lunes, 17 de octubre de 2016

Vasconia visigoda

 
Durante el establecimiento del Reino Hispano-visigodo, la mayor parte del territorio de las actuales Euskadi y Navarra fue integrado en el mismo, especialmente los de la actual Álava y gran parte de Navarra, pues eran las de mayor peso demográfico, económico y cultural. Sólo permaneció al margen de la estructura estatal visigoda la vertiente norte de las actuales provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, poco pobladas y mucho más atrasadas en los aspectos cultural y económico.

El hecho de que no existiese un poder político firme y estable en estas zonas no significa ni unidad étnica de los habitantes ni unidad política, pues si no existió una estatalidad visigoda claramente establecida en el Reino Hispano-visigodo, menos aún existió un poder único y centralizador vascón.

Las zonas llanas de la futura Navarra se dedicaron a la agricultura administradas por grandes propiedades, no sin mano de obra esclava. La Romanización fue más intensa en los Valles del Aragón, Arga y Ega. Al norte de estos territorios vivían sociedades aferradas a sistemas sociales gentilicios, que practicaban el pastoreo y una agricultura quizá en la fase de recogida simple de alimentos; es decir, en una fase posiblemente muy similar a la que habían conocido los cántabros antes sus contactos con Roma.

Esta situación explica las frecuentes irrupciones depredatorias que durante los comienzos de la Edad Media realizaron al sur. La crisis política junto a la crisis económica y social que afectaron al mundo romano a partir del siglo III provocaron el desmoronamiento del aparato político-administrativo romano, la desaparición de las formas romanizadoras, el afianzamiento del elemento rural vascón y de sus formas triviales.

CONCILIO DE TOLEDO, CÓDICE VIRGILIANO
 

La ciudad de Victoriaco (Vitoria) fue refundada por Leovigildo, mientras que Ologicus (Olite) fue fundada por Suintila. La ciudad de Pompelon (Pamplona) fue la más importante del dominio godo en la zona, aportando esta diócesis, sus obispos a los concilios nacionales y provinciales: III de Toledo (589), II de Zaragoza (592), XII de Toledo (681), XIII de Toledo (683) y XVI de Toledo (693); mientras que los vascones al norte de los Pirineos enviaron sus obispos a Dax y Olorón a los concilios de Agde (506), Orleans (541 y 549), Mâcon (549), París (573 y 614) y Burdeos (662).

De igual manera que en la Antigüedad fue una importante ciudad hispanorromana, Pamplona fue durante esos siglos una importante ciudad hispano-goda, fortaleza resistente contra las expediciones de saqueo llevadas a cabo por bandas guerreras provenientes de las zonas montañosas septentrionales, entre las que estaban los vascones. Así lo demuestra el De laude Pampilone, un escrito descriptivo y laudatorio de la ciudad.

Además de Pamplona, las ciudades de Calagurris y Cascantum, al sur del Ebro, y Tarazona en el centro de Tarraconensis, mantuvieron sus obispados, continuando con su herencia cristiana.

Algunas otras ciudades del valle del Ebro como Vareia, Curnonium, Ergavia y Graccuris, del centro y oeste como Andelos, Tarraga y Araceli, y del este del como Iluberri y Cara debieron subsistir, aunque de menor su importancia y dependiendo administrativamente de otras ciudades con obispados.

Pero los godos no habían pretendido ocupar el territorio euskaldún, como los romanos en parte, sino simplemente reprimir las rebeliones de aquellas tribus inquietas. Estas, en ocasiones, se lanzaban a las llanuras alavesas y a las zonas costeras cantábricas en un intento de conquista considerado por historiadores (Caro Baroja, Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal por ejemplo) como el primer episodio de la vasconización del actual País Vasco, es decir, las antiguas tierras de las tribus celtas de várdulos, caristios y autrigones.

Todo este proceso se produjo en los siglos VI y VII, tras la caída del Imperio romano de Occidente. Por el otro lado del Pirineo la vasconización también se produjo hacia el norte, es decir, hacía el territorio dominado por los francos. Descendiendo a los llanos del Adour y del Garona, vasconizaron la región francesa que a partir de entonces se llamaría Gascuña (Vasconia). De modo efectivo, esta influencia se consolidó hasta Bayona, puerto vasco por excelencia durante la Edad Media.

 

LA CONVERSIÓN DE RECAREDO, POR MUÑOZ DEGRAIN

De esta primera colonización de las tres provincia Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, los lingüistas aseguran que provienen los muy escasos topónimos en –ain y que de una segunda colonización, en torno el siglo X, vienen los nombres en –uri y algunos en –oz, también muy escasos. Mientras, en el sur de Francia hasta el Garona se imponían los sufijos en –ac, muestra de la lengua de oc. Estas grandes diferencias toponímicas prueban la diferencia esencial entre el núcleo vascón del norte de Navarra y las zonas vasconizadas (Vascongadas) en la Edad Media.

Resulta muy interesante ver las poblaciones del País Vasco cuyos nombres demuestran que las colonizaciones vasconas de los siglo VI y X tuvieron escasa incidencia en ellos, siendo muy superior la toponimia de base celtíbera y mayor aún, la posterior, romanizante o latina y de base castellana. Por ejemplo en Álava, de 420 poblaciones sólo hay 2 con sufijo –uri, 3 con –ain y 1 con –oz. En Guipúzcoa, de 90 poblaciones hay 5 terminan en –ain, y en Vizcaya, de 119 sólo hay 3 en –uri, de la colonización del siglo X. En cambio, en Navarra hay 69 con sufijo –ain y 48 con oz.
 
Por otra parte, la palabra "vasco" no aparece en Francia hasta las crónicas de San Gregorio de Tours, en el siglo VI, y en España hasta las cartas del obispo Tajón de Zaragoza. Para los francos no hubo más vascos que los de España, como se comprueba en las cartas del poeta bordelés Ausonio a San Paulino de Nola, en las cuales se reconoce la victoria vascona sobre los francos del duque Bladastes, seguida de la invasión de Aquitania, es decir, parte de la región que los romanos llamaron Novempopulania.

 
HISPANIA AÑO 700, ANTES DE LA INVASIÓN