miércoles, 4 de mayo de 2016

Juan Bautista de Donesteve

Natural de Mendaro, padre y abuelo de insignes marinos, con Juan Bautista de Donesteve comenzó toda una ilustre saga de hombres de mar: él en la construcción naval, y ellos en la Marina Mercante y la Armada Real.

Ingeniero naval y teniente de fragata, su formación como constructor naval la adquirió en los astilleros. Pero su dilatada carrera profesional la desarrolló, como otros tantos técnicos y marinos a la vez, en la Real Armada.

Sus servicios en la Real Armada comenzaron en 1728 y se prolongaron durante 57 años, en los cuales fue requerido para el desempeño de diversos cargos relacionados con el ramo de la construcción de bajeles.

Su primera etapa la pasó trabajando como constructor de navíos en el Real Astillero de Guarnizo, también por encargo de particulares y con destino al corso y al comercio.

La profesionalidad que acreditó en estas construcciones, así como los encargos que se le confiaron para el acopio de maderas para la construcción de ocho navíos en los años 1747 y 1748, le sirvieron para que el Rey le nombrara en noviembre de 1749 ayudante de Construcción. A partir de esta fecha, Donesteve dirigió todas las cortas y labras de maderas que se realizaron en la provincia de Santander para los barcos que se ejecutaron en los Departamentos de Marina de El Ferrol, Cádiz y Cartagena.

Después de ello y hasta 1766, Fernando VI le encargó la fábrica de un notable número de bajeles para el servicio de la Real Armada, y terminó las obras de los seis navíos de 70 cañones que el constructor inglés David Howell dejó a medio fabricar en Guarnizo. Todos estos trabajos y servicios le valieron para que en 1766 el monarca le nombrara constructor de la Real Armada, al tiempo que se le mandaba continuar con el cuidado de las cortas y labras de maderas para los seis navíos que se debían manufacturar en Guarnizo.

Un año después abandonaría las tierras santanderinas y desempeñaría su servicio a la Armada en tierras vascas y navarras, labor que fue clave tanto para los intereses de la Real Hacienda como para los del sector naval guipuzcoano. Concretamente, al servicio del Estado, porque en 1767 fue juez en las controversias que surgieron con los asentistas madereros Miguel Antonio de Yriarte y Belandía.

Asimismo, fue la persona encargada de acondicionar y preparar las gradas del Barrio Vizcaya para la construcción de un navío de línea de 70 cañones; y de separar para tal fin las piezas principales de la quilla, branques y codastes.

En Guipúzcoa, además de construir dos unidades en el nuevo astillero de Santa Catalina, proyectó la obra de remodelación del dique de Herrera (Puerto de Pasajes) para la conservación de las maderas.


MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII