martes, 20 de noviembre de 2018

El Romanticismo euskaro de Francisco Navarro Villoslada


Francisco Navarro Villoslada era natural de Viana, donde nació en 1818. Fue el creador de la mayor obra literaria-histórica del Romanticismo euskaro. Su pensamiento político sufrió una evolución, combatiendo a favor del Liberalismo moderado en la primera Guerra Carlista de 1834, pasando a las filas del Neocatolicismo, hasta terminar defendiendo el Carlismo en 1869.

FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA

En 1840, fue redactor de La Gaceta, y secretario del Gobierno civil de Álava, más tarde oficial del Ministerio de la Gobernación. Además, fue colaborador habitual de diversos periódicos como El Correo NacionalEl EspañolEl padre Cobos, director del Semanario PintorescoEl Siglo PintorescoLa EspañaEl ParlamentoLa Fe y La Ilustración Católica.

En 1860, fundó el periódico El Pensamiento Español, defensor del Tradicionalismo católico. Fue famosa la serie de artículos titulada Textos vivos, publicada en El Pensamiento Español, contra la heterodoxia universitaria.

Fue diputado y senador por el Partido Tradicionalista, y hacia 1871 ejerció de secretario del pretendiente al trono de España, don Carlos. Durante su etapa carlista, fue autor de novelas de fondo histórico como Doña Blanca de Navarracrónica del siglo XV.

MONUMENTO A NAVARRO VILLOSLADA EN PAMPLONA

Su novela Amaya o los vascos en el siglo VIII se convirtió en la máxima obra literaria histórica del Romanticismo euskaro y que mejor definió el pensamiento de este movimiento filosófico-político. Esta obra fue continuista del mito ario de Aitor, inventado por Chaho, con el que mantuvo amistad porque ambos eran miembros de la Asociación Euskara. Pero, Villoslasda llegaría más allá en la demencia y locura de su creador, afirmando que los siete hijos de Aitor corresponden a las siete provincias que conforma Euskal Herria.

Afirmaba también que el pueblo vasco era superior y estaba predestinado a ser centro mundial, realzando su doctrina con la afirmación por la cual el euskera y el linaje (la raza) eran las pruebas más claras del pasado legendario, especial en los vascos.

Todo este manifiesto mitológico fue realzado por el protagonismo de los vascos en la lucha contra el islam durante la Reconquista: deshecha la Monarquía visigoda, los vascos se introdujeron en la religión cristiana para oponerse al musulmán, repoblando Castilla.

AMAYA LOS VASCOS EN EL SIGLO VIII

jueves, 15 de noviembre de 2018

Ignacio Balzola Larreche


Alférez de navío de la Real Armada durante la defensa de Filipinas de 1762


PALACIO DE ROTALDE

Ignacio Balzola Larreche nació en la anteiglesia de Arrona, en la guipuzcoana villa de Cestoa, en 1724. Sus padre fueron el Joseph de Balzola y Ana de Larrache, vecinos de Arrona, pertenecientes a la alta nobleza. Se casó con María Concepción de Alcibar y Acharan, en la iglesia de Santa María la Real de Azcoitia, en 1771, con la que tuvo cinco hijos.

Como capitán de fragata, Balzola se distinguió en la defensa de las islas Filipinas frente a los ingleses, cuando el almirante Samuel Cosnish intentó, en 1762, apoderarse del archipiélago. Recibió diferentes nombramientos de confianza, para guardar la plata real, para equipar barcos, fábricas, etc. para todo lo cual le dio amplios poderes Simón de Anda Salazar, presidente de la audiencia de Manila y capitán general de las islas Filipinas.

En 1762, fue nombrado en Calumpit comisario diputado con las más amplias facultades para recabar recursos, pertrechar barcos, etc.

En 1767, fue ascendido a segundo comandante de la fragata Santa Rosa de Lima, haciendo un viaje de Cavite a Acapulco, a las órdenes de José de Soroa Lorea. El objetivo de aquella expedición fue pedir socorro con motivo del estado de guerra con la flota inglesa. La expedición llevaba a bordo a sesenta y ocho expulsados de la Compañía de Jesús y valiosos objetos de China, llegando a España en 1770.

En 1771, regresó a las islas Filipinas como alférez de navío. Desde ahí realizó la ruta del Galeón de Manila, transportando magníficos y exóticos objetos a México, y de ahí a Cádiz.

Una vez en Guipúzcoa, decidió abandonar la carrera militar para ocuparse de su patrimonio, que amplió en 1778 con nuevo mayorazgo y diversas propiedades.

Estableció su nueva casa Palacio de Rotalde en Arrona, donde ubicó las mercancías compradas en Filipinas, entra las que destaca la Vajilla Balzola, compuesta de 391 piezas de porcelana china. En 2014, el Museo Nacional de cerámica y Artes Suntuarias "González Martí" adquirió 107 piezas de esta vajilla en subasta por un importe de 42.500€.

VAJILLA BALZOLA

domingo, 11 de noviembre de 2018

La mayor Travesía de la Historia, por José Luis Olaizola




Juan Sebastián Elcano: la mayor Travesía de la Historia
José Luis Olaizola, Editorial temas de Hoy, (2002), 200 páginas
"Elcano era natural de Guetaria, maestre de navegar, y cuando lo conocí en Sevilla andaba huido de la justicia [...] Juntos hicimos la navegación más larga de la que haya noticia en la historia, que según los geógrafos no habrá nunca otra igual, tanto de dificultades y peligros, como de descubrimientos."
Así comienza esta extraordinaria obra historia escrita con todo el dinamismo y emoción de las grandes novelas de aventuras, pero ajustada al milímetro a la veracidad histórica. Juan Sebastián Elcano, marino de Guetaria dotado de una excepcional inteligencia, es el protagonista indiscutible de una arriesgada travesía que dejó atónitos a sus contemporáneos: el primer viaje que completó la vuelta al mundo. Sin duda, vuelve a asombrar al lector actual con esta obra apasionante en la que también hay espacio para el humor y los enredos galantes.

Está narrado por un joven marinero que participó en la expedición, y conjugado con la crónica de una fascinación irresistible, la misma que alentaría a los personajes de Melville: la fascinación de "navegar mares prohibidos".

José Luis Olaizola Sarria, nacido en San Sebastián en 1927, es un escritor y guionista de cine, que tras abandonar su profesión de abogacía se dedicó a escribir literatura. Fue ganador del Premio Planeta en 1983 por su novela La guerra del general Escobar, que narra la historia de un general condenado a muerte por permanecer fiel al Gobierno de la República durante la Guerra Civil.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Reinado de García III: Corte navarra en Nájera


El 18 de octubre del año 1035 moría Sancho III Garcés el Mayor, considerado como el "primer rey de España" desde la invasión musulmana porque llegó a controlar, bien mediante su gobierno o bien mediante vasallaje, todo el tercio norte peninsular, desde León hasta Barcelona.

Su hijo García III Sánchez heredaba el reino patrimonial pamplonés, cuyo reinado se extendió entre los años 1035 y 1054. Como primogénito de Sancho y Munia, no sólo heredaba de su padre sino también de su madre, que había unido a Navarra parte del Condado de Castilla. Por eso, el sucesor en la integridad del reino obtenía el Reino de Pamplona-Nájera, el Señorío de Vizcaya, el Condado de Álava, el Duranguesado y la mitad de las tierras del Condado de Castilla: Montes de Oca, la Bureba, Trasmiera y las Merindades, entre otros territorios; este grupo de territorios castellanos era conocido como Castilla la Vieja.

Las tierras riojanas y las del reino patrimonial de Pamplona debían su soberanía a Pamplona, pero las tierras de Castilla la Vieja, Álava y el Duranguesado, al proceder del Condado de Castilla, debían su soberanía tanto al Reino de León como la Castilla que recibió su hermano Fernando I. Es decir, García y Fernando estaban en pie de igualdad en Castilla, pues desempeñaban funciones condales bajo la soberanía del rey leonés. La superioridad de García sobre Fernando se asentaba sólo en el Reino de Pamplona.

DIVISIÓN DE REINOS A LA MUERTE DE SANCHO III (1035)

Un suceso mitológico fue el detonante de la toma de Calahorra por parte del rey pamplonés García III Sánchez. La leyenda se remonta al año 1044 y sostiene que durante una partida de cetrería en la que el rey había cruzado el río Najerilla, encontró dentro de una cueva una imagen de la virgen sobre una piedra. El hallazgo impulsó al rey a levantar el Monasterio de Santa María la Real y fundar la Orden de la Terraza. Parece que este suceso está en el origen de la decisión de García III de tomar la ciudad de Calahorra.

Pero, además, la conquista fue precedida por dos golpes maestros de García contra territorios islámicos con el apoyo de la taifa toledana. El primero, devastando tierras y cosechas en Zaragoza en el verano de 1044. El segundo, siete meses después, saqueando amplias zonas próximas a Tudela.

En noviembre del año 1044, acudieron a una convocatoria del rey García, su hermano Fernando y su hermanastro Ramiro. Junto a ellos asistieron seis obispos: Álava, Nájera, Pamplona, Urgel, Oca y Palencia, además de los grandes magnates de los reinos. Llegaron a un acuerdo para vertebrar estrategias de los ejércitos y buscar el momento propicio para el asalto.

Durante cinco meses antes del ataque, se hicieron grandes talas de árboles en los montes de San Millán y Cameros; se fueron aprovechando después los de Nájera y Viguera para la fabricación de ingenios de guerra como catapultas, arietas y trabucos, que también se obtenían de la madera de la sierra de Isasa, sobre el Arnedo y Peralta, donde se trabajaban estas armas necesarias para el combate. Otras armas defensivas y ofensivas como casquetes, lorigas, cotas de malla, escudos, adargas, espadas, dardos, arcos y útiles de zapador eran fabricados por los herreros del Pirineos y Vizcaya, y la artillería por los armeros de Álava, Nájera y Pamplona.

Se preparó una numerosa hueste con recluta en todas las provincias de la corona, bajo los senescales (jefes de la nobleza), señores de las villas, oficiales y mandaderos del rey, sus príncipes y sus prelados. Todas las milicias se fueron concentrando en la gran meseta del camino de Nájera y ciñeron la ciudad en atacar por la parte de Nájera y cortar así los posibles socorros por la parte de Tudela.

CATEDRAL DE CALAHORRA

La toma de Calahorra comenzó el 30 de abril de 1045. Diez meses después de la conquista, en marzo de 1046, regresó García a Calahorra para festejar a los mártires San Emeterio y San Celedonio.

Esta reconquista, además de hacer retroceder la frontera musulmana en la orilla derecha del Ebro, abrió un período de relaciones pacíficas con los musulmanes. Tras la muerte de Suleimán ibn Hud, rey de la taifa de Zaragoza, se produjo una división entre sus hijos: Ahmah permaneció allí, mientras que Yusuf heredaba la parte de Lérida. Esta división fue aprovechada por García para pactar a favor de Ahmah frente a Yusuf y recibir a cambio parias en oro en concepto de tributos.

La política religiosa de García III fue similar a la de su padre Sancho III, y se caracterizó por el distanciamiento de Roma, la integración de los monasterios pequeños en otros mayores y la preferencia de las congregaciones del clero regular, así como la supeditación al derecho del obispo. Tanto sus obispos como sus tenentes y señores feudales debían ser leales al rey de Pamplona.


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Nájera fue durante los siglos X y XI, el centro económico, social, administrativo, político y eclesiástico más importante de La Rioja. Una nueva etapa en el Camino de Santiago. Por eso García III la convirtió en la ciudad que albergase su corte real y segunda capital del reino, lo que produjo un desarrollo urbanístico con la aparición de nuevos barrios, la creación de fortunas monásticas y la diversificación económica de sus habitantes. Concedió fuero a esta ciudad. En un palacio localizado bajo el castillo, el Alcázar, se convirtió en su principal residencia, aunque no permanente.

La construcción del Monasterio de Santa María la Real de Nájera consiguió colocar bajo la influencia del obispo de Nájera no sólo las tierras de La Rioja, también la Bureba, Oca, y Castilla la Vieja hasta Santoña y otras zonas de la provincia de Santander. La compleja situación del entrecruzamiento de soberanías, en esta ocasión desde la perspectiva eclesiástica, produjo que el Reino de Pamplona acaparase territorio de Castilla la Vieja por vía de jurisdicción eclesiástica, en perjuicio del Reino de León.

La construcción se costeó con el botín de guerra conseguido en Calahorra como por las parias recibidas. La consagración de la iglesia tuvo lugar el 12 de diciembre de 1052, en presencia de Estefanía y el rey García, su hermano Fernando I de Castilla, Ramiro I de Aragón, magnates, nobles de los reinos, y los obispos de Nájera, Álava y Pamplona con los abades de Oña, Irache y san Millán. La iglesia tenía panteón regio anexo en el que se encuentran las tumbas de varios reyes pamploneses y señores vizcaínos. Y, como punto clave del Camino de Santiago, tenía un albergue de peregrinos donde se atendían las necesidades físicas y espirituales.


PANTEÓN REAL DEL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

En 1052, el rey García suprimió la diócesis castellana de Valpuesta, lo que produjo que las iglesias de los territorios de esta parte de Castilla se vincularan a la diócesis de Nájera-Calahorra. La nobleza castellana de villas como los Monteros, Medina de Pomar, Briviesca o Villarcayo presionó al rey Fernando I de León y Castilla, hermano de García, para recuperarlas mediante la guerra. García III Sánchez seguía tratando los territorios de Castilla la Vieja como si fueran una prolongación del Reino de Pamplona, sin tener en cuenta que dependían de la soberanía regia leonesa.

Ambos reinos decidieron resolver sus diferencias en una batalla en campo abierto: la batalla de Atapuerca. Este enfrentamiento tuvo lugar en la llanura frente a la Sierra de Atapuerca entre las villas de Agés y Atapuerca, al nordeste de Burgos el día 1 de septiembre de 1054. Durante el enfrentamiento García III resultó herido de muerte por un noble castellano, falleciendo en los brazos de San Íñigo con menos de 40 años. Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor Fernando I.

REPRESENTACIÓN DE LA BATALLA DE ATAPUERCA

Los navarros guardaron campo durante la noche y vigilia para llevar el cuerpo inerte de García III en procesión fúnebre al panteón real del monasterio de Santa María la Real, recientemente edificado por él mismo en Nájera.

Fernando I acudió personalmente junto a la capilla ardiente de su hermano y a la proclamación y jura de su sobrino como nuevo rey de Pamplona, al que prometió guardar bajo su protección como rey imperante en Hispania. Se concertó la recuperación de territorios castellano-alaveses y la frontera de ambos reinos en línea con el Ebro desde el camino de Santiago en Logroño como término de paz.

El rey castellano se anexionó la comarca para su reino, que era en ese momento territorio pamplonés. Un año más tarde, Diego Flaínez, padre del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, reconquistaba los castillos, entonces pamploneses, de La Piedra y de Úrbel del Castillo que cerraban el paso a través del valle del alto Urbel.



REINADO DE PAMPLONA CON GARCÍA III SÁNCHES (1035-1054)