquecido por la casuística y adornado por la jurisprudencia de los último cincuenta años. Y así lo dejó por escrito.

FUEROS DERIVADOS DE JACA EN NAVARRA Y GUIPÚZCOA

El Fuero Extenso de Jaca abrió una brecha jurídica consolidando una previa diferencia cultural. Había vecinos autóctonos que plantearían agravios comparativos con vecinos privilegiados. En adelante, un hecho diferencial marcaría la vida local. Pero era un fenómeno extendido en muchas ciudades del Camino de Santiago. Además, era un factor de riqueza para el reino y había que aprovechar las ventajas y tratar de minorar los posibles inconvenientes.

domingo, 7 de abril de 2019

Gabriel Mendinueta


Capitán de navío del siglo XVIII, que participó en la expedición de Darién, en la reconquista de Mallorca, en la conquista de Cerdeña, en el combate del cabo Passaro y en las expediciones a La Habana y Veracruz


Natural de Fuenterrabía, donde nació Gabriel Mendinueta a finales del siglo XVII.

Empezó a servir en la marina española en 1692 a bordo de la fragata San Lorenzo al mando de capitán Alonso Fernández de Córdova. Durante los siguientes años continuó sus servicios en diferentes embarcaciones, obteniendo sucesivos ascensos hasta alcanzar el grado de capitán de mar y alférez reformado, aunque terminando en una guarnición guardacostas de las plazas de Cádiz y Ceuta.

En 1700, fue enviado a la expedición de Darién que mandó el almirante general Pedro Fernández de Navarrete. A su regreso a Cádiz, embarcó en la fragata Carmen, en la que practicó varios viajes a América.

Durante la Guerra de Sucesión, estuvo a las órdenes del almirante general Andrés de Pes en el sitio de Barcelona con el empleo de alférez de bajel.

En 1716, siendo teniente de fragata, asistió a la reconquista de Mallorca frente a los británicos, y en 1717 con el empleo de teniente de navío, participó en la reconquista de Cerdeña.

En 1718, estando ya en Cádiz, tomó parte de la expedición de conquista del Reino de Sicilia, a bordo del Príncipe de Asturias. Cayó prisionero durante el combate del cabo Passaro que sostuvo la Armada de Antonio de Gaztañeta con la inglesa del almirante Bing el 11 de Agosto del mismo año, durante la Guerra de la Cuádruple Alianza.

COMBATE DEL CABO PASSARO, POR RICHARD PATON

Cuando recuperó su libertad, asistió a las operaciones de guerra, hasta que promovido a capitán de fragata y conferido el mando de uno de los navíos que se construían en los astilleros de Vizcaya, pasó a Barcelona con el jefe de escuadra Fernando Chacón y después a los Pasajes. Una incursión del ejército francés sobre las villas fronterizas hizo quemar seis navíos que se estaban construyendo construían en aquellos parajes. Entonces, se retiró a Santander y Ferrol, presentándose en Cádiz el 13 de enero de 1720.

Por real patente dada en Madrid el 29 de noviembre de 1719, atendiendo a sus méritos y servicios, fue ascendido a capitán de navío.

El 9 de de febrero de 1720, tomó posesión del mando del navío San José, y en 29 de junio del mismo año se encargó del mando del navío Nuestra Señora de Guadalupe y San Antonio, comandante de la flota de Nueva España que salió para Veracruz al mando del teniente general Baltasar de Guevara, regresando a Cádiz el 31 de octubre.

Por real orden de 19 de enero de 1722 se le confirió el mando del mismo navío con el que salió para la Habana y Veracruz con los azogues del cargo del teniente general Fernando Chacón. Durante el itinerario, fallecía este general, sustituyéndole Mendinueta por ser el comandante más antiguo, pasando a la nave capitana el navío San José, entrando con el mando de los azogues en Cádiz el 20 de agosto de 1723.

Tras descansar un breve periodo en su casa de Fuenterrabía, se presentó en Cádiz el 24 de abril de 1724, para tomar posesión del mando del navío Guadalupe. En él salió para América el 5 de julio del mismo año con los azogues del teniente general Baltasar de Guevara, con cuyo buque naufragó en la bahía Samaná el 25 de agosto siguiente. Tras salvarse a nado, se trasladó cuando pudo en un buque inglés a Londres y después a Bilbao donde llegó en agosto de 1725.

Pudo reponerse en su casa del cansancio y los ataques que padecía debido a los contratiempos que había sufrido. En cuanto su salud consiguió una notable mejoría, se presentó ante el general Antonio de Gaztañeta en Santander, para dirigir uno de los navíos que se construían en el astillero de Guarnizo.

NAVÍO SAN FELIPE EL REAL

El 11 de septiembre de 1726, se encargó del mando del navío San Felipe el Real. Y un año más tarde el navío Paloma y la fragata Incendio, que debían relevar los navíos que hacían el corso en Tierra Firme.

El 9 de agosto de 1727 llevó a Cádiz el navío Paloma, procedente de Galicia con la escuadra de Rodrigo de Torres, y el 1 de septiembre partió para Cartagena de Indias con el Paloma, regresando en el Incendio el 9 de marzo de 1730 que pasó a dirigir el Santa Ana y en 24 de mayo el Reina. En este 
último barco cesó su actividad marinera para la Real Armada española, debido a su mala salud, el 12 de noviembre de 1730. Falleció en su ciudad natal, en Fuenterrabía, el 22 de septiembre de 1736.

martes, 2 de abril de 2019

Casa Altuna de Azpeitia




La Casa Altuna fue construida en el siglo XVI por la familia de los Altuna, uno de los linajes más antiguos de Azpeitia, casa solar en el barrio de Urrestilla. El edificio es de piedra sillar hasta el segundo piso donde, mediante una composición de rombos y dientes de sierra realizados en ladrillo, muestra la típica estructura mudéjar tan común en antiguas edificaciones de Azpeitia y Azkoitia.